El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
5 de octubre de 2003 No.430

SUMARIO

bulletPORTADA - Semana sin tele... ¡sí se puede!
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - ¿Hay lugar para los Diez Mandamientos en la televisión?
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - «Qué es el hombre para que te acuerdes de él»
bulletFAMILIA / PARA ELLAS - Si quieres que las cosas cambien...
bulletPINCELADAS - Llegamos tarde
bulletMIRADA JOVEN - ¿El fin justifica los medios?
bullet¿USTED QUÉ OPINA? - En México está temblando
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - Tolerancia cero
bulletCOMUNICACIÓN - Cuanta más pornografía se consume, más aumenta el deseo de consumirla
bulletTEMAS DE HOY - «¿Feminista yo? ¡Ni loca!»
bulletSi yo fuera Satanás
bulletCONTEXTO ECLESIAL - Juan Pablo II nombra 31 nuevos cardenales, entre ellos un mexicano
bulletCONTEXTO ECLESIAL - Los obispos venezolanos responden a los insultos del presidente Chávez

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PORTADA
Semana sin tele... ¡sí se puede!
- Del 7 al 11 de octubre -

En EL OBSERVADOR hemos lanzado la campaña por una semana sin tele en las familias. No se trata de una campaña intimidatoria, la afiliación a ella es totalmente libre y se trata de buscar mejorar las condiciones de relación entre las familias (condiciones muchas veces rotas o tergiversadas por la presencia intermedia de la televisión entre los miembros de una familia).

Antes que una campaña para provocar el aburrimiento, lo es para fomentar la alegría. ¿Hay mayor alegría que la de hacer una actividad en conjunto, al aire libre, con creativa intervención de cada uno? Por esto hemos inventado el lema: «Apaga la televisión, enciende tu vida». No estamos en contra de nadie, estamos a favor de la vitalidad que en nosotros bulle y que, muchas veces, se ve sofocada por seguir patrones impuestos por la publicidad o por entregar demasiado de nuestro precioso tiempo al «entretenimiento» de la pequeña pantalla.

Enlistamos una serie de actividades que las personas pueden llevar a cabo durante esta semana. Estamos convencidos de que la demasiada tele hace de las personas entes solitarios, incapaces en muchos sentidos de darse a los demás. Pero ni son todas las actividades ni se agotan en esta lista. Cada familia, cada salón, cada padre o hijo puede inventar su propio «escape» de la tenaza electrónica. Si quiere. Si no, tan tranquilos todos.

Hoy queremos señalar que sí se puede una semana sin tele. Que bien merece nuestra familia, nosotros mismos, esa oportunidad. Y, tras ella, EL OBSERVADOR estará abierto a la comunicación de sus vivencias. Sobre todo, de las vivencias de los jóvenes, de los niños. Desde ahora les adelantamos: «¡Sí se puede!».

**********

¿Qué haremos si no vemos la TV?

He aquí una lista de actividades que se pueden hacer en familia durante la Semana sin tele. Las escuelas deberán, por su cuenta, fomentar actividades propias de su vocación y estilo. La lista es provisional, cada uno la puede llenar a su antojo:

Aprender a tocar un instrumento musical. Escuchar la radio. Ir de pesca. Leer un libro. Leer un libro a otra persona. Planear una salida al campo. Reunirse con amigos para platicar anécdotas por la tarde y noche. Escribir cartas a amigos y familiares. Aprender a patinar. Ir como voluntario a una organización caritativa. Aprender sobre árboles y flores de la zona en que se vive. Plantar árboles. Hacer un huerto familiar. Escribirle en familia una carta al presidente, al gobernador, al diputado o al senador que les representa, sobre problemas, soluciones o consejos que se le quieran dar. Hacer una visita a las bibliotecas públicas. Establecer un club de préstamos de libros entre la gente de la colonia, entre amigos. Ir a ver teatro o a escuchar música de la oferta de la ciudad. Observar pájaros, aprender sus nombres, sus costumbres. Proponer una labor de arreglo en la casa, donde participe toda la familia. Enseñar al perro, bañarlo, darle instrucciones. Hacer galletas, hacer pan, hacer mermelada casera. Utilizar la semana para aprender los rudimentos de un idioma extranjero. Trabajar el jardín. Jugar juegos de mesa entre todos. Inventar una canción, ponerle música. Hacer inventario de la casa, donar lo que sobre y algo más. Comprar una guía de su ciudad, redescúbrala. Conocer historias de mendigos, de vagabundos; platicar con ellos. Ayudar a una familia pobre. Observar el cielo: ¿qué sabe de Júpiter? Aprenda las constelaciones. Caminar. Hacer un plan familiar de ahorro. Aprender una manualidad, artesanías, hacer regalos. Organizar un torneo de futbol de padres e hijos. Aprender el alfabeto Braille o de sordomudos. Aprender sobre una cultura diferente: ¿qué tal las prehispánicas? Enseñar a un niño los juegos que usted jugaba en su propia niñez. Junte basura reciclable. Tomar clases de baile. Ver los atardeceres. Hacer una obra de teatro. Conversar en familia...

EL OBSERVADOR 430-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
¿Hay lugar para los Diez Mandamientos en la televisión?
Por Jaime Septién

Estamos en la entrada de la cuarta Semana sin Tele que organiza EL OBSERVADOR. Y se me ocurre, un poco para recordar a nuestros padres de familia católicos, hacer la siguiente pregunta: ¿qué dicen los Diez Mandamientos que hay que hacer como fórmula de la felicidad, y que dicen los programas de televisión? He aquí lo que podríamos resumir:

Primer Mandamiento: AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS. Los medios nos enseñan que el amor es mera apariencia. Ellos han inventado la frase «hacer el amor» cuando se trata de tener relaciones sexuales. Enseñan a amar como sinónimo de obtener placer. Pero el amor no puede ser egoísta. Nadie ama más que aquél que está dispuesto a desprenderse de todo para que el otro sea feliz.

Segundo mandamiento: NO TOMARÁS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO. A Dios se le toma para cualquier cosa o se le vuelve cualquier cosa. Cuando una estrella del sistema -tres veces divorciada- se despide aludiendo a Dios, está vendiendo a sus fanáticos la idea que es una buena persona. Por lo demás, la Iglesia, cuando aparece en los medios, se toma como algo ridículo, gobernada por «jerarcas» cuyo objetivo es el poder mediante el engaño.

Tercer mandamiento: SANTIFICARÁS LAS FIESTAS. Los medios trasmiten una cultura del menor sacrificio. La Santa Misa es la remembranza del sacrificio de Cristo. Por lo tanto no es una fiesta al uso de hoy. Una fiesta, según la cultura actual, incluye algo parecido a una orgía. Por lo demás, el domingo como Dies Domini ha sido sustituido por el «domingacho futbolero».

Cuarto mandamiento: HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE. Véanse cinco películas y cinco series de televisión. Y analícense las situaciones en las que aparecen los padres. Cuatro de cada cinco tendrán divorcio, separación, violencia, infidelidad o infierno. Los niños reciben este mensaje: si quieres vivir contento cuando seas grande, no te cases pues el matrimonio es un error.

Quinto mandamiento: NO MATARÁS. Una de las secuencias más repetidas en los medios es la de la muerte. Por una extraña razón, la muerte produce fascinación en quien la ve. La muerte se vuelve espectáculo. «Gracias a la televisión -escribió Charles S. Clark (La televisión es una mala maestra)- presencia un promedio de ocho mil homicidios y cien mil actos de violencia antes de haber terminado la escuela primaria». O sea, se vuelve especialista en ver matar.

Sexto mandamiento: NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS. La televisión y el cine son extraordinarios «informadores» del comportamiento sexual humano. El problema es que vuelven al sexo sucedáneo del amor y a la interacción sexual fuente de placer infinito, que no obliga a nada. El «sexo seguro» es una mentira millones de veces propagada. Tras esa falsedad hay un mensaje repetitivo: vive tu vida sexual sin preocuparte de nada; sólo así serás muy feliz.

Séptimo mandamiento: NO ROBARÁS. Robar no es sólo quitarle al otro un bien que es suyo; también implica engañarlo en una operación comercial (kilos de 850 gramos); entrarle a la corrupción («no pido que me den, sino que me pongan donde hay»); vivir a la sombra de la inmoralidad («el que no transa no avanza») o despojar al otro de su honra. Los medios se alimentan de ésto. ¿Qué sería de los programas de espectáculos sin el chisme y la maledicencia?

Octavo mandamiento: NO DIRÁS FALSOS TESTIMONIOS NI MENTIRÁS. En la intimidad de la comunicación todo es falso. Desde los besos «apasionados» hasta el fondo de los escenarios. Se podría decir que es el mundo de la gran mentira. Pero donde éste llega a límites insospechados es en los espacios informativos. La consigna es ganar audiencia, sin importar cómo. Si se tiene más «raiting» mintiendo, pues ni modo: a mentir se ha dicho.

Noveno mandamiento: NO CONSENTIRÁS PENSAMIENTOS NI DESEOS IMPUROS. La gran promesa de los contenidos de los medios electrónicos es que, a través de ellos, «tus deseos se hacen realidad». La presentación sexual extrema de los artistas de cine es el gancho para ganar millones de dólares. Lo que venden no es su actuación sino «el sueño de poder tener una fantasía con ellos ».

Décimo mandamiento: NO CODICIARÁS LOS BIENES AJENOS. La industria publicitaria basa sus objetivos de venta en la codicia. Para tener éxito no importa si amas a Dios, si eres fiel, si ayudas a los otros. Lo que importa es si tienes los objetos (o las mujeres) que el otro tiene.

¿Hay espacios para el cristianismo en la cultura electrónica? Yo estoy seguro de que sí. La condición es la siguiente: seguir a Cristo hoy significa ir a contra corriente de la cultura dominante y transformarla cultura por medio del amor; reinsertar los Diez Mandamientos en nuestra vida familiar.

EL OBSERVADOR 430-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
«Qué es el hombre para que te acuerdes de él»

Debido a un problema intestinal Juan Pablo II no pudo celebrar la audiencia general del miércoles 24 de septiembre, pero sí enviar un breve saludo por televisión a los fieles: «Siento no poder estar con ustedes en este tradicional encuentro semanal. Los llevo a todos en mi corazón y los bendigo con afecto». Por lo anterior, la catequesis que preparó el Papa fue leída por el cardenal Angelo Sodano:

«Espléndido como ninguno es el Salmo 8, en el que el hombre, sumergido en la noche, cuando en la inmensidad del cielo se iluminan la luna y las estrellas, se siente como un granito de arena en la infinidad y en los espacios ilimitados que lo envuelven.

«En el corazón del salmo 8, de hecho, emerge una doble experiencia. Por un lado, la persona humana se siente como aplastada por la grandiosidad de la creación, 'obra de tus dedos' divinos. Esta curiosa expresión sustituye a las 'obras de tus manos', como queriendo indicar que el Creador ha trazado un designio o un bordado con los astros resplandecientes, arrojados en la inmensidad del cosmos.

«Por otro lado, sin embargo, Dios se inclina sobre el hombre y le corona como si fuera su virrey: 'lo coronaste de gloria y dignidad' . Es más, a esta criatura tan frágil le confía todo el universo para que pueda conocerlo y sustentarse. El horizonte de la soberanía del hombre sobre las criaturas queda circunscrito, en una especie de evocación de la página de apertura del Génesis: rebaños, manadas, animales del campo, aves del cielo y peces del mar son entregados al hombre para que les dé un nombre, descubra su realidad profunda, la respete y la transforme a través del trabajo y se convierta en fuente de belleza y de vida. El salmo nos hace conscientes de nuestra grandeza y de nuestra responsabilidad ante la creación.

«Releyendo el salmo 8, el autor de la Carta a los Hebreos ha observado que las expresiones del salmo se aplican a Cristo de manera privilegiada. Él se encontraba por encima de los ángeles y se hizo inferior al hacerse hombre, después fue coronado de gloria en su resurrección».

EL OBSERVADOR 430-3

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FAMILIA / PARA ELLAS
Si quieres que las cosas cambien...

Si ya no sabes qué hacer... si estás cansada de la situación en la que vives... si quieres que las cosas cambien para tener mejor calidad de vida, ¡¡empieza por cambiar tú!! ¿Cómo? Iniciando el camino hacia la vida plena y la búsqueda de la felicidad. Se dice que la felicidad no es una meta sino un camino, y por esto para ser feliz la mujer debe saber adaptarse a las circunstancias y aceptarse a sí misma, conocer sus defectos, estar dispuesta a corregirlos; también reconocer sus virtudes que le permiten desarrollar su autoestima y vivir con una actitud mental positiva.

Cada ser humano es diferente, único e irrepetible; esa diferencia depende de nuestra herencia y nuestro entorno. Las actitudes no dependen de lo que hemos alcanzado en nuestra vida, sino de cómo percibimos nuestros logros y fracasos. En el caso de la mujer madre de familia, sus actitudes y su comportamiento son básicos y determinantes en el ambiente del hogar, ya que de ella depende el ambiente en que han de vivir todos los miembros de su familia. Si la madre es positiva y alegre, podremos deducir que así serán sus hijos; pero si, por el contrario, la madre es pesimista y amargada, el ambiente que se respire en su hogar será negativo y afectará a todos, aun en su futuro. ¡Aguas!¡Tus actitudes y reacciones ante la vida diaria están marcando las actitudes y reacciones de tus hijos! Si nuestros padres nos influenciaron negativamente, no debemos culparlos, sino procurar no cometer nosotros los mismos errores, ya que ahora tenemos más elementos de juicio, dada nuestra experiencia y conocimientos.

Nosotras, mujeres en el camino de la superación y del cambio positivo, tenemos que estar siempre animosas y con la esperanza de que los malos momentos son pasajeros si tenemos la voluntad para contrarrestarlos, sabiendo que vale la pena y las penas y que, al final, dependiendo de nuestras actitudes, habremos logrado la felicidad que tanto anhelamos. Cuando los pensamientos negativos asalten nuestra mente, debemos recordar que podemos controlarlos, en vez de que ellos nos controlen a nosotros, ya que si esto sucede caeremos fácilmente en la depresión, la ira y el descontrol.

¿Qué estás haciendo tú para tener mejor calidad de vida? Te invitamos a iniciar una búsqueda para encontrar satisfacción en toda actividad que realices dentro y fuera del hogar. Sabemos que las presiones y tensiones que nos toca vivir, sobre todo en ciudades grandes, hacen que muchas veces se nos dificulte alcanzar una vida plena. Por ejemplo, las actividades propias de nuestra misión como esposas y madres: lavar, planchar, atender al esposo y a los hijos, además de trabajar fuera de casa, podemos hacerlas de buena gana o, por el contrario, hacerlas con desgano y hasta con coraje. La manera y las actitudes con que realicemos nuestras actividades nos llevará a sentimientos de satisfacción o insatisfacción personal. Tu satisfacción personal es una actitud mental sobre la cual tú tienes el control si mantienes una actitud positiva, buen humor y un estado de ánimo favorable.
El aceptar las situaciones que vivimos no quiere decir que no luchemos por mejorarlas, pero esto nos pide un cambio en nosotros. Por esto, si quieres que las cosas cambien, empieza por cambiar tú. Te pregunto: ¿qué estás haciendo tú por mejorar como persona? ¿Cómo esposa? ¿Cómo madre?

Procuremos una afectuosa relación familiar que satisfaga con creces nuestras necesidades emocionales y las de quienes nos rodean, en un ambiente de confianza, comprensión y amor que nos facilite a todos el paso por la vida y que haga de nuestra casa un verdadero hogar.

Recordemos que la felicidad es algo interno y personal y, aunque las cosas externas pueden contribuir a ella, la verdadera felicidad la encontraremos en nosotros mismos. La felicidad no consiste en tener mucho, sino en ser feliz con lo que se tiene: la felicidad es una actitud, una manera de vivir. Empieza hoy por cambiar tu actitud ante la vida... y así lograrás que las cosas cambien.

Propósito para esta semana: para empezar el cambio, cuando nos disgusten o nos molesten las actitudes de las personas que nos rodean, no perder la calma, valorar los pequeños detalles y encontrar cosas buenas en los demás.

Para comentarios a esta columna, escribir o hablar a: ANSPAC, Insurgentes Queretanos 88-4, Col. San Francisquito, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76040. Tel. 2 48 20 07, FAX 2 48 20 08.

EL OBSERVADOR 430-4

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PINCELADAS
Llegamos tarde
Por Justo López Melús *

¿Habría resultado necesario el comunismo -dice Von Balthasar- si los cristianos hubiesen sido consecuentes en el momento oportuno? Pero con frecuencia llegamos tarde. A pesar de que la Biblia nos recomienda insistentemente que nos preocupemos de los pobres y despojados. Si no hubiera habido fatales vinculaciones entre explotadores y cristianos, ¿habría tenido cabida el ateísmo moderno?
En los principios del movimiento obrero el cristianismo aparecía, por culpa de los que se presentaban como cristianos, como justificación y arma de los explotadores. El resultado fue, aunque no fuera una conclusión lógica, el crecimiento del ateísmo. De aquí la conclusión del P. Congar: ¿Han hecho los teólogos otra cosa más que justificar las situaciones establecidas, con poquísimas excepciones, entre las que sobresale Bartolomé de las Casas?

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 430-5

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MIRADA JOVEN
¿El fin justifica los medios?
Por María Velázquez Dorantes

¿Quién es el autor de esta frase y cuánta cordura existe en ella?

Cuenta la historia que el autor de está frase es nada más y nada menos que Nicolás Maquiavelo, del que muchas veces hacemos renombranza al decir « que maquiavélico». Se decía que este personaje utilizaba esta frase para obtener el respeto de la gente, así fuera por miedo, pensando que el fin de cada cosa es lo más importante sin pensar en los medios por los cuales se llegará a ese fin.

Hoy en día muchos de los sucesos que vivimos están estrechamente ligados a esta frase que encierra todos los medios posibles para ganar.

Uno de tantos sucesos es la clonación y la fecundación in vitro; el fin es que el hombre tenga el poder de hacer bebés sin impórtale que los medios sean la muerte de tantos embriones, que pueden pasar años congelados y después se van a la basura como un papel insignificante.

¿Realmente el fin justifica los medios? ¿Se justifica que exista la bomba atómica para someter a una nación y dejarle estragos hasta la fecha? ¿Se justifica que exista el terrorismo para provocar el caos? ¿Se justifica que se obtenga una vida lujosa, con millones de dólares, a cambio del narcotráfico y las muertes?

Es importante analizar que el fin no siempre justifica los medios, porque el fin del que se puede tratar es de muerte, injusticia, irresponsabilidad y falta de conciencia, solo por obtener poder o respeto; pero un poder que se somete a la tiranía de la mente, porque, al final, esos medios no sirven más que para destruirse a sí mismo.

Ningún medio justifica el lado negativo y mucho menos el daño para la humanidad misma.

EL OBSERVADOR 430-6

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¿USTED QUÉ OPINA?
En México está temblando
Por Genaro Alamilla Arteaga

Todo temblor de tierra siempre causa pavor en quienes lo sienten porque el temblor siempre presagia destrucción y ruina, y quienes piensan que pueden ser víctimas de ese fenómeno no soportan esa posibilidad, que para ellos sería una verdadera desgracia.

Ahora bien, el temblor terrestre ciertamente puede ser de tal magnitud que destruya edificios y no sólo pequeñas construcciones. Pero el temblor terrestre, no obstante sus fatales consecuencias, no llega a ser de tal magnitud que a la persona misma la aniquile. Claro que hay temblores que se convierten en terremotos, y entonces todo es ruina; la misma persona humana corre el riesgo de perecer.

Es claro que nos hemos referido a los temblores terrestres; pero hay otro tipo de temblores que estremecen a la persona humana como tal, y por eso nos atrevemos a afirmar que en México hay temblores continuamente, hay temblores que no destruyen un edificio pero sí lesionan a la persona humana; y, obviamente, nos queremos referir a los temblores que, más que destruir lo material, destruyen lo moral, lo ético, la dignidad de la persona humana y los valores del hombre.

Los temblores de orden moral y ético son los que más dañan a la persona humana y a la sociedad en general. Aquí podemos hacer referencia a la decadencia de la vida familiar que, lamentablemente, va in crescendo.

Esos temblores de orden moral han destruido, por el divorcio y separaciones, la vida familiar, y los hijos son los que llevan las peores consecuencias. Habrá que hacer siempre lo máximo para evitar este tipo de temblores en el seno de la familia.

En la sociedad también contemplamos otra clase de temblores, verbigracia: los temblores en los gobiernos -sin referirnos necesariamente al nuestro- por ser autoritarios unos y centralistas otros y, desde luego, porque si emanan de ideologías antisociales causan la ruina de los países.

Igualmente tenemos que decir que los partidos políticos en el hoy que vivimos manifiestan divisiones internas muy lamentables, resultado de principios políticos nada éticos ni morales y carentes de principios ordenados al bien de la persona y al bien común de la sociedad.

Siguiendo la misma idea de los temblores, las instituciones también los sufren, por ejemplo: el Estado que, como el nuestro, tiene que ser democrático porque así lo establece nuestra Constitución. Los partidos políticos, que pueden considerarse como escuelas de formación para futuros funcionarios de la cosa pública. Y la misma consideración la podemos hacer respecto de instituciones de orden civil, y todo para lograr que en el conjunto total la democracia no sufra mengua sino que se acreciente. No creemos que hayamos llegado ya al establecimiento integral de la democracia, pero no negamos que andamos en esos caminos y que un día llegaremos a la perfección del pensamiento constitucional. Llegaremos si todos los ciudadanos ponemos lo que nos corresponde. ¿Usted que opina?

EL OBSERVADOR 430-7

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Tolerancia cero
Por Antonio Maza Pereda

Detrás de esta frase, aparentemente antidemocrática, está la recomendación que un grupo consultor extranjero, mediante solo cuarenta y cinco millones de pesos, le da al gobierno del Distrito Federal, para reducir la delincuencia.

En esencia, la recomendación es sencilla: hacer cumplir las leyes, todas las leyes, no importa quién las quebrante, no importa si está protegido por políticos, gente de dinero o quien sea. No importa si son estudiantes, algún grupo de presión o si los protegen las ONGs nacionales e internacionales. No importa si el delito es leve o grave; consignar a todos los que rompan las leyes. Sin «sensibilidad política».

No vamos a discutir aquí los méritos de la propuesta; eso requiere de conocimientos técnicos que, supongo, no deben ser tan sencillos, cuando todavía no ha habido quién reduzca la delincuencia en la ciudad de México.

Lo que llama a reflexión, hablando de valores sociales, es el hecho de que le demos, como sociedad, tan poco valor al cumplimiento de las leyes. Ya desde la colonia, había leyes que, según instrucciones de los virreyes, se acataban, pero no se cumplían. También había los privilegios; las leyes eran para el pueblo, pero los nobles, tanto la nobleza mayor como la menor, quedaban exentos de cumplir muchas de ellas. Y después, en los diferentes regímenes del México independiente, la cosa era igual; basta recordar el dicho de Porfirio Díaz que decía algo así como: «Para los amigos, justicia y misericordia; para los que no son amigos, justicia seca». Las cosas, por supuesto, han seguido así hasta nuestros días.

¿Por qué le damos un lugar tan bajo en nuestros valores a la ley y a su cumplimiento? ¿Será, acaso, que al sentirnos mal representados por los legisladores, creemos que esas leyes no reflejan nuestras necesidades? ¿Será que el tener la posibilidad de evadir la ley sin consecuencias demuestra lo importantes que somos? Verdaderamente hace falta que hagamos una reflexión profunda sobre el tema. Las leyes están para violarlas, dicen algunos. No lo puedo aceptar. Las leyes son, dice una definición el mínimo ético para garantizar la convivencia en sociedad. Sí, es fácil quejarnos de que la sociedad no nos funciona, de que hay inseguridad, de que la posibilidad de que no se cumplan las leyes encarece nuestros bienes y servicios. Pero todo eso no es posible sin respetar las leyes.

Le tengo una propuesta, y no le costará millones de dólares. Empecemos la tolerancia cero por nosotros mismos. Hagamos el propósito de no romper deliberadamente una ley (hay tantas, que es fácil romperlas sin darnos cuenta). Y, después, exijamos a la sociedad, al gobierno, a legisladores ese mismo nivel de cumplimiento. ¿Que no es fácil? Por supuesto. Nadie dijo que era fácil ser un país desarrollado.

EL OBSERVADOR 430-8

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COMUNICACIÓN
La industria pornográfica y la explotación sexual infantil
Cuanta más pornografía se consume, más aumenta el deseo de consumirla
He aquí una execrable actividad que clama al Cielo. Se trata de la industria pornográfica, que mueve cada año 60 mil millones de euros en el mundo, una cifra que se compagina con los 250 millones de personas que en el mundo son consumidores de esta clase de «entretenimiento», según datos de la revista Forbes.


La industria del cine y el video es la que mayores beneficios obtiene dentro del mercado del sexo: en los Estados Unidos se filman cada año 13 mil películas porno y en Europa, unas mil 500, lo cual provoca que las productoras alcancen alrededor del 40% de beneficio por película. Esta cifra también resulta normal considerando que el costo promedio de una película porno es de unos 30 mil euros, y que las ganancias se sitúan en torno a los tres mil euros en las salas X, 12 mil en el circuito de video, otros 12 mil por la venta de los derechos en el extranjero. La lista se completa con las televisiones pagas, cada una de las cuales puede pagar hasta seis mil euros por cada media docena de pases. Tan amplia es la facturación de ciertas empresas que alguna de ellas ya cotiza en Bolsa.

En España, concretamente durante el año 2000, el Ministerio de Cultura clasificó mil 28 títulos como «X» frente a las mil 480 películas que recibieron la calificación de «Para todo público». En cuanto a los usuarios de la pornografía en España, 850 mil personas consumen este tipo de productos, de los que el 45% son consumidores habituales.
Pero donde más se disparó el consumo de pornografía en los últimos años fue en internet. El anonimato, el fácil acceso y la inmediatez es lo que hace de este medio el «paraíso» para los usuarios de este vicio. Los internautas españoles son los ciudadanos que visitan más páginas de contenido sexual: según el anuario España 2001, realizado por Retevisión, el 38% de los ciber- nautas españoles navega por webs de contenido pornográfico.

Una práctica peligrosa
La iniciación a la pornografía puede darse por curiosidad, por la simple búsqueda de placer fácil que el usuario novato puede considerar de lo más inocente -aunque vergonzosa-, porque se trata de algo de uso personal. Sin embargo, esta simple intención de pasar un buen rato mirando una página web de contenido sexual, ojeando una revista porno o viendo una película «X» conlleva consecuencias muy graves que pueden afectar seriamente no sólo a la integridad psíquica y física del consumidor de pornografía, sino también a la integridad de los que lo rodean.

Según Josep Antón Arrebola, secretario general del Consorcio ECPAT España -dedicado a combatir la explotación sexual infantil-, «cuanta más pornografía se consume, más aumenta el deseo de seguir consumiéndola, lo que refleja la presencia de alguna dificultad importante para mantener una vida sexual normal, porque el consumidor de pornografía utiliza esos materiales como sustitutivos». De igual parecer se muestra el sexólogo Ferran Trullols, quien asegura que «poco a poco la persona va perdiendo sensibilidad, por lo cual debe aumentar sus estímulos, que cada vez son menos personales y más genitalizados. Al final se produce una búsqueda incesante de nuevas experiencias, que nunca llegan a satisfacer del todo, lo que la convierte en adicta a la pornografía».

Existen muchos adictos a la pornografía que no saben que lo son. ¿Cómo curar esta adicción? Según Trullols, «es imprescindible la colaboración activa del adicto. Tras la primera fase de aceptación de su adicción, se pasa a reestructurar su pensamiento, informándole de lo que es un cuerpo humano, una persona, y enseñándole el respeto a su propia dignidad y a la de los demás. Es un tratamiento largo, progresivo y costoso».

La pornografía y los abusos a menores
Pero como en todas las adicciones, el consumidor de pornografía necesita cada vez dosis mayores para que su cuerpo y su mente reciban el mismo estímulo que al principio. El adicto tiene la necesidad de experimentar nuevas sensaciones. Además, esta actitud puede degenerar en delitos como la pornografía infantil y el abuso a menores.

Según Arrebola, «la pornografía infantil, con sus elementos adictivos, tan sólo constituye un sustituto temporal del abuso físico, y además fomenta el deseo en el consumidor de pasar a la acción y protagonizar en el mundo real aquello que le proporcionaba el placer sexual hasta ahora». Además «la producción, distribución, venta, exhibición y consumo de cualquier tipo de pornografía infantil es en sí un delito de explotación sexual infantil, pues cada vez que un consumidor visualiza una imagen de un menor siendo abusado, se reproduce automáticamente la situación de abuso».

Hoy la explotación sexual comercial infantil es la tercera industria ilegal a escala mundial, después del tráfico de armas y el de drogas. Según Arrebola, «existen unos cien millones de menores en todo el mundo atrapados en redes de explotación sexual», de los que se calcula que cinco mil se encuentran en España. Estos abusos aumentan con el llamado «turismo sexual», una práctica muy común que algunos ciudadanos del Primer Mundo practican en países de Latinoamérica y Asia. «Entre 30 mil y 35 mil ciudadanos españoles viajan cada año a América Latina con el sólo propósito de tener relaciones sexuales con menores», asegura Josep Anton Arrebola. La edad media de las víctimas está bajando por temor al SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual. Hace unos años era de unos 10-12 años, hoy se sitúa entre los 4 y los 8. La legislación española no ayuda en absoluto a resolver esta grave situación. Actualmente, el Código Penal español permite que alguien de 60 años seduzca a un menor de 14, ya que la edad del consentimiento sexual se sitúa en los 13 años. En caso de que el padre del menor trate de evitarlo, puede ser sancionado por incurrir en un delito de coacción.

Conciencia social y educación
¿Cómo podría la sociedad acabar con el abuso a menores y la explotación sexual infantil? Según el doctor Trullols, «el problema está en la sociedad, que debería ser personalista. A los ciudadanos en la teoría se les llena la boca de grandes defensas de la persona, pero en sus manifestaciones prácticas son hedonistas y utilitaristas. Esta incongruencia social favorece los abusos». Por su parte, Arrebola asegura que «lo más importante es crear conciencia social de que existe este problema para que la sociedad pierda el miedo a asumirlo y se posicione activamente en contra. Hay que mejorar los mecanismos legales de prevención, protección, rescate y recuperación de las víctimas, e invertir fuertemente en recursos. El Primer Mundo debe luchar para acabar con la demanda, ya que si no existiera la demanda, no existiría la oferta en el Tercer Mundo».

(Fuente: AICA)

EL OBSERVADOR 430-9

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TEMAS DE HOY
«¿Feminista yo? ¡Ni loca!»

«¿Feminista yo? ¡Ni loca!», sostuvo la afamada escritora nicaragüense Mercedes Gordillo y explicó algunas de las razones por la que no sería feminista basándose en su experiencia personal de mujer, esposa y profesional y en una visión sensata y realista de la vida.

La escritora, «creyente católica, por fe y convicción», publicó un elenco de razones y reflexiones sobre éste y otros temas relacionados, como, por ejemplo, el de la familia, sosteniendo que «el núcleo familiar es natural, no artificial».

«Vivo contenta en mi hogar, limpio, oloroso, tranquilo. Creo tener la bendición de Dios, que cierra una puerta pero abre una ventana», comenta Mercedes Gordillo, quien comparte aspectos de su vida cotidiana: «A la hora escogida por mí misma escribo cuentos, poemas, resuelvo problemas domésticos. Pero también puedo recostarme en mi cama o en la hamaca sin que nadie lo impida. No tengo que marcar tarjetas para registrar horas de trabajo, entradas y salidas de fábricas, etc».

En cierto tono de humor escribe que «acaso lo mejor para nosotras, llamadas sexo débil no sé por qué, sería sacar provecho de la sociedad ignorante, pobre y machista en que vivimos. Ejemplo: a las mujeres se nos permite decir lo que nos da la gana sin correr riesgos de recibir feroces trompadas, puñetazos o golpes dolorosos, o sea disponemos de la palabra».

«Sufro mucho con mujeres, hombres, niños, niñas, ancianas y viejitos abusados, violentados en sus derechos. Desde maltratos físicos, ignorancia, miseria, pobreza, drogadicción, adulterio, incestos y todos esos males padecidos por ambos sexos». Además, «no podemos señalar sólo a los hombres de todos los males» ya que, por ejemplo, también las mujeres contagian «enfermedades, a veces mortales, que transmiten hasta a sus propios hijos».

Al referirse a las relaciones entre personas del mismo sexo sostuvo: «Yo creo que eso no es natural, se pierde el objetivo principal, el equilibrio que mantiene a la humanidad: la reproducción. Lo demás puede ser complejo, deseos frustrados y aun hormonas dislocadas».

La novelista dedicó también unas reflexiones a las uniones de parejas homosexuales: «Hay parejas de hombres con hombres, mujeres con mujeres que desean tener niños propios, criarlos a su manera. Algunos de esos niños echarán de menos al papá o a la mamá, a la primera separación, como sucede con frecuencia en nuestros días. Yo me pregunto: ¿qué pasará con los hijos abandonados por dos personas del mismo sexo?».

(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 430-10

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Si yo fuera Satanás

Si yo fuera Satanás, todo el tiempo buscaría la forma de hacer sufrir al hombre, para hacerlo dudar de Dios, o aunque fuera por el simple gusto de hacerlo sufrir.

Trataría de causar problemas económicos, hambre, enfermedad, guerras, abusos, violencia, desempleo, adicciones, esclavitud, desintegración... las clásicas, trilladas pero efectivas formas de hacerlo perder su dignidad y su calidad de vida.

Pero seguramente no me aparecería como el diablito de las caricaturas y le diría al oído: «mata, roba, viola, esclaviza, tortura...». Haciendo eso fácilmente sería descubierto y, en muchos casos, rechazado. No, yo no sería tan tonto; yo no me destaparía. Después de todo mi mejor arma sigue siendo hacer creer a la gente que no existo, que todo son necesidades, cosas de la naturaleza; que todos mis consejos son apetitos normales y legítimos que el hombre tiene el derecho y hasta el deber de satisfacer. Yo me presentaría disimuladamente y hablaría de valores superiores, de corrientes educativas, de descubrimientos en psicología, de medidas estratégicas, de remedios dolorosos pero necesarios...

Por ejemplo, a los jóvenes no los invitaría a la promiscuidad y al desenfreno. Evocaría los derechos humanos y los invitaría a practicar «libremente sus derechos sexuales» y al responsable control de la natalidad. Como si los jóvenes fueran hombres de segunda, sin poder sobre sus apetitos carnales y sin mayor aspiración que la de satisfacerlos. Nadie se atrevería a privar a los jóvenes de un legítimo derecho. Y en realidad unos hombres estarían mandando a otros a producir familias desintegradas, enfermedades crónicas de transmisión sexual, hombres y mujeres sin voluntad, manipulables, soledad y decepciones amorosas...

A los encargados del orden público no les propondría quedarse con todo el dinero en sus bolsillos, como en otras épocas. Invocaría la funcionalidad y la estética urbanas y los invitaría a prohibir vueltas y estacionamientos; a dificultar el acceso a zonas comerciales a personas de bajos recursos; todo en nombre del embellecimiento de la ciudad. Medidas aparentemente inofensivas y necesarias pero que, a la larga, harían perder muchas horas a miles de ciudadanos. Y ya no digamos la complicación de trámites burocráticos obligatorios como los de administración tributaria.

Para fomentar la desintegración familiar, a los encargados de la educación a nivel nacional no les sugeriría aislar a los hijos de los padres o adoctrinar a los hijos contra los papás, como se intentó en los paraísos comunistas. Mejor acortaría los tiempos de vacaciones y satanizaría los puentes y los días de descanso como si ellos fueran los culpables de nuestro atraso educativo, todo disque en aras del amor al trabajo, y con ello reduciría las ya de suyo escasas horas que tiene el mexicano común para convivir con sus hijos a lo largo del año. Y en aras de la libertad de expresión y de la independencia, les aconsejaría tolerar todos esos anuncios y programas abominables en los que se ridiculiza a los padres y a las autoridades y se enaltece la rebeldía.

No les sugeriría desatender descaradamente la educación. Mejor volverla obsoleta. Con el afán del desarrollo tecnológico podríamos atiborrar los planes de estudio con tantas cosas innecesarias que fuera imposible cubrirlas todas (ni aún quitando los días de vacaciones) y tampoco permitiera cubrir las necesarias. Los programas lucirían maravillosos en el papel y darían a nuestras autoridades y al pueblo la impresión de tener una educación a la altura de los países desarrollados. Mi idea sería que, con la aparente intención de convertir a los niños en sabios, salieran de la escuela primaria sin saber leer ni escribir. Propondría que a los maestros se les mandara constantemente a cursos de actualización. No aumentaría su efectividad como educadores, pero haría que abandonaran su trabajo al menos una vez a la semana.

Con el pretexto de no enseñar al niño conocimientos sino habilidades y de enseñarlo a investigar, podrían prácticamente dejar de dar las clases y mandar al alumno a que aprendiera todo por su cuenta, con el resultado de que terminaría por no aprender nada y tampoco a investigar. En este mismo terreno indicaría yo las tareas excesivas o inentendibles, que fuera imposible para el niño realizarlas solo e hicieran necesaria la ayuda de los papás. Por supuesto, sería preciso castigar al niño en caso de no traer la tarea. De ese modo alguien resultaría necesariamente perjudicado: o el papá, teniendo que gastar su tiempo en la tarea del niño, o el niño, siendo maltratado física y/o mentalmente todos los días. Si hablamos además de una familia con varios hijos, el resultado es fascinante.

A las instituciones de salud no les pediría negar sus servicios. Lo recomendable sería dificultarlos. Obligar a la gente que viene de lejos a dar varias vueltas para conseguir un servicio. Obligar al anciano y al enfermo a recorrer largas distancias, a subir largas escaleras y a hacer largas horas de espera. Exigiría a los enfermos a venir acompañados de un familiar para hacerse cargo del enfermo, y luego haría la estancia lo más difícil posible al familiar. Cada nueva revisión del reglamento cerraría una nueva puerta, aumentaría un nuevo requisito, pediría una nueva firma. Haría que el más elemental de los servicios tuviera que pasar por las manos del más alto de los funcionarios... Lo más hermoso es que en este caso estaríamos hablando de verdadero dolor. Estamos hablando de enfermedad y de muerte.

Pero mi mayor aportación sería en el terreno de la pedagogía. A los padres, maestros y educadores de todo tipo no les diría que descuiden a los niños, que los abandonen a su suerte y que los dejen crecer como la hierba, como los animales. Les diría que, según la psicología moderna, a los niños no hay que ayudarlos porque se les hace inútiles, no hay que defenderlos porque se les hace cobardes, no hay que intervenir en sus conflictos porque se les incapacita para la lucha por la vida. Hay que dejarlos que aprendan solos a defenderse. Cuando el niño diga: «Me pegó Juanito», hay que decirle: «¿Y qué piensas hacer?» y dejar que haga lo que pueda. Esta teoría ciertamente tiene muchos fundamentos de verdad. Hay que enseñar al niño (y también al adulto, y al profesor, y al gobernante...) a resolver los problemas que al él le toca resolver y no pedir que su trabajo lo hagan otros. Pero mal aplicada (de lo cual yo me encargaría si fuera Satanás) podría tener un resultado devastador. Fácilmente podría llevar a la implantación en la mente del niño de la ley de la jungla: la supervivencia del más fuerte, la supervivencia del más violento. Lo maravilloso sería que el niño abusivo crecería pensando que la justicia no tiene porqué existir y que es lícito y es posible conseguir todo por medio de la violencia. El niño que resultara perdedor aprendería que la justicia es una ilusión ilícita y que el único modo de conseguirla es haciéndola por la propia mano. El niño perdedor de hoy será el hombre frustrado de mañana. El niño abusivo de hoy será el narcotraficante, el asesino, el violador, el defraudador, el asaltante, el padre golpeador, el terrorista, el dictador de mañana. Y todo gracias a no haber hecho una pequeña corrección a tiempo. ¡Ah, si yo fuera Satanás!

Pero, viéndolo bien, ya veo por qué yo no soy Satanás. La verdad es que lo haría pésimamente mal. Lo que a mí se me acaba de ocurrir como la cosa más grande, parece que Satanás lo viene practicando regularmente desde hace mucho tiempo.

(De un escrito anónimo. Enviado por Walter Turnbull)

EL OBSERVADOR 430-11

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CONTEXTO ECLESIAL
Juan Pablo II nombra 31 nuevos cardenales, entre ellos un mexicano

Durante la oración del Angelus del domingo pasado, el papa Juan Pablo II anunció la creación de 31 nuevos cardenales en un consistorio que tendrá lugar el próximo 21 de octubre.

«Ya está próximo el mes de octubre, el mes del Santo Rosario. A la Madre confío de manera particular el consistorio que voy a celebrar el próximo 21 de octubre con ocasión de mis 25 años de pontificado. En éste he derogado una vez más el límite numérico establecido, crearé algunos nuevos cardenales», dijo el vicario de Cristo antes de proclamar, uno por uno, el nombre de los nuevos purpurados.

Los primeros que anunció fueron sus colaboradores en la Curia romana: los monseñores Jean-Louis Tauran (francés, secretario de la Santa Sede para las relaciones con los Estados) , Renato Raffaele Martino (italiano, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz), Francesco Marchisano (italiano, arcipreste de la basílica de San Pedro) , Julián Herranz (español, presidente del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos), Javier Lozano Barragán (mexicano, presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios), Stephen Fumio Hamao (japonés, presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes) y Attilio Nicora (italiano, presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica). Enseguida mencionó al resto: Angelo Scola, patriarca de Venecia; Anthony Olubunmi Okogie, arzobispo de Lagos (Nigeria); Bernard Panafieu, arzobispo de Marsella; Gabriel Zubeir Wako, arzobispo de Jartum (Sudán); Carlos Amigo Vallejo, arzobispo de Sevilla; Justin Francis Rigali, arzobispo de Filadelfia (EU); Keith Michael Patrick O'Brien, arzobispo de San Andrés y Edimburgo (Escocia); Esusébio Oscar Scheid, SCI, arzobispo de San Sebastián de Río de Janeiro; Ennio Antonelli, arzobispo de Florencia; Tarsicio Bertone, arzobispo de Génova; Peter Kodwo Appiah Turkson, arzobispo de Cape Coast (Ghana); Telesphore Placidus Toppo, arzobispo de Ranchi (India); George Pell, arzobispo de Sydney (Australia); Josip Bozanic, arzobispo de Zagreb (Croacia); Jean Baptiste Pham Minh Mân, arzobispo de Ho Chi Minh (Vietnam); Rodolfo Quezada Toruño, arzobispo de Guatemala (Guatemala); Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon (Francia); Péter Erdö, arzobipo de Esztergom-Budapest (Hungría); Marc Ouellet, PSS, arzobispo de Quebec (Canadá); Pbro. George Marie Martin Cottier, OP, teólogo de la Casa Pontificia (Suiza); Gustaaf Joos, de la diócesis de Gand (Bélgica); Pbro. Tomas Spidlik, SI, (República Checa); Pbro. Stanislas Nagy, dehoniano (Polonia). Además se reserva el nombre de otro cardenal in pectore.

Así, el colegio cardenalicio tendrá 195 miembros.

(Con información de VIS)

EL OBSERVADOR 430-12

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CONTEXTO ECLESIAL
Los obispos venezolanos responden a los insultos del presidente Chávez

El presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Baltazar Enrique Porras Cardozo, arzobispo de Mérida, hizo pública la respuesta que en nombre de los obispos de Venezuela emitió como respuesta a los recientes «grandes insultos cometidos por el presidente de la nación, Hugo Chávez». La declaración, titulada «A todos los venezolanos de buena voluntad», tras exponer la grave situación política y económica del país y el deterioro de la paz y la convivencia, reclama con urgencia la realización de un referendo revocatorio, como lo prevé la constitución. El texto completo es el siguiente:

A todos los venezolanos de buena voluntad

El 11 de julio de 2003 los arzobispos y obispos de Venezuela firmamos un documento que llevó por título «Bienaventurados los que trabajan por la paz». Como todos los documentos colectivos del episcopado su aprobación sólo se hace por unanimidad siguiendo las indicaciones del papa Pablo VI desde los ya lejanos años del concilio Vaticano II. En esa oportunidad se difundió profusamente por los medios de comunicación social y se leyó en las iglesias en las misas del domingo siguiente a su publicación.

La hoja «Domingo» que desde hace varias décadas se reparte en los templos cada semana, publica dichos textos con algunos meses de retraso. La razón es muy sencilla. Para que llegue a tiempo a todos los rincones del país se imprime con varios meses de antelación.

Ahora, a dos meses y medio de distancia, el gobierno reacciona con improperios y palabras destempladas, mancillando la memoria de los muertos e insultando y amenazando a los obispos. Incluso llamando a la violencia popular, pues se trata, según ellos, de un texto mentiroso.

Dejamos al recto juicio de los venezolanos las principales ideas que allí se señalan y el porqué de dicho pronunciamiento eclesial. He aquí las ideas centrales:

1. Una realidad que nos interpela:
1.1. En nuestro país, debido a la grave situación política y socioeconómica se han deteriorado la paz y la convivencia. Razones: aumento de la pobreza, crecimiento del desempleo, rígido control de cambios que ha paralizado la industria; crece la corrupción, la violencia, los homicidios, la inseguridad, el irrespeto a la vida, los secuestros, las invasiones, la presencia y actuación de grupos subversivos en la zona fronteriza.
1.2. Preocupa la violación de los derechos humanos: la situación inhumana de las cárceles, intimidaciones, amenazas y agresiones a los periodistas, asesinatos, irrespeto a los derechos de los trabajadores petroleros despedidos.
1.3. La conflictividad política supera los límites de la tolerancia.
1.4. La calidad de vida del venezolano ha bajado notablemente.
Vale la pena preguntarse. ¿Este diagnóstico de la realidad puede calificarse de mentiroso y embustero? ¿Es un mensaje inventado por la «oposición» o es parte de la dramática situación del país a la que tenemos que atender? Cuando se pierde el contacto con la realidad y los pobres, cuando la dirigencia se aleja de la vida diaria y de las angustias de la gente, cuando se comparte sin manipulaciones y sin maquillaje la vida de los barrios, de los campos y de los marginados como lo hacemos los obispos y los evangelizadores, se percata uno del riesgo de querer hacer ver un mundo fantasioso y mediático que no existe sino en la pantalla.
Si hay algo falso en lo señalado por los obispos que se muestre, y si no, ¿por qué me pegas?

2. Construir la paz. Reflexión cristiana desde la realidad venezolana.
2.1. El venezolano anhela la paz. La paz no es compatible con actitudes en las que solamente se defienden posiciones cerradas y egoístas de algunos sectores. La paz ha de estar sostenida por la verdad.
2.2. Dichosos los que trabajan por la paz. La gran tarea que se nos impone en este momento crítico de nuestra historia es la responsabilidad de construir una sociedad en paz, fundada en la cooperación, el entendimiento, la solidaridad, la tolerancia y el diálogo.
2.3. La Iglesia, que predica el reino de Dios, que es justicia y amor, está llamada a abrir caminos a la esperanza como una contribución a un cambio fundamental en la realidad del país, ratifica su compromiso evangelizador para llevar a la conversión y a la renovación espiritual y moral de los venezolanos, creando conciencia acerca de la dignidad de cada persona, la solidaridad y la tolerancia, dejando de lado el egoísmo y el odio que lamentablemente se ha sembrado en el pueblo.
2.4. No habrá paz social en Venezuela si no se recupera la confianza en los poderes públicos. Es necesaria la participación real de todos los ciudadanos en la toma de las grandes decisiones que afectan la vida y el futuro del país.
2.5. Por eso, ante posiciones tan antagónicas, se impone con urgencia la necesidad de una consulta popular que restituya la confianza y la tranquilidad al país, y se refuercen la institucionalidad y la legitimidad. Para ello existe en el ordenamiento jurídico actual la posibilidad de una salida constitucional: el referendo revocatorio.

Esta reflexión nacida del corazón de creyente y de la exigencia de la fe católica, ¿se puede tildar de política, de opositora, de sesgada por intereses mezquinos o por imposiciones de cúpulas corruptas? ¿No es un derecho y un deber de un auténtico cristiano plantearse estos problemas?

Ustedes, queridos venezolanos, tienen la palabra. Son testigos de lo que la Iglesia hace y el porqué lo ha hecho y lo sigue haciendo. La Iglesia en Venezuela hace lo poco que puede para combatir la pobreza, la falta de empleo, la desesperanza, el odio, la intolerancia y la violencia, porque se contraponen a las virtudes que nos exige nuestra vocación. Necesitamos trabajar y no desmayar en la edificación de la civilización del amor, en el respeto a los demás. Por eso la invitación del documento a renovar la fe, con la esperanza de construir entre todos una patria más justa y más digna.

Lo primero y más importante es el ser humano. Ni en nombre de Dios y menos en nombre de ningún proyecto político, sea revolucionario o neoliberal, puede estar primero ni conculcar los derechos fundamentales de la persona.

Gracias, pueblo creyente y hermanos de cualquier credo o pensamiento religioso o ateo, por la confianza y credibilidad que han depositado en la Iglesia católica, en sus pastores. Nuestro papel es siempre el servicio del amor al prójimo y a la sociedad.

Gracias, hombres y mujeres de buena voluntad, por amar y buscar la paz, por rechazar la corrupción y las medias verdades, por trabajar por salidas pacíficas para salir de la crisis y superar la tentación de suplantar el amor que sirve por el poder que oprime o por la protesta que estremece e irrita pero no construye.

Reciban la bendición de este obispo, y seguro estoy de todos mis hermanos en el episcopado, que no tenemos otro fin y norte sino el de sembrar la paz, la justicia y el amor, ya que serán bienaventurados los pacíficos y mansos porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Desde el avión que me conduce de Maiquetía a Madrid y Roma, en esta noche del 22 de septiembre, para cumplir con diversos encargos reciban este mensaje de paz y alegría, en la seguridad de que el príncipe de la paz, Jesucristo, mira con ojos de misericordia y bondad al sufrido pueblo venezolano.

EL OBSERVADOR 430-13

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FIN

 
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