El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
12 de octubre de 2003 No.431

SUMARIO

bulletPORTADA - A 25 años de su pontificado, Juan Pablo II sigue gritando al corazón del hombre: ¡no tengas miedo!
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Las nuevas carabelas
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Cristo es el sol que nace de lo alto
bulletFAMILIA / PARA ELLAS - Respeta para que te respeten
bulletPINCELADAS - El peor enemigo
bulletREPORTAJE - Cuando un comportamiento desviado se vuelve respetable
bulletCULTURA - ¡La fama!
bulletTESTIMONIO - El fundador y ex dueño de Domino's Pizza crea en EU la primera universidad católica en 40 años
bulletAberraciones sobre la muerte cerebral
bulletCONTEXTO ECLESIAL - Programa vaticano para festejar los 25 años del pontificado de Juan Pablo II

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PORTADA
A 25 años de su pontificado, Juan Pablo II sigue gritando al corazón del hombre: ¡no tengas miedo!
EL OBSERVADOR / Redacción

La tarde del 16 de octubre de 1978, cuando el sol declinaba sobre Roma, emergió la fumata bianca en uno de los laterales de la basílica de San Pedro, anunciando al mundo que había Papa. Todavía era reciente la muerte de Juan Pablo I (el 28 de septiembre) y los entonces 800 millones de católicos del mundo estaban expectantes.

De pronto, desde el balcón de la casa de los pontífices, un atlético hombre, que había elegido la sotana blanca más grande de las tres que el sastre de los papas pone a disposición del elegido por el cónclave, dijo en italiano: «Si cometo errores al hablar su lengua -o mejor, nuestra lengua- me corrigen». Era un polaco, de nombre Karol Wojtyla y 58 años de edad (Wadowice, 18 de mayo de 1920), un metro 78 de altura y 75 kilos de peso. Era el único hijo sobreviviente del matrimonio entre el capitán Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska.

Tras 455 años de papas italianos, el hasta ese día cardenal de Cracovia llegaba a la sede de Pedro con un mensaje pastoral y profético: «¡no tengan miedo, abran su corazón a Cristo!». La revolución había comenzado. Era el papa número 264 de la historia, el primer no italiano desde Adriano VI, el primer papa polaco y el más joven desde Pío IX.
Hoy, a 25 años de distancia, constatamos que el Espíritu Santo sopló sobre el corazón de un hombre que ha hecho 102 viajes fuera de Italia, convirtiendo al catolicismo en la religión mayoritaria de más de 50 países y haciendo que la semilla germine en el continente asiático y en el africano. Un Papa de excepción: Juan Pablo II, Magno.

Cuando la fe se hace cultura

Cuando el cardenal presidente del cónclave le preguntó a Karol Wojtyla si aceptaba ser el Papa, éste contestó con un pequeño discurso: «Obedeciendo a la fe en Cristo, mi Señor, y confiando en la madre de Cristo y de la Iglesia, a pesar de las grandes dificultades, acepto».

Ahí mismo tomó el nombre de su antecesor Juan Pablo, que, a su vez, lo había tomado de Juan XXIII y Pablo VI. La misa inaugural de su pontificado, el 22 de octubre de 1978, trajo consigo el mensaje al mundo de no tener miedo, de entregarnos a la potestad de Cristo. Y en su peregrinar por todo el planeta, Juan Pablo II no ha conocido lo que es el miedo a anunciar el Evangelio.

Cálculos conservadores dan un total de 250 millones de seres humanos que han ingresado al catolicismo desde aquella fecha hasta ahora. ¿De dónde procede el magnetismo, la fuerza, el arrastre de Juan Pablo II? El filósofo italiano -y colaborador del Papa- Rocco Buttiglione, dijo una vez a EL OBSERVADOR: «De su concepción sobre el martirio. En una obra de teatro sobre San Estanislao, el escritor Wojtyla dice: La palabra no convirtió, la sangre convertirá. Ésa es la clave para entenderlo».

Y, también, para que el catolicismo se haya consolidado y siga creciendo. En el planeta, 27.1 por ciento de los católicos se encuentra en Europa; 11.4 por ciento en África; 10.4 en Asia; 46.3 en América Latina; 6.7 en América del Norte y 0.8 por ciento en Oceanía. Pero lo importante está en el incremento de católicos en los 25 años de pontificado de Juan Pablo ll: 21 por ciento en Europa; 76 por ciento en África; 73 por ciento en Asia; 37 por ciento en América Latina; 26 por ciento en América del Norte y 56 por ciento en Oceanía.

Al mirar estos números y revisar los viajes de Juan Pablo II a Asia, África y Oceanía, se tiene que llegar a la conclusión que este Papa era el que necesitaba la Iglesia; el que necesitaba y sigue urgiendo un mundo que cada día anhela más el acontecimiento de Cristo, pero cada día se pierde más en los vericuetos de la desesperanza o de la religiosidad sin compromiso, sin sacrificio, ligera; justamente lo contrario de lo que predica Juan Pablo II.

«Si Cristo no se bajó de la cruz…»

Es cierto que el Papa llega a estos sus 25 años de gobernar la Iglesia con un cuerpo derrengado, con una salud precaria. Pero no podría ser de otra manera: ha entregado su vida a la predicación del Evangelio; ha sido víctima de un atentado casi mortal; ha llevado a Jesús a todos los rincones del planeta, y ha enfrentado a una Europa que se distancia de su raíz cristiana.

Nada de esto dejaría sin rastro el cuerpo y la salud de un hombre. Pero la Iglesia se gobierna con la mente, no con las piernas. Juan Pablo II ha dicho que si Jesús, pudiéndolo hacer, no se bajó de la cruz, él va a aceptar el martirio como testimonio de la fe. Y es ese testimonio el que perdurará y el que abrirá -como ya lo ha hecho- el corazón de millones a la experiencia de la verdad.

Previsor, el Papa ha convocado para este 21 de octubre un consistorio en el que se formalizará el nombramiento de 31 nuevos cardenales, entre ellos el mexicano Javier Lozano Barragán, quien fuera obispo de Zacatecas. El Colegio Cardenalicio será el encargado de elegir al sucesor de Juan Pablo II cuando éste entregue su espíritu a Dios. Es interesante contemplar la composición del Colegio, para saber por dónde podría soplar el Espíritu Santo tras del «huracán Wojtyla».

En efecto, el Colegio Cardenalicio tiene 66 cardenales europeos, 24 de América Latina (cinco de ellos mexicanos); 14 de América del Norte y el resto (31 cardenales) repartidos entre África, Asia y Ocea-nía. Como puede observarse, la fuerza de representación sigue perteneciendo a Europa, aunque América Latina ha logrado, con este Papa, alcanzar los máximos niveles de representatividad en la presencia de purpurados.

Un dato más: cuando Juan Pablo ll asumió la vicaria de Cristo en la tierra, había siete cardenales de países de Europa del Este (de donde él proviene); hoy son 17. Lo que también podría significar un seguimiento de la espiritualidad particular de esa parte tan sufriente de Europa; espiritualidad que Juan Pablo II ha hecho patente. Por lo demás, la primacía de los cardenales sigue recayendo en Italia, con 23 príncipes de la Iglesia.

El dinamismo de nuestro subcontinente, donde 88.8 por ciento de las personas son católicas (contra 3.9 por ciento de otras confesiones cristianas) hacen pensable que el sucesor de Juan Pablo ll pudiera salir de entre los 24 cardenales latinoamericanos. Pero, para los católicos, estas previsiones son imposibles. Juan Pablo II lo sabe. Y ha movido los hombres de la Iglesia nunca en virtud de una carrera del poder sino por el bien del Evangelio.

EL OBSERVADOR 431-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Las nuevas carabelas
Por Jaime Septién

De chicos, todos recitamos aquello de que «Cristóbal Colón, marinero genovés, salió de Puerto de Palos en las tres carabelas, La Niña, La Pinta y la Santa María, llegando a América el 12 de octubre de 1492, a la isla de Guananí, hoy San Salvador».

Con Cristóbal Colón llegó la gripe, el progreso, la viruela, la imprenta, el saqueo y muchas otras calamidades o bondades, pero, sobre todas las cosas, la fe en Cristo. Por eso el descubrimiento de América es -en la historia de la salvación- un acontecimiento de primerísimo orden. Hoy mismo, a 511 años de haber pisado tierras de misión, 43 por ciento del total de los mil cien millones de católicos que hay en el mundo habitan del Río Bravo hasta Tierra del Fuego

¿Habrá habido otro acontecimiento más feliz que éste en el que prendió la semilla del amor de Cristo hasta formar parte de la identidad de 450 millones de seres humanos que hablan español o portugués? Cuando uno observa cómo los intelectuales «progresistas» y la izquierda trastornada le tiran huevazos a la estatua de Colón en Paseo de la Reforma, no puede más que rascarse la cabeza y constatar la cantidad de mentiras que nos han contado, diciéndonos que eso es nuestra historia oficial.

Colón, como Cortés, como Pizarro o Núñez de Balboa, tiene que ser revisado -si somos católicos- desde la perspectiva de la historia de la salvación. Porque fue instrumento de la voluntad divina para implantar la huella de Jesús en el recién descubierto continente. Yo sé que tal postura es impopular; que, desde Sigüenza y Góngora (siglo XVll) y, sobre todo, desde el jesuita Francisco Javier Clavijero (siglo XVIII), es mejor para todos hablar bien de los indígenas y mal de los españoles. Pero estos dos insignes poetas, científicos e historiadores comenzaron a exaltar nuestras raíces indígenas desde la fe, es decir, desde el centro mismo del cristianismo, para quien toda persona, por el hecho de ser persona, es sagrada.

Hoy, las carabelas van de retorno. «El continente de la esperanza», como ha llamado el Papa Juan Pablo ll a América, con México como buque insignia, tiene la altísima misión de conquistar, espiritualmente, la desgastada Europa. Los recientes nombramientos de monseñor Lozano Barragán como cardenal y de monseñor -Luis Robles Díaz- como «hombre fuerte» del Papa para América Latina, son señales inequívocas de que -desde Tampico o Veracruz-salen hoy para el viejo continente los nuevos refrescos de la fe católica. El descubrimiento va de retorno.

EL OBSERVADOR 431-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Cristo es el sol que nace de lo alto

Juan Pablo II cerró este miércoles su ciclo de reflexiones sobre las Laudes de la Liturgia de la Horas comentando el cántico evangélico que aparece en el primer capítulo del evangelio según san Lucas, conocido como el Benedictus o cántico de Zacarías: «Al concluir el largo camino a través de los salmos y de los cánticos de la liturgia de Laudes, queremos detenernos en esa oración que todas las mañanas salpica el momento de la alabanza. Nos encontramos ante una lectura 'profética' de la historia, es decir, el descubrimiento del sentido íntimo y profundo de todas las vicisitudes humana, guiadas por la mano escondida pero operante del Señor, que se entrecruza con la mano débil e incierta del hombre.

«El texto es solemne y, en el original griego, tan sólo se compone de dos frases (cfr. versículos 68-75; 76-79). Tras la introducción, caracterizada por la bendición de alabanza, podemos identificar en el cuerpo del cántico casi tres estrofas que exaltan otros tantos temas destinados a marcar el ritmo de la historia de la salvación: la alianza de David, la alianza de Abraham, el Bautista que nos introduce en la nueva alianza de Cristo. Toda la oración tiende hacia la meta que indican David y Abraham con su presencia.

«El culmen se sintetiza en una frase conclusiva: 'nos visitará el sol que nace de lo alto'. La expresión, que en un primer momento parece paradójica al unir 'lo alto' con el 'nacimiento', es sumamente significativa. De hecho, en el original griego, el 'sol que nace' se dice con el término anatolè, un vocablo que significa tanto la luz que brilla sobre nuestro planeta como el brote que nace. En la tradición bíblica ambas imágenes tienen un significado mesiánico.

«La humanidad 'que vive en tiniebla y en sombra de muerte' es iluminada por este resplandor de revelación. Este sol guiará 'nuestros pasos por el camino de la paz'. Nos movemos, entonces, teniendo como punto de referencia esa luz; y nuestros pasos inciertos, que durante el día se desvían con frecuencia por caminos oscuros y resbaladizos, son guiados por el resplandor de la verdad que Cristo difunde en el mundo y en la historia».

EL OBSERVADOR 431-3

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FAMILIA / PARA ELLAS
Respeta para que te respeten

Hombres y mujeres poseemos una dignidad inherente a nuestra persona. Esto quiere decir que somos dignos porque somos seres humanos. La razón primordial para sentirnos dignos es el maravilloso hecho de ser hijos de Dios y estar hechos a su imagen y semejanza. La Biblia explica que el hombre ha sido creado como «señor de la creación», con el poder de gobernar y utilizar su mundo, pero también con la obligación de cuidarlo, conservarlo y mejorarlo. El hombre moderno ha alcanzado logros muy importantes, pero, desgraciadamente, ha abusado de la naturaleza llegando al grado de destruirla.

Desgraciadamente, en muchas ocasiones el hombre no cumple sus deberes y con ello abusa de la libertad que Dios nos concedió, convirtiéndola en libertinaje y permitiendo que sucedan cosas tan graves como el aborto, la prostitución, la homosexualidad y todo aquello que va en contra de su propia naturaleza.

También el hombre ha abusado del mundo que Dios le ha confiado, en la tala inmoderada de bosques, los desechos tóxicos, la basura nuclear y otras situaciones provocadas por él mismo, que atentan con destruir nuestro entorno.

Es importante que estemos siempre conscientes de que la dignidad es una y para siempre y que los acontecimientos actuales en donde se violan los derechos humanos nos deben provocar un sentimiento de rechazo. Aprendamos a defender estos derechos siempre que sea posible.

El hombre vale por lo que es, no por lo que tiene. El niño, el adulto, el anciano, el discapacitado, hombre o mujer, e inclusive el que está por nacer, merecen que se les trate con respeto y no como instrumentos para ser utilizados. Cuando un ser humano es golpeado, despreciado, humillado o maltratado, ya sea física o emocionalmente, se está cometiendo una falta muy grande a su dignidad.

Necesitamos reflexionar sobre nuestro comportamiento hacia los demás, principalmente hacia nuestra propia familia: esposo, hijos y parientes. Debemos siempre tratarlos con el respeto que merecen por el sólo hecho de ser personas, independientemente del cariño que les tengamos.

Como madres, tenemos la obligación de respetar a inculcar este valor en nuestros hijos, recordando que el ejemplo que nosotros damos es la mejor enseñanza. Esto debemos hacerlo desde que son pequeños, ya que muchas veces no nos damos cuenta de que ellos imitan nuestras actitudes, nuestras palabras y hasta nuestros gestos; pero, sobre todo, tenemos que ser congruentes entre lo que decimos, lo que pensamos y cómo actuamos, porque las palabras, por sí solas, si no van respaldadas por nuestros actos carecen de toda fuerza y pueden ser contraproducentes.

En la educación de nuestros hijos debemos tener mucho cuidado de respetarlos, no utilizar palabras ofensivas, no hacer burla de alguna característica en particular utilizando apodos, y, por supuesto, no golpearlos ni insultarlos. También hay otras formas de faltar al respeto a nuestros hijos, como en el caso de imponerles nuestros gustos o preferencias en la elección de su ropa, sus amistades, su ocupación o incluso hasta en su noviazgo. Una actitud muy diferente a imponer es dialogar, intercambiando puntos de vista para orientarlos y ayudarlos a tomar decisiones correctas.

Es preciso que nosotras exijamos de los demás el respeto que nos merecemos y que estemos dispuestos a dar al otro. No debemos permitir jamás que nuestros hijos o nuestro esposo nos traten despectivamente, ya que, si lo permitimos, terminaremos perdiendo la estima y confianza en nosotras mismas.

Recordemos siempre que valemos tanto como los demás y que una persona que se respeta a sí misma es aquella que se da a respetar por los demás.

Una manera de acrecentar nuestro valor personal es trabajar cada día para lograr una mayor superación que nos permita ser mejores hoy que ayer. Esto, señoras, es una tarea continua, y no debemos usar como excusa la edad.

Cuando alguien no respeta la dignidad humana, nada lograremos imitando ese comportamiento. Debemos buscar soluciones más inteligentes, sin rebajar al otro y sin rebajarnos a nosotras mismas.

Propósito para esta semana: Mejorar el trato familiar a un trato más respetuoso; abstenernos de decir apodos ofensivos, aunque estemos acostumbradas a hacerlo; tratarnos con respeto a nosotras mismas; si recibimos una ofensa, no responder con otra, sino esperar un mejor momento para aclarar las cosas.

Para comentarios a esta columna, escribir o hablar a: ANSPAC, Insurgentes Queretanos 88-4, Col. San Francisquito, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76040. Tel. 2 48 20 07, FAX 2 48 20 08.

EL OBSERVADOR 431-4

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PINCELADAS
El peor enemigo
Por Justo López Melús *

La «dorada medianía» de los clásicos no tiene nada que ver con radicalismo del Evangelio. La mediocridad, en el cristianismo, debe ser una fase provisional. Puede ser que el aspirante a santo siga siendo pecador. De lo que se trata es de que, pecador o no, siga siendo aspirante a santo, que mantenga la tensión a la santidad.

El peor enemigo de la Iglesia no es el comunismo, ni el capitalismo, ni la masonería. El peor enemigo está dentro de la Iglesia: es el que falsea su testimonio, el que la compromete. El peor enemigo es el cristiano que no acomoda su vida a sus creencias, o las deshonra. El peor enemigo es la mediocridad. «Si das un paso más allá de la mediocridad, estás salvado».

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 431-5

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REPORTAJE
Cuando un comportamiento desviado se vuelve respetable
Cómo redefinen los académicos los problemas sociales

El 6 de agosto pasado se cumplía el décimo aniversario de la encíclica de Juan Pablo II sobre temas de teología moral, Veritatis splendor. En la introducción el Papa observaba: «Ningún hombre puede eludir las preguntas fundamentales: ¿qué debo hacer?, ¿cómo puedo discernir el bien del mal?».

Era una encíclica oportuna, dada la preocupante tendencia en curso de redefinir los comportamientos dañinos y de romper los límites morales tradicionales. Y la tendencia ha continuado sin pausa, si el libro del 2002 de Anne Hendershott The Politics of Deviance (Las Políticas de Desviación) sirve de prueba.

En su libro, la profesora de sociología en la Universidad de San Diego defiende: «El rechazo de los sociólogos a reconocer que hay que hacer juicios morales cuando se discute un tema como la desviación demuestra qué lejos está esta disciplina de sus orígenes».

Hendershott explica que, hasta tiempos recientes, los sociólogos estaban preocupados sobre las cuestiones de orden social y el bien común. Hasta los años 60 esto implicaba mantener que la estabilidad social se fundaba en el orden moral. «Unido a este concepto de orden moral está el concepto compartido de desviación, y la voluntad de identificar los límites de un comportamiento apropiado», observa.

La desviación como concepto ayuda a definir el marco dentro del cual un grupo puede desarrollar el sentido de su propia identidad cultural y orden social. No es un proceso rígido, añade el libro. De hecho, los desafíos a las normas existentes pueden ser positivos, como cuando la gente se levantó contra el racismo socialmente aceptado.

Ahora, sin embargo, se está redefiniendo la desviación. Hace 20 años, observa Hendershott, los cursos sobre desviación empezaron a suprimirse de los programas académicos de muchas facultades de sociología, y la mayoría de los actuales libros de texto de sociología rechazan la idea de definir cualquier comportamiento como desviado.

La cultura del victimismo

Los cambios en el ambiente académico tienen a su vez influencia en los puntos de vista populares y de los medios. Un ejemplo es cómo se juzga la drogadicción. Ahora es común considerar la adicción como «una condición en la que los consumidores de sustancias están afectados por una enfermedad que han adquirido, aunque no por su culpa», comenta Hendershott.

Los medios, a través de películas, documentales y programas, repiten que la drogadicción es una enfermedad o alergia, o que tomar drogas es una respuesta a cómo el cerebro de una persona responde a la implicación química. Con frecuencia se ignora en este tipo de análisis la responsabilidad de la persona al haber decidido comenzar a tomar drogas.

El siguiente paso, continúa Hendershott, es que los adictos comienzan a reclamar que el consumo de drogas es un derecho humano y que el gobierno tiene la responsabilidad de hacer que sea más seguro para un adicto. De ahí la decisión en algunos países de proporcionar salas de consumo -las narcosalas- con agujas limpias y de renunciar a cualquier intento de alejar a los adictos de sus hábitos.

Volviéndonos al tema de la pedofilia, Hendershott comenta que, al mismo tiempo que los sacerdotes católicos estaban siendo vilipendiados por sus abusos, algunos grupos académicos se ocupaban afanosamente en promover lo que denominaban «intimidad intergeneracional». Una colección de ensayos de 1991, Male Intergenerational Intimacy: Historical, Socio-Psychological and Legal Perspectives (Intimidad Masculina Intergeneracional: Perspectivas Históricas, Socio-Psicológicas y Legales), fue escrita por un conjunto de eruditos, muchos en importantes puestos de enseñanza. En obras como ésta, los pedófilos ya no son vistos como extravagantes, sino como «quienes cruzan la frontera». Muchos de los ensayos buscan normalizar prácticas sexuales de menores al proponer una terminología neutral que busca eliminar «el mal juicio contra la pedofilia».

En 1994 la asociación psiquiatra norteamericana revisó su Diagnostic and Statistical Manual (Manual de Diagnosis y Estadística), con lo que la pedofilia y molestar a los niños no es ya necesariamente en sí misma un indicio de desorden psicológico. Para calificar este comportamiento como desordenado los acosadores deben sentirse «ansiosos» por sus actos o «deteriorar» su trabajo o relaciones sociales. Posteriormente en 1998, un estudio publicado por la asociación psicológica norteamericana defendía que el abuso sexual de niños no causa desórdenes emocionales o problemas psicológicos inusuales cuando llegan a ser adultos.

Las relaciones heterosexuales entre adolescentes también han sido redefinidas. El libro cita ejemplos donde la promiscuidad sexual entre adolescentes es ahora vista como algo perfectamente normal. Según este punto de vista, el problema real está en los programas que promueven la abstinencia. Quienes proponen la promiscuidad alegan que tales programas contribuyen a un comportamiento desviado, a intolerancia y a una peligrosa falta de utilización de anticonceptivos.

Otra área de comportamiento que se apunta ahora como objetivo a cambiar es el suicidio. Quitarse uno la vida, explica Hendershott, ha sido visto tradicionalmente como un comportamiento desviado porque devalúa la vida humana. Pero quienes promueven la eutanasia están tratando de cambiar las opiniones al presentar el suicidio como un tema de «elección» y hablar del «derecho a morir».

Y, a nivel académico, es cada vez más común hablar de dos tipos de suicidio: aquellos que es necesario prevenir, y los suicidios «racionales» que deberían respetarse e incluso ayudarse. En el momento en que fue escrito el libro, había cerca de cien mil páginas webs en internet dedicadas al tema del suicidio.

Cambiando el lenguaje

Redefinir el lenguaje que se refiere al comportamiento humano forma parte de una campaña mayor para cambiar la percepción, concluye Hendershott. En el debate del suicidio, cambiar los términos de «perturbado» o «loco» por «dignidad» o «autonomía» es una medida importante. Hendershott hace notar que estamos en una época de expertos cuyos puntos de vista se promueven como más fiables que aquellos de la moralidad tradicional y de las iglesias. Junto a esto está la influencia de los relativistas culturales que piden el rechazo de conceptos como el bien y el mal. Pero, advierte Hendershott, una sociedad que «rechaza reconocer y sancionar negativamente actos desviados que nuestro sentido común nos dice que son destructivos, es una sociedad que ha perdido la capacidad de enfrentarse al mal que tiene la capacidad de deshumanizarnos a todos nosotros».

Sus palabras se hacen eco de aquellas de Juan Pablo II en la Veritatis splendor: «Reconociendo y enseñando la existencia del mal intrínseco en determinados actos humanos, la Iglesia permanece fiel a la verdad integral sobre el hombre y, por ello, lo respeta y promueve en su dignidad y vocación» (No. 83).

Esta misión es esencial en la sociedad de hoy, que con frecuencia repite la pregunta de Pilato: «¿Qué es la verdad?». El Papa observaba que hoy se pasa por alto con frecuencia el lazo de unión entre la verdad, el bien y la libertad. Con mucha frecuencia la verdad no se acepta, « y se confía sólo a la libertad, desarraigada de toda objetividad, la tarea de decidir autónomamente lo que es bueno y lo que es malo» (No. 84).

La Veritatis splendor también trata de una objeción común a las normas morales, a saber, que defender preceptos objetivos es con frecuencia visto como intolerante o que no se tiene en cuenta la complejidad de una situación particular de un individuo. Sin embargo, explica Juan Pablo II, mantener la verdad no significa que la Iglesia carezca de compasión. La Iglesia es tanto una madre como una maestra, y encubrir o debilitar la verdad moral no está de acuerdo con un genuino entendimiento de la compasión. La encíclica precisa: «La presentación límpida y vigorosa de la verdad moral no puede prescindir nunca de un respeto profundo y sincero -animado por el amor paciente y confiado-, del que el hombre necesita siempre en su camino moral, frecuentemente trabajoso debido a dificultades, debilidades y situaciones dolorosas» (No. 95).

Poner límites a lo que es un comportamiento aceptable y mantener la fuerza de las normas morales negativas que prohíben el mal, continúa la encíclica, es un valioso servicio. «Proteger la inviolable dignidad personal de cada hombre ayuda a la conservación misma del tejido social humano y a su desarrollo recto y fecundo» (No. 97). El Papa pide que la vida personal, social y política «se base en la verdad y que a través de ella se abra a la auténtica libertad» (No. 101).

La esperanza de Hendershott consiste en que este mensaje no se haya perdido entre los sociólogos.

EL OBSERVADOR 431-6

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CULTURA
¡La fama!
Por Carlos Díaz

A decir verdad, casi abundan más los escritores que los lectores. Por fortuna para él, el editor continúa teniendo quién le escriba, porque no existe crisis en el mundo capaz de anular la vocación de llenafolios, de escritor o de escribidor, al menos si juzgamos por el monto de concursantes que continúa presentando sus inéditos en cada convocatoria de premio, por modesto que éste fuere. Malpensados, abstenerse: el desempleo no parece ser la causa de la proliferación de autores laurelófilos que, carentes de otros empleos, no sabrían qué hacer para sacar unos pesos, no, pues no existe en el mundo nadie tan tonto como para empuñar la pluma esperando premios gananciosos o lances de fortuna, a tal grado de aguda desesperación no cabe llegar; ¿quién ignoraría la ingencia innúmera de aspirantes frente a los poquísimos tocados por los laureles del triunfo, muchos los llamados a escribir y pocos los dispuestos a editar, masa los convocados y vértice los elegidos?

Para su particular infortunio el escribidor ni siquiera tiene tía Julia que le lea. Desaparecidos los cafés y las tertulias gloriosas de ayer, los escritores, no solamente los nóbeles, hoy como ayer siguen persiguiéndole por cualquier pasillo a uno para que lea sus cosas, esperando al menos unas palabras de consuelo y acaso la mediación editorial, porque la ilusión es lo último que se pierde, soñar no cuesta dinero, y en el gremio de compulsoescritores parece funcionar incansablemente la fantasía con más incombustibilidad que en ningún otro; nostálgico de la nada perdida ¿qué escritor no se imagina a sí mismo genialoide, quizá porque el arte de poner una letra detrás de otra en un campo semántico convencional a la búsqueda de un orden simbólico azaroso albergue siempre un componente mágico?

El principio de realidad enseña que escribir es llorar, y que si escribir exige decir sí, editar conlleva decir no. El escriturario o escriturero tiene de entrada el no asegurado, por eso en el oficio confluyen los fracasados en la lucha cotidiana, tan entendidos en todas las profesiones como incapaces de ejercer ninguna. «¿Es un imbécil su hijo, da a entender el editor? Entonces me temo que escribirá». Bueno. Pero escribirá con editor o sin él, porque la magia de escribir le puede; después, incapaz de parar de secretar la tinta tras la que se oculta cual mismísimo calamar, se quejará cual plañidera de su fracaso escandalizándose de que una sociedad como la nuestra continúe estando a merced de editores que no lo son sino por puritito accidente y que no poseen la formación ni la preparación necesaria para serlo, echará la culpa al pregonero denostando a los críticos y columnistas vendidos a los demás con tal de tener repleto el pesebre, mortificará a los bribones analfabetos periodistas con su tinta hecha de porquería, con su meretriz pluma de acero, etc. El escritor fracasado no tendrá inconveniente en afirmar que la mayor parte de los libros de ahora parecen hechos en un día con los libros leídos del día anterior; asentirá asimismo en que lo que determina el éxito de una gran cantidad de libros es la estrecha relación que se da entre la mediocridad de las ideas del autor y la mediocridad de las ideas del público. En fin, el consuelo como bálsamo.

Al final, la cantinela viene a mecer la cuna con este pueril ronroneo en que uno termina automeciéndose: ya verás cómo, según te vayas haciendo mayor y la envidia respecto de tu gran obra comience a decaer, empezarán a lloverte los homenajes. Para percibir la profundidad de tu obra se necesitaba mucha distancia dada la extraordinaria altura de tu galibo, pero ya lo irán comprendiendo los demás uno tras otro, tan sólo es cuestión de paciencia. Sí, la proa de tu nave de marfil se agigantará con el tiempo, cien años más y te habrás convertido en clásico; tal vez en uno de los pocos clásicos de tu siglo.

Paciencia, y baraja. Además siempre te queda la esperanza en el inefable consuelo póstumo, pues en este mundo no se consuela quien no quiere: ánimo, con suerte terminarás como aquel hombre pegado a unos grandes bigotes, Federico Nietzsche, siendo leído muchísimo después de tu muerte, ya lo verás, y hasta tus inéditos habrán de ser extraordinariamente valorados, tanto más cuantos más siglos pasen por encima de tu cadáver y cuanto más accidentadas y peliculescas hayan sido las circunstancias del descubrimiento de esos tus ya supuestamente famosos manuscritos ocultos. Así que procura esconder en lugares inverosímiles tus profundas lucubraciones y verás a una legión de investigadores y doctorandos pesquisidores disputarse con ambiciosas y surtidas hipótesis profesionales tu propia fecha de nacimiento, el número de tu pasaporte, la pluralidad de autores que según ellos encubrirás bajo el manto de los seudónimos, o si llega el caso contrario la pluralidad de negros literarios que escribieron para ti, los influjos de escritores marcianos o murcianos que hubieran podido producirse de haberse producido, tus ipsissima verba, etc. Y como todo es posible en Doctorilandia, o/y-¿y/o? en Dog Torilandia, tampoco faltará quien ponga en duda tu existencia aunque te apresures a dejar bien visible tu mismísima partida de nacimiento, lo cual fastidia, reconozcámoslo; pero todo sea por lo que es, que no hay lote sin precio. Además no te preocupes, el tal pesquisidor terminará descubriendo que, a pesar de no existir tú, existió otro como tú que habrá nacido donde tú, que se habrá puesto tu pijama que tú no te pusiste, y demás. De lo que se trata en última instancia es de que él sea él (su nombre de investigador bien claro en el lomo del libro, por favor), aunque respecto de ti quieras y no quieras querer y estés sin querer queriendo.

Consuélate, en fin, valiosísimo prócer: tienes mucho futuro por delante en la posmortalidad académica. ¿La falta de interés por tus libros? El pueblo es demasiado necio y no está a la altura. ¿Tu libro no traducido? Desinterés de los miserables editores extranjeros por tu obra; además los grandes autores como tú son casi imposibles de traducir...

EL OBSERVADOR 431-7

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TESTIMONIO
El fundador y ex dueño de Domino's Pizza crea en EU la primera universidad católica en 40 años
Por José A. Méndez
Thomas Monaghan invirtió en ella 220 millones de dólares

Coincidiendo con el inicio de curso, cien nuevos alumnos acaban de estrenar las aulas de la primera universidad católica construida en EU desde los años 60. La universidad Ave María ha sido fundada con el capital de Thomas Monaghan, un empresario multimillonario que está dedicando gran parte de su fortuna a hacer realidad los ideales de la doctrina de la Iglesia. En este proyecto ha invertido 220 millones de dólares y busca integrar la fe y la razón con la excelencia académica. Monaghan sabe que si iguala los resultados de sus anteriores empresas, el éxito está asegurado.
Para un magnate capaz de levantar el mayor imperio de pizzerías del mundo, poner todo su empeño en conseguir su meta más ansiada, no supone ningún problema. Por eso a Thomas Monaghan no le tiembla el pulso al invertir más de 200 millones de dólares en construir la universidad Ave María, la primera católica que se construye en EU en los últimos 40 años, y en la que ya han comenzado las primeras clases. Cuenta con algo más de cien alumnos matriculados que pagarán alrededor de 15 mil dólares al año. Si todo sale según lo previsto, el campus estará terminado para el 2006, tendrá capacidad para cinco mil alumnos y ocupará ni más ni menos que una superficie de 750 acres. Espacio suficiente para desarrollar la mente y el espíritu.

Cafetería y capilla
Y es que Monaghan no sólo ha pensado en los estudios universitarios, sino que ha negociado con una compañía de bienes rurales e inmobiliarios para que donase los terrenos donde se construirá una ciudad residencial, llamada también Ave María, dotada de viviendas, biblioteca, oficinas, laboratorio de computación, y un centro de actividades lúdicas con cafetería y capilla. Amén, por supuesto, de las mejores instalaciones deportivas para equipos de todas las disciplinas que participen en las principales ligas estudiantiles. «Queremos ser la mejor universidad católica, no la más grande -afirma-. Nuestra meta es tener la universidad católica más competente que podamos construir».

Pero para Monaghan y los suyos el significado de competencia no es el del máximo rendimiento educativo o empresarial. Es el de servicio a Cristo y a su mensaje, a la formación, no de profesionales sino de personas. «No puedes seguir las reglas de Dios a menos que sepas cuáles son y por qué son así. En algunas universidades católicas los estudiantes se gradúan con la fe más inestable que cuando llegan». Por eso el equipo de la universidad Ave María asegura que busca «la promoción del diálogo entre la fe y la razón, la formación de hombres y mujeres en las virtudes intelectuales y morales de la fe católica, y el desarrollo de los programas profesionales». Compaginar, a fin de cuentas, la vida laboral con la fe e impulsar la unión de todos los campos de nuestra vida con el hilo reconciliador del Evangelio. Cafetería y capilla, rutina y religión, finalmente unidas.

Empresario de la fe
Desde que Monaghan se impregnó de la fe católica en un orfanato, nunca abandonó el seguimiento a Cristo. Incluso llegó a plantearse la idea del sacerdocio, aunque terminó por casarse y comenzar con un pequeño negocio de pizzas. Nacía así Domino's Pizza, un auténtico imperio de comida rápida que factura en sus beneficios anuales cerca de 2 billones de dólares. Sin embargo, sus primeros pasos dentro del mundo empresarial fueron muy duros, aunque consiguió superar los problemas «con ayuda de Dios y de mi esposa». Aunque, lejos de acongojarse ante tales presiones, Monaghan siguió compaginando sus creencias religiosas y sus relaciones laborales: «Involucré a mis empleados en mis pensamientos, mis metas, mis sueños y todas mis decisiones». El negocio fue creciendo y pronto amasó una fortuna multimillonaria. Y cuando estaba en lo más alto, la lectura de Mero cristianismo, de C. S. Lewis, le mostró una visión de su propia vida que él mismo desconocía: «Leerlo me enseñó que el orgullo es el más grande de los pecados. Y pensé si es el mayor de los pecados, soy el pecador más grande del mundo, porque no conozco a nadie que intente ser tan exitoso e impresionar a la gente más que yo». Thomas Monaghan dio un auténtico ejemplo de conversión, vendiendo gran parte de sus posesiones para invertir en acciones benéficas. A sus 61 años ha vendido Domino s Pizza, obteniendo por la transacción casi mil millones de dólares, si bien «financieramente podría haber sido mucho mejor continuar con la cadena veinte años más». Su meta no es el dinero, es vivir y hacer vivir la fe.

«Tengo como enemigo al mismo Diablo»
Después de encontrar una nueva filosofía de vida, por fin Monaghan entendió el verdadero valor del dinero: algo capaz de construir un imperio de humanidad y hermanamiento. «Mi última meta es ir al Cielo con tanta gente como pueda llevar conmigo».

Desde entonces, a Monaghan le han llovido críticas desde todos los sectores de la sociedad. Los progresistas le tachan de «nazi reaccionario», y los neoconservadores de «liberal sin criterio». Normalmente, esto suele ser un indicio de imparcialidad y coherencia comprometida. Por eso, él prefiere responder ante las críticas con hechos: con dinero de su bolsillo ha fundado el periódico de inspiración religiosa Credo, la universidad Ave María, la estación radial WDEO, el Centro Legal Tomás Moro, el centro de estudios Ave María College, el fondo de inversión católico Ave María, y la fundación Legatus.

Esta última es su proyecto más ambicioso y aglutina a grandes empresarios que quieren huir del éxito en pro de una intensa vida cristiana. Cada uno aporta entre dos mil y 12 mil dólares al año para hacer realidad los proyectos de la doctrina social de la Iglesia.

«Si el trabajo de Legatus llega a ser tan importante como creo que va a ser, vamos a tener muchos enemigos... hasta el mismo Diablo», afirma medio en broma, medio en serio. Con semejante curriculum, no es de extrañar que el Vaticano le haya incluido entre los diez católicos más comprometidos con el seguimiento a Jesús y a su mensaje. Y no son pocos quienes le admiran y comienzan a imitarle.

(Fuente: www.larazon.es)

EL OBSERVADOR 431-8

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Aberraciones sobre la muerte cerebral

En el número 418 de EL OBSERVADOR se publicó el artículo «Eutanasia y distanasia» (pág. 15). La autora establecía la distinción entre eutanasia (provocación en forma activa y directa, totalmente ilícita, de la muerte de un enfermo), distanasia (poner obstáculos fuera de lo racional a la muerte cuando ésta es inminente e inevitable, es decir, continuar aplicando tratamientos que sólo prolongan la agonía), y adistanasia (no poner obstáculos a la muerte, comprendiendo en esto el omitir o suspender un tratamiento extraordinario cuando ya no tiene sentido). Y se calificaba a la distanasia de acto inmoral, porque viola el derecho que tiene la persona a morir dignamente, a tener una muerte humana; de tal suerte que la adistanasia sería moralmente permitida en los casos que se ajustaran a la definición. Contra esta postura reacciona el autor del siguiente artículo, identificando a la muerte cerebral como uno de los signos por los que suele considerarse que prolongar una vida ya no tiene sentido.

Muerte cerebral, término inadecuado con que quiere justificarse el matar
Por Silvestre Raúl Gutiérrez Flores*

Muerte es la tajante separación del alma y del cuerpo, la ausencia total de vida.

El organismo humano está conectado, comunicado todo entre sí; no hay muerte por secciones; puede haber cese de funciones orgánicas, bloqueo de comunicaciones físico-químicas, pero no muerte.

Si, de forma mecánica, un aparato (respirador) ayuda a que el corazón siga latiendo, ¿hay vida? Claro que hay vida, y no es, en principio, por el aparato, es por la capacidad de respuesta del organismo al estímulo externo. Por lo tanto, el aparato no da vida; si fuera así, conecten el mismo aparato a un cadáver y sería ridículo esperar una respuesta de vida.

Un corazón tiene respuesta por estar comunicado por las leyes de la física a su centro cerebral, aunque por sí solo seguiría latiendo fuera del cuerpo por su automatismo durante cierto tiempo (no es el caso a tratar).

Nadie tiene la capacidad ni el poder de prolongar la vida. Otro término mal aplicado o utilizado es el de prolongar la vida. Nadie puede añadir ni un solo segundo a su vida ni a otra vida. Nuestra obligación es trabajar, velar, servir, atender al enfermo hasta el fin de la vida.

¿Por qué decir: «el enfermo está en estado vegetativo (como si estuviera muerto)», «en coma profundo», «tiene muerte cerebral», etcétera? Lo dicen tanto que ya se la creyeron. Estamos para la vida, no para disculpar el matar (eutanasia, o como quieran llamarle). Disponer de la vida de un ser humano es asesinar.

Desconectar a un enfermo del aparato es asesinar. El argumento de los que matan es: por el aparato late el corazón. Entonces podrían, con toda tranquilidad, quitarle el marca-paso a un paciente cardiaco, quitarle el oxígeno a un enfermo de enfisema pulmonar, ya no más transfusiones de sangre o paquetes plaquetarios a enfermos de leucemia, porque si no fuera por estos elementos auxiliares estarían muertos quienes dependen de ellos. Que nos quede muy claro: no es por eso, es por la capacidad de respuesta del organismo a continuar con vida propia.

Se diagnostica a un paciente la «muerte cerebral» por presentar:
a) ausencia de reflejos.
b) trazo plano del electroencefalograma.
c) daño irreversible.

Pero continúan las comunicaciones cerebrales, y esto lo podemos demostrar obteniendo registros, mediciones que el electroencefalograma no registra por no ser sensible. Esto es posible en un nivel de 0.025 miliamperes, a través del sistema de sudor (piel) registrado en una escala de resistencias, confirmando todavía la actividad cerebral. Por lo tanto, no hay «muerte cerebral»: continúa la vida en el enfermo.

El alma y el espíritu continúan en la persona. Esto es lógico, por sentido común. Hay percepción, le sirve recibir el sacramento de la Reconciliación, la asistencia del sacerdote. Se le debe seguir atendiendo, porque es un ser humano con vida.

Se concluye: no existe la llamada «muerte cerebral». Apoyar lo contrario convence y conviene a quienes, para obtener órganos en donación, los extirpan a inocentes indefensos enfermos, aunque haya que matarlos, porque siempre es mejor extraer órganos calientitos (con vida) que órganos fríos (sin vida).

La ciencia nunca ha sido definitiva, sigue avanzando.

* El autor es médico. Se desempeña en el campo de la terapia de termorregulación cerebral y es parte del grupo Armonía Humana «Promover la Salud es Promover la Paz», en Cuernavaca, Mor. raulgf@prodigy.net.mx

EL OBSERVADOR 431-9

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CONTEXTO ECLESIAL
Programa vaticano para festejar los 25 años del pontificado de Juan Pablo II

Del 15 al 19 de octubre, la Santa Sede celebrará a lo grande el 25º aniversario del Pontificado de Juan Pablo II, con un programa que incluye una reunión de cardenales y obispos de todo el mundo, una Misa, un concierto y la beatificación de la Madre Teresa de Calcuta, entrañable amiga del Santo Padre.

Según el programa anunciado por la Santa Sede, el 15 de octubre comenzará la cita de cuatro días de duración de los 164 miembros del Colegio Cardenalicio.

Al día siguiente, en la mañana del 16 de octubre, aniversario 25 de su elección, el Pontífice firmará la exhortación apostólica postsinodal de 2001, dedicada al ministerio episcopal.

Ese mismo día, a las 18 horas, se celebrará una Misa en la plaza de San Pedro para conmemorar el acontecimiento.

El viernes 17 de octubre, a las 18 horas en el aula Pablo VI, el coro y la orquesta de Leipzig dedicará al Papa un concierto que comprende la ejecución de la Novena Sinfonía de Beethoven y del «Ecce Sacerdos Magnus» de Bruckner.

El vicario de Cristo intervendrá en la última sesión del Colegio Cardenalicio el sábado 18 de octubre. Su discurso seguirá a la presentación de un mensaje que todos los cardenales le dirigirán.

A las 13 horas almorzará con los cardenales, responsables de los dicasterios presidentes de las conferencias episcopales y patriarcas. A las 17:30 horas se celebrará una vigilia misionera en el aula Pablo VI.

El domingo 19 de octubre, Jornada Misionera Mundial, el Papa presidirá a las 10 de la mañana, en la Plaza de San Pedro, la misa durante la que beatificará a Madre Teresa de Calcuta.

(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 431-10

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FIN

 
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