El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
26 de octubre de 2003 No.433

SUMARIO

bulletPORTADA - No todo lo que es técnicamente posible, es éticamente aceptable
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - ¡Ayudar al Papa!
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Las Vísperas, oración del anochecer para desterrar la ira
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- La amargura de la envidia
bulletLOS LECTORES HABLAN - El sexo no es sucio, pero el pecado sí
bulletPINCELADAS - Los cuatro fiat
bulletDOCUMENTOS - La responsabilidad social de la empresa en Iberoamérica, a examen
bulletMIRADA JOVEN - Horóscopos: el negocio de la incredulidad
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - Derechos y deberes
bulletGRANDES FIRMAS - Aprender de los niños
bulletEl Papa firmó su regalo para la Iglesia en sus 25 años de pontificado
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Jito pasó por aquí...

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PORTADA
No todo lo que es técnicamente posible, es éticamente aceptable
Entrevista exclusiva al genetista José Antonio Abrisqueta
El Observador / Redacción

El padre José Antonio Abrisqueta es fraile franciscano, especialista en genética humana, director del área de genética del Consejo Superior para la Ciencia y la Investigación de España. Ha tenido a su cargo cientos de proyectos de investigación. Es articulista y conferencista internacional sobre temas de bioética, clonación, genoma humano, etc. Estuvo en la ciudad de Querétaro participando el pasado mes en el III Foro Internacional sobre Humanismo.

El Observador: Algunos piensan que todo lo que la ciencia puede hacer es aceptable.
José Antonio Abrisqueta: La genética actualmente proporciona métodos técnicos para el conocimiento del hombre, de las enfermedades, de los trastornos; por tanto es una disciplina biomédica muy importante que abarca toda la vida del hombre. Las técnicas evidentemente nos proporcionan medios, a veces soluciones o problemas. No todo lo que es técnicamente posible es éticamente aceptable: hay cosas que se pueden hacer, pero lógicamente está en juego una serie de valores, que es lo que impide que eso que técnicamente es posible, luego resulta que, éticamente, tiene una serie de dificultades que impiden que se pueda aceptar. De manera que es importante la valoración ética de toda esta tecnología de vanguardia que actualmente se está dando.

EO: ¿Qué sucede con los embriones congelados (bebés congelados) y las células madre o células truncales de que hoy se habla tanto?
JAA: Es un tema de discusión amplia dentro de nuestra sociedad. Todos los que trabajamos dentro de esto sabemos la importancia de las células madre como posibles regeneradoras de tejidos, incluso pensando en trasplantes. Lo que sucede es que si éstas células madre se obtienen de embriones hay un problema ético importante, ya que si yo quiero utilizar células madre de embriones quiero decir que de antemano destruyo el embrión. Se ha visto que existen células madre, células truncales, también en tejidos adultos, y sin necesidad, por tanto, de acudir al embrión. Ahí surge la polémica, la discusión de que no es lo mismo las células madre obtenidas de un adulto, que las células madre obtenidas de embriones. Yo soy de la opinión de que se están logrando, con células madre de tejidos adultos, casi los mismos resultados que con las células madre obtenidas de embriones. Actualmente en España, como en muchos otros sitios, existen muchos embriones congelados. Se hablaba de 35 mil, hasta de 200 mil. En Estados Unidos se habla de 400 mil. En cualquier caso existen muchos embriones congelados sobrantes entre comillas, por que aquí no sobra nadie en las técnicas de fecundación in vitro. El problema radica en qué hacer con estos embriones. ¿Por qué no utilizarlos para parejas que no pueden tener hijos?

EO: ¿De todo esto, cual es la postura de la Iglesia?
JAA: La Iglesia acepta el uso de las células madre de tejidos adultos, no de embriones, por que está en juego la vida del embrión, y la Iglesia nunca puede aceptar la postura que suponga la destrucción del embrión, así, de forma directa; de manera que la postura de la Iglesia en ese sentido siempre ha sido clara y tajante.

EO: ¿Qué pasa con los valores éticos del ser humano en estos casos?
JAA: En este aspecto, como lo ha puesto de manifiesto el humanismo, son los valores en relación con la vida humana los que hay que mantener, desarrollar y potenciar, de manera que no se sienta el hombre avasallado por la tecnología y se tenga en cuenta lo que supone la persona humana con sus vertientes. El humanismo es, precisamente, una valoración y una apología del hombre y de la vida humana. También hay otros valores, lógicamente depende de qué perspectiva se considere. Son los valores trascendentes los que hay que cultivar, mantener y proyectar en el devenir de cada día. El humanismo es lo que está detrás del valor de la vida y la persona humana.

EO: ¿Y los valores cristianos?
JAA: Los valores cristianos se dan a partir de una experiencia de fe, que en la vida humana tiene un sentido trascendente, que no termina aquí, que tiene una proyección posterior con todo lo que supone la fe cristiana.

EL OBSERVADOR 433-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
¡Ayudar al Papa!
Por Jaime Septién

En la celebración de su 25 aniversario el papa Juan Pablo II lanzó una conmovedora petición de ayuda a los sacerdotes y laicos católicos de todo el mundo para continuar su obra como Vicario de Cristo. La oración que pronunció en su homilía -y que, a continuación reproduzco traducida al español- representa un ejemplo extraordinario del amor de un hombre a la Iglesia, a Cristo Salvador, a María nuestra Madre y a la esencia de la dignidad humana, en la plenitud de la misericordia del Creador a su criatura.

A Ti, Señor Jesucristo, único Pastor de la Iglesia, ofrezco los frutos de estos veinticinco años de ministerio al servicio del pueblo que me has confiado. Perdona el mal realizado y multiplica el bien: todo es obra tuya y a Ti sólo se debe la gloria. Con plena confianza en tu misericordia, te presento hoy una vez más a quienes confiaste hace años a mi atención pastoral. Consérvalos en el amor, reúnelos en tu grey, carga en tus espaldas a los débiles, cura a los heridos, cuida a los fuertes. Sé su Pastor, para que no se pierdan. Protege la querida Iglesia que está en Roma y a las Iglesias de todo el mundo. Asiste con la luz y la potencia de tu Espíritu a quienes has puesto al mando de tu grey: que cumplan con empuje su misión de guías, maestros, santificadores, en la espera de tu retorno glorioso. Te renuevo, por intercesión de María, Madre amada, el don de mí mismo, del presente y del futuro: que todo se cumpla según tu voluntad, Pastor supremo, quédate entre nosotros, para que podamos avanzar contigo seguros hacia la casa del Padre [hacia la casa del Padre, repitió]. Amén.

Todo es obra de Dios; todo lo bueno es obra de Dios. La ayuda solicitada por el Papa consistirá en orar por él y darnos a nosotros mismos en la continuación de la acción redentora de Jesús en nuestro mundo.

EL OBSERVADOR 433-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Las Vísperas, oración del anochecer para desterrar la ira

En la audiencia general de la víspera de su vigesimoquinto aniversario de pontificado, Juan Pablo II dedicó su catequesis a explicar el sentido y articulación de la oración de las Vísperas:

«Por muchos testimonios sabemos que, a partir del siglo IV, los Laudes y las Vísperas son ya una institución estable en todas las grandes Iglesias orientales y occidentales. De este modo, por ejemplo, san Ambrosio testimonia: 'Al igual que cada día, al ir a la iglesia o al dedicarnos a la oración en casa, comenzamos por Dios y con él terminamos, que todo día de nuestra vida aquí abajo y en el curso de cada una de las jornadas comience siempre por Él y termine en Él'.

«Así como los Laudes se enmarcan en el amanecer, las Vísperas encuentran su lugar hacia el atardecer, en la hora en la que, en el templo de Jerusalén, se ofrecía el holocausto con el incienso. En esa hora Jesús, tras su muerte en la Cruz, yacía en el sepulcro, habiéndose entregado a sí mismo al Padre por la salvación del mundo.

«Las diferentes Iglesias, siguiendo sus respectivas tradiciones, han organizado según su propio rito el Oficio Divino. Consideramos aquí el rito romano.

«La Liturgia de las Vísperas culmina con la oración de Jesús, el Padrenuestro, síntesis de toda alabanza y de toda súplica de los hijos de Dios regenerados por el agua y el Espíritu. Al concluir la jornada, la tradición cristiana ha puesto en relación el perdón que se implora a Dios en el Padrenuestro y la reconciliación fraterna de los hombres entre sí: nadie debe albergar ira en su corazón cuando se pone el sol (cfr. Efesios 4, 26).

«La oración vespertina concluye con una oración que, en sintonía con Cristo crucificado, expresa la entrega de nuestra existencia en las manos del Padre, conscientes de que su bendición no desfallecerá nunca».

EL OBSERVADOR 433-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
La amargura de la envidia
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
Quisiera compartir el gran problema que me aturde desde hace varios años; para empezar yo antes vivía en una colonia grande y era feliz, pero las cosas cambiaron, mi hermano estuvo en la cárcel, nos quitaron a mi familia nuestra casa, perdimos negocio y carro... lo perdimos todo. Gracias a Dios un tío se apiadó de nosotros y nos prestó una casa donde vivir. Ahí empeoramos pues hasta mi mamá tuvo que trabajar vendiendo ropa en los tianguis y había veces que solo llegaba con 5 pesos para todo un día, pero gracias a Dios siempre tuvimos comida. Como la situación económica no era buena, mi papá tuvo que irse a los Estados Unidos y desde hace años no lo he visto. Pero el gran odio o coraje que tengo es que unos familiares (que por cierto no nos llevamos bien) se fueron a vivir a mi antigua casa y no he podido quitarme ese trauma, rabia y enojo que esto me causa. Incluso he deseado que se mueran, de tanto coraje que les tengo, pues ellos están viviendo lo que yo desde hace tanto he estado deseando vivir y regresar para allá porque simplemente yo no soy feliz, y necesito ayuda, porque creo que es un trauma que no me deja vivir en paz y quisiera saber alguna posible solución o por lo menos un consejo, porque en realidad estoy harta de seguir sintiendo esto; es muy desagradable el hecho de que no puedas convivir en paz con tu propia familia y por estupideces que pasan por mi mente... No sé que más decir pues esto me ha hecho mucho daño y no sé que hacer. Por favor ¡necesito ayuda! Siento que estoy amargada y eso no me agrada. No tengo amigos porque me encierro en mi mundo, mis pensamientos, y no tengo confianza de decir todo esto que escribí a nadie, ni siquiera a mi mamá.

RESPUESTA:
Lo que cuentas es solamente una parte del problema. Me parece que has proyectado en el asunto de la casa todo lo demás. Hay muchos otros conflictos, dificultades y pérdidas, pero tal vez como son muy dolorosos, tu inconsciente te bloquea y solamente puedes ver lo de la casa que extrañas. Como eras feliz en ese tiempo, crees que volviendo a ella volverías a serlo. Pero las cosas han cambiado mucho, y el simple hecho de volver a esa casa no te devolvería la felicidad.

Lo que necesitas hacer es aceptar con serenidad la nueva situación de tu familia. Ésta es la realidad con la que ahora tienes que vivir. Lo demás son fantasías que hay que dejar en el pasado. Lo que importa es el presente. Piensa en qué puedes hacer para mejorar la situación actual. Para empezar, si estás de buen ánimo, te relacionas bien con los demás y colaboras en los quehaceres domésticos, estarás colaborando para que la familia, no solamente tú, sea más feliz. También es importante que estudies mucho y te prepares lo mejor que puedas para que en el futuro tengas mejores oportunidades. Pídele mucho a Dios que te ayude a superar la envidia que envenena tu alma. Él va a escuchar tu súplica si la haces con sinceridad. Esa envidia es lo que te hace sentirte amargada. Te hace falta aprender a no esperar ciertas cosas, a desprenderte de los bienes materiales, a ser libre. ¿Te das cuenta de que en la medida en que anhelas esa casa te vuelves su esclava? Ya suéltala, libérate de ella.

Aunque no te lleves bien con ellos, trata con amabilidad a los familiares que viven en esa casa. Con eso no solamente demostrarás que eres una persona correcta, educada, sino que, lo que es más importante, te ayudarás a ti misma a superar esos sentimientos negativos que tanto daño te hacen.

Estoy segura de que puedes superar este problema que te acongoja. Valora lo que tienes, confía en ti misma y en lo que puedes lograr, ponte en manos de Dios y mira hacia el frente: una vida mejor, construida desde tu interior, te está esperando.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 433-4

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LOS LECTORES HABLAN
El sexo no es sucio, pero el pecado sí

Estimados hermanos en Cristo:
Me encanta vuestra revista y hace poco escribí elogiándola. Sin embargo, me ha escandalizado un poco el comentario de la psicóloga en el apartado de confidencias de los jóvenes. Una joven decía que se sentía sucia por haberse acostado con su novio. La psicóloga, que le dice bien que es importante reconciliarse con Dios, sin embargo, a mi juicio, no diagnostica bien el problema, y le dice poco menos que no debe sentirse sucia, porque el sexo no es algo sucio.

El sexo, en general, no es algo sucio, pero el pecado es lo más sucio que hay. Y el caso de que se trata es una materia grave, en la que la joven ha cambiado su virginidad por el placer. Si no sabemos reconocer en ese «sentirse sucia» la acción de la gracia para llevarla a la reconciliación, mal, muy mal andamos... Y poco estamos haciendo.

La psicología, desde el punto de vista cristiano, no puede ni debe desligarse del conocimiento teológico sobre la acción de la gracia en el alma. Esa chica necesitaba que un cristiano, cualquier cristiano, le dijera que esa suciedad que ella sentía era por haber ofendido gravemente a Dios, haberse menospreciado a sí misma, templo del Espíritu Santo, y haber colaborado en la caída de su novio, al que ella quiere, haciéndole el daño más grande que podía hecerle. Pero que, también, eso tiene fácil arreglo, y que la virginidad no es algo que se tiene o se pierde, sino algo a lo que se aspira y se lucha con la gracia de Dios. Sólo tiene que arrepentirse de corazón, acudir al confesionario, y recuperar así su virginidad. Porque tan valiosa o más que esa virginidad primaria puede ser la virginidad secundaria que adquiera como resultado de esa ofensa y su consiguiente arrepentimiento.

En resumen, en la respuesta veo mucha psicología y poco consejo cristiano. No creo que sea bueno mantener esas actitudes, porque confunden a los jóvenes.

Un abrazo en Jesús con María Inmaculada.

EL OBSERVADOR 433-5

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PINCELADAS
Los cuatro fiat
Por Justo López Melús *

En la Biblia hay cuatro fiat (hágase), que son las cuatro columnas del universo. En el Génesis, el fiat creador: hágase la luz... En la Encarnación, en fiat de la Virgen: hágase en mí según tu palabra. En Getsemaní, el fiat de Jesús: no se haga mi voluntad sino la tuya. En el Padrenuestro, nuestro fiat: hágase tu voluntad en la tierra (en mí) como en el cielo.

El primer fiat es el origen del mundo; el segundo, de la esperanza; el tercero, de la redención; el cuarto, de mi santificación. Los tres primeros comprenden la creación y la redención. Pero la redención no está acabada sin el cuarto fiat. Sólo mi fiat completa la redención: «Suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo» (Col 1, 24).

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 433-6

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DOCUMENTOS
La responsabilidad social de la empresa en Iberoamérica, a examen
En un encuentro de obispos y empresarios de la región, ambas instancias se comprometen a la evangelización del mundo del trabajo.

Obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), sacerdotes y empresarios cristianos de la Unión Internacional de Dirigentes de Empresa Cristianos en Latinoamérica se reunieron del 30 de septiembre al 2 de octubre en Aguascalientes en un simposio orientado a entender y superar el impacto de la globalización. Esta VII Conferencia -la reunión se convoca cada dos años- se organizó conjuntamente por el CELAM y UNIAPAC-Latinoamérica, con el apoyo de la Unión Social de Empresarios de México (USEM).

La finalidad de este encuentro es establecer un diálogo entre la jerarquía de la Iglesia católica y los empresarios miembros de la UNIAPAC para que cada cual, desde el lugar que le corresponde en la sociedad, contribuya con sus propuestas para el bien de Iberoamérica. El encuentro se centró en descubrir cuál es la responsabilidad social de la empresa en iberoamércia a fin de entender y superar el impacto de la globalización sobre los países de la región.

Presentamos a continuación el documento final de dicha Conferencia.

Declaración de Aguascalientes

Durante los días 30 de septiembre, 1 y 2 de octubre de este año 2003, un grupo de obispos del CELAM, sacerdotes y empresarios cristianos de UNIAPAC Latinoamericana, procedentes de Argentina, Brasil, Costa Rica, México y Uruguay, nos hemos reunido en la ciudad de Aguascalientes, México.
A lo largo de estos días de encuentro, oración, reflexión y diálogo nos hemos propuesto descubrir y compartir unos con otros cuál es la responsabilidad social de la empresa en América Latina buscando, de este modo, entender y superar el impacto de la globalización sobre nuestros países.

Algunas de nuestras constataciones como punto de partida
1. A fin de identificar mejor nuestra situación, hemos comparado a América Latina con los países desarrollados del primer mundo. Las cifras -siempre frías pero exactas- muestran que nuestro sufrido continente padece graves y trágicos contrastes. Se destaca nuestra pobreza, la mayor mortalidad infantil, la más menguada esperanza de vida, nuestras dificultades para competir agravadas por el proteccionismo y los subsidios de los países desarrollados, el peso de la deuda externa. Estas situaciones -y otras más- agravan frecuentemente nuestra convivencia social y desafían duramente nuestra esperanza.
2. Vivimos en verdad un cambio de época. Aparece una nueva sensibilidad cultural con sus ambigüedades y escasas claridades. Surgen -es cierto- tendencias favorables al reconocimiento de la dignidad de la persona humana y a la globalización de la solidaridad, pero coexisten con dificultad con atentados diversos, a mayor o menor escala, a los derechos humanos. La globalización -que imprime en nuestros países su huella de significado incierto- se convierte en un arduo desafío que requiere de nosotros un trato y una respuesta acertados.
3. Desde esta compleja situación cultural, política, religiosa y socio-económica, proponemos como una alternativa posible y valiosa desde el mundo empresarial -que no es, desde luego, la única- promover la responsabilidad social de la empresa y del empresario para enfrentar saludablemente las incertidumbres de los tiempos que nos toca vivir responsablemente y alentar la esperanza debilitada de nuestros pueblos.

La responsabilidad social de la empresa
4. Entendemos que proponer como alternativa de cambio la responsabilidad social de la empresa no es una frívola y pasajera cuestión «de moda» o un asunto de persuasivo pero engañoso marketing. Decididamente es para nosotros una necesidad urgente, una cuestión de responsabilidad, una leal y honrada estrategia empresarial.
5. Nuestra propuesta se apoya en estas convicciones que compartimos:
- La organización empresarial es uno de los agentes más dinámicos e influyentes en la sociedad, de influencia realmente planetaria. La empresa, como organismo vivo, es un factor determinante de la transformación de la sociedad.
- A la par que la familia y que la escuela, la empresa es también un ámbito de crecimiento humano, de creación y anticipación de futuro para quienes trabajan diariamente en ella. Es una escuela de compartir.
- El horizonte de la empresa no se clausura con la prestación de bienes y servicios a la comunidad, sino que se extiende a algo más: a asumir lúcidamente una identidad social que la capacite para pensar y para actuar éticamente, tanto en su ámbito empresarial interno como fuera del mismo.
- El crecimiento de la ética empresarial provocará una nueva mentalidad y una manera nueva del quehacer empresarial que revitalizará y consolidará, además, la ética ciudadana.

Exigencias de la responsabilidad social de la empresa
6. Buscar y definir acertadamente la propia identidad empresarial, tal como la empresa quiere ser reconocida interna y exteriormente como ética y socialmente responsable.
7. Identificar con exactitud y desde la afectuosa cercanía a todos los agentes sociales tanto internos como externos, que tienen interés en la vida de la empresa.
8. Definir y acordar conjuntamente con ellos los rasgos éticos que han de fermentar y dar sentido a la responsabilidad social de la empresa, inspirándose en los valores de la Doctrina Social de la Iglesia.
9. Mantener la formación permanente de los agentes de la empresa en la Doctrina Social de la Iglesia desde una constante lectura y discernimiento de la realidad iluminados por la Palabra de Dios leída, contemplada, hecha oración y vida.
10. Utilizar estrategias empresariales adecuadas para iniciar y mantener el proceso -siempre dinámico- de crear una empresa responsable socialmente.

El trabajo de obispos y empresarios a favor de la responsabilidad social de la empresa
11. Crear espacios habituales de conocimiento, de reflexión y diálogo -tanto a nivel continental como nacional o regional- entre obispos y empresarios cristianos a fin de llevar a cabo la misión común de la nueva evangelización, desde sus compromisos pastorales diversos pero complementarios, apostando unos y otros por la responsabilidad social de la empresa.
12. Asumir como urgencia pastoral la evangelización de los agentes del mundo empresarial, dada la incidencia decisiva que han de tener en la generación de un espíritu emprendedor que favorezca la creación de trabajo, en la construcción de una cultura de convivencia solidaria y en la creación de una nueva sensibilidad social en nuestros pueblos.

Conclusiones y recomendaciones finales
13. Como fruto de nuestra reflexión y diálogo, obispos y empresarios, manifestamos unas conclusiones y recomendaciones finales que pautarán nuestro caminar hasta el próximo encuentro. A fin de garantizar su cumplimiento y el de todos los compromisos que hemos asumido durante el VII Simposio -reflejados en esta declaración- tanto los obispos como los empresarios nos hemos empeñado en evaluarlos y revisarlos periódicamente, antes del próximo simposio.
14. He aquí nuestras conclusiones y recomendaciones finales:
I. Reconocer que la responsabilidad social es parte indispensable y constitutiva de la finalidad de la empresa, indisolublemente ligada a sus objetivos económicos.
II. Promover talleres de transformación de las propias empresas hacia la responsabilidad social, inspirados en la doctrina social de la Iglesia, invitando también a que otras empresas y organizaciones sociales asuman el mismo compromiso.
III. Establecer algunos medidores adecuados para constatar cíclicamente el avance progresivo y gradual de la responsabilidad social de las empresas.
IV. Propiciar el encuentro regular y frecuente entre los departamentos de pastoral social de las conferencias episcopales y las asociaciones nacionales de UNIAPAC, para tratar conjuntamente los temas que atañen a la responsabilidad social de la empresa y al compromiso cristiano de los empresarios, para superar el desconocimiento mutuo y crear iniciativas conjuntas que estimulen el diálogo Iglesia-empresa en sus diversos niveles.
V. Establecer canales de diálogo permanente entre los obispos y los empresarios a nivel diocesano, nacional y continental.
VI. Fomentar -a través de la mediación de los obispos diocesanos- el diálogo de los empresarios con el clero local, donde operan las empresas.
Agradecemos a Cristo Jesús, Señor de la historia, que nos haya acompañado y enriquecido con su Espíritu durante estos días, y ponemos nuestros proyectos, gérmenes de esperanza, en manos de la Virgen de Guadalupe, patrona de los pueblos de América.
Aguascalientes, 2 de octubre de 2003

EL OBSERVADOR 433-7

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MIRADA JOVEN
Horóscopos: el negocio de la incredulidad
Por María Velázquez DoranteS

Cuán significativa es la fuerza de los medios de comunicación, que por ella se han expandido los famosos horóscopos, y digo famosos porque se presentan en cada medio de comunicación, ya sean primarios, secundarios o alternos.

Esto se ha convertido en un negocio redondo para quienes expanden las ideas futuristas del amor y del dinero, dos características básicas que la sociedad de hoy en día, como método de sobrevivencia exige; a ello atañe la falta de información y el concepto de superstición.

Es lamentable que existan personas que no inician su día sin antes leer las falsas notas de un horóscopo; es lamentable que se desconozca que el horóscopo tiene raíces de ocultismo y es lamentable que los medios de comunicación refuercen estas ideas con el fin de obtener grandes ganancias.

La responsabilidad social radica tanto en los medios de comunicación como en el charlatán que vende ideas prolijas y quiméricas engañando a una gran cantidad de personas. Dicha responsabilidad recae sobre la incredulidad de quienes acuden a centros de adivinaciones, por que de ello se desprenden enormes consecuencias, y una de ellas es la monetaria.

Las poblaciones de la actualidad no se encuentran económicamente sustentadas, y los palabreros de los horóscopos están a la vuelta de la esquina esperando desfalcar al primero que desee consultar su día de nacimiento, el número de la suerte, la persona que conocerá, etc. Sin darse cuenta de la venda que llevan en los ojos.

Si esto no se tratara de un negocio, lo más probable es que no existirían personas que envían ilusiones por teléfono, por televisión, a través de la radio o en una revista. ¡ Claro! La habilidad es la frase que ellos utilizan: ayudamos a quien lo necesita.

No existe compromiso social fundamentado, porque funestamente la realidad de hoy es el negocio de la desinformación e incredulidad de quienes están expuestos a una contaminación de inquisición ideal, que no perciben que les están vendiendo una adicción a los sucesos irreales pero muy tentadores.

EL OBSERVADOR 433-8

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Derechos y deberes
Por Antonio Maza Pereda

¡Exijo mis derechos! ¡Tengo mis derechos! ¡Respeten mis derechos! Bien, muy bien. En una sociedad que empieza a salir de la etapa predemocrática, no sólo es de esperarse que esas frases se escuchen con frecuencia, sino que es sano y bueno que todos los ciudadanos estemos muy pendientes de cuáles son nuestros derechos y si se están respetando como debe ser. Por otro lado, no escucha uno frases como: ¡Respete mis deberes! ¡No interfieran con mis deberes! ¡No estorbe el cumplimiento de mis deberes! Desde luego parece que, como sociedad, estamos mucho más conscientes de nuestros derechos que de nuestros deberes.

¿Por qué esta reflexión? Bueno, en parte por las noticias que han salido en periódicos nacionales sobre el lío que se armó por el intento de las autoridades del Distrito Federal de hacer uso del llamado «alcoholímetro» para prevenir accidentes.

Si, estoy consciente de que aun la mejor medida puede ser mal aplicada y también de que el fin no justifica los medios. Bastantes litros de tinta se han derramado y, seguramente, se seguirán derramando sobre el tema. Y, por lo pronto, hubo ya un partido político que está apostando a que le será muy rentable políticamente el apoyar a los que se sienten amenazados por estas medidas. Y que no nos vengan con que es por amor a nuestras libertades; bien callados estaban cuando otras libertades más fundamentales eran vulneradas.

Oímos a muchos diciendo cosas como: Trabajo fuerte, cumplo con mi familia, atiendo a mis clientes. ¡Caramba! Tengo derecho a una copita de vez en cuando. Independientemente de que sea una (o más) y si de veras es copita (o copota) el tema es si ese derecho (si es que lo es; que yo sepa, la Constitución no lo consagra) no lleva correlativo el deber de no manejar con una cantidad tal de alcohol en la sangre que haga que yo pierda los reflejos y me ponga en condición de dañar a otros. Porque, creo yo, no tenemos derecho a apachurrar al prójimo; vamos, ni siquiera tenemos el derecho a pegarle un buen susto.

Pero el tema es mucho más general. La sociedad sólo se construye cuando todos estamos muy conscientes de nuestros deberes y nuestros derechos. Sólo si tenemos siempre presente que no somos los únicos en tener derechos, sino que todos los demás los tienen también; si tenemos claro que nuestros derechos terminan donde empiezan los derechos de otros y, además, que la colectividad tiene también derechos.

¿Tomar o no tomar? ¿Medir o no medir? No, el dilema no es ese. El verdadero dilema es el de aceptar o no que nuestros derechos no son ilimitados, que a cada derecho corresponde algún deber y que no somos los únicos en tener derechos. Solo de esa manera, basándonos en estos valores, se construye una sociedad fuerte y sana.

EL OBSERVADOR 433-9

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GRANDES FIRMAS
Aprender de los niños
Por Chiara Lubich

«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de los cielos» (Mc 10, 14) .

Jesús desconcierta siempre con su modo de actuar y de hablar. Se aparta de la mentalidad común que consideraba a los niños insignificantes desde el punto de vista social. Los Apóstoles no quieren que estén a su alrededor, en el mundo de los «adultos», pues no harían más que estorbar. También los sumos sacerdotes y los escribas, «viendo a los niños que aclamaban en el templo:¡ Hosanna al hijo de David!», se indignaron, y le pidieron a Jesús que los llamase al orden (cfr. Mt 21, 15-16). Jesús, en cambio, tiene una actitud diferente ante los niños: los llama, los abraza, les abre sus brazos, los bendice y además los pone como modelo para sus discípulos.«De los que son como ellos es el Reino de los cielos».

En otro pasaje del Evangelio, Jesús dice que si no nos convertimos y nos hacemos como niños no entraremos en el Reino de los cielos (cfr. Mt 18, 3) ¿Por qué el Reino de Dios pertenece al que se parece a un niño? Porque el niño se abandona confiado al padre y a la madre: cree en su amor. Cuando está en sus brazos se siente seguro, no teme nada. Y cuando a su alrededor advierte que hay peligro, le basta abrazarse más fuerte a su papá o a su mamá para sentirse enseguida protegido. A veces, su propio papá parece ponerle en situaciones difíciles, como por ejemplo para que un salto resulte más emocionante. Incluso en estas ocasiones, el niño se lanza confiado.Así es como Jesús quiere que sea el discípulo del Reino de los cielos.

El cristiano auténtico, como el niño, cree en el amor de Dios, se lanza a los brazos del Padre celestial, pone en Él una confianza ilimitada, nada le da miedo porque no se siente solo nunca. Aun en las pruebas cree en el amor de Dios, cree que todo lo que sucede es por su bien. ¿Tiene una preocupación? Se la confía al Padre y con la confianza del niño está seguro de que lo resolverá todo. Como un niño que se abandona completamente en Él, sin hacer cálculos.

«De los que son como ellos es el Reino de los cielos». Los niños dependen en todo de los padres para la alimentación, el vestido, la casa, la instrucción y todo lo necesario. Nosotros, también «niños evangélicos», dependemos en todo del Padre: nos nutre como a los pájaros del cielo, nos viste como a los lirios del campo, sabe lo que necesitamos aun antes de que se lo pidamos (cfr. Mt 6, 26 ) y nos lo da. Incluso el Reino de Dios no se conquista, sino que se acoge como un don de las manos del Padre.

Aún más, el niño no hace daño porque no lo conoce. El discípulo del Evangelio, amando, huye del mal, se mantiene puro y vuelve a ser inocente. El niño, porque no tiene experiencia, va hacia la vida con confianza, como hacia una aventura siempre nueva. El «niño evangélico» pone todo en la misericordia de Dios y, olvidándose del pasado,empieza cada día una vida nueva, estando disponible a las sugerencias del Espíritu Santo, siempre creativo. El niño no sabe aprender a hablar solo, necesita alguien que le enseñe. El discípulo de Jesús no sigue sus propios razonamientos, sino que lo aprende todo de la Palabra de Dios hasta hablar y vivir según el Evangelio. El niño es muy dado a imitar a su propio padre. Si se le pregunta qué quiere ser de mayor, a menudo dice la profesión del padre. Del mismo modo, el «niño evangélico» imita al Padre celestial que es el Amor y ama como Él ama: ama a todos porque el Padre «hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos» (Mt 5, 45), es el primero en amar porque nos amó siendo todavía pecadores (cfr. Rm 5, 8); ama gratuitamente, sin interés, porque así hace el Padre celestial.

Por esto a Jesús le gusta rodearse de niños y los propone como modelo:«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de los cielos». En efecto, los niños siguen sorprendiéndonos.

«Ayer papá me pidió que fuera al sótano a buscar una cosa -me escribe Betty, una niña de 6 años de Milán-. Por las escaleras todo estaba oscuro y tenía miedo. Luego, recé a Jesús y sentí que estaba junto a mí». Irene, Hilaria y Laura, tres hermanas de Florencia, van de compras con su mamá en coche. Pasan por delante de la casa del abuelo y le preguntan si pueden ir a saludarlo. «Id vosotras - dice la mamá-, yo os espero». Cuando vuelven, le preguntan: « ¿Por qué no has venido?». Y ella les contesta: «El abuelo no se ha portado bien conmigo, así se entera...». E Hilaria dice: «Pero, mamá, debemos amar a todos, incluso a los enemigos». La mamá ya no sabe qué decir. La mira y le sonríe: «Tenéis razón. Esperadme aquí». Y va sola a ver al abuelo. Podemos aprender de los niños cómo acoger el Reino de Dios.

EL OBSERVADOR 433-10

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El Papa firmó su regalo para la Iglesia en sus 25 años de pontificado
La exhortación postsinodal Pastores gregis

Con un rostro sonriente y mejorado, Juan Pablo II celebró su vigesimoquinto aniversario ofreciendo su propio regalo a la Iglesia, una exhortación apostólica sobre la figura del obispo.

En el aula Pablo VI, del Vaticano, firmó la exhortación apostólica postsinodal Pastores gregis, con la que recoge las conclusiones del Sínodo de los obispos celebrado entre el 27 de septiembre y el 30 de octubre de 2001 y que se dedicó precisamente a la misión del obispo.

Tras la firma y el canto Alma Redemptoris Mater, interpretado por el Coro de la Capilla Sixtina, los presentes estallaron en un aplauso, y muchos agitaron pañuelos.

Juan Pablo II en su discurso destacó que esta exhortación apostólica de algo menos de 200 páginas es un recuerdo para el obispo de que «está llamado a ser padre, maestro, amigo y hermano de todos los seres humanos, siguiendo el ejemplo de Cristo».

«Recorriendo fielmente este camino, podrá llegar a la santidad, una santidad que deberá crecer no junto al ministerio, sino a través del ministerio», afirmó subrayando uno de los temas centrales del documento.

El obispo «será profeta de justicia y de paz, defensor de los derechos de los pequeños y de los marginados. Proclamará a todos el Evangelio de la vida, de la verdad y del amor. Mirará con predilección a la multitud de pobres que pueblan la tierra», insistió el discurso preparado por Juan Pablo II.

«El Papa está con todos vosotros», afirmó a los cuatro mil 695 obispos de la Iglesia.

El texto completo del documento lo puede leer en la página web del Vaticano.

(Fuente: Zenit)

EL OBSERVADOR 433-11

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PICADURA LETRÍSTICA
Jito pasó por aquí...
Por J. Jesús García y García

Lo que sólo a mí me importa... ¿qué importa?
ANDRÉ MALRAUX

Se critica con cierta abundancia la transculturación o trasplante de la cultura europea en los pueblos indígenas americanos. Algunos amigos del disparate creen que las diferentes culturas autóctonas pudieron y debieron mantenerse siempre bien diferenciadas e incontaminadas. Colón no debió venir aquí. Mejor dicho, nadie. A los aztecas y demás grupos indígenas de nuestro territorio no debió llegarles el Evangelio, ni la escritura articulada, ni el uso de la rueda, ni el burro, ni el trigo... y debimos conservar, entre muchas otras cosas negativas, las guerras floridas, los sacrificios humanos y la antropofagia. Usted sabe: cada uno a rajatabla con su modelo propio de organización social, autoexcluyéndose en nombre de su cultura aborigen, aunque de tal modo se oponga al progreso, al orden regional o al global y a las costumbres mayoritariamente consideradas como buenas.

Sólo que, para ser parejos, nada nuestro -desde luego que el oro y la plata mucho menos- debió ir al viejo mundo. Ni importaciones ni exportaciones. Únicamente me importa lo mío y con nadie lo comparto. Coto cerrado. Quizás, después de 500 años, nosotros estaríamos descubriendo ahora el uso práctico de la rueda y los tlacuilos estarían empezando a perder su empleo porque fuera poniéndose de moda una escritura distinta a la jeroglífica. Tal vez Huitzilopochtli (yo rechazo decididamente ese necio apodo de Huichilobos, inventado por gandules e indolentes) estuviera declinando. Y quizás sólo por un inexpresable milagro se hubieran ido conociendo los vegetales, animales, minerales, alimentos, costumbres, obras de arte, doctrinas, sistemas, inventos y aportaciones científicas con que América benefició al viejo mundo.

Son encomiables los empeños de efusivos escritores mexicanos -particularmente Heriberto García Rivas y Ramón Cruces Carvajal, cada uno en su tiempo- para poner en relieve las dádivas o aportes de México (que después nos salen con que son del Perú). Ubicándonos en la modesta materia de los productos naturales, por favor acompáñeme esta vez, amable lector, a reflexionar un poco -yo lo hago con asombro- acerca de la importancia que tiene en todo el planeta el tomate (o jitomate, ya aclararemos eso). ¿Qué sería de la humanidad sin el fruto herbáceo de que hablo, el cual, crudo o cocido, universalmente se consume en variadas ensaladas y salsas, en múltiples guisos, o bien su jugo es bebido como nutriente o aperitivo, mezclado, a veces, con bebidas alcohólicas? Y tiene, incluso, aplicaciones medicinales, además de un contenido importante de vitamina C, y presencia de fósforo y hierro.

¿Para qué le digo, si lo tengo como enseñanza de usted, que hay cierta confusión en la nomenclatura: «tomate rojo» y «tomate verde», uno que se desarrolla desnudo [Lycopersicum esculentum solan] y el otro cubierto por una hoja [Physalis L.], el primero histórica y etimológicamente diferenciado del segundo en buena parte de nuestro país por el apelativo jitomate [del náhuatl xictli, ombligo, y tomatl, tomate, es decir, «tomate ombligado» o «tomate de ombligo»], pero que el rojo, propagado en más extenso universo, se apropia del nombre genérico tomate, en tanto que el verde, que de este modo se llamaría de modo confundible con el otro, es poco conocido y de uso casi exclusivo de los mexicanos? Y usted, lector, me enseñó -y no lo he olvidado- que, hasta hace poco, México ocupaba el quinto lugar mundial en la producción de tomate (jitomate), abajo, muy abajo de Estados Unidos y un poco después de Italia, Rusia y España.

Sirve el jitomate, ya dijimos, para medicina. Algunos lo emplean para combatir el artritismo, las fiebres y algunas infecciones. En modestas comunidades lo tienen por útil para las anginas, la mordedura de víbora, y los piquetes de abeja, de tarántula y de hormiga (se ocupa exclusivamente el jugo, sobre todo el de los jitomates podridos, mismo que se aplica junto con otros productos en la parte afectada).

Por otra parte, la raíz de una de las especies del tomate verde se usa como carminativo (contra la flatulencia), antidiarreico y contra los cólicos por indigestión. Y -que me valga el cambio rudo de aplicaciones- las hojas que cubren dicho tomate, puestas en infusión, sirven para que esponje la masa con que se elaboran los tamales.

Por si faltaba darle un uso lúdico al jitomate, en España, desde 1940, el último miércoles de agosto celebran la Tomatina de Buñol, una enorme pelea callejera a tomatazos (jitomatazos) que atrae a turistas de lugares tan recónditos como Japón y Australia. Se dice que los participantes han llegado a sumar 38 mil y quedan todos cubiertos de rojo chillón, lo mismo que las calles. Y las agencias que suelen servirnos la noticia se hacen con justicia este razonamiento:

«Sin América -¿sin México?- no tendrían esta diversión».

EL OBSERVADOR 433-12

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FIN

 
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