El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
23 de noviembre de 2003 No.437

SUMARIO

bulletPORTADA - Una conferencia episcopal en estado de ebullición
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El principal asesino de nuestra época
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Me enamoré de una amiga
bulletFAMILIA - La educación es el antídoto contra la droga
bulletPINCELADAS - Necesidad de santos
bulletDOCUMENTOS - Juan Pablo II: El desafío de la depresión
bulletMIRADA JOVEN - El sacrificio de la belleza
bulletNUESTRO PAÍS - La muerte de David Silveti nos hace reflexionar
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - ¿Consumir o no consumir?
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Las lenguas humanas, su estira y afloja
bulletLOS LECTORES HABLAN - Publicidad peligrosa

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PORTADA
Una conferencia episcopal en estado de ebullición
La condición de «Lázaro» no conviene al pueblo de México, asegura la CEM
El Observador / Redacción

Con la referencia bíblica: «Desátenlo y déjenlo andar», de Jesucristo a Lázaro, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), reunida la semana pasada en su 76 Asamblea Plenaria, quiso señalar cómo se encuentra la gente en México, atada, desesperanzada, deseosa de ser liberada por la verdad y por el bien. Por ellos, por los 25 millones que viven en la miseria y los otros 25 o 30 que viven en la pobreza, la Iglesia católica mexicana se compromete a «reflejar más fielmente el rostro de Jesucristo, Buen Pastor». Muchas cuestiones importantes pasaron en la sede de la CEM en Lago de Guadalupe, mismas que EL OBSERVADOR reseña -en muy apretada síntesis- para sus lectores.


La 76 Asamblea General de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), trajo consigo la nueva presidencia de un obispo muy cercano a EL OBSERVADOR, desde que fuera nombrado titular de la diócesis de León el 23 de agosto de 1995: don José Guadalupe Martín Rábago. Pero, también, un mensaje muy claro de la Iglesia católica mexicana: la reestructuración interna y el enfrentamiento decisivo de los grandes problemas nacionales desde la fe en Cristo y en el amor a los pobres.

Los obispos mexicanos, tras la presidencia de seis años de monseñor Luis Morales Reyes, arzobispo de San Luis Potosí, están preparados para entrar en una nueva dinámica social, mucho más cercana a los problemas de hambre, desempleo, violencia y desilusión que aquejan a millones de mexicanos. Al finalizar la Asamblea, monseñor Martín Rábago fue muy enfático: «Nuestra propuesta tiene que estar en la línea que nos corresponde: el anuncio del Evangelio, la defensa de los derechos humanos, la cercanía con los marginados y nuestra libertad para expresarnos frente a las autoridades, cuando sea necesario».

Tiene que estar y va a estar por esa línea: nunca antes la Iglesia católica mexicana tuvo un papel tan importante para acelerar la transición y hacer que la democracia aterrice en México. Democracia entendida en el sentido cristiano del término: gobierno con el pueblo y para (el bien) del pueblo.

Los obispos electos y el dream team

La CEM está compuesta por 141 obispos: cinco cardenales (dos arzobispos, uno en el Vaticano y dos eméritos); once arzobispos; 68 obispos residenciales y prelados; 34 obispos eméritos (ocho arzobispos y 26 obispos); 21 obispos auxiliares; un obispo de la eparquía maronita y el Nuncio apostólico de Su Santidad. Si bien funciona desde 1937, la actual estructura, cada vez más flexible y con 26 comisiones episcopales autónomas, proviene de 1966, con el Concilio Vaticano II como gran impulsor de su trabajo, lo mismo que las conferencias del CELAM en Medellín y Puebla.

El nuevo presidente ha sido calificado por todos como «conciliador». Monseñor Martín Rábago nació el 12 de octubre de 1935 en San Miguel el Alto, Jalisco; fue un alumno brillantísimo en la Gregoriana de Roma; tiene tres licenciaturas y un doctorado, fue obispo auxiliar de Guadalajara, cuando asesinaron al cardenal Posadas Ocampo, y tendrá a su cargo, junto con monseñor Suárez Inda (arzobispo de Morelia) y monseñor Carlos Aguiar (obispo de Texcoco) la CEM por el resto del sexenio de Vicente Fox (2003-2006); tres años difíciles, complicados, en los que el país se juega muchas cosas, pero, sobre todo, su estabilidad institucional y su capacidad de dar empleo a cerca de ocho millones de jóvenes que adquirirán su mayoría de edad antes que termine la actual administración.

Observadores religioso han calificado a este equipo como el «dream team» (el equipo soñado) del episcopado mexicano. La inteligencia de Martín Rábago, su capacidad de buscar consensos y su estilo suave pero firme, de un hombre de fe profunda, aunadas a la gestión organizativa de monseñor Suárez Inda y al empuje del joven obispo Carlos Aguiar, también vicepresidente del CELAM, da por resultado una combinación histórica que la CEM ha tejido los últimos años con infinito cuidado, teniendo como eje la carta del 2000, Del encuentro con Jesucristo vivo a la solidaridad con todos, en la que los obispos mexicanos adquirieron autonomía frente al poder político y apostaron todo por la democracia, el desarrollo humano y la consolidación espiritual de un pueblo con hondas raíces católicas como lo es el de México.

Alentar los cambios, sin esperar al gobierno

El mensaje final de la Asamblea, aún firmado por el presidente saliente, don Luis Morales (1997-2003), pone énfasis en la relación entre Lázaro (el pueblo de México) y Jesús (la Iglesia). Los obispos se lamentan de las situaciones de muerte que viven millones de mexicanos y ofrecen, para que México se levante y se ponga a caminar, una serie de compromisos que van desde reflejar con más fidelidad el rostro de Jesús y dar respuesta a los problemas actuales hasta «alentar, desde la fe en Jesucristo vencedor de la muerte y el pecado, la esperanza de los mexicanos ante la lentitud de los cambios deseados, sin esperar todo del gobierno, sino propiciando que todos seamos agentes de nuestro propio desarrollo».

De cara al 48 Congreso Eucarístico Internacional que tendrá lugar en Guadalajara en octubre de 2004 bajo el lema de «La Eucaristía, Luz y Vida del nuevo milenio», los obispos mexicanos decidieron declarar 2004 como «Año de la Eucaristía», entendiendo que la Eucaristía es «alimento y vínculo» de la caridad. La Iglesia mexicana abre, así, un horizonte de promisión en el que los obispos -tras la exhortación apostólica «Los Pastores de la Grey», de Juan Pablo II- se imponen servir al Evangelio para la esperanza del mundo.

EL OBSERVADOR 437-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El principal asesino de nuestra época
Por Jaime Septién

«Acoge los sueños como lo que son, un acto de fe en la vida».
Miquel Martí i Pol

He elegido como epígrafe la frase del poeta catalán Martí i Pol por dos razones. La primera, porque es maravillosa. La segunda, para recordar a este insigne creador que la semana pasada falleció. Además, tiene la fortuna de develar el meollo de la depresión entre las mujeres y los hombres: la consideración de que uno es el carril por donde circula los sueños y otro el de la vida. Y que ambos carrilles nunca se tocan.

El suicidio del torero David Silveti -según el psiquiatra Héctor Manuel Ugarte- se debió, principalmente, a lo que en la jerga médica se le llama «trastorno bipolar». Trastorno que produce estados eufóricos y de profunda depresión. Puede ser cierto. Pero el torero Silveti era un hombre muy creyente. ¿Pudo más en él la enfermedad que le aquejaba que su fe en Dios?

Conversé varias ocasiones con David, a quien, en el argot taurino le decían «el rey». Cuando era aficionado a la fiesta brava, me entusiasmaba su forma de interpretar el toreo de muleta: erguido, firme, con un sentido singular e irrepetible del temple. Siempre me dijo (y lo observé en él) que primero estaba Dios, luego su familia y, por último, torear. Quería mucho a su esposa, la señora Laura, y a sus cinco hijos. Pero una mañana, agobiado por la depresión, tomó la pistola en el rancho de su padre y se quitó la vida. Que Dios, en su infinita misericordia, lo perdone.

Justo se suicidó cuando en el Vaticano iniciaba un importante congreso internacional sobre la depresión, promovido por el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, quien dirige la Pastoral de la Salud. Cerca de 340 millones de seres humanos padecen, hoy, diversas formas de depresión. Algunas de ellas con características de patología suicida, como la que llevó a David Silveti a arrojarse al vacío. Es necesario detener este flagelo, al que monseñor Lozano llamó principal asesino de hoy.

¿Cómo detenerlo, enfrentarlo? El papa Juan Pablo II, al recibir a los participantes del encuentro dijo cosas esenciales. Que en parte, la depresión se produce porque la sociedad, y los medios de comunicación, exaltan el consumismo, la satisfacción inmediata de los deseos, la carrera (despiadada) por el éxito... Y que «por eso, es importante tender la mano a los enfermos, hacerles percibir la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida en la que se sientan acogidos, comprendidos, sostenidos, dignos, en una palabra, de amar y ser amados».

Ciertamente, la medicina tiene cápsulas par suavizar los estados depresivos, pero lo único que salva es el encuentro de los enfermos con Dios, que es el encuentro definitivo en la lucha por incorporar los sueños a la vida.

EL OBSERVADOR 437-2

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-

Me enamoré de una amiga
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA

Hace más de un año, cuando entré a la universidad, conocí a una chica un año mayor que yo. Al principio me atrajo pero todo fue muy pasajero. Pero un mes después, cuando inicié a tratarla, me fui enamorando de ella poco a poco, situación que prevalece hasta la fecha y la cual ha llegado a límites que nunca me imaginé. Yo quiero mucho a esta chica, es mi mejor amiga, pero aquí está el lado flaco de esto. Yo sé, porque me doy cuenta fácilmente de muchas cosas, que ella no está enamorada de mí, lo cual me lastima. Yo he tenido muchas atenciones hacia mi amiga, las cuales han surtido un efecto mucho muy imperceptible. Así que podría decir que prácticamente no he sido correspondido. Sólo hemos salido juntos una vez, y quedamos en salir de nuevo (esto fue el mes de julio); pero de ese día a la fecha, la he vuelto a invitar y sólo me da excusas: «no puedo», «no tengo tiempo», y cosas por el estilo, y la verdad ya está comenzando a aburrirme, sólo que no me atrevo a reclamárselo. Ahora, no sé si haya influido el que ya me haya atrevido a decirle lo que siento por ella. Esa vez, cuando se lo dije, recibí una respuesta que fue, desde mi punto de vista, muy ambigua (no me dijo ni sí ni no, sino que «no tenía algún sentimiento especial hacia nadie»....esto fue en mayo....) y para mí que dejó abierta la posibilidad....¿sí? No lo sé. Ella me comentó que «tal vez una relación entre ambos no sea muy factible» por «tener diferentes maneras de ver la vida».....¿hasta dónde será cierta su afirmación? Yo pienso que esto no puede saberse sino hasta que se dé algo así, ¿o no? Yo no me desanimé y he tratado de «hacer méritos» para poder conquistarla, lo cual, si se está dando, me está costando mucho más trabajo del que inicialmente pensé. Yo he sufrido mucho por ella, la quiero mucho (nunca me había «picado» con alguien) y tomé la determinación de pedirle que sea mi novia. Sólo que mi excesivo enamoramiento (podría incluso decir que estoy obsesionado) me hace dudarlo.....¿hasta dónde me convendrá pedírselo? Ya no sé qué hacer. Es por esto que recurro a este medio, y si es posible, que me den sugerencias.

RESPUESTA

Hace muy poco hablamos de este tema contestando la pregunta de una chica enamorada de su amigo. Si quieres leerlo, está en el número 434, publicado el 2 de noviembre de este año.

A lo dicho entonces, y pensando en tu caso, agregaré algunas cosas:

Para empezar, si ella dijo que una relación entre ustedes no es factible, es cierto. Y no es tanto porque vean la vida de forma distinta, o por cualquier otra diferencia en sus caracteres, sus valores o su historia. La más grande razón por la que no es factible una relación entre ustedes es que ella lo cree así. Se necesitan dos que crean que es posible para formar una pareja.

Tu enamoramiento te hace ver abierta una posibilidad ante sus respuestas ambiguas, pero en realidad, yo creo que ella las utilizó para no lastimarte. Tal vez le pareció muy cruel decirte llanamente que no le interesas como pareja. Fue un error. Habría sido mucho más sano que supieras la verdad y así no habrías alimentado ilusiones.

Ahora ella pone pretextos para no salir contigo. Quizá se siente incómoda con tus atenciones y al darse cuenta de tus sentimientos; incluso, también podría sentirse acosada. Es probable que crea que te haría daño al salir contigo, porque se da cuenta de que eso te haría enamorarte más.

Definitivamente, no te conviene pedirle que sea tu novia, eso solamente crearía más tensión entre ustedes.

Desde mi punto de vista, solamente tienes dos alternativas: aceptar su amistad o alejarte. Si decides aceptarla sinceramente como amiga tendrías que guardar tus sentimientos, es más, tendrías que renunciar a ellos y permitir que poco a poco desaparezcan, y mientras tanto, no molestarla a ella expresándoselos de ninguna manera. Que te quede claro que es una renuncia, no un pretexto para estar cerca por si ella se enamora de ti. Se requiere honestidad. Esta alternativa es difícil y dolorosa para ti, pero si la eliges, tendrás que hablar con tu amiga, pedirle disculpas por haberla presionado y prometerle que serás su amigo y nada más: que ella pueda sentirse tranquila, libre y relajada contigo.

La otra opción, alejarte, puede ser más dolorosa en un primer momento, pero más pronto te liberarías de este enamoramiento imposible y quedarías abierto a otras posibilidades. Por estar atento a esta chica, tal vez estás dejando pasar de largo a otras que sí podrían corresponder a tu amor.

Si tú verdaderamente amas a esta chica, deberás dejarla en libertad y respetar sus sentimientos. Después de un tiempo, si sobrevive la amistad, tal vez valores más ésta que las fantasías de una relación de pareja que no se dio.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 437-3

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FAMILIA
La educación es el antídoto contra la droga

Un folleto dirigido a padres contiene esta advertencia: Tarde o temprano, no importa lo que hagamos, sus hijos se enfrentarán a la posibilidad de consumir alguna droga. ¿Recetas para prevenirlo? La cosa no es tan simple... Prevenir es educar a personas libres y responsables, que sean capaces de tomar decisiones por sí mismas y de asumir después las consecuencias. Prevenir es formar a personas emocionalmente estables, con capacidad para afrontar las frustraciones; a personas que, desde niños, se hayan sentido siempre queridas, al margen de sus éxitos y de sus fracasos. Prevenir es, también, fomentar la comunicación en el hogar, sin miedo a expresar los sentimientos. Y es predicar a los niños con un ejemplo de vida saludable: que el alcohol no sea el invitado de honor en cada celebración, ni lo primero que hagamos al llegar a casa sea encender la televisión para desenchufarnos de la realidad... Pero si nos encontramos un día con una sorpresa desagradable, el consejo de los expertos es no angustiarse, ni mucho menos actuar como si nada hubiera pasado. Los recursos al servicio de los padres para atajar el problema son hoy enormes. Es una batalla que se puede y se debe ganar, pero conviene estar alerta y bien informados

El dolor desaparece con una pastilla; la impotencia y el insomnio, también; los problemas y la timidez se ahogan en alcohol… Y así, con pócimas mágicas, nos parece más sencillo encarar -mejor dicho no encarar- la vida.

Un joven con un problema de autoestima, cuando se encuentre con el mundo de las pandillas, probablemente será fácil que se vea arrastrado a hacer ciertas cosas. Beberá, fumará drogas y entonces pensará que ha encontrado la solución a esos problemas que tanto le habían atormentado, porque de pronto desaparece su timidez y se siente aceptado por el grupo. ¿De qué se trata entonces? De evitar esos problemas a través de la educación. Aunque sea una estrategia compleja y a largo plazo, no existe otra solución.

(Alfa y Omega)

EL OBSERVADOR 437-4

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PINCELADAS
Necesidad de santos
Por Justo López Melús *

Los santos, afirma Gheorghiu, son los únicos personajes de utilidad pública. Sin su presencia la humanidad habría sido destruida, como Sodoma y Gomorra. Dios dijo a Abraham que salvaría estas ciudades si le mostraban algún santo en ellas. Pero no encontró ninguno, y por eso fueron destruidas. Mientras existan santos, nuestras ciudades no serán destruidas.

La santidad es el único remedio contra los males de la Tierra. El santo es el único personaje que beneficia a todos. La presencia de un solo santo a bordo de un barco lo salva de naufragar (ver Hech 27, 33). Por eso no hay que molestar a los santos. Si les impedimos que se conviertan en santos, ponemos en peligro a la sociedad. El día que haya muchos santos no habrá más hambre, injusticias ni guerra.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 437-5

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DOCUMENTOS
Juan Pablo II: El desafío de la depresión
Discurso a la XVIII Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para la Salud

Publicamos el discurso que pronunció Juan Pablo II el pasado viernes 14 de noviembre al recibir en el Aula Pablo VI del Vaticano a los participantes en la XVIII Conferencia Internacional sobre «La depresión», promovida por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud.

Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridos amigos:

1.Me siento muy contento de poder encontrarme con vosotros con motivo de la Conferencia Internacional organizada por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud sobre el tema «La depresión». Doy las gracias al cardenal Javier Lozano Barragán por las gentiles palabras que me ha dirigido en nombre de los presentes.

Saludo a los ilustres especialistas que han venido a ofrecer el fruto de sus investigaciones sobre esta patología con el objetivo de favorecer un conocimiento profundo que permita mejores tratamientos y una asistencia más idónea a los interesados y a sus familias.

Al mismo tiempo, manifiesto mi reconocimiento a quienes se dedican al servicio de los enfermos de depresión, ayudándoles a conservar la confianza en la vida. Este reconocimiento se extiende también, por su puesto, a las familias que acompañan con cariño y delicadeza a su familiar querido.

2.Vuestras sesiones de trabajo, queridos congresistas, han mostrado los diferentes aspectos de la depresión en su complejidad: van desde la enfermedad profunda, más o menos duradera, hasta un estado pasajero, ligado a acontecimientos difíciles -conflictos conyugales y familiares, graves problemas laborales, estados de soledad...-, que comportan una fisura o una ruptura en las relaciones sociales, profesionales, familiares. La enfermedad es acompañada con frecuencia por una crisis existencial y espiritual, que lleva a dejar de percibir el sentido de la vida.

La difusión de los estados depresivos es preocupante. Se manifiestan fragilidades humanas, psicológicas y espirituales, que al menos en parte son inducidas por la sociedad. Es importante ser conscientes de las repercusiones que tienen los mensajes transmitidos por los medios de comunicación sobre las personas, al exaltar el consumismo, la satisfacción inmediata de los deseos, la carrera a un bienestar material cada vez mayor. Es necesario proponer nuevos caminos para que cada uno pueda construir la propia personalidad, cultivando la vida espiritual, fundamento de una existencia madura. La participación entusiasta en las Jornadas Mundiales de la Juventud demuestra que las nuevas generaciones buscan a Alguien que pueda iluminar su camino cotidiana, dándoles razones de vida y ayudándoles a afrontar las dificultades.

3.Vosotros lo habéis subrayado: la depresión es siempre una prueba espiritual. El papel de quienes atienden a una persona deprimida sin una función específicamente terapéutica consiste sobre todo en ayudarla a recuperar la propia estima, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro, las ganas de vivir. Por eso, es importante tender la mano a los enfermos, hacerles percibir la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida en la que se sientan acogidos, comprendidos, sostenidos, en una palabra, dignos de amar y de ser amados. Para ellos, al igual que para cualquier otra persona, contemplar a Cristo y dejarse «guiar» por Él es la experiencia que les abre a la esperanza y les lleva a optar por la vida (Cf. Deuteronomio 30, 19).

En el camino espiritual, la lectura y la meditación de los Salmos, en los que el autor sagrado expresa en oración sus alegrías y angustias, puede ser de gran ayuda. El rezo del Rosario permite encontrar en María una Madre cariñosa que enseña a vivir en Cristo. La participación en la Eucaristía es manantial de paz interior, ya sea por la eficacia de la Palabra y del Pan de Vida ya sea para la integración en la comunidad eclesial. Si bien a la persona deprimida le cuesta un gran esfuerzo lo que a los demás parece ser algo sencillo y espontáneo, es necesario ayudarla con paciencia y delicadeza, recordando la advertencia de santa Teresa del Niño Jesús: «Los pequeños dan pasos pequeños».

En su amor infinito, Dios está siempre cerca de los que sufren. La enfermedad depresiva puede ser un camino para descubrir otros aspectos de uno mismo y nuevas formas de encuentro con Dios. Cristo escucha el grito de quienes se encuentran en una barca a la merced de la tempestad (Cf. Marcos 4, 35-41). Está presente junto a ellos para ayudarles en la travesía y para guiarles hacia el puerto de la serenidad recuperada.

4.El fenómeno de la depresión recuerda a la Iglesia y a toda la sociedad la importancia de proponer a las personas, especialmente a los jóvenes, figuras y experiencias que les ayuden a crecer a nivel humano, psicológico, moral y espiritual. La ausencia de puntos de referencia contribuye a crear personalidades más frágiles, llevando a pensar que todos los comportamientos son iguales. Desde este punto de vista, el papel de la familia, de la escuela, de los movimientos juveniles, de las asociaciones parroquiales es muy importante a causa de la repercusión que tienen en la formación de la personas.

También es significativo el papel de las instituciones públicas para asegurar condiciones de vida dignas, en particular, a las personas abandonadas, enfermas, ancianas. Son igualmente necesarias las políticas para la juventud, que ofrezcan a las nuevas generaciones motivos de esperanza, preservándolas del vacío o de otros peligros.

5.Queridos amigos: alentándoos a renovar vuestro compromiso en un trabajo tan importante junto a los hermanos y hermanas afectados por la depresión, os confío a la intercesión de María Santísima, «Salus infirmorum». Que cada persona y cada familia pueda sentir su materna ayuda en los momentos de dificultad. A todos vosotros, a vuestros colaboradores y a vuestros seres queridos os imparto de corazón la bendición apostólica.

********

El amor, respuesta cristiana a la depresión.

«Si la antropología bíblica conocía ya el fenómeno de la depresión, entonces nos podemos preguntar qué respuesta le dan los textos sagrados. La respuestas residen en algunas convicciones fundamentales que constituyen un remedio: la convicción de que el hombre siempre es amado y apreciado por Dios, que Dios siempre le está cercano y que el mundo no le es hostil sino bueno. El hombre que sufre goza de un lugar privilegiado en la antropología bíblica y en el mensaje cristiano. Dios no olvida al enfermo, es más, está al centro de su amor compasivo».

Card. José Saraiva Martins. Durante la inauguración del Congreso.

EL OBSERVADOR 437-6

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MIRADA JOVEN
El sacrificio de la belleza
Por María Velázquez Dorantes

¿Qué es bello o a qué se le denomina belleza? La respuesta se encuentra siempre de acuerdo con la época en la que se vive.

Belleza o bello es un concepto tan abstracto que es casi imposible definirlo. Sin embargo, hoy día la belleza es un sacrificio donde se está exponiendo la vida misma. Los mensajes de los medios de comunicación para resaltar lo «que ellos clasifican como belleza» se han convertido en el sacrificio y riesgo de la personalidad misma. Así como la ausencia de la identidad y el pensamiento. Las imágenes de cuerpos «esculturales» de las modelos, el color del cabello que provoca la vista, el look de moda, el ejercicio exagerado, la venta de productos para adelgazar, los nuevos experimentos químicos para la mujer, se han vuelto el in en boga. Y, a cambio de ello, ¿qué viene? La aparición de anorexia, bulimia, anemia y la propia muerte.

El mundo de la efigie se ha vuelto prolijo, y arrastra la perdida de los valores por mantener una belleza que tarde que temprano tenderá a desaparecer.

El ser humano no es solamente cuerpo escultural: es mente, corazón y alma. No se necesita someterse a las operaciones que arriesgan lo único importante: la vida.

Y ¿qué se hace para sostener la otra parte que conforma al ser?, ¿quiénes fomentan el desarrollo humano? Nadie, porque esto no es negocio, esto no vende, para ello no existen operaciones, ni pastillas de sentimientos y emociones. Solo juegos que los lleven a la decadencia, a sacrificar el 70% de composición humana por salvar el 30% de la imagen.

La imagen es borrosa y empañada cuando el corazón es frío y el alma no reacciona, cuando la identidad no tiene camino fijo, cuando ésta divaga tras lujos de colores, tras los cambios de piel, y se esconde en cuerpos esqueléticos, retocados por el maquillaje.

¿Valdrá la pena sacrificar la vida por tener un rostro casi perfecto, por tener la cintura más pequeña y decir que eso es belleza? No seamos víctimas del negocio de la imagen, de algunos medios de comunicación que transfieren semblantes de perfección, porque esto no existe.

La personalidad se vive como es, alimentándola de mente, corazón y alma para proyectar la belleza. Una belleza exterior es la proyección de una belleza interior y esto no requiere de sacrificios costosos sino personales.

EL OBSERVADOR 437-7

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NUESTRO PAÍS
La muerte de David Silveti nos hace reflexionar
Por José Morales Flores

* Noticia conmovedora. * Confiamos en el «quite» de su Reina de Guadalupe.

La noticia de la muerte inesperada del torero mexicano David Silveti Barry se ha extendido con palpable rapidez por todos los pueblos y ciudades de la república y aun por las muchas entidades taurinas del extranjero.

El anuncio ha causado conmoción y tristeza, pues, sin duda, David ha sido un torero mexicano con arte, profundidad y entrega extraordinaria durante sus muchas emotivas actuaciones en los ruedos, con un estilo muy propio.

Pero, sobre todo, las circunstancias de su muerte arrancan manifestaciones de extrañeza y cuestionamiento en todo el mundo...

Se encontraba en medio de una familia cariñosa y buena, sus negocios no funcionaban mal, y, sobre todo, era un hombre que manifestaba sin vergüenza su profunda religiosidad y su gran devoción a la Virgen María. Un buen cristiano que siempre tenía en los labios a Dios...

La pregunta obligada es: «¿Y por qué decidió terminar así con su vida terrena?...»

Dicen los que lo han conocido muy de cerca que desde hace 20 años padecía una enfermedad llamada anteriormente «enfermedad maniaco depresiva» y que ahora se designa como trastorno de «depresión bipolar». Se trata de una depresión sin razón que, al enajenar fuertemente en su mente a la persona, ha llevado al suicidio a un 20% de los miles de personas que la sufren.

Hoy día el Catecismo Católico explica así sobre estos casos:

Dice en el n. 2280: «Cada cual es responsable de su vida delante de Dios, que se la ha dado. Él sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella». En el n. 2281: «El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida...., es contrario al justo amor de sí mismo..., y contrario también al amor del Dios vivo». El caso de David podemos contemplarlo en el n. 2282: «Trastornos psíquicos graves, la angustia o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida».

Edificantemente nos dice el n. 2283: «No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado, por caminos que Él solo conoce, la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida».

Doctrina sabia de la Iglesia que nos hace pensar en que -dada la constante tendencia religiosa de David- Dios misericordioso le haya concedido en su interior instantes de reconciliación con Él.

EL OBSERVADOR 437-8

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
¿Consumir o no consumir?
Por Antonio Maza Pereda

Ya estamos entrando a la época del año en que a todos se nos tienta con un surtido alucinante de bienes de consumo. Asimismo, es la época en que una gran variedad de personas y personajes nos acusan de consumistas, tratando de frenar todo el dispendio que ocurre en la temporada.

Habría que hacernos varias preguntas. Por ejemplo: ¿es éste un fenómeno moderno, impulsado por la mercadotecnia y la publicidad que prolifera en todos los medios? Parecería que no; «echar la casa por la ventana» es algo muy tradicional en nuestra sociedad. Bodas, bautizos, fiestas del santo del pueblo y, por supuesto, las Navidades, son ocasiones para demostrar que gastamos sin miedo. Tal vez no sea el mejor de nuestros valores, pero es un hecho: a los mexicanos nos gusta demostrar que tenemos con qué gastar y agasajar a quien se nos acerque en toda clase de celebraciones. Si, al día siguiente, estamos en la cola del Monte de Piedad, no importa; como dice la frase popular, «lo bailado nadie me lo quita».

Otra pregunta: ¿Realmente nos beneficiaría el que sólo gastáramos en lo indispensable? En el extremo, no. Si sólo gastáramos en lo indispensable miles de empresas tendrían que cerrar, ya que sus productos no son de primera necesidad. Con ello habría un gran desempleo y la economía sufriría un descalabro mayúsculo. Dejar de consumir, solo para acumular, tampoco genera ningún bien; de hecho lo que trae es la parálisis de las economías, como ocurre cuando el dinero sale del país para depositarse en bancos extranjeros, o cuando no se usa para generar empleo.

No está simple este dilema. Si hay consumismo, malo; si hay austeridad, malo también. Como en muchas falsas disyuntivas, la solución está en el justo medio. Consumir, si, pero sin arruinar la economía familiar, sin dañar nuestra posibilidad de un sano ahorro, compartiendo con los que no tienen mucho para que, ellos también, puedan consumir.

En fin, el problema (y su solución) está en el corazón del ser humano. El verdadero problema ocurre cuando no podemos ser felices si no gastamos, cuando ponemos nuestro corazón en el dinero, gastado o acumulado. El dinero -dicen algunos- no es la felicidad... pero se le parece mucho. El problema ocurre cuando decimos, como alguna conocida periodista: «Compro, luego existo».

Cuando nuestro corazón, nuestra felicidad está, no en el dinero o lo que el dinero da, sino en los valores superiores, es el momento en que empezamos a estar equilibrados, en el que nuestra jerarquía de valores revela una armonía entre lo económico y lo no económico, entre lo individual (o individualista) y el bien de los demás. Sí, el dinero, el modo como lo usamos y la importancia que le damos es un termómetro muy fiel para medir nuestra jerarquía de valores.

EL OBSERVADOR 437-9

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PICADURA LETRÍSTICA
Las lenguas humanas, su estira y afloja
Por J. Jesús García y García

Todo país está hecho con palabras. En ellas, y
únicamente a través de ellas, podemos crearlo y recobrarlo.
GASTÓN GARCÍA CANTÚ

El recuerdo me hace cosquillas al remontarse dos docenas de años atrás, aproximadamente, cuando leí en el desaparecido diario El Nacional un regocijante escrito del humorista gallego Julio Camba en torno a las palabras alemanas que, como el lector sabe, algunas son muy largas. Mark Twain -según Camba- contaba que un tudesco de las cercanías de Hamburgo fue operado en el hospital de una palabra de trece sílabas; desgraciadamente los médicos calcularon mal la parte del cuerpo donde debían operar al paciente, y el desdichado murió.

No se sabe de alguien que haya sobrevivido al trance de tener atorada una palabra de trece sílabas que ofrece toda resistencia: los tejidos que la rodean se inflaman, se produce cierta supuración e, inevitablemente, sobreviene la muerte. «Algunas palabras -habría dicho el propio Mark Twain- son tan largas que tienen perspectiva». En realidad no son palabras -añade el humorista estadounidense-, «son procesiones alfabéticas; con un poco de imaginación se pueden ver las banderas y hasta oírse la música». Aquí dos ejemplos:
- Waffensstillstandsunterhandlungen.
- Generalstaatsverordnetenversammlungen.

Esas palabras no figuran en los lexicones alemanes por largas. Sencillamente por eso. Las hay que parecen exposiciones universales. «Los autores de diccionarios tienen forzosamente que dividir las palabras en trozos. Meten el general en la g, el staat en la s, el verordneten en la v, y así sucesivamente. Luego se encuentra uno en un periódico, en una novela, en una carta, en la muestra de una tienda o en cualquier parte, con la palabra reconstruida, toda entera, llena de majestad y de pompa [y si, además, la palabra está escrita en caracteres góticos, el efecto panorámico es deslumbrador], y empieza uno a mirar el diccionario. Tarea inútil [...] Estas palabras compuestas del alemán son algo así como los caballos cuando juntan las cabezas y forman un círculo para defenderse a coces. Ellas se juntan también -se juntan tres, cuatro, siete, diez-, se aprietan las unas con las otras, y se defienden con las consonantes. Imposible de todo punto penetrarlas».

Junto a los vocablos-chorizo alemanes, hasta ciertas voces nahuas que podrían parecernos kilométricas resultan masticables: Tlahuizcalpantecutli, Neyoltequipacholoyan, Quetzalacalquixohuayan...

Supuestamente, los franceses tendrían una inclinación contraria a la alemana. Al menos así lo pregona Marcel Aymé: «Que no le impresionen demasiado las palabras largas. Designan pequeñeces. Lo verdaderamente importante, en cambio, se nombra con vocablos cortos: vida, muerte, hambre, sed, miedo, risa, día, noche, amor».

Al fin de cuentas la extensión de los vocablos u otras «dificultades» de forma y fonéticas no son puntos válidos para juzgar la operatividad de las lenguas. Éstas son fenómenos sociales, condicionados por un tiempo y un espacio determinados y su utilización recae en individuos concretos; se han formado espontáneamente, sin planos científicamente concebidos para lograr un producto a pedir de boca; comunican y eso ya las hace intrínsecamente buenas.

«Ante las diferencias que existen entre lengua y lengua -habla M. Swa-desh-, algunos se preguntan cuál de todas es la mejor y, por lo general, concluyen que es la suya, lo que es natural, puesto que están acostumbrados a sus modalidades y formas, que les parecen las más lógicas. Otros tratan de definir campos de supremacía y dicen, por ejemplo, que para la filosofía es superior el francés; el alemán para la ciencia; el inglés para el comercio, y el español para el amor. Esto, desde luego, no puede tomarse en serio, porque la filosofía, la ciencia, el comercio y el amor se hacen en todas las lenguas y los éxitos o fracasos no dependen del idioma. Sería imposible comprobar la superioridad de una lengua con hechos realmente consecuentes e indudables».

Con todo esto, ¿sería posible una lengua universal? Babel, ya sabemos, significa confusión.

EL OBSERVADOR 437-10

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LOS LECTORES HABLAN
Publicidad peligrosa

Estimados señores de Helados Holanda:

Hace un tiempo me pareció ver que ustedes publicitaban una de sus paletas mencionando los siete pecados capitales. Decían algo así como: «Este mes, avaricia». No se si esa campaña esté todavía vigente, pero me gustaría hacerles un comentario al respecto.

No entendí muy bien la relación entre una cosa y la otra, su campaña no lo especificaba. Tal vez insinuar que el placer que se obtiene al comerse una de esas paletas es tan grande que raya en lo pecaminoso. Tal vez comparar el enorme placer que se obtiene al comerse la paleta con el placer que se obtiene al cometer un pecado. Tal vez, así como la enorme mayoría de las campañas publicitarias ofrecen placer sexual por el consumo de casi cualquier cosa, ustedes dan un paso más y ofrecen siete placeres diferentes en el consumo de una sola cosa. Quien sabe...

El hecho es que usan el atractivo que presenta el pecado -todo mundo sabe que lo prohibido es tentación- para vender su producto. Reconozco que es una buena estrategia publicitaria. Hay mucha gente a la que algo del mundo de la perversión le fascina.

Pero me pregunto si ustedes se dan cuenta de lo peligrosa que puede resultar una campaña como esta, una promoción del pecado como algo recomendable, inofensivo, agradable, atractivo.

Decía Pío XII, y sostiene Juan Pablo II, que el mayor problema de nuestro tiempo (más que la guerra, o que el hambre, o que la enfermedad, o que la pobreza, o la violencia...) es la pérdida del sentido del pecado. La gente ya no sabe lo que es pecado, o, si lo sabe, no le parece que sea tan malo. Incluso le parece atractivo, justamente como la campaña de ustedes lo presenta. Por eso la sociedad está cada vez más desprevenida y más vulnerable a una destructiva acción.

Me recuerda a las pastorelas en las que el público se enamora del diablito, confundiendo al demonio con la picardía y el ingenio del mexicano, sin saber que el demonio es un ser poderoso que se empeña en hacer infeliz al hombre. Y bien que lo está logrando.

Permítanme ponerles algunos ejemplos de pecados.

La vanidad es la base de todos los demás pecados. Consiste en sentirnos superiores, con más derechos que los demás hombres, o en sentir que no necesitamos a Dios. Peca de soberbia, por ejemplo, el presidente del país al que se le hace fácil destruir a otros por no considerarlos dignos de existir; o el camionero que le echa el camión encima poniendo en riesgo su vida (la de usted) por que siente que él tiene más derecho a acelerar que usted a vivir.

La avaricia la practica el carterista que le da un navajazo en la cara a una persona porque no se dejó robar la bolsa; o el empresario que se lanza a desaparecer del mapa a un competidor y a dejar a todos sus empleados sin trabajo, aun a costa de explotar a sus propios empleados (algo así como lo que está haciendo la Nestlé con ustedes); o el que trafica con niños para ser esclavos sexuales, o el político que se embolsa cuatro o cuarenta mil millones de dólares a costillas del hambre de la gente.

La lujuria la practica el galán que embauca a su hija (a la de usted, no a la de él. ¿Tiene usted hijas o sobrinas o nietas en edad de merecer?) para que se acueste con él sin ningún compromiso, o la pandilla que viola a una muchacha (también pudo haber sido su hija), o la hermosa esposa del ejecutivo que lo engaña con un pobretón pero que tiene todo el tiempo de mundo porque su marido ya no la satisface...

El pecado de ira lo comete el padre que golpea a sus hijos y a su esposa, o el presidente invasor o el carterista de los que hablábamos arriba. O el patrón que en un arranque corre a un empleado; o el empleado que, también en un arranque, comete un acto de sabotaje...

La pereza la practica el empleado que recibe su sueldo completo pero realiza nada más una parte de su trabajo. O el muchacho que por pura flojera bota la universidad que los papás le pagaban con bastante esfuerzo.

¿Les parece gracioso? ¿Les parece que es parecido a comerse una paleta?

El caso es que, a fuerza de mensajes como este, la gente va perdiendo esa sensibilidad para detectar el pecado y esa voluntad de combatirlo. Si nos acostumbramos a la palabra pecado como algo familiar, cotidiano, inofensivo, o hasta divertido, terminaremos por aceptarlo y practicarlo con la mayor naturalidad. Justamente como ya está pasando.

¿Qué tanta influencia puede tener una campaña? ¿Qué tanto daño puede hacer? Eso, desgraciadamente, no lo vamos a saber hasta que sea demasiado tarde. Yo me pregunto: ¿Qué tanto daño es aceptable? Son cosas que no las puede medir nadie, pero habemos muchos que sospechamos que la desintegración social y familiar que vivimos se debe en gran parte a los mensajes que la gente recibe en los anuncios y programas de la televisión comercial.

¿Vale la pena envenenar el ambiente en el que vamos a vivir nosotros y nuestros hijos a cambio de vender unas cuántas paletas más? Yo pienso que no, pero eso es muy mi opinión. Y también aquí, entre nos, pienso que ustedes no deberían necesitar campañas como esas. A mí en lo personal me parece que la calidad de sus productos habla por sí misma. Excepto la de esa paleta que, por supuesto, no la pienso comprar mientras siga esa campaña.

Piénsenlo.
Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 437-11

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FIN

 
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