Una Iglesia que piensa
Por una participación
de todos en
la construcción de un México
más democrático
Comunicado de los Obispos de
la Región Pastoral Noreste
En el marco de las
celebraciones de la fiesta de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, los Obispos
de la Región Pastoral Noreste realizamos nuestra reunión ordinaria en la
Diócesis de Saltillo, deseando continuar la elaboración de nuestro Plan
Pastoral Regional, con el que intentamos responder a la situación concreta
de los habitantes de la zona del país que abarcan nuestras Diócesis. Al
mismo tiempo participamos con agrado el desarrollo del IV Encuentro
Sacerdotal de toda Nuestra Región Pastoral con el objetivo de impulsar la
Espiritualidad de Comunión, así como: unirnos en diálogo y oración con
nuestros respectivos presbiterios; impulsar la unidad y la fraternidad
entre nosotros, siguiendo la palabra del Señor: “Que todos sean uno, como
nosotros somos uno” (Jn.17,21), en una sociedad fragmentada e impulsar la
solidaridad sacerdotal, eclesial y humana.
Articulación pastoral
Las grandes líneas
pastorales, sobre las que estamos cimentando nuestra acción evangelizadora
en la región, son: la evangelización y catequesis, la pastoral social, la
pastoral de la defensa y promoción de los Derechos Humanos, la pastoral
familiar, la formación permanente de los sacerdotes y en los seminarios,
la promoción de los laicos y la pastoral litúrgica. Todo esto persigue un
objetivo: asumir nuestra Carta Pastoral: “Del Encuentro con Jesucristo a
la Solidaridad con todos” y seguir las orientaciones pastorales de la
carta programática de S.S. Juan Pablo II, “Novo Millennio Ineunte”, que
nos impulsa a construir planes orgánicos de pastoral, compartidos por las
diócesis de una misma región, en actitudes de colaboración fraterna y
solidaridad efectiva, entre los agentes de la evangelización.
En
actitud solidaria
En nuestra actuación como
pastores, ahí donde el Evangelio lo exija, no pueden faltar los signos
claros de comunión. Por eso, en estos momentos, en primer lugar, queremos
hacer un signo de solidaridad y comprensión con nuestros hermanos obispos,
que en esta coyuntura política, al asumir una postura moral y tocar temas
de derecho natural y universal, han sido señalados como personas que
realizan en medio del pueblo propaganda de corte político partidista y
toman posturas electorales.
La voz de todos los obispos
de México al defender la vida y proclamar los derechos fundamentales de la
persona humana ha sido constante. Bástenos recordar aquí lo que afirmamos
en la Carta Pastoral “Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con
todos”, suscrita por todos nosotros el 25 de marzo del año 2000: “Cuando
el estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano y
particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos
mismos del estado de derecho. Por ello, ningún católico debe apoyar las
propuestas sociales o políticas que favorezcan acciones contra la vida,
como el aborto o la eutanasia” (No.283). “Los fieles laicos deben
colaborar, junto con todas las personas de buena voluntad, para que los
Derechos Humanos en general, y el derecho a la libertad religiosa y a la
vida en particular, sean formalmente reconocidos con toda su amplitud y
profundidad, a través de la ley” (No.284).
La Iglesia, al hacer estas
declaraciones, está respondiendo a las aspiraciones más profundas del
corazón humano, quiere hacer un servicio al hombre de hoy; ella siempre ha
procurado concientizar a los bautizados acerca de sus deberes y derechos
en la construcción social, en coherencia con los principios éticos y
religiosos que derivan de la fe. No puede permanecer al margen de la
historia de nuestro país y ver pasar el desfile de los acontecimientos,
como si fuera enemigo público de la nación, pues son precisamente sus
hijos, especialmente los laicos y laicas, quienes van sosteniendo las
pesadas cargas económicas y sociales y van promoviendo los valores
familiares y culturales que hacen grande a nuestra nación.
No podemos ser extranjeros en
tierra propia, ni automarginarnos en un momento de la historia que reclama
urgentemente la participación decidida y solidaria de todos y de cada uno.
No queremos que se desvíe la atención de nuestro pueblo del verdadero y
profundo análisis crítico en este proceso electoral, que significa conocer
las propuestas y el auténtico perfil de servicio y capacidad, de quienes
serán elegidos a instancia legislativa tan importante.
Nuestro signo de solidaridad
y orientación pastoral es también con nuestro pueblo y con la sociedad
entera, para asentar los caminos de la auténtica cultura democrática. La
sociedad, su proceso y la construcción de su bienestar total, debe hacerse
orientando un apoyo fundamental hacia los sectores más débiles y
marginados; esto exige una sólida visión de los Derechos Humanos y un
clima político de participación ciudadana, dentro de un estado de derecho.
Por lo tanto, ningún
ciudadano, ningún sector popular, ni tampoco nosotros los obispos, podemos
ser discriminados en el ejercicio de nuestra palabra libre y nuestra
conciencia, para expresar abiertamente la defensa de los derechos de la
persona y de todo aquello que se relacione con su dignidad, su vida, su
familia, pues la consideramos sujeto de derechos, en cualquier etapa de su
existencia.
Que la propuesta ciudadana,
como toda la calidad de su expresión social, en un proceso democrático,
sea la marcha y el futuro del país, y las urgentes legislaciones que
verdaderamente beneficien a todos los mexicanos y especialmente a los
sujetos colectivos más vulnerables, como son: los niños, sobre todo el no
nacido, los campesinos, los migrantes, las mujeres y hombres del mundo del
trabajo y los indígenas.
Nos alegra y nos sentimos
agradecidos con Dios por los dos acontecimientos que nuestra Región
Pastoral vivió en los últimos meses: la creación de la Diócesis de Piedras
Negras y la consagración de su primer Obispo, Mons. Alonso Gerardo Garza
Treviño, así como la llegada del nuevo Arzobispo de Monterrey, Mons.
Francisco Robles Ortega. Ambos acontecimientos significan un
enriquecimiento para nuestra Región Pastoral. En esta reunión recordamos
al señor Cardenal Adolfo Suárez Rivera, quien en su incansable labor
estuvo entre nosotros; siendo un signo fuerte de unidad entre obispos,
presbíteros, laicos y miembros de la vida consagrada de las nueve Iglesias
Diocesanas que componen nuestra Región Pastoral Noreste. Queremos
agradecerle a Dios por la generosidad que mantuvo en el servicio y por
todo el bien que nos hizo; le pedimos también que lo siga fortaleciendo en
la fe y en el amor.
Desde aquí hacemos un llamado
a todos nuestros sacerdotes, a los miembros de los Institutos de Vida
Consagrada y a los laicos y laicas de nuestras comunidades, para que
fortalecidos en la Espiritualidad de la Comunión, fomenten la
participación ciudadana para construir un auténtico país democrático.
Encomendamos a Nuestra Señora de Guadalupe nuestro camino.
Saltillo,
Coah. a 11 de junio del año 2003
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+ Francisco Robles Ortega
Arzobispo de Monterrey |
+ Roberto O. Balmori Cinta, M.J.
Obispo de Cd. Valles
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+ Francisco Javier Chavolla Ramos
Obispo de Matamoros |
+ Ricardo Watty Urquidi, M.Sp.S.
Obispo de Nuevo Laredo
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+ Francisco Raúl Villalobos Padilla
Obispo Emérito de Saltillo |
+
Antonio
González Sánchez
Obispo de Cd. Victoria
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+ Ramón Calderón Batres
Obispo de Linares |
+ Gustavo Rodríguez Vega
Obispo Auxiliar de Monterrey
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+ Alonso Gerardo Garza Treviño
Obispo de Piedras Negras |
+ Fr. Raúl Vera López, O.P.
Obispo de Saltillo |

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