Una Iglesia que piensa
Del encuentro con Jesucristo a la
solidaridad con todos
La carta denominada Del encuentro con
Jesucristo a la solidaridad con todos llama al «encuentro con Jesucristo,
camino de conversión, comunión, solidaridad y misión en México en el
umbral del tercer milenio». Está dada en México el día 25 de marzo del año
2000 –solemnidad de la Anunciación del Señor– y está compuesta de tres
partes: la primera trata de «El encuentro con Jesucristo en los orígenes,
conformación y futuro de nuestra nación»; la segunda: «Del encuentro con
Jesucristo a la conversión, la comunión eclesial, el diálogo y el servicio
evangélico al mundo», y la tercera: «Del encuentro con Jesucristo a la
solidaridad como respuesta a los desafíos de la nación».
La intención del episcopado es «ofrecer
nuestra aportación para encontrar caminos nuevos y crecer en un clima de
reconciliación, de justicia y de paz. Y algo más. Dicen los obispos:
«Queremos participar en reforzar la identidad y la unidad de nuestra
nación, resaltando lo que nos une como mexicanos y descubriendo los
referentes comunes que nos permitan delinear el país que todos queremos».
Parte de una amplísima consulta, una larga reflexión y un deseo de dar un
mensaje al pueblo de México «de aliento y de esperanza y como un signo de
amor y compromiso hacia nuestra patria».
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Éstas
son algunas frases decisivas de la parte tercera
del documento en la que los obispos mexicanos responden de manera
contundente a los desafíos que enfrenta esta hora de México.
245. Cuando un Estado impone una ideología
particular al pueblo al que se debe, atenta grandemente contra la dignidad
de las personas y contra la identidad y soberanía nacionales.
252 ... Más que de «crisis» o «cambio», en
México hoy hablamos de transición democrática. Un signo es la incipiente
alternancia en algunos órganos de gobierno. Una más plena cultura de la
democracia supone la posibilidad real de esta alternancia.
259 Es preciso afirmar con toda claridad que
colaborar directa o indirectamente con el fraude electoral es un pecado
grave que vulnera los derechos humanos y ofende a Dios.
271 Para los fieles laicos es una omisión grave
abstenerse de ser presencia cristiana efectiva en el ambiente en el que se
desenvuelven. No pueden eludir el compromiso de afirmar en todo momento
con coherencia y responsabilidad los valores que se desprenden de la fe.
Es moralmente inaceptable que un laico traicione (...) los valores del
Evangelio en la vida social, y más si posee una responsabilidad pública de
cualquier índole.
287 ... La Iglesia no se cansará de insistir que
una misma fe puede dar lugar a diversos compromisos políticos en los que
Ella como institución jamás debe asociarse.
319 El desarrollo integral que necesita un
pueblo no se puede ni debe reducir al puro desarrollo económico aunque lo
incluya (...). En México, aun tal vez sin saberlo, esta mentalidad se
encuentra profundamente arraigada en algunos sectores que privilegian,
como criterio para el desarrollo, los resultados económicos generales, por
encima de los bienes que necesitan las familias concretas.
323 Las políticas económicas llamadas
neoliberales atribuyen un papel central y casi redentor a la dinámica del
mercado. Desde el punto de vista de las exigencias de la dignidad humana
un modelo económico así es del todo inadecuado.
384 Cuando los medios de comunicación exaltan la
violencia, el desorden sexual o cuando colaboran unilateralmente con un
solo tipo de propuesta política o económica, traicionan su compromiso con
la construcción de una sociedad más plural, sanamente crítica y capaz de
trabajar a favor de los cambios que necesita México.
395 Un gobierno que invade funciones que le
corresponde a la sociedad realizar por propio derecho, o un gobierno que
elude sus responsabilidades para con quienes necesitan su protección
efectiva, viola el principio de subsidiariedad y evita que la sociedad
emerja como un sujeto pujante.
425 El reclamo de los pobres viene de años y
siglos atrás, sin ser hasta ahora escuchado con atención y eficacia. Por
ello (...) no habrá cambio real en México sin la participación de los
pobres.

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