El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
18 de enero de 2003 No.445

SUMARIO

bulletPORTADA - Cómo se encuentran las creencias religiosas en México
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Suelo del rebaño
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Caminar en 2004 de la mano de María
bulletFAMILIA - Que seas feliz
bulletCARTA A LA REDACCIÓN - La memoria en la tercera edad
bulletPINCELADAS - El pianista y la oración
bulletDOCUMENTOS - Migraciones desde una óptica de paz
bulletJÓVENES - Hermano Roger de Taizé: «Hacia las fuentes de la alegría»
bulletTESTIMONIO - Desde el África negra
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - ¿Cómo le fue de fiestas?
bulletCONTEXTO ECLESIAL - Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2004

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Coordenadas para el diálogo
Cómo se encuentran las creencias religiosas en México
Por Sabino Galindo Palma* / Signo de los Tiempos
¿Qué religión tiene usted? ¿Quién es Dios en su vida? ¿Si otra persona tiene distinta religión la trata con respeto? Este artículo nos muestra cifras de las principales asociaciones religiosas en México

De acuerdo con el último censo del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), sobre la cuestión religiosa, el 87.99% de los ciudadanos mexicanos se declararon como católicos romanos, casi un 3% menos que hace una década.

Entre las religiones minoritarias figuran la pentecostal y neopentecostal evangélicas con 1.62%; otros grupos protestantes evangélicos tienen el 2.87%; los testigos de Jehová un 1.25%; mientras que los protestantes históricos, el Séptimo Día adventista, la iglesia mormona y la judía tienen menos del 1% de adeptos.

Siguiendo con los datos del XII Censo del INEGI, se observa que, mientras en el país hay 11 mil iglesias, 14 mil ministros religiosos, entre sacerdotes y monjas ordenados, y cerca de 90 mil laicos que trabajan en el sistema católico, se estima que hay más de cinco mil iglesias protestantes y siete mil pastores.

También la Secretaría de Gobernación, indica que de las 5 mil 854 asociaciones que se han registrado ante el gobierno federal, aproximadamente 51% son protestantes evangélicas y 48.49% son cristianas no protestantes, incluidas la ortodoxa católica, la rusa y la griega.

La población no católica cristiana está concentrada principalmente en el sur. Según el INEGI, se calcula que Chiapas cuenta con la población no católica más grande del país, esto es, cerca del 36.2%, tres veces más que el promedio nacional. Y le siguen Tabasco, Campeche y Quintana Roo.

Algunos pueblos indígenas de los estados de Chiapas, Oaxaca, y Yucatán practican una religión sincretista, que es una mezcla entre catolicismo y las creencias prehispánicas mayas.

Los datos anteriores bien pueden dar muestra de la pluralidad religiosa por la cual transita nuestro país, que si bien la religión preponderante es la católica, también se puede determinar una especie de migración o preferencia por alguna otra.

Profundizando en los datos, podemos encontrar que, a pesar de que casi 88% de la población nacional dice ser católico, los practicantes constituyen tan sólo un 15% de ese total, y nada más entre un 2 y 3% milita en algún movimiento de apostolado.

* Director General del Centro de Investigaciones Sociales Interdisciplinarias (CISI).

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Grandes líneas doctrinales del magisterio de Juan Pablo II sobre las religiones
Los puntos doctrinales que nos parecen fundamentales en el magisterio de Juan Pablo II son los siguientes:

1. La presencia universal y operante del Espíritu Santo sin límites de tiempo o espacio.
2.El Espíritu Santo que actúa por medio de la semilla de la palabra.
3. El Espíritu Santo que actúa en el corazón dándole luz y fuerza para responder a su vocación.
4.La acción del Espíritu que toca también la «dimensión social» del hombre y por ello también las religiones.
5.La actuación completa de la Iglesia hacia esta presencia universal del Espíritu y en particular hacia las otras tradiciones religiosas.

(Fuente: Fides)

EL OBSERVADOR 445-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Suelo del rebaño
Por Jaime Septién
En último término, no importa el nombre, el hábito, el traje seglar que llevamos, si podemos ser lamparita que irradie a su alrededor un poquito de santidad en medio de la noche de la vida humana.
LIPPERT

Lo conocí muy poco. Siempre el mismo traje gris cruzado. Sombrero calado y de medio lado. Su voz, apenas perceptible. Atrás de todo; atrás de todos. Segundo en la fila. Constante como un reloj a la hora de llevarles la Sagrada Comunión a los enfermos. Siempre a pie, distraído. Con un dulce de mantequilla para los niños. Repetitivo y doliente. Se ha ido el padre Chavita, Salvador García, de corazón y familia sacerdotales, eterno vicario de la parroquia de Santiago, donde llegó a tener una misteriosa coordinación con sus feligreses de misa de siete y media de la tarde: aunque nadie oyera lo que decía, todos contestaban a tiempo, en una celebración litúrgica, que, a los primerizos, nos parecía un teatro de silencios.

Voz bajita, sonrosado, el padre Chavita se lleva consigo parte del sacerdocio heroico de la vieja generación. Nada de aspavientos, nada de alzarse el cuello. Sacerdotes que hacían lo útil, decían lo justo y amaban entrañablemente a Dios. Sus homilías eran directas, claras, al pan, pan y al vino, vino. Cuando casaba le advertía al varón que «aunque pasara por la banqueta Marilyn Monroe» ya no tenía por qué voltear a verla, pues a partir de ahora solamente tendría ojos para su mujer. A las quinceañeras les daba consejos claros: ser recatadas, prudentes, incluso cuando cruzaran la esquina, pues si no lo eran «iban a quedar aplastadas como un huevo frito». Cosas que se quedan en la cabeza, en la memoria, en el corazón de la gente.

Sacerdote entusiasmado con la idea de llevar la Hostia al lecho de los impedidos. Podía ponerse a tiempo el reloj de la casa: a las once y diez de la mañana tocaba el timbre. Le tenía horror a los perros y a las heridas con sangre. Pero ahí estaba. El sombrero calado, de medio lado, el traje gris, la maleta de siempre. Una estampa de lo que se está yendo, del cura de barrio, del sacerdote que ha soñado la santidad no la eficacia. El mejor coche son las piernas. La mejor homilía tiene que ver con las cosas de cada día. El mejor regalo, la Eucaristía. Sacerdotes-empedrado; piedras pulidas por donde transita el rebaño con la tranquilidad de una confesión que se sabe en la verdad y guiada por la verdad.

«Roca es también el suelo de un templo gigantesco», escribió Karol Wojtyla, al principio del concilio Vaticano II, recordando su ministerio sacerdotal. Roca es, también, ese silencioso testigo de la Presencia en la historia. Su humildad de cura de barrio nos hizo creer más a los que lo vimos andar las calles, sonrosado, el eterno traje gris, el sombrero calado, de medio lado, en busca de un enfermo. Descanse en paz, padre Chavita, y acostúmbrese al Paraíso.

EL OBSERVADOR 445-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Caminar en 2004 de la mano de María

Juan Pablo II dedicó la audiencia general del miércoles 7 de enero a la la maternidad de María:

«Alma Redemptoris Mater... Madre del Redentor... Así invocamos a María en el período navideño, con una antigua y sugerente antífona mariana, que continúa después con estas palabras: 'Ante la admiración de cielo y tierra, engendraste a tu santo Creador'.

«María, ¡Madre de Dios! ¡Una humilde criatura ha engendrado al Creador del mundo! 'En efecto, aquel que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios, Theotokos'.

«Del hecho de ser 'Madre de Dios' se derivan todos los demás aspectos de la misión de la Virgen; aspectos subrayados por los títulos con los que la comunidad de los discípulos de Cristo en todas las partes del mundo la honran. Ante todo el de 'Inmaculada' y el de la 'Asunción', pues no podía ser sometida a la corrupción derivada del pecado original quien debía engendrar al Señor. Además, la Virgen es invocada como la Madre del Cuerpo Místico, es decir, la Iglesia.

«Toda la existencia de María está ligada de manera íntima a la de Jesús. En Navidad, ofrece a Jesús a la humanidad. En la cruz, en el momento supremo del cumplimiento de la misión redentora, Jesús ofrecerá como don a todo ser humano a su misma Madre, como herencia preciosa de la redención. Las palabras del Señor crucificado al fiel discípulo Juan constituyen su testamento. Pone en manos de Juan a su Madre, y al mismo tiempo, entrega al apóstol y a todo creyente el amor de María.

«El mismo amor, el mismo cuidado que tuvo con su Hijo divino, ella nos los ofrece. Dejemos por tanto que sea ella quien guíe nuestros pasos en este nuevo año que la Providencia nos permite vivir».

EL OBSERVADOR 445-3

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FAMILIA
Que seas feliz
Por Yusi Cervantes Leyzaola

El novio a la novia:«Tú me necesitas, porque conmigo eres muy feliz».
La novia al novio:«¿Sabes qué? Estás equivocado. Yo soy feliz. Cuando estamos juntos comparto contigo mi felicidad; pero, si no estás, de todos modos yo soy feliz».

Nos deseamos felicidades. Eso es bueno, es muestra del afecto que nos tenemos unos a otros. Pero hay que tener cuidado con nuestras creencias acerca de cómo lograr esa felicidad.

Decimos: «Que seas feliz». Tal vez sería más apropiado decir: «Sé feliz». Cuando decimos «Que seas...» podría pensarse que creemos que la felicidad no depende de la persona, que es algo como la suerte, lo dejamos al azar... con nuestros mejores deseos. Pero la felicidad depende de la persona, nadie nos la otorga, nadie nos la debe.

La felicidad es una experiencia íntima, profunda y personal. No puede buscarse por sí misma, por ese camino jamás se alcanza. Pero en cambio se encuentra cuando vivimos una vida con sentido. Somos felices cuando somos realmente nosotros mismos, con plenitud, con todo lo que esto significa. Especialmente, amar -a Dios, a nuestros semejantes, a nosotros mismos y al universo- y cumplir nuestra misión a través de nuestra vocación, que es una pista acerca de cuál es ésta. Ser feliz significa aceptar y agradecer la vida, con sus luces y sus sombras. Es ver más allá de nosotros mismos y de este tiempo hacia la trascendencia. Es ser consciente de ser amados por Dios.

La felicidad no significa ausencia de dolor o de problemas. Es algo más profundo, más vital, que nos ayuda a enfrentar el sufrimiento y los obstáculos del camino con fortaleza y serenidad.

La felicidad, en suma, es una responsabilidad personal. Nadie, ni siquiera los padres, la pareja o los hijos, puede cargar con la responsabilidad de la felicidad de otro ser humano. Podemos enriquecer mutuamente nuestra felicidad a través del amor que nos tenemos unos a otros, pero esa felicidad sigue siendo una experiencia íntima y propia, la única alternativa posible para quien se sabe hijo de Dios.

EL OBSERVADOR 445-4

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CARTA A LA REDACCIÓN
La memoria en la tercera edad
Por J. Jesús Ramírez Andrade

A partir de los sesenta años de edad la capacidad para recordar empieza a disminuir debido a problemas de circulación sanguínea por acumulación de colesterol. En este caso, las paredes de las arterias y las venas se engrosan afectando la oxigenación e irrigación de la sangre al cerebro y demás órganos del cuerpo, pudiéndose presentar la formación de coágulos que obstruyen el paso de la sangre, causando así la embolia y la trombosis, que producen una zona de infarto, lo cual se puede evitar con el cuidado de la salud del cuerpo y de la mente.

Cuidado de la mente.-Eliminar de nuestro interior toda clase de emociones negativas, por ejemplo, la ira. Un estudio realizado en el año 2001, publicado en el American Journal of Epidemiology nos dice que quienes viven irritados corren más riesgo de sufrir un infarto que quienes se mantienen en calma.

Otro estudio mostró que las mujeres iracundas son más propensas a tener sobrepeso y una excesiva concentración de colesterol en la sangre (Selecciones del Reader's Digest de septiembre de 2002).

Cuidado del cuerpo.-Dentro de los cuidados del cuerpo tiene prioridad la alimentación.

El doctor James Anderson, de la facultad de medicina de la Universidad de Kentuky, EU, descubrió que la concentración de colesterol en la sangre disminuía en alto grado al suprimirse las grasas y al consumir alimentos que contienen fibra vegetal, y, experimentando en su propia persona, empezó a comer cada mañana un tazón de salvado de avena caliente y, durante el día, cuatro bollos del mismo ingrediente junto con los demás alimentos, con lo que consiguió bajar su colesterol de 285 a 110 puntos en sólo cinco semanas. Una taza de avena cruda no ejerce los mismos efectos, pero también resulta benéfica.

La manzana diaria.-Elimina del tracto intestinal ácidos biliares que contienen el dañino colesterol.

Los sabrosos frijoles.-El doctor Anderson recomienda comer una taza diaria de frijoles o alubias. Con este alimento un hombre redujo su concentración de colesterol de 306 a 220; otro, de 297 a 211.

La proteína de soya puede surtir el mismo efecto, inclusive puede reparar el daño ya causado en las arterias. Las proteínas de frijol de soya contrarrestan los efectos que provoca un alto contenido de grasas.

La cebolla y la toronja.-También combaten el colesterol (Selecciones del Reader's Digest, de abril de 1989).

Ejercicio físico.-Hay dos clases de colesterol: uno que daña al organismo y otro que lo protege; este último se estimula con el ejercicio físico, y beneficia la circulación sanguínea. Quince minutos diarios de movimientos de cabeza, tronco y extremidades bastarán para sentirse bien.

Ejercicio de la mente.-Al ejercitar la mente disminuyen los problemas de la memoria. He aquí algunos ejercicios:

a)Fijar bien la atención en todo lo que se hace para grabar con seguridad hechos y fijarse dónde se ponen las cosas.
b)Asocie las ideas. Unas atraen el recuerdo de otras, y esto se puede hacer desde el momento de grabarlas en la memoria. El doctor James A. Korbett, sicólogo de Houston, Texas, EU, recomienda hablarle a las cosas, por ejemplo; «llaves, aquí las dejo, sobre el televisor». Recordando el televisor se recuerdan también las llaves.
c)Guiarse mediante agenda o, simplemente, hacer una lista de las actividades que se realizarán al día siguiente. Ya en la noche trate de recordar lo que realizó durante el día, valorando lo que estuvo bien y lo que estuvo mal. Este ejercicio, aunque se realice de manera sencilla, aumenta considerablemente la capacidad de recordar.

Respiración profunda.-El ejercicio que nos revela el profesor Jules Kiaux es un secreto de los fakires de la India y se practica de la manera siguiente: «Se debe estar sentado con comodidad, con el pecho sacado y la cabeza erguida. Se aspira el aire durante tres segundos, se retiene tres segundos más en los pulmones y se espira durante otros tres, durante diez minutos».

Este ejercicio se hace tres veces al día durante la primera semana; en las siguientes sólo se hace una vez al día. Se pueden calcular los segundos contándolos mentalmente para que no haya necesidad de ver el reloj. La segunda semana se aumentará un segundo a cada aspiración, retención y espiración. Todas las semanas aumentaremos un segundo a cada una de las tres operaciones de la respiración hasta llegar a veinte segundos, es decir, a un minuto por respiración completa.

En lo personal, al practicar diariamente este ejercicio y en situaciones especiales, consigo calmar el temor, la ansiedad y la ira. Por lo que respecta a la circulación sanguínea, siento que desaparece la dolencia y pesadez de la cabeza, mi dentadura se fortalece, señal inequívoca de oxigenación al cerebro, con beneficio a los ojos y a la boca y, en general, a todo el cuerpo.

El profesor Jules Fiaux, refiriéndose a la salud, nos dice: «La cantidad de oxígeno aspirado y retenido en los pulmones en contacto con la sangre quema por completo los residuos nocivos, que se eliminan fácilmente. La composición química del cuerpo se regulariza y quedan destruidos los gérmenes de las enfermedades».

EL OBSERVADOR 445-5

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PINCELADAS
El pianista y la oración
Por Justo López Melús *

Empezar una tarea y dejarla a medias es una manera de perder el tiempo. Jesús llama insensato al que piensa construir una torre y no se sienta primero a calcular los gastos para ver si puede acabarla, no sea que, si luego la deja a medias, se rían de él por no haber sido previsor.

Contaba un pianista a sus amigos que, cuando dejaba de tocar un día el piano, él notaba que perdía facultades. Cuando eran dos días, se daba cuenta su mujer, y cuando eran tres, lo notaba el público. Era un verdadero retroceso, por no perseverar en el empeño. Igual en la oración, si se abandona, todos van notando nuestro enfriamiento.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 445-6

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DOCUMENTOS
Migraciones desde una óptica de paz
Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado 2004

1.La Jornada del Emigrante y el Refugiado, con el tema «Migraciones desde una óptica de paz», ofrece este año la oportunidad de reflexionar sobre un argumento que se ha hecho particularmente importante. El tema llama la atención de la opinión pública sobre la movilidad humana forzada, centrándose en algunos aspectos problemáticos de gran actualidad a causa de la guerra y de la violencia, del terrorismo y de la opresión, de la discriminación y de la injusticia, por desgracia siempre presentes en las crónicas diarias. Los medios de comunicación hacen llegar a las casas imágenes de sufrimiento, de violencia y de conflictos armados. Son tragedias que perturban profundamente a países y continentes, y con frecuencia golpean a las zonas más pobres. De este modo, a un drama se le suman otros.

Por desgracia nos estamos acostumbrando a ver la peregrinación desconsolada de los desplazados, la huida desesperada de los refugiados, el desembarque con todos los medios de emigrantes en los países más ricos, en busca de soluciones para sus muchas exigencias personales y familiares. Surge entonces la pregunta: ¿cómo hablar de paz cuando se registran constantemente situaciones de tensión en muchas regiones de la Tierra? ¿Cómo puede contribuir el fenómeno de las migraciones a construir la paz entre los hombres?

2.Nadie puede negar que la aspiración a la paz está en el corazón de buena parte de la humanidad. Precisamente ese deseo ardiente lleva a buscar todo camino para realizar un futuro mejor para todos. Está aumentando cada vez más la convicción de que es necesario combatir el mal de la guerra en su raíz, pues la paz no es sólo la ausencia de conflictos, sino un proceso dinámico y participativo a largo plazo, que involucra a todos los ámbitos sociales, desde la familia hasta la escuela, así como a las diferentes instituciones y organismos nacionales e internacionales. Juntos podemos y debemos construir una cultura de paz, adecuada para prevenir el recurso a las armas y a toda forma de violencia. Por este motivo se han de alentar los gestos y los esfuerzos concretos de perdón y de reconciliación; es necesario superar contrastes y divisiones que, de lo contrario, se perpetuarían sin solución posible. Se ha de reafirmar con vigor que no puede haber auténtica paz sin justicia y sin respeto de los derechos humanos. De hecho, existe un íntimo lazo entre justicia y paz, como ya lo ponía de manifiesto en el Antiguo Testamento el profeta: «Opus iustitiae pax» (Isaías 32, 17).

3.Crear condiciones concretas de paz, en lo que concierne a los emigrantes y refugiados, significa comprometerse seriamente para salvaguardar ante todo el derecho a no emigrar, es decir, a vivir en paz y dignidad en la propia patria. Gracias a una atenta administración local y nacional, a un comercio más equitativo, a una solidaria cooperación internacional, hay que ofrecer a todo país la posibilidad de asegurar a sus habitantes, además de la libertad de expresión y de movimiento, la posibilidad de satisfacer sus necesidades fundamentales como la comida, la salud, el trabajo, la casa, la educación, sin las cuales mucha gente se ve en la obligación de emigrar por la fuerza.

Existe también el derecho a emigrar. El fundamento de este derecho, recuerda el beato Juan XXIII en la encíclica Mater et magistra es el destino universal de los bienes de este mundo (cfr. números 30 y 33). Corresponde obviamente a los gobiernos reglamentar los flujos migratorios en el pleno respeto de la dignidad de las personas y de las necesidades de sus familias, teniendo en cuenta las exigencias de las sociedades que acogen a los inmigrantes. En este sentido, existen ya acuerdos internacionales que tutelan a los que emigran, así como a quienes buscan refugio o asilo político en otro país. Son acuerdos que siempre pueden ser ulteriormente perfeccionados.

4.¡Nadie puede quedar indiferente ante las condiciones que experimentan columnas enteras de emigrantes! Se trata de gente a la merced de los acontecimientos, que carga a sus espaldas situaciones con frecuencia dramáticas. Los medios de comunicación transmiten imágenes impresionantes y en ocasiones aterradoras. Se trata de niños, jóvenes, adultos y ancianos con rostros demacrados y con los ojos henchidos de tristeza y soledad. En los campos en los que son acogidos experimentan en ocasiones agudas restricciones. Sin embargo, es un deber en este sentido reconocer el laudable esfuerzo realizado por muchas organizaciones públicas y privadas para aliviar las situaciones preocupantes que se han creado en algunas regiones del planeta.

Tampoco se puede dejar de denunciar el tráfico de explotadores sin escrúpulos que abandonan en el mar, en embarcaciones precarias, a personas que buscan desesperadamente un futuro menos incierto. Quien atraviesa condiciones críticas tiene necesidad de ayudas diligentes y concretas.

5.A pesar de los problemas que he mencionado, el mundo de los emigrantes es capaz de ofrecer una válida contribución a la consolidación de la paz. Las migraciones pueden, de hecho, facilitar el encuentro y la comprensión entre las civilizaciones, así entre personas y comunidades. Este enriquecedor diálogo intercultural constituye, como escribí en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2001, un «camino necesario para la construcción de un mundo reconciliado». Es lo que sucede cuando los emigrantes son tratados con el debido respeto de la dignidad de toda persona; cuando se favorece con todos los medios la cultura de la acogida y la cultura de la paz, que armoniza las diferencias y busca el diálogo, sin caer en formas de indiferencia cuando los valores están en cuestión. Esta apertura solidaria se convierte en ofrecimiento de paz y en condición de paz.

Si se favorece una integración gradual de todos los emigrantes, en el respeto de su identidad, manteniendo al mismo tiempo el patrimonio cultural de las poblaciones que los acogen, se corre menos el riesgo de que se concentren formando verdaderos y propios guetos, en los que quedan aislados del contexto social, terminando a veces por alimentar incluso el deseo de conquistar paulatinamente el territorio.

Cuando las «diferencias» se encuentran integrándose, dan vida a una «convivencia de las diferencias». Se redescubren los valores comunes a toda cultura, capaces de unir y no de dividir; valores que hunden sus raíces en un mismo «humus» humano. Esto ayuda al establecimiento de un diálogo provechoso para construir un camino de tolerancia recíproca, realista y respetuosa de las peculiaridades de cada quién. Con estas condiciones, el fenómeno de las migraciones ayuda a cultivar el «sueño» de un porvenir de paz para toda la humanidad.

6.«¡Bienaventurados los que trabajan por la paz!», dice el Señor (cfr. Mateo 5, 9). Para los cristianos la búsqueda de una comunión fraterna entre los hombres encuentra su manantial y su modelo en Dios, Uno en su naturaleza y Trino en las Personas. Deseo de corazón que toda comunidad eclesial, formada por emigrantes y refugiados y por aquellos que les acogen, sacando inspiración de los manantiales de la gracia, se comprometa incansablemente en la construcción de la paz. ¡Que nadie se resigne ante la injusticia, ni se deje abatir por las dificultades y los problemas!

Si el «sueño» de un mundo en paz es compartido por muchos, si se valoriza la aportación de los emigrantes y de los refugiados, la humanidad puede convertirse cada vez más en familia de todos y nuestra Tierra en una auténtica «casa común».

7.Con su vida y sobre todo con su muerte en la cruz, Jesús nos demostró el camino que hay que recorrer. Con su resurrección nos ha asegurado que el bien triunfa siempre sobre el mal y que todo esfuerzo y toda pena, ofrecida al Padre celestial en comunión con su Pasión, contribuye a la realización del designio universal de salvación.

Con esta certeza, invito a cuantos están involucrados en el gran sector de las migraciones a ser agentes de paz. Rezo especialmente por ello, mientras invoco la maternal intercesión de María, Madre del Unigénito Hijo de Dios hecho hombre; a todos y a cada uno envío mi bendición.

Vaticano, 15 de dicembre de 2003.

EL OBSERVADOR 445-7

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JÓVENES
Hermano Roger de Taizé: «Hacia las fuentes de la alegría»
Traducida a 57 lenguas (24 de ellas asiáticas), esta carta, escrita por el hermano Roger, de Taizé, ha sido publicada econ ocasión del encuentro europeo de jóvenes de Hamburgo, celebrado del 29 de diciembre de 2003 al 2 de enero de 2004, en una nueva etapa de la «peregrinación de confianza a través de la tierra».

Tantos jóvenes, a través de la tierra, llevan en ellos una sed de paz, de comunión, de alegría.
Están atentos también a la pena insondable de los inocentes. No ignoran, en particular, el crecimiento de la pobreza en el mundo. [1]
No sólo los responsables de los pueblos construyen el futuro. El más humilde entre los humildes puede contribuir a construir un porvenir de paz y de confianza.
Por desprovistos que estemos, Dios nos ofrece poner reconciliación allí donde hay oposiciones, y la esperanza donde hay inquietud. Nos llama a hacer accesible, por nuestra vida, su compasión por el ser humano. [2]
Si los jóvenes se convierten, por su propia vida, en focos de paz, habrá una luz allí donde se encuentren. [3]
Un día, pregunté a un joven eso que, a sus ojos, era lo más esencial para sostener su vida. Me respondió: «La alegría y la bondad del corazón».
La inquietud, el miedo a sufrir, pueden quitar la alegría.
Cuando asciende en nosotros una alegría que brota del Evangelio, ésta nos aporta un soplo de vida.
Esta alegría, no la creamos nosotros, es un don de Dios. Es reanimada sin cesar por la mirada de confianza que Dios dirige sobre nuestras vidas. [4]
Lejos de ser ingenua, la bondad del corazón supone una vigilancia. Ella puede conducir a correr riesgos. No deja lugar al desprecio del otro. [5]
Ella nos hace estar atentos a los más desprovistos, a los que sufren, a la pena de los niños. Sabe expresar por el semblante, por el tono con que habla, que todo ser humano tiene necesidad de ser amado. [6]
Sí, Dios nos concede caminar con un destello de bondad en el fondo del alma, que no pide sino convertirse en llama. [7]
¿Pero cómo ir a las fuentes de la bondad, de la alegría, e incluso a las de la confianza?
Al abandonarnos en Dios, encontramos el camino.
Por lejos que nos remontemos en la historia, multitud de creyentes han sabido que, en la oración, Dios aportaba una luz, una vida desde dentro.
Ya antes de Cristo, un creyente oraba: «Mi alma te ha deseado durante la noche, Señor; en lo más profundo de mí, mi espíritu te busca». [8]
El deseo de una comunión con Dios es depositado en el corazón humano desde toda la eternidad. El misterio de esta comunión alcanza lo más íntimo, las profundidades del ser. Así podemos decir a Cristo: «¿A quién iremos si no a ti? Tú tienes palabras que devuelven la vida a nuestra alma». [9]
Permanecer delante de Dios en una espera contemplativa no sobrepasa nuestra medida humana. En una oración así, un velo se levanta sobre lo inexpresable de la fe, y lo indecible lleva a la adoración.
Dios está presente también cuando el fervor se disipa y cuando se desvanecen las resonancias sensibles. Nunca somos privados de su compasión. No es Dios quien se mantiene alejado de nosotros, somos nosotros los que a veces estamos ausentes.
Una mirada contemplativa percibe signos de evangelio en los acontecimientos más simples.
Discierne la presencia de Cristo incluso en el más abandonado de los humanos. [10]
Descubre en el universo la radiante belleza de la creación.
Muchos se hacen la pregunta: ¿qué es lo que Dios espera de mí? Y he aquí que, leyendo el Evangelio, llegamos a comprenderlo: Dios nos pide ser en toda situación como un reflejo de su presencia; nos invita a hacer bella la vida para aquellos que nos confía.
Quien busca responder a una llamada de Dios para toda la existencia, puede decir esta oración:
Espíritu Santo, si nadie ha sido forjado con evidencia para realizar un sí para siempre, tú vienes a encender en mí una hoguera de luz. Tú iluminas las vacilaciones y las dudas, en los momentos en los que el sí y el no se enfrentan.
Espíritu Santo, tú me haces capaz de consentir mis propios límites. Si hay en mí una parte de fragilidad, que tu presencia venga a transfigurarla.
Y he aquí que somos llevados a la audacia de un sí que nos va a conducir muy lejos.
Éste sí es confianza límpida. Éste sí es amor de todo amor.
Cristo es comunión. No ha venido a la tierra para crear una religión más, sino para ofrecer a todos una comunión en él. [11] Sus discípulos son llamados a ser humildes fermentos de confianza y de paz en la humanidad.
En esta comunión única que es la Iglesia, Dios ofrece todo para ir a las fuentes: el Evangelio, la Eucaristía, la paz del perdón... Y la santidad de Cristo ya no es inalcanzable, está ahí, muy cerca.
Cuatro siglos después de Cristo, un cristiano africano, de nombre Agustín, escribía: «Ama y dilo con tu vida».
Cuando la comunión entre los cristianos es vida, no teoría, irradia la esperanza. Más aún: puede sostener la búsqueda indispensable de una paz mundial.
Entonces, ¿cómo pueden aún los cristianos permanecer separados?
A lo largo de los años, la vocación ecuménica ha provocado intercambios incomparables. Son las primicias de una comunión viva entre los cristianos. [12]
La comunión es la piedra de toque. Nace en primer lugar del corazón del propio corazón de todo cristiano, en el silencio y en el amor. [13]
En la larga historia de los cristianos, multitudes se descubrieron un día separados, a veces incluso sin conocer el porqué. Hoy es esencial hacer todo lo posible para que el mayor número posible de cristianos, a menudo inocentes de las separaciones, se descubran en comunión. [14]
Son innumerables los que tienen un deseo de reconciliación que toca el fondo del alma. Aspiran a este gozo infinito: un mismo amor, un solo corazón, una sola y misma comunión. [15]
Espíritu Santo, ven a depositar en nuestros corazones el deseo de avanzar hacia una comunión, eres Tú quien nos conduces hasta allí.
La tarde de Pascua Jesús acompañaba a dos de sus discípulos que iban a la aldea de Emaús. En ese momento no se daban cuenta de que él caminaba a su lado. [16]
Nosotros también conocemos períodos en los que no alcanzamos a tener conciencia de que Cristo, por el Espíritu Santo, se mantiene muy cerca de nosotros. Incesantemente Él nos acompaña. Ilumina nuestras almas con una luz inesperada. Y descubrimos que, aunque pueda permanecer en nosotros alguna oscuridad, hay, sobre todo, en cada uno, el misterio de su presencia.
¡Intentemos retener una certeza! ¿Cuál? Cristo dice a cada uno: «Te amo con un amor que no se acabará jamás. Nunca te dejaré. Por el Espíritu Santo, estaré siempre contigo». [17]

NOTAS:
[1] Una profundización en la vida interior, lejos de conducir a cerrar los ojos a la situación de las sociedades contemporáneas, llama a interrogarse. ¿Somos lo suficientemente conscientes de que, por ejemplo, 54 países del mundo son más pobres hoy que en 1990?
[2] El querido papa Juan XXIII escribía: «Todo creyente es llamado a ser, en el mundo de hoy, como un destello de luz, un centro de amor y un fermento para toda la masa. Cada uno lo será en la medida de su comunión con Dios. De hecho, la paz no podrá reinar entre los humanos, si ella no reina primero en cada uno de ellos» (Pacem in terris, 164-165.)
[3] Pablo, el Apóstol, anima a los creyentes a ser «hogueras de luz» que brillen en el mundo (ver Filipenses 2,15-16.)
[4] «Cuando el Señor venga, ... los más pobres y los más desprovistos tendrán gozo sobre gozo en el Señor» (Isaías 29,18-19). «Consuela tu corazón, expulsa la tristeza, pues la tristeza no te aportará ningún bien» (Sirácida 30,21-25.)
[5] En una vida de comunidad, la bondad del corazón es un valor inestimable. Puede ser uno de los más límpidos reflejos de la belleza de una comunión.
[6] Desde que es muy pequeño, un niño sabe lo que significa la bondad del corazón de una madre o de un padre, de una hermana o de un hermano. Ella es una clara realidad del Evangelio. Para un niño, saber que es amado es tan importante, le da para toda la vida una posibilidad de ir lejos, de comprender un día que Dios nos llama a responder amando a otros.
[7] Durante una visita a Taizé, el filósofo Paul Ricoeur decía: «La bondad es más profunda que el más profundo mal. Por radical que sea el mal, nunca es tan profundo como la bondad.»
[8] Isaías 26,9.
[9] Cuando algunos iban a abandonar al Cristo, Él dijo a sus discípulos: «Y vosotros, ¿también queréis marcharos?» Pedro le respondió: «¿Adónde iríamos? Tú tienes las palabras de la vida eterna.» (Jn 6,67-68)
[10] Vivir en comunión con Dios conduce a vivir en comunión los unos con los otros. Cuanto más nos acercamos al Evangelio, más nos acercamos los unos a los otros. El teólogo ortodoxo Olivier Clément escribe: «Cuanto más se convierte uno en un hombre de oración, más se vuelve un hombre de responsabilidad. La oración no libera de las tareas de este mundo: nos hace aún más responsables. Nada es más responsable que orar».
[11] Muy joven, a los 21 años, el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer forjó la expresión «Cristo que existe como comunidad». Escribió que «en Cristo la humanidad es realmente integrada en la comunidad de Dios» (Sanctorum communio, Berlin 1930.)
[12] Interrogándose sobre la vocación ecuménica, el patriarca ortodoxo de Antioquia, Ignacio IV, escribía recientemente desde Damasco: «Tenemos necesidad urgente de iniciativas proféticas para hacer salir al ecumenismo de los meandros en los cuales me temo se está empantanando. Tenemos necesidad urgente de profetas y de santos a fin de ayudar a nuestras Iglesias a convertirse por el perdón recíproco.» El patriarca apelaba a «privilegiar el lenguaje de la comunión por encima del de la jurisdicción.» El año pasado, el Papa Juan Pablo II decía al recibir en Roma a los responsables de la Iglesia ortodoxa de Grecia: «Con los santos, contemplamos el ecumenismo de la santidad que nos conducirá por fin hacia la plena comunión, que no es ni una absorción, ni una fusión, sino un encuentro en la verdad y en el amor.»
[13] La reconciliación comienza en lo inmediato, al interior de la persona. Vivida en el corazón del creyente, la reconciliación adquiere credibilidad, y puede poner en marcha un espíritu de reconciliación en esta comunión de amor que es la Iglesia. Este camino supone que no haya humillación para nadie.
[14] ¿Podrá la Iglesia dar signos de una gran apertura, tan grande que se pueda constatar: aquellos que estaban divididos en el pasado no están ya separados, viven ya en comunión? Un paso hacia la reconciliación se franqueará en la medida que se constate una vida de comunión, realizada ya en ciertos lugares a través del mundo. Hará falta valor para constatarlo y adaptarse. Los textos vendrán después. Privilegiar los textos, ¿no acabará por alejar la llamada del Evangelio: sin tardanza, reconcíliate?
[15] Ver Filipenses 2,2.
[16] Ver Lucas 24,13-35.
[17] Ver Jer 31,3 y Jnn 14,16-18.

EL OBSERVADOR 445-8

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TESTIMONIO
Desde el África negra
Por Jean-Pierre Roth, M.A. *

¿Cómo celebrar la Pascua de Navidad sin preparar una Posada? ¿Cómo darle la bienvenida al Niño Dios sin una Pastorela y olvidándose de la ceremonia del arrullo del Niño? Son las preguntas que me vinieron a la mente cuando me percaté de la manera de vivir aquí la celebración del Nacimiento del Señor.

De hecho, el 25 de diciembre fue un día como otros: los alumnos se fueron a la escuela, los negociantes abrieron sus puestos, los taxis de dos ruedas movidos por caballos siguieron sus idas y vueltas en las calles, las personas desplazadas víctimas de la última guerra andando como de costumbre en búsqueda de algo que les permita enfrentar las necesidades del día. Nada hizo pensar que era un día especial en tantos países del mundo. No era que Etiopía desconociera la fiesta de Navidad, al contrario, fue el primer país de África, con Egipto, en celebrar este misterio cristiano. Sucedió que dos jóvenes cristianos de Siria, Frumentius y Edetius, sobreviviendo al ataque de su barco en el Mar Rojo por parte de piratas, llegaron e introdujeron la fe cristiana en el país a mediado del siglo cuarto. Iniciaron en la ciudad de Aksum, centro del Reinado de Ezana, emperador de aquel entonces. El cual se hizo el primero de muchos monarcas cristianos que gobernaron el país hasta el siglo 20, en particular hasta el último rey, Negus Haile Selasie, el cual falleció en 1975. Sin duda alguna, la fe cristiana es profundamente arraigada en la mayoría de la población etiope, especialmente en la región del Tigray, parte de la histórica Abysinia.

Con muchas otras Iglesias ortodoxas de rito oriental, la comunidad ortodoxa de Etiopía celebra la Navidad al inicio de enero, más o menos cuando el rito latino celebra la fiesta de los Reyes Magos. Este año fue el siete. Es significativo ver que la Misa de Navidad es la cumbre de una noche de oración en el Templo y se celebra en seguida al despertar el día. Esta tradición se arraiga en una antigua manera de celebrar la Misa, tal como se ve en la vida de san Pablo cuando celebró la «fracción del pan» en la ciudad de Troas en Asia Menor (Hechos 20).

¿Y qué tal la comunidad católica? De hecho es reciente en el país. Se inició en 1839 por la llegada de tres misioneros vicentinos, miembros de la congregación fundada por san Vincente de Paul. Dentro de ellos, Justino de Jacobis, un italiano, consagrado obispo en 1849, tuvo una actividad apostólica muy ecuménica en el sentido de favorecer la reconciliación con los hermanos ortodoxos. Una de sus decisiones fue adoptar el mismo calendario y rito litúrgico, así como la lengua litúrgica de la tradición oriental. Si usted tuvo la perseverancia de leerme hasta aquí, lo anterior da la razón de nuestra celebración de Navidad distinta en la forma y el tiempo pero idéntica en el fondo.

Más que un regalo de la historia, la fiesta de Navidad es antes que nada VIDA. Me percaté de eso el mismo día de la celebración cuando vi los chicos de la calle que apoyamos cantar y danzar para expresar la alegría de este momento. Como dice el salmo 8: «De la boca de los niños el Señor se ha ganado una alabanza».

¿Qué concluir de ésta diversidad en la celebración de Navidad? Dentro de muchas respuestas, me quedo con la certidumbre que celebrar el nacimiento del Niño no es primeramente una cuestión de fecha, rito y lengua sino más bien una disposición del corazón. Con ella, Navidad es cada día en el cual la humanidad le permite al Señor estar presente por su cariño y amor.

* El autor es presbítero de la orden de los Misioneros de África, y trabaja actualmente en Kenia.

EL OBSERVADOR 445-9

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
¿Cómo le fue de fiestas?
Por Antonio Maza Pereda

Ahora que ya han pasado algunos días o semanas de las fiestas navideñas y de fin de año, por no mencionar las de la Virgen de Guadalupe, Reyes Magos y la próxima fiesta de la Candelaria, ya esta pregunta se escucha menos.

Es curioso el modo como la respuesta a esa pregunta nos dice mucho del que responde, de su jerarquía de valores, de aquello a lo que le da importancia. Hay quien responde con una crónica de los lugares visitados. Otros nos relatan todas las ocasiones gastronómicas: que si los romeritos, la pierna que le sale tan bien a la tía, el pavo relleno con los piñones de su tierra, insuperables, los ponches, la rosca de reyes y un largo etcétera. Hay quien nos habla de las doce posadas a las que asistió. Pero, ¿cómo? -le decimos- Si sólo son nueve posadas. Y la otra nos dice: Claro, pero yo fui a dos o más algunos días. Otros nos presumen de los múltiples regalos que recibieron, de lo grande de la concurrencia a las festividades: nunca se habían juntado tantos, nos dicen.

Algunos se quejan: que si los gastos, las aglomeraciones, que lo caro que está todo; algunos -¡asómbrese!- hasta se quejan de la falta de espiritualidad y de cómo se está perdiendo el sentido de estas fiestas.

Pero, creo yo, la respuesta auténtica a esta pregunta debe darse en otro terreno, un terreno en el que raramente nos cuestionamos. Estas fiestas, ¿nos dejaron igual que antes? ¿Podemos decir en serio, con el corazón en la mano, que somos mejores gracias a que vivimos estas fiestas, con el verdadero espíritu que debemos tener? Ahora que ya pasaron las fiestas, ¿somos más felices de lo que éramos antes? Tal vez las fiestas fueron la ocasión para sanar heridas, reasumir relaciones interrumpidas, para decir a otros, familiares, amigos, extraños, que los queremos y que son importantes para nosotros. Tal vez pudimos hacer felices a los hijos, a la esposa o esposo, a los padres y esa felicidad hoy, semanas después, nos hace sentir como un calorcito en el alma, que nos hace sonreír por dentro cuando lo sentimos. Posiblemente pudimos hacer el bien a personas que son perfectamente desconocidas para nosotros o, mejor aún, a personas que nos han hecho algún mal. Y entonces vivimos la Navidad haciendo lo que Jesús nos pide que hagamos.

En pocos días más, todo se habrá olvidado. Estaremos pensando ya en la próxima celebración: día del Amor y la Amistad, Semana Santa, día de las Madres y de los Padres, que sé yo. Y es posible que estas Navidades se olviden, que no nos hayan dejado nada memorable. Pero también es posible, amiga, amigo, que estas fiestas hayan sido algo muy significativo, un derrame de felicidad y de amor que nos toque el corazón y nos cambie para mucho tiempo. Ese, amiga y amigo, es mi mejor deseo para todos ustedes.

EL OBSERVADOR 445-10

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CONTEXTO ECLESIAL
Mi paz os doy (Jn 14, 27)
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2004

Del 18 al 25 de enero se realizará mundialmente entre católicos, ortodoxos y protestantes la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la que, en el nombre de Jesucristo, todos oran para pedir que las divisiones sean superadas.

Texto bíblico para la oración

Mi paz os doy(Jn 14, 23-31).-«El que me ama de verdad, se mantendrá fiel a mi mensaje; mi Padre le amará, y mi Padre y Yo vendremos a él y viviremos en él. Por el contrario, el que no hace caso de mi mensaje, es que no me ama. Y este mensaje que os transmito no es mío; es del Padre, que me envió. Os he dicho todo esto durante el tiempo de mi permanencia entre vosotros. Pero el Abogado, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recordéis cuanto Yo os he enseñado y os lo explicará todo. Os dejo la paz, mi propia paz. Una paz que no es la que el mundo da. No estéis angustiados, no tengáis miedo. Ya habéis oído lo que os he dicho: «Me voy, pero volveré a estar con vosotros». Si de verdad me amáis, debéis alegraros al oírme decir que voy al Padre, porque el Padre es mayor que Yo. Os lo he dicho ahora, por adelantado, para que, cuando suceda, tengáis una razón más para creer. Ya no me queda mucho que hablar con vosotros, porque se acerca el que tiraniza a este mundo. Cierto que no tiene ningún poder sobre Mí, pero tiene que ser así para demostrar al mundo que Yo amo al Padre y que cumplo fielmente la misión que me encomendó. Levantaos. Vámonos de aquí».

Textos bíblicos y oraciones para el octavario

Día primero.- Jn 14, 23: El que me ama de verdad, se mantendrá fiel a mi mensaje y mi Padre le amará. Dt 7, 7-11: Es un Dios fiel, que tiene misericordia por mil generaciones... Sal 25 (24), 2-10: Acuérdate, Señor, de que tu ternura y tu amor son eternos. 1 Jn 4, 7-12: Dios es amor. Lc 15, 1-2; 11-32: Salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos. Oración.- Te damos gracias, Señor, por el amor con que nos has amado.Concédenos acoger este amor en la confianza de llegar a ser fuente de paz para la Iglesia y para el mundo, y que sea reconocido por toda la humanidad. Amén.

Día segundo.- Jn 14, 23: Vendremos a él y viviremos en él. Cant 3, 3-5: No molestéis ni despertéis a mi amor hasta que ella quiera.Sal 3, 3-7: Me despierto: el Señor me sostiene. Ef 4, 1-6: Sólo un Dios, que es Padre... que en todos actúa y en todos vive. Mc 6, 45-51: Luego subió a la barca. Oración.- Señor, afianza mi corazón conmovido sobre la roca de tus mandamientos y, así como Tú has calmado la tempestad por la fuerza de tu presencia, tranquiliza las olas de mi vida agitada y condúceme en la barca de tu Iglesia. Dame esta fe que me recuerda que Tú estás presente entre nosotros hasta el fin de los tiempos. Amén.

Día tercero.- Jn 14, 24: Este mensaje os transmito. Dt 30, 11-14: La palabra está muy cerca de ti... Sal 85 (84), 2-14: [El Señor] dijo: «La Paz a su pueblo y a sus fieles». 2 Co 1, 18-22: Todas las promesas de Dios se han hecho en Él realidad. Lc 10, 38-42: [Ella] escuchaba su palabra. Oración.- Señor nuestro Dios, en Jesucristo, tu única Palabra, Tú has destruido el odio. Por tu muerte, en el silencio de la cruz, reconciliaste a los hombres entre sí y contigo. Convierte todas nuestras palabras de violencia en palabras de paz y concédenos la gracia de aceptar el precio de esta reconciliación universal. Amén.

Día cuarto.- Jn 14, 26: El Espíritu Santo hará que recordéis cuanto yo os he enseñado y os lo explicará todo. Jr 31, 31-34: Pondré mi Ley en su interior. Sal 51 (50), 10-17: Renueva dentro de mí un espíritu firme. Gal 5, 22-25: El Espíritu produce amor, alegría, paz... Jn 20, 19-23: La paz esté con vosotros (...) Recibid el Espíritu Santo. Oración.- Oh Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, Dios único, Dios de la verdad, de la paz y de la justicia, abre nuestra inteligencia, ilumina nuestro espíritu. Haznos dignos de recibir al Espíritu de la Verdad en nuestras Iglesias, para que nos guíe hacia la paz verdadera. Amén.

Día quinto.- Jn 14, 27: Una paz que no es la que el mundo da. Is 11, 1-17: Nadie causará ningún daño en todo mi monte santo. Sal 119 (118), 161-165: Grande es la paz de los que aman tu Ley. Rom 12, 18-21: Antes venced el mal a fuerza de bien. Jn 12, 12-19: Bendito el que viene en nombre del Señor. Oración.- Señor, Dios de la paz, fuente de todo consuelo, concédenos el don de tu Espíritu Santo. En un mundo que busca la seguridad a través de la violencia y la guerra, conviértenos en mensajeros de tu paz. Como miembros de tu Iglesia, Cuerpo de Cristo, perdona el pecado de nuestras divisiones y concédenos la valentía de buscar la unidad que Tú nos ofreces, que es deseo y en la que descansa nuestra paz. En nombre de Cristo, te lo pedimos. Amén.

Día sexto.- Jn 14, 27: No estéis angustiados, ni tengáis miedo. Is 43, 1-7: No temas, que Yo estoy contigo.Sal 23 (22), 1-6: Ningún mal temeré: porque Tú estás conmigo. 1 Jn 4, 16-21: En el amor no hay lugar para el temor. Mt 8, 23-27: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Oración.- Señor Jesús, sobre el lago una sola palabra tuya bastó para apaciguar el miedo de los apóstoles y calmar el furor de las olas. En medio de las tormentas que azotan el mundo, concede a nuestra Iglesia y a los hombres y mujeres del mundo entero la gracia de comprender tu Palabra: «No tengáis miedo» y haz que la misma llegue a ser coraje para que nosotros actuemos en la paz donde hay odio y aportemos la reconciliación allí donde reina la división. Amén.

Día séptimo.- Jn 14, 28: Me voy, pero volveré a estar con vosotros. Ha 2, 1-4: Yo estaré en mi puesto de guardia... y observaré qué responde a mi querella. Sal 130 [129], 1-8: Mi alma espera en el Señor, más que el alba los centinelas nocturnos. Rom 8, 18-27: El continuo anhelar de las criaturas ansía la manifestación de los hijos de Dios. Mt 25, 1-12: Velad, pues que no sabéis el día ni la hora. Oración.- Señor Dios, Tú revelas tu gloria mediante la vida y el poder de tu Hijo resucitado. Oramos juntos para que venga tu reino. Esperamos con impaciencia el día glorioso de la manifestación de Cristo, cuando termine el reino de la muerte y de las lágrimas, y tu reino de paz, de justicia y de amor será establecido para siempre. Amén.

Día octavo.- Jn 14, 31: Levantaos, vámonos de aquí. Am 5, 10-15: Aborreced el mal y amad el bien y haced justicia. Sal 16 (15), 8-9: Tengo siempre presente al Señor. Ef 5, 8-21: Portaos como quienes pertenecen al reino de la luz. Mt 25, 31-40: Cada vez que lo habéis hecho con uno de los más pequeños... a Mí me lo hacéis. Oración.- Oh Dios Trinidad, tú nos has revelado que las tinieblas y la injusticia deben ser vencidas por la muerte y la resurrección de Jesús. La paz que nos ofrece Jesús nos da ánimo para imitarle rompiendo las cadenas de la inhumanidad, de la injusticia, del hambre, de la desunión. Fortalécenos por tu Espíritu de paz para que podamos cada día aborrecer el mal, amar el bien y fundamentar la justicia. No nos dejes clamar «Paz» para seguridad de nuestras vidas tranquilas, sino concédenos la fuerza para declarar la guerra a la injusticia que golpea a los que pasan hambre y viven en condiciones precarias. Ayúdanos a encontrar tu paz en el servicio humilde y valiente en beneficio de los más pequeños de tu familia. Amén.

EL OBSERVADOR 445-11

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FIN

 
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