El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
25 de enero de 2004 No.446

SUMARIO

bulletPORTADA La humanización de la muerte, un reto a la formación cristiana
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Universo cordial
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - cargó con nuestros pecados
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Tengo una amiga lesbiana
bulletPINCELADAS - Óptica y acústica
bulletDOCUMENTOS - Mensaje de Juan Pablo II sobre la dignidad y derechos de los discapacitados mentales
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - Algo más que quejarse
bulletCULTURA - ¿Categórico, hipotético, disyuntivo?
bulletCOMUNICACIÓN - Ser católico influyó en la vida y la obra de Tolkien
bulletDEBATE - ¿Seguiremos dando culto a María?
bulletCOLUMNA HUÉSPED - Acabarán penalizando a los heterosexuales
bulletCARTAS A LA REDACCIÓN - ¿Pueden comulgar los políticos que apoyan el aborto?

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Entrevista con el teólogo italiano Mássimo Petrini
La humanización de la muerte, un reto a la formación cristiana
Zenit, para El Observador
Para el teólogo Mássimo Petrini, experto en pastoral sanitaria, el tema de la muerte debería introducirse más en el camino catequético y en el anuncio de esperanza en las comunidades cristianas, enseñando a acompañar no sólo a quienes nos dejan, sino también a los que se quedan.

Profesor en el Instituto Internacional de Teología Pastoral y Sanitaria «Camillianum» y responsable del centro para la promoción y desarrollo de los cuidados geriátricos de la Universidad del Sagrado Corazón -en Roma-, Petrini presentó la semana pasada en la capital italiana su libro La cura a la fine della vita («Los cuidados al final de la vida»). En esta entrevista concedida al diario católico italiano Avvenire y reproducida por Zenit para El Observador, el teólogo aborda uno de los temas más preocupantes en el mundo de hoy: la necesidad de hacer de la muerte un camino de humanización y un anuncio de esperanza.

Empecemos por los ancianos. ¿Cómo se afronta con ellos el tema de la muerte en las comunidades cristianas?
Muchas veces, también en el ámbito pastoral, hablamos más de los aspectos lúdicos, de cómo entretenerles. Falta una pastoral dedicada a estos temas que no se limitan al tema de la muerte, sino que tocan el sufrimiento, la aceptación de las limitaciones.

¿Cómo hacerlo?
Los ancianos -son actualmente los que superan los 75 años de edad- se dan cuenta de que el horizonte se ha reducido, la muerte hace de fondo. Debemos tener el valor de afrontar el tema también desde el punto de vista religioso.

Existe una antigua tradición de piedad popular y acompañamiento a la «buena muerte»...
Sin juzgar el pasado, la pastoral de siglos anteriores era de tipo «obsesivo», basada en el juicio, en los aspectos más negros de la muerte. Deberíamos en cambio empezar a leerla en la clave de la misericordia y de la esperanza cristiana. La persona que muere debe conseguir aceptar su vida y releerla en esa clave.

¿Cómo interactuar entre comunidades cristianas y lugares donde se muere: hospitales, residencias de ancianos, etcétera?
Todavía hoy en realidad muchos enfermos de cáncer y personas muy ancianas están en casa. Por lo tanto es importante que también la parroquia tome conciencia de estos problemas, mientras estamos ligados a la figura de los capellanes de los hospitales y de las instituciones.

¿Cómo formar a laicos y sacerdotes?
Si queremos llevar adelante una pastoral realista, debemos introducir estos temas «desagradables» en todo tipo de catequesis, conforme a cada edad y categoría. Ciertamente no existen sólo muerte y dolor. Pero entre las muchas motivaciones pastorales, hay que dar a estos temas mayor atención. También los sacerdotes y religiosos necesitan empezar ya desde el seminario a afrontarlos. Por ejemplo, previendo que los seminaristas frecuenten por algunos períodos hospitales o instituciones asistenciales. Sería un camino de humanización.

¿En qué sentido?
Veo la muerte como un proceso de humanización. Hace que crezcamos y crea un factor unificador: se descubre la humanidad común. Son temas que ciertamente no se pueden exaltar, pero, si logramos hablar de ellos, conseguimos humanizar el ambiente, más allá de la exclusión y de nuestra «representación» diaria.

Cuestión distinta es cuando muere un niño o un joven...
No hay que mirar tanto la edad, sino ver la muerte de una persona como el final de su respuesta a una vocación. También un niño, en pocos meses de vida, de forma misteriosa ha respondido a la vocación que Dios le había confiado.

¿Cómo hacer de un funeral un momento de cercanía con quien sufre?
En el funeral, las personas aún no se dan cuenta de la pérdida. Todos están alrededor. El problema surge con la vuelta a casa. La cercanía en el luto, del que hoy hemos suprimido los signos, forma parte del acompañamiento. Debemos ayudar a la comunidad a pensar que los primeros seis meses constituyen un período en el que se debe prestar mayor atención y escucha al que se queda.

EL OBSERVADOR 446-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Universo cordial
Por Jaime Septién
La alegría es la primera y la última palabra del Evangelio. (PAUL CLAUDEL)

La imagen pública que estamos adquiriendo los católicos, de todos los niveles y de todos los rumbos, es la de seres humanos formando un equipo a la defensiva. Como si la verdad no jugara en nuestra cancha; como si la Iglesia fundada por Cristo fuera una más de las iglesias que hay en el mercado. He escuchado católicos convencidos de que vamos a perder el juego en contra de las otras religiones, de sectas cuya mercadotecnia consiste en atrapar la ignorancia y en cebarse con la necesidad.

No y no. Me niego rotundamente a creer que seamos tan tontos. Se trata de acrecentar nuestro triunfo más que de defender la portería que nos fue encomendada. Según las estadísticas que presentábamos en el número pasado de El Observador el marcador en México nos es favorable 88 goles a 12 que han metido -en casi medio milenio- el resto de los equipos, incluido el equipo sin equipo de los que no profesan religión ni militan en secta ninguna. 88 a 12, ¿y tenemos miedo? Pues ¿qué clase de maletas somos?

«La mejor defensa es el ataque», dicen los que dicen saber de futbol. Y han de tener razón. Traducido al encuentro religioso, la mejor defensa de nuestra fe tiene que ser aquella que la muestre como lo que genuinamente es: un tesoro espléndido; una perla de insospechada belleza; un camino recto hacia la vida eterna. Más que tirarles piedras a los vecinos o enseñarles a patear el balón, lo que tenemos que hacer es ponernos a jugar con amor y llenos de fortaleza. Que sea nuestro testimonio el que se aparezca en el terreno de juego. Ya estuvo bien de tanta plática en los vestidores; de tanta estrategia y de horas de entrenamiento. La misión es convencer de que nos dirige desde la banda el mismísimo Espíritu Santo, ése que se posó en forma de paloma en Cristo a la hora de su bautismo en el Jordán (el mismo que se posó en nosotros en la pila bautismal donde nuestros padres nos legaron la mayor riqueza de todas las que pudieran habernos legado).

Éste sí (y no Chivas o América) es «el equipo de todos». Aquí, en la Iglesia católica, a cada uno de sus miembros (jerarquía y fieles laicos; religiosos y seglares) toca guardar una posición fija y colaborar en la buena marcha del conjunto. Unos paran los embates del mundo, otros abastecen de ideas a la media cancha, hay quienes guían a los jugadores hacia la meta, otros animan y, por supuesto, son los santos los encargados de empujar el balón de la fe a la red de la historia.

El objetivo es ganar la alegría, construir el universo cordial (es decir, del corazón; la civilización del amor contra el verdadero enemigo, es decir, contra la cultura de la muerte) que vino a traer -en la plenitud- Dios a través de su Hijo Jesucristo. Y del cual somos herederos en primera línea de sucesión.

EL OBSERVADOR 446-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Cristo cargó con nuestros pecados

Juan Pablo II en audiencia general comentó el himno que aparece en el capítulo segundo de la Primera Carta de Pedro, versículos 21 a 24.

«El cántico medita en la pasión redentora de Cristo. En la citada Carta de Pedro, Jesús es el cordero inmolado sin mancha, cuya sangre preciosa ha sido derramada para nuestro rescate. Cristo se nos presenta como el modelo que hay que contemplar e imitar, el 'programa', como se dice en el original griego (cfr. 2, 21), que hay que realizar sin dudarlo.

«El himno de Pedro hace una síntesis admirable de la pasión de Cristo a través de cuatro declaraciones negativas y de tres positivas, con las que describe la actitud de Jesús en ese terrible y grandioso acontecimiento. Comienza con una doble afirmación de su absoluta inocencia: 'Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca'. Siguen otras consideraciones sobre su comportamiento ejemplar, inspirado en la mansedumbre y la dulzura: 'cuando lo insultaban, no devolvía el insulto'. El silencio paciente del Señor no es sólo un gesto de valentía y de generosidad. Es también un gesto de confianza hacia el Padre, como sugiere la primera de las tres afirmaciones positivas: 'se ponía en manos del que juzga justamente'. Se llega así a la cumbre de la narración de la Pasión, en la que se manifiesta el valor salvador del acto supremo de la entrega de Cristo: 'Cargado con nuestros pecados, subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia'. Esta segunda afirmación positiva aclara que Cristo llevó 'en su cuerpo' sobre 'el leño', es decir, la Cruz, 'nuestros pecados', para poder aniquilarlos.

«Siguiendo este camino, también nosotros, liberados del hombre viejo, podemos vivir 'para la justicia', es decir, en santidad. La última frase -'sus heridas nos han curado'- subraya el valor salvador del sufrimiento de Cristo, expresado con las mismas palabras utilizadas por Isaías».

EL OBSERVADOR 446-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Tengo una amiga lesbiana
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
Tengo una «amiga» (ya no la considero así), que es lesbiana y cuando me lo dijo solo le di el avión. Cuando estábamos en la universidad ella era muy influenciable: si alguien decía negro ella decía sí; como quien dice no tenía voz, no era segura de sí misma. Deje de juntarme con ella porque ella se metió a un equipo de fútbol de chavas de la misma universidad. A mí no me gustaban sus relajitos. Después me fui dando cuenta de que cada día la jalaban más y más a sus «fiestas», donde tomaban mucho alcohol y demás. Después, en única ocasión, ella me comentó que había muchas lesbianas en esos equipos y que a ella le daban asco esas cosas. Yo le expresé lo mismo, pero, como te digo, poco a poco perdí el contacto con ella, pues ella conoció ahí mismo a otra chava, que actualmente es su pareja (me entristece mucho). En estos días platiqué con ella y le pregunté directamente sobre eso, y me dijo que sí, que era cierto que es lesbiana. Me lo platicó como si fuera normal, me dijo que había ido con un padre, no sé si me lo dijo tan sólo porque sabe que yo ando en «cosas de religión»; según ella el padre que la confesó le dijo que solamente estuviera conciente de que iba a renunciar a ser madre naturalmente. No me quiso decir más cosas, no le quise preguntar. Su felicidad en la cara era radiante, ella misma me dijo que era feliz pues los padres de ambas las apoyaban, además de que ellas varias veces se quedaban juntas a dormir ya fuera en casa de una o de la otra (cosa que me causo repugnancia). Yo sentía que era un engaño del Maligno; me contuve para decirle lo que pensaba pues cada vez que intentaba decirle algo productivo ella solo lo oía y no lo escuchaba; andaba como» drogada»; yo la juzgué, como si su centro de vida es su pareja, pues ella me lo dejo en claro que no le importaban las demás personas, mientras que su familia y su novia estuvieran bien, que no le importaba lo demás. Según ella, dice que Dios la ha ayudado mucho (más bien, el diablo), pues dice que se hizo presente al ver que su familia la aceptó tal cual....Yo estoy muy triste y perturbada, pues me acuerdo de bonitos recuerdos de la uni y me da coraje el saber que no puedo hacer nada físicamente por ella, solo sé que debo orar y que Dios actuará en su vida. Hace poco fui a un retiro (pertenezco al camino neocatecumenal), donde precisamente se habló de estas cosas y entre mi ignorancia no me había percatado de que Dios todo lo hace bien, lo hace perfecto, pues naturalmente en nuestro organismo cada quien tiene sus cromosomas como debe de ser, las mujeres tienen x y los hombres x y ye. Pues nos explicaron que las desviaciones no son naturales, sino más bien que hay situaciones que pasan alrededor de estas gentes, como, por ejemplo, que sus mamás siempre quisieron tener un hijo y a la niña desde chiquita la vistieron de niño y fue creciendo hasta que a ella le gustaron los niñas; cosas de ese estilo, que también se dan porque tienen miedo a madurar, tienen miedo a ser rechazados(as) por la otra persona del género opuesto, por lo que optan a tener una relación donde tienen los mismos pensamientos, lineamientos y demás. Ahí fue cuando me acordé de mi amiga, pues en la uni siempre necesitaba estar acompañada de alguien, no le gustaba estar sola, no le gustaba tener responsabilidades mayores, pues ella es la mayor en su familia y no le gustaba dar un ejemplo a sus hermanos...muchas cosas irregulares que yo no hallaba como orientarle...ahora sé que es peor pues la batalla de parte de su pareja esta mas adelantada que la mía. Espero en Dios que sólo escuche mis oraciones y ayude a mi amiga, porque sé que eso solo fue influencia de sus «amiguitas» del futbol y de su pareja (me da mucho coraje)... Porfa, ¿me puedes orientar?!!!!, y, si es posible, que este caso saliera en El Observador.

RESPUESTA:

Me parece que la comunidad cristiana es responsable en buena medida de que los homosexuales católicos no perseveren en la castidad. Ponemos todos los obstáculos posibles a su integración en la sociedad, de modo que se sienten rechazados, inadecuados y hasta culpables de su condición (me refiero no a los actos homosexuales, sino específicamente a su condición de homosexualidad, es decir, a sentirse atraídos por personas de su mismo sexo). Pensemos, por ejemplo, en tu amiga. Probablemente cuando entró a la adolescencia comenzó a darse cuenta de que había algo raro en ella (algunas personas lo detectan aun antes); que no le interesaban los chicos, como a sus amigas; peor aún, un día descubrió que le gustaban las mujeres, tal vez una en lo particular. Ese momento suele estar lleno de angustia e incertidumbre. Si es como la mayoría de los homosexuales, guardó el secreto celosamente mucho tiempo. No se animaba a decirlo ni a sus padres. Por fin, después de darle muchas vueltas, un día se animó a confiártelo a ti. Y tú le diste el avión. No te culpo. También tú tienes la carga de las críticas de la sociedad a los homosexuales y que una amiga te confíe ser lesbiana es un paquete muy grande y no supiste como manejarlo. El caso es que ella se quedó sola nuevamente con su secreto. Tú ya no la consideras amiga, pero en cambio un grupo de muchachas con otra mentalidad (donde hay fiestas, alcohol, tal vez sexo fácil, incluso entre lesbianas) la reciben, la aceptan, le dan un sentido de pertenencia. Y ella entra en el juego. Vamos, es lógico, aunque no sea lo mejor: si en un lado te rechazan y en otro te aceptan, ¿a dónde vas? El mensaje que les estamos dando a las personas homosexuales es: no te enamores de alguien como tú; pero, aún si no lo haces, aquí, entre nosotros, no tienes un lugar.

Respecto a los homosexuales, el catecismo de la Iglesia Católica, edición de 1992, dice, en los números 2358 y 2359: «Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición. Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana». La Iglesia hace una clara distinción entre homosexualidad y actos homosexuales. Mientras que al homosexual, como hemos visto, lo acoge con respeto, compasión y delicadeza, declara que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados». La consecuencia es que, a través de las relaciones homosexuales, estas personas no encuentran la verdadera felicidad.

La mejor forma de ayudar a un amigo o una amiga homosexual es brindándole una amistad desinteresada, como sugiere la Iglesia, ofreciéndole también orientación, información y consejo respecto a su problema, en la medida en que acepte recibirlos. Son dos cosas distintas. La amistad no es para dar consejos. Si tu amiga no los quiere recibir, de todos modos puedes seguir brindando tu amistad. Pero si acepta el consejo, dile que es hija de Dios y que Él la ama, infórmale lo que dice la doctrina de la Iglesia y sugiérele que asista a terapia psicológica, no solamente por su homosexualidad, sino también por los otros problemas que ha manifestado. Pero hay que tener mucho cuidado con la elección del psicólogo, porque hay un gran desacuerdo respecto a este tema: muchos de ellos consideran que la homosexualidad es una condición normal; otros más consideran que es un asunto sobre el que no hay nada que hacer y sólo unos pocos consideramos que existe al menos una pequeña posibilidad de recuperación.

Las oraciones por tu amiga son buenas, por supuesto, sigue orando por ella. Pero también ofrécele tu amistad y si es posible, la oportunidad de relacionarse con otros amigos, de ambientes sanos, que le ayuden a sentirse aceptada. Cuando tengas dudas, pregúntate qué dice el amor cristiano, qué haría Jesús en tu lugar.

EL OBSERVADOR 446-4

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PINCELADAS
Óptica y acústica
Por Justo López Melús *

El cristianismo es cuestión de óptica y acústica. De óptica, para descubrir el rostro de Dios, a pesar de todos los disfraces con que se presenta. De acústica, para recibir su mensaje, en cualquier longitud de onda, desde cualquier estación emisora. Como dice un maestro del hasidismo hebreo, el hombre es el lenguaje de Dios.

Cuando el primer astronauta Yuri Gagarin dijo que en su paseo por el espacio no había tenido la fortuna de toparse con Dios, un sacerdote de Moscú replicó: «Es natural. Si no lo has encontrado en la tierra, no lo encontrarás jamás en el cielo». El que no reconoce a Dios en el hombre de la calle, no encontrará a Dios en el templo, ni en su corazón, ni en este mundo, ni en el otro.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 446-5

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DOCUMENTOS
Mensaje de Juan Pablo II sobre la dignidad y derechos de los discapacitados mentales
«Sólo si se reconocen los derechos de los más débiles se puede decir que una sociedad está fundada en el derecho y en la justicia»

El pasado 8 de enero la Oficina de Prensa de la Santa Sede hizo público un mensaje del papa Juan Pablo II a los participantes en un simposio internacional sobre «Dignidad y derechos de la persona discapacitada mental». El encuentro, organizado del 7 al 9 de enero en el Vaticano por la Congregación para la Doctrina de la Fe, coincide con el final del «Año europeo de las personas discapacitadas».

Los derechos de los más débiles

«La persona discapacitada -se lee en el mensaje-, aun cuando es herida en la mente o en sus capacidades sensoriales e intelectivas, es un sujeto plenamente humano, con los derechos sagrados e inalienables propios de toda criatura humana. Sólo si se reconocen los derechos de los más débiles se puede decir que una sociedad está fundada en el derecho y en la justicia».
El vicario de Cristo pone de relieve que «una sociedad que únicamente diera espacio a los miembros plenamente funcionales, totalmente autónomos e independientes, no sería una sociedad digna del ser humano. La discriminación sobre la base de la eficiencia no es menos condenable que la que se realiza sobre la base de la raza o el sexo o la religión».

Más amor a quien más lo necesita

«Por encima de cualquier otra consideración o interés particular o de grupo -continúa- es necesario tratar de promover el bien integral de estas personas, sin negarles el apoyo y la protección necesarios incluso cuando suponga una mayor carga económica y social. Quizá más que otros enfermos, los sujetos mentalmente retrasados tienen necesidad de atención, afecto, comprensión, amor: no se les puede dejar solos, desarmados e inermes, en la difícil tarea de afrontar la vida».

Dimensión sexual y afectiva

Juan Pablo II escribe que en este sentido «merece una especial atención el cuidado de las dimensiones afectivas y sexuales de la persona discapacitada. Se trata de un aspecto con frecuencia eliminado o afrontado de manera superficial y reductiva o incluso ideológica».
«La dimensión sexual es, sin embargo, una de las dimensiones constitutivas de las persona que, en cuanto creada a imagen de Dios Amor, está originariamente llamada a manifestarse en el encuentro y en la comunión», añade.
«El presupuesto para la educación afectivo-sexual de la persona con discapacidades está en la convicción de que tiene la misma necesidad de cariño que cualquier otra persona -aclara-. También ella tiene necesidad de amar y de ser amada, tiene necesidad de ternura, de cercanía, de intimidad».
«La realidad, por desgracia, es que la persona con discapacidades tiene que vivir estas legítimas y naturales exigencias en una situación de desventaja, que se convierte cada vez más evidente con el paso de la edad infantil a la adulta», reconoce.
«La persona discapacitada, si bien tiene lesiones en su mente y en sus dimensiones interpersonales, busca relaciones auténticas en las que poder ser apreciada y reconocida como persona», indica.
Pide el Pontífice para las personas que viven esta situación un apoyo educativo continuo y discreto: «Las experiencias realizadas en algunas comunidades cristianas han demostrado que una vida comunitaria intensa y estimulante, un apoyo educativo continuo y discreto, la promoción de contactos amigables con personas adecuadamente preparadas, la costumbre de canalizar las pulsiones y de desarrollar un sano sentido del pudo como respeto de la propia intimidad personal, logran con frecuencia reequilibrar afectivamente a la persona con discapacidades mentales y le llevan a vivir relaciones interpersonales ricas, fecundas y gratificantes».
«Demostrar a la persona discapacitada que se le ama, significa revelarle que para nosotros tiene valor -aclara Juan Pablo II-. La escucha atenta, la comprensión de las necesidades, el compartir los sufrimientos, la paciencia en el acompañamiento son asimismo caminos para introducir a la persona discapacitada en una relación humana de comunión para hacerle percibir su valor, para hacerle tomar conciencia de su capacidad de recibir y de dar amor».

Signo de la fragilidad humana

«Sin duda -añade- las personas discapacitadas, desvelando la gran fragilidad de la condición humana, son una expresión del drama del dolor, y en este mundo nuestro, sediento de hedonismo y hechizado por la belleza efímera y falaz, sus dificultades son percibidas con frecuencia como un escándalo y una provocación y sus problemas como un peso que hay que remover o resolver cuanto antes».
«Ellas, sin embargo, son imágenes vivientes del Hijo crucificado -subraya el Papa-. Revelan la belleza misteriosa de Aquél que por nosotros se vació y se hizo obediente hasta la muerte».

Testigos privilegiados

«Por eso, y con razón, se ha dicho que las personas con discapacidades son testigos privilegiados de humanidad. Pueden enseñar a todos qué es el amor que salva y pueden convertirse en mensajeras de un mundo nuevo, que no está dominado por la fuerza, la violencia y la agresividad, sino por el amor, la solidaridad, la acogida, un mundo nuevo transfigurado por la luz de Cristo, el Hijo de Dios, encarnado por nosotros, crucificado y resucitado», concluye.

EL OBSERVADOR 446-6

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Algo más que quejarse
Por Antonio Maza Pereda

Yo creo que será muy raro el mexicano que oiga la radio, lea los periódicos o vea la televisión que esté satisfecho con los resultados que está dando lo que ha dado en llamarse la clase política. Por donde quiera escuchamos a la gente (y nos escuchamos) criticar y quejarse, imparcialmente, de los tres poderes de la unión y de los niveles federal, estatal y municipal. Y no les falta razón a quienes critican la cortedad de miras, la falta de generosidad, el poner a sus partidos por encima del bien de la patria, la ineptitud, la frivolidad y la falta de seriedad, entre otras muchas cosas que han abundado en este año recién terminado. Ya empieza a percibirse un cansancio de la ciudadanía hacia los políticos. Todavía no llegamos a estar hartos como los argentinos, que al hablar de sus políticos decían: «Que se vayan todos». Pero no estamos lejos.

En particular, la gran carencia que tiene nuestra vida pública es una carencia de ideas. Seguimos oyendo las mismas recetas, una y otra vez fallidas, las mismas cantaletas demagógicas, los mismos argumentos ineficaces. ¿Es que no hay nadie con ideas novedosas para estas situaciones que la nación enfrenta? La verdad, no creo que de los partidos actuales vayan a venir las nuevas ideas. Grandes y pequeños, todos han mostrado la misma falta de creatividad. Pero, ¿qué podemos hacer usted y yo? Bien poco, parecería. Pero, por otro lado, lo cierto es que, además de quejarnos, no nos gusta participar. De hecho, la participación en las cosas públicas no es uno de los valores que el mexicano tenga en alta estima. Alguien, no se quién, nos convenció de que hablar de política y de religión es de mala educación. Y así vamos, quejándonos pero sin proponer. Como sociedad tenemos que adquirir el hábito de proponer, discutir, evaluar, dar alternativas. Una de las bases de una democracia es lo que los especialistas llaman la formación democrática de opinión. Esta ocurre cuando los ciudadanos debaten, discuten, proponen. Cuando las cosas públicas son tema de conversación. Cuando nos sentimos responsables de opinar, de proponer.

Otra cosa es que esa propuesta llegue a los diversos medios. En México, como en muchos otros países, la opinión pública es algo muy diverso de la opinión publicada. En fin, tenemos que opinar, proponer, debatir. Tenemos que hacer del debate un hábito nacional, que sustituya al deporte de la queja y de la crítica negativa. ¿Que no sabemos mucho? Bueno, ¿cree usted que nuestros políticos están brillando por su saber? Que no nos harán caso. ¿Nos hacen caso ahora? Si no nos lanzamos a proponer y debatir soluciones, no creo que haya nada que mágicamente vaya a cambiar nuestras situaciones.

EL OBSERVADOR 446-7

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CULTURA
¿Categórico, hipotético, disyuntivo?
Por Carlos Díaz

1. Si existe algún imperativo categórico es éste: no dejes que los demás hagan por ti lo que pudiste tú hacer por ellos. Desde luego resulta infinitamente más fácil predicar que dar trigo.

2. Recuérdese a aquel joven jonio que aparece en Atenas envuelto en una túnica purpúrea con bordes de oro, al que le preguntan por su patria y él contesta: 'Yo soy rico'.
Y si existe alguna máxima de la conciencia moral digna de nuestro agrado, es ésta: sólo se posee lo que se regala.
O lo que es lo mismo: sólo se vitaliza lo que se ama; amar al otro es decirle: 'mientras yo viva tú no has de morir'.

3. Egocentrismo: generalmente los elefantes se dibujan más pequeños que al natural, pero la pulga siempre más grande. Su Majestad el Ego, señor mío. Hinchado, tumescente: «Vio cierta rana a un buey, y le pareció bien su corpulencia. La pobre no era mayor que un huevo de gallina, y quiso, envidiosa, hincharse hasta igualar en tamaño al fornido animal. - Mirad, hermanas, decía a sus compañeras, ¿no soy aún tan grande como él? Y el bichuelo infeliz hinchose tanto que reventó» (La Fontaine).

4.Aquel presuntuoso puso un buzón de correos sobre su propia tumba para contestar las cartas.
Su Superyo, señor mío.

5.Según Pausanias, un complot para entregar una ciudad fue descubierto por el bramido de un asno, el graznido de las ocas salvó el Capitolio, y la conspiración de Catilina fue traicionada por una prostituta.
Y dígame: ¿cuáles son sus ruidos favoritos, en qué los emplea? ¿qué hará usted por la noche?.

6. El tonto reputa verdadera exclusivamente aquella opinión que concuerda con la suya propia; en caso contrario la declara solemnemente equivocada y fumigable: «Hay hombres tan arrogantes -decía Nietzsche- que no son capaces de alabar a un gran hombre al que admiran, más que concibiéndoles como un eslabón o una vía que conduce a ellos mismos».
Pero el inteligente se enriquece con la verdad del otro, aunque discrepe. Lo que interesa al inteligente no es llevar razón siempre y a cualquier precio, sino aprender en cualquier circunstancia. Para ello pregunta y aprende a equivocarse.
El tonto siempre pierde por querer ganar siempre, y el listo gana siempre aunque pierda.

7.Mejor si sonríe. Sonría, por favor. El pesimista piensa que la realidad es pésima. Por ejemplo, aquel que trabajaba en un sistema de historia natural clasificando a los animales de acuerdo con la forma de sus excrementos y que, cuando llegaba al hombre, veía en él sólo las inmundicias despreciables y pasaba por alto las realidades dignas de admiración. Que, por cierto, eran mucho más numerosas, para él invisibles porque no sabía contemplar lo esencial.

8.El hipocondriaco asegura que no es la fuerza del espíritu sino la del viento la que le ha llevado a donde se encuentra. Mas cuando el viento le lleva a mal puerto se inculpa a sí mismo por mal timonel. Caso clínico, pero común.
Mire, no me importa en absoluto que usted me diga que no es que sea bueno sino que está contento. Por algo se empieza.

9.El fatalista es el sistemático de la pereza. Haga lo que haga, todo le refortalecerá en su fatalismo sistemático.
Cuando usted llora, las lágrimas no le dejan ver el sol. Sin embargo el sol sale a pesar de los negros nubarrones, así que ya me está sonriendo. Sonría, por favor, que está bastante más guapo.

10.No resulta tan fácil dar razón del corazón, y menos aún darlas de corazón, y aún menos darlas simultaáneamente de cor-razón.
La mayoría de los humanos no sienten, creen sentir; pero también a la inversa: sienten cuando no lo creen. Creen que saben y no saben, creen que creen y no creen; pero también ocurre que saben que creen aunque no lo sepan y no creen que creen aunque crean. Señor, señor...

11.Hay que creer en alguien en su totalidad para concederle realmente la confianza en el detalle.
En todo caso, el conocimiento perfecto exige el amor perfecto, que no es un pretencioso amor pluscuamperfecto, sino otra cosa.

EL OBSERVADOR 446-8

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COMUNICACIÓN
Ser católico influyó en la vida y la obra de Tolkien
Habla Eduardo Segura, profesor de la Universidad Católica de San Antonio de Murcia, y consultor de Peter Jackson para la realización de las películas de El Señor de los Anillos:


Esta obra viene cautivando a generaciones de lectores desde su publicación en el bienio 1954-55. Es evidente que la atención del cine ha provocado un nuevo impulso en el descubrimiento de la obra de Tolkien; pero no es algo nuevo. Respecto de las claves del éxito de esta obra literaria, me centraré en uno de ellos: el consuelo que proporciona encontrar una historia conmovedora, escrita de manera magistral, y que versa sobre temas atemporales como la muerte, el deseo de permanecer más allá de las fronteras del tiempo, la lealtad a la palabra dada, el combate moral que se da dentro del corazón de cada ser humano, la necesidad del compromiso, el amor a la naturaleza -no un simple ecologismo de etiqueta-, la misericordia y la compasión.

Uno de los grandes atractivos del mundo literario de Tolkien, no sólo el contenido en El Señor de los Anillos, es su autonomía respecto de elementos «teológicos» cristianos. Por otro lado, y ésta es una diferencia esencial, en el mundo de Tolkien no ha habido ni Revelación ni Encarnación. Sin embargo, hay elementos fácilmente reconocibles como «cristianos». Pero lo son porque el alma de su autor estaba profundamente informada por el catolicismo. De la abundancia de su corazón habló su pluma, podríamos decir.

Pienso sinceramente que algunos de los valores [de El Señor de los Anillos] son tan nucleares, están tan en la raíz de esa obra, que han permanecido a pesar de los cambios argumentales y de las alteraciones que ha llevado a cabo el equipo de guionistas. La esperanza, la amistad leal, la renuncia a la comodidad para comprometerse por un ideal, la alegría tras la victoria peleada sin tener en cuenta el premio, el amor que trasciende lo meramente corpóreo, creo que son todos ellos elementos que se ven de algún modo en la versión de Peter Jackson. Una adaptación notable, desde cualquier punto de vista.

(Resumido de Veritas)

EL OBSERVADOR 446-9

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DEBATE
¿Seguiremos dando culto a María?
Por Walter Turnbull

No sé desde cuándo, pero de determinado momento para acá -por lo menos desde el siglo XVI- el culto a María ha despertado recelo y controversia.

Católicos centrados ven en este culto un peligro de idolatría: de ignorar a Dios y adorar a María, o de poner a María por encima de Dios; y tienen razón. Los protestantes más aguerridos creen que en el culto a María -y algunos que hasta en María- está presente el demonio (comparado con eso los misterios de la doctrina católica resultan entendibles y fáciles de creer). Algunos católicos modernistas que han leído demasiado temen que la devoción a María podría comprometer una ortodoxa posición cristocéntrica.

¿Es el culto a María un error comprensible pero destinado a desaparecer? ¿El reconocimiento de la importancia de María en la historia de la salvación tiende a disminuir? ¿Debemos relegar a María para concentrarnos exclusivamente en Jesucristo?

En este caso la respuesta de Dios viene rápido. Apenas empezado el Evangelio según san Juan (segundo capítulo) y apenas comenzado el tiempo ordinario (segundo domingo) la Palabra de Dios nos trae a contemplación el pasaje de las bodas de Caná. De cada renglón, de cada palabra de este pasaje han sacado los buenos predicadores significados y mensajes para nuestro aprovechamiento. Yo quiero en este momento enfocar la importancia de María en la economía de la salvación.

San Juan nos quiere señalar, desde la primera manifestación pública del poder de Jesús, la presencia de María y su formidable capacidad para interceder por nosotros. Es como si Dios quisiera por segunda vez pedirle a María su asentimiento para actuar. Como si María, como Madre de Dios, tuviera que darle permiso a Jesús para comenzar su obra. Para San Juan la presencia de María no solo es buena, sino que es necesaria.

Y apenas empezado el año, en su primera audiencia general de 2004, Juan Pablo II nos recalca (otra vez la respuesta llega rápido):

«María... en Navidad, ofrece a Jesús a la humanidad. En la cruz, en el momento supremo del cumplimiento de la misión redentora, Jesús ofrecerá como don a todo ser humano a su misma Madre, como herencia preciosa de la redención».

«El tiempo de Navidad nos hace recobrar conciencia de este misterio, presentándonos a la Madre del Hijo de Dios como copartícipe en los acontecimientos culminantes de la historia de la salvación. Apoyados y confortados por su protección maternal, podremos contemplar con nuevos ojos el rostro de Cristo y caminar más rápidamente por las sendas del bien».

Y constantemente sigue insistiendo: «Recen el Rosario».

Por algo será que la inmensa mayoría (yo creo que son todos, pero para no arriesgarle vamos a dejarlo en «la inmensa mayoría») de los grandes santos han tenido una enorme devoción a María. Perdón, quise decir «la santísima Madre de Dios y madre nuestra, la gloriosa Siempre Virgen María».

EL OBSERVADOR 446-10

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COLUMNA HUÉSPED
Acabarán penalizando a los heterosexuales
Por Vittorio Messori

A partir de la primera mitad del siglo XIX, con la ocupación francesa de Argelia y a medida que continuó la expansión colonial en el norte de África, los homosexuales europeos descubrieron una especie de soñada tierra prometida y corrieron en masa hacia allí. No porque entre los árabes el porcentaje de «diferentes» fuera más elevado que en otro lugar, sino porque la impenetrable barrera que en aquellos países separa hombres y mujeres, empuja a los jóvenes que esperan al matrimonio a buscarse..., ¿cómo decirlo?, una especie de «sustituto».

A esta función se prestaron con entusiasmo los homosexuales, primero europeos y después también americanos, que nos dejaron también descripciones de sus aventuras y entraron en la historia de la literatura: André Gide, Oscar Wilde, por decir sólo dos nombres. Además, precisamente por este motivo muchos se enrolaron como voluntarios entre las tropas coloniales, pidiendo ser enviados a aquellas tierras, tan agradables para ellos.

Aunque empezaron siendo un número limitado, con el fenómeno del turismo de masas los occidentales se han convertido en legión. Hay quien dice que la mayoría de los jóvenes norteafricanos ha tenido al menos alguna experiencia de este tipo con europeos o americanos. De ahí el desprecio generalizado, dado que, para aquellas culturas, el afeminado, el pasivo, el hombre que se reduce al papel de mujer es lo más despreciable. La pena es que precisamente a este tipo humano se reduce, para muchos, la noción de «blanco». Es decir, que en aquel mundo, Occidente se identifica con el gay que se propone y paga por apartarse tras un matorral o en cualquier habitación de alquiler. Y la imagen que se llevan aquellos árabes no es precisamente entusiasta.

Más datos significativos: la célebre banca de negocios J.P. Morgan, una de las más poderosas del mundo, considerada el bastión de la comunidad hebrea americana, ha comenzado hace poco una campaña de contratación de directivos. Los requisitos son tener una buena titulación en una buena universidad y la declaración -sea hombre o mujer- de ser homosexual. La campaña fue presentada el pasado otoño en Londres en una rueda de prensa, en la que los dirigentes explicaron que, de esta manera, la J.P. Morgan demostraba ser «una empresa iluminada». En efecto, poco después, la otra gran banca anglosajona, la Goldman Sachs, ha anunciado una iniciativa similar. El periódico L Unitá comentaba: «Ser gay o lesbiana se está transformando de ser un problema a ser una oportunidad, hasta el punto de preguntarse si no estaremos yendo hacia un privilegio que penalice a los heterosexuales».

Por lo demás, en EU los departamentos federales para la investigación médica están ya establecidos según un criterio que respeta lo «políticamente correcto», y el privilegio homosexual es evidente en el hecho de que la suma mayor es para el SIDA, problema que concierne de modo particular a la comunidad gay. Como entidad de fondos puestos a disposición del gobierno, le sigue el cáncer de útero: aquí se ha hecho sentir la presión del lobby feminista. Mucho menores son las cantidades dedicadas al cáncer de próstata, que estadísticamente es más difuso y que tiene unos métodos de cura que exigirían muchas investigaciones posteriores. Pero, como ya sabemos, los hombres heterosexuales no son politically correct y, por tanto, sus problemas interesan bastante menos a los políticos estadounidenses.

(Fuente: www.larazon.es)

EL OBSERVADOR 446-11

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CARTAS A LA REDACCIÓN
¿Pueden comulgar los políticos que apoyan el aborto?

Valentía, coherencia, coraje. No encuentro palabras mejores para definir la actitud del obispo de La Crosse (Wisconsin), Raymond Burke, al promulgar un decreto en el que se prescribe negar la comunión a los políticos católicos que apoyen el aborto o la eutanasia. El decreto se titula «Por la dignidad de la vida humana y la responsabilidad cívica». Y es que ambas cosas no se deben separar. Si la vida es un derecho fundamental, y base de otros derechos, no puede haber, en este tema tan importante, falsos compromisos.

No cabe nunca apoyar con el voto iniciativas legales que permitan atentados contra la vida humana tan graves como el aborto o la eutanasia. La misión de la Iglesia no puede abdicar de estos principios. La Iglesia no ha sido fundada para legitimar lo «políticamente correcto», sino para predicar el Evangelio y defender la dignidad del hombre. ¡Ojalá cunda el ejemplo! ¡Ya era hora!

Guillermo Juan Morado/ Mondariz

EL OBSERVADOR 446-12

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FIN

 
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