El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
8 de febrero de 2004 No.448

SUMARIO

bulletPORTADA - El debate entre quienes defienden la vida y quienes la mentira
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - El triunfo del mal es sólo aparente
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Le gusto, no le gusto…
bulletLa píldora del «día siguiente» -Tres reflexiones-
bulletPINCELADAS - Grandes facilidades
bulletDOCUMENTOS - Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo 2004
bulletNUESTRO PAÍS - Día de los derechos de la Mujer
bulletDEBATE - Santa Sede: La «píldora del día después» es un producto abortivo
bulletEl aborto, según el Catecismo de la Iglesia Católica
bulletCarta abierta a un embrión congelado
bulletEl señorío de Dios y la propia vulnerabilidad

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Comisión Episcopal de Pastoral Familiar: «no siempre hay excomunión»
El debate entre quienes defienden la vida y quienes la mentira, toca su punto culminante: «la persona es persona desde la concepción y no desde la implantación en el útero materno», advierte la Iglesia
El Observador / Redacción

«Es la mentira lo que encontramos siempre, siempre, detrás de la cultura de la muerte, incompatible con el menor asomo de honradez», escribió hace poco uno de los mejores articulistas españoles de la actualidad: Ramón Pi. Mentira hubo en el caso Roe vs. Wade, que legalizó el aborto en Estados Unidos. Mentira en la sentencia Doe vs. Bolton que abrió el paso franco al aborto a petición de la mujer en cualquier momento del embarazo. El «doctor muerte» (Bernard Nathanson) ha confesado -ya convertido al catolicismo- que inventó estadísticas, datos, números para llevar a cabo abortos. Desde 1973, por la mentira, han sido asesinados 35 millones de niños en el vecino país del Norte. Hoy la mentira migra al sur de América, donde vivimos la mitad de los católicos de todo el planeta.

Parecía que en México las cosas caminaban por otro lado. Pero desde que la llamada «píldora de emergencia» fue aceptada dentro de la Norma Oficial Mexicana de Servicios de Planificación Familiar por la Secretaría de Salud hace un par de semanas, pareciera ser que la mentira -ésa que tanto daño le hace a la dignidad de la persona humana- ha instalado sus reales en nuestro territorio.

Sujeto titular de todos los derechos, empezando con el derecho a la vida

Comencemos por hacer una aclaración: la «píldora del día siguiente» aprobada en México no es la RU 486, píldora claramente abortiva. Lo que se ha aceptado es un compuesto hormonal que se debe administrar las 72 horas siguientes a la relación sexual. Su efecto es inhibir la ovulación, impidiendo de este modo la fecundación; o, si ya ha habido fecundación, impedir la anidación del óvulo fecundado. ¿Resultado? En este último caso, un aborto.

La píldora ejerce una acción directa sobre el embrión precoz para impedir su anidación y desarrollo. «La persona es persona desde la concepción, no desde la implantación», ha dicho el filósofo y especialista en bioética Rodrigo Guerra López. Por ello, añade, «el óvulo recién fecundado es sujeto titular de los derechos fundamentales, incluido el derecho a la vida».

Por su parte, la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, que preside el obispo de Matehuala, Rodrigo Aguilar Martínez, advierte: «Algunos llaman pre-embrión al óvulo fecundado hasta su implantación en el útero; pero con dicho término se trata de una suerte de manipulación del lenguaje, en la búsqueda de negar el estatuto personal del embrión precoz».

Defensa de las compañías trasnacionales en el llamado aborto cómodo

Este domingo 8 de febrero se celebra el Día de los Derechos de la Mujer. Algunos y algunas han querido introducir como «derecho» de la mujer el uso de estos métodos, olvidándose que no es el cuerpo de la mujer sino una persona diferente la que se está gestando en su seno, tal como afirma el filósofo español Julián Marías, en su célebre ensayo sobre la visión antropológica del aborto. Por lo demás, tal como advierte el comunicado de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, el uso de la «píldora del día siguiente» lleva en sí mismo muchos riesgos para la salud de las mujeres, pues se trata de una especie de «bomba hormonal» que daña y provoca efectos colaterales múltiples en las que la toman.

Desde luego estos riesgos fisiológicos se han minimizado: «se trata de proteger un negocio (el de las farmacéuticas) no los derechos ni la salud de la mujer», ha declarado a El Observador el padre Prisciliano Hernández Chávez, O. R. C. El 31 de octubre de 2000, la Academia Pontificia para la Vida, pidió a los gobiernos y a la comunidad médica que dijeran las cosas por su nombre, que esta píldora era abortiva, pues «resulta claro que la intención de quien pide o propone el uso de dicha píldora tiene como finalidad directa la interrupción de un eventual embarazo». Con premeditación, alevosía y ventaja. Por ello, la psicóloga Yuso Cervantes dice: «Es un aborto cómodo: no hay dolor para la mujer; no hay intervenciones quirúrgicas ni raspados, nadie se entera… Si maté a un ser humano no me importa, porque no me entero».

Si se conoce el riesgo se acepta la responsabilidad de cometer un aborto

Obviamente, tras de las consecuencias físicas están, en lo hondo de la mujer, las consecuencias morales. La mujer, a la que el profesor Antonio Maza Pereda llama «ángel guardián de la fe», contempla cómo se refuerza el ejercicio irresponsable de la sexualidad. El pecado de la anticoncepción puede derivar en el gravísimo pecado de aborto «ya que al impedir la implantación del óvulo, se está cometiendo un aborto, un atentado directo y voluntario contra la vida de un inocente», ha afirmado la Comisión Episcopal que preside monseñor Aguilar Martínez. Y lanza una advertencia: «No se ve cómo, conociendo que existe este riesgo, la persona que toma el fármaco pueda no estar aceptando la responsabilidad de cometer un aborto».

«La píldora de 'emergencia' es una píldora abortiva debido a que priva del derecho a la vida a una persona humana», concluye su análisis Guerra López. La Suprema Corte de la Nación ha aceptado que la vida comienza en la concepción misma del ser humano. Por lo tanto, la aprobación de la píldora por el gobierno podría ser anticonstitucional. De acuerdo a declaraciones del presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el obispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, la propia Conferencia estaría estudiando si antepone un recurso de nulidad por violación a la Constitución, norma vigente en México.

No por el hecho de tomar la pastilla la mujer queda excomulgada

Atraídos por el escándalo, algunos medios de comunicación han advertido que la Iglesia católica mexicana está lanzando excomuniones a diestra y siniestra. Una vez más, mienten. El comunicado de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar es muy claro al respecto: 1. Quien cometa o procure un aborto está en pecado mortal y enfrenta la pena canónica de excomunión «automática». 2. La excomunión es una realidad muy grave. Por ello, además de plena advertencia, plena libertad y pleno consentimiento, se requiere, para ser excomulgado, que el acto (en este caso el aborto) se produzca. 3. No cae en excomunión automática quien intenta el aborto pero éste no se produce ni quien comete un aborto sin la intención deliberada de cometerlo. Tampoco quien desconoce que el aborto está penado con excomunión; sin embargo, quien intenta el aborto o sabe que hay probabilidad de que se produzca, comete pecado de aborto.

En el caso de la «píldora del día siguiente», no hay certeza de que siempre que se tome se produzca un aborto. «Por lo tanto, dice la Comisión de Pastoral Familiar, es difícil hablar de excomunión... Además, muy probablemente, una persona puede tomar esta pastilla no con la deliberación voluntaria de cometer un aborto, sino de evitar la concepción». Aunque la responsabilidad contraída por quien toma el fármaco es enorme la persona «no por el hecho de tomar esta pastilla queda excomulgada, salvo en el caso de que lo hiciera con la certeza de haber concebido y con la intención deliberada de destruir el producto de la concepción ante de que éste se implante, y cuando, de hecho, se verifica la expulsión del óvulo fecundado, sabiendo que este acto está penado con la excomunión», termina diciendo el comunicado de los obispos.

EL OBSERVADOR 448-1

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


EL RINCÓN DEL PAPA
El triunfo del mal es sólo aparente

Del salmo 10 Juan Pablo II dijo en audiencia general que es «una breve oración de confianza que, en el original hebreo, está salpicada por el nombre divino sagrado Adonai, el Señor. En la apertura se escucha el eco de este nombre (versículo 1), aparece en tres ocasiones en el centro del salmo (vv. 4-5) y vuelve a aparecer en el final (v. 7).

«El tono espiritual de todo el canto está bien expresado por el versículo conclusivo: el Señor es justo y ama la justicia. Éste es el motivo de toda confianza y el manantial de toda esperanza en el día de la oscuridad y de la prueba.

«El salmo se desarrolla en dos escenas. En la primera (vv. 1-3), se describe al impío en su triunfo aparente. Es el perverso que tensa su arco para disparar contra el fiel. Este último, por este motivo, quisiera huir como un pájaro al monte. Se da una especie de desaliento en el fiel que se siente sólo e impotente.

«Viene entonces el gran cambio, descrito en la segunda escena (vv. 4-7). El Señor, sentado en su trono celestial, abarca con su mirada penetrante todo el horizonte humano. Es sumamente sugerente y consoladora la imagen del ojo divino, cuya pupila analiza fija y atentamente nuestras acciones. El Señor no es un soberano remoto, cerrado en su mundo dorado, sino una presencia vigilante que está de la parte del bien y de la justicia.

«El justo prevé que, como sucedió en Sodoma, el Señor hará llover sobre los malvados ascuas y azufre, símbolos del juicio de Dios que purifica la historia, condenando el mal.

«El salmo, sin embargo, no concluye con esta imagen trágica de castigo y condena. El último versículo abre el horizonte a la luz y a la paz destinadas para el justo, que contemplará a su Señor, juez y justo, pero, sobre todo, liberador misericordioso: los buenos verán su rostro. Es una experiencia de comunión gozosa y de serena confianza en el Dios que libera del mal».

EL OBSERVADOR 448-2

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Le gusto, no le gusto…
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
Me gustaba un chavo del trabajo a quien no había visto desde que me salí. Le llamé, me contestó muy amable pero su prima me dijo que él se había disgustado, por lo cual no le hablé más. Después una compañera de la escuela que vive en su casa me comentó que lo había visto con una chava abrazado, que a lo mejor era su novia; le pregunté a su prima y me dijo que sí, que ya tenía novia.
Pero lo vi el domingo y él fue el que me habló muy amable y me saludó. Después yo le comenté que por qué tan solo, y él me dijo que solo siempre ha andado, y le dije: «¿Por qué no trajiste a tu novia?», y me dijo: «No tengo». Después de la Misa ya no me dirigió la palabra.
Él sabe que me gusta y yo no sé si le intereso. No sé qué hacer, además de que me siento sola porque mis papás me presionan diciéndome que ya soy grande, que ya debo de tener novio. Pero las personas que me han hablado para su novia no me gustan, no me siento a gusto con ellas y el que me gusta no me hace caso.

RESPUESTA:
Discúlpame si te parece duro lo que te voy a decir, pero ¿por qué pierdes el tiempo en tonterías? Te gusta un chavo y a él no le interesas del mismo modo: salúdalo amablemente cuando te lo encuentres, y a otra cosa. Que si tiene novia, que si no, que la prima dijo... olvida todo eso. Si le interesaras, ya te lo habría hecho saber, ¿o crees que él está esperando a que tú te le declares? No debes hacer eso.

Tú tienes derecho a tener como pareja, si la encuentras, a un hombre que se interese auténticamente en ti, que te lo manifieste, que quiera caminar contigo. No sé si va a llegar o no. Pero tú no debes andar buscándolo. Lo que tienes qué hacer es vivir tu vida: trabajar, estudiar, practicar deporte, participar en grupos de la iglesia, tomar clases de pintura o cualquier otra cosa que te interese, ayudar a las personas necesitadas, qué se yo. Lo que quiero decir es que necesitas tener una vida plena, cumplir tu misión, tener objetivos personales... Es probable que en el camino te encuentres con alguien que quiera compartir tu vida, tener un proyecto común contigo, ser tu pareja, ¡qué bueno! Pero si no lo encuentras, no pierdas tiempo y energía ilusionándote con quienes no te muestran interés. No necesitas a un hombre para que tu vida tenga sentido ni para ser feliz. Pon este asunto y a ti misma en manos de Dios. Alguien que vive consciente de que es hija de Dios no puede sentirse sola.

Respecto a tus padres, no te dejes presionar por lo que te dicen. En cambio, pregúntales qué te aconsejan. Tal vez ellos han notado que te encierras demasiado, o que eres muy tímida, que te cuesta trabajo establecer relaciones, que no te interesas auténticamente por los demás o yo no sé. Si tienes alguno de estos problemas, puedes luchar por superarlos, pero no para tener novio, sino para ser más feliz, para ser mejor persona. Si como resultado de esto encuentras un novio, qué bien, pero ese no es el objetivo, sino una consecuencia.

Ya no hagas tormentas en un vaso de agua: sé feliz.

La psicóloga Cervantes responderá por este medio las preguntas que le envíen a El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al tel. 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 448-3

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


La píldora del «día siguiente»
-Tres reflexiones-
Por Yusi Cervantes


I La eficacia de la píldora.-Supongamos que la relación sexual se lleva a cabo días antes o después de la ovulación La píldora del día siguiente alterará el ciclo hormonal (impide la maduración del óvulo y espesa el moco uterino), pero haberla tomado para evitar un embarazo habrá sido completamente inútil, puesto que no había posibilidades de que éste ocurriera. Cuando realmente funciona la píldora es cuando la relación sexual ocurre en los días fértiles de la mujer, es decir, cuando hay un óvulo con capacidad de ser fecundado. La píldora ya no puede evitar que madure el óvulo, porque éste ya está ahí. Tampoco tiene caso que espese el moco uterino al día siguiente, porque los espermatozoides ya penetraron el día anterior. Lo que hace entonces la píldora de emergencia, este extraordinario producto de la tecnología farmacéutica, es alterar a la matriz de modo que el huevo no pueda anidar en ella, por lo tanto muere y es expulsado. En otras palabras: se aborta al huevo, que no es otra cosa que un ser humano en sus primeros días de existencia.
Es un aborto cómodo: no hay dolor para la mujer, no hay intervenciones quirúrgicas, ni raspados, nadie se entera, por lo que los familiares no se angustian, no hay confrontación con el padre del niño no nacido. Es más, no se entera ni la mujer misma. Cuando ella se toma la pastillita lo más que puede saber es si estaba o no en sus días fértiles, pero no tiene la certeza de haber sido fecundada (el cuerpo y el alma saben, pero ese es otro tema). Así que la idea es: por si sí o por si no, me la tomo y me evito problemas. Si maté a un ser humano no me importa porque no me entero.
La píldora del día siguiente no es un método anticonceptivo, puesto que su función es para cuando la concepción ya ocurrió.

II El momento crucial.-¿A partir de cuándo tenemos alma? ¿En qué momento comienza un ser a ser humano? La Iglesia nos enseña que esto ocurre en el momento de la concepción. En realidad, éste es el único momento en el que hay un cambio radical: dos células se transforman en un ser completamente distinto. Cualquier otro momento es completamente arbitrario. ¿Qué diferencia hay entre el huevo que no se ha implantado respecto al que sí? Casi ninguna. ¿Qué diferencia hay entre un feto de tres meses y uno de tres meses y un día? Muy poca. A partir de la concepción, los cambios consisten en un aumento de células acelerado, en un crecimiento organizado y especializado, pero los cambios, de un día a otro, son apenas perceptibles.
Quienes dicen que no hay aborto al día siguiente piensan que si no hay implantación no hay embarazo; quienes dicen que la mujer tiene derecho a abortar -en diferentes momentos del embarazo y diferentes circunstancias, los criterios son muy diferentes- piensan que el huevo o el feto todavía no es un ser humano. Pero nosotros sabemos que sí lo es. Desde el momento de la concepción ahí hay un ser humano sobre cuya vida no tenemos derecho a decidir.

III Recuerdos y huellas lejanos.- Cada vez más se multiplican los testimonios de personas que guardan en su memoria acontecimientos que ocurrieron durante los primeros días de su existencia. Esta memoria es diferente a la que guardamos una vez que contamos con el lenguaje, pero eso no la hace menos válida. Hay personas que recuerdan que su madre intentó abortarlos, o que pensó en suicidarse cuando supo que estaba embarazada. Algunos manifiestan las huellas que les dejó haber sido embriones congelados. Haciendo un análisis cuidadoso de la personalidad, con frecuencia es posible saber si esa persona fue un bebé deseado, si la concepción fue gozosa, si fue bien recibida la noticia del embarazo, si ese hijo fue bienvenido desde los primeros días de la gestación.
Estos testimonios y descubrimientos confirman lo que ya sabíamos: el ser humano lo es desde la concepción; desde ese instante tiene alma; desde que un óvulo y un espermatozoide generan una vida nueva, Dios infunde en ese ser un espíritu completo.
Volvemos, pues, al mismo punto: puesto que la píldora del día siguiente tiene como objetivo eliminar al óvulo fecundado, que ya es un ser humano, es abortiva y por tanto, contraria a los derechos fundamentales de toda persona. Todo ser humano tiene derecho a que su vida sea respetada, no importa si es un niño ya nacido, o si su gestación lleva cinco meses, tres días o unas horas, en cualquier caso se trata de una vida humana.

EL OBSERVADOR 448-4

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PINCELADAS
Grandes facilidades
Por Justo López Melús *

Grande hubiera sido la bondad del Señor, dice el beato Mosén Sol, si se celebrase la Eucaristía aunque fuera en un solo lugar y una vez al año. Grande hubiera sido su misericordia si pudiéramos confesarnos aunque fuera muy lejos, y hubiera pocos confesores.

Pero el Señor nos ha dado muchas facilidades para comulgar y confesarnos. Aunque no era éste el caso de aquel isleño...

En el Sínodo de Obispos sobre la penitencia, un obispo irlandés comentó: «Un sacerdote confesaba en una isla. Un hombre de otra isla fue a confesarse: 'Padre, hace cinco años que no me confieso'. '¡Cuánto tiempo sin confesar!'. 'Mire, padre, vengo en avión desde otra isla. En estas condiciones confesar los pecados veniales es muy caro, y venir a confesarse de pecados mortales es peligroso'».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 448-5

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DOCUMENTOS
Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo 2004
En los 150 años de la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción
La Jornada se celebrará el 11 de febrero teniendo como eje mundial el santuario de Nuestra Señora de Lourdes.

1.La Jornada Mundial del Enfermo, celebración que anualmente tiene lugar en un continente diferente, asume en esta ocasión un significado singular. Se celebrará en Lourdes, Francia, localidad en la que la Virgen se apareció el 11 de febrero de 1858, y que desde entonces se ha convertido en meta de muchas peregrinaciones. La Virgen quiso manifestar en aquella región montañosa su amor maternal especialmente a los que sufren y a los enfermos. Desde entonces sigue haciéndose presente con constante esmero.
Se ha escogido ese santuario porque en el año 2004 se celebran los 150 años de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Era el 8 de diciembre de 1854 cuando mi predecesor de feliz memoria, el beato Pío IX, con la bula dogmática Ineffabilis Deus, afirmó ser «revelada por Dios la doctrina que afirma que la beatísima Virgen María fue preservada, por particular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Jesucristo, salvador del género humano, de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción» (DS 2803). En Lourdes, María, hablando en el dialecto del lugar, dijo: «Soy la Inmaculada Concepción».

2.Con estas palabras, ¿no quería expresar quizá la Virgen ese lazo que la une con la salud y la vida? Si por la culpa original entró en el mundo la muerte, por los méritos de Jesucristo, Dios ha preservado a María de toda mancha de pecado, y se nos ha dado la salvación y la vida (Cf. Rm 5, 12-21).
El dogma de la Inmaculada Concepción nos introduce en el corazón del misterio de la Creación y de la Redención (Cf. Ef 1, 4-12; 3, 9-11). Dios ha querido entregar a la criatura humana la vida en abundancia (Cf. Jn 10, 10), condicionando, sin embargo, esta iniciativa suya a una respuesta libre y de amor. Al rechazar este don con la desobediencia que llevó al pecado, el hombre ha interrumpido trágicamente el diálogo vital con el Creador. Al «sí» de Dios, fuente de la plenitud de la vida, se le opuso el «no» del hombre, motivado por la orgullosa autosuficiencia, precursora de muerte (Cf. Rm 5, 19).
Toda la humanidad quedó seriamente involucrada por esta cerrazón a Dios. Sólo María de Nazaret, en previsión de los méritos de Cristo, fue concebida sin culpa original y abierta totalmente al designio divino. De este modo, el Padre celeste pudo realizar en ella el proyecto que tenía para los hombres. La Inmaculada Concepción precede el intercambio armonioso entre el «sí» de Dios y el «sí» que María pronuncia con abandono total, cuando el ángel le lleva el anuncio celeste (Cf. Lc 1, 38). Su «sí», en nombre de la humanidad, vuelve a abrir al mundo las puertas del Paraíso, gracias a la encarnación del Verbo de Dios en su seno, por obra del Espíritu Santo (Cf. Lc 1, 35). El proyecto originario de la creación es restaurado de este modo y potenciado en Cristo, y en ese proyecto encuentra su lugar también ella, la Virgen Madre.

3.Aquí está el parte-aguas de la historia: con la Inmaculada Concepción de María comenzó la gran obra de la Redención, que tuvo lugar con la sangre preciosa de Cristo. En Él toda persona está llamada a realizarse en plenitud hasta la perfección de la santidad (Cf. Col 1, 28).
La Inmaculada Concepción es, por tanto, la aurora prometedora del día radiante de Cristo, que, con su muerte y resurrección, restablecerá la plena armonía entre Dios y la humanidad. Si Jesús es el manantial de la vida que vence a la muerte, María es la madre cariñosa que sale al paso de las expectativas de sus hijos, obteniendo para ellos la salud del alma y del cuerpo. Éste es el mensaje que el Santuario de Lourdes presenta constantemente a devotos y peregrinos. Éste es también el significado de las curaciones corporales y espirituales que se registran en la gruta de Massabielle .
Desde el día de la aparición a Bernadette Soubirous, María ha «curado» en ese lugar dolores y enfermedades, restituyendo también a muchos hijos suyos la salud del cuerpo. Sin embargo, ha realizado prodigios mucho más sorprendentes en el espíritu de los creyentes, abriéndoles al encuentro con su hijo, Jesús, respuesta auténtica a las expectativas más profundas del corazón humano. El Espíritu Santo, que la cubrió con su sombra en el momento de la Encarnación del Verbo, transforma el espíritu de innumerables enfermos que recurren a Ella. Incluso cuando no alcanzan el don de la salud corporal, pueden recibir siempre otro bien mucho más importante: la conversión del corazón, fuente de paz y de alegría interior. Este don transforma su existencia y les hace apóstoles de la cruz de Cristo, estandarte de esperanza, a pesar de las pruebas más duras y difíciles.

4. En la carta apostólica Salvifici doloris observaba que el sufrimiento pertenece a la vicisitud histórica del hombre, que tiene que aprender a aceptarlo y superarlo (Cf. n. 2). Pero, ¿cómo puede lograrlo si no es gracias a la cruz de Cristo?
En la muerte y resurrección del Redentor, el sufrimiento humano encuentra su significado más profundo y su valor salvífico. Todo el peso de tribulaciones y dolores de la humanidad está condensado en el misterio de un Dios que, asumiendo nuestra naturaleza humana, se ha aniquilado hasta hacerse «pecado por nosotros» (2 Cor 5, 21). En el Gólgota, cargó con las culpas de toda criatura humana y, en la soledad del abandono, gritó al Padre: «¿Por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46).
De la paradoja de la Cruz surge la respuesta a nuestros interrogantes más inquietantes. Cristo sufre por nosotros: carga sobre sí el sufrimiento de todos y lo redime. Cristo sufre con nosotros, dándonos la posibilidad de compartir con Él nuestros sufrimientos. Unido al de Cristo, el sufrimiento humano se convierte en medio de salvación. Por este motivo el creyente puede decir con san Pablo: «me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 24). El dolor, acogido con fe, se convierte en la puerta para entrar en el misterio del sufrimiento redentor del Señor. Un sufrimiento que ya no quita la paz y la felicidad, pues está iluminado por el fulgor de la resurrección.

5.A los pies de la Cruz sufre en silencio María, participando de manera especial en los sufrimientos del Hijo, y se constituye en madre de la humanidad, dispuesta a interceder para que toda persona pueda obtener la salvación (Cf. Juan Pablo II, carta apostólica Salvifici doloris).
En Lourdes no es difícil comprender esta participación singular de la Virgen en el papel salvífico de Cristo. El prodigio de la Inmaculada Concepción recuerda a los creyentes una verdad fundamental: sólo es posible alcanzar la salvación participando dócilmente en el proyecto del Padre, quien quiso redimir al mundo a través de la muerte y de la resurrección de su unigénito Hijo. Con el Bautismo, el creyente es integrado en este designio de salvación y es liberado de la culpa original. La enfermedad y la muerte, si bien siguen presentes en la existencia humana, pierden, sin embargo, su sentido negativo. A la luz de la fe, la muerte del cuerpo, vencida por la de Cristo (Cf. Rm 6, 4), se convierte en transición obligada hacia la plenitud de la vida inmortal.

6.Nuestra época ha dado grandes pasos en el conocimiento científico de la vida, don fundamental de Dios del que somos sus administradores. La vida debe ser acogida, respetada y defendida desde su inicio hasta su ocaso natural. Junto a ella, debe ser tutelada la familia, cuna de toda vida que nace.
Se habla ya comúnmente de «ingeniería genética» para aludir a las extraordinarias posibilidades que ofrece hoy la ciencia para intervenir sobre las fuentes mismas de la vida. Todo progreso auténtico en este campo no puede dejar de ser alentado, a condición de que respete siempre los derechos y la dignidad de la persona desde su concepción. Nadie, de hecho, puede arrogarse la facultad de destruir o de manipular de manera indiscriminada la vida del ser humano. Los agentes en el campo de la Pastoral de la Salud tienen la tarea específica de sensibilizar a cuantos trabajan en este delicado sector para que se sientan comprometidos a ponerse siempre al servicio de la vida.
Con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo deseo dar las gracias a todos los agentes de la pastoral de la salud, en particular a los obispos que en las diferentes conferencias episcopales atienden a este sector, a los capellanes, a los párrocos y a los demás sacerdotes comprometidos en este ámbito, a las órdenes y congregaciones religiosas, a los voluntarios y a cuantos no se cansan de ofrecer su testimonio coherente de la muerte y resurrección del Señor ante los sufrimientos, el dolor y la muerte. Quisiera extender mi reconocimiento a los agentes sanitarios, al personal médico y paramédico, a los investigadores, en especial a los que se dedican a la realización de nuevas medicinas, y a aquellos que producen medicinas accesibles a los que tienen menos posibilidades.

Les confío a todos a la Virgen Santísima, venerada en el Santuario de Lourdes en su Inmaculada Concepción. Que ella ayude a todo cristiano a testimoniar que la única respuesta auténtica al dolor, al sufrimiento y a la muerte es Cristo, nuestro Señor, muerto y resucitado por nosotros. Con estos deseos envío (...) a cuantos participan en la celebración de la Jornada del Enfermo una especial bendición apostólica.

EL OBSERVADOR 448-6

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


NUESTRO PAÍS
Día de los derechos de la Mujer
Por Antonio Maza Pereda

Entre las muchas cosas que nos ha generado la Organización de las Naciones Unidas, el día 8 de febrero celebramos el Día de los Derechos de la Mujer. Habría que empezar por decir que es cierto que se requiere vigilar que a las mujeres, a todas las mujeres, se les respeten los mismos derechos que a los hombres. Ciertamente, no hay ninguna razón válida para que los derechos de los hombres sean superiores en ninguna sociedad. La mujer no solo tiene las mismas potencialidades que el hombre; tiene también la misma dignidad y, por lo tanto, los mismos derechos. Como hombre, debo reconocer que, en nuestra sociedad machista, a los hombres nos ha costado trabajo pasar de la teoría a la práctica en este tema. Y no me excluyo.

¿Cómo ha sido la Iglesia en este aspecto? Hoy, como siempre, a nuestra Iglesia se le critica por cualquier motivo, y este tema no es la excepción. Es cierto que la Iglesia adoptó las normas culturales de diversos tiempos, y hubo cosas como el uso del velo en la Iglesia, ciertas frases, por ejemplo, de san Pablo, como aquella famosa de «La mujer en el templo, calle» y otros malos ejemplos. Pero fácilmente se olvida el estado de postración que tenían los derechos de las mujeres en el mundo antiguo, en las civilizaciones griega, romana y judía en que nació la Iglesia. En esas civilizaciones la mujer era propiedad del marido o del padre, no podía heredar, su testimonio no era válido en juicio, se le podía divorciar con que solo el marido lo dijera y no tenía ningún derecho en tal caso. La Iglesia comenzó a cambiar eso, y el propio San Pablo establece que ya no hay entre nosotros diferencia entre hombre y mujer, sino que todos somos uno en Cristo. Tal vez el cambio no fue todo lo rápido que se necesitaba, hay que reconocerlo. Pero se ha dado y se sigue dando un esfuerzo: baste recordar la Encíclica del Santo Padre sobre la dignidad de la mujer y su frase en México al llamar a las mujeres «los ángeles guardianes de la fe»

Por otro lado, el lado espiritual, que es el propio de la Iglesia: ¿Se ha puesto a pensar que nuestra Iglesia considera que el ser humano más eminente en santidad es una mujer, María la Virgen, Madre de Dios? No hay santo varón que llegue a acercarse siquiera a la santidad que ella alcanzó. Ni lo habrá.

En fin, el tema da para mucho. Pero vale la pena reflexionar en cuáles son los derechos que nos mencionan las Naciones Unidas. ¿Son derechos que destacan la enorme dignidad de ser mujer o, por el contrario, son derechos que la hacen dejar lo específicamente -y admirablemente- femenino? ¿Se tutela y se protege su papel de madre, que nadie más puede desempeñar? ¿Conducen estos derechos a que se reconozca y se respete su dignidad de hijas de Dios? Desgraciadamente, la respuesta es: NO. ¿Se incluye en sus derechos el de atentar contra la vida de otros, mujeres y hombres, aún no nacidos? Desgraciadamente, si.

No quiero decir con esto que ya estemos bien así. Al contrario. Los hombres deberíamos ser los primeros en insistir en que se respeten los derechos de nuestras esposas, hijas, madres, hermanas, compañeras de trabajo y de ciudadanía. No puede haber justicia si se atropellan los derechos de la mitad de la humanidad. Pero no es el camino el enfrentamiento estéril, sino la colaboración y el hacer equipo para lograr, ahora sí, avances reales en este campo.

EL OBSERVADOR 448-7

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DEBATE
Santa Sede: La «píldora del día después» es un producto abortivo
Declaración de la Academia Pontificia para la Vida

Los científicos, médicos, bioéticos y teólogos de la Academia Pontificia para la Vida, institución creada por el mismo Juan Pablo II, respondieron el 31 de octubre de 2000 a la controversia sobre si la «píldora del día después» es un anticonceptivo o un abortivo.

La Academia Pontificia para la Vida explica, en primer lugar, que se trata de un producto basado en hormonas que, si se consume antes de las 72 horas (no después) que siguen a una relación sexual, produce un mecanismo que impide la anidación del óvulo fecundado (que ya es un embrión humano) en la pared del útero. El embarazo, por tanto, queda truncado.

«El resultado final será, por tanto, la expulsión y la pérdida de este embrión», concluyen los académicos. Esto no es otra cosa que un aborto.

El producto, sigue explicando el comunicado oficial de la Academia Pontificia para la Vida, no sería abortivo en el caso en que la píldora precediera en unos días a la ovulación, bloqueándola. Pero esto es exactamente lo que hace la famosa píldora anticonceptiva.

Por este motivo, los académicos piden a las autoridades sanitarias que sean rigurosas desde el punto de vista científico y que llamen a la «píldora del día después» por su nombre: no es un medio anticonceptivo; se trata de un instrumento «abortivo».

La declaración de los académicos concluye haciendo un llamamiento a médicos y farmacéuticos a que «apliquen con firmeza la objeción de conciencia moral» y que testimonien «con valentía y con los hechos el valor inalienable de la vida humana, especialmente frente a nuevas formas subrepticias de agresión a los individuos más débiles e indefensos, como es el caso del embrión humano».

(Con información de Zenit)

EL OBSERVADOR 448-8

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


El aborto, según el Catecismo de la Iglesia Católica

2270La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. «Donum vitae» 1, 1).
Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jr 1, 5; cf Jb 10, 812; Sal 22, 10 - 11).
Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra (Sal 139, 15).

2271Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.
No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, Apolo. 9).
Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción, tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables (GIS 51, 3).

2272La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. «Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae» (CIC can. 1398), es decir, «de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito» (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323 - 1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

2273El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:
«Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte» (CDF, instr. «Donum vitae» 3).
«Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho... El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos» (CDF, instó. «Donum vitae» 3).

2274Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.
El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, «si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y si se orienta hacia su protección o hacia su curación... Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte» (CDF, instó. «Donum vitae» 1, 2).

2275Se deben considerar «lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual» (CDF, instó. «Donum vitae» 1, 3).
«Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como 'material biológico' disponible» (CDF, instó. «Donum vitae» 1, 5).
«Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad» (CDF, instó. «Donum vitae» 1, 6).

(Enviado por Carlos Llaca)

EL OBSERVADOR 448-9

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Carta abierta a un embrión congelado
Por P. Fernando Pascual

Tus padres querían un hijo, pero no llegaba. Por eso fueron a una clínica de reproducción asistida. Tras pruebas, análisis, estudios y decisiones no fáciles, unos médicos te concibieron en una probeta, con otros hermanos tuyos. Escogieron a algunos de ellos, los trasladaron al útero de tu madre. Uno, el más afortunado, nació hace ya muchos meses.

Uno nació... Entonces, ¿qué va a ser de ti? ¿Qué será de tus hermanos? Tus padres y los científicos decidieron dejarte en el congelador, por ahora. Dependías de la decisión de otros, tu vida estaba en entredicho.

Pasaron los meses, algunos años. Tus padres estaban muy ocupados con tu hermano. Tal vez te tenían olvidado, o pensaban en ti sin encontrar una salida, una «solución» a tu caso.

Un día te convertiste en un problema público. Los políticos, los expertos de bioética, los científicos, pensaron que no podías seguir allí, años y años, congelado. Tus padres no se atrevían a acogerte, tenían miedo de tu nacimiento. Te quisieron hace tiempo, pero era «por si acaso», por si no nacía un hijo en el primer intento. Ahora querrían no afrontar tu realidad: les gustaría poder olvidar que eres eso, su hijo, pequeño, pobre, congelado...

Por fin, los expertos prepararon una ley. Tus padres tenían que decidir. La primera opción era una esperanza: probar un nuevo embarazo contigo, darte la oportunidad de nacer. ¡Qué maravilla!

Pero había otras opciones. Podían darte a otra pareja. Al menos así nacerías, tal vez lejos de tus padres, pero en otro hogar que te respetase y te ofreciese amor. También podían dejarte morir. Simplemente, apagar el congelador o sacarte del mismo. Así terminaría tu historia y dejarías de ser «un problema».

Pero es que eres un embrión humano... Por eso algunos propusieron una cuarta opción: usarte en la experimentación. Tus padres podían «donarte» para el progreso científico, dar permiso para que te usasen y destruyesen. De este modo, los laboratorios sacarían de ti células madre que, dicen, son muy importantes para la investigación.

Sé que eso no es justo, pero ahora dependes de otros que no comprenden la riqueza de tu vida minúscula pero estupenda, que no quieren aceptar que eres un ser humano, digno de respeto.

Voy a mirarte con esperanza. Todavía no han decidido tu destino. No sé qué va a ser de ti. Quizá un día puedas leer estas líneas, si te respetan, si te aman, si te dan una oportunidad de nacer.

Si eso no ocurre, si tú eres eliminado, o si a mí me toca morir antes (ninguno humano es inmortal), no importa. Nos veremos, si Dios quiere, en el Cielo.

Ahora, simplemente, permíteme decirte que tienes un amigo que te quiere. Ojalá otros muchos te miren de frente, reconozcan lo que eres y, con un gesto de amor, te den esa oportunidad de vivir que tú mereces...

EL OBSERVADOR 448-10

  [SUMARIO] [INICIO]


El señorío de Dios y la propia vulnerabilidad
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, ORC

La adolescencia es terreno abonado para generar vicios o virtudes. El sentido de autonomía y la tendencia semiinconsciente a reafirmar el propio yo al margen de los padres o educadores, puede retrasar dolorosamente la madurez de la persona. Asumir tardíamente las responsabilidades por la pretensión de exigir derechos de niño y de adulto genera desequilibrios en la estructura familiar y en el mismo aspirante a ocupar un puesto en la sociedad o en la comunidad. La rebeldía puede ser el modus operandi ordinario. Se ha de añadir el ambiente manipulado por los medios para falsear la realidad de una felicidad que se propone como la zanahoria alcanzable y que no se termina de asir en la carrera de la vida. Pretender comer el mar a puños, tomar las vías equivocadas del éxito, del tener, del eros, ahonda más y más el propio vacío hasta la desesperación o la frustración de no haber alcanzado nada, sino el estar en el mismo sitio de las limitaciones, dependientes a un yo agotado.

La apertura sincera de la propia vulnerabilidad, fragilidad y pobreza al Señorío de Dios puede devolver la verdadera libertad, la paz y el horizonte de esperanza.

Sólo los pobres de espíritu, los que asumen su pequeñez y limitaciones ante la presencia de Dios Padre, pueden experimentar su Reino, su Señorío. Es el misterio de los abismos, del abismo de la nada que clama al abismo de la plenitud. Así se puede experimentar la liberación de todas las dictaduras y esclavitudes: los últimos serán los primeros invitados de honor al banquete del Reino ya desde ahora. Los opresores de los débiles, aunque se presenten falsamente como sus benefactores, serán destronados. Tal postura de humildad equivale a hacerse como los niños para entrar en el Reino de los Cielos, a experimentar la dicha de los pobres y humildes de corazón, pues de ellos es el Reino. Ellos constituyen la comunidad de los pobres de Yahvé. La cultura contemporánea, inmanentista, inmediatista e infrahumana se ha convertido en juez ridiculizador e inmisericorde de quienes desean ir al Profeta de las Binanaventuranzas: vengan a mí los que están cansados y agobiados por la carga que yo los aliviaré. Ahí radica en gran parte la batalla, ante los falseadores de la realidad.

Fiarse del Señor, amar y perdonar, afirmar a la persona por sí misma -título de la estupenda obra del Dr.Rodrigo Guerra- en el don del Espíritu Santo, es la actitud y el reto de las personas que optan por la madurez interpersonal, por autotrascenderse en la autodonación de sí mismos en el misterio del amor divino y eterno, en el Señorío de Dios.

Escribía Eusebio en su Historia Eclesiástica: los primeros cristianos 'excusaban a todos, no condenaban a nadie….oraban por los que los perseguían'. Esta postura no puede ignorarse; para llegar a este nivel es necesario reconocer los limites, decir 'no' al odio, al resentimiento y a los temores.

Las inmadureces psicológicas y espirituales retrasan nuestra paz y corroen el alma. Aceptar la propia vulnerabilidad, fragilidad y pequeñez, nos acerca al Señorío de Dios para que se inicie en nosotros éste con toda su fuerza y esplendor.

EL OBSERVADOR 448-11

[SUMARIO] [INICIO]


FIN

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006