El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
15 de febrero de 2004 No.449

SUMARIO

bulletPORTADA - Mentira que exista el «divorcio a la católica»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Hay leyenda negra para rato
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Condiciones para el encuentro con Dios
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Soy homosexual, no quiero hacer daño
bulletPINCELADAS - Virgen del Aviso
bulletDOCUMENTOS - Sobre la recepción de los documentos vaticanos, la ley natural y los delitos de sacerdotes
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - Día del amor y la amistad
bulletPARA ELLAS - ¡No me entienden!
bulletDEBATE - ¿Un aborto pequeñito?
bullet¿Vejez sin valor?
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - En la presencia de Dios

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PORTADA
Mentira que exista el «divorcio a la católica»
En lugar de buscar causas de nulidad, busquen la belleza del matrimonio, aconseja el papa Juan Pablo II a quienes le piden a la Iglesia ser «más blanda»
El Observador / Redacción

El papa Juan Pablo II desmintió, recientemente, los insistentes rumores de prensa en el sentido de que existe un movimiento dentro de la Iglesia a favor de un «divorcio a la católica». Según estos rumores, con que el matrimonio fracase sería motivo suficiente para que exista nulidad. Es decir, que el matrimonio sería nulo desde la Iglesia si los esposos «no se entienden». Mientras tanto, las peticiones de nulidad se multiplican.

Al hablar ante el Tribunal de Segunda Instancia de la Santa Sede -la llamada Rota Romana- el pontífice fue tajante: «El fracaso de un matrimonio no implica que sea nulo». Por desgracia, dijo el Papa, éste es el caso típico de un juicio erróneo -muy popular- que se da por un hecho, rebajando la condición de sacramento que la Iglesia le confiere al matrimonio.

Conservar la validez, no obstante la presión social

El matrimonio es válido para la Iglesia hasta que no se compruebe lo contrario; y el fracaso de una relación de pareja no tiene por qué ser sinónimo de matrimonio inválido. El matrimonio es un bien fundamental para la persona y para la sociedad. Hoy está más amenazado que nunca. Justamente por ello la Iglesia debe mantener su postura de la importancia de la relación y no multiplicar causas de invalidez por presión social.

El ambiente actual contribuye con mucha fuerza a que el fracaso matrimonial sea un fenómeno corriente. Ya se ve como «normal» que los esposos duren poco tiempo juntos, no obstante hayan hecho promesas ante Dios. Corremos así el peligro de olvidar que, «según la experiencia humana marcada por el pecado, un matrimonio válido puede fracasar a causa del uso erróneo de la libertad de los propios cónyuges», afirmó el Papa.

El matrimonio es válido para toda la vida

La consigna hoy es echarle la culpa de todo a la Iglesia. Pero la Iglesia no es la culpable del fracaso, sino los seres humanos que hacen de un sacramento un acontecimiento trivial, fácilmente «renovable». El hecho de que uno de cada tres matrimonios fracase en países como México, el aumento de cien por ciento de las peticiones de nulidad matrimonial a los tribunales locales y a la Rota Romana en los últimos años, lejos de «ablandar» la validez del vínculo por parte de la Iglesia, debe de abrir un amplio campo a la reflexión sobre cómo las parejas se preparan para recibir el matrimonio.

Y es el «cómo» donde el Papa advirtió un camino de acción específico: que los párrocos y quienes colaboran con ellos no caigan en la tentación de «burocratizar» las investigaciones previas al matrimonio. El matrimonio es -para la Iglesia- válido de por vida. Y en lugar de andar buscando causas para anularlo, las sociedades, las personas, los católicos, la Iglesia misma deben «descubrir la verdad, la bondad y la belleza de la institución matrimonial que, siendo obra del mismo Dios, a través de la naturaleza humana y del consentimiento de los cónyuges, sigue siendo una realidad personal indisoluble, vínculo de justicia y amor, unido desde siempre al designio de salvación y elevado, en plenitud de los tiempos, a la dignidad de sacramento cristiano», concluyó Juan Pablo II.

Pocas veces se había dicho algo tan bello del matrimonio. Y del amor entre los esposos.

EL OBSERVADOR 449-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Hay leyenda negra para rato
Por Jaime Septién

No voy a leer el libro que se llama El Código da Vinci. Y no solamente porque presenta a mi santa madre, la Iglesia católica, como una monstruosa impostura, y al movimiento religioso fundado por San José María Escrivá de Balaguer, el Opus Dei, como una organización criminal; no sólo porque el «best seller» del escritor americano (teoría por comprobar) Dan Brown sea un pasquín esotérico lleno de errores históricos y se haya convertido ya en un fenómeno de masas, con más de 30 millones de ejemplares vendidos... No la voy a leer (ni voy a ir a ver la futura película) porque es una estupidez, una pérdida de tiempo y porque en la novela, en la que se descifra una presunta simbología secreta en la pintura de Leonardo da Vinci, se mantiene que la doctrina fundamental de la Iglesia es una estafa, que Jesucristo no es Dios y que el Opus Dei es una secta destructiva dispuesta al asesinato. Y eso yo, como católico, ni lo permito, ni lo entiendo, ni estoy dispuesto a soportarlo.

¿Por qué es un éxito? Porque le da a la gente un pretexto más para atacar a la Iglesia católica. Y nada le gusta más a buena parte de la humanidad de hoy, incluyendo a muchos que se dicen católicos, que tener «argumentos», por más disparatados que sean, para ejercer el dudoso artificio del chismorreo. Este es el resumen de El Código da Vinci:

El argumento comienza con el asesinato de un conservador del museo de Louvre. Antes de morir, consigue dejar una serie de pistas extrañas. Su nieta Sophie y un investigador americano descubren que el asesinado (su abuelo) trataba de dejar un mensaje, no sobre su asesino, sino acerca de un gran secreto. El abuelo formaba parte de una sociedad secreta llamada «El Priorato de Sión», que durante muchos años se encargó de custodiar este secreto, cuya revelación supondría una amenaza para la base conceptual de la humanidad. Este secreto, que la Iglesia católica llevaría siglos esforzándose por ocultar, es que Jesús estuvo casado con María Magdalena, y que ella estaba embarazada cuando Él fue crucificado. Los descendientes de aquella hija -porque fue niña- aún sobreviven y se mantienen protegidos por el «Priorato», que son los guardianes de la verdadera fe en Jesús y María Magdalena, basada en la teoría del «sagrado femenino». La novela es una trepidante carrera para encontrar el Grial, entendiendo por «Grial» los restos de María Magdalena. (Tomado del artículo de Mar Velasco, en La Razón de España).

Como se ve, hay de todo, como en botica: esoterismo, gnosticismo, asesinato, conspiración y monjes albinos (éste del Opus Dei, no importa que el Opus Dei no tenga monjes). He recibido, a Dios gracias, varios correos en los que investigadores y periodistas católicos desenmascaran los «errorcitos» históricos del libro de marras. Tampoco los voy a repetir. Tan sólo déjeme decirle la más grave de todas las estupideces de este bodrio tan famoso: para Brown, Jesús no es Dios, sino que el emperador Constantino lo deificó en el Concilio de Nicea del año 325. Como señala el crítico Pablo J. Ginés, «un repaso a los evangelios canónicos, escritos casi 250 años antes del Concilio de Nicea, muestra unas cuarenta menciones a Jesús como Hijo de Dios».

De todo este barullo, muy propio de tipos sin cerebro, destaco tan sólo la provocación que sigue siendo Cristo, Dios y Hombre verdadero, para la conciencia aparentemente descristianizada del siglo XX1. Hay «leyenda negra» para mucho rato. Y mueve a sospecha que si ya la Iglesia «no dice nada a la sociedad de la Internet», se preocupen tanto por hacerla quedar en ridículo.

EL OBSERVADOR 449-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Condiciones para el encuentro con Dios

Juan Pablo II, en audiencia general, se refirió al salmo 14:

«El salmo 14 es clasificado por los estudiosos de la Biblia como parte de una 'liturgia de entrada'. Hace pensar en una especie de procesión de fieles que se congrega en las puertas del templo de Sión para acceder al culto. En una especie de diálogo entre fieles y levitas, se mencionan las condiciones indispensables para ser admitidos a la celebración litúrgica y, por tanto, a la intimidad divina.

«Por un lado se plantea la pregunta: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar en tu monte santo? (v. 1). Por otro, se hace una lista de las cualidades requeridas para cruzar el umbral que lleva a la 'tienda', es decir, al templo del 'monte santo' de Sión. Las cualidades enumeradas son once y constituyen una síntesis ideal de los compromisos morales básicos presentes en la ley bíblica.

«Los once compromisos presentados por el salmista pueden servir de base para un examen de conciencia personal cada vez que nos preparamos a confesar nuestras culpas para ser admitidos en la comunión con el Señor en la celebración litúrgica.

«Los tres primeros compromisos son de carácter general y expresan una opción ética: seguir el camino de la integridad moral, de la práctica de la justicia y, por último, de la sinceridad perfecta en las palabras. Vienen, después, tres deberes con el prójimo: eliminar la calumnia del lenguaje, evitar toda acción que pueda hacer mal al hermano, no difamar al que vive junto a nosotros diariamente. Se exige después tomar posición de manera clara en el ámbito social: despreciar al malvado, honrar a quien teme a Dios. Por último, se enumeran tres preceptos sobre los que hay que examinar la conciencia: ser fieles a la palabra dada, al juramento, aunque esto implique consecuencias dañinas; no practicar la usura, plaga capaz de estrangular la vida de muchas personas, y, por último, evitar toda corrupción de la vida pública, otro compromiso que hay que practicar con rigor también en nuestro tiempo».

EL OBSERVADOR 449-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Soy homosexual, no quiero hacer daño
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
Me gustaría saber si puedo contar con su solidaridad para ir mejorando mi vida cristiana y personal. Tengo problemas de homosexualidad y no quiero hacer daño a nadie. ¿Cómo mejorar todo esto?

RESPUESTA:
Me dio mucho gusto leer tu mensaje, porque manifiestas algo que me parece fundamental: las personas con problemas de homosexualidad son tan cristianas como cualquiera (obviamente si comparten nuestra religión) y pueden y deben mejorar en su vida espiritual.

En un artículo anterior escribí precisamente sobre la importancia de manifestar a los hermanos homosexuales que son parte de nuestra comunidad cristiana. Tú hablas de solidaridad. Cuentas con ella, y espero que el expresar tu petición por este medio mueva a otras personas a ser solidarios con las personas que tienen un problema similar al tuyo.

El camino para ir mejorando en la vida cristiana es el mismo que para cualquier cristiano: la oración, la liturgia, los sacramentos, el estudio, la dirección espiritual... Sobre esto último, sería muy bueno que buscaras cuidadosamente un director espiritual, alguien con quien te sientas verdaderamente en confianza.

Para mejorar tu vida personal necesitas encontrar el sentido de tu vida, tener objetivos, ponerte metas y cumplirlas, trabajar, aprender, desarrollar tus cualidades, ser útil, amar al prójimo, ser buen amigo... En realidad, estos son temas demasiado amplios, aquí sólo he mencionado algunos puntos básicos. Lo importante es que busques, que luches día a día por ese crecimiento personal y cristiano.

No quieres hacer daño a nadie con tu problema de homosexualidad. Eso me parece admirable. Que lo digas significa que eres consciente de los peligros que la práctica de actos homosexuales conlleva. Por eso la Iglesia te pide castidad, como a cualquier cristiano. Ese es el camino para no dañar a otros ni dañarte a ti mismo. Es un camino difícil, pero en él puedes ser auténticamente feliz. Tú propósito de mejorar tu vida personal y cristiana te va a ayudar enormemente en esto. Puedes encontrar ayuda en Courage, una organización católica de homosexuales, aprobada por el Vaticano, que tienen las mismas inquietudes que tú. Su página en internet es:
http://couragerc.net/Espanol/ESPIndex.html
Otra página que puede interesarte es:
http://www.vidahumana.org/vidafam/homosex/ho-mosex_mapa.html  

Escríbenos más adelante, y cuéntanos cómo vas en este camino donde estás comprometiendo tu vida. Sé que puedes ser un buen cristiano y ser feliz.

EL OBSERVADOR 449-4

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PINCELADAS
Virgen del Aviso
Por Justo López Melús *

Los decretos de Dios son inmutables. Pero Dios también puede hacer excepciones a sus leyes, en atención a los deseos de su Madre.

Cuando María pidió a su hijo un milagro en las bodas de Caná, Jesús en principio se negó pero luego realizó el milagro, accediendo a los deseos de su Madre.

En el monasterio de Vatopedi, del monte Athos, hay un sugestivo cuadro, Panagia Paramythia, La Virgen del Aviso. María aparta de su boca y sujeta la mano de Jesús.

Resulta que los monjes llevaban una vida muy disipada y Dios decidió castigarlos. Una banda de piratas se acercaría por la noche y eliminaría a todos. Enterada la Virgen, se le aparece al superior para prevenirlo.

Es entonces cuando Jesús quiere impedirle hablar tapándole la boca. María le aparta y sujeta la mano, y avisa al superior del peligro. Todos los monjes huyeron y se salvaron.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 449-5

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DOCUMENTOS
Sobre la recepción de los documentos vaticanos, la ley natural y los delitos de sacerdotes
Discurso de Juan Pablo II a la Congregación a la Congregación para la Doctrina de la Fe

Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:

1. El contexto cultural actual, calificado tanto por un difundido relativismo como por la tentación de un fácil pragmatismo, exige más que nunca el anuncio valiente de las verdades que salvan al ser humano y un renovado empuje evangelizador.

2. La «traditio evangelii» [el anuncio del evangelio] constituye el primer y fundamental compromiso de la Iglesia. Ninguna de sus actividades puede separarse del compromiso de ayudar a todos a encontrar a Cristo en la fe. Por este motivo, siento particularmente la preocupación de que la acción evangelizadora de toda la Iglesia no se debilite nunca, ya sea ante un mundo que todavía no conoce a Cristo ya sea ante muchas personas que, aunque lo han conocido, viven alejadas de Él.

Ciertamente el testimonio de vida es la primera palabra con la que se anuncia el Evangelio, esta palabra, sin embargo, no es suficiente «si no se proclaman la enseñanza, la vida, las promesas, el Reino y el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios» («Evangelii nuntiandi», 22). Este anuncio claro es necesario para mover el corazón a adherir a la buena noticia de la salvación. De este modo, se ofrece un servicio enorme a los hombres y mujeres que buscan la luz de la verdad.

3. Es verdad, el Evangelio exige la adhesión libre del hombre. Pero para que esta adhesión pueda ser expresada, el Evangelio tiene que proponerse, pues «las multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo, dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud , todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad...» («Redemptoris missio», 8). La adhesión plena a la verdad católica no disminuye, sino que exalta la libertad humana y la estimula hacia su plenitud, en un amor gratuito y lleno de cuidados por el bien de todos los hombres.

Este amor es el sello precioso del Espíritu Santo que, como protagonista de la evangelización (Cf. «Redemptoris missio», 30), no deja de mover los corazones al anuncio del Evangelio y al mismo tiempo los abre para que lo acojan. Este es el horizonte de caridad que explica esa nueva evangelización a la que en varias ocasiones he invitado a toda la Iglesia y a la que deseo volver a convocarla una vez más al inicio de este tercer milenio.

4. Un tema ya afrontado en otras ocasiones es el de la recepción de los documentos magisteriales por parte de los fieles católicos, desorientados con frecuencia más que informados a causa de las reacciones e interpretaciones inmediatas de los medios de comunicación.

En realidad, la recepción de un documento, más que un hecho mediático, debe considerarse sobre todo como un acontecimiento eclesial de acogida del magisterio en la comunión y en un compartir más cordialmente la doctrina de la Iglesia. Se trata, efectivamente, de una palabra autorizada que arroja luz sobre una verdad de fe o sobre algunos aspectos de la doctrina católica contestados o mal interpretados por determinadas corrientes de pensamiento o de acción.

Precisamente en esta valencia doctrinal se encuentra el carácter profundamente pastoral del documento, cuya acogida se convierte, por tanto, en una ocasión propicia de formación, de catequesis y de evangelización.

Para que la recepción se convierta en un auténtico acontecimiento eclesial, conviene prever maneras oportunas de transmisión y de difusión del mismo documento, que permitan su pleno conocimiento ante todo por parte de los pastores de la Iglesia, primeros responsables de la acogida y de la valoración del magisterio pontificio, como enseñanza que contribuye a formar la conciencia cristiana de los fieles ante los desafíos del mundo contemporáneo.

5. Otro argumento importante y urgente que quisiera someter a vuestra atención es el de la ley moral natural. Esta ley pertenece al gran patrimonio de la sabiduría humana, que la Revelación, con su luz, ha contribuido a purificar y desarrollar ulteriormente. La ley natural, accesible de por sí a toda criatura racional, indica las normas primeras y esenciales que regulan la vida moral. Basándose en esta ley, se puede construir una plataforma de valores compartidos, sobre los que se puede desarrollar un diálogo constructivo con todos los hombres y mujeres de buena voluntad y, más en general, con la sociedad secular.

Como consecuencia de la crisis de la metafísica, en muchos ambientes ya no se reconoce el que haya una verdad grabada en el corazón de todo ser humano. Asistimos por una parte a la difusión entre los creyentes de una moral de carácter fideísta, y por otra parte, falta una referencia objetiva para las legislaciones que a menudo se basan solamente en el consenso social, haciendo cada vez más difícil el que se pueda llegar a un fundamento ético común a toda la humanidad.

En las cartas encíclicas «Veritatis splendor» y «Fides et ratio» he querido ofrecer elementos útiles para redescubrir, entre otras cosas, la idea de la ley moral natural. Por desgracia, no parece que estas enseñanzas hayan sido recibidas hasta ahora en la medida deseada y este problema complejo debe ser profundizado ulteriormente. Os invito, por tanto, a promover oportunas iniciativas con el objetivo de contribuir a la renovación constructiva de la doctrina sobre la ley moral natural, buscando también convergencias con representantes de las diferentes confesiones, religiones y culturas.

6. Deseo, por último, mencionar una cuestión delicada y actual. En el último bienio vuestra Congregación ha asistido a un notable aumento en el número de los casos disciplinares ligados a su competencia en virtud de la materia («ratione materiae») sobre «delicta graviora», incluidos los «delicta contra mores». Las normas canónicas que vuestro dicasterio está llamado aplicar con justicia y equidad tienden a garantizar tanto el ejercicio del derecho de defensa del acusado como las exigencias del bien común. Una vez comprobado el delito, es necesario de todos modos evaluar bien tanto el principio de la proporcionalidad entre la culpa y la pena, como la exigencia predominante de tutelar al Pueblo de Dios.

Sin embargo, esto no depende únicamente de la aplicación del derecho penal canónico, sino que encuentra su mejor garantía en la formación justa y equilibrada de los futuros sacerdotes llamados explícitamente a abrazar con alegría y generosidad aquel estilo de vida humilde, modesto y casto, que es el fundamento práctico del celibato eclesiástico. Por tanto, invito a vuestra Congregación a colaborar con los demás dicasterios de la Curia Romana competentes en la formación de los seminaristas y del clero para que se adopten las medidas necesarias para asegurar que los presbíteros vivan conforme a su llamada y a su compromiso de perfecta y perpetua castidad por el Reino de Dios.

7. Queridos, os doy las gracias por el precioso servicio que prestáis a la Sede Apostólica y a favor de la toda la Iglesia. Que vuestro trabajo dé esos frutos que todos deseamos. Con este motivo, os aseguro un recuerdo especial en la oración.

EL OBSERVADOR 449-6

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Día del amor y la amistad
Por Antonio Maza Pereda

Ya tengo suficiente edad para comentarles cómo ha ido cambiando este día de San Valentín. Empezó ya hace algunas décadas como el día de los novios. Quién sabe cómo, al bueno de san Valentín lo mezclaron en esto. A lo mejor es por la valentía que se requiere hoy en día para ser novios, por aquello del compromiso y todo lo demás. Evidentemente los comerciantes, siempre tan preocupados por nuestro bienestar, se dieron cuenta de que no había suficiente número de novios para que el día fuera rentable y le pusieron el día del amor. Después de todo, hay más gente que se ama que novios. Algo mejoró la cosa, pero seguía siendo muy comprometedor regalar algo en este día; casi casi equivalía a una declaración amorosa. No hay problema; la creatividad del comerciante es inagotable. «Que sea el día del amor y la amistad», dijeron, y así aumenta el «segmento meta», como dicen los mercadólogos (o sea los posibles compradores, dicho en español). Y así fue como llegamos a este Día del Amor y la Amistad.

Por supuesto, ya para el tres de enero podía uno encontrar en las tiendas toda clase de artículos, de todos los precios y grados de cursilería para regalar a todos (y todas) los que hacen latir nuestros corazones.

Sin embargo, algo queda en el fondo. ¿A qué le estamos llamando amor? Estas celebraciones, ¿verdaderamente hacen que celebremos el amor? ¿El verdadero amor? De seguro, mas de alguno de ustedes ya está pensando: «¡Pero qué ingenuo es este señor!» Y tienen razón. El amor, una de las grandes virtudes y valores, se devalúa día a día. Ya no es esa virtud de los fuertes, de los capaces de dar su vida por los amigos, de los que morían pidiendo a Dios que perdonara a sus asesinos, de los que se habían vencido en grado heroico para darse a su familia, a sus semejantes, a la mujer amada. De los que podían tener la capacidad de decidir dar su amor para toda la vida, dispuestos a superar los roces y dificultades de la diaria convivencia, de la salud y la enfermedad, de lo próspero y de lo adverso. Hoy es algo azucarado (o mejor, endulzado con algún sustituto para no subir de peso), que dura lo que dura la ilusión que, por definición, es transitoria; que existe lo que dura la excitación sexual o lo que tarda en aparecer algún candidato o candidata más deseable.

Ustedes perdonen; no puedo dejar de ser ingenuo e idealista en esto del amor. Y los invito a ser igual de idealistas. A este mundo, a este México le urge amor, amor de a de veras, amor fuerte, amor- decisión, amor- entrega, amor para siempre. Amor con mayúscula y sin adjetivos. Amor a la familia, amor al prójimo, amor a los extraños, amor… ¡el colmo!, a nuestros enemigos y a los que nos desean el mal. Qué duro, ¿verdad? Pero qué necesario, qué importante, qué urgente. Súmese a la minoría de los que intentamos (y casi nunca logramos, pero seguimos intentando) vivir un amor así. Y le aseguro que esa lucha por amar de verdad nos hará más bien que un siglo de celebrar el Día del Amor y de la Amistad.

EL OBSERVADOR 449-7

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PARA ELLAS
¡No me entienden!

La comunicación es un arte difícil, más entre padres con autoridad sobre sus hijos adolescentes. Sin lugar a dudas, la diferencia de edad, también conocida como "brecha genera-cional", hace más difícil la comunicación. Los padres piensan que están en lo correcto (y tal vez así sea) y los hijos creen que están en lo correcto (y tal vez así sea).

Como primer punto, es necesario hacer un esfuerzo por comunicarnos padres e hijos. No se valen las excusas, de ambos lados, de que:
* "No me toman en cuenta".
* "Nada más nos vamos a pelear".
* "Ya tomó su decisión y es muy terco".
En segundo lugar, hay que jugar limpio. No debemos, ninguno de los dos lados, tomar roles o estados de ánimo que interfieran en una comunicación honesta. ¿Te identificas con algunas de las siguientes descripciones?
* Mudo. Te encierras y no expresas tus verdaderos pensamientos y sentimientos.
* Agitado. Estás que hierves de coraje por dentro, así que te paseas por toda la casa haciendo ver a todos que estás muy triste.
* Gritón. Crees que quien grite más saldrá ganando.
* Escurridizo. Haces que los demás crean que vas a seguir sus sugerencias y luego haces lo que te pega la gana.
* Comparador. Haces el juego comparando a tus papás (o a tus hijos) con los de alguien más, que siempre son mejores.

Este tipo de juego mental y otros similares destruyen la posibilidad de diálogo entre padres e hijos. La comunicación, para que sea efectiva, requiere del intercambio bilateral e implica tanto hablar como escuchar.

En la siguiente oportunidad que tengas de querer hablar algo importante, recomendamos seguir la siguiente estrategia:

Al hablar:
1. Siempre sé honesto. No hables por hablar ni digas lo que crees que la otra persona quiere escuchar, sólo para terminar la conversación.
2. No culpes. Evita el juicio. En vez de decir: "A ti no te importa", o "No tienes ni idea", di algo como: "No entiendo de dónde sacas todo eso. Ayúdame a entenderte".
3. Busca el entendimiento mutuo. No se trata de una guerra donde debe haber "ganadores" y "perdedores". El propósito de tu conversación es llegar a una solución pacífica. También apégate a un tema. El sacar a relucir heridas del pasado no ayudará a solucionar el punto en discusión.
4. Baja el volumen. Las discusiones fuertes dan más calor que luz. Una conversación civilizada requiere de intercambios calmados.

Al escuchar:
1. Presta toda tu atención. Escucha lo que se te está diciendo. ¿Qué es lo que la otra persona está sintiendo? Haz contacto visual. Fíjate en la comunicación no verbal. Todo esto te ayudará a obtener los "mensajes no hablados" que, frecuentemente, son el corazón de todo desacuerdo.
2. Da oportunidad a que te respondan. Trata de no anticipar lo que el otro va a decir. Ten paciencia y escucha todo. No interrumpas.
3. Ten empatía. Ponte en el lugar del otro. ¿Qué dirías tú si fueras él/ella? Sobre todo, date cuenta de que te quiere y está tratando de hacer su mejor esfuerzo por ti.
4. Recuerda. No olvides lo que te acaba de decir. De hecho, repite lo que te dice para hacerle ver que entendiste lo que te ha dicho.
La regla más importante, tanto al hablar como al escuchar, es el amor. Es difícil enojarse con alguien cuando sabes que el diálogo empieza y termina con amor. El amor se acrecienta con la comunicación. Vale la pena el esfuerzo. No te rindas. Pide a Dios que bendiga a ambas partes al entablar este diálogo. Él estará con ustedes para ayudarlos a formar una familia más unida. Asegúrate de pedirle ayuda.

Propósito para esta semana: Como práctica para una buena comunicación entre padres e hijos se recomienda hablar sobre los temas que vienen a continuación. Es necesario tomar nota de qué pasos funcionaron bien, cómo mejorar y los resultados de la conversación.
* Establecer un horario para la llegada a casa y determinar una consecuencia justa si no se cumple con este horario.
* Ingerir bebidas alcohólicas antes de la mayoría de edad (21 años).
* Si los padres tienen el derecho o no de revisar las pertenencias del adolescente.

Para comentarios a esta columna, escribir o hablar a: ANSPAC, Insurgentes Queretanos 88-4, Col. San Francisquito, C.P. 76040. Tel. (442)2 48 20 08, Fax (442) 2 48 20 07, Santiago de Querétaro, Qro.

EL OBSERVADOR 449-8

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DEBATE
¿Un aborto pequeñito?
Por Esteban Zamora

Como era de esperarse, se encendió la polémica inmediatamente después de que las autoridades mexicanas de salud autorizaron la llamada «píldora de la anticoncepción de emergencia». Por su propia naturaleza, era previsible que el tema provocara discusiones y así tiene que haberlo advertido la autoridad desde antes de dar ese paso.

El tema central del debate es determinar si la píldora es abortiva y los funcionarios que la promueven han afirmado -apoyados en su autoridad académica y política- que no lo es. Pero al mismo tiempo las propias autoridades han descrito la triple función del fármaco: evitar la liberación de óvulos, impedir la fecundación y evitar la anidación del óvulo fecundado.

La cuestión fundamental del debate se centra en que la píldora impide la anidación del óvulo fecundado y, en ese caso, resulta claro que se trata de darle muerte a un nuevo ser, distinto a los padres que le dieron vida, que ya se había empezado a formar. Estaríamos, pues, frente a un homicidio intencional con todas las agravantes y para hacer frente a esta evidencia han surgido intentos -véase Excélsior, 27 de enero de 2004- de afirmar que el recién concebido no puede ser considerado como un ser humano. Una supuesta «académica» de la UNAM declaró en esa ocasión que un óvulo fecundado no puede ser considerado como un ser vivo, aunque admitió que sí tiene «vida vegetativa».

La «razón» para negar la humanidad del recién concebido, según la defensora de la píldora, es que antes de las doce semanas «no ha desarrollado estructuras neurológicas y psicomotoras que le permitan tener sensibilidad».

Pero, ¿el que un ser humano no tenga sensibilidad es motivo suficiente para poderlo matar impunemente?

Insistimos en subrayar que el recién concebido es un ser humano porque aunque la investigadora de la UNAM intente atribuirle vida vegetativa, es evidente que la vida que se empieza a formar en el seno de una mujer no es la vida de una palmera, de un helecho o de una verdolaga, por ejemplo. Por otra parte, esa vida tiene ya su propia individualidad, su propio código genético que va normando, desde ese momento, el desarrollo del nuevo ser.

Resulta contradictorio que mientras al concebido se le respeten sus derechos patrimoniales -conceptus pro natus habetur, (al concebido se le tiene por nacido) reza la expresión clásica que aún tiene vigencia en nuestra legislación civil- se le pretenda negar su derecho fundamental, que es el derecho a la vida, inicio y sostén de todos los demás derechos.

Además de esa referencia a la tutela de los derechos de los no nacidos conviene recordar que en materia laboral el artículo 123 constitucional tutela los derechos de los no nacidos al prohibir que a las mujeres embarazadas se les asignen trabajos que impliquen un esfuerzo extraordinario.

Si seguimos buscando en nuestro derecho positivo, seguramente encontraremos más disposiciones que protegen la existencia del no nacido dentro de las cuales está, desde luego, la de la propia Constitución que, como lo ha señalado la Suprema Corte, protege la existencia de los seres humanos desde el momento de su concepción hasta el de su muerte natural.

Por otra parte, el nuevo Código Penal para el Distrito Federal conserva en su artículo 144 la misma definición que para el aborto daba el Código anterior en su artículo 329: Aborto es la muerte del producto de la concepción en cualquier momento del embarazo.

A pesar de los esfuerzos de los aborteros, en nuestra legislación el aborto intencional sigue siendo delito y si la píldora del día siguiente provoca la muerte del producto de la concepción al impedir su anidación en el útero, así se trate de un ser que sólo tenga unas cuantas horas de haber sido concebido, se cae en las conductas señaladas como punibles por la legislación penal.

La vida que se extingue mediante esas maniobras abortistas es, indiscutiblemente, una vida humana y aunque se trate de un ser humano muy pequeñito, el crimen de su aniquilación no deja de ser monstruoso. El aborto es la muerte, dice el Código Penal, y darle muerte a un ser humano es un acto de gravedad extrema.

De esa dimensión es el problema que plantea el uso de la píldora del día siguiente.

(yoinfluyo.com)

EL OBSERVADOR 449-9

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¿Vejez sin valor?
Por Bruno Ferrari

En los últimos días hemos visto noticias tanto de México como de España que se refieren al maltrato de los ancianos. En México se teme la existencia, aún no ratificada por las autoridades, de un criminal en serie que está eliminando a las viejecitas que viven solas. Por otra parte, en España, los tribunales de Cataluña impusieron una ridícula multa equivalente a aproximadamente tres mil cien pesos, por el abandono de una anciana que padecía Alzheimer.

En fin, a mí me puede mucho ver cómo el hombre puede hacer de los más inocentes, los niños y los ancianos, algo desechable. Desde luego, considero que en la mayor parte de los países del mundo se hace muy poco por los ancianos; basta sólo con ver el monto de la multa que hicieron a los familiares de la anciana a la que me he referido. Qué triste es ver que, incluso en algunos de los países más civilizados de nuestro planeta, nuestra hipocresía ha llegado al absurdo de que esas penas sean inferiores a las que reciben los dueños de un animal por dejarlo tirado.
Aunque es muy válido tener caridad con todos los seres vivos es increíble ver cómo hemos confundido nuestros valores y nuestros principios en aras de un supuesto progresismo ambiental que pareciera estar más de moda que el amor y cuidado de nuestros abuelos. Habrá quién se atreva a asegurar que hoy por hoy un perro es más digno de protección que un anciano.

Cada vez se oye más de la protección del ambiente, los derechos de los animales, que sobre el amor y el cuidado que se debe a nuestros viejos; por ello, se oculta y se niega en países como el nuestro la existencia de criminales que tienen como objetivo segar la vida de los ancianos.

EL OBSERVADOR 449-10

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
En la presencia de Dios
Por Claudio de Castro S.

Cuando tenía 9 años soñaba con ser santo. Eran grandes aspiraciones para un niño. Nunca me pregunté qué tendría que hacer para lograrlo. Cuando somos niños pocas cosas nos preocupan. Nada parece imposible. Y yo pensaba: «si soy un santo, tendré contento a Jesús». Todo lo que deseaba era esto: «que Jesús se sintiera contento y amado».

La misa diaria llenaba mi corazón infantil de alegrías sin limite.

Nada me daba más ilusión que ir a la primera misa en la mañana para recibir a Jesús Sacramentado. Sabía con certeza que Él se encontraba en aquél pedacito de pan, esa hostia santa que el sacerdote había consagrado.

Los años pasaron y crecí. Me casé, tuve 3 hijos. Y sigo pensando en Jesús, el amigo bueno, el Hijo de Dios, tan tierno y noble y generoso.

He retomado la misa diaria. Sé de muchos que también lo hacen. Van a misa cada día para empezar o terminar su día con Jesús.

A veces me preguntan: «¿Te crees acaso un santo?».

Y les respondo: «Todos somos santos en camino, incluso tú».

Me contaron sobre la Madre Teresa que decía: «Ay de mí si no soy santa, porque Dios nos pidió a todos que fuéramos santos».

Recuerdo haber escuchado a un gran amigo mío, uno de esos «locos» enamorados de Jesús, uno de tantos que conozco bien y que decidieron seguir sus huellas, hablando de Jesús y su Misericordia en un programa de radio.

«Mi alegría es Jesús», decía ilusionado. «Me he decidido por Jesús».

Y yo le escuchaba feliz, pensando: «Hemos escogido el mejor camino».

Una vez una persona me preguntó que debía hacer para ser feliz. Compartiré contigo la respuesta: Haz una buena confesión sacramental, recupera el estado de gracia. Vive en la presencia de Dios. Sigue el sendero que te lleva al Padre. Que Dios sea tu guía, tu estrella, tu futuro. Lucha contra el pecado, que lo ofende y te separa de Él. No te dejes vencer tan fácilmente. Y no temas vivir tu fe a plenitud, con alegría y entusiasmo. ¡Vale la pena!

EL OBSERVADOR 449-11

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FIN

 
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