El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
7 de marzo de 2004 No.452

SUMARIO

bulletMensaje de Juan Pablo ll a los jóvenes: «Queremos ver a Jesús»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Tiempo de silencio
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Austeridad en la Cuaresma: hay que reducir el equipaje a lo esencial
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Autoestima
bulletPINCELADAS - Los reinos de la naturaleza
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - Las otras víctimas de la anticoncepción y del aborto
bulletPREGUNTAS - Sobre el ayuno y la abstinencia
bulletINTERNACIONAL - El ecumenismo de la paciencia
bulletCOMUNICACIÓN - Ante la «Nueva Era» hay que presentar a Jesucristo, vivo y resucitado entre nosotros
bulletGRAN REPORTAJE - La tambaleante situación de las familias en el mundo occidental
bulletDEBATE - Aborto y tolerancia
bulletCOLUMNA ABIERTA - Libertad de educación
bulletTESTIMONIO - Reacciones de los que ya vieron la película La Pasión
bulletJim Caviezel revela los avatares de interpretar a Jesús en La Pasión
bulletMIRADAS DESDE EUROPA - Tiempo de misericordia

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Mensaje de Juan Pablo ll a los jóvenes: «Queremos ver a Jesús»
«¡Déjense mirar a los ojos por Jesús para que crezca en ustedes el deseo de ver la Luz, de experimentar el esplendor de la Verdad!»
El Observador / Redacción

El papa de los jóvenes, Juan Pablo II, Magno, ha escrito una trepidante carta al corazón de la juventud de hoy. Desde la maravillosa altura de sus 83 años -pronto, en mayo, 84-, repite, de nuevo, el «no tengan miedo» aquél de cuando asumió lo que en diez días será el tercer papado más largo de la historia. El cristianismo en su expresión más profunda: el cristianismo del encuentro con Jesús, cara a cara. ¿El motivo? La XIX Jornada Mundial de la Juventud el próximo 4 de abril, Domingo de Ramos. He aquí una guía de reflexión de este documento, preparada por El Observador para ser meditada por toda la familia, en especial por los jóvenes que buscan un sentido a la vida.


El lema. «Queremos ver a Jesús» le dijeron «unos griegos» a los apóstoles un día. No querían solamente verlo: querían saber quién era verdaderamente Jesús y de dónde venía. La invitación es a imitar a esos «griegos». Que el «ver a Jesús» no esté motivado sólo por la curiosidad intelectual, sino que sea alentado por la íntima exigencia de encontrar la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida. Como el joven rico del Evangelio, pregunten: «¿Qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?».

El encuentro. Quien se acerca a Jesús con un corazón libre de prejuicios puede llegar más fácilmente a la fe, pues ha sido Jesús mismo quien le ha visto y amado antes. ¡Para ver a Jesús, es necesario, ante todo, dejarse guiar por Él! Como con el mismo joven rico, también con nosotros Jesús fija su mirada.

El deseo. Todo hombre y toda mujer quieren ver a Dios. Es algo que está en el corazón. Si el joven se deja mirar a los ojos por Jesús crece en él el deseo de ver la Luz, de experimentar el esplendor de la Verdad. Lo sepamos o no, Dios nos ha creado porque nos ama y para que, por nuestra parte, lo amemos. Esta nostalgia de Dios que el hombre lleva adentro no se apaga. El rostro de Dios ya nos ha sido revelado: fue y es Jesús.

El silencio. ¿Quieren contemplar la belleza de este rostro? Esa es la pregunta a los jóvenes para esta jornada. Por lo demás, que nadie se apresure a responder. Hay que hacer silencio interior para que emerja desde lo profundo del corazón el ardiente deseo de ver a Dios. Dejar que emerja ese deseo es encontrarse con Jesús. El cristianismo no es, simplemente, una doctrina; es un encuentro en la fe con Dios.

La búsqueda. Por todos los medios dirigir la mirada a Jesús, quien nos busca apasionadamente. Buscarlo con los ojos de la carne en los acontecimientos de la vida y en el rostro de los demás, y con los ojos del alma a través de la oración y la meditación de la Palabra de Dios. Ver el rostro de Jesús es un deseo que se puede deformar por el pecado, que consiste en distraer la mirada a Dios para ver a su criatura.

Lo que llena. Todos los bienes de la tierra, todos los éxitos profesionales, el amor humano, no satisfacen las expectativas de los jóvenes. Sólo llena el encuentro con Jesús. No nos dejemos distraer en la búsqueda. Es necesario aprender a descubrir a Jesús en la Eucaristía. De ahí se descubre a Jesús en los hermanos y, particularmente, en los más pobres.

Escuela. La Eucaristía es escuela de libertad y de caridad, para realizar el mandamiento del amor. Jesús nos pide el olvido de nosotros mismos y el amor hasta el sacrificio de la propia vida. No es nada fácil. Exige superar las emociones superficiales y arraigar en lo verdadero y lo bueno; abrirse a los demás; pasar del amor afectivo al amor efectivo. Porque amar no es sólo un sentimiento; es un acto de la voluntad que consiste en preferir de manera constante el bien del otro al bien propio.

Los pobres.El pobre es el camino para encontrar a Jesús. Los jóvenes han de salir al paso de los sufrimientos humanos con el empuje de su generosidad y con el amor que Dios infunde en sus corazones a través del Espíritu Santo. Todo esto sin olvidarse de la presencia de Cristo en la Iglesia. En ella y por medio de ella Jesús sigue haciéndose visible hoy y haciendo que le encuentren los hombres.

La cruz. En el camino está la cruz. El grano tiene que morir para dar fruto. Tras la Resurrección de Cristo la muerte no tiene la última palabra. El amor es más fuerte que la muerte. Al poner al pie de la cruz el peso que cada uno lleva en sus espaldas, los jóvenes de todo el mundo han descubierto que son amados por Dios y muchos han cambiado su vida. ¡Queridos jóvenes: les confío la Cruz de Cristo! ¡Anuncien a todo el mundo que sólo hay salvación en Cristo, muerto y resucitado!

El desafío.El mundo de hoy espera que los jóvenes sean testigos del encuentro con quien es su vida. ¡Sean testigos intrépidos en la vida cotidiana del amor que es más fuerte que la muerte! Pongan su talento y su ardor al servicio de la Buena Noticia. Sean amigos entusiastas de Jesús. Dios se sirve de la amistad humana para llevar a los corazones al manantial de la caridad divina. ¡Siéntanse responsables de la evangelización de sus amigos y de todos los que tengan su edad!

EL OBSERVADOR 452-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Tiempo de silencio
Por Jaime Septién

La Cuaresma es una oportunidad de encontrar en el tesoro de la fe el sentido de nuestra existencia. Hoy, muchos jóvenes -y muchos viejos-solamente soportan la vida, la toleran con alguna parsimonia, como si se tratara de una intrusa que vino a quedarse en la casa y que no termina su estancia de una buena vez. Ese regalo inmenso. Les cuesta trabajo creer que sirvan para algo. Que hay una misión que cumplir. Que son amados por Dios y que su lugar, el lugar que ocupan, es insustituible, singular, especialísimo en la historia entera de la salvación.

¿Por qué la Cuaresma? Porque es, en su austeridad y en el enfrentamiento con la muerte de Cristo, en el ayuno, la vigilia y la oración, sólo ahí, donde somos capaces de vernos cara a cara con nuestra pavorosa humildad. Cae la máscara que nos cubre de ordinario. Somos polvo, se nos anuncia el Miércoles de Ceniza, y en polvo terminarán nuestros huesos. Pero antes, en el espacio de un relámpago que dura la vida de cada quien, está la posibilidad del amor. Y el amor es lo que paga el boleto de los años que Dios nos concede habitar en el mundo.

Para muchos cristianos, incluso de buena fe, Cuaresma ya no significa mucho. Alguna tradición gastronómica; alguna verbena popular, quizá la expresión pública del arrepentimiento y, por supuesto las largas vacaciones del primer trimestre del año en las semanas Santa y de Pascua. Algún ingrediente más, no demasiado espeso, corona la visión generalizada de los cuarenta días previos a la conmemoración del sacrificio que Jesús cumplió con obediencia ciega al Padre para «justificar» la creación de los hombres por Él.

Más aún en épocas de indiferencia religiosa como la que atravesamos. Cuando se discute si es o no discriminatorio un crucifijo en el salón de clases; si hay agresión a la ley cuando un católico piensa en voz alta; si es políticamente correcto rezar el Padre Nuestro en el autobús o si los matrimonios homosexuales pueden adoptar a un niño como si adoptaran una mascota. En tiempos en que se rehuye la polémica, en los que se acaban las convicciones firmes y en los que una opinión, expresada con autoritarismo, se convierte en una verdad.

La Cuaresma, en su honda significación cristiana, trae como un viento fresco ante tanta nadería. Un silencio vital ante tanta palabra inútil. Volver a lo esencial. Hablar de lo esencial. Vivir desde lo esencial. Y lo esencial es Cristo. Cristo, cuya Presencia se agiganta en la Cuaresma, como se agiganta la sombra de una Cruz en la ladera de un monte, con el sol del crepúsculo.

EL OBSERVADOR 452-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Austeridad en la Cuaresma: hay que reducir el equipaje a lo esencial

Juan Pablo II presidió el Miércoles de Ceniza en la basílica de San Pedro, en el Vaticano, invitando a vivir una vida austera para reducir a «lo esencial el equipaje» en el camino de la vida.

El vicario de Cristo aclaró en la homilía que el símbolo de la ceniza «subraya la conciencia del hombre pecador» y «la disponibilidad para acoger y traducir en opciones concretas la adhesión al Evangelio».

Definió la Cuaresma -los cuarenta días de preparación a la Pascua- como un «momento fuerte de entrenamiento espiritual y de generoso servicio a los hermanos.

«Esto comporta necesariamente sacrificios y renuncias -reconoció-. Es necesario, de hecho, reducir a lo esencial el equipaje para no hacer pesado el viaje».

«Para ser auténticos discípulos de Cristo -aclaró-, es necesario renunciar a sí mismos, cargar la propia cruz cada día y seguirle. Es la senda ardua de la santidad que todo bautizado está llamado a seguir».

«Ahora bien -subrayó-, «los gestos exteriores de penitencia tienen valor si son expresión de una actitud interior, si manifiestan la firme voluntad de alejarse del mal y de recorrer el camino del bien. Ahí está el sentido profundo de la ascesis cristiana».

Recordó los medios que la Iglesia ofrece desde siempre para vivir este momento tan importante del calendario cristiano. En primer lugar, «la humilde y dócil adhesión a la voluntad de Dios, acompañada por una incesante oración». A continuación, «las formas penitenciales típicas de la tradición cristiana, como la abstinencia, el ayuno, la mortificación y la renuncia a bienes de por sí legítimos». Por último, «los gestos concretos de acogida al prójimo que la página del Evangelio de hoy evoca con la palabra 'limosna'».

EL OBSERVADOR 452-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Autoestima
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
Tengo algunos problemas que tal vez no son tan graves y yo los estoy haciendo así. No sé qué significa ser una persona «auténtica», o mejor dicho, no sé cómo hacerle para yo ser una persona auténtica.
También quisiera que me dijera cómo puedo hacer para elevar mi autoestima, pues yo creo que no la tengo muy bien que digamos pues no estoy conforme con cómo soy. Creo que esto se debe a que nunca he tenido novio y pienso que es porque no soy una persona bonita ni por dentro ni por fuera; digo esto porque físicamente no me considero atractiva y pues emocionalmente soy muy reservada, no sé como demostrar mis sentimientos y pues bien se dice que «quien no se quiere a sí mismo no puede querer a los demás».
Aunque sé que no necesito a un chavo a mi lado para ser feliz, de hecho no soy feliz, no me siento a gusto con lo que hago; todos los días es lo mismo; ir a la escuela , ver las mismas caras, los fines de semana ir a trabajar y a Misa. Aunque en la escuela tengo «amigas (os)» y me gusta lo que estoy estudiando -aunque no llevo unas calificaciones excelentes, pero tampoco son malas aunque me gustaría que fueran mejores-, me gustaría dar más de mí en todo lo que hago, entregarme por completo a mis estudios para así poder ayudar a mi familia, pero ¡no sé cómo hacerlo, no sé cómo puedo ser más responsable!

RESPUESTA:
Contestar tus preguntas llevaría un libro entero o tal vez algunos meses de terapia o quizá muchas experiencias de vida que te permitan aumentar tu madurez y sabiduría… El punto central es la autoestima; logrando ésta, te resultará mucho más sencillo ser auténtica y también adquirirás un mejor sentido de la responsabilidad.

El origen de la autoestima es el amor que Dios nos tiene. Cuando aceptamos el hecho de que somos no sólo sus creaturas, sino también sus hijos, tenemos que aceptar también el inmenso valor que tenemos, por el simple hecho de ser. De aquí parte todo lo demás. Desgraciadamente, a lo largo de la vida recibimos muchos mensajes que nos hacen dejar de creer en nuestra propia valía. La tarea es analizar nuestras creencias equivocadas acerca de nosotros mismos para cambiarlas por las creencias correctas, que siempre van en el sentido del amor, incluido el amor por nosotros mismos.

Para desarrollar la autoestima necesitamos primero saber dónde la hemos extraviado o qué la ha dañado, porque eso nos va a dar las pistas de qué aspectos de nosotros mismos nos hace falta sanar y cuáles otros hay que desarrollar. Por eso es tan importante revisar cuidadosamente nuestra vida y las relaciones que hemos tenido con las personas más significativas.

Para elevar tu autoestima necesitas, antes que nada, tomar la decisión de amarte a ti misma, comprometerte con ello. ¿Qué significa amar? Pregúntate, por ejemplo, qué significa para ti amar a tu mejor amiga. Y haz por ti lo mismo que haces por ella. Me imagino que, entre otras cosas, la aceptas como es, la tratas con respeto, la escuchas, la consientes un poco, no la juzgas con dureza y la apoyas para que sea mejor persona… todo eso debes hacerlo también por ti misma.

La autoestima, o mejor aún, el amor por uno mismo, implica un compromiso serio. Significa buscar lo mejor para ti, verdaderamente lo mejor, los bienes más grandes, como la sabiduría, la bondad, la justicia… aunque eso signifique sacrificar la comodidad o la popularidad o cualquier otro bien menor.

Amándote a ti misma descubrirás tu propia belleza, te sentirás a gusto con quién eres, confiarás en tus sentimientos y serás capaz de expresarlos, tendrás el impulso de encontrar el sentido de tu vida y quitarás obstáculos a la felicidad. Estarás en camino de ser verdaderamente tú misma, quien Dios quiso que fueras.

No puedo darte una fórmula para elevar tu autoestima y lograr todo lo que mencionas. Eso tienes que hacerlo tú, quizá con ayuda de otras personas que te ayuden a conocerte a ti misma. Apóyate en tu familia y tus amigos. Si consideras que te sería útil recibir apoyo psicológico, procúralo. Puedes también leer libros que traten sobre estos temas y acudir a conferencias y cursos. Por supuesto, el crecimiento espiritual también tiene como consecuencia una más sana autoestima, así que búscalo siempre.

El hecho de que estés inquieta por estos asuntos es una buena señal. La inconformidad es el primer paso para buscar lo necesario para ser mejor persona.

La psicóloga Cervantes responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico:
cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 452-4

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PINCELADAS
Los reinos de la naturaleza
Por Justo López Melús *

Los reinos no son tres, sino cinco: los tres conocidos (mineral, vegetal y animal) más el humano y el sobrenatural. Y no hay menor distancia y elevación del animal al humano, y del humano al sobrenatural, que la que hay entre cualquiera de los otros tres. Ningún cuerpo de la tierra vale lo que vale el más ínfimo de los espíritus, y todos los cuerpos y todos los espíritus juntos no valen lo que vale el más pequeño impulso de caridad.

El kaiser Guillermo II preguntaba a una alumna, en una escuela, sobre los tres reinos de la naturaleza. Al final, el Kaiser la interrogó: «Y yo, ¿a qué reino pertenezco?». Y la avispada alumna le contestó: «Al reino de Dios». Tuvo que ser una niña la que le diera una espléndida lección al engreído emperador.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 452-5

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Las otras víctimas de la anticoncepción y del aborto
Por Antonio Maza Pereda

Es difícil agregar algo nuevo o significativo a lo que han dicho (y dicho muy bien) los colaboradores de El Observador sobre el aborto, la píldora del día siguiente o sobre la anticoncepción en las últimas semanas. Sin embargo, seré impertinente. Quisiera reflexionar con ustedes, lectoras y lectores amigos, sobre las otras víctimas de estos males que hoy llegan a nuestra sociedad sin que nadie entre los gobernantes que en algún momento se ostentaron como católicos, haya dicho una sola palabra.

Por supuesto, la primera víctima, la más débil e indefensa, la más injustamente tratada es el niño por nacer. Considerado una mera cosa, un estorbo, una amenaza, un riesgo, nadie considera su dignidad de persona humana, con todos sus derechos, con un potencial de eternidad. El más débil es victimado por quienes más deberían cuidarlo.

La segunda víctima es, casi siempre, la mujer. Hace poco, un grupo de amigas, madres jóvenes, me hicieron reflexionar sobre la píldora del día siguiente. «¿Se imagina -me dijeron- cuantas chicas se van a automedicar debido a la aprobación de la Secretaría de Salud?». Porque, aunque se dice que no causa daño cuando se usa del modo adecuado (cosa que está por verse), no se exige receta médica que mitigue al menos los efectos de esa alteración automedicada de los ciclos hormonales naturales. Y no es diferente con los otros anticonceptivos hormonales. Se les ha conectado a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, al cáncer, a la infertilidad y a otros muchos trastornos. ¿Habrá alguien a quien le importe? Miles, millones de mujeres en alto riesgo, ¿y quién habla por ellas? Nos dicen los fabricantes: «No se ha demostrado…». ¿Han hecho investigación para descartar esos riesgos? Con los abortos es algo parecido, al grado de que hace mucho ya que se habla del síndrome post aborto; un conjunto de padecimientos psíquicos y psicológicos que sufren las mujeres a las que, inicuamente, se les dijo que el aborto no trae consecuencias y que el bebé no es bebé, sino un amasijo de células… como lo somos usted y yo, como lo fue Einstein, como lo fue Jesús. Sí, la mujer es la segunda víctima de esa mentalidad antinatalista y abortista.

La tercera víctima, como podrán darse cuenta, es la Verdad. Algún político famoso dijo que en las guerras la primera víctima es la verdad. Esta guerra contra los bebés no es diferente. ¿A cuántas madres se les implanta el dispositivo intrauterino sin un consentimiento informado de parte de ellas y, a veces, sin siquiera decírselo? ¿A cuántas campesinas se les han ligado las trompas sin que lo sepan? «Rumores», dicen algunas autoridades. Si así fuera, ¿por qué no hacer una investigación independiente y honesta para ver si hay algo de verdad en estas acusaciones que se oyen una y otra vez? Yo recuerdo, cuando a la Organización Mundial de la Salud le convenía promover los anticonceptivos hormonales, que en sus documentos se decía que el condón solo tenía una eficacia del 85%. ¿Ahora es 100% efectivo para detener el SIDA? Una doctora a la que le dije esto, diciéndole que advirtiera a la gente de los riesgos, me decía: «Con lo incultos que son, dejarían de usar el condón y sería peor». Ésa es la mentalidad: estos mexicanos son tan incultos que no se merecen que se les diga la verdad. Y, por supuesto, tampoco hay que decirles que la Organización Mundial de la Salud ha encontrado los métodos de Billings y el Sintotérmico tanto o más eficaces que los anticonceptivos hormonales… pero no, eso no hay que decirlo, podrían usarlos mal.

Finalmente, la cuarta víctima es nuestra sociedad. Una sociedad que no cuida de sus miembros más débiles, que pone en riesgo a sus mujeres jóvenes, que permite el engaño a su población… todo ello para evitar el esfuerzo de usar métodos un poco menos cómodos. ¿Hasta dónde podrá llegar en su decadencia? ¿Ante qué crimen se detendrá?

EL OBSERVADOR 452-6

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PREGUNTAS
Sobre el ayuno y la abstinencia
El Observador / Redacción

¿Qué el ayuno y el sacrificio no son algo pasado de moda, algo del cristianismo antiguo?

Tal parece que no: En un mensaje por Radio Vaticana monseñor Bruno Forte (quien esta semana predicará los Ejercicios Espirituales al Papa) lanza una invitación para esta Cuaresma: redescubrir el valor del sacrificio:
«...un pequeño sacrificio, un gesto de amor, posiblemente humilde, escondido, pero auténtico, que cueste algo y que sea hecho por alabanza y amor a Dios y por alguno que sufra y tenga necesidad... sin sacrificio no hay amor... sin amor el sacrificio sería simplemente constricción exterior.»
Por su parte, en la homilía durante el rito de la imposición de las cenizas, Juan Pablo II recordó:
«Ascesis: la palabra misma evoca la imagen de elevarse hacia metas elevadas. Esto comporta necesariamente sacrificios y renuncias.; estar dispuestos a afrontar toda dificultad y superar todos los obstáculos para alcanzar el objetivo prefijado. Para ser auténticos discípulos de Cristo, es necesario renunciar a sí mismos, cargar la propia cruz cada día y seguirle (Cf. Lucas 9, 23). Es la senda ardua de la santidad que todo bautizado está llamado a seguir.»
«Desde siempre, la Iglesia presenta algunos medios útiles para avanzar por este camino... las formas penitenciales típicas de la tradición cristiana, como la abstinencia, el ayuno, la mortificación y la renuncia de bienes de por sí legítimos... Todo esto vuelve a presentarse con mayor intensidad durante el período cuaresmal, que representa, en este sentido, un momento fuerte de entrenamiento espiritual... »

¿Y las personas de la tercera edad, y los niños, y los enfermos, y los que por cuestión de tiempo tienen que comer lo que hay?

Bueno, siempre hay alguna forma de ayuno que se puede hacer: privarse de un postre, ponerle menos azúcar al café, ponerle menos sal a la comida, privarse de antojos de comida chatarra, por una vez en la vida no comer hasta hartarse, tomar agua en vez de refresco, comer verduras, etc...

¿Tenemos que comer pescado en vez de carne?

La abstinencia de carne tiene algunas ventajas: está comprobado que la comida con más toxinas (la carne) dificulta el estado de oración y meditación. En este sentido el pescado es más conveniente por tener menos toxinas. En segundo lugar, la carne es por tradición un clásico objeto de complacencia. A casi todo mundo le encanta la carne. Dejar de comer carne significa un sacrificio que puede resultar en dominio de los instintos y desarrollo de la voluntad. Por otro lado, en tiempos de Cristo el pescado era la opción barata y la carne la opción de lujo. La idea era comer algo barato y emplear el dinero ahorrado en un acto de limosna al más necesitado. Sustituir -como nos sugiere el mundo del comercio- la carne por un delicioso platillo a base de pescados o mariscos que cuestan más que la carne, es un absoluto contrasentido (por decirlo decentemente). Si no se puede preparar algo barato y sencillo a base de pescado, es mejor hacer un verdadero sacrificio, reprimir nuestro apetito y comer algo a base de verduras. Y emplear el dinero ahorrado en alguna obra de misericordia.

¿No se puede sustituir la abstinencia de carne por algún otro sacrificio u obra buena?

En algunos casos se ha manejado esa opción como alternativa; pero aquí, entre nos, el que no es capaz de reprimir su gula, más difícil será que pueda hacer otro sacrificio o que se moleste en hacer alguna obra realmente buena. ¿Ha probado usted a reprimir su soberbia, o su envidia, o su rencor, o su sensualidad, o su mal carácter? Lo más probable es que el que no puede hacer el ayuno termine por no hacer nada.
La realidad es que en el ayuno y la abstinencia de carne la Iglesia nos ofrece una maravillosa herramienta para el «entrenamiento espiritual» al alcance de todos; nos permite despejar la mente, practicar la mortificación y posiblemente hasta ahorrar un dinero que se pueda emplear en una buena causa. En lugar de buscar pretextos para no hacer el ayuno, sigamos el sabio consejo de la Iglesia y busquemos una forma de hacerlo adecuada a nuestras condiciones.

(Por Walter Turnbull)

EL OBSERVADOR 452-7

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INTERNACIONAL
Visita del cardenal Walter Kasper al patriarca ortodoxo de Moscú
El ecumenismo de la paciencia
Por Jesús Colina / Zenit - El Observador

Ecumenismo de la paciencia: así se podría resumir la visita que el cardenal Walter Kasper, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, realizó este domingo al Patriarca ortodoxo de Moscú, Alejo II, quien volvió a exponer sus críticas al renacimiento de las comunidades católicas en las repúblicas ex-soviéticas, en las que la mayoría de la población es ortodoxa.

En estos dos últimos años se han complicado seriamente las relaciones con el patriarcado ortodoxo moscovita, debido a la oposición por parte de la Iglesia ortodoxa rusa a la acción misionera de los católicos en esos territorios, en particular la de los católicos de rito oriental, que mantienen las mismas tradiciones y liturgia que los ortodoxos pero obedecen a Roma.

El rechazo de todo diálogo con Roma por parte del patriarca se ha hecho más agudo desde hace dos años, cuando Juan Pablo II decidió la creación de cuatro diócesis católicas en Rusia. Las autoridades reaccionaron con la expulsión del obispo católico de Siberia oriental y de varios sacerdotes, así como con la negación de permisos de residencia para otros representantes católicos. Alejo II, en su encuentro con el cardenal Kasper, calificó aquella decisión del Papa como un «paso poco amistoso». En la víspera, la Santa Sede manifestó que estaba «considerando seriamente» la oposición de la Iglesia ortodoxa rusa al proyecto de crear el patriarcado greco-católico en Ucrania (de rito oriental), proyecto al que se ha opuesto con particular vehemencia Alejo II.

Sin embargo, la visita del cardenal Kasper a Rusia no habrá sido vana. De ella surge al menos la propuesta de crear un grupo de trabajo católico-ortodoxo para la solución de cuestiones específicas entre la Iglesia ortodoxa rusa y la Iglesia católica. El cardenal Kasper dejó claro, en sus contactos con todos los representantes ortodoxos, que «es deseo de la Santa Sede mantener y reforzar ulteriormente las relaciones positivas con las Iglesias ortodoxas» .

En el día en que tenía lugar la cumbre ortodoxo-católica en Moscú, Juan Pablo II ilustró, antes de rezar la oración mariana del Angelus con miles de fieles, el sentido del ministerio del obispo de Roma a la Iglesia universal, tal y como era antes del cisma ortodoxo, hace algo menos de mil años. En la fiesta litúrgica de la Cátedra de San Pedro, el Papa subrayó que «el singular ministerio confiado por el Señor al jefe de los apóstoles» -del que el obispo de Roma es sucesor- consiste en «confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. Misión indispensable que no se basa en prerrogativas humanas, sino en el mismo Cristo, como piedra angular de la comunidad eclesial», aclaró; y pidió oraciones para que «la Iglesia, en la variedad de las culturas, de los idiomas y de las tradiciones, crezca y profese unánimemente las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles».

Es conocido el interés de Juan Pablo II por visitar Moscú. El ecumenismo de la paciencia, que está protagonizando desde hace casi diez años con Rusia, parece indicar que este sueño todavía tendrá que esperar.

EL OBSERVADOR 452-8

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COMUNICACIÓN
Ante la «Nueva Era» hay que presentar a Jesucristo, vivo y resucitado entre nosotros
Entrevista con el padre Paolo Scarafoni, de la Academia Pontificia de Teología

Un ansia de espiritualidad y buenas dosis de angustia llevan incluso a católicos a la «Nueva Era», un fenómeno que la Iglesia puede afrontar presentando a Jesucristo, «vivo y resucitado», «cuya persona tiene una fascinación superior a cualquier otro» y que «llena de sentido la vida», constata el padre Paolo Scarafoni lc, miembro de la Academia Pontificia de Teología.

El sacerdote intervino el viernes pasado en la videoconferencia mundial «La Iglesia, New Age [Nueva Era] y las sectas» organizada por la Congregación vaticana para el Clero.

«Como ha revelado también el cardenal George Cottier, la "Nueva Era" no considera el pecado original y tiende a no considerar el pecado del hombre y, por lo tanto, a no responsabilizar al hombre de sus acciones», explicó el padre Scarafoni -rector del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum»- en esta entrevista concedida a Zenit.

«Además, la "Nueva Era" se alimenta de la psicología de Jung, cuya aproximación es claramente anticristiana», advirtió.

Aunque se define «nueva», en realidad muchas de las ideas de la «Nueva Era» «derivan de antiguas religiones y culturas. Lo que es auténticamente nuevo es la búsqueda consciente de una alternativa a la cultura occidental y a sus raíces judeo-cristianas», prosigue el padre Scarafoni remitiéndose al documento de los Consejos Pontificios para la Cultura y el Diálogo Interreligioso «Jesucristo, portador de agua viva. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era».

¿Cómo se explica el éxito de la «Nueva Era» incluso entre cristianos y católicos?

Depende al menos de tres elementos. Un elemento esencial en la naturaleza humana: el ansia de espiritualidad y de oración; un elemento existencial: el deseo de salir de la angustia que muchos experimentan en la sociedad actual de Occidente, la cual no garantiza una estabilidad ni un futuro; y un elemento psicológico, esto es, la propuesta de una espiritualidad que brota del encuentro entre cultura esotérica y psicología para verificar la transformación y la paz obtenida a través de técnicas.

¿Cómo propone la «Nueva Era» la paz huyendo de la división y la angustia de la cultura occidental?

De diversas formas, todas lejos de la experiencia cristiana. La moda de los viajes a la India; la búsqueda de experiencias místicas; la experiencia de las drogas que producen estados de conciencia que permitirían percibir la unidad de la realidad; la «mística sexual», que permitiría relaciones profundamente amorosas solamente tras la plena liberación de los tabúes sexuales; el recurso a las tradiciones esotéricas (gnosticismo, alquimia, astrología, magia, espiritismo, brujería, religiones orientadas al misterio); el satanismo y las ciencias ocultas. La cristaloterapia está muy difundida.
Algunos libros de «Nueva Era» sostienen que los cristales tendrían una inteligencia oculta capaz de influir en nuestra vida, y enseñan a entrar en contacto con su supuesto poder.

Los seguidores de la Nueva Era hablan frecuentemente de los ángeles...

Hay una auténtica fijación por los ángeles, que los seguidores de Acuario ven por todas partes. Pero sus ángeles no tienen nada en común con los cristianos. Tienen extraños nombres y poderes similares a los de los talismanes y amuletos. A ellos se suman muchas otras figuras populares de la Nueva Era, como los «espíritus guía» y «entidades» variadas.

Paz y felicidad son los sentimientos que propone la Nueva Era...

Es cierto, pero se trata de aspiraciones cuya forma de consecución va contra la Iglesia católica. Las conclusiones compartidas por estas y otras formas de búsqueda de la paz y de la felicidad son: la necesidad de abolición de verdades y dogmas que rompen y dividen la visión de la realidad, y el refugio en la intuición y en lo irracional misterioso; la necesidad de supresión de iglesias o formas de organización estable de las religiones, especialmente de la jerarquía de la Iglesia; la búsqueda de una nueva mística accesible a todos.

¿En qué consiste la nueva mística que ellos proponen?

La nueva mística, practicada también por muchos católicos, se nutre de las más variadas tradiciones de oración, especialmente orientales; rechaza la visión de Dios trascendente, separado y lejano de nosotros. Prevé una purificación interior, signos y prodigios, una fase de vacío interior y, por fin, la llegada al encuentro con «uno mismo», el verdadero uno mismo, que es una sola cosa con Dios, con el universo y con todo lo que existe.

¿Cómo piensa afrontar la Iglesia el desafío lanzado por este movimiento?

Los principios pastorales para afrontar el fenómeno de la Nueva Era son: la presentación confiada de la relación entre fe y razón; la escuela de oración cristiana y de participación viva en los sacramentos, acudiendo también a la gran tradición del patrimonio cristiano; la presentación de Jesucristo, vivo y resucitado y actualmente en comunicación con nosotros, cuya persona tiene una fascinación superior a cualquier otro y cuya presencia llena de sentido la vida de cada hombre; la visión del mundo como creación que es amada por Dios, creador, y que es llevada por Él a su plenitud.

(Fuente: Zenit)

EL OBSERVADOR 452-9

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GRAN REPORTAJE
La tambaleante situación de las familias en el mundo occidental
Se ven algunos signos de esperanza, pero muchos de los problemas continúan

Muchos defensores del matrimonio tradicional temen que dar reconocimiento legal a las parejas homosexuales sólo podría debilitar más a una institución ya de por sí debilitada por varias décadas de tendencias en contra de la familia.

El informe anual sobre la situación del matrimonio en Estados Unidos, hecho público el pasado junio por el National Marriage Project de la Universidad Rutgers, presenta una mezcla de buenas y malas noticias. El tema central examinado en el informe fue la situación del matrimonio como institución donde crecen los niños.

El informe tenía algunas notas positivas sobre la situación de las familias. El porcentaje de niños en hogares con padres casados mostró un aumento marginal, del 68% al 69%. Es importante porque se trata de la primera cifra en décadas que presenta una tendencia contraria. Para los niños negros, el porcentaje de aquellos que viven con padres casados aumentó del 34% al 39% en el periodo 1996-2002. Entre las mujeres de color ha caído la proporción de nacimientos fuera del matrimonio, de un 70.4% en 1994 hasta un 68.5% en el 2001.

El informe, cuyos autores son Barbara Dafoe Whitehead y David Popenoe, comentaba la importancia de este cambio: «Un sólido cuerpo de evidencias científico sociales indica que a los niños les va mejor cuando crecen con sus padres biológicos casados que mantienen una relación con pocos conflictos». Afirmaron que la mejora mostraba que el declive de cuatro décadas del matrimonio puede cambiar para mejor. Pero advertían: «Es demasiado pronto para decir si el cambio de tendencia será continuado».

Lazos parentales

En el lado negativo, el informe observaba un debilitamiento de la conexión entre el matrimonio como una relación de pareja, y el matrimonio como unión parental. Estos dos elementos tradicionalmente estaban unidos. Sin embargo, ahora, «la relación de pareja es cada vez más independiente de la sociedad procreativa y parental».

Una consecuencia de la búsqueda de la felicidad personal como la principal función del matrimonio es, irónicamente, el aumento en los divorcios. En el pasado, las parejas con frecuencia permanecían unidas por causa de los hijos. Hoy, observa el informe, sólo el 15% de la población está de acuerdo en que «cuando hay hijos en la familia, los padres deberían permanecer juntos incluso si el asunto no marcha». Los datos que respaldan estas observaciones:

- Cerca de un tercio de los niños y más de dos tercios de los niños de color nacen fuera del matrimonio.
- Se estima que un 40% de todos los niños pasarán algún tiempo durante sus años de crecimiento en un hogar con una pareja no casada.
- Un millón de niños experimentan cada año el divorcio de sus padres y sus consecuencias.

No resultará fácil invertir esta situación, observa el informe. Los autores citan evidencias que demuestran que para muchos adultos jóvenes y solteros se ha desdibujado la conexión entre matrimonio y paternidad. De hecho, aunque el matrimonio tenía lugar antes de la paternidad en la secuencia de eventos, hoy en día, en muchos casos, la secuencia se ha invertido.

Otro motivo de preocupación es el hecho de que los hombres «están cada vez más desenganchados de las tareas diarias de la crianza y manutención de sus hijos». En general, los hombres permanecen solteros más tiempo antes del matrimonio, teniendo más hijos fuera del matrimonio, cohabitando más que casándose, y divorciándose en más ocasiones. El 18% de los hombres de hoy con edades comprendidas entre 35 y 44 años nunca se han casado, en comparación con el 7% de 1970.

En medio de estos cambios, los niños han sufrido de manera desproporcionada, concluye el informe. Cuando se introdujo el divorcio, se pensó poco en las consecuencias para los niños. Además, las medidas de asistencia social no son un sustituto de una familia estable con padre y madre, afirma el informe.

Entre los muchos estudios citados por los autores para demostrar cómo han sufrido los niños está una revisión de los indicadores sociales entre 1975 y 1998. Este estudio encontró que los índices de relaciones sociales y de bienestar emocional/espiritual «muestran una caída a largo plazo durante las tres décadas estudiadas». El estudio concluye que las mejoras en otras áreas de las vidas de los niños se han visto compensadas por la caída de los niveles de bienestar emocional.

Novias envejecidas

Estados Unidos no es el único que tiene problemas con el matrimonio. Una nota de prensa del 20 de noviembre de Statistics Canada revelaba que el número de parejas que se casaron en Canadá bajó de manera acusada en el 2001.

Se casaron un total de 146 mil 618 parejas, un 6,8% menos que las 157 mil 395 que lo hicieron en el 2000. El número de matrimonios había subido en 1999 y en el 2000, pero las cifras del 2001 supusieron un retorno a la caída experimentada en los años anteriores.

Ha continuado subiendo la media de edad a la que se contrae matrimonio. En promedio, las novias tenían 31,9 años en el 2001, 2.6 años más que las novias de 1991 y 5.7 años más que las de 1981. La media de edad para los novios era de 34.4 años en el 2001, un aumento de 2.6 años con respecto a 1991 y de 5.6 años con respecto a 1981.

Tres cuartas partes (76.4%) de los matrimonios en el 2001 se llevaron a cabo en presencia de un clérigo. Este número se elevaba hasta el 81% cuando se trataba del primer matrimonio tanto para la novia como para el novio.

Mientras tanto, las estadísticas de Inglaterra y Gales mostraron un aumento del 2%, hasta los 291 mil 800, en el número de matrimonios en el 2002, informó el 13 febrero el Times de Londres. Sin embargo, el número subía debido a segundas nupcias. En el 2002, poco menos de un quinto de las ceremonias (46 mil 700) eran segundas nupcias por ambas partes.

En su reportaje sobre los datos, el Telegraph del 30 de enero llamaba la atención sobre la caída del matrimonio a largo plazo. Las cifras han ido cayendo de manera constante desde el pico de 1972, con 480 mil. El matrimonio se ha ido suplantando cada vez más por la cohabitación. La proporción de mujeres con menos de 60 años en cohabitación se ha más que duplicado, desde el 13% de 1986 hasta el 28% del 2001.

España, en donde el matrimonio está mejor que en Estados Unidos o el Reino Unido, también tiene que afrontar una situación en deterioro. La cohabitación engloba ahora a más del 10% de las parejas por debajo de los 50 años, informaba el 2 de febrero el diario El País. Según un estudio llevado a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas, los jóvenes consideran la cohabitación como un paso normal antes del matrimonio.

73% en cohabitación

De hecho, el número de parejas en cohabitación se ha más que doblado desde 1995. Esto se refleja en las cifras de niños nacidos fuera del matrimonio - un 19.5% de los niños nacidos en el 2001, contra un 9.6% de 1990- según las estadísticas del gobierno.

El divorcio es también un problema cada vez mayor en España. Desde que se permitió el divorcio por una ley de 1981, unos 4 millones, cerca del 10% de la población, se ha visto afectado por el mismo, informaba el 29 de octubre el diario ABC de Madrid. De estos afectados, más de un millón eran niños.

En Australia, la situación también es preocupante. Los datos hechos públicos por el Australian Bureau of Statistics muestran que la tendencia de las parejas a vivir juntas sigue aumentando, con el 73% cohabitando antes de casarse, en comparación con el 30% de 1982, informaba el 26 de noviembre el periódico Age. De la población con 15 años o más, 8.4 millones estaban casados, 4.9 millones nunca se han casado, 940 mil eran viudos y 1.1 millones estaban divorciados. El mayor aumento proporcional en los últimos 20 años ha sido el de la población divorciada, que ha aumentado en un 172% entre 1981 y el 2001. Los datos australianos mostraban que también había 760 mil progenitores solteros en el 2002, por encima de los 670 mil de 1996.

El matrimonio es digno de respaldo, comentaba Juan Pablo II en su alocución del 29 de enero a la Rota Romana, debido «al bien objetivo que representa cada unión conyugal y cada familia». Ahora necesita toda la ayuda posible.

(Fuente: Zenit)

EL OBSERVADOR 452-10

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DEBATE
Aborto y tolerancia
Por P. Fernando Pascual / Roma

La tolerancia es una actitud mental y cívica por la que se soporta o permite un comportamiento o un modo de pensar que es distinto del nuestro. En este sentido, todos tenemos algo de tolerantes. Si me molesta el humo de quien fuma a mi lado, lo «toleraré», aunque también puedo alejarme de él con un poco de educación... Cuando me siento a comer con un amigo que mastica con la boca abierta, también tengo que ejercer la virtud de la tolerancia, y con un motivo mayor: es mi amigo.

Ser intolerante, en cambio, es vivir en una actitud de oposición más o menos radical respecto de aquellos que no piensan como nosotros, o que tienen comportamientos más o menos molestos o desagradables (siempre, claro está, dentro de unos límites). Tal actitud puede llevar a la calumnia o a la agresión física. A veces ha llevado al asesinato, a la eliminación del otro.

Un problema ya clásico es que la tolerancia no puede tolerar la intolerancia. O, mejor, no puede tolerar aquellas formas de intolerancia que implican violencia o daños morales a otras personas. Si la tolerancia dejase viva a la intolerancia, pronto el intolerante se haría fuerte, e impondría, como en tantos momentos de la historia, sus ideas por medio de la «ley de la fuerza», por medio de una violencia insaciable.

En el tema del aborto, ¿cómo hay que aplicar la tolerancia? Los que defienden el aborto acusan a quienes van contra el aborto de ser intolerantes. Dicen que los «defensores de la vida» quieren imponer sus opiniones religiosas o quieren prohibir todo debate sobre el aborto, y, por lo tanto, son intolerantes.

Si estamos atentos, la oposición al aborto no coincide necesariamente con una idea religiosa, sino que es una idea civil (tan civil como que quienes defienden el aborto han nacido porque se les dejó nacer, aunque sus padres fuesen ateos). También el cristianismo declara que el robo es pecado, pero el estado no impone la moral cristiana al prohibir los robos: simplemente defiende un derecho natural de sus ciudadanos.

Igualmente, prohibir un debate sobre el aborto es tan natural como prohibir a un grupo racista el tener una discusión pública organizada para pedir el exterminio de los judíos. La tolerancia, no hay que olvidarlo, no puede tolerar la intolerancia...

Conviene tener muy claro este principio: el que defiende el aborto admite un comportamiento que destruye la vida de seres humanos que no han nacido, y que puede dañar enormemente la psicología de la madre que aborta. Por lo mismo, el aborto es un comportamiento gravemente intolerante: no podemos tolerarlo. O, mejor, si queremos ser verdaderamente tolerantes, defensores de los derechos de todos, no podemos no oponernos al aborto: todo ciudadano tiene derecho a la vida. Aunque ese derecho muchas veces sólo empieza a ser efectivo después del nacimiento, también es verdad que para nacer hay que estar antes unos meses en el seno de la madre (al menos mientras no se invente el embarazo «artificial»...).

En los debates sobre el aborto se razona muchas veces con más pasión que sentido común. Es necesario aclarar las cosas, y reconocer que un ser humano inicia en el momento de la concepción. Negarlo sería «inventarnos» (ya se ha hecho) la existencia de un ser «prehumano» que vivió una serie de días, semanas o meses (según la conveniencia de la legislación abortista) en el seno de una mujer, y que un día, ¡gran milagro!, se convirtió en un niño de la especie «homo sapiens sapiens».

Otros empiezan a inventar cifras sobre el aborto para presionar sobre su legalización. El modo de razonar es sumamente extraño. Imaginémoslo aplicado al tema de la delincuencia. «Si los robos al año son tantos millares, entonces podríamos legalizarlo para evitar que se cometa en formas dañinas e incontroladas...» No, razonar así es algo absurdo. «Pero es que muchos de esos robos son violentos, y legalizándolos se evitarían heridas e incluso muertes por culpa de los robos». Aunque se legalizase el robo (lo cual es absurdo), siempre seguiría habiendo robos clandestinos. Lo mismo ha pasado en países que han legalizado el aborto: no han eliminado nunca esos abortos a escondidas que son tan peligrosos para las mujeres (y para sus hijos).

Hay que defender a la tolerancia de los que hacen un mal uso de ella. Hay virtudes que, abandonadas en manos de los enemigos del hombre, son muy peligrosas. No hay peor cosa que un criminal «científico» (y la emergencia del terrorismo biológico nos lo está recordando cada día). No hay peor intolerante que aquel que acusa de intolerantes a quienes defienden, de verdad, la vida de todo hombre antes de nacer. Lo peor de todo es que así se puede confundir lo que es la tolerancia con su sucedáneo puesto al servicio del crimen organizado (como el que se practica, hablemos claro, en las clínicas abortistas).

Una sociedad que ponga en discusión el derecho a la vida de sus ciudadanos, o la igualdad de derechos de los que tienen distinto sexo, raza o religión, pone en discusión los principios fundamentales que permiten nuestra convivencia. Pone en peligro su misma existencia como sociedad. Los derechos fundamentales no pueden ser objeto de discusión. Nos toca a todos defender tales derechos y promover una sociedad más humana, capaz de amparar la vida de todos, también de los no nacidos y de aquellas madres que se encuentren en dificultad.

EL OBSERVADOR 452-11

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COLUMNA ABIERTA
Libertad de educación
Por Walter Turnbull

Aparece un recuadro al pie de la pantalla y en el recuadro un mensaje: «Recuerda que tus hijos no son tuyos. Tú no eres su dueño. Son seres independientes. Tú no tienes derecho a imponerles tu forma de pensar», o algo parecido.

La idea suena bien. Las intenciones podrían ser buenas. Todos somos personas libres y nadie tiene el derecho de imponer (así, lo que se llama imponer) su forma de pensar a otro. Algún día nuestros hijos tienen que decidir por sí solos qué ropa usar, a qué equipo le van, si quieren casarse o no y con quién, cómo quieren ganarse la vida, cómo van a buscar su realización, y finalmente si les interesa irse al cielo o no. Lo que se intenta es evitar que padres fanáticos, retrógrados y prejuiciosos, impongan a sus hijos sus doctrinas y los marginen del modernismo, de la pluralidad y de la libertad de pensamiento.

Por el otro lado, Juan Pablo II repetidamente ha insistido en que los padres -y también las escuelas- deben dar instrucción religiosa a sus hijos y en que tienen derecho a decidir sobre el tipo de educación que deben recibir sus hijos. En Estados Unidos, por ejemplo, los padres pueden educar a sus hijos en sus propias casas, en un sistema abierto, para evitar que a sus hijos les enseñen doctrinas que no están de acuerdo con sus creencias (claro que en México estamos muy adelantados en educación en comparación con Estados Unidos).

En respuesta los fanáticos de la libertad de creencia ya están luchando porque se prohíba la educación en casa para que los papás no puedan evitar ese adoctrinamiento y los niños tengan la oportunidad de aprender en la escuela todas las inmoralidades y estupideces que el sistema educativo disponga en ese momento. Como usted ya habrá escuchado, en algunos países liberales ya han dispuesto que a los doce años toda persona tenga derecho a definir su opción sexual (castidad, matrimonio, amasiato, promiscuidad, homosexualidad, sadomasoquismo, bestialismo, etc.) sin que los padres tengan derecho a intervenir, so pena de ser perseguidos por el delito de coacción. Todo en nombre de la pluralidad en la información y la libertad de elección. El problema aquí es que esa pretendida pluralidad en la práctica degenera en una parcialidad desastrosa.

En una situación equilibrada, el niño tendría que conocer las creencias de sus padres y también otras opciones para poder elegir. Los padres tendrían que enseñar -no imponer- su religión (o su ética o su ateísmo, o su lo que sea), y otras instancias tener la oportunidad de predicar la suya.

En la realidad, esta política de falsa apertura termina por obstaculizar la enseñanza paterna y dejas el camino libre a todas las demás enseñanzas. El de los refrescos nos impone que la felicidad está en tomar tal o cual refresco, y el de los coches que en tener su coche, y el de las cremas en usar su crema. El maestro de biología nos predica el materialismo y el maestro de historia el marxismo. Las telenovelas nos predican que la vida tiene que ser conflicto, traición, adulterio... Las series y películas gringas nos enseñan que la justicia sólo se obtiene por la violencia. El cine y televisión mexicanos nos enseñan que el sexo es divertido porque es ridículo. Alguien de los medios nos recuerda que entre los derechos del niño está el ejercitar libremente su sexualidad. Los intelectuales nos enseñan que la Iglesia es una estafa. La educación oficial nos enseña que la constitución mexicana es perfecta y que la bandera es santa. Todos nos enseñan que la felicidad está en el bienestar económico, en el prestigio y en el placer sexual... Y los papás no le pueden enseñar a sus hijos los diez mandamientos de la Ley de Dios.

Y si de imponer hablamos, todos estos medios utilizan la obligatoriedad, el monopolio, la programación subliminal, las técnicas publicitarias, el bombardeo irrestricto, la mentira disfrazada... y nadie -excepto la Iglesia católica- les dice nada. Los padres no cuentan más que con su palabra y con su ejemplo, y los educadores modernos los quieren amordazar. Los creyentes y los padres, y sobre todo los padres creyentes, están hoy siendo víctimas de una competencia desleal. Ese «no debes imponer tus ideas a tus hijos», termina convirtiéndose en: «cualquiera puede imponer a tus hijos sus ideas menos tú».

Si estos promotores de la libertad de creencia tiene buenas o malas intenciones o si son conscientes del daño que pueden causar, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que están propiciando una situación perversa y que, sabiéndolo o no, están trabajando por la perdición del hombre.

Mi hijo no es mío, es una persona aparte, pero como persona tiene derecho a conocer la verdad; y yo, como cristiano, tengo el tesoro de la sabiduría de Dios y tengo la obligación y el privilegio de darlo a conocer. Empezando por mi hijo.

Señores liberales, ustedes que son tan tolerantes, me van a tener que perdonar.

EL OBSERVADOR 452-12

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TESTIMONIO
Reacciones de los que ya vieron la película La Pasión
No trata de lo que los hombres le hicieron a Dios, sino de lo que Dios hizo por la humanidad.

Las reacciones de los que ya vieron el filme La Pasión (en inglés hubo que cambiar el nombre a The Passion of Christ por cuestiones de derecho de autor) son positivas.

Joseph Camerieri, una pasante de abogacía, residente en Los Ángeles, mientras trataba de contener las lágrimas en declaraciones a Associated Press, declaró: «Creo que si eres cristiano, la película multiplicará tu fe en lo que Cristo ha hecho por uno. Y si no eres cristiano, probablemente tratarás con más amor a tu prójimo». En Boca Ratón, el ingeniero Gustavo A Sanchez opinó: «Los más preciosos momentos de la película se vivieron entre María y Jesús, nunca antes revelados sobre la pantalla gigante. Van a impactar al mundo protestante, donde a María la tienen tan relegada». Victor R. Evins, de la ciudad de Miami, dijo que, tras ver la cinta, «no he dejado de darle gracias al Padre por su Hijo Jesús, que se humilló, cargó y pagó por tus pecados y los míos». El maestro Gus Ramírez, de Harlinger, comentó que fue al cine sólo para acompañar a su hermana, «pero fui noqueado totalmente por la entrega de Jesús; nunca me imaginé algo así. Estoy tan acostumbrado a ver un crucifijo en la iglesia que nunca me detuve a pensar lo que significó el llegar hasta ese punto». Alejandro Picazo, también maestro, pero de la ciudad de San Diego, dijo: «No volveré a leer los Evangelios de la Pasión de la misma manera. En la escena en la que María recibe el cuerpo inerte de Jesús, se aprecia el papel de María como co-redentora».

Maria Christabel Bertrand, dedicada al arte y radicada en Miami, Florida, comentó: «La película es impactante, no dejé de llorar al saber que mi Dios, el dueño de todo y creador del mundo, sufrió eso por mí y por tí, para nuestra salvación... Mi esposo y yo no pudimos contener el sentimiento, y en la sala escuché y vi a hombres y mujeres llorar. Con esta película se convertirán muchos al cristianismo. Excelente trabajo guiado por el mismísimo Altísimo, pienso que no hay duda en eso. María, Madre de Dios: ahora sabemos más lo que sufriste en ese momento y ahora amo más a mi Dios y a tí también, y a todos los hermanos».

Jerarquía y organizaciones católicas

En Nueva York, William Donahue, presidente de la Liga Católica, opinó que «ésta es la película más poderosa que he visto en mi vida». Tres miembros de la Oficina de Cine y Broadcasting de la Conferencia Episcopal Estadounidense publicaron un comentario en el que sostienen que La Pasión dará a los cristianos «una comprensión más profunda del drama de la salvación y la magnitud del amor y el perdón de Dios», y que la cinta «no trata de lo que los hombres le hicieron a Dios sino de lo que Dios hizo por la humanidad».

En Grand Rapids, el obispo Kevin Britt, después de ver el filme junto con un grupo de judíos, señaló: «No creo que pueda leer el Evangelio de nuevo con los mismos ojos. Ver el sufrimiento real de Cristo le da todo un nuevo significado».

El prefecto de la Congregación para el Clero, cardenal Darío Castrillón, opina que la película debería ser vista por todos los sacerdotes, los fieles cristianos y los no cristianos en todo el mundo. «Como le dije al señor Gibson luego de la proyección, yo con mucho gusto cambiaría algunas de las homilías que he dado acerca de la pasión de Cristo por tan sólo unas cuantas escenas de este film».

Por su parte, el presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Mons. John P. Foley, reconoció que el filme es violento, pero en este caso «la violencia nos ayuda a comprender el sufrimiento de Jesús por nuestros pecados». Y el arzobispo de Atlanta, Mons. John F. Donoghue, afirmó que los que vean la cinta «no seguirán siendo las mismas personas que eran antes. Ya no serán nunca incapaces de imaginar el sufrimiento de nuestro Señor y el terrible precio que Él pagó para salvarnos»; agregó que La Pasión «puede ayudar a que esta Cuaresma sea diferente a todas, e incluso, cambie permanentemente la manera como visualizamos e intentamos compartir el gran amor que el Señor nos ha mostrado».

Voces protestantes

El predicador evangélico más famoso entre los estadounidenses, Billy Graham, actualmente de 85 años de edad, calificó la película como «fiel a las enseñanzas de la Biblia», y afirmó que las escenas lo llevaron «hasta las lágrimas». Explicó: «Siempre me he preguntado cómo debe haber sido estar presente durante esas últimas horas antes de la muerte de Cristo»; y, «después de ver La Pasión, siento como si hubiese estado allí».

Y en Washington DC, la Coalición Cristiana publicó un comunicado oficial en el que alienta a todas las familias creyentes a ver La Pasión con sus amigos.

Lo que dicen los judíos

El judío Norm Coleman, senador republicano de Minnesota, tras asisitir al estreno. descartó las acusaciones de antisemitismo. Coleman, casado con una mujer católica, señaló que después de la película terminó hablando con su hijo sobre Dios y el significado del sacrificio de Jesús. Agregó que si quienes ven la cinta terminan tan conmovidos como él, la película habrá logrado su cometido.

El presidente del Consejo Judío neozelandés, David Zwartz, sostuvo que «el público sensato no podrá encontrar mensajes antisemitas en este film». El rabino neoyorquino Rigoberto Emmanuel Viñas dijo no concordar con el juicio que hacen varias organizaciones judías que acusan de antisemita a la película; expresó su malestar sobre la controversia creada en torno del filme y señaló que, en su opinión, no se está permitiendo que salga a la luz el verdadero mensaje de la película: «Creo que ese mensaje habla de la pasión y la energía de la religión cristiana».

Por cierto, Alan Sereboff, el joven guionista de La Pasión, que es judío, dice: «No puedo recordar otro film que ha producido un efecto tan profundo en mi comprensión de la historia, de la religión, y tal vez, lo más importante, de lo que los seres humanos somos capaces de hacer por el otro». Y agrega: «Como judío, terminé de ver la película con una sensación de simpatía y cercanía con mis hermanos cristianos que nunca consideré imaginable. Veo La Pasión como una de las herramientas más poderosas de unidad que podemos aprovechar en este medio».

(Con información de ACI)

EL OBSERVADOR 452-13

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Jim Caviezel revela los avatares de interpretar a Jesús en La Pasión

En declaraciones a la agencia Associated Press, el actor Jim Caviezel, quien interpreta a Jesús en La Pasión, recordó los numerosos esfuerzos físicos que tuvo que sufrir en el rodaje y aseguró que aceptó el papel porque quería «la verdad absoluta».

Caviezel estuvo suspendido semidesnudo de una cruz en medio de ráfagas heladas durante semanas de filmación; fue alcanzado por un rayo durante la recreación del Sermón de la Montaña; un actor que interpretaba a un torturador romano le hizo una herida de 35 centímetros en la espalda durante una escena de la flagelación; se dislocó un hombro portando la cruz; contrajo neumonía e infección pulmonar, y sobrellevó cortaduras, tajos y dolor de espalda por las cadenas que debió arrastrar.

Muchos días Caviezel se levantaba a las 2 de la mañana y pasaba diez horas en sesiones de maquillaje para simular las heridas: un ojo hinchado por una golpiza, la corona de espinas y la piel desgarrada de pies a cabeza. Además, fue encadenado a un poste con un tablón atrás para absorber los golpes.

En determinado momento, el director Mel Gibson instruyó a los dos actores flagelantes que soltaran los latigazos con un movimiento semejante al de lanzar una pelota de beisbol. Caviezel recibió un terrible latigazo en la espalda cuando uno de los dos actores calculó mal. «Serpenteó por sobre el tablón y me golpeó con tal velocidad que no pude respirar- recordó Caviezel-. El impacto es tan terrible que te quedas sin aire. Me di vuelta y miré al tipo y, les digo, yo podía estar interpretando a Jesús pero me sentía como Satanás en ese momento. Lo miré y atiné a decirle un par de palabras». Momentos después volvió a recibir un latigazo en la misma herida.

(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 452-14

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MIRADAS DESDE EUROPA
Tiempo de misericordia
Por Miguel Rivilla San Martín

Si bien es cierto que todo tiempo es bueno para reconciliarse con Dios, lo es, de un modo especial, el tiempo fuerte de Cuaresma (cuarenta días que anteceden a la fiesta de las fiestas cristianas, que es la Pascua). «Éste es el día del Señor, éste es el tiempo de la misericordia», nos recuerda a todos nuestra madre la Iglesia.

Dado que todos somos pecadores -necesitados de la gracia y el perdón de Dios, pues el único justo es Jesús-, no deberíamos desaprovechar este tiempo, propicio para reconciliarnos con Dios, con su Iglesia, con nosotros mismos y obtener así la paz de nuestra conciencia.

Merece la pena volvernos a nuestro Padre Dios, que nos está aguardando con los brazos abiertos. Él nos quiere, nos comprende y nos perdona siempre. «Conoce nuestra masa y sabe que somos barro». Él es un Dios compasivo y misericordioso. No nos trata como merecen nuestros pecados. Él perdona todas las culpas y nos colma de gracia y de ternura. Basta que desde el fondo de nuestro corazón digamos, sinceramente arrepentidos, como el publicano de la parábola: «Acuérdate de mí, Señor, que soy un pecador», y la gracia de Dios nos justificará de inmediato, aunque nos quede luego la obligación de reconciliarnos con la Iglesia por medio del sacramento del perdón.

EL OBSERVADOR 452-14

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FIN

 
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