El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
4 de abril de 2004 - No.456

SUMARIO

bulletPORTADA -Sobre La Pasión de Cristo
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - poder de los medios
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - la cruz y sígueme
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- ños víctimas de abuso sexual
bulletDomingo de Ramos
bulletPINCELADAS -El Cristo mutilado
bulletJÓVENES -La Última Cena de Da Vinci
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - ¿Para qué sirven las leyes?
bulletCULTURA -Apología del libro

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PORTADA
Sobre La Pasión de Cristo

Por Eduardo Hayen Cuarón / El Observador / periodismocatolico.com
La película de Mel Gibson La Pasión de Cristo viene a sacudir al hombre de hoy, tan ocupado del bienestar y del placer, y tan huidizo de todo lo que represente sacrificio o compromiso. Ciertamente, al mundo moderno le gustaría tener un Cristo más rosa y menos sangriento.


En términos de taquilla, La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, ha sido un éxito contundente: 117 millones de dólares obtuvo en los primeros cinco días de exhibición. La obra, cinematográficamente, no deja de ser elogiable: fotografía, vestuario, maquillaje, efectos especiales, la producción y las actuaciones son de muy alta calidad. Sin embargo, aquí queremos ocuparnos de sus efectos espirituales. Mel Gibson logra su propósito: conmocionar al espectador presentándole el drama de las últimas doce horas de la vida de Jesucristo.

Si el condenado a muerte fuese un hombre cualquiera, la película no pasaría de ser un filme violento como los que abundan en las carteleras. Pero se trata del Dios-hombre con el que el público, en su mayoría, ha establecido una relación espiritual. Es el Dios-hombre con el que el espectador tendrá que vérselas después de la muerte en el juicio particular. Se trata de Aquél que libremente se entregó al martirio para pagar el precio del rescate de la humanidad. La sangre que vemos correr en la pantalla no es la sangre de una simple película de violencia. Es evocación de la Sangre preciosa del Redentor que reconcilió a los hombres con Dios, lavando las culpas personales y de toda la raza humana. Por eso gran parte del público que contempla aquellas escenas con ojos de fe se conmociona y se siente llamado a la conversión.

Contra la cultura del placer

La película resuelve la tragedia del Calvario, a la que ha dedicado dos horas, con la resurrección de Cristo, a la que dedica solamente los últimos dos minutos. Mel Gibson enfatiza así la cruz como el centro del misterio cristiano. El filme nos recuerda que el núcleo del cristianismo es Cristo encarnado, que el culmen de la encarnación es la Pasión, y que el centro de la Pasión es la Cruz. Y aunque los cristianos vivimos de la esperanza de alcanzar el mismo destino glorioso del Señor resucitado, el contemplar la pasión de Cristo nos recuerda que, mientras peregrinamos en el mundo, seguimos a Cristo crucificado cargando nuestra propia cruz. Con razón el símbolo de los cristianos no es el sudario del resucitado, sino la cruz del crucificado.

Desde tiempos del imperio romano, los paganos se burlaban de los cristianos por adorar a un Dios crucificado. Lo consideraban repugnante. Y el hombre de hoy acepta difícilmente aquellas páginas de la Biblia que narran la Pasión y la Cruz. Hay quienes quisieran saltar de la Última Cena a la Resurrección, evitando los capítulos del suplicio. Al mundo moderno, tan ocupado del bienestar y del placer, y tan huidizo de todo lo que represente sacrificio o compromiso, le gustaría tener un Cristo más rosa y menos sangriento. Hay corrientes espirituales que tachan de dolorismo morboso la actitud de contemplación del crucifijo que se complace en el dolor y pierde de vista la Resurrección. De hecho ésta es una de las críticas a Mel Gibson. Sin embargo, las palabras de Pío XII, en su encíclica Mediator Dei, alientan a los artistas que, como Gibson, exaltan la Pasión del Señor: "Algunos quisieran ver desalojadas de los templos las imágenes de Cristo crucificado que le representan doliente… Si sus acerbos tormentos constituyen el principal misterio donde se obra nuestra redención, es lo más conforme a la fe cristiana que ese misterio se ponga de relieve".

La película de Gibson viene a recordarnos, por una parte, que el origen de todo nuestro bien se encuentra en la Pasión.

EL OBSERVADOR 456-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El poder de los medios
Por Jaime Septién

Ya casi nadie discute, después del vuelco electoral sin precedentes en España, que llevó, en tres días, al poder al partido que iba abajo en las encuestas tras los atentados de Madrid, que el voto de la gente, su comparecencia ante las urnas y su decisión soberana (cimiento de la democracia) penden no tanto de un hilo, sino del sistema de medios de comunicación en su conjunto.

La comunicación pública, en el siglo XXI, encabezada por la televisión y la computadora, ha, por decirlo de una forma, moldeado el juicio político de la mayoría, sin que existan en ésta niveles medianamente similares de instrucción: el letrado y el iletrado; el alfabetizado y el analfabeta; el doctorado y el lírico; el de la universidad y el de la vida, todos sacan hoy su voto desde el mismo referente público, desde el espejo común en el que se refleja el poder o sus contrarios.

Los autores materiales e intelectuales de Madrid sabían -con absoluta precisión- que iban a provocar una suerte de golpe de Estado mediático. La misma industria de los medios española pasó de ser testigo a protagonista en esos tres días de vorágine. Suyos son aspectos tan curiosos como las declaraciones a la cadena SER del cineasta manchego Pedro Almodóvar, en el sentido que el Partido Popular (PP) habría querido forzar la mano al rey Juan Carlos para que firmara un decreto de Estado de Excepción y aplazara las elecciones; o las convocatorias por internet a los jóvenes españoles para que se movilizaran el sábado 13 de marzo y protestaran frente a las sedes del PP bajo el lema «¿Quién fue?» que, horas más tarde, se convertiría en el estribillo recitado al pie de la urna…

El peligro que Karl Popper veía (contra la democracia) en el televisor, se ha aumentado con la insospechada capacidad de convocatoria que posee internet. Los ensayos previos a la convocatoria del 13 de marzo habían sido en multitud de actos instantáneos que convocaban a jóvenes a juntarse en determinados lugares por el sólo hecho de juntarse en determinados lugares. Esta ocasión tuvo un destino: las sedes del PP en la geografía española. Y un motivo: inducir el voto entre los jóvenes a raíz de la acusación al gobierno de Aznar de estar ocultando la autoría de los atentados (Al Qaeda), echándole la culpa a ETA y capitalizando el voto de la ira doméstica, local, enfocada a su candidato a la presidencia de gobierno. Todo ello sucedió en un abrir y cerrar de ojos. De paso, quedó claro que ya no es la economía la que hace posible el voto, sino una estrategia amalgamada de radio, televisión, prensa e Internet, con miras al votante espectador y no al votante ilustrado. Por supuesto que hay consecuencias. Como bien decía (en La Tercera Fase, Taurus, 2001) Raffaele Simone, lo que está cambiando, en verdad, son las formas de conocimiento de la gente, «la idea misma del saber y de la cultura ha cambiado profundamente y tal vez ya no sabríamos cómo definirla».

Si es así, también han cambiado las elecciones, los votos, las decisiones de por quiénes ir a las urnas y qué sacar de ellas. Hay que enfrentar a bote pronto estos hechos. Los españoles, por ejemplo, todavía no acaban de entender, a tres semanas de las elecciones, qué fue lo que pasó. Y ya hubo balazos electorales en Taiwán y en Oaxaca.

EL OBSERVADOR 456-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Toma la cruz y sígueme

«Toma la cruz y sígueme. De la misma manera que la cruz puede reducirse a mero objeto ornamental, así también 'tomar la cruz' puede llegar a ser un modo de decir. Pero en la enseñanza de Jesús esta expresión no pone en primer plano la mortificación y la renuncia. No se refiere ante todo al deber de soportar con paciencia las pequeñas o grandes tribulaciones diarias; ni mucho menos quiere ser una exaltación del dolor como medio de agradar a Dios. El cristiano no busca el sufrimiento por sí mismo, sino el amor. Y la cruz acogida se transforma en el signo del amor y del don total. Llevarla en pos de Cristo quiere decir unirse a Él en el ofrecimiento de la prueba máxima del amor.

«No se puede hablar de la cruz sin considerar el amor que Dios nos tiene, el hecho de que Dios quiere colmarnos de sus bienes. Con la invitación 'sígueme', Jesús no sólo repite a sus discípulos: tómame como modelo, sino también: comparte mi vida y mis opciones, entrega como yo tu vida por amor a Dios y a los hermanos. Así, Cristo abre ante nosotros el 'camino de la vida', que, por desgracia, está constantemente amenazado por el 'camino de la muerte'. El pecado es este camino que separa al hombre de Dios y del prójimo, causando división y minando desde dentro la sociedad.

«El 'camino de la vida', que imita y renueva las actitudes de Jesús, es el camino de la fe y de la conversión; o sea, precisamente el camino de la cruz. Es el camino que lleva a confiar en Él y en su designio salvífico, a creer que Él murió para manifestar el amor de Dios a todo hombre; es el camino de salvación en medio de una sociedad a menudo fragmentaria, confusa y contradictoria; es el camino de la felicidad de seguir a Cristo hasta las últimas consecuencias, en las circunstancias a menudo dramáticas de la vida diaria; es el camino que no teme fracasos, dificultades, marginación y soledad, porque llena el corazón del hombre de la presencia de Jesús; es el camino de la paz, del dominio de sí, de la alegría profunda del corazón».

EL OBSERVADOR 456-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Niños víctimas de abuso sexual
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
A la edad de 5 años fui victima de una violación que duró alrededor de un año por parte de un familiar. ¿Que puedo hacer para superar este problema de abuso y de maltrato?

RESPUESTA:
Me pides que no cuente tu caso en El Observador, por eso solamente hago mención del problema principal. La razón de ser de este espacio para hacer preguntas es precisamente compartir con otras personas lo que sucede a otros y orientar tanto a quien comparte su caso como a quienes lo leen y pueden tener problemas similares. Esto es especialmente importante en una situación como la tuya, que suele manejarse como un gran secreto. Hay que romper el silencio. Hay que invitar a las víctimas de abuso sexual a hablar de lo que sucedió con alguien capaz de ayudarlos. Hay que alertar a los padres de familia acerca de este peligro.

Niñas y niños corren el mismo peligro
Los padres de familia suelen cuidar a sus hijas, y hacen bien; pero muchos no hacen lo mismo con sus hijos varones. Creen que el hecho de ser hombres los protege, y no es así. No tengo estadísticas a la mano, y las que hay son muy inseguras, porque los hombres hablan aún menos que las mujeres del asunto, pero es impresionante la cantidad de niños que son víctimas de abuso sexual. Muchos de ellos resienten las consecuencias al entrar a la adolescencia o en la edad adulta.

La profundidad del daño
La profundidad del daño que provoca un abuso sexual depende de muchos factores, entre otros:
-Qué fue lo que sucedió, si se realizó o no el acto sexual o si solamente hubo caricias, contacto oral o desnudez…
-Si hubo violencia física, chantajes o amenazas.
-Si la víctima fue pasiva o si el abusador le hizo hacer algo.
-Si fue un hecho aislado o si se repitió varias o muchas veces en un período más o menos largo.
-Quién fue el abusador. Si fue una persona cercana o un desconocido, si tenía autoridad sobre la víctima.
-El sexo del abusador.
-La edad que tenían uno y otro en el momento del abuso y la diferencia de edades entre ambos.
-Si alguien se dio cuenta y si eso provocó burlas o fue causa de vergüenza.
-El ambiente de seguridad y confianza, o de falta de estas, que la víctima encontraba en su hogar. Esto determina, en buena medida, si la víctima acude a sus padres buscando protección. También cuenta el que los padres hablen o no de estos temas con sus hijos, obviamente de una forma adecuada a su edad.

Las consecuencias
Todo esto tendrías que analizarlo, como tú mismo sugieres, con un psicólogo. Así como las consecuencias que este abuso trajo a tu vida. Las víctimas del abuso sexual suelen sufrir depresión, tener un sentido bajo de la propia valía, sentirse sucias, indignas y menos que los demás. Por absurdo que parezca, suelen sentirse culpables de lo que les sucedió. Pueden formarse un miedo a las relaciones íntimas, un temor constante a ser lastimadas. Suelen tener distorsiones en el manejo de la propia sexualidad. Por todo esto es frecuente que elijan parejas inadecuadas. Cuando el abuso es realizado por un hombre en un niño cuando éste entra a la adolescencia puede tener dudas acerca de su identidad sexual y temor a la homosexualidad. Como ves, mucho de lo ocurre en tu vida puede tener que ver con el abuso que sufriste, así que ya no lo pienses y busca esa ayuda. Libérate de ese peso que has cargado tantos años.

La herida no tiene por qué ser permanente
La buena noticia es que el daño no es permanente. Una vez que sanes de esto te sentirás libre y te respetarás a ti mismo. El violador no pudo tocar tu alma y pronto te darás cuenta de ello. Tienes derecho a ser feliz y a tener una vida plena, así que busca ya esa ayuda profesional. Y continúa, claro, con el acercamiento a Dios que has tenido. Como bien dices, Dios te ama con un amor eterno. Y sí, cuando superes estos problemas, la experiencia te servirá para ser más solidario y a dar vida. Así que, adelante, no lo pienses más, suelta esa carga inútil y aprende a ser feliz.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com
 

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Domingo de Ramos
Sergio Ibarra

Este es un día distinto. Jesús entra a la Ciudad Santa no como otras veces, en el anonimato, mezclado entre la muchedumbre. No, este domingo aparece acompañado de sus doce discípulos, de las mujeres, los niños, los hombres que lo siguen, de su gente la de su ciudad, de sus paisanos. Esta vez no quiere entrar a pie: envía a dos discípulos a que le traigan un burro. En un burro, sí, en un sencillo burro, un animal manso.

Era el comienzo de la primavera, los campos verdes, las flores nacientes adornan el paso del Nuevo Rey. Una día claro donde el azul del cielo acompaña su paso. El grito de Pedro se convirtió en el himno del pequeño "ejército" que gritaba y gritaba "Hosanna al hijo de David". El contingente se acerca a la ciudad. Una ciudad sorda, llena de egoísmo y de violencia. Los que se atreven han cortado ramas de palmera, ramas de olivo, ramas que serán este símbolo que acompaña al día de hoy, el Domingo de Ramos, que representa la manifestación de una parte de su pueblo que reconoce a quien viene en nombre de Dios. "el Rey que viene en nombre del Señor" gritan las voces que la represión farisea no pudo acallar. Le convidan a que calle a sus discípulos, pero Jesús les advierte que las piedras gritarían.

Sube al templo. Sus enemigos se encuentran allí. Ha subido a poner orden. A ellos se dirige: "¡Llevaos de aquí todo esto!, ¡La casa de Dios es casa de oración, y vosotros habéis hecho de ella una cueva de ladrones!". Un acto de purificación, un acto donde Jesús expresa su repugnancia, un mercado al que denomina cueva de bandidos, quizás corteses, quizás educados, pero entregados a sus transacciones y olvidados de las otras ganancias, las espirituales. El Cristo tiene compasión por todos, incluidos los ricos, pero rechaza el dinero, ha limpiado el templo para decir las verdades que hagan a la humanidad más humana; sin embargo, con este acto Jesús puso en contra suya a todos los ricos, los mismos que unos días después exigirán que se le castigue por echarles a perder la fiesta y poner de manifiesto la mugre del hombre. No solamente ha herido a los comerciantes, ha herido a los sacerdotes judíos, arroja del Templo a sus aliados. Ése fue el Domingo, el único, en que la humanidad tuvo a un verdadero Rey.

EL OBSERVADOR 456-5

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PINCELADAS
El Cristo mutilado
Por Justo López Melús *

El Señor, normalmente, desea remediar las necesidades de los demás sirviéndose de nosotros. Cuando pedimos al Señor, en las preces de la Misa, que atienda a los necesitados, si escuchamos bien, si leemos el Evnagelio, veremos que nos dice: «Quiero que los atiendas tú». Es lo que hace la multitud de «Teresa de Calcuta» que sigue hoy curando llagas por todo el ancho mundo.

En un pueblo alemán quedó hecha añicos una imagen de Cristo a la que tenían mucha devoción. Buscaron los fragmentos del Cristo para reconstruirlo, pero no encontraron los brazos. No quisieron adquirir una imagen nueva. Conservaron la venerada imagen sin brazos, con esta significativa inscripción: «No tengo más brazos que los vuestros».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 456-6

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JÓVENES
La Última Cenade Da Vinci

Existe una anécdota del gran pintor, escultor e inventor Leonardo Da Vinci, acerca de su pintura La Última Cena, una de sus obras más copiadas y vendidas en la actualidad.

Tardó 20 años en hacerla debido a que era muy exigente al buscar a las personas que servirían de modelos. Tuvo problemas en iniciar la pintura porque no encontraba al modelo para representar a Jesús, quien tenía que reflejar en su rostro pureza, nobleza y los más bellos sentimientos... Asimismo, debía poseer una extraordinaria belleza varonil.

Por fin encontró a un joven con esas características, fue el primero que pintó. Después fue localizando a los once apóstoles, a quienes pintó juntos, dejando pendiente a Judas Iscariote, pues no daba con el modelo adecuado.

Éste debía ser una persona de edad madura y mostrar en el rostro las huellas de la traición y la avaricia, por lo que el cuadro quedó inconcluso por largo tiempo, hasta que le hablaron de un terrible criminal al que habían apresado. Fue a verlo y era exactamente el Judas que él quería para terminar su obra, por lo que solicitó al alcalde le permitiera al reo que posara para él. El alcalde, conociendo la fama del maestro Da Vinci, aceptó gustoso y llevaron hasta el estudio del pintor al reo custodiado por dos guardias y encadenado. Durante todo el tiempo el reo no dio muestra de emoción alguna de que había sido elegido para modelo, mostrándose demasiado callado y distante.

Al final Da Vinci, satisfecho del resultado, llamó al reo y le mostró la obra. Cuando el reo la vio, sumamente impresionado cayó de rodillas llorando. Da Vinci, extrañado, le preguntó el por qué de su actitud, a lo que el preso respondió:

- Maestro Da Vinci, ¿es que acaso no me recuerda?
Da Vinci, observándolo, le contesta:
- No, nunca antes lo había visto.
Llorando y pidiendo perdón a Dios el reo le dijo:
- Maestro, yo soy aquel joven que hace 19 años usted escogió para representar a Jesús en este mismo cuadro.

Moraleja: Por más belleza física que se posea, es la belleza interna la que al fin sale a relucir a través del tiempo. Si se lleva una vida de malos sentimientos, éstos quedarán marcados en las arrugas de nuestro rostro.

(De dominio público)

EL OBSERVADOR 456-7

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
¿Para qué sirven las leyes?
Por Antonio Maza Pereda

En una reciente reunión entre profesores, interesados en la formación integral, filosofía, ética y aspectos similares, apareció (¿cómo no?) el tema de la muy traída y llevada píldora del día siguiente. Yo les hacía ver a los asistentes que toda la discusión sobre la legalidad o ilegalidad de tal píldora era un tanto inútil. Estas leyes -decía yo- que prohiben el aborto en México, son letra muerta. ¿Saben ustedes de una sola persona que haya sido procesada, que esté sujeta a juicio, que haya sido encarcelada o siquiera multada por llevar a cabo un aborto? Obviamente, nadie pudo citar un solo caso. Esta discusión es puramente académica. La solución -seguía yo- es la formación de la población. Ciertamente, esto es así.

En el siglo segundo después de Cristo, el aborto era legal en Roma. Los pocos cristianos que había en el imperio romano, perseguidos y martirizados, poco podían hacer para que el Senado o los Césares hicieran ilegal el aborto. Con el tiempo, cuando los valores cristianos fueron aceptados por una parte mayor de la sociedad, la sociedad misma pidió el cambio. Y el cambio vino.

Estaba yo muy satisfecho con mi argumento, cuando otro de los asistentes me rebatió. Las leyes -dijo- importan mucho. Tengo que reconocer que mi colega tiene razón. Cuando una sociedad se da una ley, está mandando a todos un mensaje muy claro: este es un tema muy importante. Es por eso que importan; si se cumplen o no, ese es otro tema. Desgraciadamente yo caí en la trampa en la que hemos caído muchos mexicanos. Hace tanto que hay leyes que no se cumplen en este país, es tan tenue el estado de derecho entre nosotros, que hemos perdido la fe en estas leyes. Pero la solución no es rendirse, mediante la despenalización de aquellos temas en los que las leyes no se cumplen.

Es cierto. Es muy importante apoyar las leyes que hacen ilegal el aborto y no ver como indiferente el que cada vez se pongan más y más excepciones. Si usted se fija, el pensar de otro modo es darle la razón a quienes quieren despenalizar las drogas, a los que quitaron las multas a las infracciones de tránsito en una importante ciudad del país. Llevado al extremo significaría, por ejemplo, que hay que dejar de prohibir el robo de autos porque no se captura a los culpables, despenalizar los asaltos porque la gente ya ni siquiera los denuncia, al saber que solo se arresta a una mínima parte de los asaltantes… y muchas veces salen libres.

El tema es importante. No podemos dejar de apoyar las leyes por el hecho de que no se cumplen. Si una ley es injusta, cambiémosla en buena hora. Pero no demos a nuestra sociedad el mensaje confuso de que una ley que no se cumple es porque no merece que nos preocupemos por ella.

EL OBSERVADOR 456-8

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CULTURA
Apología del libro
Por Carlos Díaz

Una de las formas más fantásticamente privilegiadas a la hora de la humana comunicación constitúyela el libro: nadie podría dudarlo. De muchas incomunicaciones profundas ¿quién te ha librado?: El libro, el libro y su lectura libre, es decir, los libros, el juego de ideas que es como el río que no cesa en forma impresa. De él emergen todas las voces, todas las palabras, todos los mensajes. Monumento al libro en el lugar que antes estuvieran las alambradas del Muro de Berlín.

Tan excelente el libro, que no puede comprenderse cómo cabe preferir los medios de masa a una buena masa de libros. Cuando un libro se quema, algo suyo se quema, señor conde, algo de su ecología humana queda dañado en lo profundo. ¿Y cuando llegue el momento de convertirse al fin en hombre-libro porque ya los libros no interesen a los hombres? Bueno, quizá entonces encarnaremos en nosotros la historia de la humanidad.

Así pues, el libro debería ser, y a pesar de todo es, el mejor comunicador, porque no sustituye en modo alguno al ser humano, sino que, como lectores, nos permite un dialoquio tranquilo y un soliloquio profundo y bien temperado con las páginas del autor, dando a través de ellas entrada a eventuales diálogos con los ángeles y con los demonios, con las flores y con las cloacas, con todo lo pensable, posible e imaginable, y hasta con todo lo impensable, imposible e inimaginable. Anímate, tírale los tejos: el libro siempre te espera, siempre está ahí del salón en el ángulo oscuro para que retomes su lectura o reinterpretes su discurso, no cabe pensar dialogante más franciscano, más modesto, más silente ni más agradecido. Él dice siempre lo mismo, pero te brinda la posibilidad de que tú lo leas de distinto modo, de que digas, desdigas, contradigas y hasta que calles. Si quieres, puedes estar toda una vida dialogando con él sin pasar página, él no tiene prisa ni desperdicio, es todo para ti. Puedes plagiarle incluso, que él no va a delatarte, porque te sabe y te siente suyo sin posesividad: está hecho para tí y gusta descansar en tí.

El libro te recuerda ese tu pasado en que lo leíste con otros ojos menos castigados por las dioptrías y da continuidad a tu propia vida, a esas horas mágicas de tu infancia en que trepabas por sus ramas con el vigor inusitado del ayer siempre mejor; porque tú eres tú y tus lecturas. Recuerda, pues, lector leído: no existe locuacidad mayor que la mudez de nuestras bibliotecas, rios de palabras en silencio que nos llevan hacia el País de Metáfora, ese lugar donde siempre es más lejos y donde nunca es eclipse.

El libro, pues: ¿cabe un regalo mayor? Sólo el que escribe, sólo el que lee, sólo el que lee y escribe lo sabe. El libro: en los días tan honrado, y en las canas tan anciano, y en las noches tan generoso y en las postrimerías tan experimentado. Él continúa ofreciéndote aún hoy los tres estilos medievales: el humilde, el mediocre y el alto; puedes acogerte a cualquiera de esos escalones, o a los tres, pues los tres son transitables con distinto grado de provecho por tu pupila.

El libro constituye ya una ínsula de utopía, un jardín sagrado donde al menos por una tarde poder hacer las paces con lo sublime, aunque detrás del negocio editorial se levanten monumentos de hierro y palabras, impere el toque de corneta y el fierro de las oligarquías, se inventen máquinas y sistemas filosóficos, se expendan artilugios que generan orgasmos mecánicos y se publiciten euforias de puro papel y de mera retórica utilizadas como instrumentos quirúrgicos o como agujas de acupuntura para ejercer la dominación política multiuso, incluída la que conlleva la bilis y el salivazo.

De todas formas, tranquilicémonos un poco de tanto sofoco, caramba, no hay que demonizar demasiado, al fin y al cabo se trata de lo de siempre y más de lo mismo: las editoriales necesitan supervivir, los autores otro tanto, o en su caso siguen a la busca y captura de éxito, de notoriedad, en última instancia cuesta lo suyo escribir, alguna compensación siempre se agradece y el escritor también es un ser humano a pesar de que alguno se crea divino.

EL OBSERVADOR 456-9

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FIN

 
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