El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
18 de abril de 2004 No.458

SUMARIO

bulletPORTADA - Juan Pablo II propone que, de ahora en adelante, todos los cristianos del mundo celebren la Pascua en un mismo día
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Don Bosco y su tiempo
bulletEL RINCÓN DEL PAPA -La Pascua es la manifestación perfecta de la misericordia de Dios
bulletINTIMIDADES -JÓVENES NOS CUENTAN- Divorcio de los padres
bulletPINCELADAS - Recebar los aljibes
bulletENTREVISTA - El derecho a emigrar, según el pensamiento social católico
bulletCULTURA - Queridos hijos y nietos
bulletEl 18 de mayo se publicará el nuevo libro del Papa
bulletREPORTAJE -Hoy la Iglesia de Cristo celebra la Divina Misericordia
bulletDEBATE -Aborto, ¿tema discutible?
bulletCOLUMNA HUÉSPED - Nuestra sangre

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PORTADA
Juan Pablo II propone que, de ahora en adelante, todos los cristianos del mundo celebren la Pascua en un mismo día

Juan Pablo II propuso hace ocho días, Domingo de Resurrección, encontrar un acuerdo para que todos los cristianos, de Oriente y Occidente, puedan vivir todos los años en el mismo día la Pascua.

Aprovechando que en este año, «por una feliz coincidencia», la resurrección de Jesús ha sido celebrada en el mismo día por los calendarios gregoriano (occidental) y el juliano (oriental), el vicario de Cristo abordó de nuevo esta sugerencia que ya había expresado hace años.

Después de haber impartido la bendición Urbi et Orbi (a la ciudad de Roma y al mundo), y de haber pronunciado su mensaje de Pascua y su felicitación en 62 idiomas, el Papa dirigió un saludo en particular a los patriarcas, obispos y fieles de las Iglesias orientales, en buena parte ortodoxos.

«Rezo al Señor resucitado para que todos nosotros, bautizados, podamos pronto llegar a revivir cada año juntos en el mismo día esta fundamental fiesta de nuestra fe», afirmó.

Pascua, fiesta central en el calendario cristiano, es una fiesta móvil, pues se celebra en el primer domingo después de la luna llena del equinoccio de primavera, es decir, entre el 22 de marzo y el 25 de abril.

A causa de los desajustes que caracterizaban al calendario juliano (establecido por Julio César el año 46 a.C.), el papa Gregorio XIII (1582) estableció una reforma del calendario, que no fue seguida por las Iglesias orientales, y que tenía en cuenta nuevos criterios en el cálculo del día de Pascua.

En su apéndice, la constitución dogmática Sacrosanctum Concilium (sobre la Sagrada Liturgia) del concilio Vaticano II (1962-65) ya mostraba la disponibilidad para poder encontrar un acuerdo con las Iglesias separadas sobre una fecha común para la celebración de la Pascua. Las dificultades concretas que crean los calendarios han hecho que este acuerdo todavía no se haya alcanzado.

(Fuente: Zenit)

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¿Por qué los calendarios no coinciden?

Los católicos y la mayoría de los protestantes siguen el calendario gregoriano para celebrar la Pascua, mientras que los ortodoxos orientales y algunos protestantes prefieren emplear el calendario juliano.

Julio César reformó el calendario porque el que empleaba el imperio romano estaba muy rezagado. Así, el emperador agregó 85 días al año 46 a.C. (annus confusionis o año de confusión). A pesar de la indiscutible mejora, el calendario juliano así concebido provocaría la diferencia de un día en 128 años, y si el proceso continuaba, las estaciones del año se desplazarían por completo de sus meses habituales. Siendo así, obispos y sabios medievales, conscientes de tales fallos, pidieron la reforma del calendario vigente.

El papa Gregorio XIII convocó a los astrónomos para realizar el nuevo calendario, el cual estuvo listo el 24 de febrero de 1582. La reforma gregoriana fue poco a poco siendo adoptada por los pueblos cultos. En España, Portugal y parte de Italia la modificación fue inmediata. En los Estados protestantes, en cambio, la resistencia se hizo sentir; Alemania solamente aceptó el calendario en 1700, e Inglaterra en 1752.

En cuanto a los cristianos cismáticos orientales, siguieron usando el calendario juliano para sus celebraciones litúrgicas. Antes de emprender su reforma, Gregorio XIII consultó al patriarca de Constantinopla; pero, lejos de llegar a un acuerdo, el nuevo calendario fue explícitamente condenado por un sínodo oriental en 1593. En 1923, sin embargo, el patriarcado de Constantinopla, las circunscripciones eclesiales de Atenas, Chipre, Polonia y Rumania adoptaron el calendario gregoriano; en 1948 el sínodo «pan-ortodoxo» de Moscú decidió dejar libertad de elección a todas las comunidades cristianas de la órbita soviética.

EL OBSERVADOR 458-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Don Bosco y su tiempo
Por Jaime Septién

Suelo elegir un libro biográfico para el período de Semana Santa y Pascua que paso en casa de mis padres. En esta ocasión tuve el buen tino de elegir Don Bosco y su tiempo (Editorial Palabra, 5ª Ed., Madrid, 2002) del escritor argentino Hugo Wast. Este hombre impresionante -pseudónimo de Gustavo Martínez Zuviría- novela la vida de un monstruo de la caridad, el buen humor, la cordura y la sensatez humanas: San Juan Bosco, el educador, el insigne patrono de la juventud trabajadora, el fundador de la Sociedad de los Salesianos y de las Hermanas de María Auxiliadora.

En verdad, pocas veces había yo gozado tanto con la vida de un santazo como Don Bosco. Porque no fue ese tipo de santos que, a veces, nos cuentan. Sino un hombre de primera, de los que a cualquiera le gustaría encontrarse en la calle, charlar con él, invitarlo a cenar y comprometerse en su obra por los más necesitados. El tiempo de Don Bosco fue durísimo. Italia y el mundo europeo en su totalidad se enfrentaban a la sociedad sin cristianismo, al embate de los grupos secretos (como los masones) y al (aparente) triunfo de la razón sobre todos los misterios de la vida humana. Sin esperar días más propicios, navegando contra de la corriente, superando, incluso, las opiniones de la buena gente que hubiera querido a Don Bosco en el manicomio, este sacerdote, agarrado a la fe en Cristo resucitado, tomó la iniciativa para erigir sociedades de vida religiosa, educar a los vagabundos, darles a Jesús a los oprimidos y a María a los desterrados. Siempre con una sonrisa en los labios.

Gran lección la de Don Bosco: hacernos entender a todos -comenzando por los sacerdotes y siguiendo con el pueblo fiel- que las obras de caridad o tienen el componente del amor y la alegría o son un verdadero fiasco. ¡Qué lejos de San Juan Bosco la amargura de aquellos que van haciendo el bien y anunciándolo a los cuatro vientos; que dan una limosna como si estuvieran dando el tesoro de Moctezuma y que cuando donan un mendrugo lo publican como si hubieran donado la panadería de El Globo completita! Nada de eso. Hubo veces en que se le presentaba una señora copetona de Turín a pedirle un autógrafo (pues ya se sabe que los ricos, a veces, son nostálgicos de la santidad) y Don Bosco, en lugar de la firma le devolvía un recibo de donativo para sus vagabundos, con la cantidad de dinero bien descrita. La dama de alcurnia no tenía más remedio que aflojar la lana...

Y otra lección más: nunca esperar a hacer las cosas «cuando mejore el país; cuando salga un presidente bueno; cuando el jefe me aumente el salario; cuando el horóscopo me sea favorable y los astros estén alineados a mi favor...». Las obras de Dios son ahora mismo y sus resultados invisibles al ojo humano. Quien pueda leer este libro, de verdad, se lo recomiendo. Y no ande perdiendo el tiempo con tanto best-seller de pacotilla que lo único que alimentan es la barriga del comercio.

EL OBSERVADOR 458-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
La Pascua es la manifestación perfecta de la misericordia de Dios

En una audiencia general del año pasado, estando ya en la Pascua, Juan Pablo II comentó el salmo 135:
«En estos días de la octava de Pascua es grande el júbilo de la Iglesia por la resurrección de Cristo. Después de sufrir la pasión y la muerte en cruz, ahora vive para siempre, y la muerte ya no tiene ningún poder sobre Él.

«La comunidad de los fieles, en todas las partes del mundo, eleva al Cielo un cántico de alabanza y acción de gracias a Aquél que ha librado al hombre de la esclavitud del mal y del pecado mediante la redención realizada por el Verbo encarnado. Es lo que expresa el salmo 135, que constituye un espléndido himno a la bondad del Señor. El amor misericordioso de Dios se revela de forma plena y definitiva en el misterio pascual.

«Después de su resurrección, el Señor se apareció en repetidas ocasiones a los discípulos y se encontró muchas veces con ellos. Los evangelistas refieren varios episodios, que ponen de manifiesto el asombro y la alegría de los testigos de acontecimientos tan prodigiosos. San Juan, en particular, destaca las primeras palabras dirigidas por el Maestro resucitado a los discípulos. ¡Paz a vosotros!, dice al entrar en el Cenáculo, y repite tres veces este saludo (cfr. Jn 20, 19. 21. 26). Podemos decir que la expresión: '¡Paz a vosotros!', en hebreo shalom, contiene y sintetiza, en cierto modo, todo el mensaje pascual. La paz es el don que el Señor resucitado ofrece a los hombres, y es el fruto de la vida nueva inaugurada por su resurrección.

«Por lo tanto, la paz se identifica como 'novedad' introducida en la historia por la Pascua de Cristo. Nace de una profunda renovación del corazón del hombre. Así pues, no es el resultado de esfuerzos humanos, ni se puede conseguir sólo gracias a acuerdos entre personas e instituciones. Más bien, es un don que hay que acoger y hacer fructificar».

EL OBSERVADOR 458-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Divorcio de los padres
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
Mi familia está muy dividida. Mi papá, a quien por tantos años admiré y era mi ejemplo a seguir, me defraudó: descubrí que tenía otra mujer, pero me callé, porque no quería que mis hermanos y mi mamá sufrieran lo que yo estaba sufriendo en silencio; pero eso no lo entienden, mi mamá piensa que yo encubro a mi papá. A raíz de esto sobrevinieron muchos problemas. Mi hermano tomó el camino fácil del alcohol, mi hermana es muy rebelde y agresiva. Mi mamá tomó la decisión de divorciarse, porque los pleitos ya han llegado a los golpes, el divorcio está en proceso. Mi problema es que como mi mamá ya no atiende a mi papá, yo trato de atenderlo; a pesar de todo es mi padre y no puedo dejar de quererlo, ¿no? El problema es que mi mamá piensa que yo estoy de acuerdo con su actitud y que por eso le doy por su lado; pero no es eso, lo que pasa es que me da lastima, porque sé que al final de cuentas quien más va a sufrir es él. Me siento como fuera de lugar, ya no sé que hacer.

RESPUESTA:
En verdad tu posición es delicada. La decisión de decir o no decir a tu mamá que tu papá tenía otra mujer era muy difícil de tomar. Primero tendrías que haber hablado con tu papá -quizá lo hiciste- y enterarte de su posición. Si lo hubieras visto sinceramente arrepentido y poniendo todo de su parte para mejorar la relación con tu mamá, tal vez habría sido buena idea callarte para no involucrarte más en los problemas de ellos. Pero si tu papá no estaba arrepentido y la situación en el matrimonio seguía fatal, creo que habría sido mejor enterar a tu mamá, para que ella entendiera el porqué de muchos de sus problemas.

Comprendo que tu mamá crea que has tomado partido por tu papá. ¿No pensarías tú lo mismo en su lugar? Necesitas hablar con tu mamá con el corazón en la mano: explícale tus motivos, tus dudas, tus miedos, lo que verdaderamente piensas del asunto y pídele que te perdone si la has dañado.

Cuando dices que tu papá tenía otra mujer entiendo que ya no la tiene ahora. Si es así, probablemente tu papá está arrepentido. Pero no basta con eso para reconstruir su matrimonio. Hay muchas heridas, mucho dolor, mucha rabia. No puede llegar con un «perdóname y hagamos como que nada sucedió». El debería esforzarse para ayudar a tu mamá a perdonarlo mostrándose amoroso con ella, demostrando con hechos que su arrepentimiento es real, teniendo paciencia mientras tu mamá desahoga todo su enojo, su tristeza y sus miedos. También tu mamá, probablemente, debería pedir perdón por algunas cosas. Un problema como éste es una oportunidad para sanar el matrimonio, si ambos ponen de su parte y si buscan ayuda externa cuando haga falta. Pero también puede destruir un matrimonio que quizá ya venía con serías fallas. Desgraciadamente, tus papás, o uno de ellos, han optado por la destrucción del matrimonio. En todo caso son ellos los que deciden sobre su futuro como pareja y tu posición debe ser la de amarlos a ambos y no tomar partido.

Tus papás decidieron divorciarse. Tú papá debería tener la dignidad y la caballerosidad de irse. Por lo que cuentas, me parece que su presencia en la casa es una imposición para tu mamá. No sé cuáles sean sus argumentos para quedarse. Tal vez está peleando por la casa y quiere que los que se vayan sean ustedes. Tal vez no quiere divorciarse, o los asuntos de la infidelidad y de los golpes le parecen de poca importancia. Puede ser que una de las herramientas de tu mamá para presionarlo a que se vaya es no atenderlo, y tú se la quitas. Ella es la señora de la casa y tu actúas en contra de su voluntad. Probablemente tu papá te está utilizando. Probablemente el tema de que tú si lo apoyas y comprendes sale a relucir en los pleitos que tienen. ¿O te parece que tu mamá es injusta y que tu papá tiene derecho a quedarse? ¿Opinas que debe ser tu mamá la que debe irse? Tu posición es delicada, y aunque tu intención es buena, el atender a tu papá se presta para empeorar la situación. Aunque eso no sea lo que pretendes, el atender a tus papá lo interpretan ellos Por cierto, ¿no puede tu papá atenderse solo? Esto me hace pensar que el machismo es parte del problema de tus papás. Quizá sería mejor idea que dejaras de atender a tu papá. Dile que lo quieres, que estás dispuesta a apoyarlo en lo que puedas, pero que esta atención en particular provoca tensiones que no pretendes.

No mencionas el asunto, pero aconséjale a tus papás, o al que esté dispuesto a escuchar, que acudan al tribunal eclesiástico para solicitar una autorización para su separación. Tendrán que plantear el caso, y después de considerarlo, la Iglesia puede admitir que, en vista de los graves conflictos, un daño menor es el de vivir separados. No hay divorcio en la Iglesia.

Los problemas de tus hermanos en parte pueden tener su origen en los conflictos de tus papás, pero eso no justifica a tus hermanos. Y pese a sus conflictos y a estarse divorciando, tus papás siguen teniendo la obligación -ambos- de enfrentar los problemas de tus hermanos y hacer lo necesario para resolverlos.

Cuídate mucho, ama a tus padres, no dejes que te manipulen y tomes partido.

La psicóloga Cervantes responderá las preguntas que le envíen a El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico:
cervleyza@msn.com
 

EL OBSERVADOR 458-4

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PINCELADAS
Recebar los aljibes
Por Justo López Melús *

La vida desgasta, tanto el trabajo profesional como las tareas apostólicas. Hay que recebar los aljibes, recargar los motores. Hay que buscar momentos de silencio en nuestras jornadas, un rincón para nuestro coloquio solitario con el Señor. Dios no necesita que le digamos nada, pero lo necesitamos nosotros. Y cuando no pueda orar mi boca, que oren mis rodillas.

Preguntaba el cura de Ars: «Juan, ¿qué le dices al Señor cuando rezas?». «Nada, yo lo miro y Él me mira». Un hermano lego, hortelano, rezaba así: « Señor, te quiero más que a mis coles». Y una mujer sencilla: «Como extiendo las sábanas sobre el césped para que el sol las blanquee, así extiendo mi alma ante Ti».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 458-5

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ENTREVISTA
El derecho a emigrar, según el pensamiento social católico
El tema de la inmigración ha llenado titulares en Estados Unidos desde que el presidente George Bush propusiera una nueva política para las trabajadores temporales. ¿Pero qué papel desempeña en el pensamiento social católico la inmigración? Andrew Yuengert, profesor asociado en la cátedra de economía John and Francis Duggan Professor en el Seaver College de la Universidad de Pepperdine, compartió con la agencia católica ZENIT que el derecho a inmigrar no es absoluto.

¿Por qué el uso del término «derechos» transforma la naturaleza del debate sobre la inmigración?

La palabra «derechos» suele ser la última cosa que quieren oír aquellos a los que irrita la inmigración.
En nuestra cultura la exigencia de derechos se hace de un modo absoluto; se suelen invocar los derechos como una forma de poner fin a un debate, a menos que otro reclame un derecho competente, en cuyo caso no se resuelve nada y cada uno se siente agraviado.
Por contraste, reclamar derechos en el pensamiento católico es un recordatorio de la dignidad de los afectados por nuestras políticas. Con la reclamación de derechos comienzan los debates, no se les pone fin, y orienta los debates en medio de las deliberaciones políticas hacia los bienes humanos verdaderos.

¿Qué significa que hay un derecho a emigrar, y por qué existe ese derecho?

Podemos descubrir este derecho al reflexionar sobre lo que está implicado en la decisión de emigrar. Raramente se emprende la inmigración a la ligera. Hay pérdidas reales asociadas a ella: pérdida de la cultura local, pérdida de las conexiones familiares, y vulnerabilidad a la explotación en un mercado de trabajo y en una cultura nuevas.
Un inmigrante es un ser humano que da un paso difícil, en ocasiones arriesgado, en la búsqueda de su propio desarrollo. El mismo acto de inmigrar proclama que estos bienes son importantes para él y su familia, que corren riesgo si él no emigra.
Una persona que va más allá de las fronteras nacionales persiguiendo el bienestar de su familia, su propia educación, o quizás huyendo de un peligro físico directo, reclama nuestra solicitud por la dignidad que expresa en su decisión.

¿De qué forma se conecta el derecho a emigrar con los principios básicos del pensamiento social cristiano?

La capacidad de moverse más allá de las fronteras nacionales para conseguir una vida mejor es un componente del bien común universal. Incluso aunque la mayoría de la gente nunca se convierta en inmigrante, la existencia de la opción es un bien humano verdadero que beneficia a las familias y a los países, a través de una mayor oportunidad económica y el enriquecimiento de las culturas a través de su interacción.
El bien común internacional no cae dentro de las fronteras de ningún país, por ello ningún país es responsable de garantizar el derecho a emigrar.
Puesto que no existe una organización internacional que tenga la autoridad de salvaguardar el libre movimiento de personas a través de las fronteras nacionales, las naciones tienen la honra, por decirlo de alguna manera, de salvaguardar este derecho.
La solidaridad descubre en la humanidad de los inmigrantes el derecho a emigrar; la subsidiariedad respeta las justas prerrogativas de la nación, que debe equilibrar el bien de sus propios ciudadanos en contra de los beneficios reales para los inmigrantes.

¿La enseñanza social católica favorece la inmigración sin restricciones? ¿No deberían tener los Estados el derecho a controlar razonablemente sus fronteras, especialmente a la luz de las preocupaciones por la seguridad nacional?

El derecho a emigrar no es absoluto. Es como el derecho de propiedad, que puede ser abrogado en ciertas situaciones, pero no como el derecho a la vida, que no puede jamás abrogarse.
Cuando la inmigración amenaza otros derechos -el derecho de las personas a la seguridad básica, por ejemplo- puede restringirse a la luz de estos otros derechos. Como el derecho a la propiedad, el derecho a emigrar no debería restringirse a la ligera, puesto que ello restringe un bien humano fundamental: la iniciativa del inmigrante de promover su propio bienestar o el de su familia.
Muchos han hecho uso de la preocupación legítima por la seguridad para imponer restricciones sobre la inmigración legal. Si la inmigración es la principal amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, éste sería un buen argumento para restringirla. La inmigración no es, sin embargo, la principal amenaza para nuestra seguridad. La mayor amenaza es el desorden en el Servicio de Inmigración y Naturalización. No hacemos un buen trabajo al investigar a los inmigrantes legales en la búsqueda de terroristas cuando entran en los Estados Unidos, y los perdemos de vista después.
Si guardáramos mejores archivos de inmigrantes, no nos preocuparíamos tanto de su número. Si restringimos el número de inmigrantes legales habrá más inmigrantes ilegales, que no podremos seguir. Por lo que un terrorista simplemente intentará entrar en el país ilegalmente, o como uno de los 35 millones de visitantes temporales que visitan cada año Estados Unidos.

Muchos conservadores críticos con las políticas de inmigración abierta temen que la inmigración en masa lleve a una ruptura cultural, a un aumento de la pobreza y al crimen. ¿Son infundados estos miedos?

Hace cien años se expresaron los mismos miedos sobre los inmigrantes judíos y católicos del sur y el este de Europa. No serían asimilados, serían una carga pública, no serían democráticos y serían, potencialmente, desleales. Hoy nuestra cultura incluye influencias italianas, judías, griegas y polacas y ninguna ha hecho daño.
¿Son los nuevos inmigrantes diferentes de los antiguos? Son trabajadores, ansiosos de tener éxito, y todavía unidos a sus países y formas de vida de origen. Para decir la verdad, dada la cultura estadounidense, una gran afluencia de inmigrantes devotamente religiosos sería una bendición.
Puesto que muchos inmigrantes son pobres, suben la tasa de pobreza. Esto pone en verdadera tensión nuestra red de seguridad social, pero estos costos no serían tan grandes si se distribuyeran a lo largo de país.
Los inmigrantes no elevan nuestra tasa criminal. Casi todos ellos están aquí para trabajar, no para robar. Los hijos de los inmigrantes pobres tienen un riesgo algo mayor de criminalizarse, pero este riesgo no es tan diferente del que tiene cualquiera que crezca en la pobreza.

¿Tiene ventajas económicas tangibles una política de inmigración abierta?

Las ventajas de la inmigración son similares a las ventajas del libre mercado. Sin embargo, las ventajas se distribuyen de forma irregular, y surgen costos para los trabajadores de Estados Unidos que tienen que competir directamente con los inmigrantes por los puestos de trabajo.
Aunque los inmigrantes imponen pesadas cargas fiscales al puñado de estados donde se concentran, son una ventaja neta para el gobierno federal. Puesto que son jóvenes, ayudarán a pagar los gastos del gobierno cuando los baby-boomers se retiren, a través de sus contribuciones a la seguridad social y a los seguros de enfermedad.

¿Están los Estados moralmente obligados a aceptar a trabajadores inmigrantes? ¿Si es así cómo pueden equilibrar sus intereses con la población nativa y el bien común?

Aunque el papa Juan Pablo II anima a las naciones desarrolladas a que sean generosas, no ofrece consejos específicos más allá de sus exhortaciones.
El equilibrio actual de intereses requiere de la virtud de la prudencia; es una difícil decisión, que requiere igual respeto por la dignidad del inmigrante y del nativo.
El Papa está preocupado de que las naciones ni siquiera intenten buscar un equilibrio entre sus propios intereses y los de los inmigrantes, sino que traten los inconvenientes de la inmigración como costos intolerables e ignoren completamente las ventajas sustanciales de la inmigración para los inmigrantes.

¿Deben los inmigrantes ser «naturalizados» tanto cultural como lingüísticamente, o deberían las poblaciones nativas trabajar por respetar las culturas inmigrantes?

La postura en los escritos del papa Juan Pablo II es que los emigrantes se asimilen. Al emigrar se unen a una nueva comunidad, con un nuevo bien común. El derecho a emigrar implica ciertos deberes por parte de los emigrantes: aprender la lengua local, pagar impuestos, ser un buen miembro de su comunidad local y obedecer las leyes.
Esta última obligación hace problemática la inmigración ilegal, puesto que pone al emigrante en una contradicción: el mismo acto de emigrar es una violación de las leyes de la comunidad a la que se suma como emigrante. En cualquier momento hay una ley que regularmente se burla sin consecuencias, y se pone en peligro el respeto por toda ley.

(Resumido de Zenit)

EL OBSERVADOR 458-6

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CULTURA
Queridos hijos y nietos
Por Carlos Díaz

La vida comunitaria es el lugar donde se descubre la herida profunda del propio ser y donde se aprende a asumirla. Entonces se puede empezar a renacer. Hemos nacido a partir de esa herida. Pero suele ocurrir que, al esperar demasiado de la comunidad familiar que formamos, nos privamos absurdamente de la posibilidad de reconocernos y de aceptarnos tal y como somos. Yo, buscando que fuéseis como yo he querido que seais, y queriendo que quisiérais como yo quería que quisiéseis pero no como vosotros quisiérais querer, os he juzgado (y a veces condenado) y cosificado y clasificado en categorías, obligándoos así a esconderos en máscaras y a sufrir. Es que, en pocas palabras, no he aprendido aún a aceptaros del todo tal y como sois, a vivir con vosotros desde vosotros, y por eso he dramatizado y melodramatizado, aunque cuando os he visto en debilidad he sentido que podía compartir esa vuestra debilidad sin rechazaros, a pesar de que también en este terreno hubiera podido mejorar.

Me sigue costando entender y aceptar que el ideal no existe, a pesar de que con sólo mirar hacia mi propio interior tenga en cada instante mil oportunidades de comprobarlo. Es difícil hacer entender que el equilibrio personal y la armonía soñada no se dan hasta después de años y años de luchas y sufrimientos y que incluso puede que no surjan más que como toques de gracia y paz. Si se busca siempre el equilibrio propio, nunca se llegará a la paz que da el fruto del amor y del servicio a los demás. No busquemos más la paz, pero allí donde estemos demos paz; dejemos de mirarnos para mirar a los hermanos que pasan necesidad. Seamos cercanos a los que Dios nos ha dado hoy. Entonces encontraremos ese equilibrio buscado.

Qué bueno ir descubriendo poco a poco, día a día, en los pequeños actos de fidelidad, de ternura, de humildad, de perdón, de delicadeza, que amar es reconocer lo débil y vulnerable en nosotros para así romper los falsos diques, levantar las barreras artificiales con que pretendemos defender nuestras insuficiencias, romper los caparazones que se han ido endureciendo por tonterías a partir de aquel día aparentemente sin importancia en que ya no me levanté por la noche para daros un vaso de agua. Qué bueno comprender que el encuentro humano es la interdependencia en la fragilidad, que esta fragilidad lejos de generar derrotismo produce sobre todo comunicación, ósmosis. Cada vez que esto se vive se produce una fiesta en el alma. Vivir la vida comunitaria consiste en quitar en lo posible las corazas que protegen nuestra vulnerabilidad para reconocer y acoger las pobres o importantes razones de los demás y su poderosidad sobre nosotros. Así será como todos creceremos, haciéndonos los unos responsables de los otros. Y entonces llegaremos a encontrarnos en el ejercicio de las mejores celebraciones familiares.

Por eso os aseguro que yo no necesito que aparentéis ser Superman o Superwoman para quereros, pues ello constituiría empeño vano y frustrante por vuestra parte al mismo tiempo que exigencia absurda y cruel por la mía. Me basta y sobra con que viváis con delicadeza mutua en lo cotidiano vuestra fragilidad que crece desde el reconocimiento de esa fragilidad. ¿Recordáis? Aquellos tres cerditos construían sus casas respectivas con los materiales de que disponían. Uno con cañas, otro con madera, el tercero con piedras; esta última vivienda resultó al final inexpugnable al lobo. Una familia se construye como una casa, con materiales y piedras de distintos tipos, pero lo que mantiene a las piedras y a los materiales juntos e inexpugnables cuando se trata de la casa familiar es esa interdependencia del auxilio mutuo, ese don que es per-dón, don permanente e incondicional. A la hora de construir la casa común cada uno tiene sus carismas, sus dones particulares y diferenciados, sus habilidades; todos conocemos las de los demás entre nosotros.

Utilizar cada uno su talento resulta imprescindible para construir familia y comunidad, y por eso mismo ser infiel a ese talento significaría dañar a todos los demás, a los restantes miembros de la unidad familiar; es importante que cada cual conozca su don, lo ejerza y se sienta responsable de su crecimiento; que los demás le reconozcan ese don y que dé cuentas de cómo lo utiliza. Los demás tienen necesidad de ese don y por lo tanto tienen también el derecho a saber cómo se ejerce, animando al poseedor a aumentarlo y a ser fiel a él. Todo el que siga su don encontrará su lugar en la comunidad, convirtiéndose no sólo en útil sino en único y necesario para los otros. Así es como se desvanecen las rivalidades y los celos.

Cuando no son reconocidas ni alentadas las habilidades particulares, sino negadas y destruídas por la antítesis y la rivalidad, entonces viene la fea pretensión de exclusivismo y por extensión la exclusión que anula la convivencia. En algunas comunidades de indios del Canadá, cuando ante un grupo de niños se promete un premio al primero que responda una pregunta, todos se ponen a buscar la solución juntos y cuando al fin la encuentran responden simultáneamente, pues para ellos resultaría impensable que ganara uno a costa de que perdieran los demás, excluyéndolos: habría ganado el premio pero habría perdido la solidaridad, que resulta infinitamente más importante.

Mientras tanto, buenas sean las tensiones, momentos necesarios para el crecimiento. Quien tiene miedo a avanzar impide el crecimiento propio y el de la comunidad, pero quien vence el miedo con una huída hacia adelante masacrando al otro, ése es un bestia. Desde el colegio os enseñamos a pisar al prójimo, no a ganar sino a ganar-le» y a ganar-les a todos ellos. Ya no es la legítima pretensión de mejorar, de progresar, de afianzarse, de destacar honestamente, sino el indecoroso pisotear el sentido de la compasión, el rabioso ignorar al prójimo en cuanto tal. Y todo para concluir viviendo con un sillón y una moqueta pegados al trasero, con unos metros de zona residencial ajardinada/aburguesada, más o menos solos en casita, divorcio tras divorcio ¿quién aguantaría al triunfador durante mucho tiempo?, con un letrerito en la puerta donde se advierta al visitante descuidado «cuidado con el perro», ¿con el perro sólo o también con el dueño?

Me horrorizan esas comunidades sectarias y esos individuos sectarizantes porque no comprenden que una de las señales más obvias y patentes de la vida humana y de la familiar y de la comunitaria es la capacidad para establecer vínculos, nexos relacionales, de suerte que una comunidad que se excluye, que se cierra, que se retira, no solamente muere por desnutrición y por asfixia, sino por carencia de acarreos. Lo que uno siembre, eso cosechará; el que a secta mata, a secta ha de morir. La vida es un dentro que necesita un fuera, y un fuera que necesita un dentro. Familia de padres y de hijos, de hermanos, de abuelos, de tíos y sobrinos, de amigos, de seres humanos de buena voluntad, familia extensa y difusiva. Somos familia cósmica y ojalá que, a través de nuestro modesto eslabón, logremos contribuir un poco a hacer de la humanidad entera más tarde o más temprano una familia de familias, una comunidad de comunidades. No otra cosa decimos los cristianos cuando aseguramos que somos hermanos, hijos de un mismo Padre cuya herencia por nosotros recibida gratis es el Amor que no muere y que nunca nos separará. Y nada más. La tarde va cayendo mansamente sobre nuestros hombros, los de mamá y los míos, mientras vosotros maduráis. El tiempo de una vejez que comienza a llamar a nuestra puerta así acompañada por vuestros rostros hermosos, es el tiempo más precioso de la vida, precisamente por ser el tiempo más próximo a la eternidad. Vuestro agradecido padre.

EL OBSERVADOR 458-7

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El 18 de mayo se publicará el nuevo libro del Papa
Recuerdos y reflexiones sobre su episcopado, con el título «Levantaos, vamos»


El próximo 18 de mayo, día en el que cumplirá 84 años de edad, se publicará el nuevo libro de Juan Pablo II que lleva por título Levantaos, vamos.

En una rueda de prensa convocada en un hotel de Roma por la editorial Mondadori, con la presencia de Joaquín Navarro-Valls, portavoz de la Santa Sede, se explicó que el libro (de 200 páginas) toma su título del evangelio de san Marcos 14, 42, cuando Jesús en el huerto de los Olivos llamó a los discípulos dormidos y les invitó a seguirle.

Inspirado en este pasaje evangélico, en la parte final del libro, el Papa recuerda a los obispos que no hay que dejarse llevar por el miedo, pues también en las dificultades se hace presente el amor de Dios.

El Papa, que ha escrito parte del libro a mano y el resto lo ha dictado, narra los veinte años de su ministerio como obispo en Polonia, desde su ordenación, en 1958, hasta su elección al pontificado, en 1978.

«Se trata de un libro de recuerdos y reflexiones», dijo Navarro-Valls, con los que «penetra en el manantial de su vocación» al episcopado. «Utiliza un estilo directo, que no es artificial, se lee muy bien, sin dificultades.

Se cuentan, por ejemplo, las dificultades que Karol Wojtyla vivió como arzobispo de Cracovia, en sus relaciones con las autoridades comunistas.

Narra el momento en el que fue nombrado obispo en 1958, cuando se encontraba en una canoa, en un río de montaña. Al llegar a la orilla, le llamaron pues había llegado una llamada del primado de Polonia, quien le buscaba para darle un aviso importante.

«Es un libro sobre la vida, lleno de frescura, vivacidad».

(Fuente: Zenit)

EL OBSERVADOR 458-8

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REPORTAJE
Hoy la Iglesia de Cristo celebra la Divina Misericordia
Este día, domingo 18 de abril, la Iglesia universal celebra por cuarta vez la fiesta de la Divina Misericordia, una invitación perenne a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y pruebas de la humanidad.

Fue el 23 de mayo de 2000 cuando, desde el Vaticano, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos emitió un decreto en el que se estableció, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico es «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».

La devoción a la Divina Misericordia constituye un auténtico movimiento espiritual dentro de la Iglesia católica promovido por santa Faustina Kowalska, a quien Juan Pablo II canonizó el 30 de abril de aquel año. El Papa escogió ese día para anunciar una sorpresa: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».

Como el papa Juan Pablo II no había escrito estas palabras, no aparecieron en la trascripción oficial de sus discursos de esa canonización. De ahí que el decreto que publicó la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos fue el documento con el cual la Santa Sede anunciara de manera oficial a la Iglesia universal el deseo de Juan Pablo II, que dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia (Dives in misericordia).

Día de la institución del sacramento de la Confesión

El texto evangélico del segundo domingo de Pascua (Jn 20, 19-31) narra la institución del sacramento de la Confesión o del Perdón. Es el sacramento de la Misericordia Divina.

¿En qué consiste, entonces, esta fiesta de la Divina Misericordia? He aquí lo que dijo Jesús a santa Faustina: "Deseo que la fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de mi Misericordia. Derramo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico" (Diario 699).

Es decir, quien arrepentido se confiese y comulgue el domingo de la Divina Misericordia, podrá recibir el perdón de las culpas y de las penas de sus pecados, gracia que recibimos sólo en el sacramento del Bautismo o con la indulgencia plenaria. O sea que si su arrepentimiento ha sido sincero y si cumple con las condiciones requeridas (confesarse y comulgar el día de la Divina Misericordia, y rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria por la persona e intenciones del Papa), el alma queda como recién bautizada, libre inclusive del reato de las penas del purgatorio que acarrean sus pecados aun perdonados.

La devoción de la Divina Misericordia, incluye también la Hora de la Divina Misericordia, la Coronilla (o Rosario) de la Divina Misericordia y la Novena preparatoria a la Fiesta de la Misericordia, que, por cierto, no es condición requerida para recibir las gracias especiales el día de la fiesta de la Divina Misericordia.

La novena a la Divina Misericordia

En el diario de sor Faustina se lee, por lo menos en catorce ocasiones, que Nuestro Señor pedía la institución de una fiesta de la Misericordia: «Deseo que se celebre con gran solemnidad el primer domingo después de Pascua de Resurrección... Deseo que la fiesta de la Misericordia sea refugio y abrigo para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores».

Así, Jesús pidió que sor Faustina se preparara para la celebración de la fiesta de la Misericordia con una novena que debía comenzar el día de Viernes Santo: «Deseo que durante estos nueve días encauces almas a la fuente de mi Misericordia, a fin de que por ella adquieran fortaleza y consuelo en las penalidades, y aquella gracia que necesiten para salir adelante, especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a mi corazón un grupo distinto de almas y las sumergirás en el océano de mi Misericordia, y Yo las conduciré a la mansión de mi Padre».

Las intenciones para cada día de la novena, las oraciones propuestas por santa Faustina Kowalska y el modo de rezar la coronilla o rosario de la Divina Misericordia están disponibles en el siguiente enlace: www.ewtn.com/spanish/prayers/nov-divinamis.htm .

La Hora de la Misericordia

Jesús llamó «La Hora de la Misericordia» a las 3 de la tarde, por ser la hora de su muerte: «A las 3 de la tarde implora mi Misericordia especialmente para los pecadores y aunque sea por un momento, contempla mi Pasión; sobre todo el abandono en el momento de mí agonía. esta es la Hora de la gran Misericordia para todo el mundo. En esta hora no negaré nada al alma que lo pida en recuerdo de mi Pasión».

Condiciones para alcanzar las promesas

Las afirmaciones de Cristo a santa Faustina no son de ninguna manera simplistas, como si la devoción a la Misericordia Divina fuera una especie de rito mágico que borrara la culpa sin esfuerzo alguno del pecador.
La característica esencial y fundamental de la devoción a la Misericordia Divina debe ser la confianza en Jesús, un punto en que el Señor insiste según se desprende de lo que sor Faustina recoge en su diario. De ahí deben partir todas las formas de devoción a la Misericordia, según las revelaciones a la religiosa, ya sean éstas la veneración de la imagen de la Misericordia Divina, o el rezo del rosario de la Misericordia Divina, la Hora de la gran Misericordia o la recepción de los sacramentos en la fiesta de la Misericordia. Dice Jesús: «Cuanto más confía el alma, tanto más alcanza. Si tu confianza es grande, mi generosidad no tendrá límites. Lo que más hiere a mi Corazón es el pecado de desconfianza».

La devoción que le fue revelada a santa Faustina urge del individuo también otro requisito indispensable: actuar con espíritu misericordioso hacia el prójimo diariamente, con oraciones palabras y obras. Es decir, la conversión es absolutamente necesaria. Por eso Cristo advirtió a la santa polaca: «Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del Juicio».

(Fuentes: Zenit y Buenanueva.net)

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¿Quién es santa Faustina Kowalska?

Esta mujer polaca polaca, que murió a los 33 años, nació en la pequeña aldea rural de Glogowiec el 25 de agosto de 1905. A los 20 años fue admitida en el convento de las hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia de Varsovia. En los trece años siguientes desempeñó los oficios más humildes: cocinera, jardinera y portera. Murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938.

Paralela a su humilde vida escondida, se desarrollaba una experiencia mística de consagración a la Divina Misericordia, un itinerario tejido de visiones, revelaciones, estigmas escondidos, todo ello recogido en un diario que empezó a escribir en 1934 por sugerencia de su director espiritual.

El centro de la vida de Faustina Kowalska fue el anuncio de la misericordia de Dios con cada ser humano. Su legado espiritual a la Iglesia es la devoción a la Divina Misericordia, inspirada por una visión en la que Jesús mismo le pedía que se pintara una imagen suya con la leyenda «Jesús, en Ti confío», que ella encargó a un pintor en el año de 1935.

EL OBSERVADOR 458-9

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DEBATE
Aborto, ¿tema discutible?
Por P. Fernando Pascual

Es fácil ayudar a encontrar la verdad a alguien que afirme que el fuego no quema: basta con acercarle un poco la mano a una hoguera para convencerle. Es más difícil convencer a todos sobre argumentos que son parte de la discusión pública, como son el caso del aborto, de la eutanasia, de las normas más justas para organizar un estado, etc.

La diferencia entre el primer problema («¿el fuego quema?») y los otros problemas (como «¿es justo permitir el aborto?») radica en la mayor o menor dificultad de poder conocer a fondo la realidad sobre la que preguntamos. Es posible que en algún rincón del planeta donde no conozcan qué es la nieve alguno piense que es caliente o que tiene color rojo. A este personaje le podemos sacar de su error llevándole a alguna montaña del Himalaya, con alguna filmación sobre la nieve, o con alguna revista científica que presente los datos sobre ese fenómeno del agua que cristaliza y se convierte en blancos y frescos copones de nieve cuando baja mucho la temperatura.

Curiosamente, mientras aumentan los descubrimientos en medicina y biología también crecen las dudas sobre la licitud del aborto. Si antes alguien podía creer que el feto era como una verruga en el vientre de la madre, algo que uno puede quitar si molesta, hoy serán muy pocos los que lleguen a creer algo parecido. Si antes era posible que el embarazo fuese peligroso para la mujer, hay muchas técnicas hoy día para paliar dolores, superar momentos de crisis e, incluso, adelantar el parto y colocar al pequeño en una incubadora. Si antes se podía dudar sobre el proceso de crecimiento que va desde la fecundación hasta el nacimiento, hoy tenemos infinidad de datos, fotografías y certezas científicas (aunque siempre hay nuevas cosas por investigar) sobre ese recorrido emocionante que se inicia nuestro día 1º y que llega hasta el romper aguas y asomarnos a la luz de la vida externa.

¿Por qué, sin embargo, a pesar de tantos progresos hay todavía quienes siguen defendiendo el «derecho» al aborto? Quizá simplemente porque no han visto lo que es un aborto. O, porque viéndolo, no quieren reconocer lo que allí ocurre. Si es verdad que no hay más ciego que aquel que no quiere ver, también es verdad que no hay más criminal que aquel que dispara a ciegas diciendo que si mata a alguien es culpa del otro porque se le ocurrió pasar por ahí...

Que hoy día el aborto sea un tema «discutible» no es señal de que haya gente muy inculta. No es justo llamar a los abortistas tontos: a veces han estudiado mucho y tienen títulos en universidades famosas... Pero con toda su ciencia no llegan a ver algo evidente: en cada aborto eliminamos a un ser humano, tan humano como nosotros. El hecho de que tenga sólo unas dimensiones microscópicas o unos centímetros, o que sea blanco, negro, indio o mestizo, pobre o rico, «macho» o «hembra», no quita su dignidad.

El día en el que el aborto quede definitivamente catalogado como lo que es, un crimen, habremos dado una señal de civilización y de progreso. A la vez, puesto que sabemos lo grave que es el que una madre procure la muerte de su hijo, hemos de hacer todo lo posible para ayudar a las mujeres en su embarazo y después del mismo, para que no se vean presionada a abortar. No es justo condenar el aborto y dejar luego a las madres abandonadas. Una nación moderna y civilizada sabrá dar tanto amor y respeto a todas las madres que sus hijos nos dirán un día: ¡gracias por ayudarnos a nacer al ayudar a nuestras mamás! ¡Gracias por construir un mundo más humano y más justo!

EL OBSERVADOR 458-10

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COLUMNA HUÉSPED
Nuestra sangre
Por Javier Menéndez Ros /Barcelona

Nuestra sangre ha caído en la tierra seca, entre las piedras, entre los hierros retorcidos de los vagones. Ha salpicado caras, brazos, piernas y, sobre todo, corazones. Corazones que, al pasar por ellos, han convertido la sangre en lágrimas.

Hemos llorado todos con impotencia, con desesperación, con estupor porque, una vez más, confesamos no entender la razón de tanto mal, de tanto dolor causado. Hemos dejado caer nuestras lágrimas mientras mujeres y hombres lloraban la pérdida de sus seres queridos. Dios ha llorado con nosotros, como Jesús lloró cuando su amigo Lázaro estaba muerto. Ha consolado a Marta, ha sostenido la cabeza de María y ha dicho mil discursos con su silencio confortante. También ha dicho con voz fuerte y potente:

« ¡Levántate, sal de la tumba! ¡Ven conmigo!». Aunque quizás algunos hayan preferido no escucharlo.

Muchos hemos querido reponer la sangre derramada y ofrecer la nuestra, compartiendo una hermandad no escrita en la que nada importan las diferencias de nacionalidad o raza, de credo político o religioso, sino el hecho de que el golpe del terror nos ha trenzado lazos quizás impensables en otras circunstancias.

He visto algunos cadáveres, muchos de ellos colocados en interminables filas, creando una visión terrible que normalmente sólo lo causan guerras o catástrofes naturales. Pero no es menos cierto que si colocásemos en filas los pequeños ataúdes blancos de los 70 mil bebés que cada año son asesinados en España antes de haberles dado la oportunidad de ver la luz, entonces el espectáculo estremecería y haría tambalearse a muchos, incluidos las propias madres y padres.

Estos abortos son muertos «higiénicos» pues queremos que no manchen a nadie, que pasen del blanco quirófano a la negritud del laboratorio experimental o de una basura sin que dejen huella, liquidándolos limpiamente. Estos muertos no salen en páginas de sucesos, la sociedad ha establecido sus reglas para liquidarlos higiénicamente, aunque estoy seguro que muchas madres no podrán olvidarlos jamás. Son asesinatos legales, porque las leyes del Estado lo permiten, pero sus muertes están clamando al cielo aunque muchos se tapen los oídos. Sus piernas, sus cabezas, sus brazos troceados y aspirados querían vivir en un cuerpo. Dios tenía un proyecto para ellos, estaban llamados a la vida, y sólo el egoísmo, la ignorancia, la comodidad, la inconsciencia y el pecado les han negado su más elemental derecho: el de la existencia.

Hoy quiero ser almendro, no de esos que extienden sus dedos vacíos al aire, secos, tristes, sino de los que, abiertos a la luz, dejan que en sus manos florezcan blancos de esperanza, blancos de manos limpias, de manos que no quieren ser holladas por la sangre. Mis dedos quieren estar abiertos, sin ahogar a la rosa en mi puño, ni enjaular al ave en mi alma.

Hoy quiero que Dios vea desde lo alto nuestro campo de almendros en flor, de luces blancas, de nieve prestada, de pluma de libertad y que oiga nuestro grito, nuestro clamor por la vida, la que El nos ha dado y nos tratan de arrebatar.

Y cuando mi sangre riegue los surcos del campo que sea para que florezcan más almendros, más fuertes, más grandes, más hermosos, más abiertos a la luz del sol.

EL OBSERVADOR 358-11

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FIN

 
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