El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
25 de abril de 2004 No.459

SUMARIO

bulletPORTADA -Responde el Papa al anhelo de los mexicanos
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Madre Lupita
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Triunfa sobre el mal y la muerte
bulletDESDE EL ÁFRICA NEGRA -¿Superada la violencia?
bulletPINCELADAS - Santos son sencillos
bulletREPORTAJE - Biotecnología con sabor a polémica
bulletJÓVENES -Junto al Papa, la XIX Jornada Mundial de la Juventud
bulletCULTURA -Contra la ley de la selva política
bulletGRANDES FIRMAS - «Que el más grande entre ustedes se haga el más pequeño, y el que manda, el siervo»
bulletINTERNACIONAL -Pseudocatólico candidato presidencial de EU dice seguir la doctrina de «Pío XXIII»
bulletDEBATE - ¿Qué clase de cristiano soy?

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PORTADA
«Esperamos, esperamos»
Responde el Papa al anhelo de los mexicanos
El Observador / Redacción
¿Vendrá el papa Juan Pablo ll a Guadalajara el próximo mes de octubre, cuando se lleve a cabo, del 10 al 17, el XLVlll Congreso Eucarístico Internacional? Es la pregunta que se hacen millones de mexicanos y de católicos en nuestro continente. La oportunidad de estar con Juan Pablo ll, por sexta ocasión, sería un regalo inestimable para México. ¿Cuál es el ánimo de Su Santidad ante este acontecimiento? ¿Qué rostro presenta en su intimidad? ¿Cómo se encuentra de salud? El Observador ha indagado el asunto y éstas son las respuestas.


La salud del Papa es hoy el factor determinante para poder anunciar sus desplazamientos. No la voluntad. El «Papa viajero», el peregrino de Cristo quisiera estar en todos los rincones del mundo donde lo reclama el catolicismo, en auge durante su pontificado. Pronto -el 18 de mayo- cumplirá 84 años. Y la ocasión habrá de celebrarla con la publicación de un nuevo libro autobiográfico, éste sobre su etapa como sacerdote, obispo, arzobispo y cardenal en su Polonia querida.

Por cuestiones de esta naturaleza -aunque parece que el Parkinson ha sido controlado por los médicos que lo atienden- la Oficina de Prensa del Vaticano ha sido muy cuidadosa en confirmar los viajes de Juan Pablo II para este año. Quizá Suiza, quizá México, quizá... Pero ¿cómo lo ve él? Ligado por una amistad que viene desde los tiempos del Concilio Vaticano II -ambos fueron padres conciliares-, el arzobispo emérito de San Luis Potosí, don Arturo Antonio Szymanzki Ramírez fue recibido, en audiencia privada, por el Santo Padre el pasado sábado 27 de marzo, previo a las celebraciones de Semana Santa que en su integridad fueron presididas en Roma por Juan Pablo II. De estas cuestiones platicó El Observador con monseñor Szymansky.

Primero que nada, la salud del Papa es estable

El día transcurría sosegado en los aposentos del Papa. Había recibido al cardenal Lubomyr Husar, arzobispo mayor Lviv de los Ucranianos y al cardenal Jean-Louis Tauran, archivero y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana. Tras el arzobispo emérito de San Luis Potosí, el Santo Padre tan sólo recibiría al cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los Obispos.

Monseñor Szymanski pasó acompañado de tres sacerdotes de la arquidiócesis de San Luis Potosí, dos de ellos estudiando en Roma, y de inmediato quedó a solas con el Papa. A sus recuerdos sobre los tiempos del Concilio -Szymanski, por ascendencia paterna era considerado por el grupo de obispos polacos como el único obispo «polaco» de México- vino, rápidamente a la conversación el estado de salud del Papa. Monseñor Szymanski ha constatado a El Observador que, contrario a la especulación constante de los medios de comunicación, la salud del Papa es estable.

«Se hace notar que estaban preparando al Santo Padre para las celebraciones agotadoras de la Semana Santa», platica monseñor Szymanski. Y agrega: «Durante la plática, que duró según yo diez minutos y según los sacerdotes que me acompañaron veinte minutos, el Papa se mostró con absoluta lucidez, mejorado de su Parkinson, afable y se llevó una sola ocasión el pañuelo a la boca», lo que quiere decir que ha controlado muy bien la incontinencia salival que provoca la enfermedad en adultos mayores como el Papa. Esto haría pensar la posibilidad de Guadalajara...

Está abierta la esperanza

El tema del Congreso Eucarístico Internacional de octubre en Guadalajara no puede ser más querido por Juan Pablo II: «La Eucaristía, Luz y Vida del Nuevo Milenio». A su última encíclica hay que añadir las catequesis constantes del Santo Padre que hacen de la Eucaristía el motor del catolicismo de cara a los retos que enfrenta la Iglesia en el Tercer Milenio. Las citas son abundantes, y la última etapa de la vida de Juan Pablo II se ha manifestado cercana al misticismo derivado de la Presencia de Cristo en el mundo en la Sagrada Forma.

Por ello, y ante la evidencia de que su salud siendo delicada permanece estable, monseñor Szymanski introdujo el tema en la charla con el Papa. «Santidad -dijo-, en México estamos orando por que su salud sea buena y porque le permita estar con nosotros en el Congreso Eucarístico». Comenta monseñor Szymanski que un dejo de luz iluminó la mirada del Papa a lo que respondió, en una repetición que denota el entrañable amor por México: «Esperamos, esperamos».

Hay, pues, esperanza. Sería un regalo magnífico al continente; una ocasión extraordinaria para refrendar la adhesión de México al Sumo Pontífice y la ocasión de conversión a Cristo que muchos, secretamente, están buscando. Ante tanta grandeza, dice monseñor Szymanski, «se extiende una invitación a todos los católicos y hombres de buena fe, para que recen y Dios permita la presencia del Papa en tierras mexicanas el próximo mes de octubre». Petición a la cual El Observador se une con gozo.

EL OBSERVADOR 459-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Madre Lupita
Por Jaime Septién

Hoy los mexicanos estamos de fiesta: es elevada a los altares, por Su Santidad Juan Pablo II la madre Lupita (Anastasia Guadalupe García Zavala). Quien fuera cofundadora de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres, tras un proceso que en su capítulo diocesano que inició en Guadalajara el 29 de julio de 1984 y que contempló 211 sesiones y 34 interrogatorios a testigos, es elevada hoy domingo 25 de abril de 2004 a la gloria de los altares, por sus virtudes heroicas, su profunda vida de oración y por habérsele comprobado un milagro en favor de don Abraham Arceo González. Será la número 14 entre los beatos mexicanos (hay 29 santos, 14 «venerables» y 85 «siervos de Dios»).

La madre Lupita nació en Zapopan, Jalisco, el 27 de abril de 1878 y murió en la vecina Guadalajara el 24 de junio de 1963. A lo largo de sus 85 años de existencia trabajó, infatigablemente, por extender el manto protector de la caridad de Jesús entre los más pobres de los pobres. Fue superiora de su congregación en tiempos en que ser religiosa o religioso en México era como una ofensa de muerte al gobierno. Sufrió persecución y hostigamiento, como tantos millones de católicos en tiempos de Calles y los que le siguieron en el poder. Pero nunca desfalleció: su amor por los pobres, del cual hizo muestra resplandeciente en el Hospital Santa Margarita en Guadalajara, pudo más. La fe en Cristo siempre puede más.

Para la madre Lupita eran los pobres el destino, el origen y el fin de su vocación religiosa: volcarse a ellos, darles una esperanza, curar sus cuerpos y sus almas. Desde el momento en que tomó el hábito hasta su muerte, es decir 63 años, los dedicó a esta altísima convocatoria de la Gracia: curar, fortalecer, donarse a los que nadie cura, nadie fortalece, nadie dona nada. Su fama de santidad no le abandonó a la hora de la muerte. Tanto así que, por intercesión suya consiguió de Dios la curación de un caso terrible de pancreatitis aguda necrotizante que sufría don Abraham Arceo. Era el 25 de julio de 1988, en la habitación 202 del mismo hospital en que la madre Lupita volcara su vocación. El beneficiado estaba desahuciado. Y dijo: «Madre Lupita, agárrame bien de la mano, o suéltame». Lo agarró y sigue vivo. Los milagros a su favor y por su familia continúan. Los santos no nos dejan solos.

Ahora es beata, es decir, «en estado de ser bendita». Beata madre Lupita. Bendita madre, mexicana y entrañable. Que llevas el nombre de la Santísima Virgen María de Guadalupe, sierva ella de los pobres, ruega por nosotros. Ruega por tu nación, por los pobres de México, que en religiosas como tú vean la esperanza que nosotros les negamos. Aunque solamente vayas a ser venerada en la Iglesia particular de la arquidiócesis de Guadalajara, ¡cómo nos importas a todos! Hazte un hueco en tu agenda y pídele al Señor que nos bendiga, pues buena falta nos hace.

EL OBSERVADOR 459-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Cristo triunfa sobre el mal y la muerte

«El Señor de la vida estaba muerto, pero ahora, vivo, triunfa. Estas palabras guían la reflexión de nuestro encuentro de hoy, que se coloca en el clima luminoso de la octava de Pascua», dijo Juan Pablo II a los 25 mil peregrinos presentes en la audiencia general de los miércoles en la plaza de San Pedro.

«Cristo triunfa sobre el mal y la muerte», subraya el texto del Papa. «Los evangelios nos cuentan, a veces con riqueza de detalles, los encuentros del Señor resucitado con las mujeres que acudieron al sepulcro y, después, con los apóstoles. Como testigos oculares, todos ellos serán los primeros en proclamar el Evangelio de su muerte y resurrección. La Iglesia, que es depositaria de este misterio universal de salvación, lo transmite de generación en generación a los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar».

«Para que los cristianos cumplan este mandato que se les confió es indispensable que encuentren personalmente a Cristo resucitado y se dejen transformar por la potencia de su amor. Cuando sucede así, la tristeza se transmuta en alegría, el temor cede el paso al ardor misionero».

«Cristo, esperanza mía, ha resucitado. Con estas palabras la secuencia subraya un aspecto del misterio pascual, que la humanidad actual debe comprender más profundamente. Los seres humanos, amenazados por la violencia y la muerte, buscan a quien les de serenidad y seguridad. Pero, ¿donde encontrar paz si no en Cristo, el inocente, que reconcilió a los pecadores con el Padre?».

«En el Calvario la misericordia divina manifestó su rostro de amor y perdón para todos. Santa Faustina Kowalska, en su humildad, fue elegida para anunciar este mensaje de luz, especialmente adecuado para el mundo de hoy».

EL OBSERVADOR 459-3

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DESDE EL ÁFRICA NEGRA
¿Superada la violencia?
Por Jean-Pierre Roth, M.A.

Conozco a algunas personas que ya no miran las informaciones por miedo a las imágenes de matanzas. Y a los que seguimos mirándolas nos queda un sabor muy amargo en la boca. En esta triste situación la Pascua de Jesús ofrece una esperanza extraordinaria: la de un mundo en el cual la plaga de la violencia está siendo vencida. ¿Sueño? ¿Utopía? Por Pascua, una brecha se hizo en la muralla del odio y nos dice que la utopía ya empezó a ser realidad.

Por estar lejos de los circuitos de difusión, no he visto la recién estrenada película La Pasión de Cristo, que presenta los últimos momentos de Jesús. Así que no voy a hablar de esta obra, sino de un comentario hecho por Jim Caviezel, el actor que representa al Señor en esta película. Según él, la película no quiere alimentar una polémica acerca de «quién mató a Jesucristo», sino recordar que Él introdujo un elemento nuevo en la historia: el perdón por las ofensas. Este comentario me parece decisivo porque si seguimos echándonos la culpa jamás vamos a salir del ciclo de las destrucciones y lágrimas. La ley «ojo por ojo, diente por diente» (Ex 21, 24) fue buena en aquel entonces, tratando de limitar la violencia, pero ya no es funcional. ¡Dejaría a nuestro mundo ciego y desdentado! En cambio, a los que escucharon el primer anuncio de la Pascua en Jerusalén, los discípulos no les echaron la culpa sino abrieron un camino nuevo diciéndoles: «cambien su vida... la promesa está para ustedes y sus hijos...» (AA 2, 38). La ley de la sangre está superada. Herederos del mensaje de su Maestro, los discípulos abren caminos de reconciliación, no por miedo o por facilidad, sino por fidelidad al ejemplo recibido.

Hace poco, la televisión transmitió una celebración que nos recordó la brutalidad sin nombre del genocidio padecido en Rwanda hace diez años. Frente a la barbaridad de los hechos, al dolor de los que perdieron seres queridos, los organizadores escogieron mostrar imágenes de líderes y de muchedumbre quedando mudos por tres minutos... El silencio por respeto a las víctimas inocentes, ¡sí! El silencio como solución a esta gran injusticia, ¡no! ¡Se debe hablar para buscar la verdad! No para alimentar el ciclo de la violencia sino para hacer posible el «nunca más» escrito, para sanar, reparar, apoyar, como se pueda. Pero, ¿a quién se dirige este «nunca más»? ¿A cada uno? ¿A los gobernantes que justifican demasiado fácilmente las intervenciones del ejército por la «razón de Estado», o por el dogma de la guerra preventiva? Ojalá a ambos.

Mientras la violencia ciega nos amenaza a todos, una voz profética se dio a escuchar desde Asís hace dos años. Los líderes de las grandes religiones del mundo, invitados por el Papa, fueron unánimes en denunciar la violencia y el lazo que los agresores hacen con la religión para justificarse. Entonces, ¿superada la violencia? La pregunta se queda abierta. Naciones, comunidades, familias, personas, tenemos la respuesta.

EL OBSERVADOR 459-4

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PINCELADAS
Los santos son sencillos
Por Justo López Melús *

Los santos y los grandes hombres realizan sus actos sin alardear. Como aquel santo, que contestaba, a las propuestas de su ángel, que él no deseaba ni el don de curación ni ser considerado modelo de virtud. Sólo deseaba hacer el bien, sin darse cuenta. Y se le concedió el don de curación a su sombra, la que él no viera, la que quedaba a su espalda, la única en que se fijarían las gentes.

Como el abad Nisterio, en el desierto. Apareció un dragón y el abad huyó corriendo con todos sus discípulos. De momento les extrañó. No esperaban esa reacción del abad. Luego le preguntó un discípulo: «Padre, ¿también vos os asustasteis?». «No -le contestó-, pero era mejor huir del dragón que tener que huir luego del espíritu de vanidad».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 459-5

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REPORTAJE
Ingeniería genética
Biotecnología con sabor a polémica
Por Rodrigo Prieto

El mercado estaba lleno, como de costumbre. La gente iba y venía por los pasillos buscando verduras y carnes en medio de un bullicio alegre y divertido.
De pronto, una chica se detuvo frente a una tienda y comenzó a tocar los tomates.
Con la mirada fija y voz fuerte, la dependienta la increpó:
- ¡Ea, mujer!, ¡¿que no ves que son todos iguales?!
La chica la miró con extrañeza.
- ¡Es que son transgénicos! -insistió la mujer- O sea de laboratorio, niña: por eso son todos del mismo tamaño y color… y ¡están exquisitos!, ¿cuántos quieres?

Desde hace algunos años, escenas como ésta ya no sorprenden en los mercados de casi todo el mundo, debido a la introducción de una amplia gama de alimentos -principalmente vegetales- modificados genéticamente.

Ésta es sólo una de las aplicaciones de una compleja disciplina que en los últimos 20 años ha revolucionado al mundo al posicionarse como la principal exponente de las biotecnologías en el siglo XXI: la ingeniería genética.

Pero no es la única, pues hablar de biotecnologías es referirse a una serie de disciplinas y técnicas utilizadas a lo largo de la historia para el manejo de organismos vivos, incluido el ser humano.

En otras palabras, desde las ancianas agricultura y ganadería que hicieron del hombre un ser sedentario, hasta la biología, la química, la ingeniería, la veterinaria y la medicina contemporáneas -entre otras- son parte de las llamadas biotecnologías; de ahí que se hable de ésta no como una ciencia, sino como un enfoque interdisciplinario.

La Ingeniería genética (IG) consiste en trabajar con el material genético de los organismos (inhibirlo, potenciarlo, transformarlo o intercambiarlo) para conseguir diversos propósitos (alimenticios, médicos, económicos, etc.) útiles para el ser humano. Nace alrededor de 1940, pero sus orígenes más remotos se remontan a los trabajos de Darwin y Mendel (entre 1859 y 1865, aproximadamente) orientados a explicar la teoría de la herencia en los organismos vivos. Sin embargo, es desde 1970 en adelante que esta técnica ha tenido un desarrollo espectacular, en el cual ha adquirido mayor relevancia debido su novedad, a las posibilidades que comporta y a los alcances éticos de su quehacer.

En el ámbito vegetal, la principal aplicación de la IG son los alimentos transgénicos. A su vez, en el mundo animal y en el ser humano, la clonación, es la técnica que ha concitado mayor interés.

¿Para qué sirve la ingeniería genética?

La IG puede tener diversas utilidades, dependiendo de la posición desde la cual se hable; sin embargo, actualmente se pueden identificar tres principales usos.

El primero es el mejoramiento de la calidad de los alimentos para hacerlos, por ejemplo, más resistentes a ciertas condiciones climáticas, crecer más y más rápido, requerir menos agua, etc.

Una segunda utilidad es el mejoramiento de la salud de las personas, por medio de la modificación genética de los alimentos para anular o potenciar componentes riesgosos o beneficiosos para el organismo. Ejemplo de ello son el diseño de maíz con menos gluten -muy dañino para algunas personas- o la clonación de animales para producir tejidos u órganos útiles para el ser humano.

En tercer lugar aparecen las utilidades económicas, pues la modificación genética de los organismos permite mejorar el rendimiento de la producción agrícola y ganadera, creando -por ejemplo- vegetales resistentes a las plagas, tomates más redondos y rojos, pollos más grandes y de rápido crecimiento, entre otros.

Si bien estas utilidades coexisten en la actualidad, lo cierto es que la investigación científica en este ámbito es tan costosa, que requiere de un enorme volumen de inversión, pocas veces disponible en los Estados para estos fines. De este modo, la investigación del rubro está centrada en unos pocos laboratorios pertenecientes a importantes multinacionales.

Las polémicas

Dada la naturaleza del tema, las distintas aplicaciones de la IG han generado una serie de debates sociales, cuyos argumentos se mueven en torno a las ventajas y desventajas que su utilización puede significar para la salud, el medio ambiente, la economía y la ética.

En lo que respecta a la modificación genética de animales y vegetales (o biotecnología alimentaria), los argumentos a favor señalan que se pueden crear alimentos de mejor calidad, más resistentes a las condiciones del entorno y de bajo costo; además, la IG permite crear variantes menos dañinas para la salud o potenciadas para mejorarla, sin afectar con ello al medio ambiente y optimizando a la vez las condiciones de producción, de modo que aumenta su rentabilidad económica.

Los argumentos en contra señalan, en tanto, que la aplicación de la IG en animales y vegetales aumenta el riesgo de efectos secundarios en la salud de las personas, como alergias, malformaciones congénitas, cáncer, etc. Indican además, que las variantes transgénicas pueden afectar el equilibrio de los ecosistemas, por ejemplo, respecto de algunas plagas de insectos, o simplemente por la pérdida de la biodiversidad. Y en términos productivos, la introducción de estos alimentos al mercado, afecta de manera importante a los pequeños productores locales, potenciando problemáticas sociales como el desempleo y la pobreza rural.

En el ser humano, los avances de la IG son recientes. Hasta ahora sus principales aplicaciones han permitido identificar los genes de algunas enfermedades y se han dado algunos pasos en la senda de la clonación de células humanas. En este caso, el debate está centrado en la arena ética, donde los promotores abogan por un mejoramiento general de la salud humana, mientras sus detractores levantan voces de alerta respecto de la cualidad «creadora» del hombre y cuestionan la emergencia de nuevas formas de discriminación genética que se ciernen sobre el futuro.

Como marco de este debate aparecen distintas visiones metafísicas y religiosas, que son puestas en jaque por el desarrollo de la ciencia, a la par con visiones futuristas más radicales que temen que en un plazo no muy lejano sea posible «producir» seres humanos «a pedido» para cumplir labores o roles determinados en la sociedad.

Obstáculos

En cualquiera de sus aplicaciones, los debates en torno a la IG están marcados por la escasa información disponible, pues, ya que se trata de un espacio científico de gran complejidad, no es fácil acceder y menos comprender los experimentos que se realizan.

Además, estos avances científicos y tecnológicos van, por lo general, dos pasos por delante de los marcos normativos que los regulan; por tanto no existen los instrumentos jurídicos necesarios para normar su desarrollo, o al menos, no en el nivel de especificidad necesaria para hacerlo con eficiencia.

El desarrollo de estas biotecnologías se sitúa, inevitablemente, dentro de un marco ético no explícito, por tanto no queda claro su propósito final ni la dirección en que avanza. Podría pensarse que el fin último es el bien de la humanidad, pero la definición de «bien» puede tener diversas acepciones.

Conclusión

Como suele ocurrir en la historia de la ciencia, la ingeniería genética es una disciplina que puede posibilitar importantes avances para la humanidad, y, en paralelo, producir también muchas técnicas y prácticas incompatibles con algunos marcos éticos vigentes.

En cualquier caso, los avances actuales de la disciplina constituyen un quiebre, un espacio vacío para el cual hasta ahora la humanidad no tenía respuesta. De ahí que surjan tantos y tan candentes debates en los cuales, más allá de las pequeñas batallas argumentales, lo que está en juego es la «idea» de hombre que prima en la sociedad y cómo, a partir de ella, cada persona encuentra las herramientas para «construirse» una existencia coherente y significativa en el lugar y el momento que le toca vivir.

(Fuente: SOI)

EL OBSERVADOR 459-6

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JÓVENES
Junto al Papa, la XIX Jornada Mundial de la Juventud
El día 4 de abril, domingo de Ramos, en la plaza de San Pedro, Juan Pablo II presidió la Misa con ocasión de la XIX Jornada Mundial de la . También dirigió un mensaje a los «chicos del Papa», que se tituló "Queremos ver a Jesús", y que a continuación extractamos:

Muy queridos jóvenes:

1.El año 2004 constituye la última etapa antes de la gran cita de Colonia, donde en 2005 se celebrará la XX Jornada Mundial de la Juventud. Por eso os invito a intensificar vuestro camino de preparación espiritual, profundizando el tema que he elegido para esta XIX Jornada Mundial de la Juventud: Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21).
Es la pregunta que algunos "griegos" le hicieron un día a los Apóstoles. Querían saber quién era Jesús. No se trataba simplemente de acercarse para saber cómo se presentaba el hombre Jesús. Movidos por una gran curiosidad y con el presentimiento de encontrar la respuesta a sus preguntas fundamentales, querían saber quién era realmente y de dónde venía.

2.Queridos jóvenes, yo también os invito a imitar a los "griegos" que se dirigieron a Felipe, movidos por el deseo de "ver a Jesús". Que vuestra búsqueda no esté motivada simplemente por la curiosidad intelectual, aunque en sí misma tiene un gran valor, sino que esté estimulada, sobre todo, por la exigencia profunda de encontrar la respuesta a la pregunta sobre el sentido de vuestra vida. Como el joven rico del Evangelio, buscad también vosotros a Jesús y preguntadle: "¿Qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" (Mc 10,17). El evangelista Marcos precisa que Jesús, fijando en él su mirada, le amó. Pensad también en ese otro episodio en el que Jesús le dice a Natanael: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, te vi", haciendo brotar del corazón de aquel israelita en el que no había engaño (cfr. Jn 1,47) una hermosa profesión de fe: "Rabbí, tú eres el Hijo de Dios" (Jn 1,49). Quien se acerca a Jesús con el corazón libre de prejuicios puede llegar sin grandes dificultades a la fe, porque es el mismo Jesús quien en primer lugar le ha visto y le ha amado.
El aspecto más sublime de la dignidad del hombre está precisamente en su vocación a establecer una relación con Dios en este profundo intercambio de miradas que transforma la vida. Para ver a Jesús lo primero que hace falta es dejarse mirar por Él.
Queridos jóvenes, dejad que Jesús os mire a los ojos, para que crezca en vosotros el deseo de ver la Luz, de gustar el esplendor de la Verdad. Seamos o no conscientes, Dios nos ha creado porque nos ama y para que nosotros le amemos. Esto explica la insuprimible nostalgia de Dios que el hombre lleva en su corazón: "Tu rostro, Señor, yo busco. No me ocultes tu rostro" (Sal 27,8). Este rostro -lo sabemos- Dios nos lo ha revelado en Jesucristo.

3.Queridos jóvenes, ¿vosotros también queréis contemplar la belleza de ese Rostro? Ésta es la pregunta que os hago en esta Jornada Mundial de la Juventud del año 2004. No os lancéis a responder. Antes que nada haced silencio en vuestro interior. Dejad que emerja desde lo profundo de vuestro corazón el ardiente deseo de ver a Dios, un deseo a veces sofocado por los rumores del mundo y por las seducciones de los placeres. Dejad que en vosotros nazca este deseo y experimentaréis la maravilla del encuentro con Jesús. El cristianismo no es simplemente una doctrina; es un encuentro en la fe con Dios hecho presente en nuestra historia con la encarnación de Jesús.
Poned todos los medios a vuestro alcance para hacer posible este encuentro, mirando a Jesús que os busca apasionadamente. Buscadlo con los ojos de la carne a través de los acontecimientos de la vida y en el rostro de los demás; pero buscadlo también con los ojos del alma por medio de la oración y la meditación de la Palabra de Dios.

4.Ver a Jesús, contemplar su Rostro, es un deseo insuprimible, pero un deseo que el hombre, desgraciadamente, llega incluso a deformar. Es lo que sucede con el pecado, cuya esencia está precisamente en apartar los ojos del Creador para mirar a la criatura.
Aquellos "griegos" que buscaban la verdad no hubieran podido acercarse a Cristo si su deseo, movido por un acto libre y voluntario, no se hubiese concretizado en una decisión clara: "Queremos ver a Jesús". Ser realmente libres significa tener la fuerza para elegir a Aquél por el que hemos sido creados y aceptar su señorío sobre nuestra vida. Lo percibís en el fondo de vuestro corazón: todos los bienes de la Tierra, todos los éxitos profesionales, el mismo amor humano que soñáis, nunca podrán satisfacer plenamente vuestros deseos más íntimos y profundos. Sólo el encuentro con Jesús podrá dar pleno sentido a vuestra vida: "Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en ti", ha escrito San Agustín (Confesiones I, 1). No os distraigáis en esta búsqueda. Perseverad en ella, porque lo que está en juego es vuestra plena realización y vuestro gozo.

5.Queridos amigos, si aprendéis a descubrir a Jesús en la Eucaristía, lo sabréis descubrir también en vuestros hermanos y hermanas, sobre todo en los más pobres. La Eucaristía recibida con amor y adorada con fervor es escuela de libertad y de caridad para realizar el mandamiento del amor. Esta escuela eucarística de libertad y de caridad enseña a superar las emociones superficiales para radicarse firmemente en lo que es verdadero y bueno; libra del encerrarse en uno mismo y prepara para abrirse a los demás, enseña a pasar de un amor afectivo a un amor efectivo. Porque amar no es sólo un sentimiento; es un acto de voluntad que consiste en preferir de manera constante, por encima del propio el bien, el bien de los demás: "Nadie tiene mayor amor, que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15,13).
Con esta libertad interior y con esta ardiente caridad es como Jesús nos educa para encontrarlo en los demás, sobre todo en el rostro desfigurado del pobre. Éste es el camino del encuentro con Jesús. Id al encuentro de todos los sufrimientos humanos con la fuerza de vuestra generosidad y con el amor que Dios infunde en vuestros corazones por medio del Espíritu Santo: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a Mí me lo hicisteis" (Mt 25,40). El mundo tiene necesidad urgente del gran signo profético de la caridad fraterna. No es suficiente "hablar" de Jesús; en cierto modo hay que hacerlo "ver" con el testimonio elocuente de la propia vida (cfr. Novo millennio ineunte, 16).
Y no os olvidéis de buscar a Cristo y de reconocer su presencia en la Iglesia. Ella es como la prolongación de su acción salvífica en el tiempo y en el espacio. En ella y por medio de ella Jesús sigue haciéndose visible hoy y sigue haciéndose encontrar por los hombres.

6.No os sorprendáis después si en vuestro camino encontráis la cruz. ¿Acaso Jesús no les ha dicho a sus discípulos que el grano de trigo tiene que caer en tierra y morir para dar mucho fruto? (cfr. Jn 12,23-26)? De esta forma indicaba que su vida entregada hasta la muerte sería fecunda. Lo sabéis: después de la resurrección de Cristo, la muerte no tendrá más la última palabra. El amor es más fuerte que la muerte. Si Jesús ha aceptado la muerte en cruz, haciendo de ella el manantial de la vida y el signo del amor, no es ni por debilidad ni por gusto al sufrimiento. Es para obtenernos la salvación y hacernos partícipes de su vida divina.

7. Vuestros contemporáneos esperan de vosotros que seáis testigos de Aquél que habéis encontrado y que os hará vivir. En las realidades de la vida cotidiana, sed testigos intrépidos del amor más fuerte que la muerte. Os toca a vosotros recoger este desafío. Poned vuestros talentos y vuestro ardor juvenil al servicio del anuncio de la Buena Noticia. Sed los amigos entusiastas de Jesús que le presentan al Señor todos aquellos que desean verlo, sobre todo a los más alejados de él. Felipe y Andrés llevaron a aquellos "griegos" a Jesús: Dios se sirve de la amistad humana para llevar a los corazones a la fuente de la divina caridad. Sentíos responsables de la evangelización de vuestros amigos y de todos vuestros coetáneos.
La Beata Virgen María, que durante toda la vida se dedicó asiduamente a la contemplación del rostro de Cristo, os acoja incesantemente bajo la mirada de su Hijo (cfr. Rosarium Virginis Mariæ, 10) y os sostenga en la preparación de la Jornada Mundial de Colonia, a la que os invito a mirar desde ahora con responsabilidad y auténtico entusiasmo. La Virgen de Nazaret, como Madre atenta y paciente, modelará en vosotros un corazón contemplativo y os enseñará a fijar la mirada en Jesús para que, en este mundo que pasa, seáis profetas del mundo que no muere.

Con cariño os imparto una especial bendición, que os acompañe en vuestro camino.

EL OBSERVADOR 459-7

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CULTURA
Contra la ley de la selva política
Por Carlos Díaz

Si la justicia es sumamente difícil dada la pluralidad de intereses en juego, el gran número de sus agentes, la diversidad de ópticas e ideologías existentes, y la diferente calidad moral de los individuos por los que debe atravesar para afirmarse, sin embargo es posible intentar su mejora. He aquí algunas medidas al efecto tendentes a potenciar la democracia dentro de los partidos.

Democratizar internamente
Algunas medidas: reconocer la existencia de corrientes internas, de tradiciones culturales diferentes, con el fin de que haya diálogo, interpelación, estímulo y evolución en el partido. Flexibilizar las estructuras de los partidos; reducir sus órganos; establecer una rotación de los altos cargos. Utilizar consultas internas en temas de trascendencia política. Definir los derechos del militante. Luchar contra la disciplina ciega del político respecto al partido para que pierda su carácter de funcionario de partido. Tener en cuenta a las bases (militantes) a la hora de elaborar las candidaturas a las elecciones.

Controlar la financiación
Algunas medidas: velar por la transparencia y el control del sistema de financiación de los partidos con el fin de evitar las corruptelas. Someter la financiación privada al principio de publicidad y exigir la identificación de quienes hacen donaciones de cierta cuantía. Limitar drásticamente los gastos electorales, especialmente en momentos de crisis económica. Regular estrictamente los procesos de privatización de empresas públicas con el fin de impedir que su paso a manos privadas produzca beneficios económicos ocultos. Lo mismo podemos decir respecto a las adjudicaciones y limitaciones de obras, proyectos y anteproyectos en materia de construcción.

Luchar contra la corrupción
Algunas medidas: castigar con ejemplaridad a los políticos corruptos; suprimir la inmunidad parlamentaria, es decir, el privilegio procesal en virtud del cual se necesita la previa autorización de la cámara legislativa para procesar y detener a uno de sus miembros. Si la razón de ser de la inmunidad fue ayer la de tratar de evitar la instrumentación política y partidista de una acusación penal, hoy este privilegio se halla en franca decadencia en muchos países, al haberse utilizado muy a menudo para no castigar hechos delictivos, y a su vez para desautorizar la opinión de los tribunales. El parlamentario implicado en un presunto delito ha de ser considerado como un ciudadano civil cualquiera, pues en un Estado democrático la mejor garantía para impedir la utilización política del procesamiento o detención de un parlamentario es la independencia de jueces y tribunales. En cambio se ha de fortalecer la inviolabilidad parlamentaria, es decir, la no responsabilidad por opiniones y actos pertenecientes al ejercicio de la función parlamentaria, con la finalidad de garantizar la independencia y autonomía de la institución.

Desincentivar la «política profesional»
Algunas medidas: poner un límite a la renovación de los mandatos, empezando por el Presidente del Gobierno. Impulsar un sistema sólido de incompatibilidades que incluya también a los cargos de confianza. Arbitrar medidas que impidan que, una vez terminado su mandato, los parlamentarios, ministros y otros altos cargos puedan ocupar inmediatamente lugares de importancia en la vida pública, ya sea en el sector público o en el privado (banca, televisión, grandes empresas, etc). Revisar el sistema de atribución de sueldo a los parlamentarios, pues constituye un pésimo ejemplo para los ciudadanos que en una sociedad donde el trabajo es retribuido según las leyes del mercado, los parlamentarios sean el único estamento que se asigna a sí mismo el sueldo. Los políticos son vistos así como una clase en la que el interés corporativo puede más que la representación del pueblo

Ejemplarizar
Algunas medidas: ¡sencillamente una buena persona!, buena en el buen sentido de la palabra bueno. Por desgracia las críticas desafortunadas o hipócritas contra los políticos abundan; con frecuencia tenemos mucha vista para perseguir la mala política de quienes dirigen la cosa pública, pero hacemos vista gorda cuando nosotros mismos adoptamos pautas de conducta que a la larga van a redundar negativamente en la sociedad. ¡Qué «tolerantes» somos con nosotros mismos, y qué intolerantes con los demás! Cuando se alega que ellos, los políticos, «están obligados a dar ejemplo», ¿cómo podríamos nosotros recriminar su mala conducta, si en lo que tenemos a nuestro modesto alcance somos tan poco ejemplares como ellos? ¡La política no se rige por la ley del embudo, lo ancho para mí y lo estrecho para ellos!

EL OBSERVADOR 459-8

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GRANDES FIRMAS
«Que el más grande entre ustedes se haga el más pequeño, y el que manda, el siervo» (Lc 22,26)
Por Chiara Lubich

No es la primera vez que san Lucas cuenta que los discípulos discutían entre ellos para saber quién era el más grande. En esta ocasión estamos ante la Última Cena. Jesús acaba de instituir la Eucarística, el signo más grande de su amor, de su donación sin medida, anticipo de lo que vivirá pocas horas después en la cruz. Él está en medio de los suyos «como el que sirve». El Evangelio de san Juan reporta, en efecto, el gesto concreto de Jesús, que lava los pies a sus discípulos. Es importante que recordemos esta enseñanza suya, precisamente en este mes en el que celebramos la Pascua, la Resurrección de Jesús.

Los discípulos no entienden porque están condicionados por la mentalidad común que, en el modo de vivir humano, da prioridad al prestigio, al honor, a los primeros lugares en la escala social y al llegar a ser «alguien». Pero Jesús viene a la Tierra precisamente para crear una sociedad nueva, una nueva comunidad, inspirada en una lógica distinta: el amor.

Si Él, que es el Señor y el Maestro, ha lavado los pies a sus discípulos (una acción reservada sólo a los esclavos), también nosotros, si queremos seguirlo, sobre todo si tenemos determinadas responsabilidades, estamos llamados a servir a nuestro prójimo concretamente y con la misma dedicación.

«Que el más grande entre ustedes se haga el más pequeño, y el que manda, el siervo».Ésta es una de las contradicciones de Jesús. Se entiende solamente si pensamos que la actitud típica del cristiano es el amor, ese amor que lo lleva a ponerse en el último lugar, que le hace pequeño delante de los otros, como un papá cuando juega con su hijo pequeño o ayuda con las tareas de la escuela a su hijo más grande.

San Vicente de Paul llamaba y consideraba a los pobres «sus patrones» y los amaba y los servía porque en ellos veía a Jesús. San Camilo de Lelis se inclinaba hacia los enfermos lavando sus llagas, arreglándoles su cama, «con el mismo afecto -como él mismo escribió- que una madre amorosa tiene hacia su único hijo enfermo».

¿Y como no recordar a alguien más cercano a nosotros, la beata Teresa de Calcuta, que se inclinaba siempre para aliviar a millares de moribundos, haciéndose «nada» delante de cada uno de ellos, los más pobres de los pobres?

«Hacerse pequeños» ante los demás significa tratar de entrar, lo más profundamente posible, en su estado de ánimo para compartir sus sufrimientos o sus intereses, incluso cuando a nosotros nos parezcan sin importancia, insignificantes, pero en cambio para ellos constituyen toda su vida.

«Hacerse pequeños» ante cada uno, no precisamente porque pensemos que nosotros estamos en un nivel más alto y ellos más bajo, sino más bien porque nuestro yo, si no estamos alerta, puede ser como un globo siempre listo para subir, para ponerse en una posición de superioridad frente a nuestro prójimo.

«Vivir en el otro» significa, por lo tanto, no tener una vida replegada sobre nosotros mismos, llena de las propias preocupaciones, de mis cosas, de mis propias ideas, de todo aquello que es nuestro. Quiere decir olvidarse de sí mismos, poner a un lado lo nuestro para tener presente al otro, para hacernos uno con él, para descender a su nivel y ayudarlo a salir de sus angustias, de sus preocupaciones, de sus dolores, de sus complejos, de sus limitaciones o simplemente ayudarlo a salir de sí mismo para que pueda ir hacia Dios y hacia los hermanos y encontrar así la plenitud de la vida, la felicidad verdadera.

También los hombres de gobierno, los administradores públicos («quien gobierna») de cualquier nivel que sean, pueden vivir su responsabilidad como un servicio de amor, para crear y construir las condiciones necesarias para que florezcan todos los amores.

Desde la mañana, que nos levantamos, hasta la noche, cuando nos acostamos; en la casa, en la oficina, en la escuela, en la calle, podemos encontrar infinidad de ocasiones para servir y también para dar las gracias cuando nos sirven. Hagamos cada cosa por Jesús en los hermanos, sin descuidar a ninguno; es más, siendo nosotros los primeros en amar. ¡Sirvamos a todos! Solamente así seremos «grandes».

EL OBSERVADOR 459-9

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INTERNACIONAL
Pseudocatólico candidato presidencial de EU dice seguir la doctrina de «Pío XXIII»
* Además de proclamarse seguidor de un papa que nunca existió, Jonh Kerry es totalmente contrario a la moral cristiana-católica.

El candidato presidencial demócrata John Kerry sorprendió recientemente a la prensa estadounidense cuando señaló que él, como católico, seguía la doctrina del papa «Pío XXIII», es decir, un pontífice que nunca existió.

Durante un encuentro con la prensa, Kerry, que se proclama «católico practicante» pero que está a favor del aborto, la clonación y las uniones civiles de homosexuales, reaccionó molesto cuando se le señaló que algunos católicos lo criticaban por la contradicción de su confesión religiosa y sus ideas.

«¿Quiénes son? -preguntó Kerry irritado- Nómbrelos. ¿Son acaso los mismos legisladores que votan a favor de la pena de muerte pese a que está en contra de la enseñanza católica?».

«Yo no soy un vocero de la Iglesia. Soy un político postulando a la presidencia. Mi juramento es el de defender la Constitución de los Estados Unidos en mi vida pública», agregó Kerry.

El candidato demócrata señaló luego que «mi juramento privado entre yo y Dios fue definido en la Iglesia católica por el papa Pío XXIII y el papa Pablo VI en el concilio Vaticano II, que permite la libertad de conciencia de los católicos respecto de estas opciones... nuestra Constitución separa Iglesia y Estado», señaló.

Líderes católicos han señalado que Kerry ha cometió otros errores significativos en sus palabras: ni la doctrina de la Iglesia condena la pena de muerte -aunque la desrecomienda claramente- ni el Vaticano II permitió «libertad de conciencia» a los católicos en temas como la familia y la vida.

También se ha hecho notar algo curioso: mientras que el candidato presidencial «católico» sostiene posturas antitéticas a la doctrina moral católica, su rival, un protestante evangélico, coincide, en cambio. con la enseñanza católica en esa materia, es decir, se opone a la clonación humana, al matrimonio homosexual y al aborto.

(Fuentes: ACI / Aceprensa)

EL OBSERVADOR 459-10

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DEBATE
¿Qué clase de cristiano soy?
Por Antonio Maza Pereda

Hemos terminado un largo período de reflexión: cuarenta días de Cuaresma, que es, o debería ser, de meditación desde la penitencia y desde el dolor. Estamos ahora en otro período de reflexión, casi igual de largo: el tiempo pascual, cincuenta días desde la Resurrección hasta Pentecostés. Una meditación desde la alegría y desde la esperanza: ¡Cristo nos promete que también nosotros resucitaremos! Yo me propongo y les propongo este tema para la reflexión en este tiempo de Pascua: ¿Qué clase de cristiano, es decir, qué clase de discípulo de Cristo soy?

La pregunta no es ociosa. Puede, por supuesto, ser contestada de muchas maneras; desde la conformidad (soy católico como la mayoría), hasta la culpa (soy indigno de ser llamado católico). Un gran filósofo metido a político, fallecido hace algunos años, ante la pregunta de la prensa sobre su catolicismo, contestó: «Soy un pecador estándar». Y, me consta, en una reunión privada, completó la frase con los ojos húmedos: «… y muchas veces peor que lo estándar». Y es que esta reflexión debe darse con mucho realismo: no somos santos, pero tampoco somos pecadores sin remedio. Pascua nos trae el gran mensaje: ¡Jesús ya pagó por nuestros pecados!

El mundo, ese enemigo del alma y lugar donde Dios nos ha llamado a vivir y a santificarnos, ha dado un enfoque cuantitativo a esta pregunta. «¿Eres muy católico?», nos cuestionan. Mi respuesta a esta manera de preguntarlo es, me temo, de gran molestia: ¿Se puede ser sólo un poquito católico? ¿Puede una señora estar sólo un poquito embarazada? No, me explican los más pacientes. Eres muy católico si crees todo lo que la Iglesia enseña, vas a Misa cada domingo, te confiesas cada vez que tienes pecado mortal y comulgas cada vez que vas a Misa, si vas a los oficios de Cuaresma y haces ayuno y abstinencia. Y si vas a Misa más seguido o si participas en algún apostolado, eres aún más católico. Yo me desespero y les digo: «¡Pero si esos son los mínimos!». Exageras, me contestan. La mayoría no somos muy católicos, pero sí somos católicos. Nos bautizaron, hicimos la primera comunión, nos casamos por la Iglesia y, si hay suerte, antes de morir nos darán los santos óleos. Pero, lo demás… sólo si nos nace.

Pero, en todo caso, esta discusión está mal encaminada. Ser católico, o muy católico, no es cuestión nada más de cuántos sacramentos recibo o a cuántas ceremonias asisto. Lo importante es si mi catolicismo va más allá de lo que ocurre en los templos, si se nota en mi vida. Si las ideas y los valores cristianos me influyen, si son tomados en cuenta en mi toma de decisiones. Y no sólo las grandes decisiones, por ejemplo, cuál será mi estado de vida (soltero, casado, consagrado a Dios), o cuántos hijos tendremos. También en las pequeñas decisiones de cada día: cómo uso mi tiempo, cómo trato a cada persona, qué valores escojo como los primordiales en cada caso. En esta vida diaria, ¿se me nota lo católico? Es decir, ¿se me nota que el Amor es la guía de mi vida? ¿Tengo el rostro y las acciones de alguien que sabe que va a resucitar? Cito de memoria a Jesús Urteaga, en su estupendo libro El valor divino de lo humano: «Hoy los paganos nos gritan: ¡Demuéstrennos con su vida que Dios existe!». Y yo me grito a mí mismo: ¡Demuestra con tu vida que crees, o mejor, que sabes que vas a resucitar a la Vida! Y, entonces sí, seré muy católico.

EL OBSERVADOR 459-11

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FIN

 
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