El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
23 de mayo de 2004 No.463

SUMARIO

bulletPORTADA - Nuevo libro de memorias del Papa demuestra su amor entrañable por la Iglesia y por la Virgen de Guadalupe
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El que se mueve no sale en la foto
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - No tenemos que rendirnos ante la oscuridad de la desesperación
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Sobre novios, estudios y otras cosas
bulletPINCELADAS - Silencio de Dios
bulletDOCUMENTOS - Mensaje del papa para la jornada mundial de las comunicaciones sociales 2004 - Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - La historia de Salustiano
bulletCULTURA - Condonar la deuda
bulletPANTALLA CHICA - ¿Quién dice la tele que eres tú?
bulletCOLUMNA ABIERTA - Científicos progresistas
bulletTESTIMONIO - Pilina y los demás niños santos
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - «Nosotros no necesitamos un papel…»

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En su cumpleaños número 84
Nuevo libro de memorias del Papa demuestra su amor entrañable por la Iglesia y por la Virgen de Guadalupe
EL OBSERVADOR / Redacción
Era el mes de julio de 1958. El joven sacerdote Karol Wojtyla -acababa de cumplir, hacía dos meses, los 38 años de edad- remaba en un kayak, de vacaciones, con un grupo de amigos de su parroquia. La excursión fue suspendida: una llamada del cardenal Wiszynsky, primado de Polonia, le avisaba la decisión del Santo Padre Juan XXIII de elevarlo a la dignidad de obispo de Cracovia.

Este es el punto de partida del nuevo libro del Papa Juan Pablo II: ¡Levantaos! ¡Vamos! Que circula ya en México desde el pasado martes 18 de mayo, cuando el Papa cumplió 84 años de edad. El libro -que circula bajo el sello editorial de Plaza & Janés- es un recuento minucioso, amable y hasta divertido de los 20 años con tres meses que, primero como obispo auxiliar y después como arzobispo, pasó el actual pontífice en Cracovia. Años del Concilio Vaticano II y de enfrentamiento, en Polonia, en contra del comunismo ateo de origen soviético que mantuvo a su país en vilo desde 1945 hasta 1989, con la caída del Muro de Berlín a la que el Papa contribuyó de manera decisiva, según todos los analistas.

Hace diez años y bajo el mismo sello, el Papa había sorprendido al mundo con su libro de memorias Cruzando el Umbral de la Esperanza, donde narra, con profusión de detalles, su vocación sacerdotal y la vida de infancia. Ese libro, justamente, acababa en la excursión del verano del 58. En aquella ocasión el texto del Papa se editó en 50 países y se vendieron 20 millones de ejemplares. Para el tomo segundo de sus memorias se prevé un tiraje de cerca de 30 millones de ejemplares. El dinero de las regalías, como siempre, el Papa lo ha comprometido ya para obras a favor de los más pobres del planeta.

Si el primer libro contenía enseñanzas y reflexiones maravillosas sobre el misterio de la vocación sacerdotal, este segundo tomo de memorias muestra a un Karol Wojtyla en la plenitud de su ministerio de pastor, en el cuidado de un rebaño que debe conducir a la santidad en medio de la oleada comunista y atea que invadió Polonia durante casi 45 años. Los más duros fueron los años de la Guerra Fría, la década de los sesenta y los setenta, cuando el régimen veía en el obispo Wojtyla una seria amenaza a la "integridad" de la doctrina marxista-leninista.

Anécdotas inéditas -como la de la devoción del obispo Wojtyla, desde entonces, a la Virgen de Guadalupe- e historias de valor -como su enfrentamiento a las disposiciones políticas de construir una parroquia en un lugar "no indicado" por las autoridades- ¡Levantaos! ¡Vamos! (frase tomada de Marcos 14, 42, del pasaje evangélico en el cual Jesús pide a sus discípulos que velen y estén alertas en el Huerto de los Olivos) es una gratísima lección de amor a Cristo, a la Iglesia y a la verdad, que viene a refrescar el panorama y a dejarnos un Papa todavía más entrañable, en su 84 aniversario.

EL OBSERVADOR 463-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El que se mueve no sale en la foto
Por Jaime Septién

"El hombre razonable -escribió George Bernard Shaw-se adapta al mundo; el hombre poco razonable insiste en tratar de adaptar el mundo a sí. Todo progreso depende por tanto del hombre poco razonable". Durante siglos hemos admirado al hombre razonable; lo hemos hecho modelo de la historia. Lo racional puro es lo acomodaticio: aquello que se disuelve en fuego fatuo. Los razonables son los que no se atreven, porque les da miedo siquiera asomarse a lo que no pueden dominar.

En cambio, el progreso humano, la civilización, la cultura, son productos de gente poco o nada razonable. Visionarios incapaces de "adaptarse". Si la poesía nace de la pregunta ¿qué hay más allá?, la política deviene de la pregunta ¿y por qué no? Pregunta insistente, nada razonable, de un tipo humano que decide cruzar el pantano, mojándose todo, pero, en venturosas ocasiones, llegando a la otra orilla.

En México conocemos muy bien al político razonable. ¿Les suena: "el que se mueve no sale en la foto"? Frase correcta, adaptable y destorlongada. De ocurrencias así nace la política razonable a la mexicana. Por ejemplo: "Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error"… De esa frase, y de quienes la pronuncian, estamos hartos. Lo cual equivale a decir que estamos hasta las narices de tanta racionalidad tan circunspecta, de tanta ley no escrita pero respetada a pie juntillas, de tanta verborrea casposa.

Yo no conozco sentencia más desafortunada que esa que pronuncian los santones del café: "Mira, que roben, pero que hagan algo". Tan fea como la otra: "Lo que necesitamos es mano dura; qué derechos humanos ni qué potras corvas…". Un destino cargado de tormentas podría esperar al pueblo que pontifica en tono tan menor y… tan razonable.

Una civilización se forma cuando sus hijos exteriorizan lo que piensan y producen cultura, e interiorizan lo que viven y producen espiritualidad. Cultura y espiritualidad son los dos ejes de la identidad. Pero nada de esto es razonable. Ser razonable es querer salir en la foto. Y no moverse, no abrir la boca para producir cultura y no pensar demasiado para abrazarse a la silla, a cualquier silla, con tal que me haga virrey de algo. Los razonables siempre son virreyes de algo. En nuestro país tenemos muchos virreyes. Es tiempo de comenzar a educarnos para servir, que es la menos razonable de las experiencias humanas, pero la más caritativa. Y la que -en serio- nos hace falta.

EL OBSERVADOR 463-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
No tenemos que rendirnos ante la oscuridad de la desesperación

Juan Pablo II meditó en audiencia general el salmo 29:

«Una intensa y suave acción de gracias se eleva a Dios desde el corazón de quien reza, después de desvanecerse en él la pesadilla de la muerte. Este es el sentimiento que emerge con fuerza en el salmo 29. Este himno de gratitud posee una gran fineza literaria y se basa en una serie de contrastes que expresan de manera simbólica la liberación obtenida gracias al Señor.

«De este modo, al descenso a la fosa se le opone la salida del abismo; a su cólera, que dura un instante, le sustituye su bondad de por vida; al lloro del atardecer le sigue el júbilo de la mañana; al luto le sigue la danza, al sayal luctuoso el vestido de fiesta.

«Pasada, por tanto, la noche de la muerte, surge la aurora del nuevo día. Por este motivo, la tradición cristiana ha visto este salmo como un canto pascual.

«Las sensaciones oscilan constantemente entre el recuerdo terrible de la pesadilla pasada y la alegría de la liberación. Ciertamente, el peligro que ha quedado atrás es grave y todavía provoca escalofríos; el recuerdo del sufrimiento pasado es todavía claro y vivo; hace muy poco tiempo que se ha enjugado el llanto de los ojos. Pero ya ha salido la aurora del nuevo día; a la muerte le ha seguido la perspectiva de la vida que continúa.

«El salmo demuestra de este modo que no tenemos que rendirnos ante la oscuridad de la desesperación, cuando parece que todo está perdido. Pero tampoco hay que caer en la ilusión de salvarnos solos, por nuestras propias fuerzas. El salmista, de hecho, está tentado por la soberbia y la autosuficiencia: Yo pensaba muy seguro: 'no vacilaré jamás'.

«La aspiración a la victoria se ha mantenido siempre a pesar de todo y se convirtió al final en una esperanza de resurrección».

EL OBSERVADOR 463-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Sobre novios, estudios y otras cosas
Por Yusi Cervantes Leyzaola

*No sé por qué carrera decidirme. No quiero hacer gastar a mis papás porque ahorita estamos pasando una situación económica muy difícil. No sé qué estudiar. Me gusta la medicina, la carrera de turismo y también ciencias de la comunicación. Necesito hacer un examen de orientación vocacional. No sé si usted me pueda ayudar; quizás mandándome un «test» por correo.

**Lo lamento. No es posible enviar por correo electrónico ningún test. No sería ético. Además, faltaría la parte importantísima de la comunicación frente a frente, donde puedan aclararse las dudas que la sola prueba no resuelve.
No pagar porque te apliquen las pruebas es un ahorro mal entendido, porque saldría más caro que te equivoques de carrera y cambies a otra, o que la estudies y luego no la ejerzas porque no te gusta. Habla con tus papás, yo creo que van a apoyarte con esto. También debe interesarles que elijas correctamente.
Piensa que la elección de profesión es una de las más importantes en la vida de una persona. Vale la pena hacerlo con la mayor claridad posible.
Espero que hagas una buena elección.

*Estoy muy confundida, me siento extraña, me han pasado cosas muy raras desde hace dos años.
Tenía un novio seminarista que se salió por mí y luego cortamos. Los chavos con los que anduve después me pusieron el cuerno. El año pasado me enamoré de un chavo casado. Hace tiempo conocí a un chavo que, la verdad, es bien lindo conmigo; me quiere, pero pasan varias cosas: una, que mi mejor amiga está enamorada de él, y, lo principal, tengo miedo a equivocarme otra vez, ya me han lastimado muuuucho, y siento que tal vez me estoy refugiando en él. ¿Qué opina?

**La pregunta, en realidad, debería ser ¿por qué eliges mal a tus parejas? Hombres comprometidos, hombres que no te respetan… Es muy importante que te respondas a esa pregunta. Tal vez no te valoras lo suficiente, tal vez consideras que no mereces ser amada por un hombre bueno, libre, que te trate bien. Suena absurdo, pero todas estas características son típicas de las mujeres codependientes, que suelen casarse con hombres alcohólicos, adictos, violentos, muy neuróticos o francamente psicóticos. ¿Cómo es el modelo que tienes en casa? Tendemos a repetir los modelos que vemos en la infancia, aun cuando estos sean negativos. Por eso es tan importante ser conscientes de quiénes somos, cómo ha sido nuestra historia y qué es lo que pretendemos para nuestras vidas. Necesitas analizar todo esto.
Yo no diría que te han lastimado mucho, sino más bien que tú has permitido que te lastimen al ponerte en situaciones vulnerables (por ejemplo, enamorarte de un casado, eso es prácticamente elegir sufrir) y que has lastimado a otros (por ejemplo, a la esposa del muchacho casado, aunque no se haya enterado; y tal vez al seminarista, al ponerlo en una situación tan difícil). Hay que tener mucho cuidado con esto, porque jugar el papel de víctima es otra de las características de las mujeres codependientes.
Estás a muy buen tiempo de revisar qué es lo que verdaderamente te ocurre y de sanar aquello que haga falta. Tal vez necesites ayuda psicológica, pero lo que sí es imprescindible es que confíes en que Dios te ama y que te sepas su hija. Ante cada situación en tu vida pregúntate si lo que haces o piensas es digno de una hija de Dios.
Respecto a que tu mejor amiga está enamorada del muchacho que te busca, en primer lugar analízate tú, porque el hecho de que él sea lindo contigo y te quiera no es suficiente para hacer una pareja; es necesario que tú correspondas a sus sentimientos y que no lo uses para refugiarte en él. Si no le correspondes, entonces déjalo. Si tu amiga y él pueden formar una pareja ya lo dirán el tiempo y ellos, por supuesto. Pero si correspondes a los sentimientos de este muchacho, habla con tu amiga. Si en verdad es tu amiga, lo entenderá y lo respetará, aunque le resulte difícil.
Cuida de ti misma, quiérete, respétate… y entonces sabrás qué hacer.

*No entiendo por qué no he podido tener novio desde hace ya buen tiempo. Algunas veces me siento menos ya que todas mis amigas tienen novio y regularmente son chavos lindos y de buenos sentimientos. La verdad es que a mí no me importa el físico. Siento que yo tengo muy mala suerte a pesar de que me dicen que soy bonita, de buenos sentimientos; pero todo esto me hace pensar que a los chavos no les interesan las chicas como yo.

**Tener novio no debe ser una meta en tu vida. Tenerlo o no, no debe afectar el concepto que tienes de ti misma. En lo que debes ocuparte es en desarrollar tu propia vida, en crecer, en ser mejor persona cada día, y esto incluye ser más segura de ti misma.
Tampoco importa si a los chavos les interesan las chicas como tú. En todo caso, importa que al muchacho que vaya a ser tu esposo le intereses tú, aunque no cumplas con los requisitos que hacen que una chica sea popular. Seguramente no tener novio es para ti lo mejor en estos momentos. Imagínate que por la obsesión de tener novio aceptas a un muchacho poco adecuado para ti, y se cruza por tu camino el que sí es adecuado, pero al verte no disponible, se va de paso. Y tú ni te enterarías. O podría ser también que por la obsesión de tener novio no estés desarrollando todas tus capacidades como ser humano. Eso sí sería una pena.
No puedo asegurarte que vas a tener un novio, y menos que vas a casarte. Pero no te preocupes por eso. Pon el asunto en manos de Dios. Dile lo que deseas, pero déjaselo a Él. Ya sabrá Él si te lo concede o no y cuando. Y tú, por ahora, ocúpate en tu vida, en tus estudios, en ser buena hija y buena amiga, en amar al prójimo y a Dios. Eso es suficiente. No necesitas más para ser feliz.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 463-4

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PINCELADAS
Silencio de Dios
Por Justo López Melús *

En una ermita se veneraba un Cristo de mucha devoción. El ermitaño se ofreció a reemplazar a Jesús: «Señor, quiero sufrir por Ti». El Señor accedió con una condición: pasara lo que pasara, no hablaría nunca. Pornto llegó a rezar un rico, que se olvidó la bolsa. Luego un pobre, que se la llevó. El ermitaño se calló. Entonces llegó un muchacho, y detrás el rico, que arremetió contra el muchacho. El ermitaño no pudo aguantar más e increpó al rico.

«No vales para suplantarme -dijo el Señor por la noche al ermitaño-. Tú no sabías que la bolsa era para comprar la virginidad de una mujer, y que el pobre la necesitaba para sobrevivir. En cuanto al muchacho, las heridas le hubieran impedido viajar. Ahora acaba de zozobrar su navío y se ha ahogado. Tú no sabías nada. Yo sé, y por eso callo».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 463-5

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DOCUMENTOS
Mensaje del papa para la jornada mundial de las comunicaciones sociales 2004
Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza
«Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza» es el tema del mensaje que ha escrito Juan Pablo II con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2004, que se celebra hoy, domingo 23 de mayo. La Jornada fue instituida por el concilio Vaticano II.

Queridos hermanos y hermanas:
1.El extraordinario crecimiento de los medios de comunicación social y su mayor disponibilidad han brindado oportunidades excepcionales para enriquecer la vida no sólo de los individuos, sino también de las familias. Al mismo tiempo, las familias afrontan hoy nuevos desafíos, que brotan de los diversos mensajes, a menudo contradictorios, que transmiten los medios de comunicación social. El tema elegido para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 2004, es decir, «Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza», es muy oportuno, puesto que invita a una sobria reflexión sobre el uso que hacen las familias de los medios de comunicación, y también sobre el modo en que los medios de comunicación tratan a la familia y las cuestiones que afectan a la familia.
El tema de este año sirve, además, para recordar a todos, tanto a los agentes de la comunicación como a las personas a las que se dirigen, que toda comunicación tiene una dimensión moral. Como dijo el Señor mismo, de la abundancia del corazón habla la boca (Cf. Mateo 12, 34-35). La estatura moral de las personas crece o disminuye según las palabras que pronuncian y los mensajes que eligen oír. En consecuencia, los agentes de la comunicación, los padres y los educadores, tienen especial necesidad de sabiduría y discernimiento en el uso de los medios de comunicación social, pues sus decisiones influyen en gran medida en los niños y en los jóvenes de los que son responsables y que, en definitiva, son el futuro de la sociedad.

2.Gracias a la expansión sin precedentes del mercado de las comunicaciones sociales en las últimas décadas, muchas familias en todo el mundo, incluso las que disponen de medios más bien modestos, ahora tienen acceso desde su casa a los inmensos y variados recursos de los medios de comunicación social. En consecuencia, gozan de oportunidades prácticamente ilimitadas de información, educación, enriquecimiento cultural e incluso crecimiento espiritual, oportunidades muy superiores a las que tenían en el pasado reciente la mayoría de las familias.
Con todo, estos mismos medios de comunicación tienen la capacidad de producir gran daño a las familias, presentándoles una visión inadecuada o incluso deformada de la vida, de la familia, de la religión y de la moralidad. El concilio Vaticano II captó muy bien esta capacidad de fortalecer o minar valores tradicionales como la religión, la cultura y la familia; por eso, enseñó que «para el recto uso de estos medios es absolutamente necesario que todos los que los utilizan conozcan las normas del orden moral en este campo y las lleven fielmente a la práctica» (Inter mirifica, 4). La comunicación, en todas sus formas, debe inspirarse siempre en el criterio ético del respeto a la verdad y a la dignidad de la persona humana.

3.Estas consideraciones se aplican especialmente al modo en que los medios de comunicación tratan a la familia. Por una parte, el matrimonio y la vida familiar se presentan a menudo de un modo sensible, realista pero también benévolo, que exalta virtudes como el amor, la fidelidad, el perdón y la entrega generosa a los demás. Esto vale también para los programas de los medios de comunicación social que reconocen los fracasos y las decepciones que sufren inevitablemente los matrimonios y las familias -tensiones, conflictos, contrariedades, decisiones equivocadas y hechos dolorosos-, pero al mismo tiempo se esfuerzan por discernir lo correcto de lo incorrecto, distinguir el amor auténtico de sus falsificaciones, y mostrar la importancia insustituible de la familia como unidad fundamental de la sociedad.
Por otra parte, con demasiada frecuencia los medios de comunicación presentan a la familia y la vida familiar de modo inadecuado. La infidelidad, la vida sexual fuera del matrimonio y la ausencia de una visión moral y espiritual del pacto matrimonial se presentan de modo acrítico, y a veces, al mismo tiempo, apoyan el divorcio, la anticoncepción, el aborto y la homosexualidad. Esas presentaciones, al promover causas contrarias al matrimonio y a la familia, perjudican al bien común de la sociedad.

4.Una reflexión atenta sobre la dimensión ética de las comunicaciones debe desembocar en iniciativas prácticas orientadas a eliminar los peligros para el bienestar de la familia planteados por los medios de comunicación social, y asegurar que esos poderosos medios de comunicación sigan siendo auténticas fuentes de enriquecimiento. A este respecto, tienen una responsabilidad especial los agentes de la comunicación, las autoridades públicas y los padres.
El papa Pablo VI subrayó que los agentes de la comunicación «deben conocer y respetar las exigencias de la familia. Esto supone en ellos a veces una gran valentía y siempre un hondo sentido de responsabilidad» («Mensaje para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 1969»; L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de mayo de 1969, p. 2). No es tan fácil resistir a las presiones comerciales o a las exigencias de adecuarse a las ideologías seculares, pero eso es precisamente lo que los agentes de la comunicación responsables deben hacer. Es mucho lo que está en juego, pues cualquier ataque al valor fundamental de la familia es un ataque al bien auténtico de la humanidad.
Las autoridades públicas tienen el grave deber de apoyar el matrimonio y la familia en beneficio de la sociedad misma. En cambio, muchos ahora aceptan y actúan basándose en argumentos libertarios infundados de algunos grupos que defienden prácticas que contribuyen al grave fenómeno de la crisis de la familia y al debilitamiento del concepto auténtico de familia. Sin recurrir a la censura, es necesario que las autoridades públicas pongan en práctica políticas y procedimientos de reglamentación para asegurar que los medios de comunicación social no actúen contra el bien de la familia. Los representantes de las familias deben participar en la elaboración de esas políticas.
Los que elaboran las políticas en los medios de comunicación y en el sector público deben favorecer también una distribución equitativa de los recursos de los medios de comunicación tanto a nivel nacional como internacional, respetando la integridad de las culturas tradicionales. Los medios de comunicación no deben dar la impresión de que tienen un programa hostil a los sanos valores familiares de las culturas tradicionales, o de que buscan sustituir esos valores, como parte de un proceso de globalización, con los valores secularizados de la sociedad consumista.

5.Los padres, como primeros y principales educadores de sus hijos, son también los primeros en explicarles cómo usar los medios de comunicación. Están llamados a formar a sus hijos «en el uso moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios» en el hogar («Familiaris consortio», 76). Cuando los padres lo hacen bien y con continuidad, la vida familiar se enriquece mucho. Incluso a los niños pequeños se les pueden dar importantes explicaciones sobre los medios de comunicación social: que son producidos por personas interesadas en transmitir mensajes; que esos mensajes a menudo inducen a hacer algo -a comprar un producto, a tener una conducta discutible- que no beneficia al niño o no corresponde a la verdad moral; que los niños no deben aceptar o imitar de modo acrítico lo que encuentran en los medios de comunicación social.
Los padres también deben reglamentar el uso de los medios de comunicación en el hogar. Esto implica planificar y programar el uso de dichos medios, limitando estrictamente el tiempo que los niños les dedican, haciendo del entretenimiento una experiencia familiar, prohibiendo algunos medios de comunicación y excluyéndolos periódicamente todos para dejar espacio a otras actividades familiares. Sobre todo, los padres deben dar buen ejemplo a los niños, haciendo un uso ponderado y selectivo de dichos medios. A menudo les podría resultar útil unirse a otras familias para estudiar y discutir los problemas y las oportunidades que plantea el uso de los medios de comunicación. Las familias deberían manifestar claramente a los productores, a los que hacen publicidad y a las autoridades públicas lo que les agrada y lo que les desagrada.

6.Los medios de comunicación social poseen un inmenso potencial positivo para promover sanos valores humanos y familiares, contribuyendo así a la renovación de la sociedad. Conscientes de su gran fuerza para modelar las ideas e influir en la conducta de las personas, los agentes de la comunicación social deben reconocer que no sólo tienen la responsabilidad de brindar a las familias todo el estímulo, la ayuda y el apoyo que les sea posible con vistas a ese fin, sino también de practicar la sabiduría, el buen juicio y la honradez al presentar las cuestiones que atañen a la sexualidad, al matrimonio y a la vida familiar.
Los medios de comunicación cada día son acogidos como huéspedes habituales en muchos hogares y familias. En esta Jornada mundial de las comunicaciones sociales, exhorto tanto a los agentes de la comunicación como a las familias a reconocer este privilegio único, así como la responsabilidad que implica. Ojalá que todos los que están comprometidos en el ámbito de las comunicaciones sociales sean conscientes de que son los auténticos «dispensadores y administradores de un inmenso poder espiritual que pertenece al patrimonio de la humanidad y está destinado al enriquecimiento de toda la comunidad humana» («Discurso a las personas comprometidas en el campo de las comunicaciones sociales», Los Ángeles, 15 de septiembre de 1987, n. 8: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de octubre de 1987, p. 14). Y ojalá que las familias logren encontrar siempre en los medios de comunicación una fuente de apoyo, estímulo e inspiración al tratar de vivir como comunidades de vida y amor, educar a los jóvenes en los sanos valores morales y promover una cultura de solidaridad, libertad y paz.

EL OBSERVADOR 463-6

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
La historia de Salustiano
Por Claudio de Castro S.

Hace poco recibí un correo electrónico de un amigo argentino. La verdad es que me impactó tanto que no podía dejar de compartirlo contigo.

«Salustiano Pantoja es un mendigo a quien conocí pidiendo limosna, un domingo por la tarde en la iglesia de San Francisco, de la ciudad de San Salvador de Jujuy.
«Al salir de Misa y estar atravesando las puertas interiores del atrio de la iglesia, vi a unos tres metros a este mendigo, Salustiano. Inmediatamente supe que iba a recibir un pedido de limosna. Ante eso, me detuve, baje la vista y me hice esa pregunta que todos nos hacemos muchas veces en las calles de Buenos Aires: ¿doy o no doy? Todavía con la vista baja, decidí darle unas pocas monedas para que no se mal acostumbrara en el pedir. Elegí las monedas y, al levantar la vista, Salustiano ya no estaba en su lugar.
«Busqué al mendigo y recién lo encontré al mirar dentro de la iglesia. Mi sorpresa, incredulidad y alegría no pudieron ser más grandes: había una persona de espaldas, Salustiano, que introducía sus monedas en la alcancía de la iglesia, o sea, donaba parte de las limosnas que él, humildemente, como mendigo, había recibido de nosotros los ricos feligreses.
«Perteneciendo a una fundación sin fines de lucro muchas veces nos preguntamos con cuánto es esperable que, económicamente, una persona colabore en obras de ayuda al prójimo; luego de bastante intercambio de ideas y tomando también como referencia otras sociedades, estimamos que es de esperar que una persona, comprometida y solidaria, done entre un dos a un tres por ciento de sus ingresos totales; en este punto creo conveniente que no empecemos con que si antes de impuestos o sobre sólo utilidades, etc.; que quede claro: total de ingresos. Es más, si nos sobra, podemos elevar el porcentaje hasta que duela.
«Salustiano no sólo me dejó feliz y aprendido, sino que también me dejó intrigado. A los quince días tuve que volver a Jujuy y fui a conversar con él. Lo encontré en la misma puerta de la iglesia, le di una pequeña limosna, a la que volvió a agradecer con un «Dios lo bendiga, Señor», e inicié con él una larga charla en la que le conté que participaba en una institución en la que trabajábamos junto a gente necesitada, ayudándolos a mejorar sus viviendas, y que para juntar fondos hacíamos lo mismo que él, pedíamos a los que más tienen, y le conté también que muchas veces dudábamos sobre hasta cuánto se le podía pedir a un ser solidario. La charla fue larga y dio espacio para que, sin ofenderlo, le pudiera contar sobre la alegría que me había dado, días pasados, el encontrarlo dando su limosna.
«Esta historia no me la contaron, la vi y la viví.
«Gracias, Salustiano».
José Luis Mendizábal.

P.D.: Salustiano tiene 74 años, está enfermo de artrosis en sus rodillas, no bebe, su mujer es inválida y actualmente pide limosna «porque está muy dura la venta de flores que antes hacía en el cementerio».

De ahora en adelante me propondré ser generoso, como Dios lo ha sido conmigo.

EL OBSERVADOR 463-7

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CULTURA
Condonar la deuda
Por Carlos Díaz

Por favor, auxilio. Desde luego lo ideal no es pedir ayuda, pues ¿cuándo llegará a los pobres la ayuda real que les ayude a liberarse de las ayudas? Pero mientras tanto se trata de presionar a los gobiernos del Norte que firmaron la concesión del 0.7% de su Producto Interior Bruto anual para los pueblos del Tercer Mundo a que simplemente comiencen a desembolsar lo estipulado. El Norte alega encontrarse en época de recesión; lo que ha pasado es que durante la tormenta económica mundial se han abierto unas cuantas goteras en el techo del Norte y hay que repararlas antes que nada, aunque el Sur a la intemperie carezca de toda techumbre porque allí la tormenta no sólo ha resultado cíclica (sujeta, pues, a las leyes cíclicas del capitalismo) sino ciclónica, huracanada.

El Norte, incluso cuando dedica el 0.7 de su Producto Interior Bruto a la ayuda para el desarrollo, incluye allí los créditos en términos concesionales para compra de armamentos. Más del 36% del total de los créditos FAD (Fondo de Ayuda al Desarrollo) entre 1982 y 1990 han sido otorgados para la compra de equipo militar. Además, los créditos pueden obstaculizar la puesta en práctica de modelos de desarrollo autocentrados locales, e incrementar el endeudamiento y la dependencia de los países receptores.

Por cada dólar que el Sur recibe del Norte tiene que devolver 4 dólares, de modo que, aún recibiendo la transferencia del 0.7, aún se le adeuda más que mucho: es el robo estructural estipulado por las normas de juego del mercado capitalista. ¿La ventaja de los pobres es que la crisis no les puede empobrecer ya más? A pesar de todo, al Sur se le mira con aprensión, como generador de problemas

Al menos, perdonemos la deuda. Los ricos tratan como ovejas a los pobres; pero ¿por qué no se limitan como máximo a esquilmarlas, en vez de despellejarlas? Para acabar con esta situación hay que condonar incondicionalmente la deuda a nivel internacional, aunque eso se traduzca en disfunciones entre las clases trabajadoras y asalariadas del Norte, las que siempre apechan con el célebre «apretarse el cinturón». Hablamos de condonar la deuda, no de perdonarla; quien debería pedir perdón es el ladrón, no el expoliado. ¿O es que la víctima tiene que pedir perdón por no estarse suficientemente quieta mientras le clavan el cuchillo por la espalda? Y, desde luego, hay que seguir trabajando en la reforma de las estructuras porque, si las cosas permanecen como están hoy a nivel estructural, lo que se haga será perdón para hoy y ofensa para mañana.

Practiquemos, pues, el jubileo verdadero, y liberémonos a la vez de fes mágicas en los días o años fastos y/o nefastos, es decir, en jubileos folclóricos, peregrinaciones boy-scouts, repartos de indulgencias, festivales triunfalistas y demás familia. Perdonemos, pues, recordando lo bueno del pasado. Y como gesto de buena voluntad inmediato, cancelación de la deuda externa. Recordemos que entre las leyes de justicia social que dio Moisés al pueblo de Israel había una muy novedosa respecto a las leyes de los países de aquel tiempo, el Año de Gracia o Año Sabático, porque se anunciaba al pueblo con un cuerno llamado en hebreo yobel.

El Año de Gracia consistía en conceder cada siete años un año de respiro a la tierra y a los siervos que la trabajaban (Ex 21,1-11 y 23,10-11). Los terrenos debían dejarse descansar sin sembrarse todos los años séptimos. Los esclavos, que habían vendido su fuerza de trabajo a sus amos, debían quedar libres de su servidumbre. En el código deuteronómico se completó esta ley con la obligación de eliminar todas las deudas contraídas durante los seis años anteriores al Año de Gracia (Dt 15.19). Sin embargo, el Año de Gracia se cumplió muy raras veces, aunque durante la resistencia de los macabeos sí fue cumplido por los israelitas fieles (1Mac 6,49-53). Pero 400 años antes el profeta Jeremías se quejaba de las trampas que hacían los ricos para no cumplir esa ley de amnistía general (Jr 34, 98-22). Así que a la vuelta del destierro de Babilonia se hizo una codificación definitiva de leyes en el libro del Levítico y, buscando facilitar la ley del Año de Gracia, el plazo se amplió de 7 años a ciclos de 50 años (Lv 25, 8-19). Desde entonces el Año de Gracia se celebraba cada medio siglo, al cabo del cual había que volver a empezar.

La anulación de las deudas aparece en la Biblia como un imperativo de justicia para impedir la acumulación de unos y el empobrecimiento de otros. Según la ley de Moisés, los préstamos que se hicieran entre los israelitas no deberían pagar intereses (Ex, 22-24). La misma palabra interés (reshek) significa mordisco, y era un pecado, un aprovecharse de la necesidad del pobre. Inspirado en la tradición bíblica, el cristianismo consideró inmoral el préstamo con intereses hasta el siglo XVIII. La usura y cualquier tipo de interés fueron duramente condenados durante siglos en nombre de Dios. En su primer actuación pública en la sinagoga de Nazaret, Jesús proclamará el Año de Gracia como buena noticia de liberación: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a anunciar la libertad a los presos, la luz a los ciegos, a liberar a todos los oprimidos, a proclamar el Año de Gracia del Señor» (Lc 4, 16 ss).

EL OBSERVADOR 463-8

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PANTALLA CHICA
¿Quién dice la tele que eres tú?
Por Mayela Fernández de Vera / Grupo Inter Mirifica

En el Evangelio, Jesús pregunta a sus discípulos, «Quién dice la gente que soy Yo?» (Lc 9, 18-21;Mc 8,27-30; Mt 16, 13-20;). Para llegar a contestar quién es Jesús, debemos contestarnos primero la pregunta: ¿Quién soy yo? Porque si no sé quien soy yo, qué pienso, qué quiero, para qué vivo, es difícil responder a esta pregunta. Si llegamos a saber quién es Cristo es por Dios Padre (cfr. Mt 16,17-18 ) por medio del Espíritu Santo(cfr. 1Cor 12,3-4) que nos lo dice y que hace que actuemos como Cristo.

¿Cómo puede una persona saber quién es si ha cedido todos sus derechos de individualidad a la televisión? Es ésta quien le dicta lo que debe pensar y actuar; fuera de ella no existe un criterio para saber ser y luego decidir. Entonces, ¿qué pensarán las personas- borrego, pastoreadas por la televisión, respecto a Cristo? Puede ser que en la pantalla chica se diga que fue un buen hombre, un profeta, que es el Hijo de Dios -pero que no nos tomemos esto tan en serio-, que fue un hombre «superdotado», una figura histórica importante, o que es, simplemente, un clásico que tenemos los cristianos porque no tenemos otra cosa que inventar. Sea cual sea la opinión de la de la televisión: ¿Quién eres tú? ¿Quién es Jesús para ti?

EL OBSERVADOR 463-9

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COLUMNA ABIERTA
Científicos progresistas
Por Walter Turnbull

Me ha tocado ver las tres últimas participaciones del debate en la Cámara de Diputados sobre la iniciativa para la creación del Instituto Nacional de Medicina Genómica.

Recordando rápidamente los hechos, el documento original contenía un párrafo que prohibía el uso de células de embriones humanos o producto de clonación. Cuando el documento pasó a la Cámara de Senadores, a los senadores se les hizo fácil eliminar ese párrafo. Cuando el documento regresó a la Cámara de Diputados, hubo una propuesta de que ese párrafo se reinsertara en el documento. Ése es el debate que me tocó ver.

La primera participación fue de un diputado a favor de que se reinsertara el párrafo, es decir, en contra del uso de embriones humanos, y era del PAN (no estoy haciendo campaña a favor del PAN; el señor era del PAN y no hay nada que pueda yo hacer al respecto). Sus argumentos fueron:

* Que el embrión ya es una vida humana
* Que la ley mexicana afirma que el ser humano es ser humano desde el momento de la concepción.
* Que, por lo mismo, usar un embrión es atentar contra la ley y contra la vida de un mexicano.
* Que la iniciativa conteniendo el párrafo ya había sido aceptada por la Cámara de Diputados.
* Que para la investigación con células troncales existen otras formas de conseguirlas.
* Que países más desarrollados como España o Suiza han hecho experimentación sin afectar la vida de embriones humanos.

Las otras dos participaciones fueron de diputados a favor de que no se reinsertara el párrafo, es decir, a favor del uso de embriones humanos, y eran del PRD (tampoco estoy atacando al PRD; los señores eran del PRD y yo no inventé lo que dijeron). Sus argumentos fueron:

* Que los de la derecha (no dijo nombres) nos quieren imponer su moral.
* Que los de la derecha se oponen al progreso del país y al desarrollo de la ciencia.
* Que santo Tomás de Aquino dijo que la moral es de aplicación personal mientras que la ley es de aplicación general.
* Que los de la derecha quieren permanecer en el oscurantismo.
* Que esa discusión no tenía razón de ser.
* Que los de derecha estaban discutiendo por un parrafito insignificante, sin importancia, perdido en medio de una iniciativa.
* Que no estaban ahí para discutir sobre el aborto, sino para hablar de una iniciativa de ley.
* Que la ley no tiene por qué tener en cuenta la moral.
* Que las democracias laicas (supongo que ser refieren a México) están en grave peligro por la injerencia de los fundamentalismos religiosos en la vida política (supongo que se refiere al catolicismo).

Como dato curioso, durante la participación del que estaba a favor de la reinserción del párrafo fue cuestionado por sus contrarios, y todas las veces contestó directamente a la pregunta (para no llamarla agresión). Cuando les tocó el turno a los.... es decir los del PRD, todas las veces se negaron a contestar.

Sin querer meterme en política, mientras la argumentación del panista fue impecable, la actuación de los del PRD fue verdaderamente lamentable, violando todas la reglas de la argumentación legal, con respuestas evasivas, argumentos subjetivos, actitudes ofensivas y afirmaciones aventuradas; su discurso no fue defender su punto, sino atacar la persona del contrario. Como si yo le digo a usted que usted se pasó el alto y usted me contesta que yo soy un mojigato y que los mojigatos manejan muy despacio. Como siempre, sus intenciones no las conocemos, su sinceridad tampoco. No sabemos si, en caso de quedar al frente del gobierno, serían peores que los anteriores o menos peores. Lo que sí sabemos es que podrán ser lo que usted quiera, pero progresistas y científicos probadamente no lo son.

EL OBSERVADOR 463-10

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TESTIMONIO
Pilina y los demás niños santos

El pasado 19 de abril la Iglesia promulgó un decreto por el que se reconocen las virtudes heroicas de una niña española fallecida a la edad de diez años. Se trata de María Pilar Cimadevilla López-Dóriga. Pero, ¿qué pudo hacer en tan poco tiempo de vida como para merecer que la Iglesia de Cristo la declare venerable?

«Pilina», diminutivo con que la llamaban, cuando tenía 9 años de edad comenzó a padecer inapetencia y cansancio extraordinarios, a lo que se le sumó la aparición de un ganglio en el cuello. Fue internada en el Hospital Militar Gómez Ulla, donde se le detectó la enfermedad incurable de Hodgkin. Ahí la atendieron las religiosas Hijas de la Caridad, quienes le propusieron formar parte de la Unión de Enfermos Misioneros (UEM, dependiente de las Obras Misionales Pontificias). Pilina se entusiasmó al saber que, a través de este medio, podía ofrecer sus sufrimientos a Cristo por la salvación de las almas; y estaba tan consciente de esto que no se quejaba de los fuertes dolores que los médicos afirmaban debía soportar.

«Con sólo diez años de vida, alcanzó el heroísmo de las virtudes cristianas», afirmó el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, al presentar su testimonio al papa Juan Pablo II.

El 6 de marzo de 1962, recién cumplidos los diez años de edad, la niña murió en brazos de su mamá.

Niños en el santoral

En realidad los niños con vidas santas no son tan raros como podría creerse, independientemente de que muchos de ellos no lleguen nunca a ser declarados venerables, beatos o santos; sin embargo, también hay bastantes que sí se encuentran o se encontraron en proceso de canonización.

Hablando de niños de 12 años de edad que aparecen en el santoral tenemos, entre los más conocidos, a los tres beatos mártires de Tlaxcala, y a los también mártires, pero de la persecución romana, santa Prisca, san Tarsicio y santa Inés.

De 11 años la más conocida es santa María Goretti, pero también está la beata Imelda Lambertini, que murió tras recibir milagrosamente la Pirmera Comunión, y el beato portugués Francisco Marto, a quien se le apareció la Virgen en Fátima.

De 10 años está la beata Jacinta Marto, hermana de Francisco y también vidente de la Madre de Dios.

Pero la heroicidad de los niños cristianos puede llegar hasta el martirio por la causa de Cristo. No podemos olvidar, por supuesto, a los Santos Inocentes, aquellos que fueron decapitados por órdenes de Herodes en su intento por aniquilar al Niño Jesús. Ellos, sin embargo, no fueron conscientes de su martirio, como tampoco lo fue san Simón de Trento, que en 1475, a los 20 meses de edad, fue martirizado por los judíos el Viernes Santo, y cuyo cuerpo está incorrupto.

Más y más mártires

Pero hay otros que, aunque muy pequeños, sabían bien lo que hacían; por ejemplo, en Japón, el beato Ignacio Georgi Fernández, hijo de los mártires Domingo Georgi e Isabel Fernández. El niño, de 4 años de edad, al ser testigo de la decapitación de su madre, presentó el cuello al verdugo para él también morir por Cristo.

Un caso parecido, pero de los primeros años de la Iglesia, es el del mártir san Ciro o Quirico, de 3 años de edad, quien no quiso separarse de su madre santa Julita cuando la martirizaban, por lo que afirmó valientemente que él también era cristiano.

Algunos otros niños mártires de los primeros siglos, todos declarados santos por la Iglesia, son: Celso y sus 7 hermanos; Aquilina, de 12 años; Laurentino, Pablo, Dionisio, Pergentino y Claudio; los hermanos Macedonio y Teopropio, martirizados con sus padres; los también hermanos Justo y Pastor, de 7 y 9 años respectivamente; Cirilo, Venancio, Ciriaco, Dióscoro, Flocelo, Crescencio, Agapito, Fidel y Artemio. Caso especialmente notable es el de la mártir Catalina de Alejandría, niña de notable sabiduría, que antes de morir confundió y convirtió a cincuenta filósofos paganos.

De tiempos posteriores destaca el niño mártir japonés san Andrés, así como sus compatriotas mártires san Pedro Xeki, de 7 años, y san Francisco Takea, de 12 años; también Francisco, de 5 años, y Domingo, de 2 años, hijos de san Luis Nefaki. De Tailandia tenemos a la niña beata Maria Phon, mártir.

España ha dado muchos niños mártires; tenemos al beato Rodolfo; a los santos Manuel y Miguel; a Pablito y a sus hermanos; a las niñas de 12 años santa Eulalia de Mérida y santa Julia; a san Dominguito de Val, monaguillo martirizado en Zaragoza a la edad de 8 años por un grupo de judíos que le sacaron el corazón; y a san Cristobalito, de 3 años, crucificado en Toledo.

Los que siguen

La Iglesia actualmente analiza las causas de otros infantes muertos en olor de santidad. He aquí una probadita:
Santos Franco Sánchez,español de 11 años.
Josefina Vilaseca Alsina, de 12 años, mártir española.
Giuseppe Ottone, niño italiano de 12 años.
María del Carmen González-Valerio, española de 9 años.
Antonia Meo, italiana de 6 años.
Albertina Berkenbrock, brasileña de 12 años.
Guy de Fontgalland, francés de 11 años.
Anne De Guigné, francesa de 10 años. (D.R.G.B.)

EL OBSERVADOR 463-11

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
«Nosotros no necesitamos un papel…»
Por Antonio Maza Pereda

Hace mucho que no escuchaba o leía esta frase. Tal vez porque ya no leo las noticias de los y las artistas, ni sus revistas, ni oigo o veo los programas que se dedican a sus tan interesantes vidas. Pero, en fin, ahora la volví a leer. La frase, por supuesto, era de una artista que así justificaba, en un tono de superioridad, el que no se iba a casar, sino que viviría en la llamada «unión libre». Y, la verdad, me puso a pensar.

Primero, aquello de la «unión libre». ¡Como si los matrimonios no se contrajeran libremente! Todavía más, si recuerdo correctamente, cada vez que se celebra una boda católica se pregunta a los novios si vienen al matrimonio por su libre voluntad... y si la respuesta es no, el sacerdote tiene la obligación de suspenderla. Todavía más, si se demuestra que un matrimonio se celebró bajo amenaza, presiones o cualquier otro modo de violentar la libertad de los contrayentes, eso es una causal de nulidad. ¿Se oirá mal que, de ahora en adelante, cuando me pregunten mi estado civil diga que es matrimonio libre? A mí, nadie me obligó. Habrá que preguntarle a las señoras.

Después, me puse a reflexionar sobre lo que significa formalizar nuestra vida matrimonial mediante un matrimonio civil, así como solemnizarlo y convertirlo en una vía de santificación mediante el matrimonio por la Iglesia. El matrimonio civil es un modo de decir a la sociedad que asumimos una responsabilidad legal el uno por el otro y con los hijos que podamos tener. Significa que nos comprometemos a respetar ese vínculo con todas sus consecuencias y que le anunciamos a la sociedad esa intención con un acto legal. Aquí la palabra clave es: compromiso.

El matrimonio por la Iglesia también es una declaración solemne. Si soy creyente, si le doy importancia a mi religión, le estoy diciendo a mi esposa que estoy comprometiéndome, por lo que considero más sagrado, a serle fiel, en lo prospero y en lo adverso, en la salud y la enfermedad y a amarla y respetarla todos los días de mi vida. Nos estamos comprometiendo ante Dios, en quien creemos, en un compromiso que dura para toda la vida. No me puedo imaginar que un verdadero creyente pueda tomar otro compromiso de tal intensidad. Tal vez, solamente los votos solemnes de sacerdotes y religiosos tendrían un nivel igual de compromiso.

Respeto mucho al que, no creyendo en Dios, no ve una razón para comprometerse ante alguien que no cree. Es como si yo le jurara por Quetzalcoatl a mi esposa que le voy a ser fiel. ¿Qué valor tiene esa promesa? Mejor no hacerla. Pero, si creemos, no querer emprender una vida de fidelidad es, tal vez, porque no queremos comprometernos. En ese sentido, una unión libre sería: una unión libre de compromiso. Y para eso, por supuesto, no hace falta ningún papel.

EL OBSERVADOR 463-12

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FIN

 
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