El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
30 de mayo de 2004 No.464

SUMARIO

bulletPORTADA - Los grandes astros del deporte mundial se confiesan: valoran la oración y la Misa
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - ¿Señor: a quién le iremos?
bulletNIÑOS - El traje de Primera Comunión
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - La verdadera sabiduría lleva a la conversión
bulletLA SONRISA DEL ÁNGEL - La era de las incomunicaciones
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Mi novio es celoso
bulletPINCELADAS - El pestillo está por dentro
bulletDOCUMENTOS- La caridad de Cristo hacia los emigrantes
bulletJÓVENES - Pregunta y respuesta de y a un joven inquieto: ¿Cristo está en mí?
bulletVENTANA A MÉXICO - Mujer migrante
bulletCULTURA - Creo en Dios
bulletINTERNACIONAL - La Rusia comunista: el mayor genocidio de la historia
bulletPANTALLA CHICA - ¿Ya nada te espanta?
bulletPARA ELLAS - No te casas para vivir mejor, sino para vivir con él
bulletCOLUMNA ABIERTA - Consideraciones sobre la libertad de expresión

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El futbol también cree en Dios
Los grandes astros del deporte mundial se confiesan: valoran la oración y la Misa
La Razón / El Observador
Para muchos el futbol es como una religión. Futbolistas y entrenadores de Europa y América aseguran, sin el menor problema, que para ellos Dios es más importante que el balón. He aquí un reportaje que hace pensar. Si ellos, que son «ídolos», se humillan ante Dios, ¿por qué yo no? Aunque el futbol sea un negocio supermillonario, no todos los jugadores se mueven por el vil metal.
En México son conocidas las inclinaciones guadalupanas de algunos jugadores. ¿Y las estrellas mundiales?

Batistuta: las enseñanzas de la Iglesia son fundamentales
Gabriel Batistuta, jugador argentino, remarca que «para mí, Jesús es un ejemplo a seguir. Siempre he tenido fe, aun en los momentos difíciles de mi vida. Siempre he seguido las enseñanzas de la Iglesia».

Ronaldo: cuando me recibió el Papa estaba temblando
Ronaldo, jugador estelar del Real Madrid, se declara creyente católico a pesar de que la mayoría de sus pares brasileños son evangélicos. Recuerda especialmente su encuentro con el Papa en 1998. «Fue un momento inolvidable. Antes de que nos recibiera, temblaba tanto que mi madre se burlaba de mí. Nunca había estado tan emocionado. Después me calmé. El Papa es un hombre excepcional, un testimonio de fe», asegura.
El chileno Marcelo Salas, jugador del River Plate, recurre frecuentemente a su director espiritual: «Creo que es muy importante tener un director espiritual que te ayude a estar bien con Dios. Creo mucho en la oración. Digamos que me encanta hablar con Dios».

Zanetti: estar cerca de Jesús es ser realmente feliz
Javier Zanetti, del Inter de Milán, parece realmente enamorado de Dios: «Estar cerca de Jesús significa ser una persona feliz. Soy muy creyente. Cada segundo siento a Dios presente en mi vida. Quisiera enseñar a los jóvenes la belleza de creer en Dios y la importancia de asumir la propia responsabilidad».
El nigeriano Kanu tuvo una experiencia trascendental. En 1996, en un momento espléndido de su carrera, le encuentran una anomalía cardíaca y su vida y su carrera corren peligro. Todos daban por terminada su vida. Sin embargo, una operación milagrosa le salvó la vida. «Soy cristiano católico, practicante. No puedes basar tu vida sobre el futbol o sobre el éxito, o sobre una cosa humana porque cuando falle estarás perdido. Sólo Dios es eterno. Creo en el valor de la oración, no para que suceda un milagro, sino para saber aceptar la voluntad de Dios».

Kovacic: Dios está en primer lugar de mis valores
Ito, jugador del Betis, se muestra orgulloso de ser cofrade de Santa Genoveva. «Como todas las personas, he pasado por momentos de duda, pero he madurado y me he formado un criterio propio de la religión», sostiene.
Kovacic, ex jugador croata de la Real Sociedad, decidió dejar el futbol para dedicarse a Dios más intensamente, junto con su esposa. «He decidido dar un vuelco a mi vida. En mi escala de valores, Dios está en primer puesto, y en el segundo la familia. El estilo de vida de los jugadores está muy lejos de esta escala de valores, así que he dicho basta».

Balbo: la Iglesia católica es mi madre
Pero de todos los testimonios, el que lleva la delantera es el argentino Abel Balbo. Organizó el famoso encuentro de los futbolistas argentinos que jugaban en Italia con el Papa en 1996. Un encuentro que marcó la vida de muchos de los que participaron. «Cuando estaba en el Udinese, iba yo solo a Misa -explica-. Después empezaron a venir conmigo dos o tres compañeros, hasta que hubo un momento en que venía a Misa casi todo el equipo.He sabido que muchos de aquellos continúan yendo a Misa». Opina que «la Iglesia es mi madre. Lo siento por los que dicen que creen en Dios pero no en la Iglesia. ¡Es una afirmación sin sentido! Es verdad que hay algunos sacerdotes que no están a la altura de su misión, pero yo no voy a una iglesia para llevarme bien con el cura o para ver si es bueno y simpático».

Di Biagio: cada vez que voy a misa paso una hora hermosa
Al belga George Grun se le fortaleció la fe cuando perdió a su hija en 1992. «He vivido una tragedia increíble. Y es en Dios donde he encontrado el sentido de la vida. Como católico puedo decir que he descubierto el amor de Dios aun en esta tragedia».
Luigi di Biagio, del Brescia, manifiesta: «Cada vez que voy a Misa me siento cerca de Dios. Me encuentro muy bien, paso una hora hermosa». Bierhoff: «Me alegro mucho de ser católico». Y el alemán Oliver Bierhoff dice: «Me alegro mucho de haber recibido una educación católica que me ha ayudado tanto en la vida».

EL OBSERVADOR 464-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
¿Señor: a quién le iremos?
Por Jaime Septién

Pido disculpas por usar el «¿Señor a quién iremos?», pregunta maravillosa del apóstol a Jesús; para mezclarlo con el habla popular y referirlo a los partidos políticos, las elecciones y la corrupción que, de verdad, nos está quitando de raíz la ilusión democrática.

Primero fue la multa por mil millones de pesos al PRI por haber desviado fondos públicos de PEMEX a la campaña del señor Labastida. Luego fue el llamado «videogate» en el que altos funcionarios del PRD en la capital del país se embolsaban millones de pesos «para apoyar las campañas de las delegaciones». Ahora es el PAN y los «Amigos de Fox» quienes se llevan una multa de 399 millones de pesos por financiar de manera ilegal, con dinero del exterior, la campaña del 2000.

Antes, habíamos visto al presidente del Verde Ecologista cayendo en «un cuatro» que le pusieron los adversarios de su mismo partido, tratando de sacar raja de unos terrenos en Cancún. Hace un mes el IFE multó a todos los partidos políticos por sobrepasarse en los gastos de campaña de las elecciones del 2003. Uno de ellos -que ya ni existe-, el PSN, resultó ser un negociazo familiar…

«Lo que no se puede, no se puede y además es imposible», dijo una vez un torero español que, de plano, dejó ir viva la res al corral. Lo que no se puede es seguirnos pidiendo a los mexicanos que vayamos presurosos a las urnas, paguemos impuestos con una sonrisa en los labios y salgamos a la calle a buscar dónde colaborar con el gobierno en turno, pongamos dinero en las campañas de beneficencia, aguantemos los desplantes de la gente del poder, repiquemos las campanas porque alguien construyó un puente (con nuestro dinero) o demos las gracias porque los diputados federales o locales trabajen un tercio del año y se les pague el año completo.

No, eso ya no se puede. Y además, es imposible. Debe haber aquí una revolución de la verdad; una reflexión seria y profunda de la relación entre gobierno y sociedad; un mea culpa acompañado de un propósito de enmienda. Lo que hemos soportado, difícilmente lo habría soportado otro país.

Por lo demás, el llamado «bono democrático», es decir, esa fe que teníamos en que la alternancia en el poder iba a significar cambio de estructuras, de lenguaje, de maneras de pensar, se ha agotado. Requerimos -como dice el Papa en su reciente libro ¡Levantaos! ¡Vamos!- gente capaz de imaginación en el poder, es decir, gente capaz de amar y conocer la realidad concreta del pueblo mexicano.

¿Santos? Pues sí, aunque ya sé que los políticos se van a echar a reír a carcajada limpia. Pues sí, fíjense varones y damas que los acompañan. Necesitamos santos en el poder. De demonios estamos hasta las narices. De deslenguados, populacheros, broncos, marrulleros, tracaleros, insensatos y pillos. Y que nadie me venga a decir que, con este comentario, «le estoy haciendo el caldo gordo al gobierno de los buenos». ¿Dónde están los buenos? Yo, porque soy miope, alcanzo a ver unos cuantos.

EL OBSERVADOR 464-2

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NIÑOS
El traje de Primera Comunión

El día de su Primera Comunión los niños casi siempre aparecen con un atuendo especial, diferente a la ropa que usan todos los días. Esto tiene su razón de ser. Jesucristo utilizó el mismo símbolo en la parábola de los invitados a la boda, en la que compara el Reino de los Cielos con la historia de un rey que organizó un banquete, pero los invitados no quisieron asistir. Entonces el rey mandó a sus siervos a llamar a todos los que se encontraran en el camino. Así lo hicieron, hasta que se llenó el salón del banquete. Entró entonces el rey y se encontró con un hombre que no llevaba el traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de fiesta?» y ordenó a sus ministros que lo atasen de pies y manos y lo arrojaran a las tinieblas exteriores (esto lo puedes leer en tu Biblia, en el evangelio según san Mateo 22, 1-14)

En esta parábola el banquete simboliza a la Eucaristía, y los invitados que no asistieron representan a todos los cristianos que menosprecian o ignoran el sacramento. El vestido de fiesta del que carecía el hombre que fue expulsado simboliza la pureza del alma necesaria e indispensable para recibir a Jesucristo dignamente.

Por eso el vestido de las niñas, y a veces también el traje de los niños (o al menos la camisa) suele ser blanco; este color simboliza la pureza del que recibe a Jesucristo-Eucaristía por vez primera. Nos hace recordar la limpieza del alma que acaba de ser purificada por el sacramento de la Confesión.

El crucifijo que muchos niños y niñas llevan ese día es un recordatorio de las palabras de Cristo: «El que quiera venir en pos de Mí, que tome su cruz de cada día y me siga, porque el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de Mí» (Mateo 10,38).

También se acostumbra que los que hacen su Primera Comunión lleven un rosario, el cual simboliza la confianza en la ayuda y protección de la Virgen María y el compromiso de rezar el rosario con frecuencia para lograr la conversión de los pecadores.

La vela blanca, que se enciende con el fuego del cirio Pascual, simboliza que el niño o la niña recibe la luz de Cristo como guía que iluminará siempre sus pasos hacia la vida eterna, y que recibe de Cristo la misión de ser luz del mundo. Y es que el cirio pascual simboliza a Jesucristo resucitado, como luz que ilumina la existencia humana: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no anda en tinieblas sino que tendrá luz de vida» (Juan 8,12).

La Biblia en las manos del que hace su Primera Comunión es un símbolo de que el niño o la niña invita a Jesucristo, la Palabra, a acompañarlo por el resto de su vida. Es un símbolo de que leerá frecuentemente la Sagrada Escritura para conocer cada día mejor a Jesús y así parecerse más a Él.

(Resumido de http://www.maderenses.com/consejosAnita.htm)

EL OBSERVADOR 464-3

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EL RINCÓN DEL PAPA
La verdadera sabiduría lleva a la conversión

En audiencia general Juan Pablo II meditó el salmo 31, cántico de acción de gracias de un pecador perdonado:

«Dichoso el que está absuelto de su culpa. Esta bienaventuranza, con la que comienza el salmo 31, nos permite comprender inmediatamente el motivo por el que ha sido introducido por la tradición cristiana en la serie de los siete salmos penitenciales. Tras la doble bienaventuranza del inicio no nos encontramos ante una reflexión genérica sobre el pecado y el perdón, sino ante el testimonio personal de un convertido.

«La composición del salmo es más bien compleja: tras el testimonio personal (vv. 3-5), se presentan dos versículos que hablan de peligro, de oración y de salvación (vv. 6-7), después viene una promesa divina de consejo (v. 8) y una advertencia (v. 9). Por último, se enuncia un dicho sapiencial antitético (v. 10) y una invitación a alegrarse en el Señor (v. 11).

«Ante todo, el que ora describe la penosa situación de conciencia en que se encontraba cuando callaba: habiendo cometido graves culpas, no tenía el valor de confesar a Dios sus pecados. Era un tormento interior terrible, descrito con imágenes impresionantes. Se le consumían los huesos bajo la fiebre desecante, el calor asfixiante atenazaba su vigor disolviéndolo, su gemido era constante. El pecador sentía sobre él el peso de la mano de Dios, consciente de que Dios no es indiferente ante el mal perpetrado por la criatura.

«Al no poder resistir más, el pecador decide confesar su culpa con una declaración valiente. En este momento, el Señor toma la palabra para prometer que guiará al pecador convertido: Te enseñaré el camino que has de seguir, y hace una invitación a la docilidad. El llamamiento se hace apremiante y algo irónico con la llamativa comparación del mulo y del caballo, símbolos de la obstinación. La verdadera sabiduría, de hecho, lleva a la conversión».

EL OBSERVADOR 464-4

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LA SONRISA DEL ÁNGEL
La era de las incomunicaciones
Por Juan Jesús Priego

Lo cuenta Sigmund Freud (1856-1939) en su Introducción al psicoanálisis. Una vez, un niño que tenía miedo a dormir solo en su habitación llamó a gritos a una de sus tías: «Tía, tía, háblame, tengo miedo. Está muy oscuro». La tía, que lo escuchaba desde el otro lado de la puerta, respondió: «¿Y de qué te sirve que te hable, querido, si no me ves?». Y el niño: «Háblame. Es que cuando me hablan se hace más claro».

¡Ay, sólo cuando nos hablan la vida se hace más clara y la noche menos espesa! La palabra humana es compañía, agua para el viaje en el desierto, píldora contra los nervios, elíxir de larga vida. ¡Qué insoportable sería todo si nadie nos hablara! Nuestra existencia tuvo su origen gracias a una Palabra («¡Existe! ¡Sé!»), y sobrevive gracias a las palabras. Cuando alguien nos habla, algo se despierta en nosotros, acaso el recuerdo de aquella Palabra primigenia que nos sacó de la nada y nos hizo ser. Según Platón, el filósofo griego, en el alma de todo hombre habita el recuerdo (casi sería mejor decir la nostalgia) de las ideas puras que había contemplado en el mundo de las ideas antes de su caída en el mundo. ¿No será más bien que lo que añora es volver a oír esa Palabra que la creó y por eso se emociona tanto al oír lo que más se parece a ella, es decir, las palabras?

Sin el calor de la palabra nuestras vidas se marchitan. La palabra es como un lazo que une a dos seres que se encuentran, una especie de hilo invisible salido de sus bocas (como creían los aztecas) que los acerca y los une. Hablarse es una manera de «tejer» una relación hecha con estos hilos y de crear un vínculo. Sin embargo, cada vez nos hablamos menos. Pareciera que conforme las máquinas de comunicar avanzan, la voz humana retrocede o se apaga. ¿Es que existe una relación inversamente proporcional entre la comunicación de masas y la comunicación cara a cara? Da la impresión que sí.

Antes la madre hablaba con su niño, le contaba historias, le refería fábulas; hoy simplemente le pone un casete y deja que las historias las cuenten otros: ella no tiene ni tiempo ni ganas; además, dice, yo nunca he sido una excelente narradora; en el pasado le cantaba canciones al oído: hoy le compra un disco compacto del tipo Mozart para niños, y buenas noches.

En el mundo de la comunicación global se hace cada vez más escasa la comunicación interpersonal. No se sonríe la gente que viaja en el mismo autobús, no se saluda, no se habla. Uno va desdoblando el periódico; otro, hojeando apresuradamente una revista ilustrada; aquel va jugando con el celular y el de más allá lleva los audífonos puestos para no oír a nadie. Cada uno en su mundo, con sus problemas y su soledad. En los países del primer mundo hasta los niños de primaria cargan ya sus teléfonos celulares. Hablan con el amigo lejano pero descuidan al que tienen a un lado. «Me llaman, dicen sintiéndose muy importantes. Con permiso». Muchas veces, más que iniciar diálogos, dichos artefactos no sirven más para interrumpirlos si no es que para acabarlos.

La cultura del saludo, del hablarse, está en vías de extinción, ¡y precisamente en el siglo de las comunicaciones! Nos ha pasado como a aquellos conocidos míos que, al habérseles roto un botón del estéreo de su auto y sin la posibilidad de regular el volumen, con tal de oír música no hablaron en las cuatro horas que duró su viaje .

A nuestras noches les falta la voz humana. No es que éstas vayan a dejar de ser noches porque otros nos hablen; es que, si nos hablan, se hacen más claras.

EL OBSERVADOR 464-5

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Mi novio es celoso
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Mi novio, siento yo, es una persona muy posesiva. Estoy en un grupo de la Iglesia. La llevo muy bien con todos, y hace poquito tuvimos un encuentro; yo lo iba a servir y mi novio lo iba a vivir. Dentro del encuentro él sabia que no íbamos a ser nada, solamente amigos. Yo estaba encargada de un grupo de personas, pero mi novio no estaba en mi grupo. Durante los 4 días de encuentro nunca puso atención por estarse fijando en qué es lo que yo estaba haciendo, con quién hablaba, qué decía. En un tiempecito libre me acerqué a él y platicamos de unas cosas (claro, yo en mi papel de servidora) y él se quedó bien serio. Le dije que le faltaba socializarse más, que no fuera tan aislado. Él me dejó una cartita y se fue; leí la carta y en ella decía que estaba muy decepcionado de mí porque él veía que yo le tiraba rollo a uno de los muchachos, y que era muy obvia, y un chorro de cosas. Me hizo sentir tan mal que le dije que me diera un tiempo. Me condicionó diciéndome que solamente me iba a esperar una semana, porque si era más tiempo, ya no iba a valer la pena porque si no volvíamos habría sido una pérdida de tiempo. No se qué hacer, me saca mucho de onda y creo que no me quiere, que solamente está obsesionado...

RESPUESTA
¿Por qué la carta de tu novio te hizo sentir mal? ¿Es cierto lo que dice? Si no lo es, no tienes por qué sentirte mal, a no ser por la pena que pueda causarte ver lo enfermizo de los celos de tu novio.

Efectivamente, como dices al final, los celos son una forma de obsesión que puede llegar a ser muy grave y destructiva. Tener una pareja celosa puede convertirse en un verdadero infierno, pero buena parte de la culpa la tiene la parte no celosa por ceder y renunciar a su vida y a su personalidad. Paso a paso, comienza una espiral destructora. La obsesión crece con el tiempo. Vamos a suponer que te casas con tu novio. Primero te alejarás de tus amigos para que él no se enoje. Luego él se enojará por cómo tratas a tus compañeros de la escuela o del trabajo, y quizás entonces dejes la escuela o el trabajo para que él no sufra. Después se va a poner celoso de tus primos y tíos, así que dejarás de asistir a las fiestas, a las bodas y demás acontecimientos familiares, o, si vas, ya sabes: habrá pleito seguro. ¡Nunca falta el primo encantado de verte que te da un abrazo! Llegará un día en que se pondrá celoso de tus hermanos y de tu padre, no porque crea que hay algo sexual ahí, sino simplemente por la atención y el tiempo que les dediques. Para las personas posesivas tu tiempo les pertenece, y cada minuto que le dediques a otra persona, a alguna actividad o a ti misma es tiempo que le robas. Pero, además, tus amigas, te dirá, son una mala influencia para ti. El celoso también vigilará cuidadosamente la ropa que usas; se enojará si considera que con un atuendo te ves atractiva. Si un día te atreves a arreglarte un poco más de lo habitual, escucharás sus preguntas inquisitorias: ¿A quién vas a ver? ¿Por qué tanto interés en arreglarte? ¿Por qué nunca te arreglas así para mí? Si sales y dices que vas a regresar a las cinco, a las cinco con un minuto ya va a estar hablando para saber si llegaste; y si te retrasas quince minutos, él estará convencido de que fue por estar con otro hombre. Todos son sospechosos: el ginecólogo, el pediatra, el maestro de tu hijo, el carnicero, el taxista…

¿Te parece exagerado? Créeme que hay muchas personas sufriendo una situación así. El origen es una terrible inseguridad de la persona celosa que la lleva a querer controlar a la persona que, según él o ella, tiene la obligación de quererlo y atenderlo. Ya no es el amor que parte de una decisión libre: se convierte en una pesada cadena y en una prisión.

Pero, te decía, la culpa es también de quien sufre por los celos de su pareja por permitir que él o ella se apodere de ese modo de su vida. Habría que marcar los límites desde un principio: si tengo una amistad sana y tú te pones celoso; o si uso un vestido decente y tú lo consideras inmoral; o si me llevo bien con mis compañeros y tú piensas que coqueteo con ellos, es tu problema. La solución no es que yo renuncie a mi amigo, a mi vestido o a mi trabajo, sino que tú sanes tus celos. Hace poco llegó a mi consultorio un muchacho cuya novia le exigió: o sanas esos celos o terminamos. La de esta chica es una actitud madura, le está diciendo a su novio que lo ama, pero que no puede permitir tener con él una relación malsana. En tu caso, tú le pediste un tiempo a tu novio, pero por lo que dices, me da la impresión de que él no está aceptando que debe cambiar; al contrario, se pone en la posición de que te va a esperar una semana, para él no vale la pena esperarte más… ¿Y qué se supone que tendría que pasar en esa semana? ¿Qué decidas aceptarlo como es? Él está esperando, está en una posición pasiva; para él, parece ser la del problema eres tú.
Te preguntas que si te quiere, y bueno, sí, parece ser, te quiere como a cosa y posesión suya, como a algo que le proporciona placer o que le da compañía. Pero eso no es amor. El amor permite al otro ser quien es, lo apoya en su desarrollo, respeta su libertad. No parece que tu novio te ame, sino que te quiere para él; y aun así, no es para tanto, no es como para luchar por ti, ni como para esperar más de una semana.

No puedo decirte qué hagas, pero sí que lo que decidas no sea por encima de tu dignidad. Si decides seguir la relación pon como condición que él se atienda psicológicamente hasta superar los problemas emocionales que tiene (no bastan un par de citas). Y si descubres que tú también necesitas ayuda, búscala.

(Colaboración resumida)

EL OBSERVADOR 464-6

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PINCELADAS
El pestillo está por dentro
Por Justo López Melús *

Es muy frecuente la representación de Cristo llamando a la puerta de una casa.
«A mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras».
Cristo llama, pero el alma no abre:
«Mañana le abriremos, respondía,
para lo mismo responder mañana».
(Lope de Vega)

Un cuadro así pintó el artista Hunt. Llamó a sus amigos artistas para que criticaran el cuadro y vieran si encontraban algún error. No encontraban nada. De nuevo les insistió. Por fin un artista joven exclamó: «Señor Hunt, creo que hay un error en el cuadro. Se olvidó pintar el pomo de la puerta». Hunt le respondió: «Cuando Cristo llama, sólo se puede abrir desde dentro. Sí, el pestillo está de nuestra parte».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 464-7

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DOCUMENTOS
Extracto de la nueva instrucción emitida por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes
Erga migrantes caritas Christi
-La caridad de Cristo hacia los emigrantes-
Con el objetivo de que la Iglesia ofrezca una auténtica acogida cristiana a los inmigrantes, la Santa Sede, a través del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, publicó el pasado 14 de mayo un documento jurídico-pastoral sobre la materia.

1. La caridad de Cristo hacia los emigrantes nos estimula (cfr. 2Cor 5,14) a afrontar nuevamente sus problemas, que ahora ya conciernen al mundo entero. Este fenómeno es un signo elocuente de los desequilibrios sociales, económicos y demográficos, tanto a nivel regional como mundial, que impulsan a emigrar.
2. Las migraciones, sin embargo, favorecen el conocimiento recíproco y son una ocasión de diálogo y comunión, e incluso de integración en distintos niveles.
4.El evento de la globalización ha abierto los mercados pero no las fronteras, ha derrumbado las barreras a la libre circulación de la información y de los capitales, pero no lo ha hecho en la misma medida con las de la libre circulación de las personas.
5.Los trabajadores extranjeros no pueden ser considerados como una mercancía, o como mera fuerza de trabajo. Todo emigrante goza de derechos fundamentales inalienables que deben ser respetados en cualquier situación.
6.La situación de inseguridad de tantos extranjeros, que tendría que despertar la solidaridad de todos, es, en cambio, causa de temores y miedos en muchas personas que sienten a los inmigrados como un peso, los miran con recelo y los consideran incluso un peligro y una amenaza. Lo que provoca con frecuencia manifestaciones de intolerancia, xenofobia y racismo.
9.El paso de sociedades monoculturales a sociedades multiculturales puede revelarse como un signo de la viva presencia de Dios en la historia y en la comunidad de los hombres, porque presenta una oportunidad providencial para realizar el plan de Dios de una comunión universal.
Los cristianos están llamados, por consiguiente, a testimoniar y a practicar, además del espíritu de tolerancia, el respeto por la identidad del otro, estableciendo, donde sea posible y conveniente, procesos de coparticipación con personas de origen y cultura diferentes, con vistas también a un «respetuoso anuncio» de la propia fe.
10.Se calcula que, a escala mundial, la mayor parte de los emigrantes se mueve dentro de la propia nación.
15.El cristiano contempla en el extranjero, más que al prójimo, el rostro mismo de Cristo. Nacido fuera de su tierra y procedente de fuera de la patria (cfr, Lc 2,4-7), «habitó entre nosotros» (Jn 1,11.14), y pasó su vida pública como itinerante, recorriendo «pueblos y aldeas» (cfr. Lc 13,22; Mt 9,35). Los cristianos siguen, pues, las huellas de un viandante que «no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8,20; Lc 9,58).
María, la Madre de Jesús, se puede contemplar también como icono viviente de la mujer emigrante. Da a la luz a su hijo lejos de casa (cfr. Lc 2,1-7) y se ve obligada a huir a Egipto (cfr. Mt 2,13-14).
16.Contemplando ahora a la Iglesia, vemos que nace de Pentecostés, cumplimiento del misterio pascual y evento eficaz, y también simbólico, del encuentro entre pueblos. Pablo puede, así, exclamar: «En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres» (Col 3,11).
Por otra parte, seguir a Cristo significa ir tras Él y estar de paso en el mundo, porque «no tenemos aquí ciudad permanente» (Heb 13,14). El creyente es siempre un pároikos, un residente temporal, un huésped, dondequiera que se encuentre (cfr. 1Pe 1,1; 2,11; Jn 17,14-16). Por eso, para los cristianos su propia situación geográfica en el mundo no es tan importante y el sentido de la hospitalidad les es connatural.
17.Los extranjeros son, además, signo visible y recuerdo eficaz de ese universalismo que es un elemento constitutivo de la Iglesia católica. En el Evangelio, Jesús mismo lo predice: «Vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios» (Lc 13,29).
41. Toda la Iglesia debe sentirse involucrada y movilizada en favor de los inmigrantes. En las Iglesias particulares habrá que reexaminar y programar la pastoral para ayudar a los fieles a vivir una fe auténtica en el actual nuevo contexto multicultural y multirreligioso.
En la enseñanza de la religión y en la catequesis habrá que buscar la manera adecuada de crear, en la conciencia cristiana, el sentido de acogida.
42.En cuanto a la acogida, será útil y correcto distinguir los conceptos de asistencia en general (o primera acogida, más bien limitada en el tiempo), de acogida propiamente dicha (que se refiere más bien a proyectos a más largo plazo) y de integración (objetivo a largo plazo, que se ha de perseguir constantemente y en el sentido correcto de la palabra).
43.En todo caso, será siempre muy importante la actividad de asistencia o «primera acogida» (por ej., las «casas de los emigrantes», especialmente en los países de tránsito hacia los países receptores), para responder a las emergencias que conlleva el movimiento migratorio: comedores, dormitorios, consultorios, ayuda económica, centros de escucha.
44.Los fundamentos eclesiológicos de la pastoral migratoria ayudarán también a tender hacia una liturgia más atenta a la dimensión histórica y antropológica de las migraciones, para que la celebración litúrgica sea la expresión viva de comunidades de fieles que caminan hic et nunc por los caminos de la salvación.
46.Merece una atención particular la religiosidad popular, puesto que caracteriza a muchas comunidades de inmigrantes. Habrá que realizar una profunda obra de evangelización, y además dar a conocer y hacer apreciar a la comunidad local católica algunas formas de devoción de los inmigrantes, para que ella las pueda comprender. De esta unión espiritual podrá nacer también una liturgia más participada, más integrada y más rica espiritualmente.
48.Un especial peligro para la fe se desprende, entre otras cosas, del pluralismo religioso actual, entendido como relativismo y sincretismo en materia religiosa. Para evitarlo, es necesario preparar nuevas iniciativas pastorales que permitan afrontar adecuadamente ese fenómeno, que se presenta como uno de los problemas pastorales más graves, junto con el pulular de las sectas.
62.Las escuelas católicas no deben renunciar a sus características peculiares y al propio proyecto educativo de orientación cristiana cuando en ellas se recibe a los hijos de inmigrantes de otras religiones.
63.Por lo que se refiere al matrimonio entre católicos e inmigrantes no cristianos, habrá que desaconsejarlo, aunque con distintos grados de intensidad, según la religión de cada cual.
69.Los flujos migratorios exigen a los católicos una disponibilidad convencida hacia el verdadero diálogo interreligioso. Con tal fin, en las Iglesias particulares habrá que garantizar a los fieles, y a los mismos agentes de pastoral, una sólida formación e información sobre las otras religiones para eliminar prejuicios, superar el relativismo religioso y evitar obstrucciones y temores injustificados que frenan el diálogo y levantan barreras, provocando incluso violencia e incomprensiones. Las Iglesias locales procurarán incluir esta formación en los programas educativos de los seminarios y de las escuelas y parroquias.

En el diálogo entre las religiones debe permanecer firme para nosotros el anuncio irrenunciable, explícito o implícito, según las circunstancias, de la salvación en Cristo, único mediador entre Dios y los hombres, hacia el cual tiende toda la obra de la Iglesia, de tal manera que ni el diálogo fraterno, ni el intercambio y el compartir los valores «humanos» puedan menoscabar el compromiso eclesial de la evangelización.

EL OBSERVADOR 464-8

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JÓVENES
Pregunta y respuesta de y a un joven inquieto: ¿Cristo está en mí?
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, ORC

Esta afirmación es atrevida porque si está de verdad Cristo en ti, eres Cristóbal, es decir portador de Cristo. Esto supone varios pasos:

1)Que por el Bautismo ya has sido incorporado a la muerte y resurrección de Cristo, según lo afirma san Pablo en su Carta a los Romanos (6,1-8) y, por tanto, tu vida está en Cristo y posees a Cristo en este nivel sacramental.
2)El proceso de crecimiento de Cristo en ti hasta trasformarte en Él y poder exclamar «ya no vivo yo sino Cristo vive en mí» (Gá 2,20), supone un proceso de conversión permanente y de asimilación de Cristo por medio de su presencia en la Eucaristía y, a través de este sacramento admirable, se intensifica el misterio de la transformación en Él y de la acción de las divinas personas en el alma del justo, la cual llamamos teológicamente la inhabitación o la habitación de las divinas personas, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
3)La presencia activa del Espíritu Santo en ti por el sacramento de la Confirmación y por la docilidad al Espíritu Santo mismo. Esto es una verdadera maravilla del amor del Padre, del amor de Cristo y del amor personal de entre ambos, el Espíritu Santo Amor. Vivir permanentemente este misterio de ser habitado por Cristo es el secreto de los santos y el secreto de la felicidad auténtica en la tierra y después en el cielo. Se cumple aquello escrito en el Evangelio de San Juan: «el que me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará y vendremos a él y en él haremos nuestra morada» (Jn 14,23).

La persona es misterio de comunión. Una persona aislada, egoísta, narcisista, que vive la afirmación y la delectación de sí mismo, contradice su esencial identidad en tanto persona, pues, conforme a su ontología, ha de ser donación de sí. Si esta comunión es plena lo será sólo en relación a la plena comunión con el Tú divino y con el tú humano hasta llegar a ser un nosotros. Muchos filósofos buscaron esta meta, pero quedaron en la ilusión o simplemente lo consideraron imposible. No es labor de inteligencia. Por eso, los cristianos tenemos la fortuna de conocer que los tres muros de separación nuestra respecto de Dios -como lo indica Nicolás Cabasilas (teólogo posiblemente laico de Tesalónica, 1319 o 1323 a 1398)- finalmente han sido superados. Más que muros, pienso, son verdaderos abismos:

1)abismo entre Dios y la creatura. Quedó superado por el misterio de la encarnación: el Verbo de Dios se hizo hombre;
2)el abismo del pecado: no existe mayor abismo que éste pues es radical ruptura de comunión con Dios; Cristo, con su pasión y muerte, nos ha alcanzado la salvación y, por tanto, ha vuelto a instaurar ese vínculo de unidad esencial;
3)el abismo de la muerte: qué tristeza que seamos seres para la muerte como lo expresa Heidegger, que nos marchitemos como las flores o que nos consumamos como una vela.

Pero Cristo ha resucitado y en su muerte ha matado a nuestra muerte: «si con Él morimos viviremos con Él» (2 Tim 2,11). Como señala san Agustín, no basta que nos convirtamos al Dios uno y a demostrar su existencia; hemos de convertirnos al Dios Crucificado. Más allá de su omnipotencia hemos de adorar su humildad que es el nuevo titulo de su majestad.

Si eres portador de Cristo y Cristo está en ti, has de gozar permanentemente esta presencia y has de ser anuncio vivo o evangelio encarnado del amor para que Cristo habite con toda su plenitud en ti y por tu entrega generosa y amorosa en todos los hermanos, los humanos.

Permíteme ahora proponerte un texto de san Pablo a los Filipenses que siempre me ha golpeado en el interior (2, 5-9) y que expresa sumariamente el proceso del camino interior hacia las alturas de la contemplación y de la santidad como la expresó el presbítero Cuscó Mir, director espiritual en cierto tiempo de la venerable María Angélica Álvarez Icaza y de la sierva de Dios Conchita Armida: tener «los mismos sentimientos que tuvo Cristo», el camino de quien es Camino, Verdad y Vida, lo sentimientos y actitudes que tuvo el Verbo en su paso por nuestro mundo: el Verbo «se humilló a sí mismo» (primer paso), luego ha de ser la humildad el paso decisivo. «Se hizo obediente» (segundo paso), antítesis de toda rebeldía cuya raíz está en el non serviam, el «no serviré» de Satanás en múltiples ramificaciones ideológicas o de actitud y que se puede traducir por hacer lo que me da la gana, pensar lo que me da la gana, sentir lo que me da la gana y con el pelo suelo o hirusto y con la piel tatuada y horadada por aretitos, expresiones de rebeldía y a veces de confrontación con los papás, de una juventud vacía y sumida en la confusión y el nihilismo. «Hasta la muerte» (tercer paso) es el sentido admirablemente expresado en San Juan de la Cruz cuando habla de las noches oscuras del sentido y del espíritu; y, finalmente, «muerte de cruz», la inmolación total para la transformación plena o lo que podríamos llamar cierta glorificación o resurrección interior, la etapa final del camino de perfección en esta vida, con todas las gracias y la fecundidad apostólica.

La Santísima Virgen es Tierra Santa que recibió al Verbo-Palabra del Padre como semilla en su seno virginal. Ella concretiza y compendía al Israel de la carne y al Israel de Dios o la Iglesia. Ella es modelo de los portadores de Cristo o de en quienes está Cristo. Ella te puede enseñar a llevarlo en ti, cómo tratarlo, cómo escucharlo, cómo proclamarlo, cómo darlo a los demás.

Ésta es una respuesta a tu pregunta, joven inquieto, que animas en tu corazón el deseo de que Cristo esté en ti.

EL OBSERVADOR 464-9

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VENTANA A MÉXICO
Mujer migrante
Por Gilberto Hernández García

Las crisis económicas y el desarrollo desigual han propiciado una mayor intervención de la mujer en el mercado de trabajo para resolver la reducción del ingreso familiar. Pero, en un contexto de inequidad, es creciente el deterioro y empobrecimiento del empleo femenino, empleo que tampoco la sitúa en una posición mucho más privilegiada ya que, al no producirse paralelamente el cambio adecuado en las funciones reproductivas relacionadas a la familia, incrementa la injusticia.

Cada año son más las mujeres que migran como resultado de la feminización de la pobreza. La mayoría de los migrantes temporales siguen siendo varones, pero cerca del 45% de los mexicanos que habitualmente residen en Estados Unidos son mujeres. Fuentes no oficiales estiman que de cada cinco personas de origen centroamericano que cruzan la frontera sur de México una es mujer. La mujer tiene un papel decisivo en establecer y mantener las redes sociales de apoyo que permiten migrar, adaptarse e integrarse al nuevo medio.

Crece también el número de hogares en los que la mujer es cabeza de familia debido a la partida del hombre. No solamente las mujeres que cruzan fronteras participan en la migración; las que permanecen en sus comunidades posibilitan la migración de los demás, realizando actividades remuneradas que permiten el sustento familiar además de su tradicional función reproductiva.

Aunque algunos de los cambios relacionados a la migración pueden resultar positivos para las mujeres, como la oportunidad de participar en la toma de decisiones de la comunidad, el acceso a una mayor educación, una mayor incursión al ámbito público, también se presentan consecuencias negativas como la sobrecarga de trabajo, los problemas de salud, doble discriminación, choques culturales.

La mujer migrante se encuentra en una posición vulnerable. La experiencia demuestra que tienen un alto riesgo de ser objetos de violencia de diversa índole, particularmente de tipo sexual, cuando viajan o cuando permanecen en sus comunidades como cabezas de familia. Se emplean en sectores donde están expuestas a riesgos para su salud, a la discriminación y a la explotación. Independientemente de si se quedan en sus comunidades o migran, por decisión propia o impuesta, muchas de las oportunidades que suele brindar la migración a los varones no se presentan para ellas como ventajas sino como desventajas, dada la compleja condición en la que se encuentran.

EL OBSERVADOR 464-10

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CULTURA
Creo en Dios
Por Carlos Díaz

Ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento pretenden demostrar la existencia de Dios, puesto que Él se autorrevela: «Los judíos piden señales, los griegos buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los gentiles, mas poder y sabiduría de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que los hombres, y la flaqueza de Dios más poderosa que los hombres».

«Creo en Dios» significa yo me arriesgo, me comprometo al vivirlo, me entrego a, participo en, pues «aquello a lo que se adhiere y se abandona tu corazón es propiamente tu Dios». No puedo proclamar «creo en Dios» sin abandonar las seguridades absolutas que pudieran venirme de otra parte: sólo Él responde a mis exigencias más profundas. Al decir «creo» hago profesión de fe proclamando la grandeza y el poder del Señor. Creo en Dios porque Dios cree en mí, pese a mí: Él ha tomado la iniciativa, ha venido a mí y se ha hecho cargo de mí. La promesa que Dios me hace es: yo estoy aquí para ti. Él sale a mi encuentro, suceda lo que suceda está junto a mí: «Si Dios está conmigo, ¿quién contra mí? Ni ángeles ni potestades, ni lo presente ni lo futuro, ni potencias de las alturas o lo profundo, ni ninguna otra creatura pueden apartarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, nuestro Señor». Porque Dios está de mi parte, puedo laborar completamente para Él. Eso lo creo.

Escribió Unamuno: «No concibo a un hombre culto sin la preocupación religiosa, y espero muy poca cosa en el orden de la cultura de aquellos que viven desinteresados del problema religioso». Sin embargo, hoy vivimos en plena secularización: se ha perdido el valor socialmente reconocido a los símbolos e instituciones de la religión; crece la ocupación en tareas pragmáticas, desinteresándose del más allá; se separa la sociedad y la cultura de las instituciones eclesiásticas; se reduce la religión a mera antropología; se desacraliza la naturaleza, convertida en objeto de dominio técnico; se pasa a una tradición elástica y móvil que no consagra ningún principio; se privatiza la religión, confinada en la intimidad; se la fragmenta en un pluralismo de creencias coexistentes. Para conceptualizar este fenómeno se han propuesto otras imágenes: eclipse de Dios, muerte de lo sagrado, crepúsculo de los dioses, desmitificación y demistificación, cultura posreligiosa, etc.

En ese ambiente, ¿será posible una Iglesia donde la identidad cristiana arraigue con más fuerza y se denuncien con eficacia crítica las limitaciones de un mundo sin religión, dando forma relevante a una catequesis que facilite la comunicación del mensaje revelado? Si así se hace, la secularización habrá servido de purificación: se habrá superado el pensamiento mítico-mágico y la interpretación individualista de la salvación, Dios quedará liberado del casco de bombero de urgencia y del cientifismo. En todo caso, una cosa sería la secularidad (convivencia pacífica de creyentes e increyentes en un mundo plural) y otra inaceptable el secularismo, pretensión de expulsar a los creyentes de la ciudad secular plural.

EL OBSERVADOR 464-11

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INTERNACIONAL
Confirma la agencia FIDES con datos de la Fundación Rusia Cristiana
La Rusia comunista: el mayor genocidio de la historia
Un informe de la Fundación Rusia Cristiana, difundido por la agencia FIDES, dependiente de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos, reveló que el mayor genocidio de la historia del hombre ocurrió en la URSS, donde bajo el régimen comunista murieron más de 20 millones de personas. El Observador da a conocer este estudio escalofriante.


Después de 14 años de la caída del régimen comunista soviético y la apertura de muchos de los archivos (aunque no todos), el conocimiento de las dimensiones reales de las represiones en la URSS aumentó considerablemente, pero, al mismo tiempo, es imposible llegar a un cálculo completo de las víctimas por la destrucción de muchos datos que son ya irrecuperables.

El número de víctimas debería incluir los muertos en la guerra civil; los muertos por ejecuciones capitales (pero ¿cuántos miles fueron ejecutados sin ningún juicio, ningún papel y por tanto ningún registro?); los muertos por el hambre (tres hambrunas: 1921-22 en la Rusia central, con cinco millones de muertos; 1932-33 en Ucrania y bajo Volga, siete millones 700 mil muertos; 1946-47, dos millones de muertos; los muertos por deportaciones, durante el transporte, marchas a pie y hambre en los lugares de deportación; los muertos en los trabajos forzados (por hambre, agotamiento, accidentes, frío, enfermedad, intento de huida); los muertos durante los interrogatorios (por lo menos unos 250 mil).

El libro negro del comunismo ateo

Un primer calculo por defecto, que simplemente cuenta los muertos registrados en los documentos oficiales, da la cifra provisional de 20 millones (El libro negro del comunismo) y, sin embargo, se sabe con seguridad que existen varios motivos por los que no todos los muertos entran en la cuenta. Los informes de la policía política no son del todo confiables, porque los comandantes de los campos tenían un gran interés en mentir respecto al número de muertos (se sabe que era práctica común liberar a los presos a punto de morir para bajar así las estadísticas de mortalidad). Se sabe también que la policía política en general no solía exterminar a sus enemigos en los GULAG (campos de trabajos forzados).

Las ejecuciones masivas se producían sobre todo en los bosques y en especial en «los campos de muerte inmediata», de los que no hay ninguna señal en los archivos y que recién ahora se están descubriendo (hasta el momento son unos cien, muchos de ellos en los alrededores de las grandes ciudades como Moscú, San Petersburgo, Kiev y Vilnius).

Represión sistemática a los creyentes

Además, fueron muchos y no registrados los que murieron durante los traslados o los interrogatorios o pocos días después de su liberación. Por último, fueron destruidos archivos enteros y en algunos casos, como durante la carestía provocada en Ucrania en 1932-33, Moscú dio la orden precisa de no registrar a los muertos.

Para ilustrar un caso particular de represión sistemática de una clase de ciudadanos (los creyentes), se ofrecen algunas cifras de la Iglesia mayoritaria del país, la ortodoxa: en 1919 contaba con 210 mil miembros del clero, 130 mil de ellos fueron fusilados en 1941 y de los sobrevivientes solo quedaron en libertad 500; de los 300 obispos existentes, 250 fueron fusilados y de los restantes sólo cuatro quedaron en libertad en 1941. Imposible calcular el número de los laicos aniquilados por la maquinaria represiva comandada por Josef Stalin. Además, en 1917 había 55 mil iglesias, de las cuales en 1939 quedaban sólo cien, y de los mil monasterios no funcionaba ni uno solo.

EL OBSERVADOR 464-12

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PANTALLA CHICA
¿Ya nada te espanta?
Por Mayela Fernández de Vera / Grupo Inter Mirifica

Parece que en estos tiempos, privarte de ver un programa de televisión o una película pornográfica no tuviera caso, porque ya cumpliste dieciocho años, porque ya tienes criterio, porque «ya nada te espanta». Sí, puede ser que ya nada te espante, pero si los programas que ves te invitan a una vida desordenada, puedes reflexionar sobre las palabras de san Pablo: «Caminen según el Espíritu y no se dejen arrastrar por los apetitos desordenados. Porque esos apetitos actúan contra el Espíritu y el Espíritu contra ellos. Ambos combaten entre sí, por eso ustedes no pueden realizar sus buenos deseos» (Gal 5, 16-18).

Las imágenes son siempre un incentivo para realizar las obras sugeridas, para desear cosas, porque inconscientemente se tiende a la imitación, a la aceptación de lo que seleccionamos con frecuencia en la tele o en el cine. Estas ideas o deseos pueden producir acciones o frutos: «En cuanto a los frutos de esos desordenados apetitos, son bien conocidos: fornicación, impureza, desenfreno, idolatría, hechicería, enemistades, discordias, rivalidad, ira, egoísmo, divisiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes. Los que hacen tales cosas -les repito ahora, como ya les dije antes- no heredarán el reino de Dios» (Gal 5,19-22).

No existe la dicotomía de vida que muchos, por comodidad e incongruencia con su fe, tratan de aceptar como un hecho: «yo estoy de acuerdo con Jesús, pero en este momento me olvido de Jesús, porque quiero divertirme de una forma que Él no aprobaría… Por el momento, Jesús, me disculpas: voy a ver con mis amigos esto que sé que Tú repruebas, pero no quiero parecer mocho si digo que no…»

Selecciona lo que ves en televisión y en cine responsablemente, de acuerdo con la fe que tienes.

EL OBSERVADOR 464-13

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PARA ELLAS
No te casas para vivir mejor, sino para vivir con él
Por el matrimonio quedamos unidos, nos pertenecemos el uno al otro para siempre, y esto por voluntad propia, que debe nacer del amor. Esta unión se realiza en tres planos: en lo material, en lo humano y en lo sobrenatural. Y ¿cómo conseguir que todo nos una?

En lo material podríamos verlo en tres aspectos: (1) Vivienda: el compartirla puede llevar consigo ciertas dificultades en cuanto a su amplitud, comodidad, etc. (2) Convivencia física: la primera situación nueva y hasta cierto punto desconcertante que experimentamos las mujeres recién casadas es la convivencia física con el marido, la cohabitación con él, la vida sexual de la pareja. (3) Medios económicos: son normalmente más escasos una vez que se ha contraído matrimonio que cuando éramos solteras.

El compartir una vivienda, el tener que afrontar los problemas económicos y la convivencia física son casi siempre causa de dificultades que tenemos que vencer, y la mejor manera de empezar a hacerlo es aceptando que existen.

En lo económico, el caso es claro: si nos casamos, no para vivir mejor, sino para vivir en compañía de nuestro esposo, nunca nos sentiremos defraudadas, aun sin prosperidad económica.

En la convivencia física y, en concreto, en las relaciones sexuales, es donde la mujer tiene que recordar con más frecuencia que se ha entregado libre y totalmente. A las mujeres normalmente nos cuesta acomodarnos a la vida sexual, y después comprobamos que nuestros deseos muchas veces no coinciden en el tiempo con los deseos del esposo. Ante esa realidad suelen darse distintas reacciones:

- quienes aceptan con resignación este estado de cosas, que se convierten así en instrumentos pasivos del hombre;
- quienes se sienten desgraciadas y piensan que no han acertado en la elección de marido; al faltar la coincidencia en la relación sexual creen que es el amor el que falla;
- quienes son más materialistas, y por el hecho de faltar esta coincidencia ven un obstáculo serio para el matrimonio y llegan a la desunión.

Es necesario que en este terreno veamos muy claro los dos sexos, al hombre y a la mujer. No tienen ambos el mismo ritmo de apetencia física, lo que da origen a la falta de coincidencia. No hay que darle vueltas a una cosa que tiene una explicación bien sencilla: la mujer ha de darse cuenta de esto y no debe adoptar nunca una actitud pasiva ante el apasionamiento del marido. Aunque para el hombre y la mujer el acto sexual tiene como fin principal el acrecentar el amor, esto lo realiza el hombre satisfaciendo el impulso sexual que Dios ha puesto en él, el cual por naturaleza es más fuerte que el de la mujer. La mujer que ama, aun cuando sea de manera más espiritual, menos carnal, debe dar a esa satisfacción toda la importancia que tiene para su marido y poner de su parte la sal de su ternura y de su gracia.

Propósito para esta semana: Hacer todo lo posible por superar las dificultades que se presenten en nuestro matrimonio.

(Para comentarios a esta columna, escribir o hablar a: ANSPAC, Insurgentes Queretanos 88-4, Col. San Francisquito, C.P. 76040. Tel. (442)2 48 20 08, Fax (442) 2 48 20 07, Santiago de Querétaro, Qro.)

EL OBSERVADOR 464-14

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COLUMNA ABIERTA
Consideraciones sobre la libertad de expresión
Por Walter Turnbull

No conozco los pormenores ni todo lo que sucedió. Sé que se llevó a cabo hace unos días en la ciudad de Monterrey el evento «Espacio 2004» con la presencia de estudiantes y gente importante del mundo de la comunicación y el periodismo. Me tocó ver el final de un coloquio sobre la libertad de expresión. No sé si era el tema central o simplemente el tema favorito.

Bajo la conducción del colmilludo periodista Joaquín López Dóriga se pedía al selecto grupo de entrevistados (entre ellos el director nacional de Microsoft, el presidente del grupo Televisa, hijo del famoso señor Azcárraga, y el también famoso productor de buenos programas cómicos Mauricio Cleif) su opinión sobre la importancia de la libertad de expresión.

Obviamente todos estuvieron de acuerdo en sus bondades: que la libertad de expresión es un derecho inalienable, que es necesaria para el progreso de la sociedad, que es saludable para una empresa el que todos puedan expresar su opinión, que en México se ha avanzado algo en este terreno... por supuesto que ninguno dijo que habría que abolirla.

Entre lo luminoso, se dejó ver una actitud general de apertura, de buena intención, de propósitos de colaboración y de preocupación por el bien de la sociedad. No hubo las clásicas actitudes prepotentes de burla o de rebeldía heroica. Se pronunció varias veces la expresión «libertad con responsabilidad».

Entre lo turbio, escuchamos -vivir para ver- a López Dóriga hablando de ética. Declaró, con toda razón y con mucha claridad, que el periodista tiene que actuar con ética. Que la ética consiste -ahí sí ya no tiene la razón- en practicar lo que se predica; que no se vale decir una cosa y vivir otra. Lo llamo turbio porque eso que definió no es estrictamente ética, sino coherencia, y si bien la coherencia es fundamental cuando se predica el bien, puede ser dañina cuando se predica el mal. Esta concepción de la ética deja la puerta abierta al inmoral pero sincero que todos los liberales presumen ser y que tanto daño hacen al plan de Dios. La ética, aquí entre nos, es la ciencia de practicar el bien. También tenemos fuertes sospechas de que el comportamiento de los dueños de la comunicación hacia sus competidores, hacia sus empleados y hacia la sociedad no es precisamente ético.

Lo oscuro fue que casi nadie habló, o yo no lo capté, de los peligros del «libertinaje de expresión»; lo que sucede cuando no se ponen límites prudentes a este derecho y todo mundo acaba diciendo lo que se le da la gana. Se habló de responsabilidad, pero nadie habló de respeto. Por alguna razón la palabra responsabilidad es más adaptable y menos amenazante que la palabra respeto. Y más grave, finalmente, nunca oí la palabra «verdad». «Obsesión por la verdad» predicaba Ghandi, «La verdad los hará libres», predicó Cristo, y debería ser también el credo de los comunicadores. O es tan obvio que se da por sabido, o es tan exigente que prefieren ignorarlo, rodearlo, sustituirlo.

Esperemos que algún día todos estos hombres poderosos abran su corazón a Dios y, dejando atrás expresiones ambiguas como comunicación, responsabilidad, apertura, sinergia, pluralismo, tolerancia, etc., podamos hablar de Cristo, de amor, de respeto y de verdad, que son los que realmente nos pueden salvar.

EL OBSERVADOR 464-15

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FIN

 
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