El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
6 de junio de 2004 No.465

SUMARIO

bulletPORTADA - Una investigación resalta que los inmigrantes mexicanos tienen su único auxilio en la Virgen
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Víctimas inocentes
bulletNIÑOS / CUENTO - El juglar de Nuestra Señora
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Dios es Juez, pero también Salvador
bulletPINCELADAS - Dios y el dinero
bulletREPORTAJE - Maradona: prototipo de la soberbia y la idolatría futbolera
bullet¿Cuál es tu límite?
bulletVENTANA A MÉXICO - Jornaleros migrantes: con los pies en pos de pan y paz
bulletCULTURA - Laus Deo
bulletLa evangelización de América no se puede comprender sin Guadalupe, afirma el defensor de la causa de Juan Diego
bulletPANTALLA CHICA - ¿Dulces sueños con tu amiga la tele?
bulletDocumento del Pontificio Consejo para los Emigrantes e Itinerantes

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Una investigación resalta que los inmigrantes mexicanos tienen su único auxilio en la Virgen
El Observador / Redacción
Diariamente la frontera entre México y Estados Unidos registra un millón de cruces. Muchos son ilegales. Se tratan de los trabajadores mexicanos, hombres, mujeres, niños, que van al Norte en busca de sustento. Una investigación de la Universidad de Guadalajara nos enseña a ver a la Virgen como el único faro de luz de quienes cruzan el Río Bravo. Ésta es la historia de un drama nacional.

En 107 localidades, durante 25 años, 105 mil inmigrantes mexicanos contaron su historia al investigador de la Universidad de Guadalajara, Jorge Durand. Registro de voz que ha ido completando con la observación de los retablos que los inmigrantes han escrito, dibujado y soñado para rendirle tributo a la Virgen, por su intercesión en los momentos más difíciles de su travesía o de su estancia allá, como «mojados», trabajando en los campos, en las ciudades, siempre perseguidos por la ley y por las mafias de los «polleros» que trabajan de los dos lados de la frontera común entre nuestro país y Estados Unidos.

En los retablos se habla de la soledad del inmigrante

Por ejemplo, el relato de Gumercindo Ramírez, quien una mañana, como cualquiera otro, subió, como siempre, al carro que lo llevaría a la parcela donde trabajaba desde hacía dos meses. Sin embargo, un tirón al acelerador provocó que cayera bruscamente de la «carrucha». «¡Ahí quedé bien muerto¡», contó a la Virgen de San Juan de los Lagos, cuatro años después de ese accidente. Sin embargo, sanó, gracias a la protección mariana. Un retablo o «exvoto» lo atestigua.
La investigación de Durand busca entender, explicar y comunicar las aventuras, los sufrimientos, padecimientos y problemas que enfrentan los inmigrantes durante su viaje a Estados Unidos, basada en entrevistas y en los retablos a la Virgen de San Juan de los Lagos o frente al Señor de la Misericordia, en Tepatitlán. «Ahí, dice Durand, los trabajadores indocumentados reflejan su soledad, el peligro y el miedo que enfrentaron».

La Virgen nos estaba esperando al final del desierto

Otra historia es la que Manuel Chávez dibujó y relató en un retablo ubicado en la iglesia de San Juan de los Lagos. En 1989, cuando intentó cruzar el desierto de Arizona, se enfrentó al brutal frío nocturno y al intenso calor del día de esa zona. Manuel estaba acompañado de otros dos hombres, que habían sido abandonados por el pollero en medio del desierto. Sólo les había dado una indicación: «Sigan derecho, no se detengan, alguien los está esperando más adelante». Después de varios días, en la soledad del desierto, tuvieron la certeza de que se habían perdido. Nadie los esperaba. Sin líquido alguno ni alimento que saciara el hambre, invocaron a la Virgen de San Juan de los Lagos: «Tú nos guiaste por el camino», agradece Manuel Chávez en la acuarela estampada en un cuadro de madera que regaló a la Virgen en 1998.
Por este trabajo de recuperación de la fe popular y de la historia de los inmigrantes, la Academia de Ciencias de Estados Unidos premiará en mayo de 2005 al investigador Jorge Durand, coordinador del Proyecto de Migración Mexicana.

Un promedio macabro de 400 fallecidos al año

Tras conocer este anuncio, Durand señaló que ese galardón está dedicado a todos aquellos que en estos 25 años «tuvieron la paciencia para contarme la historia de su vida, el valor que se necesita para lanzarse, de esa manera, a la aventura». Pero en particular, a los casi 19 mil inmigrantes que en este tiempo han aceptado dar seguimiento a su vida «para conocer cuáles son sus propiedades, sus negocios, sus aciertos y pérdidas familiares cuando se deciden por ir a EU por los dólares».
Jorge Durand asegura que son, en promedio, 400 muertes de mexicanos al año en su intento por cruzar la frontera de Estados Unidos, y que ello es producto de «la existencia de mafias organizadas de polleros , no sólo de la parte mexicana, sino también de ciudadanos estadounidenses». Explicó que con el reforzamiento de las medidas de seguridad, la migración hacia aquel país se convirtió en «definitiva, ya que pocos son los que quieren arriesgar su vida al regreso». Son inmigrantes de 19 estados de la república. Jalisco, Michoacán y Guanajuato «con una tradición de inmigrantes de más de un siglo», siguen al frente, pero también hay migración joven como, por ejemplo, la del estado de Veracruz. (Información del periódico El Universal, 1/06/2004).

EL OBSERVADOR 465-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Víctimas inocentes
Por Jaime Septién

Este 4 de junio se ¿celebró? el Día Internacional de los Niños Inocentes Víctimas de la Agresión. Nadie lo supo. Mucho menos los niños inocentes, víctimas de la agresión de los adultos. Ellos la padecen y ya.

El primer derecho de un niño es a ser un niño. De esto nadie podría tener ninguna duda. Pero es el primer derecho que les violentamos: a querer o no, estamos adelantando la infancia de todos los niños del mundo occidental.

Hay una forma de agresión al niño de la que muy poca gente habla; que no se ve anormal, pero que está creando generaciones de adultos incompletos. Me refiero a la exposición exagerada de los niños a la televisión y a los materiales de violencia y sexualidad que la televisión transmite en horarios clasificados para niños y para adultos.

Los 219 minutos diarios que, en promedio, pasan los niños frente al televisor en el mundo (en México es mayor el tiempo: cerca de 245 minutos diarios en promedio) son una escuela de formación en los valores contrarios de la convivencia. Los pequeños reciben ahí «clases» de desobediencia, de saltarse la ley, de resolver conflictos por la vía de la imposición, de sexualidad ejercida con aires de libertad absoluta, en fin, de que el fin justifica los medios y que no hay fines «buenos» sino aquellos que elegimos nosotros, por «consenso», sin aparición de autoridades y en la más absoluta de las soledades que es la soledad de la llamada «autoestima» (haz aquello que sea bueno para ti y no te fijes en los demás).

Frente a las 960 horas anuales que un chico pasa en la escuela, resaltan las 990 que pasa frente al televisor. El resultado ha sido desastroso. Ya no es el padre de familia o el maestro el que educa. Ahora son grandes corporaciones comerciales que fijan su interés en la utilidad financiera de sus productos y en la rentabilidad de sus programas. Importa poco, para estos consorcios, que el niño sea niño; es más, mientras más rápido se adhiera al mercado mucho mejor. Lo que sigue es una sexualidad que se desborda (crecimiento exponencial de embarazos no deseados); un consumismo enfermizo (compulsión por tener) y una actitud antisocial a toda prueba (ausencia de solidaridad y participación en los asuntos de la sociedad). Se trata de una agresión silenciosa aunque estridente. Una agresión de la que es víctima el niño (y se es niño hasta los 18) y una modificación antinatural de su desarrollo, lo que le impide, justamente, ser niño.

Sin embargo, hay cura. Y esa cura pertenece a los padres de familia. Si ellos quieren y se mueven en esa dirección, pueden volver a tomar las riendas de la educación en valores de sus hijos. Ver la televisión con inteligencia selectiva (¿qué inteligencia no lo es?) ayudará a saber que una agresión a la infancia no tiene justificación.

EL OBSERVADOR 465-2

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NIÑOS / CUENTO
El juglar de Nuestra Señora

En una ciudad se alzaba un bello santuario en honor del Niño Jesús y la Virgen. Ahí una comunidad de sabios y devotos monjes acogían a los numerosos campesinos que desde muchas leguas venían a adorar a Dios, honrar a María, y purificarse con el sacramento del Perdón.

El día de la fiesta del santuario la multitud era enorme: Misa solemne, procesión, rezos y cánticos de alabanza. No era raro que llegara también un carromato de títeres que completaban la fiesta con sus cómicas actuaciones. Así fue aquel año.

Entre los titiriteros venía un apuesto joven saltimbanqui, músico y hacedor de versos, es decir, un juglar. Alvar, que así se llamaba, observó que los monjes, silenciosos, rebosantes de serena paz, deambulaban por los jardines y huerta del convento: quiénes leían, quiénes rezaban; otros regaban las plantas, o escribían en sus celdas. Todos, como seres de un mundo de limpia paz y armonía, antes nunca visto. Y le entró una santa envidia.

Asistió a la Misa solemne y se sintió impresionado por el canto de los monjes; y escuchó con atención el sermón. A la mañana siguiente Alvar fue el primer penitente que se acercó al confesionario con tal espíritu que después fue a solicitar el ingreso en la comunidad de los monjes. Y fue tal su insistencia que el prior le admitió a prueba.

Alvar se sintió casi feliz en su nueva vida porque, aunque tenía una bella voz y le encantaba cantar, desconocía el latín y los cantos del coro de monjes. Tampoco era muy bueno en oraciones pues desde el comienzo de su vida de juglar no había vuelto a rezar. Por todo ello se sentía extraño en aquella comunidad de hombres de Dios. Eso sí, había captado muy bien la predicación del prior: lo importante es el amor, un amor entrañable a Dios, una íntima amistad con Cristo Jesús, un tierno afecto a su Santísima Madre.

Cada día llevaba rosas frescas ante el Sagrario y a los pies de la Virgen. Y hasta le parecía que su imagen le sonreía, con lo que su amor se acrecentaba más y más. Un día tuvo como una iluminación: decidió que aquella misma noche haría lo que sabía, y lo haría de corazón. Así, cuando la comunidad se retiró a descansar, se dirigió a la iglesia y se puso su vestimenta de juglar, con una narizota postiza, una peluca verde rabioso y unos zapatotes. Empuñó su instrumento musical y, sin más, cantó unos preciosos versos a la Virgen y al Niño Jesús. Con costumbre de artista, tras los versos de amor hizo una profunda reverencia. Y…¡huy!, «me parece que me han respondido con una inclinación de cabeza», se dijo.

Luego ató una soga de una columna a otra y comenzó a caminar sobre ella exagerando desequilibrios y simulando caídas que no sucedían. Hasta le pareció que el Niño hizo algún gesto de susto con ocasión de algunas de sus volteretas; pero la Madre sonreía tranquila, como quien sabía que era astucia del juego. Al final, el Niño Dios, como extasiado de admiración, rompió en delicados aplausos y su Madre se deshacía en sonrisas. Alvar, fuera de sí de contento, ni se dio cuenta de que despuntaba la aurora y que los monjes habían llegado al templo para cantar maitines. Los monjes quedaron aterrados creyendo que el diablo vestido de harapos de colores se burlaba de nuestra Señora. Mas de pronto aquel «diablo» dio un salto descomunal e, inexplicablemente, cayó con la suavidad de una pluma a los pies de la Virgen Madre cuya mano besó reverente. Mano con la que -según vieron los monjes- la Virgen recogió el extremo de su manto y con él enjugó el sudor de la frente al supuesto «diablo» de colores, dándole luego un beso maternal mientras el Niño con su manita acariciaba la peluca verde.

Luego el Niño tiró de la peluca y…¡ apareció el rostro radiante de Alvar dormido en el sueño de los justos! Dice la historia que al caer la peluca su alma voló al Cielo con el permiso de Dios para gozar de la paz y demostrar a los hombres que también los titiriteros van al Cielo ya que lo que importa es el amor y no las profesiones o las ciencias.

(Resumido y adaptado de un cuento de Autor: Fr. José Polvorosa, O.P.)

EL OBSERVADOR 465-3

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EL RINCÓN DEL PAPA
Dios es Juez, pero también Salvador

Juan Pablo II comentó en audiencia general el cántico que aparece en los capítulos 11 y 12 del Apocalipsis (11, 17b- 18; 12, 10b-12a):

«Este himno quizá ya era utilizado en la asambleas litúrgicas de la Iglesia de los orígenes. En esta oración se siente palpitar el corazón de los justos que esperan la venida del Señor. Se exalta el juicio justo y resolutivo que el Señor va a pronunciar sobre toda la historia humana. Esta intervención benéfica tiene dos aspectos, como dos son las características que definen el rostro de Dios. Él es juez, sí, pero también salvador; condena el mal, pero recompensa la fidelidad; es justicia, pero, sobre todo, amor.

«La identidad de los justos ya salvados en el Reino de Dios se distribuyen en tres categorías: los profetas, los santos, y quienes temen su nombre. Es una especie de retrato espiritual del pueblo de Dios, según los dones recibidos en el Bautismo y florecidos en la vida de fe y de amor.

«Este himno alude también al duelo entre el bien y el mal, entre la Iglesia y Satanás; de repente resuena una voz celestial que anuncia la derrota del 'Acusador'. Este nombre es la traducción del nombre hebreo 'Satán'. 'Acusaba a nuestros hermanos ante nuestro Dios día y noche', es decir, ponía en duda la sinceridad de la fe de los justos. Ahora el dragón satánico es acallado y en la raíz de su derrota está la sangre del Cordero, la pasión y la muerte de Cristo redentor.

«A su victoria se le asocia el testimonio del martirio de los cristianos. Se da una partición en la obra redentora del Cordero por parte de los fieles que 'no amaron tanto su vida que temieran la muerte' .

«El solista celestial que entona el cántico lo concluye invitando a todo el coro angélico a unirse al himno de alegría por la salvación alcanzada. Nosotros nos unimos a esa voz en nuestra acción de gracias festiva y llena de esperanza, a pesar de las pruebas que marcan nuestro camino hacia la gloria».

EL OBSERVADOR 465-4

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PINCELADAS
Dios y el dinero
Por Justo López Melús *

Hay una cultura horizontal, consumista. El alma se atrofia, los ojos se enturbian y son incapaces de levantar la mirada. Hay otra cultura, la vertical y providencialista, que mira hacia arriba y sabe descifrar el mensaje de las estrellas.

Cierto día el cardenal Weisman, autor de Fabiola, discutía con un inglés utilitarista sobre la existencia de Dios. A los argumentos del gran sabio respondía el inglés con mucha flema:
- No lo veo, no lo creo.
Entonces el cardenal tuvo un rasgo ingenioso. Escribió en un papel la palabra «DIOS» y colocó sobre ella una moneda.
- ¿Qué ves?
- Una moneda.
- ¿Nada más? -muy tranquilo el cardenal quitó la moneda y preguntó: - ¿Y ahora qué ves?
- Veo a Dios.
- ¿Y qué es lo que impedía ver a Dios?
Y el inglés calló como un muerto.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 465-5

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REPORTAJE
Maradona: prototipo de la soberbia y la idolatría futbolera
La semana pasada, en un reportaje de primera plana, El Observador daba cuenta de que en el futbol también hay lugar para Dios. Hay futbolistas que no sólo han aprendido a darle tiempo a Cristo y a la Iglesia, sino que incluso algunos han renunciado a todo con el fin de glorificar al Altísimo. Pero, por desgracia, existe la otra cara de la moneda: jugadores ensoberbecidos por la fama reclaman para sí tratamientos que sólo a Dios le debemos; sin embargo, mucho de este mal podría contrarrestarse si los aficionados a este deporte no cayeran en la jugada o, mejor dicho, en el pecado de idolatría.


La afición desmedida a cualquier cosa puede dar lugar a la auténtica idolatría, es decir, a adorar una cosa o a un ser humano dándole el lugar que sólo le corresponde a Dios.
El caso más típico de idolatría futbolera gira en torno del ex jugador argentino Diego Armando Maradona. Un adorador suyo escribe: «Diego, Dios te envidia. Compararte con un ser humano sería injusto. No existe en la Tierra un ser capaz de brindar tanta alegría junta. Creo en ti, a ti te vi, al Otro... no».
El fanatismo hacia este individuo es tal que ya existe la Iglesia Maradoniana.

«La Mano de Dios»

Hernán Amez y Alejandro Verón, dos periodistas argentinos, cuentan que, siendo muy jóvenes, presenciaron un «milagro»: Maradona, con una zurda «celestial», desparramaba jugadores ingleses por el estadio Azteca antes de encaminarse hacia el arco para convertir el que hoy es considerado el gol más fabuloso de todos los mundiales. Años después consideraron que el autor de ese y otros tantos «milagros» futbolísticos debía tener su templo; entonces fundaron, en Rosario, Argentina, la Iglesia Maradoniana «La Mano de Dios».

Su propia navidad

Para poder sostener su culto esta iglesia ha tenido que copiar y adaptar irreverentemente -tal como hacen las iglesias satánicas- lo que hace la Iglesia de Cristo. Así, la Iglesia Maradoniana cuenta con una «liturgia», una «biblia» (el libro autobiográfico Yo soy el Diego... de la gente) y una cronología propia. Los fieles maradonianos viven en el año 43 DD, («Después de Diego», es decir, de su natalicio).
El día 30 de octubre, cumpleaños de Diego Armando, los maradonianos festejan su «navidad»; colocan un pino navideño adornado con esferas con la cara de Maradona, y un «rosario» formado por 34 pelotas negras que simbolizan los 34 goles que hizo el jugador en la selección argentina.

Decálogo y oraciones

Por supuesto, la Iglesia maradoniana tiene sus «diez mandamientos»:
1.La pelota no se mancha, como dijo D10S en su despedida. 2. Amar al futbol por sobre todas las cosas. 3. Declarar tu amor incondicional por Diego y el buen futbol. 4. Defender la camiseta Argentina, respetando a la gente. 5. Difundir los milagros de Diego en todo el universo. 6. Honrar los templos donde predicó y sus mantos sagrados. 7. No proclamar a Diego en nombre de un único club. 8. Predicar siempre los principios de la Iglesia Maradoniana. 9. Llevar Diego como segundo nombre y ponérselo a tu hijo. 10. No ser cabeza de termo y que no se te escape la tortuga.
Los fanáticos ya compusieron también un credo y hasta una oración a Maradona: «Dios Nuestro que está en las canchas, santificada sea tu zurda, venga a nosotros tu reino, despliega tu futbol por todos los santuarios del mundo. Danos hoy nuestra alegría de cada día y perdona a aquellos traidores periodistas así como nosotros perdonamos a la mafia napolitana. No nos dejes caer en la tentación y líbranos de Havelange. Diego».

Más maradonianos

En Argentina hay varios miles de feligreses maradonianos. Pero las solicitudes de admisión que recibe esta iglesia van en aumento, y eso en todo el planeta. En España ha sido tal el éxito que ya cuenta con nueve mil adeptos.
«Nuestra religión tiene esta cosa: los cristianos se reúnen conscientes de que Dios los mira desde el Cielo, mientras que a nosotros se nos puede aparecer el Señor en cualquier momento. O llamarnos por teléfono, que es otra opción», comenta Amez.

Diego Armando Maradona agradece... y se burla

Es verdad que Maradona no fundó su propia iglesia; sin embargo, los que estaban a su alrededor la apoyaron, entre ellos su ahora ex esposa Claudia Villafañe, su entonces representante Guillermo Coppola, y Héctor Veira, último entrenador que lo dirigió.
Diego Armando ha agradecido a los miembros de esta agrupación que lo tengan en su memoria; pero, por otro lado, se burla de ellos. Así lo relata Dalma, una de sus hijas: «Mi papá no los conoce, pero se muere de risa cuando le cuento las cosas que hacen, con las velas, el rosario y todo eso».

¿Católico? ¡No!

Maradona se dice católico. Pero, ¿realmente está en comunión con la Iglesia de Cristo?
Cuando san Pedro se encontró con el centurión Cornelio y éste se postró a sus pies para adorarlo, el apóstol le dijo: «Levántate, que también yo soy un hombre» (Hch 10, 26). Muy diferente es la actitud de Maradona, que parece muy complacido con el hecho de que se le divinice: «Ojalá que nadie tome a mal esto de la Iglesia Maradoniana porque es una simple expresión del folklore del futbol», expresa.
A Diego Armando le gustan los tratos especiales. Tras ir al Vaticano se quejó en un programa de televisión de que, como a cualquier otro visitante, famoso o no, lo hubieran trasladado de una a sala a otra y haber estado acompañado de guardias suizos antes de entrevistarse con el vicario de Cristo. Además agregó que nunca más irá a ver al Papa «porque es muy aburrido».
También dijo: «Entré al Vaticano y vi el techo de oro. Y me dije cómo puede ser tan hijo de p... de vivir con un techo de oro y después ir a los países pobres y besar a los chicos con la panza así. Dejé de creer, porque lo estaba viendo yo». Evidentemente Maradona, que, por cierto, no ha hecho ningún intento por repartir sus millones entre los pobres a pesar de ser un admirador del comunismo de Fidel Castro y el «Che» Guevara, ignora que Juan Pablo II vive en una especie de museo que es patrimonio cultural de la humanidad y no propiedad del Pontífice, y que, por otra parte, la Iglesia de Cristo destina constantemente cantidades millonarias -aunque ello la haga caer en déficit económico- para ayudar a paliar las necesidades del mundo.
Pero el «divino» Maradona no parece ya interesado en congraciarse con la verdadera Iglesia; mejor prefiere creer en las difamaciones, como aquélla de que el Vaticano trafica con órganos de niños, drogas y armas. Y, en cuanto a Dios, lo llama despectivamente «el Barba».
Así, resulta sorprendente que al mismo tiempo diga: «Creo en Dios, en la Virgen, en los santos. Siempre pienso en Dios; desde allá arriba Él cuida de todos. Rezo todos los días y voy a Misa cuando puedo».

¿A quién rezar?

Ahora que el prolongado vicio de la drogadicción que Maradona abrazó libremente ha puesto en grave peligro su vida, su iglesia ha convocado a los fieles a rezar por su «D10S»: «En este difícil momento te invitamos a rezar por Diego». La pregunta es: si Maradona es dios, ¿a quién deben rezar los maradonianos para que sane? (D.R.G.B.)

(Idea del reportaje: Dr. Murillo-Godínez)

EL OBSERVADOR 465-6

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¿Cuál es tu límite?
Por Jesús Gómez

Los relatos de los ascensos al Monte Everest ocupan un espacio importante en la historia de la humanidad: tan solo 874 alpinistas han logrado llegar a la cima de 8 mil 848 metros. Prácticamente 90% de los que intentan alcanzar la cima, fracasan. Muchos no han regresado a casa y sus sueños quedaron allí, habiendo dado todo por alcanzar la meta.

Para Eric Weihenmayer, joven estadounidense de 33 años, escalar el Monte Everest se presentaba como el mayor reto de su vida. Ciego desde los 13 años a causa de una enfermedad hereditaria poco común, de la retina, comenzó su ascenso personal a los picos montañosos cuando era un muchacho.

El estar ciego no fue una limitación a las ganas de trascender en su vida. Eric supo, casi desde que aprendió a hablar, que perdería la vista a comienzos de la adolescencia y esto le ayudó a templar su espíritu, el cual lo llevó a decidir no combatir su discapacidad, sino aprender a sobrellevarla y a explorar lo que era capaz de hacer con sus capacidades; no iba a tratar de fingir que veía, sino a desarrollar habilidades para poder destacar siendo ciego.

Fue así como en el verano de 2001, Eric conquistó, junto con su equipo, la cima del Monte Everest, venciendo, además de su discapacidad, las diferentes pruebas del trayecto como: poder desplomarse por una grieta, quedar enterrado por una avalancha, o sufrir un edema pulmonar por falta de oxígeno.

Resulta difícil para una persona con visión normal asimilar la magnitud del logro de Eric. ¿Con qué podríamos compararlo? ¿Cómo podríamos medirlo? Lo más importante en este caso es reconocer esta hazaña que ha llevado hasta el extremo la capacidad de un ser humano.

El ejemplo de Eric es una muestra muy clara de que el éxito está relacionado directamente con la actitud, siendo ésta más importante que las habilidades físicas, la capacidad mental, las circunstancias o el dinero. La fortaleza que tenemos para vencer las dificultades y limitaciones es tan grande, que desconocemos nuestra capacidad para entregarnos con valentía a la realización de grandes proyectos.

¿Qué es lo que lleva a un ser humano a vencer sus límites? La disposición de dar más allá de lo que se considera normal, de entregarse hasta las últimas consecuencias, de emprender sin miedo nuevas actividades, de avanzar pese a cualquier adversidad, de superar el temor a ser criticado, de afrontar grandes retos con paciencia y perseverancia.

La actitud y la fortaleza con la que enfrentemos nuestras limitaciones van a determinar en nuestras vidas la capacidad para vencer la adversidad. Montañas que escalar hay en todas partes, lo importante es saber vencer los obstáculos y alcanzar nuestras propias metas.

EL OBSERVADOR 465-7

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VENTANA A MÉXICO
Jornaleros migrantes: con los pies en pos de pan y paz
Por Gilberto Hernández García

La migración en México no puede entenderse ya con los parámetros que tradicionalmente se le equiparaban. Por lo general, al hablar de migración la primera idea remite a los «braceros», «espaldas mojadas» o «alambrados» que abandonan sus pequeñas poblaciones y se van en «el burro» rumbo al norte, en busca de dólares y una vida mejor para los que se van y para los que se quedan acá.

Pero también hay que atender esa oleada de migración del campo a la ciudad, alentada por la euforia de los gobernantes que, en su visión modernizadora, apostaron todo a las fábricas como camino al progreso y a la modernidad. La época de oro de la migración rural-urbana en nuestro país fueron los años cuarenta y cincuenta del siglo XX: los campesinos eran proveedores ya no solamente de productos básico agrícolas; a partir de esos momentos y cada vez con más presencia, serían considerados como potenciales obreros. La migración del campo hacia las ciudades rebasó las previsiones sobre los procesos de desarrollo en el país. No es sólo cuestión de traslado geográfico: entraña y refleja la transformación profunda que se operó en la patria, de sociedades agrarias a sociedades urbanas.

La otra dinámica migratoria, la que hoy nos ocupa particularmente, se da con mayor fuerza de lo que comúnmente se le atribuye: es la migración rural-rural, que se ha venido acrecentando por un lado, por la tecnificación del campo en algunas zonas del país, principalmente del centro-occidente, por la creación de grandes emporios agroindustriales y hasta por la presencia de transnacionales; por otra parte, parece que en el fondo de esta situación se encuentra la crisis actual del sector agrícola campesino en México, resultado de los procesos y políticas gubernamentales con tinte neoliberal.

Los trabajadores «golondrinos», «temporeros» o «jornaleros migrantes», son aquellos que le dan vida a esta manifestación del fenómeno migratorio; proceden, en su gran mayoría, de comunidades indígenas del sur-sureste mexicano y se desplazan según se va dando la temporada de cultivo en, particularmente, el centro-occidente y noroeste de México, concretamente en la Ciénega michoacana, el bajío, el bajío zamorano, Jalisco, Sinaloa, Baja California Sur y Norte, entre otros.

Los jornaleros agrícolas migrantes son personas que aprovechan la necesidad de abundante fuerza de trabajo en determinados periodos del año para las faenas de siembra, cultivo y cosecha de ciertos productos agrícolas, en regiones que no son las suyas, y reportan niveles de desarrollo económico-comercial considerables en comparación al resto del país.

Provienen, en su gran mayoría, de regiones en donde la economía campesina está en decadencia. Los estados que generan más este éxodo son: Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Veracruz, Puebla, San Luis Potosí, Zacatecas, Tabasco y Campeche, donde el grado de marginación, según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), está considerado como «muy alto» o «alto» a secas. Niños, jóvenes, mujeres, hombres, ancianos, familias enteras que no tienen en sus comunidades de origen la oportunidad de obtener el mínimo necesario para vivir con dignidad. La pobreza, exclusión y marginación los obligan a que, por lo menos seis meses del año, transiten de región en región, de campo en campo, en busca de trabajo que les permita subsistir.

De la población campesina, que asciende a 30 millones de personas, cinco millones son obreros agrícolas; de éstos, 3.5 millones son proletariados rurales (unos permanecen en su región o se convierten en migrantes); 1.5 millones son ejidatarios, comuneros y pequeños propietarios. Dentro de este porcentaje se encuentran 750 mil mujeres que, junto a sus parejas e hijos, emprenden la aventura por la vida como «golondrinos»; algunos tienen 20 o treinta años de recorrer el país, contactados por enganchadores que los incorporan en su trayecto a la ruta de la servidumbre.

Los campesinos indígenas son ahora, con las actuales estructuras económicas, trabajadores agrícolas obligados a emigrar de sus comunidades evadiendo la pobreza de unas tierras sobre-explotadas y erosionadas que ya no daban buenas cosechas, además de no contar con recursos para semillas y fertilizantes; para, al final de cuentas, terminar siendo extraños en su propia patria.

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Se anuncia una «temporada de muerte» en la frontera de Estados Unidos y México

Contra todas las esperanzas de la Iglesia católica, tanto en México como en Estados Unidos la llamada «temporada de la muerte», que va de fines de mayo a octubre, presagia este 2004 uno de los años más mortíferos para los indocumentados mexicanos y centroamericanos que intenten cruzar la frontera.

Las predicciones de la muerte se basan en los datos que tanto la Secretaría de Gobernación de México como el comisionado al cargo de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos tienen actualmente sobre los decesos en la «temporada baja» (la que va de octubre a mayo); las cifras de muertos están muy por arriba de las cifras de referencia en años anteriores, por lo que se prevé que la «temporada de la muerte», que apenas acaba de iniciar, traiga consigo un número superior a los 500 fallecimientos, lo que marcaría un récord macabro.

EL OBSERVADOR 465-8

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CULTURA
Laus Deo
Por Carlos Díaz

Gloria a Dios, alabanza y gratitud, porque Dios es la causa de mi alegría: ¡qué alegría decir gracias! A más gratitud, también más júbilo, más alegría y alabanza; cuanto más aprendamos a amar lo singular, tanto más a Dios y a nosotros mismos (la satisfacción de uno mismo, bien entendida, es como una gratitud de uno mismo hacia uno mismo). La amistad danza alrededor del mundo pidiendo que nos despertemos para dar gracias por la gracia de vivir y de haber vivido. Porque la gratitud es la alegría de la memoria; el agradecido alaba a quien le ha proporcionado los momentos de gozo, mientras que el desagradecido sólo sabe echar en cara, reprochar, lo que le convierte en desgraciado. Alegrarse pasando del dolor atroz de la pérdida a la dulzura del recuerdo; alegrarse por la pureza que es el poder de contemplar la mancha, resultado de un trabajo de purificación, sin olvidar que sólo hay felicidad si lo definitorio de un acto es capaz de ser elevado a definitivo.

Para Dios todo es sencillo; para los sencillos todo es divino. Nietzsche arremetió contra una religión triste, esa de quienes, al salir del templo en cuyo interior se han cubierto de ceniza, sólo parecen interesados en comentar trivialmente el tiempo atmosférico. Pero proclamar el anuncio o kerygma con el corazón frío es proclamar el evangelio como una mala noticia. La buena nueva sólo cabe con en el cántico de las criaturas:

«Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermano Sol... Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas... Loado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire, y el nublado y el sereno, y todo tiempo... Loado seas, mi Señor, por la hermana agua... Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego... Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra... Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor y soportan enfermedad y tribulación. Bienaventurados aquellos que las sufren en paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán. Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar... Bienaventurados aquellos a quienes (la muerte) encontrará en tu santísima voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal. Load y bendecid a mi Señor y dadle gracias y servidle con gran humildad».

El hermano Francisco -a un mismo tiempo- adora, agradece, y exulta de alegría: da gracias por la bienaventurada creación, bendice, celebra, elogia, enaltece, honorara, aplaude.

Amén. El Credo termina con la palabra amén, también frecuente al final de las oraciones del Nuevo Testamento. Igualmente, la Iglesia termina sus oraciones con un amén. En hebreo amén pertenece a la misma raíz que aman (ser estable, seguro, confiado), raíz de la que proviene también la forma verbal causal he'emin (tener confianza, creer) y que connota solidez, fiabilidad, fidelidad. El amén expresa tanto la fidelidad de Dios hacia nosotros, como la nuestra en Él; creer es decir amén a Dios, dejar que Dios sea Dios, reconocerlo como único fundamento y sentido.

EL OBSERVADOR 465-9

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ENTREVISTA AL HISTORIADOR FIDEL GONZÁLEZ
La evangelización de América no se puede comprender sin Guadalupe, afirma el defensor de la causa de Juan Diego
Zenit para El Observador
No es posible comprender la historia de la evangelización de América sin las apariciones de la Virgen María en Guadalupe, afirma uno de los máximos expertos en la materia, Fidel González Fernández, rector del Colegio Pontificio Urbano, sacerdote comboniano y profesor de historia en varias universidades pontificias de Roma.

¿Cómo cambió la aparición de la Virgen de Guadalupe la historia de México y de la evangelización de América?

El acontecimiento guadalupano fue la respuesta de gracia a una situación humanamente sin salida: la relación entre los indios y los recién llegados del mundo europeo. «El encuentro de la Virgen de Guadalupe y el indio Juan Diego», para usar el título de un libro nuestro sobre el argumento. En aquel encuentro el indio Juan Diego fue el gancho entre el mundo antiguo mexicano y la propuesta misionera cristiana llegada a través de la mediación hispana. El resultado fue el alumbramiento de un nuevo pueblo cristianizado. Juan Diego no era ni un español llegado con los conquistadores como Cortés, ni un misionero español como los primeros que fueron franciscanos y dominicos. Era un indígena perteneciente a aquel viejo mundo.
El grupo escultórico que hoy se puede contemplar en la colina de Tepeyac expresa con una hermosura plástica excepcional este mensaje. Esta es la peculiaridad de la mediación eclesial del indio Juan Diego, el «enviado-embajador de Santa Maria de Guadalupe», como lo llama el «Nican Mopohua». Juan Diego seria así el misionero elegido por Dios para este encuentro en el que de nuevo Cristo va a encarnarse en una humanidad cultural concreta a través de la mediación de María.

¿Cuáles fueron las consecuencias de este «acontecimiento guadalupano»?

Las consecuencias de tal encuentro en la historia del cristianismo son numerosas e importantes. Ante todo, desde el punto de vista estadístico, los católicos de lengua hispano-portuguesa constituyen la mayoría de los miembros de la Iglesia católica. Desde el punto de la metodología misionera en la historia del cristianismo los misioneros cristianos pertenecían al bando de los «conquistadores» y tuvieron que asumir la defensa de los derechos humanos de los «conquistados» frente a sus mismos paisanos que se confesaban cristianos. Por parte de los mismos conquistadores, enseguida surge en ellos una autocrítica de su acción y esto se debió a su conciencia católica. Ellos mismos van a ser, desde su misma experiencia, misioneros de la fe cristiana. En tercer lugar, siendo coherentes con el Evangelio, francos y fuertes en la denuncia, los misioneros católicos no optaron por uno de estos dos mundos contra el otro. Presentaron el acontecimiento cristiano como un hecho significativo para ambos. En esto Dios dispuso misteriosamente el acontecimiento guadalupano como confirmación de tal metodología esencial del anuncio cristiano e impulso efectivo del mismo en aquellos momentos dramáticos iniciales. Esto nos demuestra cómo el cristianismo es un fenómeno capaz de diálogo con lo humano desde el primer momento en que entra en contacto con una situación humana, por dramática que sea.
El acontecimiento guadalupano sigue afirmando el método usado por Dios en la historia salvífica: el uso de un particular histórico que contiene en sí una dimensión universal.

EL OBSERVADOR 465-10

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PANTALLA CHICA
¿Dulces sueños con tu amiga la tele?
Por Máyela Fernández de Vera / Grupo Inter Mirifica

Es innegable el beneficio que pueden tener los niños cuando ven programas de calidad, que les impresionan, les divierten con cosas verdaderamente para niños y que les permiten seguir siendo lo que son: niños. Esto sucede con los buenos programas, que, por desgracia, escasean en la televisión abierta mexicana; entonces, la televisión no es una buena niñera o cuenta-cuentos para que los niños duerman, por lo que tenerla en su recámara no se justifica, pues, aunque pueden poner videos infantiles seleccionados, si al hacerlo sintonizan algunos canales con escenas obscenas, violentas o leguaje prosaico, esto puede hacerles daño. Es como si llevaras a tu niño a una casa donde sabes que se ven escenas reprobables por «sólo un minuto»; seguramente no lo harías. Entonces, ¿cómo dejas que contenidos tóxicos de televisoras irresponsables lleguen a sus ojos? La tele es un aparato más que nos sirve para momentos de esparcimiento e información; nada tiene que ver con el descanso de un niño. Al niño puede gustarle más que leas un pequeño cuento para él, le cantes una canción o escuchen juntos una música suave. Hay otras opciones para que tus niños realmente tengan dulces sueños. La tele… puede quedarse en el cuarto de tele.

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Guía para ver la televisión en familia
La televisión se enciende, pero también se apaga. Lo aconseja la Guía para ver la televisión en familia, editada por la Conferencia Episcopal Española.
La catedrática María Rosa Pinto Lobo, autora del opúsculo, afirma que «los medios de comunicación social están en nuestras vidas y es responsabilidad nuestra que lo que ellos nos ofrecen diariamente se convierta en un riesgo o en una inmensa riqueza». Es partidaria de evitar el zapping (cambio de canal a través del control remoto) ya que «construye un discurso incoherente que constata nuestra falta de criterio».
También aconseja que «los padres eviten que los niños dispongan de su propio aparato de televisión en su habitación», y resalta que «la televisión tiene que encenderse cuando se desea ver algún programa en concreto», y, por tanto, «no debemos tener ésta en funcionamiento continuo».

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La importancia de los medios católicos
Juan Pablo II ha hablado de la importancia que tienen los medios de comunicación católicos.
«Conocemos bien la influencia penetrante que ejercen hoy los medios de comunicación sobre las maneras de pensar y sobre los comportamientos, personales y colectivos, orientando hacia una visión de la vida que, por desgracia, tiende con frecuencia a corroer fundamentales valores éticos, en particular los que afectan a la familia».
Añadió: «Los medios de comunicación se prestan para ser utilizados también con diferentes finalidades y resultados, contribuyendo de una manera notable a la afirmación de modelos positivos de vida y a la misma difusión del Evangelio».
«Deseo profundamente que todos los católicos italianos comprendan y compartan la importancia de este compromiso, contribuyendo a hacer más positivo y sereno el clima cultural en el que todos vivimos», afirmó.

EL OBSERVADOR 465-11

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Los nuevos desafíos al diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural
Documento del Pontificio Consejo para los Emigrantes e Itinerantes
«La Asamblea Plenaria ha reafirmado la convicción de que el diálogo es el camino indispensable para que toda persona busque con fuerza la verdad acerca de Dios, de si mismo y del mundo»: es cuánto afirma el documento final de la XVI Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Emigrantes e Itinerantes, desarrollada del 17 al 19 de mayo, durante la cual los miembros y consultores del Dicasterio han meditado sobre la necesidad y la modalidad del diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural en el contexto de la movilidad humana.

No perder de vista la dimensión ecuménica

En el documento se subraya que el diálogo pastoral y misionero que se quiere promover, posiblemente con dimensión ecuménica, tiene que seguir algunos criterios precisos. En primer lugar, la formación de las conciencias, «en la seguridad de que el amor de Cristo nos estimula a ir hacia los otros, hacia los extranjeros, con caridad y respeto, acogiéndolos sin distinción de credo o nacionalidad, y viendo en el hermano necesitado a Cristo mismo que viene a nosotros».
Otros aspectos a tener en consideración son: la búsqueda de «semillas del Verbo» en las otras comunidades religiosas; un conocimiento más profundo de los conceptos de verdad y diálogo, de identidad y relación con el otro a la luz de la novedad de la revelación cristiana y del magisterio de la Iglesia; la búsqueda de los aspectos positivos, a menudo ligados a la cultura, que las religiones ofrecen; el reconocimiento del diálogo cultural, ecuménico e interreligioso como método necesario para medir la recíproca apertura y la disponibilidad a meterse en juego en el proceso de construcción de la civilización humana por el bien común universal; el reconocimiento de que el diálogo es difícil, por lo que requiere perseverancia y discernimiento; y el respeto de la cultura y la situación personal de los pueblos y los individuos que se encuentran, evitando el proselitismo, pero recordando al mismo tiempo el deber irrenunciable de la evangelización, explícita o implícita.

El deber de las Iglesias locales

A las Iglesias locales, que tienen que asumir la parte de protagonistas en el diálogo con el mundo de la movilidad humana, la Asamblea Plenaria les pide que presten particular atención a los siguientes elementos: rezar para que el mensaje de Jesucristo pueda ser reconocido; desarrollar la capacidad de escucha, actitudes de confianza, de apertura, aceptando e incluso queriendo a los que son «diferentes»; prepararse al diálogo a través de programas educativos; atender una catequesis dirigida no sólo a los hijos de los emigrantes, sino también a sus familias y a las comunidades en las que viven; transformar las parroquias en lugares de formación a la hospitalidad donde, por medio del diálogo, se puedan solucionar cuestiones de identidad y cultura; y ,para el diálogo misionero, recurrir también a los mass-media: la radio y programas locales, no descuidando el internet.
«No se debe olvidar -dice el documento- que generalmente las migraciones son una 'oportunidad' por el ecumenismo, como también una 'oportunidad' para la pastoral de la movilidad humana. Es responsabilidad de las comunidades eclesiales, fieles a Cristo 'emigrante', hacer que tales oportunidades sean acogidas».

(Fuente: Fides)

EL OBSERVADOR 465-12

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FIN

 
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