El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
13 de junio de 2004 - No.466

SUMARIO

bulletPORTADA - Más mujeres se hacen protestantes; más hombres se vuelven ateos, revela un estudio
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Contra la inseguridad: tomar la iniciativa
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - El sufrimiento, camino de purificación
bulletFAMILIA - El miedo, ¿origen de todos los males?
bulletPINCELADAS - Los padres y la vocación
bulletENTREVISTA - Un neonatólogo desvela los riesgos de la procreación artificial para el niño
bulletJÓVENES - Espíritu quijotesco, ¿dónde habitas?
bulletDecálogo del buen gobernante
bulletCULTURA - Seudofeminismo
bulletINTERNACIONAL - El Papa recibe en audiencia al presidente de Estados Unidos de América
bulletCOMUNICACIÓN - Teoría del videoescándalo
bulletTeólogos advierten que internet también puede ser un ámbito del mal
bulletHistoria de un pequeño capitalista y un globalifóbico

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PORTADA
Más mujeres se hacen protestantes; más hombres se vuelven ateos, revela un estudio
El Observador / Zenit
Acaba de empezar a circular en todo el país un estudio sistemático -coordinado por Antonio Maza Pereda, colaborador asiduo del periódico El Observador- en el que se analiza, por vez primera y de forma rigurosa, las tendencias y la jerarquía de valores de los mexicanos. Un trabajo académico que debe ser meditado por el conjunto de la Iglesia católica. ¿Debemos sentirnos satisfechos o preocupados por lo que estamos haciendo? ¿Qué es lo que hay que cambiar? ¿Es ésta nuestra respuesta a Jesús?


El libro ¿Hacia dónde vamos? circula bajo el sello de Editorial Diana y ha sido auspiciado por la Fundación México Unido en sus Valores Culturales. Uno de los objetos de investigación es la jerarquía de los valores religiosos entre la gente de un país con el segundo mayor número de católicos del mundo.

Los católicos crecen poco; los protestantes, mucho

En términos generales -afirma el grupos de investigadores- las tendencias muestran una disminución de los valores ligados a las formas religiosas tradicionales y, en concordancia, una baja en los aspectos de tipo comunitario de la religión.
Sin embargo, y por paradójico que parezca, esta pérdida del sentido de «religión por herencia», no trae consigo la merma del sentido de religiosidad. Al contrario: si bien de forma diversa y en ocasiones confusa, en México va a la alza la necesidad de adherirse a una religión.
Cabe resaltar que de 1960 a 2000, México ha experimentado un crecimiento en el número de adeptos de las religiones protestantes y de los que declaran no tener religión.
Los católicos se situaron por debajo de la tasa de crecimiento poblacional. En términos gruesos, mientras la población católica creció en ese período 121 por ciento; la protestante avanzó 965 por ciento. En la actualidad -según los datos del último censo (en el año 2000)- los católicos bautizados representan 89 por ciento de la población mexicana, mientras los protestan llegan a siete por ciento.

La esperanza y la fe en los últimos lugares de la tabla

Datos cruzados del estudio son de mucho interés, sobre todo si se enfocan desde la pastoral de la Iglesia católica en México, pues comienza a disgregarse la tendencia religiosa.
En el principio del siglo XXl hay más mujeres (seis por ciento) que hombres (5.2 por ciento) que han pasado al protestantismo en las últimas cuatro décadas. Por lo demás, más hombres (3.7 por ciento) que mujeres (2.3 por ciento) se declaran sin religión al transcurrir y finalizar el período de análisis (1960-2000).
La religiosidad en México -añade la investigación- se está moviendo hacia la busca de nuevas formas de expresión. Quizá por los muchos años de insistencia gubernamental de separar la expresión religiosa de la vida pública, y de reducirla, por tanto, a la esfera privada, los mexicanos ponen en primer lugar -por encima de la tradición y de la religiosidad popular-, la herencia familiar, es decir, la conservación en la intimidad del sentido religioso y la práctica comunitaria.
De acuerdo con las categorías aplicadas en el estudio, las tendencias a la alza en lo que se refiere a valores religiosos de los mexicanos son «Herencia familiar»; «Búsqueda de contacto con Dios» y «Carácter celebrativo». Y a la baja «Tradición, religiosidad popular»; «Ceremonias, ritos»; «Símbolos, simbolismo»; «Expresar gratitud» y «Devociones marianas». Mientras que «Esperanza» y «Fe» quedan sin cambio, en el penúltimo y último lugar, respectivamente, de la jerarquía de valores religiosos de los mexicanos.

EL OBSERVADOR 466-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Contra la inseguridad: tomar la iniciativa
Por Jaime Septién

De las muchas formas en las que afecta la inseguridad pública, hay una de la que muy poco se habla: su relación con la democracia. Las cifras de secuestro, robo con violencia y homicidios han poblado, últimamente, las páginas de los periódicos. Como reacción en sentido contrario, decae la participación ciudadana en los asuntos públicos y, por tanto, la democracia se desinfla.

Democracia no es tan sólo votaciones y comicios. En esencia quiere decir que el poder de hacer las cosas recaiga en la sociedad y no en el gobierno. Que la sociedad participe para que las cosas sucedan. Y no esté a la expectativa de que el gobierno en turno «salga bueno» o «salga malo». Esa ruleta rusa la hemos jugado demasiado tiempo y nos ha ido muy mal.

Hasta ahora hemos vivido en una democracia dirigida, cuyo contenido retórico pertenece a los partidos políticos. Debemos convertirnos en ciudadanos de tiempo completo. Y para lograrlo, tenemos que tomar la calle. Lo digo en sentido figurado. Esto es: dar el paso a una sociedad con presencia pública por parte de los gobernados.

Sin embargo, la delincuencia organizada o desorganizada (lo mismo le da al que sufre un secuestro por banda «de profesionales» que otro que es plagiado por «amateurs») tiene un componente de inhibición a la gente de salir a la calle. El imperio del mal es el imperio del miedo. Además de los cines, los teatros y los comercios, es la organización ciudadana misma la que está sufriendo en sus carnes el aluvión de actos criminales que a diario se posesionan de nuestras calles y de nuestras casas.

Entre las muchas maneras que tenemos los mexicanos de construir nuestro espacio democrático está la de oponer resistencia a ese reino del miedo que pretende enseñorearse. Podemos pedir con alta voz a las autoridades, y podrá haber más policías esgrimiendo su tolete, pero nadie -ni el narcotráfico ni los secuestros «exprés»- podrán con una ciudadanía en plena vinculación, en la lucha por hacer valer su peso y su dimensión histórica.

La idea es la siguiente: una democracia fuerte requiere de una sociedad fuerte. La inseguridad mina el principio ciudadano de que la ciudad es de quien la vive (y no de quien la gobierna, la cuida o la ultraja). Pero no es una fatalidad tipo «ya no hay nada que hacer».

Al contrario. Hay todo por hacer. Empezando por la participación de cada uno en iniciativas locales que tiendan a la unión, al esfuerzo compartido, a la protección común y a la defensa de la dignidad de las personas. Decirle al miedo «¡no pasarás!» y no tanto porque tengamos fusiles AK-47 para detenerlo, sino porque hemos sabido cavar el cimiento más firme del bien común: la unión a través de la organización. Tomar la calle para civilizar al mundo. Echar, pues, los cimientos de una civilización del amor, que nos protegerá a todos de los golpes del miedo.

EL OBSERVADOR 466-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
El sufrimiento, camino de purificación

Juan Pablo II, en audiencia general, comentó el salmo 40:

«Jesús lo citó: No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que comía mi pan ha alzado contra mí su talón (Juan 13, 18). Es la última noche de su vida terrena y Jesús, en el Cenáculo, está a punto de ofrecer el bocado del huésped a Judas, el traidor. Su pensamiento se dirige a esta frase del salmo, que en realidad es la súplica de un hombre enfermo abandonado por sus amigos. En aquella antigua oración, Cristo encuentra sentimientos y palabras para expresar su profunda tristeza.

«El salmo 40 comienza con una bienaventuranza al auténtico amigo, 'el que cuida del pobre y desvalido': será recompensado por el Señor en el día del sufrimiento, cuando sea él quien se encuentre 'en el lecho del dolor'.

«Sin embargo, el corazón de la súplica se encuentra donde toma la palabra el enfermo. Comienza su discurso pidiendo perdón a Dios, según la tradicional concepción del Antiguo Testamento que a todo dolor hacía corresponder una culpa.Para el antiguo judío la enfermedad era una llamada a la conciencia para emprender una conversión.

«Si bien se trata de una visión superada por Cristo (cfr. Juan 9, 1-3), el sufrimiento puede esconder un valor secreto y convertirse en un camino de purificación, de liberación interior, de enriquecimiento del alma. Invita a vencer la superficialidad, la vanidad, el egoísmo y el pecado, y a ponerse más intensamente en manos de Dios y de su voluntad salvadora.

«En ese momento entran en la escena los malvados, quienes no han venido a visitar al enfermo para consolarle, sino para atacarle. La amargura es profunda cuando quien nos golpea es el 'amigo' en quien se confiaba. La oración no se concluye, sin embargo, con este sombrío final. El orante está convencido de que Dios se asomará a su horizonte, revelando una vez más su amor.

«El salmo, marcado por el dolor, concluye, por tanto, con un rayo de luz y de esperanza».

EL OBSERVADOR 466-3

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FAMILIA
El miedo, ¿origen de todos los males?
Por Yusi Cervantes Leyzaola

Muy estimada Yusi:

Aunque no tengo el gusto de conocerla personalmente, me puede creer que estimo cordialmente a cualquier persona que emplea sus enormes capacidades en servir al prójimo necesitado, y más todavía si ese servicio lo hace bajo el cobijo de la Iglesia de Cristo. Por eso la llamo «estimada».

Como decía Sancho: «Disculpe su señoría, deseo entender». El respeto que le tengo me obliga a comentarle una duda (si fuera cualquier persona la dejaría muy contenta con su idea y yo me quedaría muy contento con la mía): no me queda claro el concepto del miedo como el origen de todos los males.

Estoy de acuerdo en que el miedo es un error y una ofensa a Dios. Los salmos ensalzan la confianza en Dios; Jesús nos dice que no nos preocupemos por el futuro; Juan Pablo II comienza su pontificado con esas famosas palabras: «No tengan miedo». El no tener miedo es ciertamente una condición muy deseable que denota un alto nivel de unión con Dios: «El amor perfecto aleja al temor». Aun así, considero que hay miedos muy comprensibles. No todos los miedos son inducidos por el consumismo y la publicidad. Todos los que tienen un coche prefieren dejarlo bajo llave por miedo a que se los roben, y antes de abrir la puerta de nuestra casa preguntamos quién toca. A todos nos da miedo sufrir un asalto o una quiebra o un despido y una etapa larga de desempleo. Cualquier mujer de carne y hueso tiene miedo de sufrir una violación. Una vecina mía tiene una hija que padece de epilepsia y de asma; las dos condiciones se potencian la una a la otra; mi vecina tiene miedo de que un día la niña se ahogue en un ataque de asma o se lesione gravemente en un ataque de epilepsia. Yo tengo miedo de que, debido a la situación mundial y a nuestra propia naturaleza, nuestro país termine como está Argentina o la India o Haití... Si fuéramos san Francisco, o santa Teresa o el padre Pío, nada de esto nos daría miedo y hasta lo veríamos con ilusión como una oportunidad de sufrir por Dios; pero no somos san Francisco. Si bien sería deseable que alcanzáramos ese estado, no creo que sea imprescindible. Jesús no dijo: «Vengan, benditos de mi Padre, porque no tuvieron miedo». Él habla de servir y amar al prójimo, con miedo o sin él. Y lo que definitivamente me parece muy duro es decirnos a todos estos miedosos que nosotros tenemos la culpa de todos los males. San Pablo reconoce que se presentó ante los corintios tímido y tembloroso. Y no digamos Cristo en el huerto de los olivos.

Si a mí me preguntaran, yo diría que el miedo no es la causa, sino una de las manifestaciones del mal, y que el origen de todos los males es el egoísmo y sus variantes: el odio, la envidia, la ambición, la lujuria, la soberbia. El pecado que realmente dio origen a todos los males fue la rebelión de Satanás contra Dios, y la Escritura no menciona si hubo miedo o no; lo que sabemos es que hubo soberbia y envidia. Hitler estaba lleno de confianza y de valor cuando se le ocurrió declararle la guerra a la humanidad. Lo que lo movió fue la soberbia y el odio.

Si le soy muy sincero, tenía yo en mi agenda escribir unas líneas sobre el origen de esta teoría (la del miedo como origen de todo mal). La primera vez que la escuché fue en la escena de Jesús entre los doctores en una versión gringa de la vida de Jesús; y pensé que era exactamente eso: una moral a la gringa. Se trata de relegar la ambición y el egoísmo a un segundo plano y exaltar el valor como la máxima de las virtudes. Vistas así las cosas, el abusivo se justifica por ser valiente y la víctima del abuso es culpable por ser cobarde, por no ser capaz de enfrentar a sus agresores. Ya es obligatoria en las series y películas gringas en las que aparecen niños la escena en la que una pandilla de niños malos agrede a un niño más pequeño que ellos, lo golpean, le roban sus pertenencias, lo humillan, y esto ocurre día tras día sin que nadie se atreva a intervenir. Y es que en la ética de la valentía el agredir a otro es un instinto normal; en cambio, el no ser valiente para devolver violencia por violencia es un pecado mortal. Como decía, el culpable es el agredido.

En una sociedad completamente competitiva y agresiva como es la gringa, la ética del amor crearía un conflicto permanente. La ética de la valentía, en cambio, justifica plenamente sus relaciones, sus deportes, sus negocios, sus invasiones... «Lo único que debemos temer es al miedo», el egoísmo y la violencia son pecaditos insignificantes.
Como podrá imaginarse, ahora no me siento animado a escribir este artículo. Me da miedo cometer un error. Estoy seguro de que hay algo que no he entendido bien, o que faltaría afinar algunos conceptos. Le agradecería enormemente que me explicara.

Con toda mi admiración,

Walter Turnbull:
Antes que nada, le debo una disculpa por no haber atendido antes su amable carta, la que agradezco en todo lo que vale. Su carta se refiere al artículo publicado en marzo con el título de «Sociedad y miedo». Y aquí caben algunas aclaraciones. La primera es que el artículo, en realidad, no es mío, y por una grave omisión de mi parte no hice la debida aclaración a su debido tiempo. El artículo es de mi marido, Carlos Jiménez Esquivel. El Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Querétaro, me invitó a participar en febrero de este año en una mesa redonda sobre el miedo con el tema «Miedos y apegos». Mi marido, en un afán de ayudar, escribió un texto que más tarde mandé a El Observador. Hice algunas correcciones, puse la firma de mi esposo, pero a la hora de adjuntar el documento me equivoqué y envié el original. En la redacción del periódico, como es lógico, me lo firmaron a mí. El artículo de mi esposo me pareció interesante, aunque no concuerdo plenamente con él en algunos puntos. Sin embargo, coincido con él en la idea que a usted le ocupa. De hecho, la idea es del sacerdote jesuita hindú, Anthony de Mello -quien probablemente la aprendió en otro lado- y así se cita en el artículo al que nos referimos. Entiendo también el punto de vista que usted plantea, y aquí es donde caben las demás aclaraciones. Prometo dar respuesta a su carta de forma adecuada. Necesito reflexionar, atar los cabos en mi mente y procurar expresar mis ideas de manera clara. Eso me llevará un poco más de tiempo. La respuesta que tendrá será exclusivamente mi punto de vista; no puedo asegurarle estar en lo correcto, pero sí darle mi honesta opinión, misma que se ha ido formando más desde la psicología, que es mi profesión, que desde la teología o la filosofía, campos en los que no soy especialista. Puedo adelantarle, por lo pronto, que en mi experiencia clínica he encontrado que las personas que hacen daño a los demás, en la forma que sea, tienen miedos muy profundos, con frecuencia inconscientes y casi siempre encubiertos. También, como un anticipo a mi respuesta, voy a enviar el texto con el que participé en la mesa redonda citada, pero por razones de espacio será hasta la próxima semana. Me pareció más importante incluir completa su interesante carta para compartirla con nuestros lectores y enriquecer este diálogo sobre el miedo. Muchas gracias.

EL OBSERVADOR 466-4

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PINCELADAS
Los padres y la vocación
Por Justo López Melús *

Mi madre tiene vocación, se titulaba un folleto de PPC. Eso no vale. La vocación han de tenerla los hijos, las hijas. Pero los padres tienen un papel importante. No solamente no han de ponerle trabas, sino que la han de favorecer. La familia es el primer seminario. Deberían favorecerla hasta por egoísmo: nadie quiere tanto a sus padres como un sacerdote, religioso o religiosa. Me decía un amigo: «prefiero entregar mi hija a Cristo antes que a un teniente de caballería».

Corría el año 1779. Un joven se presentó en el convento de capuchinos de París para ser admitido como novicio. Al despedirse de sus padres éstos se opusieron. Llegó a ser abogado y tomó parte en la revolución francesa. Fue el más cruel verdugo de sus conciudadanos. Envió a muchos a la guillotina. Él mismo terminó guillotinado. Se llamaba Robespierre.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 466-5

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ENTREVISTA
Un neonatólogo desvela los riesgos de la procreación artificial para el niño
La fecundación in vitro, una práctica que conlleva elevados riesgos para la salud del niño, está demostrando la actual trivializacion de la concepción, alerta el neonatólogo Carlo Bellieni, profesor de Terapia Neonatal en la Universidad de Siena.

¿Es tan fácil concebir un hijo en una probeta?

Las reflexiones sobre la fecundación in vitro (FIV) se sitúan en dos polos: la salvaguardia del embrión concebido por un lado y la apremiante petición de algunas parejas de tener un hijo por otro.
Dejando aparte por el momento que un hijo se puede tener también adoptándolo, es extraño que no se reflexione sobre el destino de los niños concebidos así, como si una vez superado el prejuicio de los embriones sobrantes, un hijo concebido en probeta fuera equiparable a uno concebido normalmente. Obviamente no me refiero a diferencias afectivas: un hijo es siempre un hijo, independientemente del modo en que ha sido concebido. ¿Pero queremos considerar si los riesgos de la FIV son tales como para imponer al menos un poco de cautela?

¿Cuáles son los riesgos para los niños concebidos in vitro?

Tres estudios sobre amplias poblaciones de niños concebidos in vitro fueron publicados en el 2002 en prestigiosas revistas científicas internacionales, y las conclusiones no son en absoluto reconfortantes.
La conclusiones verifican que: «Los niños que tienen bajo peso en el nacimiento tienen riesgo de incapacidad y muerte. El empleo de la FIV conlleva una aumento de niños con bajo peso en el nacimiento en EU porque está asociado a una elevada tasa de gemelaridad. Hasta 1997 la FIV era causa del 40% de los partos triformes. Igualmente estudios demuestran que hay más niños con bajo peso en el nacimiento por vía de la FIV que en los embarazos normales»(Schieve LA et al: Low and very low birth weight in infants conceived with use of assisted reproductive technology. The New England Journal of Medicine, 2002).
«Nuestro estudio sugiere que los niños nacidos por FIV tienen un riesgo aumentado de desarrollar problemas cerebrales, en particular parálisis cerebral» (Stromberg B et al: Neurological sequelae in children born after in-vitro fertilisation: a population-based study. The Lancet 2002;359:461-5).
«Los niños concebidos con el uso de «Intracytoplasmic sperm injection» (ICSI) o de FIV tienen el doble de riesgo de presentar un defecto mayor en el nacimiento respecto de la población general» (Hansen M et al: The risk of major birth defects after intracytoplasmic sperm injection and in vitro fertilisation. The New England Journal of Medicine, 2002;346(10):725-30) .
El riesgo de tener un hijo con discapacidad es aproximadamente del 11% tras la FIV, respecto al 5% después de la concepción normal (NN: Neurological sequelae and major birth defects in children born after in-vitro fertilization or intracytoplasmic sperm injection. European Journal of Pediatrics, 2003;162:64).
La gran multiparidad es uno de los riesgos de la FIV y puede provocar nacimiento prematuro (Greisen G: Multifoetal pregnancy and prematurity: the costs of assisted reproduction. Acta Paediatrica, 2002; 91:1449-50). Ahora, estas observaciones parecen obvias para el neonatólogo: la plurigemelaridad y la prematuridad, si bien son trivializadas por la prensa, representan un gran riesgo para la salud del niño (y de la madre).
Pero el hecho nuevo es éste: incluso en el caso de concepción de un hijo único, la tasa de riesgo para su salud, si nace de una fecundación in vitro, es mayor que para la población normal. Un reciente análisis de 25 estudios científicos publicado en el British Medical Journal así concluye: «Los embarazos individuales generados por FIV tienen un resultado perinatal significativamente peor respecto a los normales», si bien añade que «en los embarazos gemelares, la mortalidad perinatal es aproximadamente un 40% más baja después de la FIV en comparación con la concepción natural».

¿Hay también riesgos desde el punto de vista genético?

Ciertamente: «La inyección intracitoplasmática de espermatozoides puede aumentar el riesgo del déficit del «imprinting»» (Cox GF et al: Intracytoplasmic sperm injection may increase the risk of imprinting defects. Am. J. Hum. Genet. 2002;71:162-4). Feindenberg y DeBaun, de la John Hopkins University, se quedaron impresionados por el hecho de que el 4.6% de sus pacientes con síndrome de Wideman-Beckwitt habían sido concebidos por FIV (la enfermedad está presente en un nacido de cada 15 mil).
Más recientemente, cinco niños holandeses concebidos por FIV han presentado retinoblastoma, un cáncer infantil de la retina que aparece en un nacido de cada 17 mil. Algunos investigadores temen que aumentar la duración de la incubación pueda comprometer el desarrollo, como han observado los estudios en ratones.

¿Y desde el punto de vista psicológico?

Un reciente libro publicado por un famoso psiquiatra francés Benoît Bayle con el título L'embryon sur le divan. Psychopathologie de la conception humaine -«El embrión en el diván. Psicopatología de la reproducción humana»- (París, 2003), hace reflexionar en los riesgos a largo plazo sobre la serenidad de los niños nacidos de fecundación in vitro: habla de «síndrome del superviviente» para numerosos niños nacidos por FIV. Esta patología, verificada en primer lugar en los supervivientes de los campos de concentración, se manifiesta con sentimiento de culpa («otros han muerto para dejarme vivir») o sentido de omnipotencia («lo he conseguido porque soy indestructible»).
Sus padres le han deseado hasta el punto de sacrificar otros niños para su venida. Si él ha quedado con vida, si es elegido, ¿no es señal de que vale más que los demás, esto es, que aquellos que no han sobrevivido? El niño sometido al deseo de otros es un niño omnipotente a quien tal vez es difícil poner límites. Sus padres, antes o después de él, han suprimido uno o más «niños», a fin de cuentas por deseo de él, para que él pudiera vivir. ¿Cuánto vale entonces él, por quien tal sacrificio se ha consumado?

Frente a un panorama tan complejo, ¿qué conclusiones podemos sacar?

Que se está procediendo hacia una preocupante trivializacion de la concepción: los métodos actualmente en uso para la FIV no están exentos de riesgos para el nasciturus. La prematuridad y la gemeralidad inducidas por la FIV son un riesgo. Un riesgo es también la FIV misma. Incluso el ministro de Salud François Mattei ha hablado contra este «encarnizamiento procreador».

EL OBSERVADOR 466-6

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JÓVENES
Espíritu quijotesco, ¿dónde habitas?
Por Marcela Palos

El hombre no nació árbol, para quedarse en un lugar y ver que todo pasara, nació ser humano para viajar, para amar, para formar y cambiar, si así desea, su realidad.

Me pregunto qué se ha estado haciendo mal, ya que una parte vital e inherente al joven se ha ido adormeciendo; quiero pensar que no ha sido nulificada, pero en ocasiones resulta difícil no pensar en tal idea. Sinceramente no sé qué ha pasado, pero no existe un interés por parte de la juventud de cambiar algo, ya no digo por su patria o su ciudad, por sí mismos, por cambiar su propia mentalidad.

Creo que a veces los jóvenes hemos heredado la terquedad del adulto, la desidia del niño y la pasividad del anciano, y nos hemos quedado estacionarios, sin dirigir el mundo en el cual vamos a bordo. Hemos pregonado tanto la libertad, la libertad de hacer lo que nos plazca, la libertad de crear y destruir, pero todo cae en un libertinaje y en un aterrador miedo hacia ella misma, porque libertad significa asumir la responsabilidad que trae consigo decidir lo que creo que es mejor para todos y para mí, y no hemos podido hacerlo, nos gusta más escondernos bajo la tela de la obligación o de lo que supuestamente nos obligan, para poder culpar a alguien de nuestros fracasos, y no ser nosotros los responsables de ellos, de nuestras decisiones y libre albedrío.

No sé a dónde se fue el espíritu quijotesco de las grandes revoluciones y evoluciones que ha vivido el planeta con sus 5 continentes y lo triste es que ni siquiera nos dimos cuenta, cuando ya de repente no estaba. ¿Qué ha pasado con nosotros, el eterno futuro y presente de México? ¿En qué sueños de vicios, desidias y flojera nos hemos ido a dormir, sin despertar ni hacer algo por este México que tantas manos necesita para construirse a si mismo? ¿Por qué esperamos a que el gobierno haga todo por nosotros, y por qué demonios nos quejamos de él, si nosotros somos quienes preferimos que así sea?

Jóvenes, ¡despierten! Debemos despertar para poder asumir nuestra propia existencia y adueñarnos de ella.

(yoinfluyo.com)

EL OBSERVADOR 466-7

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Decálogo del buen gobernante
Por Ernesto Partida Pedroza / yoinfluyo.com

1.-Recopila toda la sabiduría que puedas acerca de cómo han gobernado los grandes hombres del pasado y que puedas usar el día de hoy para gobernar tu país.

2.-Establece la mejor comunicación con el pueblo, escucha todo lo que puedas escuchar y al mismo tiempo da a conocer todo lo que debes comunicar; así crearás la unidad nacional.

3.-Convierte en política de estado el proverbio chino que dice: «Si le das un pescado a un hombre, comerá un día; si le enseñas a pescar, comerá toda la vida».

4.-Diseña una educación que sea capaz de hacer descubrir las capacidades en cada individuo y que se convierta en un generador de conocimientos y en un solucionador de problemas.

5.-Un buen gobernante no es aquel que proporciona comida, techo y trabajo por sí solo, más bien es aquel que sabe generar las condiciones para que cada individuo los pueda crear.

6.-Sé todo lo tolerante posible, permite que fluyan las ideas, solo con el derroche de estas se genera el progreso de los pueblos.

7.-Nunca pretendas imponer leyes contrarias a los usos y costumbres de los pueblos; en lugar de eso, introdúcete y busca la forma de mejorar esos usos y costumbres.

8.-Diseña un plan para generar la participación social a través de las principales instituciones de la sociedad, estas son: la familia, la educación a todos los niveles, los medios de comunicación y el propio gobierno.

9.-En el terreno educativo, pon toda la atención en las obligaciones; si todos cumpliéramos con ellas, nuestros derechos vendrían solos y esto nos llevaría a desaparecer muchas instituciones que perderían su razón de ser y desde luego nos ahorraríamos mucho dinero.

10.-La autoridad no se gana con el puesto mismo, se gana con el servicio que damos a los ciudadanos. Esfuérzate en servir al máximo numero de personas desde tu puesto, sólo así ganaras el derecho a la eternidad.

EL OBSERVADOR 466-8

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CULTURA
Seudofeminismo
Por Carlos Díaz

La exageración de lo femenino a costa de lo masculino puede terminar con preguntas tan tontitas aunque habituales como ésta: «¿Se nace mujer, o se llega a serlo?»; o con afirmaciones como esta de Rilke: «la mujer está más cerca de lo humano que el hombre», siempre de corte egocéntrico y que no son sino narcisismo para quedar bien en una época en que eso vende; o como esta otra de Maraine: «Las mujeres, cuando mueren, lo hacen para siempre, sometidas al doble fin de la carne y del olvido», asertos que parecen algo así como la versión progre y triunfante del ayer dominante: «la española cuando besa es que besa de verdad». No extrañará que, así las cosas, muchos de los más enregés oportunistas-profeministas de hoy estuvieran ayer mismo entre los más furibundos machistas.

Tan estúpido es hablar de la mujer en términos asexuados, incorpóreos, ñoñoides, situándola en una nimbación etérea y distante, poblada de mayúsculas, de superlativos y de cabezas de angelitos incorpóreos, como necesitarla guarra, sucia, indecente, promíscua, infiel y amoral para aceptarla como lo genuinamente feminil, lo cual no es feminismo, sino machorrismo. De la mujer no se debe hablar en tono lírico-bailable ni en tono épico, ni en tono melodramático y descalificador, ni entre admiraciones hiperbólicas ni entre execraciones, pues todo ese género pertenece al estereotipo que confina en el ámbito de lo fácilmente caricaturizable y manipulable, porque esas admiraciones vacías encierran la trampa de convertir las diferencias en desigualdades y alejan del único modo de relación que es verdaderamente humano: el del respeto mutuo, la colaboración, el diálogo, el don y la acogida, y del auténticamente cristiano que no es un modelo de escalafón, sino un proyecto fraterno de hermanos y hermanas, compañeros igualitarios en un recorrido de fe en el que nos ayudamos unos y otras a caminar.

Esta llamada a la liberación de mitos incluirá también la liberación de otro mito peligroso, el del feminismo mesiánico, algunas de cuyas expresiones son: «va a estallar la hora de la mujer» (nada lo garantiza con absoluta seguridad), «la Iglesia gobernada por mujeres dejaría de ser autoritaria» (pero podemos tener anticuerpos ocultos de autoritarismo), «hemos estado siempre oprimidas» (pero hemos favorecido muchas veces la prepotencia masculina con nuestro servilismo y sumisión cotidianos...). Si no reconocemos esto, corremos el riesgo de caer en aquellas mismas pseudo-seguridades y suficiencias que pretendemos evitar.

EL OBSERVADOR 466-9

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INTERNACIONAL
El Papa recibe en audiencia al presidente de Estados Unidos de América:
«Que Dios conceda fuerza y éxito a todos los que no dejan de esperar y trabajar por la comprensión entre los pueblos»

Juan Pablo II ha recibido en audiencia al presidente de Estados Unidos de América, George W. Bush, con su esposa y su séquito. Después de haber dirigido una calurosa bienvenida al presidente Bush, y haber mandado un cariñoso saludo a todo el pueblo estadounidense al que representaba, el vicario de Cristo ha recordado el motivo de la visita: «conmemorar el 60° aniversario de la liberación de Roma y honrar la memoria de los muchos soldados estadouidenses que inmolaron la vida por su país y por la libertad de los pueblos europeos».

Juan Pablo II añadió después: «Me uno al recuerdo del sacrificio de aquellos valerosos caídos pidiendo al Señor que los errores del pasado, que han dado origen a tragedias espantosas, no se repitan jamás».

El Papa, además, ha recordado «con gran emoción» a los muchos soldados polacos que murieron por la libertad de Europa.

La audiencia se ha desarrollado a 25 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y la Santa Sede, bajo la presidencia de Ronald Reagan, a quien el Papa ha recordado cariñosamente.

El obispo de Roma ha recordado después que la visita del presidente de los Estados Unidos ocurre «en un momento de gran preocupación por la continua situación de grave agitación en Medio Oriente, Iraq y Tierra Santa». La posición inequívoca de la Santa Sede a este respeto, expresada a través de numerosos documentos, contactos directos e indirectos, muchos esfuerzos diplomáticos, es bien conocida por el presidente Bush, desde el primer encuentro ocurrido en el 2001 en Castelgandolfo y después en el Vaticano en el 2002, ha recordado el Papa. «Es un deseo evidente de todos que esta situación se normalice lo más rápidamente posible, con la activa participación de la comunidad internacional y, en particular, de la Organización de las Naciones Unidas, para asegurar una vuelta rápida de la soberanía en Iraq, en condiciones de seguridad para toda su población. El reciente nombramiento de un jefe de Estado en Iraq y la formación de un gobierno iraquí ad ínterin, constituye un paso alentador para el logro de este objetivo».

El Papa ha deseado después que una esperanza de paz parecida pueda también brotar pronto en Tierra Santa y llevar a nuevas negociaciones, «dictadas por un sincero y determinado compromiso por el diálogo, entre el gobierno de Israel y las autoridades palestinenses».

«La amenaza del terrorismo internacional continua siendo una fuente de continua preocupación», ha subrayado el Papa, recordando los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y los que se han producido en las últimas semanas.

«Que Dios dé fuerza y éxito a aquellos que no dejan de esperar y trabajar por la comprensión entre pueblos, en el respeto de la seguridad y de los derechos de todas las naciones y de todo hombre y mujer», dijo.

Por último el pontífice ha agradecido al gobierno de Estados Unidos y a las numerosas agencias humanitarias de aquel país, especialmente las de inspiración católica, por el compromiso en aliviar las intolerables condiciones en las que se encuentran muchos países africanos, afectados por conflictos fratricidas, enfermedades endémicas y una pobreza degradante.

Con ocasión de la entrega de la «Presidential Medal of Freedom», durante el curso del intercambio de regalos, Juan Pablo II ha agradecido al presidente Bush, deseando que «el deseo de libertad, de paz y de un mundo más humano, simbolizado en esta medalla, pueda siempre inspirar a los hombres y mujeres de buena voluntad en todo tiempo y lugar».

(Fuente: Fides)

EL OBSERVADOR 466-10

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COMUNICACIÓN
Teoría del videoescándalo
Por Santiago Norte

¿Cuál es el motivo de que los escándalos de corrupción de Ponce, Bejarano y Jorge Emilio González sean más importantes -desde el punto de vista del mexicano de a pie- que el desvío de fondos por mil millones de pesos desde el sindicato de PEMEX a la campaña del PRI; o los 399 millones de pesos de financiamiento ilegal de los «Amigos de Fox»; o el desfalco del PRD en tiempos de la ahora ex perredista Rosario Robles?

Muchos nos hemos hecho -seguramente- estas preguntas. Comparando montos y boquetes, las bolsas del saco de Bejarano, o las de la Comercial que llevaba Ímaz; la capacidad de juego de Ponce en Las Vegas o el «cuatro» en el que iba a caer el líder del PVEM, son pecados menores con respecto a lo que estamos viendo ahora, se jugó -con dinero de la gente- en los comicios del 2000, los que, supuestamente, nos catapultaron a la «normalidad democrática» pero que, en realidad, nos dejaron sumidos en una miseria más profunda, porque nos están acabando de robar la ilusión del cambio…

Porque los hechos de corrupción de Bejarano, Ponce, González Martínez y demás fueron grabados por una cámara y difundidos por la televisión, mientras que el Pemexagete, los «Amigos de Fox» o los movimientos de Robles se hicieron en lo «oscurito», carecen de registro visual y, por tanto, de importancia mediática. En una era, como la nuestra, donde existe el primado de la imagen como sinónimo de verdad informativa, lo que no se ve en la pequeña pantalla tiende a no existir, a existir a medias o a ser parte de maquinaciones políticas contra el enemigo.

El que enseña vende, podría ser la consigna del mercado televisivo. Con los videoescándalos, México ha entrado en la etapa de la «modernidad informativa». Esto es: en el imperio de la imagen sobre la palabra en la información. Pero hay un grave peligro: convertir en información solamente lo que se ve (en segundo grado lo que se escucha), va a llevar a un amplio sector de la política a realizar sus enjuagues con distancia de las cámaras y, al momento que exista alguna prueba documental de sus hechos, insistirá en que la única prueba es la imagen. Si no hay imagen no hay corrupción.

¿Y si hay truco, edición, montaje, palimpsesto, pastiche, colage o triquiñuela con las imágenes que impugnan a alguien? Como modernos Pilatos dirán los barones del telediario: «lo visto, visto está».

EL OBSERVADOR 466-11

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Teólogos advierten que Internet también puede ser un ámbito del mal
* Las nuevas formas de cometer pecado

El uso indebido de Internet no trae nuevos pecados, pero sí nuevas formas de pecar. Ésta fue una de las conclusiones a las que llegaron los 40 teólogos reunidos por iniciativa de la Conferencia Episcopal Italiana para analizar la pérdida del sentido del pecado que afecta al hombre de hoy.

Los expertos se reunieron para tratar el tema «Redescubrir la cara de Cristo en el sacramento de la Penitencia». Analizaron la crisis del sentido del pecado y advirtieron que el uso indiscriminado de Internet no está libre de ocasiones pecaminosas. Y es que, frente a las nuevas realidades que enfrentan los cristianos, para muchos la noción del pecado ha caído en desuso o casi ha desaparecido.

Ante esta realidad, los expertos aclaran que no han aparecido nuevos pecados pero sí «nuevos modos de pecar», y enumeraron ocasiones pecaminosas que pueden ser contempladas en las confesiones de los fieles, como el uso de programas sin licencia (piratería informática), la creación y difusión de virus informáticos, los correos electrónicos anónimos o con datos falsos, y la obtención de música y películas ilegales.

Entre estos modos figuran el spam o e-mail basura, los hackers (que violan la privacidad y la seguridad de los sistemas informáticos) y la creación de sitios pornográficos.
(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 466-12

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Historia de un pequeño capitalista y un globalifóbico
Por P. Fernando Pascual

Ésta es la historia de dos hombres que se encontraron sin quererlo. Uno acabó sus estudios, buscó trabajo, consiguió un poco de ahorros. Se casó, alquiló un apartamento. Logró un nuevo empleo; pero, después de ser despedido, con los ahorros pensó en abrir una pequeña tienda. Al final le dieron la posibilidad de gestionar un MacDonalds. En su pequeño negocio de fast food trabajaban unas 15 personas; para algunos era su primer empleo. Las cosas iban sobre ruedas, hasta que...

El otro hombre también acabó sus estudios. Trabajó un poco de tiempo, pero fue despedido. Uno y otro mes, uno y otro año, sufría con angustia su situación de desempleado. Lo mantenían sus padres. Empezó a comprender que era verdad lo que le había dicho algún profesor: los ricos son siempre más ricos, las multinacionales nos están destruyendo. Leía los periódicos y se angustiaba ante la «globalización». Comenzó a frecuentar grupos de amigos que estaban descontentos con todo. En su ciudad se produjeron manifestaciones. Algunos empezaron a tirar piedras contra varios negocios, y nuestro joven, en un arrebato de ira, siguió su ejemplo. Se puso frente a la tienda del MacDonalds de nuestro primer hombre, rompió los escaparates, tiró un pedazo de madera ardiendo y comenzó el incendio. En pocos minutos todo el edificio era una hoguera, hasta que llegaron los bomberos y apagaron el incendio entre los insultos de los manifestantes antiglobalización.

Estos dos hombres no se conocían. Se encontraron así, un día, en dos lados distintos de la historia, «por casualidad». Pero hay dos narraciones distintas sobre lo que ha ocurrido.

En la primera, ese hombre que gana poco a poco su dinero, que llega a ser un «pequeño empresario», no es sino un engranaje de un sistema corrupto, un burgués acomodado que vive de los demás, que roba a sus empleados para poder vivir mejor, que colabora con las grandes multinacionales para que sigan sometiendo a los países subdesarrollados y a los pobres de los países ricos. El manifestante atrevido, revolucionario, en cambio, será presentado como un promotor de historia, un innovador capaz de romper con las injusticias y construir un mundo mejor.

En la segunda historia, en cambio, el pequeño empresario es visto como la mayoría de los hombres del planeta: constructor de bienestar, de progreso, de trabajo. Con hombres como él la sociedad ha podido seguir adelante, a pesar de las revueltas, de las guerras. Sin él ni tú ni yo podríamos haber soñado un futuro de estudios, construir una familia, empezar un trabajo productivo. El segundo hombre, en cambio, es un ser que, frustrado, no llega a castigar a los verdaderos culpables de su situación, sino que, perdido en la masa de los rebeldes, se lanza a destruir bienes que sirven para otros. Para esta historia los revolucionarios son los hombres que han desmontado más economías, han provocado más viudas, han dañado más el desarrollo social, han retrasado la historia llevándola a situaciones de primitivismo.

Lo cierto es que mientras haya injusticia existirá la tentación de tirar piedras contra negociantes que tal vez ni siquiera conocemos.

No podemos vivir tranquilos cuando a nuestro lado hay pobres desesperados y ricos egoístas. Pero tampoco podemos coger una piedra y destrozar el trabajo de quien quiere, como nosotros, un poco más de justicia y de paz en la Tierra.

EL OBSERVADOR 466-13

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FIN

 
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