El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
27 de junio de 2004 No.468

SUMARIO

bulletEDITORIAL - Nueve años de periodismo católico
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El verano del absoluto
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - En las catástrofes Dios no nos abandona
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Adolescente reservado y madre desorientada
bulletPINCELADAS - El ateo y la rama
bulletREPORTAJE - El diablo trabaja a diario entre nosotros
bulletFeminismo: ¿cuál es el precio por la justicia?
bulletCULTURA - Felicidad con carácter
bulletPANTALLA CHICA - Enseñar a matar no es un juego
bulletUn espacio en Internet para católicos
bullet¿Derecho de homosexuales?
bulletConcurso de espiritualidad para escritores católicos
bulletCOLUMNA ABIERTA - Anacronismo

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EDITORIAL
Nueve años de periodismo católico

Amigas y amigos de El Observador: Es un orgullo para todos los que hacemos el periódico poder contar una historia de nueve años dando la batalla juntos por el Evangelio.

Desde el 18 del mes de julio de 1995, cuando México se debatía en una crisis financiera de la cual todavía no nos reponemos, hasta hoy, en que nos debatimos en una crisis moral de largo alcance, El Observador ha circulado sin interrumpir una sola semana por los hogares de miles de lectores de México.

Hemos crecido como corresponde a las obras de Dios: paso a paso. Nos hemos ido ganando la confianza del lector católico y de muchos hombres y mujeres de buena voluntad, que no se conforman con la información escandalosa que diariamente les sirven a su mesa los medios comerciales de comunicación.

Catolicismo quiere decir apertura y crítica. Abrir los ojos a la historia presente; ser testigos de ella y, al mismo tiempo ser actores del cambio hacia el bien común. Reconocemos, como periodistas, que en México fallan muchas cosas, pero, como católicos, creemos a pie juntillas que nuestro destino no puede ser otro sino el de la reconciliación nacional.

La teología del acontecimiento de María de Guadalupe, el mensaje que dejó a san Juan Diego, sigue presente: somos un país católico, que reconoce a Cristo como Rey y a la morenita como patrona. Un país así tiene salvación.

Cierto: hay muchos retos que se nos presentan como Iglesia. Pero ninguno más grande que lograr la unidad. «Que todos sean uno» de Cristo quiere decir que todos trabajen por lograr la civilización del amor. Ésa es la gran novedad del cristianismo. Cristiano es el que da la mano, el que no da la mano no es cristiano, decía, palabras más, palabras menos, san Juan Bosco.

Nosotros, desde el periodismo, hemos ido trazando un círculo de solidaridad apegada a la Iglesia; humildad para obedecer al magisterio y coraje, valor, para ir contra corriente del modelo de vida ligero, sin compromiso, que hoy se estila.

Se aproximan cambios en nuestra publicación. Todos ellos tienen un origen y una finalidad: servir mejor a nuestros lectores. Sin ellos, sin ustedes, seríamos siervos todavía más imperfectos del Señor. Por eso les damos las gracias.

Gracias a Dios nuestro Señor, gracias a los sacerdotes, a los fieles católicos, a las mamás que lo llevan a casa, a los papás, a los jóvenes y a los niños. A todos, porque todos los lectores nos construyen y nos enseñan a seguir siendo católicos, periodistas y miembros de la Iglesia. Vamos caminando juntos. Sigamos en el camino de la esperanza. Y mil gracias por su lectura.

EL OBSERVADOR 468-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El verano del absoluto
Por Jaime Septién
Para la niña Gaby Grissi y para el P. Francisco Herrera, en su memoria

«¿Dónde está el verano, el increíble verano del absoluto?», preguntaba el poeta T. S. Eliot, escritor converso, quizá el más grande poeta del siglo pasado. Dos grandes almas partieron a la Casa del Padre a la orilla del verano: una pequeña de 15 años y un sacerdote maduro: Gaby Grissi y el padre Francisco Herrera, «Panchito». Ante su muerte caben muchas expresiones de tristeza. Pero los cristianos sabemos que la victoria de la muerte es efímera.

Gaby fue un sol. Compañera de mi hija, apenas la conocí una semana antes de su muerte repentina. Tocó junto con dos amigas a la puerta de nuestra casa. Su sonrisa inundó la tarde, inundó el mundo. Atleta consumada en la vida, había perdido una sola carrera: la del cáncer que se llevó a Susana, su madre, hacía apenas siete meses. Ella veía más allá que todos. Al término de la primavera aceleró el paso para juntar su corazón con el de su madre. En tan sólo una década y media de existencia tuvo la Gracia para construir su caminito de salvación, su maravilloso caminito al verano del absoluto.

Tuve mucho aprecio por el padre «Panchito», un sacerdote eficaz, bondadoso y lleno de proyectos para la Iglesia. Solía asistir a su Misa entre semana de las siete y media de la mañana. Lo veía batallar contra las bancas vacías. Estaba cansado. Trabajaba mucho Gastó sus años en el servicio a la parroquia. En San Juan del Río dejó escuela. En Santiago apenas había terminado la casa parroquial y la notaría. Cantaba y cantaba bien; además, componía himnos y música sacra, y canciones de piedad. Al final, tras un horrible accidente que se llevó a familiares suyos, peleó contra el cáncer. Y peleó recio. Como los hijos de la Cruz. Sin una queja, sin un lamento, firme sobre roca firme; sobre la fe y la certeza de que Cristo nos resucitará en el día final.

Dos trallazos de verdad, tan diferentes y tan profundos. Gaby en la inocencia mayúscula de una rara perfección de niña. El padre Francisco Herrera, en la consagración de su ministerio de la Verdad. Y luego andamos pidiendo milagros para creer, ¿No son estas historias humildes y sencillas -con la sencillez del amor- dos verdaderos milagros?

Yo quiero dejar en la ventana del cielo una oración sincera por sus nombres de santos cotidianos: santa Gabriela Grissi, niña; san Francisco Herrera, presbítero…, recen por nosotros.

EL OBSERVADOR 468-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
En las catástrofes Dios no nos abandona

Juan Pablo II, en audiencia, general comentó el salmo 45:

«Es una celebración de la ciudad santa de Jerusalén, pero expresa sobre todo una confianza inquebrantable en Dios que 'es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro' (v. 2; cfr. vv. 8 y 12). Evoca las más tremendas catástrofes para afirmar la fuerza de la intervención victoriosa de Dios.

«Está dividido en dos grandes partes por una especie de antífona, que resuena en los versículos 8 y 12: 'El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob'. El título 'Señor de los ejércitos' es típico del culto hebreo en el templo de Sión y hace referencia al Señorío de Dios en el cosmos y en la historia. Este título es, por tanto, manantial de confianza, porque el mundo entero y todas su vicisitudes están bajo el supremo gobierno del Señor.

«La primera parte del himno (vv. 2-7) se centra en el símbolo del agua y tiene un doble significado contrastante. Por un lado, se desencadenan las aguas tempestuosas, que en el lenguaje bíblico son símbolo de las devastaciones del caos y del mal. Hacen temblar las estructuras del ser y del universo, simbolizadas por montes, azotados por un diluvio.

Por otro lado, sin embargo, aparecen las aguas refrescantes de Sión, ciudad colocada sobre áridos montes, pero regada por 'acequias' (v.5). El salmista, si bien alude a las fuentes de Jerusalén, como la de Siloé, ve en ella un signo de la vida que prospera en la ciudad santa, de su fecundidad espiritual, de su fuerza regeneradora.

Por este motivo, a pesar de las zozobras de la historia que hacen temblar a los pueblos y que sacuden a los reinos, el fiel encuentra en Sión la paz y la serenidad que proceden de la comunión con Dios.

«La segunda parte del salmo (vv. 9-11) esboza de este modo un mundo transformado. El mismo Señor, desde su trono en Sión, interviene con el máximo vigor contra las guerras y establece la paz que todos anhelan».

EL OBSERVADOR 468-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Adolescente reservado y madre desorientada
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
Soy madre de dos adolescentes completamente diferentes el uno del otro. El mayor es muy reservado, y hasta hace poco tiempo muy tranquilo, porque ahora se ha vuelto grosero e irreverente, especialmente con su padre. En cambio, el segundo es muy abierto, siempre cuenta lo que pasa en la escuela y es muy amiguero y muy cariñoso con sus padres, aunque también últimamente le ha dado por imitar al hermano. Viendo a otros chicos de su edad considero que son muy tranquilos, pues muchos de sus compañeros ya tienen novia y no les gusta estar en sus casas. A mis hijos, al contrario, no les gusta salir y prefieren estar en casa en su tiempo libre. Bien, todo este preámbulo es para mostrar la diferencia que existe entre ellos, y no sé como abordar con ellos los temas de sexualidad, pues el mayor se irrita cuando el menor hace algún comentario sobre este tema. He tratado de indagar el por qué de esa reacción y sólo recibo respuestas como: cambiemos de tema mamá, eso me da asco. Lo cual me tiene algo alarmada, pues considero que es necesario hablar en casa francamente de esos temas y con naturalidad. Soy católica, pero también soy realista y considero que se les debe hablar claramente a los hijos para orientarles, pues en el medio ambiente, especialmente la TV y el cine sólo están distorsionando todo lo relativo a las relaciones intimas. No estoy a favor de las relaciones pre-matrimoniales, pero ¿qué hacer si todo el mundo lo ve como normal y hasta «necesario» para evitar después fracasos matrimoniales? ¿Cómo poder explicar a los hijos que eso no es verdad cuando hasta en experiencia propia me doy cuenta de que tienen razón los que abogan por esas experiencias? ¿Qué hacer si uno mismo comprueba que es necesaria la experiencia previa para no llegar a ciegas y sufrir decepciones y sentimientos de culpa que se transmiten a los hijos y, por ende, les ocasionamos mas daño? Bueno, como puede darse cuenta, mi confusión es grande, sobre todo porque estoy conciente de que estos hijos son dos talentos que Dios me ha permitido manejar y debo de entregar cuentas claras de ellos. Pero también me doy cuenta de que, a pesar de que ellos están en escuelas católicas, la información que reciben es totalmente contraria a los designios de Dios. ¿Cómo no crear sentimientos de culpa y rehusar a Dios, sino al contrario?
Atentamente: Una madre desorientada.

RESPUESTA:
Aunque cierta reserva puede ser parte del temperamento de una persona, el que un hijo sea muy reservado debería ser siempre una señal de alarma para atenderla, de preferencia mucho antes de que el chico entre a la adolescencia, cuando seguramente se acentúa esta característica y es más difícil acercarse a él. En este caso, su hijo ya está en esta etapa, pero de todos modos es mucho lo que se puede hacer.

Ser en exceso reservado puede ser una expresión de miedo, así como también de inmadurez emocional. Es, por cierto, también una de las características de la personalidad de los enfermos alcohólicos, misma que se manifiesta mucho antes de que el enfermo entre en contacto con la bebida.

Pero esto no explica todavía el que un chico se vuelva grosero e irreverente.

Es necesario hacerse varias preguntas. La primera es acerca de cómo es la dinámica familiar: si ustedes, los padres, son autoritarios, o si han facilitado, por el contrario, un clima de confianza y respeto donde la opinión de los hijos sea en verdad escuchada. ¿Hay tolerancia hacia los hijos? Ser reservado puede ser una respuesta al miedo que provoca expresarse a sí mismo a causa de la respuesta habitual de los padres; por ejemplo, de indiferencia hacia lo que opina el chico -«tú no sabes»-, de rechazo -«estás mal»-, de violencia emocional -«eres un tonto»- o de prepotencia -«las cosas son así porque lo digo yo». Ser reservado puede ser una actitud que significa que no vale la pena expresarse si de todos modos la persona no va a ser escuchada o, peor aún, si va a haber consecuencias negativas por hacerlo.

Por otro lado, la grosería y la irreverencia pueden ser expresión de una profunda rebeldía, de resentimientos más o menos inconscientes, de una actitud defensiva frente al autoritarismo. Atención: no estoy diciendo que esté bien que el chico sea grosero e irreverente, sino que, si lo que quieren es en verdad ayudarlo, hay que investigar el origen de estas actitudes para ponerles remedio. Habría que preguntarse qué pasa específicamente con la relación padre-hijo. ¿Por qué un chico siente la necesidad de rebelarse de ese modo? ¿Por qué especialmente con el padre? ¿Se siente especialmente oprimido por él? ¿Tiene resentimientos hacia él por algún motivo en particular?

En este caso específico, debido a las actitudes del chico frente al tema de la sexualidad, habría que preguntarse también si él tiene problemas serios con su sexualidad; incluso, sobre la posibilidad de que haya sufrido un abuso sexual en su infancia el cual haya tenido miedo de comunícaselos a ustedes. Muchos de estos traumas quedan ocultos durante años, pero se reactivan durante la adolescencia, cuando el chico o la chica finalmente entienden qué fue lo que pasó.

Ésta es la última oportunidad para sanar la relación con su hijo antes de que el chico vuele. Dentro de un par de años, aun cuando siga dependiendo en muchos sentidos de ustedes, habrá adquirido una mayor independencia emocional e intelectual y ya no podrán influir fácilmente en él. Vale mucho la pena considerar seriamente el asunto y no conformarse con aceptarlo como parte de la personalidad del muchacho.

Por otro lado, respecto al tema de la sexualidad, no es cierto que el tener relaciones sexuales antes del matrimonio favorezca que éste funcione mejor. Las razones para que un matrimonio funcione son otras. Son mucho más importantes el amor, el respeto, la buena comunicación., la solidaridad, la lealtad, la intimidad, el compromiso y el apoyo mutuo. No es que la sexualidad no sea importante, al contrario, es importantísima en la relación conyugal, pero si hay los elementos que mencioné antes naturalmente la pareja los llevará también al ámbito sexual y construirán una sexualidad plena, que sea verdaderamente expresión de amor (Excepto, claro, cuando alguno de los dos tenga trastornos psicosexuales, en cuyo caso deberán tratar el problema con un especialista). A muchas parejas les ocurre que tienen una muy placentera relación sexual antes del matrimonio, pero ya casándose fracasan rotundamente. Esto es porque una buena relación sexual es una base muy pobre para un compromiso tan profundo y vital como es el matrimonio; pero la pareja, al estar envuelta en la pasión, en el deseo, en el enamoramiento, no se da cuenta de que les faltan elementos esenciales. En cambio, unos esposos que llegan vírgenes al matrimonio llegan también al acto sexual sin fantasmas del pasado y descubren juntos la sexualidad en un ambiente de completa seguridad y libertad. Eso es maravilloso y los une de un modo muy profundo. No importan la falta de técnica y experiencia, ya irán aprendiendo poco a poco y exactamente donde deben aprender: uno al lado del otro. Las hazañas sexuales no tienen importancia, lo que realmente cuenta es poder tocar, amar y unirse a la persona amada.

P.D.:Las insinuaciones que me hace en su carta posterior se las contesto personalmente.

EL OBSERVADOR 468-4

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PINCELADAS
El ateo y la rama
Por Justo López Melús *

Se dice que, cuando Moisés alzó su cayado sobre el mar Rojo, no se produjo el milagro de dividir las aguas para que pasaran los israelitas. Sólo cuando el primer israelita se lanzó al mar retrocedieron las olas y se dividieron las aguas, dejando expedito el paso a los judíos. Fue su confianza la que obró el milagro.

Esa fe intrépida le faltó a un ateo cuando estaba empezando a creer. Se cayó un día por un precipicio y aún pudo agarrarse a la rama de un árbol. Pero no podía aguantar así mucho tiempo. Entonces, por si acaso, gritó: -¡Dios!
Pero sólo hubo silencio. Y volvió a gritar: - ¡Dios, si existes, sálvame y creeré en Ti!
Una voz poderosa contestó: - Eso dicen todos cuando están en apuros.
- No, Dios, no -dijo el hombre-. Como ves, ya he empezado a creer.
- De acuerdo -dijo la voz-, te salvaré. Suelta la rama.
- ¿Soltar la rama? ¿Crees que estoy loco?

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 468-5

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REPORTAJE
El diablo trabaja a diario entre nosotros

Es fundamental que nos quede absolutamente clara la forma en que puede actuar un demonio. Para ello debemos tener en cuenta que los demonios, como es obvio, son de naturaleza angélica, y, por lo tanto, poseen una capacidad y una inteligencia muchísimo mayores a las de los hombres.

Recordemos que, entre los distintos reinos de la creación (mineral, vegetal, animal, humano y angélico), el ángel se encuentra en el más alto en cuanto a capacidades y perfecciones. Por lo tanto, los demonios se han deformado de su antigua perfección, pero no han perdido las capacidades de su naturaleza original. Esto lo decimos dada la común creencia de que ellos se comportan de formas siempre previsibles y evidentes, tontas y controlables.

Imaginemos a un hombre perverso, que desea por algún motivo hacerle un daño a otra persona. Puede, por supuesto, ir a la casa de su víctima, romper todo, lastimarla e irse. Pero también puede, y hasta conseguiría en algunos planos un daño aún mayor, acercarse a su presa con rostro de inocencia, e ir socavando los cimientos de quien, engañado, confía en él como un amigo.

El diablito rojo, un invento de Satanás

Cabe suponer sin temor a equivocarse, por lo tanto, que el demonio no es más burdo y evidente que un simple ser humano. La imagen del demonito rojo arriba de nuestro hombro izquierdo, instándonos a cometer «una diablura» en contrapartida al angelito tonto que con voz acaramelada nos indica el buen camino, es obviamente de su propia cosecha, en tanto nos lo hace ver como poco peligroso y hasta «más divertido» que al ángel, y a este último como poco interesante y, por sobre todo, poco inteligente.

El demonio, pues, ha «doblegado» temporalmente su orgullo haciéndonos creerlo tonto, porque, en su innegable astucia, ésta es la mejor forma de bajar nuestras barreras subestimándolo.

Los frutos «buenos» no son siempre buenos

Existe, por tanto, gran cantidad de medios en que la acción preternatural toma forma. La hay para el satanista, la hay para el perverso, pero también la hay para la buena persona e, incluso, para la de gran piedad. ¿Y acaso serviría que el demonio se presentase como bestia infernal a una dama que está rezando, para inducirla a pecar? ¿Nosotros mismos seríamos tan tontos si tuviésemos esa intención?

Por este motivo, se han escrito grandes obras de discernimiento espiritual que sirven para dilucidar el trasfondo de nuestros movimientos espirituales, y que determinan, tras un cuidadoso estudio, si una aparición, una luz interna, e incluso un movimiento de supuesta virtud (sospechoso en alguna medida) es de Dios o del demonio. Si nos acostumbramos a ver al mundo como un campo de batalla, en que las almas ganan gloria para Dios, su Señor, o perecen en manos del enemigo, cada cosa tendrá una luz que podremos discernir en el fin al que nos lleva, el Cielo o el Infierno.

Pero, desgraciadamente, el discernimiento está tan perdido hoy como la inteligencia y el verdadero amor al Bien. Así, oímos por doquier que algo es bueno porque buenos son sus frutos, como la conversión, el fervor, el sentimiento de dulzura y la vida de piedad que nace de tal o cual aparición. Pensemos: ¿Acaso no vive la misma radicalidad de conversión de vida quien decide hacerse protestante? ¿Acaso no es «fervoroso» en su dedicación de vida, y no llena la misma con su fe y las explicaciones que ésta le da del mundo?

También podríamos ver con impresionados ojos el rotundo cambio de vida de alguien que se une a una agrupación hinduista que siga a algún gurú: de pronto hace ayuno, medita incansables horas, abandona la carne para siempre, modera su carácter. ¿Estos frutos nos indican que es bueno el árbol? No. Lo importante no es en sí la radicalidad del cambio, o el aparente bien del mismo, sino el fin al que nos lleva.

Para dar un ejemplo sencillo podríamos imaginar a una mujer casada y con hijos que sueña con vivir una vida de contemplación, renunciamiento y oración hasta el punto de descuidar su deber de estado. Esto que parece bueno no lo es, en la medida de que logra dañar a la buena mujer en su deber y carisma, proponiéndole aquello que no es su vocación.

Resumiendo, los frutos, para ser buenos, deben ser constantes y mirar al bien de Dios y de las almas en todos sus aspectos: doctrinarios, espirituales, humanos, etc. Cualquiera de estos puntos que esté descuidado, deja al fruto como una manzana picada por un gusano, que es el mismo demonio.

Para cada quien tiene el demonio una estrategia basada en las debilidades y fortalezas de quien quiere llevar a la perdición. Una de tales estrategias es la de llevar a una buena persona a caer en pequeñas cosas, y así va trocando sus buenas costumbres en malas tendencias, que terminan, a la corta o a la larga, en pecados formales. No en vano dice la Sagrada Escritura que quien es fiel en lo poco es fiel en lo mucho. Podríamos también verlo a la inversa, y quien ha ido cediendo en lo pequeño termina haciéndolo en lo grande.

De pequeñas tentaciones a la acción declarada

Podríamos detenernos a enumerar las diversas tentaciones con que nos acomete el enemigo en cada campo de nuestras vidas, incluso en el momento de oración, tales como la autosuficiencia o, por el contrario, la desesperación.

El psicoanálisis se ha encargado de hacernos creer que no existen más que los «demonios internos» del hombre, fruto de sus traumas, de sus prejuicios y su represión. Esto ha hecho un indecible daño en nuestras defensas, incentivando la liberalización de toda suerte de aberraciones y la pérdida de «tono muscular-espiritual» para afrontar los ataques de que somos objeto.

Sin embargo, la ciencia no puede explicar la concatenación de los hechos en el mal, es decir, el desarrollo de los pasos necesarios para generar males que trascienden la vida de un hombre o incluso de un período histórico. Si observamos la historia, veremos que en diversas circunstancias, con apariencias en ocasiones «contradictorias», hay males que han requerido de muchos ideólogos, tendencias y accidentes diversos para llegar al estado en que hoy se encuentran. El amor al igualitarismo, por dar un ejemplo, con su consecuente odio a la jerarquía, a la obediencia y a la Iglesia necesitó de importantes revoluciones (protestantismo, revolución francesa, comunismo y revolución cultural del 68), aparentemente en nada relacionadas unas con otras, para tomar la forma que hoy tiene.

Esta relación de sucesos, que ingenuamente podrían verse como aislados, e incluso en algunos casos perdidos en el tiempo, tienen por fuerza un promotor que trasciende el corto período de la vida de un hombre, y que puede ir llevando las riendas de determinado mal con un claro objetivo. He ahí al demonio, conocido bajo distintas concepciones por todas las culturas y épocas del mundo, que siempre ha promovido su propia religión, que ha trabajado incansablemente en derruir todas las bases fundamentales del hombre: su religión, su dignidad, su familia, etc.

Hoy, como nunca, estamos a su merced. Por falta de formación y de práctica, caemos en sus redes con una facilidad increíble. Como nunca antes, hemos caído en los abismos más abyectos, con la indiferencia hacia el mal o incluso erigiéndonos como nuestros propios dioses.

Pero, gracias al Cielo, basta que el pecador quiera cambiar para que Dios venga inmediatamente en su ayuda. Si estamos con Dios nada debemos temer porque nuestra casa está defendida de los ataques del enemigo.

(Resumido de Cristiandad.org)

EL OBSERVADOR 468-6

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Feminismo: ¿cuál es el precio por la justicia?
Por Antonio Maza Pereda

Los pasados 10 a 12 de junio se llevó a cabo en la ciudad de México la IX Conferencia Regional para la Mujer de América Latina y el Caribe. Esta reunión, convocada por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), de las Naciones Unidas, tiene el propósito de revisar los avances en la implementación de la Conferencia sobre la Mujer, de Beijing (hace casi diez años).

Posiblemente usted recuerda esa conferencia. Junto con aspectos que son de justicia, en cuanto al respeto e igualdad de derechos para la mujer, se trató de hacer creer que una condición para la igualdad de derechos es la liberalización del aborto y la promoción de los medios artificiales de anticoncepción, todo ello bajo el curioso y vago nombre de derechos reproductivos.

Tras una larga lucha, donde el Vaticano, un grupo de países latinoamericanos y los países árabes tomaron la bandera del respeto a la persona humana desde su concepción, se llegó a una serie de acuerdos que no eran obligatorios para los países.

Por más que se trató de que el gobierno de México explicara a qué nos habíamos comprometido, su respuesta siempre fue vaga.

Hoy la historia se repite, con variantes. Esta conferencia se centra en la pobreza y la mujer, con datos estadísticos muy interesantes, pero vuelve al mismo concepto de derechos reproductivos (curiosamente, nadie habla de obligaciones reproductivas).

Desde el principio se planteó en los medios que la batalla era entre feministas y católicas. Curiosa percepción, porque hay feministas católicas, que no aprueban la liberación del aborto, y entre los que desaprueban el aborto hay protestantes, judías, musulmanas e incluso no creyentes. Pero, en fin, una vez más los medios no brillan por su objetividad.

Se dio preferencia en la admisión a las ONG's (organizaciones no gubernamentales) feministas y se restringió la entrada así como el uso de la palabra a las ONG's y a participantes oficiales con otras orientaciones, para que siempre parecieran minoría. ¡Qué vergüenza que un gobierno democrático y los organismos internacionales hagan cosas así!

Los resultados de la Conferencia fueron mezclados. Por el lado bueno, no se hizo obligatorio a los países la aplicación el documento.

El representante del gobierno de Estados Unidos dijo que no darán fondos para el aborto ni para condones. Esto, por supuesto, mientras Bush esté en el poder.

Por otro lado, el documento final, bueno en aspectos económicos, conserva el concepto de derechos reproductivos. O sea que se pide a los gobiernos que faciliten el aborto y prosigan las campañas antinatales. No se incorpora el enfoque de familia en lo económico, algo necesario y urgente, diría yo.

Esto nos lleva al meollo de estos temas. Sí, hay y ha habido por siglos una situación injusta en el modo como las sociedades tratan a la mujer. Ya es tiempo de que esas injusticias se corrijan.

Pero una injusticia no se corrige con otra. Por ejemplo, ¿es necesario para que haya justicia para la mujer el que se facilite y haga legal una injusticia muy grande, la del asesinato de niños por nacer?

La grave situación de violencia contra la mujer, ¿mejorará con la violencia que implica matar a un ser humano en el seno de su madre? La experiencia nos dice que al mal se le vence con el bien, no con otros males.

Sí, como católicos debemos estar por la justicia hacia la mujer, justicia plena, en todos los campos. Pero no aceptamos que se necesite hacer males tan graves para lograrlo.

EL OBSERVADOR 468-7

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CULTURA
Felicidad con carácter
Por Carlos Díaz

Existen en todo humano más cosas dignas de admiración que de menosprecio, todo puede mejorar con una mirada propositiva. La felicidad no es sólo un lugar a donde vamos, sino también el modo de ir; el camino, el caminante y la meta están vinculados.

Tan irreal como el pesimismo a ultranza es el optimismo infundado, pues en la vida rige junto al principio del placer el de necesidad, y ambos conforman el principio de realidad. Se trata de responder creativamente, como lo hacen las personas maduras, a saber, con ingenuidad crítica, con sagacidad prudente, con intención bondadosa y con reflexividad lúcida. Quien así actúa tiene un buen trecho recorrido, puede ser más feliz. Como ha escrito Romano Guardini, la figura vital del hombre maduro se caracteriza porque conoce y asume los límites, insuficiencias y miseria de la existencia. Pero eso no significa que dé por bueno lo malo, ruin e inauténtico; que retoque y maquille el inmenso desorden de la existencia, el sufrimiento, la falta de salidas; que dé por rico lo mísero; por auténtica la apariencia, y por plenitud lo vacío. Todo esto se conoce y se asume en el sentido de que es así y de que hay que arreglarse con ello.

Tampoco abandona el trabajo, sino que lo continúa cumpliendo con las obligaciones que ha asumido, con las exigencias que le plantean la familia, la profesión, la comunidad. Y lo hace con fidelidad y exactitud, como antes, a pesar de todos los fracasos, porque el sentido de su vida está en él mismo. Aporta su esfuerzo para poner orden y ayudar una y otra vez, porque sabe que, aunque el hombre hace constantemente cosas aparentemente inútiles, se dan en él impulsos no controlables en cada caso concreto, que mantienen la existencia humana tan profundamente amenazada.

En esta actitud hay una gran disciplina y renuncia. Un coraje, que no tiene tanto de osadía como de determinación. Y además, el importante elemento de la fidelidad y la paciencia con la vida.

Se completa aquí lo que se llama carácter. Es a esta clase de personas a la que se confía la existencia. Precisamente porque ya no tienen la ilusión del gran éxito, del triunfo deslumbrante, pero sí la fuerza de la resistencia; son capaces de realizar lo que tiene vigencia y perduración. De esta naturaleza debería ser, especialmente, el verdadero político, el médico, el trabajador social o el educador en todas sus formas.

Es el hombre soberano, capaz de dar garantía. Y tanto la suerte humana como la cultural de una época podría valorarse por la cantidad de personas de esta clase que se dan en ella, y por el influjo que tienen en la misma.

Bien dicho. Aunque el ser feliz se conjuga en pretérito por medio del recuerdo y en futuro por medio de la esperanza, pareciendo a veces que falta en el tiempo presente, todo lo que es verdadero es presente; con frecuencia, además, se es feliz cuando uno no se da cuenta de ello, pues -como ocurre con la salud- sólo se comprende y echa de menos cuando se ha perdido. Para el homo viator la felicidad no es un descanso, sino más bien una tregua; no un mero punto de partida, sino también uno de llegada; no sólo una realización, sino también un proyecto; no algo que se acumula, sino algo que se gana y se pierde, y que encuentra más quien va por la vida más ligero de equipaje: es, en fin, algo que regalándose se gana y sembrando se cosecha.

EL OBSERVADOR 468-8

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PANTALLA CHICA
Enseñar a matar no es un juego
Por Mayela Fernández de Vera / Grupo Inter Mirifica

El Senado de la República manifiesta públicamente su firme propósito de proteger a los niños, su inocencia y bienestar general.

Si se elabora una agenda objetiva para lograr esto, debe estudiarse con seriedad el asunto de la reglamentación de la televisión para respetar esa inocencia y generar el bienestar físico, moral e intelectual que merecen todos los niños. Frecuentemente escuchamos propuestas de sanciones y su magnificación para quienes atenten contra ellos; sin embargo, esto no es suficiente, debe surgir una cultura que favorezca en forma integral su protección.

La televisión abierta debe ser un tema prioritario, ya que ésta es la que llega a la mayor parte de la población, ejerciendo una gran influencia en las familias y en todos los individuos de nuestro país, tan carente de educación y cultura. NO es un asunto secundario, puesto que ya se ven efectos palpables de su influencia, cuando se enseña a los niños a buscar un arma para matar, porque se vio divertido o fácil en la tele, en las caricaturas, en el cine y porque lo viven en forma obsesiva a diario en las «maquinitas de juego».

La conjugación de la violencia en la televisión, en el cine y en los videojuegos es mortalmente peligrosa para todos los niños y para la sociedad en general. No es cosa de juego. Si tienen buenos propósitos en el Senado de la República tendrán que poner estos tres factores en la mesa para que se lleven a cabo medidas concretas de protección para los niños.

EL OBSERVADOR 468-9

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Un espacio en Internet para católicos
Entrevista realizada por Zenit a la mexicana Lucrecia Rego de Planas, madre de nueve hijos y directora del portal de internet Catholic.net

¿Qué es lo que busca Catholic.net?
Catholic.net busca, esencialmente, unir todos los esfuerzos de los miembros de la Iglesia en la red, brindando al católico de hoy un espacio en el que pueda encontrar contenidos actuales, sólidos, profundos y fieles al Magisterio de la Iglesia; un espacio que le permita conocer, amar e imitar a Jesucristo cada vez con mayor profundidad; un espacio en el que pueda compartir con otros católicos sus experiencias y carismas específicos y un espacio en el que encuentre servicios en línea que le ayuden a resolver sus dudas, a recibir orientación y formación sistemática.

¿Qué frutos concretos se han logrado gracias a Catholic.net?
Son cientos los frutos apostólicos de los que somos testigos cada día. Deben de ser muchos más, pero no nos enteramos de ellos, pues internet es un espacio sin fronteras.
Tengo muchos ejemplos y anécdotas. Por ejemplo, una pequeña iniciativa apostólica como la de «Un regalo para el Niño Jesús», habiendo sido ideada por una chica de Monterrey sólo para su parroquia, se aplicó en cientos de parroquias la Navidad pasada sólo porque la anunciamos en nuestra página principal.
El apostolado de oración por los sacerdotes ya cuenta, en sólo unos meses de estar en nuestro portal, con 2300 sacerdotes inscritos y 6700 laicos que rezan por ellos cada día.
Nuestra comunidad de «vocaciones» ha hecho que surjan muchos grupos de promoción vocacional alrededor del mundo.
Los materiales que publicamos han servido como base para el desarrollo de programas de catequesis para muchos lugares a los que nunca imaginamos llegar: los presos hispanos en la cárcel de Nueva York, las comunidades hispanas de Boston, varios obispados castrenses, el colegio militar de Chiclayo en Perú, por poner algunos ejemplos.

¿Cuáles son las acciones más urgentes que debemos emprender los católicos en los medios de comunicación?
Un comunicador católico no debería prestarse jamás a escribir o difundir cosas que hablaran en contra de sus convicciones y de su Iglesia.
En segundo lugar, urge que los comunicadores católicos seamos pro-activos y no sólo reactivos. Me sucede a menudo que, cuando surge algún ataque directo a la Iglesia, como una película o un libro, cientos de personas me bombardean con artículos escritos por ellos, ansiosas de denunciar, de atacar al agresor, de defender la verdad y lo único que logran es hacerle publicidad al atacante. En cambio, pocos me escriben cuando se trata de anunciar las grandes verdades. Sale un nuevo documento de la Iglesia y muy pocos comunicadores católicos nos preocupamos por explicarlo, difundirlo, escribir artículos de opinión, organizar talleres, conferencias y cursos para que la gente lo conozca. Esto ha hecho que los católicos no se enteren más que de lo que hacen los malos, pero no de lo que hacen los buenos. Creo que debemos preocuparnos más por anunciar lo bueno.
Una tercera acción es crear medios de comunicación católicos, en donde se noten los criterios católicos en todos los temas y logren transformar la cultura moderna. Me refiero a publicaciones científicas, culturales, empresariales, familiares, educativas, en las que hablen, actúen y escriban católicos de verdad, sin necesidad de estar hablando de temas religiosos.

EL OBSERVADOR 468-10

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¿Derecho de homosexuales?
Por Bruno Ferrari

Parece ser que una vez más se ha desatado en diversas latitudes de nuestro planeta un nuevo «avance» para defender los «derechos homosexuales» a través de marchas y manifestaciones en los Estados Unidos, en España, en Argentina, en Brasil e incluso en algunas ciudades de México. Por supuesto, en esta ocasión como las anteriores, el decir verdades a medias o, mejor dicho, el vestir a las mentiras como verdades es la mejor arma.

Si se habla de derechos de homosexuales primero se debe comprender que la ley no hace ninguna distinción entre el homosexual y el heterosexual. Lo que sí hace nuestra legislación es definir y proteger los derechos de la persona. Una persona no deja de tener esta característica por ser o no homosexual, bisexual, heterosexual, o cualquier calificativo que se le quiera poner. Toda persona es sujeta a derechos y obligaciones y estos derechos y obligaciones aparecen contemplados en la legislación de todo el mundo. Así pues, decir que se busca defender derechos homosexuales es tanto como decir que se trata de algo distinto a una persona. Y creo que esto es lo último que dichos grupos pretenden hacer, ya que parte de los gritos y las pancartas que ellos mismos corean y enarbolan es el de querer ser tratados como personas.

Ahora bien, las personas se rigen conforme a un marco legal. En ese marco legal, aunque existen excepciones perfectamente descritas, hay también instituciones que son tuteladas por el derecho, precisamente porque son éstas las que establecen el orden jurídico y gracias a ellas se preserva también la estabilidad social y el bien común. Concretamente me refiero al matrimonio y a la familia. El matrimonio es definido por la ley como un contrato en el que se establece la unión de un hombre y una mujer para la ayuda mutua y la procreación de los hijos. Por supuesto, seguimos hablando de personas. El hecho de que alguien sea homosexual no quiere decir que el derecho lo limite, sino más bien la limitante proviene de su propia decisión de no casarse, sin que entremos en las causas que a esto lo motivan, y si no lo hace es precisamente porque obviamente no estaríamos frente a un matrimonio, sino más bien en un acto teatral. Puesto que a reserva de que su futuro cónyuge estuviera de acuerdo con su homosexualidad, habría un engaño que en sí mismo y conforme a derecho haría su matrimonio nulo. Así pues, es válido afirmar que las personas tienen el derecho a casarse sin que la ley distinga si son homosexuales o no, y por ende, también tienen el derecho a formar una familia, derechos ambos que no pueden ejercer por decisión propia derivada ésta de lo que se denomina preferencia sexual.

Sinceramente desconozco las verdaderas razones que impulsan a estos grupos a buscar que las leyes se modifiquen haciendo aún más evidente la diferencia por la que ellos han optado. Me parece un interés sumamente egoísta si se tiene en cuenta que el seguir adelante con esta postura en caso de que la misma fuera aceptada por las legislaciones de los diferentes estados, lo único que lograrán será el que impere un desorden que acabe por destruir las nociones que tenemos sobre lo que es matrimonio, familia, paternidad, filiación y adopción. Quiero aclarar, como ya lo he hecho en otras ocasiones, que no tengo ninguna animadversión, ni odio por las personas homosexuales, les respeto y considero en cuanto a su dignidad de seres humanos. Sin embargo, creo que en esta lucha ellos pierden más de lo que ganan y, por supuesto, la sociedad entera pone en peligro su ya de por sí frágil convivencia.

Otro aspecto incomprensible es que se pretenda manejar a esto como una lucha entre la Iglesia católica y los homosexuales. Aquí no estamos frente a una cuestión religiosa, sino moral y jurídica. No existe ningún punto de conflicto en cuanto a la naturaleza y los límites de la protección al matrimonio y a la vida humana, sino más bien en lo que se refiere a su valor y dignidad. No es un asunto de sacristías o de catequesis, sino que afecta la médula moral de la sociedad, el cimiento mismo de ésta. No se trata de un conflicto entre un laicismo y el integrismo religioso; esto no es un asunto de fe, cosa muy distinta es que la doctrina moral de la iglesia católica haya sido y siga siendo contundente en este aspecto.

No sé por qué nadie argumenta el asunto religioso cuando hablamos del homicidio o del robo, desde luego que existen normas que obligan a los católicos precisamente por ser católicos, como ir a misa, cumplir los sacramentos, etcétera, pero no por ello la iglesia o los católicos pueden ni deben obligar a todos los seres humanos a cumplir con ellas ya que sería nefasto para la libertad religiosa y hasta para el sentido común. Lo curioso es que nadie discute ni hace marchas en contra de que se castigue al homicida porque así lo diga la iglesia católica. Hay que llamar a las cosas por su nombre sin prestarnos a manipulaciones y confusiones que pretenden lucrar polarizando a la sociedad.

Independientemente de lo religioso, si al matrimonio se le puede llamar así en cualquier caso, entonces no tendrían razón de existir ningún otro tipo de uniones ya previstas por la ley y que no por eso se les da el nombre de matrimonio, particularmente en el caso de que se le llamara matrimonio a la unión de homosexuales simplemente significaría por ese hecho que la institución del matrimonio, al menos en el ámbito civil, dejaría de existir. Puesto que, independientemente de ser contraria a la naturaleza de los seres humanos, negaría uno de los fines para los cuales fue creado que es el de la procreación y educación de los hijos.

El siguiente paso es aún más grave. i se sigue con la obstinación de hacer posible que los homosexuales pudieran tener hijos, la familia no tendría ningún sentido y de ahí se iría al completo desorden, sería el fin de la paternidad y la filiación, hasta llegar al absurdo de tolerar la endogamia y la promiscuidad destruyendo en su totalidad el marco jurídico y la defensa de las leyes.
Pretender que esto se haga al amparo de la legislación equivale a imaginar un mundo en el que el derecho no existe, pues éste habría sucumbido frente a los caprichos de unos cuantos capaces de manipularlo todo con el único objetivo de justificar incluso legalmente, lo que la misma naturaleza ha señalado como imposible.

EL OBSERVADOR 468-11

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Concurso de espiritualidad para escritores católicos
¿Has tenido experiencias hermosas en el camino de tu fe? ¿Te gustaría compartirlas?

Ediciones ANAB, en busca de nuevos escritores católicos, con el apostolado de la palabra escrita, abre a concurso la sección «Vida espiritual» para la publicación de un libro sobre la vivencia de nuestra fe.

Premios: Cien dólares al primer premio y publicación de la obra. Setenta y cinco dólares al segundo premio y publicación de la obra. Cincuenta dólares al tercer premio y publicación de la obra. Habrá tres menciones de honor y publicación de las obras.

Bases:
1) El texto no deberá tener más de 50 páginas de 81/2 X 11, escrito a doble espacio.
2) Deberá ser escrito en primera persona en forma de narrativa libre.
3) Puede tener uno o varios capítulos.
4) Debe ser un libro ameno, sencillo, que ayude a los lectores a encontrarse con Jesús y descubrir la alegría de vivir el Evangelio.
5) Fecha de entrega: se estarán recibiendo los trabajos en original y copia hasta el 15 de febrero de 2005.
6) Se darán a conocer los resultados del concurso el 1º de marzo de 2005.
7) A todos los concursantes se les enviarán los resultados del mismo.
8) Pueden enviarse una o varias obras por autor.
9) El libro deberá llegar en un sobre cerrado con sus datos personales, dirección y teléfono en la primera página del libro.
10) El autor cederá los derechos de autor a Ediciones ANAB en caso de resultar premiado.
11) Se les enviarán a los autores ganadores diez ejemplares de sus libros una vez que sean editados, y recibirán un descuento del 25% para las compras de los mismos en caso de que deseen adquirir más ejemplares. También estarán recibiendo el 5% de las ventas de sus obras, como derecho de autor, pagadero al finalizar cada año, con un contrato de edición.

Temas del concurso:Podrán trabajarse cualquiera de los siguientes temas, o varios en conjunto:
1) Nuestra fe.
2) La confianza en Dios.
3) La esperanza.
4) La Santa Misa.
5) Vivencias cotidianas en la fe.
6) ¿Vale la pena ser católico?
7) ¿Ha cambiado Jesús mi vida?
8) La presencia de Jesús en la Eucaristía.
9) La misericordia divina.
10) San José.
11) La Virgen María.
12) El Espíritu Santo.

Envío de la obra:
EDICIONES ANAB
APARTADO POSTAL 55-0094
ESTAFETA PAITILLA
PANAMÁ, REP. DE PANAMÁ.

Más informes en www.edicionesanab.com
 

EL OBSERVADOR 468-12

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COLUMNA ABIERTA
Anacronismo
Por Walter Turnbull

La Iglesia está fuera y por encima del tiempo. El mensaje de Cristo es para siempre y siempre el mismo, no está sujeto a tiempo ni a lugar, por eso es efectivo para todos los hombres de todas las épocas.

Hace unos días, en una reunión con empresarios, el reconocido y acreditado historiador Enrique Krauze, entre algunas cosas que dijo que nos parecen muy bien (dice que hay que elevar el debate político, que se ha convertido en un reality show), dijo una que nos parece mal.

Dice Krauze que «el anacronismo es la principal falta de la Iglesia, porque hay que discutir los problemas eternos, pero también hay que ponerse al día para hablar en términos modernos DE los problemas de México».

La Iglesia, contra lo que dicen algunas (iba a decir ciertas, pero de ciertas no tienen ni...) leyendas negras con que nos han llenado la cabeza, siempre ha alzado la voz para buscar soluciones a los problemas en forma clara y seria. Usted nunca los oirá contando chismes o acusando sin fundamentos, o burlándose de cosas personales. Y, eso sí, cuando alza la voz, inmediatamente se levantan miles de dedos flamígeros para acusarla de meterse en política. Cuando Samuel Ruiz se ofreció a mediar con el EZLN, dijeron que él los comandaba. Cuando Mario De Gasperín recomendó votar y votar responsablemente, muchos pidieron su cabeza y se levantaron gritando: ¡Juárez, Juárez! Cuando el cardenal Sandoval Iñiguez pidió que se aclarara el asesinato del cardenal Posadas, lo acusaron de narcotráfico y lavado de dinero. Yo diría que, para las trabas que se le ponen, la Iglesia mexicana habla de los problemas de México más de lo que se podría pedir. El problema es que, cuando habla, nadie le hace caso.

En cuanto al anacronismo, habría que aclarar. Si anacronismo es estar fuera de tiempo, desactualizado, desubicado, atrasado, con poner un poquito de atención uno ve que los obispos están perfectamente enterados de todo, por eso mataron a Posadas, y el Papa sabe más de la situación en Chiapas -o de cualquier otro estado- que cualquier político o intelectual mexicano. Pero hay que molestarse en poner atención.

Si anacronismo es estar fuera del tiempo, libre de los vaivenes de la moda y de la ideología, entonces sí, la Iglesia es anacrónica. La Iglesia está fuera y por encima del tiempo. A las cosas efímeras, las que cambian, las que pasan, les llama «las cosas del tiempo», las cosas del siglo. El mensaje de Cristo es para siempre y siempre el mismo, no está sujeto a tiempo ni a lugar, por eso es efectivo para todos los hombres de todas las épocas. La Iglesia no puede ir por sexenios. Los problemas eternos están en la base de los problemas temporales. Si la Iglesia pudiera convencer a la gente de preocuparse por la vida eterna, usted vería cómo los problemas temporales se arreglarían solos. Y al contrario, querer arreglar los problemas temporales sin la motivación de la vida eterna seguirá redundando en falsedad o en fracaso.

Sr. Krauze: si logro hacer llegar a usted este mensaje, me gustaría, en un sincero afán de aprender, saber qué es lo que, según usted, la Iglesia debería hacer y no hace. Sugerencias concretas venidas de alguien tan enterado, nos serían muy provechosas a mí y a mis colegas. Estoy convencido de que, si analiza con seriedad, descubrirá que son muy pocas.

Por mi parte lo invito a que revise, si es que no los conoce, los valores eternos que la Iglesia ofrece a la humanidad, independientemente de los errores de sus seguidores. Una persona con su capacidad y su influencia, promoviendo estos valores, podría hacer más bien a la sociedad que lo que usted se imagina. Más que todos los partidos y todos los debates.

EL OBSERVADOR 468-13

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FIN

 
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