El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
18 de julio de 2004 No.471

SUMARIO

bulletPORTADA -Las instituciones religiosas con las que inspiran más confianza en el mundo
bulletCARTAS DEL DIRECTOR -Las dos pobrezas de la nueva sociedad mexicana
bulletEL RINCÓN DEL PAPA -El desafío de la educación no es «tener», sino «ser»
bulletLA SONRISA DEL ÁNGEL -Los olvidados
bulletFAMILIA - Un problema de alcoholismo seco
bulletPINCELADAS -El hada y el laberinto
bulletREPORTAJE -Prostitución en Tecún Umán: infierno en nuestra frontera sur
bulletOración para la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud 2005
bulletGRANDES FIRMAS - «Señor, enséñanos a orar»
bulletCULTURA -Desde un mundo secularizado
bulletPANTALLA CHICA -La tele, tras bambalinas
bulletSe requieren ciudadanos
bulletCOLUMNA ABIERTA -El concilio Vaticano II es irrevocable

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PORTADA
Las instituciones religiosas con las que inspiran más confianza en el mundo
La Iglesia es la institución que mayor confianza suscita en todo el mundo, seguida de las Fuerzas Armadas, según la «Encuesta Mundial de Valores 1999-2002», de cuya copia tiene conocimiento El Observador. Estos son los pormenores.

El sondeo ha sido promovido por la Asociación para la Encuesta Mundial de Valores y ha examinado los valores y creencias de los ciudadanos de 81 países de los cinco continentes, en los que se concentra el 85% de la población del planeta. El 64% de los entrevistados tiene «mucha» o «bastante» confianza en sus respectivas iglesias.

Europa a la baja, África y América a la alza

En la mayoría de los países europeos ese porcentaje disminuye por debajo del 50%, y en el caso español se sitúa en el 42%. Esto contrasta con la situación de países como Marruecos, Indonesia y Nigeria (90% de confianza) o Egipto, EU y Chile (más del 70 %).

Tras la Iglesia, las instituciones que despiertan más confianza son las fuerzas armadas (61%), gobierno (50%), grandes empresas (47%) y la prensa (44%). En los últimos lugares aparecen el parlamento (41%) y los partidos políticos (30%).

Según los resultados, las sociedades más pobres tienden a conceder prioridad a la religión, pero también se pone de manifiesto que las sociedades de herencia cultural islámica tienen más probabilidades de adjudicar gran importancia a la religión.

La importancia disminuye en la mayoría de las sociedades industriales avanzadas, tal como Austria, Canadá, Francia, Alemania, Corea del Sur, España y el Reino Unido; sin embargo, ha aumentado en la mayor parte de los países en desarrollo, como Bangladesh, Brasil, India, México, Nigeria, Sudáfrica y EU.

A más dinero menor necesidad de Dios

Así, se extrae que aunque la secularización parece ir asentándose en muchos países ricos, el número de personas religiosas aumenta en el conjunto del mundo. Por otra parte, las mujeres siguen siendo más religiosas que los hombres.

Los españoles se dividen entre un 54% que sí encuentra consuelo y fortaleza en la religión, y un 42% que no comparte estas experiencias. La mayoría de los ciudadanos de los países de Europa, incluida España, creen que no es necesario que un político sea creyente para que sea adecuado que ocupe un puesto público. Las opiniones se encuentran más divididas en EU y en países de América Latina, con colectivos importantes que se colocan tanto a favor como en contra de esta cuestión.

Los resultados de esta Encuesta Mundial de Valores muestran un importante cambio cultural en las sociedades más avanzadas, que han comenzado lo que se ha calificado como «postmodernización». Para explicar el cambio, los autores han dibujado un mapa cultural del mundo en el que se refleja cómo los valores de las sociedades están determinados por el desarrollo económico y la historia cultural de las sociedades, en las que la religión es un componente fundamental.

EL OBSERVADOR 471-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Las dos pobrezas de la nueva sociedad mexicana
Por Jaime Septién

En una de sus cartas Séneca dejó escrita esta frase inmortal: Al pobre le faltan muchas cosas, al codicioso todo. ¡Qué verdad más dura! ¿Cuántos ricos, muy ricos, conocemos que son unos miserables? La pobreza verdadera, la que corrompe el alma, es la pobreza moral. La de quienes no estamos dispuestos a parecernos a Jesús y dar hasta que nos duela.

¡No! ¡Nada de eso! Primero está el orgullo que el bien de mi hermano; el honor que la comprensión; el éxito que el cariño. Somos infinitamente más capaces de dejarnos descuartizar por defender el monedero personal que por impedir una injusticia flagrante en contra de un niño. Los valores sociales están cambiando.

Me llama, poderosamente, la atención que el equipo de encuestadores que hicieron ¿Hacia dónde vamos?, libro en que se analizan los valores y las tendencias de la jerarquía de valores de los mexicanos, nos digan que nuestro valor social número uno esté dejando de ser «familia, cohesión familiar, cohesión comunitaria» para instalarse en ese lugar de honor «dinero, bienestar, éxito económico». Es decir: sin dejar de ser un pueblo mayoritariamente pobre —al que le hacen falta muchas cosas— nos estamos convirtiendo en un pueblo codicioso —al que le hace falta todo.

Eso se refleja de inmediato en los valores económicos. Según el mismo equipo de analistas, la sociedad tradicional de México ponderaba en el primer lugar de los valores económicos «alegría, pasarla bien, entusiasmo, amistad», mientras que la tendencia es a cambiar ese valor por «dinero, ganancia». Y en los valores familiares estamos substituyendo en la punta «unidad» por «bienestar material, progreso económico».

O sea: estamos empezando a tocar el fondo del cinismo y dejando atrás lo que nos constituye como seres humanos, para darle paso a la idolatría del dinero, del sexo, del egoísmo.

Éste es el «paso a la modernidad» que nos prometieron nuestros políticos. Una modernidad bastante flaca, diría yo. Por la sencilla razón de que no se tomó (por ejemplo en el TLC) ni se toma en cuenta al hombre, sino a las estadísticas y a los «mercados» del dinero. Ahora es la encuesta la que manda. Y la popularidad. Y el manejo de la conciencia por los medios de comunicación. ¿Resultado? Somos —o podríamos ser en un plazo bien corto— un pueblo doblemente pobre. Pobre material y pobre moral. De esta segunda pobreza solamente nos podría salvar Jesucristo. De la primera se tiene que hacer cargo, ya, nuestro gobierno, que para eso los votó la mayoría de los mexicanos.

EL OBSERVADOR 471-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
El desafío de la educación no es «tener», sino «ser»

El desafío de la educación hoy está en formar a hombres y mujeres de «ser» y no de «tener», constata Juan Pablo II. Este objetivo es una tarea de todas las comunidades cristianas y de todos en la comunidad cristiana, aclaró recientemente a los participantes en el simposio europeo de la Comisión Episcopal para la Educación Católica, la Escuela y la Universidad, sobre el tema «Los desafíos de la educación».

«En todo lugar en el que viven los estudiantes, la educación debe permitirles convertirse cada vez más en hombres y mujeres de 'ser' y no simplemente de 'tener' más», explicó el vicario de Cristo

«La formación escolar es uno de los aspectos de la educación, pero no puede reducirse a él. El nexo esencial entre todos los aspectos de la educación debe reforzarse sin cesar», consideró.

«Es necesario que todos se movilicen y trabajen conjuntamente por los jóvenes: padres, maestros, educadores, equipos de capellanía. Deben recordar que la enseñanza debe ser apoyada por el testimonio de vida. De hecho, los jóvenes son sensibles al testimonio de los adultos, que para ellos son modelos. La familia sigue siendo el lugar primordial de educación», señaló.

Agregó que una de sus principales preocupaciones al encontrarse con los jóvenes es «la falta de esperanza», en cuyo origen, consideró, «se encuentra el intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo, que atribuye al hombre el lugar de Dios».

EL OBSERVADOR 471-3

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LA SONRISA DEL ÁNGEL
Los olvidados
Por Juan Jesús Priego

En una ciudad del mundo de cuyo nombre no quiero acordarme fue encontrado hace poco el cadáver de una mujer. En su cuarto, sobre la mesa de noche, había un vaso vacío, una caja de pastillas y un libro de oraciones; abajo, en el suelo, un par de pantuflas perfectamente alineadas; frente a la cama, una poltrona en la que se extendía un periódico que había extraviado el equilibrio. En síntesis, nada aparentemente fuera de lo normal, salvo la constitución del cadáver, la fecha del periódico y algunos otros detalles que revelaron «ciertas cosas».

El periódico, por ejemplo, databa de un día bastante lejano; las pastillas, a juzgar por una fecha que podía leerse en el ángulo derecho de la caja, habían caducado desde hacía tiempo; ¡y ni hablar de la cantidad de polvo que opacaba cada cosa confiriéndole un aspecto repulsivamente mortecino! ¿Cuánto tiempo tenía allí la mujer con una mano en el regazo y los ojos hundidos? Los peritos anotaron en su libreta: «Siete años».

¡Desde hacía siete años el cuerpo de la anciana esperaba que alguien lo viera, se compadeciera de él y lo hiciera regresar a la intimidad de la tierra! Los vecinos no se imaginaban nada, por supuesto. Simplemente habían dejado de ver a aquella mujer sola que todas las mañanas, a eso de las ocho, regresaba de Misa con un periódico bajo el brazo. A ninguno se le había ocurrido llamarla, buscarla, insistir.

El esposo, que vivía separado de ella desde hacía diez años, confesó que desde hacía «una eternidad» no la llamaba, pero que de cualquier manera el hecho «le dolía». La hija —porque la anciana también era madre además de esposa—, dijo entre lágrimas que, ciertamente, durante todo ese tiempo no había telefoneado mucho (acaso unas tres veces, sin obtener respuesta), pero que no era su culpa porque el trabajo la tenía agobiada. Las amigas con que la difunta se reunía de cuando en cuando para organizar ciertas actividades de beneficencia, gritaron a su vez impresionadas «que no era posible, que no era posible, que no era posible», que creían que se había cambiado de casa o que simplemente se había ido a vivir a otra ciudad. ¡Y vaya si era posible! ¡Siete años!

¿Cuántos hombres y mujeres, muertos desde hace tiempo, estarán hoy, en algún lugar, esperando que alguien haga uso de su memoria y los recuerde, que alguien haga uso de los derechos de la amistad y los busque? «Debo respetar su intimidad», me decía alguien hace poco de un amigo al que no veía desde hacía tiempo. No se atrevía a llamarlo, a importunarlo con un timbrazo de teléfono. Extraña idea de la amistad. Confieso que no la comprendo y que, al menos por lo que refiere a mí, no consideraría nunca amigo a uno que no quisiera meterseen mi vida, que me viera siempre desde fuera, como lo hacen los extraños. Al amigo se le da la llave de la propia existencia para que pueda entrar y salir de ella con toda libertad. El amigo puede importunar, preguntar, pedir e incluso exigir.

Pero, al parecer, nadie tiene derechos sobre nadie en esta sociedad sin amigos. Hoy la filosofía a la cual todos deben adaptarse es: «Yo no me meto en tu vida para que tú no te metas en la mía. Respétame, respeta mi vida privada, mi derecho a la soledad».

Antes era posible que el habitante de una pequeña ciudad se supiese los apodos, los oficios y las direcciones de todos sus conciudadanos; hoy ni siquiera sabemos cómo se llama la persona que desde hace veinte años entra a su casa por la puerta de enfrente. «Ocúpate de lo tuyo y deja a los otros en lo suyo». «No te inmiscuyas, no preguntes nada, déjame en paz». La privacy se ha convertido en un objeto de culto para los habitantes del siglo XXI; privacy: respeto a la privacidad que muchas veces no es respeto, sino simple y sencillamente indiferencia.

Los antiguos griegos utilizaban la expresión ta idia para referirse a la persona que no participaba nunca de la cosa pública, que se aislaba en la prosecución de sus negocios privados, que no ponía en común sus riquezas interiores. Ta idia, es decir, idiota. El idiota, etimológicamente, no es el tarado o el tonto, sino aquel que no piensa en los demás porque cree bastarse a sí mismo; el que no busca la compañía ajena y se reduce a cuidar su propio jardincito (como aconsejaba Voltaire) pensando que a ese gesto (idiota) se reduce toda su misión en el universo.

Una ciudad, un edificio, pueden ser limpios, bellos y funcionales; pero si nadie conoce allí a nadie, si nadie se interesa por nadie, es una ciudad, un edificio de idiotas.

EL OBSERVADOR 471-4

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FAMILIA
Un problema de alcoholismo seco
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Me encuentro en una situación un poco complicada. En días pasados asistí a consulta con un psicólogo y le conté todas las experiencias que me han llevado a eventos por demás difíciles emocionalmente, muy fuertes para mí, tanto que ya no sé qué hacer con mi vida. Cito un poco de lo que platiqué con el psicólogo: inestabilidad en los trabajos; mala relación de pareja; en lo personal viví en una familia disfuncional; mi papá alcohólico; una vida de promiscuidad; muy callejero desde los seis años; una fe muy vacilante: un día tengo fuerza para enfrentarme al mal y vencer pero otras veces, muchas de ellas, no lo logro, etc. Creo que me faltarían muchas cosas por agregar, pero si lo hago tardaría bastante tiempo en leerlo usted, al grado de que tengo una libreta con muchas hojas llenas de lo que yo considero cosas que me han pasado a través de mi vida, y si hago un recuento son casi todas malas: robos, violaciones, improductividad, en fin. Creo que usted debe entender a lo que me refiero. Por lo que acudo a usted es por este vacío tremendo que siento por toda una vida sin sabor ni sentido que he llevado a la consulta del psicólogo. El doctor me dijo que lo que yo tenía era alcoholismo seco, pero como ya se había terminado el tiempo de consulta me dio otra cita pero hasta dentro de un mes. Y como me dejó con la duda, me atrevo a escribirle para que usted me explique a que se refería, si es que tiene el tiempo suficiente para atenderme. Ahora no tengo ánimo de asistir a la próxima visita, ya que me desconcertó un comentario y una sugerencia del doctor. Me dijo que, de preferencia, usáramos un anticonceptivo mientras nuestra relación de pareja tomaba forma. Y es que el doctor pertenece a Cáritas de esta diócesis. Y, la verdad, de tan confundido que estoy creo que lo que menos necesito es aventarme mas broncas espirituales y emocionales. ¿Qué me sugiere ante todo esto y que me aconseja?

RESPUESTA
Es importante, por supuesto, revisar nuestra historia para saber cuáles son las heridas que hemos recibido a lo largo de la vida y así poder sanarlas, pero no somos nuestro pasado, ni estamos condenados a cargar eternamente con nuestras malas experiencias. El pasado puede y debe quedarse atrás. Lo que tenemos que traer al presente son los aprendizajes, el crecimiento, las riquezas que nos ha dado nuestra historia. Lo que quiero decir con todo esto es que el haber tenido todas esas experiencias negativas no lo define como persona, y que puede construir una vida plena pese a ese pasado. Claro, para lograrlo hay que sanar, pero esto sí es posible.

Se le llama alcoholismo seco a la situación en la que se encuentra una persona que no bebe alcohol pero que continúa teniendo todos los problemas de personalidad del alcohólico. Puede tratarse de alguien que tomó en un tiempo y que dejó de hacerlo, pero no siguió un programa de crecimiento como el que ofrecen los grupos de Alcohólicos Anónimos, y por tanto no ha superado muchos de sus defectos de carácter, como lo llaman en esta organización. No es suficiente con dejar de beber, es necesario el desarrollo íntegro de la persona. Un alcohólico que no bebe suele tener algunas de estas características: es susceptible, tiene mal humor, se enoja con facilidad, se deprime con frecuencia, es inseguro, es inmaduro emocionalmente, no confía en los demás, no expresa sus íntimos sentimientos, no expresa su cariño... No es necesario haber bebido un tiempo y luego no hacerlo para tener los problemas del alcoholismo seco. Las características de personalidad del alcohólico están presentes aun antes de que la persona entre en contacto con el alcohol, incluso si nunca bebe. Obviamente, en contacto con el alcohol, el cuadro empeora. No sé si usted bebió o no, pero el antecedente de su padre alcohólico, más las características de personalidad que haya notado el psicólogo, pueden ser suficientes para detectar un problema de alcoholismo seco. En todo caso, lo que tiene que hacer es buscar su crecimiento personal, madurar emocionalmente, adquirir seguridad en sí mismo y dejar de cargar el pasado como a un pesado fardo al que hace responsable de todos sus males. Tiene que asumir la libertad propia de los hijos de Dios. El programa de los doce pasos de Alcohólicos Anónimos le sería de mucha utilidad. También puede acudir a un grupo de hijos adultos de alcohólicos de Al-Anón, si es que lo hay en su ciudad.

El psicólogo, al parecer, piensa que éste es un mal momento para tener hijos porque ustedes no pueden ofrecerles un ambiente de seguridad y armonía donde crecer sanamente. Probablemente piensa que el uso de anticonceptivos es el mal menor, pero quizá es porque desconoce lo eficaces y seguros que son los métodos naturales para planificar la familia.

Yo les aconsejo también que esperen a tener estabilidad y salud emocional y mental en lo individual y como pareja antes de buscar tener un hijo. Prepárense cuidadosamente para poder ofrecer a sus hijos el hogar sano que merecen. Pero usen mejor los métodos naturales que aprueba la Iglesia. Pregunten en su parroquia por los cursos del método Billings y tómenlo juntos. No sólo tendrán una herramienta para planificar su familia, sino que aprender y seguir el método los va a acercar como pareja.

No deje de asistir a sus terapias, aunque no tenga ganas. Es difícil cambiar Es incómodo escarbar en las heridas.Pero es muy importante comprometernos en nuestro propio crecimiento y hacer todo lo necesario, aun sin ánimo para hacerlo.

El psicólogo no le va a dar soluciones mágicas, pero sí le va a ayudar a tener una mejor comprensión de sí mismo y de las creencias y patrones de conducta equivocados que tiene que cambiar para lograr una vida más plena y feliz. Así que no lo deje. Y tenga paciencia. No va a cambiar en un par de meses lo que tardó años en construir. El cambio es poco a poco. El chiste es no desistir. Descubrirá que vale la pena.

La psicóloga Cervantes responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 471-5

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PINCELADAS
El hada y el laberinto
Por Justo López Melús *

El laberinto de Minos, rey de Creta, era un palacio construido por Dédalo, que constaba de numerosos pasillos entrecruzados. Allí residía el monstruo Minotauro, que recibía un tributo anual de jóvenes atenienses, a los que devoraba. Nadie lograba salir del laberinto hasta que Teseo entró y lo mató. La buena princesa Ariadna, de la que estaba enamorado, le entregó al entrar el cabo de un ovillo, y así logró salir.

El laberinto, dice Mircea Eliade, es el modelo de la existencia humana, que se enfrenta a muchas pruebas, para avanzar hacia su propia realización. Para salir indemne de la prueba del laberinto de la vida, del dédalo de las mil encrucijadas, hace falta un hilo conductor, un Hada Buena que nos oriente y nos proteja: la Virgen María

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 471-6

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REPORTAJE
Prostitución en Tecún Umán: infierno en nuestra frontera sur
Por Gilberto Hernández García

Tecún Umán es una ciudad fronteriza de Guatemala con México. Muchos la conocen como la «pequeña Tijuana», debido a la gran cantidad de personas que llegan a ella con el afán de cruzar a territorio mexicano y de ahí lanzarse a los «Estados», como coloquialmente le dicen los «chapines» a la nación estadounidense.

Como la mayoría de las ciudades fronterizas de Iberoamérica, Tecún no está exenta de situaciones de inseguridad, marginación y otras condiciones infrahumanas. A diario pululan por sus polvorientas calles cientos de migrantes que buscan un empleo para sobrevivir los días que estarán por aquí, o con el fin de completar para su pasaje rumbo al norte. Tampoco puede pasarse por alto la significativa cantidad de asaltos que sufren los fuereños y los engaños de que son víctimas.

Junto al creciente negocio de los polleros o tráfico ilegal de personas, y al narcotráfico, que está sentando sus reales en este lugar, se ha venido dinamizando un nuevo fenómeno, que no pasa desapercibido en la otrora tranquila ciudad cabecera del municipio de Ayutla: la prostitución.

La creciente miseria dejada por los fenómenos naturales acaecidos en los últimos años en Centroamérica, así como las torpes políticas económicas imperantes en los gobiernos de la región, están impulsando, ya no sólo a los hombres a dejar sus tierras, sino también a las mujeres, que sienten como responsabilidad mayúscula el apoyar a sus esposos o familias en la búsqueda de una mejor situación económica que redunde en una superior calidad de vida. Y así, con los sueños en el morral, con el corazón cargado de esperanza, se embarcan a la aventura sin calcular la cantidad de riesgos a los que habrán de enfrentarse.

Desde luego, no siempre corren con suerte. Un viaje, desde cualquier país de Centroamérica rumbo a los Estados Unidos está valuado en un promedio de cuatro mil dólares. Igual que los hombres, las mujeres tienen que vender o hipotecar sus pertenencias para solventar el gasto, con la idea de que en el país del norte pronto hallarán la manera de saldar su deuda. Por desgracia muchas mujeres, más que los hombres, son víctimas de gente sin escrúpulos que se aprovecha de su ingenuidad y las engaña, despojándolas de su paupérrimo capital. Algunas más, que no traen lo suficiente para el gasto, se ven orilladas a realizar actividades que en sus pueblos no harían. Entre ellas el sexoservicio.

Según nos comenta el sacerdote misionero de San Carlos, Héctor Palos, párroco de Tecún Umán, a muchas mujeres no les queda otra salida y venden lo único que traen consigo: su propio cuerpo. «Hay una buena cantidad de bandas organizadas que enganchan a las mujeres que ven solas o indefensas, con promesas de que las van a ayudar en su camino y las envuelven en la prostitución. Al principio les ofrecen un lugar dónde vivir temporalmente y comida sin costo; pero al pasar los días empiezan a exigirles dinero por los favores recibidos; es cuando ellas tienen que trabajar para pagar sus nuevas deudas, so pena de ser maltratadas, incluso asesinadas. Es un círculo mortal. Algunas llegan con nosotros en busca de ayuda; tratamos de canalizarlas a la 'Casa de la Mujer' que atienden las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, o la Casa del Migrante de los Padres scalabrinianos».

En un breve recorrido por las intrincadas calles de Tecún Umán, pudimos percatarnos de la gran cantidad de centros de prostitución que funcionan a plena luz del día; muchos de esos lugares son restaurantes o fondas disfrazadas. La mayoría de las mujeres que se prostituyen son jovencitas, sobre todo de Honduras, Nicaragua, El Salvador, incluso de la zona sur de Guatemala. Según nos comentan, a algunas de ellas las llevan a las vecinas ciudades mexicanas de Tapachula y Ciudad Hidalgo, o en los parajes donde pernoctan los camioneros.

«Es una situación que está tomando grandes dimensiones», asegura el padre Palos, «bajo la mirada complaciente de las autoridades municipales que, aunque saben de esta situación irregular, no hacen nada por remediarla», puntualiza. Todo un reto para la sociedad y gobierno de ambos lados de la frontera México-Guatemala; «un desafío para la Iglesia local que debe buscar formas de rescatar y acompañar a estas hijas de Dios que, empujadas por la necesidad, son víctimas de gente sin escrúpulos» , termina diciendo el sacerdote scalabriniano.

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El trabajo de la Congregación de Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor

Las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor son una congregación que da su batalla por la construcción del Reino en una trinchera por demás difícil: el mundo de la prostitución. Fundadas a mediados del siglo XIX en Madrid, España, viven su experiencia de mujeres consagradas en solidaridad con la mujer marginada por el fenómeno de la prostitución. Con ellas recorren el camino de la promoción.

Las hermanas llegaron a Tecún Umán procedentes de México, a donde habían llegado en 1922; después de haber abandonado suelo azteca por la persecución religiosa, regresaron en 1954. Actualmente tienen siete casas, entre ellos el famoso Centro Madre Antonia, en la Merced, en pleno centro de la capital mexicana.

En la fronteriza Tecún Umán atienden la «Casa de la Mujer», donde prestan sus servicios a las sexo-servidoras, con el afán de arrancarlas de esa situación. «La intención es brindar un espacio de recuperación, ya que muchas de ellas se han enrolado en esta actividad contra su voluntad; en nosotras ven una oportunidad de abandonar esta suerte y empezar a labrar un futuro mejor», nos comenta la hermana Martha, poblana de origen.

El objetivo es lograr que las mujeres de las zonas de prostitución sean su propio agente en el proceso de concientización y valoración de su persona. Que, a través de nuestros servicios, conozcan otras alternativas de vida, y en libertad y responsabilidad opten por aquellas que les ayuden a sentirse realizadas.

La «Casa de la Mujer» apenas está en las etapas iniciales; «aún falta mucho por construir y avanzar», nos confiesa con esperanza nuestra entrevistada. «Los centros de atención cuentan por lo general, con una estancia infantil, cocina económica, albergue que acoge a mujeres y a sus hijos, brinda atención médica, psicológica y asesoría laboral; en algunos más tenemos talleres donde se les ofrece capacitación en un oficio (como corte y confección) para que en adelante puedan lograr otro modo de sustento económico. También promovemos la cultura del ahorro; damos cursos de formación y concientización sobre derechos humanos, derechos de la mujer, dignificación de la persona, dimensión de igualdad, valores humanos, valores cristianos, sexualidad, higiene y trabajo». Desde luego, poco a poco iremos llevando a plenitud esta obra; por ahora lo importante es que la casa está abierta y se ha convertido en un centro de esperanza. Es cierto que las sexo-servidoras no llegan en tropel a la casa; sin embargo, se está notando la presencia de nuestro centro y hemos podido concienciar a algunas mujeres para que se acerquen a este espacio, por su bien». (G.H.G.)

EL OBSERVADOR 471-7

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Oración para la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud 2005

Señor Jesucristo,
Salvador del mundo, hecho hombre
para darnos vida en abundancia.
Tú permaneces con nosotros en tu Iglesia
hasta el fin del mundo.
Entonces vendrá tu Reino:
un nuevo cielo y una nueva tierra
llenos de amor, de justicia y de paz.
Nos comprometemos firmes en esta esperanza
y te damos gracias.

Te rogamos:
bendice a los jóvenes de todo el mundo.
Muéstrate a quien te busca,
revélate a quien no cree.
Confirma en la fe a tus testigos.
Haz que nunca cesen de buscarte,
como los tres sabios Magos de Oriente.
Haz que se conviertan en artífices de una nueva civilización del amor
y testigos de esperanza para el mundo entero.
Sírvete de ellos para acercarte a quien sufre
por hambre, guerra y violencia.

Infunde tu Espíritu en cuantos colaboran
en la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud 2005.
Con la fuerza de su fe y de su amor
haz de ellos servidores de tu Reino,
para que acojan con corazón abierto
a los hermanos y hermanas de todo el mundo.

Nos diste a María como Madre.
Y por su intercesión haz, oh Señor,
que la Jornada Mundial de la Juventud
sea una celebración de fe.
Da en esos días nueva fuerza a tu Iglesia,
para que se confirme en el mundo como tu fiel testigo.

Te lo pedimos, Señor Dios nuestro,
que con el Padre y el Espíritu Santo
vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

EL OBSERVADOR 471-8

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GRANDES FIRMAS
«Señor, enséñanos a orar»
Por Chiara Lubich

Los discípulos veían cómo oraba Jesús. Lo que más les impactaba era ese modo característico con el cual se dirigía a Dios: lo llamaba «Padre». Ya antes otros habían llamado a Dios con ese mismo nombre, pero esa palabra, en labios de Jesús hablaba de un íntimo conocimiento recíproco entre Él y el Padre, nuevo y único; de un amor y de una vida que los vinculaba a ambos en una unidad incomparable.

Los discípulos hubieran querido experimentar esa misma relación con Dios, tan viva y profunda, que veían en su Maestro. Querían orar como oraba Él, por eso le pidieron: «Señor, enséñanos a orar».

Jesús ya les había hablado muchas veces a sus discípulos del Padre, pero ahora, respondiendo a su pedido, les revela que su Padre es también nuestro Padre: nosotros, como Él, gracias al Espíritu Santo, podemos llamarlo «Padre».

Enseñándonos a decir «Padre», Jesús nos revela que somos hijos de Dios y nos hace tomar conciencia de que somos hermanos entre nosotros. Como Hermano junto a nosotros, nos introduce en su misma relación con Dios, orienta nuestra vida hacia Él, nos introduce en el seno de la Trinidad, nos hace ser, cada vez más, uno entre nosotros.

«Señor, enséñanos a orar». Jesús no sólo enseña a dirigirse al Padre, sino que también enseña qué pedirle. Que sea santificado su nombre y venga su Reino; que Dios se deje conocer y amar por nosotros y por todos; que entre definitivamente en nuestra historia y tome posesión de lo que ya le pertenece; que se realice plenamente su plan de amor sobre la humanidad. Jesús nos enseña, de esa manera, a tener sus mismos sentimientos, uniformando nuestra voluntad a la de Dios.

Nos enseña, además, a confiar en el Padre. A Él, que alimenta a los pájaros del cielo, podemos pedirle el pan cotidiano; a Él, que recibe con los brazos abiertos al hijo descarriado, podemos pedirle el perdón de los pecados; a Él, que cuenta incluso los cabellos de nuestra cabeza, podemos pedirle que nos defienda de toda tentación.

Estos son los pedidos a los cuales Dios ciertamente responde. Podemos hacerlo con palabras distintas —escribe Agustín de Hipona— pero no podemos pedir cosas distintas.

Recuerdo cuando también a mí el Señor me hizo comprender, de manera novedosa, que tenía un Padre. Tenía 23 años. Todavía trabajaba como maestra. Un sacerdote que estaba de paso me pidió que ofreciera una hora de mi jornada por sus intenciones. «¿Por qué no toda la jornada?», le respondo. Impactado por esta generosidad juvenil me dice: «Recuerde que Dios la ama inmensamente». «Dios me ama inmensamente». «Dios me ama inmensamente». Lo digo, lo repito a mis compañeras: «Dios te ama inmensamente, Dios nos ama inmensamente».

A partir de ese momento advierto a Dios presente por todas partes. Está siempre. Y me explica. ¿Qué me explica? Que todo es amor: lo que soy y lo que me sucede; lo que somos y los que tiene que ver con nosotros; que soy hija suya y Él es Padre para mí.

Desde ese momento también mi oración cambia: ya no es un dirigirme a Jesús, sino un ponerme a su lado, Hermano nuestro, dirigida al Padre. Cuando le rezo con las palabras que Jesús me ha enseñado, siento que no estoy sola trabajando por su Reino: somos dos, el Omnipotente y yo. Lo reconozco Padre también en nombre de todos los que no saben que lo es, pido que su santidad envuelva y penetre la Tierra entera, pido pan para todos, el perdón y la liberación del mal para todos los que pasan por pruebas.

EL OBSERVADOR 471-9

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CULTURA
Desde un mundo secularizado
Por Carlos Díaz

Escribió Unamuno: «No concibo a un hombre culto sin la preocupación religiosa, y espero muy poca cosa en el orden de la cultura de aquellos que viven desinteresados del problema religioso». Sin embargo, hoy vivimos en plena secularización: se ha perdido el valor socialmente reconocido a los símbolos e instituciones de la religión, crece la ocupación en tareas pragmáticas, desinteresándose del más allá, se separa la sociedad y la cultura de las instituciones eclesiásticas, se reduce la religión a mera antropología, se desacraliza la naturaleza, convertida en objeto de dominio técnico, se pasa a una tradición elástica y móvil que no consagra ningún principio, se privatiza la religión, confinada en la intimidad, se la fragmenta en un pluralismo de creencias coexistentes. Para conceptualizar este fenómeno se han propuesto otras imágenes: eclipse de Dios, muerte de lo sagrado, crepúsculo de los dioses, desmitificación y demistificación, cultura posreligiosa, etc.

En ese ambiente, ¿será posible una Iglesia donde la identidad cristiana arraigue con más fuerza y se denuncien con eficacia crítica las limitaciones de un mundo sin religión, dando forma relevante a una catequesis que facilite la comunicación del mensaje revelado? Si así se hace, la secularización habrá servido de purificación: se habrá superado el pensamiento mítico-mágico y la interpretación individualista de la salvación, Dios quedará liberado del casco de bombero de urgencia y del cientifismo. En todo caso, una cosa sería la secularidad (convivencia pacífica de creyentes e increyentes en un mundo plural) y otra inaceptable el secularismo, pretensión de expulsar a los creyentes de la ciudad secular plural.

Hay dos categorías de gentes que no me hacen gracia: las que no buscan a Dios y las que se lo han apropiado; en ambos casos, como declaraba María Zambrano, «hay la manera especial de usar la palabra Dios como si fuera un pedrusco que le tiraran a uno a la cabeza; ello viene de usar las palabras más bellas, más esperanzadoras, más respetables, como si fueran pedruscos». Desde luego, hoy hace falta ser muy mala gente para no ser revolucionario. ¿Cómo podría Dios no impulsar a la revolución de las cosas, tal y como las cosas están, empezando por el interior de cada uno de nosotros? Ni bueno es sinónimo de tonto (sinonimia que nunca oirás en labios de los buenos), ni la teología convierte a la mala gente en buena; en todo caso, para mí respirar y creer viene a ser lo mismo desde que sé que el Dios de Jesús es patrimonio de la escoria de la humanidad. Ea, pues, creyentes de todos los países, escoria de la humanidad, en el nombre de Jesús, unámonos: no sea más ya nuestro nombre miedo o tristeza.

EL OBSERVADOR 471-10

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PANTALLA CHICA
La tele, tras bambalinas
Por Mayela Fernández de Vera / Grupo Inter Mirifica

La televisión como medio de comunicación ha adquirido un carácter personalizado, no sólo de importancia, sino de increíble influencia familiar. La tele es una persona, que habla —muchas veces sin pensar— y que dirige, motiva, y realiza funciones dictatoriales de criterio para todos los televidentes. Cada vez es más incuestionado lo que se afirma en la televisión, porque, haciendo uso de la tecnología y de técnicas de comunicación y mercadotecnia, lo que presenta parece la realidad real, por lo que la información y los juicios respecto a ella se reciben en un estado pasivo, osmótico, sin que se realice ninguna discriminación para su entrada al cerebro y al corazón.

Ya que está tan arraigada en nuestras vidas, valdría la pena mirar tras bambalinas lo que es la televisión, sus estructuras, herramientas y, principalmente, sus objetivos. Resulta conveniente analizar: la empresa y sus componentes internos, patrocinadores y mercadotecnia, técnicas de comunicación. Es decir, estar enterados de quién es aquella que tenemos en casa, en un lugar privilegiado, descubrir sus trucos y mañas, la cara interna de aquel monitor de la tele, cuya emisión de imágenes y de información nos afecta todos los días. De la misma manera en que revisamos minuciosamente el contenido de los productos alimenticios que llevamos a casa o la composición química de un medicamento.

¿ Qué empresa televisiva es ésta y cómo está conformada? ¿Cuál es su misión, cuáles sus objetivos y políticas? ¿Quiénes y cuántos son sus patrocinadores? ¿Quién está al frente, cuál es su compromiso moral con la sociedad? ¿Es coherente o no con los objetivos de comunicación que manifiesta?

Cuando se analiza más fríamente, dejando a un lado los intensos colores, los diseños, los trucos gráficos y mercadotécnicos de los que se vale la televisión, podremos ser menos sensibles a sus efectos, porque ya entenderemos más, conoceremos la televisión tras bambalinas y podemos estar más conscientes, por lo que nuestra receptividad pasiva e incuestionable frente a lo que se presenta en ésta será menor.

Quítale el estatus de persona a tu tele, es sólo un aparato.

EL OBSERVADOR 471-11

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Se requieren ciudadanos
Por Santiago Norte

Se ha repetido hasta el cansancio: no hay democracia sin ciudadanía. El problema estriba en que ciudadanía, al menos en México, se ha constreñido al mitin partidista o la marcha de repulsa. Dos aspectos que implican concentración, pero no necesariamente conciencia y apropiación de territorio.

Hace unos día, monseñor Samuel Ruíz García, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, me contaba que la traducción en idioma tzotzil de «ciudadano» era «aquel hombre que camina libremente por un territorio que le es propio».

No solamente la libertad define al ciudadano, sino la participación para convertir una tierra ignota o ajena en un lugar para vivir. Es decir: la apropiación por vía de responsabilidad asumida para con los asuntos de la «polis», de la ciudad, de la comunidad, del entorno geográfico o medio ambiental. El ciudadano lo es en la medida en que tiene acceso (y se lo gana) a las decisiones que afectan a su comunidad tanto como a él mismo y a su familia.

Por lo demás, esto implica la puesta en marcha de plataformas tecnológicas que impulsen las formas de democracia directa. Es una tarea de gobierno que no todos están dispuestos a impulsar. Ni siquiera la mayoría. Pero el empuje mismo de las nuevas técnicas de información (internet y, en general, todos los mecanismos a la mano de infocomunicación), podría orillar a quienes no lo desean a alentar nuevas alternativas de la presencia pública, sin esperar únicamente al cara a cara tradicional.

La sociedad de la información puede —y lo va a hacer—cambiar el método de la participación ciudadana en las decisiones y el control de los gobiernos. Internet supone un espacio libre, de interacción y de toma de decisiones colectivas en torno a un tema en específico.

La exigencia de publicar las cuentas del gobierno y respuesta del gobierno al escrutinio público aumenta la transparencia y la rendición de cuentas. Trámites en línea devuelven al ciudadano el respeto de su único recurso no renovable (el tiempo, el más valioso) y le quitan capacidad de poder a la burocracia. Interacción comunitaria a través de información sobre temas específicos disminuye la dependencia de fuentes informativas asociadas al poder..., en fin, iniciativas de movilización de masas por vía electrónica que aumentan la respuesta pública ante fenómenos peligrosos, todo eso y más implica este nuevo escenario que, sin duda, habrá de crear más y mejor ciudadanía. La comunicación, por vez primera, podría transformar la democracia y hacer de ella una forma de desarrollo equilibrado y sustentable.

La democracia digital y la ciudadanía telemática cambiarían el rostro de las sociedades occidentales, de los países, los estados y los municipios (comenzando por éstos) que tengan visión y voluntad de transformar la condición de súbditos a los ciudadanos que en ellos habiten. De parte de nosotros corre la cuenta de exigirlo así.

EL OBSERVADOR 471-12

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COLUMNA ABIERTA
El concilio Vaticano II es irrevocable
Por Walter Turnbull

Dijo el Papa en homilía pronunciada el pasado 29 de junio, en la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, con la participación del patriarca (ortodoxo) ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I:

«Santidad, en lo que me concierne, me urge confesar que en el camino de la búsqueda de la unidad siempre me he dejado guiar, como por una segura brújula, de la enseñanza del concilio Vaticano II. (...) Otras veces he podido subrayar, en circunstancias solemnes, y lo recalco también hoy, que el compromiso asumido por la Iglesia católica con el concilio Vaticano II es irrevocable. ¡A él no se puede renunciar!».

Excelsa afirmación, trascendente afirmación.

«Me urge confesar». Significa que el Papa entiende que para algunos podría ser un error confiarse tan ciegamente en la doctrina del Concilio. El Papa admite el recelo de los otros, pero afirma su propia convicción. Ecumenismo no es regateo, no es cesión, no es rebaja; es respeto y prudencia en la transmisión de la verdad.

«A él no se puede renunciar». Significa que el Papa es fiel y valora la sabiduría de su Iglesia. Sabe que los documentos del concilio —en el que él mismo participó— fueron elaborados no con complacencia sino con cariño; no con obstinación sino con experiencia; no con miedo sino con prudencia; no con audacia sino con valor; no con gravedad sino con seriedad; con intención de encontrar la verdad y con la inspiración del Espíritu Santo. Sabe que los cristianos —como dijo algún sabio moderno cuyo nombre no recuerdo y ustedes tal vez sí— no somos grandes, sino que estamos subidos sobre los hombros de gigantes.

Significa que el Papa no piensa cambiar para acomodarse a nada. Sabe que la Iglesia no se guía por modas ni por ideologías, y piensa continuar la obra de sus predecesores, como seguramente sus sucesores continuarán la suya. Este brillante, brillantísimo intelectual y teólogo, sabe que los papas anteriores fueron tan guiados por el Espíritu Santo como lo es él, y que en su momento fueron exactamente el Papa que la Iglesia (y el mundo) necesitaba en ese momento.

Cuando terminó el concilio Vaticano II —oído en un programa del padre Juan Rivas L.C.— repleto de sabiduría, brotaron como cizaña exageraciones, desviaciones e inconformidades. Todo el mundo, especialmente los medios de comunicación, se concentraron en éstas e ignoraron la sabiduría. Todos oyeron de Lefevre y de la Misa con mariachi, y casi nadie leyó los documentos del Concilio; y hoy, cuando apenas se sigue buscando su correcta aplicación, algunos ya empiezan a alucinar la posibilidad de nuevos cambios, de una modernización.

El Papa nos invita a los que no nos hemos sumergido en la sabiduría del concilio Vaticano II —entre los que me encuentro yo— a confiar en Dios, confiar en la Iglesia y a comprometernos plenamente con sus salvíficos proyectos.

EL OBSERVADOR 471-13

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FIN

 
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