El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
25 de julio de 2004 No.472

SUMARIO

bulletPORTADA -A México lo salvaron sus raíces de religiosidad popular, dice el encargado del Papa para la cultura
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - ¿Es posible ganar la batalla al tráfico de drogas?
bulletEL RINCÓN DEL PAPA -En el silencio se escucha a Dios
bulletLA SONRISA DEL ÁNGEL - Razones para cantar
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR -¿Es sano ser casto a los 37 años?
bulletFAMILIA -Claves para un matrimonio feliz
bulletPINCELADAS - Maestro elocuente
bulletREPORTAJE - Y el pecado aparece... Religión y medio ambiente
bulletJÓVENES - La realidad entre discoteca y discoteca
bulletPor culpa de una guitarra y de mi novia
bulletNUESTRO PAÍS - El papa Juan Pablo II ayudó y seguirá ayudando económicamente a México
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - Tú estás mal, yo estoy bien
bulletCOLUMNA ABIERTA - Un rey muy débil
bulletProtestante pentecostal por 23 años
bulletCONTEXTO ECLESIAL - El balance económico vaticano contradice las «leyendas» sobre sus riquezas

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PORTADA
A México lo salvaron sus raíces de religiosidad popular, dice el encargado del Papa para la cultura
México resistió a 70 años de gobiernos masónicos gracias a las raíces profundas de su religiosidad popular, ha dicho a Zenit y a El Observador el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, al analizar el estado actual de la fe en el mundo.

- ¿Cuáles son los resultados del estudio que han realizado con motivo de la asamblea del Consejo Pontificio de la Cultura?
- Las situaciones cambian según los países y los continentes. En los Estados Unidos los ateos declarados son el 1%, mientras que los «sin Iglesia» son el 15%. La mayor parte de los ciudadanos estadounidenses reza, mientras que sólo el 1% ha declarado que no reza nunca.
En Iberoamérica, Cuba es el único país en el que todavía está en el poder un régimen oficialmente ateo. Es significativo que después de 40 años de educación atea, el 86% de los cubanos se considera creyente, si bien sólo el 15% va a la Iglesia.
Otro caso singular es México, donde durante 70 años gobernó un régimen controlado por grupos masónicos de orientación anticlerical. Pues bien, el 90% de los mexicanos son católicos y el 100% devotos de la Virgen de Guadalupe. Esto da una idea de las raíces profundas de la religiosidad popular.
En Brasil, donde se encuentra el mayor número de católicos del mundo, asistimos al paso de creyentes de la Iglesia católica a otros grupos cristianos. En los años cincuenta los católicos eran el 93.5%, hoy son el 73.8%. En el mismo período, las iglesias protestantes han pasado del 0.5% al 15%. En Argentina, el 4% de la población se declara ateo y el 12% agnóstico. En Asia la situación es muy diferente: como ha comentado un obispo asiático, «no se da el fenómeno de la increencia pues no hay ninguna creencia». En Japón, por ejemplo, existe un verdadero supermercado de las religiones: si sumamos el número de los sintoístas, taoístas, budistas y cristianos nos da un porcentaje del 125% de la población, pues muchos afirman seguir varias religiones. Filipinas, único país de Asia de mayoría cristiana, tiene el 82.9% de católicos. Corea del Sur es un país interesante, con el mayor número de conversiones al catolicismo.

-¿Qué conclusiones saca después de trazar este mapa?
-El ateísmo militante retrocede, pero disminuye la pertenencia activa a la Iglesia. La increencia no crece en el mundo. Crece la indiferencia religiosa bajo la forma de ateísmo práctico. Desde el punto de vista pastoral, lo más preocupante es que la increencia está avanzando incluso entre las mujeres. Durante milenios la fe ha sido transmitida en la familia por las madres.
Además, se da un hecho nuevo: crece el ser humano indiferente, es decir, el hombre o la mujer que puede creer sin pertenecer y pertenecer sin practicar. Aumenta el número de quienes dicen ser religiosos pero no van a la iglesia.

-Ante esta situación, ¿hay signos de esperanza para la Iglesia católica?
-Ciertamente. Subrayo sobre todo los nuevos movimientos religiosos: neocatecumentales, focolares, Comunión y Liberación, renovación carismática... Se trata de una reacción suscitada por el Espíritu Santo para responder a la cultura secularizada. Presentan un intenso sentido de agregación y de pertenencia, testimonian una fuerte religiosidad, arraigada en el encuentro eclesial y personal con Cristo: en los sacramentos y en la oración.

EL OBSERVADOR 472-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
¿Es posible ganar la batalla al tráfico de drogas?
Por Jaime Septién

El mundo enfrenta un desafío brutal con respecto al narcotráfico: parar el crimen y el consumo. Dos aspectos de una batalla que muchos especialistas consideran perdida. Los que apuestan por la legalización y los que apuestan por la militarización están confiando en la ley o en las armas aquello que debería ser prioridad de sociedades como la nuestra. México ha dejado de ser país de tránsito para convertirse en país consumidor de drogas. ¿Es posible hacer algo? Siempre es posible, sobre todo si existe un planteamiento serio del problema. Si tenemos en cuenta estos cinco puntos, podemos presentar un frente común y restarle terreno al enemigo:

1. Estamos en una guerra. Las cifras de la muerte, tanto de los mafiosos como de los drogadictos, nos indican que estamos en medio de un campo de batalla. Inútil será que nos pongamos a ondear banderas de paz y pidamos tregua: contra los matones no hay tregua que valga. Tampoco contra los adictos.

2. Existe un enemigo muy claro:los cárteles de la droga, por un lado, y el micro vendedor que se aposta a la salida de la preparatoria, por el otro. Ellos, y quienes los protegen, son los que deben ser atajados por la organización comunitaria. Echarle la culpa al gobierno es placentero, pero no resuelve nada. Mejor será que los padres de familia organicen brigadas para vigilar el entorno donde se mueven sus hijos.

3. Esta guerra es diferente.La humanidad jamás la había enfrentado. El enemigo opera con gente que habita en nuestra casa. Por lo mismo, el primer frente tiene que ser abierto en nuestra casa: educar en la salud, la prevención, la dignidad y el respeto a nuestros hijos.

4. Hay un principio básico en esta conflagración:se le ceden posiciones al enemigo en la medida en que se extraigan valores objetivos y trascendentes a la educación de los niños y los jóvenes. La mejor manera de entregar soldados a las milicias de la droga es maleducar a las nuevas generaciones en la indiferencia, el pesimismo y el placer sin sacrificio.

5. La estrategia del enemigo funciona.Y funciona muy bien. Primero hay que marear al candidato haciéndole saber que es posible jugar con fuego y no quemarse. Más tarde, conquistar la opinión pública para que la generalidad opine que la droga es una «opción» . Y, finalmente, que las consecuencias, si existen, son mínimas para el adicto, para su familia y para su ciudad.
Somos mucho más que los narcotraficantes en el mundo y en México. ¿Por qué, entonces, estamos a su merced? Creo yo que por no haber sabido justipreciar la fuerza que nace de la unión y la esperanza. Estamos a tiempo.

EL OBSERVADOR 472-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
En el silencio se escucha a Dios

Antes de rezar en domingo la oración del Ángelus junto a cinco mil peregrinos congregados en Les Combes, en los Alpes italianos, localidad en la que Juan Pablo II transcurre sus vacaciones de verano, el pontífice dijo lo siguiente:

«En este oasis de tranquilidad, ante el maravilloso espectáculo de la naturaleza, se experimenta fácilmente lo provechoso que es el silencio, un bien que hoy es cada vez más raro. Las numerosas oportunidades de relación y de información que ofrece la sociedad moderna corren el riesgo en ocasiones de quitar espacio al recogimiento, hasta hacer que las personas sean incapaces de reflexionar y rezar. En realidad, sólo en el silencio el hombre logra escuchar en lo íntimo de la conciencia la voz de Dios, que verdaderamente le hace libre. Y las vacaciones pueden ayudar a redescubrir y cultivar esta indispensable dimensión interior de la existencia humana.

«María santísima es modelo perfecto de escucha de Dios, que habla al corazón humano. Nos dirigimos a ella, pensando en los santuarios marianos del Valle de Aosta y en las imágenes de la Virgen que se encuentran en las carreteras y a través de las sendas de montaña. Bendigo en particular la estatua de la «Virgencita del Gran Paraíso», restaurada cincuenta años después de haber sido colocada en la cumbre de esa majestuosa montaña. Que María, a quien celebraremos como Reina del Monte Carmelo dentro de pocos días, nos ayude a percibir en la belleza de la creación un reflejo de la gloria divina, y nos aliente a buscar con todas nuestras energías la cumbre espiritual de la santidad».

EL OBSERVADOR 472-3

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LA SONRISA DEL ÁNGEL
Razones para cantar
Por Juan Jesús Priego

En 1962, ya viejo y con un premio Nobel en el bolsillo, François Mauriac (1885-1970), el novelista francés, emprende la aventura de escribir un libro muy diferente de cuantos había escrito hasta entonces. Autor de más de 20 novelas (traducidas a casi todos las lenguas) y de un número casi tres veces superior de obras de teatro, poesía y ensayo, no quiere ya tejer historias ni inventar personajes; ahora quiere hablar de ese gran personaje que ha llegado a ser él mismo y de la historia más íntima de todas: la única que ha podido vivir en primera persona.

El anciano Mauriac toma la pluma para hablar de todo lo que ha amado, rechazado y temido, pero, sobre todo, para dar cuenta de su fe, del papel que ésta ha jugado en su vida y en la totalidad de su obra.

Cuando joven, había escrito: «La dignidad del hombre no está en el pensamiento, sino en el canto», en abierta oposición a su maestro espiritual Blais Pascal. Y mucho más tarde (en Río de fuego, 1958): «Con más fuerza que los que amamos, los que nos han amado nos marcan».

Antes de morir el novelista se sentía en el deber de confesar cuáles habían sido sus razones para cantar y qué era lo que lo había marcado tan profundamente. Por eso escribe Ce que je crois: Lo que yo creo. ¿En qué creía Mauriac? Aclara desde la primera línea: «Lo que yo creo no se confunde con lo que sé: he aquí un primer equívoco que es preciso aclarar». De hecho, ya antes había publicado varios volúmenes en los que recopilaba lo mejor de su obra periodística; los tituló Blac Notes, y exponía en ellos sus opiniones políticas, sus preferencias intelectuales, sus aversiones: eran libros, en fin, en los que hablaba de «otras cosas». Ahora quería referirse, por el contrario, a certezas, a aquello que había dado sentido a una larga vida.

«Creo en la luz, niego el absurdo. Me burlo de los milagros de la técnica si se despliegan en un calabozo materialista, aunque sea de las dimensiones del cosmos. Poco me importa alcanzar los planetas, si lo que el cohete teledirigido pasea es este pobre cuerpo destinado a la podredumbre, este pobre corazón que habrá latido en vano por unas criaturas, ellas mismas polvo y ceniza. «Es este horror el que crea vuestra fe…», me han dicho muchas veces. Y bien, es cierto, sí: no es el miedo, en el sentido en el que lo entendía el viejo Lucrecio, el que engendra a los dioses, sino el horror a la nada: el ente dotado de pensamiento no admite no haber sido pensado, el corazón capaz de amor no admite no haber sido amado…

«Que la vida no tenga dirección ni término; que el hombre no tenga destino, esto es lo que soy incapaz de creer...

«Lo que yo creo. Creo que soy amado tal como he sido, tal como soy, tal como mi propio corazón me ve, me juzga y me condena por un Dios que no es sino Ternura».

Con estas palabras el gran escritor casi pone punto final a su obra y se dispone a cerrar el libro de su vida. Lo esencial es haber vivido y haber sido amado. Ya no le queda sino aguardar a que ese Dios amante que él intuyó en el país de la vida rompa el velo, se haga tangible y lo abrase. El cielo debe ser la Casa de la Ternura; si no lo fuera, no tendríamos por qué querer ir algún día a habitar en él.

EL OBSERVADOR 472-4

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
¿Es sano ser casto a los 37 años?
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Vivo en Montevideo Uruguay; pero esto, gracias a internet, no me impide seguir los interesantes artículos de «El Observador». Tengo formación cristiana católica desde muy niña. Esto me hizo tomar la opción de la castidad. Estoy de novia hace 2.5 años con un hombre no creyente. El tiene 37 años y yo tengo 35. No hemos mantenido relaciones sexuales. La consulta concreta mía es: ¿puede considerarse sicológicamente normal que un hombre llegue a esa edad casto ( por lo que me dice, porque no se había enamorado antes) sin tener una motivación religiosa? Se podrá imaginar que dentro de mi entorno, familia y amigos íntimos les parece sumamente raro que él sea casto hasta esta edad sin tener fe. Y me dicen que probablemente tenga algún trauma o complejo. No he consultado aún a un sexólogo, ya que, a la vista de la medicina laica, mi castidad también puede considerarse «anormal». Le agradezco mucho su tiempo y su respuesta. Valoro mucho su generosidad con vuestros conocimientos.

RESPUESTA
La ley divina no es contradictoria a la ley natural. Las leyes de la naturaleza han sido creadas por Dios, pero en el ser humano son más complejas que en cualquier otro ser vivo de este planeta, de modo que nos ha costado algunos millones de años llegar a la comprensión todavía bastante imperfecta que tenemos de nuestra naturaleza. Por ejemplo, por citar algunos de nuestros descubrimientos, recién estamos entendiendo, y no todos, que el amor y el servicio son parte de nuestra naturaleza; que los hombres y las mujer somos iguales y que podemos establecer relaciones de pareja; y que la parte espiritual es una parte integral de nuestro ser. En general, en el mundo, cada vez se ve como menos natural la esclavitud, la sumisión de la mujer o el dominio del fuerte. La evolución del ser humano es lenta. Todavía nos va a llevar unos cuantos miles de años descubrir que la naturaleza humana en su plenitud es exactamente como marca la ley divina. Lo que quiero decir es que, por ejemplo, y respondiendo a tu pregunta, cuando Dios nos pide castidad, no lo hace en contra de la naturaleza humana, sino que marca un camino que nos permite darle su más auténtico y profundo sentido a la sexualidad. Es psicológicamente sano que un hombre de 37 años haya percibido esto por sí mismo y se haya negado a tener relaciones sexuales por no haberse enamorado, es decir, por no estar en un contexto de amor y entrega total.

Tal vez en este momento él siente que ya existe ese amor y la posibilidad de esa entrega y se detiene por respeto a ti. O, tal vez, su deseo es esperar, como tú, al matrimonio, para poder expresar su amor a través del acto sexual con toda libertad y seguridad, en una donación mutua y plena.

Sin embargo, en casos como éste -aunque no creo que sea el caso de tu novio pues no mencionas ningún dato inquietante- sí cabría hacerse algunas preguntas. ¿Es, en verdad, ésta una sana castidad o hay otros motivos para la ausencia de previos enamoramientos y relaciones sexuales? Podría haber problemas de demasiada introversión, inseguridad, un excesivo apego a la madre, miedo a la figura femenina, egoísmo, alcoholismo e incluso tendencias homosexuales. La sexualidad, por cierto, es mucho más que el acto sexual. ¿Percibes en tu novio que le atraes, que te desea? ¿Te besa, abraza y acaricia en una forma normal, cariñosa, espontánea? ¿Es una persona generosa contigo y con los demás? ¿Es atento y cortés? ¿Se interesa en verdad por estar contigo, por tener tiempos exclusivamente para ustedes? Si es así, me parece que todo va bien, a menos que tú hayas detectado otros signos de algún trastorno en él o en la relación, en cuyo caso deberás poner atención a esos puntos para ponerles remedio, si lo tienen, o para terminar con la relación si el asunto es grave.

Por lo demás, qué bueno que compartas este asunto, porque hay demasiada gente que piensa que la castidad antes del matrimonio no existe o no es sana. Espero que saber que hay novios como ustedes, que son castos por convicción, anime a otros a perseverar en el propósito de serlo.

La psicóloga Cervantes responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al tel. 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 472-5

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FAMILIA
Claves para un matrimonio feliz

Así habla monseñor Cormac Burke, antiguo juez de la Rota Romana, que actualmente enseña antropología en la Universidad Strathmore, de Nairobi, Kenia:

«La primera cosa que se debe tener en cuenta es que el matrimonio no puede dar la felicidad perfecta, ni nada parecido aquí en la Tierra. El propósito no es dar a los esposos esa felicidad, sino madurarlos para ella.

«En todo lo de aquí, en la Tierra, Dios está intentando enseñarnos a amar. El matrimonio es una de las más intensivas escuelas de amor, donde Dios quiere entrenar a muchos.

«La felicidad exige un esfuerzo. Cuando una persona casada, en dificultades, se permite pensar: 'Conseguiré el divorcio y me casaré con otro hombre u otra mujer, porque seré más feliz con él o con ella', está diciendo en realidad: 'Mi felicidad depende de que no se me pida demasiado. Seré feliz sólo si no tengo que hacer mucho esfuerzo para amar'.

«La persona que escoge pensar así nunca puede ser feliz, porque la felicidad es una consecuencia de darse, como dicen los Hechos de los Apóstoles (20, 35): 'Hay más felicidad en dar que en recibir'.

«La felicidad no es posible ni dentro ni fuera del matrimonio para aquella persona que está determinada a conseguir más de lo que él o ella esté dispuesto a dar.

«El sacramento del Matrimonio da especiales gracias a una pareja para perseverar en la misión de cuidar el uno del otro y de los hijos. Ser negligentes con el sacramento puede obstaculizar esa felicidad.

«El matrimonio es un sacramento que se recibe una vez, pero para ser fiel se necesita invocar la gracia del sacramento constantemente».

EL OBSERVADOR 472-6

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PINCELADAS
Maestro elocuente
Por Justo López Melús *

No hay maestro más elocuente que el silencio. En el silencio de la boca gana el pensamiento y el corazón. Cállate mucho para que tengas algo que decir. La palabra es plata, pero el silencio es oro. El estado actual del mundo es morboso, toda la vida está enferma. Si yo fuera médico y se me preguntara: «¿Qué aconsejas?», contestaría: «¡Pon silencio!». Procura que los hombres callen.

La abeja zumba ruidosamente alrededor de la flor, y cuando penetra en la flor, bebe en silencio. En cuanto un hombre discute, es que no ha alcanzado aún el silencio divino. En cuanto gusta sus dulzuras, se calla igual que la abeja. Es lo que llama Ruysbroeck el oscuro silencio en que todos los amantes se pierden.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 472-7

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REPORTAJE
Y el pecado aparece... Religión y medio ambiente
Por Gilberto Hernández García
¿Tienen razón los ecologistas New Age al culpar al cristianismo de alentar la destrucción de la naturaleza?


El documento de Santo Domingo dice que la creación es obra de la palabra del Señor y la presencia del Espíritu, que desde el comienzo, aleteaba sobre todo lo que fue creado (cfr. Gn 1,2). Ésta fue la primera alianza de Dios con nosotros. Los cristianos no miran el universo solamente como naturaleza considerada en sí misma, sino como creación y primer don del amor del Señor por nosotros.

En efecto, la Revelación nos enseña que cuando Dios creó al hombre lo colocó en el jardín del Edén para que lo cuidara y lo labrara (cfr. Gn 2, 15) e hiciera uso de él, señalando unos límites que recordaran siempre al hombre que Dios es el Señor y el Creador, y de Él es la Tierra y todo lo que ella contiene, y que el hombre la puede usar no como dueño absoluto, sino como administrador

El mensaje parece claro, pero la realidad que vivimos habla de una malinterpretación de los textos referentes a la creación y al señorío del hombre. La creciente destrucción de la Tierra lleva a muchos a la búsqueda de los culpables.

En ese tenor se levanta la acusación de que el cristianismo justifica nuestra despiadada explotación de los recursos medio-ambientales, ya que, indican, alienta la dominación del hombre sobre el resto de la creación, concibe a la naturaleza como «caída», y considera la salvación espiritual como lo único verdaderamente importante. Así las cosas, ¿tiene el cristianismo algo positivo y original que decir acerca del mundo de la naturaleza?

Los versículos del conflicto

No hay necesidad de ir más allá del final del primer capítulo de la Biblia para encontrar el texto que algunos consideran como la raíz de la arrogancia y la indiferencia humanas frente al mundo de la naturaleza:

«Dijo Dios: 'Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que mande a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes, y a los reptiles que se arrastran por el suelo'» (Gn 1, 26).

El mensaje de este conocido versículo puede prestarse a confusión. Aparece el hombre como señor de todo lo que asoma a sus ojos, ya que Dios le da la prerrogativa de hacer lo que le apetezca con el resto de la creación, que única y exclusivamente existe para satisfacer sus deseos y para que la use en su propio beneficio.

Las interpretaciones más recientes del relato de la creación superan la lectura literalista que pretendía leer en él una narración más o menos histórica. Nos hace ver cómo, en un ambiente politeísta que divinizaba distintos aspectos de la naturaleza, el autor sagrado lleva a reconocer el carácter trascendental de Dios como creador. Al mismo tiempo, la misión co-creadora de la pareja humana en el doble mandato: «sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla» (Gn 1,28).

Los ecologistas románticos, habitantes de los grandes países superdesarrollados, lanzan contra este mandato una doble crítica: el someter la Tierra lleva a su destrucción, y la fecundidad humana conduce a la sobrepoblación, alentada por las actuales doctrinas naturalistas del Vaticano.

Pero, ¿es la explotación de la naturaleza el verdadero contenido del privilegio concedido por Dios al hombre en el relato bíblico de la creación?

Hay dos relatos bíblicos de la creación. El relato Yahvista (cfr. Gn 2, 4b-25) no menciona el dominio del hombre sobre el resto de la creación. La imagen que se ofrece de las relaciones del hombre con la naturaleza tiene que ver más con el compañerismo y la administración que con la explotación. Al hombre se le confía la misión de dominar sobre el resto de la Tierra; eso también se consigna en el otro relato, en Gn 1, 26, pero se repite y se refuerza en Gn 1, 28, donde se encomienda al hombre que «pueble la Tierra y la someta».

Según Ian Bradley, la lectura de ambos relatos de la creación, lejos de querer subrayar el antropocentrismo a ultranza, «relata el absoluto señorío de Dios sobre la totalidad del cosmos. Lo esencial de la narración es afirmar que es Dios, sólo Él, quien manda; que su poder creador es el que somete las fuerzas del caos y sustenta el ser del mundo; que todo lo que existe le pertenece».

El primer relato da claridad en el sentido de que el hombre no es único objeto del interés y solicitud de Dios, pues todo lo que Dios hizo «vio que era bueno», y al entrar el hombre y la mujer a escena los califica como «muy buenos», pero no como detentadores del derecho de hacer lo que les plazca con el resto de las cosas creadas.

Sentido de unidad

En general, el Antiguo Testamento pone de relieve la unidad de los seres humanos con el resto de las criaturas vivientes. En el hebreo antiguo no hay una palabra que corresponda a nuestro término naturaleza, por la sencilla razón de que para los israelitas no es concebible un mundo natural separado de los seres humanos.

Este sentido de unidad entre hombre y creación es un correctivo en la idea de que el hombre ha sido puesto en el mundo para dominar la naturaleza a su antojo arbitrario; además supera la otra idea de que la naturaleza pura es superior al hombre y podría prescindir de él. Esto lo expresa muy bien la palabra hebrea Adam, derivado de Adama, que significa tierra. Así, en el relato de la creación de Gn 2, esta vinculación toma fuerza cuando describe a Dios creando al hombre del polvo de la tierra.

Y el pecado aparece...

Ahora bien, cuando nos referimos a la explotación de la Tierra hacemos referencia sobre todo al afán de lucro desmedido que no mira a la naturaleza como sustento del hombre, sino como un elemento servil que puede usarse sin mayor consideración. De ahí que adquiera la dimensión de pecado en cuanto atenta y desequilibra el plan amoroso de Dios.

En efecto, Dios, el Padre de todos, es ofendido en este abuso realizado en la persona de sus hijos.

Y en perspectiva cristocéntrica podemos recordar: «Tuve hambre y no me diste de comer»; incluso me arrebataron el alimento que la naturaleza debía producir y el que yo había ganado con mi propio trabajo.

Pero así como el pecado tiene repercusiones sobre la humanidad y la naturaleza, también el reinado de Dios implica una reconciliación en ambos ámbitos. Pablo nos habla de una recapitulación de todo el universo, en Jesucristo (cfr. Ef 1, 10-22), y también nos anima a creer que toda la creación espera también ser liberada del destino de muerte que pesa sobre ella. (cfr. Rm 8, 18-22).

Podemos concluir que, desde una perspectiva cristiana, la liberación del hombre y de la naturaleza van estrechamente unidas, aunque con una superioridad de parte del hombre.

EL OBSERVADOR 472-8

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JÓVENES
La realidad entre discoteca y discoteca
Por P. Fernando Pascual

La discoteca es, para muchos, un mundo de ficción y de emociones, de música, cerveza, bailes y, algunas veces, también de drogas. Todo pasa muy rápido en una sala de luces y sombras, de encuentros y separaciones, de gritos y de fiesta.

Pero el tiempo no perdona, y llega la hora de salir. La madrugada sorprende a muchos en un estado de euforia y a otros en un profundo cansancio. Hay que llegar a casa, hay que inventar una excusa del «retraso». Hay que encontrar, a veces, casi a tientas, la cama o una butaca, y tumbarse a dormir un poco.

Así dicen descansar miles de jóvenes. La semana transcurre entre estudio y trabajo, clases y televisión, monotonía y alguna que otra sorpresa. Desde el viernes o el sábado en la tarde la discoteca se convierte en un punto obligado de encuentro, de liberación, de alegría bulliciosa.

¿Es posible dejar de ir siempre a un lugar donde un clima irreal, de diversión desenfrenada, produce espejismos y sensaciones que no ayudan a afrontar la realidad, y a vivir de un modo sano los compromisos de la vida?

Nos hace falta abrir los ojos. Darnos cuenta del daño que se sigue del tomar muchas copas y del bailar hasta la locura. Aceptar que ciertas excitaciones corporales dañan profundamente la psicología de quien se hace cada vez más dependiente del placer y de las fiestas.

No es fácil romper con la discoteca cuando se ha convertido en «algo imprescindible», en una cadena psicológica. La costumbre aprisiona, y crea modos de vivir que tiñen la vida de tristeza, ante el fracaso de una fiesta que llega a su fin y obliga a todos a salir, confusos, cansados o engreídos (que es el peor engaño), para afrontar una realidad a la que no preparan ni la cerveza ni los gritos.

Para muchos, resultaría casi un sueño dejar de ir a las fiestas, abandonar una costumbre que aprisiona. Querer hacer algo distinto, tener la valentía de romper con la presión, es algo que pocos pretenden y que consiguen menos.

Pero es posible. Basta con probar el próximo sábado esa dicha de quien mira las estrellas y acompaña a un anciano que nos cuenta, con su sonrisa, cómo es hermosa la vida cuando permitimos a Dios caminar a nuestro lado.

(Fuente: es.catholic.net)

EL OBSERVADOR 472-9

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Por culpa de una guitarra y de mi novia
Por Sergio Martínez Mendaro / Diócesis de Oviedo, España

¿Cómo surgió mi vocación? Han sido muchas las veces que me han preguntado por mi vocación desde que estoy en el seminario. Mis compañeros de toda la vida se han quedado muy extrañados al ver que comencé esta aventura tan poco común.

Creo que el Señor me ha llamado para ser cura, y ésa llamada es la historia de mi fe. Cada vez que me he planteado seguir al Señor en mi vida no necesariamente siendo cura se ha encendido en mí como una lucecita que muchas veces, sin saber ni cómo ni por qué, me hacía ilusionarme en la idea de seguir a Jesucristo de esta forma.

Yo entré en contacto con la parroquia «por culpa» de unas clases de guitarra. Me habían regalado una y, como siempre me gustó la música, quería aprender a tocarla. Al año siguiente, sin darme cuenta, estaba tocando la guitarra en la Misa; luego hacían falta catequistas y el párroco me invitó a ser catequista. Fui conociendo gente muy interesante y muy comprometida. Empecé a salir con una catequista y a formar parte de un grupo juvenil.

Hubo muchas anécdotas muy curiosas; por ejemplo, la novia que tenía fue la que literalmente me obligó a ir a una Pascua que preparaba la delegación diocesana de misiones en la que me planteé seriamente ir al seminario.

La verdad es que en la parroquia, animado por mi párroco, es como descubrí lo que era ser cristiano; el paso siguiente fue el cómo ser cristiano, y eso lo descubrí yo solo sin que nadie me lo dijera, exceptuando el Señor, ¡claro está!

¿Para qué quiero ser sacerdote? Estoy a punto de la ordenación y me gustaría ser un cura entregado al Señor, con una vida de fe intensa porque considero que Él es el único que puede tenernos preparada una historia como ésta y es el único que puede llevarla a término.

Como texto bíblico para la ordenación no lo tengo muy pensado, pero podría ser: «Dios mío, yo te cantaré un canto nuevo»; es que sigo tocando la guitarra y me gusta mucho la música y, gracias a unas clases de guitarra, comenzó toda esta fiesta que es conocer al Señor y seguirlo.

(Fuente: 4 Minutos de Buenas Noticias)

EL OBSERVADOR 472-10

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NUESTRO PAÍS
El papa Juan Pablo II ayudó y seguirá ayudando económicamente a México

México fue uno de los 49 países apoyados por la Santa Sede, al ser afectado por algún desastre natural o calamidad provocada por la mano del hombre, durante 2002.

México ha sido uno de los países beneficiados por la caridad del Papa, a través del Óbolo de San Pedro, una colecta mundial que se realiza año con año el domingo más próximo a la solemnidad de San Pedro y San Pablo, fiesta del obispo de Roma.

En 2002, México sufrió el embate de dos huracanes: «Isidore» (septiembre) y «Kenna» (octubre). Junto con Cuba, El Salvador, Honduras, Perú, Filipinas, Senegal y Corea del Sur, el Vaticano distribuyó 195 mil 500 dólares en ese rubro.

Además de las calamidades provocadas por los huracanes, la Santa Sede apoyó casos de terremotos, inundaciones, incendios, carestías, emergencia económica, terrorismo y accidentes ferroviarios. El monto de lo destinado a estas áreas fue de casi un millón 920 mil dólares.

Salud, educación, alimentación, agricultura y atención a niños, mujeres y ancianos, también fueron sectores que, en 48 países, recibieron el respaldo de la Iglesia. En 1999, México también fue auxiliado por la Santa Sede en 24 proyectos relativos a estos rubros asistenciales; el segundo con más proyectos apoyados después de Colombia.

Usted puede ayudar

Para quienes en la pasada colecta del Óbolo de San Pedro no hubieran podido cooperar económicamente pero desean hacerlo, se pueden enviar directamente donativos a la Santa Sede (Juan Pablo II -00120 Ciudad del Vaticano), o mediante tarjeta de crédito (American Express, Visa, Diners, MasterCard), comunicando al fax vaticano (39 06.6988.3954) el nombre del titular, el número de tarjeta, la fecha de caducidad y la cantidad de dinero enviado.

Todo lo reaudado se utiliza para apoyar las labores de las fundaciones pontificias, por ejemplo Populorum Progressio, creada en el quinto centenario del comienzo de la evangelización del continente americano, y que ha apoyado en 98 ocasiones a México.

EL OBSERVADOR 472-11

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Tú estás mal, yo estoy bien
Por Antonio Maza Pereda

Al hacer un recuento de lo que ha pasado en las últimas semanas con los políticos que han sido cuestionados, atacados (o se han sentido así, que los paranoicos no han faltado) hay una actitud que me ha llamado la atención, porque se ha dado en casi todos los casos.

Casi sin excepción, los políticos en cuestión no han declarado su inocencia, ni han dado una demostración de la misma. Lo que han hecho, ruidosamente, ha sido tratar de demostrar que su real o supuesto contrincante está mal. Déjeme poner un ejemplo. Se demuestra, de manera irrefutable, que los colaboradores de un político han recibido soborno. ¿Hace algo ese político para demostrar su inocencia? No, señor. Lo que hace es tratar de demostrar que su contrincante ha hecho algo reprobable. ¿Me explico? La lógica es: Si el otro está mal, entonces yo estoy bien. ¡Falso! ¡Difícilmente puede encontrarse una falacia mayor! El que otro esté mal, no quiere decir que yo esté bien; de hecho no demuestra nada. Si el otro está mal, bien puede ser que yo también esté mal. Por ejemplo, si yo demuestro que el otro es corrupto, no estoy demostrando que yo no lo soy; de hecho, ambos podríamos ser bien corruptos.

Todos podemos caer en esta falacia, por supuesto. Pero nuestros dirigentes caen en ella cada vez más. ¿Que sale a la calle un millón de personas para protestar contra la delincuencia y la violencia? En vez de reconocer errores y proponer soluciones, se dedican los políticos a demostrar que los organizadores de la marcha están mal, que hay mano negra, que son de extrema derecha (claro, para ellos solo la izquierda tiene derecho a la libertad de opinión). Una vez dicho esto, se sienten purificados, se sienten redimidos, ya no hay necesidad de corregir su rumbo y de tomar medidas efectivas contra la violencia. Ya demostré que el otro está mal; por lo tanto -dicen ellos-, yo debo de estar bien. ¿Se da cuenta del mecanismo que usan para justificarse ante la ciudadanía y, lo que es peor, para justificarse consigo mismos? Si ya demostré que el otro está mal, ¿para qué mejorar, cambiar de actitud, cambiar de rumbo?

Se habla mucho de las cualidades que debe tener un buen gobernante. Honestidad, carisma, decisión, autoridad… y siga contando. Pero poco se habla de que se requiere un recto uso de la razón. Un gobernante que se justifica a sí mismo con argumentos falaces, como el que acabamos de describir, es extremadamente peligroso. De ahí a la dictadura solo hay un paso. Cada vez que cometa un error, le bastará con encontrar culpables, de lo que sea, y así se justificará delante de si mismo y, eso espera el dictador, delante de sus gobernados. Eso, amigas y amigos, se llama demagogia. A eso se le llama una razón torcida, que justifica todo, aun lo más malo, con el pretexto de que los otros están mal y, por lo tanto, automáticamente, yo estoy bien. No se me ocurre un gobernante más peligroso que el que así actúa. Dios nos libre de semejante dirigente.

EL OBSERVADOR 472-12

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COLUMNA ABIERTA
Un rey muy débil
Por Walter Turnbull

Será difícil decir esto sin «meterse en política». Y es que, en estos días, cualquier cosa que uno haga o diga puede ser tomado como política, complot o conjura. Si usted dice: «no al aborto», está haciendo política. Si usted dice: «todos hay que votar», está haciendo política. Si usted organiza una marcha contra la inseguridad, está haciendo política. Yo no pretendo hacer política, pero sí quiero apelar a la lógica y a la madurez.

He oído muchos chistes y comentarios sobre la «debilidad» de nuestro actual presidente, y también muchas críticas sobre asuntos personales que nada tienen que ver con su desempeño como funcionario público.

La crítica, siempre que se hace, debería ser objetiva, precisa, necesaria y constructiva. Yo siento que en nuestro país se ha popularizado el deporte de la crítica divertida. Se critica por diversión, o por recibir un pago (crítica prostituida). El ridículo es muy bien acogido en el mundo de la comicidad. Entiendo que durante el gobierno de Francisco I. Madero se dio un fenómeno parecido. Todo mundo se solazaba en criticar y ridiculizar. Finalmente tuvimos que regresar a una dictadura de la que todavía estamos sufriendo las consecuencias. No sabemos qué tanto influyó la crítica irresponsable, pero algo habrá tenido que ver.

De lo que más se acusa al presidente es de debilidad. Me recuerda una fábula de alguno de los fabulistas famosos. El símil no es exacto, pero nos ilustra una parte del caso: Éste era un grupo de ranas que decidieron pedir a Dios un rey. Dios, sabiendo que en realidad no les hacía falta, les mandó un tronco de árbol, asegurándoles que el «rey» velaría por su bienestar. Al poco tiempo las ranas notaron que el tronco no hacía nada grandioso, y se juntaron otra vez para reclamarle a Dios: «El rey que nos mandaste es muy débil». Dios, entonces, mandó una serpiente que rápidamente se las comió a todas. Eso sí era rey.

No quiero decir que un presidente no tenga que hacer nada. Ni siquiera opino si el presidente actual es bueno o malo, o si otro habría sido mejor o peor. Digo que debemos hacer nuestra parte y dejarlo hacer la suya. Debemos estar siempre abiertos al cambio, a la evolución, al perfeccionamiento de la sociedad y de sus instituciones. Una crítica juiciosa (valga la redundancia) puede aportar elementos para una mejora o para una buena elección. Una crítica infantil puede contribuir a una anarquía, que finalmente redundará en otra dictadura. Hemos visto pueblos que han tenido que pasar por una o varias dictaduras para aprender a madurar.

Mientras, sigamos jugando a la politiquita en lugar de hacer política en serio; ningún presidente ni ningún partido va a dar buenos resultados. Si seguimos quejándonos de la debilidad del rey, tal vez Dios tenga que mandarnos una serpiente. ¿O debería decir «volvernos a mandar»?.

EL OBSERVADOR 472-13

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Protestante pentecostal por 23 años
«Antes era cristiano, ahora lo soy mucho más»

Mi nombre es Juan Carlos Colón Moya. Nací y me crié en un hogar pentecostal, en Hatillo, Puerto Rico. En mi casa y en mi congregación (Iglesia de Dios Pentecostal, Movimiento Internacional) aprendí muchas cosas acerca de Dios.

Mis actividades favoritas eran ir a la iglesia cuantos días pudiera, evangelizar por las calles repartiendo tratados y visitando las casas, predicar desde alguna casa o en el templo, orar, conocer la Biblia, ayunar y acercarme más a Dios. En mi escuela, en mi universidad y en mi barrio traté de hacer lo que pude para servir a Dios y extender el Evangelio a aquellos que no lo conocían, o a aquellos que estaban "errados" (ahora me doy cuenta de que no todos los que yo pensaba que estaban equivocados realmente lo estaban).

Buscando evangelizar fui evangelizado

Unos vecinos y amigos comenzaron a leer las Escrituras y estábamos convenciendo a un católico a que "se convirtiera al Evangelio". Pero, aunque pensamos que lo estábamos logrando, nuestro amigo sentía en su corazón que había algo que no estaba bien en lo que estaba haciendo, así que comenzó a investigar más a fondo lo que estaba escuchando: que María tuvo más hijos, que los santos no pueden interceder por nosotros, que el papa es el anticristo, etc. En su investigación encontró que nunca hubo razones para creer que María tuviera más hijos. Eso le sorprendió y pensó: "si la Iglesia católica está bien en un punto, y todas las otras iglesias están mal en ése, es muy posible que estén mal en otros puntos". Yo aún no me había convencido de eso, sin embargo no afirmaba que María tuviera más hijos pues sí había escudriñado el tema un poco.

Todo siguió de lo más normal hasta que mi amigo fue a un curso de «defensa de la fe» impartido por el hermano Martín Zavala, misionero de la Palabra de Dios. Luego del primer día mi amigo me contó que la conferencia estuvo súper interesante. Yo, en mi mayor deseo de ayudarlo a buscar a Dios sinceramente, lo acompañé el segundo día del curso. Fui los próximos cuatro días, no porque no tuviera nada que hacer, sino porque desde el primer día que fui aprendí muchas cosas que me impactaron, cosas que mi iglesia criticaba de la Iglesia católica y en las que en realidad estábamos equivocados pero que sí creyeron los primeros cristianos. O sea que los cristianos que vivieron y compartieron con los apóstoles y que vivieron los primeros siglos creían lo mismo que la Iglesia católica. Y por "casualidad" creían muy diferente a lo que creía el concilio pentecostal al cual yo pertenecía.

Dediqué los próximos días a continuar mi investigación sobre algunos puntos en los que yo estaba aún batallando, pero uno a uno se fueron resolviendo. Cada día las enseñanzas de la Iglesia católica se hacen más razonables y entiendo más y más la fe de siempre.

Cuando miro las tantas críticas que le hice a los católicos me doy cuenta de que los juzgué sin razón, pues yo nunca investigué si era cierto o no lo que la Iglesia decía. Simplemente creía "por fe" lo que me enseñaron en mi fe pentecostal. Nunca había comparado mis interpretaciones y mis creencias con las de la Iglesia primitiva. Aquella Iglesia que siguió creyendo a Dios luego de los apóstoles. Aquella Iglesia que Dios había dejado en este mundo para que fuera luz del mundo. Aquella misma Iglesia a la que Cristo le prometió que estaría con ella hasta el fin. Aquella Iglesia a la que yo llamaba (por ignorancia) de idólatras, para mi sorpresa era la única Iglesia que Cristo fundó y que ha permanecido desde los días de Jesucristo hasta el día de hoy: la Iglesia católica.

Después de estar los primeros 23 años de mi vida en una iglesia bastante diferente a la católica, tenga cosas en mi mente de mi antigua iglesia. Sin embargo, le digo siempre a mi Dios amado: "Lo que Tú crees es lo que quiero creer. No permitas que crea yo en otra cosa sino la que Tú, Dios Todopoderoso, crees".

Antes era cristiano, ahora lo soy mucho más. Antes amaba a Dios, ahora lo sigo amando y siento un gozo maravilloso, pues ahora sí no sólo estoy acercándome a Dios, sino que cada día compruebo que la Iglesia católica es la única que fue fundada por Jesús (a diferencia de todas las demás), y me consuela, enorgullece, y me inspira saber que soy parte de Ella. A Dios sea la gloria y honor por todos los siglos. Amén.

http://www.defiendetufe.org

EL OBSERVADOR 472-14

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CONTEXTO ECLESIAL
El balance económico vaticano contradice las «leyendas» sobre sus riquezas

El balance económico de la Santa Sede muestra que las «riquezas del Vaticano» son una «leyenda», constató el presidente de la prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede.

Al presentar los números en rojo del Vaticano en el año 2003, el cardenal Sergio Sebastiani explicó con una sonrisa: «Si tuviéramos tanto dinero no tendríamos necesidad de sacar la mano para pedir ayuda».

«¿Y las riquezas del Vaticano?», le preguntó un periodista. «Una leyenda, la realidad es mucho más prosaica», respondió el purpurado italiano, quien explicó que, en el último año, en una coyuntura económica internacional adversa, la Santa Sede ha aplicado un plan de austeridad para contener el déficit lo más posible.

El cardenal presentó en la Sala de Prensa del Vaticano el «balance definitivo consolidado de la Santa Sede» relativo al ejercicio 2003, que registra un déficit de casi doce millones de dólares estadounidenses.

Si bien se trata del tercer año consecutivo en números rojos, entre 1993 y 2000 la Santa Sede había cerrado sus balances económicos en positivo, después de que Juan Pablo II convocara en 1991 a los presidentes de las conferencias episcopales del mundo para promover la aplicación del canon 1271 del Código de Derecho Canónico. Con aquella reunión, quedaron atrás 23 años de números rojos que en 1991 alcanzaron el déficit más elevado, 86 millones de dólares.

Para afrontar la reducción de entradas, explicó Sebastiani, la Santa Sede en el último año ha reducido sus costos en el sector institucional; en particular se ha ahorrado más de un millón de euros en personal. «Hemos limitado a lo urgente los gastos de mantenimiento, en particular, por lo que se refiere a las 118 nunciaturas apostólicas en el mundo», añadió el cardenal.

Dado que el Vaticano pertenece a la zona monetaria del euro, y que buena parte de sus contribuciones llegan en dólares, la devaluación del dólar con respecto a la moneda europea también ha influido negativamente.

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EU sigue siendo el mayor contribuyente económico de la Santa Sede

La Iglesia católica en Estados Unidos es la que más dinero aporta a la Santa Sede, según confirmó el cardenal Sergio Sebastiani, presidente de la prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede.
Las diócesis de Estados Unidos, al igual que las del resto del mundo, contribuyen con la financiación de la Santa Sede, según establece el canon 1271 del Código de Derecho Canónico, y constituyen la principal entrada de su presupuesto.

Después de la Iglesia de EU, en orden de contribución económica, se encuentran varios países europeos.

EL OBSERVADOR 472-15

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FIN

 
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