El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
5 de septiembre de 2004 No.478

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El milagro de Miracle
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Adiós al icono de la Virgen de Kazan
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Algunos casos de nulidad matrimonial
bulletPINCELADAS - Mal negocio el enfado
bulletREPORTAJE - La donación de organos, signo de caridad cristiana
bulletNUESTRO PAÍS -Urge la CEM a detener casinos
bulletDOCUMENTOS- Mensaje de la Jornada Mundial de la Juventud 2005
bulletCULTURA - Una mirada a Centroamérica
bulletAPOLOGÉTICA -El diezmo protestante, ¿es bíblico o tradición de hombres?
bulletCONTEXTO ECLESIAL -Cardenal Lozano: El que promueve el aborto no tiene cabida en la Iglesia
bulletHACIA EL 48º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL - Ante el mundo egoísta, solipsista y autosuficiente, el Padre da el Pan de Vida; el Hijo del Padre se autodona como pan partido que nos da la vida, el Espíritu

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CARTAS DEL DIRECTOR
El milagro de Miracle
Por Jaime Septién

Milagro es miracle o Miracle es milagro. Catalán y castizo. Murió el padre Miracle -en el siglo, Francisco Isidro Piñón Miracle (Tarragona, 1929)- la semana pasada, cuando El Observador estaba ya en la calle. Hoy recordamos al misionero. Casi cuarenta años de su vida los dejó en la Sierra Gorda, ese territorio mítico que comparten Querétaro, San Luis Potosí y Guanajuato.

Capuchino de cepa. Como del siglo XVl o del XVll. Me contó alguna vez la historia de su llegada. Y la del «Huracán de la Sierra», aquel famoso carromato que vino hasta el corazón de la Misión juniperiana de Tilaco (por cierto: murió horas antes del día en que murió fray Junípero Serra) pieza por pieza, porque no había caminos. Hoy le tienen un monumento. Necesitamos otro para el padre Miracle: el monumento a la entrega misionera y franciscana por los más pobres.

Entrega del tesoro de la fe. Lo que deja en bienes, al paso de tantos años, puede reducirse a un montoncito de pequeñas donaciones. Cualquiera que le haya visto con su tosco sayal remendado mil veces sabrá que era austero hasta en la mayor exigencia: la del vestido. Una barba larga y blanca era el único adorno a su testa de misionero español venido a la reconquista espiritual de estas tierras.

Él y el padre Botey fueron los dos más grandes misioneros de la Sierra Gorda. Ahora el vasto verdor y las cumbres peladas están tristes. Aquellos que fueron sus discípulos también. Los dos han partido a la casa de Dios. Uno, Botey, desbarrancado por Maconí. Otro, Miracle, en cardiología, tras una larga batalla entre el tamaño inmenso de su corazón espiritual y el fin natural de su corazón terreno. Esta vez el espiritual perdió la batalla. Pero, ¡es que la había ganado siempre! Cuando fui a proponerle circular El Observador, me llevó a su cuartito, abrió la ventana y me preguntó, viendo al hermoso paisaje que rodea la Misión de Tilaco: «¿Hay mejor periódico que éste?». «No, desde luego que no lo hay», contesté más o menos aturrullado. La humildad es invencible, me dictaba al oído Georges Bernanos. En efecto, es invencible. Ése es el milagro de Miracle: la responsabilidad de seguirle la huella a Jesucristo. Y enseñarla a seguir a otros.

Nada podrá borrar de la memoria colectiva la humildad del bueno del padre Miracle. Su cayado de vara cruda, su longa barba, su cerrado acento catalán que no pudo cambiar nunca. Uno es la identidad de su primera tierra. Pero solamente en el acento. En lo otro, en lo que vale, uno es católico, es decir, universal. Como el milagroso padre Miracle, «la voz de los que nadie escucha».

EL OBSERVADOR 478-1

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EL RINCÓN DEL PAPA
Adiós al icono de la Virgen de Kazan

Durante la homilía que pronunció Juan Pablo II en el celebración de la Palabra que presidió en el Vaticano con motivo de la entrega del icono de la Madre de Dios de Kazan al representante papal que lo llevó al patriarca ortodoxo de Moscú, Alejo II, el vicario de Cristo se expresó así: «Nos encontramos recogidos en oración en torno al venerado icono de la Madre de Dios de Kazan que está a punto de emprender el viaje de regreso hacia Rusia, de donde salió un día lejano.

«Después de haber atravesado varios países y de haberse detenido durante un largo tiempo en el santuario de Fátima, en Portugal, hace más de diez años llegó providencialmente a la casa del Papa. Desde entonces ha estado a mi lado y me ha acompañado con su mirada maternal en mi servicio cotidiano a la Iglesia.

«Cuántas veces, desde aquel día, invoqué a la Madre de Dios de Kazan, pidiéndole que proteja y guíe al pueblo ruso que le es devoto, y que llegue cuanto antes el momento en el que todos los discípulos de su Hijo, reconociéndose hermanos, sepan recomponer en plenitud la unidad perdida.

«Desde el inicio, deseé que este santo icono regresara al suelo de Rusia. Por ello doy gracias a la Divina Providencia junto a ustedes con particular emoción por permitirme enviar hoy al venerado patriarca de Moscú.

«Que esta antigua imagen de la Madre del Señor transmita a Su Santidad Alejo II y al venerado Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa el afecto del sucesor de Pedro por ellos y por los fieles que les han sido confiados. Que transmita el deseo y el firme propósito del Papa de Roma por avanzar junto a ellos por el camino del recíproco conocimiento y reconciliación para hacer que llegue antes el día de esa unidad plena entre los creyentes por la que el Señor Jesús rezó ardientemente».

EL OBSERVADOR 478-2

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Algunos casos de nulidad matrimonial
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Hace 35 años llegué al altar con mi novia. Había entre nosotros mucha pasión y bastante inmadurez (tenía yo 23 años y mucha confusión). Al encarar el matrimonio lo hicimos fijando una condición: la de respetar nuestra individualidad. Esto significaba (al menos para mí) no anteponer el «nosotros» al «yo», y no tratar de modificar las pautas de autonomía de la otra parte. De hecho, esto fue lo que respeté, al punto de ver cómo la conducta dispendiosa de mi consorte dilapidaba nuestros bienes y nos sumía en el desastre económico. En palabras recientes de nuestra hija de 32 años, «perdimos todo lo que teníamos». Me pregunto si esa cláusula que fijamos acaso configura el caso de un «matrimonio condicionado». Por otra parte, existe un pequeño defecto formal, ya que mi nombre, escrito en letra cursiva sobre el documento, fue leído durante la celebración por el sacerdote como otro nombre a la hora de pedir la aceptación de los esposos. En leyes esto quizá se podría tratar como «error in personae» (o algo por el estilo). Hace un año la señora me pidió el divorcio (luego de haber dejado el domicilio conyugal durante 6 años) para radicarse en el exterior y atender a su padre. Luego que los tribunales se expidieran favorablemente dentro del término de un mes, pude contraer nuevo enlace civil con quien hoy comparto mi vida. Pero ambos somos creyentes y quisiéramos poder celebrar una unión religiosa responsable, aunque en mi fuero íntimo siento que ésta es una unión legítima a los ojos de Dios y la anterior era una aventura engañosa que duró demasiados años.

RESPUESTA
Transcribí su pregunta a José Luis García Castrillón, especialista en el tema y colaborador en el servicio de consultas de Catholic.net, y la siguiente es su respuesta:
«El aparente defecto formal en la pronunciación de su nombre no afecta en nada la validez que hubiere tenido su matrimonio, en tanto se trataría de un mero y simple error material que en verdad él mismo debió remediar llamando la atención del ministro que le pidió la manifestación de su consentimiento y recibió el de ambos contrayentes en nombre de la Iglesia. Eso no constituye, de ningún modo, un error en la persona, porque ese error, que sí anula el matrimonio, es cuando uno se quiere casar con determinada persona pero se casa con otra persona, por lo que la manifestación del consentimiento no se corresponde con la realidad.
«Los otros dos aspectos me parecen -a mi humilde criterio, y seguramente al de su lector también- más relevantes, y por eso los menciona prioritariamente. Uno es la posible inmadurez, que no sólo se puede haber debido a su juventud, ya que las personas, habitual y generalmente, a los veintitrés años son lo suficientemente maduras para comprender los derechos y deberes esenciales del matrimonio, que se deben dar y aceptar, o a la pasión que lo haya movido. Es cierto que para contraer matrimonio válido se requiere un grado de madurez en el contrayente, más elevado o superior al mero uso de razón, e incluso al que es necesario para la mayoría de los negocios civiles de la vida. Por eso el Código de Derecho Canónico establece la incapacidad consensual de quienes adolecen de un grave defecto de la discreción de juicio, que no se refiere sólo a la riqueza del conocimiento o percepción intelectual, sino al grado de madurez que permite al contrayente discernir para comprometerse acerca de los deberes y derechos esenciales del matrimonio. Esta causa de incapacidad consensual está definida en el c.1.095, inc 2° del C.I.C., y debe acreditarse, como todas las de naturaleza psíquica, mediante pruebas periciales que, conforme a mi experiencia, son bastante precisas y enriquecedoras, aunque en este caso concreto, debido al largo transcurso del tiempo, se vería dificultada, ya que se debe evaluar la capacidad consensual de esta persona hace más de treinta y cinco años, porque se debe medir a la época en que expresó el consentimiento.
«El otro aspecto que considero relevante para estimar sobre la posibilidad de que ese matrimonio haya sido nulo es el que él llama «condición», que sin duda no es ninguna de las condiciones a que se refiere el c. 1.102 C.I.C., que en su caso podría tratarse de una verdadera «simulación parcial», si él -o tal vez ambos- hubiere excluido por un acto positivo de la voluntad el bien de los cónyuges como fin esencial del matrimonio, privilegiando su propio querer, o su propia persona, por sobre el consorcio de vida conyugal. El c. 1.101, en su párrafo 2°, dice que si uno de los contrayentes, o ambos, excluye con un acto positivo de la voluntad, un elemento esencial del matrimonio, o una propiedad esencial, contrae inválidamente. Se trataría, en ese caso, no de un «matrimonio condicionado», sino que no habría matrimonio, en cuanto el matrimonio es la alianza por la que varón y mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole (v. c. 1.055Ibíd.). Si se excluye el bien de los cónyuges, «el nosotros» por el «yo», el egoísmo, no hay matrimonio, o lo que es lo mismo, el contraído es nulo, y esa nulidad lo afecta a pesar del tiempo transcurrido. En ocasiones, como insinúa su lector, el fracaso matrimonial suele sobrevenir precisamente por estas causas que excluyen en realidad el matrimonio. Por lo tanto, considero que este señor podría consultar personalmente con su párroco o con otro sacerdote docto en derecho canónico, que lo guíe en la indagación de estas causales y lo oriente en su caso para que concurra ante el Tribunal eclesiástico competente».

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 478-3

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PINCELADAS
Mal negocio el enfado
Por Justo López Melús *

Vale la pena entretenerse alguna vez en ver la televisión sin voz. Tiene de ventaja que mientras tanto se puede oír una buena música, a la vez que se dejan de oír muchas estupideces. Y es curioso: los personajes, y más si son matrimonios, dan la impresión de estar casi siempre gritándose el uno al otro, «tirándose los platos»: rostros avinagrados, ojos coléricos, miradas asesinas, puñetazos en la mesa... y menos mal que no se oyen tacos.

Como decía un autor, hay dos cosas por las que un hombre nunca se debe enfadar: por las que puede remediar y por las que no puede remediar. Por las que puede remediar porque mejor es dedicarse a remediarlas que enfadarse. Y por las que no se pueden remediar porque no vale la pena enfadarse si son inevitables.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 478-4

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REPORTAJE
La donación de organos, signo de caridad cristiana
Por Gilberto Hernández García

Hay enfermedades que hacen que uno o más de los órganos vitales de una persona (riñones, corazón, pulmones, hígado, páncreas o intestinos) dejen de funcionar; es lo que se denomina una insuficiencia terminal del órgano. A menos que éste se pueda sustituir o, por lo menos, reemplazar su función, la persona afectada muere. En el caso de la insuficiencia terminal de riñón, por ejemplo, el trabajo de los riñones, es decir, la eliminación del exceso de agua y productos de desecho del cuerpo, puede ser asumido por una técnica denominada diálisis renal. Esta técnica salva la vida de la persona, pero requiere mucho tiempo y suele impedir que el paciente en diálisis recupere su plena forma y pueda llevar una vida normal.

El tratamiento preferente para una gran parte de las personas con insuficiencia terminal de órganos importantes es el trasplante. Los programas de trasplante de órganos para personas con insuficiencia terminal de los riñones, el corazón, los pulmones o el hígado se vienen realizando desde hace muchos años y hoy tienen un alto índice de éxito; un número cada vez mayor de trasplantados sigue viviendo veinte años después de la operación, y la mayoría sobrevive por lo menos cinco años. Más recientemente se han venido realizando trasplantes de intestino y de páncreas. También se conocen bien los trasplantes de tejidos como la córnea y el hueso. En la gran mayoría de operaciones de trasplante se usan los órganos de personas que han muerto. Pero también una persona en buen estado de salud puede donar uno de sus riñones, y, en casos poco comunes, se ha dado parte del hígado, pulmón o intestino sin que ello representara un riesgo inaceptable para la salud del donante.

Mucha gente aún tiene grandes prejuicios sobre la donación; algunos tienen una supuesta base religiosa. Sin embargo, es algo que debemos pensar y considerar cada vez más por las siguientes razones: en nuestro país cada año se diagnostican alrededor de mil casos nuevos de niños con enfermedad terminal de los riñones (insuficiencia renal crónica); asimismo, cada año se agregan a la lista por lo menos tres mil adultos nuevos con enfermedad terminal del riñón, casos potencialmente curables con un trasplante renal; pero sólo una parte de los pacientes lo consiguen gracias a los riñones donados por alguno de sus padres, hermanos o familiares cercanos. En todo el país se realizan aproximadamente mil trasplantes renales por año, el resto se coloca en la ya inmensa lista de espera nacional de riñón de cadáver, la mayoría de los cuáles nunca serán trasplantados por la falta de donaciones de órganos en nuestro medio.

Sólo 20 mil de los cien mil mexicanos que requieren de un órgano o tejido para mejorar su salud podrán disponer de él, el resto está supeditado a que verdaderamente un milagro mejore su condición.

En México el número anual de muertes por problemas que pueden resolverse con trasplante de algún órgano o tejido es considerable: enfermedades renales (del riñón), 8 mil; cardiovasculares (del corazón), 90 mil; hepáticas (del hígado) 45 mil

¿Cómo ayudar? La falta de información y los mitos generados en torno a la transferencia de órganos es el principal problema. Por eso las autoridades han impulsado programas de difusión que han empezado a mostrar resultados alentadores. Desde hace un par de años algunas instancias de la Secretaría de Salud, como el Centro Nacional de Transplantes (Cenatra), y otros organismos, como es el caso de la Fundación Nacional de Transplantes A. C. , se han dado a la tarea de concientizar a la población del país sobre una cultura de donación de órganos, en la que se incluye a pacientes, familiares y personal médico de las instituciones de salud que forman parte del programa. La labor no ha sido fácil, pero va ganado terreno.

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Luchando por la vida

Mary y Mayra son dos jóvenes de 20 y 22 años, respectivamente, pero quien las ve apostaría que tiene 15 o 16 años; ellas comparten más que las inquietudes propias de su edad: las vincula una enfermedad, la insuficiencia renal. Ambas, desde pequeñas, sufren esta terrible enfermedad que anualmente termina con la vida de muchas personas en nuestro país.

Unos «ligeros malestares» motivaron al médico a realizarle unos estudios a Mary, y desde entonces ella y su familia saben que sus riñones no se desarrollaron a la par que el resto de su cuerpo: quedaron como los de una niña de 10 años.

Mary tuvo que someterse al tratamiento de diálisis. «Fue un continuo tormento», nos confiesa, y añade que perdió las ganas por vivir debido a que los doctores le hablaron de la imposibilidad de encontrar una cura para su mal, así que la diálisis sería un paliativo que prolongaría su vida, aunque ella pensaba que lo único que prolongaría sería su sufrimiento. Sin embargo, la trabajadora social del IMSS le habló de los transplantes de órganos y la convenció para que accediera a incluirse en una lista de espera, aunque le advirtió que esa espera podría prolongarse por muchos años y que, probablemente, nunca llegaría un donante afín a ella. Otra posibilidad era que alguien de su familia hiciera la donación; sin embargo, ninguno de sus familiares era compatible. Así parecieron irse las esperanzas. Pero un día Mary recibió una llamada de su doctora: «Era muy noche y no tenía ganas de levantarme a contestar el teléfono cuando me dijeron que me llamaban; es más, creí que era una broma de mi hermano». Con ese pensamiento fue a contestar el teléfono; casi sale gritando de la emoción cuando le comunicaron que había un donante y que ella era una de tres probables personas que podrían ser transplantadas. De entre los tres llamados de la lista de espera, ella fue la afortunada por tener más posibilidades de que su cuerpo no rechazara el nuevo órgano. Después de una operación de casi 6 horas, estrenó a «su hijo», como ella lo llama; por fortuna no hubo rechazo y hoy le sonríe a la vida.

Mayra no ha sido tan afortunada. A ella hace ocho años que le detectaron una infección renal debido a la administración de un medicamento; primero tuvieron que hacerle el mismo proceso de diálisis, pero sus riñones no resistieron el proceso y tuvieron que extirparle ambos órganos renales. Hoy tiene que someterse a un proceso diferente: la hemodiális, que prácticamente «lava su sangre» cada tercer día. «Es una rutina que cansa, pero yo tengo muchas ganas de seguir viviendo», nos dice con una enorme sonrisa y un hermoso brillo en sus ojos.

Ambas son amigas y comparten la información que tienen sobre la enfermedad; se han convertido en expertas sobre el tema. Sin embargo, ellas creen que tiene una hermosa misión de parte de Dios: «decir hasta el cansancio que Dios nos ama». A sus amigos, sobre todo a los que van en malos pasos, «a los que toman, a los que se drogan, le decimos que no destruyan su vida, que nosotras estuvimos al borde de la muerte, pero por el amor que Dios nos tiene estamos vivas, y no es justo que se desperdicie la vida en vicios». Tal vez muchos no les hagan caso; sin embargo ellas, con su sonrisa y ganas de vivir, van compartiendo este «evangelio de la vida». (GHG)

EL OBSERVADOR 478-5

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NUESTRO PAÍS
Urge la CEM a detener casinos
Declaración de la Conferencia del Episcopado Mexicano a propósito de la iniciativa de ley sobre los casinos y las casas de apuestas en México

El 19 de abril de 1996 y el 9 de marzo de 1999 los miembros del Consejo Permanente y del Consejo de Presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano, respectivamente, declaramos y recordamos cuál es nuestra postura respecto a la probable legalización de casinos y casas de apuestas en el país. Nuestras consideraciones se han referido al ámbito de los valores tanto morales y culturales como de los sociales y económicos.

Existen todavía muchos interrogantes, no sólo de nuestra parte, sino de otras personas, organizaciones e instituciones, las cuales se han puesto a reflexionar con seriedad sobre la inconveniencia de proceder a la legitimación e implantación de casinos y de casas de apuestas, así como al reconocimiento de aquellas que actúan en la clandestinidad. Se han hecho estudios-y conviene realizar más- que demuestran lo engañoso de esa industria "del juego" y también de sus repercusiones negativas en la vida de muchas personas y familias.

El Poder Legislativo de la Federación analiza la viabilidad de una propuesta y estudia un anteproyecto de ley que puede ser aprobado debido a la insistencia y a la influencia de los interesados que quieren contar con un marco legal que avale sus programas de "desarrollo" a través de la promoción de casinos y de casas de apuestas. Estamos conscientes de que debe existir una ley que regule los juegos y sorteos que se dan habitualmente en distintos ambientes, lo que no necesariamente supone la aprobación de los casinos.

El auténtico desarrollo toma en cuenta el crecimiento integral de las personas y de las comunidades, esto es lo que en verdad necesita México. Sin embargo, constatamos que el actual marco de referencia del sistema económico no tiene como referente principal la promoción de la persona ni el respeto de su dignidad, tampoco tiene como finalidad la práctica de la justicia en la sociedad. En este contexto la industria del juego y su posible legalización fortalecerían aún más las tendencias negativas del actual sistema económico.

La economía debe estructurarse y rehabilitarse también desde la ética, lo mismo que la política, porque ésta última está cada vez más supeditada a los intereses de una economía deshumanizante. Por lo tanto, no puede esperarse un resultado positivo de la aprobación legal de casinos y de casas de apuestas.

El fruto del trabajo no tiene precio pero es indispensable darle un valor monetario que representa la actividad y el empeño de la persona trabajadora, que busca su propio sustento y el de su familia. Se corre el riesgo de perder el valor y la dignidad del trabajo en el "azar" de las apuestas, y éste es el alto costo que se paga para generar empleos y riqueza mediante los casinos y las casas de apuestas.

Si bien se deben de respetar los derechos de la recreación y del descanso, éstos van acompañados de los deberes del ahorro, de la recta administración y de la austeridad en favor de los que menos tienen y que son excluidos. El dinero que gastamos lleva consigo una hipoteca social. Esto significa que debe de estar al servicio del desarrollo de la sociedad, comenzando por asegurar que todos tengan satisfechas sus necesidades básicas.

En el ámbito de nuestro ministerio, los obispos estamos animando y promoviendo, desde hace tres años, a través de la Campaña de la Solidaridad, una cultura democrática y participativa. Las dos primeras campañas presentaron el tema del hambre y de la desnutrición infantil, y ahora queremos conscientizarnos y conscientizar a la población acerca de la necesidad de vivir una economía solidaria para impulsar un mayor crecimiento en la calidad de vida de nuestros pueblos. La economía solidaria, por ser una propuesta con base en el valor de las personas y de la dignidad de su trabajo, considera que los casinos y las casas de apuestas no aportan, ni en cantidad ni en calidad, al desarrollo económico del país, antes bien pueden ser un obstáculo.

Debemos ciertamente reconocer que las autoridades han trabajado por el mejoramiento social y la elevación humana de las personas, mediante algunos programas exitosos que tratan de ir a la raíz de los problemas, como Oportunidades. Es ésta una vía correcta y más apropiada para elevar en forma duradera el nivel y la calidad de vida, fomentando actividades productivas o de servicios más necesarios y socialmente menos riesgosos o comprometedores.

Finalmente hacemos un llamado a los católicos cristianos, de manera particular a quienes tienen el poder de decidir y resolver el problema en cuestión, a que a la luz de su fe en Cristo y a la luz del criterio del respeto a la dignidad humana, participen de manera activa y sigan trabajando por el bien común de la sociedad y de un auténtico desarrollo. Y a las comunidades cristianas les recordamos que vivir el compromiso recibido en el bautismo consiste en incidir eficazmente en la transformación de México, en un ambiente de diálogo y de paz.

Que Dios los siga bendiciendo y que María de Guadalupe los acompañe.
México, D.F., Agosto 30 del 2004.

Por los obispos de México, el Consejo de Presidencia.

EL OBSERVADOR 478-6

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DOCUMENTOS
«Hemos venido a adorarle»(Mt 2,2)
Éste es el mensaje de la Jornada Mundial de la Juventud 2005, que se celebrará en Colonia (Alemania) del 16 al 21 de agosto y que el papa Juan Pablo II acaba de publicar para que los los jóvenes puedan estudiarlo y asimilarlo convenientemente antes del encuentro.

Queridísimos jóvenes:

1.Este año hemos celebrado la XIX Jornada Mundial de la Juventud meditando sobre el deseo expresado por algunos griegos que con motivo de la Pascua llegaron a Jerusalén: «Queremos ver a Jesús» (Jn 12,21). Y ahora nos encontramos en camino hacia Colonia, donde en agosto de 2005 tendrá lugar la XX Jornada Mundial de la Juventud.
«Hemos venido a adorarle» (Mt 2,2): éste es el tema del próximo encuentro mundial juvenil. Es un tema que permite a los jóvenes de cada continente recorrer idealmente el itinerario de los Reyes Magos, cuyas reliquias se veneran según una pía tradición precisamente en aquella ciudad, y encontrar, como ellos, al Mesías de todas las naciones.
En verdad la luz de Cristo ya iluminaba la inteligencia y el corazón de los Reyes Magos. «Se pusieron en camino» (Mt 2,9), cuenta el evangelista, lanzándose con coraje por caminos desconocidos y emprendiendo un largo viaje nada fácil. No dudaron en dejar todo para seguir la estrella que habían visto salir en el Oriente (cfr. Mt 2,2). Imitando a los Reyes Magos, también ustedes, queridos jóvenes, sedisponena emprender un «viaje» desde todas las partes del globo hacia Colonia. Es importante que se preocupen no sólo de la organización práctica de la Jornada Mundial de la Juventud, sino que cuiden en primer lugar la preparación espiritual en una atmósfera de fe y de escucha de la Palabra de Dios.

2. «Y la estrella ... iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño» (Mt 2,9). Los Reyes Magos llegaron a Belén porque se dejaron guiar dócilmente por la estrella. Más aún, «al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10). Es importante, queridos amigos, aprender a escrutar los signos con los que Dios nos llama y nos guía. Cuando se es consciente de ser guiado por Él, el corazón experimenta una auténtica y profunda alegría acompañada de un vivo deseo de encontrarlo y de un esfuerzo perseverante de seguirlo dócilmente.
«Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre» (Mt 2,11). Nada de extraordinario a simple vista. Sin embargo, aquel Niño es diferente a los demás: es el Hijo primogénito de Dios que se despojó de su gloria (cfr. Fil 2,7) y vino a la tierra para morir en la Cruz. Descendió entre nosotros y se hizo pobre para revelarnos la gloria divina que contemplaremos plenamente en el Cielo, nuestra patria celestial.
¿Quién podría haber inventado un signo de amor más grande? Permanecemos extasiados ante el misterio de un Dios que se humilla para asumir nuestra condición humana hasta inmolarse por nosotros en la cruz (cfr. Fil 2,6-8). En su pobreza, vino para ofrecer la salvación a los pecadores. Aquél que -como nos recuerda san Pablo- «siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza» (2Cor 8,9). ¿Cómo no dar gracias a Dios por tanta bondad condescendiente?

3. Los Reyes Magos encontraron a Jesús en «Bêt-lehem», que significa «casa del pan». En la humilde cueva de Belén yace, sobre un poco de paja, el «grano de trigo» que muriendo dará «mucho fruto» (cfr. Jn 12,24). Para hablar de sí mismo y de su misión salvífica, Jesús, en el curso de su vida pública, recurrirá a la imagen del pan. Dirá: «Yo soy el pan de vida», «Yo soy el pan que bajó del cielo», «El pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo» (Jn 6, 35.41.51).
Recorriendo con fe el itinerario del Redentor desde la pobreza del Pesebre hasta el abandono de la Cruz, comprendemos mejor el misterio de su amor que redime a la humanidad. El Niño, colocado suavemente en el pesebre por María, es el Hombre-Dios que veremos clavado en la Cruz. El mismo Redentor está presente en el sacramento de la Eucaristía. En el establo de Belén se dejó adorar, bajo la pobre apariencia de un neonato, por María, José y los pastores; en la Hostia consagrada lo adoramos sacramentalmente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad, y Él se ofrece a nosotros como alimento de vida eterna. La santa Misa se convierte ahora en un verdadero encuentro de amor con Aquél que se nos ha dado enteramente. No duden, queridos jóvenes, en responderle cuando los invita «al banquete de bodas del Cordero» (cfr. Ap 19,9). Escúchenlo, prepárense adecuadamente y acérquense al Sacramento del Altar, especialmente en este Año de la Eucaristía (octubre 2004-2005) que he querido declarar para toda la Iglesia.

4. «Y postrándose le adoraron» (Mt 2,11). Si en el Niño que María estrecha entre sus brazos los Reyes Magos reconocen y adoran al esperado de las gentes anunciado por los profetas, nosotros podemos adorarlo hoy en la Eucaristía y reconocerlo como nuestro Creador, único Señor y Salvador.
«Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra» (Mt 2,11). Los dones que los Reyes Magos ofrecen al Mesías simbolizan la verdadera adoración. Por medio del oro subrayan la divinidad real; con el incienso lo reconocen como sacerdote de la nueva Alianza; al ofrecerle la mirra celebran al profeta que derramará la propia sangre para reconciliar la humanidad con el Padre.
Queridos jóvenes, ofrezcan también ustedesal Señor el oro de su existencia, o sea la libertad de seguirlo por amor respondiendo fielmente a su llamada; eleven hacia Él el incienso de suoración ardiente, para alabanza de su gloria; ofrézcanle la mirra, es decir, el afecto lleno de gratitud hacia Él, verdadero Hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor en el Gólgota.

5. ¡Sean adoradores del único y verdadero Dios, reconociéndole el primer puesto en la existencia de ustedes! La idolatría es una tentación constante del hombre. Desgraciadamente hay gente que busca la solución de los problemas en prácticas religiosas incompatibles con la fe cristiana. Es fuerte el impulso de creer en los falsos mitos del éxito y del poder; es peligroso abrazar conceptos evanescentes de lo sagrado que presentan a Dios bajo la forma de energía cósmica, o de otras maneras no concordes con la doctrina católica.
¡Jóvenes, no crean en falaces ilusiones y modas efímeras que no pocas veces dejan un trágico vacío espiritual! Rechacen las seducciones del dinero, del consumismo y de la violencia solapada que a veces ejercen los medios de comunicación.
La adoración del Dios verdadero constituye un auténtico acto de resistencia contra toda forma de idolatría. Adoren a Cristo: Él es la Roca sobre la que construir el futuro de ustedes y un mundo más justo y solidario. Jesús es el Príncipe de la Paz, la fuente del perdón y de la reconciliación, que puede hacer hermanos a todos los miembros de la familia humana.

6. «Se retiraron a su país por otro camino» (Mt 2,12). El Evangelio precisa que, después de haber encontrado a Cristo, los Reyes Magos regresaron a su país «por otro camino». Tal cambio de ruta puede simbolizar la conversión a la que están llamados los que encuentran a Jesús para convertirse en los verdaderos adoradores que Él desea (cfr. Jn 4,23-24). Esto conlleva la imitación de su modo de actuar transformándose, como escribe el apóstol Pablo, en una «hostia viva, santa, grata a Dios». Añade después el apóstol de no conformarse a la mentalidad de este siglo, sino de transformarse por la renovación de la mente, «para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta» (cfr. Rom 12,1-2).
Escuchar a Cristo y adorarlo lleva a hacer elecciones valerosas, a tomar decisiones a veces heroicas. Jesús es exigente porque quiere nuestra auténtica felicidad. Llama a algunos a dejar todo para que le sigan en la vida sacerdotal o consagrada. Quien advierte esta invitación no tenga miedo de responderle «sí» y le siga generosamente. Pero más allá de las vocaciones de especial consagración, está la vocación propia de todo bautizado: también es esta una vocación a aquel «alto grado» de la vida cristiana ordinaria que se expresa en la santidad (cfr. Novo millennio ineunte, 31). Cuando se encuentra a Jesús y se acoge su Evangelio, la vida cambia y uno es empujado a comunicar a los demás la propia experiencia.
Son tantos nuestros compañeros que todavía no conocen el amor de Dios, o buscan llenarse el corazón con sucedáneos insignificantes. Por lo tanto, es urgente ser testigos del amor contemplado en Cristo. La invitación a participar en la Jornada Mundial de la Juventud es también para ustedes, queridos amigos que no están bautizados o que no se identifican con la Iglesia. ¿No será que también ustedes tienen sed del Absoluto y están en la búsqueda de «algo» que dé significado a su existencia? Diríjanse a Cristo y no serán defraudados.

7. Queridos jóvenes, la Iglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás. La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad. En este camino de heroísmo evangélico nos han precedido tantos, y es a su intercesión a la que les exhorto recurrir a menudo. Al encontraros en Colonia, aprenderán a conocer mejor a algunos de ellos, como a san Bonifacio, el apóstol de Alemania, a los santos de Colonia, en particular a Úrsula, Alberto Magno, Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y al beato Adolfo Kolping. Entre éstos quisiera citar en modo particular a san Alberto y a santa Teresa Benedicta de la Cruz que, con la misma actitud interior de los Reyes Magos, buscaron la verdad apasionadamente. No dudaron en poner sus capacidades intelectuales al servicio de la fe, testimoniando así que la fe y la razón están ligadas y se atraen recíprocamente.

Queridísimos jóvenes encaminados idealmente hacia Colonia, el Papa los acompaña con su oración. Que María, «mujer eucarística» y Madre de la Sabiduría, los ayude en su caminar, ilumine sus decisiones y less enseñe a amar lo que es verdadero, bueno y bello. Que Ella los conduzca a su Hijo, el único que puede satisfacer las esperanzas más íntimas de la inteligencia y del corazón del hombre.

EL OBSERVADOR 478-7

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CULTURA
Una mirada a Centroamérica
Por Carlos Díaz

Si conoces un pueblo centroamericano, conoces todos. Cuando la peor fantasía coincide con la realidad: Guatemala. Cuando el tiempo se detuvo en las cavernas: Guatemala. Cuando hormigas sin hormiguero: un mar de guatemaltecos trabajando por unas tortillas de maíz y unos frijoles al día. Les he visto dormir en las aceras y mendigar por las calles de México, DF, para luego, tras caminar a pie enjuto interminables miles de kilómetros, terminar ahogándose en el Río Bravo, frontera con EU.

Los guatemaltecos abandonan sus hermosas tierras como tantos otros pueblos empobrecidos de la humanidad: rezuman sangre, sudor y lágrimas. Pobre pueblo mártir, Guatemala, huyendo de las cornadas del hambre y la dictadura. No hay dictadura buena, y menos la económico-política; gobierno tiránico es aquel donde el superior es vil y los inferiores envilecidos. Por desgracia, si no cabe esperar siempre buenas leyes ni justicia de los Estados donde reina la democracia formal, menos aún de aquéllos donde existen dictaduras tan feroces y sanguinarias como la de Guatemala, en donde parece que no pasa nada porque nadie da noticia de ella. Los dictadores ignoran que gobernar es pactar, y que pactar no es ceder, sino saber rectificar. Ellos se creen hombres incorruptibles -no es difícil autoconvencerse de lo que se quiere-, y hasta piensan que son tan difíciles de cambiar como los billetes de banco de un millón; por eso no quieren enterarse de que los gobiernos son velas; los pueblos, el viento; el Estado, la nave; el tiempo, el mar; y ellos, el lastre. Ellos, los dictadores, fusilan a quien se atreve a decirles a la cara esta frase: una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil.

Sin embargo, nunca se entra en un corazón por la fuerza, nadie puede ser llamado señor de otro por fuerza, tirano sí; por la fuerza un rey puede hacer un noble, pero no un caballero. La fuerza tiránica sólo es capaz de hacer esclavos en torno a sí, el tirano hace a los esclavos, y los esclavos que aceptan su esclavitud hacen a los tiranos. Ese es el círculo letal de la dictadura, aquel régimen en que la gente, en lugar de pensar, recita, y en lugar de caminar, repta. Sin embargo, el dictador está siempre amenazado, pues a muchos ha de temer quien es temido por muchos.

A veces el primer golpe de indignación produce una reacción; sin embargo, cuando la indignación se asienta, volvemos a lo de siempre. En Guatemala (en Guatepeor) se asesina a mucha gente, y es difícil denunciarlo allí sin que te caiga encima el imperio del crimen organizado de un Estado que es oligopolio militar. En comparación con ella, la triste democracia formal de las multinacionales y los multipobres es un lujo político en el que, como dijera Churchill, cuando llaman a la puerta de tu casa a las seis de la mañana, sabes que es el lechero, y siempre es mejor encontrarse con el lechero que con un encapuchado armado.

En El Salvador, aun estando las cosas políticamente más tranquilas tras los acuerdos de paz entre el FMLN y la derecha, la situación social continúa siendo alarmante: ya es el país más violento del mundo, más que Brasil, México y Colombia. Es la paradoja del «todo en paz pero nada sin guerra». Vas por la calle, te asaltan; estás en tu casa, te asaltan; viajas, te asaltan. Las agencias de viaje recomiendan no ir por nada del mundo a este país tan lleno de volcanes como de pasiones. Y tú eres asaltable porque el hambre les asalta a ellos, la vida como asalto.

Vivir en El Salvador es morir un poco, a pesar de que la moneda oficial sea el dólar y la gran pasión de tan diminuto país el derby Barça-Real Madrid, cuyas camisetas son portadas como emblemas míticos por quienes pueden comprarlas o robarlas. Increíble, pero cierto, pues ¿qué otra salida cabe a los empobrecidos de la tierra, sino la de soñar con el imaginario social de los países enriquecidos, aunque les sea ajeno y alienador?

En Honduras, con parecidos niveles de violencia, el drama es todavía más grande: estamos hablando de uno de los diez países del mundo con menor renta per capita. Por cinco horas diarias de clase en la mejor de sus universidades pagan cinco dólares al docente, y la gente sencilla vive con un puñado de desgastadas lempiras que no sirven para nada a una población que en su ochenta por ciento vive -por así decir- en la máxima pobreza, y que por la noche duerme -por así decir también- malamente en la calle, y todo esto sin hablar de las comunidades peores, como las de negros garífonas segregados en las playas. ¡Todo lo cual parece, sin embargo, perfectamente compatible con cinco iglesias-sectas distintas en cada callejuela, y con una embajada estadounidense que es una mole imponente e interminable en la zona exclusiva, en torno a la cual residen en costosísimos edificios hiperprimomundistas los máximamente enriquecidos!

Hace falta ser muy malo para silenciarlo en países de muerte. En los países mesoamericanos la vida humana no vale nada, ni antes, ni durante, ni después de Colón y de las renovadas neo-cocacolonizaciones, por eso continúo sin ver la excelencia del lema «es bueno para la humanidad lo que es bueno para la General Motors».

EL OBSERVADOR 478-8

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APOLOGÉTICA
El diezmo protestante, ¿es bíblico o tradición de hombres?
Por Martin Zavala, M.P.D.

El diezmo tal como hoy es enseñado por la mayoría de las sectas de dar el 10% del ingreso en dinero no existe en las páginas de la Biblia.

1.- El diezmo nunca se dió en dinero o moneda, sino en comida y animales

Siempre que se habla en la Sagrada Escritura del diezmo, ése se daba en especie, ya sea de frutos o de animales (cfr. Gn 4,3-7; Lv 27,30-32) y no en dinero, a pesar de que sí había éste (cfr. Gn 47,13-18).
Era exclusivamente del fruto de la tierra o de animales; ni siquiera se menciona dar algo de la minería, comercio, carpintería, o diversas ocupaciones profesionales.
Nótese que en el libro del Levítico capítulo 27,30-31 si alguien quería pagar algo en dinero tenía que dar el 20% más del valor real del animal o fruto.
Obviamente no era dinero lo que Dios quería. Se ha usado mucho en ambientes protestantes el libro de Malaquías para presionar a dar el 10% cuando en realidad allí se está hablando de alimento: «Entreguen, pues, la décima parte de todo lo que tienen al tesoro del templo, para que haya alimentos en mi casa...» (Mal 3, 10a).
Hay cientos de citas bíblicas donde dice una y otra vez: cosecha y animales. ¡El enfoque del diezmo era agrícola y ganadero! Era comida: comida para el levita, comida para el forastero, comida para la viuda, comida para el huérfano, y Dios no cambia de tema en el libro del profeta Malaquías.
Éstas son las palabra textuales de un escritor protestante que está en contra del diezmo: «La próxima vez que un pastor o uno de los ancianos, diáconos o evangelista ponga sentimientos de culpabilidad en usted sobre el diezmo, compre un camión cargado de trigo y descárguelo sobre el púlpito, y mire su reacción».
Una cosa es buscar lo que la Biblia dice sobre el diezmo, y otra, muy diferente, es usar pasajes bíblicos para que la gente crea lo del 10% de su sueldo. De dar el diezmo en especie algunos han cambiado la enseñanza del Antiguo Testamento para pedir dinero.

2.- El diezmo era para los levitas, viudas y huérfanos, no para el pastor

El diezmo servía para el sostenimiento de los levitas porque éstos no tenían herencia en la tierra como las otras tribus: «Los diezmos que los hijos de Israel separan para ofrecerlos a Yavé se los doy a los levitas como herencia. Por eso les he dicho que no tendrán heredad entre los hijos de Israel»(Nm18, 21 24; cfr. Dt 14,27). De este fondo también se tomaban ciertas porciones para aliviar las necesidades de los extranjeros, los huérfanos, y las viudas. Al tercer año el diezmo de ese año debía ser entregado directamente en las aldeas locales: «Cada tres años separarás el diezmo de todas las cosechas del año, pero lo guardarás en tu ciudad. Vendrá entonces a comer el levita, que no tiene herencia propia entre ustedes, y el extranjero, el huérfano y la viuda, que habitan en tus ciudades, y comerá hasta saciarse...» (Dt 14, 28-29; cfr. 26, 12-13).
De hecho Los rabinos judíos actuales no piden el 10% para ellos porque conocen perfectamente la Ley y saben que el diezmo en especie era solamente para los levitas. El 10% del salario para el jefe, pastor o líder no ha existido nunca en la Biblia, excepto por parte de «predicadores» o «servidores» que exigen para sí mismos en el nombre de Dios lo que Dios nunca ha pedido para Él.

3.- El diezmo era una ley para los judíos en el Antiguo Testamento

Es por eso que las sectas protestantes que lo exigen tienen que recurrir a mencionar citas de la Antigua Alianza y, sobre todo, a Malaquías para poder hacer creer a la gente que es bíblico; pero no mencionan que eso era para el pueblo de Israel, que fue con el que Dios había hecho esa alianza, y nosotros no somos judíos, sino cristianos.
Pertenecemos a la nueva alianza: «Ésta es mi sangre, sangre de la Alianza nueva y eterna» (Lc 22,20; cfr. Hb 10,9; Gal 3,23-25); ésta es lograda con la muerte y resurrección de Jesucristo, y ahora Él es nuestro Señor. Incluso san Pablo corrige a los que quieren volver a vivir bajo la Ley (cfr. Gal 4, 21-26).
Desafortunadamente algunos, por no tener este conocimiento, inconscientemente están mezclando las dos alianzas como si fuera lo mismo. En ratos son cristianos, y al dar el diezmo son moisesianos.
De todas maneras, si alguien quiere darlo porque está en la Ley de Moisés, no debe olvidar que el apóstol Santiago dice que la Ley era un todo o nada empaquetado; a una persona no le era permitido escoger lo que le gustara de ella -como si fuera un menú religioso- y dejar a un lado lo que no le pareciera bien. «Porque cualquiera que guarda toda la Ley pero ofende en un solo punto se ha hecho culpable de todo» (Stgo 2,10).
Si un protestante desea seguir la Ley, debe circuncidarse, guardar el sábado, no comer sangre, dar el diezmo, no comer pescado sin escamas, apedrear a los que violan la Ley, etc. O todo o nada. Por eso los cristianos en el Nuevo Testamento nunca dieron ni hablaron del diezmo ni de las otras cosas que acabamos de mencionar.
Ni modo, por eso hay muchos queriendo ser pastores protestantes para poder trasquilar a sus ovejas tranquilamente en el nombre de Dios.

4. Ni Jesús ni los apóstoles pidieron o mandaron pedir el diezmo

No existe una sola cita del Nuevo Testamento en la que Jesús o alguno de los apóstoles digan que hay que pagar el diezmo, y menos todavía que eso fuera el 10% del salario. Ni siquiera el de los alimentos y animales.
En los Evangelios solamente viene tres veces la palabra diezmo, y habla de los fariseos que lo daban (cfr. Mt 23,23; Lc 11,42), y, por cierto, no habla nada bien de ellos, y en el caso mencionado en Lc 18,12-14, el que daba el diezmo no salió ni justificado ni bendecido.
En la carta a los Hebreos sólo se menciona el diezmo que dio por única vez Abraham a Melquisedec, y era parte de un «botín» de guerra. En el Nuevo Testamento se habla de ayuda, colecta, apoyo, compartir todo lo que tenían, pero nunca del 10% semanal y en dinero.
¿Por qué nunca se le ocurrió a san Pablo mencionar a Moisés o a los profetas en relación con el diezmo, o bien soltarle a los cristianos el pasaje de Malaquías: «ustedes están robando a Dios», como muchos predicadores modernos lo hacen? Pues porque él sabía que vivía bajo una Nueva Alianza y estilo nuevo de dar con el corazón.

5.- La Iglesia primitiva no cobraba el 10% semanal del salario

Los historiadores de la Iglesia lo dejan muy claro: la comunidad primitiva no se financió con diezmo de ninguno tipo. El Diccionario Hasting dice de la Iglesia primitiva: «Se admite universalmente que el pago de diezmos o décima parte de las posesiones, para propósitos sagrados no encontró un lugar dentro de la Iglesia cristiana durante la edad cubierta por los apóstoles y sus sucesores inmediatos».
De la misma manera dice la Nueva Enciclopedia Católica: «La Iglesia primitiva no tuvo sistema de diezmos... no había ninguna necesidad de mantenerlo, ni que existiera o fuese reconocido en la Iglesia, sino que los otros medios parecieron bastar».
Por eso la Iglesia católica usa la palabra «diezmo» sólo con el significado de una ayuda equivalente al de un cierto tiempo de trabajo, nunca con el de un 10% obligatorio. Algunos sí gustan dar ese 10%, pero sólo como un compromiso libre y personal de apoyar la evangelización, fruto del amor a Jesucristo y a su Iglesia, pero jamás porque exista un motivo bíblico.
Al parecer, los promotores protestantes del 10% del salario en diezmo no han leído la historia del cristianismo primitivo. Si alguien lo quiere dar por gusto, tradición o decisión propia, cada cual es libre de gastar donde quiera su dinero; pero que nadie le haga creer a otro cosas que no enseña la Biblia.
Cuidado, hay pastores que abusan. Sin duda que este tema le gustará a protestantes que ya estan cansados de que los expriman con el cuento del diezmo del 10% semanal en dinero. Usted puede ayudarlos y practicar una obra de misericordia compartíendoles este tema.

(Fuente: Catolico: Defiende tu Fe)

EL OBSERVADOR 478-9

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CONTEXTO ECLESIAL
Cardenal Lozano: El que promueve el aborto no tiene cabida en la Iglesia

El presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, cardenal Javier Lozano Barragán,aseguró en México que quienes promueven el aborto no tienen lugar en el Iglesia.

En una clara alusión a grupos de falsos creyentes como las organización feminista abortista Católicas por el Derecho a Decidir, precisó que «quien aconseje el aborto, quien lleve a cabo el aborto, quien lo practique, queda fuera de la Iglesia». Asimismo, sentenció que el aborto nunca será una «alternativa permitida» en la Iglesia. «Quinto mandamiento, no matarás. El aborto mata, por tanto es un homicidio; lo peor de lo peor es que la mamá mata a su hijo, que no se puede defender», señaló.

El cardenal Lozano, como presidente de la Sociedad Teológica Mexicana, dijo lo anterior mientras participaba en el Encuentro Pastoral de la Salud organizado por la arquidiócesis de Morelia.

«El aborto es cuando alguien intencionalmente, deliberadamente, conociendo todo esto, lo practica. De repente se da por accidentes, no pasa nada, nuestro Señor no es tonto», señaló.

Asimismo, precisó que la píldora del día siguiente es abortiva y guarda las mismas intenciones que cualquier otro método.

También recordó que la mejor prevención para evitar el SIDA no es el uso de preservativos sino la fidelidad conyugal.

EL OBSERVADOR 478-10

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HACIA EL 48º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL
Ante el mundo egoísta, solipsista y autosuficiente, el Padre da el Pan de Vida; el Hijo del Padre se autodona como pan partido que nos da la vida, el Espíritu
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, C. ORC.

San Juan, en el capítulo 6 de su evangelio, nos habla del pan de vida como don proveniente del Padre. A través de su Hijo, el Padre quiere comunicar su vida al mundo: «Mi Padre es quien les da el verdadero pan del Cielo» (Jn 6,32). Este pan se identifica con Jesús, su Hijo unigénito, quien en su entrega hasta la muerte, prolonga la donación de sí mismo, de su Cuerpo y de su Sangre, en la Eucaristía: «Yo soy el pan vivo bajado del Cielo» (Jn 35, 48.51). No basta comer la carne, es preciso «beber del mismo Espíritu para constituir un solo cuerpo» (1Cor 12,12-14).

Del Cuerpo de Cristo y del Espíritu procede la vida plena. Del Padre por el Hijo se dona la persona Don, el Espíritu Santo, para ser con ellos misterio de comunión trinitaria. Desde el Espíritu vivificante en la Iglesia por Cristo Eucaristía, autodonación del Hijo, retorna de nuevo al Padre. Aquí se inscribe el dinamismo descendente y ascendente de la Eucaristía.

La Eucaristía es acción de gracias al Padre; he ahí un aspecto medular: en lugar de quejarse de la vida oscura como un perenne lamento estéril -otra cosa es el análisis que hicimos al principio, porque «Cristo se entregó por nosotros», quienes también estamos en este eclipse epocal-.

La anámnesis es memorial, actualización de la donación martirial del Hijo que acepta el Padre; aceptación que conlleva la resurrección del Hijo (Fil 2, 1…, himno de la kénosis). Y la epíclesis,invocación al Espíritu Santo, vivificador, en María, en la Iglesia, en las ofrendas.

Todo se enmarca dentro de la communio: la Trinidad es communio amoris tripersonal; la Iglesia es communio trinitatis , y su fuente y vértice, la Eucaristía es communio en Cristo, inmolado y resucitado, con el Padre en el Espíritu y con los hermanos.

De la comunión intradivina y trinitaria, procede la comunión de los santos. Por eso, y con toda razón por la Eucaristía, la Iglesia deviene en sacramentum trinitatis. La Eucaristía viene a ser el sacramento eficaz de la comunión intradivina-trinitaria y de la comunión salvadora en relación con los hermanos para formar la ciudad de los humanos, la civilización del Amor, la comunión de la humanidad.

La Eucaristía es un banquete que se come al estilo del Cielo, en donde el banquete es una mutua comunión de las personas; mutua inhabitación de personas divinas y personas humanas.

En la Trinidad, nuestro Hogar, desde el Padre por el Hijo en el Espíritu Santo, se encuentra la raíz y la cumbre del misterio eucarístico.

Occidente se ha abierto a Oriente a través de la teología del icono. Por eso hago una referencia a una obra verdaderamente admirable. Valdría la pena leer a Paul Evdokimov para gustar esta teología en El arte del icono, teología de la belleza, de manera singular, el icono de la Trinidad (1425), del monje Andrés Roublev, mandado pintar por san Niconio en memoria de san Sergio. En este cuadro los ángeles, expresión de la Trinidad, están celebrando el misterio eucarístico. Los tres participan de la liturgia. Juntos hacen presente en la Iglesia la Pascua eterna: el Padre, resucitando a su Hijo en la visibilidad de las realidades terrenas, el pan, el vino, la asamblea; el Padre, con una tristeza inefable, dimensión divina del ágape, inclina su cabeza hacia el Hijo. Cristo, sometiéndolas por el poder de la resurrección; el Espíritu de la comunión y de la pericoresis, las santifica por la acción incorporante a Cristo. Cada uno según la función que les corresponde en la economía trinitaria. El color del cielo de la Trinidad es el azul de Rublev.

«Es impresionante el poder de la síntesis teológica, la riqueza de su simbolismo y la belleza artística», señala Edokimov. Nos sigue diciendo: «Los últimos trabajos han descubierto el contenido de la copa. La capa de pintura posterior que representaba un racimo, escondía el dibujo inicial: el Cordero -que une esta Comida celeste a la palabra del Apocalipsis- ha sido inmolado antes de la fundación del mundo. El amor, el sacrificio, la inmolación preceden al acto de la creación del mundo, están en su origen» (pág 248; 249).

Juan Pablo II, en la encíclica Ecclesia de Eucaristía, señala igualmente la dimensión eucarística del icono de Rublev; percibe en esta obra cumbre a «una Iglesia profundamente «eucarística» en la cual, la acción de compartir el misterio de Cristo en el pan partido está como inmersa en la inefable unidad de las tres Personas divinas, haciendo de la Iglesia misma un icono de la Trinidad» (50).

EL OBSERVADOR 478-11

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FIN

 
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D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006