El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
12 de septiembre de 2004 No.479

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Desorden, desánimo, desesperanza
bulletEL RINCÓN DEL PAPA -La idolatría sigue siendo una tentación para la humanidad
bulletLA SONRISA DEL ÁNGEL - El número 666
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - ¿Es válido este matrimonio?
bulletPINCELADAS - La bandeja y la alfombra
bulletREPORTAJE -Hay noventa millones de mujeres menos de las que debía haber
bulletNUESTRO PAÍS - ¿Son éstos los que nos quieren gobernar?
bulletMartín Valverde: «Dios no me contrató, me salvó»
bulletPICADURA LETRÍSTICA -Sesquicentenario motivante
bulletCOMUNICACIÓN -Mel Gibson habla con EWTN sobre el «después» de la película La Pasión
bulletTEMAS DE HOY -Mi querida computadora inteligente...
bulletLa verdadera independencia
bulletCULTURA -Los «ilegales»
bulletHACIA EL 48º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL -Eucaristía, misterio encarnacional

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CARTAS DEL DIRECTOR
Desorden, desánimo, desesperanza

Por Jaime Septién

El país no avanza. Los mexicanos, ahora sí, estamos hechos bolas. Miramos a la política y vemos un cochinero. Miramos al gobierno y anda de estampida. Miramos a los pobres y se nos encoge el corazón. Puede que los números arrojen una disminución, pero, en la realidad, cada día hay más, y los que ya lo eran se han convertido en miserables.

La gente de a pie tiene la impresión de que una negra nube está cubriendo el territorio nacional. La nube tremenda del desbarajuste. Siente que cada actor político o económico, en lugar de ver por el bien común, andan viendo su provecho personal. Y que no existe nadie que les ponga un hasta aquí a sus ambiciones de poder.

Los acontecimientos del Cuarto Informe de Gobierno, lo único que vinieron a hacer es a corromper (aún más) la confianza entre sociedad y gobierno- La vulgaridad y la grosería conducen, siempre, a la violencia. No sé qué pretendían algunos diputados de oposición al Partido del Presidente. Pero lograron unificar en su contra a todos nosotros. Y le metieron más leña al fuego.

Recuerdo que Confucio, al ser preguntado sobre lo que jamás debería perder un país, no dijo soberanía, alimentos, empleos o periódicos; dijo confianza. Cuando la confianza de la sociedad se pierde, el efecto es más duro que una sequía o que una intervención por fuerzas extrañas. Porque si no hay alimentos, alguien puede ayudar desde fuera; si no hay empleos estables, siempre es posible crear millones de empleos temporales. Pero ¿cómo crear confianza? ¿Por decreto?

El Presidente Fox pidió una tregua. Pero se la pidió a quienes están incapacitados para otorgarla. Antes bien, debió pedir ayuda a la sociedad agraviada, para sacar adelante el barco que se hunde. Aliarse con políticos, es como dejar escrita nuestra dirección, al partir en un día caluroso a otra ciudad, en un trozo de hielo. La sociedad no se balancea de un puesto a otro: está siempre ahí. Es ella la ofendida por las peleas y la voracidad de los líderes políticos y su coro de ricachones.

Es difícil detener el desánimo, la desesperanza. Cunde por todos lados. Y se refleja en todos los ámbitos. Hasta en la parroquia, donde uno supondrá la irrupción de la Gloria y el corte con el tiempo terrenal. Últimamente oigo decir las oraciones de los fieles como con tristeza. El corazón lo seguimos teniendo levantado hacia el Señor, pero los básicos de nuestra vida parecen tembleques.

Lo que más podemos hacer es rezar y pedirle a Dios que ilumine a nuestros gobernantes. Y nosotros, fijarnos bien para la próxima. Y reclamarles su responsabilidad. Y ya, por el amor de María santísima, no ser tan dejados.

EL OBSERVADOR 479-1

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EL RINCÓN DEL PAPA
La idolatría sigue siendo una tentación para la humanidad

En audiencia general el papa Juan Pablo II advirtió, al comentar el salmo 113, «Alabanza al Dios verdadero», que la idolatría sigue siendo una tentación para el mundo de hoy.

El Pontífice explicó que en el salmo, «tras una palabra inicial dirigida al Señor para testimoniar su gloria, el pueblo elegido presenta a su Dios como el Creador omnipotente».

«Al Dios verdadero adorado por Israel -continuó el Papa-, se contraponen enseguida 'los ídolos de las gentes'. La idolatría es una tentación de toda la humanidad en todos los tiempos. El ídolo es una cosa inanimada, nacida de las manos del ser humano, una estatua fría, sin vida».

El vicario de Cristo dijo luego que, «después de esta crítica despiadada a los ídolos, el salmista expresa un deseo sarcástico: 'Sean como ellos quienes los hacen, todos los que en ellos confían'. Quien adora a los ídolos de la riqueza, del poder y del éxito pierde su dignidad de persona humana».

También señaló Juan Pablo II que «los fieles al Señor saben que en el Dios vivo encuentran 'su ayuda' y 'su escudo'. Son presentados según una triple categoría. En primer lugar, 'la casa de Israel', es decir, todo el pueblo, la comunidad que se reúne en el templo para rezar. Allí está también la 'casa de Aarón' representada por los sacerdotes, custodios y anunciadores de la Palabra divina, llamados a presidir el culto».

«Finalmente se evocan aquellos que temen al Señor, es decir, los fieles auténticos y constantes».

«La bendición divina desciende sobre estas tres clases de verdaderos creyentes. Según la concepción bíblica es fuente de fecundidad», concluyó.

EL OBSERVADOR 479-2

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LA SONRISA DEL ÁNGEL
El número 666
Por Juan Jesús Priego

- ¿Ya le asignaron su número? -me preguntó gentilmente la encargada de la lavandería- Al momento de pasar con el administrador debieron por fuerza haberle asignado un número. ¿Lo recuerda usted?
No, sinceramente no lo recordaba.
- Pues vaya a preguntarlo; de otra manera no podemos darle las etiquetas
¡Dios mío, otro número!
- Señora -le dije-, soy el 128 si tomamos en cuenta el número de mi cuarto; el 428 si tomamos en cuenta el número de mi teléfono interno; el 13095 según la matrícula de la universidad, y el 55 según el lugar que ocupo en las listas de los profesores. ¿Falta todavía otro número?
Por toda respuesta la señora tomó el teléfono.
- Sí, Priego. ¿115? De acuerdo. Muchas gracias, señor administrador.
Colgó el teléfono y dibujó una sonrisa.
- Dice el administrador que es usted el 115. Aquí tiene usted las etiquetas.

Se trataba de las etiquetas numeradas que tenía que coserle a mi ropa para que no se confundiera con la de los demás en las gigantescas lavadoras de la casa. Ni hablar, a partir de ese momento comenzaba a ser también «el 115».

Números, números. ¡Ay, ya lo decía Galileo: la naturaleza está escrita en caracteres matemáticos! Para los pitagóricos, esa especie de secta filosófica que floreció en Grecia alrededor del siglo V antes de Cristo (para quienes el número perfecto era el 10), todo podía ser reducido a números, tanto los eclipses de sol como los sonidos musicales.

Una vez, una preciosa niña de rizos dorados lloraba desconsoladamente porque había sacado un nueve en el último examen de geografía. Al verla hecha un mar de lágrimas, la maestra se le acercó y le dijo al oído: «No te preocupes, tesoro. Si dejas de llorar, te pongo un 11», con lo que no consiguió sino que le pequeña redoblara el llanto. «¡No, no quiero un once -decía gimoteando-, yo quiero un diez!». Con lo que queda demostrado que los pitagóricos siguen ejerciendo en nuestros ambientes culturales posmodernos una influencia nada despreciable.

¿Y cuándo nació la llamada cultura digital sino cuando fue finalmente posible convertir los sonidos, las palabras y las imágenes a ceros y unos, es decir, al lenguaje binario? Sin embargo, hay algo que nos está permitido convertir a número, y ese algo es el hombre.

Una de las cosas que más llama la atención al leer los libros santos es que Dios se dirige siempre a sus siervos llamándolos por su nombre. «¡Moisés! ¡Moisés!» (Exodo 3, 4), se levantó la voz de Yahveh desde la zarza ardiente; «¡Samuel! ¡Samuel!» (1 Samuel 4, 10). «Ahora, así dice Yahvé, tu Creador: No temas, que yo te he rescatado. Te he llamado por tu nombre. Tú eres mío» (Isaías 43,1). Dios se sabe nuestro nombre y lo pronuncia amorosamente desde que estábamos en el seno materno. Mejor aún, si llegamos al seno materno es porque Dios pronunció nuestro nombre amorosamente, llamándonos de la nada al ser.

El diablo, por el contrario, gusta utilizar no nombres, sino números. Es curioso que el libro del Apocalipsis se refiera a él precisamente con el número 666. Joseph Ratzinger, el teólogo cardenal, dijo una vez en una de sus homilías que había que ver en este hecho un elocuente simbolismo. Lo diabólico es aquello que cosifica, que convierte a las personas en cosas numeradas. En tiempos de Hitler los prisioneros de los campos de concentración habían perdido sus nombres, pero llevaban un número tatuado en la carne de uno de sus brazos. («Me llamo 174517 -dice Primo Levi en Si esto es un hombre-; nos han bautizado, llevaremos mientras vivamos esta lacra tatuada en el brazo izquierdo»). A lo diabólico no le interesa la realidad sagrada de cada persona (simbolizada en el nombre): le interesa sólo la masa y el número.

Con esto no quiero decir que la pobre señora de la lavandería sea culpable de no sé qué cosa. Para facilitar su titánica labor era necesario que se las viera con números. Quiero decir únicamente que allí donde el ser humano es visto únicamente como una cosa, como un número, allí se está practicando un verdadero culto de satanismo. Como el de aquel economista que dijo a un anciano en un debate transmitido por televisión: «Ustedes, los viejos, son demasiados. Se han convertido en una carga para el Estado y para sus hijos. Por los miserables veinticinco o treinta años que han trabajado exigen un suelo vitalicio. Lo que tendrían que hacer es morirse». Culto auténtico al demonio, aunque sin velas negras ni gatos degollados.

Y ya que Dios llama siempre a todos por su nombre, ¿no estaría bien aprendernos los nombres de aquéllos que nos rodean para pronunciarlo también nosotros? En un sentido espiritual, esto es también imitación de Cristo (puesto que Cristo es Dios). A veces pasan años y años, y no sabemos ni cómo se llama siquiera aquel hombre de hábitos invariables que trabaja a dos escritorios del nuestro. Creo que, como propósito, no estaría del todo mal...

EL OBSERVADOR 479-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
¿Es válido este matrimonio?
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Leí en un periódico «El Observador» un artículo donde una señora preguntaba si podía ser nulo por la Iglesia el matrimonio de su marido con su primera esposa, donde los habían forzado a casarse porque la primera señora estaba embarazada. Yo tengo una pregunta: por ejemplo, en ese caso quizás había forma de comprobar que fueron forzados a casarse, y aunque cuando te casas te preguntan si estás ahí por tu propia libertad; estas personas mienten al decir que sí, se casan y después se divorcian. ¿Acaso no le estás mintiendo directamente a Dios al decir que sí estás por tu voluntad, cuando es mentira? ¿Qué pasa cuando una persona se casa con otra, pero por interés? No material. Me explicaré mejor. Un joven decide casarse con una señorita porque, para alcanzar su objetivo de irse a estudiar fuera del país con una beca, era forzoso estar casado. Él había tenido una decepción amorosa antes de esta persona con la que se casó; él mismo acepta que no se casó enamorado, o tan enamorado, sino por despecho y por interés. Ahí no hay forma de preguntarles a los parientes para que pudieran declarar nulo su matrimonio; además, la señorita con la cual se casó el joven ni siquiera sabe de la existencia de otra mujer que fue a la que él amó mucho y por la que sufrió una decepción. Obviamente tampoco le dijo que se casaran porque el quería estudiar fuera y ése era un requisito obligatorio. Entonces no se puede probar nada. ¿Qué se puede hacer en este caso? ¿Es válido casarse para obtener un beneficio, cuando se le ocultan a la pareja las verdaderas intenciones, o bien casarse por despecho, creyendo que se ama a la persona, pero después de unos años ni siquiera se soportan? O, peor aún, ¿casarse por lo civil y religioso, porque si no es con éste, me quedaré soltera(o)?

RESPUESTA
Varias de sus preguntas las contesta el señor José Luis García Castrillón al dar respuesta a la pregunta de la semana pasada (El Observador, No. 478, 5 de septiembre de 2004). Quiero agregar algunas cosas:
Quienes se casan forzados ciertamente dicen una mentira cuando afirman ante el altar que van por su propia voluntad, pero han sido forzados a decir esa mentira. Y Dios lo sabe. Y probablemente en sus oraciones estas personas le dicen al Señor que no desean casarse, pero que no encuentran otra alternativa. Y Dios los comprende. Y la Iglesia también, por eso considera nulo ese matrimonio.

Sé que la Iglesia hace un análisis muy minucioso de los casos que se presentan para solicitar que se declare su nulidad, pero desconozco cómo hace la investigación. Lo mejor que pueden hacer las personas que tienen dudas respecto a su caso es plantearlo directamente a un experto en el tema y acudir al tribunal eclesiástico de su diócesis. Usted puede aconsejarlo así a las personas que menciona.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

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Para evitar los matrimonios nulos un experto reclama una mayor exigencia para quienes se quieren casar

Ante la diversidad y complejidad de los casos de nulidad matrimonial que actualmente se procesan, el vicario judicial de la arquidiócesis de Oviedo (España), Pbro. Andrés Pérez, pide una mayor exigencia con la gente que quiere contraer matrimonio en la Iglesia católica.

Y es que el alto índice de fracasos conyugales es sorprendente: «El año pasado hubo cinco casos de los 29 que recibimos que no llegaron al mes de convivencia marital, después de llevar años de noviazgo».

El experto en derecho canónico reveló también que «el 99% de los casos que llevamos se refieren a nulidades de matrimonio». Comentó que el cambio de mentalidad en los jóvenes que deciden casarse constituye un verdadero problema: «La gente es más inmadura, más irreflexiva y tiene menos sentido del compromiso. Por eso se rompen bastantes parejas».

«Un 70% de los casos de nulidad -informó- suele ser por conflictos de tipo psicológico. Por ejemplo, si hay un problema de drogadicción, alcoholismo o ludopatía, se trata de indicios importantes», explicó.

Además es alto el índice de gente pobre que obtiene la declaratoria de nulidad matrimonial en «justicia gratuita», por la anexa pobreza de «otras capacidades intelectivas o cognoscitivas» de los solicitantes. «Unos chicos eran drogadictos y pensaron que una manera de conseguir dinero para drogarse era casarse, porque dan regalos. Lo hicieron y fue un desastre. Demandaron la nulidad y se la dimos. Los que son pobres lo son en todos los sentidos», relata.

Asimismo, el canonista esbozó el perfil de las personas que piden la declaración de nulidad. «Normalmente quien viene a anular su matrimonio es el que tiene una pareja pendiente, bien para casarse por la Iglesia o porque están casados por lo civil y desean hacerlo regularmente. En mayor medida son las mujeres las que la solicitan. Cuando lo hace un hombre, suele ser porque su novia es más creyente».

Sobre el «veto» que la Iglesia pone sobre un alto número de «culpables» de que el matrimonio haya sido nulo (un 95%), el sacerdote explicó que «muchas veces la causa que originó la nulidad sigue presente en la persona. De ser así, si se casa de nuevo, vuelve a hacer un matrimonio nulo. La Iglesia pone un veto para proteger a otra persona y las entidades de sacramento», indicó.

El padre Andrés Pérez insiste en que hay que ser más exigentes con respecto a los que desean contraer matrimonio. «El problema es que si un cura se niega a casar a alguien, siempre puede hacerlo el sacerdote de al lado, porque tenga más manga ancha».

(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 479-4

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PINCELADAS
La bandeja y la alfombra
Por Justo López Melús *

Para evitar los peligros es preciso eliminar las causas. Cualquier virtud -la castidad, por ejemplo- hay que defenderla desde lejos, evitando los peligros. «El que ama el peligro, en él perecerá» (Eclo 3, 26). Como el señor que se levantaba tarde por las mañanas y no hacía oración. Hizo ejercicios espirituales. Propósito: no precisamente madrugar más, sino acostarse antes.

Boabdil el Chico, rey de Granada, reunió a los magnates del reino en un salón alfombrado. Colocó en el centro una bandeja de oro y les propuso: «El que alcance la bandeja sin pisar la alfombra, para él la bandeja». Lo intentaron todos, pero nadie lo consiguió. Entonces el rey recogió la alfombra, llegó hasta la bandeja y la tomó. «Esto -les dijo- es lo que ha hecho el rey Fernando. Ha conquistado las plazas lejanas, luego las cercanas -¡ay de mi Alhama!- y cualquier día tomará Granada».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 479-5

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REPORTAJE
Hay noventa millones de mujeres menos de las que debía haber
Los frutos de una planificación familiar equivocada

Mientras las Naciones Unidas y las organizaciones de planificación familiar continúan con sus esfuerzos para bajar las tasas de natalidad, algunos libros recientes han llamado la atención sobre los graves problemas económicos y sociales ligados al hecho de tener muy pocos hijos.

Un libro, Bare Branches: The Security Implications of Asia's Surplus Males Population, (Ramas desnudas: Las implicaciones de seguridad del exceso de varones de la población de Asia) echa un vistazo a las consecuencias de la sobreabundancia de varones jóvenes, llamados en chino «ramas desnudas». Valerie Hudson y Andrea den Boer observan que China e India, con el 38% de la población del mundo, tienen un exceso de varones jóvenes que está más allá de lo que cualquier fuerza natural pudiera generar.

Los autores dedican un capítulo a la historia de la selección de sexos, indicando que el infanticidio femenino fue practicado en muchas culturas y épocas. La cultura asiática tiene una preferencia particularmente marcada por la descendencia masculina, y la tecnología moderna ha permitido que esta tendencia se aplique mucho más radicalmente que en el pasado.

Un porcentaje normal por sexos al nacer es de 105-107 varones por cada 100 niñas. Esto normalmente se iguala, con un porcentaje para la población total de cerca de 100 varones por cada 100 mujeres. Es difícil tener estadísticas de confianza sobre los porcentajes de nacimientos, observan los autores. En China, los estudios sobre el nivel de porcentaje de sexos al nacer van del 115.62 al 121.01 varones por cada 100 niñas. India muestra niveles del 111 al 113, con picos de 132 a 156 en algunas localidades. En Corea del Sur, tras alcanzar el 116.9 en 1990, el número se ha estabilizado en 109.6. En Taiwán los datos del año 2000 muestran 109.5 varones por cada 100 niñas.

El desequilibrio de nacimientos puede exacerbarse en los años posteriores debido a un mayor nivel de mortalidad infantil entre las niñas, atribuido a una falta de cuidados médicos adecuados. Varían las estimaciones en número de «mujeres perdidas» en Asia. El libro coloca la cifra de mujeres eliminadas en siete países de Asia en unos 90 millones. India y China cuentan, respectivamente, con el 43% y el 45% de este total.

Los autores calculan que en el año 2020 India tendrá un exceso de población masculina entre los 15 y los 35 años de edad de entre 28 y 32 millones. El exceso correspondiente a China podría ser de entre 29 y 33 millones.

¿Cuáles serán las implicaciones de un exceso de varones tan grande? Refiriéndose a múltiples estudios, los autores describen algunas de las características comunes de un grupo de tales rasgos: bajo estatus socioeconómico debido a un mayor nivel de desempleo y a puestos de trabajo de bajos ingresos; una mayor probabilidad de comportamientos criminales; una subcultura de solteros caracterizada por la búsqueda del placer inmediato y una falta de preocupación por el futuro; una tendencia hacia el vicio y la violencia.

Contemplando las evidencias históricas, el libro observa que los gobiernos pueden tomar medidas para contrarrestar los efectos negativos de los desequilibrios en los porcentajes de sexos, pero sólo después de batallar mucho y a un alto costo. Los países asiáticos, en particular China e India, defienden los autores, tienen una tarea difícil por delante si esperan evitar un fuerte aumento de la violencia y los problemas sociales. La inestabilidad podría también conducir a un conflicto militar, opinan los autores.

Philip Longman, en su libro The Empty Cradle (La cuna vacía), se centra en las desventajas económicas de un rápido descenso de los nacimientos. Abandonados los temores a la «bomba de población», las economías modernas han dependido de poblaciones cada vez mayores. Los nuevos negocios se reúnen en áreas de población en crecimiento, y los sistemas de seguridad social dependen de un número de contribuyentes en aumento para financiar el bienestar de cada generación que se retira.

Puede parecer contra la intuición el preocuparse por los pocos niños en un momento en el que la población mundial todavía esta creciendo en cerca de 75 millones al año. Las tasas de fertilidad, sin embargo, han caído a plomo en los últimos años y no hay nación industrializada que tenga bastantes nacimientos para sostener su población. Los datos de Naciones Unidas muestran que actualmente 59 países, que suman el 44% de la población mundial, no tienen suficientes niños para evitar un descenso de su población.

En Estados Unidos, incluso asumiendo los altos niveles de inmigración, el año 2050 un quinto de la población tendrá más de 65 años. La Oficina de Presupuestos del Congreso estima que los costos de los programas de seguros de enfermedad y cuidado médico se elevarán del actual 4.3% de los gastos económicos de la nación, hasta el 21%. Longman advierte que elevar los costos de bienestar puede obligar a los gobiernos a aumentar los impuestos sobre los trabajadores, haciéndoles más difícil el tener familias numerosas.

El problema es incluso peor en las naciones en desarrollo, que han visto en muy poco tiempo descensos abruptos de fertilidad, sostiene.Para mediados de siglo, por ejemplo, las poblaciones de países como México y Turquía podrían tener una media de edad más alta que la de Estados Unidos.

Las proyecciones de Naciones Unidas contemplan una media de edad en Estados Unidos de 39.7 años en el 2050, una subida de 4.5 años de la edad actual. En contraste, en la próxima mitad de siglo la edad media de México subirá en 20 años, hasta los 42. Las proyecciones para Iberoamérica ponen la media de edad en el 2050 en 39.8 años.

Otra sociedad en rápido envejecimiento será China. En el 2040 se estima que el 26% de la población tendrá 60 años o más. Y si los países ricos tienen dificultades para financiar una población envejecida, las naciones en desarrollo harán frente a una tarea mucho más difícil: llegar a ser viejos antes que ricos.

La sociedad puede lamentar el día en que abrazó la «lógica» del movimiento de planificación familiar.

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¿Cuáles serán las implicaciones de un exceso de varones tan grande?

* Mayor nivel de desempleo.
* Trabajos mal pagados.
* Aumento de la criminalidad.
* Una subcultura del «placer inmediato» entre los solteros.
* Falta de preocupación por el futuro.
* Mayor tendencia hacia el vicio.

EL OBSERVADOR 479-6

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NUESTRO PAÍS
¿Son éstos los que nos quieren gobernar?
Por Antonio Maza Pereda

El análisis del comportamiento de los que nos pretenden gobernar es bastante desolador. Amenazas de violencia si se pretende que se apliquen las leyes a sus correligionarios, la sustitución de tribunales por la fuerza de las marchas, las huelgas ilegales para hacer que no se apliquen las determinaciones del Congreso, los insultos a la figura presidencial, la falta de respeto al Informe que el Congreso está recibiendo, y siga usted contando. Todo ello, en un intento de imponer antidemocráticamente su punto de vista, de ganar adeptos, de convencer de que ellos son los que deberían estar gobernando. ¿Son éstos los que pretenden gobernar este país? Es para dar miedo.

Lo menos que se puede esperar de un político que quiera gobernar un país es que crea que las leyes son el marco para gobernar. Que acepte que nuestro sistema debe ser democrático y basado en las leyes. Cuando no es así, el pronóstico es pésimo. Ya lo tuvimos en México, cuando Madero fue asesinado y sus sucesores (tanto los huertistas como los que lo siguieron) no creían en la democracia. Y a ello siguió la larga noche de gobiernos autoritarios que nos gobernó por tantos años. Ya le pasó a Alemania cuando Hitler, que despreciaba a la democracia, fue elegido democráticamente y, después, procedió a desmontar la democracia. Hoy, que hemos tenido un breve, brevísimo período de democracia, en nombre de la democracia hay sectores dispuestos a asesinar esta naciente democracia. Hay quien quiere sustituirla por una «marchocracia» (gobernar según quién pueda poner más gente a marchar); otros quieren poner el criterio del líder por encima de tribunales y leyes. A eso antes se le llamaba dictadura, pero hoy nos dicen que es «liderazgo», que es «la verdadera» voluntad del pueblo.

El momento es grave. No se trata de defender a un partido o a un gobierno, se trata de defender la convicción democrática y legal, la de que los gobernantes deben sujetarse al mandato que recibieron en las urnas y deben respetar las leyes o, si les parecen injustas, usar los mecanismos que la propia ley prevé para reformarla.

EL OBSERVADOR 479-7

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Martín Valverde: «Dios no me contrató, me salvó»
Por Gilberto Hernández García

¿Por qué músico-cantante y no otra cosa?

No sé, habrá sido mitad genético, mitad espiritual. No fue fácil, no había apoyo y menos comprensión. Pero lo hice y creo que funcionó.

¿Por qué situaciones tuvo que pasar para llegar a donde lo ha hecho?
Las de todo cantante o artista que se precie de serlo, empezando de cero, tocando las puertas necesarias. Yo tuve dos momentos; uno por mis pistolas, con el arte por el arte. El otro, el arte por Dios. Y Él ha sido la diferencia.

¿Por qué música cristiana (o cómo considera su propuesta musical)? ¿Eso «deja» para vivir?
Por mi conversión, no por otra cosa. Una vez que tuve mi encuentro personal con Jesús eso me llevo sin más a comunicar a otros esta experiencia de fe en mi vida. No opté porque fuese una corriente nueva o extraordinaria, es una fe, una convicción, y por es la canto, aunque hago la aclaración de que Dios no me contrató, me salvó y, después de eso, hablamos de música.
Es difícil todavía definir con un título nuestra propuesta. En Mérida nos llamaron «trova creyente», que creo es bastante acertado. Para vivir dignamente si «deja»; no nos podemos comparar con los sueldos de Maná o Alejandro Fernández, pero hemos alcanzado una manera de vivir digna, y, más que hacer un negocio de las cosas de Dios, hacemos un buen negocio para las cosas de Dios; ésa es la idea, aunque a muchos les cueste entenderlo.

¿Considera usted que un cantante cristiano tiene que ser necesariamente «subterráneo»?
No, claro que no. Creo que con el tiempo deberemos ir intentando entender los caminos del Espíritu Santo en todo esto; algunos serán muy conocidos y estrellas de la pantalla, y en buena hora serán testimonio en esos terrenos tan difíciles. Otros serán de la secreta; otros serán de la liturgia de todos los días. Lo subterráneo es solo una forma más, y a mí me ha convenido muchísimo por cierto.

¿En qué Dios cree Martín Valverde? ¿Cómo es su relación con Él?
Creo importantísimo mantener el primer amor con Dios. Con mi trabajo, labor y misión a través de la música ando diciendo hasta marear que Dios nos ama, y mi labor de corazón es dejarme amar por ese Dios al que que canto todos los días. Somos muy amigos y nos da buen resultado la sinceridad. Dios es todo para mí amigo, cómplice, general, Padre, colega y paciente, muy paciente.

La música cristiana-católica en México tiene una fuerte línea divisoria: antes y después de Valverde. Al menos usted es el mas visible ¿Comparte esta idea aceptada por muchos católicos? ¿Se considera un precursor? ¿Cuál cree que ha sido su aporte?
Me halagas con tu comentario, pero yo soy la punta de un iceberg, estoy al frente de una red de músicos católicos en América, y creo que lo vamos haciendo bien. Sí creo ser de los visibles, y creo que mi labor es hacer visible a otros. No me considero ni el mejor ni el mas importante (mi religión me lo prohíbe), pero es un hecho que el sabor de boca de ser pionero no me lo quitará nadie.

El Papa habla de una nueva evangelización. ¿Qué significa esto para usted? ¿Como «le entra»?
Con todo, con mi ser. Con mi vida, que se hacen canciones; con mi familia, que me deja cantar. Ay de mí si no lo hiciera...

¿Cómo percibe a la Iglesia católica?
La pobre Madre Iglesia ha vivido en estos últimos cuarenta años lo que no vivió en varios siglos. El Espíritu Santo ha probado estar con nosotros, y cuando hablo de ella hablo de mí. Acepto todos los errores (más los que se acumulen esta semana). No los solapo. Pero creo que, a pesar de nosotros, la cosa va; está compuesta por hombres, y eso demuestra que mi Iglesia católica es tan imperfecta que por eso nos queda perfecta. Y a Dios le regalarnos personajes como Juan Pablo II o la madre Teresa, y te das cuenta de que ahí vamos.

EL OBSERVADOR 479-8

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PICADURA LETRÍSTICA
Sesquicentenario motivante
Por J. Jesús García y García

...la discordia vencida, impotente, / a los pies del arcángel cayó.
HIMNO NACIONAL MEXICANO

Es, a todas luces, bello, marcial, solemne y exultante nuestro himno nacional. En las familias de mediados del siglo XX los hermanos mayores contaban que alguna vez se realizó (¿dónde?, ¿cómo?, ¿por qué?) una evaluación músicoliteraria de los himnos patrios de todas las partes del mundo, y el nuestro quedó en segundo lugar, superado sólo por La Marsellesa. Los pequeños comentábamos: «yo, por lo menos, los pondría en un mismo nivel».

Sea o no cierta la anécdota de tan insólito concurso, la verdad es que todos los países tienen necesidad de un canto -con pretensiones de superior a los demás- que condense en sus notas el amor que todo bien nacido siente por la tierra natal, y que tenga el don de despertar y poner en acción, siempre que sea necesario, todas las reservas de valor y de heroísmo que albergamos.

Hoy México vive momentos inquietantes. Pero su himno es, todavía, motivador de respetos, una de las pocas cosas capaces de calmar (al menos mientras dura su ejecución) a «representantes populares» insolentes, amigos del desorden, negros de entrañas (puesto que alegremente ponen en mal la legalidad y el prestigio de la patria), y a los vándalos que los secundan.

Hasta los individuos ignaros, como yo, sabemos lo que es un sesquicentenario: «Día o año en que se cumple siglo y medio del nacimiento o muerte de una persona ilustre o de un suceso famoso». Bueno, pues estamos celebrando el sesquicentenario del estreno del himno nacional mexicano, estreno ocurrido el 15 de septiembre de 1854 en el Gran Teatro de Santa Anna. El coro fue apoyado por artistas de las compañías de René Masón y Pedro Carvajal. Las estrofas fueron entonadas por los prestigiados cantantes Claudina Fiorentini y Lorenzo Salvi. Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó (ambos tenían entonces la edad de 30 años), con aquella hermosa composición ofrendaron al pueblo de México lo mejor (y, si apuramos un poco, lo único valioso) de su obra personal.

Así pues, han transcurrido ya 150 años de aquel romántico episodio merecedor de un certificado de veracidad en que una novia (después esposa), Guadalupe González del Pino y Villalpando, obligó a su amado, González Bocanegra, a participar en el concurso de la letra del himno nacional, encerrándolo bajo llave en una habitación en tanto no escribiera el poema. Dicen que al poeta le llevó cuatro horas hacer la tarea.

Esta celebración deberá reactivar los objetivos que llevan a adoptar un himno y a traducirlos en acciones constructivas, concordantes, ya que las negativas siempre nos han dejado bien dañados. Urge vencer las discordias.

Además de los contratiempos políticos, nuestra devoción nacionalista todavía tiene que soportar otros embates, hasta ese que tiene la apariencia de una molesta piedrita en el zapato: el lector sabe que la doctrina oficial de los Testigos de Jehová induce a sus adeptos a rechazar honores a la bandera y cantar himnos nacionales, así como a emitir sufragios en toda clase de elecciones cívicas (sí, cada nuevo testigo de Jehová es un elector menos). Esgrimen el argumento de que, al rendir en las escuelas el homenaje a los símbolos patrios, no se respeta la libertad de religión y se lesionan sus derechos humanos (los de los T.J.). Fomentan, con esto, situaciones seguramente aún no resueltas legalmente, en que se divide a la gente y se propaga un pésimo ejemplo (ellos, poquitos, queriendo imponerse a la contrastante mayoría). Es indudable que las autoridades educativas imponen los homenajes, sencillamente, en cumplimiento de la ley.

Bien: el sesquicentenario de nuestro canto patrio no emocionará a los «mexicanos» T. J.; pero quedamos otros muchos que desataremos de nuestra garganta, con más emoción, el grito propio de estas fechas: ¡Viva México!

EL OBSERVADOR 479-9

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COMUNICACIÓN
Mel Gibson habla con EWTN sobre el «después» de la película La Pasión

A pocos días del lanzamiento oficial en video y DVD de La Pasión de Cristo, la cadena EWTN transmitió una entrevista exclusiva con el productor y director Mel Gibson, quien habló sobre el éxito y alcance de la película religiosa más taquillera de la historia.

Durante la entrevista -realizada por Raymond Arroyo-, Gibson se refirió al filme y al impacto que éste ha tenido en su vida personal, su fe y en la cultura. Tras la pregunta de si la película fue un «camino de fe» para él, el director afirmó que «bueno, ganar o perder, ¿qué podía ser lo peor?, ¿que no funcione?... Estaba preparado para que eso suceda, así que nosotros simplemente seguimos adelante. Yo tenía la idea de que todo saldría bien».

Al ser preguntado si el dolor personal por las agresiones y difamaciones durante la producción y rodaje del film fue necesario para el éxito de la película, Gibson respondió que «pienso que probablemente sí. Tú sabes que no puedes cambiar nada. Incluso las malas experiencias, en retrospectiva, son de alguna manera buenas». Expresó también lo que el enorme éxito mundial de la película significa para él, y afirmó: «Siento que he hecho algo bueno y que los efectos han superado lo que esperaba. Esta película fue sobre la fe, la esperanza, el amor y el perdón. Éstos han sido los 'productos', aunque muchas personas dijeron que el film causaría violencia, primero en Estados Unidos y luego en Europa».

Gibson se refirió también al impacto cultural a largo plazo de la película, y explicó que «esto es un recordatorio muy vivo de lo que muchas personas profesan, y puede haber efectos duraderos pues si alimentas algo, eso va a quedarse allí de alguna manera».

Finalmente, habló sobre las consecuencias del lanzamiento de la película en video y DVD, aclarando que «es un material duro. Es duro de ver. Es una película de calificación restringida, y pienso que algunas personas podrían ser muy jóvenes para verla. Ahora podrán tener a los padres para supervisarla y conversar sobre ella».

«Algunas personas querían que fuera una experiencia privada y no una experiencia compartida en público con palomitas de maíz. Aunque no creo que muchas personas comieron durante la película», añadió.

(Fuente: ACI)

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La Pasión vendió 2.5 millones de copias en menos de medio día

El lanzamiento de la versión en DVD de La Pasión de Cristo se conviritió en noticia, lo mismo que ocurriera con su estreno en las salas de cine. Y es que la película marcó un récord al vender dos millones y medio de copias en menos de medio día.

Muchas agrupaciones religiosas participaron activamente en la promoción de la película en sus comunidades haciendo múltiples pre-ventas.

El DVD ofrece subtítulos en inglés y español.

(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 479-10

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TEMAS DE HOY
Mi querida computadora inteligente...
Por P. Fernando Pascual

Desde que a finales del siglo XIX un famoso neurólogo afirmase que el pensamiento no es más que una secreción del cerebro, se han sucedido numerosas discusiones sobre la relación entre la mente (el alma, el espíritu) y el sistema nervioso (lo físico, lo material). Frente a los espiritualistas, que afirman que la inteligencia es algo que escapa a los límites de la actividad neuronal, los «materialistas» consideran que nuestras más nobles intuiciones y nuestros gestos altruistas no son más que un resultado de algo que no podría ser de otra manera desde el punto de vista físico-químico: serían el fruto de nuestras neuronas, o, en el mejor de los casos, de la interacción entre cerebro y ambiente, de acuerdo con rígidas leyes que la ciencia podrá determinar en un futuro más o menos cercano.

En este marco se coloca el esfuerzo, no carente de fuertes inversiones económicas y del apoyo de grandes investigadores, por producir una computadora que reproduzca tan perfectamente las actividades mentales del ser humano, que nos lleve a convencernos, de un modo definitivo, de que no somos más que eso: un complejo sistema de conexiones nerviosas, complejo y muy bien trabado.

La propuesta parece sumamente estimulante. Imaginemos por un momento que se lograse el objetivo: la computadora «inteligente» llegará a aprender mucho mejor que los niños en las escuelas. Almacenará un cúmulo inmenso de datos y realizará operaciones inalcanzables para el hombre. Pero, para ser perfectamente semejante a nosotros, también comenzará a expresar envidias, alegrías, penas, rabia. Celebrará el día de su cumpleaños, pedirá regalos, dará consejos, visitará a los amigos, manifestará su amor a alguno o alguna, y pensará en sí misma y en el sentido de su vida.

¿Y qué ocurrirá el día en que le digamos que es sólo un pedazo de materia y de cables sumamente sofisticados y dinámicos, tan material y tan determinada como nosotros? ¿Qué sentirá cuando descubra, si tenemos el valor de decírselo, que la hicimos para desmitizarnos, para demostrarnos a nosotros mismos que somos como ella, un sistema intrincado de conexiones velocísimas, y ella es como nosotros? ¿Se deprimirá ante la noticia? ¿Nos dará las gracias? ¿Protestará a una organización defensora de los derechos «humanos» al sentirse instrumentalizada? ¿Afirmará su espiritualidad como hacemos muchos hombres que creemos que somos algo más que puras neuronas? ¿Saltará de alegría ante la noticia? ¿Despreciará a los que la hicieron con un fin tan «rastrero»? Y será todo un misterio si rezará para llegar un día al paraíso o pensará que la religión no es sino un uso equivocado de las pobres y deficientes sinapsis nerviosas, un despilfarro de energía cibernética...

Además de realizar muchas funciones y cálculos con más precisión que nosotros, no perderá las cien mil neuronas diarias que nos llevan a los seres humanos a arruinar la memoria con el pasar de los años, si bien también estará a merced de los peligros de la vida: un incendio, un terremoto, un loco que quiera deshacerla a pedazos... Quizá se sentirá tentada de considerarnos como a pobres individuos inferiores, tan materiales como ella pero más limitados y peor dotados, y tal vez llegue a ser un individuo «racista»... ¿Habrá que encarcelarla por esto? ¿O la dejaremos reírse de nosotros y «programar», para un día no lejano, la esclavización de todos los hombres a sus planes superperfectos?

No todo queda en estas preguntas y dilemas. Nuestra computadora inteligente pedirá, seguramente, el derecho al voto, y los políticos temblarán ante la posibilidad de que revele públicamente sus preferencias y dé los motivos de las mismas. La sociedad, por su parte, deberá estudiar si merece el derecho a un salario justo, si hay que asignarle un máximo de horas de trabajo semanales (aunque todavía no conocemos ninguna computadora que se «canse» si todos sus circuitos funcionan bien), si hay que pagarle las vacaciones, si merece un seguro de ancianidad... ¡Toda una revolución para la ciencia jurídica occidental! No hemos sido capaces de garantizar los derechos humanos para todos, y ahora tendríamos que hacer frente a los derechos de la «inteligencia artificial»...

El día en que la ciencia construya una computadora cuyo comportamiento no pueda distinguirse de nosotros será un momento memorable para la historia de la humanidad, pero dejará tras de sí más preguntas que respuestas, más riesgos que esperanzas. Mientras llega (¿llegará?) ese momento solemne y dramático, millones de hombres y mujeres dedicarán sus minúsculos esfuerzos a dar de comer a sus hijos pequeños, a ayudar a un anciano a cruzar la calle, a socorrer a las víctimas de una catástrofe natural en algún rincón del planeta. Habrá algunos que, de rodillas, recen a Dios. No sabemos si también la supercomputadora inteligente se rebajará a estas pequeñeces. Esperamos que sus inventores piensen que sus esfuerzos pueden servir para hacer un mundo mejor, y no quieran simplemente convencernos de que sólo somos materia sofisticada. Para ello no hace falta desperdiciar tanto dinero.

EL OBSERVADOR 479-11

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La verdadera independencia
Por María Velázquez Dorantes

México está a punto de vivir un nuevo aniversario, festejando el momento en que dejó de ser una colonia española. Sin embargo, en la actualidad ¿cuál es la verdadera independencia mexicana? ¿Será acaso aquélla que abrió las puertas de la «libertad» a todo el mestizaje que se produjo, la que se levantó una noche de septiembre, al sonido de una campana que irradiaba un himno libre? ¿Verdaderamente ésta es la gran independencia?

Cada 15 y 16 de septiembre los ciudadanos se unen a la voz de «¡Viva México!» sólo por una razón: la costumbre.

La verdadera independencia se vivirá justo en el momento en que no exista corrupción, violencia, injusticia, impunidades; el día en que un mexicano pueda salir a disfrutar de este país sin temor a ser asaltado, a vivir el secuestro o a enfrentarse a la muerte sólo por una cartera que probablemente esté vacía.

El festejo de la independencia no sólo está en conmemorar a los héroes. Éste se convertirá en un homenaje cuando todos emprendamos el camino de la sabiduría, del amor, de la humanidad y la fraternidad. Cuando los medios políticos y de comunicación informen que México se ha convertido en un país que verdaderamente está combatiendo la pobreza extrema, la indigencia, y se está haciendo responsable por los niños que deambulan por las calles sin alimento y con dosis que destruyen sus neuronas. Cuando se construya la gran independencia, ésta no sólo se vestirá de tres colores: será un colorido universal, dejará atrás los antojitos, la música de banda, los instintos patrioteros, las reuniones sociales.

EL OBSERVADOR 479-12

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CULTURA
Los «ilegales»
Por Carlos Díaz

¿Cómo vive la ciudadanía del Tercer Mundo que se ve obligada primero a la huida del propio país y a la miseria después, ya en el país de llegada? Vive en la carencia y en la des-moralización. Abusos del poder politico, económico y policial, desviación especulativa del dinero, confusión entre lo público y lo privado, administrado aquéllo en función de intereses particulares, discrecionalidad de los medios de comunicación, utilización y abuso de la mentira como forma de comunicación, injusticias que claman al cielo porque el derecho penal cae sobre los pobres mientras el constitucional engorda a los ricos que alardean de su impunidad, suplantación de lo legítimo por lo legal, bosque de leyes que lejos de resolver los problemas esenciales los enmascara, violencia, desprecio a la vida, corrupción, desempleo, evasión fiscal, tráfico de drogas, torturas, secuestros, etc. Entre el miedo y la impotencia, entre la desconfianza y la maledicencia, entre la frustración y la desesperación, en verdad ¿qué son -se preguntaba san Agustín- los reinos sino grandes latrocinios cuando no existe justicia?

No, no es éste un mundo fácil para pueblos cada vez más numerosos y cada vez más pobres (más pobres más pobres) mientras los ricos cada día más ricos. La expulsión masiva de millones de personas de la relación laboral en el mundo entero tiene sus primeras expresiones en la disminución de ingresos económicos, o en determinados casos en la ausencia total de los mismos; a su vez, de ahí se deriva tanto su creciente marginalización objetiva, es decir, su ruptura con toda la trama relacional de la vida privada, como su desesperanza subjetiva, al percibirse a sí mismos como sujetos no rentables e inútiles que sólo representan una carga para los demás y para las instituciones: en definitiva, una incertidumbre y un vacío de sentido como resultado de una crisis de identidad.

Fuera de sus países son los «ilegales» los indocumentados, los sin techo, las minorías étnicas, las personas con problemas personales (minusválidos, ex-psiquiatrizados, marginados crónicos, excarcelados), o judiciales (libertad condicional, tercer grado, condenas alternativas), etc, muchos de ellos con serias dificultades adicionales tales como falta de actitud y de aptitud adecuadas para llevar adelante una vida laboral normalizada. Estos desestructurados existencialmente han agotado todas las prestaciones o subsidios, si los tuvieron alguna vez, de ahí su absoluta carencia de renta; además, estas gentes se encuentran con dificultad para acceder a los recursos disponibles, tales como planes de empleo, formación ocupacional, reglada, escuela de adultos, subsidios ocasionales. Ésta es la paradoja: que la clase social más abundante es, precisamente, la que menos significa; hay una relación inversamente proporcional entre abundancia y significación: los menos abundantes resultan ser los más significantes, y los más abundantes los más insignificantes. Si tales gentes podrían sentirse en su propio país como un perro al que nadie saca a orinar, en país ajeno son tratados como perro flaco y pulgoso al que todos tratan de apalear. El maestro puso el examen: «Situación del mundo al comienzo del siglo XXI». El alumno, impávido y sereno, se pasó las dos horas en una suerte de nirvana tibetano, al borde de la levitación, y sin escribir una sola palabra. Cuando avisó «señores, queda un minuto», él tomó la pluma y escribió unas cuantas palabras; se levantó, entregó la hoja y se retiró con ese aire galano y sosegado del que sabe que ha cumplido con su deber. Había escrito: «La situación era tensa». Capacidad de síntesis no le faltaba.

EL OBSERVADOR 479-13

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HACIA EL 48º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL
Eucaristía, misterio encarnacional
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, C. ORC.

El Padre se autorrevela en su Verbo. El Dios de la Revelación no da noticias. Esa autorrevelación llega a su plenitud en el Acontecimiento, Cristo Jesús. Se revela a sí mismo en una progresividad que respeta al hombre. Todo el gesto eucarístico es revelador de la propuesta que es designio absoluto de comunión. De aquí que la íntima relación de palabra y sacramento introducen en el signum communionis de salvación. Esta comunión se da a través de los velos de la creaturalidad. Se ha de leer en el Espíritu aquello que Él mismo dice a las iglesias. Es la lectura actualizada de lo que el Padre por su Hijo hizo, hace y seguirá haciendo desde nosotros que somos la prolongación del Hijo en el tiempo. Él conduce la historia, a través de la Eucaristía; así se eucaristiza la historia, de modo que no existan espacios y tiempos vacíos, pues se perderían para la eternidad.

La presencia real de Cristo en la Eucaristía y en la Iglesia ha de ser manifestación en el mundo y para el hombre. En la línea de la encarnación, el pan y el vino consagrados comunican una presencia real del Resucitado en el horizonte de la nueva creación. En esta perspectiva sólo el Padre, por su Hijo eucaristizado en la Iglesia por el Espíritu, se redime al hombre; se redime su fragilidad; se le salva del egoísmo, del miedo y de la muerte.

La Eucaristía es el gesto más grande de solidaridad y de amor. La comunidad celebrante es implicada en el movimiento de amor oblativo para bien de la humanidad. Las especies eucarísticas aseguran en parte la participación personal en el permanecer con Cristo y con los hermanos. La Eucaristía compromete a vivir la Alianza desde nuestro testimonio, a veces vulnerable y precario, en el testimonio del mismo Cristo por el Espíritu.

En esta tesitura la comunidad eucaristizada y pneumatizada como corpus Christi invita a vivir la conversión comunitaria, desde la conversión eucarística.

Más allá de la dimensión individual, la comunidad-Iglesia vive el ágape del don, de la paz y del compromiso por los hermanos.

Cierto que se da una kénosis eclesial del Kyrios Resucitado hasta que vuelva; se vive la tensión del maranathá: presencia-ausencia, dialéctica del misterio, hasta la plenitud del mismo.

Se habrán de acentuar los momentos familiares o restringidos en la cotidianidad de la celebración eucarística semanal: es momento fuerte, central, dialógico. La celebración dominical es ocasión para la apertura universal: es el Nuevo Pueblo de Dios en marcha.

En ambos casos la comunidad debe de ser activa: hay diversidad de carismas, pero uno sólo es el Señor para edificar su cuerpo que es la Iglesia. Ecclesia de Eucaristía.

La Eucaristía lleva a vivir el amor recíproco. Mutua donación. Recepción y donación, esta es la dialéctica de la madurez.

La Eucaristía transforma para ser seres en relación; de aquellos que aceptan las bienaventuranzas encarnadas en la propia vida para vivir la misericordia. La caridad en Cristo Eucaristía, nos exige la reconciliación. El llevar el peso de los unos y de los otros. Llevar con paciencia las debilidades de los demás, enseñar al que no sabe, corregir al que se equivoca, consolar al triste -para recordar la enumeración que hace el catecismo del P. Ripalda- sin olvidar las obras de misericordia corporales, pues la caridad de Cristo nos urge en un mundo cuyo 80% vive en la miseria y ante el 20 % que vive en la abundancia.

El gozo y la esperanza han de ser indicativos de quienes se han encontrado con el Señor Resucitado en la synaxis e
ucarística (de synago, reunir, congregar, acoger con hospitalidad). Reconocer los propios límites, es parte de la dinámica eucarística. Reconocer nuestra pobreza, como Iglesia y como comunidad celebrante. Así seremos los pobres por los cuales dio gracias Jesús al Padre, porque le pareció bien que nos fueran revelados los secretos del Reino. La Eucaristía es su gran secreto amoroso de cuya confidencia salimos fortalecidos: me amó y se entregó por mi a nivel individual , y a nivel comunitario, tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Único , para que el que crea no perezca, sino que tenga la vida eterna.

La Eucaristía es un compromiso con el más acá y con el más allá.

La Eucaristía no es del todo nuestra: habrán de venir del Oriente y del Occidente para sentarse a la mesa del Reino (Mt 8, 11).

Los hombres de nuestro tiempo son llamados a este banquete eucarístico. De nosotros depende y de nuestra apertura a los signos de los tiempos a través de los cuales y en los cuales ser revela el Espíritu Santo; y el momento de gracia, nuestro momento, el kairós, es la Eucaristía.

EL OBSERVADOR 479-14

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FIN

 
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