El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
3 de octubre de 2004No.482

SUMARIO

SUMARIO

bulletPORTADA - «Quien pierde sus ideales, ya lo perdió todo»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Imaginar otro mundo posible
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - La pasión voluntaria de Cristo por la humanidad
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - «Dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer»
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Problemas matrimoniales por ser autoritaria
bulletPINCELADAS - La calumnia y el agua vertida
bulletREPORTAJE - No dejes que te engañen con la «inofensiva» píldora del día siguiente
bulletJÓVENES Crónica del II Congreso Nacional para Jóvenes Universitarios.
bulletCOLUMNA HUESPED - Terrorismo sobre inocentes
bulletAires contradictorios
bulletENTREVISTA - El fracaso matrimonial no es sinónimo de nulidad
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Las difíciles definiciones: el cambiante metro
bulletCULTURA - Islam: lo que el velo vela y des-vela
bulletHACIA EL 48º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL - Anuncio profético
bulletEl brillo de las medallas

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PORTADA
«Quien pierde sus ideales, ya lo perdió todo»
El Observador / Redacción
Lucía Herrerías Guerra (México, D.F., 1955) pertenece a la Fraternidad Verbum Dei. Obtuvo el bachillerato en Teología en la Universidad de Santo Tomás (Manila,) y el doctorado en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma). Fue ponente en el recientemente celebrado Segundo Congreso Nacional de Jóvenes Universitarios. Ahí la entrevistó Zenit-El Observador.

¿Cuales serían los retos y la crisis de la universidad del siglo XXI? La crisis principal es la fragmentación del saber. Al fragmentarse el saber da como resultado un visión fragmentaria del mundo y, como consecuencia, una visión fragmentaria del hombre en la que éste no se ve como una unidad. Se fragmenta. Lo espiritual queda marginado y el resultado es un hombre roto.

¿Cómo se nota esa ruptura de la unidad del saber? Se plasma en lo que estamos viviendo actualmente; en una sociedad que se va desintegrando. Frente a esto, yo creo que el reto más grande de la universidad sería recuperar sus orígenes como la ambición de una visión integradora del universo; una visión en el cual el hombre tiene un lugar privilegiado.

¿Cómo compaginar «la búsqueda de la verdad» con «el espíritu de tolerancia»? La verdad siempre es más grande que nosotros mismos y es más grande que cualquier individuo; la intolerancia viene cuando alguien piensa que tiene la verdad absoluta, que la tiene dominada y bajo su control. Pero cuando somos conscientes de que la verdad es muchísimo más grande y nos desborda, y que cada uno captamos un aspecto de ella, entonces es posible el diálogo.

Pero el diálogo no es una de las particularidades de nuestra cultura política, ¿no es así?Es que yo puedo no estar de acuerdo contigo en algunas cosas, pero eso no significa que yo, como persona, no te respete y no intente dialogar y compartir nuestros puntos de vista.

Se dice que el movimiento estudiantil del 68 elevó a los jóvenes a la categoría de actores sociales. ¿Cree que eso se está perdiendo?Yo creo que sigue vigente; lo que pasa es que quizás hay ambientes en los que los jóvenes no creen en ellos mismos, quizás por esa falta de fe en que la verdad se puede alcanzar; ese «espíritu de tolerancia». Pero tolerancia que es una paz falsa, en donde cada quien hace lo que quiere y yo no me meto.

¿Cómo ve actualmente el espíritu de crítica de los jóvenes?El ambiente de la cultura actual es poco crítico porque hay mucha manipulación por parte de los medios de comunicación, que inculcan una idea de libertad sin responsabilidad.

¿Es el problema de la falsa libertad del liberalismo?La sociedad capitalista-liberal tiene, justamente, ese arte: hacernos creer que somos libres cuando, en realidad, nos está diciendo qué tenemos que vestir, comprar y comer.

¿La universidad debe ser profeta?Desde luego; profeta desde ese espíritu de visión universal que incluya la visión teologal del hombre. Porque quien tiene la vida afianzada en Dios es libre de todos los condicionamientos.

¿Qué deben recuperar los jóvenes de hoy?Su juventud. Que descubran que son protagonistas de su historia. Hay que recuperar los ideales. Un ser humano que pierde los ideales ya lo perdió todo. Es posible, poco a poco, ir haciendo un mundo distinto. Cuando una persona cambia, el mundo ya es distinto.

EL OBSERVADOR 482-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Imaginar otro mundo posible
Por Jaime Septién

Desde luego los nombres de Saúl Mendoza, Patricia Valle, José Arnulfo Castorena, Mauro Máximo y otros atletas de alto rendimiento, medallistas olímpicos y héroes de la vida nacional, no son -ni remotamente- conocidos como el de Ana Gabriela Guevara.

Ésta última, el martes 22 de septiembre, a su regreso de Mónaco, tras la medalla de plata en Atenas, dijo una reverenda sandez. A la pregunta del reportero sobre si había comparación entre los juegos Olímpicos y los Paralímpicos, Guevara dijo: «Si yo fuera paralímpica, ya hubiera ganado diez medallas, yo creo».

Ana Guevara es un ejemplo de lucha y esfuerzo. Pero no de sensatez. Menos de reconocimiento humano. Los juegos Paralímpicos que se llevaron a cabo en septiembre en Atenas son un ejemplo del verdadero espíritu del olimpismo: no hay publicidad, no hay patrocinios, no hay anabólicos; hay, eso sí, ganas de superar la debilidad, la minusvalidez, la necesidad extrema. Hay un muestrario de inmenso amor a la vida.

La casi treitena de medallas de México vale, una sola, mucho más que las 52 medallas olímpicas que ha cosechado el deporte nacional en cien años de asistir a los juegos de verano. Como la de bronce que obtuvo José Arnulfo Castorena en 50 metros mariposa, categoría S4, en 53.01 segundos (al día siguiente impuso récord mundial en 50 metros de pecho, categoría SB2, y ganó la de oro). Vale diez mil veces más, en términos estrictamente deportivos, que cualquiera de oro ganada con las cuatro extremidades.

José Arnulfo, nacido en Guadalajara hace 26 años, tiene una malformación congénita. Solamente tiene un brazo útil. Es de origen humilde. No ha recibido nada de nadie. El COM, la CONADE están para apoyar a los que se quejan de falta de apoyos. José Arnulfo lavó coches. Ahora renta un equipo de sonido. Está casado, tiene dos hijas. Es un triunfador nato. Y tiene una fe en Dios a toda prueba.

«Viví entre fuego y nunca me quemé», ha dicho con humildad y coraje. No anda pidiendo cámaras ni micrófonos. Reconoce que «si Dios me puso en este mundo, es por algo». No para filmar comerciales de tarjetas bancarias ni para salir en «Los Protagonistas» y que una empresa abonera le regale un televisor de plasma, o el gobierno de Jalisco 50 mil pesos (que no estaría mal).

Su misión, como la de todos los atletas paralímpicos, es enseñarnos a vivir sin limitaciones; a imaginar otros mundos posibles, donde la escasez y la necesidad sean acicates para elevarnos por encima de nuestra condición de criaturas rotas y menesterosas; pedigüeñas y quejumbrosas. Por encima de la vulgaridad publicitaria en la que nos han metido, so pretexto de que «necesitamos vernos bien para sentirnos bien».

A lo mejor nuestros atletas paralímpicos no «retratan» con fotogenia para ser «totalmente Palacio». Pero nos regalan una fotografía sublime: la de un ser humano que venció la cobardía, la conmiseración, el sometimiento del imperio publicitario. Esa foto es impagable.

EL OBSERVADOR 482-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
La pasión voluntaria de Cristo por la humanidad

El cántico del capítulo segundo de la primera carta de san Pedro, «La pasión voluntaria de Cristo, siervo de Dios», fue tema de catequesis del Papa durante reciente audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro.

Juan Pablo II dijo ante trece mil personas que este cántico «presenta ante nuestros ojos el rostro de Cristo sufriente» y recuerda la oración de la Iglesia de los orígenes. «Él llevó nuestros pecados en su cuerpo, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia: y por sus llagas fuimos sanados».

«Es 'Él', el Cristo paciente -continuó-, que no cometió pecado, que ultrajado no reaccionaba ante el camino pedregoso de la pasión, sin oponerse a la injusticia y a la violencia, sin recriminaciones y desahogos, sino entregándose a su dolorosa pasión, 'al que juzga con justicia'. (...) No se trata, por tanto, de una ciega y pasiva resignación, sino de una gran confianza, destinada a ser un ejemplo para todos los discípulos que recorrían el camino oscuro de la prueba y la persecución».

El vicario de Cristo puso de relieve que Cristo «es presentado como el Salvador, se solidariza con nosotros en su 'cuerpo' humano. (...) Él es también y siempre el Hijo de Dios y su solidaridad con nosotros es radicalmente transformadora, liberadora, expiatoria y salvífica».

«De este modo -terminó- nuestra pobre humanidad, apartada de los caminos torcidos y perversos del mal, es conducida a la 'justicia', es decir, al bello proyecto de Dios. La última frase del himno es particularmente conmovedora: 'Por sus llagas fuimos sanados'. Manifiesta el alto precio que Cristo ha pagado para conseguirnos la salvación».

(Fuente: Vatican Information Service)

EL OBSERVADOR 482-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
«Dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer»
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Quisiera que me dieras tu opinión sobre mi vida, pues creo que estoy entre la espada y la pared. Estoy casado por el civil, tengo 21 años de edad y me va muy bien, gracias a Dios. En el trabajo gano muy bien, y vivo con mis padres. Yo le digo a ella que ya es parte de otra familia y que tenemos que ver más por nosotros y estar más unidos todos, tanto entre nosotros como con mis padres. Mi esposa se molesta porque mi madre me pide dinero para comprar libros a mi hermana. Hace unos días le presté dinero a mi madre y sólo me pagó la mitad, y mi esposa me dice que si no le voy a cobrar el otro dinero. Mi mamá es un poquito ambiciosa con el dinero, no sé por quién inclinarme.
En quien yo pienso es en mi hijo, nada más, y todo lo hago por él y por toda mi familia. No sé si es que mi esposa está muy unida a su familia o qué sucede. Cuando salimos ella sí puede decir: deja le llevo algo a mi mamá o mi papá; pero ¿cómo no dice: deja le llevo algo a mi suegra o suegro? Siempre es lo mismo: en mi familia sí se fija. pero en la de ella casi no lo hace.
¿Qué opina de mi vida?

RESPUESTA
Si te va bien en el trabajo, ¿por qué no vives aparte con tu esposa y tu hijo? Ustedes ya son otra familia.

No es tu esposa la que ahora es parte de la familia de tus padres, sino que tú, tu esposa y tu hijo forman una familia distinta.

Deben estar unidos tú y tu esposa y no tú y tu esposa con tus padres o con los padres de ella. Necesitan ambos dejar a sus padres, ser una familia independiente.

Es bueno que tengan una buena relación con sus padres, los de ambos; que los amen, los respeten y que, de mutuo acuerdo, los ayuden en la medida de lo posible (con las cosas claras: una cosa es un apoyo o un regalo, otra es un préstamo). Pero sin olvidar que ustedes ya son otra familia. Lo primero para ti debe ser tu esposa y tu hijo, y si te sientes entre la espada y la pared tal vez sea porque le estás dando a tu madre un lugar que ya no le corresponde. En el momento en que te casaste tu esposa se convirtió en tu primera responsabilidad, junto a tu hijo, cuando él nació.

¿Por qué no se han casado por la Iglesia? Si lees El Observador, supongo que eres católico. Yo les aconsejo que estudien lo que es el matrimonio para la Iglesia y que, sabiendo bien lo que hacen, se comprometan en verdad, que reciban la gracia del sacramento y formen una familia según la voluntad de Dios.

EL OBSERVADOR 482-4

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Problemas matrimoniales por ser autoritaria

PREGUNTA
Nunca he escrito a nadie para que me dé consejo acerca de mi matrimonio, pero en esta ocasión necesito su ayuda. Últimamente tengo más discusiones con mi esposo por cualquier tontería, que hasta le he pedido que se marche de la casa pero no lo hace. Estoy muy dolida por dentro por todo lo que nos decimos cuando discutimos. Él dice que soy muy autoritaria, lo cual tal vez sea por el carácter tan fuerte que tengo. Yo actualmente trabajo como jefa de una empresa, y soy demasiado exigente. Estoy desesperada porque no logro darme a entender con él, y ya no sé si lo quiero. ¿Qué puedo hacer?

RESPUESTA
El asunto no es saber si todavía quiere a su esposo o no, sino aplicar toda su inteligencia, toda su voluntad y todo su corazón en amarlo.

Amar a su marido es respetarlo plenamente, permitirle ser, aceptarlo tal cual es, valorar sus ideas y sus criterios, validar sus sentimientos, escucharlo en verdad, agradecerle sus esfuerzos, apoyarlo, consentirlo, divertirse juntos, acariciarlo…

Tener un carácter fuerte es algo bueno, pues permite a la persona luchar, perseverar, no caerse ante el menor obstáculo. Pero con frecuencia entendemos mal el término. Las personas que no tienen tacto para tratar a los demás, que responden con enojo y con un tono de voz elevado o quienes explotan con facilidad, no tienen en realidad un carácter fuerte, puesto que no saben dominarse a sí mismas. Más bien son personas que tienden a la agresividad negativa y a la violencia. Si este es su caso, necesita vencerse a sí misma y aprender a tratar a los demás siempre con respeto, preservando su dignidad, aun cuando en ocasiones sea necesario ser firme. No es lo mismo expresar el enojo con gritos e insultos, humillando a los demás, que hacerlo con mucha firmeza, poniendo límites claros con respeto, refiriéndonos a los hechos sin descalificar a la persona. Tal vez su esposo está resentido no tanto por lo que le dice sino por cómo se lo dice. Por lo que veo, parece que usted actúa como si fuera autoridad sobre su marido, pero no lo es. Si usted quiere darse a entender con él, su esposo necesita no sentirse atacado pues de lo contrario se pone a la defensiva y se bloquea la comunicación. Peor aún, llegan a lastimarse mutuamente con lo que se dicen, abriendo heridas que es necesario sanar.

Parece ser que precisamente el tema de la comunicación es algo que está fallando gravemente entre ustedes. Necesitan aprender a comunicarse, esto es básico para poder poner remedio a lo demás. Creo que necesitan ayuda externa. Usted, en lo personal, para aprender a dominar su carácter y a relacionarse de una forma adecuada; y los dos, como pareja, para lograr una forma sana de relacionarse. Les puede ayudar muchísimo un encuentro matrimonial.

Por cierto, su esposo hace bien en no irse cuando usted le dice que se marche de la casa. No se ven motivos de peso para pensar que eso fuera el mal menor; al contrario, lejos de remediar algo, si él se fuera sería destruir un matrimonio por el que vale la pena luchar. Todavía hay mucho que pueden hacer por ustedes. Así que emplee esa enorme fuerza que tiene en luchar por su matrimonio, y verá que, junto con su marido, logran no sólo rescatarlo, sino hacerlo crecer y ser lo que debe ser: una comunidad de amor. (Y.C.L.)

EL OBSERVADOR 482-5

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PINCELADAS
La calumnia y el agua vertida
Por Justo López Melús *

Refiere una leyenda que el calumniador de una doncella, arrepentido de su horrendo crimen y habiéndola encontrado muerta, se arrojó ante el ataúd donde la velaban exclamando: «¡Perdóname, perdóname! He reconocido mi enorme delito. Nunca lo lloraré bastante». Entonces, la muerta se incorporó y le mandó que la siguiera. Llegaron a la pila del agua bendita del templo y le hizo la señal de que la vaciase. Luego le dijo la muerta: «Ahora recoge toda el agua vertida». El calumniador respondió que eso era imposible. Entonces la joven le dijo: «La buena fama en la persona es como el agua bendita en la pila. Si una vez se derrama nunca jamás podrá ya recogerse». Sólo eres dueño de la palabra que no has pronunciado. Palabra y piedra suelta no tienen vuelta.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 482-6

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REPORTAJE
No dejes que te engañen con la «inofensiva» píldora del día siguiente

Tú eres dueña de tu cuerpo:
- Te preocupa tenerlo bien, y eso va más allá del aspecto exterior, porque tu cuerpo hace mucho por ti. No lo lastimes.
- Si de verdad quieres cuidarlo, no permitas que te engañen con la píldora de emergencia, también llamada del día siguiente o, simplemente, anticoncepción de emergencia.

No es una simple pastilla anticonceptiva

- En muchos medios de comunicación se ha dicho que es un anticonceptivo más, que no es abortivo y que no daña tu salud. No es cierto.
- La píldora del día siguiente contiene una dosis de hormonas mucho mayor que cualquier pastilla anticonceptiva; esto tiene muchos riesgos contra tu salud.

Sí puede ser abortiva

- Todo depende del momento en que te la tomes.
- Si la pastilla te la tomas cuando estás ovulando y has tenido relaciones sexuales, entonces es posible que se produzca la unión del óvulo con el espermatozoide. Esto se llama fecundación, que es el inicio de una vida humana. Y en ese momento empieza la vida de tu hijo.
- La pastilla del día siguiente descompone la matriz y de este modo tu hijo no puede quedarse en ella, que es el lugar que necesita para seguir viviendo y creciendo. Y esto sí es un aborto.
- Recuerda: el aborto es un acto gravísimo por cualquier método que se realice, porque va contra la vida del más débil e inocente de los seres humanos: tu hijo recién concebido.
- Por eso es mejor no arriesgar ni hacer algo que pueda ir contra una vida ya iniciada.

Es un medicamento peligroso

- Altera tu proceso de ovulación, lo que puede dificultar que algún día seas madre. Puede causar severos daños a la salud: sangrados, dolores de cabeza, náuseas.
- Si se usa con frecuencia puede provocar daños en el hígado, tapar las arterias y causar infartos, provocar embolias en el cerebro o en los pulmones y hemorragias cerebrales; complicar las alteraciones provocadas por el tabaquismo, aumentar los riesgos de colesterol elevado produciendo daños en el páncreas; provocar ceguera por trombosis de la arteria de la retina, empeorar la diabetes y aumentar el riesgo de desarrollar cáncer en el cuello de la matriz y de mama, además de depresión.

No es segura

- No te protege en absoluto contra las enfermedades de transmisión sexual como sífilis, papiloma humano y SIDA.
Que no ten engañen: con este medicamento atentas gravemente contra tu salud. Y si el óvulo ya fue fecundado le quitas a tu hijo la posibilidad de vivir.

(Texto enviado por el Centro de Ayuda para la Mujer Querétaro)

*********

La ciencia sí reconoce el efecto abortivo de la píldora del día siguiente

En medio del debate sobre la inclusión de la píldora del día siguiente en los programas de planificación familiar estadounidenses, un experto denunció que la ciencia no oculta el carácter abortivo de este fármaco, aunque los promotores del mismo insistan en difundirlo como un "anticonceptivo" más.

En un artículo, el doctor Germán Alvarado, post doctoral fellow en la John Hopkins University (Estados Unidos), señaló que "la anticoncepción oral de emergencia (llamada también píldora del día siguiente ) cuando se toma después de la fecundación es abortiva y no anovulatoria como algunos nos quieren hacer creer".

"La famosa pastilla impide la implantación del embrión humano en la capa interna del útero de la madre, la cual, de no ser por la anticoncepción de emergencia, debería producirse entre el sexto y el octavo día de vida", puntualizó Alvarado, quien, además, tiene una maestría en salud pública de la Universidad Libre de Bruselas (Bélgica).

Alvarado manifestó que "la ciencia reconoce desde 1946 que la vida humana empieza en el momento de la fecundación (Declaración de la Asociación Médica Mundial). La fecundación puede producirse tan rápido como dos horas después de la relación sexual, o puede demorar como máximo hasta 72 horas".

El médico peruano señaló que "independientemente de qué institución o persona quiera, a través de la manipulación del lenguaje, intentar engañarnos, la verdad científica es que la anticoncepción oral de emergencia es abortiva, y por lo tanto, asesina".

"Nadie ha podido desbaratar el argumento de que la vida humana empieza con la fecundación. Ningún 'consenso' utilitarista debería entonces aprobar la píldora del día siguiente", añadió Alvarado.
"Algunas feministas quieren engañar a la gente porque tienen grandes negocios con ciertas compañías farmacéuticas, y esos negocios son asesinos y, lo peor, quieren hacerse pasar por abanderados de la ciencia y los derechos humanos", explicó.

"A veces, en nombre de la ciencia y la tecnología, se han cometido horribles crímenes contra la humanidad", recordó, y aseguró que "como médico, defiendo la vida y la salud y rechazo enérgicamente la anticoncepción oral de emergencia ".
(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 482-7

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JÓVENES
«Queremos ver a Jesús» (Jn 12,21)
Crónica del II Congreso Nacional para Jóvenes Universitarios, Querétaro 2004
Por Omar Árcega E.

Bajo el lema «Queremos ver a Jesús» se realizó el segundo Congreso de Jóvenes Universitarios, se reflexionó sobre el papel de la universidad y la importancia de reevangelizar los ámbitos estudiantiles. Pero, ¿qué es y cómo surge un congreso para jóvenes universitarios?

Los queretanos que disfrutaban de un paseo vespertino por la céntrica calle de Juárez el sábado 25 de septiembre fueron sorprendidos por los gritos, la algarabía, las porras y las hurras de dos centenares y medio de jóvenes provenientes de Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Colima, Puebla y Querétaro. Los gritos de «¡Viva Jesús! ¡Viva María!» fueron acompañados por las notas de una estudiantina. La multitud dio vuelta en la calle «16 de Septiembre» para dirigirse al jardín Guerrero. Pero ¿quiénes eran esos entusiastas jóvenes? ¿Cómo es que terminaron en la calle Juárez mostrando su deseo de seguir a Jesús? Todo inició hace más de un año cuando la Fraternidad Misionera Verbum Dei (FMVD) percibió la inquietud de maestros y alumnos universitarios para evangelizar y ser evangelizados en su ámbito por antonomasia: la universidad. Entonces integrantes de la FMVD, tanto misioneros como laicos, se dieron a la tarea de organizar el primer congreso nacional para jóvenes universitarios, el cual se realizó en octubre del 2003 en la ciudad de Morelia, con la participación de 150 personas. De este primer encuentro surgieron estrategias a las cuales se les daría seguimiento; éstas han dado como fruto el inicio de la evangelización en distintas universidades del país, por ejemplo, en Guadalajara se han fundado grupos de oración y evangelización; en Querétaro ha surgido el grupo «Inquietud Universitaria», el cual ha organizado conferencias, un ciclo de cine y hasta un seminario de liderazgo. Fue tan favorable la respuesta al primer congreso que surgió la idea de realizar un segundo, siendo la sede la muy noble y leal Cd. de Querétaro. La fecha de inicio fue el vienes 24 de septiembre: la sede fue la Universidad Marista; la acogida fue a través de las notas de una estudiantina y las palabras de la misionera Juani Hidalgo. Al día siguiente iniciaron las sesiones de trabajo. Éstas consistieron en una conferencia, después un estudio por grupos para reflexionar y aportar las propias experiencias, para terminar en una sesión plenaria. En un congreso como éste no pueden faltar los momentos de oración y de encuentro con Cristo a través de la Eucaristía.

Hubo dos conferencias magistrales: «La influencia de la sociedad en la universidad», a cargo de la misionera y Doctora Lucia Herrerías (FMVD) y «La evangelización en la universidad» impartida por el padre Salvador Moreno (FMVD). La Doctora Lucia Herrerías habló de la problemática y retos que enfrenta la universidad del siglo XXI. La dificultad mayor es la fragmentación del saber «porque al fragmentar el saber se tiene como resultado una visión fragmentaria del mundo y del hombre», acotó la misionera. Es decir, se pierde la idea del hombre como unidad, hay aspectos que se ensalzan y otros que son olvidados, dando como resultado hombres rotos y, por lo tanto, una sociedad con carencias. De aquí surge el reto de la universidad del siglo XXI: recuperar esa visión integral del hombre y con ello colocar al ser humano en el lugar que se merece. Se habló del llamado a la búsqueda de la verdad y de cómo en esa búsqueda se pone en juego la felicidad. Por su parte el padre Salvador Moreno habló de los fundamentos que deben tener las personas que sean apóstoles en la universidad: deben estar convencidas de que Dios las ha llamado y las eligió ser hombre y mujeres de oración, dispuestos a colaborar con otros hombres de buena fe y adquirir una adecuada preparación en la fe y el conocimiento científico. Si algo de esto falla, entonces lo que surgirá será una anti-evangelización.

Tras escuchar, discutir e intentar interiorizar todo lo expresado en las conferencias, la juventud ahí reunida salió a las calles de Querétaro a mostrar que una juventud vivida con Cristo es una juventud alegre y plena. Por ello se les vió recorrer la calle de Juárez y llegar al jardín Guerrero, donde se tuvo un festival artístico-temático. Sin embargo, las actividades no terminaron el sábado; el domingo se reflexionó sobre los medios concretos para evangelizar. Por ciudades se hicieron compromisos para iniciar actividades lo más pronto posible. Como broche de oro hubo una misa ofrecida por el Exmo. Sr. Mario de Gasperín y Gasperín, quien, a través del pasaje del pobre Lázaro, exhortó a trabajar a favor de la humanidad. «El pobre es el que no tiene quien lo defienda y es el que ahora está gritando, nos está gritando: ¿qué hacen, estudiantes de México? Ustedes que tienen tanta oportunidad... La palabra de Dios nos recuerda esa responsabilidad grande que tenemos[la de preocuparnos por los otros]. No podemos ser como Caín, que dijo: no tengo nada que ver con mi hermano Abel». Con eso terminó el segundo congreso de jóvenes universitarios, pero ya se anunció la sede para un tercero, la ciudad de León. La misionera María Cristina Briñol Turnes, encargada de las misioneras del Verbum Dei, hizo pública la noticia. Los grupos juveniles están cordialmente invitados a participar, jóvenes y maestros universitarios también.

De las universidades brotarán los hombres y mujeres del mañana; por ello urge predicar los valores cristianos en esas plazas. Joven universitario: primero Dios, te esperamos en León el año que viene.

EL OBSERVADOR 482-8

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COLUMNA HUESPED
Terrorismo sobre inocentes
Por P. Fernando Pascual

Una noticia puede decirnos con sobriedad: «murieron 20 soldados». O puede darnos, en un reportaje más detallado, los nombres y apellidos de cada víctima, sus sueños, sus familias, los hijos, la esposa o la novia que dejan solos, abatidos, desconcertados.

Existe el peligro de leer las noticias de modo frío, anónimo. Ayer mueren en un atentado 30 hindús. Hoy nos hablan de los muertos en Iraq. Mañana nos presentarán, en un cuadro pequeño, casi anónimo, que cientos de personas han sido asesinadas cruelmente en un poblado perdido del centro de Africa.

Es verdad que los periodistas no pueden contarnos la historia de cada víctima. Los lectores podemos, sin embargo, pensar que detrás de las cifras, de las noticias, hay vidas concretas, deseos y esperanzas que, de repente, son arrancados de modo violento, injustificado.

Cada víctima del terror, de la violencia, tenía un sueño, una familia, unos amigos. No podemos conocer los mil dolores que se esconden tras la guerra y el terrorismo. Aquel soldado anónimo iba a volver a casa este fin de semana. El joven que murió en un concierto de música donde explotó una bomba soñaba con ser médico y ayudar a los pobres. El policía que quedó mutilado por manos de un terrorista sin escrúpulos esperaba, en dos meses, ver nacer a su tercer hijo. Aquel campesino de Uganda que aparece con la cara en el suelo, rodeado de curiosos, acababa de recibir un pequeño préstamo para mejorar las cosechas y dar de comer a los habitantes de su poblado.

Hay crímenes que nos dejan sin palabras, casi sin capacidad de llorar. Hay criminales que buscan sólo un número más elevado de muertos. Hay odios que no son capaces de ver en el otro más que a un enemigo. No nos resignamos a soportar que existan terroristas que buscan, fríamente, matar y destruir, a veces sin saber a quién matan, sin conocer el rostro y la historia de los que serán sus víctimas.

Nuevas muertes entristecen la voz de las noticias. En silencio, con un puño de dolor, rezamos por los muertos, por sus familias, por sus amigos. Pedimos a Dios que perdone a quienes no conocen lo que significa amar, no saben lo grande que es el perdón, lo bello que es trabajar por la paz, día a día, allí donde vivimos, allí donde podemos estar juntos, unos con otros, como hermanos...

EL OBSERVADOR 482-9

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Aires contradictorios
Víctor Corcoba Herrero / España

Se dice, y también se ve, que cada día son más los que acuden en peregrinación a lugares santos y participan en cofradías y hermandades católicas. Considerando esas estampas de muchedumbres, cuesta entender la falta de conciencia eclesial (en la mente, en el corazón y en la vida), la permisividad de legislaciones contra la vida y el amor auténtico, o la misma falta de ética social. Me da la sensación de que estas multitudes, portadoras de aires contradictorios e incoherentes, nacen como señal de distinción, fruto de reputación y notoriedad, de querer agradar más a las personas que a Dios, de aparentar lo que no somos, de parecer cristianos en lugar de serlo verdaderamente. Convendría recordar, pues, los deberes cívicos que supone ser miembro de la Iglesia católica, y que no son otros que un espíritu de servicio desinteresado que lo llevará a renunciar a la búsqueda de la ganancia personal, del poder o del prestigio, si ello va en detrimento de otras personas. Si esto fuese así, no existirían los desequilibrios, las zancadillas al vecino, y menos tantos desasosiegos germinados de la inseguridad física y legal. El programa de las bienaventuranzas, la «carta magna» del Reino de los Cielos, exhorta a otras maneras de vida y de vivir, donde no tienen cabida engaños, ni figurones engreídos, es una invitación al compromiso y jamás a la apariencia; clave para comprender la moral, tan perdida y olvidada en los últimos tiempos.

Como un soñador de versos, reconozco que una de mis preocupaciones, afanes y desvelos, se encamina a que la existencia se ensortije de belleza. Eso de quitarse la vida, tan de moda hoy, un modo de locura colectiva y una manera de huir propia de enfermos mentales, me preocupa y alarma. Uno debe quererse asimismo por encima de todo. La cuestión de poner fin a la existencia es más grave de lo que parece. Revela que hemos perdido el sano juicio de la conciencia, a pesar de tantas ciencias humanas. El patrimonio del espíritu cuenta más bien poco en esta sociedad de mercaderes. Ahí están sus frutos. Han espigado las ansiedades del alma, las que no se pueden saciar con el patrimonio del capital. La vida no se compra, ni se vende. Esto pasa por ser analfabetos en moral, por guiarnos de una cultura que nos mece en la esclavitud.

EL OBSERVADOR 482-10

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ENTREVISTA
El fracaso matrimonial no es sinónimo de nulidad
Habla Miguel Ángel Ortiz, profesor de derecho matrimonial canónico

Un fracaso matrimonial no significa necesariamente su nulidad; de ahí la importancia de que la normativa canónica matrimonial se conozca y se interprete adecuadamente, incluso dentro de la Iglesia, alerta un sacerdote experto en la materia, Miguel Ángel Ortiz, en esta entrevista concedida a la agencia católica Zenit.

Profesor de derecho matrimonial canónico y coordinador de estudios de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma), Miguel Ángel Ortiz ha estado al frente de la organización del II Curso de Actualización para Agentes del Derecho en los Tribunales Eclesiásticos -recién celebrado en esa sede universitaria-, cuya convocatoria ha reunido a más de doscientos expertos -jueces, defensores del vínculo y abogados entre otros- de 33 países europeos, africanos y americanos.

¿Cuál es la finalidad del proceso de nulidad matrimonial?
La finalidad de estos procesos no es encontrar al «responsable» del eventual fracaso del matrimonio, como se podría hacer en una causa civil, sino sólo establecer si en un caso concreto consta o no la nulidad del matrimonio mismo.
Y esta finalidad confiere al proceso una estructura muy precisa: la demanda judicial por parte de uno de los cónyuges o de ambos; el llamamiento a juicio de la otra parte (si no se hubiera presentado aún); la puntualización del problema a examinar, y la recogida y discusión de las pruebas; y, finalmente, la sentencia del juez.
Para poder apurar en caso por caso la verdad objetiva, en cuanto sea humanamente posible, es indispensable que tanto los cónyuges como el defensor del vínculo tengan realmente la posibilidad de confrontarse, esto es, que el proceso sea un verdadero proceso judicial.
Antes de emitir una declaración oficial sobre la nulidad del vínculo, la Iglesia quiere que se siga un procedimiento riguroso, a fin de que el juez eclesiástico pueda llegar, con certeza moral y con base en las pruebas reunidas, a una decisión fundada sobre la verdad de los hechos.

Hay quien afirma que el número de causas de nulidad matrimonial es, en realidad, muy inferior a la cifra de matrimonios que naufragan, dando a entender que gran parte de los matrimonios fracasados podrían ser declarados nulos. Y no faltan partidarios de la tesis según la cual tal proceso podría representar la solución para los divorciados que se han vuelto a casar y para su readmisión en la comunión eucarística. ¿Considera que la legislación actual habría que revisarla?
Aquí hay que distinguir bien dos cuestiones: la de la declaración de nulidad del matrimonio y la de la eventual admisión a los sacramentos de las personas divorciadas civilmente que se han vuelto a casar. Son dos cosas distintas también por las implicaciones teológicas y pastorales que de ello se derivan. Limitándome ahora a los aspectos más estrictamente canónicos, querría recordar lo que dijo Juan Pablo II en la alocución a la Rota Romana en 1987: «El fracaso del matrimonio no es nunca en sí prueba de su nulidad». En 2002, según el Anuario Estadístico de la Iglesia (edición 2002), concluyeron en todo el mundo 56 mil 236 procesos ordinarios en primera instancia para la declaración de nulidad del matrimonio.
De éstos, 46 mil 92 recibieron una sentencia afirmativa. La declaración de nulidad matrimonial tal vez podría constituir el remedio sólo para un pequeño número de matrimonios fracasados. El problema no es decidir si hay que revisar o no la ley vigente, sino hacer que la normativa en la materia sea bien conocida y bien interpretada, también dentro de la Iglesia.
Por otro lado, considero que es necesario evitar una visión de los procesos de nulidad que busque «ampliarlos» para que las personas puedan regularizar su situación: no es pastoralmente correcto decir a una persona que su matrimonio nunca ha existido si el juez no está rectamente seguro de la nulidad.
A propósito de la pastoral desearía recordar otras palabras del Papa dirigidas a la Rota Romana, esta vez en 1990: «El juez debe guardarse siempre del peligro de una mal entendida compasión que caería en sentimentalismo, sólo aparentemente pastoral. Los caminos que se apartan de la justicia y de la verdad acaban contribuyendo a alejar a las personas de Dios, obteniendo el resultado contrario al que de buena fe se buscaba».

¿Cuáles son, entonces, en su opinión, las prioridades en este ámbito?
La prioridad, en mi opinión, es mejorar la formación de las personas: sobre todo de los novios que se preparan para casarse. Y también la formación de los agentes del derecho en los tribunales eclesiásticos: que tengan un claro conocimiento de los procedimientos, tanto para evitar a la gente ilusiones e inútiles pérdidas de tiempo, como para llevar a término la causa de nulidad matrimonial con seriedad y celeridad.
Y que sean conscientes de que el servicio a las almas no consiste en «forzar» las declaraciones de nulidad, sino en intentar indagar con rectitud cuál es la verdad sobre el matrimonio de las personas. Mientras tanto, a mi juicio, habría que evitar absolutamente el término «anulación» en cuanto que es muy ambiguo: según la doctrina de la Iglesia, ni las partes en causa ni el juez eclesiástico pueden disponer a su arbitrio del vínculo matrimonial cuando éste se ha constituido efectivamente.
Puede parecer obvio, pero es importante puesto que muy frecuentemente se encuentran en la opinión pública corriente nociones en la materia, absolutamente carentes de fundamento.

EL OBSERVADOR 482-11

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PICADURA LETRÍSTICA
Las difíciles definiciones: el cambiante metro

Por J. Jesús García y García
Los que al enseñar todo lo quieren tratar,
demasiado dicen, sí, pero no lo dicen todo.
QUINTILIANO

Una anécdota, ya muy canosa, relata que un genio anónimo parió esta sesuda definición del teléfono: «Un aparato, con ciertas y conocidas peculiaridades, que sirve para el uso al que se le destina».

¿Qué más queremos? Después se tira del hilo y se desovilla todo.

Pero, según la Real Academia Española, definir es, en sus dos primeras y más usuales acepciones: «1. Fijar con claridad, exactitud y precisión la significación de una palabra o la naturaleza de una persona o cosa. 2. Decidir, determinar, resolver algo dudoso».

Por su parte, J. Hernández Chávez, en su texto de Lógica, nos enseña que «Definición es el desarrollo preciso del contenido de una idea; es decir, es una explicación clara y breve de un concepto, o de su término verbal». Las definiciones, tercia Jaime Balmes, sirven de luz para dirigir la percepción y el juicio, y de punto de apoyo para afianzar el raciocinio. Pero a renglón seguido afirma, contundentemente, que «es sobremanera difícil una buena definición, y en muchos casos imposible». Le parecía obvia la razón, pues si la definición explica la esencia de la cosa definida, «¿cómo -alegaba- se explica lo que no se conoce?».

Traigo a cuento lo anterior porque me desconcierta la pluralidad de definiciones del concepto metro, esa medida de longitud creada con el estímulo de Napoleón Bonaparte para acabar con las múltiples unidades de medida locales que dificultaban el comercio.

La primera definición de metro la leí en la viejísima Aritmética, de G. M. Bruño: «Metro es una medida igual a la diezmillonésima parte de un cuadrante del meridiano terrestre, o sea la parte comprendida entre el polo y el ecuador [...] Para determinar el metro sólo se ha medido la parte del meridiano entre Dunkerque (Francia) y Barcelona (España), y después, por medio de cálculos, se determinó la distancia del polo al ecuador. Se halló 5.130,740 toesas (la toesa, antigua medida francesa, equivale a 1 metro 948).Se dividió esta longitud por 10,000,000, y el cociente obtenido se tomó por base del sistema métrico, con el nombre de metro. Los dos sabios franceses que se ilustraron en la medición del meridiano fueron Mechain y Delambre».

Bajo la definición anterior se construyó un modelo de metro internacional que, construido con platino iridiado, tenía la ventaja de ser poco sensible a la temperatura (el metro, dicen, sólo mide 100 cm cuando está a 18.75 grados). Y como, además, no pareció pertinente la referencia a un arco en el ecuador por las dificultades que suponía el desplazamiento en territorios desconocidos, se corrigió: «el metro es la distancia a 0 grados centígrados comprendida entre dos trazos finos situados cerca de los extremos de una barra de sección en forma de X, de platino e iridio (90 partes del primero y 10 del segundo), que se conserva en Sèvres (Francia)». Los lerdos empezamos a tener dificultades de comprensión.

Después se descubrieron otras imprecisiones y surgió la definición propuesta en 1960: «El metro es la longitud igual a 1,650,763.73 veces la longitud de onda en el vacío de la radiación correspondiente a la transición entre los niveles 2p10 y 5d5 del átomo de kriptón 86». Ni claro ni breve. Y los lerdos acabamos por no entender nada.

¿En qué momento de la evolución definitoria del metro estaremos ahora? Las cosas más comunes suelen tener las descripciones más difíciles. Y si, además, seguimos exigiendo explicaciones cada vez más precisas (propias, más bien, de tratados sesudos y extensos), continuaremos cargando de sutilezas o hipótesis las definiciones coloquiales.

Parece, pues, arbitraria la definición de palabras. Muchos no le conceden validez y si, de casualidad, alguien acierta a dar una definición que pudiera parecer feliz, no falta quien la impugne diciendo que así se ha perdido ya el encanto que el relativo misterio le daba a aquella cosa.

EL OBSERVADOR 482-12

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CULTURA
Islam: lo que el velo vela y des-vela
Por Carlos Díaz

En muchos países musulmanes la memorización del Corán constituye el programa básico de los estudios de enseñanza primaria. El texto está muy estrechamente relacionado con las fiestas familiares, con la mezquita, con el barrio, con el país, de forma que extirparlo sería casi como extirpar el alma del creyente. Desde que nace hasta que muere el musulmán vive en un mundo cuya trama íntima es el Corán: al niño se le enseña de memoria; se recita en el momento de la circuncisión; en la ceremonia del contrato matrimonial se leen algunos versículos; se presta juramento sobre él; en caso de enfermedad se recurre al Libro, y después de recitar el texto se pasa la mano sobre el cuerpo del enfermo como signo de fe en la eficacia de la palabra del Libro. El buen musulmán lo recita por la mañana y por la noche, y ciertos versículos son empleados como jaculatorias en los mil acontecimientos de la vida. Y, cuando muere, las últimas palabras que oye el moribundo son las del Libro sagrado.

El Libro es lo primero que se coloca en una casa nueva, y en la biblioteca familiar ocupa el lugar de honor. A la vuelta de la peregrinación a La Meca, y especialmente durante el mes del Ramadán, se recita el Corán, se difunde diariamente por la radio, se graba en las joyas para atraer la fortuna, se reproduce en las tiendas y hasta en los carritos de los vendedores ambulantes, se lleva al cuello en diminutos ejemplares; en los oficios de las cofradías se entremezclan los textos coránicos con las letanías y rezos propios; entre los actos más excelentes de la piedad musulmana se encuentra regalar a las mezquitas manuscritos del Corán. Existen asociaciones abiertas a los musulmanes que conozcan de memoria todo el Corán, los huffaz al Quran.

El islam es al mismo tiempo religión (dín) y mundo (dunya), religión y Estado (daula). Matrimonio, repudio, poligamia, régimen financiero de la mujer casada, herencia, castigo por robo, préstamos, juegos de azar, leyes bélicas, conducta respecto a los países conquistados, etc, no pueden darse en la ley civil al margen de la coránica. En Arabia Saudita se exige el velo para las mujeres y la ejecución del musulmán apóstata, se prohiben las bebidas alcohólicas, el préstamo con interés.

La vitalidad del Islam se debe a una honda adhesión de sus miembros a su comunidad (umma, de umm, «madre»), a una comunidad profética ideal (ummatu-al-Nabi) y teocrática, ya que su fundamento y su ley sólo viene de Dios, a una comunidad al mismo tiempo religión (dín) y mundo (dunya), religión y Estado (daula). Y esa singularísima adhesión raciosentimental la mama el niño en su familia, en la escuela y en su ambiente. Desde pequeño se toma conciencia islámica de que tan sólo los musulmanes son hermanos: que no acepten como wali («amigos sin reserva») a los judíos (goim, «gentiles»), a los cristianos, a los paganos, o a los enemigos del islam, aunque puedan ser buenos con quienes no hayan luchado contra los musulmanes. Desde el momento en que el Islam comienza a demostrar su supremacía militar, se da la orden de luchar hasta el fin, de ahí la severidad con quien se niega a financiar las guerras, o intentan dispensarse del servicio militar. La comunidad musulmana debe estar siempre en pie de guerra hasta el momento final de la madre de todas las batallas.

Cielo y tierra fundidos en el Corán, he ahí la umma, «comunidad perfecta y única agradable a Dios», comunidad de los puros, únicos dignos de honrar a Alá: Dios está satisfecho de ellos y ellos de Él, por eso constituyen el «partido de Dios». Resto escatológico, solo la umma liderará al mundo; islámicamente hablando, fuera de ella no hay salvación. Uno de los mayores Estados musulmanes, Pakistán, se autodenomina «país de los puros», algo parecido a reclamar lo que le es debido. Un musulmán no soportará encontrarse sometido a un poder supremo no musulmán; en su inconsciente, sólo él parece estar llamado a gozar de todos los derechos políticos y religiosos; el no musulmán será siempre un «protegido» (dimmí) que debe pagar impuesto especial (yiziya), o de lo contrario ser combatido. Como derecho de Dios, el éxito temporal, incluso el militar, es signo de la verdad del Corán; la derrota es una «tentación» (fitna) para la fe musulmana. Por eso la guerra santa (yihad) obliga a todo musulmán, es dar-I-islam, tierra del Islam, y dar-I-harb, tierra de guerra.

El musulmán es espontáneamente apóstol, porque vive plenamente convencido de la excelencia de la umma, para él único lugar posible de salvación, de ahí esa sensibilidad para sentir como propio todo lo que ocurra a cualquier miembro de la comunidad. Ejemplo de ese estado de espíritu es la Declaración Islámica Universal de los Derechos Humanos, promulgada en la Unesco en septiembre de 1981 confiriendo a la ley musulmana un carácter universal. Culto o inculto, rico o mendigo, árabe, bereber, turco o negro, practicante o no, todo musulmán está marcado en lo más hondo de su ser por este sentido de la umma, y así lo repite el Corán: «Sois la mejor comunidad que ha aparecido para los hombres». El musulmán se cree en posesión de la verdad total, por eso es inaccesible a la duda y posee una falta de curiosidad total, tiene un alma saturada, sin deseos de nada exterior, pues el Islam le da una seguridad absoluta. Inútil, por consiguiente, ver lo que dicen los otros. Ausencia de espíritu crítico, insondable tranquilidad espiritual, adhesión total, maciza, sin grietas, su talante espiritual es mezcla de serenidad, fatalismo y contemplación ideal de un pasado que crea ese tipo de hombre resignado, pasivo, en armonía consigo mismo y con todo lo creado; ni el sufrimiento, ni la muerte, ni la adversidad de las cosas consiguen destruir la armonía inicial.El hombre y todo lo creado no pueden tener consistencia, por eso su única perfección consiste en someterse a lo que Dios quiera (islam = sumisión), de ahí su concepción optimista, estática y acabada del mundo. Todo va bien, transformar el mundo sería una pretensión vana y sacrílega.

Respecto de la profundidad de su convicción, el Islam, por la repetición de las mismas afirmaciones oídas desde la infancia, por la atmósfera que crea, rodea a sus fieles de un vallado protector. El Corán contiene numerosas frases bien cinceladas, grabadas desde hace siglos en la memoria y en la afectividad de los fieles. Para el islámico, lo que está en el Corán está por encima de toda crítica; la certeza sicológica de todas sus proposiciones es absoluta. Muchos apologistas afirman que el Corán contiene todas las ciencias modernas, como los viajes interplanetarios o la bomba atómica. Aunque existe un número importante que no cree en esta clase de apologética y tiene la valentía de decirlo, los demás se callan por miedo a la comunidad. ¿Resulta constitutivo del Islam ese su fundamentalismo, cambiará o permanecerá aislado, encerrado en un fanatismo cada vez más excluyente y violento?

La comunidad islámica no ha conocido ninguna de las revoluciones que desde el Renacimiento han transformado al mundo occidental: ni la científica, ni la comercial, ni la cultural, ni la política, ni la social. Y, sin embargo, el Islam crece: ¿precisamente por haber rechazado el hiperracionalismo disolvente?, ¿porque no ha separado vida privada y vida pública, como sí lo ha hecho el Occidente descreído? ¿Garantizará el auge del islamismo su cerrada grupalidad? ¿Será el confort no disfrutado todavía lo que le preserva? ¿Disminuirá el fervor islámico con la secularización rampante del Occidente?

Sólo teniendo en cuenta lo antedicho puede entenderse la cuestión del velo. El Corán dice muchas cosas ya anacrónicas pero, como -en la convicción islámica- ese libro es de redacción directa de Alá, que lo dictaría tal cual al arcángel Gabriel, la cuestión de salvar a la vez el Corán y la historio-sociología resulta muy espinosa, y probablemente sin salida. La cuestión, pues, es el Corán, no el velo, o mejor, el velo que vela la historia: con velo o sin él; quien quita y pone es el varón. El velo, más que velar, desvela la barbarie. La cuestión no es si el velo es más o menos tupido o largo, si total o parcial (como en las clásicas casuísticas): es que haya que vivir con un velo que, por otra parte, vela también la posibilidad de entender sin violencia mental y de mirar sin orejeras, en definitiva el velo de la libertad. El velo también desvela la insolidaridad dentro de los distintos países supuestamente unidos por la común umma: basta con observar la extremada fragmentación de los países islámicos, según la proximidad o lejanía respecto a los otros velos, los yankees.

EL OBSERVADOR 482-13

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HACIA EL 48º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL
Anuncio profético
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, C. ORC.

Ser profeta es sentirse afectado por Dios y poseer sus convicciones. El nabí cristiano posee la palabra de Jesús y el Espíritu de Jesús. No es sólo boca de Yahweh, sino es ahora boca y corazón de Jesús. Palabra dicha por Jesús que conserva su vigencia. El profeta ha de conocer el ambiente en el que está inmerso para trasmitir el mensaje con su fuerza y adecuación. Su vida ha de ser testimonio martirial. De ahí brota su fuerza. Así está el Espíritu en el principio, en el medio y en el final. Puede darse la fuga del profeta, así como la fuga de Jonás. El profeta cristiano afecta la presencia y la palabra de Jesús si no descubre y vivencia la Eucaristía en este sentido.

La Eucaristía es una celebración profética; en ella está la palabra, la presencia de Jesús, su muerte y su resurrección. La Iglesia presta su voz, sus manos, su corazón para realizar el memorial de Jesús: los creyentes se ubican en el ámbito de Jesús.

«¿Qué debemos hacer?» (Is 40, 6), «haced esto en memoria mía» (1Cor 11,24-25), «proclamar su muerte hasta que el Señor vuelva» (1 Cor 11,26). Es el programa y el mandato.

La Iglesia en la Eucaristía, vuelve al Cenáculo y al Calvario, para actualizar la Alianza Nueva, para proclamar y asumir la palabra de Jesús como Él la vivió. Ahí el Señor nos da su existencia en el pan y en el vino, su sangre del perdón y del aparente fracaso, pero que es sangre derramada en testimonio de obediencia y de amor al Padre y a los hermanos, por nosotros. Es la ratificación de su entrega continua. El profeta ha de ser trasmisor vivo de este perenne acontecimiento de donación que rasga los cielo y tiene su dimensión de liturgia celeste, o viceversa, la entrega eterna del Hijo al Padre en su y en la condición humana e histórica.

La palabra proclamada en la Eucaristía ha de ser profética porque es Palabra de Dios dicha por nosotros. Ha de poseer el tono de edificación, de consuelo, de exhortación y , a veces, de denuncia.

La Eucaristía se transforma en misa o envío: somos portadores de los valores y del Espíritu que nos ha empapado.

La Eucaristía es suficientemente grande para nuestro lenguaje. Como Amós, confesamos que «el Señor me llamó de detrás del rebaño y me dijo: ve y profetiza» (Am 7,15). Celebrar la Eucaristía, participar en ella es participar del sentimiento de incapacidad y pequeñez del profeta : pero hemos de obedecer: «Hagan esto en memoria mía. Yo estaré en tu boca y en tu corazón; yo estaré contigo» (Jer 1,8). El Memorial Eucarístico transforma el presente e ilumina el porvenir.

El Señor esté con ustedes. Evoca la Traditio de Hipólito y, a la vez, evoca el saludo para aquellos que habrán de salvar al pueblo en situaciones de peligro (cfr. Jue 6,18; 1Sam 17,37).

María se turba ante las palabras del Ángel. Son comprometedoras, son palabras de una vocación, de una investidura para una misión, como lo entiende Muñoz Iglesias en Los Evangelios de la Infancia.

La liturgia terrestre

Los profetas oran por su pueblo; Jesús pide que oremos por los enemigos. El profeta cristiano poseído por el Espíritu, es el Espíritu que gime con gemidos inenarrables y escudriña los corazones( cfr. Rom 8,26-27). Por eso en la Misa se ora por todos.

Todo en la liturgia ha de ser transparente: gestos, ritos, palabras, arte. Se ha de proclamar en su proceso lo que fue la muerte del Señor.

La liturgia terrestre se ha de entender desde la perspectiva del Apocalipsis: desde el Cordero degollado, que está de pie, que es el Vencedor. Luego se ha de celebrar la Eucaristía en esta perspectiva: desde Cristo glorioso, entender los ritos, las palabras, los gestos, nuestra participación. Si así se celebra la liturgia, toda la asamblea ha de proclamar el Amén, conciente, sentido, conmovido.

El Espíritu Santo y la Eucaristía

La Eucaristía es alianza del nuevo éxodo de Jesús y del nuestro propio. La Eucaristía habría de ser objeto de nuestra pasión, la pasión infinita de todo ser humano, como afirma Karriz, en el Evangelio según san Lucas (Comentario de San Jerónimo).

La Eucaristía es la actualización de la entrega del Señor y, por tanto, de su muerte y resurrección redentoras. Pero también es comunión en el Espíritu de Cristo. Se ha de dar esa infusión del Espíritu Santo. Nos ha de empapar el Espíritu Santo para ser nueva creación y propiciar, por nuestro medio, la cultura del amor y edificar la civilización del amor. La Eucaristía puede transustanciar las realidades terrestres en ordoamoris, incorporadas a Cristo.

Los frutos de la Eucaristía

La Eucaristía nos aproxima al hermano en el mismo banquete. Cristo mismo se hace nuestro Prójimo, bajo la misma Alianza. Así se hace la Iglesia, por la Eucaristía, comunidad de amor, comunidad de los redimidos, comunidad de los profetas de los nuevos tiempos que son los últimos, pues vivimos el ésjaton definitivo.

Nuestra celebración no puede ser alienante. Olvidados de los bienes de la justicia para los hermanos pisoteados. Sólo el amor que se vive y se bebe en la Eucaristía puede transformar el legalismo, el juridicismo calculador, en justicia real; pero no sólo eso, sino estar más allá, en el compartir, en el amor en su máxima expresión, al cual llamamos misericordia. La Eucaristía no sólo nos ha de llevar a practicar las obras de misericordia corporales, sino las espirituales. Es la Eucaristía la escuela del amor, para ser testigos del amor.

El cristianismo y nosotros

Me he preguntado en estos días: ¿Cómo es posible que después de 2000 años el cristianismos haya llegado hasta nosotros? Ciertamente por los Apóstoles, por los obispos agregados a la misión de los Apóstoles, por los presbíteros agregados a la misión episcopal, por los religiosos y religiosas testigos del reino futuro por medio de su consagración, por los laicos comprometidos, por los mártires y confesores, por los papás, etc.
Pero pienso que eso no es suficiente. Es inexplicable en sí mismo el fenómeno tangible en la historia, si no ha sido por la synaxis eucarística. Porque la liturgia eucarística ha sido escuela de fe, escuela de esperanza, escuela de amor, escuela de costumbres, forjadora de cultura. Mejor, se ha experimentado en la comunidad cristiana la presencia de Cristo Resucitado por la Eucaristía. Es en esta celebración donde el Señor se nos dona y transforma la vida.

EL OBSERVADOR 482-14

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El brillo de las medallas
Por Carlos Torres / Fundación México Unido

Después del triunfo de Patricia Valle, Juan Ignacio Reyes, Doramitzi González, José Arnulfo Castorena, Saúl Mendoza, Luis Alberto Zepeda y Mauro Máximo de Jesús en los juegos paralímpicos de Atenas 2004, a muchos mexicanos nos cayó el veinte de cómo se puede alcanzar el éxito.

El brillo de las medallas de oro refleja los valores de deportistas firmes e indomables, dispuestos a entregar todo por un país y un sueño. Lo demás, es talento y pasión por el deporte, principios cultivados por nuestros atletas paralímpicos, quienes al imponer nuevos récords nos obligan a los demás a librar batallas cotidianas, y así, enaltecer a México.

Uno se emociona al hojear el periódico. Entre párrafos «nadan» las fotografías con las que los deportistas nacionales nos empapan de alegría por ocupar los primeros lugares en Atenas 2004. Su sonrisa es una fusión de sentimientos que los impulsan a seguir adelante. Cada vez que llegan buenas noticias aumenta la satisfacción de ser representados por personas triunfadoras.

El origen de esa emoción es una prueba latente de que las victorias, como la mayoría de los premios en la vida, sólo pueden conseguirse con fidelidad, perseverancia y esfuerzo. Sumerjámonos por un momento en estos tres valores.

La perseverancia en el deporte le permite al atleta acercarse a sus ideales de superación y no parar ante ningún tropiezo. Este valor es un eje físico, mental y espiritual, pues José Arnulfo Castorena, Luis Alberto Zepeda, Saúl Mendoza, Mauro Máximo de Jesús, Patricia Valle, Juan Ignacio Reyes y Doramitzi González, cada vez que se enfrentan a pruebas difíciles, renuevan su fuerza, recuerdan el tiempo dedicado a ejercitarse, y así, valoran su esfuerzo y trayectoria. La perseverancia sirve también para evaluar constantemente la condición del practicante, y sobre todo, para ver qué tantas marcas personales ha logrado vencer en determinado tiempo. Los deportistas mexicanos, evidentemente, ocupan un nuevo lugar a los ojos del mundo.

Por otro lado, la fidelidad nos motiva a cumplir promesas y proyectos con puntualidad. En la alberca este valor funciona del mismo modo que en el terreno social. Si uno no le dedica tiempo a la familia y a los amigos, éstos se olvidan de uno o, por lo menos, se alejan un poco. Las actividades olímpicas también exigen el cumplimiento de las metas establecidas por cada atleta.

Finalmente, el esfuerzo en cualquier actividad física o intelectual consiste en dirigir nuestra energía a un punto en particular que, al conquistarlo, nos haga ser mejores y, así, podamos plantearnos nuevas metas. En la antigua Grecia, los athleteeseran las personas que se esforzaban por acciones específicas y vencían, día con día, un límite. Los atletas van, como dice el lema de los Juegos Olímpicos, altius, citius, fortius,es decir, «más alto, más rápido, más fuerte». Más mexicano.

Una de las misiones más importantes de nuestros deportistas paralímpicos, es transmitir y forjar en todos los mexicanos algo de su gran espíritu atlético y, con ello, enseñarnos a vivir en una competencia diaria que nos permita vencer dificultades en cualquier momento.

Felicidades a los medallistas por su exitosa participación en Atenas. Gracias por enfocar su talento y dedicación al deporte, pues, de esta forma ponen muy en alto a nuestro país y se convierten en un ejemplo para todos nosotros.

EL OBSERVADOR 482-15

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FIN

 
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