El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
10 de octubre de 2004 No.483

SUMARIO

bulletPORTADA -Histórico acuerdo de la Suprema Corte facilita la revalidación de estudios realizados en seminarios
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Eucaristía: compartir
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Buscar a Cristo continuamente por el camino de la fe
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Sufre por un amor prohibido
bulletPINCELADAS - Un juez insobornable
bulletCOLUMNA INVITADA - El glaciar mexicano
bulletENTREVISTA - La Eucaristía: don de Dios y respuesta para toda la humanidad
bulletLa Misa como espectáculo
bulletLa verdad y la violencia
bulletLo siento, mi perro está enfermo
bulletCULTURA -Pobreza de la ciencia y ciencia de la pobreza
bulletHACIA EL 48º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL-  El anuncio eucarístico y el hombre de hoy -Conclusión-
bulletHoy, 10 de octubre, comienza el Año de la Eucaristía convocado por Juan Pablo II

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PORTADA
Histórico acuerdo de la Suprema Corte facilita la revalidación de estudios realizados en seminarios
El Observador / Redacción

Los ministros de la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en sesión pública reciente, emitieron un fallo que ayudará a que la Secretaría de Educación Pública (SEP) otorgue validez oficial a los estudios que una persona haya realizado fuera del sistema educativo nacional, siempre y cuando sean equiparables a los que se imparten en dicho sistema.

Con el criterio de que resulta discriminatorio -y por tanto inconstitucional- el hecho de que la SEP sí permita revalidar los estudios que se hacen en el extranjero y no los que se llevan a cabo en México, la Suprema Corte otorgó un amparo a 24 seminaristas para que la SEP les revalide los estudios de la licenciatura en Filosofía que cursaron fuera del sistema educativo nacional.

La norma declarada inconstitucional en el juicio respectivo es el título segundo del acuerdo 286 de la SEP. Este acuerdo sólo regula la revalidación de estudios hechos en el extranjero pero se olvida de los realizados en el país.

La revalidación de estudios hechos en seminarios eclesiásticos se hizo imposible a partir de 1917, cuando la Constitución actual, en su artículo 130, fracción IV, estipuló: «La ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones religiosas denominadas iglesias», y en la fracción XI del artículo 130 estableció: «Por ningún motivo se revalidará, otorgará dispensa o se determinará cualquier otro trámite que tenga por fin dar validez en los cursos oficiales a estudios hechos en los establecimientos destinados a la enseñanza profesional de los ministros de los cultos. La autoridad que infrinja esta disposición será penalmente responsable y la dispensa o trámite referido será nulo y traerá consigo la nulidad del título profesional para cuya obtención haya sido parte la infracción de este precepto».

La resolución de la Suprema Corte pone las cosas en esta materia más acordes con la reforma legal que cambió hace doce años las relaciones entre la Iglesia y el Estado.

Aunque el amparo arriba referido sólo beneficia a los seminaristas que promovieron el juicio, el nuevo criterio servirá para que quienes estén en situación similar puedan también obtener la protección de la justicia federal.

EL OBSERVADOR 483-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Eucaristía: compartir
Por Jaime Septién

La próxima semana Guadalajara será la ciudad de la Iglesia universal. La Eucaristía movilizará un enorme caudal de recursos vitales e intelectuales de los católicos de todo el mundo para reflexionar en el misterio central de nuestra fe y en el acta de nacimiento de la Iglesia.

El concilio Vaticano ll definió a la Eucaristía como «fuente y cima de toda la vida cristiana». De donde salimos (del costado de Cristo) y a donde queremos llegar (al Paraíso, como aquella tarde de viernes el buen ladrón). Es don y misterio de la encarnación del Hijo de Dios. O sea: nuestra exaltación y nuestra misión.

Además del 48º Congreso Eucarístico Internacional (10 al 17 de octubre), comienza el Año de la Eucaristía, convocado por el Papa (a partir del 17 de octubre de 2004) y habrá de cerrarse con el Sínodo de los Obispos (octubre de 2005) cuyo tema central será, justamente, la Eucaristía.

¿Quién se atreve hoy a creer, con firmeza, en la Eucaristía? Aquel que cree con firmeza que Cristo es Dios hecho hombre, plenamente Dios y plenamente nuestro hermano. Es decir: quien cree en la divinidad de Cristo, en su actualidad, en su presencia en nuestra historia. Que Él está en la Sagrada Forma, hasta el final de los tiempos. Europa ya no cree, o cree cada vez menos. Es América, el continente más joven en incorporarse a la cristiandad, quien tiene ahora la respuesta. Por eso es tan importante lo de Guadalajara. De América (y, si mucho me apuran, de México) ha de salir la corriente de reconquista de los pueblos para Dios, de los hombres para su Iglesia.

Hay un tema que ha acompañado a la Eucaristía y que permanece en los pueblos y las ciudades de nuestro país, pero más visible en las comunidades rurales: algo que las asemeja a las primeras comunidades cristianas: el compartir. La Eucaristía era compartir los bienes, repartir el pan, ayudarse unos a otros. Que a nadie le sobre y a nadie le falte. Que todos tengan lo necesario para celebrar, con dignidad, los misterios de nuestra fe.

Ese potencial solidario -que se nota en las fiestas patronales, por ejemplo, donde nadie queda sin comer su tortillas, su mole, sus frijoles- debe ser el que inunde, de nuevo, la celebración de la liturgia y la vida de los cristianos. Que la Sagrada Forma sea el rostro de Cristo en el hermano; el rostro del hermano en Cristo.

Y eso América se lo puede regalar al mundo: como la papa, el tomate, el chocolate y tantas otras dádivas. Esta tendría que ser en la fe. Y en el encuentro con un Jesucristo vivo, palpitante, para, desde ahí, sacar el agua viva de la solidaridad real y palpable con todos.

EL OBSERVADOR 483-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Buscar a Cristo continuamente por el camino de la fe

En audiencia general el Papa habló sobre el salmo 44, «Las bodas del rey».

Juan Pablo II explicó que, según la tradición judía, este texto «es un canto al rey Mesías. La tradición cristiana, sin embargo, hace una lectura en clave cristológica y debido a la presencia de una reina, también en perspectiva mariológica».

«El perfil del esposo real -continuó- se nos presenta de manera solemne», destacando su «belleza, signo de esplendor interior y de bendición divina: 'Eres el más hermoso de los hijos de Adán'. Precisamente sobre la base de este verso la tradición cristiana representó a Cristo en forma de hombre perfecto y fascinante. En un mundo con frecuencia afeado esta imagen es una invitación para renovar la 'via pulchritudinis' en la fe, en la teología y en la vida social para llegar a la belleza divina».

El vicario de Cristo señaló que en el texto se subraya «la relación entre la belleza y la justicia. (...) La belleza se debe conjugar con la bondad y la santidad de vida para hacer resplandecer en el mundo el rostro de Dios, bueno, admirable y justo. La Carta a los Hebreos, aplicando el salmo a Cristo, no duda en reconocer la divinidad plena y no meramente simbólica del Hijo de Dios que entra en su gloria».

Dirigiéndose a sus compatriotas al final de la audiencia, el Papa saludó de modo especial a los participantes en la peregrinación de Solidarnosc. «Este movimiento, nacido en tierra polaca -dijo-,abrió las puertas de la libertad en muchos países de Europa. Me alegro porque el espíritu de 'Solidarnosc' sigue uniendo a tantas personas en nuestra patria. Espero que este sano espíritu penetre también en la Europa unida». (VIS)

EL OBSERVADOR 483-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Sufre por un amor prohibido
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Me casé muy chica, y desde recién casada empezó mi tormento. Fueron años muy dolorosos. Mi esposo tomaba mucho, me golpeaba, me insultaba, me humillaba, hubo de todo. Tuve muchos embarazos: unos los perdí a causa de los golpes o lo mal alimentada. Cuando mis hijos empezaron a crecer y a defenderme, cambió un poco mi esposo, pero el recuerdo de mi vida a su lado no me dejaba ser feliz. Hace cinco años conocí a un señor. Todo comenzó como una amistad entre su familia y la mía, pero con el trato me fui enamorando con todas mis fuerzas de él. A estas alturas sé lo que es el amor. Hace unos tres meses terminamos la relación. Yo cada día lo extrañaba más, pero el ya no quería verme. Entendí que para él había pasado la magia, que ya no tenía tiempo para mí, pero el problema es que no puedo olvidarlo. Cada día anhelo más estar a su lado, estoy de mal humor, con cualquier canción lloro, mi pensamiento desde que despierto es querer verlo. Tomo el teléfono y, cuando oigo su voz, cuelgo. Sufriendo mucho, me entrego al trabajo, a la familia, para olvidarlo, pero dondequiera que voy todo me lo recuerda. Cada día, al amanecer, le agradezco a Dios por un día más, y mi súplica es: «ayúdame a olvidarlo», pero no puedo. ¿Qué debo hacer?

RESPUESTA
Con su historia me surgen varias inquietudes. En su caso, estamos hablando del pasado, pero ojalá que leer su historia ayude a otras mujeres a evitar caer en situaciones similares.

Lo primero en lo que pienso es en por qué se casó con un hombre así. ¿Qué pasó durante el noviazgo? ¿No lo conoció bien? ¿Él le ocultó sus problemas con el alcohol y con la violencia? O quizá usted pensó que no eran tan importantes, o que se le iban a quitar cuando se casaran. Tal vez eso fue lo que él prometió, pero hombres así no suelen cumplir esa promesa, porque no basta con prometer, tienen que cambiar internamente y a fondo. ¿O tenía una autoestima tan pobre que pensaba que no merecía una mejor relación? Hay mujeres que incluso sienten que un hombre así les hace un favor al elegirlas como esposa.

En todo caso, una vez casados y que sufrió ese maltrato, ¿qué hizo usted? ¿Por qué permitió el abuso? No la estoy culpando, pueden haber sido muchas las razones. Por ejemplo, haber vivido con un padre violento y haber aprendido que eso es lo normal. También el haber escuchado que, si ya se había casado, tenía que aguantar cualquier cosa. He sabido de casos en los que la esposa golpeada se sale de su casa y recurre a sus padres, pero estos no la reciben. ¿Qué pueden hacer estas jóvenes que se sienten solas, abandonadas a su suerte, confundidas? Se sienten perdidas, no alcanzan a ver ni un rayo de esperanza. La situación empeora cuando tienen hijos, porque entonces creen que todavía es más grave su obligación de quedarse «por los hijos», quienes viven una vida miserable al ser testigos de la violencia y las borracheras del padre. El daño que se hace a los hijos es muy grande, les crea grandes problemas de angustia, de inseguridad e incluso de adicciones.

Pero quizá usted no sabía que podía denunciar a su marido, que podía acudir al DIF en busca de ayuda y que la Iglesia no le pedía que soportara eso. En casos así, cuando es mayor el daño al permanecer juntos, la Iglesia autoriza la separación. Claro, después de hacer todo lo posible por arreglar las cosas. Tal vez usted lo intentó, tal vez usted trató de hacerle ver las cosas a su marido, tal vez le exigió que ya no la maltratara y fracasó. O tal vez ni siquiera se animó a enfrentarlo y a pedirle que cambiara.

Dice que su esposo cambió un poco. ¿Qué tanto es ese «poco»? La pregunta es: ¿Estarían ambos dispuestos a construir, por primera vez en su vida, un auténtico matrimonio? Porque esa situación de un pequeño cambio no es suficiente. Necesitan aprender a amarse verdaderamente uno a otro. Para eso tienen que poner los dos de su parte y acudir a todas las ayudas necesarias: a su párroco, a encuentros conyugales, a terapia de pareja, a alcohólicos anónimos, él, y usted a al-anón. Que las cosas estén tranquilas no es suficiente. Ahora que si él no quiere, de todos modos hágalo usted. Ha sido muy lastimada y hay muchas cosas que necesita sanar. Pero, sobre todo, necesita llenar su vida, encontrarle un sentido, llenar su corazón con afectos sanos. Tener un vacío en su corazón y el haber sido tan maltratada favoreció que cayerá en la tentación de ese amor prohibido. No basta con que termine esa relación: necesita sanar, necesita cambiar profundamente y aprender a ser feliz. Su felicidad no depende de que su marido cambie o de que otro hombre la ame. Su felicidad depende de que viva verdaderamente como hija de Dios, empezando por entender lo que eso significa, es decir, que es usted infinitamente amada como hija por Dios.

En cuanto a olvidar a ese hombre, esa es una de las cosas que cura el tiempo. Enamorarse implica siempre un riesgo, y cuando se trata de un amor prohibido, el riesgo es mucho mayor. Los amores prohibidos están condenados al fracaso, por lo tanto es casi inevitable sufrir por ellos. Así que llore todo lo que le haga falta, pero procure que su familia no se dé cuenta; domínese frente a ellos, incluso en cuanto al mal humor. Ya no le hable, ni alimente los pensamientos respecto a ese hombre. Cuando estos vengan, cambie a otros pensamientos. Dígase miles de veces algo cierto: que fue mejor que eso terminara. Busque otras cosas en qué ocuparse e interesarse. Ayude a otras personas. Luche por tener una vida plena. Poco a poco encontrará paz en su corazón. Haga mucha oración, más todavía. Y si algún otro hombre la pone en tentación, o éste volviera a aparecer, salga corriendo a hablar con su confesor. Un amor prohibido no soluciona nada, al contrario, aunque de momento sea agradable, a la larga le hace más daño. La solución a sus problemas está en otros lados: en encontrarse a sí misma, especialmente, en encontrar un sentido para su vida; en sanar emocionalmente y en acercarse mucho a Dios.

Aunque en este momento no lo crea, usted puede ser feliz.

La psicóloga Cervantes responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 483-4

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PINCELADAS
Un juez insobornable
Por Justo López Melús *

Jesús, en el Evangelio, alababa la habilidad del mayordomo infiel, que, ante el trance de ser despedido, se las arregla para prepararse un cómodo porvenir. No alaba Jesús la injusticia, sino el ingenio que pone en juego para salir a flote, y termina Jesús lamentando que los hijos de las tinieblas sean más astutos que los hijos de la luz.

Dos cazadores estaban en pleito. Uno de ellos preguntó a su abogado sobre la conveniencia de enviar unas perdices al juez. «De ningún modo -contestó el abogado- Ese juez alardea de insobornable. Un gesto así produciría el efecto contrario». Bien, pues ganaron el juicio, y el hombre agradeció el consejo al abogado y le explicó: «A final envié las perdices al juez..., bajo el nombre de nuestro oponente».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 483-5

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COLUMNA INVITADA
El glaciar mexicano
Por Bruno Ferrari

Desde los años sesenta nos ha tocado vivir un proceso muy doloroso en la historia contemporánea de nuestro país. Se vivieron los últimos años de aquello que se llamó el milagro mexicano, en donde se respiraba un clima de estabilidad, al menos en materia económica, con una moneda tan sólida que incluso recuerdo que existía alguna estación de radio que, simplemente, por estar en el 12.50 de AM, se llamaba «Radio Dólar».

Por supuesto que de democracia ni hablar: sexenio tras sexenio la sucesión presidencial era un mero trámite.

A la llegada de Luis Echeverría los medios de comunicación eran amordazados para que la información que llegara al público fuera exclusivamente la que el gobierno decidía. Pero al menos hasta antes de aquel régimen de guayaberas la economía de México parecía ejemplar. Recuerdo cuánto énfasis se hizo en el sentido de que México era la cabeza del Tercer Mundo.

Más adelante llegó López Portillo, muy señor de la palabra, capaz de presentarse al pueblo como el principal defensor del peso. Y así comenzaron las funestas devaluaciones.

Más tarde llegó Salinas de Gortari, con el gobierno de las promesas, del México del Primer Mundo. ¿Luego qué paso? Los hermanos incómodos, los anuncios de los abusos, los crímenes políticos jamás resueltos.

Finalmente se acabó la mezcla de democracia y dictadura, se acabó el partido único y se llegó al México en el que vivimos hoy, el México del cambio, el del sueño, el del sí se puede; y, sin embargo, quienes hemos vivido todas estas fases sabemos que, aunque se presente otra cosa, es muy poco lo que se ha logrado.

Hace un par de días me tocó estar por primera vez frente a un glaciar. Ciertamente me quedé maravillado ante la inmensidad de este río de hielo, la intensidad de sus colores y su altura, prácticamente el equivalente a un campo de futbol visto en vertical. Y mientras me encontraba ahí, en las costas del archipiélago Alexander, en Alaska, vino a mi mente una vez más nuestro querido México.

Ahí, frente a ese inmenso bloque de hielo, pensé que México, a pesar de todos los cambios, todos los sufrimientos, está como congelado, moviéndose a la misma velocidad como lo hacen los glaciares, a no más de un centímetro y medio por día, llenos de belleza, de recursos y de maravillas capturadas e inmovilizadas por el hielo eterno, cubiertas en la superficie por políticos sin escrúpulos que al igual que la nieve, tapan con un grueso manto lo que adentro ocurre.

Ahí seguimos los mexicanos, invernando, sin movernos, como si estuviéramos condenados a ver solamente el paso del tiempo, sin luchar para que el frío hielo se convirtiera en caudalosas aguas que nos hicieran ver un México más nuestro, más libre y con una economía mucho más poderosa.

EL OBSERVADOR 483-6

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ENTREVISTA
La Eucaristía: don de Dios y respuesta para toda la humanidad
Habla el cardenal Josef Tomko

Del 10 al 17 de octubre se celebra en Guadalajara el 48º Congreso Eucarístico Internacional, con el que empieza el Año de la Eucaristía convocado por Juan Pablo II, y que se cerrará en octubre de 2005 con el sínodo de los obispos.

Para entender el significado y objetivos de estas iniciativas, habla el cardenal Josef Tomko, uno de los más cercanos colaboradores del Papa, prefecto emérito de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y presidente del Pontificio Comité para los Congresos Eucarísticos Internacionales.

¿Cuál es el sentido de las iniciativas organizadas con ocasión del Año de la Eucaristía? La Eucaristía constituye el tema central de los tres acontecimientos y moviliza a toda la Iglesia católica para un año en torno al «misterio de la fe» que es la Eucaristía. Se trata de una de las verdades fundamentales para la fe y para la Iglesia. Tan cierto es que el concilio Vaticano II definió la Eucaristía como «fuente y cima de toda la vida cristiana» (LG. n. 11) y también «fuente y cima de toda evangelización» (PO, n. 5).
El significado y objetivo de las iniciativas es la profundización y reforzamiento de la fe en Dios encarnado en Jesucristo. Sólo quien cree en la divinidad de Cristo puede creer en la Eucaristía.

Quien refuerza su fe en la Eucaristía, presencia, sacrificio y memorial de Jesucristo, profundiza también en su fe en la divinidad de Cristo y en su encarnación. La Eucaristía es, por lo tanto, el «banco de prueba» para la fe, aquello de lo que tienen necesidad sobre todo ciertas regiones de Occidente que se encuentran bajo la presión de una «silenciosa apostasía». Además, la Eucaristía conserva desde sus orígenes también un aspecto social que en la primitiva Iglesia se manifestó en las formas del ágape y del compartir los bienes, pero es actual en varias formas, incluso hoy, porque la Eucaristía crea la fraternidad, la solidaridad, la comunión, la atmósfera de paz, de reconciliación, de justicia y de amor.

¿Cómo podrá dar respuestas a las necesidades de la humanidad y contrarrestar el difundido nihilismo la reflexión sobre la Eucaristía? Antes de hablar de los aspectos negativos de algunas «civilizaciones», que no son en muchos aspectos muy civiles, quiero observar algunas aportaciones positivas ligadas a la Eucaristía, sobre todo en las Iglesias jóvenes. Las gozosas celebraciones africanas son, de hecho, también eventos ricos de fraternidad y de solidaridad que unen tribus y etnias.

Además, no falta la profundidad de percepción de la Eucaristía como sacrificio, visto que ellos conocen el sacrificio ritual. La liturgia eucarística es también el lugar de inculturación, como por ejemplo el rito indio del «arathi» tras la consagración, las danzas sagradas de adoración, etcétera.

Por lo que respecta a la decadencia de ciertas «culturas» o incluso «civilizaciones», sobre todo en el campo de los valores fundamentales de la vida humana y del amor, basta recordar que la Eucaristía es el «pan de la vida» y don de Jesucristo «para la vida del mundo», fuente en la cual se purifica y eleva el amor humano.

En la Eucaristía es adorado el Hombre-Dios, pero al mismo tiempo aumenta el sentido de la dignidad y fraternidad del hombre. Y qué decir de la gran dignidad y gozo con que tantos pobres se acercan a la Eucaristía, donde desaparecen las divisiones de clase, de raza, de riqueza.

Ello se concreta también en los congresos internacionales, donde las familias locales ofrecen la hospitalidad a los participantes que provienen de otros países o continentes. En tales celebraciones eucarísticas crece visiblemente una nueva humanidad y una nueva civilización, la del amor.

Una cierta cultura secularizada, «políticamente correcta», ha debilitado la práctica de los sacramentos, sobre todo en lo relativo a la confesión antes de acceder a la Eucaristía. Aunque es verdad que cuando hay confesionarios abiertos la gente se pone en fila para confesarse, es cierto que es práctica difundida la de auto-absolverse.

¿Cuál es su opinión al respecto? También hoy es ciertamente válida la severa advertencia de san Pablo: «Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo» (1 Co 11, 27-29).

Y el Catecismo de la Iglesia Católica especifica: «Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar» (CIC n. 1385).

Ha suscitado clamor la toma de posición de algunos obispos estadounidenses de no dar la comunión a personajes públicos que aun diciéndose católicos apoyan también públicamente leyes e iniciativas a favor del aborto, de los matrimonios homosexuales, etcétera. ¿Qué piensa? Sin ánimo de aludir a ningún hecho concreto, me parece que los textos antes citados están muy autorizados y son muy útiles.

La Eucaristía es el corazón de la Iglesia y de la vida de los cristianos. Pero el sacrificio de Cristo vale para toda la humanidad. ¿Qué argumentos utilizaría usted para explicar a los creyentes que no practican, a los fieles de otras religiones y también a los no creyentes las razones de nuestra fe? La fe es un don de Dios. El razonamiento sobre la Eucaristía pareció ya en tiempos de Jesús un «lenguaje duro». Requiere al menos buena voluntad y no rechazarlo «a priori». Pero se trata también de un razonamiento extremadamente gratificante, profundo y bello.

Revela el inmenso amor de Dios y de Jesucristo por la humanidad; si se comprende que la Eucaristía es el don de Dios a la humanidad y «para la vida del mundo», para los creyentes y para los no creyentes, ello hace intuir la grandeza del corazón de Dios.

Por otra parte, la Eucaristía revela la inventiva de Jesucristo que ha querido entrar en comunión íntima con quien le recibe y convertirse en «pan» para nuestro alimento, pero también ofrecerse en un sacrificio que representa de manera incruenta el único sacrificio cruento de la Cruz por toda la humanidad.

Cuando se lee la historia de la institución de la Eucaristía en el Cenáculo pocas horas antes de la muerte redentora de Cristo en la Cruz, la verdad sobre la Eucaristía aparece sencilla como el rayo de luz que penetra el cristal por un lado y por el otro sale con un prisma formado por varios colores. Es el mayor don de Jesús, que «amó a los suyos hasta el extremo». Obviamente, con un no creyente empezaría antes por el razonamiento fundamental de Dios, de Jesucristo, por ejemplo, a través de una aproximación del relato evangélico sobre la Resurrección.

Con un agnóstico que ignora y evita todo razonamiento sobre Dios, hay que desbrozar el terreno de la explícita o implícita soberbia autosuficiente y autosalvífica de un cierto humanismo nihilista moderno y mostrarle los valores de la Eucaristía para la grandeza del hombre a los ojos de Dios.

Precisamente este agnosticismo que hoy se difunde en Occidente necesita del «suplemento del alma» que le da el sentido de la existencia y de la belleza de Dios contra el vacío, el egoísmo que destruye al otro pero también a uno mismo, contra la falta de perspectiva y de esperanza existencial. Creo que el testimonio de los creyentes en los Congresos eucarísticos, en nuestras celebraciones, en la adoración silenciosa de nuestras iglesias es también un argumento para quien hoy no cree o no cree suficientemente en la Eucaristía.

Tal testimonio, además, ayuda también al propio creyente: «La fe se refuerza dándola», escribió una vez Juan Pablo II.

(Fuente: Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 483-7

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COLUMNA ABIERTA
La Misa como espectáculo
Por Walter Turnbull
No podemos prohibirle a Gloria Trevi que asista a Misa. Lo que sí podemos evitar es que la Misa se convierta en un show.


Ante el previsto -por mí- regreso de Gloria Trevi con más gloria que nunca, me debatía yo entre dos posturas: ignorarlo olímpicamente para no aportar a su montaje publicitario, o ponerle atención al asunto, dado que el fenómeno Trevi es una trampa en la que muchos podemos caer, y es mejor poner señalizaciones.

En medio de este dilema, presenciamos algo que definitivamente sí me veo obligado a comentar: Dijo la voz del periodista de televisión: «Después de esto, Gloria nos ofreció una Misa en la que...», y a continuación contemplamos escenas de Gloria Trevi hincada rezando, con cara de quien la Virgen le habla, y las cámaras a escasos decímetros de ella.

«Gloria nos ofreció...». Si hubiera un concurso anual de estupideces heréticas, ésta sería una buena candidata. Como si Gloria hubiera dado la Misa; como si Gloria hubiera muerto en la cruz a la hora de la Misa; como si Gloria hubiera pagado con su dinero la muerte de Jesús en la cruz. Gloria lo que hizo fue ofrecer al pupulacho el conmovedor espectáculo de asistir a Misa y hacer oración. Gloria Trevi siempre ha sido experta en espectáculos para conmover al pupulacho.

¿Serán sinceras su oración y su presencia en Misa? Cuando habla de su amor a Dios ¿estará hablando del Dios que se hace presente en una Misa? ¿Será esta asistencia a Misa sólo parte de su campaña de reinstalación? ¿Le habrán servido los momentos amargos que pasó para realmente convertirse -aunque sea un poquito- a Dios? Vaya usté a saber.

Lo que sí nos gustaría preguntar es: ¿Quién permitió ese show? No se puede negar a nadie el derecho a entrar a Misa, pero sí se puede evitar que se convierta en un espectáculo, sobre todo un espectáculo que puede ser sacrílego o traer consecuencias nefastas a futuro.

Ya me imagino los comentarios de los medios si alguien hubiera dicho: «Si quieres oír Misa y hacer oración, las cámaras se quedan fuera». Habría sido un bocado de ángel para escandalistas y anticlericales. Aun así, creo que habría valido la pena; especialmente en estos días en que se está insistiendo en la ortodoxia en la celebración de la Eucaristía.

En muchos casos la Iglesia se ha echado pleitos con ignorantes por conservar el orden en las asambleas. En esta ocasión, con más razón lo debería haber hecho. De todos modos nos odian y de todos modos nos ridiculizan. Y se podría haber evitado un posible engaño, y que un cuadrúpedo en materia religiosa nos saliera con que: «Gloria Trevi nos ofreció una Misa».

EL OBSERVADOR 483-8

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La verdad y la violencia
Por P. Fernando Pascual

De vez en cuando se escuchan afirmaciones como las siguientes: quienes creen poseer la verdad son peligrosos, pues en nombre de la verdad se han cometido innumerables crímenes; en nombre de algunas religiones que se han considerado a sí mismas como verdaderas (especialmente en nombre del cristianismo) se ha derramado sangre sin límites; los que pretenden tener razón son más peligrosos que las personas que viven en la duda o la indiferencia hacia cierto tipo de temas...

Ante afirmaciones como éstas podemos hacer dos reflexiones. La primera, que quien las dice cree que es verdad lo que dice. De lo contrario, no diría nada. Cree que es verdad que quien piensa que posee la verdad es peligroso para los demás. Si es consecuente con lo que dice, debería aceptar que él mismo es peligroso al creer que posee esta verdad...

Para huir de esta paradoja habría que dejar de creer en cualquier verdad, también la anterior, para poder vivir en paz. Pero esa misma «solución», ¿la consideramos verdadera o no? La paradoja, así, vuelve a empezar, pues si es verdad que hay que renunciar a toda verdad podemos ser violentos por creer que poseemos esta verdad ante quienes piensen de modo distinto...

La segunda reflexión va más a fondo. Pensar que uno «posee la verdad» no es sinónimo de ser violento, aunque ciertas «presuntas verdades» sí pueden ser motivo de violencia, mientras que otras verdades o creencias construyen la paz y el amor entre los hombres.

Si yo creo que Dios ama a todos los hombres, que invita a los pecadores a la conversión, mi actitud hacia los demás debería de ser de benevolencia, respeto, comprensión, mansedumbre. Si yo creo, en cambio, que el enemigo debe ser destruido, que otras razas no tienen derecho a vivir sobre la Tierra, que los malhechores deben ser eliminados (aunque cometan delitos de poca importancia), que el aborto es un progreso de la humanidad... la agresividad encerrada en estas «certezas» podrá llevarse a la práctica de forma violenta y para daño de cientos, miles o millones de seres humanos.

No es correcto, por lo tanto, pensar que la «verdad» sea la causa de la violencia y los odios. La violencia se origina en los corazones, en ideas equivocadas e injustas sobre los demás. La actitud más correcta, entonces, no es renunciar a las propias certezas, sino en promover aquellas certezas, aquellas convicciones, que más promuevan la concordia y la paz.

EL OBSERVADOR 483-9

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Lo siento, mi perro está enfermo
Por Luz María Ramírez Villalpando

Durante el mes de julio de este año, como parte de una estrategia de evaluación de sus acciones, el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) organizó varios foros estatales con la sociedad civil y las diferentes instancias públicas estatales y municipales involucradas en el tema a los que denominaron «A mitad del camino: logros y perspectivas».

En el caso de Guanajuato, dicho foro registró la participación del Instituto de la Mujer Guanajuatense (IMUG), del Programa Estatal de la Mujer del estado de Querétaro, del Instituto Michoacano de la Mujer y el Inmujeres como entidades coordinadoras del encuentro. Después de una presentación a cargo del Inmujeres sobre la relación entre el gobierno y la sociedad civil, se organizaron cuatro mesas de trabajos cuyos ejes temáticos fueron: 1. El programa nacional por una vida sin violencia 2002-2006, 2. Las mujeres solas en condiciones de vulnerabilidad, 3. Autonomía económica de la mujer y 4. Empoderamiento y derechos políticos de las mujeres. .

Las personas encargadas de cada mesa prepararon el resumen de resultados y conclusiones de cada tema, mientras el resto de las asistentes comíamos en la terraza del hotel. De esta forma regresamos a la asamblea final, la cual fue conducida por la representante del Inmujeres en el foro. Lo que ocurrió enseguida me recordó una anécdota ocurrida en 1989 durante una semana de actividades de la organización feminista WOW (Women of the World):

Una integrante de este movimiento había dejado solo a su pequeño hijo que estaba enfermo, y les pidió disculpas para retirarse antes de terminar los trabajos que se habían programado. Cuando sus compañeras se enteraron del motivo, no disimulaban su indignación pues no concebían que un hijo enfermo fuera más importante que los propósitos del grupo en aquel momento. Días después, otra integrante de la asociación les dijo: «lo siento, mi perro está enfermo», y se retiró del lugar con los buenos deseos de sus compañeras respecto a la salud del animal y dos que tres abrazos de consuelo.

Regresando a la memoria el foro, las conclusiones presentadas por la mesa uno incluían la urgente necesidad de legalizar el aborto porque su tratamiento actual en materia penal era un acto de violencia contra la mujer. Realmente no entiendo cómo es que el aborto legalizado deja de ser un acto violento en sí mismo, tanto para la nueva persona que pierde la vida como para la mujer que lo sufre física y psicológicamente. Legalizado o no legalizado el aborto, estamos hablando de violencia.

Me pareció extrañó que durante la comida no se comentara nada en absoluto sobre esta conclusión, e indagando con algunas de las compañeras de la mesa uno me di cuenta de que la propuesta la habían registrado dos participantes cuando se elaboraban los resúmenes «en lo oscurito», por llamarlo de alguna manera. Para completar la sensación de abuso y de absurdo que me provocaba este momento, la doctora del Inmujeres nos pidió con serio convencimiento y emotividad que regresáramos los gaffetes de plástico que se nos habían entregado durante nuestro registro en el encuentro porque con esa actitud estábamos contribuyendo a la conservación de los bosques y, en consecuencia, estábamos evitando que varios pajaritos y otros animalitos murieran, mientras en la pantalla seguían proyectadas las conclusiones de la mesa uno.

Varias de las asistentes reconocieron la iniciativa de la doctora, al mismo tiempo que la vida humana y su necesaria y obligada dignidad estaban siendo cínicamente descalificadas por otra iniciativa. Simplemente no hay proporción, no hay congruencia ni consistencia ni respeto. Cuando se parte de la trivialización de un concepto absoluto como es la vida y la dignidad esencial de la persona, percibo una sensación de disminución en los demás logros de las instituciones con respecto a la mujer, a las familias y a la sociedad; se opaca el trabajo y, en lo personal, me queda un sinsabor difícil de digerir.

Muy en el fondo me he formulado una teoría respecto a las minorías que buscan imponer a las mayorías sus muy particulares perspectivas. En este caso fueron dos mujeres las interesadas en la legalización del aborto y, desafortunadamente, la propuesta pasó ilegalmente a las conclusiones finales del foro como si hubiese sido consenso de toda las participantes. Pienso que hay dos aspectos que mueven a las mujeres con esta iniciativa: uno es el económico (el aborto es una industria bastante lucrativa), y el otro es la propia experiencia del aborto intencional, que por la intensidad de la violencia hacia la naturaleza se requiere construir esquemas mentales de defensa para tranquilizar la conciencia al menos por un período de tiempo, y una forma de lograrlo es convenciendo a otras mujeres de la falsa necesidad de esta opción. Todo un reto para una verdadera educación en la libertad.

EL OBSERVADOR 483-10

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CULTURA
Pobreza de la ciencia y ciencia de la pobreza
Por Carlos Díaz

He titulado así este brevísimo artículo porque al inicio del mismo me han saltado las alarmas del subconsciente, el cual me transporta a la memoria ya lejana de aquel libro de Karl Marx, La miseria de la filosofía, contra el de su enemigo P.J. Proudhon intitulado «La filosofía de la miseria». La filosofía de Proudhon, decía Marx, ante los científicos parecía ciencia económica y entre los economistas filosofía, porque en realidad no era ni lo uno ni lo otro, simplemente era miseria.

Pero vamos a lo nuestro. Nada sé de ciencia y tampoco vivo en la pobreza. Pero ¿es ciencia la ciencia? ¿Qué tipo de ciencia es la ciencia? Si hay tantos tipos de ciencia, ¿a cuál de ellas nos estamos refiriendo? Seguramente a la más científica de entre las ciencias, es decir, a la menos falible, a la más exacta y rigurosa. Pero esta creencia en la analogía de las ciencias, que culmina en la defensa de la inerrancia de las matemáticas al fondo, resulta ser un camelo fuera de los espacios tridimensionales, y aún en las macro/microrrelatos científicos. Hoy por hoy la verdad es que las matemáticas están cada día corrigiendo nuevos disparates matemáticos, para lo mismo responder mañana. Algunos matemáticos rebeldes hace varias décadas que, cansados de esta mala canción, terminaron afirmando que si la falibilidad de la matemática es tanta, ¡viva la alquimia!. Y además es ésa una mala canción olvidada incluso por sus promotores, los miembros del primer Círculo de Viena. En fin, eso al menos es lo que ellos mismos, los protocientíficos, es decir, los matemáticos, cuentan de sí mismos, y no un cuento que yo cuente porque mi propia torpeza matemática, resentida, se regocije en la maledicencia contra ella.

Desde luego -y esto imagino que pocos lo discutirían, aunque siempre haya alguno- lo que no es ciencia es la economía, tan antigua como el oficio de la prostitución. ¿Cómo podría ser ciencia aquella que, nacida para dar de comer, deja olímpicamente tirados y hambrientos ni más ni menos que a tres de cada cuatro? ¡Si tres de cuatro alumnos no entendieran mis clases, menuda basura de docente sería yo, basura que abunda de todos modos y que se acoge al amparo del «¡si seré importante que suspendo mucho!». Los nóbeles de economía se los dan los economistas del primer mundo a sí mismos, con lo cual el jurado, juez y parte a un mismo tiempo, no cumple los mínimos éticos.

Yo lo que creo es que, no siendo ciencia la economía, lo peor es que además de lo que ignora total y absolutamente es de cualquier gesto de conciencia de humanidad. Por eso cada vez que abren una nueva facultad de económicas me echo literalmente a temblar: ¡otra fábrica de verdugos de los pobres! Claro que, desgraciadamente, me ocurre los mismo cuando se abre una nueva facultad de derecho, tan honorable él, y hasta de filosofía, o -lo que sería más exacto tal y como van las cosas- de necrosofía.

Decían los clásicos maestros de ética algo bastante lógico: que los malos hombres no pueden hacer buenas ciencias; de ahí el creciente deterioro de los pobres, cada vez más pobres mientras los ricos son cada vez más ricos, y todo eso «científicamente», incluso con nocturnidad y alevosía. Enrólate en las nuevas ciencias y tecnologías, muchacho, la Marina te llama. Lo que está ausente del todo es la identidad humana, la conciencia de universalidad posconvencional, el ser bueno en el buen sentido de la palabra bueno, que dijera Machado. Por eso caminamos hacia una vida subvencionada, asistida, más propia de muertos vivientes que de humanos vivos. Bajo el brillo engañoso de la ciencia palidece cada vez más la alegría de los pronombres personales; sin esa relación revolucionaria «pauperis habebitis semper vobiscum», siempre tendréis pobres con vosotros. No es que sobre población en la Tierra (que, por el contrario sin contar siquiera con los cultivos hidropónicos y las granjas submarinas podría ver multiplicado por seis el número de sus habitantes con un nivel de renta per capita como el de Portugal), lo que pasa es que unos pocos quieren comerse la tarta de todos.

Mientras tanto, y dada esa ausencia de conversión al rostro del otro, especialmente de los más débiles, éstos seguirán siendo la parte más abundante del planeta, y a la vez, la menos significativa. Quizá hable así porque soy un ignorante total en el terreno científico. Aún así, me han contado muchos cuentos, han mecido mi cuna con muchos cuentos, pero las cuentas no me salen. ¿No será que no salen las complicadas cuentas porque brillan por su ausencia las más sencillas cuentas? Todavía, por mi parte, no he llegado a comprender, pobre de mi avellanado caletre, aquella sentencia que salió de la boca de cierto editor: «Cuanto más debamos a los bancos, mejor». Haciendo un esfuerzo mental supremo para mí, quise entrever que lo que estaba él tratando de decirme es que cuanto más les debas a los Bancos (ya ven que los Bancos del dinero no son los bancos de la calle), más te seguirán prestando por miedo a que algún día dejes de pagarles sus intereses acumulados. Pero la pregunta no queda todavía resuelta con semejante respuesta, sino que meramente se traslada y da pie a esta otra: ¿Pero entonces quién o quiénes son los que tienen que pagar por los ricos que roban y no deben, por los ricos que deben aunque cobren, por los ricos que roben o no roben deben siempre y siguen recibiendo crédito siempre? Y la respuesta es que no me salen las cuentas, excepto si, con las cuentas de la abuelita, me respondo: ¡Los pobres son aquéllos a quienes nadie presta, y a los que luego se les regaña y sobreexplota porque deben! Pero esta pregunta, a su vez, se abre a la transinterrogación que no cesa: pero ¿deben realmente los pobres, o quienes deben no son ellos?

No entiendo prácticamente nada, pero me han contado muchos cuentos.

EL OBSERVADOR 483-11

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HACIA EL 48º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL
El anuncio eucarístico y el hombre de hoy
Conclusión
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Chávez C.O.R.C.

En anteriores artículos nos aproximamos al hombre de hoy sometido a la crisis epocal. No es más feliz por más que se ha empeñado en ser el sepulturero de Dios y buscar su absoluta autonomía; su vacío lo hunde en la violencia y en el sinsentido, en la rabia y en la desesperanza, en la injusticia y en la opulencia. Le queda el camino del horror, de la angustia y de la muerte. Es a este hombre al que hemos de acercarnos, con la fuerza y la trasformación que opera la Eucaristía, para ser los profetas anunciadores de la Buena Nueva, que es Cristo, el Siervo Doliente y Vencedor , presente en la Eucaristía. Nuestra experiencia y encuentro con el Señor Resucitado y Glorioso en la comunidad de los hermanos, nos posibilita para trasformar el mundo de tinieblas en mundo de luz; para hacer del mundo, hogar. Nuestro mejor anuncio es prolongar la memoria del Señor, más allá de nuestras celebraciones, en la entrega de nuestro ser como pan partido para los demás. Ser, con Jesús, el Pan de la Vida, para que el mundo viva. El joven Karol Wojtyla, quien después sería Juan Pablo II, hacia el año de 1944, en plena guerra mundial, escribió de modo epigráfico: el amor me lo explicó todo. A mí igualmente sólo el amor me ha explicado al hombre, al cosmos de lo grande y de lo pequeño, a Dios, a la Iglesia, a la historia, a la familia. Ninguna ciencia, ninguna filosofía, ningún periodista o panelista de opinión agnósticos pueden desentramar el misterio de la vida, de las flores, de las personas. Sólo el amor me lo explicó todo. Y la Eucaristía es la escuela activa de los testigos amorosos de la esperanza que reclama nuestro mundo hambriento. Dadles vosotros de comer, nos manda hoy el Señor, para que Él realice el milagro, su milagro de milagros, su sacramento de sacramentos, el misterio de nuestra fe: anunciamos tu muerte Señor, proclamamos tu resurrección; ven, Señor Jesús.

Concluyo esta exposición con las palabras de monseñor Pedro Casaldáliga:

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
La vida en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.

El vino de tus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de tu memoria
marchamos hacia el Reino haciendo historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

EL OBSERVADOR 483-12

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Hoy, 10 de octubre, comienza el Año de la Eucaristía convocado por Juan Pablo II

El papa Juan Pablo II confesó hace unos días su deseo de que el Año Eucarístico Internacional -que inicia hoy, domingo 10 de octubre, con la apertura del Congreso Eucarístico Internacional, en Guadalajara- permita descubrir la importancia central de este sacramento. Así lo explicó en Castel Gandolfo al encontrarse con 130 obispos recientemente nombrados. «Deseo vivamente que el Año de la Eucaristía constituya una ocasión providencial para profundizar mejor en la importancia central del sacramento eucarístico en la vida y en la actividad de cada Iglesia particular», dijo.

«Alrededor del altar se refuerzan los vínculos de la caridad fraterna y se reaviva en todos los creyentes la conciencia de pertenecer al único pueblo de Dios, del que los obispos son pastores», advirtió, por lo que recordó a los prelados su deber de «velar para que se cuide la celebración de los sacramentos y el culto en general, y que se respete el deseo de los fieles de participar en una celebración digna en la que no se improvise nada».

(Fuente. Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 483-13

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FIN

 
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