El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
31 de octubre de 2004 No.486

SUMARIO

bulletPORTADA -México se encuentra entre los 108 países indecisos sobre la clonación terapéutica; la Iglesia exige coherencia a Fox
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El rosario está de moda
bulletEL RINCÓN DEL PAPA -La verdadera riqueza se adquiere a los ojos de Dios
bulletPINCELADAS - Un brillante gran valor
bulletREPORTAJE -La educación en la abstinencia da pruebas de su sabiduría
bulletMIRADA JOVEN -Día de Muertos
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA -Una Biblia especial
bulletEl caso de una niña prematura inglesa a quien los médicos quieren dejar morir
bulletENTREVISTA - Cardenal Hamao: Los emigrantes, misioneros en sus países de acogida
bulletLa Cuarta Cruzada, una herida entre católicos y ortodoxos
bulletDOCUMENTOS -Universalis Presbyterorum Conventus
bulletAÑO DE LA EUCARISTÍA -La Santa Sede publica «sugerencias y propuestas» para el Año de la Eucaristía

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PORTADA
México se encuentra entre los 108 países indecisos sobre la clonación terapéutica; la Iglesia exige coherencia a Fox
El Observador / Redacción
El fin de semana pasado concluyó en la sede de la ONU el debate abierto en la Comisión de Asuntos Legales de la Asamblea General sobre los mecanismos para regular la clonación humana.

Los 191 países miembros de la ONU tendrán hasta el 11 de noviembre próximo para votar entre las dos propuestas que, hasta el momento, se han presentado: la de Bélgica, que rechaza la clonación reproductiva (uso de embriones para extraer de ellos células regenerativas de tejidos humanos) y favorece la clonación terapéutica (reproducir células madre humanas para tratamientos específicos) o la de Costa Rica, que rechaza todo tipo de clonación.

La posición de Bélgica es apoyada por 21 países, entre los que se encuentran Reino Unido, Japón, Corea del Sur y Francia. La postura de Costa Rica es compartida, hasta el momento, por 62 países, entre los que se encuentra Estados Unidos.

México, por su parte, ha declarado estar en contra de la clonación reproductiva aunque la delegación que encabeza el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez Bautista, se encuentra dudando sobre la clonación terapéutica. La misma indecisión la comparten 108 países, quienes serán, finalmente, los que hagan tomar una de las decisiones más candentes de la ONU en los tiempos modernos.

Contra la clonación en todas sus formas

Los obispos mexicanos –a través de una carta directa al Presidente Vicente Fox—han declarado que «la clonación humana, como posibilidad científica y técnica que puede traer ventajas en el nivel médico, presenta, también, el grave riesgo de manipulación de personas vivas y, eventualmente, su misma desaparición (homicidio) una vez cumplidos ciertos fines científicos y médicos».

Por ello, porque la Iglesia católica, como «experta en humanidad» y defensora de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, tiene que pronunciarse en estos aspectos, ha pedido al Presidente que actúe «con toda responsabilidad y apego a nuestras tradiciones y valores, rechazando la clonación humana en todas sus formas y propósitos».

La Iglesia –como ha pedido el papa Juan Pablo II—se pronuncia a favor de la vida y apoya la investigación sobre las células-cepa de origen post-natal, pero no la que se realiza gracias a la clonación de embriones humanos. La vida humana, dicen los obispos mexicanos, en cualquier fase de su desarrollo, debe ser respetada y jamás ser sujeta a una negociación.

La moneda está en el aire

El debate en la ONU tiene un año de retraso y puede, todavía tomarse un año más, aunque sería un error muy grave, toda vez que en países como Corea del Sur o Italia ya hay experimentos en ciernes con células humanas embrionarias.

Tal pareciera que el respeto a la vida humana, en lugar de provenir de su origen divino, proviene cada vez más de los consensos y las mayorías. Aunque la resolución de la ONU no será obligatoria para los países miembros, si triunfa la posición de Bélgica podría darse carta abierta a miles de traficantes de la dignidad humana, disfrazados de científicos y médicos.

EL OBSERVADOR 486-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El rosario está de moda
Por Jaime Septién

No se trata del rezo del Santo Rosario. ¿Qué más quisiéramos? Se trata de un nuevo negocio juvenil que consiste en vender rosarios y escapularios como objetos decorativos. En el colmo del absurdo, objetos que sirven para acercar la voz inaudible del hombre al corazón de la misericordia divina, son usados por jóvenes de México y de buena parte del mundo como meros adornos.

Desde que el capitán de la selección inglesa de futbol —y centrocampista del Real Madrid—, David Beckham, salió, medio desnudo, en la revista Vanity Fair con un rosario colgándole al cuello (diseñado por la marca Dolce & Gabanna), miles de sus fanáticos en todo el planeta han comenzado a imitarlo. Por supuesto que la Iglesia católica en Inglaterra ha protestado. No se puede ridiculizar de esa manera lo que para mil 200 millones de católicos que hay en el mundo es sagrado.

Además de Beckham, otro icono de la «cultura pop» se ha hecho retratar con un rosario en el cuello, sustituyendo las cuentas de un collar: la cantante y actriz (ambas son suposiciones, pues ni canta ni actúa, solamente exhibe su cuerpo) Britney Spears. Los dos han hecho que el negocio sea redondo. Para pesar y tristeza de quienes hemos crecido viendo las amorosas cuentas del Santo Rosario, meditadas una a una, en las manos de nuestra madre, o contamos con la oración más sencilla y más profunda de todas, para caminar por los misterios de la vida de Jesús.

En México, quizá por algún oscuro designio de diseñador o de compañía comercial «nacionalista», los escapularios ya no sirven para protegernos de los embates del Maligno, sino para «embellecer» brazos femeninos y ocupar el puesto de pulseras. Las portadoras muy poco o nada saben de escapularios, protecciones o defensas. Es más: les trae sin cuidado. Dicen: «se ve bonito». Y punto.

Según las notas de prensa, las tiendas cristianas de Inglaterra se han visto desbordadas por pedidos de jóvenes en las últimas seis semanas. Nunca habían vendido tantos rosarios en tan poco tiempo. De inmediato, los escapularios como brazaletes han volado de las tiendas en México. Y es que a Spears y Beckham también se les han unido los cantantes Usher, Beyoncé y Justin Timberlake en el uso de rosarios como «accesorios» de belleza.

Frente a esta avalancha publicitaria y trivial, ¿qué puede hacer un padre católico? Hacer lo que hizo mi esposa: no dejar que los hijos usen esto. Platicar con ellos, darles pistas sobre el valor de la oración, sobre la densidad humana del rezo y sobre algo tan decisivo para la vida del hombre como es la Gracia divina. Que no se puede jugar con ello. Que no se puede comercializar con el bien, porque se termina haciendo banal el pecado.

Y que, pasado mañana, por tanta frivolidad, no vamos a tener ni una referencia de Dios en nuestras vidas.

EL OBSERVADOR 486-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
La verdadera riqueza se adquiere a los ojos de Dios

En audiencia general Juan Pablo II habló sobre la primera parte del salmo 48, «Vanidad de las riquezas».

En esta parte del salmo se describe la situación del justo que «debe afrontar 'días tristes', porque le rodea la iniquidad de los traidores', que 'se jactan de su mucha riqueza'. La conclusión a la que llega el justo es que 'la mucha riqueza' no es una ventaja; todo lo contrario, es mejor ser pobre y vivir unido a Dios».

El rico, continuó el Papa, «está convencido de que va a lograr 'comprarse' incluso la muerte, intentado casi corromperla, como ha hecho para poseer todas las demás cosas, es decir, el éxito, el triunfo sobre los demás en el ámbito social y político, la prevaricación impune, la saciedad, las comodidades, los placeres».

Juan Pablo II señaló que «el destino final del rico, por mucho dinero que esté dispuesto a ofrecer, será inexorable. Como todos los hombres y mujeres se encaminará a la tumba y tendrá que dejar en la tierra el oro que ha amado tanto, aquellos bienes materiales tan idolatrados».

«Jesús dirige a los que le escuchan esta pregunta inquietante: 'Qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?'. No es posible ningún cambio porque la vida es don de Dios, que 'tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre'».

EL OBSERVADOR 486-3

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PINCELADAS
Un brillante gran valor
Por Justo López Melús *

La vida familiar ofrece continuas ocasiones en las que ejerce el perdón. Cuesta perdonar. Por eso tiene gran valor. Cuenta Lichtwev que un rey tenía tres hijos. Poseía muchas riquezas y, además, tenía un brillante de gran valor. Un día les sometió a una prueba: el brillante sería para el hijo que realizase la hazaña mayor...

Al llegar la noche, cada uno relató lo que sucedió. El mayor había dado muerte a un dragón que sembraba el pánico por todo el reino. El segundo venció a diez hombres bien armados con su daga. El tercero dijo: «Encontré a mi mayor enemigo durmiendo al borde de un acantilado y lo dejé». El rey se levantó del trono y entregó el brillante a su hijo menor.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 486-4

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REPORTAJE
La educación en la abstinencia da pruebas de su sabiduría
Los estudios revelan los efectos positivos de algunos programas de educación sexual

La ayuda del gobierno de Estados Unidos a programas de educación sexual que promueven la abstinencia suscita opiniones encontradas. La Cámara de Representantes votó a favor de un incremento del 49% en la financiación de la educación en la abstinencia, informó el 4 de octubre el Washington Times. No es probable que haya una votación en el senado hasta después de las elecciones de noviembre.

Si se aprobara, el aumento daría a los programas de abstinencia, para el 2005, 105 millones de dólares en fondos federales, cantidad superior a los 70.5 millones de dólares del año en curso.

Los fondos federales están «teniendo un impacto», afirmaba Leslee Unruh, presidenta de Abstinence Clearinghouse. Declaraba al Washington Times, sin embargo, que aun así la educación en la abstinencia recibe sólo un dólar por cada 12 dólares destinados a los programas que promueven el uso del condón.

La promoción de la abstinencia tiene muchos oponentes. El 28 de septiembre, Advocates for Youth informaba sobre una investigación que hizo de programas de abstinencia en diez estados, y aseguraba que no hay «un éxito a largo plazo al retrasar la iniciación sexual o al reducir los comportamientos sexuales de riesgo».

Opiniones contrastadas

Pero los efectos positivos de retrasar la actividad sexual han sido defendidos de forma contundente en estudios publicados por la Heritage Foundation, con sede en Washington. El 21 de septiembre, la organización publicaba un informe titulado: Teens Who Make Virginity Pledges Have Substantially Improved Life Outcomes («Los adolescentes que hacen promesa de virginidad mejoran sustancialmente sus salidas en la vida»).

El informe proporciona evidencias sustanciales que demuestran que los adolescentes que se comprometen públicamente a refrenar su actividad sexual tienen menos probabilidades de embarazos adolescentes. Y probablemente tengan menos parejas sexuales.

El compromiso de virginidad hace la diferencia

El estudio citaba datos del National Longitudinal Study of Adolescent Health, financiado por el gobierno, que muestran que el comportamiento de los adolescentes que hacen un compromiso por la virginidad es significativamente diferente del de aquellos que no han hecho tal compromiso. Las adolescentes que han hecho dicho compromiso sufren un tercio menos de embarazos antes de los 18 años.

El informe de Heritage también observaba que casi dos tercios de los adolescentes que no han hecho promesa de virginidad son sexualmente activos antes de los 18 años. Por contraste, sólo el 30% de los adolescentes que se conoce que han hecho dicha promesa son sexualmente activos antes de los 18 años.

Aunque quienes hacen un compromiso por la castidad pueden romper ocasionalmente dicho compromiso, el retrasar el comienzo de la actividad sexual tiene algunos efectos positivos. Uno es reducir el número de compañeros sexuales a la mitad. Las encuestas citadas en el informe muestran que los beneficios duran hasta la edad adulta. Por ejemplo, las mujeres que eran sexualmente activas en la temprana adolescencia son menos propensas a tener matrimonios estables a sus 30 años, si se compara con las mujeres que esperaron. Otra ventaja es la reducción del número de hijos nacidos fuera del matrimonio.

Un ulterior apoyo a la eficacia de los programas de abstinencia vino de un estudio llevado a cabo por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, informaba el 16 de julio el Washington Times. Al aumento de la abstinencia se atribuye una caída del 53% en los embarazos adolescentes, entre 1991 y el 2000. El incremento de utilización de los anticonceptivos suma un 47% de esa bajada, según el estudio.

Otros datos mostraban que las chicas entre 15 y 17 años sexualmente activas disminuyeron del 50.6% en 1991 al 42.7% en el 2001.

Comprensión, en teoría

Otro informe publicado por la Heritage Foundation ayuda a explicar por qué los programas de abstinencia pueden ayudar a cambiar el comportamiento de los adolescentes. El estudio «Educación en la comprensión del sexo vs. abstinencia auténtica: Un estudio de currículums en competencia» fue publicado el 10 de agosto. Explicaba que en el pasado había dos posiciones básicas ante la educación sexual. Estaba la posición del «sexo seguro», que anima a los adolescentes a usar anticonceptivos, especialmente condones; y la educación en la abstinencia, que se enfoca en retrasar el comienzo de la actividad sexual.

En los últimos años se ha desarrollado una nueva postura, denominada «abstinencia plus» o «educación comprensiva de la sexualidad». Ésta combina, en teoría, información sobre la abstinencia y anticoncepción.

La investigación para este informe encontró que en la práctica los programas de «abstinencia plus» dedicaban sólo un 4.7% del contenido de sus páginas al tema de la abstinencia y un 0% a las relaciones sanas y al matrimonio.

Además, un detallado análisis de los contenidos de los programas de educación de comprensión del sexo muestra que su objetivo no es que los adolescentes se abstengan de actividades sexuales. Más bien, su fin es reducir el riesgo de embarazo y de enfermedades de transmisión sexual. «La abstinencia se menciona como una opinión que los adolescentes pueden considerar para evitar riesgos, pero se pone un abrumador énfasis en reducir el riesgo animando a utilizar anticonceptivos».

Por el contrario, los programas que promueven la abstinencia «tienen un acercamiento más holístico a la sexualidad humana». Ponen más énfasis en los aspectos sociales y psicológicos del sexo. Asimismo, examinan temas como el amor, la intimidad y el compromiso. «Se enseña a los jóvenes que la sexualidad humana no es primariamente física, sino de naturaleza moral, emocional y psicológica».

Los programas de abstinencia también hacen ver que «la felicidad personal, el amor y la intimidad es más probable que tengan lugar dentro del compromiso de un matrimonio fiel y que, por contraste, el sexo ocasional con múltiples parejas es más probable que mine el proceso natural de vinculación e intimidad».

Dónde aumentan los embarazos

Los efectos perjudiciales de los programas de educación sexual que promueven sólo el «sexo seguro» fueron puestos en evidencia en un estudio publicado en Inglaterra a principios de este año. El 14 de marzo, el Telegraph de Londres informaba de una encuesta llevada a cabo por el Family Education Trust, titulada «¿Educación sexual o adoctrinamiento?». La encuesta analizaba las zonas donde la Unidad de Embarazo Adolescente del gobierno ha puesto en marcha programas para reducir el número de chicas que quedan embarazadas.

La estrategia de la unidad implica educación sexual más explícita en los colegios. También reparte libremente condones y envía tarjetas de cumpleaños a las chicas que cumplen los 14 años pidiéndoles que asistan a controles de salud confidenciales sin sus padres.

El informe del Family Education Trust encontró que en la mayoría de los lugares ha habido un aumento de los embarazos adolescentes tras la implementación de estos programas.

(Fuente. Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 486-5

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MIRADA JOVEN
Día de Muertos
Por María Velázquez Dorantes

La cultura del Día de Muertos está absorbida por el flujo y reflujo del Halloween. Muchas veces se habla más de él que de nuestras costumbres y tradiciones del 1° y 2 de noviembre.

Lamentablemente, como producto de un sistema de gobierno donde el consumo se hace relevante, es más posible estar hostigados por lo que caracteriza al Halloween (máscaras, disfraces, maquillaje, etc.). Además, los medios de comunicación, en especial el cine, están más identificados con ello y días antes del 31 de octubre la televisión, tanto abierta como de pago, está constantemente enviando mensajes que absorben por completo una tradición mexicana.

El Día de Muertos, hoy en día, también es recordado porque es día feriado en las escuelas, o por los concursos de calaveras literarias, disfraces y altares, donde lo relevante es el dinero y no rescatar una costumbre referente al fenómeno cultural de la muerte.

La colonización —en ella venía la evangelización cristiana en conjunto con la cultura prehispánica que teníamos de nuestros antepasados— logró realizar el híbrido de la cultura de Día de Muertos recordándonos a todos el camino que nos espera, así como recordar a quienes se nos adelantaron en ese camino.

La cultura de Día de Muertos es colorida, alegre, costumbrista e interesante porque nos muestra dos realidades distintas: la muerte como sufrimiento y la muerte como manifestación de broma; así mismo, por la demostración de creatividad e imaginación en torno a ese fenómeno que sucede a veces inesperadamente y al que los mexicanos le han colocado cuerpo y rostro.

Tanto el día 1°, dedicado a los santos o niños, como el día 2 de noviembre impulsan a la sociedad a encontrarse con aquello que tanto pavor provoca, porque significa la separación terrenal de los seres queridos; pero al mismo tiempo enfrenta este proceso con una preparación que manifiesta el recuerdo latente de quienes ya batieron esa lucha y comienzan un peregrinar hacia otra vida.

Además de ser una cultura rica en creaciones, como el pan de muerto, los altares que tienen velas, papel picado, flores de cempazúchitl, alimentos mexicanos como los tamales y gorditas, también se hace presente el híbrido de la cultura prehispánica como el copal e incienso, el maíz como producto básico de la alimentación, la importancia del agua y de la cruz que indica los cuatro puntos cardinales.

Y a todo esto sólo le dedican un reportaje dentro de las ciudades que más lo expresan, como Morelia u Oaxaca, o a los ambulantes que se tienden con calaveritas de azúcar y que también revuelven el Halloween.

No es posible que no se pueda resaltar más una costumbre propia que aquella ajena a la que se le dedica más investigación porque se habla de su origen, de sus transiciones y todo el mercado que alrededor de ella está.

Es cuestión de que el mexicano acepte su bagaje cultural y le otorgue él mismo la debida importancia a este proceso que se ha convertido durante años en el fenómeno cultural de la muerte, rico en variedad histórica, profundo en leyendas, impulsador del factor creativo, inspirador de versos y generalizador de esencias sociales sin extractos de clase.

EL OBSERVADOR 486-6

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
Una Biblia especial
Por Claudio de Castro S.

Hace algunos años me enteré de la enfermedad mortal de un compañero de la escuela. Sabía que no deseaba que lo visitaran por eso le escribí una carta. Quería consolarlo, animarlo a perseverar en la fe, a no perder la esperanza.

Iniciamos así un coloquio sorprendente que duró casi un año. Desde su cama de hospital me escribía, y cuando no podía más, su esposa transcribía sus palabras. Yo, desde mi cuarto, le respondía. Le hacía llegar las cartas a través de su esposa.

No lo vi más. Toda nuestra comunicación fue escrita.

«Dios tiene sus formas de hablarnos», me decía. Y por las noches me sentaba a escribirle.
«¡Animo! —le decía yo— ¡Eres especial para Dios!».
Supe de sus accesos interminables de tos. El sufrimiento parecía insoportable.
«Ofrece tu dolor —le aconsejaba—, que te ayuden a santificarte y santificar a los demás.
Un día mencioné la santa Biblia. «¿Tienes una? —le pregunté— ¿Te puedo hacer llegar un ejemplar? Cuando lees la Biblia, Dios te habla. Es una carta de amor a la humanidad. Te basta abrir los oídos del alma y escuchar al Padre celestial».
«Tengo una Biblia —me respondió—. Curiosamente, fue la Biblia que mis padres me obsequiaron cuando me gradué del colegio, y que tantos años guardé sin abrir, la que ahora me consuela en mi enfermedad».
Fue su última carta.

Dios le habla al hombre, su pequeña criatura, y cuando éste lo escucha, ocurren cosas maravillosas. A cuantos conozco les aconsejo: Esa Biblia que tienes arrinconada, ábrela. Deja que Dios te enamore. Su Palabra llega hondo al corazón y transforma y sana.

EL OBSERVADOR 486-7

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El caso de una niña prematura inglesa a quien los médicos quieren dejar morir

El vicepresidente de la Academia Pontifica para la Vida, el obispo Elio Sgreccia, acaba de publicar en L'Osservatore Romano (11-12 de octubre de 2004) un artículo sobre el caso de la niña inglesa Charlotte Wyatt, nacida a las 26 semanas de gestación, y que, hayándose en condiciones clínicas gravísimas, los médicos rechazan reanimarla en caso de que sufra una crisis respiratoria, en contra del deseo de los padres. Esto responde monseñor Sgreccia:

«La pequeña, que hoy tiene once meses, se halla en condiciones clínicas gravísimas, sin una razonable esperanza de mejoría; al contrario, con claros signos de agravamiento. Ya tres veces los médicos que la atienden han tenido que reanimarla después de crisis respiratorias agudas que, con toda probabilidad, volverán a ocurrir.

«Lamentablemente ha surgido un fuerte conflicto: por un lado la conciencia deontológica de los médicos, inclinados a no emprender más operaciones de reanimación en caso de crisis respiratoria aguda de la pequeña Charlotte, para no caer en lo que ellos considerarían un verdadero 'encarnizamiento terapéutico'; por otro lado, la decidida voluntad de sus padres, que desearían al contrario la continuación de toda intervención médica que pueda mantener con vida a su hijita el mayor tiempo posible.

«Estas dos posturas se han enfrentado duramente hasta implicar, por iniciativa de los padres de Charlotte, la intervención de los jueces del Alto Tribunal londinense, que ha decidido dar razón a los médicos, con la motivación de que prolongar artificialmente la vida de Charlote, en sus condiciones clínicas extremadamente comprometidas y sin esperanza razonable de mejoría, 'no va en su interés'.

«¿Qué decir de todo ello?Sin pretensión de dar juicios definitivos sobre lo que no se conoce con detalle, se puede afirmar que, en el caso de la pequeña Charlotte, si los médicos han considerado que ya no deben proceder a su reanimación, valorando a ciencia cierta tal intervención como 'médicamente desproporcionada' en la situación clínica dada, han actuado de forma moralmente correcta; si su juicio, en cambio, se ha basado en la valoración de la dignidad que la vida de esta niñita puede revelar a sus ojos, entonces han cometido un grave error ético. La vida de cada persona debe ser reconocida y sostenida en su valor 'objetivo', no dependiendo del reconocimiento de otros, ni siquiera cuando se tratara de la actitud rica de amor de dos padres ante su hijita».

(Fuente: Zenit.org- El Observador)

EL OBSERVADOR 486-8

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ENTREVISTA
Cardenal Hamao: Los emigrantes, misioneros en sus países de acogida
Habla el presidente del Consejo Pontificio para los Emigrantes

Entrevistado durante el Congreso Eucarístico Internacional, que se celebra en Guadalajara, el cardenal Stephen Fumio Hamao, presidente del Consejo Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes, reconoce la necesidad de impulsar la catequesis de la Eucaristía entre los inmigrantes de países católicos como Filipinas y México, para que se conviertan en evangelizadores de las culturas que los acogen.

¿Cuáles son sus experiencias como obispo en su país, Japón?
Ahí tenemos muchos filipinos, brasileños, argentinos, peruanos. En mi diócesis, Yokohama, donde yo trabajaba hace seis años, teníamos solamente 50 mil católicos japoneses y 70 mil católicos extranjeros. Ellos eran más que nosotros, especialmente mujeres y niños.

¿Y eran buenos evangelizadores?
Especialmente las chicas, eran muy buenas evangelizadoras. Inmediatamente trababan amistad con la gente del Japón, con la gente con la que vivían, con la que trabajaban. Y por ese esfuerzo, muchos japoneses se convertían; se siguen convirtiendo.

¿La Iglesia católica contempla este fenómeno?
Yo siempre doy ánimo a los inmigrantes, para que sean evangelizadores, no solamente trabajadores. Yo entiendo que ellos vienen a países como el mío para trabajar, para ganar su salario. Pero, al mismo tiempo, ellos deben ser cristianos.

¿Cuál es el estado actual del balance entre cristianos —contando los inmigrantes— y los no cristianos en Japón?
En Japón son 120 millones de habitantes y hay apenas 150 mil católicos japoneses. En números redondos, hay 800 mil católicos en mi país, de los cuales 650 mil son extranjeros.
Esto recalca que hay una enorme necesidad de que los inmigrantes sean evangelizadores, ¿no es así?
Yo creo que este Congreso Eucarístico Internacional es una buena oportunidad para reflexionar sobre este tema. De hecho, todos los días se ha insistido en la relación que la Eucaristía tiene con la misión de evangelizar la vida y la cultura. La participación en este Congreso Eucarístico debe darle ánimos a muchos mexicanos y a emigrantes de todo el mundo a ser animados por un espíritu abierto a misionar.

¿Es ése el espíritu que quiere el Santo Padre en su última encíclica?
Así es. La Eucaristía es el sacramento que nos hace ser no para nosotros mismos, sino ser para los demás. Ese es el sentido de la homilía que voy a pronunciar hoy por la tarde [lo hizo durante la solemne concelebración eucarística en la explanada frente a Los Arcos, en la avenida Vallarta de Guadalajara].

(Fuente. Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 486-9

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La Cuarta Cruzada, una herida entre católicos y ortodoxos
Habla el autor de un libro histórico sobre esta materia

El italiano Marco Meschini, historiador de la Universidad Católica de Milán, es el autor del libro 1204: La incompleta. La cuarta cruzada y las conquistas de Constantinopla. Hace ochocientos años la Cuarta Cruzada supuso la conquista de Constantinopla, capital del Imperio bizantino cristiano-ortodoxo. Fue un acontecimiento dramático, a menudo evocado entre las razones que todavía hoy separan a católicos y ortodoxos. ¿Pero qué sucedió exactamente?

¿La conquista de Constantinopla estaba en los objetivos de la cruzada? No. La cruzada era una peregrinación armada con el fin de defender la cristiandad: reconquistar los Santos Lugares en Tierra Santa o bien la lucha contra los musulmanes en España. En el 1198 el papa Inocencio III quería que una expedición reconquistara Jerusalén, caída en 1187. La desviación a Constantinopla fue algo excepcional, que no estaba previsto.

¿Por qué se quedó «incompleta» la Cuarta Cruzada? Cuando el cuerpo de la expedición principal de la cruzada llegó a Venecia en el año 1202, faltaban hombres y dinero para ir a Egipto y de allí a Tierra Santa, como estaba programado. Los venecianos propusieron entonces la conquista de una ciudad cristiana, Zara, que se había rebelado. Los comandantes cruzados, a pesar de la oposición de muchos, aceptaron la idea con el objetivo de cubrir sus deudas. El Papa después excomulgó a los venecianos y a una parte de los cruzados.

Pero, ¿por qué llegaron hasta Constantinopla? Después de la conquista de Zara se presentó Alejo IV, un joven pretendiente al trono bizantino, cuyo padre había sido depuesto. Alejo hizo esta propuesta: si le ayudaban a convertirse en emperador, extinguiría las deudas de los cruzados y ayudaría a reconquistar Jerusalén. Los venecianos y los jefes cruzados aceptaron, dejando atrás a los que no se podían oponer.

¿Y el Papa? Estaba en contra, pues, según él, la cruzada no tenía que entrometerse en los turbios asuntos bizantinos. Pero fue incapaz de hacer valer su posición y no fue escuchado. Así pues, en 1203, los cruzados conquistaron Constantinopla a beneficio de Alejo IV.

¿1203? Entonces, ¿por qué se habla del 1204? Porque Alejo IV no consiguió pagar lo prometido y los bizantinos lo eliminaron, eligiendo un nuevo emperador, Alejo V. Éste desafió a venecianos y cruzados, pero perdió: en 1204 estos últimos fundaron el Imperio Latino de Oriente.

Se dice que la conquista acarreó una masacre horrible…Lamentablemente hubo muertos por ambas partes. Pero la masacre desenfrenada de la que tanto se ha hablado no encuentra confirmación en las fuentes que conocemos. Sobre todo no se ha podido verificar la voluntad de provocar víctimas inocentes. De todos modos, la ciudad fue saqueada y devastada por un incendio.

Y Jerusalén, ¿cayó en el olvido? Algunos cruzados, sobre todo los que se opusieron a las conquistas de Zara y Constantinopla, llegaron a Tierra Santa. Pero eran demasiado pocos para obtener resultados importantes. Sin embargo, su comportamiento cambia profundamente nuestro juicio sobre los acontecimientos: no es verdad que el Occidente católico hubiera querido conquistar la capital de la Ortodoxia: fue un error grave por parte de algunos, pero no tenían el título como para representar a todo el catolicismo.

Y, sin embargo, parece que los ortodoxos no consiguen perdonar aquel desastre a los católicos. El problema es doble. Primero, los nuevos jefes eligieron a un emperador y a un patriarca latinos, sin tener en cuenta el hecho de que ya existía un patriarca ortodoxo, y, sobre todo, que el jefe de la ortodoxia era precisamente el emperador. Con lo cual no fueron aceptados por los bizantinos, aunque se dieron intentos. Segundo: el Papa fue arrollado por los acontecimientos. Inocencio III no había querido aquella extraña conclusión de la Cruzada y, sin embargo, Dios —según la mentalidad medieval— parecía haberla querido. De este modo aceptó el hecho acontecido, con la esperanza de que la Iglesia bizantina se sometiera a la romana. Ahora bien, el primado del Papa es precisamente una de las cuestiones más delicadas entre católicos y ortodoxos, y la Iglesia bizantina se opuso. La unión no puede ser impuesta, debe ser consensuada y libre.

¿Hay esperanza para el futuro? La completa reconciliación entre catolicismo y ortodoxia es uno de los retos más altos para la Iglesia del tercer milenio. Me parece que el camino a seguir ya está trazado: Pablo VI y el patriarca ecuménico Atanágoras revocaron en 1965 la famosa excomunión del 1054, y Juan Pablo II, en mayo del 2001, pidió perdón a los ortodoxos por los excesos del 1204. Purificar la memoria a la luz de la verdad y, sobre todo, amar al hermano en la comunión que viene de Cristo es lo que nos toca a nosotros hoy en día.

(Fuente. Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 486-10

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DOCUMENTOS
Universalis Presbyterorum Conventus
Se acaba de celebrar este mes, en Malta, un encuentro mundial de sacerdotes cuyo lema fue «Sacerdotes, forjadores de santos para el nuevo milenio-iguiendo las huellas del apóstol san Pablo». Los presbíteros revisaron su servicio ministerial. Aquí resumimos algunas intervenciones:

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«Déjense reconciliar con Dios» (2 Cor 5, 20)
Card. Jean-Louis Tauran

«El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente ... Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro...» (2 Cor 5, 17-21).
Todos los que estamos presentes aquí sabemos por experiencia que ser obispo o sacerdote hoy no es fácil. Somos «signo de contradicción». Y está bien que sea así, en cuanto a nuestra suerte, significa que hemos sido hechos más conformes al único sacerdocio de Jesucristo. El problema consiste en el no padecer esta condición, sino más bien transformarla en una elección.
Cuando pensamos en lo que se ubica en el corazón de nuestra existencia sacerdotal, es decir en la celebración de los sacramentos que nos ha sido confiada, nos podría venir enseguida a la mente una frase de Pablo: «Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios». (2 Cor 4, 7).
Si pensamos que nuestro ministerio consiste en testimoniar el amor que, a través de nosotros, Jesús demuestra por su pueblo, debemos preguntarnos: ¿Quienes son para mí aquellos que la Iglesia me ha confiado: administrados o hermanos? ¿Me preocupo por comprender lo que viven, sus inquietudes y sus alegrías? ¡Nada se coloca más como una pantalla ante Jesucristo que los «sacerdotes-funcionarios»!
Si pensamos en los sacramentos que celebramos, podemos preguntarnos: ¿Me preocupo de prepararme bien para los actos litúrgicos, con la oración, la lectura, acupándome también del vestido? ¿En mi modo de celebrar y de hablar, presto atención a dar el primer lugar a Cristo, o en cambio estoy demasiado preocupado de valorizarme? ¡Demasiado frecuentemente los fieles están desconcentrados tanto por los sacerdotes que parecen celebrar «rutinas» como por aquellos que se comportan como «estrellas»!
Si, en fin, pensamos en el lugar que debemos ocupar en el corazón de nuestras comunidades y de la sociedad, estamos llamados a verificar si nos comportamos siempre y en todas partes como «sacerdotes». Quiere decir: ¿en nuestro modo de hablar, de organizar nuestra vida personal, de recrearnos, de vestirnos, de mantener nuestras amistades, hacemos verdaderamente pensar en Otro? De hecho, si aceptamos ser y vivir de un modo diferente al del «mundo» (en el sentido que Juan le da al término), no es por mera disciplina eclesiástica, sino para que quien nos vea piense en Aquél que ha venido para que los hombres tengamos la vida.

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«Que, libres de manos enemigas, podamos servirlo sin temor en santidad y justicia en su presencia todos nuestros días»(Lc 1,74-75)
Card. Peter Kodwo Appiah Turkson

Una imagen muy fuerte en los pasajes en que el profeta Isaías habla de la restauración es la de Dios como un «guerrero» que sale de su silencio (Is 42,13), se reviste de poderío, desnuda su brazo (Is 51,9) y sale como un valiente (Is 42,13) a la guerra. Dios va a la guerra para vencer al enemigo y despojarlo. La guerra de Dios es presentada como «venganza». Sin embargo, se trata de una acción que pone fin a la servidumbre de Israel (Is 40,1-2) y lo libera.
La venganza de Dios era su poder de hacer volver al pueblo a sí, es decir, a Sión y a su culto, por medio de la derrota del enemigo y de las fuerzas que lo alejaban de Dios. Entre estas fuerzas, se cuenta, por supuesto, Babilonia, que llevó a Israel al exilio. Pero el poder que alejaba realmente a Israel era su idolatría y su pecado. Por ello, la venganza de Dios al recuperar al pueblo implicaba la destrucción y la remisión de su pecado; implicaba su conversión y su retorno a Dios y a su culto verdadero.
Ahora bien, al cumplirse todo aquello en Jesús, su ministerio incluye también una manifestación del poder de Dios para liberarnos de las manos de nuestros enemigos, para que podamos servirlo sin temor con santidad y justicia todos los días de nuestra vida, como había profetizado Zacarías (cfr. Lc 1,74-75). En Jesús, han surgido «el año de gracia y el día de venganza».
Nosotros, sacerdotes del Señor, pertenecemos a la humanidad redimida; pero también somos ministros de «venganza» divina en Cristo. Así, por un lado, a todos nosotros, por nuestra vocación al sacerdocio, nos ha sido confiado un «ministerio de reconciliación» y nos hemos convertido también en «agentes de la venganza de Dios», aquellos que absuelven al pueblo de sus pecados y lo liberan para que sirva a Dios. Por otro, en nuestra humanidad, debemos celebrar siempre esa «venganza» divina, como nuestra misma redención, nuestro perdón y conversión continua (liberación para servir plenamente al Señor).
Bautizados en Cristo y en el nombre del Dios uno y trino, hemos sido consagrados para ser un «sacerdocio santo» y llevar la unción del Espíritu Santo, que es el signo de nuestra pertenencia a Dios. Ordenados al sacerdocio, nosotros hemos sido elegidos para pertenecerle a Dios, como los levitas de antaño (Nm 8,14), cuya única heredad es Dios (Nm 1,48-53), dados al pueblo como un «don» y dedicados a Dios para la santificación del pueblo (18,6).
Reconociendo, pues, quiénes somos y la manera total en que le pertenecemos a Dios, acerquémonos al «Dios de la venganza» (puesto que ahora sabemos lo que significa). De tal manera que, «liberados de las manos de nuestros enemigos (de todo lo que impide o dificulta el camino de nuestra dedicación y nuestro compromiso total con el Señor y con nuestro ministerio), podamos servirlo sin temor, en santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días».

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El sacerdote como ministro de la misericordia divina
Cardenal Marian Jaworski

El decreto del concilio Vaticano II Sobre el ministerio y la vida de los presbíteros nos recuerda el deber de los sacerdotes de tender hacia la perfección. El llamado a la perfección, la santidad subjetiva, es una vocación universal de todo hombre, pero el decreto subraya que están llamados a ella, de manera especial, los presbíteros, consagrados a Dios en el momento de la ordenación. El Concilio nos enseña también cuál es el rasgo específico de la santidad de vida de los sacerdotes, esto es, por medio de acciones sagradas que realizan todos los días, así como en todo el ministerio que ejercen se acercan a la perfección de la vida en Cristo.
Deseo destacar la enseñanza del decreto conciliar sobre la celebración de los sacramentos y, en particular, sobre el sacramento de la Penitencia. Leemos en el decreto: «Así, al administrar los sacramentos los presbíteros se unen a la intención y al amor de Cristo. Lo hacen de manera especial cuando se muestran siempre y totalmente dispuestos a ejercer el ministerio de la Penitencia cada vez que los fieles se lo piden razonablemente».
Hoy en día, parece observarse en algunas comunidades de la Iglesia cierta falta de plenitud en la comprensión de la fe del sacramento de la penitencia y, de consecuencia, cierta falta de disponibilidad y fervor por administrarlo a los fieles. ¡Qué difícil resulta convencer a algunas comunidades de la Iglesia para que no sustituyan el sacramento de la penitencia con una liturgia penitencial! Sucede incluso durante la Cuaresma, y los fieles se ven obligados a preguntarle al sacerdote en qué templo pueden confesarse. En cambio, les resulta muy cómodo a los fieles que muy a menudo se resisten a acercarse a la santa Confesión.
El Señor Jesús, al manifestar su misión sobrenatural como Mesías, no sólo se conformó con curar las enfermedades físicas, sino que proclamó con claridad: «Tus pecados han sido perdonados». Los milagros de la curación física tenían sólo el fin de confirmar que Jesús es quien tiene el poder de perdonar los pecados. La remisión de los pecados significa que Dios crea para el hombre una realidad nueva: lo une a sí y le restituye la participación en la vida eterna.
La grandeza de nuestra participación en el sacerdocio de Cristo estriba en el hecho de que nos ha donado su poder divino para perdonar los pecados en el nombre de la Santísima Trinidad. ¡Nos lo ha confiado a nosotros!
Hagamos un examen de conciencia: ¿Cuál es nuestra comprensión de la fe en este gran don del sacramento de la Penitencia y nuestra disponibilidad para administrarlo a los fieles? ¿Ejercemos realmente este ministerio con bondad, sabiduría y valor? ¿Hacemos todo para que este sacramento se vuelva, para los penitentes, amable y deseable?
Hagamos buenos propósitos: una presencia regular en el confesionario, de la que los fieles estén informados; una enseñanza sobre lo que es el don de la santa confesión y una exhortación, prudente y con mucho tacto, a los fieles para que se acerquen a ella.

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Nuestra conversión como pastores
Card. Francisco Álvarez Martínez

Cree con verdad lo que le ha sido divinamente revelado y p rometido: que somos justificados por la gracia de Dios, «por la redención en Cristo Jesús» (cfr. Rom 3,24). Para ello, todos hemos de reconocernos pecadores, saludablemente movidos por el amor del Señor que nos ha llamado. Y, volviendo a abrazarnos a su misericordia, nos levantamos con esperanza, confiando que ha de sernos Dios propicio en Cristo, proponiéndonos amarle como fuente de toda justicia y santidad.
Frente al desengaño producido por la propia debilidad, surge la reacción hacia Aquél que nos ama, que se acerca a nosotros lleno de condescendencia y nos llama. Sabemos que sólo los humildes son capaces de oír y seguir su llamada. La invitación a la conversión es la voz del amor del «Hijo del hombre que ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido» (cfr. Le 19,10).
La conversión bien sabemos que está vinculada a la conciencia de nuestras debilidades, en la seguridad de su perdón. La llamada de Dios a una ulterior conversión ha de ser vista desde el perdón ofrecido y con la reparación de la ofensa a Él realizada.
Como discípulos de Jesús no hemos de atormentarnos, aunque sí dolernos en razón de nuestras faltas y deficiencias, pues bien sabemos que el amor deDios no nos desampara nunca. Confiados en Él, con la seguridad de que nos toma tal como somos, con todas nuestras flaquezas, renovamos nuestro paciente y animoso esfuerzo para seguir caminando hacia lo que tenemos delante, confortados con el ejemplo de san Pablo: «Yo, hermanos... olvido lo que dejé atrás y me lanzo hacia lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio al que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús» (Fp 3,13-14).

EL OBSERVADOR 486-11

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AÑO DE LA EUCARISTÍA
La Santa Sede publica «sugerencias y propuestas» para el Año de la Eucaristía
Consejos para episcopados, parroquias, seminarios, movimientos...

La Santa Sede, a través de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, publicó, en respuesta a una petición explícita de Juan Pablo II, «sugerencias y propuestas» para vivir el Año de la Eucaristía.

A las conferencias episcopales el texto les pide preparar subsidios con los que se afronten los problemas doctrinales o pastorales más sentidos en sus países. En particular, señala los siguientes: «falta de sacerdotes, debilitación en los sacerdotes de la importancia de la Misa cotidiana, descuido de la Misa dominical, abandono del culto eucarístico».

Las conferencias deben considerar, además, según el documento, «la calidad de las transmisiones televisivas y radiofónicas de la celebración eucarística», pero advierte que hay que «favorecer adoraciones en la Iglesia evitando que los fieles se contenten con seguir la adoración transmitida por televisión».

Sugiere además a las conferencias episcopales promover iniciativas de apertura y clausura del Año Eucarístico, reflexionar sobre la Eucaristía en universidades o institutos y seminarios, y promover congresos eucarísticos nacionales.

En segundo lugar, el texto se dirige a las diócesis para pedirles que presten atención a celebrar de manera adecuada el Año de la Eucaristía, a valorar la «misa estacional» presidida por el obispo como signo de comunión eucarística de la Iglesia particular, y a promover el conocimiento de santos y santas que se han distinguido por el amor a la Eucaristía.

Otra de las tareas que el documento vaticano encomienda a las diócesis es la de dar a conocer «el patrimonio de arte diocesano con referencia eucarística»; «incrementar la adoración perpetua del Santísimo Sacramento»; e imprimir un carácter eucarístico a la Jornada Mundial de la Juventud, en particular en torno al Domingo de Ramos (que es cuando se celebra a nivel diocesano).

Por último, a las diócesis les pide «crear secciones de interés eucarístico en los semanarios, revistas diocesanas, sitios en internet, emisoras de radio y de televisión locales».

El texto ofrece orientaciones para las parroquias, a las que califica de «comunidad eucarística». Entre otras cosas, pide reordenar —si es necesario— los lugares de celebración («altar, ambón, presbiterio») o en los que se conserva la Eucaristía («sagrario, capilla de la adoración»); dotarse de «libros litúrgicos», atender a la belleza de los signos («ornamentos, cálices», etc.).

A las parroquias se les pide particular atención al «canto litúrgico», siguiendo las últimas indicaciones dadas por Juan Pablo II; aplicar y conocer la normativa litúrgica emanada por el Papa y la Santa Sede; enseñar a «estar en la iglesia» con recogimiento; promover la adoración eucarística y otras prácticas de oración ante el Sacramento; verificar la regularidad y dignidad con que se lleva la comunión a los enfermos.

Se dirige luego a los santuarios para sugerirles que favorezcan la participación en la Misa, «valorando el canto gregoriano, al menos en las melodías más fáciles»; que ayuden a las personas a rezar ante el santísimo Sacramento con recogimiento; y que ofrezcan la posibilidad de que los peregrinos se acerquen al sacramento de la Reconciliación.

A los monasterios y comunidades religiosas les sugiere programar momentos de reflexión y de evaluación sobre la calidad de la celebración eucarística en comunidad; redescubrir en la vida y escritos de sus fundadores la piedad eucarística, examinarse sobre el testimonio eucarístico que los consagrados dan en parroquias, hospitales, escuelas, cárceles, etc.

Por lo que se refiere a los seminarios y casas de formación, el documento vaticano les alienta a cultivar «el lazo entre formación teológica y experiencia espiritual del misterio eucarístico»; a prestar atención a «la participación interior y exterior en la celebración de la Misa»; a conocer «la teología litúrgica» y el «rito de la Misa»; a alcanzar una familiaridad con «el latín y el canto gregoriano»; y a incrementar «la adoración eucarística».

Por último, el texto se dirige a «las asociaciones, movimientos, confraternidades» para explicarles que el Año de la Eucaristía «es un llamamiento a reflexionar, verificar, interiorizar, y eventualmente actualizar sus estatutos tradicionales». Además, añade, «es un estímulo para dedicar más tiempo a la adoración eucarística, involucrando también a otras personas en una especie de «apostolado eucarístico». «Es una invitación a conjugar oración y compromiso de caridad», concluye.

(Fuente: Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 486-12

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FIN

 
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