El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
21 de noviembre de 2004 No.489

SUMARIO

bulletPORTADA -La moral cristiana es la misma en lo público que en lo privado
bulletCARTAS DEL DIRECTOR -La epopeya olvidada
bulletLA SONRISA DEL ÁNGEL -La era de la timidez
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR -Me ama con la cabeza, no con el corazón
bulletPINCELADAS -La gallina y las plumas
bulletREPORTAJE -Ocós: la ruta de la muerte marítima
bulletPICADURA LETRÍSTICA -Es bien difícil el trabajo en equipo
bulletCOLUMNA ABIERTA -Para eso he venido
bulletFLOR DE HARINA -Los «quieros» de santa Teresa
bulletCULTURA -Los tres grandes principios
bulletComentarios necesarios sobre la tristemente famosa obra «El Código Da Vinci» (II)
bulletAÑO DE LA EUCARISTÍA - Papa recuerda el milagro eucarístico de Lanciano

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PORTADA
La moral cristiana es la misma en lo público que en lo privado
Intervención del teólogo Micahel Hull, de Nueva York, en la videoconferencia internacional organizada por la Congregación para el Clero sobre «Iglesia y Estado»

La moral cristiana se aplica a la vida pública de la misma manera que a la vida privada. El hecho de que un católico ocupe un cargo público no establece una diferencia en sus obligaciones morales. Desgraciadamente, un error persistente y muy difundido sostiene que alguien pueda apoyar y promover públicamente el mal y, al mismo tiempo, oponerse privadamente a ese mismo mal.

¿Puede un político promover el aborto y recibir la Comunión?Hoy muchos políticos que se declaran buenos católicos apoyan activamente políticas contrarias a la ley moral natural y la enseñanza de la Iglesia, como, por ejemplo, el homicidio de niños no nacidos en el aborto y el infanticidio (aborto por «nacimiento parcial»). ¿Podría un político católico que aboga y promueve un mal moral intrínseco recibir lícitamente la santa Comunión?

La respuesta es, por supuesto, «no». ¿Por qué? Porque los católicos tienen la obligación de promover el bien común. La mejor descripción de la doctrina católica sobre este tema es actualmente la de monseñor Raymond L. Burke, arzobispo de St. Louis, en su carta pastoral Sobre nuestra responsabilidad cívica por el bien común. Observa que, para cumplir con su responsabilidad por el bien común de la mejor manera posible, los católicos deben votar apuntando a obtener «la conformidad total de la ley civil con la ley moral». Dicha obligación no disminuye, sino que se intensifica cuando un católico ocupa un cargo público.

Un católico a favor del aborto recibe la Comunión de forma ilícita. Durante una conferencia en el National Press Club (Washington, 15/Sep/04), intitulada Testimonio público/escándalo público: fe, política y cuestiones referentes a la vida en la Iglesia católica, promovida por la Ave Maria School of Law, el padre John J. Coughlin, OFM, profesor de Derecho de la Notre Dame University, expuso que, según el Código de Derecho Canónico, un católico que estuviera a favor del aborto recibiría la comunión de manera ilícita y no debe ser admitido a comulgar porque sigue «perseverando en un pecado grave manifiesto» (canon 915).

El doctor Robert P. George, profesor de derecho en la Universidad de Princeton, explicó la sinrazón de quienes sostienen que la Iglesia no tiene el derecho de prohibir la santa Comunión a quienes «persisten en un pecado grave manifiesto».

La Conferencia Episcopal estadounidense se ocupó de la cuestión en junio de 2004 en Denver. Estableció claramente que «las decisiones [sobre admitir o no a la Comunión a los políticos] pertenecen a las competencias de cada obispo [diocesano]». Afortunadamente, algunos obispos diocesanos han tenido el coraje de prohibir públicamente que algunos políticos católicos favorables al aborto se acercaran a comulgar. Su valor no sólo subraya la necedad de la frase «personalmente me opongo, pero políticamente apoyo», sino que también fortalece al conjunto de los creyentes. Como san Pablo, debemos recordar que «No nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza», con el que debemos conservar la verdad que nos ha sido confiada por el Espíritu Santo» (2 Tim 1,7.14).

(Zenit-El Observador)

EL OBSERVADOR 489-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La epopeya olvidada
Por Jaime Septién

MADRID. La recuperación de los héroes que forjaron América Latina cristiana, de aquellos que contribuyeron con la Gracia a sembrar la Cruz en el vasto territorio que ahora concentra más de la mitad de los católicos del mundo, puede ser, de hecho lo es, un buen camino para encontrarse con el rostro perdido de Europa, para que Europa exprese, de nuevo, con orgullo, su identidad.

Cuando el escritor italiano Claudio Magris le dice al periódico alemán Die Welt que «Europa no tiene centro: en medio hay un agujero», lo que está queriendo resaltar es que, sin un punto de apoyo, nada bueno puede salir de una fusión de 25 naciones, pues cada una mantendrá el apego a sus intereses, sin pisar un terreno espiritual común, lo mismo que estará a merced de cualquiera identidad fuerte (desgraciadamente, las identidades fuertes están siendo identificadas con el fundamentalismo y, más en concreto, con el fundamentalismo islámico, por lo que resulta ir contra la corriente hablar de identidad, a secas, en estos tiempos).

Leído desde Hispanoamérica, el siguiente trozo de un artículo de Monseñor Andreas Laun (en Die Tagespost) representa la oportunidad de gritarle al oído de Europa que ahí está la oportunidad de regresar a la riqueza que nos construyó a nosotros: «Vivimos en un tiempo, escribe Monseñor Laun, en que, como nunca antes, se ha aprendido a descubrir la cultura de nuestros antepasados, a restaurarla, a conservarla. También sería necesario hacer lo mismo en el plano espiritual». ¿Por qué nada más lo material cuenta como herencia del pasado? ¿No hay genio en las calurosas cumbres del espíritu?

El común denominador de Hispanoamérica es la cristianización a que la sometieron, con sus altas y sus bajas, los españoles. En el territorio que va de la antigua Nueva España hasta Tierra del Fuego, no hubo un rincón que quedará exento de la Cruz. Cierto que hubo grupos indígenas más o menos reacios a recibir el Evangelio. Entre los menos reacios destacan los mexicanos en su conjunto.

La mayoría supieron distinguir entre español conquistador y español fraile o religioso. Son célebres las asociaciones entre misioneros y naturales para construir templos y conventos, rescatar los conocimientos antiguos, enseñarse a labrar la tierra, aprender el castellano, escribir libros, realizar expediciones, apaciguar a los levantiscos y extender las tradiciones del catolicismo popular, como una forma de evangelizar la fiesta, la feria, el tianguis, y de purificar el sacrificio a los dioses de sangre y guerra en sacrificio al Dios del Amor.

El trabajo de los misioneros en México fue un trabajo civilizador, de una efectividad insoslayable. Valiéndose de elementos de avanzada, pusieron los elementos de una Iglesia visible, de una Iglesia que acoge a todos los hijos de Dios, que es solidaria con los hermanos de Cristo, que funda una nueva etapa en el devenir del hombre a partir de la convicción en la Redención universal. ¿Acaso Europa está ciega?

EL OBSERVADOR 489-2

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LA SONRISA DEL ÁNGEL
La era de la timidez
Por Juan Jesús Priego

Gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación hemos llegado al punto en el que ya no es necesario encontrarnos para comunicarnos. Por primer vez en la historia, los encuentros cara a cara se han vuelto prescindibles.

Hacia 1940, escritores como Anaïs Nin (1903-1977) se quejaban de lo mal que estaba haciendo el teléfono a las relaciones humanas directas; escribió así la novelista en el cuarto volumen de su famoso Diario: «La peligrosa época en la que las voces mecánicas sustituyen las íntimas relaciones, y la impresión de estar en contacto con millones de seres, acaban empobreciendo cada vez más la intimidad y la visión humanas». En efecto, la revolución que el teléfono vino a traer no es de ninguna manera despreciable, pues a partir de él la presencia fue reemplazada por la sola voz, haciendo totalmente innecesarios los encuentros.

Después vino internet y las presencias fueron escamoteadas todavía en mayor medida. Hoy, gracias a este instantáneo y poderoso medio de comunicación, nada hay que no pueda ser resuelto o conseguido desde la intimidad/soledad de la propia habitación. A través de Internet podemos comprar, trabajar, participar en comicios electorales, hacernos mil electrocardiogramas y establecer todo tipo de relaciones sin tener que verle la cara a nadie.

Ya no es necesario salir de casa, y quien quisiera permanecer en ella toda su vida podría hacerlo perfectamente, que no por eso se verá privado de ninguno de los placeres que la sociedad posmoderna ofrece a manos llenas (Justo cuando escribía este artículo, un noticiero hacía saber que el primer matrimonio vía satélite acababa de celebrarse. Dos seres, un hombre y una mujer, a miles de kilómetros de distancia el uno del otro, se tomaban virtualmente de las manos y se juraban amor a través de una pantalla de video).

Ahora bien, que cada vez salgamos y nos encontremos menos tiene serias consecuencias tanto en el campo psicológico como en el campo moral. En primer lugar -y esto lo afirman psicólogos que al parecer saben lo que dicen-, la agorafobia está a punto de convertirse en una enfermedad cada vez más común. Los agorafóbicos son seres que han perdido la capacidad de moverse en espacios públicos y que se sienten presos del pánico más atroz cuando tienen que abandonar la seguridad de su propia casa para ponerse a merced de seres desconocidos.

En segundo lugar, que cada vez recurramos más a las tecnologías de comunicación para establecer contactos con personas en vez de encontrarnos personalmente con ellas (y esto lo dijo el famoso sociólogo Zygmunt Bauman en una reciente entrevista: «Intervista sull'identità»), está haciendo de nosotros hombres y mujeres congénitamente tímidos. Estamos perdiendo a tal punto la capacidad de entrar en relación y de crear relaciones que cuando tenemos enfrente a un ser humano ya no sabemos qué hacer con él ni qué decirle. No es, pues, para nada una casualidad que de 100 matrimonios que se celebran hoy en los Estados Unidos, 50 acaben en divorcio.

Confesaba hace poco un joven inglés de 26 años de edad a un periodista: «Prefiero mil veces las citas en Internet a las citas en bares o cafés. Porque si algo empieza por no gustarme, me basta con apretar la tecla cancelar, cosa que sería del todo imposible en un encuentro directo».

«He tenido una relación con una mujer de otra ciudad -escribe Bill Gates en su autobiografía (Camino al futuro)-. Nos intercambiábamos mensajes a través del correo electrónico. Inventamos, incluso, una manera de ir juntos al cine: escogíamos una película proyectada a la misma hora en nuestras respectivas ciudades. Durante el trayecto al cine conversábamos con nuestros teléfonos celulares. Asistíamos a la misma proyección y, de regreso, retomábamos nuestros celulares para comentar la película». He aquí la base en la que se apoyan los nuevos amores: la distancia, la falta de encuentro. ¿Podría uno razonablemente esperar que duren aunque sea un poco?

Los hombres y mujeres del tiempo de las nuevas tecnologías somos más desinhibidos únicamente en apariencia; en realidad nunca habíamos tenido tanto miedo a los demás.

EL OBSERVADOR 489-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Me ama con la cabeza, no con el corazón
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Leí la respuesta del doctor López Castrillón en relación a la posibilidad de nulidad de un matrimonio basado en inmadurez o el establecimiento de una condición contraria a los fines y propósitos fundamentales de este sacramento. Quiero también hacer una consulta. Obviamente, la situación mía es diferente. Desde hace muchos años mi esposa me expresó que ella me «amaba con la cabeza pero no con el corazón porque ella no sentía». También en reiteradas ocasiones me expresa que, para «dar, primero hay que tener y que ser», y que ella «no es» y por eso es así, una mujer fría y carente de afectividad hacia mi persona.
En este último año hemos tenido una prueba económica brutal y han aflorado todos los conflictos humanos posibles. Aunque ambos sentimos respeto de uno hacia el otro y mantenemos una relación cordial, la comunicación como pareja no existe, y la poca que existe es provocada por mí. Mi esposa es una gran mujer y un ser humano muy valioso. De modo que el único asunto es que, a mi juicio, ella en realidad nunca me ha amado, y todo este planteamiento es una manera o subterfugio para decirlo y a la vez sentirse bien con su conciencia. Lo que veo es que ella psicológicamente me está llevando a que yo me tenga que ir de su lado, pero que no se vea a ella como la causante sino que sea un acto negativo y cruel de mi parte. Por otro lado, tenemos tres hijos y yo la amé y la amo. Sin embargo, no quisiera mantener una relación conyugal con una persona que uno sabe a ciencia cierta que no lo quiere a uno. Como creyente y devoto de la santa Eucaristía se me plantea una situación bien difícil que no puedo resolver. Anticipo que, si me alejara de mi esposa actual, en algún momento posterior podría iniciar una nueva relación con otra persona. Pienso esto por factores de mi edad y mis condiciones o vocación hacia el matrimonio, no porque tenga ningún interés hacia ninguna otra persona.
No sé si con estos datos usted podría orientarme sobre si existe o no una causa de nulidad. Sí le puedo decir que este estado de «ausencia de sentimientos» de mi esposa yo no lo sabía antes de casarnos. Aunque también tengo que decir que, de haberlo sabido, como yo estaba tan enamorado, lo hubiese ignorado. Ojalá que me pueda dar luz para el camino.

RESPUESTA
Lamento decirle que mis conocimientos respecto al tema de la nulidad del matrimonio son muy limitados, de modo que le sugiero que consulte a un experto en el tema sobre si existe o no causa de nulidad en su matrimonio. Acuda a su párroco, o al tribunal eclesiástico para plantear sus dudas.

Sin embargo, lo que sí puedo decirle es que me parece que se está precipitando en estas consideraciones. Lo que yo veo, por lo que me cuenta, es que tienen un problema que no han intentado resolver a fondo.

Su esposa le dice que lo ama con la cabeza, pero no con el corazón. Este es el punto de partida.

Para empezar, debe creerle. La idea de que puede ser un subterfugio para que usted la abandone me parece que es una mera interpretación suya. Una de las reglas básicas en las relaciones humanas es la de no creer que sabemos lo que el otro piensa, siente o pretende. Tal vez esta idea surge del malestar que están viviendo usted y su esposa en el matrimonio, pero no deja de ser una mera suposición subjetiva, que se contradice con su impresión de que su esposa es una gran mujer y la declaración de ella de que lo ama, aunque sea solamente con la cabeza. No sería lógica una actitud así de parte de ella.

El punto más delicado, más grave desde mi punto de vista, es lo que hay detrás de una declaración como la que hace su esposa de que para dar primero hay que tener y que ser y que ella no es. Que alguien sienta no ser es señal de una pérdida inmensa de la autoestima, del sentido de la vida y probablemente de una depresión muy profunda. Obviamente, alguien que cree no ser, no puede estar en contacto con sus emociones, con su corazón. No puede amar con el corazón porque, por alguna razón cerró ese corazón (Probablemente por miedo a ser lastimada como alguna vez en su pasado). Lo que su esposa necesita no es que usted pelee con ella exigiéndole que lo ame. Ella necesita que la acepte, que la cobije, que la ayude a darse cuenta de que no hay peligro, de que la relación entre ustedes es un sitio seguro para amar (y que sea cierto, claro). Ella necesita también ayuda psicológica profesional. Un buen terapeuta puede ayudarle a liberarse de sus fantasmas, a ponerse en contacto con sus sentimientos y a conectar su cabeza con su corazón. Entonces ella sabrá que lo ama también con el corazón, que siempre lo ha hecho, porque de ahí es donde surge el amor.

Si usted la ama y ella lo ama, si se admiran, se respetan, hay cordialidad entre ustedes, tienen tres hijos a los que seguramente ambos aman, ¿qué necesidad hay de pensar en medidas que son para cuando ya se agotó todo lo demás? Luchen primero por sanar su matrimonio. Con la gracia de Dios, hay grandes esperanzas para ustedes.

Por cierto, en caso de que, agotadas todas las posibilidades, se declarara nulo su matrimonio, podría volver a casarse. Pero si su matrimonio no es nulo, aun cuando la Iglesia llegara a autorizar la separación entre ustedes, no le sería permitido volver a casarse, pero creo que esto es algo que usted ya debe saber.

Sin embargo, le repito, no creo que en este caso deba tratarse de nulidad, sino de aprender a amarse en verdad y luchar por su matrimonio, que pese a las situaciones difíciles que están pasando, encierra grandes riquezas.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 489-4

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PINCELADAS
La gallina y las plumas
Por Justo López Melús *

Un día se fue a confesar una mujer muy aficionada a murmurar. El confesor le escuchó y le dijo: «Como penitencia, coge una gallina y recorre las calles del barrio arrancando lentamente las plumas y soltándolas al viento poco a poco. Luego regresa otra vez a mí».
La mujer obedeció. Cuando volvió al confesor, éste le dijo: «La penitencia no ha concluido. Ahora debes volver a andar por las calles y recoger todas las plumas que has sembrado». «Es imposible», contestó la mujer. «Así es la murmuración -respondió el confesor-. Tú la esparces alocadamente, y no te das cuenta de que algunas personas van a sufrir un daño irreparable».

* Operario Diocesano en San José de Gracia, de Santiago de Querétaro.

EL OBSERVADOR 489-5

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REPORTAJE
Ocós: la ruta de la muerte marítima
Por Gilberto Hernández García
El puerto de Ocós está ubicando en la costa del pacifico, en el departamento de San Marcos, Guatemala. En los últimos años se ha convertido en un punto de referencia para las migraciones de Centro y Sudamérica con dirección a los Estados Unidos.

Esta pequeña población de no más de cinco mil habitantes ha visto interrumpida su otrora apacible vida cotidiana a raíz de que, cosa de cinco años, empezaron a zarpar desde sus caprichosas playas pequeñas barcazas o lanchas pesqueras con rumbo a las costas de Oaxaca o Guerrero, con el afán de internarse en territorio mexicano sin tener que pasar por los retenes que existen en tierra, y de ahí proseguir su camino a «los Estados», como suelen llamar los centroamericanos a la Unión Americana.

Poco a poco los habitantes del lugar han ido pasando del asombro a la indiferencia con respecto a sus visitantes: en un principio abrían sus casas a las decenas de potenciales migrantes que llegaban con la idea de contratar a los lancheros locales para que los trasladaran a tierra mexicana bordeando las costas de sudeste. El pasmo y la acogida solidaria dieron paso al negocio improvisado y a las redes de tráfico de personas: «los coyotes marinos». Sin embargo la cosa no para ahí, ahora los migrantes son vistos con recelo, puesto que en este pequeño poblado la delincuencia ha ido en aumento: pleitos callejeros, consumo y tráfico de drogas, prostitución, y hasta algunos homicidios recientes. Desde luego el «chivo expiatorio» favorito de los locales son los extranjeros a los que culpan de todos sus males.

Súplicas y esperanzas para mantenerse en pie

Los «fuereños» se pasean por las arenosas calles de la localidad tratando de «matar el tiempo», mientras «los coyotes» hacen los preparativos pertinentes para el viaje. No es raro ver tumbados en la playa a las decenas de migrantes que miran las aguas del mar que, con sus embravecidas olas, parece retarlos a la aventura. Intuyen que no será un viaje fácil; por eso también es común que algunas horas o minutos de su tiempo libre los dediquen a visitar la pequeña capilla católica del lugar, que por cierto tiene como patrona a la Virgen de Guadalupe. Las velas que ahí dejan dan testimonio de las súplicas hechas y de la esperanza que, a pesar de todo, los mantiene en pie.

A decir de los mismos ocoseños, la actividad económica ha dado un fuerte giro. Hasta antes de que Ocós fuera visto como punto de salida de migrantes, la mayoría de la población se dedicaba a la pesca o al cultivo del plátano; algunos más se empleaban como obreros en la fábrica de aceite de coco que funciona en las inmediaciones de Tecún Umán, la ciudad más poblada del rumbo y que hace frontera con Ciudad Hidalgo, Chiapas. Sin embargo todo ha cambiado: mucha gente, hombres maduros o jóvenes, mujeres, incluso niños, se ven «beneficiados» por la migración.

Desde luego, los lancheros son los que directamente intervienen en este tráfico de personas, pero ellos, a su vez, ocupan sobretodo a jóvenes, quienes llevan a los migrantes al río Naranjo -un afluente del Usumacinta-, donde las lanchas se encuentran listas para partir, ayudan a cargar el combustible y subir a las personas. Además, en esta dinámica intervienen «los hoteleros», los dueños de cuartuchos donde los migrantes son hacinados y a los que les cobran como si se tratara de un hotel de 5 estrellas; los hoteleros, a su vez, contratan a varias mujeres del puerto para preparar los alimentos y asear los cuartos. Negocio comunitario.

«La costera ni siquiera nos ayudó y varios murieron»

En los testimonios recogidos por las calles y en la costa de Ocós, los migrantes centroamericanos nos expresan que conocen muy bien el peligro que entraña hacer este viaje marítimo en tan endebles embarcaciones; incluso nos relatan cómo algunos conocidos suyos han perecido en el intento por alcanzar tierra mexicana; alguno más nos relata cómo sobrevivió al hundimiento de la lancha donde viajaba, cuando la patrulla marítima de México los persiguió y tuvieron que huir mar adentro; pero en la desesperada huída la embarcación dio una voltereta y cayeron todos los tripulantes a las aguas. «La costera ni siquiera nos ayudó y varios de nuestros compañeros murieron, nadie los volvió a ver, se los tragó el mar», dice con un tono lleno de rencor. Pero a pesar de ese acontecimiento aquí está otra vez, dispuesto a desafiar al océano y a la leyes mexicanas.

Las autoridades guatemaltecas hacen tímidos intentos por desalentar a los migrantes en esa travesía; sin embargo, a decir de muchos de los pobladores, los mismos encargados de esta tarea se encuentran coludidos con los «polleros», que forman parte de bien organizadas bandas internacionales. También la Iglesia Católica local hace su esfuerzo a través de la Casa del Migrante, localizada en la vecina Tecún Umán, mediante campañas de concienciación; a decir de los misioneros scalabrinianos que trabajan en el lugar, es un atentado a la vida las políticas férreas de las instancias migratorias que obligan a los migrantes a buscar rutas alternativas pero que implican mayor peligro: la selva y el mar.

EL OBSERVADOR 489-6

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PICADURA LETRÍSTICA
Es bien difícil el trabajo en equipo
Por J. Jesús García y García

Si Moisés hubiera sido un comité los israelitas
aún no habrían salido de Egipto.
ANÓNIMO

Yo soy uno de los numerosos mortales faltos de fortuna que jamás han visto que funcione óptimamente un comité. Siempre unos integrantes trabajan y otros no. Siempre unos tratan de que prevalezca su opinión y descalifican a priorila de los demás. Nunca faltarán los que boicotean las acciones, por muy importantes que éstas sean o parezcan, pensando que los acuerdos comunes deteriorarían sus personales cotos de poder.

Usted lo sabe, amigo lector, hay muchas clases de comités (puede ser que se les llame también comisiones o juntas): cívicos y empresariales, formales e informales, temporales y permanentes, administrativos y técnicos... También se distinguen los que realizan el estudio de problemas y los que proveen recomendaciones, los que tienen funciones organizadoras y los que las tienen ejecutivas, los de productividad, los de vigilancia, los de promoción, los de evaluación, los de lucha... Se han inventado y seguirán inventándose de muchas clases.

Las leyes señalan la obligatoriedad de algunos comités o comisiones que deben formarse en las empresas con representantes patronales y representantes de los trabajadores (mixtos, pues, o paritarios): de capacitación y adiestramiento, de seguridad e higiene en el trabajo, por mencionar únicamente los más usuales. Los de este género que me ha tocado ver eran una pura «vacilada», una máscara nomás.

El comité es una de las muchas formas de trabajo en equipo. El equipo, a su vez, es una de las muchas formas de grupo. La dimensión social del individuo humano se juzga por su integración en uno o más grupos. La cohesión entre los individuos que lo componen es la base de la vida del grupo. El primer grupo en que se inserta la persona es la familia, que tiene una estructura propia bien definida. Se afirma que un grupo propiamente dicho es «un conjunto de personas que comparten la conciencia de que son miembros del mismo y están en interacción sostenida o periódica».

La teoría nos dice que hay grupos primarios y grupos secundarios. En los primarios todos los miembros interaccionan directamente, cara a cara; son conscientes de la existencia del grupo y de su pertenencia a él; los miembros se hallan ligados por lazos emocionales cálidos, íntimos y «personales»; poseen una solidaridad inconsciente basada más en los sentimientos que en el cálculo. El grupo secundario, en cambio, mantiene relaciones frías, impersonales, más formales; el grupo en este caso no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr otros fines. El ejemplo primordial de grupo primario, ya lo dijimos, es la familia. Un comité es el paradigma de un grupo secundario.

Suelen formarse equipos para el trabajo. Pueden ser eficientes en las empresas porque en ellas hay que estar sujeto a una autoridad y por la remuneración implicada, siempre y cuando sean bien dirigidos. Fuera de ese ámbito es difícil -no imposible- que funcionen los equipos. Han quedado muy lejanas mis experiencias docentes, pero recuerdo muy bien cuando se puso de moda la integración de equipos para la realización de tareas escolares. Sólo el 20% de los equipos trabajaban debidamente. En el 80% de los casos un solo individuo o dos tenían que hacer el trabajo que el equipo tenía encomendado y, sin embargo, todos los miembros recibían la calificación aunque algunos no la merecieran en absoluto.

Parece que en la idiosincrasia del mexicano está el no integrarse en equipos, por lo menos en aquellos en los que hay que invertir algún esfuerzo con poca o ninguna remuneración inmediata o avizorable. Éstos fracasan una y otra vez. Allí están, para ejemplo, los comités de carácter cívico y los de beneficencia. Cuando se forma uno de éstos (que básicamente debería trabajar por el bien común) suele haber una etapa inicial de ilusión: la cohesión y la concertación se consideran posibles; pero a medida que el trabajo requiere avances la realidad se va imponiendo, a veces con toda su crudeza.

¿Estaremos locos los mexicanos? Los locos no se unen. Aquí ni siquiera tenemos el ejemplo que deberían darnos los grandes grupos institucionales de trabajo. No se unen entre sí, por ejemplo -no hacen grupo sino grupúsculos sectarios-, los diputados, excepto cuando se trata de incrementar sus sueldos y prestaciones, generalmente ya altísimos.

EL OBSERVADOR 489-7

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COLUMNA ABIERTA
Para eso he venido
Por Walter Turnbull
Las cosas que a nosotros nos parecen inadmisibles bien podrían ser las más valiosas de nuestra existencia

De la sección «Temas de Reflexión», de un ejemplar del Selecciones del Reader's Digest recuerdo una historia más o menos como ésta:

«Mucho tiempo viví esperando que mis problemas y dificultades terminaran para entonces poder vivir mi vida, pero ese momento nunca llegaba. Siempre había alguna pena o algo de qué preocuparse. Vivía eternamente frustrado(a). Encontré la paz y el motivo de vivir el día que comprendí que esos problemas y dificultades eran mi vida».

La vida en este mundo está llena de contrariedades. Cosas que amenazan o truncan nuestra añorada felicidad. Una enfermedad, un despido, una crisis económica, un conflicto, una muerte, un fracaso, un cataclismo... la lista es infinita. Para unos más, para otros menos. Desde pequeñas incomodidades hasta terribles tragedias. Son cosas que no quisiéramos vivir.

La reacción inmediata es el disgusto, la frustración, la tristeza, la queja... ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? Simplemente, ¿por qué? Queríamos disfrutar los legítimos bienes de la vida. La vida así no merece la pena.

¿Quién no se ha sentido así alguna vez?

«Esos problemas y dificultades eran mi vida», dice este personaje del Selecciones. Como si la vida estuviera hecha de eso y para eso. Como si los sufrimientos y trabajos tuvieran algún propósito y algún valor.

Hay cientos de escritos motivacionales que apoyan estas ideas: No hay mal que por bien no venga, las dificultades son retos, los problemas nos hacen más fuertes, el sufrimiento nos purifica y nos hace más sabios... Como si la vida no fuera una estancia sino una prueba. No un descanso, sino un evento deportivo. No un paseo, sino una pista de comandos.

Tal parece que los inconvenientes no fueran un contratiempo en nuestra vida, sino el momento más importante. El trabajo no pedido en servicio del necesitado, el dolor inmerecido, el esfuerzo extra para alcanzar un bien o solucionar un conflicto, la pérdida de cosas en las que habíamos puesto el corazón, la incapacidad de lograr lo que se anhela, las angustias por los hijos, el hijo no esperado... todo serían créditos para alcanzar el título de santo, oportunidades para llegar al verdadero fin.

Y cuando llega el momento, las dudas nos asaltan. ¿Será cierto?

Dice san Pablo: «Nos sentimos seguros hasta en las pruebas, sabiendo que de la prueba resulta la paciencia; de la paciencia, el mérito, y el mérito es motivo de esperanza...» (Rm 5, 3-4).

El tiempo de un enfermo que ora por la humanidad -ha dicho Juan Pablo II- es enormemente valioso en la economía de la salvación (iba a decir «el más valioso», pero me acordé del tiempo invertido en la Eucaristía).

Finalmente Cristo, a la vista de su pasión, revela a sus discípulos: «Me siento turbado ahora. ¿Diré ahora: Padre, líbrame de esta hora? Si he llegado a esta hora precisamente para esto» (Jn 12, 27). Para eso he venido, para ese momento dramático. Al menos en la vida de Cristo, esto parece ser lo más importante, y los más valioso. Y lo puede ser para nosotros si estamos unidos a Cristo.

Puede ser. Puede ser.

EL OBSERVADOR 489-8

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FLOR DE HARINA
Los «quieros» de santa Teresa
(Santa Teresa VI)
Por el Pbro. Justo López Melús

Un moderno escritor ruso ortodoxo afirmó con rotundidad: «Si en la desintegración universal tuviera que salvar cuatro nombres para la historia, yo escogería estos cuatro ingenios del cristianismo: Pablo de Tarso, Agustín de Hipona, Francisco de Asís y Teresa de Jesús». Pero, para llegar a esa cumbre, aparte de la gracia divina, hace falta una generosa cooperación. Ya dijo Sócrates: «Empezar bien no es poco, pero tampoco es mucho». Teresa de Jesús empezó, prosiguió y cooperó con generosidad.

He aquí los conocidos «quieros» de santa Teresa:

1)A los siete años quiso ir a «tierra de moros» con su hermano Rodrigo para que «los descabezasen», y se dedicaba a hacer ermitas pensando en la eternidad.

2)A los catorce años, cuando murió su madre, se arrojó a los brazos de María y le prometió servirle sin reservas.

3)A los dieciséis años, después de su afición a leer novelas, de tratar mucho a un prima frívola y a un amigo, después de cultivar mucho sus encantos femeninos y planear un posible matrimonio, entró como pensionista en un convento, y allí decidió ser santa; y para ello, aunque era «enemiguísima de ser monja», pensó seriamente en abrazar la vida religiosa.

4)Ya en el Carmelo, empezó su vida con fervor, pero le gustaba mucho el locutorio, con conversaciones frívolas de hidalgos y doncellas. Entonces se le apareció el Señor, «dándole a entender lo que de aquello le pesaba», y de nuevo se decidió por el Señor.

5)Recayó por segunda vez, y de nuevo vio una llamada del Señor en la aparición de un horrible sapo o sabandija en el locutorio, y decidió abandonar toda frivolidad.

6)El «quiero» definitivo lo pronunció ante un Ecce Homo del oratorio, un Cristo muy llagado, «que representaba bien lo que pasó por nosotros». Entonces oyó que el Señor le decía: «No quiero que en adelante tengas ya trato con hombres, sino con ángeles». Y el corazón magnánimo de Teresa se turbó y, deshecha en lágrimas, se entregó de veras y sin condiciones, para siempre, a la voluntad del Señor. Fue la llamada «conversión» de Teresa, que luego confirmó con la lectura de las Confesiones, de san Agustín, donde ella se veía retratada.

EL OBSERVADOR 489-9

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CULTURA
Los tres grandes principios
Por Carlos Díaz

Según un «connotado» autor, la bioética es «la capacidad de posesión y apropiación del propio cuerpo, es decir, la cultura del cuerpo». O sea, que la bioética termina siendo cuestión de mucho espejo, mucho músculo y mucha apropiación. ¿Cómo puede llegar a escribirse semejante cosa y a la vez creer en ella?

Más bien habría que recordar que los tres principios de la bioética son:

Principio de beneficencia
Un profesional ético es aquel que hace el bien en su profesión haciendo bien su profesión. No hay nada más moralizador que una producción de bienes intrínsecos: el médico aumenta la vida, y lo mismo en sus ámbitos respectivos legisladores, profesores, poetas, artistas, etc. Como dijera Platón, ningún arte se ejerce para el bien del que lo ejerce; tiene sentido decir «el campo para quien lo trabaja», pero no «la medicina para quien la trabaja». No debes hacer daño. Debes extremar los posibles beneficios y minimizar los posibles riesgos.

Principio de autonomía
Estar dispuestos a fomentar toda la igualdad que realmente sea posible, asumiendo con el mismo realismo las desigualdades que hoy por hoy sean inevitables, para que mañana no lo sean. Haz el bien al otro procurando que realice autónomamente su propio proyecto de vida y de felicidad.

Principio de justicia
Que cada cual cumpla con lo que se le ha encomendado (su deber), lo que se espera que haga al encomendarle la plaza o el puesto que ejerce; más allá de mi competencia deóntica, el asunto ya no me concierne. La ética profesional queda incompleta si no se enmarca en la perspectiva de la ética social común: el funcionario trabaja para lo universal.
¿Y mi yo, mi gimnasio, mi esbeltez, acaso no forman parte de la bioética? No sé qué decirte; en todo caso prefiero decir con don José Bergamín:

Estar solo es estar muerto.
Los muertos siempre están solos.
Los solos siempre están muertos.

Permite que lo diga de otra manera: para quien se encuentra en el interior de la catedral, sus vitrales arden con la luz del sol; para quien está fuera, sólo un gris monótono y emplomado.
O aún de esta otra forma:

- Ése que tú te crees que eres tú mismo,
ése que tú crees que llevas dentro,
no eres tú, ni es tu vida, ni es tu alma,
ni siquiera es la sombra de tu cuerpo.

- ¿Pues quién es ese yo que yo no soy?
¿En qué puede serme sin yo serlo?
- Pregúntaselo al otro, al que dejaste
por la senda perdida de tu sueño.

EL OBSERVADOR 489-10

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Comentarios necesarios sobre la tristemente famosa obra «El Código Da Vinci» (II)
Las dos primeras mentiras, ataques contra la fe
Por Walter Turnbull

Primera mentira.- Jesús no es Dios: ningún cristiano pensaba que Jesús es Dios hasta que el emperador Constantino lo deificó en el concilio de Nicea del 325.

Según el autor, Dan Brown, el cristianismo, antes de Constantino, aceptaba «la divinidad femenina», no veía a Jesús como Dios, y manejaba muchos «evangelios». Constantino, entonces, en el concilio de Nicea del año 325, se apoderó del cristianismo, desterró a «la diosa», convirtió a Jesús en Dios y mandó destruir los «evangelios» que no le convenían. Dice también que «en Nicea Cristo fue designado Dios» ¡por un estrecho margen de votos!
La realidad sobre estos cuentos es la siguiente:
Tenemos documentos que demuestran que la Iglesia católica antes de Constantino creía acerca de Cristo exactamente lo mismo que creyó después y que sigue creyendo ahora. Los evangelios canónicos, escritos en el siglo I, muestran unas 40 menciones a Jesús como Hijo de Dios. Lo mismo sucede con las cartas de los apóstoles, y con escritos de algunos Padres de la Iglesia, como san Ignacio de Antioquía, 35-107 d.C., san Justino mártir, 100-165 d.C., san Ireneo de Lyon, 130-200 d.C., san Clemente de Alejandría, 190 d.C., Tertuliano, 210 d.C. u Orígenes, 185-254 d.C.. De hecho, en Nicea el debate era sobre las enseñanzas de Arrio, un sacerdote herético de Alejandría que desde el 319 (mejor dicho, hasta el 319) discurrió que Jesús no era Dios, sino un dios menor. De unos 250 obispos sólo dos votaron a favor de la postura de Arrio, mientras que el resto afirmaron lo que hoy se recita en el Credo.
Por otro lado, si Constantino hubiera querido cambiar la fe de los cristianos, habría sido sencillamente imposible. Los cristianos en el 325 eran veteranos supervivientes de las persecuciones de Diocleciano, de que fueron objeto por mantener su fe. ¿Iban a dejar que un emperador cambiase su fe? ¿Acaso no era esa la causa de las persecuciones desde Nerón: la resistencia cristiana a ser asimilados como un culto más? Si el cristianismo primitivo hubiera sido como dice Brown, nunca habrían padecido persecuciones.

Segunda mentira.- Jesús tuvo sexo y descendencia con Magdalena.

El autor asegura que nunca en las Escrituras Jesús dice nada sobre su soltería, y que en ningún texto bíblico se menciona que Jesús viviera en este estado tan «antinatural»; incluso afirma que nos hace «a todos nosotros mucho mayor sentido» un Jesucristo casado que uno soltero.
Con esta mentira sucede lo mismo que con la primera. Todo en los Evangelios niega esta postura (ver Mt. 19, 11, 1Co. 7, 33-35).
Para soltar estas mentiras, Brown se basa en libros o documentos supuestamente históricos sin hacer ninguna valoración acerca de su origen, historicidad o veracidad, y afirma, como ya dijimos, que Constantino hizo desechar muchos de ellos que eran contrarios a sus creencias. Menciona, por ejemplo, un «evangelio de María» y el «evangelio de Felipe».
El evangelio apócrifo de María, cuyo origen se remonta al siglo II del cristianismo, llegó por primera vez a la luz pública en una traducción al griego del siglo Ill. Su doctrina coincide con la ideología gnóstica. Esta secta fue rechazada por los Padres de la Iglesia desde los primeros siglos de cristianismo.. El que aparentemente predicó estas cosas fue Levi y no alguno de los apóstoles.
El evangelio de Felipe al que se refiere Dan Brown se conoce como un texto maniqueo al que no se le puede dar crédito ya que la doctrina de Jesucristo es completamente contraria al maniqueísmo. Es incorrecto llamarle evangelio a este texto ya que no pretende fundamentar sus teorías en las palabras de Jesucristo. La multiplicación de escritos pseudoepígrafos fue en los primeros siglos de cristianismo abundante; sin embargo, se tuvo que hacer una distinción muy estricta de los libros que portaban la verdad de la revelación de Cristo y los que se habían realizado con el fin de promover a un grupo sectario o a intereses particulares. Fue hasta el siglo IV y el trabajo de los mejores especialistas en el tema, que se fijó un canon de 27 libros para el Nuevo Testamento; entre otros se quitó el evangelio al que los gnósticos llamaban el Evangelio de la Verdad, mismo que arbitrariamente atribuyeron a Felipe, ya que el manuscrito original no se atribuye por sí mismo a nadie en particular. Orígenes, en el siglo II, decía: La Iglesia tiene cuatro Evangelios; la herejía, muchísimos. (Continuará...)

EL OBSERVADOR 489-11

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AÑO DE LA EUCARISTÍA
El Papa recuerda el milagro eucarístico de Lanciano
La hostia consagrada se convirtió, científicamente demostrable, en un corazón humano, y el vino consagrado en sangre humana.

Juan Pablo II mencionó hace algunos días uno de los milagros eucarísticos más sorprendentes que ha transmitido la historia, acaecido en la localidad italiana de Lanciano, en el siglo VIII.

En una misiva dirigida al arzobispo de Lanciano-Ortona (Italia), monseñor Carlo Ghidelli, el pontífice confiesa: «Deseo vivamente que, durante el Año de la Eucaristía, cada comunidad diocesana renueve públicamente su acto de fe en Jesús presente en el Sacramento del Altar e inspire toda su vida y su acción pastoral en la espiritualidad eucarística que emerge tan claramente en los relatos evangélicos».

El milagro al que se refiere el vicario de Cristo se remonta al siglo VIII, aunque las investigaciones sobre el mismo han tenido lugar a inicios de los años setenta del siglo pasado. Según la tradición, en Lanciano, en el templo dedicado a san Legonziano, un monje basiliano que celebraba la Misa en rito latino, tras la consagración empezó a dudar de la presencia real de Cristo bajo las sagradas especies. En ese momento el presbítero vio cómo la sagrada hostia se transformaba en carne humana y el vino en sangre, que posteriormente se coaguló. En la catedral se custodian estas reliquias.

El 18 de noviembre de 1970 el doctor Edoardo Linoli sometió a análisis los restos de carne y sangre y encontró que eran tejido de miocardio humano y sangre auténtica, respectivamente.

«Para nosotros los cristianos la Eucaristía es todo: es el centro de nuestra fe y la fuente de toda nuestra vida espiritual», explica el Papa en su carta.

(Fuente: Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 489-12

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FIN

 
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