El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
5 de diciembre de 2004 No.491

SUMARIO

bulletPORTADA -Debe reconocérseles a los encarcelados su dignidad de personas: JPII
bulletEL RINCÓN DEL PAPA -Cristo es imagen del Dios invisible
bulletLA SONRISA DEL ÁNGEL Undécimo mandamiento
bulletFAMILIA -Decálogo para escuchar al prójimo
bulletPINCELADAS Los cinco faroles
bulletAPOLOGÉTICA -Carta a mi yerno evangélico
bulletINTERNACIONAL -Esclavitud: un antiguo mal con vigencia
bulletFLOR DE HARINA -Versos de la Santa
bulletCOLUMNA ABIERTA - El misterio del perdón
bulletCULTURA -Leon Bloy y Simone Weil: dos testigos de lo eterno
bulletComentarios necesarios sobre la tristemente famosa obra «El Código Da Vinci» (III)
bulletSEÑAL  - Jóvenes de hoy
bulletADVIENTO - ¿Cómo vivir mejor las virtudes en Adviento y Navidad?
bulletADVIENTO -Segunda semana

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PORTADA
Debe reconocérseles a los encarcelados su dignidad de personas: JPII
* La cárcel no puede limitarse a medidas represivas.
* El orden público no contrasta con los derechos de los presos

Juan Pablo II recordó recientemente que el objetivo de la cárcel es la recuperación de los detenidos, por lo que recordó que las medidas simplemente represivas no son adecuadas.

El pontífice señaló que el orden público no contrasta con los derechos inalienables de los presos al encontrarse con los participantes en una Conferencia de los Responsables de las Administraciones Penitenciarias.

«No hay duda de que hay que reconocer siempre al encarcelado la dignidad de persona, como sujeto de derechos y deberes. En toda nación civil debe darse la preocupación compartida por la tutela de los derechos inalienables de todo ser humano», explicó.

«Con el compromiso de todos -consideró-, tendrán que corregirse, por tanto, eventuales leyes y normas que los obstaculizaran, especialmente cuando se trata del derecho a la vida y a la salud, del derecho a la cultura, al trabajo, al ejercicio de la libertad de pensamiento y a la profesión de la propia fe».

«El respeto de la dignidad humana es un valor que hunde sus raíces en el cristianismo, un valor universal y, como tal, susceptible del consenso más amplio -recordó-. Todo Estado debe preocuparse de que en todas las cárceles se garantice la atención total por los derechos fundamentales del hombre».

«Las medidas simplemente represivas o punitivas, a las que se recurre normalmente, son inadecuadas para alcanzar los objetivos de la auténtica rehabilitación de los detenidos», advirtió.

«Por tanto, es necesario replantear la situación de las cárceles en sus mismos fundamentos y finalidades».

«Si el objetivo de las estructuras penitenciarias no es sólo la custodia, sino también la recuperación de los detenidos, es necesario abolir los tratos físicos y morales que lesionan la dignidad humana y comprometerse en una mejor preparación profesional de los que trabajan en las cárceles».

«Desde este punto de vista, hay que alentar la búsqueda de penas alternativas a la cárcel, apoyando aquellas iniciativas de auténtica integración social de los detenidos con programas de formación humana, profesional, espiritual», propuso Juan Pablo II. Subrayó en este contexto la ayuda «en cierto sentido insustituible» que ofrecen «los ministros de culto» en las cárceles, así como «las asociaciones de voluntariado».

Juan Pablo II se hizo al mismo tiempo eco de la preocupación de algunos sectores sociales por que «el respeto de la dignidad humana de los detenidos no vaya en detrimento de la tutela de la sociedad».

«El deber de aplicar la justicia para defender a los ciudadanos y el orden público no contrasta con la atención a los derechos de los presos y a su rehabilitación; al contrario, se trata de dos aspectos que se integran. Prevención y represión, detención y reinserción social son intervenciones complementarias», concluyó.

(Zenit-El Observador)

EL OBSERVADOR 491-1

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EL RINCÓN DEL PAPA
Cristo es imagen del Dios invisible

Comentario de Juan Pablo II, en reciente audiencia general, al cántico de san Pablo del inicio de la carta a los Colosenses (1, 3.12-20)

«En el gran himno cristológico con el que comienza la carta a los Colosenses sobresale la figura gloriosa de Cristo, corazón de la liturgia y centro de toda la vida eclesial. Ahora bien, muy pronto el horizonte del himno se amplía a toda la creación y a la redención, abarcando a todo ser creado y a toda la historia.

«En este canto se puede percibir el ambiente de fe y de oración de la antigua comunidad cristiana, y el apóstol recoge su voz y testimonio, imprimiendo al mismo tiempo al himno su impronta.

«Después de una introducción en la que se da gracias al Padre por la redención (vv. 12-14), el cántico se articula en dos estrofas. La primera celebra a Cristo como primogénito de toda criatura, es decir, ha sido generado antes de todo ser, afirmando así su eternidad que trasciende el espacio y el tiempo (cfr. v. 15-18a). Él es la imagen, el icono de Dios que permanece invisible en su misterio. Ésta fue la experiencia de Moisés, quien en su ardiente deseo de contemplar la realidad personal de Dios, escuchó esta respuesta: Mi rostro no podrás verlo, porque no puede verme el hombre y seguir viviendo (Éx 33, 20; cfr. Jn 14, 8-9).

«Por el contrario, el rostro del Padre creador del universo se hace accesible en Cristo, artífice de la realidad creada: por medio de Él fueron creadas todas las cosas... y todo se mantiene en Él (Col 1, 16-17). Cristo, por tanto, es superior a las realidades creadas, pero por otro, está involucrado en su creación. Por este motivo, puede ser visto como imagen del Dios invisible, cercano a nosotros a través del acto creativo».

EL OBSERVADOR 491-2

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LA SONRISA DEL ÁNGEL
Undécimo mandamiento
Por Juan Jesús Priego

El Evangelio es palabra de vida eterna. Lo sé y lo confieso en alta voz. Cuando leo en la asamblea litúrgica una de sus partes, digo siempre al final: Palabra del Señor, y beso el libro en señal de agradecimiento y reverencia. En el Evangelio está a veces de manera velada y con frecuencia de manera patente la respuesta a casi todas nuestras preguntas.

Los antiguos, según un método de interpretación bastante escrupuloso, veían en cada monosílabo, en cada letra y hasta en cada signo de puntuación un mensaje oculto que había que descifrar. Cada palabra era analizada como con una lupa y de ella fluían miles de sentidos, de señalamientos y sugerencias que el lector apresurado ni siquiera habría podido imaginar. Por decir así, el texto sacro más que leído era desmenuzado, pues, como reconoce Borges al hablar de la Biblia en una de sus conferencias, «en ese libro nada puede ser casual, absolutamente nada... Todo tiene que estar justificado».

Hoy se procede de manera diversa. Sin dejar de ver en la Biblia la palabra eterna, tiende a leerse según periodos más largos. No se ve la letra, la frase particular, sino el conjunto y el contexto. Utilizando una palabra de moda, diría que se trata de una lectura globalizada.

Ambos métodos son válidos. Mientras uno mira el árbol, el otro mira el bosque, y los dos tienen razón.

De frente al relato de la multiplicación de los panes y los peces según san Marcos (cfr. 6, 30-44), por ejemplo, el segundo tipo de lector, el lector global, verá en el milagro el cumplimiento de una profecía del Antiguo Testamento o un anticipo claro del sacramento de la Eucaristía. Lo ocurrido frente al lago tiene que ver tanto con el pasado como con el futuro. El primer tipo de lector, en cambio, sin descartar ni lo uno ni lo otro, se detendrá en cada letra o frase del texto buscando algo que le ayude a vivir más plenamente el día de hoy. Una frase como ésta sería para él profundamente significativa: «Entonces les ordenó Jesús que se sentaran sobre la hierba verde» (Marcos 6,39). Como también estas son palabras del Salvador, poseen ya en sí mismas un fuerte poder salvífico, un poder capaz no sólo de salvar eternamente, sino de salvar también en este apresurado presente que se nos va muriendo a horas.

¿Qué consecuencias se pueden sacar, en efecto, de este pequeño versículo ante el que los lectores globales ni siquiera se detienen?

El Señor da una orden a la muchedumbre, y una orden muy precisa: «¡Siéntense!». A mí, hoy, pues, me dice exactamente lo mismo que decía hace dos mil años a la muchedumbre que lo seguía por los caminos polvorientos de Judea: «¡Siéntate!». Es decir: «Escucha: no corras ni te apresures. Descansa un poco. A cada día le basta su propio afán. Reposa. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma, si se pierde a sí mismo? Cuando te ordeno que te sientes, te quiero decir que vivas con sosiego. El trabajo fue hecho para el hombre y no el hombre para el trabajo. Tú vales más que todas tus obras. Cuando creas que ya no puedes más y que «la hora es ya muy avanzada», siéntate. No eres un esclavo. Acerca una silla y toma aliento: te hará muy bien. Que no te sorprenda el corazón diciéndote que no puede seguirte el ritmo. Toma la vida con mayor tranquilidad. Mira los lirios del campo: son bellos, con una belleza que no tuvo ni siquiera Salomón en la época de su mayor gloria. Yo sigo multiplicando para ti los panes y los peces. ¿Crees que las panaderías están llenas gracias únicamente a tu laboriosa industria? Si así lo crees, piensa: ¿qué harías tú sin el trigo que hago brotar todos los días de mis campos? ¿Y no es esto el milagro de la multiplicación de los panes cotidianamente repetido? En el mar, los peces se aparean para ti. Dios ha puesto en movimiento a todo el universo para responder a esa sencilla petición que haces al rezar el Padrenuestro de que no te falte el pan de cada día. Así pues, mira la vida con menor ansiedad y siéntate».

¡Existe el mandamiento de sentarnos! Escribió Jacques Leclerq (1891-1971) en uno de sus libros: «De Cristo nunca se dice que hubiera tenido prisa». Lo creo. ¿Cómo, si no, nos hubiera dado la orden de sentarnos sobre la hierba verde?

EL OBSERVADOR 491-3

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FAMILIA
Decálogo para escuchar al prójimo
Por Yusi Cervantes Leyzaola
Especialmente al prójimo más próximo: esposa, esposo, hijos, padres, hermanos, amigos, compañeros…

1.- Que el objetivo sea el correcto
Aclarémoslo de una vez: el objetivo de escuchar al prójimo es verdaderamente conocer lo que tiene que decir: sus pensamientos, sus experiencias, sus sentimientos... para comprenderlo mejor , para conocerlo más, para enriquecernos con el don que el prójimo hace de sí mismo al expresarse, todo en un ambiente de respeto absoluto. Los siguientes no son objetivos válidos: tener un sonido de fondo; obtener información con la cual atacar después; mientras oímos, pensar en como rebatir al otro dice; ganar la pelea.

2.- Tener una posición física adecuada
La mejor posición es sentarse frente a frente, en forma relajada, mirándose a la cara con suavidad en el gesto. Nada de escuchar dándose la espalda o mientras el otro está en otra habitación. Tampoco se debe voltear distraídamente a otro lado mientras el prójimo habla.

3.- Procurar una adecuada posición mental
Según la dificultad de la comunicación, podemos escuchar en primera posición: yo soy yo, tú eres tú, te escucho desde mi lugar. Pero si encuentro dificultades para entenderte, me pongo en la segunda posición, es decir, me pongo en tu lugar: veo, pienso y siento desde tu perspectiva, me pongo en tus zapatos. Si la dificultad es aún mayor, me pongo en la tercera posición: veo las cosas desde fuera, como si fuera el espectador que observa como hablamos tú y yo. Esto me permite ser más objetivo y separarme de emociones e ideas que me hacen daño.

4.- Buscar lo que verdaderamente quiere decir el otro
No interpretemos, no demos por supuesto, no pensemos por el otro. En caso de duda, hay que preguntar. Si nos sentimos lastimados con lo que dice alguien que nos quiere, probablemente estamos entendiendo mal. Nuevamente, hay que preguntar. «¿Podrías aclarar más este punto?», «¿Lo que quieres decir es...?».

5.- Investigar desde qué punto de vista habla el otro
Quien habla, ¿es hombre o mujer? ¿Dónde vive? ¿Qué edad tiene? ¿Cuál es su estado civil? ¿Qué información tiene? ¿Qué estudios tiene? ¿La opinión de quién conoce? ¿Cuáles son sus creencias y valores fundamentales? ¿Cuál es su experiencia laboral? ¿En qué ocupa sus días? Todas estas cuestiones, y otras más, nos ayudan a situar el punto de vista del otro y facilitan que entendamos lo que dice y por qué lo dice. Esto nos ayuda a comprender y respetar nuestras diferencias.

6.- Tratar de entender a partir de qué experiencias de su historia es que habla
¿Qué ha ocurrido en su vida? ¿Qué aprendizajes ha tenido? ¿A quiénes ha conocido y tratado? ¿Qué logros y experiencias positivas ha tenido? ¿Qué dificultades o experiencias negativas ha vivido? ¿Cómo pueden éstas haber influido en sus criterios, sus temores, sus anhelos…?

7.- Tratar de detectar qué necesidad o necesidades se manifiestan tras lo que expresa
Pueden ser de seguridad, protección, control de su propia vida, afecto, expresión, realización de su misión en la vida, felicidad... El descubrir las necesidades implícitas en lo que el otro dice es una de las partes más significativas del ejercicio de escuchar y con frecuencia es el tema más importante.

8.- Percibir qué sentimientos tiene el otro en el momento de hablar
No es lo mismo -y no podemos tomarlo de la misma manera- algo que nos dice el prójimo cuando está contento o cuando está deprimido, tranquilo o enojado, agotado o lleno de energía, lúcido o confuso... Cada momento es diferente, y hay que tomarlo en cuenta.

9.- Buscar cuál es su intención positiva
Por más que nos moleste lo que el otro nos dice, siempre podemos encontrar una intención positiva en sus palabras, y ésta nos enriquece, nos calma y equilibra.

10.- Confirmar si verdaderamente entendí
¿Cómo? Preguntando: ¿Lo que quieres decir es esto? Por lo que dices, yo entendí esto, ¿es así? ¿Podrías aclararme este punto? ¿Podrías decirme más sobre esto?

EL OBSERVADOR 491-4

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PINCELADAS
Los cinco faroles
Por Justo López Melús *

Una de las cosas que más satisfacen nuestra vanidad es dar consejos y corregir los errores de los demás. Había una tienda llamada La tienda de las tres bes: bueno, bonito y barato. El dueño atendía muy bien a los clientes y ciertamente a precios razonables. Pero no acudía gente y pronto acabaría en bancarrota. Un amigo le aconsejó cambiar el título. Se resistió pero al fin aceptó.

Ahora se llamaba Los cinco faroles, en letras muy grandes. Pero sólo pendían cuatro en la puerta de entrada. La gente quedaba extrañada y todos entraban para señalar al tendero la equivocación, creyendo que hasta entonces nadie lo había advertido. Y una vez dentro, aprovechaban para hacer allí sus compras. Y todo cambió.

* Operario Diocesano en San José de Gracia, de Santiago de Querétaro.

EL OBSERVADOR 491-5

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APOLOGÉTICA
Carta a mi yerno evangélico
En esta carta -que por razones de espacio tuvimos que resumir- los nombres se han omitido o cambiado por respeto a los involucrados. La autora de esta carta es actualmente Misionera de la Palabra de Dios.

Mi muy amado yerno:

Agradezco tu franqueza al expresar tus preferencias y reservas religiosas.

Personalmente no me parece que lo que esté en conflicto sea tu religión o tus creencias, sino la actitud que has adoptado ante la posibilidad expresa de que mi hija se una a ti en el sacramento del matrimonio por la Iglesia católica. Aunque no entiendas lo que es un sacramento, sé que conoces que casarse por la Iglesia católica no obliga al cónyuge no-católico a cambiar de iglesia ni de religión; tú no pierdes nada ni te comprometes a nada (el compromiso solamente consiste en aceptar que los hijos procreados entre ustedes sean educados en la fe católica).

Por otro lado, de no casarse por la Iglesia católica, mi hija sí pierde el poder participar del sacramento de la Eucaristía (Comunión) y de la Reconciliacion (Confesión). Ojalá algún día pudieras comprender nuestra fe (aunque no te convirtieras a ella), para que jamás seas piedra de tropiezo en el camino de alguien. Si mi hija no es obstáculo en tu salvación, ¿por qué insistes en serlo en la de ella? Ella, que no profesa tu doctrina, participa contigo sin inconvenientes de un culto no-católico; sin embargo, tú jamás has hecho lo mismo con ella de acompañarla a la santa Eucaristía. No entiendo.

Las diferencias de fe entre nosotras y tú no son reconciliables, lamentablemente.

Para un católico que vive auténticamente su fe cristiana, su fuente primordial de gracia santificante es la Comunión con Cristo recibiendo su Cuerpo y Sangre en la santa Misa tal como Él la estipuló (Jn 6,48; Jn 6,54: Lc 22,19: Hech 2,42;1 Cor 10,16-17; 1 Cor 11,23). Pero tú ni lo entiendes ni te importa pues, aunque estés apartando a tu novia de esa fuente, insistes en encontrar un punto medio sobre este sacramento en cualquier iglesia protestante-pentecostal, cuando eso no existe.

Nadie tiene derecho de obligar a nadie a casarse por la iglesia que no quiera, pero como me consta que has buscado alternativas para evitar que la boda tenga que ser por la nuestra, voy a tomarme el atrevimiento de exponerte por qué mi esposo y yo desearíamos entregarte a nuestra hija en la Iglesia católica:

a) Según tus creencias religiosas, puede haber Cristo sin que tenga que haber una iglesia visible.Esta opinión antieclesiológica gusta mucho hoy por lo atractivo que pudiera ser una religión sin criterio fijo de autoridad, y por lo sencillo y manejable del argumento «sólo Cristo salva, la Iglesia no importa». Pero la verdad es que ese argumento no es sino una verdad a medias.

b) Jesucristo fundó una sola Iglesia (en singular): «Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16, 18). Mateo usa la palabra «iglesia» de forma paralela con «Reino de los Cielos», lo que indica que la comunidad donde reinará el Hijo de David comenzará ya en la Tierra como una sociedad organizada. Para interpretar ese texto es necesario entenderlo en su perspectiva judía de pueblo específico, reino geográfico, asamblea de hombres y mujeres concretos.

c) El Nuevo Testamento reconoce la importancia de esa Iglesia establecida por el Señor,por ejemplo:
+ La Iglesia es la plenitud de Cristo (Ef 1, 22-23).
+ El Señor comparte su gloria con la Iglesia (Jn 17, 22).
+ A Él se le da gloria en la Iglesia (Ef 3, 21)
+ La Iglesia sobrevive a los poderes del infierno (Mt 16, 18)
+ La columna y fundamento de la verdad es la Iglesia (1Tim 3, 15)
+ La Iglesia es la Esposa de Cristo, por ende inseparable de Él (Ef 5,25; Mt19,5-6)

d) Si bien podrías estar de acuerdo con estos elementos de establecimiento y unidad, tú prefieres enfatizar el aspecto espiritual, invisible; pero para nosotros estos aspectos, que son muy ciertos, tienen que tener una constancia física, corroborable, que se pueda afirmar como un punto de referencia. Esto significa que la Iglesia es visible. Tiene que serlo para que halla un punto de referencia sobre una misma verdad y norma de vida para cuando el Señor no esté presente físicamente (Mt 28, 20; Jn 16, 13; 21, 25; Hch 2, 42).

e)Creemos que es así porque no todo puede estar en un libro (Jn 21, 25). Tal y como pasa con la Constitución de cualquier país, cuando no habla explícitamente sobre algún caso a resolverse, entonces tiene que intervenir la interpretación de una autoridad formal (ejemplo, la Corte Suprema). Eso mismo pasa con los grupos religiosos respecto de la Biblia, que a veces no están conscientes de que funcionan como un magisterio eclesiástico. No es posible, pues, depender absolutamente de un libro, y entonces es cuando reconocemos que hace falta el Espíritu. En Juan 16, 13 dice que el Espíritu guiará a los seguidores de Jesús a la verdad completa. Pero si Jesús estaba con ellos y les había enseñado ya lo que quería que escribiesen 30 años más tarde, ¿no estaban esas cosas resueltas? No. Jesús quería seguir revelándose a ellos (la Iglesia), y por eso en Mt 28, 20 y en Mt 10, 40, así como en Lc 10, 16, el Señor es capaz de deci: «el que a vosotros recibe, a Mí me recibe; y el que me recibe a Mí, recibe al que me envió».

f) En el Nuevo Testamento contemplamos una misma Iglesia con un mismo Espíritu enseñando una misma verdad. Para los apóstoles esto era importante, porque cualquier error en la fe y la doctrina terminaba apartando a los fieles de Cristo mismo (1Jn 4, 1-6; 2Jn, 7-12; Jd 3, 16, etc.). De ahí que afirmamos una Iglesia apostólica (Hch 2, 42; Jn 20, 21; 15, 16; Lc 22, 29-30; Mt 16, 18; Jn 10, 16; Lc 22, 32; Jn 21, 17), con autoridad (Mt 28, 8-20; Jn 20, 23; Lc 10, 16; Mt 28, 20), perpetua (Is 9, 6-7; Dn 2, 44; Dn 7, 14; Lc 1, 32-33; Mt 7, 23; Mt 13, 24-30; Mt 16, 18; Jn 14, 16; Mt 28, 19-20) e infalible (Jn 16, 13; Jn 14, 26; 1Tim 3, 15; 1Jn 2, 27; Hch 15, 28; Mt 16, 19).

g) En Juan 17, 18-26 la segunda Persona de la Santísima Trinidad le habla a la primera Persona rogando porque su Iglesia permanezca unida con el propósito de que el mundo crea en Él (Jesús). ¿Ves que es necesario que el mundo vea el testimonio corroborable de un cuerpo de creyentes unido, como condición necesaria para que haya fe? La visibilidad de la Iglesia fue mandada por Cristo.
Disculpame, pero tu creencia, al igual que la de muchos hermanos evangélicos, de que la Iglesia no sirve y da lo mismo pertenecer a cualquiera, no es bíblica y, por ello, no es compatible con la Palabra de Dios.

h) La Iglesia es necesaria como punto de referencia por su apostolicidad.En el libro de los Hechos de los Apóstoles vemos como la Iglesia primitiva perseveraba todos los días en la doctrina de los apóstoles (Hch 2, 42). En el capítulo 5 se afirma que mentirle a un apóstol es mentirle al Espíritu Santo (v. 9); y en el capítulo 6 son los apóstoles los que tuvieron que poner el orden en la Iglesia. Refiérete a la controversia que se plantea en el capítulo 15, en donde a Pablo y a Bernabé se les presenta un gran problema doctrinal. ¿Y cómo lo resolvieron? Ellos no abrieron la Biblia para encontrar la solución, ellos se refirieron a los apóstoles y celebraron en Jerusalén el primer concilio de la Iglesia, y la resolución de ellos fue como un dictamen del Espíritu Santo (v. 28). Porque el criterio de autoridad en el Nuevo Testamento es apostólico.

i)En el mundo religioso de hoy la Iglesia es necesaria. Con más de 30 mil denominaciones cristianas enseñando «verdades» contradictorias entre sí, argumentando basarse en la misma Escritura y en un mismo Espíritu, no pueden ser la verdad de Jesús (Ef 4, 1-6; Jn 14, 26; 15, 26; 16, 13; 17, 26).
Mi Hija y yo estamos convencidas de que la evidencia bíblica, el sentido común y la historia nos señalan a la Iglesia católica como la única y verdadera Iglesia de Cristo. Por eso creemos que nos jugamos la vida eterna si claudicamos elementos de fe que estamos seguras que son inseparables del misterio-Iglesia que te he tratado de explicar aquí.

Con todo mi amor,
Tu suegra.

Enviada por Martín Zavala M.P.D

EL OBSERVADOR 491-6

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INTERNACIONAL
Esclavitud: un antiguo mal con vigencia
Por Gilberto Hernández García

«[Onésimo] Ya no será esclavo, pues pasó a ser un hermano muy querido»
(Carta de San Pablo a Filemón, 1,16)

Hablar hoy de esclavitud es hacer referencia a un hecho que parecería no tener presencia en el mundo moderno, puesto que la mayoría de los medios de comunicación no hablan de esta situación. Tal vez la imagen que viene a la mente con mayor insistencia al tocar este tema sea la de los negros esclavos en las épocas coloniales, sometidos a trabajos forzosos y a una serie de abusos. Las películas de época dan razón de este estereotipo: fornidos negros trabajando en las minas, en los algodonales o en las faenas de la zafra; las mujeres laborando en la casa del amo, fregando pisos y aseando ropa.

La esclavitud fue abolida por primera vez en la parte francesa de la isla de Santo Domingo (1793), y por último en Cuba (1886) y Brasil (1888). Además está expresamente prohibida por la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y la Convención suplementaria relativa a la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas, aprobada por las Naciones Unidas en 1956. Pese a todo, hoy sigue existiendo en diversas formas, como la servidumbre por deudas, el trabajo forzado de adultos y niños, la explotación sexual de menores, el comercio y desplazamiento de seres humanos y los matrimonios forzosos.

Según las estadísticas que ofrecen organizaciones civiles y gubernamentales, actualmente la servidumbre por deudas afecta a por lo menos 20 millones de personas. Cada año unos 700 mil seres humanos son objeto de trata entre países, es decir, existen algunos convenios donde un país paga a otro por «mandarle» mano de obra barata.

El 2 de diciembre llegó a su fin el Año Internacional de Conmemoración de la Lucha contra la Esclavitud y de su Abolición, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. A lo largo de este año la humanidad entera, por diversos medios, estuvo recibiendo un exhorto a reforzar la lucha para acabar con las formas actuales de esclavitud y de racismo. La extensa campaña pretendió «institucionalizar la memoria, impedir el olvido, reavivar el recuerdo de una tragedia ocultada o ignorada durante mucho tiempo y restituirle el lugar que le corresponde en la conciencia de los hombres», según dijo el director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura.

Entre las actividades que se dieron con este motivo, resalta la parte educativa del programa, cuya intención fue promover y divulgar los conocimientos sobre la trata negrera, ese comercio que cegó un incalculable número de vidas entre los siglos XVI y XIX, así como sobre sus consecuencias y las interacciones que creó entre los pueblos de Europa, África, América y el Caribe.

Anualmente, el 2 de diciembre, la ONU promueve el Día Internacional contra la Esclavitud, que, junto con el 23 de agosto -Día internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y su Abolición-, son los días ejes de una reflexión para la acción en torno a esta realidad.

La República de Haití es símbolo del combate y de la resistencia de los esclavos. La insurrección de la isla de Santo Domingo (que comparten hoy Haití y República Dominicana) en la noche del 22 al 23 de agosto de 1791 dio un golpe radical e irreversible para el sistema esclavista e inició el proceso de abolición de la trata transatlántica.

La conmemoración de estos acontecimientos debe movilizar a todas las naciones y a la sociedad civil en su conjunto a favorecer la reflexión ética sobre el alcance y consecuencias de este hecho histórico, y, sobre todo, reservar una especial atención a las nuevas formas de esclavitud que hoy por hoy se están haciendo presentes.

EL OBSERVADOR 491-7

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FLOR DE HARINA
Versos de la Santa
(Santa Teresa VII)
Por el Pbro. Justo López Melús

El gran polígrafo español Menéndez y Pelayo escribió: «No hay en el mundo prosa ni verso que basten a igualar, ni aun de lejos se acerquen, a los escritos de santa Teresa». Su prosa está redactada en un estilo limpio y de gran galanura. Sus poesías resaltan por sus acentos líricos de gran belleza, que rezuman nostalgia del Paraíso, unión mística con Jesús-Esposo y confianza en el Señor. Son como un eco del Cantar de los Cantares.

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para Sí:
cuando el corazón le di,
puso en él este letrero:
que muero porque no muero.

Veisme aquí, mi dulce Amor,
Amor dulce, veisme aquí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando,
quiero por mi amor holgar,
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando.
¿Qué mandáis hacer de mí?

¡Oh Hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis
y sin dolor deshacéis
el amor de las criaturas.
Yo ya no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
que mi Amado es para mí,
y yo soy para mi Amado.

Nada te turbe,
nada te espante.
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Sólo Dios basta.

EL OBSERVADOR 491-8

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COLUMNA ABIERTA
El misterio del perdón
Por Walter Turnbull
El perdón es algo absurdo para el hombre material. Sólo a Dios se le pudo ocurrir, y sólo Dios, y el hombre que se une a él, lo pueden alcanzar.

Jesús nos invita al perdón. Más bien nos lo exige: «Si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonará a ustedes» (Mt 6, 15). Perdón para el enemigo, para el torpe, para el poco agraciado, para el molesto, para el malhechor... incluso para la pareja y para el hijo y para el padre.

El perdón es, ciertamente, algo curioso. Choca con nuestro sentido de la justicia y de la lógica. Parece absurdo y parece inequitativo. Como humanos quisiéramos que el pecado nunca quedara sin castigo. En el antiguo testamento y en las culturas sin revelación, el perdón en el hombre difícilmente se concibe. El hombre, si acaso, aspira a la justicia. Ojo por ojo y diente por diente parece ya de por sí una meta bastante lejana.

Pero lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Dios, en varias ocasiones, perdona a su pueblo y Cristo en la cruz perdona a sus asesinos. El perdón sólo se puede entender por el amor insondable y el poder infinito de Dios: más que una acción, más que un mandato, el perdón es un misterio. Sólo a Dios se le pudo ocurrir, sólo en Dios se puede comprender, sólo lo puede practicar Dios... y el hombre que se une a Dios por el Espíritu. Para las puras fuerzas humanas y su pura inteligencia, el perdón es algo inalcanzable.

Satanás, «como un león rugiente», tiene guerra declarada contra Dios y contra el hombre; pretende sembrar la discordia entre los hombres, y entre los hombres y Dios. Su meta es la separación, el egoísmo, la soledad, el rencor.

Cuando, por inconciencia o por malicia, inspirado por el demonio, un hombre ofende a otro, el otro quiere revancha. Si lo logra, se siente vencedor, se siente victorioso, se siente realizado. Si no lo logra, se queda resentido. En realidad, ambos han perdido. El vencedor ha sido el demonio, que los ha utilizado y los ha dominado a los dos y ha logrado la división. En una guerra nunca gana nadie. Una victoria parcial nos conduce a una derrota total.

Cuando un hombre ofendido, obedeciendo a Dios, pide fuerzas para otorgar el perdón, entonces Dios interviene, la herida se sana y la unión se perfecciona. El enemigo hombre desaparece y el verdadero enemigo es derrotado. El hombre que perdona a su ofensor vence su tendencia al mal, y, en lugar de superar a su contrario, supera su condición de ser para la muerte. Lo que Jesús llama vencer al mal con el bien.

Jesús quiere nuestra unión. «Que sean uno como tú y yo somos uno. Así seré yo en ellos y tú en mí, y alcanzarán la perfección en esta unidad» (Jn 17, 22-23).

Ilógico como parece, el perdón es necesario; es el acto más radical del hombre en el camino de asemejarse a Dios. Sólo en la unión con Cristo es posible el perdón, porque, después de todo, sólo en la unión con Dios se cumple el propósito del hombre.

EL OBSERVADOR 491-9

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CULTURA
Leon Bloy y Simone Weil: dos testigos de lo eterno
Por Carlos Díaz

«Tras múltiples solicitudes infructuosas para alistarse, escribe Simone Weil, triunfa por fin su obstinación. Durruti la enrola en un cuerpo franco formado con reclutas internacionales y pone en sus manos un mosquetón. Todo el mundo se ríe de ella porque su torpeza sobrepasa lo imaginable cuando se dispone a utilizar el arma haciendo ejercicios de tiro y no disparando contra sus adversarios, porque ha decidido no derramar sangre. Cierto día un miliciano la invita a tomar parte en un pelotón que iba a fusilar a un sacerdote condenado a muerte. Ella pregunta: '¿Qué es lo que ha hecho?'. Le responden que no se sabe nada en concreto, pero que es sacerdote y eso basta. Estaba dispuesta a cubrir con su cuerpo al desgraciado, de no haber tenido éste la suerte de huir momentos antes de la hora fijada para su ejecución...»(1).

¡Qué tristeza han de sentir las revolucionarias proféticas como Simone Weil. A Bernanos le escribe en 1937, tras la lectura de Les Grands Cimetières sous la Lune: «Va uno como voluntario, con ideas de sacrificio, y se sucumbe en una guerra que parece de mercenarios, a la que se añaden innumerables crueldades y la falta de todo miramiento debido al enemigo... Lo social es por excelencia el dominio de lo relativo y del mal; en ese orden, el deber del alma sobrenatural no consiente abrazarse a un partido, sino intentar sin tregua el restablecimiento del equilibrio poniéndose del lado de los vencidos y de los oprimidos».

Pero la revolucionaria mística sí se pone de rodillas: sólo ante Dios. En mayo de 1942 escribe: «En 1937 pasé en Asís dos días maravillosos. Allí sola en la capilla románica del siglo XII de Santa Maria degli Angeli, incomparable maravilla de pureza en la que oró frecuentemente san Francisco, algo más fuerte que yo me obligó por vez primera en mi vida a ponerme de rodillas». Sólo de rodillas ante Dios, de ahí esta confesión a Bernanos: «Si se pusiera un cartel a las puertas de las iglesias prohibiendo la entrada a quien tuviera unos ingresos superiores a tal o cual cantidad, poco elevada, se convertirían en seguida».

Por su parte, Leon Bloy es de la misma estirpe utoprofética que Simone, de ahí su afirmación de fecha 6-3-1917: «No he padecido la miseria, me he casado con ella por amor, habiendo podido elegir otra compañera».

Los místicos revolucionarios y proféticos como Léon Bloy vuelan también muy alto; él escribía que Dios le había dado «el sentido, la necesidad, el instinto de lo Absoluto como ha dado púas al puercoespín y trompa al elefante»(2). De ahí también el último renglón de la Femme pauvre, donde Léon Bloy escribe: «No hay sino una tristeza, y es la de no contarse entre los santos».

Santos, pero no santitos: «La piedad no puede extinguir en mí la cólera, porque mi cólera es hija de un presentimiento infinito... Mi cólera es la efervescencia de mi piedad».

Como siempre, estos personajes van acompañados más de Dios que de los hombres: «Marcho a la cabeza de mis pensamientos en exilio, en una gran columna de Silencio».

1 Bernard Halda: La evolución espiritual de Simone Weil. Ediciones Aldecoa, Burgos, 1965, pp. 30-31.
2 Béguin, A: Léon Bloy. Fondo de Cultura Económica, 2003, p. 9.

EL OBSERVADOR 491-10

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Comentarios necesarios sobre la tristemente famosa obra «El Código Da Vinci» (III)
Los «documentos históricos» y la tercera mentira
Por Walter Turnbull

Los libros «apócrifos», ampliando un poquito el asunto antes mencionado, son muchísimos y de muy diferentes tipos. Los hay piadosos y los hay blasfemos; los hay muy aproximados a la verdad o a la historia y los hay completamente disparatados; los hay poéticos y los hay soeces; los hay que contienen doctrinas cuasi-católicas mal entendidas, otros que contienen otras doctrinas, y unos más que no contienen ninguna; los hay muy antiguos y los hay más recientes; hechos con la intención de informar, con la intención de divertir, o con la intención de engañar; los hay, finalmente, bienintencionados y malintencionados. En lo único en lo que todos coinciden es en que su veracidad no es confiable y en que su doctrina no coincide con la doctrina de Cristo encomendada a la Iglesia. Los que sí coinciden y sí son confiables son solamente 27, como ya habíamos mencionado: los 27 del Nuevo Testamento de la Biblia católica. Muchos -de los apócrifos- fueron escritos, como ya hemos mencionado, con el fin de promover a un grupo sectario o a intereses particulares.

En el caso de El Código DaVinci, Dan Brown cita libros escritos en su mayoría por los seguidores del gnosticismo como si fueran documentos confiables. En una nota al principio del libro declara: «todas las descripciones de arte, arquitectura, documentos y rituales secretos en esta novela son fidedignas». Esto, en primera, es falso: el libro contiene muchos errores en estos campos. En segunda, suponiendo que lo fueran, eso no implica que también sean fidedignos todos los acontecimientos, insinuaciones, conjeturas, dogmas, acusaciones, interpretaciones y alucinaciones que trae a colación. Y el problema es que muchos editores, críticos, vendedores y algún lector desprevenido han caído en la trampa y han creído todo lo que el libro afirma.

Lo que estamos viendo equivale a que, en el año 3704, queriendo desprestigiar a la Iglesia, alguien escribiera una novela usando como información el libro El Código DaVinci, de Dan Brown, escrito en 2003, o un libro de texto gratuito de historia oficial mexicana, y afirmara (o creyera) estar usando documentos históricos sobre la realidad de la Iglesia católica.

La tercera mentira -de las cuatro básicas- es la más creativa y poética. Dice que Jesús -según las teorías de los gnósticos del siglo II y los newagers feministas del siglo XX-, necesita una contraparte femenina que lo complete, y que esta consorte habría sido María Magdalena. «Jesús era el primer feminista. Pretendía que el futuro de su iglesia estuviese en manos de María Magdalena», y ella fue la verdadera heredera de la Iglesia católica de Cristo, pero he aquí que fue suplantada por el «celoso y sexista de Pedro» (así lo describe el libro) y tuvo que huir a Francia. La novela presenta a los apóstoles como seres invadidos por los celos debido a la cercanía de su Maestro con María Magdalena.

«Constantino y sus sucesores masculinos conducen al mundo desde el paganismo matriarcal hasta la cristiandad patriarcal mediante una campaña de propaganda que demonizó lo sagrado femenino, eliminando a la diosa de la religión moderna». Como consecuencia, «la Madre Tierra se ha convertido en un mundo de hombres, y los dioses de la destrucción y la guerra se toman su tributo. El ego masculino ha pasado dos milenios sin equilibrarse con su balanza femenina... una situación inestable marcada por guerras alimentadas con testosterona, una plétora de sociedades misóginas y una creciente falta de respeto por la Madre Tierra».

Estamos de acuerdo en que muchos de los males de la humanidad hoy en día provienen de actitudes de prepotencia y belicosidad, parientes del machismo, más frecuentes en los hombres que en las mujeres, y erróneamente relacionadas con la masculinidad. Y estamos de acuerdo en que los hombres han dominado a la mujer en casi todas las sociedades la mayor parte del tiempo, y que esto es muy lamentable y ha sido muy perjudicial.

Lo que no podemos creer es que la culpa de esta situación la tenga la Iglesia católica debido a su acérrimo machismo.

Más de esta fascinante infamia en el próximo capítulo.

EL OBSERVADOR 491-11

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SEÑAL
Jóvenes de hoy
Por Gil Hernández

«Chicas de hoy, tan independientes, nadie nos comprende», cantaba no hace mucho Tatiana. Y Francisco Xavier tuvo un éxito tremendo clamando: «iDéjennos vivir...!».

¿Qué pasa? ¿No ha girado el reloj del tiempo en 25 años?», se pregunta el orientador especializado en cuestiones juveniles Ramón González Álvarez.

«Los jóvenes de hoy -hace notar- son hijos de la generación de los últimos años de los 60's, de esa generación que en su tiempo rompió esquemas y cuestionó todo lo que hasta entonces había sido incuestionable. Esto, indudablemente, tuvo que influir en la forma como educaron a sus hijos.

«La brecha generacional ha disminuido sensiblemente en 25 años. Los padres de hoy son más abiertos. O al menos asumen una actitud menos dramática ante las explosiones juveniles. ¿Cómo va a protestar una madre por la minifalda de su hija si ella misma la usó y hasta más corta?

«Habrá que agregar que la moda actual, aunque rescata elementos de los 60's, es más elegante y discreta que la de aquella época. Y esto nos lleva a otro punto: la generación actual de jóvenes es más tradicional que la de hace dos décadas.

«Sin embargo, los jóvenes de cada generación igual se sienten incomprendidos, únicos, originales, inéditos, protagonistas del nuevo tiempo. Y tienen razón de sentirse así, porque es cierto».

¿Cómo son, entonces, los jóvenes de hoy?

«Es difícil hablar de los jóvenes como de una sola entidad. Más aún en un país de tantos contrastes como el nuestro, donde los jóvenes del campo son de otro mundo respecto a los de clases altas urbanas, así como los de poblaciones populares son distintos a los de clase media», explica Ramón González.

«Voy a tratar de contestar la pregunta desde la perspectiva que más conozco: la del sector medio de la sociedad.

«Los jóvenes de hoy se sienten menos atraídos por las izquierdas. Pero esto no es sólo cuestión de ideologías. Yo percibo una falta de preocupación por los problemas sociales con una pobre visión global de la realidad. Los pobres son una cifra estadística que no afecta su realidad.

«Esto se debe a una mentalidad más individualista y utilitaria. La elección vocacional se maneja también con estos criterios. Los aspectos más valorados al elegir profesión son los buenos ingresos y las oportunidades de progreso. La utilidad del trabajo o su aspecto social son poco tomados en cuenta, incluso la propia vocación pasa a un segundo término».

La vida personal

«En contrapartida -continúa el orientador- los jóvenes de hoy son más exigentes respecto a los valores en su vida personal y la de los suyos. Aprecian el amor, la lealtad, la amistad... Tienen buenas relaciones con sus padres, aunque en muchos casos poco profundas.

«Respecto a la vida matrimonial, me parece que va a haber una disminución en el índice de divorcios porque los jóvenes de hoy son más cuidadosos en la elección de su pareja. Valoran mucho la fidelidad y el respeto. Buscan una relación donde exista verdadera intimidad. Los papeles, por otro lado, del hombre y de la mujer son más flexibles; y ellas están mucho más seguras de sí mismas que las mujeres de anteriores generaciones.

«Hay también un retorno a la religiosidad que, si bien no se manifiesta mucho en prácticas religiosas, sí se encuentra en la conciencia de los jóvenes que buscan a Dios y, por diferentes caminos, una vida interior más rica».

¿Qué hay respecto a la política?

«Aunque en los últimos años el interés de los jóvenes por la política ha aumentado, como ha ocurrido en general en la sociedad mexicana, todavía se da una gran apatía. Son pocos, en realidad, los que están dispuestos al sacrificio que implica una auténtica militancia. La mayoría ve con gran desconfianza no sólo al partido en el poder sino también a los partidos de oposición.

«La desconfianza se refiere también a las posibilidades de cambio no sólo político, sino también social. Y al creer que no hay nada que hacer, que mejor hay que preocuparse por los propios asuntos, el círculo se cierra. Quizá los jóvenes de clase media estén más dispuestos a colaborar en campañas ecológicas o en cuestiones culturales.

«Tal vez los jóvenes de clase media baja, más afectados por la crisis, sí logran tener una mejor conciencia social; pero de ahí a comprometerse...».

¿No es ésta una visión demasiado pesimista?

«Quizá sí, pero es lo que encuentro constantemente en el consultorio: jóvenes preocupados por sí mismos, por su futuro. Hablan de una situación que está mal a nivel social, pero no profundizan en las causas. El culpable es el gobierno, afirman con facilidad, del mismo modo que los jóvenes de clases populares culpan a los ricos. Y sinceramente creen que si progresan en lo personal, hacen bien su trabajo y forman empresas exitosas, estarán contribuyendo a la construcción de un mejor país. Y tienen razón, en parte. El problema es que no ven el otro lado del asunto, lo complejo del entramado social. Yo diría que hace falta despertarlos, ponerlos en contacto con la realidad, poner más atención, en su formación, a las cuestiones sociales.

«Comparada con la generación de los 60's -continúa-, hay en la actual más equilibrio, más seguridad, pero quizás por esto mismo el riesgo de la inmovilidad. Los jóvenes de los 60's creían en verdad que podían cambiar el mundo. Y los jóvenes de hoy pueden hacerlo, sólo que necesitan creerlo».

(Publicado en Señal en enero de 1991)

EL OBSERVADOR 491-12

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ADVIENTO
¿Cómo vivir mejor las virtudes en Adviento y Navidad?
La Iglesia católica nos invita, en este tiempo de Adviento y Navidad, a crecer en el amor a Cristo, imitándolo en las virtudes de la caridad, la humildad, la alegría, la pobreza, la sencillez y la generosidad.

¿Cómo vivir mejor la caridad?La virtud de la caridad consiste en amar a Dios, por encima de todas las cosas, y amar al prójimo y a nosotros mismos, por amor a Dios.

Enamorarnos de Dios es nuestra meta principal, y por Él, querer de verdad a todos los que nos rodean, empezando por los más cercanos: padres y hermanos, abuelos, tíos y primos, parientes y amigos, conocidos y desconocidos, los de este país y los del mundo entero.

En el tiempo navideño debemos esforzarnos por tener muchos detalles de servicio con todos, con el fin de que nadie se sienta solo ni expeimente la indiferencia o el desprecio; ser más comprensivos y amables; realizar obras de misericordia como visitas a los pobres y a los enfermos, darles algún regalo o despensa, juguetes a los niños, cobijas, medicinas, ropa, ayuda económica, cariño y comprensión.

Dios quiera que podamos asimilar las palabras del papa Juan Pablo II: «Deseo que conozcáis mi amor: Nosotros somos verdaderamente hermanos y hermanas, miembros de la misma familia humana, hijos e hijas del mismo Padre amoroso. Deseo compartir con vosotros vuestros sufrimientos, vuestras dificultades, vuestro dolor, de modo que sepáis que alguien cuida de vosotros, que se preocupa por vuestra situación y trabaja por ayudarnos a encontrar apoyo, consuelo y motivos de esperanza» (20-V.1984).

¿Cómo vivir mejor la humildad?El Niño Jesús en el pesebre de la cueva de Belén nos da lecciones de humildad, siendo Dios, se hizo hombre y se humilló para vivir entre los hombres.

La meditación ante el nacimiento de Jesús nos anima a luchar para vivir esta virtud. ¿De qué manera? No buscando el aplauso de los hombres; reconociendo que todo lo que tenemos, se lo debemos a Dios; buscando la gloria de Dios, y no nuestra vanagloria; siendo pacientes y misericordiosos con todos; sirviendo desinteresadamente; evitando modales bruscos y caras largas; reconociendo nuestros defectos y equivocaciones; haciendo a un lado la vanidad, la presunción, la autosuficiencia, la jactancia; aceptando las opiniones buenas de los demás; siendo sencillos, sinceros y veraces; esforzándonos por eliminar el amor propio.

¿Cómo vivir mejor la alegría?La Navidad es la fiesta del Niño Jesús; por lo tanto, es fiesta nuestra también. Por eso estamos alegres, porque Él nos ama y porque somos hijos suyos. Esa alegría, que se fundamenta en Dios, se traduce al exterior en la sonrisa habitual, en el gozo y en la paz interior. «El cristianismo es alegría, y quien la profesa y lo refleja en su propia vida tiene el deber de testimoniar esa alegría, de comunicarla y difundirla en torno a sí» (Juan Pablo II, Turín, 13-IV-1980). «¿De dónde nace toda esta alegría tan pura, tan dulce, tan misteriosa? Nace del hecho de que Jesús ha venido a esta tierra...» (Juan Pablo II, Roma, 27-III-1978).

Saber sonreír también, ante los dolores físicos o morales, ante las incomprensiones y contrariedades. El mejor modo de vivir la alegría es olvidarse de sí mismo y pensar en Dios y en los demás. Luchemos por tener buen humor y optimismo en todos los momentos de nuestra vida; quitar el vicio de la tristeza, no ser aguafiestas, contrarios ni «agrios».

¿Cómo vivir mejor la pobreza?Jesús, el Salvador del Mundo, el Creador de todo, no tuvo una casa para nacer en esta tierra. Nació en una cueva. Se hizo pobre para enseñarnos el camino de la pobreza. «Debemos con plena conciencia ejercitar el Espíritu de renuncia. A causa de una desenfrenada avidez de goce, el hombre puede destruirse a sí mismo y destruir su ambiente. ¡Aspirad a un estilo de vida sencilla! Haced que vuestra riqueza y vuestro bienestar se conviertan en una bendición para los otros, compartiéndolos con quienes están en necesidad» (Juan Pablo II.Liechtenstein, 8-IX-1985).

Todos los cristianos: pobres y ricos, debemos vivir la pobreza, cada uno según su estado; por consiguiente, es preciso luchar por no crearnos necesidades; procurar ser sobrios en las comidas y bebidas; evitar caprichos personales, no desear tener objetos por el hecho de tenerlos; desprendernos de cosas que no utilizamos; no quejarnos cuando falte lo necesario; no despilfarrar el dinero; tener lo estricto y lo indispensable para pasar la vida sobria y templadamente; cuidar la ropa y objetos que utilizamos; evitar el consumismo, no gastar por gastar, ser generosos al ayudar a los demás evitando la tacañería. Recordemos que la verdadera felicidad no se encuentra en la abundancia de bienes sino en el cumplimiento amoroso de la voluntad de Dios.

¿Cómo vivir mejor la sencillez?Son palabras del papa Juan Pablo II: «Desde que nace en Belén hasta que muere en la Cruz, el Señor mostró con su vida y predicación el camino de la sencillez, de la humildad, de la compasión del necesitado» (Perú, 3-11-1985).

El creador del cielo y de la Tierra nació como un niño frágil y sencillo: Él es el camino para imitarlo. Es necesario hacernos niños delante de Dios. Ser sencillo significa reconocer nuestros pecados y defectos; aceptarnos tal como somos; levantarnos después de una caída pidiendo perdón a Dios; no entristecernos cuando nos aconseja, o nos corrige; ser sencillo significa, además, no tener miedo ni vergüenza para acercarse a Dios y a la Iglesia; quitar el temor al qué dirán o al qué pensarán los demás; no ser dobles ni hipócratas, sino transparentes en nuestras palabras y acciones; quiere decir, hablar y actuar siempre verazmente. «Aprended a pensar, a hablar y a actuar según los principios de la sencillez y de la claridad evangélica: 'Sí, sí; no, no'. Aprended a llamar pecado al pecado y no le llaméis liberación o progreso aun cuando la moda y la propaganda fuesen contrarias a ello» (Juan Pablo II, Roma, 26-III-1981).

(Tomado de La Navidad, de Julio Baduí Dergal, Ediciones IMU).

EL OBSERVADOR 491-13

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Un calendario para que la familia viva el Adviento
SEGUNDA semana

1) Investigue formas en las que su familia pueda ayudar a que una persona sola se sienta mejor. ¿Conocen a alguien que esté muy lejos de su hogar durante estas fiestas? ¿A algún soltero o a una persona que esté sola por primera vez esta Navidad?

2) Esta semana preparen un convite para compartir con alguien que no puede salir de casa. En una canasta pongan chocolates, galletas, servilletas, café o te, vasos o tasas, un libro, un juego o un video. Luego lleven la fiesta a la casa de la persona y pasen la velada juntos.

3) Pidan a cada niño de la familia que seleccione y envuelva un juguete en buen estado para regalarlo en nombre de Jesús. Luego dónelo a algún orfanatorio o a niños necesitados.

4) Pongan un rompecabezas sobre una mesa. Inviten a algunos conocidos para que ayuden a armarlo. Sírvanles bocadillos que ustedes haya preparado.

5) Lean «Canción de Navidad», de Charles Dickens, o vean la misma historia en un video. Platiquen de las formas en las que pueden compartir el espíritu de la Navidad.

www.simpleliving.org

EL OBSERVADOR 491-14

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FIN

 
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D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006