El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
19 de diciembre de 2004 No.493

SUMARIO

bulletPORTADA -  La pobreza: principal fuente de emigración al Norte. La Iglesia pide trato digno, mientras las autoridades callan
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Cuentan con la Iglesia
bulletLA SONRISA DEL ÁNGEL - Un mundo demasiado serio
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Incertidumbre antes de casarse
bulletPINCELADAS - El tintero y la pluma
bulletREPORTAJE - «Padres Blancos»: crónica del 20 aniversario de su presencia en México
bulletJÓVENES - Navidar, porque hay más felicidad en «dar»...
bulletAbecedario para la Navidad
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - ¿Qué Niño es éste?
bulletINTERNACIONAL - Se extiende cada vez más por el mundo la «navidad» sin Cristo
bulletCOLUMNA ABIERTA - Diablo de pastorela
bulletComentarios necesarios sobre la tristemente famosa obra «El Código Da Vinci» (V)
bulletADVIENTO - El qué, cómo y cuándo de la gran fiesta de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
bulletADVIENTO - Última semana

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PORTADA
La pobreza: principal fuente de emigración al Norte. La Iglesia pide trato digno, mientras las autoridades callan
El Observador / Redacción
En espera de un «acuerdo migratorio» que venga de Estados Unidos, nuestras autoridades hacen mutis de la escena en la cual, cada año, mueren 400 compatriotas nuestros intentando llegar al «sueño americano». Miles son explotados. La Iglesia católica ha alzado su voz. Pide trato justo, defensa de los derechos humanos, igualdad y respeto para hombres, mujeres, niños y ancianos. De nuevo, su voz clama en el desierto.

Según el sistema DIF federal, cada año ocho mil niños mexicanos menores de 13 años emigran a Estados Unidos. La causa es siempre la misma: pobreza. Hasta octubre de 2004 habían tomado camino al Norte 8 mil 226 infantes. Es probable que este año se rompa el récord, y lleguemos a los diez mil niños cruzando la frontera. Este dato, más los 400 muertos registrados en su intento de buscar mejor trabajo, bastarían para llenar de vergüenza a una nación. La nuestra parece acostumbrada.

Para la Iglesia, los emigrantes sí cuentan

En múltiples reuniones, los obispos mexicanos y los de Estados Unidos han abogado por un acuerdo migratorio definitivo. El reelecto presidente Bush ha ofrecido un «acuerdo temporal» que no termina de producirse. Mientras tanto, la semana pasada, obispos de ambos lados de la frontera Norte han vuelto a denunciar las condiciones infrahumanas que existen para el paso de México a la nación americana. Y exigieron a las autoridades de ambos países a sentar las bases de un convenio que ponga, por encima de todo, la dignidad de las personas.
Actualmente hay cerca de 4 millones de trabajadores ilegales mexicanos en Estados Unidos, que se suman a los nueve millones de personas que poseen carácter «legal». Esto ha producido una «mexicanización» de algunas ciudades del vasto territorio americano. A eso se refería el papa Juan Pablo ll en su carta para la Jornada del Emigrante y del Refugiado a celebrarse el próximo mes de enero. En términos generales, el Santo Padre aboga por la integración de los emigrantes y los pueblos a donde llegan; un diálogo que supere la tolerancia y se instale en las formas elementales de la simpatía: un diálogo que enriquezca a todos.

Nadie pierde sus derechos al cruzar una línea

La Iglesia católica, en voz del Papa, ha sido muy clara al repetir a los paisanos que no pierden sus derechos al pasar el río Bravo. Ni sus derechos humanos ni los derechos divinos, que provienen de ser hijos de Dios. Los obispos mexicanos han sido muy claros en esto: a los emigrantes les han pedido que se acojan a su parroquia, que tiendan un lazo de unión con su patria a través de la fe cristiana.
Así también lo ha dicho el Santo Padre. En la carta reciente a los emigrantes y refugiados del mundo dice: «Los cristianos, si son coherentes consigo mismos, no pueden renunciar a predicar el Evangelio de Cristo a todas las gentes (…) Como centinelas, los cristianos deben ante todo escuchar el grito de ayuda que lanzan tanto inmigrantes como refugiados, y luego deben promover, con un compromiso activo, perspectivas de esperanza, que anticipen el alba de una sociedad más abierta y solidaria».
En una palabra: la integración entre culturas debe producirse más como un hecho de fe que como una conveniencia mercantil. Hasta ahora ha prevalecido el comercio sobre los trabajadores emigrantes de México. La Iglesia católica espera y trabaja para que sea la persona y no la economía, la que se imponga.

EL OBSERVADOR 493-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Cuentan con la Iglesia
Por Jaime Septién

Al regresar a México nuestros paisanos se ven acosados por toda clase de retenes, revisiones, pillos y extorsionadores. A las innumerables vejaciones que son víctimas del otro lado de la frontera, les unimos las de acá. El resultado es una ignorancia tremenda de la riqueza que proporcionan los inmigrantes a nuestro país.

Como se sabe, las remesas que mandan nuestros compatriotas desde Estados Unidos están a punto de convertirse en la primera causa de entrada de dólares a México. Cerca de 14 mil millones de billetes verdes ingresan cada año por los trabajadores mexicanos en toda la Unión Americana. Mil millones de dólares menos que el ingreso petrolero y por encima del ingreso turístico.

Defender esta fuente de riqueza debería ser una prioridad nacional. Pero no: somos tan soberanos y tan dignos que mejor callamos esta vergüenza; mejor cerramos los ojos al sostén principal de comunidades enteras, porque sabemos que son producto de un colosal fracaso. Los inmigrantes mexicanos son, por así decir, la muestra palpable de la pésima planeación gubernamental; el remanente del latrocinio sistemático por parte de la política a los recursos del país; el semáforo del miedo de nuestros empresarios y, en fin, el vestigio más notable de la llamada «sociedad de los cangrejos», la nuestra, la que no deja subir a nadie para salir de la cubeta y destacar por cuenta propia. A todos hay que sumir en la misma miseria. La miseria moral de no soportar la realidad, el éxito ajeno, el desarrollo compartido. Los paisanos que regresan para pasar estas fiestas son -en muchas ocasiones-esforzados trabajadores que han tenido que huir de México para alimentar a sus familias. Si fueran «bienvenidos», como canta la publicidad, lo serían dotándoles de trabajo digno aquí, en su tierra, entre lo suyos, y no acogiéndoles cínicamente para que regresen lo más pronto posible a EU y sigan mandando dinero a sus comunidades, dinero que debería producirse (y permanecer) en su nación.

Yo quisiera, en esta Navidad, decirle a nuestros paisanos que tienen una riqueza adicional: la Iglesia católica. Que ahora que están con sus familias se acerquen al calor de su parroquia. Y que ese calor, que es el del pesebre de Cristo, lo lleven consigo al otro lado del río Bravo. Y una vez allá, con María de Guadalupe en el corazón, sepan que la Iglesia los acoge. Que lleven su patria en su fe católica. Y cada vez que participen en la Eucaristía, recuerden que México, su México, es un país que late en Cristo Rey, en la morenita del Tepeyac, en sus tradiciones y en su raíz inspirada por el acontecimiento guadalupano. Que más que un consulado, México es una fe que trasciende los dictados oficiales y se instala en el alma de cada mexicano.

EL OBSERVADOR 493-2

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LA SONRISA DEL ÁNGEL
Un mundo demasiado serio
Por Juan Jesús Priego

«Conozco un planeta donde hay un señor colorado. Nunca olió una flor. Nunca contempló una estrella. Nunca amó a nadie. Jamás hizo otra cosa que no fueran sumas. Y todo el día repetía: «¡Soy un hombre serio!». Y esto le hacía henchirse de orgullo». Seguro que cuando Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) escribió este párrafo de El Principito pensaba, ante todo, en el planeta tierra y en los millones de señores colorados que viven en ella: hombres y mujeres que no se emocionan nunca con la belleza de las cosas, que jamás dicen una palabra cálida ni le sonríen a nadie.

A veces me da por pensar que si en algo aventajamos a los hombres y mujeres de otros siglos y épocas es únicamente en la seriedad. Hoy somos más serios que nunca, pero serios de una seriedad antipática, fría, cadavérica.

En 1863, Jules Verne, el famoso autor de novelas de anticipación, se puso a imaginar cómo serían los jóvenes managers parisinos en el siglo XX, y llegó a la conclusión de que serían «hombres sin juventud, sin corazón y sin amigos» (Paris au XXe siecle); es decir, hombres profundamente serios. ¿Cómo hizo Verne para acertar una vez más? En efecto, así son los managers en la actualidad, y no únicamente los parisinos... y ya ni siquiera sólo los managers. Todos, de alguna manera, nos hemos convertido en hombres sin juventud, sin corazón, sin amigos y sin alegría.

Hay muchas teorías válidas para explicar eso que podríamos llamar «la irrupción de la seriedad» en nuestras sociedades cosmopolitas y posmodernas. Hay quienes dicen, por ejemplo, que la culpa la tienen esas espantosas megalópolis modernas nacidas de la industrialización a la que hemos venido asistiendo desde finales del siglo antepasado. El campo se ha ido a vivir a la ciudad, a las áreas urbanas, es decir, a zonas donde nadie conoce a nadie; es natural, pues, que, en ellas, las relaciones interpersonales se desarrollen según la lógica de la funcionalidad y sean, por tanto, sumamente rígidas y frías. En la ciudad hay que caminar con cuidado. ¡Prohibido amistarse con cualquiera!

Hay otros que dicen que la culpa hay que buscarla más bien en la formación tan técnica y tan poco humanista que reciben los jóvenes en la actualidad. Hoy día —dicen los que se adhieren a esta forma de pensar— se les enseña sobre todo a diseccionar licuadoras, computadoras y autos, pero no a relacionarse con los vecinos ni a convivir positivamente con ellos. De este parecer es, por ejemplo, Furio Colombo, famoso escritor italiano, quien escribió en uno de sus libros: «¿Qué tipo de inteligencia, qué tipo de personalidad es la que se pide hoy en día? Una personalidad que posee más aptitudes matemáticas que humanas. Entre la creatividad desinteresada y la capacidad de componer y combinar a partir de estímulos materiales ya existentes, se prefiere lo segundo. Esta personalidad es veloz, categórica, tiene rápida intuición, pero carece de capacidad de diálogo: es sarcástica, agresiva (busca siempre ganar) y carente del sentido del humor».

«Es que la vida se ha vuelto demasiado compleja», dicen otros. «No hay tiempo ni siquiera para comer. ¿Cómo vamos a tener tiempo para platicar, convivir y hacer amigos? ».

Se trata, sin duda, de explicaciones sumamente válidas y legítimas. Hay mucho de cierto en cada una de ellas. Pero también es cierto que no es posible vivir en la más completa y patológica soledad. Vivimos demasiado distanciados los unos de los otros, demasiado encerrados en nuestros propios dominios y demasiado atormentados por nuestros propios demonios. ¿Qué hacer para abolir las distancias? He aquí una frase que en esta situación tal vez pueda servir de algo: «La sonrisa es la distancia más corta entre dos personas». Sí, sobre todo sonreír, que es la mejor manera de acoger. Acaso la sonrisa cultivada con constancia y desinterés pueda enseñarnos algo. Sonreír es sinónimo de atender, de estar atento al paso del prójimo por las cercanías de nuestra vida. Ella, ciertamente, no lo es todo, pero abre la puerta para hacer posible el resto. ¡Cuántos encuentros abortados por falta de una sonrisa! Cuando el otro me sonríe es señal de que puedo acercármele sin temor a que me haga daño; cuando le sonrío, es seña de que puede acercase a mí sin prevenciones y sin miedo.

La sonrisa, en el actual estado de las cosas, es la única que podría devolvernos lo que desde hace tiempo hemos perdido: la juventud, el corazón y los amigos. No por otra cosa: sólo porque es el sacramento de la cercanía.

EL OBSERVADOR 493-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Incertidumbre antes de casarse
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Voy a casarme en unos cuantos meses. Llevo una relación con mi novio desde hace un año. Él llegó a mi vida en un momento muy difícil, y puedo decir sin lugar a dudas que estoy muy enamorada de él.
El también dice que me ama y me lo ha demostrado de muchas maneras. El problema es que hace algún tiempo descubrí que salió algunas veces con otra chica (dos o tres, dice él). Al enterarme sufrí mucho, sentí que el mundo se me venía encima porque confiaba en él ciegamente; además, no concebía que alguien que dice amar a una persona pueda engañarla con otra. Obviamente intenté terminar la relación, muy a pesar de que por dentro no quería hacerlo, pues entendí que el amor se trataba de dejar libre a la persona para que pueda ser feliz con quien decida.
Hablamos horas enteras del asunto; me repitió más de diez veces que no quería perderme, que yo era lo mejor que le había sucedido y que no iba a permitir que por un error o una tentación que tuvo en su camino yo me alejara de él, que por lo menos le permitiera estar a mi lado como amigo. Al principio dije que no, que lo más sano para los dos era darnos un tiempo y que cada uno pensara bien que es lo que buscaba del otro. Yo estaba segura de que lo amaba, pero no lo estaba tanto de que él sintiera lo mismo por mí.
Decidí perdonarlo, pero esta situación ya se salió de mi control. He perdido totalmente la confianza en él y ahora no encuentro tranquilidad de ningún modo. Sé que me quiere porque me lo ha demostrado con sus actitudes, pero tengo mucho miedo de que me vuelva a engañar con otra persona a pesar de que me juró que jamás volvería a hacerlo.
Las dudas me están matando lentamente y me han provocado sentimientos encontrados ya que me siento humillada, decepcionada y desplazada. Si sale a algún lado pienso que se fue con ella; pero tampoco quiero ser tan obsesiva y trato, porque de verdad trato, de hacer un esfuerzo para aceptar que es una persona libre y que no voy a estar tras él todo el tiempo.
En otras ocasiones pienso que algo le faltó a mi lado para que hubiera decidido hacer eso. Me considero una mujer inteligente, tengo un trabajo estable y mis valores bien fundados; probablemente no soy una «miss universo», pero aún sigo sin comprender por qué en todas mis relaciones terminan engañándome. Tengo unas depresiones muy fuertes y a veces he llegado a pensar que necesito ayuda profesional.
A veces quisiera gritar y sacar todo el coraje que tengo, y al mismo tiempo el amor me gana cuando veo a mi novio; cuando me sonríe siento que mi mundo se abre, y cuando dice que me ama me siento la mujer más afortunada del mundo. Sé que perdonar es olvidar, pero no puedo. Los recuerdos dan vueltas en mi cabeza y de repente dejo caer una que otra lágrima, pero a escondidas porque quiero ahorrarme las explicaciones. Sé también que debería estar feliz con los preparativos para la boda, y realmente lo estoy porque nunca me imaginé que yo estaría algún día preparando mi propia boda; pero, cuando más feliz y segura me siento, sucede algo que me baja los ánimos. Para mí el matrimonio es algo muy sagrado y jamás he dudado en casarme con él; mi problema más bien se trata de seguridad en mí misma, ¿pero cómo puedo volver a confiar? ¿Cómo puedo olvidar todo y comenzar desde cero? Tengo miedo de que me esté aferrando a una persona y que lo que yo creo que es amor sea solamente un miedo terrible a quedarme sola. Por favor, ayúdeme, necesito su consejo, necesito sanar mi alma. No quiero vivir el resto de mis días con una duda que me atormenta. ¿Debo casarme o esperar más tiempo?

RESPUESTA
En tu carta manifiestas varias cosas que hace falta atender:

Ya no tienes confianza en él. Sea porque él no ha sabido recuperarla o porque tú tienes un problema emocional. ¿Cómo vas a casarte sin confianza? ¿Cómo van a construir una relación matrimonial sólida sin ella?

Te sientes humillada, decepcionada y desplazada. ¿Por qué lo sientes en presente y no en pasado? ¿Hay algo más aparte de la infidelidad de tu novio? No mencionas, por cierto, hasta dónde llegó esa infidelidad, qué fue lo que sucedió en esas cuantas salidas, pero supongo que tú y él ya lo hablaron. Es importante saber hasta dónde llegaron las cosas para saber qué tan desproporcionada o adecuada es tu reacción. Por cierto, perdonar no es olvidar, no vas a sufrir amnesia. Perdonar es dejar atrás el resentimiento, sanar el recuerdo y comprender, en la medida de lo posible.

Pensar que algo le faltó a tu novio a tu lado es una de las señales de una pobre autoestima. Si algo le hubiera faltado, él tendría que haberlo hablado contigo para remediarlo, o terminado contigo y cortar por lo sano. Pero no lo hizo, seguramente porque tú eres una persona muy valiosa, pero esto es algo de lo que parece ser que necesitas convencerte. Eso de que nunca imaginaste que estarías un día preparando tu propia boda suena terrible. ¿Creías que ningún hombre se iba a interesar en ti?

Podría ocurrir, sin embargo, que no te casaras, pese a ser valiosa y atractiva. Hay muchas circunstancias en la vida que hacen que una mujer no se case. ¿Por qué ves tan terrible esa posibilidad? ¿De dónde viene ese gran miedo a quedarte sola? Tienes que analizarte sinceramente, porque casarte para evitar la soledad es un grave error. Es crear, de entrada, una relación de dependencia que no es sana ni gozosa para ninguno de los dos. No puedo responder a por qué en todas tus relaciones terminan engañándote, pero al menos en parte podría tener qué ver con ese vínculo de dependencia que tal vez abruma a tus parejas. Pero, claro, la responsabilidad respecto a sus actos es de ellos, no tuya.

La felicidad que Dios te brinda no depende de si te casas o no con ese hombre; es más, no depende de si formas una familia o no. La felicidad que Dios te brinda depende de que has sido creada a su imagen y semejanza. Si te has de casar con tu novio, que no sea buscando la felicidad, sino porque se aman uno al otro y han decidido formar un hogar.

Como bien dices, necesitas ayuda profesional. Y mientras sanas, no debes tomar decisiones importantes. Asumir un compromiso tan grande como es el matrimonio mientras estás deprimida es, definitivamente, una mala idea. Lo que te aconsejo es que busques ayuda, que sanes emocionalmente y ya después decidas si te casas o no. Cuando estés bien, es muy probable que decidas casarte, y precisamente con tu novio actual; pero las bases de su relación conyugal serán sanas y tendrán más posibilidades de formar una familia donde verdaderamente se manifieste el amor. ¿No crees que vale la pena esperar y esforzarte primero por estar bien tú?

La psicóloga Cervantes responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, Apdo. 49,Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 493-4

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PINCELADAS
El tintero y la pluma
Por Justo López Melús *

En el escritorio de un poeta había un tintero que se daba mucha importancia. Decía: «Es increíble la de cosas hermosas que salen de mí. Con una sola gota de mi tinta se llena una página. ¡Y cuántas cosas magníficas se pueden leer!» La pluma, resentida, replicó: «¿No comprendes, tonto, que tú solamente pones la materia prima? Soy yo la que escribo con tu tinta. ¡La pluma es la que escribe!».
Volvió el poeta, que había ido a un concierto, y en la música se había inspirado. Y escribió en una hoja: «¡Qué necios serían el arco y el violín si pensaran que son ellos los que tocan! Igual de necios somos los hombres cuando presumimos de lo que hacemos, olvidando que somos simples instrumentos de Dios».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 493-5

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REPORTAJE
«Padres Blancos»: crónica del 20 aniversario de su presencia en México
Por Walter Turnbull

Tuvimos el honor, en El Observador, de ser invitados el pasado sábado 27 de noviembre a la Misa y fiesta de celebración de los 20 años de presencia de los «Padres Blancos» en Querétaro (y en México). Yo tuve la oportunidad de asistir a la Misa.
Fue una Misa concelebrada, compartida y festiva. Se podía respirar el cariño, la confianza y el compromiso que inspiran en la comunidad estos Misioneros de África. En la Misa se realizó también la imposición de cruces a los 7 seminaristas que pronto serán enviados a comenzar su labor en África, frutos de la cosecha en tierra mexicana. Cada cruz fue pasada de mano en mano entre todos los asistentes a la Misa para depositar en ella, con un signo, el cariño y las oraciones que han de acompañar al nuevo misionero en su labor evangelizadora.

Los inicios

Los Misioneros de África fueron fundados en 1868 en Argelia por el cardenal Carlos Lavigerie, una de las grandes figuras misioneras del siglo XIX, que aceptó abandonar su diócesis inspirado en el espíritu de san Pablo: «Ay de mí si no evangelizara», y «hacerse todo con todos para ganarlos a Cristo».
Su misión: «Vamos al encuentro de los pueblos, culturas y religiones, en especial el islam, las religiones tradicionales africanas y los nuevos movimientos religiosos». Además de llevar a Cristo a los que no lo conocen, su objetivo es entablar una relación de conocimiento respetuoso con las otras religiones y construir puentes de fraternidad entre gentes de diferentes regiones. La vida en comunidad —«que siempre sean al menos tres»— y el internacionalismo son parte importante de su actividad. Todas las casas de «Padres Blancos» son comunidades internacionales de convivencia, trabajo y oración. Desde el principio se distinguieron por su túnica blanca —como el vestido de los argelinos— y el rosario al cuello que los identificaba como hombres de oración. Una característica de su personalidad, que ha marcado la religiosidad en África, es la «espiritualidad bíblica». «La mayoría de los profesores de Biblia en África —dicen con justificada satisfacción— son 'Padres Blancos'. Es un regalo que el Espíritu ha dado a África por medio de nosotros».

Los «Padres Blancos», hoy

Hoy en día hay cerca de mil 800 «Padres Blancos» esparcidos por el mundo; por supuesto, la gran mayoría en 23 países de África. Su misión es ya no sólo el dar a conocer a Cristo, sino hacerlo presente en aquellos puntos que son más vulnerables; tantos lugares en donde campea la pobreza, la injusticia, la violencia, la enfermedad, la guerra, la persecución, la explotación, el hambre, el abuso, la desgracia... en donde es necesario renovar la vida espiritual. Una presencia de ayuda a los exiliados y a los huérfanos del SIDA o de la guerra; y una voz para dar a conocer su situación por todo el mundo y para pedir (debería decir reclamar) la justicia y la ayuda necesaria. Les ha tocado vivir guerras de independencia, guerras civiles, epidemias, hambrunas y sequías. «Cuando muchos se marchan, los misioneros nos quedamos, aunque sea para dar testimonio de nuestro interés por ellos». El peligro de muerte para un Misionero de África no es muy grande —afirman los padres— pero lo que sí se asegura es la existencia en situaciones muy precarias». A la pregunta de si todavía se puede catequizar o hay que limitarse a la promoción social, responden que la catequesis se sigue dando exitosamente, porque los pobres tienen más necesidad y más apertura a la consolación que trae el cristianismo.
En 1979, en Puebla, en la Conferencia Episcopal de América Latina, los obispos dijeron: «... ha llegado para América Latina la hora de intensificar servicios mutuos... y de proyectarse más allá de sus propias fronteras... ha llegado la hora de compartir desde la pobreza».

Los mexicanos entran en acción

En 1984, el Consejo General de los Misioneros de África decide enviar los primeros padres a México a «dar la oportunidad a la Iglesia mexicana de participar en esa hermosa misión». Sus objetivos son: Crear una comunión entre las Iglesias de África y la Iglesia de México; promover grupos sensibles a la problemática «sur-sur»; trabajar en la animación misionera y vocacional tanto para África como para la diócesis; y trabajar en la pastoral de conjunto de la diócesis. Su primer empeño fue descubrir la riqueza de la cultura mexicana y aprender el lenguaje (que, por cierto, lo hablan sorprendentemente bien).
A la fecha la comunidad cuenta con 7 seminaristas y, a lo largo de estos años, 5 mexicanos han sido ordenados como Misioneros de África.

Testimonio vivo entre nosotros

El padre «Bob» (al que tuve el gusto de entrevistar), la última vez que fue a Tanzania, les llevó saludos de sus hermanos de Querétaro y cuenta que fueron recibidos con enorme alegría.
Otro padre que regresó a Uganda después de haber estado en México, asegura que realiza su trabajo con más ánimo sintiendo que cuenta con el apoyo de los mexicanos y por haberse fortalecido su celo apostólico viviendo en esta tierra de mártires.
Aunque no es parte de su objetivo, pudimos constatar la magnífica labor que están llevando a cabo en la comunidad que los rodea. Su simpatía, su sencillez, su entrega, su disponibilidad, su desprendimiento, su creatividad... cualidades que acompañan al misionero, ciertamente están dando frutos también aquí en Querétaro.
Felicidades, «Padres Blancos», por cumplir 20 años de trabajo fecundo en nuestra ciudad, y gracias por compartir su misión con nosotros.

EL OBSERVADOR 493-6

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JÓVENES
Navidar,porque hay más
felicidad en «dar»...
Por Luis Carlos Frías / www.dynamis.com.mx  
Navidar, excelente producción que es la viva prueba musical de que no se necesita el último modelo de consola de sonido, ni el mejor estudio, ni la gran disquera detrás para hacer un álbum de nivel… Lo que se necesita son pesebres.

Martín Valverde y Producciones Dynamis presentaron su más reciente producción titulada: NAVIDAR, proyecto musical navideño en el que participaron 16 cantautores católicos de once países: Martín Valverde, de Costa Rica-México; Kiki Troia y Daniel Poli, de Argentina; Ziza y Adriana, de Brasil; Alexis Jiménez, de Costa Rica; Marco López, de Chile; Migueli, de España; Giorgio Guizzi, de Italia; Mónica Arroyo, Rafael Duarte y Eduardo Ortiz Tirado, de México; Sara Torres, de Nicaragua-EU; Patricia y Ana Lucía Vlieg, de Panamá-EU, y Luis Enrique Ascoy, de Perú.

Esta producción es un fruto más del trabajo en red de los músicos católicos de Europa y América. Juan Francisco Troia (Kiki), con su gusto y capacidad musical, fue quien dirigió el proyecto; Dynamis puso su capacidad de convocatoria; y cada uno de los invitados, a fin de cuentas amigos, su increíble y generosa expresión de amor y de fe a Jesús niño hecha canción.

La producción tomó más de un año de trabajo y disposición a grabar donde las circunstancias así lo exigieran: en medio de giras de conciertos, en cuartos de herramientas, casas de campo, hasta en el escenario de un colegio de religiosas en España, cabinas de radio católicas y, por supuesto, en habitaciones de hotel.

El trabajo final se hizo durante el XLVIII Congreso Eucarístico Internacional de Guadalajara, y su conclusión representa, según Martín Valverde, haber vivido la experiencia de la humildad y sencillez con la que Dios se hizo presente y con la cual nos pide que vivamos. Agregó: «El álbum se grabó prácticamente en pesebres», son los artistas los que dan el color y no las máquinas con que se trabaja.

La temática es variada, y los ritmos, para todos los gustos. Hay canciones como «Ya nació» (canción lema, cantada por todos), compuesta por Valverde hace varios años, y cantos hechos específicamente para el álbum y la época.

Una muestra del álbum se ofreció en presentaciones en Colombia y Estados Unidos. El 10 diciembre se presentó en el Teatro de la Ciudad, de Guadalajara, y el 11 de diciembre se realizó un concierto navideño en el foro de la tienda Música en Fe Sostenida, en dicha ciudad.

Demos, fotografías, entrevistas y otros recursos están disponibles en el sitio de internet www.martinvalverde.com , y el disco ya está en librerías católicas de América.

EL OBSERVADOR 493-7

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Abecedario para la Navidad

A
gradecer a Dios el habernos regalado las personas con las que convivimos.
B
uscar el bien común por encima de los intereses personales.
C
ompartir lo que tenemos. Aunque nuestros bienes sean pocos, siempre hay alguien más necesitado que nosotros.
Ch
arlar con las personas; no permitir que la televisión y la internet nos roben esa buena costumbre.
D
ar lo mejor de uno mismo, poniéndose siempre al servicio de los otros.
E
stimar a los otros sabiendo reconocer sus capacidades.
F
acilitar las cosas dando soluciones y no creando más problemas.
G
anar la confianza de los otros compartiendo con ellos sus preocupaciones.
H
eredar la capacidad de aquellos que saben ser sinceros con valentía y respeto.
I
nterceder por los otros a Dios, antes de hablarle de nuestras cosas.
J
uzgar a los otros por lo que son, no por lo que tienen ni por lo que aparentan.
L
imitar las ansias personales frente a las necesidades del grupo.
Ll
enarse con lo mejor que uno encuentra en el camino de la vida.
M
ediar entre los compañeros que no se entienden.
N
ecesitar de los otros sin ningún prejuicio.
O
lvidar el miedo al qué dirán dependiendo de la opinión de los demás.
P
reocuparse por los más débiles o más necesitados.
Q
uerer siempre el bien de las personas.
R
espetar las opiniones de los demás, los derechos de las personas.
S
alir al encuentro del otro, no esperando que él dé el primer paso.
T
olerar los defectos y limites propios y ajenos con sentido del humor
U
nirnos todos para vivir en paz y armonía.
V
alorarse con realismo sin creerse superior a los demás.
X
es una incógnita que invita a la búsqueda constante de la verdad con mayúscula.
Y
uxtaponer ilusiones y esperanzas, trabajos y esfuerzos por crear fraternidad.
Z
ambullirse sin miedo en el nuevo día que Dios regala cada mañana.

(Adaptado de Alfa y Omega)

EL OBSERVADOR 493-8

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
¿Qué Niño es éste?
Por Antonio Maza Pereda

En estas navidades vuelven a salir a relucir los hermosos villancicos, sencillos y a veces ingenuos recordatorios del acontecimiento que divide la historia de la humanidad en dos partes: antes y después del nacimiento de este Niño que es nuestro Señor y Creador.
Uno de ellos, un villancico inglés que, según algunos, viene del siglo X, pero que con toda seguridad se imprimió a partir del siglo XVI, se titula «¿Qué Niño es éste?». Una traducción libre del villancico empieza así:

¿Qué Niño es éste, que está descansando
en el regazo de María? Está durmiendo
a quien los ángeles cantan dulces himnos
mientras los pastores lo custodian.
Éste, éste es Cristo, el Rey.

Sí, este Niño pequeño e indefenso es Rey. No estamos diciendo que llegaría a ser rey; ya lo era desde el momento de su nacimiento, ya lo era antes de encarnarse en el vientre de María. Esto es lo que celebramos, esto es lo que nos hace dichosos. Puede ser que lo hayamos olvidado en el barullo de nuestra vida tan cargada de trabajo y preocupaciones; puede ser que, aunque seamos católicos, influidos por el entorno, ya celebremos otras cosas asociadas a la Navidad, pero que se nos haya olvidado lo esencial. Gracias a este Niño, los que éramos esclavos del pecado ahora, si lo deseamos, podemos ser libres. Éramos sujetos a condenación eterna, y ahora somos hijos de Dios. Estábamos en la oscuridad, y ahora vivimos en la luz.

La pregunta del villancico es una que nos tenemos que seguir haciendo. ¿Quién es, para nosotros, este Niño? Más allá de lo que nos dice nuestra razón, ¿qué significa este Niño en nuestra vida, en nuestro quehacer diario? ¿Qué significa en nuestro corazón? ¿Qué significa en nuestra sociedad? Posiblemente ésta sea una de las preguntas fundamentales de nuestra vida. Otros podrían no responder esta pregunta y, finalmente, nada pasará. Nosotros, los católicos, no podemos dejar de planteárnosla. Podemos verlo como nuestro Creador, al que nos sometemos por obligación. Lo podemos ver como nuestro Rey, al que le reconocemos una autoridad que solo a Él le corresponde. Lo podemos ver como el Amigo, el que ha querido ser nuestro amigo y que nos ha elevado hasta su altura. Podemos verlo, como lo hacen los místicos, como el Amado, al que amamos siempre de un modo insuficiente, pero que de todas maneras nos ama con todo su corazón, hasta dar la última gota de su sangre por nosotros.

Según el modo como nos respondamos esta pregunta, claramente, dependerá cómo vivamos en esta vida, tan corta, y cómo viviremos en la vida que no se acaba, en esa eternidad gloriosa para la que Dios nos creó. Él nos hizo para que seamos eternamente felices después de una corta estancia en este valle de lágrimas; después de pasar esta mala noche en una mala posada, como decía santa Teresa de Ávila que es esta vida.

Ése es este Niño. Ésa es esta fiesta, tan querida, de su nacimiento, de su Natividad. Ése es el motivo de nuestra alegría y de nuestra celebración. Todo lo demás es bello, e incluso bueno: regalos, juguetes, celebración. Pero esto… esto es lo esencial. ¡Feliz Navidad!

EL OBSERVADOR 493-9

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INTERNACIONAL
Se extiende cada vez más por el mundo la «navidad» sin Cristo
Se hace la guerra al cristianismo mientras que al ateísmo, al paganismo y a otras religiones se les da protección legal

Mientras el paganismo gana protección legal, el cristianismo continúa marcado por la exclusión. En la pasada Navidad, por ejemplo, la Cruz Roja británica prohibió la mención de Jesús en sus tiendas. También vetó las tarjetas navideñas con imágenes del nacimiento de Cristo y los calendarios de Adviento que mostraran a María, José y los Reyes Magos.
Mientras tanto, la tarjeta de «navidad» enviada en diciembre del año pasado por la secretaria de cultura del Reino Unido, Tessa Jowell, mostraba a bailarines hindúes y dibujos de mezquitas.
Y en Australia el ministro de transportes del estado de Victoria, Peter Batchelor, eligió en la Navidad 2003 una tarjeta «navideña» con una con una imagen tomada de la mitología de los aborígenes, sin ninguna referencia cristiana.

Las clases políticas suelen ser aliadas del anticrisitiano

El parlamento de Escocia también suprimió hace un año cualquier referencia al cristianismo en sus tarjetas. Esto fue demasiado, incluso para un autodeclarado agnóstico como Jim Sillar, que se quejó de la medida en un comentario publicado por el periódico Scotsman el 3 de diciembre. «Tales decisiones no tienen que ver con el hecho de mostrar una mayor tolerancia con las religiones no cristianas», observaba Sillar. «Todavía no me he encontrado con un solo judío, musulmán, hindú o sikh que nos objete el tener a Cristo como centro de la Navidad. Quita a Cristo y tendrás una celebración pagana».
Christine Odone, redactora jefe de la revista británica New Statesman, opina que las «clases parloteantes» comparten un prejuicio común contra los cristianos. Pero no sólo fue desde el año pasado cuando se hizo todo lo posible por trastocar el verdadero significado de la Navidad; el asunto es más viejo. En diciembre de 2002, por ejemplo, los empleados de los grandes almacenes Gap de Canadá, desearon a sus clientes «felices vacaciones» en lugar de «feliz Navidad», informaba el National Post el 11 de diciembre.
El mismo año, el ayuntamiento de Toronto decidió cambiar el nombre al árbol de Navidad de la ciudad, poniéndole «árbol de vacaciones» (aunque después lo cambiaron).
Quizás las noticias más escandalosas vinieron del Museo Real de Ontario, que decidió usar en el osario de Jacobo los términos de «Era Común» y «Antes de la Era Común» (tal como lo hace desde hace mucho tiempo la secta anticristiana Testigos de Jehová), en lugar de «Antes de Cristo» o «Después de Cristo».

Luchando por recristianizar a la sociedad pagana

El Alemania, Eckhard Bieger, un sacerdote de Frankfurt, organizó hace dos años una protesta contra la comercialización de la Navidad proclamando una «zona libre de Santa Claus», informaba Reuters. El padre Bieger distribuyó cinco mil pegatinas anti-Santa Claus, con la imagen de Santa Claus en un círculo con una barra cruzándola. El sacerdote dijo que no tenía nada contra los regalos y las celebraciones familiares, pero defendía: «Santa Claus es una creación de la industria de la publicidad», diseñada para promover los intereses comerciales. Así, él refiere promover la figura de san Nicolás, más que la «cáscara vacía» de Santa Claus. Y quiere reavivar la tradición alemana de san Nicolás, yendo de casa en casa la noche del 6 de diciembre, poniendo caramelos en los zapatos de los niños buenos.

Santa Claus, una amenaza para los austriacos

Tampoco los austriacos están muy contentos con Santa Claus. Lo ven como una amenaza a su Christkind (Cristo niño) tradicional, informaba el el New York Times. La preocupación por la invasión de Santa Claus llevó a la formación de un grupo denominado Asociación Pro-Christkind. El grupo, con sede en Innsbruck, está pidiendo a las tiendas que cambien sus escaparates de Santa Claus y su reno por imágenes de Cristo niño y los ángeles.
Incluso aunque los orígenes de Santa Claus se puedan remontar a san Nicolás de Bari, tanto alemanes como austriacos se quejan de que una campaña de anuncios de Coca Cola de los años 30 haya popularizado un Santa Claus secular (es decir, arreligioso), vestido de rojo.

Santa Claus, es el verdadero salvador... del comercio

En Estados Unidos, Dell deChant, profesor de estudios religiosos en la Universidad del Sur de Florida, publicó un libro defendiendo que la «navidad» secular se ha vuelto una especie de religión en sí misma. El libro, The Sacred Santa: Religious Dimensions of Consumer Culture, explica cómo Santa Claus, y no Jesús, es el salvador, al menos para los comerciantes.
Esta «cultura religiosa disfrazada», dice Chant, tiene muchas de las características de una religión tradicional.

Escuelas sin Navidad

Tampoco han faltado las batallas legales sobre la Navidad. Uno de los casos que más atrajo a la opinión pública en diciembre de 2002 fue el del Thomas More Law Center, que demandó a la ciudad de Nueva York y sus autoridades porque el gobierno prohibió las escenas de Navidad en las escuelas de Nueva York. La política, sin embargo, no sólo permite sino que anima otras escenas estacionales, como el menorah judío y la estrella naciente islámica.

(Fuente: Zenit.org-El Observador)

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La propuesta del Papa

Quienes buscan un sentido más espiritual a la Navidad pueden encontrar inspiración en lo que Juan Pablo II ha dicho en los últimos años en sus homilías en las Misas del Gallo. Él ha hablado de la Navidad como de un «evento de luz» que «disipa las nubes del pecado».

Para los oprimidos y los que sufren, y para aquellos que caminan en la oscuridad, brilla «una gran luz». Ésta es la luz, «que irradia desde la humildad del pesebre», y «es la luz de la nueva creación». El Papa explica: «Si la primera creación comenzó con la luz, cuanto más espléndida y 'grande' es la luz que inaugura la nueva creación: ¡Es Dios mismo hecho hombre!».

Haciendo frente a «los implacables titulares de las noticias», observaba Juan Pablo II, «estas palabras de luz y esperanza pueden parecer palabras de un sueño. Pero éste es precisamente el desafío de la fe, que hace de esta proclamación algo que conforta y exige. Nos hace sentirnos envueltos en la ternura del amor de Dios, mientras que, al mismo tiempo, nos demanda un amor práctico a Dios y a nuestro semejante».

Juan Pablo II rechaza la idea de la Navidad como un acontecimiento lejano: «La venida de Cristo entre nosotros es el centro de la historia, que a partir de entonces adquiere una nueva dimensión. Es Dios mismo el que escribe la historia para entrar en ella. De esta manera, el acontecimiento de la Encarnación se amplía para abrazar a toda la historia humana, desde la creación hasta la segunda venida».

Y este nacimiento terrenal de Jesús «atestigua de una vez por todas que en él todo hombre se ve inmerso en el misterio del amor de Dios, que es la fuente de la paz definitiva». Por lo tanto, «toda la creación está invitada a cantar al Señor un cántico nuevo, a alegrarse y exultar juntos con todas las naciones de la tierra».

EL OBSERVADOR 493-10

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COLUMNA ABIERTA
Diablo de pastorela
Por Walter Turnbull

Es común en las pastorelas ver diablos graciosos y divertidos. Es un síntoma de la ignorancia que tenemos respecto a quién es realmente el diablo.

Es tiempo de Adviento y Navidad. Tiempo de posadas y pastorelas cómicas. Tiempo de diablos graciosos, pastorelas en las que el diablo aparece como el ganador, como el héroe. La inconsciente ilusión del liberal.

Hace unos días, en un programa «cultural», le preguntaban a los entrevistados: «¿Dios o el diablo?» Uno de ellos hábilmente contestó: «Los ángeles». La ilusión del liberal moderno. No un Dios celoso que compromete, que desafía, que pide mucho porque lo da todo. Mejor los ángeles, cándidos y bonachones, seres mágicos a nuestro servicio, maquinitas de hacer favores sin exigir nada a cambio. El otro —¿payaso, pobre, vivales, ingenuo, ignorante, suicida, farsante? ¿Cuán sería el calificativo adecuado?— se vio más descarado: «No, los ángeles son muy aburridos. Yo prefiero al diablo».

Y en las pastorelas comerciales se refleja este sentir: los diablos son los protagonistas. Se roban la obra. Se les dedica casi todo el tiempo, y sus apariciones son siempre cómicas, sus respuestas siempre creativas, y hay que ver cómo se divierten. Tranquilamente se burlan del ángel que viene a combatirlos y engatusan a los pastores a desviarse del camino. El ángel no puede nada contra ellos. El diablo es ingenioso, gracioso, poderoso, es un triunfador... Si pierde el diablo es muy al final, en un instante fugaz, sin que nadie lo note, sin que se sepa cómo, si es que pierde.

En la vida real se da una situación parecida. El mexicano ve en el diablo la parte chusca de la vida. El diablo es la chispa, la astucia, la marrullería, la diplomacia, la maña, el ingenio, la comicidad, la diversión. Es una herramienta indispensable. Prácticamente a él le debemos nuestra supervivencia. «Estábamos mejor con la corrupción», dicen algunos. Y así vamos por la vida, dejándonos seducir por el diablo y sus tentaciones. Los ángeles son aburridos, el pesebre está incómodo, oscuro y frío. El diablo es quien en realidad nos satisface. Ahorita estoy con el diablo. Dios puede esperar. Se nos figura que podemos disfrutar lo que el diablo nos ofrece y al final, con un golpe de suerte o de manubrio, cambiarnos al buen carril.

Qué bueno sería que nos diéramos cuenta que el demonio es un ser despreciable, que ha perdido por su propia decisión cualquier acceso a la felicidad; es el perdedor por excelencia; y que quiere arrastrarnos a su desgracia. Que su mayor deseo es hacernos eternamente infelices como él lo es.

Que entendiéramos que, por alguna razón que nosotros no podemos entender, Dios, en su sabiduría infinita y en su designio de amor, ha permitido al diablo mucho poder y muchas libertades, pero no tiene en sí ningún poder sobre Dios o sobre los ángeles. Que al final de los tiempos, o en cualquier momento que sea necesario, los ángeles lo volverán a precipitar al infierno sin ninguna dificultad, y entonces veremos que fue una pésima decisión aliarnos con él por unas migajas de aparente felicidad.

Hay que enterarse de lo que son las cosas y llamar a las cosas por su nombre. Ingenio, astucia, gracia, son parte de la inteligencia que Dios nos ha dado y que podemos usar para buscar nuestro bien. El demonio es un ser poderoso que quiere nuestra infelicidad eterna, y hacia allá nos dirigimos cuando coqueteamos con él. Ojalá nos tocaran más pastorelas en las que quedara bien claro.

EL OBSERVADOR 493-11

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Comentarios necesarios sobre la tristemente famosa obra «El Código Da Vinci» (V)
Trampas hasta en las trampas
Por Walter Turnbull

En El Código Da Vincihay material de muchos tipos: new age, ocultismo, historas secretas, neopaganismo, astrología, religiones orientales y de indios americanos; pero la parte principal la llevan el gnosticismo, el feminismo radical y el relajamiento moral. Digamos que pone el gnosticismo y una actitud pseudo indagatoria al servicio del feminismo y del libertinaje.
Cuando presenta su teoría sobre la adoración del sagrado femenino y los ritos de la fertilidad en el cristianismo primitivo, emplea interpretaciones personales (propias o ajenas) y varios documentos representantes de estas doctrinas, pero incurre en una serie de trampas y traiciones contra el lector y contra las mismas doctrinas que supuestamente defiende. Veamos algunas.

Traición a María Magdalena

María Magdalena es tratada injustamente por el autor. Asegura Brown que la Iglesia católica, de manera maquiavélica, preservó solamente los documentos (en plural) en los que se le trataba como prostituta.
Es común que se confunda a María Magdalena con María la pecadora a la que perdonó Jesús en Lucas 7, 36-50, y con María la hermana de Marta. Sin embargo, la Iglesia nunca ha dicho que estas mujeres sean la misma.
Magdalena, apóstol de los apóstoles, es introducida en el Evangelio sólo por san Lucas hasta el capítulo 8, 1-4 como una mujer de la que Jesús había arrojado
siete demonios. Así, pues, los «malvados» documentos de que habla Brown son solamente uno, un pasaje del Evangelio de san Lucas; y en ese pasaje nunca se dice que fuera una prostituta. Habla de enfermedad y de posesión diabólica, a menos, claro, que nuestro letrado autor dé por sentado que la mujer arrepentida del capítulo 7, 36-50 sea María Magdalena. En ese caso, el que estaría diciendo que María Magdalena era prostituta sería Dan Brown, y no la Iglesia.
Y, como siempre, cabe una pregunta: si la Iglesia odia tanto a María Magdalena, ¿por qué no borró el texto en el que ella es la primera en encontrarse con Jesús resucitado, convirtiéndose en el apóstol de los apóstoles?

Engaño al feminismo y traición a los gnósticos

Dan Brown recurre a dos «evangelios» apócrifos de doctrina gnóstica, el de Felipe y el de María, para probar la relación de Jesús con María Magdalena como compañeros amorosos. Lo que no dice es que en otro famoso texto gnóstico, el «Evangelio de Tomás», Pedro asegura lo siguiente: «Las mujeres no merecen vivir», a lo que Jesús supuestamente contesta: «Yo personalmente la voy a guiar para hacer de ella un espíritu viviente que se parezca a ustedes, varones. Porque cada mujer que se haga a sí misma varón entrará en el reino de los cielos».
Si Brown desentierra el gnosticismo antiguo como la verdadera doctrina del auténtico cristianismo y acepta los evangelios de Felipe y María como ciertos, tendría que aceptar también este otro que pertenece al mismo grupo de libros; pero prefiere no mencionarlo, dado que el gnosticismo antiguo en realidad era machista, elitista, y despreciaba el cuerpo y todo lo material, y evidentemente contradice la teoría de que la femineidad sexual de Magdalena debía ser adorada como la de una diosa.
Las feministas que creen equivocadamente haber encontrado una fuente histórica para justificar su lucha, han sido cruelmente engañadas, y los gnósticos que plasmaron en su doctrina ciertas ideas sobre la sexualidad han sido traicionados.

Traición contra los ritos de la fertilidad

Dan Brown, en su novela, habla de «ritos de fertilidad» (es decir uniones sexuales) que practicaban, según él, los judíos en el templo de Salomón, los cristianos primitivos, los masones y, más recientemente, los miembros del «priorato de Sion» (una agrupación esotérica encargada de conservar los antiguos secretos del cristianismo original, y a la cual pertenecen los protagonistas de la novela). Dichos ritos estarían inspirados en el culto a Isis, la diosa egipcia de la fertilidad.
Lo curioso es que los «ritos» que practican los protagonistas no tienen nada que ver con la fertilidad, sino que es solamente una exaltación de la sexualidad. La fertilidad implica procreación, pero los protagonistas lo que buscan es sexo sin concepción. Justo lo contrario de lo que predica el cristianismo desde sus orígenes, y muy diferente de lo que sería un verdadero culto a lo femenino por su fertilidad.
En fin, Dan Brown, para sostener sus teorías, toma de los gnósticos y de las religiones antiguas los pedazos que le convienen y desecha los que lo contradicen, exactamente como él dice que hizo la Iglesia con los Evangelios originales.

EL OBSERVADOR 493-12

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ADVIENTO
El qué, cómo y cuándo de la gran fiesta de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

Misa de media noche
.- Durante el pontificado del papa Sixto III (432-440) se introdujo la costumbre de oficiar la Misa a media noche en la basílica de Santa María Mayor. La celebraba el vicario de Cristo.
Es posible que dicha costumbre se inspirara en la que existía entre los cristianos de Jerusalén que acudían a la basílica de la Natividad en Belén, y pasaban la noche en oración, junto a la gruta donde se veneraba el sitio del nacimiento de Jesucristo.
Siguiendo una tradición romana (siglo IV), por un privilegio papal, los sacerdotes pueden celebrar o concelebrar tres Misas el 25 de diciembre, con tal que se celebren a su debido tiempo: a media noche (o vísperas), a la aurora y durante el día.
Los fieles que comulgaron en la Misa de media noche pueden comulgar otra vez en una de las Misas del día.

Nacimiento de Jesús.-En la Sagrada Escritura leemos: «En aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento fue hecho cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad; José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que estando allí, le llegó la hora del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada» (Lc 2, 1-7).
San José y la Virgen María recorrieron cerca de ciento cincuenta kilómetros, de Nazaret a Belén, durante cuatro o cinco días. El Evangelio afirma que, cuando llegaron san José y la Virgen María a Belén, no hubo lugar en la posada para ellos. Es por eso que se dirigieron a una de las cuevas que existen en ese lugar. En los aledaños de Belén, como en toda la región de Judea, abundan las cavernas naturales formadas en la montaña calcárea; los pastores de la zona alojaban a su ganado en dichas cuevas, por esta razón es que había un pesebre en la cueva donde nació el Niño Jesús.

Fecha del nacimiento.-
Los evangelistas san Mateo y san Lucas relatan la época histórica y el año, pero no dicen nada del día en que nació Jesucristo. Durante los siglos II y III los cristianos asociaron el nacimiento de Jesús con la Anunciación, que tradicionalmente se ha celebrado el día 25 de marzo; esta fecha guarda relación con la Navidad (25 de diciembre), exactamente a los nueve meses de la Concepción del Verbo. San Hipólito (siglo III), supuso que el nacimiento de Jesús fue el 25 de diciembre.
El primer testimonio que ha llegado hasta nosotros de la fiesta de Navidad corresponde a un calendario litúrgico del año 354, que tiene la siguiente referencia:
VIII KAL. IAN. NATUS CHRISTUS IN BETHLEHEM IUDAE
(el 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea).
De Roma pasó a otras ciudades y, después, a Oriente, porque los católicos orientales celebraban la Navidad el 6 de enero.
En el siglo IV se introdujo, en todas partes, la fecha del 25 de diciembre para la Navidad y el 6 de enero para la adoración de los Reyes Magos.

La ciudad de Belén.-
Durante mucho tiempo se le llamó Efratá, que significa la fértil, aludiendo a la fertilidad de su territorio.
San Lucas dice: Belén. Este nombre, según la raíz hebrea BETHLEHEM, significa casa del pan.
San Jerónimo hace uso de los dos nombres: «¡Salve, Belén, casa del pan, donde nació el Pan que descendió del Cielo! ¡Salve, Efratá, región rica en cosechas y frutos, cuya fertilidad viene de Dios!».
«Y tú, Belén-Efratá, pequeña eres entre los millares de Judá, mas de ti saldrá Aquél que ha de reinar en Israel» (Miqueas 5,1).

Nombres de Jesucristo.-
Los nombres de Jesús, Emmanuel y Cristo tienen los siguientes significados:
Según la raíz hebrea IESHUA, el nombre de Jesús significa salvador. «Jesús es el nombre exclusivo del que es Dios y Hombre, el cual significa Salvador, impuesto a Cristo no casualmente ni por dictamen o disposición humana, sino por consejo y mandato de Dios»(Catecismo Romano 1,3).
Conforme a la raíz hebrea AIMMANUEL, el nombre de Emmanuel significa Dios-con-nosotros.
De acuerdo con la raíz griega KRISTOS, el nombre de Cristo significa Ungido.

(Tomado de La Navidad, de Julio Baduí Dergal, Ediciones IMU)

EL OBSERVADOR 493-13

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ADVIENTO
¿Y al fin de quién es el cumpleaños?
Un calendario para que la familia viva el Adviento
Última semana

1)
Compartan la Buena Nueva durante la semana; planifiquen cómo testificar a otros acerca de que la Navidad no es otra cosa que la fiesta de cumpleaños de Jesucristo, quien, siendo Dios, se hizo Hombre para salvarnos.

2)
Preparen un «Periódico para Compartir las Buenas Nuevas». Redacten anuncios ficticios, como, por ejemplo, solicitando paja para el pesebre; un anuncio del nacimiento de Cristo; una entrevista con los Reyes Magos o con el Rey Herodes; pretenda alguno de ustedes que es uno de los pastores e informe del concierto celestial de los ángeles cerca de Belén, etc. Inviten a otros a contribuir con artículos breves que compartan el gozo por el advenimiento de Jesús.

3)
Platiquen con amigos y conocidos (en la escuela, el trabajo, los vecinos, etc.) acerca de cuál de las muchas decoraciones navideñas que se ven por todos lados comunica mejor el verdadero significado de la Navidad.

4)
Memoricen en familia Lucas 2, 1-14. Cada uno debe memorizar una porción. Recítenla a sus invitados durante la celebración de la Natividad del Señor.

(Adaptado de http://www.simpleliving.org )

EL OBSERVADOR 493-14

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FIN

 
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