El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
6 de febrero de 2005 No.500

SUMARIO

bulletPORTADA -«En Dios está tu vida, así como la prolongación de tus días»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR -Número 500
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - La oración salva del abismo
bulletFAMILIA -Saber disfrutar la vida
bulletPINCELADAS - ¿Buena suerte?
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - La Medalla Milagrosa
bulletCrónica de la peregrinación nacional juvenil 2005al santuario de Cristo Rey
bulletENTREVISTA - Gracias a los medios, la Iglesia puede evangelizar por nuevos caminos: John Elson, directivo de EWTN
bulletFLOR DE HARINA - Existencia teológica
bulletLa conversión de André Frossard
bulletAÑO DE LA EUCARISTÍA - La Misa dominical, centro de la vida cristiana en Iberoamérica
bulletHay que acercar a los niños a la Santa Eucaristía lo antes posible
bulletSEXUALIDAD Y FAMILIA - Formar a los hijos con amor y en el amor

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PORTADA
«En Dios está tu vida, así como la prolongación de tus días»
Mensaje de Juan Pablo II para la Cuaresma 2005

¡Queridos hermanos y hermanas!

1.Cada año la Cuaresma nos propone un tiempo propicio para intensificar la oración y la penitencia y para abrir el corazón a la acogida dócil de la voluntad divina. Ella nos invita a recorrer un itinerario espiritual que nos prepara a revivir el gran misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, ante todo mediante la escucha asidua de la Palabra de Dios y la práctica más intensa de la mortificación, gracias a la cual podemos ayudar con mayor generosidad al prójimo necesitado.
Es mi deseo proponer este año a vuestra atención, amados hermanos y hermanas, un tema de gran actualidad, ilustrado apropiadamente por estos versículos del libro del Deuteronomio: «En Él está tu vida, así como la prolongación de tus días» (Dt 30,20). Son palabras que Moisés dirige al pueblo invitándolo a estrechar la alianza con el Señor en el país de Moab: «Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a Él» (Dt 30, 19-20). La fidelidad a esta alianza divina constituye para Israel una garantía de futuro, «mientras habites en la tierra que el Señor juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob» (Dt 30,20). Llegar a la edad madura es, en la visual bíblica, signo de la bendición y de la benevolencia del Altísimo. La longevidad se presenta de este modo como un especial don divino.
Desearía que durante la Cuaresma pudiéramos reflexionar sobre este tema. Ello nos ayudará a alcanzar una mayor comprensión de la función que las personas ancianas están llamadas a ejercer en la sociedad y en la Iglesia, y, de este modo, disponer también nuestro espíritu a la afectuosa acogida que a éstos se debe. En la sociedad moderna, gracias a la contribución de la ciencia y de la medicina, estamos asistiendo a una prolongación de la vida humana y a un consiguiente incremento del número de las personas ancianas. Todo ello solicita una atención más específica al mundo de la llamada «tercera edad», con el fin de ayudar a estas personas a vivir sus grandes potencialidades con mayor plenitud, poniéndolas al servicio de toda la comunidad. El cuidado de las personas ancianas, sobre todo cuando atraviesan momentos difíciles, debe estar en el centro de interés de todos los fieles, especialmente de las comunidades eclesiales de las sociedades occidentales, donde dicha realidad se encuentra presente en modo particular.

2. La vida del hombre es un don precioso que hay que amar y defender en cada fase. El mandamiento «No matarás» exige siempre el respeto y la promoción de la vida, desde su principio hasta su ocaso natural. Es un mandamiento que no pierde su vigencia ante la presencia de las enfermedades, y cuando el debilitamiento de las fuerzas reduce la autonomía del ser humano. Si el envejecimiento, con sus inevitables condicionamientos, es acogido serenamente a la luz de la fe, puede convertirse en una ocasión maravillosa para comprender y vivir el misterio de la Cruz, que da un sentido completo a la existencia humana.
Es en esta perspectiva que el anciano necesita ser comprendido y ayudado. Deseo expresar mi estima a cuantos trabajan con denuedo por afrontar estas exigencias y os exhorto a todos, amadísimos hermanos y hermanas, a aprovechar esta Cuaresma para ofrecer también vuestra generosa contribución personal. Vuestra ayuda permitirá a muchos ancianos que no se sientan un peso para la comunidad o, incluso, para sus propias familias, y evitará que vivan en una situación de soledad, que los expone fácilmente a la tentación de encerrarse en sí mismos y al desánimo.
Hay que hacer crecer en la opinión pública la conciencia de que los ancianos constituyen, en todo caso, un gran valor que debe ser debidamente apreciado y acogido. Deben ser incrementadas, por tanto, las ayudas económicas y las iniciativas legislativas que eviten su exclusión de la vida social. Es justo señalar que, en las últimas décadas, la sociedad está prestando mayor atención a sus exigencias, y que la medicina ha desarrollado terapias paliativas que, con una visión integral del ser humano, resultan particularmente beneficiosas para los enfermos.

3.El mayor tiempo a disposición en esta fase de la existencia brinda a las personas ancianas la oportunidad de afrontar interrogantes existenciales, que quizás habían sido descuidados anteriormente por la prioridad que se otorgaba a cuestiones consideradas más apremiantes. La conciencia de la cercanía de la meta final induce al anciano a concentrarse en lo esencial, en aquello que el paso de los años no destruye.
Es precisamente por esta condición que el anciano puede desarrollar una gran función en la sociedad. Si es cierto que el hombre vive de la herencia de quien le ha precedido, y su futuro depende de manera determinante de cómo le han sido transmitidos los valores de la cultura del pueblo al que pertenece, la sabiduría y la experiencia de los ancianos pueden iluminar el camino del hombre en la vía del progreso hacia una forma de civilización cada vez más plena.
¡Qué importante es descubrir este recíproco enriquecimiento entre las distintas generaciones! La Cuaresma, con su fuerte llamada a la conversión y a la solidaridad, nos ayuda este año a reflexionar sobre estos importantes temas que atañen a todos. ¿Qué sucedería si el Pueblo de Dios cediera a una cierta mentalidad actual que considera casi inútiles a estos hermanos nuestros, cuando merman sus capacidades por los achaques de la edad o de la enfermedad? ¡Qué diferentes serán nuestras comunidades si, a partir de la familia, tratamos de mantenernos siempre con actitud abierta y acogedora hacia ellos!

4.Queridos hermanos y hermanas: durante la Cuaresma, ayudados por la Palabra de Dios, meditemos cuán importante es que cada comunidad acompañe con comprensión y con cariño a aquellos hermanos y hermanas que envejecen. Además, todos debemos acostumbrarnos a pensar con confianza en el misterio de la muerte, para que el encuentro definitivo con Dios acontezca en un clima de paz interior, en la certeza de que nos acogerá Aquel «que me ha tejido en el vientre de mi madre» (Sal 139, 13b), y nos ha creado «a su imagen y semejanza» (Gn l, 26).
María, nuestra guía en el itinerario cuaresmal, conduzca a todos los creyentes, especialmente a las personas ancianas, a un conocimiento cada vez más profundo de Cristo muerto y resucitado, razón última de nuestra existencia. Ella, la fiel sierva de su divino Hijo, junto a santa Ana y a san Joaquín, intercedan por cada uno de nosotros «ahora y en la hora de nuestra muerte».
Con afecto os imparto mi bendición.

EL OBSERVADOR 500-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Número 500
Por Jaime Septién

Con la edición de este 6 de febrero de 2005, El Observador llega a su número 500. Medio millar de semanas sin interrupción, cerca de cinco millones de ejemplares colocados y vendidos, una historia que el Espíritu Santo se ha empeñado en auspiciar y la Providencia en tomar bajo su manto.

Nuestro destino se ha ido clarificando para todos los que trabajamos en el periódico, que ya somos un ejército: vernos en Dios y hacer de nuestro esfuerzo un testimonio de generosidad humilde.

Desde junio de 1995 —próximos ya a cumplir una década— El Observador ha visto pasar por sus páginas a las mejores plumas católicas de la actualidad en México. Si se me apura, el único logro que podría formar parte de nuestro currículum es el de jamás habernos acobardado por defender a Cristo y a su Iglesia de los embates del anticatolicismo, el último de los prejuicios aceptados por los poderes de la política y de la comunicación pública.

¿Qué es nuestro periódico? Un intento de mostrar, cada semana, «el signo y la estela de la eternidad en la móvil actualidad» (Jean Guitton). Se trata de mantener la fuerza de la Verdad Revelada por encima de los vaivenes de la verdad que a diario cambia por los efectos de la moda.

«El alma —decía Joubert— difunde por naturaleza alguna alegría sobre lo que ha entendido bien». Nuestra alma, la de El Observador, ha entendido muy bien que tiene una misión: crear opinión católica entre los lectores de México ante los acontecimientos del mundo. Y la toma con alegría, como si fuera una tarea asignada a cada uno de nosotros, en aquellos sublimes momentos en los que Jesús escribía con un palo sobre la arena, esperando a ver si se quedaban los acusadores de la mujer adúltera.

Al llegar al número 500 regalamos al lector esta espléndida secuencia de la paz junto al Santo Padre. El episodio tuvo lugar el domingo pasado, pero es una de las más elocuentes metáforas de este anciano maravilloso, bajo cuya tutela caminamos los mil 100 millones de católicos que habemos en el mundo, y cuya alegría desata en nuestro corazón un grito de agradecimiento.

¡Gracias, Señor, por nuestra Iglesia, por el Papa, larga vida a la esperanza!

EL OBSERVADOR 500-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
La oración salva del abismo

Juan Pablo II comentó en audiencia general el salmo 114:

«La voz del salmista expresa su amor agradecido al Señor, después de que escuchara una intensa súplica: 'Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco'. Tras esta declaración, se ofrece una sentida descripción de la pesadilla mortal que ha atenazado la vida del orante. Se representa el drama con los símbolos habituales de los salmos. Las redes que enredan la existencia son las de la muerte, los lazos que la angustian son la espiral del infierno, que quiere atraer a su interior a los vivientes sin nunca saciarse. Es la imagen de una presa caída en la trampa de un inexorable cazador. La muerte es como un mordisco que aprieta.

«El orante ha dejado a sus espaldas el riesgo de la muerte, acompañado por una experiencia psíquica dolorosa: 'caí en tristeza y angustia'. Pero desde ese abismo trágico lanza un grito hacia el único que puede tender la mano y sacar al orante angustiado de este ovillo imposible de deshacer: 'Señor, salva mi vida'. Es una oración breve pero intensa del hombre que, encontrándose en una situación desesperada, se agarra a la única tabla de salvación. Del mismo modo gritaron en el Evangelio los discípulos en la tormenta (cfr. Mateo 8,25), del mismo modo imploró Pedro cuando, al caminar sobre las aguas, comenzaba a hundirse (cfr. Mateo 14, 30).

«Una vez salvado, el orante proclama que el Señor es 'benigno y justo', es más, 'misericordioso'. Este último adjetivo, en el original hebreo, hace referencia a la ternura de la madre, evocando sus 'vísceras'. La confianza auténtica siempre experimenta a Dios como amor, a pesar de que en ocasiones sea difícil intuir el recorrido de su acción. Queda claro que 'el Señor guarda a los sencillos'. Por tanto, en la miseria y en el abandono, se puede contar con Él».

EL OBSERVADOR 500-3

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FAMILIA
Saber disfrutar la vida
-De la adicción al servicio-
Por Manuel

Hace algunos años, estando en la casa de mis padres, después de una célebre borrachera, me preparaba para ir a trabajar y me preguntaba: ¿Para qué hacerlo? ¿Qué ganaba? ¿Cuánto iba a cobrar? Y, ¿en qué lugar me iba a tomar lo que cobrara?

Quiero aclarar que, por lo regular, yo no tomaba por dos días consecutivos, pero una sola noche bastaba para que hiciera desfiguros y desmanes. Todo, según yo, era saber disfrutar la vida.

Esa mañana había en mí cierto grado de ansiedad y miedo. Entendía que lo que estaba pasando no era normal. ¿Por qué ese sentimiento de frustración? Salí y quería encontrar en los ojos de la gente tristeza o soledad. Quería encontrar a alguien más triste que yo para tener el consuelo de ver que no era el único tonto que no sabía vivir.

Con el tiempo, mi enfermedad había ido creciendo. Yo me sentía cada vez peor y la gente a mi alrededor se resignaba a vivir al lado de un inservible.

Llegó el momento de esa fatídica noche. Todo inició como siempre, buscando un pretexto para beber, y ese día había uno muy especial: el equipo de mis amores se enfrentaría al odiado rival por el pase a la siguiente etapa del torneo de futbol. Empezamos en un bar gritando y bebiendo. Se acabó el partido y la esperanza de otra vez colgarnos de algún triunfo de otros también se diluyó. Pero como siempre el alcohólico bebe porque gana, porque pierde, porque lo aman, porque lo odian, por todo y por nada, el pretexto ese día fue la tristeza de que mi equipo perdiera. Todos sabemos que lo verdaderamente triste es que yo estaba muy enfermo. Terminé nuevamente borracho, deprimido, melancólico y sin un centavo para el día siguiente.

Tenía la esperanza de poder dormir y aclarar mi mente para enfrentar la vida al día siguiente. Total, «borracho y dormido no se siente lo jodido». Al día siguiente, al verme en el espejo triste, acabado, frustrado y lleno de miseria, lo único que pude sentir por esa imagen era asco y una sensación de fracaso. Me bañé tres veces seguidas tratando de que desapareciera ese sentimiento y nada, seguía de la misma manera. Recuerdo que en ese momento levanté la vista al cielo y por primera vez le pedí ayuda al Creador.

Salí a trabajar con muy pocas ganas, pero todo era mejor que estar solo. Yendo por la calle por la que siempre pasaba, al llegar a la esquina levanté la vista y vi: Grupo Inmaculada de A.A. Sesiona lunes, miércoles y viernes de 7:30 a 9:00 p.m. Ahí está el resultado a mi súplica de esa misma mañana. A las 7:15 ya estaba en el grupo esperando a que abrieran para poder recibir ayuda.

Desde ese día me enseñaron una nueva forma de vida y que cuando se quiere se puede tener la oportunidad de aprender a vivir de una manera diferente. En ese grupo me enseñaron a servir, a participar, a saber escuchar. Pero, lo más importante, aprendí a sentir cosas positivas respecto a mi persona y a trabajar para crecer espiritualmente. Ese sentimiento se desarrolla a partir de dar y de servir a los demás. No es una obligación: es una responsabilidad para con uno mismo. El que sirve, crece; el que crece, ayuda; y el que ayuda tiene derecho a ser feliz. Dios te quiere. Sirve y verás todo lo lindo que Èl tiene reservado para ti.

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Una esperanza llamada
Alcohólicos Anónimos

Cuando Alcohólicos Anónimos hacía sus primeros intentos por ayudar a los alcohólicos a liberarse de su despiadada obsesión, entre los compañeros existía una frase muy significativa: «Lo toma o lo deja». Esto se creía algo tajante para cualquier persona, y más para el alcohólico, que, por sus características de soberbio y orgulloso, difícilmente logra aceptar ayuda externa y menos cuando la gente que lo rodea constantemente le está diciendo y preguntando sobre su fuerza de voluntad. El problema de la voluntad tiene un significado muy diferente en A.A.: ¿Quieres aprender a vivir? ¿Quieres salir de las penumbras del alcoholismo? ¿Quieres lo que nosotros tenemos?

He aquí el por qué de esa célebre frase: a Alcohólicos Anónimos se llega por las súplicas de los padres, los ruegos de la esposa, el llanto de los hijos y un sin fin de cuestiones que el alcohólico no puede manejar. Pero hasta que el alcohólico no esté dispuesto a tomar la ayuda de A.A., su sufrimiento no tendrá fin.
Cuando hice contacto con Alcohólicos Anónimos no había en mí ninguna clase de convencimiento, aún más, ni siquiera me daba cuenta de la realidad en que vivía. No hace falta decirles que mi familia se desintegraba, mi soledad me mataba, el miedo a vivir crecía. ¡Qué triste vida! Pero era la única que conocía.

Cuando llega un nuevo miembro al grupo de A.A. tenemos una obligación con él y para con nosotros mismos: compartirle el dolor, el sufrimiento, pero también la alegría que hemos descubierto en la práctica del programa de recuperación de A.A., recordando que el beber fue solamente un síntoma de una enfermedad más profunda.

Si estamos dispuestos a recibir la ayuda que nos ofrece Alcohólicos Anónimos para el tratamiento de nuestra enfermedad, nos daremos cuenta de que nosotros no somos nada, que necesitamos la ayuda de Dios a través de un grupo de Alcohólicos Anónimos. El recuperarnos no sólo es una esperanza: si se trabaja con honestidad y ahínco, será una realidad en cada uno de nuestros actos.

(Manuel, miembro de A.A.)

EL OBSERVADOR 500-4

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PINCELADAS
¿Buena suerte?
Por Justo López Melús *

Un labrador tenía un caballo y se le escapó. Los vecinos lo lamentaban. Él decía: «¿Buena Suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?».
El caballo volvió con una manada de caballos. Entonces lo felicitaban. Él repetía: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?».
Su hijo, al querer domar uno, se rompe una pierna. Lo compadecen. «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?».
Entonces pasa por allí el ejército y sólo reclutan a los jóvenes sanos. Lo felicitan. Él permanecía imperturbable: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?».

Conclusión: lo que parece un contratiempo puede ser una suerte, y al revés. Dejemos a Dios decidir. «Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que lo aman» (Rm 8,28). Dios es Padre y sabe lo que nos conviene. Un buen hijo se fía siempre de su Padre porque sabe que quiere lo mejor para él.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 500-5

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
La Medalla Milagrosa
Por Claudio de Castro S.

Quiero compartir contigo un milagro hermoso que me ocurrió hace once años.

Recuerdo aún aquella mañana en que me quedé sin trabajo. Estaba casado y tenía tres hijos pequeños. Cuando salí, lo primero que hice fue visitar a la Virgen en una capilla cercana al lugar donde trabajaba.

— ¿Ves lo que me ha pasado? —le dije— Ahora estoy sin trabajo. Tengo a mis hijos y a mi esposa. Quisiera pedirte que te ocupes de todo. Eso sí —añadí—, permíteme tener al menos unos meses de vacaciones para poder disfrutar de mi familia.

Dicho esto me fui a mi casa y le conté a mi esposa. Empacamos y nos marchamos a pasear por todo el país. Pasamos un par de semanas estupendas.

Cuando regresamos ella consiguió un trabajo. Fueron meses deliciosos. Me quedaba con José Miguel, de 2 años. Por la mañana jugábamos, poníamos música y saltábamos en la cama. Dos niños felices salían luego de paseo, José Miguel y yo, a comer helados y jugar en los parques.

Una tarde me llamaron a una entrevista y conseguí el empleo. Había pasado tres meses maravillosos en los que nada nos faltó.

Cuando empecé a trabajar mi esposa me preguntó:
— ¿Recuerdas qué día fue tu entrevista de trabajo?
— ¿Un jueves? —pregunté adivinando.
— ¡No! —exclamó ella—. Un sábado, el 27 de noviembre, día de la Medalla Milagrosa.

Entonces comprendí. Cuando me quedé si trabajo visité a la Virgen bajo la advocación de la Medalla Milagrosa. Y a estas alturas ni siquiera le había agradecido por el favor tan grande que me dispensó.

Al día siguiente, a primera hora, la fui a visitar y le agradecí porque me cuidó como una madre a sus pequeños. Y me concedió todo lo que le pedí.

EL OBSERVADOR 500-6

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Crónica de la peregrinación nacional juvenil 2005 al santuario de Cristo Rey
Por Omar Árcega / Enviado especial de El Observador

Desde las primeras horas del 29 de enero llegaron al cerro del Cubilete autobuses de todas partes de la república mexicana. De ellos bajaron docenas de jóvenes, unos adormilados, otros sumamente emocionados.

Y comenzó la algarabía

Acompañados del frío, se dirigían hacia una explanada en donde se erguía un escenario. Ahí, alrededor de las 5:00 de la mañana, se inició la proyección de un documental sobre los milagros eucarísticos. Una hora después inició un festival musical: un dueto y varios solistas se esforzaron para que el frío no apagara la algarabía.
Para estos momentos la cantidad de jóvenes crecía exponencialmente. Llegaban contingentes de Celaya, Puebla, Chihuahua, Distrito Federal... Los diversos grupos hacían dinámicas con sus miembros para evitar el aburrimiento.
Se escuchaban porras a Zacatecas, a Hidalgo. Los potosinos jugaban a las «coleadas»; los veracruzanos, con su tradicional algarabía, bailaban. Las tinieblas cedieron, la luz del nuevo día pilló a cientos de jóvenes cantando, gritando porras, formando pirámides humanas, jugando al teléfono descompuesto.
Se invitó a que los presentes dejaran sus huellas estampadas en la manta que se llevará a Colonia (Alemania) con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Los que quisieron empaparon su mano en pintura y la estamparon.
De repente se invitó a guardar silencio: el gobernador del estado de Guanajuato, con una playera conmemorativa de la peregrinación al cerro del Cubilete, dio la bienvenida a los jóvenes

Adorar antes de ascender

Una vez que el gobernador se retiró, inició una emotiva adoración al Santísimo. Era la preparación espiritual para reafirmar el sentido y la trascendencia de la peregrinación.
Al terminar la adoración, la hora de la verdad llegó: encabezada por la imagen de la Virgen de Guadalupe, una serpiente humana formada por cientos de jóvenes inició su ascenso al centro espiritual del país; eran las 8:35 a.m. La vigésimosegunda peregrinación juvenil al santuario de Cristo Rey había iniciado.
La algarabía se hizo más presente que nunca; se lanzaban porras a Cristo y a la Virgen María, se entonaban cantos. Los de Monterrey coreaban graciosos estribillos al estilo militar.
El sol calentó con más fuerza a la tierra, la sed laceraba las gargantas y el sudor empapaba las frentes. Pero chicos y chicas seguían cuesta arriba. Los más veloces hicieron el camino en dos horas. Otros, debido a los diversos descansos que se dieron a lo largo del camino, tardaron un poco más. Sin embargo, alrededor de las 11:40 la mayoría estaba congregada en la ermita donde se celebraría la Misa.
Al medio día se leyó el mensaje enviado por el arzobispo primado de México, Mons. Norberto Rivera. En el escrito se exhortó a los jóvenes a ser generosos con Dios, a tomar decisiones valerosas; se recordó que la Iglesia necesita santos y que todos están llamados a serlo.

La Eucaristía

Inició la celebración de la Eucaristía. Presidió el obispo de León, don José Martín Rábago, y le acompañaron el obispo de Aguascalientes, Ramón Godínez; el obispo don Francisco Moreno, presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Juvenil, y algunos sacerdotes.
La homilía estuvo a cargo de don Francisco Moreno. Se recordó que estábamos ahí para vivir un «encuentro personal y comunitario con Jesucristo, nuestro Señor y Salvador». El encuentro sería a través de la Eucaristía, la Palabra de Dios y la oración. Se exhortó a vivir el «sacramento del altar». Pero no basta «sólo reconocer al Señor en su Palabra y en la Fracción del Pan», es necesario descubrir su rostro en nuestros prójimos, en los pobres y en los menos valiosos a los ojos humanos.
Pero, ¿cómo aprender a reconocer a Cristo en el que está a mi lado? Pues primero debo conocer la realidad objetiva del México actual: «No pueden vivir [jóvenes] con una venda en los ojos, sin reconocer lo que pasa a nivel nacional, estatal y local»; a nuestro alrededor hay carencias e injusticias. La Palabra de Dios nos invita a dar una respuesta comprometida a nuestra realidad. «El fruto de esta Eucaristía juvenil…tiene que proyectarse a todos los ambientes de donde venimos».
Quizá individualmente nos sea imposible vencer «la violencia generalizada, los atentados a la dignidad de la persona, los diferentes rostros de la corrupción, la extraña política que nos envuelve o la crisis económica que no acabamos de superar»; pero, desde nuestra particular trinchera, podemos vivir comprometidos con nuestra familia, con nuestros vecinos, preocupándonos por el que está al lado, cumpliendo nuestros deberes, «participando responsablemente en la vida sociopolítica de nuestro pueblo».
Debemos luchar porque el reino de la justicia, de la paz (es decir, por que el Reino de Cristo) se haga realidad entre los hombres. Esto sólo se logrará abriendo nuestros corazones a Cristo.
En esta apertura y respuesta de los jóvenes a Cristo, la Iglesia nos acompaña, ora por nosotros. Así pues, estamos llamados a transformar nuestro mundo, a cambiarlo conforme a los ideales cristianos. Nuestro deber es la acción, un actuar responsable: «si se cruzan de brazos y sólo critican lo que otros hacen o dejan de hacer, le negarán a México y a la Iglesia su riqueza original». Juntos somos la gran fuerza transformadora del país y del mundo.
Al final de la Eucaristía se leyó y se hizo el compromiso de la peregrinación: entre otras cosas, seguir a Cristo, luchar por una sociedad justa. Finalmente, los mil y un acentos de la república mexicana corearon al unísono tres entusiastas «¡Viva Cristo Rey!».
Los obispos salieron en procesión y aquella juventud inició el regreso a sus hogares. La vigésimosegunda peregrinación juvenil había llegado a su fin. Y el compromiso como jóvenes católicos apenas empezaba.

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18 mil jóvenes en el Cubilete
Exitosa resultó la XXII Peregrinación Nacional Juvenil al santuario de Cristo Rey, en el cerro de «El Cubilete», Gto. En ella participaron unos 18 mil jóvenes provenientes de todo el país, especialmente del centro de la república.
El coordinador general del encuentro, Jorge Macías Ramírez, informó que la peregrinación comenzó a organizarse desde diciembre pasado. Se trata de una iniciativa que, año con año, promueve el Movimiento Testimonio y Esperanza, que, a través de diferentes actividades, busca animar a la juventud a vivir un estilo de vida cristiana formando líderes que guíen los ámbitos de la vida social hacia la Civilización del Amor.

EL OBSERVADOR 500-7

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ENTREVISTA
Gracias a los medios, la Iglesia puede evangelizar por nuevos caminos: John Elson, directivo de EWTN
Por Jaime Septién Crespo para El Observador y Zenit

BIRMINGHAM (EU).- La práctica de la «teología del riesgo» ha llevado a la madre Angélica y a los casi 300 trabajadores que laboran en EWTN a convertir una experiencia, que empezó siendo mínima, en una red mundial de televisión.
Apostarlo todo a la Providencia y dejar en sus manos el desarrollo de las comunicaciones sociales podría parecer paradójico (si no ridículo) a quienes no han visto desplegar la actividad, por citar el ejemplo más luminoso de la actualidad, del papa Juan Pablo II.
Atento al crecimiento de EWTN en el mundo de habla hispana (y en el resto del planeta), Zenit-El Observador entrevistó a John Elson, gerente de Adquisiciones de Programas en Español de la cadena más grande de televisión católica con la que cuenta la Iglesia en estos momentos en el mundo.

¿Cuál es la responsabilidad que deben tener los comunicadores católicos en un medio tan complicado como la televisión?
No frenarse, justamente, por pensar en la responsabilidad. Cuando uno piensa que tiene que compartir el Evangelio con millones de personas, millones de almas, puede paralizarse. Debemos considerar que este trabajo es un trabajo de Dios. Él es el Evangelizador en letras mayúsculas, somos sus implementos, sus instrumentos. Y este pensamiento nos da consuelo, porque sabemos que podemos contar con su gracia, y con la intercesión de María, de los santos, de mi ángel guardián...

¿Se trata de no sentirse solos en la tarea de evangelizar?
Es que no estamos solos en este aspecto. Por supuesto, debemos ser muy responsables, pero, sobre todo, buenos custodios de la Verdad que la Iglesia, los mártires y los santos nos han dado. No estamos solos. Hay grupos, nuevos movimientos religiosos, compuestos por laicos y movimientos renovadores en las congregaciones tradicionales de la Iglesia. Gracias al impulso de Juan Pablo II, este pontificado nos invita a mantener nuestra fidelidad y evangelizar desde una perspectiva muy pura, muy apegada al Magisterio.

¿Piensan que EWTN tiene ya un lugar en la historia moderna de la Iglesia?
Tratamos de no pensarlo así. Vivimos el presente y hacer lo mejor que podemos para Dios.

¿Sigue viva la espiritualidad de la madre Angélica en la comunidad que trabaja en EWTN? ¿Es una espiritualidad madura, capaz de generar la conversión de la teleaudiencia?
La espiritualidad de la madre Angélica no es otra que la espiritualidad de la Iglesia; es la espiritualidad que dice que Jesús está realmente presente en su Cuerpo y Sangre en la Sagrada Eucaristía. De ahí sale nuestra misión. La espiritualidad de la madre Angélica ha sido muy consistente; su enfoque ha sido, y sigue siendo, la conservación de las verdades clásicas y antiguas de la Iglesia católica. En cada empleado —de los 260 que conforman EWTN— hemos visto un signo de conversión espiritual.

¿Por ejemplo, en su caso, cuál ha sido ese camino de conversión?
Yo comencé a trabajar en EWTN hace siete años y mi fe, al comenzar, no era una fe muy madura: asistía a Misa los domingos, Confesión una vez al año, lo mínimo. Pero, poco a poco, viendo la devoción y el ejemplo de la madre Angélica y de la orden de los franciscanos que atienden el monasterio y trabajan con nosotros, he tenido una conversión. Este mensaje de la madre Angélica me ha ayudado a sembrar semillas en la cultura, semillas de fe.

Semillas de las que nunca veremos el fruto...
Sí, yo creo que nunca veremos en este mundo el impacto que ha tenido el canal de televisión. Es algo que vamos a ver, Dios mediante, después de nuestra muerte. Estamos tratando de hacer todo lo que podemos en el tiempo limitado que tenemos en esta vida para seguir alimentando y cosechando almas para el Señor.

¿Perciben ustedes la relación estrecha entre la propuesta de EWTN y la nueva evangelización a través de los medios de comunicación que nos ha exigido Juan Pablo II?
Un cardenal dijo, recientemente, que durante el imperio romano la Iglesia católica, que era la Iglesia oficial, pudo expandirse gracias a los caminos abiertos por los mismos romanos y así llegar a cada rincón del Imperio, que en ese entonces era todo el mundo conocido. Y ahora, debido al satélite y a la internet, la Iglesia tiene la oportunidad de ocupar cada rincón del mundo. Desde el concilio Vaticano II existe la invitación, la exigencia de que salgamos de los templos y tratemos de evangelizar al mundo. Gracias a los medios —como lo ha visto la madre Angélica y, por supuesto, el Papa—, la Iglesia tiene la obligación de pasar por esos nuevos caminos.

Es una oportunidad histórica...
...Y única. Aunque mucha gente piensa que estamos viviendo en un tiempo de oscuridad, yo creo que es un tiempo privilegiado para compartir el Evangelio con el mundo. Tenemos en nuestras manos la oportunidad irrepetible de hacer más grande el conocimiento de la fe católica.

Y esto surge —hablo de EWTN—en uno de los estados menos católicos de la Unión Americana, ¿no es así?
Una cosa que se tiene que tener en cuenta en el desarrollo del apostolado de EWTN es la llamada «teología del riesgo» que ha encarnado la madre Angélica. Es decir, ella se sometió completamente a la Divina Providencia. Al empezar EWTN solamente había una cámara y un garaje. Era una semilla evangelizadora. Así ha sido todo. Ahora es el canal católico más grande del mundo, es un conglomerado de medios de comunicación, pero todo descansando en la Divina Providencia. Este apostolado nace en tierra de misión como es Alabama, demuestra el valor de confiar en Dios. Ésa es la «teología del riesgo»: orar y discernir la voluntad de Dios.

¿Ustedes creen que EWTN puede ser reproducido en otros lugares del mundo?
Yo no sé cuál sea la voluntad de Dios. Puede ser que EWTN, si seguimos fieles, persista en el tiempo. Puede ser que dé la pauta a otros apostolados. Pero lo que sí es cierto, porque EWTN ya rebasa los veinte años de vida, es que el modelo es el correcto, basado en la donación de las personas y en la Providencia de Dios. EWTN ha facilitado ya un aumento exponencial de canales católicos locales. Somos quizá la levadura: una monjta, sin ningún conocimiento de televisión, haciendo esto... El propósito es invitar a otras personas, sin una formación tecnológica, a hacer lo mismo, a nivel local, nacional o mundial... Lo único que queremos es llevar bien este papel que Dios nos ha dado y dejar el resto en sus manos, como la madre Angélica ha hecho con el canal.

EL OBSERVADOR 500-8

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FLOR DE HARINA
Existencia teológica
(Santa Teresita V)
Por el Pbro. Justo López Melús

La vida de santa Teresita puede muy bien llamarse una existencia teológica, centrada toda en Dios: «De la Biblia saco todo lo que necesito para mi alma. Aquí descubro nuevas luces, sentidos ocultos y misteriosos. Ya no hallo nada en los demás libros. El Evangelio solo me basta. Qué dulce no aprender ya nada sino de boca de Jesús. Jesús me instruye secretamente.

«Yo percibo en el momento oportuno claridades desconocidas. Estas claridades no suelen brillar a mis ojos en la hora de la oración —en la que duermo con frecuencia— sino en medio de las ocupaciones del día. Jesús no quiere darme provisiones, sino que en cada instante me alimenta de un manjar nuevo. Él me inspira siempre lo que tengo que hacer.

«No hemos de pensar en lo que de doloroso pueda sucedernos en el porvenir, porque eso es falta de confianza en el Señor. Yo no veo más que el momento presente, olvido lo pasado y me guardo muy bien de avizorar el porvenir. Si nos desalentamos, si llegamos a desesperarnos es porque pensamos en lo pasado y en lo porvenir... Tú lo sabes, Dios mío, / para amarte en la tierra / no tengo más que hoy
».

No temía a la muerte: «Jesús vendrá a robarme muy gentilmente. ¡Cómo me gustaría ayudar al ladrón! No temo al ladrón. Lo veo llegar, pero no grito: ¡al ladrón! Al contrario, le llamo diciéndole: ¡por aquí, por aquí! No, no está a la puerta, ha entrado ya. Pero, ¿qué decís, que si tengo miedo al ladrón? ¿Cómo queréis que tenga miedo a quien tanto amo? El ladrón vendrá y me llevará, ¡aleluya!».

EL OBSERVADOR 500-9

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La conversión de André Frossard
Por P. Fernando Pascual

André Frossard, pensador francés del siglo XX, había nacido el 14 de enero de 1915 en Colombier-Châtelot (Francia). Su educación fue completamente atea o, mejor, ni siquiera atea: en su ambiente familiar se pensaba que ya era «anticuado» el oponerse a los creyentes, el luchar contra la religión. La religión no tenía ningún valor: no valía ni siquiera para ser combatida...

Su padre había llegado a ser secretario general del Partido Socialista francés, primer secretario general del Partido Comunista, parlamentario y, por muy breves periodos de tiempo, también ministro. André respira y acoge en casa las ideas socialistas y comunistas con la naturalidad de quien cree en todo lo que le dicen sus seres más queridos. Por eso ve extraño lo que hacen los «negros», es decir, los cristianos que viven en el mundo de su infancia. No comprende por qué rezan tanto, por qué cantan. Sí: en las navidades los «negros» parecían más alegres, pero nada más.

En un escrito autobiográfico («Dios existe, yo me lo encontré») André refleja cuál era su modo de ver el mundo y la vida: «El cielo estaba vacío; la tierra era una combinación de elementos químicos reunidos en formas caprichosas por el juego de las atracciones y de las repulsiones naturales. Pronto nos entregaría sus últimos secretos, entre los que no había en absoluto Dios».

Cuando André tiene alrededor de 18 años, inicia una curiosa amistad con un joven de 23, Willemin, quien había recuperado la fe después de haberla perdido a los 15 años. Discuten para ver quién arrastra al otro a su partido, mas los dos se mantienen inamovibles.

El tiempo pasa, y André ya tiene 20 años. El verano de 1935, sin embargo, se prepara algo extraño. Es el día 8 de julio y Willemin lo invita una tarde a cenar juntos. Antes quiere rezar en una iglesia y detiene el coche junto a una. Le pide a André que aguarde unos momentos, que tiene que hacer algo allí dentro. El tiempo pasa, y Willemin tarda en salir. Al final, André se decide a entrar para buscar a su amigo.

André está dentro de ese extraño edificio. Observa a un grupo de religiosas que están rezando ante Jesús Sacramentado, y a algunos fieles. De repente algo ocurre, se abre un horizonte inesperado: «Mi mirada pasa de la sombra a la luz (...). Entonces se desencadena, bruscamente, la serie de prodigios cuya inexorable violencia va a desmantelar en un instante el ser absurdo que soy(...)».

«Él es la realidad, Él es la verdad; la veo desde la ribera oscura donde aún estoy retenido. Hay un orden en el universo, y en su vértice, más allá de este velo de bruma resplandeciente, la evidencia de Dios; la evidencia hecha presencia y la evidencia hecha persona de Aquél mismo a quien yo habría negado un momento antes, a quien los cristianos llaman Padre nuestro (...)».

«Su irrupción se acompaña de una alegría que no es sino la exultación del salvado, la alegría del náufrago recogido a tiempo; con la diferencia, sin embargo, de que es en el momento en que soy izado hacia la salvación cuando tomo conciencia del lodo en que, sin saberlo, estaba hundido, y me pregunto, al verme aún con medio cuerpo atrapado por él, cómo he podido vivir allí, respirar allí».

Ha sido un momento breve. André sale a la calle con su amigo, que lo observa: «¿Pero qué te pasa?». André responde: «Soy católico».

(Artículo resumido)

EL OBSERVADOR 500-10

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AÑO DE LA EUCARISTÍA
La Misa dominical, centro de la vida cristiana en Iberoamérica
Discurso de Juan Pablo II a la Comisión Pontificia para América Latina, reunida el 21 de enero en asamblea plenaria.

Señores cardenales, queridos hermanos en el episcopado:

1.Con inmenso gozo os saludo a todos, consejeros y miembros de la Pontificia Comisión para América Latina, participantes en esta reunión plenaria, que tiene como tema: «La Misa dominical, centro de la vida cristiana en América Latina». Vuestro continente ocupa un lugar muy especial en mi corazón, tanto por el gran número de católicos como por la vitalidad religiosa que caracteriza a los países que lo integran. Personalmente conservo un grato recuerdo de mis visitas pastorales a vuestras tierras.
Agradezco mucho al cardenal Giovanni Battista Re las amables y expresivas palabras que me ha dirigido presentándome los trabajos de estos días.

2. Me complace que en este año dedicado a la Eucaristía hayáis querido reflexionar acerca de las diversas iniciativas para «redescubrir y vivir plenamente el domingo como día del Señor y día de la Iglesia» (Carta apostólica Mane Nobiscum Domine, n. 23). No ha sido la Iglesia quien ha elegido este día, sino el mismo Cristo Resucitado, y por ello, los fieles deben acogerlo con gratitud, haciendo del domingo el signo de su fidelidad al Señor y un elemento irrenunciable de la vida cristiana.

3. Ya en mi carta apostólica Dies Domini escribí: «es de importancia capital que cada fiel esté convencido de que no puede vivir su fe, con la participación plena en la vida de la comunidad cristiana, sin tomar parte regularmente en la asamblea de la Eucaristía dominical» (n. 81).
Participar en la Misa dominical no es sólo una obligación importante, como señala claramente el Catecismo de la Iglesia Católica (cfr. n. 1389), sino, ante todo, una exigencia profunda de cada fiel. No se puede vivir la fe sin participar habitualmente en la Misa dominical, sacrificio de redención, banquete común de la Palabra de Dios y del Pan eucarístico, corazón de la vida cristiana.

4. La importancia del tema exige de nosotros, pastores de la Iglesia, un renovado esfuerzo por hacer descubrir la centralidad del domingo en la vida eclesial y social de los hombres y mujeres de hoy. Para todos los obispos y sacerdotes es un reto convocar a los fieles a una constante participación en la Eucaristía dominical, encuentro con Cristo vivo.
Por ello es necesario concentrar los esfuerzos en una mejor y más cuidada instrucción y catequesis de los fieles sobre la Eucaristía, así como velar para que la celebración sea digna y decorosa, de modo que inspire respeto verdadero y piedad auténtica ante la grandeza del misterio eucarístico.
La Misa dominical debe ser convenientemente preparada por el celebrante, con su disposición espiritual, traslucida después en los gestos y palabras y preparando convenientemente la homilía. Especial atención también hay que dedicar a la selección y preparación de los cantos, signos y otros recursos que enriquecen la liturgia, siempre dentro del respeto debido a la normas establecidas, valorando toda la riqueza espiritual y pastoral del Misal Romano y las disposiciones propuestas por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

5. Os invito, pues, a que, en unión con los sacerdotes, religiosos y fieles, pongáis el mayor empeño en reflexionar y profundizar en esta dimensión esencial de la vida sacramental de la Iglesia, y trabajéis para despertar un amor cada vez más grande por el misterio eucarístico en las diócesis. No es una tarea fácil, y por ello se requiere la colaboración de todos: presbíteros y diáconos, consagrados y fieles que están presentes en las parroquias o pertenecen a asociaciones o movimientos eclesiales. ¡Aceptad la colaboración de todos, unid los esfuerzos y trabajad en comunión!

6.Pongo todos estos deseos y los propósitos surgidos en esta reunión plenaria a los pies de la Santísima Virgen María, venerada en toda América con la advocación de Guadalupe. A Ella debemos imitar en su relación con este Santísimo Sacramento (cfr. carta apostólica Mane Nobiscum Domine, n. 31). Que Ella interceda por los frutos de las reflexiones de estos días, de modo que las conclusiones alcanzadas se plasmen en una acción más decidida y firme por hacer que cada vez más los fieles amen a Jesús, presente en la Eucaristía, y aprovechen los frutos de incalculable valor que pueden obtener por su participación en este misterio.

EL OBSERVADOR 500-11

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Hay que acercar a los niños a la Santa Eucaristía lo antes posible

El prefecto de la Congregación vaticana para el Clero ha recordado a los sacerdotes de todo el mundo la importancia de acercar a los niños a la Eucaristía convencido de que, «cuanto más pequeños son, más digna será la acogida del corazón a Cristo sacramentado».

Permitir que los niños puedan recibir lo antes posible «a Jesús Eucarístico había sido por muchos siglos uno de los firmes cimientos de la pastoral para los más pequeños en la Iglesia», recuerda el cardenal Darío Castrillón Hoyos en una carta a los presbíteros, fechada el 8 de enero y publicada hace unos días en el marco del Año de la Eucaristía.

La costumbre «fue restablecida por san Pío X en su tiempo», y «ha sido alabada por sus sucesores», subraya el purpurado.

En efecto, hace casi un siglo san Pío X estableció que se pudiera admitir a los niños a la Primera Comunión desde la edad de siete años con el Decreto Quam Singulari (8 de agosto de 1910).

«Junto con san Pío X —dice el cardenal Castrillón— muchos estamos convencidos de que esta praxis de permitir a los niños la Primera Comunión desde la edad de siete años trae a la Iglesia grandes gracias del Cielo», sin olvidar «que en la Iglesia primitiva el sacramento de la Eucaristía se administraba a los recién nacidos, inmediatamente después del Bautismo, bajo las especies de pocas gotas de vino».

De la decisión de San Pío X de reducir la edad para comulgar se benefició el propio Juan Pablo II en mayo de 1929, según él mismo recuerda en su libro ¡Levantaos! ¡Vamos! (Plaza Janés, Barcelona 2004); pero además aquel Papa «dio la posibilidad de recibir la Comunión incluso antes de haber cumplido los siete años si el niño muestra tener suficiente discernimiento», añade el pontífice actual.

En este libro Juan Pablo II apunta también que «la Sagrada Comunión anticipada fue una decisión pastoral que merece ser recordada y alabada. Ha producido muchos frutos de santidad y de apostolado entre los niños, favoreciendo que surgieran vocaciones sacerdotales».

Por ello exhorta el prefecto del dicasterio para el clero: «Nosotros sacerdotes, llamados por Dios a custodiar el Santo Sacramento del altar en unión a nuestros obispos, podemos y debemos cuidar ante todo a los niños como a los primeros destinatarios de este don inmenso: la Eucaristía».

«Confiamos, por lo tanto, que esta santa costumbre, recordada por todos los últimos papas, de hacer acercar a los niños pequeños a la Santa Eucaristía, sea cada vez más estimada y, dentro de lo posible, seguida particularmente en este Año de la Eucaristía».

(Fuente: Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 500-12

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SEXUALIDAD Y FAMILIA
Formar a los hijos con amor y en el amor
Almas, A. C. / Especial para El Observador

En una ocasión un matrimonio que tenía hijos pequeños comentaba que ellos habían leído y sabían que la misión de los padres es formar a sus hijos; sin embargo, ellos decían: «Es fácil decir que la misión de los padres es formar, educar a los hijos y prepararlos para la vida; pero, ¿cómo puedes ser un buen padre? ¿Cómo podemos formar a nuestros hijos de la manera correcta?».

Es una realidad innegable que los padres son los primeros educadores de los hijos, ya que la familia es el lugar donde se recibe la vida y es el primer ámbito de formación ya que en ella se aprenden los valores fundamentales, los cuales son interiorizados, vividos y, posteriormente, son los que dan la guía para un pleno desarrollo en sociedad, ya que son los que dan la pauta para que la persona afronte la vida con responsabilidad.

«El hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente 'Iglesia domestica', comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana» (CIC, n. 1666).

Los padres tienen el deber y el derecho de educar a sus hijos; ésta es una responsabilidad no delegable a pesar de que sí es necesario que se apoye en otros medios sociales, como lo son la escuela, la Iglesia, etc.

Es importante que entendamos por educación el proceso de perfeccionamiento del ser humano, y que la influencia de las interacciones positivas con los hijos repercuten favorablemente en aspectos físicos, intelectuales, espirituales, sociales, etc., logrando que la persona, con base en lo obtenido, adquiera autonomía y responsabilidad en el caminar de su vida.

Por otra parte, para la formación de la personalidad y carácter de los hijos, es imprescindible un clima de amor, pero con autoridad, de manera que se logre un equilibrio entre ambos. De igual manera que es fundamental la presencia de estos elementos para la formación, también es necesario que cada miembro cumpla con su rol familiar para así lograr una relación vital entre padres e hijos, fomentando el desarrollo óptimo de sus miembros generándose en ellos una formación de su carácter y personalidad equilibrada y madura; de lo contrario, eso traería como consecuencia una gran inestabilidad familiar, causando trastornos afectivos en los miembros de la familia, especialmente en los niños y adolescentes.

El amor es la pauta para la formación ya que éste genera en el niño la seguridad y la autoestima, logrando así un desarrollo psicológico y afectivo satisfactorio, generando en él confianza para desenvolverse en su entorno con autonomía y esperanza así como con una actitud de reconocimiento y respeto por la dignidad y el valor del otro. La educación de padres a hijos, al ser ejercida con amor, autoridad, estímulo, paciencia, asertividad y congruencia, da lugar al desarrollo de la libertad con responsabilidad. Es de gran importancia que los padres se expresen con claridad, asertivamente, pero sobre todo que ellos sean congruentes en su actuar y el predicar, ya que tanto la coherencia como el ejemplo son imprescindibles para la formación de los hijos.

EL OBSERVADOR 500-13

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FIN

 
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