El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
13 de febrero de 2005 No.501

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Sometidos al imperio de la estupidez
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - «También desde el hospital sigo sirviendo a la Iglesia y a toda la humanidad»
bulletLA SONRISA DEL ÁNGEL - Risoterapia
bulletPINCELADAS - El gran diamante
bulletDOCUMENTOS - Solo en casa y triste: la situación de los niños en Estados Unidos
bulletJÓVENES - El origen pagano del «Día del Amor y la Amistad»
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA -La promesa
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - ¿En qué se percibe diferente al católico?
bulletENTREVISTA - El conocimiento que tiene Bush sobre Iberoamérica es muy superficial, dice James McAdams, de la Universidad de Notre Dame
bulletAÑO DE LA EUCARISTÍA - ENTENDIENDO LA EUCARISTÍA (I)
bulletFLOR DE HARINA - El mínimo y dulce Francisco de Asís... (I)
bulletComentarios necesarios sobre la tristemente famosa obra «El Código Da Vinci» (X)
bulletCOMUNICACIÓN -Mentira de TV: El Papa no fue al hospital por enfermedad, sino para «esconderse»
bulletPsicología, sociología y ética
bulletCULTURA - La gracia
bulletSEXUALIDAD Y FAMILIA - Complementariedad hombre y mujer

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CARTAS DEL DIRECTOR
Sometidos al imperio de la estupidez
Por Jaime Septién

La recaída en la salud del Papa ha traído consigo un bochornoso espectáculo de los medios de comunicación mexicanos. Con el pretexto de «nuestro amor por el Santo Padre», construyeron un circo de tres pistas para ver quién se llevaba primero la noticia de su fallecimiento. Una serie de zopilotes rondaron El Vaticano, cosa que nunca habrían hecho de no mediar el olor de la muerte. No de la santidad, de la muerte como morbo para entregar al público del noticiario nocturno.

Pero ellos no son los peores. Los peores han sido los «especialistas en religión» que, de cuando en cuando, se ven por las pantallas de las grandes cadenas de televisión o se escuchan en la radio. Esos sí que no tienen perdón de Dios. Déjenme enumerar las barbaridades de las que fui testigo directo (y, a ésas, agreguen, por favor, las que ustedes escucharon):

1.El Papa no está internado, anda huyendo de quien lo quiere matar.
2.Ya hay movimientos en Roma para elegir al sucesor del Papa.
3.La Iglesia va a necesitar un Papa menos político que éste.
4.Ha empezado en Roma la lucha por el poder y por el dinero.
5.Los latinoamericanos tenemos que proponer un Papa que nos represente.
6.La Curia romana se ha hecho cargo del poder desde hace años.
7.Ya hay un «tapado» para suceder a Wojtyla, y ese es Ratzinger.
8.Ojalá con esta enfermedad, el Papa recapacite y restituya a Boff, Casaldáliga y Küng, a quienes ha «excomulgado» injustamente.
9.Karol Wojtyla ha sido partícipe de todos los movimientos políticos en contra del comunismo desde 1978, es un funcionario político comprometido con Occidente.

Creo que ya basta, ya estuvo bien de aguantar tanta estupidez. Ahora sí estamos dolidos. Si eso hacen con un gigante espiritual, con un santo probado en todos los calderos del dolor, con un sabio capaz de restituir la razón al lenguaje de la fe y la fe al lenguaje de la razón, ¿qué no harán con el resto de los mortales?
Dos cosas me preocupan, sin embargo: que haya católicos que les crean (y se vayan con la finta), y que pasemos por alto la lección de teología del sufrimiento que nos está dando nuestro Juan Pablo II. Que su martirio nos pase de largo, y que olvidemos el sentido salvífico del sufrimiento, misterio del cual nace nuestra fe.

EL OBSERVADOR 451-1

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EL RINCÓN DEL PAPA
«También desde el hospital sigo sirviendo a la Iglesia y a toda la humanidad»

Juan Pablo II volvió a aparecer el domingo pasado ante las pantallas de televisión tras cinco días de hospitalización.

El Papa dijo: «También desde el hospital, en medio a los demás enfermos, a los que dirijo mi afectuoso saludo, sigo sirviendo a la Iglesia y a toda la humanidad». Y a continuación el arzobispo argentino Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, leyó en italiano el mensaje escrito por Juan Pablo II, en el que el vicario de Cristo agradeció las oraciones y atenciones que toda la comunidad eclesial ha tenido con él de manera muy particular estos días.

También se refirió al misterio de la vida, y más especialmente a la de los niños, nacidos y por nacer: «¡Es necesario tener confianza en la vida! Confianza en la vida exigen silenciosamente los niños que todavía no han nacido. Confianza piden también los numerosos niños que, al quedarse sin familia por diferentes motivos, pueden encontrar una casa de acogida a través de la adopción y del cuidado temporal.

«Con particular atención pienso (...) en todos los que llevan en su corazón la defensa de la vida naciente».

Enseguida dirigió el rezo del Ángelus; el obispo de Roma cantó en latín con voz áfona y cansada la antífona y después impartió la bendición apostólica.

Ése mismo día un canal italiano de televisión difundió la versión de que las palabras de la bendición final impartida por Juan Pablo II eran tomadas de una grabación. Por lo anterior, el vocero de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, señaló a la agencia italiana ANSA que «las palabras del Santo Padre trasmitidas fueron las mismas que pronunció en vivo. La sugerencia de que un supuesto pre-grabado de sus palabras fue utilizado al mismo tiempo es un absurdo».

EL OBSERVADOR 451-2

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LA SONRISA DEL ÁNGEL
Risoterapia
Por Juan Jesús Priego

Reír es una actividad de lo más saludable. Según el psicólogo estadounidense William Fry, «cinco minutos de risa equivalen a 45 minutos de ejercicio físico. Reír aumenta la capacidad pulmonar, ayuda a la circulación de la sangre, da un masaje vibratorio a todo el cuerpo, aleja temores, elimina toxinas y potencia el sistema inmunológico». Una buena carcajada hace tanto bien como ir a dar una vuelta a trote ligero al parque Tangamanga.

La risa alivia el ansia, saca de la depresión (de la prisión), reduce el estrés, aminora el cansancio, vuelve menos espesa la bruma que nos hace verlo todo negro y aumenta el gozo de vivir.

El llanto, como se sabe, es hijo de la impotencia; cuando sentimos que el mundo nos viene demasiado grande, tan grande que nos aplasta, lloramos: llorar es confesar que no podemos. En cambio, la risa es un grito de victoria; sólo los liberados ríen, es decir, aquellos que reconocen haber podido. John Moned, filósofo de la Universidad de South Florida, dice que «la primera vez que el hombre rió debió ser como un gesto de alivio después de haber pasado por algún peligro». Sí, seguramente así debió haber sido. Como en los buenos chistes, que antes hay que oírlos para reírlos, la risa viene siempre después. Es un gesto de liberación, una especie de «¡uf!» que suele exhalar el cuerpo cuando el peligro se ha ido.

Para Peter L. Berger, el famoso sociólogo de la religión, la risa es un anticipo de la vida redimida. Reímos porque de alguna manera nos consideramos salvados, porque la amenaza de la muerte ha sido abolida, porque el peligro ha quedado atrás. La risa es una garantía de la salvación, una especie de sacramento de la hilaridad que reinará en el cielo.

Tan saludable es la risa que William Fry ha decidido crear con ella un método de curación llamado risoterapia. Esto significa que muy pronto empezarán a multiplicarse los maestros y los libros que nos invitarán a reír a carcajada abierta como una manera de conservarnos sanos. Cosa que, siendo sincero, ya no me gusta tanto, porque me parece que si le quitamos a la risa su gratuidad, eso que los filósofos llamarían su incondicionalidad, de la risa no queda nada. La verdad es que no me imagino a alguien riéndose solo, o desternillándose a carcajadas frente a otro únicamente para relajar sus maltrechos pulmones.

Imagine que vamos usted y yo por una calle de la ciudad y que de repente empiezo a ejecutar la terapia que me haya impuesto el risoterapeuta o como se llame el especialista de esta nueva «ciencia». Usted podría pensar, por ejemplo: «Vaya, después de todo no soy tan desagradable como había pensado que era (en el fondo, todos, en algún momento, hemos pensado que acaso éramos desagradables); miren cómo se ríe este señor por lo que acabo de decirle. En mi próxima reunión de trabajo volveré a contar esta anécdota aprovechando que no es tan mala, a juzgar por ver la gracia que ha ocasionado». En el fondo usted se alegraría por haberme hecho pasar un buen rato. Pues bien, ¿qué sentiría si le confesara que no es ni su persona ni sus historias lo que me han hecho doblar de risa sino la necesidad de poner en práctica el ejercicio número 14, según el cual entre las 10:29 y las 11:45 debo reírme por lo menos 2 minutos?

La risa debe ser, ante todo, la celebración del otro. La celebración de su palabra y de su presencia. Pero si la celebración se convierte en un pretexto para la disminución de mi estrés o para el fortalecimiento de mi sistema inmunológico, entonces la risa queda transformada en uno de los recursos de mi egoísmo, es decir, en una burla.

A mi entender, la verdadera risoterapia, o curación a través de la risa, tendría que ser aquella que nos invite a alegrarnos de vivir, de estar contentos por habitar un mundo que es gobernado por Dios con amor y cuidado, por ser eternos, por haber sido redimidos y estar rodeados de seres a los que podríamos encontrar y querer.

La risa, para que sea de veras curativa, tiene que ser una risa profunda, nacida –como dijo Berger- de la convicción de que el mundo está en orden y de que somos amados en él. Y si de la meditación de lo que todo esto significa brota una sonora carcajada, mejor que mejor.

EL OBSERVADOR 451-3

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PINCELADAS
El gran diamante
Por Justo López Melús *

Un peregrino hindú llegó a una aldea. Un aldeano tuvo la revelación de que llevaba un gran diamante, y se lo fue a pedir. El peregrino rebuscó en la bolsa y sacó una piedra que había encontrado en el camino. «Supongo que será ésta. Puedes quedarte con ella».

Era probablemente el mayor diamante del mundo. El aldeano lo tomó y se marchó. Pasó la noche dando vueltas en la cama. ¿Cómo dormir con aquel tesoro? Al día siguiente, al amanecer, fue a despertar al peregrino hindú, le devolvió el diamante y le dijo: «Dame la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este diamante de tanto valor».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 451-4

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DOCUMENTOS
Solo en casa y triste: la situación de los niños en Estados Unidos
Revelaciones de un nuevo estudio

No hay nada tan antiguo como la preocupación por los problemas de los jóvenes. Sin embargo, un reciente libro ha analizado la relación que existe entre las dificultades juveniles con otro tema controvertido: los cambios en la estructura familiar.
La articulista y autora Mary Eberstadt, investigadora a tiempo parcial en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford, defiende que desde hace unos años se ha dado un «experimento históricamente sin precedentes al separar al niño de la familia que ahora están viviendo los Estados Unidos y otras sociedades industrializadas».
En este libro Home-Alone America (Estados Unidos solo en casa), Eberstadt explica que ha habido dos causas principales de este «hogar sin padres»: la explosión de divorcios y el número de niños nacidos de padres solteros; así como el trabajo de la madre, o lo que ella denomina el problema de la ausencia de la madre. Un tercer factor de menor importancia es la ausencia de los abuelos debido a la separación geográfica, y al número reducido de hermanos.
Eberstadt elude el debate sobre los méritos o deméritos de los cambios en las estructuras familiares y se concentra en examinar lo que está ocurriendo con los niños y adolescentes. Su tesis es que, en los últimos años, los niños pasan cada vez menos tiempo en compañía de sus padres y, simultáneamente, se han reducido muchas de sus cuotas de bienestar.
Para comenzar, analiza las guarderías infantiles. Numerosos estudios y libros estudian los efectos de dejar a los bebés en centros de cuidado infantil mientras sus madres van a trabajar. Algunos mantienen que tienen efectos positivos en términos de mayores logros académicos, mientras que otros subrayan el daño emocional que puede tener consecuencias catastróficas para el desarrollo del carácter.

Impacto repentino

Eberstadt se centra en el impacto más inmediato en los bebés. Por ejemplo, los bebés confiados al cuidado de instituciones son, con mucho, más susceptibles de caer enfermos al estar expuestos a los virus contagiados por los demás niños. También está bien documentado el aumento de la agresividad entre niños que son dejados en centros de cuidado infantil. Eberstadt concluye que deshacerse del cuidado diario de los niños los hace infelices. Defiende, además, que los padres que justifican este fenómeno terminan por ser menos sensibles a las necesidades de sus hijos.
También aumenta la violencia de los adolescentes. Eberstadt precisa que muchos de los casos más conocidos de los últimos años, como los asesinatos de 1999 en el Instituto Columbine y los ataques del francotirador en los alrededores de Washington, en el año 2003, implicaban a adolescentes que pasaron la mayor parte de su tiempo sin contacto alguno con sus padres.
Admite a continuación que tener dos padres atentos no es garantía absoluta de un carácter decente, pero «el no tenerlos puede dar un resultado desastroso». Abuso de sustancias, suicidio y comportamiento violento son sólo algunos de los indicadores sociales que han empeorado dramáticamente en las últimas décadas, y Eberstadt señala con el dedo a los padres ausentes como una de las principales causas.
La situación de la disciplina en algunas escuelas ha dado como resultado que los profesores se vean forzados al papel de virtuales fuerzas de paz de Naciones Unidas, defiende. Y muchos de los niños más salvajes tienen como trasfondo una madre soltera u hogares donde los adultos están trabajando a todas horas.

Salud mental

En los últimos años se ha disparado el número de niños y adolescentes a los que se han diagnosticado desórdenes mentales, observa Eberstadt. Un informe de enero de 2001 del consejero para asuntos médicos del gobierno federal de los Estados Unidos hablaba de una «crisis pública de cuidados mentales» para el grupo de esta edad. Ahora es un factor diario de la vida de muchas familias el tratar el desorden de falta de atención, hiperactividad, compulsiones obsesivas, junto con el suministro diario de medicamentos que alteran el comportamiento.
Los ambientes familiares caóticos, los padres ausentes y los traumas causados por el divorcio pueden ser factores que contribuyen en muchos casos a problemas de salud mentad que sufren los niños.

La música como un grito

En otro capítulo, Eberstadt presenta la escena de la música adolescente para lograr una imagen de sus preocupaciones. Se descubre que las lamentaciones centradas en el divorcio y los hogares rotos tienen una recepción más popular que nunca entre los oyentes jóvenes. Incluso los cantantes de rap, bien conocidos por sus alabanzas a la violencia y a la misoginia, se quejan de la falta de una vida familiar decente.
El cantante Eminem —criticado tanto por organizaciones lesbianas, feministas y familias conservadoras— es uno de los más claros ejemplos de esta tendencia. Junto con un lenguaje vulgar y la exaltación del sexo y la violencia, «vuelve repetidamente a los mismos temas que han dado pie a otras historias de éxito de la música contemporánea: pérdida de los padres, abandono, abuso, y la cólera resultante infantil y adolescente, disfunción y violencia».
Eberstadt descubre aquí una importante diferencia respecto a la generación precedente. La música de los nacidos en el «boom» demográfico se caracterizaba por la rebelión contra lo que se consideraba como una presencia y autoridad de los padres excesivamente protectora. En contraste, «los adolescentes de hoy y su música se rebelan contra los padres porque ya no son padres, ni educadores, y ni siquiera suelen estar ahí».

Sexo adolescente

Otras consecuencias de la ausencia de los padres son el aumento de la actividad sexual adolescente y de las enfermedades de transmisión sexual. La actividad sexual comienza más temprano cuando las vidas de los adolescentes están fuera de todo control paterno.
Con todo, la mera presencia de los padres en las vidas de sus hijos no es suficiente, sostiene otra autora. Kay Hymowitz, en su libro de 2003, Liberation's Children (Los hijos de la liberación), insiste en que los adultos deben proporcionar a sus hijos instrucción sobre cómo vivir.
Demasiado a menudo, observa Hymowitz, los padres han dejado de lado su papel tradicional de instruir a su prole en valores y se concentran en ser sus «compañeros de hogar y amigos». Las consecuencias son nefastas. Sin ninguna educación sobre los límites de la naturaleza humana, se deja a los adolescentes «que tropiecen en las experiencias» que a menudo les llevan a una espiral que escapa a su control.
En el pasado, se asumía que los hijos recibirían una educación moral básica que les era enseñada como parte de la vida familiar. Pero en las últimas décadas muchos estadounidenses están imbuidos de la idea de que para crear un «auténtico yo» se necesita una completa autonomía en creencias, opiniones y opciones de vida. Así, está prohibido enseñar a los hijos cómo comportarse.
Toda sociedad, defiende Hymowitz, necesita civilizar su nueva generación por medio de algún tipo de educación. Desafortunadamente, los valores que predominan hoy son los de tolerancia y apertura de mente, que, a pesar de ser alabados en ocasiones, «no pueden ayudar a los jóvenes a construirse a sí mismos».
Y Eberstadt, al final de su libro, replantea lo que puede hacerse para remediar estos problemas: que los padres pasen más tiempo con sus hijos.

(Fuente: Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 451-5

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JÓVENES
El origen pagano del «Día del Amor y la Amistad»
Por Diana R. García B.

Gente de casi todo el planeta lo celebra. Así como los comerciantes lograron popularizar lo que ellos llaman incorrectamente «Navidad» —lo que promueven nada tiene que ver con el nacimiento de Cristo—, otro tanto consiguieron con la celebración del 14 de febrero. Pero, definitivamente, es en los países protestantes donde más se ha difundido esta celebración.

Como es llamada también «Día de San Valentín», muchos han creído equivocadamente que se trata de una festividad de origen cristiano, concretamente católica. Se ha dicho, entre otras cosas, que el mártir san Valentín fue el que inspiró la conmemoración del amor y la amistad; que es el «día del amor» porque cuando el santo estuvo en la cárcel se enamoró de una muchacha ciega llamada Julia, a quien le devolvió milagrosamente la vista; que es el patrón de los enamorados porque su encarcelamiento se debió a que el emperador Claudio III prohibió a los soldados contrajeran matrimonio, y atrapó a san Valentín casándolos con sus novias; más aún, que Julia no era la enamorada de san Valentín, sino de un hombre llamado Romero, con quien se pudo casar a escondidas del emperador gracias a que el santo presidió la ceremonia. Por último, que no se llamaba Julia la ciega que recuperó la vista, sino Estefany, la cual plantó un almendro de flores rosadas junto a la tumba de san Valentín, con lo que la planta se convirtió en símbolo del amor y la amistad.

El verdadero santo católico

Todo eso no son sino leyendas. ¿Quién fue verdaderamente san Valentín? Cómo es un santo católico hay que encontrar la respuesta en la Iglesia católica:
El Martirologio Romanopresenta a dos santos con el nombre de Valentín: uno fue obispo de Interamna (hoy Terni, a unos cien kilómetros de Roma) y el otro fue sacerdote de Roma. Sin embargo, lo más seguro es que se trate del mismo santo, pues ambos personajes murieron mártires, decapitados en día 14 de febrero, y enterrados en la Vía Flaminia.
San Valentín de Ternifue famoso por su evangelización, milagros y curaciones. Fue arrestado, torturado y decapitado por Placido Furius durante la persecución de Aurelius. Lo mataron de noche y en secreto para evitar la reacción del pueblo de Terni, donde era muy amado.
San Valentín de Roma socorría a los presos que iban a ser martirizados durante la persecución de Claudio el Godo. Fue aprehendido y enviado por el emperador al prefecto de Roma, quien al ver que todas sus promesas para hacerlo renunciar a su fe eran ineficaces, mandó que lo golpearan con mazas y después lo decapitaran. Esto ocurrió el 14 de febrero, por el año 269.
Cuando un cristiano moría por la causa de Cristo, la Iglesia elegía la fecha del martirio para glorificar a Dios y honrar al santo. Como san Valentín se convirtió en mártir un 14 de febrero, a partir de entonces todos los 14 de febrero se celebra la memoria de este santo. En realidad cada día del año es día de fiesta múltiple, ya que hay muchos más santos que días en el calendario.

El día de los enamorados

Por otra parte, la roma pagana celebraba los 15 de febrero el día de la fertilidad o Lupercalia (la fiesta de Lupercus), que era una festividad de sacrificio de animales y desenfreno sexual, que presagiaban la cercanía de la primavera. Uno de los ritos más esperados era la lotería de mujeres, que consistía en rifar a las adolescentes introduciendo en una caja tarjetas con sus nombres; los muchachos debían sacar una tarjeta al azar, con lo que se conseguían a una chica con la que adorarían a lo largo de todo el año a la diosa del sexo y la fertilidad (llamada Februata Junosu).
Obviamente, los cristianos no celebraban la Lupercalia. Pero, por si a alguno le quedaba alguna duda, el papa Gelasio prohibió explícitamente la celebración en el año 494.
Muchas sectas protestantes modernas, que están empeñadas en echarle la culpa de todos los males a la única Iglesia de Cristo (la católica), enseñan a sus adeptos que el Papa, convencido de que nunca podría hacer que los romanos olvidaran a sus dioses paganos y sus festividades, en lugar de abolir la Lupercalia la «disfrazó» de fiesta cristiana, por lo que se buscó a un santo que reemplazara al dios Lupercus. El elegido, por supuesto, habría sido san Valentín, y la Lupercalia habría tomado el nombre de «Día de San Valentín».
Lo que pasó en verdad fue que los que por conveniencia querían fingirse cristianos pero que seguían siendo paganos trasladaron la celebración de la Lupercalia del día 15 al 14 de febrero (probablemente porque el mártir Valentín era un santo muy popular y su fiesta era notoria), y más tarde inventaron las leyendas para justificar a san Valentín como el supuesto protector de los enamorados.
Así pues, el rito pagano de la fertilidad nunca desapareció del todo. Pero el auge del «Día del Amor» lo provocó Gran Bretaña a finales de la Edad Media con la costumbre sajona de que los jóvenes se escogieran como prometidos el 14 de febrero. Al parecer esto lo inspiró la literatura de Chaucer (1340-1400), quien aseguraba que los pájaros comenzaban a formar parejas el día de san Valentín.
El envío de tarjetas fue posterior. Una de las más antiguas referencias de dicha costumbre se remonta a 1477. Pero fue el avance de la imprenta y la baja en los precios del servicio postal los que incentivaron el envío de saludos en este día. Hacia 1840, Esther A. Howland comenzó a vender las primeras tarjetas postales masivas de San Valentín en Estados Unidos, el país que más celebra el 14 de febrero.

EL OBSERVADOR 451-6

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
La promesa
Por Claudio de Castro S.

Los caminos de Dios son misteriosos y a la vez hermosos. Él sabe sacar cosas buenas de nuestros corazones.
Cuando me siento atribulado, me gusta ir a Misa. ¿Lo has intentado? Allí encuentras siempre consuelo y paz.
Mi consuelo es la Eucaristía. Recibir a Jesús Sacramentado. Su amor y su gracia bastan para superar cualquier adversidad.
Durante la homilía ocurrió algo que sacudió mi alma. El sacerdote mencionó a aquellas personas que mueren sin tener quien rece por ellas. Me hizo recordar una vieja promesa que hice una noche silenciosa, años atrás...
Era tarde cuando recibí una llamada de Costa Rica. Acababa de morir una prima hermana. Pensé en ella, tan llena de vida, radiante y feliz. Y recordé los gratos momentos que compartimos a lo largo de la vida.
Me fui a la sala de la casa, sin encender las luces. A obscuras me senté en el sofá y recé el rosario pidiendo a Dios por su alma.
Cuando terminé me ocurrió lo indecible. De pronto pensé: «He rezado por mi prima. ¿Cuántas personas han muerto en este momento y no tienen quién rece por ellas?».
Y me quedé otro rato rezando, para que el buen Dios las llevara al Cielo. Me prometí rezar con frecuencia por las almas olvidadas. Pero con el tiempo lo olvidé.
Hoy quisiera retomar aquella promesa. Y pedirte que me ayudes. Son tantos alrededor del planeta que mis oraciones no bastan. Faltan las tuyas.
Una oración sencilla llegará siempre al corazón de Dios: «Señor, te pido por aquellos que en este momento mueren sin consuelo, sin tener quien rece por ellos. Llévalos al Paraíso. Amén».

EL OBSERVADOR 451-7

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
¿En qué se percibe diferente al católico?
Por Antonio Maza Pereda

Hace algún tiempo, con un grupo de amigos, organizamos algunas reuniones de reflexión sobre diversos temas relacionados con la religión católica. Uno de los temas que me pareció muy interesante tiene que ver con nuestra identidad de católicos. La pregunta que se trataba de resolver era: ¿Qué hace diferente a un católico de una persona buena, honesta, caritativa, en resumen, una persona con todas las cualidades, y que no sea católica? Puesto de otro modo: poniendo aparte las cualidades de la persona, ¿en qué está la diferencia que nos da la fe católica?

No es fácil responder esta pregunta y, francamente, me parece que es una cuestión que deberíamos tener muy clara.

Sí, esperamos que un católico sea bueno, pero hay otros que no son católicos y que son tan buenos como cualquiera de los santos. Pero, entre dos personas igualmente buenas, una de ellas católica y la otra con otra religión o sin religión, ¿cuál es la diferencia? ¿En qué se nota la catolicidad de las personas?

El tema no es trivial. Si no podemos responder a esa pregunta, podríamos llegar a la conclusión de que todas las religiones son iguales y, estamos seguros, no es así.

Creemos, por la fe, que nuestra religión, la gracia sacramental y todas las gracias que el catolicismo nos procura, tienen un efecto y que éste es importante. Pero, ¿cuál es ese efecto?

No creo tener la respuesta completa y sería interesante el buscar que algunos de los que lean este artículo, más ilustrados que su servidor, opinaran también sobre el tema. A mí se me ocurren tres aspectos:

1.- La actitud ante la muerte:Un católico santo espera la muerte sin temor, creyendo que del otro lado de esta vida está un Padre amoroso que nos creó para ser felices y que su Hijo murió por nosotros. Que nuestra salvación no depende de la fuerza de nuestra fe sino, sobre todo, de la misericordia de Jesús. Para otras religiones, la salvación depende de una predestinación, o de la fuerza de la fe de cada uno, o del fruto de las obras, como en el caso de quienes creen en la reencarnación. O de que se hagan ciertas ceremonias del modo adecuado. ¿Cómo estar seguros? ¿Cómo evitar el temor de haber fallado?

2.- La actitud ante el pecado: El católico cree que la confesión le libra de la mancha de los pecados. Otras religiones creen que el pecado se borra pidiéndolo a Dios pero, ¿cómo estar seguros de que hemos sido perdonados, de que nuestra petición fue digna de ser escuchada?

3.- La posibilidad de estar en el error: El católico cree que, como parte de su servicio a cada católico, el Papa recibe una asistencia especial del Espíritu Santo, que hace que no cometa error en materia de fe. Otras religiones tienen múltiples maestros, con ideas que muchas veces se contradicen, y que se dividen entre sí constantemente. ¿Cómo saber donde está la verdad, una verdad de la que depende nuestra salvación?

Si sumamos lo anterior, podríamos decir que un católico con una fe fuerte, que hace el bien, tendrá una gran paz ante la muerte, ante sus fallas, ante la veracidad de sus creencias. ¿Serán estas las diferencias? Yo creo que, en gran parte, ahí está la respuesta a la pregunta con que se inició este artículo.

EL OBSERVADOR 451-8

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ENTREVISTA
El conocimiento que tiene Bush sobre Iberoamérica es muy superficial, dice James McAdams, de la Universidad de Notre Dame
Por Jaime Septién Crespo para El Observador y Zenit

NOTRE DAME (Indiana, EU).
Ante el inicio del segundo mandato en el que habrá de ocupar la Casa Blanca de 2005 a 2009 el presidente George W. Bush, hemos querido tomar la opinión del profesor A. James McAdams, director del Nanovic Institute for European Studies de la prestigiosa universidad de Notre Dame.
¿Cómo se plantea la nueva administración de Bush? ¿Qué papel jugará la nueva secretaria de Estado, Condolezza Rice? ¿Cuál es el futuro de la inmigración desde Iberoamérica a los Estados Unidos? ¿Qué papel debe jugar la Iglesia católica en este entramado? Éstas y otras cuestiones importantes se desprenden de la entrevista que Zenit-El Observador ha tenido con el profesor McAdams.

¿Cuál es su opinión acerca de la nueva secretaria de Estado, Condolezza Rice? ¿Habrá una línea menos dura en el segundo mandato de George Bush?
Es una mujer muy inteligente, muy brillante; sin embargo, no sabemos cómo vaya a actuar como secretaria de Estado. Mi esperanza, y la de muchos, es que tenga mayor sensibilidad frente a los problemas internacionales que, por ejemplo, la gente que trabaja en nuestro departamento de Defensa o aún que el mismo presidente Bush.

¿Cree usted que la próxima secretaria de Estado y la gente que trabaja en Defensa conozcan bien, a fondo, los problemas internacionales?
Condolezza Rice conoce muy bien a Rusia y a Europa. Pero es alguien que aprende muy rápidamente. Ella no me preocupa tanto. Me preocupan mucho más los ultra conservadores que están en Defensa y, también, en el departamento de Estado: son gente con muy poca experiencia en asuntos internacionales y con visiones demasiado conservadoras.

¿Hay un balance de fuerzas entre los departamentos de Estado y de Defensa?
Por primera vez en muchos años, la gente que trabaja en el departamento de Estado está completamente de acuerdo con la gente del Departamento de Defensa. Eso me preocupa, porque es una cosa muy buena para la democracia de Estados Unidos que exista un balance entre estas dos fuerzas. A mí me gustaría ver que el departamento de Defensa tuviera un papel de más bajo perfil que el departamento de Estado; es decir, que la vía diplomática estuviera por encima de la vía militar. Pero esto no ha pasado aún.

¿Iberoamérica forma parte importante de la política internacional de Estados Unidos?
La respuesta es no. Podría serlo, pues tenemos ahí a nuestros mejores amigos. Pero las soluciones a los problemas de Iberoamérica que le estamos ofreciendo, creo, son muy superficiales. Bush piensa solamente en el NAFTA (Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte) y nada más. No se para a pensar en las implicaciones del NAFTA; no piensa, por ejemplo, en las implicaciones económicas domésticas del NAFTA; no le preocupa mucho la gente de todo México sino, quizá, en algunos amigos que tiene en México y, por supuesto, en las grandes corporaciones industriales.

¿Conoce bien el presidente Bush los problemas de Iberoamérica?
Bush habla un poco de español, pero el conocimiento que tiene de Iberoamérica es bastante superficial, la verdad. Por ejemplo, del problema de la inmigración mexicana y de países de Centro América a Estados Unidos. Dice que tiene soluciones positivas para esto (el acuerdo temporal para los trabajadores ilegales), pero son soluciones superficiales: no le interesa enfrentar las condiciones de vida de los inmigrantes en mi país; no le interesan las cuestiones acerca de sus derechos humanos y cómo la gente que viene de México y otros países es tratada. Estados Unidos es capaz de crear soluciones más humanitarias que las que hasta ahora ha creado la administración de Bush.

¿Cuál puede ser el énfasis de las políticas de Bush en su segundo mandato?
Creo que habrá una continuidad. Incluso, creo que está pensando en crear un muro entre Estados Unidos y México; un muro que actúe como defensa práctica e ideológica frente a los inmigrantes. Su entendimiento de la política mexicana no es muy bueno. Si habla uno con él acerca de los problemas de Chiapas, probablemente no tenga ni idea de dónde queda Chiapas.

¿Qué necesita pasar para que esto cambie?
Que los católicos estadounidenses desarrollen mejores relaciones con los católicos de Iberoamérica y, también, que se propongan educar sobre estos temas a los que hacen la política en mi país. ¿Acerca de qué? Acerca de las necesidades de México y, particularmente, acerca de las necesidades de los inmigrantes y de los hispanos que residen en Estados Unidos.

¿Cómo se puede desarrollar un vínculo de unión entre la Iglesia estadounidense y la Iglesia de Iberoamérica?
Enfatizando los valores comunes, los valores católicos que comparten. Ciertamente son iglesias diferentes. La Iglesia estadounidense es más liberal y el católico en mi país es menos conservador que el católico latinoamericano. Sin embargo, la mejor manera de desarrollar relaciones entre la Iglesia y sus miembros es enfocando la atención conjunta sobre temas muy específicos; sobre todo, temas sociales como la pobreza, la marginación y la inmigración.

EL OBSERVADOR 451-9

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AÑO DE LA EUCARISTÍA
entendiendo la Eucaristía (I)
Lo que el propio Jesús dice de la Eucaristía

¿Qué es la Eucaristía? Nos lo dijo muy claro Jesús en aquel discurso de Cafarnaum, donde prometió darnos su cuerpo como alimento: «Si alguno come de este pan vivirá eternamente; y el pan que Yo les daré es mi Carne para la vida del mundo»(Juan 6,51). «Quien come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en Mí y Yo en él» (Juan 6, 56).

En el Cenáculo, aquel memorable Jueves Santo, instituye este maravilloso misterio de quedarse hecho pan: «Tomó pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: 'Tomad y comed, esto es mi Cuerpo...'. Y tomando el cáliz: 'Bebed todos de él pues ésta es mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por todos para la remisión de los pecados» (Mateo 26, 26-28). Lo creemos porque el mismo Jesús lo dejó claro.

Así lo dice un antiguo escritor cristiano, san Cirilo de Jerusalén: «Puesto que el mismo Cristo anunció y dijo del pan: 'esto es mi Cuerpo', ¿quién se atreverá a dudar?». Y así lo han creído todos los fieles cristianos desde la época apostólica hasta nuestro días, como bien lo recoge el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 1374: «Jesucristo está verdadera, real y substancialmente con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad».

Alguien podría decir: nada veo en la Eucaristía, ni nada siento. Y le podríamos responder: cuando el cielo está nublado no veo el sol, ¿señal de que no existe? O: no siento que la tierra está girando, ¿señal de que está parada?

Pensemos cómo la gran mayoría de las cosas que sabemos es porque aceptamos lo que nos dicen nuestros maestros y nuestros padres: ¿quién ha visto un átomo, la fuerza gravitacional, Neptuno y Plutón? ¿Quién ha sacado los cálculos de la cada donde vive? ¡Le hemos creído al arquitecto que la hizo! ¿Quién analiza los alimentos que tomamos? ¡Le hemos creído a la cocinera que los hizo con higiene! Le creemos a tantos humanos, y ¿vamos a dudar de las palabras de Jesús, que nos mostró con su vida, su palabra y sus milagros que es el verdadero Dios? ¿Se habrán equivocado millones de católicos durante 2000 años, muchos de ellos santos y sabios?

La Eucaristía es un misterio de amor que sólo parece imposible a aquel que no cree que Jesucristo es Dios, Creador y Señor omnipotente?

(Fuente. Encuentra.com)

EL OBSERVADOR 451-10

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FLOR DE HARINA
El mínimo y dulce Francisco de Asís... (I)
Por el Pbro. Justo López Melús

        El varón que tiene corazón de lis,
         alma de querube, lengua celestial,
        el mínimo y dulce Francisco de Asís...

Así retrata Rubén Darío a san Francisco en la hermosa poesía «Los motivos del lobo». La vida de Francisco es corta en años, pero muy rica en contenido. Tomás de Celano, discípulo suyo y su primer biógrafo, nos dice, emocionado: «¡Oh, y cuán hermoso y atractivo y aureolado de gloria se mostraba con la inocencia de su vida, con la sencillez de las palabras, con la pureza de corazón, con el amor de Dios, con la caridad fraterna, con la obediencia incondicional, con el afectuoso trato, con su aspecto casi angélico!».

Sigue Celano: «Reposado en el obrar, afable en la conversación, comedido en los avisos y en todo lleno de gracia. Sereno en la inteligencia, dulce en el ánimo, asiduo en las oraciones y siempre fervoroso. Prontísimo en el perdonar, tardío en airarse, de ingenio elevado y en todo sencillísimo. Riguroso consigo mismo, compasivo con los demás y siempre discreto. Rostro alegre, aspecto benigno, incapaz de arrogancia. Era el más santo entre los santos, y entre los pecadores reputábase uno de ellos».

Francisco «trajo al mundo una nueva primavera», dice la «Leyenda de los tres compañeros», escrita por tres de sus primeros discípulos: «Francisco nació con luz nueva y refulgente, como lucero y estrella matutina, como sol que iluminó con la palabra y el ejemplo la tierra aterida bajo el invierno de la frialdad, de la oscuridad y de la esterilidad». El poco sospechoso Renán dice de él que hizo la mayor revolución de los siglos, después del cristianismo.

Podemos afirmar que Francisco amó la luz como pocos hombres la han amado. Fue un verdadero Oriente. «En la pendiente del Subasio —cantaba Dante— donde la cuesta se torna más suave, nació al mundo un sol. Quien quiera, pues, hablar de este lugar, no diga Asís, sería poco decir: diga Oriente». Menéndez y Pelayo afirma que fue un poeta en todos los actos de su vida. Del «Cántico a las criaturas» dice Chesterton que sólo con esta obra se podría recomponer casi por completo a san Francisco.

EL OBSERVADOR 451-11

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Comentarios necesarios sobre la tristemente famosa obra «El Código Da Vinci» (X)
La religión de Brown
Por Walter Turnbull

La doctrina que predica Dan Brown (seguramente no es el inventor pero es el que ha sabido ponerla toda junta en presentación comercial), viene siendo una combinación de gnosticismo con una ideología presentada como «culto a la diosa».

El gnosticismo no es, en sí, una doctrina estructurada. Es una tendencia a explicar el universo con base en «verdades secretas», ocultas para el común de los mortales, y en el principio de que el mundo físico es engañoso y la humanidad sufre tribulaciones porque la gran mayoría vive engañada (por las apariencias, por la Iglesia, por la ciencia cartesiana, por el materialismo...). Busca una superación basada en la adquisición de estos conocimientos en una empresa personal, y casi siempre promete una felicidad fácil una vez que los conocimientos son acogidos. Existen dentro de esta corriente muchos grupos y ramificaciones según lo que la sociedad ha requerido en cada época y lugar.

El «culto a la diosa» tampoco es una religión o doctrina. Es más bien una forma de pensar que agrupa varias ideas (ideología) de orientación eco-feminista, populares entre movimientos ideológicos como la Wica, el «nuevo paganismo», el New Age, el feminismo o el liberalismo, y que toma elementos del ocultismo, leyendas conspiratorias, religiones orientales y amerindias, etc.

Según esto, era una religión pacifista que daba culto a la Diosa Madre, en religiones y sociedades que se organizaban en torno a las mujeres, y fue practicada por los pueblos antiguos, los cristianos primitivos y por el mismo Cristo. Sus principios, muy someramente, son más o menos éstos:

No existe un dios trascendente y superior, diferente de nosotros, sino una diosa que lo abarca todo. Nosotros somos Dios, la naturaleza es dios, la divinidad está en todo, incluyéndonos a nosotros.

A esta divinidad no se le conoce usando la razón y la reflexión para alcanzar la verdad. El mundo es engañoso y el apego a la verdad es un típico complejo machista. Como no es necesaria la verdad, tampoco es útil ni necesaria la revelación. Por eso los seguidores de la diosa luchan contra cualquier dogma. El modo de acercarse a la diosa es por medio de la intuición y del sentimiento. Dios no necesita ser conocido, sino sentido. No hay que pensar correctamente, sino sentir correctamente, y nuestra idea de la realidad más bien se debe adaptar a nuestro sentir.

Esta religión tampoco necesita unos mandamientos —que también son prejuicios machistas—. Sólo pide armonía, paz, tolerancia. El único requisito es una conciencia espontánea de armonía con el todo. El bien es estar en armonía con el universo, ser el universo. El mal es la falta de armonía, el desequilibrio. En la práctica, la norma se vuelve tremendamente sencilla: haz lo que quieras mientras no introduzcas violencia, tensión, desarmonía. Si estoy en armonía con el universo, todas mis reacciones serán espontáneas, libres y buenas.

La máxima experiencia de relación armónica es la unión sexual con el cuerpo de la mujer. «Mediante la comunión con la mujer —prosiguió Langdon—, el hombre podía alcanzar un instante de clímax en el que su mente quedaba totalmente en blanco y veía a Dios». La sexualidad es, pues, la vía para unirse intuitivamente consigo mismo, con el mundo y con la diosa. Esta unión se puede hacer con la pareja, pero es mejor hacerlo con diferentes mujeres para que el apego a la persona no sea importante, sino sólo la experiencia de unificación.

Hay tres observaciones que necesitamos hacer respecto a este «culto a la diosa».

1)Dan Brown no habla de unión sexual a secas, sino de unión con el cuerpo de la mujer. Es decir, esta doctrina aparentemente feminista no considera que la mujer sea digna de la elevación espiritual. Todo está planeado para la diversión del hombre.

2)El apetito sexual es, después del instinto de supervivencia, el instinto más apremiante del hombre, sobre todo del macho. Es increíble que se invente toda una religión y una conspiración de dimensiones astronómicas para venirnos a decir que la realización está en el disfrute del sexo sin amor.

3)Por supuesto y, como siempre, no existe ningún indicio o prueba fidedigna de ningún tipo, de que estas sociedades o estos cultos hayan existido alguna vez. Ciertamente siempre ha existido el libertinaje sexual y siempre le ha gustado justificarse de algún modo, pero jamás ha formado parte de ninguna religión seria y mucho menos del cristianismo primitivo.

EL OBSERVADOR 451-12

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COMUNICACIÓN
Mentira de TV: El Papa no fue al hospital por enfermedad, sino para «esconderse»

Santiago de Querétaro, Qro. a 2 de febrero de 2005.

At'n: Sr. Carlos Loret de Mola
Noticiero «Primero Noticias»

Señor Loret:
Espero haber oído mal, pero esta mañana, en su programa de noticias, me pareció escuchar a un «experto en religión» insinuar —palabra más, palabra menos— que Juan Pablo II no está realmente en el hospital por motivos de salud, sino que se está escondiendo para no dar la cara al problema de los «padres pederastas» en Estados Unidos, y que ha dado un gran revés a la Legión de Cristo por no sé qué razones de las que no puedo acordarme.
Esto, señor Loret, es una acusación grave. Prácticamente está llamando al Papa mentiroso y cobarde. A Juan Pablo II se le ha acusado de conservador, de tradicionalista, de retrógrado, de anticuado, de testarudo, de machista, de manipulador... bueno, hasta de instrumento de la CIA; pero nadie, ni amigo ni enemigo, lo ha pescado jamás —a menos que su «experto» sea el único— en una mentira o en un acto de cobardía. Los reto a usted y al «experto» a encontrar uno. De hecho, si tiene tantos enemigos y tantos problemas (el Papa, no su «experto»), al grado de haber peligrado su vida, es por su valor para sostener la verdad. En cuanto a su estado de salud, lo notorio no es que se hospitalice, sino que no se hospitalice más seguido. Y en cuanto a su relación con la Legión de Cristo, he leído el mensaje que les acaba de mandar y le aseguro que está lleno de frases de afecto, de aprobación y de estímulo.
El mensaje, pues (el del «experto», no el del Papa), me parece un caso típico de escándalo y de difamación. Hay que saber distinguir entre una conjetura, una opinión y una acusación sin pruebas.
Es curioso que nos quejemos de la falsedad de nuestros políticos y de la incompetencia de nuestros profesionistas, y caigamos en los mismos vicios.
Es lamentable que periodistas talentosos y carismáticos —como usted comprende—, que tendrían en sus manos la elevación intelectual y espiritual de la sociedad, tengan que recurrir al sensacionalismo, a la especulación y al juego liberal para mantenerse en el estrado. Es una lástima que no haya un noticiero que merezca llamarse «Primero la Verdad».
Es deseable que llegue el día en que la sociedad madure y se vuelva crítica (no criticona), y sepa distinguir la calidad y la autenticidad, y castigue socialmente a quienes no las representen.
Como dije, espero haber oído mal.
Atentamente,
Walter F. Turnbull Plaza

EL OBSERVADOR 451-13

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Psicología, sociología y ética
Por P. Fernando Pascual

La psicología estudia estados mentales y emocionales. La sociología analiza comportamientos y actitudes tal y como aparecen en la vida social. La ética nos presenta lo que debemos ser.

A veces la ética nos pone frente a decisiones que encierran una gran dosis de tensiones y problemas. Pensemos, por ejemplo, en un país totalitario. Una persona sufre la presión de los servicios secretos, la propaganda, el miedo. En un cierto momento, es involucrada en una denuncia política: se le pide que acuse a un inocente en un proceso judicial preparado de antemano. La tensión psicológica puede llegar a niveles altísimos. Dejar rienda al miedo y formular una declaración falsa evitaría muchos problemas. Sociológicamente, someterse a la opresión es algo bastante «normal»: muchos lo hacen. Pero la conciencia y la ética siguen allí, como una voz que susurra: «no lo hagas, sé honesto, no acuses a un inocente...».

En situaciones menos dramáticas se dan choques parecidos. Pensemos en el mundo de los adolescentes. El grupo inicia una serie de juegos y «experimentos». Un día se organiza en equipo una broma pesada a un profesor. Otro día se prepara una trampa al «empollón» de la clase para dejarlo en ridículo. Más tarde, llegan los primeros cigarrillos de marihuana, y todos observan al «bueno» para ver si será «menos hombre» que los demás o si esta vez va a ceder ante la presión del grupo. Mientras, la conciencia grita, habla o susurra tímidamente: «esto está mal»; «no lo hagas»; «no te dejes llevar por lo que veas en los demás»...

Lo que ocurre entre los adolescentes ocurre en el mundo de los adultos. En la vida universitaria, en el trabajo, en una fiesta, se presentan mil situaciones en las que la tensión asoma: o seguir lo que todos hacen para quedar bien, o decir un «no» sereno pero firme, y parecer un tímido, un reprimido, un cobarde.

Al leer algunos programas de educación sexual se descubre una fuerte dosis de ideas de tipo psicológico y sociológico, pero uno se pregunta si se ofrecen criterios verdaderamente éticos. Decir, por ejemplo, que recomendar la abstinencia es irrealista, porque sociológicamente muy pocos pueden controlar sus deseos sexuales, o porque la castidad puede crear alguna tensión psicológica, es quedarnos en lo periférico y no ir al centro del problema. Una educación sexual (como una educación en los valores de la justicia y de la tolerancia) tiene que enseñar principios éticos. De lo contrario, se limitará a aceptar hechos consumados (presentará «lo que se hace» como algo normal, desde el punto de vista sociológico) y a dar indicaciones bastante genéricas y, en ocasiones, en contra de los más elementales principios éticos.

Conviene romper con esa mentalidad que cree que nuestros adolescentes (o que los mismos adultos) son como un manojo de impulsos sin capacidad de control alguno. De lo contrario, los trataremos de un modo indigno a sus riquezas y a sus posibilidades. Es cierto que un joven en una pandilla puede involucrarse en un acto de vandalismo. Pero también es verdad que miles de jóvenes sacrifican días, meses e incluso años de su vida en actividades de voluntariado, de servicio a los más pobres, de asistencia a los enfermos o ancianos.

Ser éticos, ser honestos, ordenar las propias energías vitales según el principio del bien, nunca ha sido fácil. Por lo mismo, el joven que quiera llegar a su matrimonio sin haber tenido antes ninguna relación sexual completa, tendrá que pasar por dificultades no pequeñas. Lo mismo ocurre en algunas profesiones: mantenerse honestos e íntegros puede implicar no «ascender» nunca y, a veces, hasta perder el puesto de trabajo. La vida ética nunca ha sido un pasaporte para la tranquilidad ni para el conformismo. Las mujeres y los hombres íntegros han sido siempre luchadores contra corriente, han tenido que superar miedos personales y presiones sociales, a veces hasta el límite de la locura.

La ética no nos dirá nunca: «escoge aquello que te deje vivir tranquilo». Tampoco podrá decirnos: «respeta las imposiciones del partido único, del grupo, del jefe de trabajo, de la moda». Nos gritará, o nos susurrará: «sé siempre honesto, respeta a cada hombre o mujer que encuentres en tu camino, respétate a ti mismo».

(Artículo resumido)

EL OBSERVADOR 451-14

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CULTURA
La gracia
Por Carlos Díaz

«La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia. Hoy combatimos a favor de la gracia cara.

«La gracia barata es la gracia considerada como una mercancía que hay que liquidar; es el perdón malbaratado, el consuelo malbaratado, el sacramento malbaratado; es la gracia como almacén inagotable de la Iglesia, de donde la toman unas manos inconsideradas para distribuirla sin vacilación y sin límites; es la gracia sin precio, que no cuesta nada. Porque se dice que, según la naturaleza misma de la gracia, la factura ha sido pagada de antemano para todos los tiempos. Gracias a que esta factura ya ha sido pagada podemos tenerlo todo gratis. Los gastos cubiertos son infinitamente grandes y, por consiguiente, las posibilidades de utilización y de dilapidación son también infinitamente grandes. Por otra parte, ¿qué sería una gracia que no fuese barata?

«La gracia barata es la gracia como doctrina, como principio, como sistema; es el perdón de los pecados como una verdad universal; es el amor de Dios interpretado como idea cristiana de Dios. Quien la afirma posee ya el perdón de sus pecados. La Iglesia de esta doctrina de la gracia participa ya de esta gracia por su misma doctrina. En esta Iglesia el mundo encuentra un velo barato para cubrir sus pecados, de los que no se arrepiente y de los que no desea liberarse. Por esto, la gracia barata es la negación de la encarnación del Verbo de Dios.

«La gracia barata es la justificación del pecado y no del pecador. Puesto que la gracia lo hace todo por sí sola, las cosas deben quedar como antes: 'Todas nuestras obras son vanas'. El mundo sigue siendo mundo y nosotros seguimos siendo pecadores 'incluso cuando llevamos la vida mejor'. Que el cristiano viva, pues, como el mundo, que se asemeje en todo a él y que no procure, so pena de caer en la herejía del iluminismo, llevar bajo la gracia una vida diferente de la que lleva bajo el pecado. Que se guarde de enfurecerse contra la gracia, de burlarse de la gracia inmensa, barata, y de reintroducir la esclavitud a la letra intentando vivir en obediencia a los mandamientos de Jesucristo. El mundo está justificado por gracia; por eso —a causa de la seriedad de esta gracia, para no poner resistencia a esta gracia irreemplazable— el cristiano debe vivir como el resto del mundo.

«Le gustaría hacer algo extraordinario; no hacerlo, sino verse obligado a vivir mundanamente, es sin duda para él la renuncia más dolorosa. Sin embargo, tiene que llevar a cabo esta renuncia, negarse a sí mismo, no distinguirse del mundo en su modo de vida. Debe dejar que la gracia sea realmente gracia, a fin de no destruir la fe que tiene el mundo en esta gracia barata. Pero en su mundanidad, en esta renuncia necesaria que debe aceptar por amor al mundo —o mejor, por amor a la gracia— el cristiano debe estar tranquilo y seguro... en la posesión de esta gracia que lo hace todo por sí sola. En vez de seguir a Jesucristo, le basta con consolarse en esta gracia. Esta es la gracia barata como justificación del pecado, pero no del pecador arrepentido, del pecador que abandona su pecado y se convierte; no es el perdón de los pecados que nos separa del pecado. La gracia barata es la gracia que tenemos por nosotros mismos.

«La gracia barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento, el bautismo sin disciplina eclesiástica, la eucaristía sin confesión de los pecados, la absolución sin confesión personal. La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado.

«La gracia cara es el tesoro oculto en el campo por el que el hombre vende todo lo que tiene; es la perla preciosa por la que el mercader entrega todos sus bienes; es el reino de Cristo por el que el hombre se arranca el ojo que le escandaliza; es la llamada de Jesucristo que hace que el discípulo abandone sus redes y le siga.

«La gracia cara es el evangelio que siempre hemos de buscar, son los dones que hemos de pedir, es la puerta a la que se llama.

«Es cara porque llama al seguimiento, es gracia porque llama al seguimiento de Jesucristo; es cara porque le cuesta al hombre la vida, es gracia porque le regala la vida; es cara porque condena el pecado, es gracia porque justifica al pecador. Sobre todo, la gracia es cara porque ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su Hijo —'habéis sido adquiridos a gran precio'— y porque lo que ha costado caro a Dios no puede resultarnos barato a nosotros. Es gracia, sobre todo, porque Dios no ha considerado a su Hijo demasiado caro con tal de devolvernos la vida, entregándolo por nosotros. La gracia cara es la encarnación de Dios.

«La gracia cara es la gracia como santuario de Dios que hay que proteger del mundo, que no puede ser entregado a los perros; por tanto, es la gracia como palabra viva, palabra de Dios que Él mismo pronuncia cuando le agrada. Esta palabra llega a nosotros en la forma de una llamada misericordiosa a seguir a Jesús, se presenta al espíritu angustiado y al corazón abatido como una palabra de perdón. La gracia es cara porque obliga al hombre a someterse al yugo del seguimiento de Jesucristo, pero es una gracia el que Jesús diga: 'Mi yugo es suave y mi carga ligera'».

Éstas son palabras de Dietrich Bonhöffer en su libro El precio de la gracia. ¿Está usted dispuesto a pensarlas? Gracias a la gracia, si lo hace. Y gracias por hacerlo.

EL OBSERVADOR 451-15

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SEXUALIDAD Y FAMILIA
Complementariedad hombre y mujer
Por Nancy Escalante R. / Almas, A. C.

Todos seres humanos por su propia naturaleza necesitan del otro. Por lo tanto es natural que la persona, en algún momento de su existencia, busque encontrarse con una pareja con la cual pueda dar más de sí y con la que pueda entablar una relación profunda y duradera. Originalmente todo ser humano proviene de una relación en la que se dio un encuentro entre dos personas en el que ambas se entregaron mutuamente todo lo que ellos eran, aspiraciones, ilusiones, de tal manera que se dio la fecundidad como consecuencia del amor entre dos seres; así mismo, todos tendemos a repetir este ciclo de vida, el cual es vital.

Todos necesitamos del otro para crecer, para desarrollar nuestras potencialidades y lograr el auto perfeccionamiento al cual todo ser humano esta llamado. En este sentido es por medio de la relación hombre-mujer y únicamente a través de ella que tanto hombre como mujer pueden lograr la plenitud que buscan, debido a que ambos son complementarios física, psicológica y espiritualmente. Es por esta razón que en una relación de pareja llegamos a sentir la integración de nuestro ser con el del otro, ya que se deja de ser uno solo para convertirse en un nosotros; es decir, que en esta relación ya no cabe el egoísmo, sino por el contrario, como ya se mencionó anteriormente, se necesita la entrega y la donación mutua, para lo cual se requiere que exista la reciprocidad entre ambos para que de esta manera la pareja pueda ir logrando paulatinamente la madurez de su relación que implica un crecimiento juntos. Esta es la razón por la cual es tan importante que la pareja, al estar consciente de que se une para toda la vida con el otro, busque no sólo compartir toda la vida uno al lado del otro, sino que también compartan ideales, valores y el sentido de su existencia, de tal manera que aunque existan diferencias se pueda dar la complementariedad y la integración entre ambos. Es decir, una pareja no puede pretender ser complementaria e integrarse si ambos van por diferentes caminos, tienen diferentes ideales y no comparten valores fundamentales.

Por lo tanto, el ser humano por su propia naturaleza interna necesita del otro para lograr su trascendencia, de tal manera que la persona que es llamada a entablar una relación de pareja, es por medio del matrimonio hombre-mujer por lo que se logra esta complementariedad, integridad, unidad, fecundidad y, por lo tanto, la trascendencia del ser que implica la plenitud, a la cual todos estamos llamados y de una manera o de otra estamos en su búsqueda.

EL OBSERVADOR 451-16

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FIN

 
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