El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
6 de marzo 2005 No.504

SUMARIO

bulletPORTADA - Los que creemos en la familia estamos llamados a presentarla con valentía, sin miedo a ser perseguidos
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - La poesía del dolor
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Juan Pablo II denuncia el engaño de la "salud reproductiva"
bulletFAMILIA - La claves de la familia
bulletFAMILIA - Para desmantelar el poder del chantaje
bulletPINCELADAS - La tienda de la verdad
bulletREPORTAJE - Contradictorio: en pleno Día de la Familia, instituido por el Ejecutivo, la Secretaría de Salud lanza dos anuncios pro-homosexualidad
bulletENTREVISTA - La violencia familiar insensibiliza a las personas
bullet¡Qué el Papa renuncie!

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PORTADA
Los que creemos en la familia estamos llamados a presentarla con valentía, sin miedo a ser perseguidos
México estrena éste domingo su primer «Día de la Familia». Para entender las implicaciones de esta celebración, El Observador ha entrevistado a monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Matehuala y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar.


¿Qué puntos básicos de coincidencia tienen entre sí el Día de la Familia, tal como ha sido propuesto en el plano civil, y los objetivos de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Familia?Ha habido armonía de doctrina en cuanto al matrimonio, la familia y la vida. Concretamente, en relación a la familia, se pretende promover la familia natural, fundamentada en el matrimonio, o sea en los esposos que se convierten en padres con sus hijos.
Ahora bien, como Iglesia no podemos quedarnos ajenos; por el contrario, se trata de aprovechar la ocasión para una genuina valoración de la familia como Dios la ha querido.

¿Cómo promueve la CEM esta celebración? ¿Se espera una buena respuesta del pueblo?A la CEM le toca sólo hacer labor subsidiaria, ofreciendo material y sugerencias; pero corresponde a cada obispo en su diócesis, ayudado por los agentes de pastoral familiar que tenga, la realización de actividades concretas. Ya me he enterado de algunos preparativos; por ejemplo, marchas festivas con toda la familia y que culminen en la Eucaristía.

¿Podría darse una reacción en contra del Día de la Familia por parte de feministas y suscitadores en general del abortismo y de los «matrimonios» homosexuales —entre otras aberraciones—, así como por parte de cierta prensa virulenta de izquierda? Desde luego que se puede dar; pero es el reto: no podemos quedarnos callados, dejando que otros, que son minoría, asuman más presencia y fuerza. Los que creemos en la familia natural, fundamentada en el matrimonio, estamos llamados a presentarla con valentía y convicción, sin miedo a ser perseguidos. Lo más que podrán hacer es difamar o quitar la vida, pero entonces la ganamos para la vida eterna.

¿Beneficia, perjudica o nada importa que el Día de la Familia sea celebrado dos días antes del Día Internacional de la Mujer?Cuando se nos pidieron sugerencias de la ubicación del Día, nosotros presentábamos la opción del domingo posterior a Navidad, en que se celebra la Fiesta de la Sagrada Familia; pero se nos dijo que esas fechas estaban saturadas y no facilitaban esta celebración que se pretendía. Como quiera que sea, depende de la postura y mentalidad con que se asuma la celebración: mientras que para unos pueda beneficiar, otros lo podrán considerar como algo nocivo y con mucho veneno.

¿Es compatible la iniciación este mismo día de una campaña gubernamental «contra la homofobia», en la que más que llamar a una tolerancia de la homosexualidad se hace una apología de ésta?La persona homosexual tiene dignidad como cualquier persona, por el hecho de ser persona, y debe ser acogida con respeto, evitando todo signo de discriminación injusta. Pero hay que distinguir entre la persona y su inclinación y, por otro lado, los actos homosexuales; estos últimos son siempre reprobables.
Es imposible tratar como igual lo que no lo es: una cosa es el matrimonio fundamentado en la relación heterosexual de varón y mujer y otra muy diferente las uniones de personas del mismo sexo. Por eso el énfasis del enfoque basado en la relación de un hombre y una mujer que forman una pareja, que se casan y procrean hijos, es insoportable para los homosexuales, pues lo interpretan como discriminación. Sin embargo, la discriminación es de los homosexuales hacia la familia auténtica. Por eso es un contrasentido una campaña contra la homofobia, por el ataque a la raíz de la familia que lleva consigo.

EL OBSERVADOR 504-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La poesía del dolor
Por Jaime Septién

En un poema suyo, llamado Estanislao, Karol Wojtyla afirma que «donde la palabra no tuvo éxito, se impuso la sangre». Sentencia profética donde las haya. El papa Juan Pablo II, el gran comunicador, el hombre que ha esparcido el Evangelio por los cinco continentes, es, ahora, un testimonio de sangre, si vale asimilar la sangre al sufrimiento corporal.

El Papa ya no tiene manera —por lo menos ahora—de comunicarse mediante el habla; él, cuyo magnetismo procedía de su «manejo de la escena teatral» (recuérdese que antes de ser sacerdote fue actor del llamado «teatro rapsódico» polaco, una forma de teatro eminentemente verbal), ha ganado altura —si esto es posible—con su silencio dolorido.

La clínica Gemelli, el «Vaticano Tercero», como el Papa le llama, cariñosamente, a su tercera morada (tras del Vaticano y Castelgandolfo, la residencia de verano), se nos va haciendo a los católicos un signo: el de la lucha feroz del pontífice no por mantenerse con vida, a costa de cualquier precio, sino por el mandato recibido a través del Espíritu Santo, de guiar la barca de Pedro mediante el testimonio y el dolor, mediante la fe y la razón, mediante el compromiso y la esperanza.

En el poema a san Estanislao, muerto por defensa de la fe y por tanto mártir fundador, por segunda ocasión, de Polonia, Karol Woj-tyla quiere describir su Iglesia, la Iglesia eslava, la Iglesia católica bañada con la sangre del Cordero, y dice:

Quiero describir mi Iglesia,
En la cual, siglo tras siglo,
Han ido juntas la palabra y la sangre
Unidas por el soplo del Espíritu

Lo mismo podría decirse de su extenso y fecundo papado: en él han ido unidas la palabra y la sangre; la fuerza de lo dicho y las acciones ejecutadas, así como los dolores ofrecidos en bien de la humanidad pero, sobre todo, en favor del Evangelio, a favor de la Presencia de Cristo entre los hombres.

El soplo del Espíritu ha estado continuamente sobre el Santo Padre, y no tiene por qué abandonarlo en la hora que se acerca su muerte. Le ha dado el don supremo de saber discernir y cumplir aquello del libro del Eclesiastés, de que hay un tiempo para todo: un tiempo para el estudio y el teatro, un tiempo para el sacerdocio, un tiempo para el papado exuberante y un tiempo para el testimonio del sufrimiento al iniciarse la última parte del camino.

Éste ha sido esplendido. Maravilloso para el que lo sepa ver. Es Cristo de nuevo crucificado, varón de dolores que al despertarse de la anestesia tiene tiempo de escribir: «Pero aún sigo siendo todo Tuyo».

EL OBSERVADOR 504-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Juan Pablo II denuncia el engaño de la "salud reproductiva"

El papa Juan Pablo II, en el mensaje que dirigió a monseñor Elio Sgreccia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, y a los participantes en el congreso de estudio sobre el tema «Calidad de vida y ética de la salud», que se celebró del 21 al 23 de febrero en el Vaticano, denunció la llamada «salud reproductiva», término utilizado en ambientes internacionales para introducir el aborto como práctica médica.

El vicario de Cristo hizo esta reflexión: «Ciertamente, la salud no es un bien absoluto, sobre todo cuando se entiende como simple bienestar físico, o se eleva a mito hasta suplantar o descuidar bienes superiores, alegando razones de salud hasta en el rechazo del ser que va a nacer: es lo que sucede con la llamada 'salud reproductiva'. ¿Cómo no reconocer en esto un concepto reductivo y desviado de la salud?».

También aclaró que la salud sólo puede «ser sacrificada para alcanzar bienes superiores, como a veces lo exigen el servicio a Dios, a la familia, al prójimo o a la sociedad. La salud debe ser custodiada y cuidada como 'equilibrio físico-psíquico y espiritual' del ser humano. Es una grave responsabilidad ética y social el derroche de la salud a causa de desórdenes de todo tipo, sobre todo relacionados con la degradación moral de la persona».

Afirmó que «el ser humano debe ser reconocido y respetado en cualquier condición de salud, de enfermedad o de discapacidad»; pero lamentó que, debido a la presión por la sociedad del bienestar, «se está favoreciendo una noción de calidad de vida que es al mismo tiempo 'reductiva y selectiva'». Como consecuencia, «se niega la calidad de vida a los seres humanos que todavía no son o nunca serán capaces de entender y de querer, o a aquellos que no pueden gozar de la vida como sensación y relación», indicó.

EL OBSERVADOR 504-3

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FAMILIA
La claves de la familia
Por Jaime Septién

Algún psicólogo de avanzada, allá por los setenta y ochenta del siglo pasado, recomendaba a los padres, a los maestros, a la sociedad en su conjunto, olvidarse de la antediluviana teoría de la autoridad con respecto a la crianza de los hijos y al desarrollo intelectual, social y afectivo de los menores.

El resultado no pudo haber sido más catastrófico. Tanto la sociedad como los padres de familia nos volvimos temerosos de cualquier rasgo que pudiese denotar mandato u obediencia. Confundimos los papeles y tuvimos que conformarnos con pasar de la generación «sí papá» a la generación «sí hijo».

Nunca sabremos lo que hemos perdido al perder el binomio autoridad obediencia. Los maestros lo padecen todos los días en las aulas. Son víctima de caprichos constantes de niños con padres débiles, de familias débiles, del pensamiento débil que ha asaltado la postmodernidad hasta convertir las relaciones humanas en mutuo desconocimiento.

No abogo por un retorno a la crueldad del autoritarismo, que quede claro. Abogo —y soy el primero en reconocerlo— porque los padres y los maestros; la familia y la escuela volvamos a tomar el lugar que nos corresponde, y que nuestros niños puedan crecer en un ambiente de libertad. Porque la libertad solamente se vive cuando se tiene la noción adecuada de los límites (por ejemplo: que la libertad que tengo de extender mi brazo termina donde comienza tu nariz).
El problema del permisivismo es que no proviene del amor sino de la flojera. «Haz lo que quieras mientras no me molestes», parece ser una regla generalizada al interior de la familia de hoy. En cambio, la autoridad, es decir, la razón que da razones, implica un esfuerzo continuo que muchos no estamos dispuestos a llevar a cabo. En principio, el esfuerzo por dar razones sobre el sí o sobre el no a quienes se nos ha encomendado su educación.

Hace poco leía las conclusiones de un estudio –realizado en la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia (España)—sobre las causas de la agresividad y la inestabilidad emocional que aqueja a la gran mayoría de jóvenes de la actualidad en los centros urbanos. Son, básicamente, dos: elevada permisividad (educación sin normas) y ausencia de amor. La verdad es que podría ser solamente una: ausencia de amor. Quien ama, corrige y, al corregir, se compromete. Quien no ama, ni corrige ni se compromete. Espera que las cosas se den como su orgullo lo requiere para sobrevivir, pero sin participar en el transcurso de la vida ajena. El resultado es obvio: un desastre emocional que se desquita pegando, rompiendo, destruyendo lo de los demás.

Todo proceso educativo implica un proceso de mutua afectación: padres e hijos, maestros y alumnos, que encuentran su libertad en la práctica cotidiana del reconocimiento. La distancia, la ausencia de normas, el sinuoso empleo del «me da lo mismo» conducen a callejones sin salida, puertas cerradas a la construcción de lo que piden a gritos los hijos desgarrados del silencio violento y la alienación continua: un hogar sólido.

EL OBSERVADOR 504-4

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FAMILIA
Para desmantelar el poder del chantaje
Por Yusi Cervantes

Quienes recurren al chantaje son individuos inseguros, con poca tolerancia a la frustración, con mucha ansiedad; tienen miedo a sentirse débiles, dependen de las reacciones de los demás, haciéndolos responsables de su felicidad, por lo que se esfuerzan en controlarlos. Son incapaces de expresar con claridad lo que desean, por eso manipulan mediante amenazas, llanto o intimidación. Éstas son algunas de las formas que utilizan:

* El llanto.Los niños regularmente recurren al llanto para conseguir lo que quieren, y es necesario enseñarles que no siempre es posible obtener lo que se anhela. Pero hay adultos que jamás aprendieron a tolerar la frustración y siguen considerando al llanto la mejor manera de manipular. Aquí el remedio es dejar que el otro llore cuanto quiera, hasta cansarse (no nos referimos aquí al llanto auténtico, ante el cual hay que acoger y consolar).

* Hay personas que han sido traicionadas por su pareja y aprovechan la situación para chantajearla frecuentemente.Fingen haber perdonado al cónyuge, pero a partir de ese momento le imponen sus deseos como obligaciones, sacando a relucir una y otra vez el pecado cometido por el cónyuge. Esto puede suceder también con otros tipos de culpas graves. El cónyuge que fue culpable debe marcar un alto. No debe cargar con la culpa toda la vida, sometiéndose a los caprichos del otro. Necesita enfrentar a su pareja y ponerle un ultimátum. «O me perdonas completamente y de corazón o no me perdonas y dime qué quieres que hagamos, pero ya no voy a vivir sometido a ti».

* El abuso de superioridad,ejercido con frecuencia por los padres, incluso sin darse cuenta, por ejemplo, al decir frases como: «si no haces lo que te digo, ya no te voy a querer». Castigar a los hijos con la falta de amor es un grave error que genera en los hijos una grave inseguridad, dependencia, confusiones y una gran auto devaluación. Otra forma de abusar de la superioridad es la de utilizar castigos y prohibiciones no como un medio de educar, sino para lograr lo que los padres quieren, aunque sea por capricho. Para los niños es imposible protegerse del chantaje de sus padres. Si logran hacer conciencia del daño que recibieron, podrán sanarlo, ya como adultos generalmente, a través de una terapia o de otro medio de desarrollo personal.

* Menos grave es cuando se usa el cariño, la amistad, el aprecio o la aceptación como medio de chantaje entre adultos, pero esto puede ser devastador para personas inseguras con una autoestima débil. En este caso, la persona debe fortalecer su propia autoestima y darse cuenta de que no depende de la aprobación o cariño del chantajista, el cual, por otro lado, es falso, porque el cariño auténtico no pone condiciones.

* Hay quienes retiran el habla a los demás para ejercer presión.Interactuar con este tipo de personas suele ser desgastante, ya que hay un temor constante de que cualquier cosa le moleste y, a manera de castigo, ponga la «ley del hielo», la que, efectivamente, congela el ambiente emocional. En estos casos es recomendable responder con indiferencia, como si nada pasara, actuando con naturalidad y controlando la ansiedad que provoca la situación.

* Otras personas encuentran formas de presionar a los demás con amenazascomo: «Si me dejas, no volverás a ver a los niños», «No puedo vivir sin ti», «Si no dejas el trabajo, nos divorciamos», «Elige: tus amigos o yo», «Si no tienes relaciones sexuales conmigo, es señal de que no me quieres». Ante esto, es indispensable actuar con valentía y negarse a complacer al chantajista. Si cumple la amenaza, ya actuaremos en consecuencia, según sea el caso.

* Hay chantajistas que amenazan con auto castigarse,por ejemplo, amenazan con matarse si se les deja, o aseguran que se van a enfermar si no se les complace. Hay que hacerle ver al chantajista que no nos podemos hacer responsables por lo que haga o por lo que le pase, y que hay formas sanas de enfrentar esas situaciones. Por otro lado, hay que desechar los sentimientos de culpa cuando éstos son falsos.

La mejor forma de frenar al chantajista es no ceder a sus exigencias, porque seguirá chatajeando. Pero si a él no le da resultado, tendrá que cambiar.

EL OBSERVADOR 504-5

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PINCELADAS
La tienda de la verdad
Por Justo López Melús

Es estrecho y escarpado el camino de la verdad. Es muy peligroso ser sinceros a ultranza. Normalmente nos movemos entre medias verdades y restricciones mentales. Nos gustaría adquirir la verdad plena a bajo precio.
«¿Tu verdad? No, la Verdad.
Y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela».

Un día vi una tienda con este letrero: «La tienda de la verdad». La dependienta me preguntó si deseaba comprar verdad parcial o verdad plena. «Naturalmente —le respondí— que la verdad plena». Entonces me llevó a otra sección. El empleado me miró compasivamente y me dijo: «El precio es muy alto. Si usted se la lleva, el precio consiste en no tener ya descanso durante el resto de su vida».

EL OBSERVADOR 504-6

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REPORTAJE
Contradictorio: en pleno Día de la Familia, instituido por el Ejecutivo, la Secretaría de Salud lanza dos anuncios pro-homosexualidad
Por Diana R. García B.

El presidente de México, Vicente Fox, en un intento por fomentar la integración familiar, ha decretado muy acertadamente la conmemoración del Día de la Familia todos los domingos primeros de marzo. Así, el día de hoy, domingo 6, México realiza su primera celebración familiar con carácter oficial.
Sin embargo, la loable intención del Ejecutivo se ve empañada por el lanzamiento —en este mismo día— de la campaña radial preparada por la Secretaría de Salud «contra la homofobia».
El presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar (CEPF), moneñor Rodrigo Aguilar Martínez, ha señalado que los anuncios de la campaña, en lugar de luchar contra la «homofobia», fomentan la «promiscuidad» Y critica a la Secretaría de Salud por promover las uniones homosexuales como «un derecho».
El periódico de la arquidiócesis de Guadalajara, Semanario, considera que el gobierno, con este tipo de campañas, se suma a los grupos que pretenden «desnaturalizar» el concepto de la familia.
Por ejemplo, en el anuncio denominado «la cena», se presenta a la homosexualidad como si fuera algo muy común y natural entre las familias. Se trata de la vieja táctica empleada por los pro-homosexuales, que pretenden que el 10% de los hombres y mujeres del planeta tienen preferencia por los de su mismo sexo.
Esta mentira, ya totalmente desenmascarada por los investigadores serios, que han determinado que la población homosexual con trabajos llega al 2.5%, sigue siendo, sin embargo, caballito de batalla de las comunidades gay y sus secuaces. Recordemos, por ejemplo, la película El rey león, de Walt Disney, en la que el tío de Simba es un león homosexual. El pajarraco que hace de paje del rey menciona en una ocasión: «Hay uno así en cada familia, dos en la mía».

Quien no apoya la homosexualidad le hace daño a México, dicen

La Cámara de Diputados, en sesión ordinaria del martes 8 de febrero de 2005, aprobó una exhortación para «no ceder ante grupos de presión que intentan frenar la campaña contra la homofobia, pues sólo consiguen poner en riesgo la armonía de y entre los mexicanos».
Es decir, según los «representantes» del pueblo, estar en contra de los comportamientos homosexuales es lo mismo que hacerle daño al país.

Entonces, ¿la Iglesia apoya la homofobia?

De la campaña de la Secretaría de Salud se deprenden dos definiciones de «homofobia»: El anuncio que se ha denominado «preguntas» dice que homofobia es un «odio irracional» contra los homosexuales. Y el anuncio «la cena» enseña que es «la intolerancia a la homosexualidad».
Homosexual y homosexualidad no son sinónimos. Por eso la Iglesia distingue entre el pecado, o sea el acto homosexual (el cual siempre debe condenarse) y el pecador, es decir, el que comete tales actos (al cual hay que mirar siempre con misericordia, amor, y respeto, ya que es un ser humano creado a imagen y semejanza de Dios). Así pues, en la Iglesia no existe ningún odio, racional o irracional, contra las personas homosexuales, pero si un rechazo. Ni Dios ni su Iglesia aprueban el pecado, sea de la especie que sea: homicido, mentira, robo, adulterio, lesbianismo, idolatría, etc.

Que no es una enfermedad, dice CENSIDA

Jorge Saavedra López, director del Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/ SIDA (CENSIDA), señala que la postura de la UNPF es una muestra de ignorancia de lo que es la homosexualidad.
«Nos piden casi curemos la homosexualidad como si fuera una enfermedad. Esto no es considerado una enfermedad mental, se la quiso tratar como tal y lo único que se hizo fue violar los derechos de las personas. Quedó demostrado por la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos, a principios de la década de los 70, que el homosexualismo no es una enfermedad mental».
Se equivoca este funcionario, pues jamás «quedó demostrado» que la homosexualidad no fuera una enfermedad mental. Lo único que la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos hizó fue protagonizar uno de los capítulos más vergozosos de la historia de la medicina moderna.
Los psiquiatras estadounidenses ya llevaban varios años asediados por agrupaciones homosexuales; en sus congresos eran insultados y amenazados para presionarlos a que declararan que esta desviación sexual no era una enfermedad.
Finalmente el lobby gay triunfó: en 1973 logró que los psiquiatras decidieran «democráticamente» si les gustaría que la homosexualidad dejara de ser una enfermedad, y el 58% de los presentes apoyó esta iniciativa política y no científica.

Muchos se han curado

La homosexualidad es una enfermedad que sí se llega a curar. Desgraciadamente, existen muy pocos profesionales de la salud capacitados para tratar este mal, y los pacientes suelen estar arraigados en la idea —promovida por los mismos grupos gay—de que el homosexual no puede cambiar. Así pues, la curación no es sencilla, pero tampoco imposible.
«Fui homosexual activo durante veintiún años, hasta que me convencí de la necesidad de cambiar —explica Noel B. Mosen, de Nueva Zelanda— En todo el mundo son miles las personas que han cambiado, igual que yo. Si la orientación sexual estuviera genéticamente determinada, no habría posibilidad de cambiar. Mi experiencia es que la homosexualidad no es una condición estable ni satisfactoria. No es libertad: es una adicción emocional».
Como la homosexualidad no es una condición estable ni satisfactoria, además de ser contraria a la naturaleza, quien la practica difícilmente es feliz. Las uniones gay no suelen ser duraderas, y entre los homosexuales más «monógamos» el número mínimo de parejas sexuales que llegan a tener en su vida es de por lo menos diez.

Qué dice la Biblia

Respondía un sacerdote a un muchacho que le cuestionaba sobre la «preferencia sexual» de cada quién: «Querido joven, la sexualidad no es cuestión de elección. La sexualidad del ser humano ya viene definida de fábrica». De eso no podemos tener la menor duda: «Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó» (Gn 1,27).
Y si alguien se quedó con dudas, la Biblia es muy clara respecto de los actos homosexuales: «No te echarás con varón como con mujer, es abominación» (Lv 18. 22). «... ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales (...) heredarán el Reino de Dios» (1 Co 6, 9-10).

(Fuente: Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 504-7

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ENTREVISTA
La violencia familiar insensibiliza a las personas
Habla la teóloga Susana Torres (Segunda parte)
Por Yusi Cervantes
La licenciada en teología Susana Torres ha explicado a El Observador que la violencia familiar afecta el desarrollo de las personas, anula los procesos de convivencia y desintegra la confianza básica que debería existir en esa comunidad, que a su vez forma los grupos y las instituciones sociales. Ahora le preguntamos respecto a cómo afecta psicológicamente la violencia familiar a los menores.

Los condicionamientos psicológicos producto de la violencia pueden ser de muchos tipos. Por ejemplo, cuando el menor se identifica con la madre víctima del maltrato, se menoscaba su autoestima y se asume como la víctima asustada y quebrantada, esperando ser golpeado. Cuando el menor se convierte en protector de la madre, se expone a la violencia y pone en grave riesgo su vida. Cuando el menor se identifica con el padre agresor, imita las acciones de maltrato en contra de la madre en un intento inconsciente de alejar de sí la ira del padre, lo que lo induce a desarrollar una personalidad violenta y dividida; asimila que la persona más violenta es la que tiene mayor poder y fija en su persona altos niveles de agresividad.
En otros casos, el menor, por miedo o frustración, se evade de la familia, pone en riesgo su vida, queda indefenso y vulnerable, opta por el desarraigo y por negar su parte afectiva, posibilitando la formación de una personalidad reactiva, carente de vínculos, egoísta y antisocial.
Los aspectos psicosociales influyen en todos los aspectos del desarrollo de los individuos, en cada uno con diferentes variables. La violencia genera estrés continuo. Por ejemplo, los niños abandonados, descuidados y/o maltratados por los padres aprenden a ignorar sus sentimientos y su propio sufrimiento, a desconocer el dolor ajeno, el significado de las caricias y de la sonrisa. Son pequeños que no aprenden a confiar en los demás y anulan el poder de la socialización.
Los hijos de padres abusivos y/o negligentes, aprenden a ser invisibles, a no responder a su entorno. Son personas con problemas de atención y para aprender, con dificultad para hacer vínculos afectivos y producir reacciones positivas en los demás. El uso de castigos físicos para imponer en los menores la voluntad de los padres legitima el uso de la violencia y aumenta en los pequeños el valor de lo prohibido, haciéndolos dependientes, inseguros y carentes de iniciativas.
La exposición a la violencia insensibiliza a las personas, no solamente a quienes la padecen, sino también a quienes la observan. Como consecuencia, anula la posibilidad de empatía y la distinción del otro.

¿De qué manera la violencia familiar sigue afectando a las personas cuando crecen?
Un alto porcentaje de personas que recibieron o fueron testigos en su niñez de violencia familiar y de desaprobación social (por ejemplo, por la discriminación), continúan buscando en su adolescencia refugio emocional a través de revivir e incluso actuar las fantasías o los deseos torcidos que les permitieron cierto equilibrio, lo que los lleva a reafirmar el aislamiento y el comportamiento antisocial. El conflicto doméstico con violencia predispone la conducta delictiva del menor.

¿Por qué, en el caso de personas con la edad suficiente, continúan las víctimas de la violencia familiar al lado del agresor?
La violencia la ejercen las personas en quienes se confía, a las que se ama y a las que se está ligado sentimental y emocionalmente. Estos factores hacen difícil la toma de una decisión en el sentido de abandonar el hogar. Por otro lado, muchas personas desconocen la ley y los derechos que ésta les otorga.
En otros casos, las victimas no se van por temor a las represalias (a veces con amenazas de por medio) o por los chantajes del agresor. También ocurre que las víctimas no se atreven a irse por la enorme vergüenza que sienten, o por sentimientos de culpa, que incluyen la falsa creencia de que efectivamente son responsables de la ira del agresor, como éste les dice.
Las víctimas de agresión que intentan denunciar los hechos ante las autoridades se encuentran con muchas dificultades en los trámites, con falta de humanismo, rigidez y una actitud impersonal en los funcionarios públicos. La carencia de un verdadero apoyo a las víctimas en los juicios causa crisis graves en el interior de la familia.
Por otro lado, culturalmente, las autoridades consideraban a la familia como un ámbito privado y exceptuaban de toda sanción a la figura paterna o masculina, que era la figura de autoridad. Aunque esto es contrario a las leyes, sigue teniendo peso en la cultura. Tradicionalmente se ha considerado el uso de la fuerza física dentro de la familia como un poder legítimo del padre sobre la mujer y los hijos, y de la mujer sobre los hijos. Puesto que este maltrato se justifica, las víctimas no creen que tengan derecho a denunciar esta violencia.
Otra razón por la que las víctimas continúan en el ambiente es el daño emocional que la violencia les ha provocado y que las incapacita para tomar decisiones sanas. Hablamos, por ejemplo, del aislamiento al que el agresor suele someter a las víctimas —no les permiten salir, visitar ni ser visitadas por sus familiares y amigos—; o del grave daño a su sentido de la dignidad y de su autovalía».

La violencia la ejercen mayoritariamente los hombres, ¿no es así?
Así es. La violencia masculina se expresa a través de la violencia contra las mujeres y los menores, contra otros hombres y en contra de sí mismos. Su contexto social se basa en estructuras patriarcales de autoridad, con características de dominio y control, que están difundidas en todas las actividades sociales, económicas, políticas, religiosas, ideológicas y relacionadas con el medio ambiente.
El hombre agresor generalmente fue educado por familias en las que fueron víctimas y/o testigos de violencia. Padece graves problemas emocionales, sentimientos enfermizos de inferioridad, celos exagerados, autoestima débil; con frecuencia abusa del alcohol o de los enervantes y tiene relaciones afectivas problemáticas en las que se siente inseguro. Usualmente empieza sus relaciones amorosas o conyugales a temprana edad.
Estos hombres viven la violencia como un acontecimiento satisfactorio de poder y omnipotencia, por lo que tienden a buscar repetidamente las prácticas violentas para compensar sus inseguridades ante las ofensas imaginarias o reales. Con el tiempo aumenta su dependencia a los sentimientos de poder y omnipotencia que le brindan la violencia y el maltrato de los más débiles.
Los hombres violentos son personas posesivas que tienen celos patológicos respecto a su mujer y sus hijos. Las acciones normales de la familia las percibe como retos a su autoridad o como independencia excesiva y deseos de libertinaje.
El índice de hombres que maltratan a sus mujeres durante el embarazo es alto. Por otro lado, más de la mitad de los hombres que actúan con violencia en contra de sus hijos, también abusan sexualmente de ellos. La mayoría de estas violaciones son ignoradas por las madres, ya que los hijos temen que, si los defiende, la violencia se vuelva mayor en contra de ella y prefieren ocultar los hechos. La sexualidad la usa el agresor como relajante de la acción violenta.
En cuanto a las clases sociales, los agresores de nivel socio-cultural bajo acostumbran a reaccionar violentamente con todos, pero son más crueles con la familia. Los que pertenecen a un nivel más alto se preocupan por su imagen social, por lo que limitan las acciones violentas hacia los miembros de la familia.
Hay que señalar que el sistema de creencias y valores que definen los roles o los requisitos de hombría no nos permiten hacer una distinción clara del individuo violento de la normalidad masculina y ocultan las marcas distintivas para estos delincuentes, lo que provoca incertidumbre, problemas de confianza y de angustia social.

EL OBSERVADOR 504-8

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¡Qué el Papa renuncie!
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, C.O.R.C.

Lo dicen y vociferan en los medios, algunos, los de la falsa compasión que se hacen notar para que el Papa no contradiga con su vida doliente un iluso ser cristiano. No creen en la infalibilidad porque ellos son la verdad, la única incuestionable; porque se es infalible (?) desde antes; ni creen en la encarnación del Verbo en la práctica, salvo del logos en su discurso de soliloquio gnóstico. Sus lucubraciones no surgen de la escucha en la comunión del nosotros, de la Iglesia y del Espíritu, ni del acoger benevolente de la fe, que es pistis(= fe), la fe de la Escritura, que es una fe confiada en Aquél «que, siendo de condición divina, tomó condición de esclavo… se sometió a la muerte y muerte de cruz…», quien en su aparecer es el amor, y el amor es hasta la muerte, y el apóstol Pablo nos invita a tener sus sentimientos (cfr. Fil 2, 5 ss). Juan Pablo aceptó el consejo: su testimonio es una vida entregada y una sangre derramada hasta la ultimidad de la cruz, su cruz. Les ofende la oblación del papa Juan Pablo a quienes han hecho de su credo hegeliano, el único válido, alma de ideologías totalitarias: mi tesis, mi antítesis, mi síntesis... mi verdad que es la verdad porque poseo al logos en el puño de mi escrito, de mi idea, de mi grito.

¡Que Juan Pablo II renuncie!Que se baje de la cruz, para creer en él, porque queremos que sea como nosotros, con nosotros y para nosotros, mediocre; que se quede a mitad del camino, porque nos ofende la diferencia de una fidelidad hasta la muerte y muerte de cruz, ya que dejamos la cruz a la vera del camino por insoportable e injusta; es mejor el sacerdocio o el matrimonio ad tempus, por cierto tiempo, de verano y de circo.

Mientras, el Pueblo de Dios, el vapuleado de siempre, el que paga los platos rotos… ora, llora, acompaña silente como María a su Hijo, sufriendo la misma pasión, su pasión que es la suya, desde el murmullo herido del corazón. La pasión del Papa, no es La Pasión (The Passion)de Mel Gibson, actuada y extraordinaria; sino la real, la del Jesús de la historia, la del Jesús de hoy, la de su vicario, su icono viviente; la contemplamos así en el Papa, real y presente, en el testigo, quien afirmó alguna vez que el bautizado ha de aceptar el martirio como condición de futuro; ahora ya es condición de presente para él, para nuestro amado Juan Pablo, el primer papa mexicano…

Gracias, Señor, por el papa Juan Pablo II , por su dolor y sufrimiento, quien nos confirma en la fe, ya no con encíclicas luminosas y palabras del milenio, las pronunciadas por las calles polvorosas del Israel del mundo, sino con tu tesis nuclear, convertida en síntesis de tu vida y de su vida en el amén esponsalicio del Calvario. Ahí, con su amén prolongado y jadeante, nos enseña la elocuencia del evangelio del dolor, del evangelio de las bienaventuranzas; nos disciplina en el amor a tu Padre y nuestro Padre, en el amor a los hermanos.

Gracias porque le permites pronunciar en la vida los tres petrinos: te amo…, Señor, Tú sabes que te quiero, y de tu parte, eres el único con tu Padre —que sepa yo— que tienes la última palabra sobre tiempos y mandatos, de cada quien y de cada cual, y hasta aquella última, de los tiempos últimos, de la consumación de la historia: apacienta hasta que yo te diga ahora, en este instante: ven, bendito de mi Padre, a tomar posesión del Reino, porque tuve hambre en la humanidad del último cuarto del siglo XX y principios del primer milenio, y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; fui peregrino y me buscaste hasta el último rincón del mundo en los hombres y mujeres, en los niños y ancianos, en los sacerdotes y obispos, en los jóvenes y en los deportistas, en los enfermos, en los jefes de Estado y en los políticos, en los intelectuales, artistas, en los esposos, en las familias y en el hombre común sin nombre y que vaga por el mundo sin sentido de la vida ni el significado profundo de la existencia donada para los demás, culto agradable al Padre, alimento de Jesús.

EL OBSERVADOR 504-9

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FIN

 
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