El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
13 de marzo de 2005 No.505

SUMARIO

bulletPORTADA - El carácter sagrado del domingo y la Santa Misa como centro de toda la vida cristiana
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Pobreza y política
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Sacerdotes: cuiden sus homilías y eduquen litúrgicamente a los fieles
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Una vieja obsesión con ideas autodestructivas
bulletPINCELADAS - Vivir en la luna
bulletREPORTAJE - María Magdalena: ¿la adúltera que iban a apedrear, la que ungió al Señor con perfume, o aquélla de quien Jesús expulsó siete demonios?
bulletLos nuevos inquisidores
bulletENTREVISTA - Hay un ascenso en el arte sacro en México
bulletEl arte como espejo del mundo
bulletFLOR DE HARINA - Estilo revolucionario
bulletCOLUMNA ABIERTA - Feliz debilidad
bulletCONTEXTO ECLESIAL - Card. Herranz a la prensa: El Papa no dirige la Coca Cola, conduce a la Iglesia

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PORTADA
El carácter sagrado del domingo y la Santa Misa como centro de toda la vida cristiana
Zenit / Especial para El Observador
Ayudar a los cristianos a celebrar el domingo como un día especial es uno de los objetivos del Año de la Eucaristía que la Iglesia está celebrando. En su carta apostólica para este año, Mane Nobiscum Domine, Juan Pablo II escribía: «Es de desear vivamente que en este año se haga un especial esfuerzo por redescubrir y vivir plenamente el Domingo como día del Señor y día de la Iglesia» (No. 23).

El Papa también invitaba a los sacerdotes durante este año especial, que terminará en octubre de 2005, a que presten mayor atención a la celebración de la misa dominical como un acontecimiento que une a toda la parroquia.
Al llamamiento del vicario de Cristo reforzando la importancia de la Misa dominical ha seguido un encuentro reciente de la Comisión Pontificia para América Latina, que tuvo lugar del 18 al 21 de enero. La comisión publicó una serie de recomendaciones pastorales sobre cómo mantener la Misa dominical como el distintivo característico de la vida cristiana.
Cuando el domingo pierde su especial significado, se ve absorbido en el concepto genérico de «fin de semana», observaba la comisión. Los cristianos, por el contrario, necesitan tener en mente que la Misa del domingo debería ser el corazón de su vida religiosa. La asistencia a la Misa dominical es también un medio importante para asegurar que la Iglesia mantiene su fervor misionero, que se refuerza a través del contacto regular con Jesús en la Eucaristía.
La comisión insistía en la necesidad de dignificar la celebración de la Eucaristía. Esto implica todo, desde los ornamentos utilizados por el sacerdote, pasando por la música empleada en la ceremonia, hasta la forma en que se organiza la liturgia. Esta dignidad se debe salvaguardar incluso en circunstancias con especiales dificultades, como prisiones, asilos de ancianos y hospitales.

El Día del Señor comienza desde el seno de la familia

Otra recomendación se refiere a la necesidad de una participación activa de todos en la celebración. Para asegurar esto, la comisión invita tanto a los sacerdotes como a los laicos a meditar en el significado de la Misa dominical como el momento central del Día del Señor. La comisión animaba a los sacerdotes a que aumentaran su reverencia en la Misa, reflexionando con sus palabras y actos sobre el gran valor del misterio que celebran. También recomendaba que se dé un cuidado adecuado a la preparación de la homilía del domingo, basando su contenido en las Escrituras, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio.

No perder de vista la victoria de Cristo

Para quienes participan de algún modo en la celebración litúrgica como acólitos, lectores, ministros de la Eucaristía..., la comisión pide que se les dé una cuidadosa preparación en el papel que van a llevar a cabo.
Otra forma con la que la comunidad cristiana puede valorar mejor la Misa dominical es a través de una adecuada catequesis. La comisión pedía un esfuerzo creciente para comunicar el valor de la Misa. Parte de esto implica una mayor sensibilización en la conexión entre los sacramentos, por ejemplo, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Asimismo, se sugiere una mayor participación en el sacramento de la Reconciliación para asegurar una digna recepción de la Comunión. La comisión también observaba la importancia de asegurar que toda la familia participa unida en la Eucaristía del domingo. Relacionada con esto está la necesidad de enseñar dentro de la familia la importancia de la Eucaristía.
Ésta no es la primera vez en que el Papa insiste en la necesidad de asegurar que el domingo se viva como un día especial para los católicos. En la carta apostólica de 1998, Dies Domini, dice: «¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo!». «El tiempo ofrecido a Cristo nunca es un tiempo perdido, sino más bien ganado para la humanización profunda de nuestras relaciones y de nuestra vida».

EL OBSERVADOR 505-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Pobreza y política
Por Jaime Septién

En lugar de concebir a la política como un mero instrumento para acceder al poder y conservarlo a como dé lugar, los partidos políticos deberían estarse planteando, junto con sus métodos de selección interna de candidatos, junto con sus candidatos, cómo sacar de la pobreza extrema a la que están sometidos millones de niños en México.

Recientemente, el reporte «Pobreza Infantil 2005», de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), la llamada «organización de los países ricos», a la cual, desde marzo de 1994 pertenece México, sitúa a nuestro país, junto con Estados Unidos, con focos rojos en lo que a pobreza infantil se refiere.

México y el vecino país del Norte son los dos únicos países de la OCDE que superan 20% de población infantil en estado de pobreza extrema. En concreto, 27.7% de los niños mexicanos sufren pobreza extrema, mientras que en Estados Unidos 21.9% la padecen (y de ellos, qué rabia, muchos son de origen mexicano). Comparado con el 3.4 de Noruega, el 2.8 de Finlandia o el 2.4 de Dinamarca, México dista mucho de dos cuestiones fundamentales para consolidar la democracia: equidad de oportunidades y justicia social.

¿Qué puede decirse de un país así? Que en ese país hay un enorme fracaso del modelo económico y, por tanto, de la propuesta política que lo sustenta. Estamos ante un panorama aterrador: hemos cancelado la dignidad de vida a millones de niños mexicanos. No se vale jugar con ellos.

De ahí que las elecciones de candidatos, tanto como las elecciones generales, deban ser tomadas por las organizaciones políticas de México como un verdadero reto para enfrentar (y ganar) la «madre de todas las batallas», la de la pobreza infantil. Los ciudadanos tenemos que presionar para que los «cómo» se sobrepongan a los «por qué».

Habitualmente, los aspirantes a puestos de elección popular nos dicen por qué votar por ellos; la vuelta de tuerca implica orillarlos a que nos digan, ahora mismo, cómo le van a hacer para sacar a tantos niños (y jóvenes, y ancianos) de la pobreza extrema en sus municipios, en su estado, en el país.

No es imposible. Hay ejemplos como el de Irlanda (para no irnos a los países asiáticos, tan distantes y tan distintos a nosotros) que en quince años pasó de ser la economía más lenta en crecimiento de Europa a ser la más explosiva de todas. En números absolutos y en números relativos. Es decir, en la macroeconomía (medida por el crecimiento del producto interno bruto) y en la microeconomía, la que nos interesa a usted y a mí (medida en términos de niños y familias que superan la línea de la pobreza).

Y los irlandeses, hasta donde yo sé, no son de otro planeta.

EL OBSERVADOR 505-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Sacerdotes: cuiden sus homilías y eduquen litúrgicamente a los fieles

Desde su habitación del hospital, al no poder encontrarse con la asamblea de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en la que participaron 32 cardenales y 19 arzobispos en Roma, Juan Pablo II les dirigió un mensaje desde el Policlínico Gemelli.

Por lo que se refiere a la formación litúrgica, el pontífice aclara que no sólo es «fundamental» para «la preparación de futuros presbíteros, diáconos, de los ministros instituidos y de los religiosos», sino que forma parte de la «dimensión permanente de la catequesis para todos los fieles».

«Es urgente que en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y en los movimientos eclesiales se aseguren adecuados itinerarios formativos para que se conozca mejor la liturgia en la riqueza de su lenguaje, y sea vivida en plenitud. En la medida en que así se haga, se experimentarán benéficas repercusiones para la vida personal y comunitaria».

«La reforma litúrgica del concilio Vaticano II ha producido grandes frutos, pero hay que pasar de la renovación a la profundización».

Por lo que se refiere a la predicación de la homilía, el Papa considera que ésta «debe favorecer el encuentro, lo más íntimo posible y fecundo, entre Dios que habla y la comunidad que escucha».

Recordó que la homilía «tiene una fisonomía diversa de la catequesis ordinaria, y compromete al que la pronuncia a una doble responsabilidad: con la Palabra y con la asamblea». Además, «es importante que no falte, especialmente en la Eucaristía dominical. En el contexto de la nueva evangelización, constituye una oportunidad formativa preciosa, y por tanto única».

EL OBSERVADOR 505-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Una vieja obsesión con ideas autodestructivas
Por Yusi Cervantes

PREGUNTA
Tuve el gusto de leer una publicación en donde usted hace referencia al amor y la obsesión y particularmente sobre esto último me ha llamado la atención, pues aunque para alguien pueda parecer ridículo, he vivido muchos años metido en una obsesión afectiva que me ha hecho mucho daño y con cierta frecuencia me lleva a pensar en ideas autodestructivas.
No pretendo que mediante un artículo pueda resolver lo que no he resuelto en esos años, pero en fecha reciente y por azares de la vida encontré en mi camino a una pariente de esa persona que no puedo olvidar, lo cual ha recrudecido mis conflictos emocionales y mis estados depresivos. En aras de sacar lo que tenía guardado me puse ha escribir un relato de 20 hojas en donde hago referencia a esa historia cuyo mal resultado para mí desencadenó esta obsesión que no me deja en paz ni de día ni de noche. Todo esto lo hice con la finalidad de tratar de curarme, pero creo que el resultado ha sido peor.
Cualquiera que me conozca difícilmente podría descubrir en mí las terribles tormentas emocionales que vivo, de no ser por mi semblante en donde a veces se reflejan las depresiones que sufro y que en ocasiones me obligan a tomar medicamentos. Puedo pasar por el ser más normal de la tierra, tengo una familia y una buena situación económica, tengo estudios y aún no llego a los 50 años.
Tiempo atrás busqué ayuda sicológica pero con tan mal tino que juré no volverlo a hacer, pues no sólo perdí mi dinero sino también la confianza en este tipo de ayuda. Sin embargo, me encantaría escuchar su amable opinión de cómo curarme de esto de una manera distinta a la de autodestruirme.

RESPUESTA

La primera buena señal es que no habla del asunto como si se tratara de amor, de modo que entiendo que no lo considera como tal, sino como lo que es: una obsesión.

Recuerdo ahora la historia de una mujer cuya madre no aprobaba la relación de la hija con un hombre que vivía en otra ciudad, de modo que tiró todas las cartas que éste le escribió y la negó siempre cuando él llamaba por teléfono. El hombre pensó que ella ya no tenía interés en él y desistió del intento de acercarse a ella. Ella pensó lo mismo, y sufrió mucho; pero con el tiempo, encontró a un hombre bueno y amable, a quien aceptó como esposo. Tuvieron hijos, su relación era buena, pero ella no dejaba de pensar en el otro hombre, a quien, por azares de la vida, volvió a encontrar. Aclararon entonces lo sucedido y decidieron vivir su vida juntos. Ella abandono a su esposo, y la vida tranquila y segura que éste le ofrecía, para unirse al «amor» de su vida. Fracasaron estrepitosamente en poco tiempo. ¿La razón? Lo de ellos no fue amor auténtico, sino enamoramiento y pasión. ¿Tuvo razón aquella madre? No, porque no les permitió vivir el proceso normal de la relación, favoreciendo la confusión que luego tuvieron su hija y aquel hombre.

La naturaleza es muy sabia, así que pone el enamoramiento como un gancho para vincular a un hombre y a una mujer. Si consideráramos de entrada todas las dificultades que entrañan el matrimonio y la paternidad, muchas personas se negarían a entrarle al asunto. Pero como primero nos enamoramos, el camino se facilita.

Pero enamorarse no es todavía el amor. Este se construye con conocimiento mutuo, diálogo, compromiso, respeto, intimidad, buscando el bien del otro y caminando juntos, entre otras cosas. Después del enamoramiento, o cuando éste ha disminuido su intensidad, la pareja puede darse cuenta de si han llegado o no a amarse auténticamente, y tomarán entonces la decisión de separarse o de unirse para el resto de sus vidas. La chica de la historia, a causa de su obsesión (en eso se convirtió el enamoramiento trunco, por así decirlo), no se dio cuenta de que había construido una relación de amor con su esposo. Ella creía que el amor debía tener pasión, intensidad, emociones fuertes… pero no es así. Un amor conyugal se puede construir sin enamoramiento previo (que no es lo mismo que sin atracción o sin sexualidad).

¿Por qué se quedó usted atorado en aquella relación? No lo sé, pero probablemente tenga que ver con no amarse y respetarse lo suficiente a sí mismo; con fantasías absurdas; con situaciones de su infancia que de algún modo se relacionan con esa persona; con apegos: a esa persona, a la idea de que ella es la fuente de la felicidad, a su imagen de hombre enamorado de esa mujer y a otras cosas que desconozco. También podría usted tener miedo a la libertad y a la felicidad. Suena absurdo, pero es algo frecuente.

Busque otra ayuda psicológica. Si la primera vez tuvo mal tino, eso no significa que no existan los buenos psicólogos. Véalo así: si se topara con un mal médico, ¿dejaría de procurar la ayuda médica el resto de su vida? Como ya se habrá dado cuenta, los antidepresivos ayudan a salir de la parte más profunda de la depresión, pero no solucionan el problema.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 505-4

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PINCELADAS
Vivir en la luna
Por Justo López Melús *

Hay personas enfrascadas en sus libros, que viven en la luna, sin ningún contacto con la realidad. Quieren que las cosas se acomoden a sus teorías. Creen que el hombre es para el sábado, no el sábado para el hombre. Si un traje no le cae bien a una persona, es la persona la que está mal hecha, según ellos.

Llevaban a un hombre a enterrar. Cuando iba a ser introducido en la tumba, revivió y empezó a golpear la tapa del féretro. Abrieron el féretro y les increpó.
— ¿Qué estáis haciendo? Estoy vivo.
Todos se asombraron.
Uno dijo:
— Amigo, todos los médicos han certificado que habías muerto. ¿Y cómo van a equivocarse los expertos?
Así que atornillaron la tapa y lo enterraron debidamente.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 505-5

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REPORTAJE
María Magdalena: ¿la adúltera que iban a apedrear, la que ungió al Señor con perfume, o aquélla de quien Jesús expulsó siete demonios?
La confusión popular es tan grande en torno a esta santa contemporánea de Cristo y testigo clave del acontecimiento salvífico, que ni los grandes pintores o la cinematografía moderna han podido escapar de ella.
Por Diana Rosenda García Bayardo

El nombre «María» entre los judíos debió ser tan popular como lo fue «Guadalupe» entre los mexicanos de hace cincuenta o cien años. Así como no faltaba en cada núcleo familiar una Lupita o un Lupe, algo por el estilo debió ocurrir en los tiempos de Jesús con el nombre de su Madre.

La primera María famosa que se conoce a través de la Biblia es la parienta de Moisés y Aarón. Su presencia tenía verdadero peso entre el pueblo, y fue ella la que inició el famoso cántico de alabanza a Dios tras que las aguas del Mar Rojo se dividieron y el pueblo hebreo pudo cruzar poniéndose a salvo de los egipcios: «María, la profetisa, hermana de Aarón, tomó en sus manos un tamboril, y todas las mujeres la seguían con tamboriles y danzando. Y María les entonaba: 'Cantad a Yahveh, espléndida es su gloria, caballo y jinete arrojó en el mar'» (Ex 15, 20-21)

Pero es en el Nuevo Testamento, sobre todo en el Evangelio, donde las Marías abundan. Por supuesto, la primera de todas es la Madre de Dios, que aparece desde el primer capítulo del Evangelio según san Lucas.

Luego, en la vida pública de Jesús, comienzan a aparecer otras mujeres con el mismo nombre, si bien la más famosa es santa María Magdalena, a la que suele confundirse no sólo con las otras Marías, sino hasta con algunas mujeres de nombre desconocido. Por ejemplo, la mujer adúltera que iba a ser apedreada: «Los escribas y fariseos le llevan a una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: 'Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?' (...). 'Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra'» (Jn 8, 3ss)

Aunque no hay ningún indicio para sospechar que esta mujer se llamara María y que procediera de Magdala, localidad aledaña al lago de Tiberiades, ni siquiera Mel Gibson, en su magnífica película La Pasión, pudo liberarse de la arraigada costumbre de identificarla con María Magdalena.

Y otro tanto sucede con una mujer que ungiera a Jesús con perfume. De hecho, los evangelios cuentan dos casos diferentes. San Lucas escribe: «Un fariseo le rogó [a Jesús] que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de Él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con perfume» (Lc 7, 36ss).

Sin embargo, esta mujer de nombre desconocido no es la misma de la que hablan san Mateo y san Marcos, que tampoco mencionan su nombre: «Estando [Jesús] en Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza» (Mc 14, 3ss; cfr. Mt 26, 6ss).

En el relato de san Lucas, ante los pensamientos de duda del fariseo, que considera inconcebible que un verdadero profeta se deje tocar por una pecadora pública, Jesús declara que los muchos pecados de ella quedan perdonados «porque ha amado mucho». En cambio, en el de los otros dos sinópticos, el conflicto se suscita porque los discípulos —san Juan le echará la culpa a Judas Iscariote— protestan por el alto precio del perfume, pudiendo usarse ese dinero para los pobres; y la respuesta de Cristo es que lo hecho por ella es correcto porque «se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura».

Así pues, a pesar de que el relato lucano tiene cierta semejanza con el de Mateo y Marcos, no se trata de la misma mujer ni del mismo episodio. Sin embargo, en el de los dos últimos, que ubican el episodio en Betania, la ungidora sí se llamaba María, pero no era María Magdalena. Lo anterior nos lo aclara san Juan: «Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos» (Jn 12, 1ss). Si bien Mateo y Marcos hablaron de que esta mujer ungió la cabeza de Jesús, Juan habla de los pies de Jesús, como en el episodio que cuenta Lucas. Pero de lo que no cabe duda alguna es de que esta María no andaba de paso por aquella ciudad, ni era de Magdala (o Magdalena), sino de ahí mismo, de Betania, cosa que el evangelista hijo de Zebedeo ya había aclarado en el capítulo anterior: «Había un enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo» (Jn 11, 1-2).

Entonces, si María Magdalena no fue la adultera que iban a apedrear, ni la pecadora que ungió los pies de Jesús, o la otra María que lo ungió adelantándose a su sepultura, ¿quién fue entonces María Magdalena? San Lucas y san Marcos nos revelan que fue una mujer exorcizada por Jesucristo: «...le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios...» (Lc 8, 1-2; cfr. Mc 16, 9).

En un momento dado, los cristianos de épocas posteriores, por el afán de agrandar la figura de esta santa, acabaron por confundirla con otras mujeres del Evangelio. Así, la convirtieron en el prototipo de los convertidos, y hasta la nombraron patrona de los perfumeros, los peinadores, los guanteros, los jardineros y los contemplativos. Y en la iconografía suele representársele con un vaso de perfumes y unos guantes al lado de ella.

Sin embargo, santa María Magdalena no tiene necesidad alguna de añadidos ni pasajes prestados. Aunque no se sabe a ciencia cierta si en los años posteriores a Pentecostés se trasladó con la Virgen María y san Juan a Éfeso, o si más bien se desempeñó como misionera y asceta en Francia, lo que nos dicen de ella las Sagradas Escrituras es más que suficiente para otorgarle un lugar destacado en la historia. No sólo estuvo con otras mujeres mirando primero «desde lejos»(cfr. Mc 15, 40) cómo padecía Cristo en la cruz, sino después «junto a la cruz de Jesús», acompañando a la Virgen María (cfr. Jn 19, 25). Y, más aún, la gran noticia de todos los tiempos, la del acontecimiento que transformó el universo para siempre, no fue dada en primer lugar por el gran san Pedro, que habría de pastorear el rebaño de Jesús, ni tampoco por san Juan ni otro de los Doce, sino por santa María Magdalena, elegida por Dios como primer testigo, que corrió a informar lo que había visto y oído: «Jesús ha resucitado».

EL OBSERVADOR 505-6

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Los nuevos inquisidores
Por el Pbro. Fernando Pascual

Un profesor de filosofía del derecho explicaba que el sistema judicial de Occidente se había desarrollado hacia una dirección muy clara: proteger al más débil. Desde luego, esto no significa que la meta haya sido alcanzada con el nacimiento de las constituciones griegas, del derecho romano o de las legislaciones medievales o modernas. Han pasado muchos siglos desde que se iniciase a perfeccionar el sistema. Gracias a tantos esfuerzos, hoy se busca que los presuntos culpables puedan tener derecho a un abogado, a juicios de apelo, a recursos a sentencias, de forma que se garantice cada vez, de un modo más eficaz, la posibilidad de su defensa, y que todos crean en su presunta inocencia «hasta que no se demuestre lo contrario».

Creemos, por lo mismo, estar lejos de esos pueblos que, en forma tumultuosa, lapidaban o ahorcaban a los presuntos culpables de un crimen, una violación o un robo. Creemos poder garantizar, cada vez más, la justicia para todos. Sin embargo, todavía hay mucho que realizar. Hay condenas que tienen un sabor a proceso político o a juegos sucios de intereses comerciales. Hay denuncias que carecen de todo fundamento, pero que tienen «congelada» la fama de personas inocentes, algunas de las cuales no pueden pagar una defensa eficaz, un abogado honesto, o simplemente no encuentran quién pueda salir a defenderles. Son situaciones enormemente graves, que apelan a toda la sociedad y nos piden que mejoremos nuestros tribunales, que no permitamos que el dinero, la pereza, la burocratización excesiva u otras maniobras misteriosas puedan acabar con la paciencia de ciudadanos e, incluso, puedan condenar a inocentes cuando los culpables campean libremente en el mundo de los «honestos».

Pero si es urgente mejorar el sistema judicial, es también necesario notar que existen otros tipos de condena, que pueden tener efectos más graves que los martillazos en una mesa de un juez de mirada amenazadora. A veces bastan unas líneas de calumnia en un periódico, una insinuación en la televisión, una sospecha lanzada por la radio, una acusación en internet, para quitar completamente la fama a una persona o una institución, sin que se deje muchas veces espacio a una defensa justa.

Si nos horroriza la imagen de un «gran inquisidor» que amedrenta y arrastra a la condena, a los hierros o al fuego, a un pobre hombre que piensa de un modo distinto, también nos llena de preocupación el que se pueda lanzar con gran libertad, sin espacio a la réplica, una acusación traidora, muchas veces bañada de intereses turbios, contra quien no ha sido antes escuchado, interpelado, respetado en su presunta inocencia.

En el mundo de la información puede ser más dañino para un hombre o una mujer el ver su nombre calumniado en un medio masivo de comunicación que no el recibir una condena más o menos seria en un tribunal de justicia entre el silencio o la indiferencia de los profesionales de la prensa o de la radio. En el primer caso, quizá sin juicio, el «reo» nota cómo los dedos y los pensamientos de muchos le señalan como culpable de delitos que quizá nunca ha cometido. En el segundo, quien ha sido declarado culpable, en la serenidad y la calma de un cierto anonimato, recibe un castigo proporcionado a su falta, pero sin que su caso transcienda más allá de quienes deben ser informados de la sentencia.

Desde luego, hay juicios que merecen la atención de la opinión pública. Pero una cosa es informar de un proceso en el que (esperamos) se trabaja con honradez y equidad, y otra es lanzar a los teletipos de los periódicos un imaginado, supuesto delito, de un ciudadano que, de la noche a la mañana, recibe una condena pública que puede llevarle a perder su trabajo, o el desprecio ciudadano, o la confianza de algunos amigos... Aunque, como decía Aristóteles, el verdadero amigo no se pierde por una calumnia, pues quien sí conoce al «condenado» puede intuir cuánto hay de mentira en una difamación multimedial.

Siempre nos aterran los métodos inquisitoriales. El mundo de la democracia debe garantizar que no se repitan hechos parecidos. Y la gran prensa, la televisión local o internacional, los diseñadores de páginas informativas en internet, deben tener en cuenta que cualquier dato que se lanza a la movediza y frágil «opinión pública» puede tener consecuencias condenatorias de proporciones incontrolables.

Queda abierta, desde luego, la posibilidad de que los calumniados se defiendan. Pero una cosa es apelar contra una sentencia de un tribunal bien definido, con miembros concretos y acusaciones reales, que pueden ser respondidas una a una, y otra intentarlo contra un juicio «informático» social. ¿Cómo defenderse de una duda, de una insinuación, de un «se dice» que corre anónimamente de boca en boca, de página a página? ¿A quién acusar? Y, en el caso de encontrar un culpable y vencer el juicio, ¿de qué sirve si la sentencia queda olvidada ante la indiferencia de los mismos medios de comunicación, que apenas si le dedican, si uno es afortunado, algunas líneas en las páginas menos leídas del periódico?

EL OBSERVADOR 505-7

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ENTREVISTA
Hay un ascenso en el arte sacro en México
Habla el presbítero Jorge Armando Ruiz Castellanos
Por María Velázquez Dorantes

¿Quién es el presbítero Armando Ruiz Castellanos?
Un estudiante que estudiaba pintura y que se encontró con el llamado de Dios, y que ha seguido ejerciendo un poquito el acercamiento al arte y a la pintura; un poquito, lo que ha podido. Estudié Artes Plásticas en la Escuela de San Carlos; fui miembro del Consejo Universitario y también de la comisión que elaboró un nuevo plan de estudios de Artes Plásticas. Como pintor he participado en múltiples exposiciones colectivas de América y Europa; mi obra se encuentra expuesta en colecciones privadas de diversos países; tengo dos exposiciones individuales con el tema de la Pasión de Cristo. Siempre me ha gustado el arte y actualmente me encargo de la Comisión de Arte Sacro de México, desde hace 8 años.

¿Cuáles son los principios y problemas a los que se enfrenta el Arte Sacro?
El principio es que sea un arte que sirva para la liturgia, principalmente; que sirva para el culto divino. El problema se encuentra en la falta de religiosidad de buena parte del mundo contemporáneo.

¿Cuál es el icono pictórico más representativo de arte sacro en México?
Sin duda, la imagen de la Virgen de Guadalupe es el icono más importante de México. Pero ese no ha sido un arte sacro hecho por los hombres; en ese sentido estamos hablando de otra dimensión más alta y, por lo demás, yo diría que hay muchísimas representaciones maravillosas que, en general, no podría decir ésta, porque me gustan todas.

¿Bajo qué condiciones o qué formas se realiza el arte sacro?
Se necesita la disponibilidad de ponerse al servicio de Dios. Es una idea de también servir a los demás para acercarles a servir a Dios, pero no siempre eso es posible; un artista tiene que ser coherente consigo mismo y con lo que pueda aportar, poco o mucho; tiene que ser sincero y eso no es una tarea fácil.

En la misma línea de arte sacro ¿cuál es la función que éste desarrolla?
Acercar las gentes a Dios en la liturgia, porque ese es el arte sacro. Habría que distinguir entre el arte de tema religioso, que podría ser muchísimo, como el arte devocional, y el arte sagrado es aquel que sirve para el culto de Dios, y esto en las distintas religiones, no solamente en la Católica; también hay arte sacro azteca y arte sacro en verdad ortodoxo y arte sacro judío, etcétera; el arte sacro es aquel que se dedica para la liturgia, para el culto; arte religioso es para la inspiración religiosa en general.

¿Cómo responde la ciudadanía ante la exposición de un arte sacro?
Yo creo que la gente responde bien, pero hay que impulsarlo muchísimo más porque no se trata de tarea fácil.

¿Quiénes impulsan el interés por el arte sacro?
Lo debe impulsar toda persona que tenga una sensibilidad religiosa ante ese aspecto del arte, y de manera particular lo deben impulsar los obispos porque tienen comisiones que se dedican para eso, son comisiones de arte sacro en las diócesis.

¿Qué puede decir acerca de toda la iconografía que México maneja sobre el arte sacro?
Que no siempre tiene la calidad que se debe desear; que a veces hay mucho sentimentalismo, porque se busca como exacerbar la sensibilidad, la cosa emotiva y a veces superficial en detrimento de un arte que involucre más a fondo el entendimiento, y más que el entendimiento, la voluntad.

¿En la actualidad se puede hablar de un ascenso o un descenso en la creación de arte sacro?
Yo creo que existe un ascenso: estamos definitivamente al alza.

EL OBSERVADOR 505-8

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El arte como espejo del mundo
Conferencia impartida por el presbítero Jorge Armando Ruiz Castellanos, de la arquidiócesis de México.

Hablar del espejo es un título muy inherente y evocador. El espejo es un objeto fascinante, antiguo, que desde hace muchos siglos es un elemento importante en la cultura; pensamos en los espejos de una casa, antiguos o cotidianos, o podemos pensar ya desde el punto de la cultura en cuántas veces se han representado los espejos en obras de arte. Hablar del espejo del mundo me parece que equivale a decir que la pintura es un espejo del mundo, que el arte de la pintura es o puede ser un espejo del mundo, entendiendo como mundo a la realidad, al sujeto; la pintura puede ser un espejo del universo entero. Ciertamente en la pintura podemos representar el cielo, las estrellas, los planetas; podemos representar cosas muy complejas. En la pintura podemos prácticamente todo; pero existe algo que parece muy importante que se tenga en cuenta: hablar de la pintura como espejo del mundo señala que la pintura no es el mundo, ni la realidad, sino que se trata de sólo su espejo.

Dentro de la pintura se encuentran dos grandes campos: por una parte el de la naturaleza, como un mundo armonioso, y por otra parte el arte, donde interviene el hombre; se suele hablar de arte en muy general cuando existe la mano del hombre; lo importante es la conciliación de una naturaleza; ya no es el mundo como cualquier otro mundo, ya es una modificación de un mundo y se podría pensar en que existe un mundo de apariencias y el espejo puede ser un mundo de apariencias. En el espejo parece que las cosas se ven como son, pero lo cierto es que se ven como aparecen. ¿Pero en el espejo se ve la realidad o es otra forma de la realidad? Muchas gentes creen que la función de la pintura es la misma que la del espejo: la de representar la realidad.

La pintura es el espejo del mundo aparente, son espejos del mundo real; sin embargo, la pintura es realista en el sentido mismo de la realidad. El arte de alguna manera es el gran pintor de la realidad, pero es una realidad a otra dimensión, una realidad que va mucho más allá de una mera descripción de las apariencias; una realidad donde el arte hace participar al espectador de una escena, aquella escena de la vida. Pero podríamos preguntarnos: ¿realmente las cosas son cómo se ven en el espejo? La imagen del espejo no es una imagen inversa, al revés; no es una imagen irreal porque se trata de una imagen bidimensional de la realidad que es tridimensional y aún multidimensional porque es la realidad y en el espejo sólo se presenta una superficie urbana, para estar y no estar. Y esa es la fascinación del espejo: parece tener profundidad.

La pintura es una representación con texturas, líneas y colores; funciona con espacios sobre una superficie plana, donde el artista puede soltar su mano, su cabeza, su ser entero, para volcar una imagen de la realidad. El pintor va haciendo sus formas en el espejo de la realidad. En la pintura está siempre presente la interpretación del pintor, su visión, siempre la visión del pintor se interpone entre el modelo escogido, la imagen que se está representando y su obra.

La pintura, como espejo de la realidad, no se confunde con la realidad; es una imagen referida a la realidad, y aunque aparente ser muy realista, en ésta se encuentra una visión del hombre. Siempre el arte va más allá, el arte es otra cosa distinta del mundo; pero los espejos también descubren mundos ocultos, el artista se ha mirado en el espejo, frente al espejo se puede mirar cómo existe una herida; hay una mirada que descubre más allá de la apariencia y, por ello, a la pintura se le considera espejo del mundo.

EL OBSERVADOR 505-9

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FLOR DE HARINA
Estilo revolucionario
(San Francisco de Asís V)
Por el Pbro. Justo López Melús

Celano debía relamerse los labios cuando escribía sobre Francisco de Asís: «El amor a Jesús era en él como un manantial que le colmaba las entrañas y brotaba al exterior. De mil modos transpiraba a Jesús. Tenía Jesús en su corazón, a Jesús en sus labios, a Jesús en sus oídos, a Jesús en sus ojos, a Jesús en sus manos, a Jesús en los demás miembros de su cuerpo: siempre. Predicaba con la palabra y el ejemplo, haciendo de todo su cuerpecillo lengua y voz del Señor»

Su estilo era revolucionario: amar a todos, y no optar por nadie contra nadie. Ésta era su táctica con los herejes cátaros: no pleitear, no discutir, no juzgar, sino ser con todos manso, pacífico, cortés, moderado, humilde y hablar con todos con corrección. Los combatió, dice Elcid, como la luz a las tinieblas, simplemente siendo. Ni siquiera los nombra, ni una frase contra ellos. Escogió la oratoria de la vida y el milagro del amor. Evitaba a los cizañeros y a los mordaces, y si runruneaban en su presencia, se tapaba los oídos para no escucharles. «Tenía gestos exquisitos —insiste Celano—, temperamento apacible, era afable en sus palabras, sereno de juicio, dulce y sin estridencias de ánimo».

«San Francisco entendió la religión algo así como unos amores de enamorado» (Chesterton). Amor a Dios, Sumo Bien, al hombre, a las criaturas. «A María la amaba tanto y con tales modos, que la lengua humana no lo sabe expresar» (Celano). Amor a las virtudes, con preferencia a la Dama Pobreza, con la que celebró sus bodas místicas. Amaba a la Iglesia. No destruyó las estructuras, las penetraba de fe. Desde dentro, con su vida evangélica, sin protestar, las rebasó, animó y revitalizó.

EL OBSERVADOR 505-10

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COLUMNA ABIERTA
Feliz debilidad
Por Walter Turnbull

¿Cuál habrá sido el mejor de los Papas?
Obviamente es algo que nadie puede decidir. Apostaría a que todos los papas han sido el mejor en la opinión de sus coetáneos. Y estoy positivamente seguro de que, en todo momento, Dios ha puesto al frente de la Iglesia precisamente al hombre que la Iglesia y el mundo necesitaban entonces.

¿Cuál ha sido la época más difícil para la Iglesia y el mundo? Tampoco podemos saberlo. Pero lo cierto es que la nuestra es un buen candidato; es, más que nada una, época de enorme confusión. Dentro de la misma Iglesia hemos visto casos de desorientación muy graves.

¿Cuál ha sido el más sabio de los hombres (después de Cristo, claro)? Vaya usted a saber. Pero es un hecho que Juan Pablo II también sería un buen candidato. Para una época como la nuestra, hacía falta un hombre como él.

Dejando aparte otras cualidades humanas: su simpatía, su carisma, su vigor, su alegría, su sensibilidad, su ingenio, su entusiasmo, su preparación... todos hemos sido enriquecidos por las cualidades requeridas por su cargo: su inteligencia, su infalible percepción de la realidad, su prudencia, su conocimiento de las Sagradas Escrituras y de la doctrina cristiana, su equilibrio, su firmeza, su asertividad, su preocupación por los necesitados; y, por encima de todas ellas, su amor y su fidelidad a Cristo y a la Iglesia, y su voluntad indestructible.

Nadie como él ha reunido multitudes, se ha ganado la admiración de propios y extraños, ha logrado el acercamiento de enemigos ancestrales, ha sido factor esencial para librar al mundo de la peste del imperialismo comunista. Solo él ha tenido la sabiduría para mantener a la Iglesia dentro del camino correcto en medio de tantas desviaciones y tentaciones. Esa sabiduría que sólo puede venir por la revelación del Espíritu Santo. Sólo él ha podido guiar la barca en medio de tantos escollos.

Cómo me recuerda al inmenso san Pablo recorriendo incansable todo el mundo conocido para llevar la buena noticia, y en medio de enormes tribulaciones escribir a los Filipenses: «Estén siempre alegres».

Ahora nuestro querido Papa está débil. Necedad para los griegos y escándalo para los judíos. Está anciano y está enfermo. Nuestra cultura materialista se niega, se opone, se resiste a aceptar que un hombre así pueda tener la razón. Es una ofensa al dios de la belleza y la fuerza física. Este es un mundo para los guapos, los ágiles, los fuertes, los divertidos, los jóvenes. Los más escandalizados piden su cabeza. Los que nunca aceptaron su autoridad se justifican alegando que ya chochea.

Y Juan Pablo II sigue adelante con la cruz a cuestas un día tras otro. Ahora más que nunca me recuerda a San Pablo.

«...Y precisamente para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, que me abofetea para que no me engría. Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, pero me respondió: 'Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad'. Por tanto, con todo gusto me preciaré de mis debilidades para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me alegro en las enfermedades, humillaciones, necesidades, persecuciones y angustias sufridas por Cristo; pues, cuando me siento débil, entonces soy fuerte... Yo, por mi parte, muy gustosamente gastaré lo que tengo y me desgastaré yo entero por todos ustedes» (2Co. 12, 7-10. 15).

Recordando esa hermosa sentencia de la liturgia de Semana Santa: «Feliz culpa que mereció tal Redentor», yo veo a nuestro gigante Juan Pablo y pienso: «Feliz debilidad que permite tal testimonio».

EL OBSERVADOR 505-11

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CONTEXTO ECLESIAL
Card. Herranz a la prensa: El Papa no dirige la Coca Cola, conduce a la Iglesia

En declaraciones al diario italiano La Stampa, el cardenal Julián Herranz, presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, aclaró a quienes hablan de una eventual renuncia de Juan Pablo II, que el Papa no dirige una corporación como «Coca Cola o General Motors», sino que conduce a la Iglesia.

Explicó que «la gente se pregunta por qué no renuncia el Papa como lo hacen los dirigentes de esas compañías. Es que ignoran que existen dos misiones en el seno de la Iglesia: la canónica y la divina».

El vicario de Cristo, agregó, no es el presidente «de una multinacional». «La misión canónica es un acto jurídico a través del cual se confiere un encargo o un gobierno. La misión de los obispos es típicamente canónica. Un obispo asume la dirección de una diócesis porque el Papa se la ha conferido», explicó. Y agregó que «para el Papa la situación es distinta. El poder soberano del pontífice deriva de Cristo y su misión como su vicario sobre la tierra es divina. El pontífice no debe responder ante ningún ser humano, por eso su misión es divina».

Por eso el Papa no renunciará a su cargo, que le fue «confiado por Dios» hasta que muera»

(Fuente: Aciprensa)

EL OBSERVADOR 505-12

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FIN

 
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