El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
1° de mayo de 2005 No.512

SUMARIO

DEBATE - Diez mitos sobre Benedicto XVI
bullet PORTADA - El programa de gobierno de Benedicto XVI: hacer la voluntad de Dios
bullet CARTAS DEL DIRECTOR - La tarea: borrar al Espíritu Santo
bullet LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO - Benedicto XVI tiene una cita con los jóvenes en Colonia el mes de agosto
bulletUna Iglesia con credibilidad
bullet ORIENTACIÓN FAMILIAR - Abuso de un hijo
bullet PINCELADAS - Peligro de infarto
bullet DOCUMENTOS - «Sí, la Iglesia está viva; ésta es la maravillosa experiencia de estos días»
bullet DOCUMENTOS - Un inicio de pontificado lleno de simbólicas novedades
bullet ENTREVISTA - Conversaciones con la hermana Glenda
bullet ENTREVISTA - El hermano Seamus
bulletSEXUALIDAD Y FAMILIA- Matrimonio y Eucaristía


 

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PORTADA
El programa de gobierno de Benedicto XVI: hacer la voluntad de Dios
Zenit / El Observador
El programa de gobierno de Benedicto XVI consiste en hacer la voluntad de Dios, no sus ideas, como él mismo subrayó en la homilía de inicio solemne de su pontificado.

«Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia», afirmó el Santo Padre.
El mismo pontífice recordó que el pasado 20 de abril ya había expuesto los grandes rasgos de su pontificado, en un mensaje leído en latín tras la Misa que celebró en la Capilla Sixtina con los cardenales. En esa ocasión se comprometió a promover la unidad en la Iglesia, la unidad con las demás confesiones cristianas, y la unidad de la familia humana, siguiendo la senda trazada por el concilio Vaticano II.

Yo, débil siervo de Dios

La homilía se caracterizó por momentos de gran sinceridad, en los que los peregrinos interrumpieron al Papa 39 veces.
«Y ahora, en este momento, yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Cómo seré capaz de llevarlo a cabo?», preguntó a los presentes.
«No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo —respondió—. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce. Y me acompañan, queridos amigos, vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe y vuestra esperanza».
«Sí, la Iglesia está viva», dijo en referencia a los días que han transcurrido desde la enfermedad y muerte de Juan Pablo II hasta la celebración del cónclave y elección del nuevo Papa. «La Iglesia es joven —aseguró el Papa alemán—. Ella lleva en sí misma el futuro del mundo y, por tanto, indica también a cada uno de nosotros la vía hacia el futuro».
«La Iglesia está viva y nosotros lo vemos —añadió—: experimentamos la alegría que el Resucitado ha prometido a los suyos. La Iglesia está viva; está viva porque Cristo está vivo, porque Él ha resucitado verdaderamente».

Quien deja entrar a Cristo, no pierde nada

Una de las palabras más repetidas fue precisamente «alegría» «gioia». El «siervo de los siervos de Dios», como se reconoció, recordó las palabras del inicio de pontificado de su predecesor, cuando clamó: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!».
«El Papa hablaba a los fuertes, a los poderosos del mundo, los cuales tenían miedo de que Cristo pudiera quitarles algo de su poder, si lo hubieran dejado entrar y hubieran concedido la libertad a la fe», recordó.
«Sí, Él, ciertamente, les habría quitado algo: el dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad. Pero no les habría quitado nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa», aseguró.
«Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada —absolutamente nada— de lo que hace la vida libre, bella y grande», añadió.
«¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida —reconoció—. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera».
«A partir de la experiencia de una larga vida personal», Benedicto XVI lanzó su último mensaje a los «queridos jóvenes»: «¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida».

EL OBSERVADOR 512-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La tarea: borrar al Espíritu Santo
Por Jaime Septién

Me ha llamado, poderosamente, la atención cómo los no católicos se indignaron con la elección del papa Benedicto XVI. Sobre él —y sobre la Iglesia católica— han soltado una carretada de insultos que van desde el «dedazo» de Juan Pablo II, hasta la conjura de los neo nazis. Nada de intervención divina. La Santísima Trinidad es un embuste. Aquí hay poder de por medio...

Desde luego, no voy a repetir aquí la sarta de idioteces que he leído o escuchado los últimos días. Quiero dejar en claro que se trata de una tarea específica, asumida con entusiasmo delirante por algunos plumíferos de poca monta, para, como se dice, espantar a los incautos católicos con el «petate del muerto» y hacerlos dudar de la presencia del Espíritu Santo en el relevo del timón de la barca de Pedro.

El mecanismo es muy sencillo: «miente, miente, que algo queda». La mentira consiste en inventar tramas, asociaciones delictuosas, pensamiento nazi, conservadurismo dogmático, derechización y falta de discernimiento de la Iglesia católica por la asunción de Jospeh Ratzinger como el sucesor directo de Juan Pablo II y, en la sucesión apostólica, de san Pedro.

Por ejemplo, el «pasado nazi» de Benedicto XVI. No existe ningún documento, ningún testimonio que refute lo que escribió el cardenal Rat-zinger en sus Memorias sobre su reclutamiento forzoso, su entrenamiento a regañadientes y su ulterior deserción (jugándose la vida, porque las juventudes de Hitler no eran, precisamente, quienes iban a perdonar a uno que había traicionado lo que ellos creían que era Alemania). Pues bien, los enemigos de la Iglesia ahora hablan de que el Papa «rasuró» sus recuerdos con toda la mala leche del mundo, para poder asumir el poder.

Esto es imposible. Si un ser humano ha sido rastreado en sus orígenes, en sus tendencias, en su vida privada, en sus estudios, opiniones, etcétera, ése ha sido Joseph Ratzinger. ¿Por qué? Pues porque desde 1981 ocupó el cargo más ingrato del Vaticano que es defender el depósito de la fe. Y tuvo que enfrentar deformaciones, traiciones veladas, salidas de madre de muchos teólogos, profesores, gente abonada a la Iglesia pero obstinada en no reconocerla en su magisterio. Ésos se la tenían guardada. Y ahora que es Papa, como el parto de los montes: en lugar de salir de su boca lava ardiente, salió, eructado, un conejito.

Y así uno tras otro de los insultos: conservador, antiliberal, dogmático, duro, intransigente, moralista, militante ultra, asociado en contra de Küng-Boff-Vidal-Dupuis y todos aquellos que —creen los chupatintas— fueron dejados a un lado por el «rotwailler de Dios», el «panzerkardinal», el «pastor alemán» que ahora habita en el Vaticano. Lo mismo decían del «Papa polaco», del «atleta de Dios», el «superstar romano». Y tras los millones de personas de todos los credos, de todas las razas, de todas las ideologías que se concentraron en torno a su santa muerte, no tuvieron (eso espero) más remedio que callarse la boca (más de alguno habrá pensado decir que fueron «acarreados» como a los mítines políticos, pero, seguramente, no tuvo pantalones para decirlo).

El tema que se traen entre manos es quitarle la acción del Espíritu Santo a la Iglesia. Oremos por estos hermanos nuestros, tan limitados, los pobrecillos. Pero no les hagamos el menor caso.

EL OBSERVADOR 512-2

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LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO
Benedicto XVI tiene una cita con jóvenes en Colonia el mes de agosto

El primer viaje internacional de Benedicto XVI podría tener lugar a su país con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebrarán el próximo mes de agosto en Colonia, Alemania.

Era el único viaje que había quedado pendiente en la agenda del papa Juan Pablo II, quien había convocado este encuentro mundial tras las Jornadas de Toronto, en julio de 2002.

En el primer mensaje de su pontificado, el papa Joseph Ratzinger saludó en particular a los jóvenes, «interlocutores privilegiados del papa Juan Pablo II» y les dirigió su «afectuoso abrazo en espera, si Dios quiere, de encontrarme con ellos en Colonia».

«Queridos jóvenes, futuro y esperanza de la Iglesia y de la humanidad, seguiré dialogando y escuchando vuestras esperanzas para ayudaros a encontrar cada vez con mayor profundidad a Cristo viviente, el eternamente joven», concluye la misiva pontificia.

El sucesor número 264 del apóstol Pedro, Benedicto XVI presentó ya las líneas directrices de su ministerio. Dijo textualmente: «el nuevo Papa sabe que su deber es hacer que resplandezca ante los hombres y las mujeres de hoy la luz de Cristo: no la propia luz, sino la de Cristo». Su segundo gran objetivo es la promoción de la unidad entre los cristianos separados en diferentes confesiones; asume «como compromiso prioritario trabajar sin ahorrar energías en la reconstitución de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo. Ésta es su ambición, éste es su apremiante deber (...). Invoco de Dios la unidad y la paz para la familia humana y declaro la disponibilidad de todos los católicos a colaborar en un auténtico desarrollo social, respetuoso de la dignidad de todo ser humano».

EL OBSERVADOR 512-3

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Una Iglesia con credibilidad
Por Antonio Maza Pereda

En la homilía del día de su entronización como sucesor de Pedro, Benedicto XVI dijo: «La Iglesia está viva... La Iglesia es joven». Esta declaración es muy significativa en estos tiempos en que muchos se apresuran a declarar la muerte de la Iglesia, o por lo menos considerarla cada vez más irrelevante: como el refugio de ignorantes y ancianos cuya única esperanza es otra vida, porque la vida actual se les acaba. El Papa afirma algo qué, cuando se vive la Iglesia desde adentro, se ve con más claridad. Sí, nuestra Iglesia está muy viva, no es la anciana moribunda que muchos imaginan y que muchos, tristemente, quisieran ver morir.

Coincidentemente, en estos días se publica el resultado de una encuesta elaborada por la compañía consultora Mitofsky, unas de las compañías encuestadoras más serias del país, con el tema de la confianza que los mexicanos tienen en sus instituciones. Ésta es la cuarta vez que se lleva a cabo esta encuesta en los últimos 12 meses. El resultado sigue siendo el mismo: la Iglesia es la institución que más confianza le merece a los mexicanos. En una escala de 1 a 10, donde 10 es la calificación que indica mayor confianza, la Iglesia obtiene una calificación de 8.2, mejorando las calificaciones que obtuvo en las encuestas anteriores por casi medio punto. En segundo lugar viene el ejército, que en encuestas anteriores empataba con la Iglesia y en tercer lugar los medios de comunicación. No tiene sentido que comparemos aquí el grado de confianza que merecen las instituciones peor calificadas, pero en la misma escala de 1 a 10 la peor calificada obtuvo 4.9. Por cierto, al separar los resultados según las preferencias políticas de los encuestados, el resultado varía muy poco.

El resultado es aún más interesante si consideramos que en los últimos 12 meses hemos sido testigos de una campaña, sutil pero intensa, para desprestigiar a la Iglesia. También es relevante constatar que prácticamente todas las instituciones reseñadas hacen fuertes gastos de publicidad en los medios, para mejorar su imagen; la Iglesia, obviamente, no hace tales gastos.

¿Qué le da ese nivel de credibilidad a la Iglesia? Podemos pensar en muchas explicaciones, tanto divinas como humanas; la podemos achacar, posiblemente, a que los ataques a la Iglesia generalmente los hacen los editorialistas y concluir que muy pocos los leen. A mí me parece que esta credibilidad es el resultado de lo que nos dijo Su Santidad Benedicto XVI: la Iglesia está viva, la Iglesia es joven. La Iglesia católica, nuestra Iglesia, tiene mayor credibilidad que las instituciones humanas porque está viva y trata de vivir, lo más congruentemente que le es posible, el mensaje que Jesús nos mandó difundir.

No debe ser esto motivo para triunfalismos absurdos; tampoco para sentir que no hay nada que hacer por mejorar nuestra adhesión a la doctrina de Cristo. Datos como estos nos deben servir para darnos cuenta de que, a pesar de nuestras flaquezas y debilidades, la Iglesia sigue siendo instrumento de Jesús para convocar a los hombres y llevarlos a la casa del Padre; para enseñarnos a hacer el bien, para enseñarnos a amar. Esta credibilidad, que no es gratuita, tenemos que impulsarla y robustecerla siendo congruentes, sintiendo con la Iglesia, buscando seguir lo mejor que nos sea posible sus enseñanzas y pidiéndole a nuestro Padre Dios que no deje de acompañarnos.

EL OBSERVADOR 512-4

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Abuso de un hijo
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Tengo tres años de vivir separado de mi esposa después de más de 30 años de matrimonio. Tengo problemas con un hijo que vive conmigo. Él, en varias ocasiones, utilizando mis amistades y clientes que tengo y que me favorecen con su confianza, va y les pide dinero en mi nombre. Yo me entero después por ellos y no por mi hijo. Cuando lo cuestiono de buena manera y de mala manera, lo único que me contesta es que se le hace fácil. Él no era así antes, esto es de poco después de la separación a la fecha. Él trabajaba como técnico profesional a nivel independiente. A pesar de esto creo que llevábamos una aceptable comunicación, pero esto disminuye cada día más. Tiene mucho más comunicación con su novia que conmigo. ¿Qué sugiere que haga? Le agradecería su apoyo.

RESPUESTA
Lo primero que le sugiero es que platique con su esposa. Aun estando separados, el hijo es de ambos. Juntos analicen la situación y piensen en las medidas que deben tomar. Tal vez ella sepa cosas respecto a su hijo que usted ignora.
Pueda o no platicar con su esposa, el siguiente paso es hablar con su hijo. Debe procurar que sea un diálogo entre adultos en el que, sin embargo, usted es el padre y la parte ofendida. Pero no llegue con acusaciones y ataques. El planteamiento debe ser más o menos así: primero, hablar objetivamente de los hechos (ocurrió esto, en tales fechas, y tuvo tales consecuencias). Luego, expresar cómo se siente al respecto (recuerde, sin acusaciones del tipo: eres irresponsable, abusivo; sino: me siento frustrado, impotente, avergonzado con mis clientes, lo que sea que usted sienta). Háblele también de su preocupación por lo que pueda estar ocurriendo a su hijo. ¿Está resentido? ¿Es una forma de venganza? ¿Lo presiona la novia? Es más importante la cuestión moral que el dinero en sí, aun sin restarle a lo económico la importancia que sí tiene. Si su hijo se abre, tal vez juntos puedan encontrar una solución. Si no lo hace, sugiérale que busque ayuda, pero no insista en ello. Su hijo es mayor y necesita tomar sus propias decisiones.
Si no hay un cambio en su hijo, deberá tomar otras medidas. Valore si conviene no pagar esas deudas y que sus amigos y clientes le cobren a su hijo. Considere si es conveniente poner sobre aviso al menos a sus amigos de más confianza. Y, finalmente, si su hijo no cambia de actitud, tal vez sería conveniente que se independice y deje su casa.
Todo esto, siempre, con amor.
Espero que pronto puedan solucionar sus problemas.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Su correo electrónico es: cervleyza@msn.com

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Cartas a El Observador

Estoy trabajando en Cáritas, en la ciudde San Luis Potosí, en la parroquia de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Nuestra labor consiste en conseguir despensas de comida para proporcionarla a las personas y familias de escasos recursos —además de realizar catequesis básica, pues sabemos que no sólo de pan vive el hombre—. Hemos notado que la pobreza tiene muchos matices y uno de estos es el de la autoestima. Concretamente, nos hemos dado cuenta de que la pobreza material esta vinculada a otros tipos de pobreza: emocional, psicológica, académica, espiritual, etc. Creemos que es sumamente importante el que estas familias cuenten también con un apoyo que les permita, en principio, vislumbrar la posibilidad de cambiar las formas de violencia. Tristemente notamos que hay madres de familia golpeadas que no intentan siquiera liberarse de situaciones tan terribles, debido a la falta de amor personal. Con base en lo anterior, nuestra pregunta es la siguiente: ¿Conoce usted a alguien en esta ciudad de San Luis Potosí que pudiera o quisiera brindar apoyo psicológico?

Desgraciadamente no conozco a ningún psicólogo en San Luis Potosí. Pero tal vez a través de este medio alguno de ellos se interese en esta labor. De ser así, le pido (a los psicólogos interesados) que nos hagan el favor de comunicarse conmigo y así ponerlos en contacto con usted. Lo felicito por la importante labor que hacen.
Yusi Cervantes Leyzaola.

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No se si me recuerde; en septiembre del año pasado le había escrito llena de dolor y miedo, pero, gracias a Dios, ya logré salir de aquel infierno. Dice el psiquiatra que veo que de verdad fue un milagro, pues fue muy pronto, ya en diciembre me sentía mucho mejor, y ahora casi estoy bien.
Le escribo para compartirle mi alegría y agradecerle su ayuda en aquellos momentos tan terribles; sus respuestas me fueron de gran ayuda, ya me di cuenta de que fue una situación que no supe manejar, pero ahora estoy más alerta, como dice Jesús: «vigilad y orad». Eso es lo que le pido a nuestro Señor ahora. Muchas gracias.
Ex-angustiada.

Gracias por compartir tu alegría con nosotros. Felicidades. Y ahora, más madura, más fuerte, puedes dar más frutos.
Yusi Cervantes Leyzaola

EL OBSERVADOR 512-5

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PINCELADAS
Peligro de infarto
Por Justo López Melús *

Jesús nos previene sobre el peligro del dinero: «No podéis servir a Dios y al dinero». Podemos engañarnos y apegarnos al dinero, so pretexto de utilizarlo para promover el Reino de Dios. El dinero lo necesitan, por ejemplo, los misioneros para obras de promoción humana. Pero hay el peligro de reduccionismo, de limitarse a la promoción social, y olvidarse de la predicación del mensaje de salvación, que es la tarea primordial del misionero.

El tío Tom estaba mal del corazón. Un pariente difunto le había dejado en herencia mil millones de dólares, y sus familiares no sabían cómo decírselo por miedo a un infarto. Encargaron al párroco que le diera la noticia: «Dígame, Tom, si Dios le enviara mil millones de dólares, ¿cómo los emplearía?». Tom reflexionó y le dijo: «Le daría a usted la mitad para la Iglesia». Y, al oírlo, el párroco sufrió un repentino ataque al corazón.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 512-6

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DOCUMENTOS
«Sí, la Iglesia está viva; ésta es la maravillosa experiencia de estos días»
Homilía de Benedicto XVI durante la Santa Misa de imposición del palio y entrega del anillo del pescador en el solemne inicio del ministerio petrino del obispo de Roma, 24 de abril de 2005.

Señores cardenales, venerables hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, distinguidas autoridades y miembros del cuerpo diplomático, queridos hermanos y hermanas:

Por tres veces nos ha acompañado en estos días tan intensos el canto de las letanías de los santos: durante los funerales de nuestro santo padre Juan Pablo II; con ocasión de la entrada de los cardenales en cónclave, y también hoy, cuando las hemos cantado de nuevo con la invocación: Tu illum adiuva, asiste al nuevo sucesor de san Pedro.

He oído este canto orante cada vez de un modo completamente singular, como un gran consuelo. ¡Cómo nos hemos sentido abandonados tras el fallecimiento de Juan Pablo II! El Papa que durante 26 años ha sido nuestro pastor y guía en el camino a través de nuestros tiempos. Él cruzó el umbral hacia la otra vida, entrando en el misterio de Dios. Pero no dio este paso en solitario. Quien cree, nunca está solo; no lo está en la vida ni tampoco en la muerte. En aquellos momentos hemos podido invocar a los santos de todos los siglos, sus amigos, sus hermanos en la fe, sabiendo que serían el cortejo viviente que lo acompañaría en el más allá, hasta la gloria de Dios. Nosotros sabíamos que allí se esperaba su llegada. Ahora sabemos que él está entre los suyos y se encuentra realmente en su casa.

Hemos sido consolados de nuevo realizando la solemne entrada en cónclave para elegir al que Dios había escogido. ¿Cómo podíamos reconocer su nombre? ¿Cómo 115 obispos, procedentes de todas las culturas y países, podían encontrar a quien Dios quería otorgar la misión de atar y desatar? Una vez más, lo sabíamos; sabíamos que no estamos solos, que estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios.

Y ahora, en este momento, yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Cómo seré capaz de llevarlo a cabo? Todos vosotros, queridos amigos, acabáis de invocar a toda la muchedumbre de los santos, representada por algunos de los grandes nombres de la historia que Dios teje con los hombres. De este modo, también en mí se reaviva esta conciencia: no estoy solo. No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce. Y me acompañan, queridos amigos, vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe y vuestra esperanza. En efecto, a la comunidad de los santos no pertenecen sólo las grandes figuras que nos han precedido y cuyos nombres conocemos. Todos nosotros somos la comunidad de los santos; nosotros, bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; nosotros, que vivimos del don de la carne y la sangre de Cristo, por medio del cual quiere transformarnos y hacernos semejantes a Sí mismo.

Sí, la Iglesia está viva; ésta es la maravillosa experiencia de estos días. Precisamente en los tristes días de la enfermedad y la muerte del Papa, algo se ha manifestado de modo maravilloso ante nuestros ojos: que la Iglesia está viva. Y la Iglesia es joven. Ella lleva en sí misma el futuro del mundo y, por tanto, indica también a cada uno de nosotros la vía hacia el futuro. La Iglesia está viva y nosotros lo vemos: experimentamos la alegría que el Resucitado ha prometido a los suyos. La Iglesia está viva; está viva porque Cristo está vivo, porque Él ha resucitado verdaderamente.

En el dolor que aparecía en el rostro del Santo Padre en los días de Pascua, hemos contemplado el misterio de la pasión de Cristo y tocado al mismo tiempo sus heridas. Pero en todos estos días también hemos podido tocar, en un sentido profundo, al Resucitado. Hemos podido experimentar la alegría que Él ha prometido, después de un breve tiempo de oscuridad, como fruto de su resurrección.

La Iglesia está viva: de este modo saludo con gran gozo y gratitud a todos vosotros que estáis aquí reunidos, venerables hermanos cardenales y obispos, queridos sacerdotes, diáconos, agentes de pastoral y catequistas. Os saludo a vosotros, religiosos y religiosas, testigos de la presencia transfigurante de Dios. Os saludo a vosotros, fieles laicos, inmersos en el gran campo de la construcción del Reino de Dios que se expande en el mundo, en cualquier manifestación de la vida. El saludo se llena de afecto al dirigirlo también a todos los que, renacidos en el sacramento del Bautismo, aún no están en plena comunión con nosotros; y a vosotros, hermanos del pueblo hebreo, al que estamos estrechamente unidos por un gran patrimonio espiritual común, que hunde sus raíces en las irrevocables promesas de Dios. Pienso, en fin —casi como una onda que se expande— en todos los hombres de nuestro tiempo, creyente y no creyentes.

¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún rasgo de lo que considero mi tarea la he podido exponer ya en mi mensaje del miércoles, 20 de abril; no faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.

En lugar de exponer un programa, desearía más bien intentar comentar simplemente los dos signos con los que se representa litúrgicamente el inicio del ministerio petrino; por lo demás, ambos signos reflejan también exactamente lo que se ha proclamado en las lecturas de hoy.

El primer signo es el palio, tejido de lana pura, que se me pone sobre los hombros. Este signo antiquísimo, que los obispos de Roma llevan desde el siglo IV, puede ser considerado como una imagen del yugo de Cristo, que el obispo de esta ciudad, el siervo de los siervos de Dios, toma sobre sus hombros. El yugo de Dios es la voluntad de Dios que nosotros acogemos. Y esta voluntad no es un peso exterior, que nos oprime y nos priva de la libertad. Conocer lo que Dios quiere, conocer cuál es la vía de la vida, era la alegría de Israel, su gran privilegio. Ésta es también nuestra alegría: la voluntad de Dios, en vez de alejarnos de nuestra propia identidad, nos purifica —quizás a veces de manera dolorosa— y nos hace volver de este modo a nosotros mismos. Y así, no servimos solamente a Él, sino también a la salvación de todo el mundo, de toda la historia.

En realidad, el simbolismo del palio es más concreto aún: la lana de cordero representa la oveja perdida, enferma o débil, que el pastor lleva a cuestas para conducirla a las aguas de la vida. La parábola de la oveja perdida, que el pastor busca en el desierto, fue para los Padres de la Iglesia una imagen del misterio de Cristo y de la Iglesia. La humanidad —todos nosotros— es la oveja descarriada en el desierto que ya no puede encontrar la senda. El Hijo de Dios no consiente que ocurra esto; no puede abandonar a la humanidad en una situación tan miserable. Se alza en pie, abandona la gloria del Cielo para ir en busca de la oveja, e ir tras ella incluso hasta la cruz. La pone sobre sus hombros, carga con nuestra humanidad, nos lleva a nosotros mismos, pues Él es el Buen Pastor, que ofrece su vida por las ovejas. El palio indica primeramente que Cristo nos lleva a todos nosotros. Pero, al mismo tiempo, nos invita a llevarnos unos a otros. Se convierte así en el símbolo de la misión del pastor del que hablan la segunda lectura y el Evangelio de hoy.

La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es indiferente para Él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción. La Iglesia, en su conjunto, así como sus pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquél que nos da la vida, y la vida en plenitud.

El símbolo del cordero tiene todavía otro aspecto. Era costumbre en el antiguo Oriente que los reyes se llamaran a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen cínica: para ellos, los pueblos eran como ovejas de las que el pastor podía disponer a su agrado. Por el contrario, el pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho Él mismo cordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados. Precisamente así se revela Él como el verdadero pastor: «Yo soy el buen pastor [...]. Yo doy mi vida por las ovejas», dice Jesús de sí mismo (Jn 10, 14s.).

No es el poder lo que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara al mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios que se ha hecho cordero nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres.

Una de las características fundamentales del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está. «Apacienta mis ovejas», dice Cristo a Pedro, y también a mí, en este momento. Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que Él nos da en el Santísimo Sacramento.

Queridos amigos, en este momento sólo puedo decir: rogad por mí, para que aprenda a amar cada vez más al Señor. Rogad por mí, para que aprenda a querer cada vez más a su rebaño, a vosotros, a la Santa Iglesia, a cada uno de vosotros, tanto personal como comunitariamente. Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos. Roguemos unos por otros para que sea el Señor quien nos lleve y nosotros aprendamos a llevarnos unos a otros.

El segundo signo con el cual la liturgia de hoy representa el comienzo del ministerio petrino es la entrega del anillo del pescador. La llamada de Pedro a ser pastor, que hemos oído en el Evangelio, viene después de la narración de una pesca abundante; después de una noche en la que echaron las redes sin éxito, los discípulos vieron en la orilla al Señor resucitado. Él les manda volver a pescar otra vez, y he aquí que la red se llena tanto que no tenían fuerzas para sacarla; había 153 peces grandes y, «aunque eran tantos, no se rompió la red» (Jn 21, 11). Este relato al final del camino terrenal de Jesús con sus discípulos, se corresponde con uno del principio: tampoco entonces los discípulos habían pescado nada durante toda la noche; también entonces Jesús invitó a Simón a remar mar adentro. Y Simón, que todavía no se llamaba Pedro, dio aquella admirable respuesta: «Maestro, por tu palabra echaré las redes». Se le confió entonces la misión: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5, 1.11). También hoy se dice a la Iglesia y a los sucesores de los apóstoles que se adentren en el mar de la historia y echen las redes, para conquistar a los hombres para el Evangelio, para Dios, para Cristo, para la vida verdadera. Los Padres han dedicado también un comentario muy particular a esta tarea singular. Dicen así: para el pez, creado para vivir en el agua, resulta mortal sacarlo del mar. Se le priva de su elemento vital para convertirlo en alimento del hombre. Pero en la misión del pescador de hombres ocurre lo contrario. Los hombres vivimos alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad, sin luz. La red del Evangelio nos rescata de las aguas de la muerte y nos lleva al resplandor de la luz de Dios, en la vida verdadera.

Así es, efectivamente: en la misión de pescador de hombres, siguiendo a Cristo, hace falta sacar a los hombres del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios. Así es, en verdad: nosotros existimos para enseñar Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario.

Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo.

Quisiera ahora destacar todavía una cosa: tanto en la imagen del pastor como en la del pescador, emerge de manera muy explícita la llamada a la unidad. «Tengo , además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor» (Jn 10, 16), dice Jesús al final del discurso del buen pastor. Y el relato de los 153 peces grandes termina con la gozosa constatación: «Y aunque eran tantos, no se rompió la red» (Jn 21, 11). ¡Ay de mí, Señor amado!, ahora la red se ha roto, quisiéramos decir doloridos. Pero no, ¡no debemos estar tristes! Alegrémonos por tu promesa que no defrauda y hagamos todo lo posible para recorrer el camino hacia la unidad que Tú has prometido. Hagamos memoria de ella en la oración al Señor, como mendigos; sí, Señor, acuérdate de lo que prometiste. ¡Haz que seamos un solo pastor y una sola grey! ¡No permitas que se rompa tu red y ayúdanos a ser servidores de la unidad!

En este momento mi recuerdo vuelve al 22 de octubre de 1978, cuando el papa Juan Pablo II inició su ministerio aquí en la plaza de San Pedro. Todavía, y continuamente, resuenan en mis oídos sus palabras de entonces: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!». El Papa hablaba a los fuertes, a los poderosos del mundo, los cuales tenían miedo de que Cristo pudiera quitarles algo de su poder si lo hubieran dejado entrar y hubieran concedido la libertad a la fe. Sí, Él ciertamente les habría quitado algo: el dominio de la corrupción, el quebrantamiento del derecho y la arbitrariedad. Pero no les habría quitado nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa.

Además, el Papa hablaba a todos los hombres, sobre todo a los jóvenes. ¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo —si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a Él—, miedo de que Él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? ¿No corremos el riesgo de encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad? Y todavía el Papa quería decir: ¡no!, quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada —absolutamente nada— de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera.

Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno.

Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida.
Amén.

EL OBSERVADOR 512-7

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DOCUMENTOS
Un inicio de pontificado lleno de simbólicas novedades

Los ritos de inicio del pontificado de Benedicto XVI estuvieron llenos de simbólicas novedades que no sólo caracterizaron la Misa solemne del domingo pasado, sino también otros gestos que se realizaron en los siguientes días o van a realizarse:

1.- Visita al sepulcro de san Pedro.- Al inicio de la Misa de inicio de su pontificado se hizo una visita al tropheum apostólico, donde se encuentra el sepulcro del primer obispo de Roma, bajo el baldaquino de la basílica de San Pedro.
Monseñor Crispino Valenziano, consultor de la Oficina de Celebraciones Litúrgicas Pontíficias, explicó el mensaje central de este gesto: Benedicto XVI no «ha sido elegido sucesor de Juan Pablo II, sino de Pedro».
Cuando el vicario de Cristo bajó a donde está el sepulcro del primer Papa, en ese momento dos diáconos recogieron los dos símbolos que luego le serían impuestos:el «Anillo del Pescador» y el «palio», que permanecieron junto a la tumba de Pedro toda la noche.

2.- El inicio solemne no fue en la basílica, sino en la plaza de San Pedro.- Monseñor Crispino Valenziano dijo que en el pasado los papas eran coronados en la Capilla Sixtina o en la basílica. Sin embargo, Benedicto XVI inició su pontificado en la plaza de San Pedro «pues es el lugar de martirio de Pedro», donde se encontraba el circo romano de Nerón, y no por motivos logísticos.

3.- El palio.- El palio del Benedicto XVI es diferente al de los últimos papas pues asume la forma del palio original, explicó Valenziano. En esta ocasión el modelo recuerda a los utilizados por la Iglesia en el primer milenio y se inspira en los mosaicos medievales de algunos templos de Roma. Mucho más grande que el utilizado por Juan Pablo II, recuerda las imágenes de «Jesús, buen pastor», pues el Papa lo porta sobre los hombros, como si se tratara de una «oveja perdida». La representación simbólica del palio se completa con cinco cruces rojas, que recuerdan las «llagas del Crucificado, y unos alfileres, símbolo de los clavos».

4.-El anillo.- Por primera vez el anillo papal lleva grabado el mismo tema que el sello papal de plomo, el que usa benedicto XVI para sellar documentos. Se trata de la imagen de san Pedro, la barca y las redes, y por este motivo se llama el «Anillo del Pescador».

5.- Rito de obediencia.- En la celebración cambió también el rito de la obediencia, protagonizado en el pasado sólo por los cardenales. En este domingo lo realizaron doce personas: tres cardenales, un obispo, un sacerdote, un diácono, un religioso y una religiosa, un matrimonio y dos jóvenes recién confirmados, provenientes de todos los continentes, en nombre de toda la Iglesia.

6.- San Pablo Extramuros.- El lunes, un día después del inicio oficial del pontificado, el Papa asistió a la basílica de San Pablo Extramuros, donde se custodia la tumba de san Pablo; esto, aclaró Valenziano, «para expresar el lazo inseparable de la Iglesia de Roma con el apóstol Pablo. Pedro y Pablo son los dos fundadores de la Iglesia de Roma».

7.- La toma de posesión de San Juan de Letrán.- El Papa tomará posesión de su cátedra como obispo de Roma el sábado 7 de mayo asisitendo a la basílica de San Juan de Letrán, porque es la catedral de la diócesis de Roma. La novedad es que habrá una celebración totalmente dedicada al Espíritu Santo.

(Fuente: Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 512-8

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ENTREVISTA
Conversaciones con la hermana Glenda
Cuando se escucha hablar de la hermana Glenda lo primero que nos preguntamos es: «¿Quién es?»
Por: María Velázquez Dorantes

Nace en Parral, en Santiago de Chile. Es hija de padres muy diferentes en ideología. Su madre es católica y su padre apostaba a muchas filosofías: él creía que la religión, las monjas y los sacerdotes se habían inventado para sacar dinero.
Fue bautizada a los cuatro años a escondidas de su padre y se la ofrecieron a la Virgen. Le pusieron de nombre Glenda porque su padre no quería nombres de santos ni nada que tuviese que ver con la religión, y le salió el tiro por la culata.
Tiene 34 años, porque servir a Dios es bueno hacerlo dentro de los mejores años de la vida, no cuando ya se está viejo y no sirve para mucho.

Si la hermana Glenda vivía una situación donde su padre la inducía a conocer otras religiones, ¿cómo es que conoce a Cristo?
Pasó por todas las sectas que había en su país, y un día le regalaron una Biblia y se le despertó tanto la inquietud que en un año la leyó del Génesis al Apocalipsis; pero sucedió que en el Evangelio de Juan tuvo la primera experiencia con Jesús.

¿Cómo es que la hermana Glenda decide entrar a un convento?
En 1988 entró a la congregación de las Hermanas de la Consolación y encontró que su vocación es consolar a través de la música. Después de haber compuesto su primera canción a los 15 años, vio el don que Dios le ha dado.

¿Cómo entró María en el corazón de la hermana Glenda?
Lo primero que recuerda es que su abuela solía rezar. Cuando su madre la bautizó a escondidas de su padre, entregó a Glenda al corazón de María. Cuando empezaba a sentir la vocación, María borró las dudas, diciendo: « Glenda, los mejores años para Dios».
La madre de Glenda tenía miedo de dejarla partir, y en un sueño María le recordó: «Graciela, tú me la ofreciste» . Cuando Glenda sufría una gran dificultad se arrodillaba ante la imagen de María, y así fue hasta su profesión de votos.

¿Qué labores realiza la hermana Glenda ahora que está en Europa?
Estudia psicología; la mitad del tiempo está en la congregación y la otra mitad cuida a su hermana de 30 años que sufrió un infarto cerebral a la hora del parto, así que tiene una linda sobrina de la que también cuida. Da consultas psicológicas sin el hábito, porque en Europa no está permitido usarlo. Y da conciertos alrededor del mundo, con su guitarra cantándole a Dios.

¿A qué se ha enfrentado la hermana Glenda?
La hermana Glenda está casada con Dios; sin embargo, se ha enfrentado a muchos comentarios, y la hacen casada porque la han visto sin el hábito, y cuando la ven con su sobrina dicen que tiene una hija, pero esto quiere decir que sigo a Dios y que soy de Dios.

¿Cuál es la primera canción religiosa de la hermana Glenda y qué pensó cuando la cantó?
Una chica de 15 años, contenta por haber encontrado a Cristo, entra en una Iglesia de su ciudad, saca su guitarra y compone su primera canción religiosa. Nunca imaginó que después la cantaría para tanta gente; la canción se llama Madre de Consolación. Esa chica era yo.

EL OBSERVADOR 512-9

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ENTREVISTA
El hermano Seamus
Por: María Velázquez Dorantes
Músico internacional, cuyos conciertos cautivan a la audiencia en una atmósfera de espiritualidad, cultura y arte en el sentido más puro. Su profundo registro vocal irlandés melódico es, a la vez, tranquilizador e inspirador. Y el sonido de su inseparable flauta de madera transporta a la audiencia hacia otro lugar, para contrastar el profundo efecto mediativo y pacificador de su música. El hermano Seamus toca un animado dodhrám (tambor irlandés de piel) que levanta al público de sus asientos.

¿De dónde es el hermano Seamus y qué hace?
El Hermano Seamus pertenece a una comunidad de Irlanda, llamada los Servidores del Amor, situada a una hora de Dublín, ciudad principal de Irlanda. He estado en esta comunidad hace más de treinta años. Es una comunidad mixta: cinco hombres y cinco mujeres. Como comunidad católica, donde se toman tres votos normales: de obediencia, castidad y pobreza.
Pero hemos tomado un voto extra, que es el carisma que define a esta comunidad, y se trata de ver lo bueno de Dios en todo.
Además de ser compositor de un clásico de Irlanda, titulado The Healer, para relajación y meditación, también ofrezco habitualmente retiros y seminarios de espiritualidad, música y relajación.

¿Cuál es la pasión del hermano Seamus?
Mi pasión es el espíritu de los monjes irlandeses que vivieron en Irlanda del 500 al 1000 d.C.

¿Qué transmite el hermano Seamus en su música?
Mi música es música celta. La espiritualidad de la música celta y de los celtas es un balance entre la naturaleza, el espíritu y el alma, y espero poder transmitir a través de mi música este balance, porque muchas veces cuando entramos en este balance naturaleza-espíritu- alma, encontramos paz.

¿Existe una forma de transmitir la liturgia por medio de la música?
Bueno, las canciones son siempre espirituales pero al mismo tiempo hablan de la Trinidad, de la Virgen María; otras son canciones de amor hacia Cristo y en diferentes situaciones podemos hacer uso de la música, por lo tanto yo hago uso de la música y también de la liturgia.

¿Qué significa el día de la Resurrección de Cristo, para dar un concierto?
Pienso que es darme cuenta que la vida que vivimos es muy corta, y aunque suframos lo que sea también son muy cortos esos sufrimientos; porque realmente estamos aquí para resucitar con Cristo. La Resurrección de Cristo simplemente es un recordatorio, como también lo es una realidad. Todos los que estamos aquí, tarde que temprano, es nuestra resurrección y esto anima mucho, da esperanza a aquél que esta en dolor y sufrimiento, en soledad, porque llegará la tranquilidad y en algún momento terminará y resucitaremos con Cristo.

¿Cómo ha sido el proceso de Irlanda a México?
Ha sido una semana Santa de mucha dificultad. Estuve enfermo por cuatro días al venir a México y he estado un poco débil. Pero a pesar de esto me encanta viajar y dar conciertos; me gusta conocer la gente, pero a veces viajar de Europa a México, porque está lejano, se hace difícil.

EL OBSERVADOR 512-10

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DEBATE
Diez mitos sobre Benedicto XVI
Apenas elegido Joseph Ratzinger como Pontífice, los bulos, mitos y leyendas negras contra Benedicto XVI se han disparado por internet. Éstas son las acusaciones más comunes.

1- Ratzinger fue nazi.-Es la acusación más fácil de hacer y más llamativa. No es ningún secreto lo que sucedió porque el mismo Ratzinger lo cuenta en sus memorias y también conocemos los testimonios de su hermano Georg. Siendo niños, la familia Ratzinger se mudó varias veces escapando de presiones de los nazis. En 1939 Joseph entró en el seminario menor, con 12 años. Fue obligatoriamente inscrito en las Juventudes Hitlerianas, aunque su profesor de matemáticas, el militante nazi al cargo, se hacía de la vista gorda y le permitía no acudir a los actos de formación hitleriana. En 1943, en plena II Guerra Mundial, con 16 años, fue llamado a filas con todos los compañeros del seminario para servir en la defensa antiaérea. Al año siguiente se le recluta para tareas de defensa anti-tanque en la Legión Austriaca (que él definió como «ideólogos fanáticos que nos tiranizaban sin descanso»). En primavera de 1945, acercándose los aliados, deserta del ejército. En su pueblo de Traunstein los estadounidenses lo encierran como prisionero de guerra, para ser liberado en junio.
Ratzinger nunca creyó la propaganda nazi, ni militó en el partido, ni compartió la ideología; más aún, toda la experiencia le sirvió para desconfiar de las ideologías totalitarias y deshumanizadoras, así como de la guerra. Sólo fue un niño alemán, uno de tantos reclutados por un régimen militarista y totalitario para defender al país.

2- Ratzinger dice que sólo se salvarán los católicos.- Se quiere acusar a Ratzinger de poco ecuménico y lejano al diálogo interreligioso. Es falso: como alemán se formó conviviendo con luteranos y ha tenido un papel importante en el acuerdo alcanzado con los luteranos acerca del tema de la justificación. En su primera Misa como Benedicto XVI se ha comprometido a «trabajar sin ahorrar energías en la reconstitución de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo».
En la Dominus Iesus la Iglesia católica reforzó y aclaró su doctrina sobre la salvación: que sólo Jesucristo puede salvar a los hombres y darles vida eterna; que la única Iglesia de Jesús es la católica; que las iglesias ortodoxas (con obispos y sacramentos válidos) son verdaderas iglesias particulares, aunque les falte la plena comunión que Jesús deseaba; que las comunidades cristianas protestantes y evangélicas no son Iglesia en sentido propio, aunque sus miembros, bautizados, tienen «una cierta comunión, si bien imperfecta, con la Iglesia» y «el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación». Respecto a los no cristianos, pueden ser salvados por Cristo (que es el único Salvador) de forma misteriosa «por caminos que Él sabe» y mediante «una misteriosa relación con la Iglesia». Lo que no se puede decir es que «la Iglesia es un camino de salvación al lado de aquellos constituidos por las otras religiones», porque aunque otras religiones no cristianas pueden tener elementos religiosos que vienen de Dios, carecen de la eficacia salvadora de los sacramentos cristianos y hay ritos y errores y supersticiones que son más bien un obstáculo para la salvación.

3- Ratzinger es un «alemán de talante germánico y cuadrado». Para nada. Ratzinger lleva 25 años en Roma y todo el mundo allí le considera «casi un italiano».
En Informe sobre la fe, Vittorio Messori le preguntó: «¿Habría preferido usted una Iglesia con centro no en Italia sino en Alemania?». «¡Qué ocurrencia! —contestó riéndose—. Tendríamos una Iglesia demasiado organizada. Imagínese que solamente en mi arzobispado [Munich] había 400 funcionarios y empleados todos bien retribuidos. Sabemos que cada oficio tiene que justificar su propia existencia produciendo documentos, planificando nuevas estructuras, organizando asambleas. [...]. Es preferible el espíritu italiano, que, al no organizar demasiado, deja espacio para los individuos, para las iniciativas, para las ideas originales que son indispensables para la Iglesia. Todos los santos fueron hombres de imaginación, no funcionarios del aparato.»

4- Ratzinger está contra el concilio Vaticano II.-Completamente falso. Ratzinger asistió al concilio como experto y asesor teológico del cardenal de Colonia en las cuatro sesiones de 1962 a 1965. Es de la generación que ha vivido, aplicado y desarrollado el concilio. Al pasar los años, ha lamentado cambios y pérdidas en la Iglesia que no figuraban en el concilio. En varias ocasiones ha expresado que muchas cosas del Vaticano II aún no se han aplicado y que, por lo tanto, no tiene sentido organizar un concilio Vaticano III. En su primera Misa como Benedicto XVI, ha declarado: «Quiero reafirmar con fuerza la voluntad decidida de proseguir en el compromiso de realización del concilio Vaticano II, siguiendo a mis predecesores y en continuidad fiel con la tradición bimilenaria de la Iglesia».

5- Ratzinger está contra la laicidad y la aconfesionalidad de los Estados.- No es cierto. El teólogo alemán está considerado como uno de los mejores conocedores de la cultura moderna y del mundo laico. Por ello mismo admite en los Estados «el laicismo justo y la libertad de religión». Lo definía así en una entrevista en La Repubblica del pasado 20 de noviembre: «El laicismo justo es que el Estado no impone una religión, sino un espacio libre para las religiones y una responsabilidad hacia la sociedad civil, y permite a las religiones ser factores en la construcción de la vida social». En la misma entrevista denunciaba: «En la vida política parece casi indecente hablar de Dios como si fuese un ataque a la libertad de quien no cree. [...]. Me parece necesario volver a descubrir que también la esfera política y económica necesita una responsabilidad moral [...]. Una sociedad en la que Dios está totalmente ausente se autodestruye. Lo hemos visto en los grandes regímenes totalitarios».

6- Nos hará volver al latín y a la Misa de espaldas.- Es una exageración bastante grotesca. Curiosamente, muchos expertos han señalado que en ningún documento del concilio Vaticano II se acordó la eliminación total del latín de la liturgia y la Misa. Ratzinger en diversas ocasiones ha expresado que sería bueno recuperar el latín para diversas partes invariables de la Misa, por ejemplo; más aún en una Iglesia tan globalizada donde en los grandes encuentros internacionales tendría sentido una cierta unidad de lengua en la liturgia. También ha defendido la licitud de los ritos anteriores al concilio Vaticano II en diversas circunstancias. Pero lo cierto es que, aunque ha sido un atento vigilante de los excesos en la liturgia, es un defensor de la Misa tal como la conocen las generaciones del post-concilio.

7- Propone una religión sólo de moral y reglas.-Otra falsedad. Ratzinger es un buen pastor y teólogo, y lo que enseña es la verdad sobre Jesús de Nazaret. «La moralidad debería inspirarse por un encuentro con Jesucristo, y no por una serie de indicaciones; es un encuentro de amor», decía en noviembre del 2003 analizando en un congreso la encíclica Veritatis splendor. «Si hay un encuentro con la persona viva de Jesucristo, de este amor fluye el resto», insiste.

8- Está contra el rock y la música moderna.-El nuevo Papa es un enamorado de Mozart, Bach y virtuoso del piano. Su hermano Georg dirige los coros de la Catedral de Regensburg (Ratisbona, Alemania). En diversas ocasiones ha criticado la música clásica moderna («para esteticistas y eruditos») y buena parte de la música pop («no es realmente popular, está diseñada por mercadotecnia»).
Hablando de música en la liturgia, ha establecido un criterio a atender en su libro El espíritu de la liturgia: «¿Este tipo de música integra al hombre elevándolo a lo superior o causa su desintegración en una intoxicación sin forma o en mera sensualdiad? Este es el criterio para una música en armonía con el logos, una forma de logike latreia(adoración razonable, digna del logos)». De todas formas, movimientos católicos muy extendidos y populares como la Renovación Carismática o el Camino Neocatecumenal hacen un uso extensivo y profuso de guitarras y músicas movidas en la liturgia, y se sabe que Ratzinger, pese a su detallismo en liturgia, nunca los ha criticado y de hecho habla muy bien de ellos.

9- No es tolerante ni dialogante.-Esto es un cliché. Ratzinger ha trabajado durante años en un cargo concreto: la Congregación para la Doctrina de la Fe, que consiste sobre todo en escuchar y leer tesis teológicas y examinar si son católicas o son otra cosa. Es evidente que aquellos cuyas tesis han sido desaprobadas han insistido en la «inflexibilidad» de Ratzinger. En realidad, sus colaboradores y quienes le conocen bien señalan su gran capacidad de escucha y diálogo, compatible con su firmeza en los temas de doctrina.

10- Es antisemita (odia a los judíos).-Éste es uno de esos rumores sin más origen que el hecho de saber que es alemán. Se lee mucho últimamente en foros de internet por parte de gente que hace un mes no sabía ni de la existencia de Ratzinger. Ahora han oído que es alemán y es «muy duro» y añaden de su propia cosecha que es antisemita.
Ratzinger no es, en absoluto, antisemita, y junto con Juan Pablo II es el gran promotor de la idea de que los judíos son los «hermanos mayores en la fe» de los cristianos.

(Fuente: ForumLibertas.com)

EL OBSERVADOR 512-11

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SEXUALIDAD Y FAMILIA
Matrimonio y Eucaristía
Por Nancy Escalante Ruiz / Almas, A. C.

Existe una relación mutua entre los sacramentos del Matrimonio y la Eucaristía, ya que ambos están vinculados por la relación sacramental de la comunión.

El Matrimonio es una comunión que implica permanencia y vitalidad, por lo tanto una estrecha relación con la Eucaristía y el verdadero sentido de la relación hombre–mujer, que es la alianza de Dios con su Iglesia. Dios, al declararse esposo y a la iglesia esposa, en la Nueva Alianza nos revela la importancia de la alianza nupcial, la cual debe estar basada en el amor mutuo y vinculada al Espíritu Santo dando lugar a la obtención de un corazón nuevo, es decir, la transformación del corazón de piedra en corazón de carne.

Jesús, en su entrega amorosa a su pueblo, que se celebra en la Eucaristía, por el signo que Él realizó en la bodas de Caná, hace a la Iglesia cuerpo suyo y a su vez la alimenta y protege como el esposo a la esposa y viceversa. En este mismo sentido santo Tomás se refiere a Matrimonio-Eucaristía como sacramentos de comunión plena, ya que implican donación de cuerpo y espíritu dando lugar a una verdadera fusión vital en el ser, pues ambas implican la comunión íntima con Cristo. Por lo que ambos sacramentos son permanentes al igual que la presencia de Cristo y su acción salvadora.

La alianza matrimonial, al ser comunión y conducir a la mutua donación, da lugar a una consagración, a un camino de fidelidad y amor para siempre al cuerpo eclesial, dando lugar así a la Iglesia doméstica que implica una misión salvifica, de predicación y de anuncio de la Buena Nueva.

Por lo desarrollado hasta estos momentos nos podemos percatar que la familia es una comunidad de vida y amor, la cual es renovada constantemente por medio de la fe y de los sacramentos, por lo que la familia debe vivir en torno a los valores, dando por consiguiente unidad, fidelidad y fecundidad.

El matrimonio es un sacramento proveedor de gracia para ambos cónyuges, en el cual existe el principio de la reciprocidad, el cual a su vez es fundamento de la Eucaristía, ya que ésta implica una mutua donación y mutua aceptación para una verdadera comunión.

Es así como la relación Matrimonio-Eucaristía también implica una comunión con la Trinidad, ya que la acción y presencia del espíritu da lugar sin duda a ese amor y a la comunión que da lugar esa plenitud interior.

EL OBSERVADOR 512-12

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FIN

 
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