El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
12 de mayo de 2005 No.518

SUMARIO

bulletPORTADA - Nuestra época envilece el amor humano, dice el papa Benedicto XVI: el cuerpo se usa para todo
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Hablar de sexo
bulletLA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO - Ser cristiano es tener los sentimientos de Jesús
bulletLa Comunidad de los Anillos
bulletREPORTAJE - La Virgen María no tiene por qué ser obstáculo ecuménico
bulletJÓVENES - Los jóvenes están llamados a la evangelización
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - Las enseñanzas de Dios
bulletVALORES CRISTIANOS - Una Iglesia de minorías
bulletDel sentido del ridículo y otras minucias

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PORTADA
Nuestra época envilece el amor humano, dice el papa Benedicto XVI: el cuerpo se usa para todo
En un congreso eclesial sobre «Familia y comunidad cristiana: formación de la persona y transmisión de la fe», el Papa ofreció reflexiones sobre el significado del matrimonio y la familia en el plan de Dios.

Partiendo de la idea de que el ser humano ha sido creado a imagen de Dios y «Dios mismo es amor», el Papa explicó que «la vocación al amor es lo que hace del ser humano la auténtica imagen de Dios. De esta fundamental conexión entre Dios y el ser humano deriva otra: la conexión indisoluble entre espíritu y cuerpo».

«La totalidad del ser humano —continuó— incluye la dimensión del tiempo, y el 'sí' del hombre significa 'siempre'; constituye el espacio de la fidelidad». Por otra parte, añadió, «la mayor expresión de la libertad es la capacidad de decidirse por un don definitivo, en el que la libertad, donándose, se realiza plenamente». En concreto, el «sí» personal y recíproco del hombre y de la mujer «es un 'sí' públicamente responsable, con el que los cónyuges asumen la responsabilidad pública de la fidelidad».

Benedicto XVI subrayó que «las diferentes formas actuales de disolución del matrimonio, así como las uniones libres y el «matrimonio de prueba», hasta el pseudo-matrimonio entre personas del mismo sexo, son, expresiones de una libertad anárquica, que se hace pasar por una verdadera liberación del ser humano. El presupuesto de tal pseudo-libertad se funda en que el ser humano puede hacer de sí lo que quiera: «su cuerpo se convierte en algo secundario, manipulable desde el punto de vista humano, que se puede usar como se quiera».

Matrimonio y familia en la historia de la salvación

El Papa recordó que «la revelación bíblica es, sobre todo, expresión de una historia de amor, la historia de la alianza de Dios con los seres humanos: por eso la historia del amor y de la unión de un hombre y una mujer en la alianza del matrimonio ha podido ser asumida por Dios como símbolo de la historia de la salvación», y que el amor auténtico es donación «y no puede existir si quiere excluir la cruz».

«También en la generación de los hijos, el matrimonio refleja su modelo divino, el amor de Dios por el ser humano. En el hombre y la mujer la paternidad y la maternidad, como el cuerpo y el amor, no se dejan circunscribir solamente a lo biológico: la vida se da enteramente sólo cuando con el nacimiento se dan también el amor y el sentido que hacen posible decir sí a esta vida. A partir de aquí queda claro lo contrario que es al amor humano, a la vocación profunda del hombre y de la mujer, cerrar sistemáticamente su unión al don de la vida y, todavía más, suprimir o manipular la vida que nace». Pero «la edificación de toda familia cristiana se encuadra en el contexto de la familia más grande de la Iglesia, que la sostiene y la lleva consigo».

La familia y la Iglesia ante el relativismo

Benedicto XVI afirmó que «un obstáculo particularmente insidioso de la tarea educativa es la presencia masiva, en la sociedad y en la cultura, del relativismo, que, al no reconocer nada como definitivo, deja como medida última sólo el propio yo y sus deseos y, bajo la apariencia de la libertad, se convierte en una prisión. En ese horizonte relativista no es posible, por lo tanto, una educación verdadera sin la luz de la verdad; antes o después cada persona está condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su compromiso para construir con los demás algo en común. Está claro, por tanto, que no solamente debemos intentar superar el relativismo en nuestro trabajo de formación de las personas, sino que estamos llamados a contrastar su predominio en la sociedad y en la cultura».

EL OBSERVADOR 518-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Hablar de sexo
Por Jaime Septién

Hace un par de semanas, jóvenes que fueron a la Cámara de Diputados —en una de esas reuniones que se hacen para «conocer» la opinión de los «líderes del mañana», pero que a la salida del recinto se les olvida a los políticos—, expresaron su deseo de que se eleve a rango de ley la plática entre padres e hijos.

Obviamente, esto es imposible; el Estado no puede (teóricamente, aunque a veces lo intente) penetrar en la conciencia, en el seno familiar, y modelar las virtudes. Ni está en el ámbito de su competencia ni puede estarlo, salvo que queramos instaurar un fascismo estaliniano en el que el Estado lo norma todo, hasta los gustos de la cocina, el número de hijos que se deben tener y las aspiraciones personales de cada quien...

No es el caso. Pero ese llamado de los jóvenes mexicanos indica algo. Por lo pronto, que existe un vacío de conversación donde antes había conversación entre padres e hijos. Y digo «antes» cuando quiero decir antes de la era de la televisión. La tele lo ha ocupado todo, incluso la charla familiar. Por otro lado, los jóvenes lanzan un S.O.S. a la sociedad: «háblenos de sexo». ¿Por qué de sexo y no de oportunidades de trabajo o de la aventura de formar una familia, o de la necesidad de madurar en la democracia, o de Dios? Por una simple razón: los jóvenes han sido atiborrados de material sexual por los medios de comunicación, y amaestrados a considerar que el sexo es lo único bueno que hay en la vida: lo demás es pasajero, momentáneo, atrasado y prejuicioso.

Ligar libertad con actividad sexual ha sido una de las grandes mentiras de la industria televisiva, cinematográfica y publicitaria. La seducción y el acoso sexual llevan a los jóvenes a callejones sin salida, a trampas en las que la actividad sexual parece ser la única bonificación que les puede tocar en el sorteo miserable de la existencia. Y luego, inmediatamente, viene el ataque a la Iglesia católica, que siempre ha mantenido que el sexo es bueno, es positivo, es noble, es creador, porque es un instinto querido por Dios para formar una institución. Esa institución es la familia. Y sobre ella descansa el destino de la humanidad.

Claro que esto nunca se les platica a los jóvenes. A ellos se les empuja a fusilar primero y averiguar después. A ellos se les invita a no hacer caso de antiguallas: la familia está rebasada; la amistad entre dos es imposible, el matrimonio es una impostura, hay una confabulación de clérigos (y de aspirantes a serlo) para alejar el placer e imponer la castidad, como «reflejo» de la imposición (a los clérigos) del celibato, etcétera.

Por lo demás, hay una parte positiva en el reclamo de los jóvenes en la Cámara de Diputados. Un reclamo que puede ser enunciado así: «padres, platiquen con sus hijos de muchas cosas, en especial de que Dios los ama, para que mañana no tengan que andar pensando que el único dios disponible en el mercado es el dios-placer, unido al dios-dinero y al dios-poder».

EL OBSERVADOR 518-2

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LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO
Ser cristiano es tener los sentimientos de Jesús

La Carta a los Filipenses fue el tema central de la catequesis de Benedicto XVI durante la tradicional audiencia de los miércoles celebrada en la plaza de San Pedro.

Dijo el Papa: «En la primera parte del Cántico [cfr. Flp 2, 6-11] consideramos cómo Cristo 'se despoja' de su gloria divina y asume la condición humana. Humillado por la muerte más infame, la crucifixión, es propuesto como modelo de vida para el cristiano. En efecto, éste debe tener 'los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús', sentimientos de humildad y de entrega, de desprendimiento y generosidad».

«Cristo, aun siendo igual a Dios —prosiguió— no usó su dignidad gloriosa y su poder como instrumento de triunfo, signo de distancia o expresión de supremacía. Al contrario, asumió sin reservas la condición humana, mísera y débil, marcada por el sufrimiento, la pobreza y la fragilidad, sometida al tiempo y al espacio. Esto le lleva hasta la frontera de lo que es nuestra finitud y caducidad, es decir, la muerte, obedeciendo así al designio de salvación querido por el Padre».

Benedicto XVI citó después a Teodoreto, obispo de Ciro (Siria) en el siglo V, que, comentando la Carta a los Filipenses, habla de los lazos entre la encarnación de Jesús y la redención de los seres humanos, explicando que para salvarnos el Creador «eligió un camino cargado de amor y al mismo tiempo lleno de justicia. Después de haber unido a sí la naturaleza del ser humano, ya vencida, la lleva a la lucha y la dispone a reparar la derrota, a desalojar a aquél que un día fue el inicuo vencedor, a liberarse de la tiranía de quien la había esclavizado y a recuperar la libertad primitiva».

El Papa concluyó recomendando que al Sagrado Corazón de Jesús le pidamos «que nos ayude a amar a nuestros hermanos como él nos amó». (VIS)

EL OBSERVADOR 518-3

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La Comunidad de los Anillos
Por Luis Santos V. / Buenas Noticias

Seguramente J.R.R. Tolkien nunca pensó que la inmortal saga El Señor de los Anillos fuera a tener tanta acogida y éxito. Y, con más seguridad, jamás se le ocurrió que pudiera sugerir el nombre a una comunidad un poco especial.

En Rio Saliceto, Italia, se ha formado la Comunità degli Anelli («Comunidad de los Anillos»). No es que pretendan aquello inscrito por Sauron en la sortija, que dice: «un Anillo para gobernarlos a todos… un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las Tinieblas». Por el contrario, esta comunidad pretende cambiar su entorno con otro tipo de anillos: los de la alianza matrimonial.

El grupo pertenece a la parroquia, donde su párroco, Don Romano Vescovi, quien lleva ya 15 años como su pastor, es quien coordina la actividad de las decenas de familias que integran esta peculiar agrupación.

¿A qué se dedican? Muy sencillo. A renovar sus compromisos matrimoniales viviéndolos en familia: la fidelidad y el amor a los hijos. La gran mayoría de ellos son familias jóvenes, con cuatro o cinco hijos en promedio, y se reúnen en el oratorio para desempeñar diversas actividades todos juntos: desde la catequesis —padres a hijos—, hasta pintar, decorar y arreglar los salones del oratorio, también padres e hijos.

Los resultados son los que se pueden esperar de semejante trabajo: familias profundamente felices que saben compartir su tiempo y sus habilidades entre ellos y con otras familias. Pero lo que soporta todo esto es la continua referencia a una familia modelo: la de Jesús de Nazaret.

Ellos son conscientes de que van contra corriente, que profesan su fidelidad y su amor de familia en medio de un mundo que marcha en sentido contrario. Ellos le llaman a esto «vivir en un oasis de amor»; un oasis al que, cuando se llega por primera vez, se tiene la certeza de que quien da el agua para la vida eterna es Cristo. Es por esto que se saben testigos de un amor que lo puede todo.

Hoy día nos hacen falta modelos confiables que sirvan de inspiración para construir familias sanas, estables y muy felices. Pero basta abrir los ojos para darse cuenta de que el Evangelio, siempre que se ha vivido coherentemente, ha dado su fruto. La «Comunidad de los Anillos» es una muestra de ello: «Desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mc 10, 6-8).

Parafraseando a Tolkien, no quedaría mal inscribir en algunos anillos de compromiso algo así como «un Anillo para comprometer a dos, un Anillo para hacerlos fecundos y unirlos a todos en el amor para siempre».

EL OBSERVADOR 518-4

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REPORTAJE
La Virgen María no tiene por qué ser obstáculo ecuménico
Católicos y anglicanos firman la «Declaración de Seattle», un documento conjunto acerca de la Madre de Dios

«María: Gracia y Esperanza en Cristo», la histórica declaración conjunta anglicano-católica sobre el papel de la Virgen en la doctrina y la vida de la Iglesia, presentada en mayo pasado en Seattle (EU.), representa un instrumento para que María no sea considerada como un obstáculo a la unidad entre las dos Iglesias.
También llamada «Declaración de Seattle» —ciudad donde concluyó el pasado febrero la redacción—, el documento conjunto es fruto de seis años de diálogo teológico entre católicos y anglicanos que impulsan el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el Consejo Consultivo Anglicano a través de la Comisión Internacional Anglicano-Católica (ARCIC).
El texto no es una declaración de autoridad de la Iglesia católica o de la comunión anglicana, sino que, con su publicación, se ofrece al estudio y evaluación de ambas confesiones cristianas.

No es el primer logro entre católicos y anglicanos

En los últimos años la Comisión ha publicado otras cuatro declaraciones: «Salvación y la Iglesia» (1987), «La Iglesia como comunión» (1991), «Vida en Cristo» (1994) y «El don de la autoridad» (1999). Fue en 1999 cuando la Comisión comenzó su consideración acerca del papel de la Virgen María en la vida y doctrina de la Iglesia.
«María: Gracia y Esperanza en Cristo» es «doctrinalmente uno de los más importantes frutos del diálogo de ARCIC», reconoció uno de los 18 teólogos que integran la Comisión conjunta, el obispo católico de Nottingham (Inglaterra), Malcom MacMahon, OP.
En una «Introducción» a la «Declaración de Seattle» (publicada tanto por el episcopado católico de Inglaterra y Gales como por la Comunión Anglicana), se explica que María ha tenido un lugar importante en la vida y liturgia de anglicanos y católicos, y que los dogmas marianos de la Inmaculada Concepción y de la Asunción, así como la devoción mariana en la Iglesia católica, han sido vistos como puntos que han separado a las Iglesias anglicana y católica.

A algunos no les gustan los dogmas marianos

Ya en una declaración de 1981 —«Authority in the Church II»— ARCIC observó que los dos dogmas «suscitan un problema especial para aquellos anglicanos que no consideran que las definiciones precisas dadas por estos dogmas están suficientemente apoyadas por la Escritura».
El nuevo documento no resuelve completamente estas diferencias, pero aclara la distinción entre el contenido de los dogmas y la autoridad por la que fueron definidos. La declaración conjunta trabaja desde las conclusiones de «El don de la autoridad» (antes citado). Es a lo que se refieren los redactores del nuevo documento cuando dicen que, si sus conclusiones fueran aceptadas por ambas Iglesias, esto «situaría las cuestiones sobre la autoridad que surgieron de las dos definiciones de 1854 y 1950 [de los dogmas por parte de la Iglesia católica] en un nuevo contexto ecuménico». En los trabajos de la ARCIC el contenido de los dogmas pudo examinarse en el marco de la Escritura y la Tradición, más que desde el punto de vista de la autoridad bajo la cual se definieron.

María, mejor comprendida

La declaración es un «logro considerable para aumentar la profundidad del entendimiento de cada postura eclesial», dijo monseñor MacMahon. Significa, añadió, que «las diferentes comprensiones de María no tienen por qué ser un obstáculo a la comunión eclesial».
De acuerdo con el prelado inglés, uno de los avances ha sido contemplar a María a través de la Carta de san Pablo a los Romanos (8,28-30), de forma que el texto paulino, en la «Declaración de Seattle», ha sido una clave interpretativa para la comprensión de María.
«Los miembros anglicanos de la Comisión fueron ayudados en su comprensión del papel de María en nuestra salvación contemplando las modernas doctrinas a través de los ojos de san Pablo, utilizando su lenguaje de Llamada, Conversión, Justificación y Glorificación», explicó el obispo McMahon. Añadió que uno de los beneficios del documento será ayudar a cada Iglesia a entender la eclesiología de la otra.
«Nuestra comprensión católica de María está fuertemente conectada a la comunión de los santos», aclaró. «Creemos que María, como la Reina del Cielo, tiene una función salvífica continua en la Iglesia. Creemos que la Iglesia tiene una dimensión (la comunión de los santos) que se extiende más allá de esta tierra, y esto afecta nuestra comprensión de la Iglesia. La eclesiología está en el corazón de mucho del diálogo anglicano-católico».

«La comprensión anglicano-católica ha sido enormemente fortalecida con este diálogo», reconoció el obispo McMahon. «Lo que hemos hecho es poner un enlosado en el camino hacia la unidad cristiana».

(Fuente: Zenit.org-El Observador)

EL OBSERVADOR 518-5

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JÓVENES
Los jóvenes están llamados a la evangelización
Por María Velázquez Dorantes

Desde siempre —y con justa razón actualmente— los jóvenes son portadores de las mejores armas para evangelizar al mundo entero; no es cuestión única de los sacerdotes, de las monjas y monjes consagrados, sino también de hombres y mujeres con misión laica. El ser humano es sacerdote, rey y profeta; los jóvenes son los voceros de la paz, de la energía y del amor.

La evangelización no sólo se encuentra dentro de las instituciones religiosas, sino igualmente dentro de sí mismo, en la familia, en la escuela, en las reuniones sociales. Cada persona lleva el poder de la evangelización internamente: los jóvenes son misioneros de tierra y lengua, es decir, por actitud y aptitud el joven puede evangelizar en su entorno, con imagen y responsabilidad.

El asunto de la evangelización dentro de la juventud es una cuestión urgente e inmediata; requiere de la acción juvenil para llevar el encuentro con Cristo en el mundo y así poder evitar el índice de suicidios, de drogadicción, pandillerismo, prostitución, pornografía, en donde el elemento primordial y que se encuentra ausente es el amor. A partir del encuentro en Cristo y María los jóvenes deben llevar a sus núcleos sociales el amor de Dios, el amor materno de María, y el amor que todo lo logró en su momento: el de Jesús que salvó y sigue salvando al mundo.

El joven está destinado a levantar la cruz de Cristo y recorrer con ella los caminos de la Fe y la Esperanza; son luz y semilla de la tierra, lámparas que pueden llevar luminosidad a los abismos de la oscuridad, a los abismos donde el amor no ha llegado por falta de conocimiento, por falta de reencuentro con el Creador de esta humanidad.

La tarea no es fácil, la tentación es el enemigo principal; pero si Dios está con nosotros quién contra él; es una tarea de valor, de compromiso, de obligación y de amor; la recompensa es la felicidad de trabajar juntos con el Redentor.

EL OBSERVADOR 518-6

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
Las enseñanzas de Dios
Por Claudio de Castro S.

¿Has sentido últimamente la presencia de Dios? Es como un suave aleteo en el alma. Sabes que es Él. Dios que pasa.
Y te deja una paz inimaginable. Una alegría inmensa. Ansias de conocerlo más y vivir en la cercanía de Dios.
Recuerdo siempre con afecto a aquel amigo mío al que encontré un día en la iglesia.
— Hace mucho que no vengo —miró a su alrededor—. Se respira una gran paz.
— Es por eso que vengo siempre que puedo —le respondí—. Es la paz que sólo da Dios.
Conozco muchas personas que se esfuerzan por vivir en la presencia de Dios. No siempre es fácil. Pero es muy gratificante. Dios es maravilloso.
Una amiga me contó que salió una tarde de su casa dispuesta a vivir el Evangelio. Amar de primero. Amar a todos. Amar aunque no nos amen.
Y se encontró en la entrada de un supermercado a un hombre pobre que le hizo señas llamándola.
— No tengo nada que dar —le advirtió ella de antemano.
— No necesito que me dé nada —replicó el hombre. Y le mostró sus piernas lisiadas —. Lo que necesito es que me ayude. Tengo hambre y no puedo caminar —el hombre le dio unas monedas—. Por favor, ayúdeme. Cómpreme un café en el supermercado.
— Qué dura enseñanza me dio este hombre —continuó contándome mi amiga—. Descubrí que aún no amamos lo suficiente.
— Es verdad —le respondí—.Cometemos muchos errores. Caeremos mil veces. Pero esto no importa. Lo importante es levantarnos y volver a empezar. Como me decía un sacerdote amigo: «Santo no es el nunca cae, sino el que siempre se levanta».
Más que nunca, el mundo necesita personas que se atrevan a vivir el Evangelio. Ejecutivos. Obreros. Taxistas. Profesores. Estudiantes. Hombres y mujeres que sean santos en la vida cotidiana, con la naturalidad que sólo da el amor. Personas que pongan su confianza en Dios, que sean amigos de Dios. ¿Te gustaría ser uno de ellos?

EL OBSERVADOR 518-7

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VALORES CRISTIANOS
Una Iglesia de minorías
Por Antonio Maza Pereda

Me llegó una nota del periódico español La Razón del pasado domingo 22 de mayo, que trata un tema que ya expuse en las páginas de El Observador: ¿Qué tanto vamos a Misa los católicos?

En España, dice el mencionado periódico, el 80% de los habitantes se declara católico, pero menos del 20% va a Misa una vez por semana o más. En México, de acuerdo con las encuestas que comenté aquí hace algunas semanas, el 88% nos declaramos católicos, y cuatro de cada diez vamos a Misa una vez a la semana o más.

No se trata aquí de sentirnos orgullosos de que en este país se va más a Misa. Lo que me resulta claro es que, aun en países tradicionalmente católicos, el porcentaje de católicos practicantes es una minoría. ¿Será ese el plan de Dios para su Iglesia? Sabemos que el mismo Jesús dijo que el Evangelio se predicará en toda la Tierra (cfr. Mt 24,14), pero no nos dice cuál será el fruto de esa predicación. De hecho, insinúa que, cuando vuelva en su segunda venida, no encontrará fe en la Tierra.

Todo esto puede parecer decepcionante para el hombre del siglo XXI, acostumbrado al discurso democrático según el cual, al menos en teoría, el poder es de las mayorías. Entonces, si no estamos llamados a ser mayoría, ¿no podemos esperar que Cristo reine en la sociedad? Hoy la situación que tiene la Iglesia es la de ser minoría absoluta en muchos países. Un poco menos del 20% de la humanidad somos católicos, pero en la mayoría de los países somos minoría. En algunos países somos, nominalmente, mayoría: los países iberoamericanos, algunos de los países europeos, Filipinas y pare de contar. Pero, como en México, como en España, somos una mayoría que, a su vez, no es mayoritariamente practicante. Dicho de otro modo, aun en los países donde la mayoría se declaran católicos, sólo una minoría sigue las enseñanzas de la Iglesia en cuanto a la moral y al culto.

¿Qué hacer? Posiblemente no sea el plan de Dios el que lleguemos a ser mayoría. Más aún, puede ser que esa sea precisamente su idea. Cuando nos dijo que somos como la levadura de la masa, que somos como la sal en los alimentos, nos está diciendo que estamos llamados a ser minoría. No se puede hacer un pan donde la mayoría del peso sea levadura; no puede haber un alimento en el que la mayor parte sea sal.

Pero, como minoría, tenemos un gran poder: el poder de nuestro testimonio, de nuestra lucha constante, de no dejarnos vencer después de mil caídas. El poder de los que no tienen poder, como decía Vaclav Havel. Un poder que está en dar testimonio de nuestras ideas, en dar testimonio de la verdad, con nuestro modo de vivir. Ante una sociedad que vive en la mentira, en la muerte y el odio, somos testigos de que no todo está perdido, de que hay motivos para la esperanza, de que nos espera algo mucho, mucho mejor. Sí, somos una minoría y no dejaremos de serlo. Y esa mentalidad de «estar en minoría» es muy importante. Tenemos una grave responsabilidad: la de amar y pedir por nuestros hermanos bautizados que no practican; la de pedir por los que odian a la Iglesia y la persiguen. Hacer mucho, porque somos pocos.

EL OBSERVADOR 518-8

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Del sentido del ridículo y otras minucias
Por Alessandra Galli / www.MujerNueva.org

Estos días Italia es un hervidero de discusiones bioéticas. La cercanía del próximo referéndum sobre la ley de reproducción asistida ha sacado a la palestra lo mejor y lo peor de todos los grupos políticos, desde la demagogia gruesa de los radicales hasta el discurso correcto del cardenal Ruini, pasando por las declaraciones del presidente del senado que, siendo agnóstico, es el que más defiende la posición de la Iglesia. Todos tienen algo que decir.

Al final, el argumento de fondo es muy sencillo: ¿El embrión es o no es una persona humana? Emma Bonino, del Partido Radical, dice que para la Iglesia todo es persona, que los espermatozoides son personas, que los óvulos son personas, que los ovocitos son personas; y lo dice en la televisión, sin ningún pudor, porque hace tiempo que superó el tabú del sentido del ridículo. Otros, también superando el sentido del ridículo más elemental, en lugar de discutir si el embrión es o no persona, simplemente dicen que en España no hay problemas con la ley y que se pueden hacer fecundaciones heterólogas, que se pueden congelar más de tres embriones sin problema, y que no es justo que allí sí y aquí no. Algunos italianos preguntan: ¿Seguiremos viajando a España para hacer lo que no se nos permite en casa? Ya saben, el típico argumento del niño que se queja porque no le dejan fumar en casa y tiene que irse a la calle; nunca se pone a reflexionar si el fumar es o no es malo, simplemente quiere fumar y punto.

Pero hay un hecho real y es que todos los que estamos leyendo este artículo hemos sido embriones, y desde que lo fuimos hasta ahora hemos mantenido el mismo código genético. Un amigo mío, agricultor de la Toscana, sin estudios, pero con un sentido común a prueba de bomba, dice que «si nadie lo destruye, el embrión, por sí solo, en el seno de una mujer, se desarrolla hasta que nace». Bueno, no es un argumento muy científico, pero sirve. Lo que no sirve es que a priori se diga que el embrión no es persona humana y que simplemente se considere material genético.

Lo siento, pero para mí la persona no puede ser considerada material, todavía me queda un poco de sentido común y de sentido del ridículo para afirmar en público lo contrario.

En 1936 el partido nazi afirmaba que los judíos no eran legalmente «personas»; lo mismo que decimos hoy de los embriones humanos. Es muy triste que la historia se repita.

EL OBSERVADOR 518-9

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FIN

 
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