El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
26 de junio de 2005 No.520

SUMARIO

bulletPORTADA - El opio del pueblo
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - ¡Gracias!
bulletLA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO - El Señor, esperanza del pueblo
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Análisis de un noviazgo de tres meses
bulletREPORTAJE - Nuestra Señora del Pueblito, un milagro de fe: el filme
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - Vivir la santidad
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Diez y la mata dando...
bulletCOLUMNA ABIERTA - Leer El Código Da Vinci
bulletEl canal católico internacional EWTN celebra su décimo aniversario
bulletAÑO DE LA EUCARISTIA - Cómo vestimos y nos comportamos en el templo
bulletLa acción caritativa en la Iglesia

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PORTADA
El opio del pueblo
Para Jaime y Maité, sembradores de buena semilla,
desde hace una década de felices años, en «El Observador».


Durante mucho tiempo estuvimos escuchando la cantaleta marxista de que la religión era opio para el pueblo, que era un ensalmo adormecedor para que el pobre siguiera en su somnolencia social humillante. Ahora ha cesado, al menos de manera semioficial, este sonsonete, pero todavía quedan por allí algunos de los llamados intelectuales de izquierda que lo recitan, aunque en semitono, después del vergonzoso derribo del muro de Berlín y del fracaso del socialismo marxista. Éste fue, sin lugar a dudas, el fraude ideológico del siglo.

Pero los frutos de toda esa siembra de cizaña intelectual contra la religión en general y contra la Iglesia católica en particular no ha quedado sin consecuencias. La cizaña tiene raíces profundas y ahora resulta que ese «opio» que anunciaban se ha convertido (y no ciertamente por causa de la religión sino por su ausencia) en un sembradío de marihuana y estupefacientes que ahoga en un mar de droga y de violencia a todo el país y que las autoridades, digan lo que digan, no han podido contener.

Contra toda ley y experiencia cristiana, nos han querido convencer de que sólo de pan vive el hombre: que si la economía crece todo va a mejorar y que el libre mercado de bienes nos hará felices, olvidándose de los valores del espíritu, de la ética y de la moral cristiana; burlándose de la fe de los creyentes, que encuentran en ella el sostén y apoyo para sus vidas, que debían ser, por supuesto, si no tuviéramos a esa gente encima, mucho mejores. Ahora compran nuevas armas y refuerzan los cuerpos policíacos para combatir la droga y la violencia, cuando éstos no son más que frutos amargos de esa raíz de incredulidad y burla del bueno y de la religión que cultivaron durante casi todo un siglo. «La salvación del hombre no es cosa de pan y dinero. Él tiene hambre de algo más. El refugio en la droga, que hoy es un fenómeno masivo —escribía hace poco el cardenal Joseph Ratzinger—, lo demuestra bien a las claras». La droga no crece en el vacío del estómago, sino en el desierto del espíritu.

La Iglesia ha sembrado en el corazón de los mexicanos no opio ni marihuana, sino trigo bueno: fe en Dios, amor al prójimo, conciencia de su dignidad; ha predicado la fraternidad y la solidaridad unidas al perdón de las ofensas, a la defensa de la vida y del débil. La imposición de un laicismo intransigente, en cambio, y la dictadura del relativismo de la que nos advierte el papa Benedicto, han negado los valores del espíritu, amparando la inducción cínica a la violencia en la televisión, la injusticia social, la corrupción pública, el sexo precoz y sin responsabilidad y el endiosamiento del cuerpo y del placer. Sus frutos están a la vista: un país sumido en la violencia y en la droga, el verdadero opio del pueblo.

+ Mario De Gasperín Gasperín, obispo de Querétaro.

EL OBSERVADOR 520-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
¡Gracias!
Por Jaime Septién

Al cumplir nuestro décimo aniversario, solamente una palabra emocionada: gracias.

Gracias a todos los lectores por su asidua convivencia en torno al Evangelio de la información o, más bien, a la información del Evangelio.

Gracias a los obispos, en especial a don Arturo Szymanski y a don Rodrigo Aguilar, por su confianza, su aliento, su guía espiritual, su cercanía en los momentos difíciles. Ellos, junto con monseñor Rogelio Cabrera, monseñor Domingo Díaz, monseñor José Guadalupe Martín Rábago y monseñor Luis Morales, saben muy bien lo que les debe este periódico.

Gracias a los cientos de sacerdotes y laicos, en especial al padre Francisco Gavidia, al padre Darío Pedroza, al padre Antonio Ruiz, al licenciado Mario Ante y al padre Prisciliano Hernández, que han ido construyendo la comunidad de lectores de la que ahora nos beneficiamos y que es el «tú» de nuestro trabajo periodístico.

Gracias a nuestro espléndido grupo de escritores y periodistas —más de 200 plumas— por su sabiduría, su compromiso y su celo por las cosas de Dios. Lo mismo a los 20 trabajadores fijos del periódico, pues han sabido dar el resto, siempre que la aventura del periodismo católico ha tocado sus puertas.

Gracias a todos nuestro suscriptores, voceadores, voceros, aliados y amigos de El Observador. Nunca tendremos palabras para decirles lo mucho que nos ayuda su presencia y nos alimenta su paciencia para con nuestros yerros, dudas, vacilaciones y desesperanzas.

Personalmente, quiero reconocer la sabiduría, la bondad, el apoyo solidario del obispo de Querétaro, don Mario de Gasperín y Gasperín como verdadero padre y maestro de este trabajo editorial y de los que se han ido sumando en el camino. Esta familia que es El Observador tiene una deuda de gratitud por el don del Espíritu Santo que es don Mario para nosotros. Y su director más que todos.

Gracias a Maité y a nuestros tres hijos, Francisco, Luisa y Mayte. La familia católica enfrenta un tsunami adverso. Pero cuando apoya y dirige su fuerza hacia la transformación de las realidades temporales, es luz de la Tierra y sal del mundo.

Gracias a Dios por el regalo inmenso de su Hijo, Camino, Verdad y Vida. Que el esfuerzo de los primeros diez años de El Observador sirva, siquiera, para borrar una gota de su sangre derramada por nuestros pecados.

EL OBSERVADOR 520-2

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LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO
El Señor, esperanza del pueblo

En audiencia general Benedicto XVI comentó el salmo 122:

«De manera muy incisiva, Jesús afirma en el Evangelio que los ojos son un símbolo expresivo del yo profundo, un espejo del alma (cfr. Mt 6, 22-23). Pues bien, el salmo 122 se sintetiza en un intercambio de miradas: el fiel alza sus ojos al Señor y espera una reacción divina para percibir un gesto de amor, una mirada de benevolencia. También nosotros elevamos un poco los ojos y esperamos un gesto de benevolencia del Señor.

«El salmista, como hemos escuchado, recurre a una imagen, la del siervo y la de la esclava, que miran a su señor en espera de una decisión liberadora.

«El salmo 122 es una súplica en la que la voz de un fiel se une a la de toda la comunidad: de hecho, el salmo pasa de la primera persona del singular —'a ti levanto mis ojos'— a la del plural 'nuestros ojos' (cfr. vv 1-3). Expresa la esperanza de que las manos del Señor se abran para difundir dones de justicia y de libertad.

«Los fieles tienen necesidad de una intervención de Dios porque se encuentran en una situación penosa, de desprecio y de vejaciones por parte de prepotentes. A la tradicional saciedad bíblica de comida y de años, considerada como signo de la bendición divina, se le opone ahora una intolerable saciedad constituida por una carga exorbitante de humillaciones. Y sabemos que hoy muchas naciones, muchos individuos están llenos de vejaciones, están demasiado saciados de las vejaciones de los satisfechos, del desprecio de los soberbios.

«Por este motivo, los justos han confiado su causa al Señor y no es indiferente a esos ojos implorantes, no ignora su invocación ni la nuestra, ni decepciona su esperanza».

EL OBSERVADOR 520-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Análisis de un noviazgo de tres meses
(segunda y última parte)
Por Yusi Cervantes Leyzaola

Había veces en que mi paciencia se terminaba por su manera de ser, pero yo pensaba que tal vez con el tiempo iba a cambiar; además, cada que quería terminarlo, él me decía que si yo lo dejaba él se moría, y yo pensaba que, al decir esto, realmente me quería.
Atención: la gente no cambia por el mero paso del tiempo o porque alguien lo ame. Para cambiar es necesario que la persona tome conciencia de su problema, que decida cambiar y que haga un verdadero esfuerzo por lograrlo.
Decirte que sin ti se moría se llama chantaje. Y, como pudiste comprobar, es mentira, porque ahí anda, ¿no?, feliz de la vida y sin ti. Una relación basada en la necesidad de la presencia del otro no es amor, sino dependencia. Y no es sana, por supuesto.

Varias veces él me cortó, y yo lo buscaba para regresar, porque no podía estar sin él. Yo nunca lo dejé porque, a pesar de los problemas, él me demostraba con su actitud y sus palabras que quería algo en serio conmigo, que se quería casar conmigo para estar siempre juntos. Y yo cada vez más me clavaba con él porque era la primera vez que en una relación alguien me hablaba de matrimonio.
Que alguien hable de matrimonio a menos de tres meses de conocer a la otra persona es demasiado precipitado. Se puede tomar como una ilusión romántica, pero no como algo serio. Necesitas preguntarte por qué te clavaste con el mero hecho de que él hablara de matrimonio. ¿Te valoras tan poco que te sorprende que alguien quiera casarse contigo?

A veces nos enojábamos por mi mal genio, porque soy muy caprichosa, y me decía que cambiara porque si no se le iba a acabar la paciencia y se iba ver en la penosa necesidad de buscar a otra.
Me bajaba la luna y las estrellas todo el tiempo, me decía que podía contar con su apoyo siempre, que nunca me iba a dejar, que toda la vida quería estar conmigo, que siempre iba a luchar por mí, pasara lo que pasara. ¡Y yo me enamoraba más!
Date cuenta de lo que estás diciendo. Pasara lo que pasara, él iba a luchar por ti. Pero si tú no cambiabas, él se iba a ver en la necesidad de buscar a otra. Mientras tú fueras como él quería, todo iría bien, pero si eras tú misma, incluso con tus defectos y opiniones, él no podía aceptarte. Y como las mujeres somos objetos intercambiables, él te cambiaría por otra. ¡Y a eso lo llamaba amor!

Hace dos semanas él me cortó porque me enojé por algo y el enojo no se me pasó. Me fue a dejar a mi casa gritándome que él no se quería casar con alguien como yo, que ya estaba harto, que quería estar solo, que ya no quería nada conmigo.
¿Tú no tenías derecho a enojarte? ¿Él no tenía la disposición de escuchar los motivos por los que estabas enojada?

Al día siguiente fui a buscarlo a su casa, le pedí perdón y le dije que me ayudara a cambiar, y me dijo que ya no quería saber nada de mí. Yo le rogué, le supliqué que no me dejara, que yo le había dado muchas oportunidades y lo perdonaba cuando cometía sus errores, y él no me quiso dar una oportunidad. A partir de ahí y hasta la fecha, no he sabido nada de él, no me ha buscado, le mando mensajes y no los contesta, y yo no puedo más, lo extraño, lo necesito. Por favor, ayúdeme; no sé qué hacer, he llorado bastante. Si yo lo quiero mucho, ¿por qué él me hizo esto? ¿Por qué?
Tal vez porque, finalmente, se dio cuenta de que no podía controlarte como hubiera querido. Tienes más carácter del que él puede manejar. Y, en suma, porque él en realidad no te amaba. Te quería tal vez, como se quiere algo que te agrada, que te complace, que puedes usar. Pero lo que es amor, lo que implica respeto a tu libertad, a tu forma de ser, a tus principios; así como una honesta comunicación, eso no existió entre ustedes, al menos de su parte.
Lamento que estés sufriendo, pero tengo que decirte que, por otro lado, me alegro de que esa relación haya terminado pronto. Qué bueno que no te involucraras más porque pudo hacerte más daño. Llora todo lo que haga falta, y luego date un tiempo para pensar en qué es lo que pasa contigo, dónde está el amor por ti misma y el sentido de tu dignidad. Si necesitas ayuda para crecer y ser la mujer plena que puedes llegar a ser, búscala. Qué la próxima relación que tengas sea sana, generosa, honesta y basada en un auténtico amor.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 520-4

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REPORTAJE
Nuestra Señora del Pueblito, un milagro de fe: el filme
Por María Velázquez Dorantes

Producciones «La Sagrada Familia» ha realizado un filme de carácter documental basado en la Virgen del Pueblito de Querétaro, sobre la historia y el significado de la imagen. Surgió a partir de una inquietud sobre cada uno de los símbolos que componen el icono de la Virgen. Para recabar la información necesaria que proporcionara objetividad al filme, se inició una labor de investigación ardua que compiló textos suficientes para reconstruir la historia y los significados; se revisó la librería que está a un costado del templo de la Virgen, y se consultaron aproximadamente veinte obras, las cuales permitieron elaborar el guión.
El guión es el fondo y forma del porqué de cada cosa que compone la imagen; pero también pregunta su origen. Por ello parte del surgimiento mismo de la imagen, y narra algunos de los acontecimientos más importantes en torno a ella; entre ellos se destaca la contrucción de las capillas, y el interés acerca de sus fiestas —donde participa todo el pueblo—, dejando ver cómo la Virgen se encuentra muy arraigada en la fe y el movimiento del pueblo, sus costumbres y su vida desde hace tres siglos.
La idea del documental surgió en julio de 2004 a raíz de un viaje a Roma y a la tierra de san Francisco de Asís para trasmitir todos los conocimientos de esta historia a la cultura religiosa. El trabajo fuerte se inicia en agosto y, durante varios meses, se construyó todo el guión. La película en sí, como producto, fue sometida a revisiones constantes para verificar que no existieran errores. Se prepararon las tomas de las imágenes. Y el tiempo transcurrido desde que inició la premisa básica —es decir, la idea— hasta llegar al producto final fue de seis meses. Así, en diciembre de 2004 la película ya estaba elaborada.

La importancia de elaborar el documental

El video es una de las herramientas de los medios de comunicación más eficaces; permite que la gente se acerque al conocimiento de forma más inmediata. Se trata de una tecnología didáctica, es decir, como no es fácil acercarse a los libros y leer, por lo tanto un video provoca mayor confianza para acercarse al conocimiento.
Se piensa, pues, en un video para un público que no está acostumbrado a la lectura, con la ventaja adicional de que se trata de un filme de corta duración, de veinte minutos. El mensaje se trabaja de forma más digerible y sencilla, justo para que la población, a partir de éste, muestre interés y pueda entonces sí acercarse a los libros.
El video es una forma de transmitir el Evangelio de forma más natural, puesto que se trata de una forma pedagógica de carácter visual.

Quién elaboró este proyecto

La producción del video estuvo a cargo de Fernando Pérez Valdez, un productor independiente radicado en Querétaro, que cuenta con veintisiete años de experiencia en la producción de medios de comunicación. Trabajó en conjunto y bajo la dirección del padre Jorge Aguilar Padilla, O.F.M, guardián del santuario del Pueblito. Son estas dos personas quienes se interesaron en trabajar una idea de evangelización. La pre-producción, la producción y la post-producción estuvieron confiadas a la habilidad tecnológica de Fernando Pérez Valdez, asesorado teológicamente por el padre Jorge Aguilar, quien constantemente estaba realizando las observaciones pertinentes para conducir por una sola vereda la realización de este documental.
La música estuvo a cargo del grupo «Raíces», del propio Querétaro, y se produjo con instrumentos prehispánicos, proporcionando identidad.

La proyección

La primera proyección de Nuestra Señora del Pueblito, un milagro de fe se realizó en la librería de está comunidad. Posteriormente, por medio de la internet, se tuvo conocimiento sobre el Festival de Cine Católico de Neipokalanow, en Polonia; el padre Jorge Aguilar otorgó el permiso para participar en él, y para mayo de 2005 el filme estaba concursando.
Se tradujo al inglés y, posteriormente, al polaco. Compitió con más de 140 películas y videos católicos provenientes de 21 países de todo el mundo. Está es la primera vez que México se inserta dentro de un festival de cine de este tipo, y es la primera vez que resulta ganador.

El premio

El premio dentro del Festival de Cine Católico de Neipokalanow es el equivalente al Oscar de Hollywood. Consta de la estatuilla de San Maximiliano Kolbe, un mártir polaco que ofreció su vida a cambio de la de otro prisionero en Auschwitz, y que ayudó al buen morir de otros nueve prisioneros. Es considerado el patrono de los periodistas católicos.

Otras presentaciones

Ayer, 25 de junio de 2005, la película sobre la Virgen del Pueblito se presentó en el Primer Festival de Cine Católico «Magnificat 2005», celebrado en Minsk, Bielorrusia.

Reuniendo fondos

Es una producción sin fines de lucro, por lo que lo que se consiga con la venta de los videos se utilizará para la construcción de una estatua de la Virgen del Pueblito, levantada en uno de los cerros de esta comunidad.
El costo del video es de cincuenta pesos y se puede adquirir en el santuario de la Virgen del Pueblito.

(Con información proporcionada por el señor Fernando Pérez Valdez y el presbítero Jorge Aguilar Padilla)

EL OBSERVADOR 520-5

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
Vivir la santidad
Por Claudio de Castro S.

Unos años atrás asistí a una boda en un poblado que estaba en plena montaña, a una hora de la carretera principal. Luego de la ceremonia el sacerdote me confió su tristeza porque lo cambiaban a menudo de poblados y no tenía tiempo para evangelizar como era su deseo.
«Sea santo —le recomendé—. Si usted es santo, con su ejemplo ayudará a los demás a ser santos.
«Es verdad —reconoció emocionado—, tiene usted razón. Me esforzaré por vivir la santidad».
He pensado en este buen sacerdote por su ilusión de servicio y espíritu de sacrificio.
Con nosotros ocurre igual. Mi mal ejemplo podrá arrastrar a muchos por el camino de la perdición. Mi conversión podrá llevar a muchos por el camino de la salvación.
¿Te gustaría ser santo? La Iglesia y el mundo necesitan nuevos santos. Personas como tú.
Pero, ¿qué debo hacer?
Nada imposible, ni lejos de tu alcance. «¿Qué es lo que pide Jesús a las almas? —escribió una mística— Amor».
«Si alguno me ama... mi Padre le amará y vendremos a él y en él haremos nuestra morada» (Jn 14,23).
Si me amáis... he aquí la única condición que nos pide el Señor para ser amados y visitados por Él, para venir a nuestra alma y establecer en ella su mansión. Eso es la verdadera santidad: unión con Dios. Y esta unión sólo se realiza amando. Amor es lo único que el Señor nos pide para poderla realizar».
Jesús te llama a la santidad. ¿Qué responderás?

EL OBSERVADOR 520-6

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PICADURA LETRÍSTICA
Diez y la mata dando...
Por J. Jesús García y García

Cuando tu trabajo habla por sí mismo, no interrumpas.
HENRY J. KAISER

Para salir de acuerdo con Kaiser estaría bien no festejar aquí el décimo aniversario de El Observador. Quinientas veinte veces hemos levantado la voz procurando el óptimo acento, buscando el mejor timbre, la mayor resonancia y la altura adecuada. Nuestro trabajo —para mí no hay duda— habla por sí mismo. Festejar implicaría detenernos un poco, montarnos en el tiempo. Y no resulta, pues, aunque todavía no cerramos el presente número, ya es necesario empezar la preparación del siguiente. Esto no para nunca.
Va de ejemplo. Estamos hartos de ver en el futbol las mamarrachudas celebraciones que se hacen cuando se mete un gol: la machincuepa, la carrera «de avioncito», los saltitos de canguro, la parodia de Chespirito, la posición de «Flechador del Cielo», los pasos de «baile», el racimo de jugadores abrazados mientras se intenta arrancarle el pelo al héroe o se le coscorronea cruelmente; sacarse la camiseta (aun sabiendo que lo amonestarán por ello), quitarse un zapato y arrojarlo al público, treparse al alambrado, correr a su banca a abrazar al director técnico, arrancar el banderín de corner para agitarlo con frenesí... y mucho más, ya inventado o por inventar. Todo ello significa una interrupción del juego, casi siempre prolongada (por menos que ello amonestan a un jugador en otros momentos acusándolo de «hacer tiempo deliberadamente»). Son manifestaciones que sólo redundan en alabarnos, elogiarnos, glorificarnos, ensalzarnos, honrarnos, encarecernos, enaltecernos, encomiarnos, preconizarnos y aplaudirnos (dejémoslo hasta allí, aunque la lista puede crecer).¿No sería mejor que el juego siguiera fluyendo?
Cual taciturno equipero, no haré, pues, una celebración personalista de estos diez años. Pero sí quiero describir, por el asombro que me causa, el entorno histórico en el que nació (¿milagrosamente?) este querido semanario.

A fines de 1994 había ya ideas preliminares para sustituir aquel curioso «plegable» llamado La Diócesis de Querétaro: presencia y voz, por un medio más amplio, de más fácil manejo y de más ambiciosas metas. Pero con la sustitución de Salinas por Zedillo vino un desplome de la economía mexicana («el error de diciembre», le llamaron algunos; la crisis la llamamos todos). Las tasas de interés subieron de 15% en diciembre de 1994 a mucho más arriba del 100% en el primer semestre de 1995. Fue un descabello en frío para cientos de miles de deudores que no pudieron liquidar sus préstamos. Quienes tenían automóviles y casas hipotecadas perdieron los bienes que habían dado como garantía. Muchos tenedores de tarjetas de crédito cayeron en la insolvencia. Quebraron muchos miles de empresas. Perdieron su empleo más de un millón de trabajadores. Los ingresos fiscales se desplomaron y lo único que se le ocurrió al gobierno fue aumentar el IVA del 10 al 15% para poder atender los compromisos más urgentes. Surgieron entonces agrupaciones de deudores («El Barzón», eminentemente) que, mediante una cuota, ponían al servicio de sus afiliados unos batallones de golpeadores para amedrentar y ahuyentar a los encargados de hacer las cobranzas. Tanto los acreedores usureros como los «humillados y ofendidos» incurrieron en excesos vejatorios. Los bancos «la vieron llegar» cuando se creó el oneroso FOBAPROA y cuando se declaró legal el odioso anatocismo, y luego hasta una larga ventaja obtuvieron. Los particulares no obtuvieron recuperaciones. Para darle variedad a las cosas, se produjo la masacre de Aguas Blancas. Sobredevaluación. Supercarestía. De forma especial, los costos de la producción periodística subieron enormemente. Dadas aquellas difíciles circunstancias, ¿cómo pensar en una nueva publicación? ¡Y católica, para empeorar las perspectivas!

En lo internacional, conmemorábase el cincuentenario de la casi inútil ONU y de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. No acababa la salvaje guerra de Bosnia-Herzegovina. Francia realizaba discutidas pruebas nucleares en el atolón de Mororoa...

En ese marco histórico aparecimos («andamos arando», dijo el mosquito), en julio de 1995. Dios es grande.

EL OBSERVADOR 520-7

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COLUMNA ABIERTA
Leer El Código Da Vinci
Por Walter Turnbull Plaza

Leer El Código DaVinci obviamente no es un pecado mortal. No creo que a la fecha existan libros prohibidos por la Iglesia so pena de condenación eterna. Aun así, como dice san Pablo, «todo es lícito, pero no todo es conveniente». De hecho, leer El Código DaVinci, diría yo que puede ser altamente inconveniente, por varias razones.

Para el que no se haya enterado, le informamos sucintamente. Es una cautivante novela de misterio, aventura y romance, en la que los protagonistas sobreviven a una conspiración y descubren un vergonzoso secreto —que ha sido guardado por la Iglesia católica desde el inicio de su existencia—, gracias a una serie de mensajes ocultos en más de «mil códigos culturales», entre ellos los cuadros de Leonardo da Vinci. Según esto, Jesús tuvo amoríos y descendencia con María Magdalena y pretendía dejarla a ella al frente de la Iglesia, en conformidad con el culto a la diosa, que practicaban los pueblos antiguos y los primeros cristianos; pero los apóstoles, celosos de Magdalena, la despojaron de su investidura y la persiguieron, y establecieron la religión machista que ha marcado la cultura de todo el mundo y ha causado tantos males hasta nuestros días, y también persiguieron a los que conocían este secreto. La novela se ostenta como un ejemplo de erudición, investigación histórica, trabajo serio de documentación y veracidad. «Está documentado históricamente», dice por ahí.

Sin embargo, se trata de una novela plagada de errores en historia, en geografía, en lingüística y en cultura general, y, sobre todo, plagada de calumnias contra la Iglesia, a la que acusa de todas las maldades que a usted se le puedan ocurrir. Para el autor (como para tantos comecuras liberales) la historia de la Iglesia católica es un gigantesco complot (de la ultraderecha, por supuesto). Para afirmarlo se basa en libros supuestamente históricos de dudosa veracidad (la parte que le acomoda), en acontecimientos inventados, en conjeturas y en interpretaciones libres.

En realidad es un desplante de mercadotecnia. El autor arma un delicioso coctel de doctrina New Age, esoterismo, gnosticismo, liberalismo sexual, feminismo radical y, sobre todo, desprestigio de la Iglesia, y le da al hombre —y la mujer— moderno lo que inconscientemente anhela: una espiritualidad light sin ningún compromiso moral o social.

Un liberal, un esoterista o una feminista que lea el libro, resultará burdamente engañado, pero al menos tendrá el gusto de encontrar argumentos para librarse de la Iglesia y de sus molestos mandamientos.

Un ateo o un agnóstico simplemente perderá su dinero y su tiempo. La novela divierte pero, francamente, no enseña nada útil.

Un católico, además de perder su tiempo y su dinero, se estará imprudentemente involucrando en esa guerra contra Dios y contra su Iglesia en la que el mundo está empeñado. «Saulo, ¿por qué me persigues?». ¿Qué responderíamos si alguien nos invitara a una reunión para insultar y difamar a nuestra mamá? «Vamos, es sólo un ejercicio de comunicación».

Dice Cristo en un pasaje del Evangelio: «Aquél que dé un vaso de agua a un profeta por ser profeta, tendrá recompensa de profeta». Me pregunto yo: Aquél que por inconciencia o por travesura regale un dólar a un enemigo de la Iglesia, ¿tendrá recompensa de enemigo de la Iglesia?

Si se va usted a jugar la salvación, que al menos sea por un buen libro.

EL OBSERVADOR 520-8

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El canal católico internacional EWTN celebra su décimo aniversario

La cadena televisiva católica mundial EWTN inició las celebraciones por su décimo aniversario con programaciones especiales que podrán ser disfrutadas por el público en los días venideros.

Han pasado diez años desde aquel 1996 cuando EWTN lanzó su primer servicio satelital a escala internacional en INTELSAT 601 para Iberoamérica. Desde entonces, la cadena católica ha crecido enormemente hasta llegar a su satélite actual, PAS9; con él 30 millones de hogares hispanoparlantes de América y Europa pueden recibir la señal católica.

La madre Angélica, fundadora de esta cadena que se ha convertido en el líder de la televisión católica en el mundo, manifiesta que «la historia de EWTN no es sobre lo que hemos hecho, es sobre cómo lo hemos hecho». Agradece a la Providencia de Dios por todo lo que se ha podido hacer para lograr que más personas tengan acceso a la señal de EWTN, y comenta que no tenían un plan empresarial cuando comenzaron con el canal en 1981.

Como la Madre señala, «¿que podría un puñado de monjas saber para iniciar algo que se convertiría en una red global católica de televisión y multimedios?».

Mayor información www.ewtn.com

EWTN RED GLOBAL CATOLICA

(Fuente: Aciprensa)

EL OBSERVADOR 520-9

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AÑO DE LA EUCARISTIA
Cómo vestimos y nos comportamos en el templo
Por el Pbro. Jordi Rivero

La forma en que vestimos refleja cuánto respetamos al anfitrión y la dignidad del acontecimiento. Es por eso, por ejemplo, que nos presentamos bien vestidos a una entrevista de trabajo, a un banquete de gala, o a un concierto de ópera. ¿Y cuando vamos a la Santa Misa?
Si los católicos comprendieran el significado sublime de la Santa Misa, deberían manifestar el mayor respeto en la forma en que se visten.
Comprendo el pecado que es juzgar a las personas por su apariencia. Bien nos lo enseña el apóstol Santiago: «Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con un anillo de oro y un vestido espléndido; y entra también un pobre con un vestido sucio; y que dirigís vuestra mirada al que lleva el vestido espléndido y le decís: 'Tú, siéntate aquí, en un buen lugar'; y, en cambio, al pobre le decís: 'Tú, quédate ahí, de pie', o 'Siéntate a mis pies'. ¿No sería esto hacer distinciones entre vosotros y ser jueces con criterios malos?» (Santiago 2,2-4).
Ciertamente no debemos juzgar. La persona con vestido sucio puede que sea pobre, puede que haya salido del trabajo y es su única oportunidad de asistir a Misa. Puede que venga con grandes problemas personales y no esté pensando en su forma de vestir. En fin, hay muchas razones y no se debe juzgar. Es importante que extendamos una bienvenida llena de amor a todos.
Pero debemos juzgarnos a nosotros mismos. Si vamos a Misa vestidos como si fuéramos a cualquier acto, si estamos descuidando la forma de vestir en el templo, hacemos mal. Recordemos que somos unidad de cuerpo y alma. Todo nuestro ser debe prepararse para la gran celebración que es la Misa dominical. Todo lo visible ayuda a elevarnos al Dios invisible: la arquitectura, la música, las vestimentas del presbítero, las imágenes sagradas, los utensilios sagrados, en fin, todo, debe manifestar la sublime importancia de la Santa Misa.
Aun si somos pobres, llevemos lo mejor que tenemos. Lo importante es la actitud que representan nuestros actos. He podido constatar muchas veces cómo los campesinos pobres van a la Santa Misa bien arreglados. No tienen ropa de lujo pero visten lo mejor que tienen. Hay un ambiente de respeto que manifiesta que la Misa es lo mas importante en la semana.
Si no vestimos la mejor ropa para la Santa Misa, ¿para quien la reservamos? Recordemos que no solo se habla con las palabras sino también con el lenguaje de nuestras actitudes externas. Es por eso que Jesús nos enseña en el Evangelio según san Mateo: «Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?'. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: 'Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes'» (Mateo 22,11-13).
Evidentemente no se trata de un pobre que no tenía otra cosa que vestir, pues entonces aplicaría el pasaje de Santiago expuesto arriba. Se trata de una falta de respeto que no se puede justificar.
Si visitamos las basílicas de Roma encontraremos que allí no se permiten los pantalones cortos, los vestidos sin mangas o los escotes provocativos. No vamos a discutir aquí la delimitación exacta de cada pieza. El pudor y el respeto nos deben guiar. No abogamos tampoco por hacer de la ropa el centro de la atención. Pero hoy día nos hemos ido al otro extremo, olvidando que vestir respetuosamente sí tiene su importancia.

Cómo nos comportamos

El templo es un lugar sagrado, reservado para el culto a Dios. Ahí está reservado el Santísimo en el tabernáculo, y su presencia real requiere de nosotros la mayor reverencia. Es por eso que, aunque no se esté celebrando la Santa Misa, el ambiente en el templo debe conducir a la oración y el respeto a Dios.
No es que la casa de Dios sea un lugar sombrío y severo, pero tampoco es lugar para diversión ni para andar a las anchas. Es mas bien un lugar sagrado, diferente a todos los demás. ¡Es casa de oración! No es necesaria la rigidez, pero no se debe andar como en el parque o en un centro comercial. Toda nuestra actitud debe reflejar nuestra fe en la presencia de Cristo.
No es necesaria la rigidez y, una vez más, debemos cuidarnos de no juzgar a otros. Pero sí tenemos la obligación moral de reflexionar sobre nuestro propio comportamiento y enseñar a nuestros hijos. Los presbíteros y los encargados de formación deben, igualmente, enseñar el respeto debido en el templo.
El respeto, el orden, el decoro ante lo sagrado ha sufrido mucho en nuestra cultura moderna, precisamente porque hemos perdido de vista que Dios es Dios. El hecho de que Dios es nuestro Padre y que nos ama infinitamente no se opone a la necesidad de rendirle adoración y gloria y manifestar sumo respeto en su templo. Recordemos con qué celo defendió Jesús el respeto que debemos tener a la casa de Dios (cfr. Mt. 21,13).

Fuente: Corazones.org

EL OBSERVADOR 520-10

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La acción caritativa en la Iglesia
Por el Pbro. Humberto Marsich, misionero javeriano

«Todos los creyentes vivían unidos y compartían todo cuanto tenían. Vendían sus bienes y propiedades y se las repartían de acuerdo a lo que cada uno de ellos necesitaba». Tal vez podamos considerar este texto de los Hechos de los Apóstoles como fundamento de toda la acción que la Iglesia, a lo largo de su historia, ha llevado a cabo en favor de los pobres y necesitados. Acción permanente puesto que Jesús mismo había reconocido que «los pobres los tendrán siempre con ustedes». Son acciones de amor e iniciativas de caridad cristiana espiritual y material. Las obras de misericordia corporal, que la Iglesia promueve entre todos los fieles, constituyen otros verdaderos «sacramentos», o sea, signos eficaces del amor de Dios para con los hombres, que complementan armónicamente los sacramentos de la gracia y de la salvación. La misma Eucaristía, cuyo año celebramos en todas las iglesias, ha impulsado a santos religiosos y laicos hacia su prolongación natural y espontánea en el ejercicio de la solidaridad y en la práctica de la fraternidad. No hay desafío más grande que él de la Última Cena, en la cual Cristo ofreció su persona en sacrificio para todos aquellos que se habían reunido y que se hubiesen reunido a lo largo de la historia.

La comida con Jesús, en la Eucaristía, exige que los participantes se unan a Él ofreciendo sus vidas para que los demás puedan vivir, y el itinerario a seguir, para lograrlo, es el de la caridad concreta y de la solidaridad real.

La Iglesia, consciente de la importancia de esta «dimensión social del amor», nunca ha dejado de comprometerse con la liberación de los oprimidos ni con la ayuda a los pobres. Basta recordar, a manera de ejemplo, sea los escritos magisteriales, sea las actividades promovidas por los misioneros de nuestro México, desde la primera evangelización: la defensa sin tolerancia de los indígenas en fray Bartolomé de las Casas; los «hospitales-pueblo», creados por don Vasco de Quiroga, para beneficiar a los indígenas michoacanos; la propuesta de una economía más equitativa y humana, en defensa de quienes menos tienen, de fray Tomas de Mercado.

En los últimos dos siglos de historia eclesial han surgido numerosas congregaciones de religiosos y de religiosas, con carismas fundacionales de caridad cristiana, en los campos de la educación y de la salud principalmente. Conocidas son, mundialmente, las obras educativas de san Juan Bosco y las obras de asistencia a los enfermos mentales de los padres Juaninos entre otras más. Los sumos pontífices Pio IX y León XIII promovieron intensamente las misiones. Bajo sus pontificados surgieron también numerosas congregaciones misioneras, las cuales se difundieron en todos los continentes, a través de una evangelización integral que nunca ha excluido las obras de promoción humana y de caridad para con los más pobres. Las escuelas, los hospitales, las cooperativas de producción y de consumo, los centros de desarrollo, las microempresas sociales etc. han sido las obras que han caracterizado a los misioneros de todos los tiempos. Por defender a los pobres, en sus derechos a una vida digna; por luchar con el pueblo explotado en contra de las injusticias, muchos misioneros y misioneras, sobre todo en América, África y Asia, han sido martirizados.

También en los papas del siglo XX debemos señalar esta preocupación caritativa: de san Pio X, sus actividades concretas en favor de los pobres («el pan de S. Antonio», que es una especie de «tortibono»); de Benedicto XV recordamos sus encíclicas en favor de la paz y de los niños huérfanos. Fue precisamente en la encíclica Paterno Animodonde este papa llamó la atención del mundo entero en favor de los niños hambrientos de una Europa destrozada por la primera guerra mundial. Todo esto documenta cómo el amor cristiano, hoy más que nunca, no puede dejar de ser social. Sólo así se trasparentará, en los hombres, el mismo amor con que Dios nos demostró su divina caridad (Rm. 5, 8; 1 Jn 4, 9). Obras que, hoy en día, intentan ir más allá de la beneficiencia, puesto que se implementan dentro de una ayuda más necesaria y eficaz, cual es la de crear aquellas condiciones sociales y estructurales que hagan posible la implementación de la justicia social. La caridad cristiana, vivida de manera excelsa por todos los santos, desde S. Francisco de Asís hasta madre Teresa de Calcuta y Juan Pablo II, debe ser, para todos los seguidores de Jesús, una virtud teologal amada y practicada. Sin ella nuestra fe es muerta y nuestro futuro sin esperanza.

EL OBSERVADOR 520-11

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FIN

 
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