El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
10 de julio de 2005 No.522

SUMARIO

bulletPORTADA - El Papa presentó el «Compendio» del Catecismo como guía de la evangelización
bulletCOLUMNA HUÉSPED - Católicos sin ilustración
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - ¿Dónde estaba yo?
bulletLA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO - El Papa medita sobre la Iglesia una, santa, católica y apostólica
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- - Hasta dónde llegar en el noviazgo
bulletPINCELADAS - La noche y el día
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - Una receta para la santidad
bulletVIGÍA - El remedio milagroso
bulletVALORES CRISTIANOS - ¿Qué, no hay otros intelectuales?
bulletCOLUMNA ABIERTA - Sólo una membrana
bulletINTERNACIONAL - Cardenal de Washington: la Iglesia en Estados Unidos es sumamente hispana, y esto «es una bendición»
bulletENTREVISTA - Sandy Caldera: un milagro de vida, de fe y esperanza
bulletVISTAZOS RÁPIDOS A LOS DOCUMENTOS DE JUAN PABLO II - Carta a los obispos por el Jueves Santo (1980), sobre el misterio y culto de la Eucaristía (II)

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PORTADA
El Papa presentó el «Compendio» del Catecismo como guía de la evangelización
La evangelización requiere de los católicos unidad en la fe, afirma Benedicto XVI
Zenit / El Observador

Sin esconder su satisfacción por la publicación del «Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica», Benedicto XVI consideró este domingo que la evangelización exige que los católicos anuncien unidos y con coherencia su fe.
«En este inicio del tercer milenio, ¡qué necesario es que toda la comunidad cristiana proclame, enseñe y testimonie integralmente la verdad de la fe, de la doctrina y de la moral católica de manera unánime y acorde!», afirmó el papa Benedicto XVI el domingo pasado, antes de rezar la oración mariana del Ángelus desde su balcón en El Vaticano.
El Papa publicó el 28 de junio pasado el «Compendio», volumen de doscientas páginas, que recoge en 598 preguntas y respuestas la síntesis del «Catecismo» que fue promulgado en 1992 por el papa Juan Pablo II. Por el momento sólo ha aparecido en italiano, pues todavía no se han terminado las traducciones.
«Desde hace años se experimentaba la necesidad de un catecismo breve, que resumiera de manera sencilla pero completa todos los elementos esenciales de la doctrina católica», reconoció el pontífice.

Instrumento para el anuncio de Cristo

Recordando que el «Compendio» vio la luz el mismo día en que se introdujo la causa de beatificación de Karol Wojtyla, «al que le dio un impulso determinante», su sucesor subrayó «la importancia de este útil y práctico instrumento para el anuncio de Cristo y de su Evangelio de salvación».
Este libro, aclaró, permite «comprender la extraordinaria unidad del misterio de Dios, su designio de salvación para toda la humanidad, el carácter central de Jesús, el unigénito Hijo de Dios, hecho hombre en el seno de la Virgen María, muerto y resucitado por nosotros».
«Presente y operante en su Iglesia, en particular en los sacramentos, Cristo es el manantial de nuestra fe, el modelo de todo creyente y el maestro de nuestra oración», subrayó el obispo de Roma.

El sueño del Papa

El Papa, que, siendo cardenal Joseph Ratzinger, recibió de Juan Pablo II el encargo de la redacción del «Compendio», concluyó deseando que esta publicación contribuya «a la deseada renovación de la catequesis y la evangelización de todos los cristianos —muchachos, jóvenes, y adultos, familias y comunidades—» .
Su sueño es que «se conviertan en todo ambiente en catequistas y evangelizadores, ayudando a los demás a encontrar a Cristo».
La importancia que Benedicto XVI atribuye al «Compendio» quedó manifestada no sólo con la especial liturgia que presidió con este motivo en el Vaticano, sino también por el pasaje que le dedicó en la homilía de la celebración eucarística de los santos Pedro y Pablo (29 de junio), patronos de la diócesis de Roma.

EL OBSERVADOR 522-1

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


COLUMNA HUÉSPED
Católicos sin ilustración
Por Antonio Maza Pereda

En nuestro país, y no necesariamente por culpa nuestra, es un hecho que los católicos somos poco ilustrados en lo que forma parte de nuestra fe. Repito: no necesariamente por culpa nuestra. Muchas décadas de educación pública, mal llamada laica, que en la práctica ha sido más bien antirreligiosa, han hecho mella en nuestro conocimiento de la fe que heredamos de nuestros padres. Además, en algunas escuelas católicas la enseñanza de la fe deja mucho que desear. A los niños se les enseña, en muchos casos, los valores humanos de benevolencia, de respeto a los demás, pero salen con una grave ignorancia de lo que es nuestra fe.

Hay escuelas católicas (no todas, por supuesto) donde es perfectamente posible que el alumno salga después de doce años de enseñanza religiosa sin saber los diez mandamientos ( a veces solo cinco o seis), los siete sacramentos, las virtudes cardinales y otros temas igual de fundamentales. Y no hablo de memoria: tuve ocasión de revisar los textos y los planes de estudios de la mayor parte de las escuelas católicas de una de las diócesis más grandes del país. Y no hablemos de leer a los grandes autores católicos. Se contarán con los dedos los egresados de las universidades católicas que hayan leído a san Agustín, a san Juan Crisóstomo, entre los escritores antiguos, o a Von Balthasar, entre los escritores modernos. Vamos, será raro el que haya estudiado cuatro encíclicas de Juan Pablo II. O, al menos, los cuatro evangelios completos. Esto, me parece, es grave. No podemos profesar nuestra fe desde la ignorancia. No podemos practicar lo que desconocemos. Aquí es donde podemos valorar y justipreciar la labor de 10 años de El Observador
. En medio de este ayuno de reflexión sobre la fe, la labor de El Observador es inapreciable. Si algo necesitamos los católicos mexicanos es de publicaciones que hagan la conexión entre la fe y los acontecimientos de nuestra vida diaria. Necesitamos escritos y escritores que nos hagan ver la relación entre nuestra fe y la vida de nuestro país, de nuestra ciudad, del mundo entero. Que nos muestren que la fe no es solo para los cuarenta minutos de la misa dominical, ni para los momentos de tristeza y necesidad de consuelo. La fe es para la vida, para cada instante de la vida, y no hay nada que le sea ajeno.

Es en ese sentido que me encanta el nombre completo de esta obra: El Observador de la actualidad. Es decir, de la realidad. Y bien, una realidad donde se suprime la dimensión de la espiritualidad, de lo divino, es una realidad mutilada, a la que le faltan dimensiones que la hacen completa. Una realidad sin la fe es una realidad que no satisface nuestra necesidad de la verdad.

Quiera Dios que la próxima década y las que sigan de vida de El Observador continúen siendo tanto o más fecundas que ésta que ahora celebramos. Quiera Dios que su contenido sea cada vez más profundo, que su tiraje aumente y llegue cada vez a más hogares, que abarque más ciudades de nuestro país y, por qué no, de otros países. Y que Dios premie a quienes hacen posible que en México tengamos esta gran obra.

EL OBSERVADOR 522-2

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


CARTAS DEL DIRECTOR
¿Dónde estaba yo?

Por Jaime Septién

Hay ocasiones en que dos páginas seguidas de un mismo periódico nos dejan desfondados. Hace poco, en un mismo ejemplar de un periódico de circulación nacional, había una foto del hambre en Sudán, y otra de la más que probable mortandad de ancianos por el calor en Francia este 2005.
La primera foto mostraba a un niño caído, derrengado, desfallecido por la hambruna que asola a Sudán desde hace muchos años. No me imagino cómo pudo el fotógrafo retratar tanta inhumanidad reunida en torno a la suerte de un chiquillo. Lo hizo. Quizá su testimonio gráfico le valga un premio. El problema es que la suerte de ese pequeño ya está echada.

La segunda foto era una de esa que llaman «de archivo». En ella se veía a un anciano, presumiblemente francés, recibiendo ayuda de un asistente social. El texto de la nota desmentía el hecho mismo de la asistencia. Este verano, que se anuncia caluroso en Francia, podría repetir el «síndrome de las persianas cerradas», que fue la explicación que se dio para justificar que hace un par de años murieran 15 mil ancianos de ese país en la más absoluta soledad.

La pregunta que debemos hacernos ante estos dos acontecimientos —el hambre en Sudán que mata chiquillos y el calor en Francia que mata ancianos— nada tiene que ver con los gobiernos o con las organizaciones internacionales de ayuda. Tiene que ver con nosotros: ¿dónde estábamos cuando ese anciano de Lyón murió desfallecido de angustia y abandono? ¿Dónde, cuando este pequeño, harto de comer moscas, fue derribado por el hachazo del hambre?

Se me dirá que vivimos en México, y que nada podemos hacer por paliar la desnutrición o la soledad de niños o viejos de allá, pero ésa es una salida vergonzante. Claro que podemos hacer algo: no por ellos, directamente, pero sí para que los que son como ellos y que viven en mi entorno no sufran la misma suerte.

Nos hemos acostumbrado a creer dos mitos: que en México nadie se muere de hambre y que somos un país de jóvenes. La primera cuestión es harto discutible. Si no de hambre, sí de enfermedades llamadas «de la pobreza» que provienen de la malnutrición, la falta de acceso a servicios de salud y la ausencia de satisfactores básicos como agua potable, clínicas, vivienda digna, etc. Hay municipios en Querétaro, San Luis Potosí, Guanajuato o Veracruz que poseen el mismo Índice de Desarrollo Humano de comunidades en Zambia, Costa de Marfil o Sierra Leona.

Por el lado de la población, en efecto, 48% de ella está por debajo de los 36 años. Pero esto no puede ser perenne, mucho menos cuando las tasas de crecimiento demográfico han bajado del 3.5 a 1.5 por ciento anuales y en el 2025, según las proyecciones, México entraría al «invierno demográfico» en el que están instaladas las naciones de Occidente (incluyendo a Estados Unidos en lo que respecta a la mayoría anglosajona). Es decir, estamos a dos décadas de pensar seriamente en una persiana cerrada en el mes de agosto... Un país es grande si y sólo si protege a sus niños, a sus ancianos y a sus mujeres. Proteger quiere decir proteger: acciones directas, claras, que beneficien a los más débiles de la sociedad. Y un país no es el gobierno: es la sociedad. Organizada y decidida, puede, hoy, sentar las bases de un futuro donde no haya niños que se derrumben por una diarrea o ancianos que se mueran de pura soledad.

EL OBSERVADOR 522-3

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO
El Papa medita sobre la Iglesia una, santa, católica y apostólica

Benedicto XVI recordó que la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo es no sólo una grata memoria de estos dos grandes testimonios de Jesús, sino también la confesión de la Iglesia como una, santa, católica y apostólica. Destacó que se trata «sobre todo de una fiesta de la catolicidad». Haciendo referencia al pasaje bíblico de Pentecostés hizo notar que «el fin de la misión es una humanidad que se convierte ella misma en glorificación viviente de Dios, el culto verdadero que Dios se espera: es este el sentido más profundo de catolicidad, una catolicidad que ya nos ha sido donada y hacia la cual todavía debemos encaminarnos siempre nuevamente».

Asimismo enfatizó que «catolicidad no expresa sólo una dimensión horizontal; expresa también una dimensión vertical: sólo dirigiendo la mirada a Dios, sólo abriéndonos a Él podemos llegar a ser verdaderamente una sola cosa». Y continuó: «Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que permanece, no obstante, como multiplicada».

«Catolicidad y unidad van juntos. Y la unidad tienen un contenido: la fe que los Apóstoles nos han transmitido de parte de Cristo... El hecho que catolicidad y unidad se hagan visibles a nosotros en las figuras de los santos Apóstoles nos indica ya la característica sucesiva de la Iglesia: ésta es apostólica», indicó. «La Iglesia es apostólica porque confiesa la fe de los Apóstoles y busca vivirla».

Finalmente, habló sobre la santidad de la Iglesia. «Ésta no es santa por sí misma; está formada por pecadores. Sin embargo, ésta es siempre santificada nuevamente por el amor purificador de Cristo. Dios no sólo ha hablado: nos ha amado muy realmente, amado hasta la muerte del propio Hijo».

EL OBSERVADOR 522-4

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Hasta dónde llegar en el noviazgo
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTAS
Tengo 25 años y una buena relación de noviazgo. Estoy convencida de que no quiero tener relaciones prematrimoniales, tanto por convicción como por precaución; sin duda no quisiera un embarazo no deseado y el mejor anticonceptivo es la abstención... Muchas de mis amigas ya han tenido relaciones y, en general, es lo normal entre las parejas de ahora, aunque al respecto yo todavía no cambio de opinión. Sin embargo, no sé qué tanto está bien o mal en las caricias con mi pareja, más allá de un beso. En mi casa, principalmente mi mamá y su familia, es muy conservador; para ella incluso un beso apasionado está mal, para mí es lo normal en una pareja. En la Iglesia, Biblia, Catecismo, «El Observador», etc., o no me ha tocado o no se habla de esto, simplemente no se dice claro, sólo de manera ambigua: que hay que portarse bien, evitar tentaciones, etc., etc., etc. Mi novio sabe que quiero esperar respecto a las relaciones sexuales y está de acuerdo, el también es católico y entiende mi punto. Sobre las caricias apasionadas no le ve nada malo, dice que es una manera de conocernos y también de demostrar amor. A veces me dejo llevar, otras me siento mal porque siento que avanza demasiado o que les estoy fallando a mis papás, porque me han educado de que eso significa que no me están respetando; tampoco quiero tener conflictos con mi novio, más porque no sé exactamente qué decir; es algo que me confunde ¡y a estas alturas! No sé qué está bien o mal de acuerdo a mis creencias religiosas; en fin, quisiera que me aconsejaras.
Otro caso
Yo tengo novio e intento vivir el Evangelio tal cual (aunque con todos mis fallos y errores), aplicarlo a mi vida en cualquier aspecto y situación. Mi novio ni va a Misa, apenas cree en Dios y pasa de todo el tema este. Con el tiempo él me insinuó lo de tener sexo, pero yo le dije que hasta el matrimonio na de na, el flipó en colores y estuvimos a punto de dejarlo por eso, pero al final lo aceptó tal cual pero en situaciones de intimidad la cosa se subía de tono y él me volvía a sacar el tema. Yo sé que acostarme no debo, pero hacer todo lo demás (ya me entiendes), ¿estaría mal? Yo también lo comprendo porque yo sé que a un hombre es muy difícil mantenerlo a base de besos. He hablado con varios sacerdotes, todos me dicen que de hacerlo, nada; yo les pregunto que hasta dónde está el límite, pero me dicen que eso va en mi conciencia y creo que eso es una respuesta muy subjetiva. Quiero saber si provocar situaciones que conduzcan a sentir placer está mal o no. La verdad es que no sé hasta qué punto llegar para que esté él bien y yo también. Estoy a gusto cuando estoy con él, pero a la vez temo quedarme a solas porque pienso que hay veces en que la situación no puedo controlarla. Necesito tener mi conciencia limpia y tranquila pero no sé como compaginarlo bien con tener pareja.

RESPUESTA
Vivimos en un mundo donde se ha perdido en gran medida el sentido profundo de la sexualidad, a cambio del placer y la excitación. En realidad, el acto sexual es una expresión del amor conyugal pleno, total, libre y fecundo, y, por lo tanto, únicamente puede manifestarse como verdaderamente es en el matrimonio. Esto está en el fundamento de los principios que ustedes defienden. Es reconfortante encontrar chicas que tengan esto en mente y defiendan sus valores.

Pero ustedes van contracorriente. Tienen claro que no quieren tener relaciones sexuales con sus novios, pese a la opinión contraria de gran parte de la sociedad. Pero, ¿hasta dónde llegar? Han encontrado respuestas ambiguas y subjetivas a sus dudas. Es un tema difícil, entre otras cosas porque cada quien responde de diferente manera ante el mismo estímulo. El beso, que para uno puede ser una intensa expresión de amor, para otro puede ser fuente de fantasías y de pensamientos impuros. Ante la misma caricia, una persona puede mantener el control y otra puede perderlo. Pero quiero ser más concreta: para preservar el valor de su virginidad, no deben permitir:

+ Lo que las haga sentir incómodas, inquietas o avergonzadas. Éstas son señales internas de que algo no está bien.
+ Aquello que sientan que les puede hacer perder el control de la situación a ustedes o a sus novios.
+ Besos, abrazos y caricias en situaciones peligrosas. Es decir, si están a solas por mucho tiempo, los mismos besos y caricias que en otras circunstancias no provocan ningún problema, podrían convertirse en una ocasión para ir más allá.
+ Contacto con las zonas genitales, ni siquiera por encima de la ropa.
+ Demasiado tiempo dedicado al contacto físico. La relación física durante el noviazgo con las manifestaciones adecuadas es importante; a través de ella expresan su amor y se conocen más. Pero debe haber un equilibrio en la relación. Los besos, abrazos y caricias son solamente una parte. Necesitan tener también una buena comunicación, compartir ideas y experiencias, hacer cosas juntos, cumplir cada uno con su trabajo o sus estudios, dedicar tiempo a sus familias, desarrollarse cada uno en lo individual, incluida la parte espiritual, ir construyendo un proyecto en común si planean casarse... en suma, tener una vida completa. Largas horas dedicas a estar pegados como lapas no conducen a nada bueno, no sólo porque favorece el ir a donde no quieren, es decir, a tener relaciones sexuales, sino porque no permite que el noviazgo se desarrolle sanamente.

Si bien es cierto que los hombres se encienden más fácilmente, no lo es el que ellos «necesiten» tener relaciones sexuales. Ellos también pueden ser castos. Este ejercicio de dominio sobre sí mismos es una magnifica preparación para la vida matrimonial.

Sean fieles a sus principios y vivan un noviazgo lleno de alegría, de ternura, alejadas de todo aquello que pueda inquietar sus almas.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 522-5

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PINCELADAS
La noche y el día
Por Justo López Melús *

Una noche un maestro preguntó a sus alumnos: «¿Cómo podemos saber cuándo acaba la noche y empieza el día?». «El día empieza cuando, al ver un animal desde lejos, distingo si es cordero o un perro»». «No», contestó el maestro. «Entonces cuando, al ver un árbol, distingo si es una higuera o un cerezo». «Tampoco». «Cuando distingo si un hombre es blanco o negro». «Tampoco».

Ahora fueron los alumnos los que le preguntaron cómo podía saberse. «La diferencia entre el día y la noche se da cuando, al mirar a una persona, sea quien sea, ves en ella a un hermano. Si no lo ves como hermano, sea la hora que sea, es que tu corazón está en la noche». «Quien dice que está en la luz y aborrece a un hermano, aún está en las tinieblas» (1 Jn 2, 9)

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 522-6

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
Una receta para la santidad
Por Claudio de Castro S.

Visité a mi vecino, el padre Francisco, y le pregunté por la santidad. Me dio una receta para ser santos. Es de lo más simpática:
«Cumple tu pequeño deber de cada momento.
Haz lo que debes.
Está en lo que haces».

«Con naturalidad proponte cosas concretas, ofreciéndolas por amor a Jesús. Puedes anotarlas en tu agenda o en un papel y pegarlas donde las veas y recuerdes». Éstos son algunos ejemplos:
+ Terminar el trabajo comenzado.
+ Aprovechar el tiempo.
+ Me levantaré a la hora en punto que suene mi despertador.
+ Tener caridad con todos.
La santidad está en lo sencillo, lo cotidiano. Basta llenar de amor nuestras pequeñas obras. Barrer una casa. Repartir el periódico. Hacer el trabajo en la oficina. Contestar el teléfono. Preparar el almuerzo. Conducir el auto.
Hacer nuestras pequeñas obras, gratas a Dios.
Créeme, ¡vale la pena!
Decía un sacerdote en su homilía: «Si supiéramos la fiesta que Dios nos tiene preparada en el Cielo, todos seríamos santos de altares».

EL OBSERVADOR 522-7

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


VIGÍA
El remedio milagroso
Por Javier Algara Cossío

Antes de las pasadas elecciones generales de Iraq, a sugerencia de la ONU, una delegación de ese país estuvo de visita en el IFE mexicano. Su objetivo, indudablemente, era conocer el sistema electoral de nuestro país y los procedimientos e instrumentos que lo sustentan para ver qué se podría aplicar en aquella nación. No hace falta ser muy perspicaz para imaginar que, entre lo examinado por los delegados iraquíes, destacó la credencial para votar, ese plástico cuasi milagroso, quintaesencia de la mexicanidad contemporánea. En ella vio cristalizada la ciudadanía una esperanza largamente acariciada: el paso a la democracia, ese estado de vida común en el que la voz de todos cuenta. Fue diseñada con apoyos de la tecnología más avanzada para hacer prácticamente imposible el fraude electoral. Las larguísimas claves alfanuméricas, los colores, las rayitas ondulantes que atraviesan la foto, y otros elementos que se perciben en su superficie- más algunos que el ojo humano no llega a captar- son los mil y un candados que pretenden hacer de la credencial para votar una fortaleza inexpugnable frente al enemigo público número uno de México: el miedo a ser engañados. Candado mata trampa. Cierta periodista de la televisión, admirada ante la descripción minuciosa que le acababa de hacer un funcionario del IFE, entrevistado acerca de las características de inviolabilidad de la credencial, comentó que debería ser motivo de orgullo para México contar con un documento de identidad tan seguro. La respuesta del funcionario no pudo haber sido más gráfica y contundente: «Más bien debería ser motivo de vergüenza. Esta —dijo, mostrando la credencial— es la medida del tamaño de la desconfianza que nos tenemos los mexicanos mutuamente».

Con la famosa credencial, los candados antifraude, anticorrupción, antiabuso se han vuelto cosa común en México. Los programas federales y estatales de apoyo a los diversos sectores de la población cuentan con estrictos condicionamientos de todo tipo; los consejos ciudadanos casi maniatan a los alcaldes por su celo en vigilar sus decisiones y obras. El resultado es el engrosamiento burocrático y la lentitud de operaciones.

¿Cuál será el remedio milagroso que devuelva a México la confianza? Las credenciales mágicas y los candados operativos, ciertamente, no; ya vimos que la envenenan más. ¿Un líder carismático, un candidato de palabra motivadora, capaz de unir los corazones hacia un proyecto nuevo de nación? Inmediatamente lo aherrojaríamos, no vaya a meter su cola el diablo. ¿Nuevas leyes? ¿Más?

Queda otra opción, la más dolorosa: que ningún mexicano haga a otro lo que no quiera que le hagan a él; que no tengamos que transar para no ser transados. O sea, la conversión personal de cada mexicano. Dejar de defendernos del otro. Difícil tarea; para que la pastilla cure, debe ser amarga. A nadie le gusta quedarse inerme ante el otro, pero en eso radica la confianza. Cuenta Lord Baden-Powell que los hombres de una tribu africana se saludaban con la mano izquierda, porque para hacerlo debían dejar el escudo y demostrar así que no escondían un arma. ¿Podrá México escudarse sólo en la fe que nos libra del temor y nos capacita para servir a Dios y a los demás en santidad y justicia?

EL OBSERVADOR 522-8

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


VALORES CRISTIANOS
¿Qué, no hay otros intelectuales?
Por Antonio Maza Pereda
En el número de junio de 2005 de la revista Letras libres, con el título «Quo Vadis: la Iglesia en el siglo XXI», se presentan cinco ensayos sobre la Iglesia católica, además de dos artículos que resumen las posiciones del cardenal Ratzinger y el filósofo Habermas sobre el papel de las religiones. Este artículo es copia de la carta que el autor mandó a la dirección de esa revista, comentando su contenido.


Estimado Dr. Enrique Krauze:

Respecto a las reflexiones aparecidas en Letras libres en junio del presente sobre el futuro de la Iglesia, permítame hacerle algunos comentarios:

En primer lugar, creo que es de agradecerle el que dedique el tema de fondo de ese ejemplar al tema de la Iglesia católica. Como dice la introducción a los artículos, esta Iglesia es la institución más trascendente y longeva de la historia de la humanidad y, claramente, merecería ser analizada y comentada con más frecuencia en los medios intelectuales, que muchas veces hacen como si la Iglesia no existiera. Sin embargo, la manera de tratar ese tema no deja de ser bastante sesgada, y el número de junio de su revista es un buen ejemplo de ello. De cinco ensayistas, tres tienen lo que ustedes mismos llaman «opiniones exóticas»: Hiriart, Wills y Beck. Es decir, se dedican a atacar el pontificado de Juan Pablo II y a presentarlo como una frustración de las buenas intenciones de la Iglesia. Los otros dos, Zagal y Zaid, se dedican a otros asuntos y, de hecho, no entran en ese debate.

Discúlpeme el atrevimiento: ¿No encontró otros intelectuales? ¿No encontró intelectuales qué, desde el catolicismo y desde una posición acorde con Juan Pablo II, reflexionaran sobre el futuro de esta Iglesia? Tal vez, me podrá usted decir, es que los que aprecian a Juan Pablo II no son intelectuales. Me niego a creer eso. Creo, más bien, que se les excluye, que no se les invita al debate. Creo que ni siquiera se hace el esfuerzo por incluirlos. Así como invitó a Wills, podría haber invitado a George Weigel o a Mark Judge. Podría haber invitado a intelectuales mexicanos como Miguel Carmena y Francisco Quijano, clérigos ambos, o a un seglar como Jaime Septién. Claro, me puede decir que no los conoce. Difícilmente: han sido excluidos de los ambientes que se dicen intelectuales y que consideran que fuera de ellos no hay intelectualidad.

Los análisis contra Juan Pablo II reflejan opiniones que, muchas veces, ni siquiera son de los católicos, como las de Hans Küng que, se ha dicho repetidamente, no es un teólogo que siga la doctrina católica. Se ignoran realidades seglares de enorme vitalidad, como son los movimientos de laicos comprometidos, y sólo se menciona a las comunidades eclesiales de base, como si esa fuera toda la acción de los seglares. De los Focolares, de Comunión y Liberación, de los Predicadores de la Palabra (que llenan todos los años la Plaza México con jóvenes que van a rezar el rosario), de los Encuentros Matrimoniales, de docenas de movimientos más, ni una palabra. Claro, no están de acuerdo con los puntos de vista de los ensayistas que quisieran, como dice uno de ellos, reinventar la Iglesia, incluso desaparecer el papado. Sí, sus comentaristas encuentran grotesco que millones se reúnan para acompañar al Papa. No le ven objeto. Nosotros, los que fuimos, si se lo vemos. Íbamos a gritarle que lo amábamos, como a un padre. No a Karol Wojtila. Al Papa, a la institución del papado. Ojala, señor Krause, pueda abrir los horizontes de su revista y admitir a otro tipo de intelectuales, que presenten otros puntos de vista.

EL OBSERVADOR 522-9

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


COLUMNA ABIERTA
Sólo una membrana
Por Walter Turnbull Plaza
«Para mí la virginidad es sólo una membrana», dijo hace poco un personaje en la televisión. Qué difícil es para el hombre sin Dios encontrar la verdad.

Otra vez uno de esos reality shows para promoción de nuevos artistas. Una muchacha cantó una canción verdaderamente nefasta. Cosas como: «soy la niña mala... la que la gente dice que no pasa la noche sola en su cama... y me vale lo que piensen... no soy virgen pero te puedo hacer milagros... no soy santa pero te puedo llevar al cielo... hay que darle un nuevo sentido al pecado...». Las mismas expresiones cínicas de siempre, sólo un poquito más concentradas. Me pregunto si el que escribe una canción como esa es tan imbécil como para no darse cuenta del daño que puede causar o tan ruin como para que no le importe. Lo único rescatable fue que uno de los críticos le dijo a la muchacha que esa canción no le gustaba y que no permitiera que le volvieran a poner una canción como esa. Lo lamentable fue que no faltó un tercero que opinó que para él la virginidad no es una virtud, sino solamente una membrana. Literalmente lo que decía Pío XII: «El pecado del hombre moderno es haber perdido el sentido del pecado».

Qué ciego está el hombre sin Dios y sin la luz de Dios; qué limitados somos. «Porque no son mis pensamientos sus pensamientos, ni sus caminos son mis caminos —oráculo de Yahveh—. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los suyos y mis pensamientos a los suyos» (Is. 55, 8-9).

Para el creyente, virginidad significa fidelidad al ser amado —aún antes de encontrarlo— en un amor exclusivo, en un amor para siempre; significa esperar para una donación completa y definitiva en el momento oportuno; sacrificar la diversión y el placer para buscar la felicidad verdadera; es renunciar a lo material y pasajero por lo espiritual y permanente, renunciar a muchos falsos remedos de amor por un amor auténtico y santificante. Es difícil de entender para el pagano porque esto es parte de un misterio, como el perdón, como el sentido del dolor, como el valor de la vida, incomprensibles para el hombre sin Dios. Para él la virginidad es sólo una membrana, el sacrificio una estupidez y el amor verdadero una utopía; y supongo que Dios, el cielo y el infierno son cuentos de abuelitas. No se da cuenta de que el rompimiento de una inofensiva membrana a veces (muchísimas veces) va acompañado de un rompimiento del plan de Dios para una persona y también de los planes personales y de su expectativa de un deseable matrimonio feliz; en fin, del rompimiento de toda una vida. Cuando vemos que mentes como ésta invaden las aulas, los medios de comunicación, los libros, las revistas y las cámaras de gobierno, y que los que sí creemos no somos coherentes con lo que creemos, uno no puede menos que decir: «por eso estamos como estamos».

Me deja una cierta sensación de intranquilidad. Por un lado, algo —o mucho— tenemos que hacer los cristianos que, obviamente, no hemos hecho. Por el otro, da miedo ver lo fácil que es desorientarse. Por algo dijo Jesús «Entren por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida! y poco son los que lo encuentran»(Mt 7, 13-14).

EL OBSERVADOR 522-10

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


INTERNACIONAL
Cardenal de Washington: la Iglesia en Estados Unidos es sumamente hispana, y esto «es una bendición»
Por Gilberto Hernández García
Conferencia binacional de obispos de México y ese país sobre migración.

Del 23 al 26 de junio tuvo lugar en El Paso, Texas, la histórica Conferencia Binacional de Obispos de México y Estados Unidos.
La reunión, que tuvo por lema «No más extraños: juntos en la jornada de esperanza», hundió sus raíces en la carta pastoral sobre migración emitida en forma conjunta por las conferencias de obispos de México y Estados Unidos en 2003, y tuvo el propósito de evaluar las acciones emprendidas a raíz de dicho documento y analizar la situación actual de los migrantes.
La hermana Sonia Delforno, misionera de San Carlos (scalabrinianas) y secretaria ejecutiva de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Movilidad Humana (CEPMH), participante en la Conferencia, señaló: «La reunión partió analizando cómo se está poniendo en práctica la carta pastoral Juntos en el camino de la esperanza ya no somos extranjeros, ya que el contenido y los alcances son muy amplios y es la que orienta la actividad para ambas comisiones de pastoral de la movilidad humana».
En el encuentro participaron una veintena de obispos de ambos países, así como otros obispos de la diócesis de origen de los migrantes, además de unos 150 integrantes de comisiones diocesanas de pastoral de movilidad humana y de organizaciones que velan por los derechos de los inmigrantes, juntamente con académicos estudiosos del tema.
Durante la reunión hubo una serie de ponencias que buscaron iluminar la actividad pastoral; además de mesas de trabajo para reflexionar tópicos relacionados con el fenómeno migratorio.

A favor de la justicia para los inmigrantes

Fruto de este encuentro han sido los tres grandes temas a trabajar: primero, la cuestión de las políticas migratorias, «porque México no tiene una ley para migrantes, tiene una Ley General de Población, pero no alguna específica; mientras que en Estados Unidos se insiste en reestructurar sus leyes sobre el tópico migratorio, como la 'Real ID'. En este sentido hay un trabajo arduo por delante para lograr que estas leyes sean más humanas, respetuosas de los derechos humanos, que tengan en cuenta la dignidad de la persona humana», indicó la hermana Sonia.
En cuanto a la cuestión pastoral, «se habló de la campaña que la Conferencia de Obispos de Estados Unidos ha lanzado en los medios de comunicación desde mayo pasado como respuesta a la aparición de grupos 'caza inmigrantes' y a la aprobación de la ley 'Real ID'». La campaña, con un enfoque pastoral-educativo, llamada «Justicia para los inmigrantes: una jornada de esperanza», tiene como finalidad influir en la reforma de tan controvertida ley, y parte de la premisa de que es necesaria la conversión de los fieles católicos y la gente de buena voluntad hacia la causa del migrante, para después llegar a la sociedad civil, indicó la misionera scalabriniana.
«Además —acotó—, otro gran tema de trabajo es la labor específica con grupos vulnerables. Esto implica la conversión, la sensibilización de la sociedad civil y de la misma Iglesia para el cuidado pastoral de los inmigrantes».
«El punto de partida —dijo— será siempre la comunión, porque Cristo nos enseña que somos hijos de un Padre común, por tanto hermanos; de esta realidad de comunión debemos llegar a la solidaridad».

En el rostro de los inmigrantes está el rostro de Cristo

Durante su participación, el cardenal Theodore McCarrick, arzobispo de Washington, señaló que la Iglesia católica de su país tiene una deuda con sus fieles hispanos que consiste en promover la reforma de las leyes migratorias, que a todas luces son atentatorias, y agregó que la Iglesia en Estados Unidos es sumamente hispana, y eso significa una bendición.
Ponderó los valores que los inmigrantes traen a Estados Unidos y lo necesarios que son para el país. Además, iluminó el tema de la migración desde el ángulo de la fe, porque «en el rostro del migrante vemos a Cristo».
Sin embargo, señaló que, «tristemente, la experiencia actual de la migración, de acuerdo con los obispos de ambos países, está lejos del Reino de Dios que Jesús proclamó».

EL OBSERVADOR 522-11

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


ENTREVISTA
Sandy Caldera: un milagro de vida, de fe y esperanza
Por María Velázquez Dorantes
Si los pesimistas consideran que Dios castiga y abandona, están equivocados, Dios premia y acompaña por toda la eternidad. Sandy Caldera, una mujer sumamente joven, es invidente de nacimiento, pero Dios le ha permitido ver con los ojos del corazón, con la mirada de su alma y con la sensibilidad del apremio por la vida.
Sandy Caldera es mexicana y ha encontrado en la música talento para expresar a Dios y a su Madre la Virgen, como premio de la inmensa bondad de su Creador.

Espíritu en la música

Sandy Caldera es originaria de Tijuana, México, y estudió psicología. Se encuentra en las tierras donde muchos depositan un intento de vida y ella ha depositado toda su vida en el intento por demostrar la fe y la esperanza.
Sandy Caldera ha colocado el don del Espíritu Santo en la música, ha creado voces para adorar y amar a Dios, para confortar y animar a los demás hombres a vivir la vida con anhelo.
Es cantante católica, es cantante de Dios y para Dios.

El encuentro con Cristo

En un encuentro de Renovación en el Espíritu Santo, a los cinco años participa para alabar a Dios y encontrar en él su sanación física, además de hacer de Él su centro de vida. El encuentro fue en ese instante con el Santísimo Sacramento; posteriormente, pasado un tiempo, comienza a ver colores y objetos.
Estuvo en Medjugori, Bosnia, donde ocurren las apariciones de la Virgen; en el cerro de Kosovo sintió una enorme paz que la inundaba y percibió el olor a incienso.
Con el tiempo logró ver sus dedos y sus manos.
Sandy Caldera se dedica a seguir a Cristo con su música y servir a la Virgen con su voz.

Producciones

Ha producido varios discos. Entre ellos se encuentran Abba Padre: transfórmame, con canciones como «Muévete en mí», «Mi lamento en baile», «La pelota», «Soy testigo», «Saliendo del pretorio».
Ha unido su voz con Rafael Moreno, cantante católico, en el disco Mensajero Guadalupano, un volumen en el que recogen un canto y un homenaje a san Juan Diego.
Otra producción es titulada Por mis pecados. En ella se deposita la confianza en el perdón de Dios. Otra: Solo con Dios.
Su música llega a través del mariachi, la orquesta, las guitarras, la balada.
En Mariavisión se hace partícipe con su voz a las tres de la tarde en el programa Divina Misericordia, cantando al Santísimo.

Escuchando a todos

Sandy Caldera está detrás de una línea telefónica dispuesta a escuchar a cada joven que se siente solo, angustiado, abandonado. Quiere ofrecer consuelo con palabras que conforten y den consuelo.
Le gusta escuchar a las personas, sus problemas, sus alegrías, llorar y reír juntos; comprenderlos y hablarles de Dios, brindarles la esperanza que Él le ha brindado, decirles que los ama y, sobre todo, decirles que Dios es el más fiel. Al terminar la conversación telefónica Sandy realiza una oración.

EL OBSERVADOR 522-12

  [SUMARIO] [INICIO]


VISTAZOS RÁPIDOS A LOS DOCUMENTOS DE JUAN PABLO II
Carta a los obispos por el Jueves Santo (1980), sobre el misterio y culto de la Eucaristía (II)
Por Walter Turnbull

La Eucaristía es, ante todo, sacrificio; es decir, una ofrenda consagrada, por la que el hombre es restituido a Dios. El celebrante es el sacerdote que lleva a cabo el acto sacrificial; los demás participantes ofrecen sus sacrificios espirituales y unen el ofrecimiento de sus personas al de Cristo. El pan y el vino son símbolo de todo lo que la asamblea eucarística ofrece a Dios. La conciencia de este significado debería ser mantenida durante toda la Misa.

El pan y el vino son consagrados para convertirse verdadera, real y sustancialmente en Cuerpo y Sangre de Cristo. Las especies consagradas del pan y el vino «representan» el sacrificio de Cristo al Padre. Mediante su sacrificio, Cristo nos llama a unirnos a Él en la comunión eucarística.

Es importante que las palabras de la plegaria eucarística sean pronunciadas con gran humildad y sencillez, de manera comprensible, correcta y digna, como corresponde a su santidad; que este acto esencial de la liturgia eucarística sea realizado sin prisas; que nos comprometa a un recogimiento tal y a una devoción tal, que los participantes adviertan la grandeza del misterio que se realiza y lo manifiesten con su comportamiento.

En la Misa, la Iglesia nos ofrece dos mesas: la de la Palabra y la del Pan. Sobre la liturgia de la Palabra, Juan Pablo II apunta que los cambios realizados en el concilio Vaticano II permiten una mayor participación y una mejor comprensión de los textos, y plantea también una mayor responsabilidad ante la Palabra de Dios, que atañe a la ejecución de las acciones litúrgicas. Acerca de la Mesa del Pan, pide a los obispos hacer todo lo posible para garantizar la dignidad sagrada del ministerio eucarístico y el profundo espíritu de la comunión eucarística. La Eucaristía es una invitación a un banquete, que algunos rechazan por un sentido de indignidad, otros por una falta de hambre y sed eucarística. Pero más numeroso es el caso de los que comulgan sin haberse acercado al Sacramento de la Penitencia, tal vez por ver la Misa como una simple reunión fraterna, o por falta de sensibilidad de la conciencia o del sentido de responsabilidad de cara a la doctrina moral.

A los sacerdotes les recuerda Juan Pablo II el respeto debido al Cuerpo y Sangre del Redentor. «Dios nos guarde de una prisa inoportuna, de una impaciencia escandalosa».

Aunque se ha admitido la posibilidad de una cierta autonomía «creativa», y se busca un pluralismo del culto eucarístico, sin embargo se deben conservar las características esenciales de la celebración de la Eucaristía y respetar las normas prescriptas por la reciente reforma litúrgica. El sacerdote no puede considerarse como «propietario» del texto litúrgico y del sagrado rito como de un bien propio, de manera que pueda darle un estilo personal y arbitrario. Esto es siempre una traición a aquella unión que debe expresarse en el sacramento de la unidad.

En la conclusión, Juan Pablo II recuerda que la Iglesia se expresa en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida. Por ello, la renovación litúrgica es la medida y la condición para la renovación de la Iglesia según el concilio Vaticano II.

EL OBSERVADOR 522-13

[SUMARIO] [INICIO]


FIN

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006