El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy

4 de septiembre de 2005 No.530

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El costo de la desconfianza
bulletLA SONRISA DEL ÁNGEL - Amores telemáticos
bulletFAMILIA - UNIVA: Universidad Católica
bulletPINCELADAS - El fruto y la fuente
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - Mi amigo Jesús
bulletNUESTRO PAÍS - Rehabilitar la política con la ética (I)
bulletVALORES CRISTIANOS - ¡Es el papado!
bulletCULTURA - Padre Humberto Mauro Marsich: de nacimiento esloveno, de nacionalidad italiana y de corazón mexicano
bulletALMAS que valoran la sexualidad de acuerdo con el plan de Dios

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CARTAS DEL DIRECTOR
El costo de la desconfianza
Por Jaime Septién


Para todos los ciudadanos de este país es excesivo el costo de las elecciones presidenciales, menos para los partidos políticos. Éstos se despachan con la cuchara grande. Y encima, operan en contra de cualquier candidatura independiente: como si los derechos políticos de las personas dependieran de su militancia en una institución de esa naturaleza.

Sabemos muy bien los niveles de pobreza que traemos a nuestras espaldas. Sabemos muy bien el rezago educativo, de acceso a la salud, la falta de opciones de trabajo. Por ello nos indigna que el presupuesto del año electoral 2006 ascienda a 12 mil 920 millones de pesos, 55% más que en las elecciones presidenciales del año 2000, con un deslizamiento inflacionario previsible (en estos seis años) menor al 25%.

Nada más en «prerrogativas a partidos políticos» los mexicanos nos vamos a gastar cuatro mil 926 millones de pesos. Y uno dijera: bueno, el dinero estará bien empleado, veremos campañas de altura, propuestas para sacar al país del marasmo en el que anda metido por ausencia de reformas estructurales; vamos a dar puestos de trabajo a los 500 mil que cada año se nos van para el norte, etcétera. La triste realidad es que no se vislumbra en el horizonte electoral del 2006 nada parecido a esos buenos pensamientos.

El costo de cada voto que se emitirá en las urnas el próximo año (en el entendido que no hubiera abstencionismo) será de 17.2 dólares (tomando como paridad cambiaria los once pesos). Se trata del costo más elevado del mundo. En Japón se gastan 5.2 dólares por voto; en Costa Rica 3.3 dólares; en Francia 3.1 y en Chile (país al que deberíamos imitar en muchas cosas) solamente 40 centavos de dólar por voto. Si lo comparamos con otros países o instituciones, resulta que el gasto electoral mexicano es 24% mayor que el presupuesto de Nicaragua para 2005; representa 28% del total del gasto de Guatemala; 32% del gasto de El Salvador o 38% del gasto programado de la ONU para el bienio 2004-2005.

Este despilfarro puede tener muchas explicaciones, pero ninguna justificación. Se nos quiere engatusar con la idea de que, si no existe financiamiento público para los partidos políticos, el narcotráfico y el lavado de dinero de otras procedencias ilícitas podrían inmiscuirse en las campañas y torcer el rumbo político del país. Sin embargo, cualquiera se da cuenta de que el dinero negro y la colusión entre criminales y servidores públicos es una terrible realidad en México.

También se nos dice que los partidos políticos protegen las candidaturas al darles a sus militantes una plataforma ideológica, y a la sociedad, gente probada en el servicio público. Lo cual se puede comprobar de inmediato que es una falacia: cada día surgen más oportunistas, más improvisados, más aspirantes de turbio pasado, que quieren llegar bajo la única motivación de tener poder, poseerlo, no soltarlo y enriquecerse ellos y sus grupos de influencia.

Lo que estamos pagando, ciertamente, es el costo acumulado de la desconfianza; el precio de haber «partidizado» la política, convirtiéndola en una guerra sin cuartel entre fracciones enemigas, olvidando que, en su esencia, la política tiene como única tarea hacer crecer el bienestar y el bien ser de la gente.

EL OBSERVADOR 530-1

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LA SONRISA DEL ÁNGEL
Amores telemáticos
Por Juan Jesús Priego

El amor en los tiempos del cólera hizo nacer solamente una novela (y Gabriel García Márquez fue su autor), pero el amor en los tiempos del sida ha hecho nacer muchos otros tipos de amores. Uno de ellos es el amor telemático.

He aquí dos de sus características. Como ya su nombre lo indica, es un «amor de lejos» (el prefijo teles, de donde vienen televisión, teléfono, telescopio, etcétera, significa lejanía). Como mexicano que soy, no preciso de muchas palabras para caracterizar esta nueva invención, pues me es suficiente con recitar un dicho muy conocido entre nosotros. Pero me abstendré de hacerlo para seguir adelante.

Ahora bien, puesto que es un amor de lejos, el amor telemático es, al mismo tiempo, un amor mediado. Esto quiere decir que entre uno y otro de los «amantes» está siempre un medio de comunicación: se trata de un amor sin encuentros personales. Los amantes no tienen contacto físico, pero se contactan: es decir, se ponen de acuerdo en utilizar a la misma hora el mismo medio de comunicación. Por demás está decir que, en la mayoría de los casos, uno y otro ni siquiera conocen sus nombres verdaderos. «No podía echarme para atrás. Lo que habíamos descubierto una del otro (de la otra) era demasiado profundo, demasiado esencial para nuestra vida y para nuestra identidad». Así se expresó una mujer que durante cierto tiempo había estado alimentado un romance telemático con un ser que al final resultó ser otra mujer.

¿Cómo es que pudo nacer una cosa tan extraña? El amor, al menos como lo conocíamos, no podía prescindir de la presencia y la figura. Pero el amor telemático prescinde de la presencia, de la figura, de la cara, del nombre, de la voz e incluso hasta de la existencia del sujeto que se halla en el otro polo del canal.

Se quejaba recientemente un joven de la nueva generación: «A nosotros nos ha sido quitada la sexualidad. Uno se muere y no sabe por qué». Quería decir que, gracias a la aparición del sida, a él y a todos sus contemporáneos les había sido robada una libertad que sus padres (los rebeldes del 68) habían tenido en abundancia. El amor telemático es un amor que ha tenido miedo al contacto y ha preferido depositar la botella que contiene su mensaje amoroso en las olas infinitas del mar electrónico. ¿Quién la recibirá?

Es claro que no se renuncia a la relación erótica, sólo que ésta es practicada de una manera puramente virtual. «Lo que caracteriza a la seducción de hoy escribe Vanni Codeluppi, un teórico de las nuevas tecnologías informáticas es la toma de distancias. Las personas se conocen solamente mediante un nombre en clave y hablan de amor y sexo a través de las terminales del video. No tanto para poder encontrar después a aquellos con quienes se dialoga, cuanto por activar una seducción en la que todo lo dicho en la pantalla toma el puesto del sentir, del tocar y del ver en persona. Y el anonimato, el no saber nada el uno del otro, ni siquiera el verdadero sexo de pertenencia, permite una desinhibición total. La fantasía está a salvo y, al no haber contacto físico, no existe siquiera la posibilidad del contagio del virus». El ideal es el no contacto; hacer de todo, sentirlo todo, pero con la seguridad absoluta de que no pasará nada.

En 1999, la Carnegie Mellon University, después de un sondeo entre miles de estudiantes, concluyó que «el uso excesivo de Internet genera soledad y depresión». Si esto es así, dejará todavía más solas y deprimidas a las personas que buscan entre sus servicios alguien a quien querer. El amor no es solamente un intercambio de palabras atrevidas; el amor, el amor verdadero, es hijo del conocimiento, del tiempo compartido y del encuentro cara a cara. Esto lo sabía ya Séneca, el filósofo estoico, desde el siglo I de nuestra era, pues fue él quien dijo a su amigo Lucilio en una de sus famosas Cartas: «Aunque es verdad que el amor puede compensar la distancia, nada puede ser comparado con el calor del contacto físico y el placer de la conversación. Te ruego, pues, que me hagas este grandísimo regalo: tu presencia».

Regalo que, por lo demás, es el único que no quieren hacerse los amantes telemáticos.

EL OBSERVADOR 530-2

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FAMILIA
UNIVA: Universidad Católica
-Dos preguntas-
Por Yusi Cervantes Leyzaola

El próximo 5 de septiembre comienzan los cursos del plantel Querétaro de la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA, La Universidad Católica). Esta es, sin duda, una buena noticia para la diócesis de Querétaro.

La UNIVA nació en 1962, cuando se abrió la primera escuela de periodismo en Guadalajara con el nombre de Instituto Pío XII, fundada por el hoy Mons. Dr. Santiago Méndez Bravo, Rector Fundador y Vitalicio de la Universidad. En 1977 el instituto recibió el reconocimiento oficial de sus estudios y en 1979 la Secretaría de Educación Pública le confirió el rango de universidad, momento en que la Universidad tomó su actual nombre. La UNIVA cuenta ya con diez planteles en otras tantas ciudades del centro y el occidente del país y atiende a más de once mil alumnos.

El Observador platicó con el doctor Gustavo Muñoz Guzmán, director del plantel Querétaro, sobre algunas inquietudes acerca la Universidad que hemos detectado en diversos medios. La primera:

¿Qué es lo que caracteriza a la UNIVA como Universidad Católica?

Nuestro concepto de universidad católica se basa en la constitución apostólica sobre las universidades católicas «Ex Corde Ecclesiae», del papa Juan Pablo II, que es un compendio acerca de los fundamentos, la identidad, la misión y las normas que deben regir a las universidades católicas.
Antes éramos una universidad de inspiración cristiana. Existía un cierto miedo a manifestarse como universidad católica. Fue el arzobispo de Guadalajara quien nos motivó a dar el gran paso de proclamarnos en este sentido. Nos adherimos a la «Ex Corde Ecclesiae» y eso implicó grandes cambios en la Universidad, muchos de los cuales aún están en proceso.
Se ha requerido un aprendizaje acerca de nuestra fe, nuestra religión, un estudio serio de la Biblia comenzando por los directivos, los maestros, los administrativos, y así, en cascada, hasta los alumnos. Se ha prestado atención también a cómo vivir la congruencia entre la fe y lo práctico, la realidad que enfrentamos fuera de las aulas. Hemos contado con la asistencia de muchos sacerdotes, algunos de los cuales son decanos de la Universidad.
Para nosotros es importante que al alumno le quede claro que ésta es una universidad católica.
La Universidad cuenta con materias que llevan el sello UNIVA, de cinco a siete según la carrera, que están orientadas precisamente a cumplir nuestra misión como universidad católica. Por ejemplo, antropología filosófica, la realización del hombre y los valores y derechos humanos. Queremos formar primero personas humanas, sin perder de vista que no está peleado lo humano con lo científico.
A través de la pastoral universitaria se lleva al alumno a conocer a Cristo vivo. Se trabaja por medio de talleres, seminarios y experiencias fuera del plantel, preferentemente en contacto con la naturaleza para facilitar el encuentro del alumno consigo mismo y con Cristo, y con Él buscar el sentido de la existencia. Los muchachos han respondido muy bien a esta pastoral.
Un punto fundamental es que los alumnos hagan conciencia de que en su desarrollo profesional tienen un gran compromiso con la sociedad y que se requiere de su apoyo y solidaridad frente a los problemas de su entorno.
Ha sido muy importante el apoyo de los maestros. No todos son católicos. No podemos cerrarnos a lo que pueden aportar personas de gran capacidad en su materia. Pero aún a los no católicos se les pide que respeten la filosofía y la misión de la UNIVA.


¿Cómo podemos saber que la UNIVA efectivamente es fiel a su misión de Universidad Católica?

La sociedad lo podrá saber al conocer a los alumnos y egresados de la UNIVA y a través de acciones concretas de la Universidad, tales como programas de apoyo comunitario, simposiums, congresos y talleres. Ésta es una labor cuyos frutos llevará algún tiempo comenzar a ver, pero que realmente beneficiará a la sociedad.

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Las características propias de una universidad católica

Es un honor y una responsabilidad de la Universidad Católica consagrarse sin reservas a la causa de la verdad. Es ésta su manera de servir, al mismo tiempo, a la dignidad del hombre y a la causa de la Iglesia, que tiene «la íntima convicción de que la verdad es su verdadera aliada... y que el saber y la razón son fieles servidores de la fe» (1) (Constitución apostólica sobre las universidades católicas Ex Corde Ecclesiae, n. 4).

Puesto que el objetivo de una universidad católica es el de garantizar de forma institucional una presencia cristiana en el mundo universitario frente a los grandes problemas de la sociedad y de la cultura (2), ella debe poseer, en cuanto católica, las características esenciales siguientes:

1. Una inspiración cristiana por parte, no sólo de cada miembro, sino también de la Comunidad universitaria como tal;
2. Una reflexión continua a la luz de la fe católica, sobre el creciente tesoro del saber humano, al que trata de ofrecer una contribución con las propias investigaciones;
3. La fidelidad al mensaje cristiano tal como es presentado por la Iglesia;
4. El esfuerzo institucional al servicio del pueblo de Dios y de la familia humana en su itinerario hacia aquel objetivo trascendente que da sentido a la vida (3) (Constitución Apostólica sobre las Universidades Católicas Ex Corde Ecclesiae 13).

Notas:
1
JOHN HENRY Cardenal NEWMAN, The Idea of a University, p. XI, Londres, Longmans, Green and Company, 1931.
2 El concepto de cultura, expresado en este documento abarca una doble dimensión: la humanística y la socio-histórica. «Con la palabra genérica «cultura» se indica todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano. De aquí se sigue que la cultura humana presente necesariamente un aspecto histórico y social, y que la palabra «cultura» asuma con frecuencia un sentido sociológico y etnológico» (Gaudium et spes, n. 53: AAS 58 [1966], p. 1075).
3 Las Universidades Católicas en el mundo moderno. Documento final del II Congreso de Delegados de Universidades Católicas, Roma, 20- 29 nov. 1972, § 1.

EL OBSERVADOR 530-3

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PINCELADAS
El fruto y la fuente
Por Justo López Melús *


Si buscamos las cosas donde no están, seguro que no las encontraremos. Si las llaves están «en el fondo del mar», hay que ir allí a buscarlas, y no al firmamento. Si las estrellas están en el firmamento, hay que ir allí a buscarlas, no al fondo del mar. «¿ Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos?» (Mc 7, 16). De otro modo trabajaremos mucho y no conseguiremos nada. Será un trabajo inútil y falto de lógica.

Eso le sucedía a una señora que se acercó a una fuente a recoger agua. Cuando sumergió el cántaro, vio en la fuente un hermoso fruto rosado. Intentó cogerlo, pero desapareció. Apenas retiró la mano, volvió a aparecer. Y así varias veces. Siguió sacando agua, y apenas sacó toda, el fruto desapareció. Entonces oyó un pájaro sabio que le decía: «No busques el fruto abajo. Está allí arriba». Levantó la vista y descubrió, colgado en una rama, el fruto que se reflejaba en la fuente.

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 530-4

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
Mi amigo Jesús
Por Claudio de Castro S.

Ten contento a Jesús con pequeños actos de amor.

Él es como un niño, ilusionado por nosotros. Y muy sensible. Somos sus pequeños, sus amigos, sus hermanos, por eso nuestras faltas le hieren tanto.

A mis 48 años puedo decirte que no hay mejor amigo. Sí, Jesús es mi mejor amigo.

Recuerdo una ocasión en que salí del trabajo y decidí ir a Misa. La iglesia quedaba camino a mi casa, por tal motivo no tendría que desviarme. Pero sentía pereza y me dije: «no iré».

Mientras conducía, algo muy dentro de mí luchaba contra este pensamiento y al rato me dije: «sí iré».

Pero luego salió a flote el «no iré», y nuevamente el «sí iré».

En eso se me pasaron los quince minutos que demoré en el trayecto a la iglesia.

Al final había ganado el «no iré», pero afuera de la Iglesia vi estacionado el auto de un gran amigo. Me puse muy contento y decidí detenerme para saludarlo.

No había aún pisado la entrada, cuando sentí en mi interior una voz que reclamaba: «Y por mí, ¿no te alegras igual?». Es uno de esos momentos en que te sientes «muy mal». Me repuse y, arrepentido, le respondí: «Sí, Señor. Por Ti también me alegro». Entonces, reconociendo mi debilidad, le pedí: «Dame un poco de tu amor para no dejar nunca de sentir esta ilusión por verte»& «Señor, que te ame siempre más».

EL OBSERVADOR 530-5

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NUESTRO PAÍS
Rehabilitar la política con la ética (I)
Por Humberto Mauro Marsich s.x.

La crisis de la política


Todo mundo sabe, hoy, que la política está en crisis, y ésta es, sobre todo, de carácter ético. Lo que se cuestiona es el ejercicio del poder a la luz de criterios en la mayoría de los casos de índole clientelar y de mera repartición de poder entre amigos.

La urgencia, hoy, de rehabilitar la política con la ética la sentimos por mucha razones:

+ Por la extinción de hombres políticos por vocación si es que se han dado en algún tiempo en nuestro México, coherentes e insobornables, y con principios morales firmes.

+ Por la desconfianza generalizada acerca del «quehacer político» de los hombres postulados para el servicio público, o sea, de los partidos existentes.

+ Por el debilitamiento, a nivel mundial, de los valores morales sociales, hasta hoy considerados innegociables, como la conciencia moral, la libertad responsable, la vida, la familia, el bien común, la justicia, la equidad, etc.

+ Por la extensión en la cultura contemporánea del «relativismo moral» que, como nos lo señala el papa Benedicto XVI, «al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio yo... y cada persona queda condenada a dudar de la validez de su esfuerzo por construir, con los demás, algo en común».

A pesar de todo, no debemos despreciar la política sino revalorarla, conduciéndola, por su justo rumbo, hacia su refundación ética. Esto es lo que nos enseña también nuestra fe cristiana: «La fe cristiana no desprecia la actividad política; por el contrario, la valora y tiene en alta estima» (Documento de Puebla, 154). La GS (Constitución Gaudium et spes) considera la actividad política como una de las más difíciles y nobles artes (75). Juan Pablo II, en la carta pastoral Tertio Milennio Adveniente, consideraba la política como uno de los areópagos de la nueva evangelización.

EL OBSERVADOR 530-6

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VALORES CRISTIANOS
¡Es el papado!
Por Antonio Maza Pereda

Una vez más, el Espíritu Santo nos demuestra que nos ha elegido al Papa adecuado para nuestro tiempo. La Jornada Mundial de la Juventud, en Colonia, reunió a más de un millón de jóvenes en torno a Benedicto XVI.

Los medios, que predijeron que ya no sería lo mismo, que este Papa no tendría el impacto de Juan Pablo II por ser tímido y poco ducho en el manejo de medios, se equivocaron completamente. Al principio, por supuesto, trataron de hacerle el vacío al encuentro: se hicieron poquísimos reportajes en torno al inicio de la Jornada. Después, la realidad se impuso: no se puede ocultar el sol con un dedo. Ahí, en la supuestamente envejecida y secularizada Europa, los jóvenes respondieron. Claro, muchos llegaron de otros continentes, pero la mayoría, forzosamente, llegaron de Europa. Y llegaron gozosos, con entusiasmo, a decir que aman al Papa.

Tal vez el mundo aún no lo ha comprendido. Lo que atrae a esos jóvenes no es la personalidad o el carisma de quien hoy, por la misericordia de Dios, encabeza la Iglesia. Es Cristo, es su vicario. Es, como decía santa Catalina de Siena, el dulce Cristo en la tierra. ¡Es el papado lo que los atrae!

Los medios, ante su monumental falla para entender esta realidad, se han dedicado a publicar entrevistas donde algún joven dice que ama al Papa, pero no le gustan sus enseñanzas. Puede ser. Pero el hecho es que están ahí. Si están tan disgustados con sus enseñanzas, como los medios dicen, ¿por qué van?, ¿a qué van?

En la homilía del día de su entronización como sucesor de Pedro, Benedicto XVI dijo, de una manera muy bella: «La Iglesia está viva... La Iglesia es joven». En Colonia, estos jóvenes demostraron con su presencia que nuestro Papa ha entendido la realidad de la Iglesia mucho mejor que los supuestos expertos que viven pronosticando (y deseando) su próxima desaparición porque, dicen, la Iglesia se está alejando de sus fieles. Nuestros jóvenes (porque son de todos nosotros) nos están mostrando la belleza de la Iglesia. Nos están haciendo ver que la Iglesia permanecerá más allá de nosotros, porque ellos están tomando el relevo. Que no nos engañen los medios, que no nos depriman los pesimistas. Un pastor bondadoso, que predica el mensaje de la Iglesia sin concesiones, congrega y entusiasma a los jóvenes de una manera que ningún otro líder mundial puede igualar. Sí, tiene cualidades diferentes de las que tuvo Juan Pablo II. Sí, su carácter es más tímido y reservado. Es hombre de estudio y de reflexión, una imagen que, supuestamente, no es de lo más apropiado para atraer a los jóvenes. Y, sin embargo, están ahí. Porque la realidad es que quien los congrega es Cristo, el mismo Jesús de Nazaret, que nos espera en el Cielo, preparándonos una morada. Ese Jesús siempre joven es quien nos atrae. Los humanos, aun alguien como el Papa, no podrían hacerlo sin la fuerza de nuestro Rey.

Gracias, muchachos. Gracias por estar ahí. Gracias por su entusiasmo, por su alegría, por darle tanto cariño a nuestro pastor, que también lo necesita como humano que es. Gracias por mostrarnos cuán bella es nuestra Iglesia.

EL OBSERVADOR 530-7

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CULTURA
Padre Humberto Mauro Marsich: de nacimiento esloveno, de nacionalidad italiana y de corazón mexicano
Por María Velázquez Dorantes

Tiene treinta años viviendo en México, sus primeros diez en las comunidades indígenas de la huasteca hidalguense y veracruzana, hablando el náhuatl, y los veinte años posteriores en el municipio de San Juan del Río, Qro. En este sitio el padre Humberto Marsich se encarga de la dirección general del Colegio Centro Unión.
Es asesor de encuentros conyugales, maestro de teología moral en el seminario conciliar de Querétaro y en el seminario conciliar de Celaya, maestro de la universidad Pontificia de México, maestro del Instituto Mexicano de Doctrina Social Mexicana, y maestro de deontología política en la Universidad Autónoma de Querétaro. También ayuda al párroco del municipio de Ezequiel Montes, Qro.

El hombre, el presbítero y el misionero

Ha tratado de dedicarse a la evangelización, comprometiéndose con gran empeño en la promoción humana, sobre todo en las comunidades indígenas.
Es un apasionado de la enseñanza; le gusta transmitir conocimientos y acompañar a los jóvenes en su crecimiento.
Investigador, con un doctorado en la Universidad Pontificia Angelicum, de Roma, tras presentar una excelente tesis sobre el pecado social. Cuando tiene tiempo se dedica a la investigación. Ha escrito varios libros, fruto de sus investigaciones, entre ellos el Manual de deontología jurídica.

Los temas que le apasionan

Los cursos que imparte suelen estar imbuídos de la doctrina social cristiana; imparte cursos de bioética, una rama científica desafiante porque aborda problemas tales como la procreación humana artificial, la píldora del día siguiente, la eutanasia, los transplantes, etc. A veces dicta conferencias de formación y educación, sexualidad, amor, matrimonio, familia; y a veces trata temas de ética política, ética económica, globalización, y el ejercicio de la política como rehabilitación de ésta en México.

La experiencia más significativa en México

Aquellas que no puede olvidar son todas las actividades que ha llevado a cabo en el medio ambiente indígena, sobre todo en ayuda de los enfermos, traslado a los más graves continuamente, día y noche, por muchos años, o atendiéndolos en tiempo de frío, tratando de conseguir para las familias más pobres vestido, comida, empleo y promoción humana. Estas actividades le han permitido sentirse socialmente útil.

Treinta años en México

El padre Humberto ha sido testigo de una gran evolución en México. Llegó en la última etapa de Echeverría, cuando el país se encontraba desangrado, empobrecido, lleno de conflictos y de retrasos económicos, y ha visto cómo ese México ha ido evolucionando, creciendo en infraestructura; ha visto cómo la educación ha crecido.
Sin embargo, a donde la evolución no ha llegado ha sido a la repartición equitativa de la riqueza. Para él es notorio cómo los ricos son cada vez más ricos, y los pobres son cada vez más pobres. En este sentido, México no ha avanzado, y no ha aumentado el presupuesto en cultura. Nos falta, sobre todo, una cultura ética y humanística; esta cultura es la que menos atrae y, por lo tanto, no se le dedica mucha atención.

Carencia humanística

Se quieren imitar modelos económicos extranjeros, donde la prioridad son las ciencias que permitan al país progresar en lo económico. Pero sin tecnología y sin conocimiento de la informática México no puede progresar económicamente.
Y no se está tomando en cuenta que el avance económico está lesionando el progreso humanístico del pensamiento, de las buenas costumbres, del aspecto de la dignidad, de los derechos humanos, renglones demasiado descuidados. Todo este desajuste provoca aumento de criminalidad.
El miedo que el padre Humberto Marsich tiene es que la gente no se dé cuenta de que la causa del malestar se debe, sobre todo, a la falta de valores morales y al descuido de la formación humanista. La gente actual no piensa, no reflexiona; lo que busca es, simplemente, el trabajo que les permita tener y enriquecerse; hay una cultura de la vida fácil.
Ha observado a la juventud y los mitos de la diversión, del tener, el pachanguear, el emborracharse... Parece que es una hazaña para el joven embriagarse, el poder estrenar el carro último modelo, el conseguir cosas con mucha facilidad, sin la fatiga de todos los días en el trabajo, sin el compromiso; en pocas palabras, sin honestidad. Pero el verdadero futuro se construye sobre la plataforma de la honestidad y la moralidad; no se construye sobre una vida fácil. Y para ello es necesario recuperar la formación humanista, y, sobre todo, rescatar la moralidad.

La definición de la moral

La moral es una ciencia, pero también es un arte. Es el arte de vivir honradamente en el respeto de la actividad de cada persona, en el respeto de todos; es vivir comprometidos con el bien común y el crecimiento de la colectividad de la sociedad.

Sus gustos

¿Qué es lo que le gusta al padre Marsich? ¿Qué es lo que le atrae, lo que hace en la vida ordinaria?
Le gusta la literatura moderna; todos los libros modernos que salen son leídos por él. Le agrada investigar, ejecutar música; es pianista, organista y acordeonista. La música es una de sus pasiones; ejecuta y compone música.

Extrañando Italia

Dice extrañar dos dosas de Italia: el arte y la comida.
El arte, porque Italia es un museo; toda Italia es un museo, un museo muy cuidado. Se cuida mucho lo que es el arte, los monumentos, y la limpieza del país. De hecho, visitar Italia es una contemplación del arte, una satisfacción, porque todos los días te encuentras con la belleza. Existe una experiencia de belleza permanente.
En cuanto a la comida, porque los sabores de la infancia son los que las personas siempre extrañan. Para los italianos comer sin pasta les resulta poco agradable.

La experiencia en Cristo

Afirma que ha sido superficial en la mayoría de su vida; siente no haberla aprovechado mucho. Comenzó a experimentarla, a apreciarla y a gozarla cuando vivió la etapa con los indígenas.
Luego le tocó enfrentarse con el cáncer. El cáncer le ayudó mucho a pensar que la vida es corta, que la vida es breve, que había perdido mucho tiempo y necesitaba entonces rescatar la gran experiencia de la trascendencia de su vida, pero, sobre todo, de la amistad con Cristo, con el Evangelio; que debía dar a conocer más lo que es la belleza de Evangelio, vivirlo él y trasmitirlo a los demás. Hace ocho años comenzó la profundización de la experiencia de Cristo y a promoverla.

Resumiendo su vida en México

Ha sido una experiencia profunda, intensa y placentera. Aun cuando no han faltado las incomprensiones, ha sido un segmento muy placentero.

¿Cómo espera vivir el día de mañana?

Está pensando en terminar la etapa de veinte años en San Juan del Río y considerar la posibilidad de vivir una experiencia académica, pero no de enseñanza sino de estudio en la Universidad de Madrid, y luego, tal vez, se reincorpore al trabajo en México.

EL OBSERVADOR 530-8

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ALMAS que valoran la sexualidad de acuerdo con el plan de Dios
Por Chantal Aboytes Flores

La Asociación de Laicos por la Madurez Afectiva y Sexual (ALMAS, A. C.) es una asociación que busca apoyar a todos los laicos a través de las ciencias humanas, y así lograr la madurez afectiva y sexual, sin estar de por medio fines lucrativos.

Su nuevo proyecto de sexualidad en la Iglesia se hace atractivo pues se parte del hecho de que los seres humanos buscamos, cada vez más, explicaciones científicas y dudamos de todo, principalmente de Dios. Es por eso que se utilizan las herramientas al alcance para dar razón a la fe que profesamos, y así, dar testimonio y tener una sana convivencia con la Iglesia.

Los cursos que ayudan al crecimiento formativo de todos los bautizados que se quieran permitir tener relaciones sanas de acuerdo con cada estado de vida, tienen diferentes enfoques; a los jóvenes se les invita a descubrir el valor de la sexualidad, para así poder vivirlo con Dios y lograr la felicidad plena. A las personas consagradas se les proporcionan herramientas humanas que les ayuden a fortalecer su identidad y reconocerse como personas consagradas, para lograr que las relaciones de convivencia que tengan con los demás sean sanas y tengan claro por consiguiente el sentido de su misión, puesto que la madurez afectiva es necesaria para quien, como el sacerdote, religioso o consagrado, está llamado al celibato, es decir, a ofrecer con la gracia del Espíritu y con la respuesta de la propia voluntad la totalidad de su amor y solidaridad a Jesucristo y a la Iglesia.

Con el grupo de personas consagradas es con quien ALMAS trabaja más, ya que es reconocido que los religiosos pueden caer en un estado de depresión, por la soledad en la que viven. Por tanto se busca enseñarles una convivencia con sus semejantes, sin perder de vista el celibato que prometieron ante Dios.

La situación del mundo se ve reflejada en la vida familiar, en las faltas de respeto entre matrimonios y hacia los hijos. Es por eso que ALMAS da soporte a todas estas situaciones, en las que se permite orientar para vivir con el plan de Dios, enseñar el respeto y el amor como base fundamental en las relaciones para con los hijos como para el cónyuge.

ALMAS busca que estemos dentro del ministerio de la Iglesia, y no pide que todos tengamos una vida ejemplar, sino que estemos en el camino de Dios a través de la redención, y así valorar nuestra sexualidad y llevarla conforme Dios lo manda. Descubriendo una necesidad de orientación específica para cada estado de vida, ALMAS ofrece diferentes cursos-talleres o conferencias, en los cuales orientando, sin obligar o exigir, a tener una madurez afectiva y sexual.

Cuenta, además, con una página de Internet, la cual busca explicar las dudas recurrentes que al respecto se han presentado a lo largo del tiempo.

ALMAS da apoyo a quien lo pide, no obliga a nadie a seguir correctamente el ministerio de la Iglesia; sólo brinda las herramientas adecuadas para todos aquellos que tienen dudas acerca de Dios, o del porqué de sus mandatos.

Para más información, visita www.almas.com.mx

EL OBSERVADOR 530-9

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FIN

 
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