El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
11 de septiembre de 2005 No.531

SUMARIO

bulletENTREVISTA EXCLUSIVA - Cuando hay testigos heroicos de la fe, la sociedad no puede seguir siendo igual: obispo de San Juan de los Lagos
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Grandeza y basura
bulletVISTAZOS RÁPIDOS A LOS DOCUMENTOS DE JUAN PABLO II - Familiaris consortio (1/3)
bulletLA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO - Sin Dios todo trabajo es inútil
bulletFAMILIA - Familias y problemas de conducta
bulletPINCELADAS - El abuelo y la abuela se pelean
bulletPero, ¿qué te cuesta...?
bulletREHABILITAR LA POLÍTICA CON LA ÉTICA (II) - La política, expresión de la caridad cristiana
bulletDEBATE - Católicos en la política: la importancia de la congruencia
bulletLos obispos de México realizan la visita ad limina apostolorum durante el mes de septiembre

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ENTREVISTA EXCLUSIVA
Cuando hay testigos heroicos de la fe, la sociedad no puede seguir siendo igual: obispo de San Juan de los Lagos
Zenit / El Observador
ROMA. Con una proporción de 3 mil 500 personas por sacerdote, la diócesis de San Juan de los Lagos, posee el más alto promedio en México en este renglón. Tierra de peregrinaciones, tomará un lugar de privilegio con las beatificaciones de mártires que tendrán lugar en Guadalajara el próximo 20 de noviembre. Por este motivo, entrevistamos al obispo de San Juan de los Lagos, Javier Navarro Rodríguez, en el marco de la visita ad limina apostolorum de los obispos mexicanos a Benedicto XVI.

¿Cómo explica usted la abundancia de mártires en la diócesis de San Juan de los Lagos? La respuesta me la acaba de dar el papa Benedicto: por la devoción mariana tan fuerte. La actual basílica, santuario y catedral de San Juan de los Lagos tiene más de 270 años, y la Virgen más de cuatro siglos y medio, por lo que ha atraído peregrinos de todo México y de buena parte de América. Eso explica todo.

¿Qué dimensión le encuentra a la beatificación de mártires de «la Cristiada»? Primero, la alegría. Además, que cuatro de los próximos beatos son de la diócesis y los cuatro son laicos. En la causa anterior (San Cristóbal Magallanes y compañeros, año 2000), todos los santos de la diócesis eran sacerdotes. Nos enseña mucho que estos próximos beatos se llamen y se apelliden como nosotros. Esto dará oportunidad de asimilar mejor lo que ha sido doctrina del magisterio desde hace años: que la santidad es una vocación universal.

¿Y el de la «cabeza» de la lista: Anacleto González Flores? Es un gran ejemplo de un laico, de cuna humilde, autodidacto, esforzado, pero, sobre todo, valiente para defender la fe. La claridad de su posición durante la persecución religiosa y su pacifismo son muestra de cómo un laico, padre de familia, antepone la gloria de Dios, la defensa del reinado de Cristo Rey, a los intereses personales. Lo mismo podemos decir de otros beatos próximos, como Emilio Gómez Loza.

¿Son los mártires de la persecución una «presencia» en el proceso de reconocimiento de la identidad católica mexicana? ¿Hay un vínculo entre el cambio pacífico hacia la democracia que está viviendo el país y esta sangre de los mártires, derramada en odio a la fe? A mí me parece muy claro que existe una conexión. Cuando alguien es capaz de matar por defender su ideología o sus convicciones, esto no indica más que incapacidad de escucha, de diálogo. Pero cuando alguien es capaz de morir por defender sus convicciones, ése es auténtico, sí sabe escuchar; y una forma de hacerse escuchar es, también, derramando su sangre. Hablando de Anacleto: cuando la fuerza de las palabras no es suficiente, el martirio es una expresión muy fuerte de gente que quiere exponer la verdad de la fe.

¿Hay más ejemplos en su región de esta fuerza de la fe? Sí, afortunadamente, hay muchos. En todo Jalisco. Tepatitlán, por ejemplo, es tierra de san Tranquilino Ubiarco, sacerdote y mártir de la persecución. Y de Anacleto González Flores, próximo beato.

¿Se puede hacer una distinción entre la popularidad de san Tranquilino y la del beato Anacleto? Así lo pienso yo. San Tranquilino Ubiarco forma parte de los 25 santos que Juan Pablo II nos regaló en el 2000. Sin embargo, la figura de Anacleto podría tener más impulso por su condición de laico. Su beatificación habrá de arrastrar a los laicos hacia el crecimiento de la fe y su proyección hacia las estructuras temporales (políticas, económicas, sociales). Va a ser una ganancia maravillosa para los laicos en la diócesis y en México.

¿La democracia, la paz social, las aspiraciones del pueblo católico mexicano se verán abonadas por las beatificaciones de noviembre? Claro que sí. Porque en las figuras de los mártires hay que ver las ansias de cambio hacia la verdad y hacia la libertad. Cuando hay testigos heroicos de la fe, la sociedad no puede seguir siendo igual.

EL OBSERVADOR 531-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Grandeza y basura
Por Jaime Septién

ROMA. Volver a esta ciudad es como volver a casa. Aquí nació el cristianismo. La sangre de los mártires vino a continuar la pasión de Cristo. Y Pedro fundó la Iglesia en medio del estupor general.

También es volver al olvido humano. ¿Cómo no verlo cuando los propios romanos, como los italianos y los europeos, han puesto a un lado las enseñanzas sublimes de Jesús para entregarse al consumo, al placer o a la indiferencia?

Decía Chesterton, y con bastante tino, que la mediocridad consiste en estar frente a un hecho extraordinario, y no darse cuenta. La familiaridad con la basílica de San Pedro, por ejemplo, ha llevado a muchos habitantes de Roma a verla con poco aprecio, y a los turistas como una estación obligada más de sus guías y folletos.

En otro viaje, mi hijo mayor y yo escuchamos a una pareja de españoles decir en el interior de la basílica más importante de la historia de la humanidad: «Está bonita esta catedral, pero, ¿cómo se llama?». La ignorancia en su estado puro. Y aunque muchos sepan cómo se llama, los tesoros que guarda y el papel que ha jugado en los últimos cuatro siglos, no se acercan, ni por equivocación, al contenido espiritual y religioso del cristianismo.

Es, para la mayor parte de los visitantes, más una expresión del genio de Miguel Ángel o de Bernini que la roca desde donde Cristo quiso que se apoyara su pueblo. Algunos recuerdan que es la cátedra del Papa, sin reconocer en dicha cátedra un imperativo moral de sus actos. Una foto, un recuerdo, un paseo jalonado por turistas japoneses y a los museos vaticanos, a la Plaza de España y a comer pasta...

El hecho extraordinario está ahí, en la Eucaristía. La imponente mole de la cúpula o el baldaquino que aprisiona el altar mayor de la basílica de San Pedro son obras de arte, sin duda. Pero lo son porque resguardan el legado de Jesucristo: su Presencia a lo largo del tiempo, acompañando al bien para vencer las fuerzas del demonio.

Para instaurar un reino de paz y de perdón; de esperanza y unión entre las mujeres y los hombres de buena voluntad. Todo ello en un trozo de pan. Todo ello en el mandamiento del amor. Todo ello en la única fortaleza que es «la llama de amor vivo», que diría san Juan de la Cruz.

Los grandes santuarios concitan multitudes: San Pedro, la basílica de Guadalupe, Asís, Lourdes... Quizá porque, en su fuero interno, la humanidad quiere referentes sólidos en los cuales creer, santos que demuestren un destino diferente, mártires que se hayan dejado descuartizar antes que renegar de su fe; quizá el hombre asiste a estos sitios sagrados con la esperanza de encontrar las piezas que le faltan al rompecabezas de su identidad.

Si así lo hace, disimula muy bien. Porque a lo que parece que vamos es a dar muestras de la miseria egoísta que nos corroe las entrañas. En sentido contrario de San Pablo, queremos el poder, el dinero, el prestigio. Y lo demás... lo tenemos por basura. Esquizofrenia que se ve en Roma. Que se ve en el mundo.

EL OBSERVADOR 531-2

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VISTAZOS RÁPIDOS A LOS DOCUMENTOS DE JUAN PABLO II
Familiaris consortio (1/3)
Exhortación apostólica sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual
Por Walter Turnbull

La exhortación spostólica Familiaris consortio es como una antología concentrada de la doctrina católica sobre la familia.

En la introducción menciona que la Iglesia y la sociedad necesitan a la familia y la familia necesita a Cristo. Presenta a la familia como un bien precioso que hay que apreciar y defender.

En la primera parte habla de las luces y sombras, las ayudas y amenazas (más amenazas que ayudas) a la familia en el mundo actual, y la necesidad de una alianza con la sabiduría divina y de una conversión gradual hacia Cristo, que llegue a todas las culturas y aproveche lo que cada cultura tiene que aportar para la promoción de la familia.

La segunda parte se refiere al designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. Se habla de la vocación del hombre al amor total que se expresa con el espíritu y con el cuerpo, del sentido y uso adecuado de la sexualidad, del papel del matrimonio en el plan de salvación, de la necesidad del sacramento del matrimonio y de las características propias de este sacramento, de la importancia de la procreación, del papel del matrimonio cristiano como cuna de la Iglesia y del gran valor de la virginidad y el celibato.

La tercera parte es la más densa y en ella expone la misión de la familia cristiana. Esta misión abarca cuatro áreas principales: 1) la formación de una comunidad de personas en el amor; 2) el servicio a la vida; 3) la participación de la familia en el desarrollo de la sociedad y 4) la participación en la vida y misión de la Iglesia.

Toca en esta sección temas tan importantes como: la entrega total y la fidelidad; la indisolubilidad del matrimonio; la autoridad irrenunciable de los padres; la igual dignidad y el papel del hombre y de la mujer; el respeto y la valoración de los niños y los ancianos; el valor de la vida, el control de la natalidad, y el sentido correcto de la sexualidad; el sacramento del matrimonio; la familia como fundamento físico y espiritual de la sociedad, y el matrimonio y la familia como caminos de santificación.

La cuarta parte trata de los tiempos, estructuras, agentes y situaciones especiales de la pastoral familiar. Da indicaciones muy precisas y muy importantes sobre diferentes aspectos de este tema: la necesaria preparación al matrimonio, la correcta celebración del sacramento, el trato con los bautizados pero no creyentes, recomendaciones para obispos y sacerdotes, etc.

EL OBSERVADOR 531-3

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LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO
Sin Dios todo trabajo es inútil

En audiencia general Benedicto XVI comentó el salmo 126: «Presenta ante nuestros ojos un espectáculo en movimiento: una casa en construcción, la ciudad con sus guardias, la vida de las familias, las velas nocturnas, el trabajo cotidiano, los pequeños y grandes secretos de la existencia. Pero, por encima de todo, se encuentra una presencia decisiva, la del Señor sobre las obras del hombre, como sugiere el incisivo inicio del Salmo: 'Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles'.

«Una sociedad sólida nace, ciertamente, del compromiso de todos sus miembros, pero tiene necesidad de la bendición y del apoyo de ese Dios que, por desgracia, con frecuencia está excluido o es ignorado. El libro de los Proverbios subraya la primacía de la acción divina para el bienestar de una comunidad y lo hace de manera radical afirmando que 'La bendición del Señor es la que enriquece, y nada le añade el trabajo' (Proverbios 10, 22).

«El texto [del salmo] comienza presentando al Señor como constructor de la casa y centinela que vela por la ciudad. El hombre sale de mañana para empeñarse en el trabajo para el sustento de la familia y para el servicio del desarrollo de la sociedad.

«Pues bien, el salmista no duda en afirmar que todo este trabajo es inútil si Dios no está al lado de quien se esfuerza. Por el contrario, afirma que Dios premia incluso el sueño de sus amigos. El salmista quiere exaltar de este modo la primacía de la gracia divina, que da consistencia y valor a la acción humana, a pesar de que se caracteriza por las limitaciones y la caducidad. En el abandono sereno y fiel de nuestra libertad en el Señor, nuestras obras se hacen sólidas, capaces de dar un fruto permanente. Nuestro «sueño» se convierte de este modo en descanso bendecido por Dios».

EL OBSERVADOR 531-4

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FAMILIA
Familias y problemas de conducta
Por Gabriela Córdova Olguín / www.almas.org.mx

Desde el comienzo de la vida la familia tiene una enorme influencia en el desarrollo de un niño, ya que depende de ella para obtener alimento, protección y seguridad para su propio bienestar.

Con el nacimiento de los hijos es cuando se crean cambios importantes; la familia se debe reorganizar para enfrentar las nuevas tareas, y se vuelve indispensable la elaboración de nuevas reglas.

En los primeros años de vida los niños están tratando de aplicar sus propias ideas, ejercer sus propias preferencias y tomar sus propias decisiones. Esta manera de conducirse la demuestran en la forma de negativismo, la tendencia a gritar ¡NO! como una forma de resistencia a la autoridad. Sin embargo, es importante tener en cuenta que casi todos los niños manifiestan algún grado de negativismo y no por ello se debe pensar forzosamente que tienen problemas con la obediencia.

Es importante señalar que el desarrollo normal no sigue una trayectoria libre de dificultades. Cuando una gran proporción de niños tienen una conducta «problema» se debe tomar en consideración la posibilidad de cambiar la situación como medio para aliviar la dificultad. Además, sería importante plantearse las siguientes preguntas: ¿es la conducta del niño generalmente apropiada dentro de niños de su edad? ¿Hay dificultades reales en el ambiente del niño a las que pueda atribuirse el problema? ¿Se ha producido algún cambio radical en la conducta del niño? ¿Cuánto tiempo ha perdurado el síntoma? Muchos problemas conductuales disminuyen o aumentan con la edad, o al experimentar cambios importantes dentro de la familia, o bien con la entrada a la escuela, cambios de domicilio, la llegada de nuevos miembros a la familia... Y tanto los padres como los maestros estarán al pendiente del comportamiento de los niños y, si éste persiste, se tendrán que tomar medidas de solución.

Los niños necesitan que se les guíe de manera gradual hacia ser independientes, que se utilice la aprobación personal para recompensar sus esfuerzos y esto mismo ayudará en el desarrollo de su autoestima.

El establecer límites firmes y bien definidos ayuda a los niños a detener conductas que podrían ser agresivas, o bien poner en riesgo su vida. Se tiene que explicar las razones de varias reglas y el beneficio de las mismas.

También es importante establecer comunicación constante con el pequeño, conocer cuales son sus necesidades afectivas, y cuales son los problemas que está enfrentando para darle la confianza de que se le escucha cuando él lo necesita.

La familia deberá aprender a negociar con los hijos y a enseñar las consecuencias del comportamiento que tengan, sea bueno o malo, y esto mismo les ayudará en su crecimiento como futuros adultos y a responder más tranquilamente ante el comportamiento que el niño presente en la escuela o en otros contextos.

EL OBSERVADOR 531-5

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PINCELADAS
El abuelo y la abuela se pelean
Por Justo López Melús *

Hay personas tan resentidas que son incapaces de perdonar, y todavía más incapaces de olvidar. A veces se sienten generosas y dicen: «Perdono, pero no olvido». Eso no vale. Tampoco vale lo que decía un torero gitano que se sentía muy ofendido por lo que le habían dicho: «Yo, como cristiano, le perdono; pero como gitano, no». Jesús, en el Evangelio, nos pide más generosidad. Él mismo excusó a los que le crucificaban.

El abuelo y la abuela se habían peleado, y la abuela no quería dirigir la palabra a su marido. Al día siguiente el abuelo ya había olvidado la pelea, pero por más que intentaba no podía hacerla hablar. Entonces el abuelo se propuso ponerla nerviosa. Empezó a revolver el armario y cajones hasta el fondo. La abuela no se pudo contener y le gritó airada: «¿Se puede saber qué andas buscando?». «Lo he encontrado, gracias a Dios —respondió el abuelo—: ¡tu voz!».

* Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 531-6

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Pero, ¿qué te cuesta...?
Por el Pbro. Fernando Pascual

Otra vez el jabón fuera de sitio, la cocina llena de grasa, los platos sucios en una pila y la ropa tirada por el suelo de la habitación.

Pero, ¿qué te cuesta colocar las cosas en su sitio? ¿Qué te cuesta secar con la toalla la ducha? ¿Qué te cuesta poner los platos a remojar? ¿Qué te cuesta poner la ropa en el armario?

Quizá esos y otros detalles no cuestan casi nada. Entonces... ¿por qué se nos escapan? ¿Por qué hacemos cosas que a veces nos cuestan mucho, y dejamos de lado estas «pequeñeces» que no cuestan?

Un detalle se convierte en realidad cuando hay amor. Si queremos al esposo o a la esposa, a los padres o a los hijos, no pensaremos si cuesta o no cuesta dar un beso al llegar a casa, poner el abrigo en el armario y no tirar papeles fuera del cubo de la basura. Cuando hay amor hacemos todo lo que pueda dar alegría y paz a la persona que queremos. También haremos, si llega un momento difícil, lo que de verdad nos cueste mucho. Mientras no se nos pida lo más difícil, ¿por qué no dar, ahora, este día, un gesto, un detalle de finura, que no cuesta nada pero dice mucho?

EL OBSERVADOR 531-7

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REHABILITAR LA POLÍTICA CON LA ÉTICA (II)
La política, expresión de la caridad cristiana
Por Humberto Mauro Marsich s.x.

Si consideramos la política como «el arte del bien administrar la ciudad (la comunidad humana), en toda su complejidad, y toda acción personal y social en orden a la consecución del bien común», entendemos entonces su carácter moral y la necesidad de que corra a cargo de personas con calidad humana, capacidad para ejercer el poder, preparación académica y alta responsabilidad.

Los políticos deben dirigir la acción de todos los ciudadanos al bien común, no despóticamente sino como verdadera «fuerza moral»», capaz de dialogar, de negociar, de defender el derecho y los derechos de los más débiles, de crear armonía social, defender la justicia en todas sus formas, y garantizar la seguridad de todos en el respeto del principio de subsidiariedad.

La política es una vocación para servir a los demás y no para servirse de los demás. Pío XII, justamente, la consideraba como la expresión más elevada de la caridad cristiana; sin embargo, no podemos olvidar su permanente ambivalencia: la de estar al servicio de la comunidad o la de convertirse en instrumento de represión y de control para los intereses de grupos de poder. Para rehabilitar la política urge vincularla con la ética, con el bien y con la moral personal y social.

EL OBSERVADOR 531-8

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DEBATE
Católicos en la política: la importancia de la congruencia
Por Rodrigo Guerra López

La incongruencia entre fe cristiana y vida social es uno de los signos de la fragilidad humana. Todos somos limitados y cometemos continuamente faltas que traicionan nuestra identidad como creyentes en Cristo. San Pablo, con gran realismo, confiesa que frecuentemente no hace el bien que quiere y, por el contrario, hace el mal que aborrece. Esta expresión muestra que la condición humana no ha cambiado mucho en veinte siglos. Ayer y hoy los cristianos fallamos y, por lo tanto, estamos necesitados de una ayuda gratuita más grande que nuestras fuerzas, que nos permita corregir y continuar.
La incongruencia no sólo afecta nuestra relación de amistad con Dios. Existe también una dimensión de la incongruencia que, si bien es secundaria, resulta sumamente relevante desde un punto de vista cristiano-misional y político: lo que hace creíble a la fe y a las propuestas sociales inspiradas en ella es precisamente el testimonio que los actores brindan de que es posible vivir de acuerdo con Cristo y con los valores que se desprenden de su encuentro.
La mercadotecnia, por eficaz que sea, no puede lograr lo que realiza la coherencia entre fe y vida. La coherencia fe-vida muestra precisamente que la vida puede configurarse de modo diverso a la lógica del poder. Además, la coherencia genera confianza y la confianza es una realidad cualitativa sin la cual la vida social naufraga. Vale la pena insistir: un apasionado y emotivo discurso, un magnífico «plan estratégico», un rostro resuelto en un cartel de propaganda no pueden sustituir el mensaje que transmite la vida entera transformada por Cristo.

De nosotros depende la credibilidad del Evangelio

Los católicos involucrados en actividades políticas no podemos olvidar este aspecto fundamental. La credibilidad de la dimensión social del Evangelio se juega en cierto grado en nuestra coherencia personal, en nuestro testimonio privado y público.
Por esto puede ser muy grave que quienes hemos encontrado a Cristo poco a poco lo coloquemos en un papel secundario —meramente «motivacional»— al momento de actuar en la vida pública. Más grave aún es el caso de quienes, al momento de decidir, subordinan las exigencias éticas de la fe al pragmatismo de la racionalidad puramente instrumental.

Un triste ejemplo

Un ejemplo puede ilustrar un poco esta situación: hace no mucho, en un estado gobernado por el Partido Acción Nacional, el católico dirigente municipal del Partido y su equipo promovieron la realización de un espectáculo con desnudistas profesionales para recaudar fondos. Esto, que de suyo implicaba una contradicción con el humanismo político de inspiración cristiana que habita en su declaración de principios, se complicó aún más cuando el gobernador, católico confeso, prestó una instalación pública para 5000 personas con el fin de realizar dicho evento. El lleno fue total. El argumento partidista no podía haber sido más débil: «no podíamos retractarnos porque tendríamos que haber pagado una multa». El argumento del gobernador fue: «todos los ciudadanos tienen derecho de organizar eventos y, en su caso, de utilizar instalaciones públicas... Además: no hay que ser tan mochos, sería más dañino el oponerse».
En efecto, los espectáculos con desnudistas pueden no gustar a algunas sensibilidades que por motivos éticos o religiosos afirman el valor de la dignidad de la persona, del matrimonio y de la familia. Es razonable pensar que un gobierno humanista ha de tolerar muchas cosas que suceden en la sociedad y que afectan al bien común (incluidos muchos tipos de espectáculos con desnudos). No se pueden combatir todos los males sociales de una vez. El más elemental realismo político debe de acompañar siempre a un gobernante o a un dirigente partidista católico en estos temas.
Sin embargo, lo que rebasa las fronteras de la tolerancia y se vuelve complicidad es precisamente la colaboración activa con algo que, en conciencia, se sabe un mal: no está bien promover activamente un evento que lastima la dignidad de las personas, del amor, del matrimonio, de la familia, con tal de obtener (o de no perder) dinero. No está bien autorizar el uso de instalaciones públicas para algo que afecta el bien común.
En política es importante tener claro cuáles son los mínimos éticos que es preciso respetar. Si el político es, además, católico, los mínimos éticos son sumamente explícitos a menos que cínicamente se subordinen los contenidos básicos de la antropología cristiana a los intereses del poder. Los mínimos éticos no se pueden violar ni siquiera mínimamente. Ellos coinciden con los absolutos morales, es decir, con esas pocas normas que no admiten excepción en ninguna circunstancia. Una aplicación elemental de esta doctrina es: «si eres católico y haces política, tendrás que tolerar muchas cosas malas que no puedas corregir, sin embargo, nunca has de colaborar activamente a su realización a menos que te encuentres en una situación de estricto mal menor, es decir, si es totalmente imposible obrar el bien».
La incongruencia entre la fe y la vida en los políticos católicos lastima a la vida y lastima a la fe. El daño es importante por motivos estrictamente religiosos y también por motivos estrictamente políticos, ya que el anhelo de congruencia en nuestras sociedades, hoy más que nunca, es muy grande.
Tomás Moro sabía de las infidelidades de Enrique VIII con su amante Ana. Sabía que un problema de vida privada podía tener consecuencias graves en el orden público. Tomás oraba por el Rey, por su conversión, y le ayudaba como canciller para que su ejercicio del poder fuera lo mejor posible. Sin embargo, más pronto que tarde, la vida privada desordenada de Enrique trascendió al ámbito público. Cuando una fragilidad personal se transforma en acto de gobierno, en legislación o en política pública el católico no puede sino mostrar con claridad su propia convicción y actuar con coherencia. Un católico no puede secundar una acción intrínsecamente mala y menos si ésta afecta gravemente el bien común. La coherencia de vida de Tomás tuvo consecuencias. El rey terminó condenándolo a muerte por no firmar un acta que implicaba la traición a su fe. Sin embargo, a través de su muerte logró mostrarnos que la vida puede ser de otro modo, puede responder a valores elevados, puede responder en el fondo a Cristo que antes ya había dado su vida por todos.
El «triunfo político» de Enrique al darle muerte a Tomás fue también su derrota. Enrique VIII fracasó en su humanidad al darle muerte a su fiel colaborador. Por otro lado, Tomás triunfó en un sentido real aunque no-político: afirmó con su vida que el poder no se basta a sí mismo sino que sólo adquiere sentido cuando se pone al servicio de la verdad y de la bondad.
La congruencia entre fe y vida no es fácil. A veces es dramática. Sin embargo, la gracia existe en nuestra historia precisamente para hacerla posible.

EL OBSERVADOR 531-9

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Los obispos de México realizan la visita ad limina apostolorum durante el mes de septiembre
Hace más de 11 años que no se realizaba esta entrevista con el Papa.

Desde el 1° de septiembre hasta el 1° de octubre los ciento diez obispos residenciales y auxiliares del país tienen su visita ad limina apostolorum en el Vaticano, entrevistándose con Benedicto XVI. El derecho canónico prevé que esta visita se realice cada 5 años, pero debido a la delicada salud del anterior Pontífice, las visitas Ad limina se fueron posponiendo poco a poco; es por eso que fue 1994 el último año que los obispos de México asistieron.

Las visitas para los obispos de México se han repartido en cuatro grupos de acuerdo con distintas regiones del país: nor-occidente, nor-oriente, centro y sur. El vicario de Cirsto, tras dirigir un discurso a los obispos de cada región, recibe posteriormente a cada obispo en privado para hablar de la situación particular de su diócesis. En estos discursos, el Papa incide y subraya las necesidades pastorales de las distintas Iglesias particulares.

Ad limina apostolorum significa «a los umbrales de los apóstoles», puede traducirse también como «a la morada de los apóstoles». Desde los primeros tiempos, la Iglesia fue cimentándose sobre la base de una estrecha unión entre los Apóstoles y sus sucesores junto a quien es vicario de Cristo en la Tierra. Las visitas ad limina son la expresión actual de la íntima comunión de los miembros de la Iglesia; la manifestación del profundo sentido de unidad y colaboración entre los obispos, cabezas de las Iglesias locales, con el Papa, cabeza de la Iglesia universal.

La visita de cada grupo dura aproximadamente una semana; en el transcurso los obispos han de visitar también distintos dicasterios y organismos de la Curia Romana y peregrinar a las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo, donde cada grupo concelebrará la Sagrada Eucaristía.

En los encuentros con los responsables de los dicasterios de la Curia Romana, los obispos entran en contacto directo con los problemas y necesidades que competen a cada dicasterio; hay diálogo e intercambios que aportan las realidades y experiencias de las Iglesias particulares. Se produce así un enriquecimiento mutuo que es fruto de la comunión eclesial.

Los orígenes históricos de la visita ad limina datan del siglo IV, pero fue Sixto V en 1585 quien publicó la constitución Romanus pontifex, que durante más de trescientos años formó las principales normas y reglas para el anuncio de las visitas ad limina. Esta constitución fue ampliada por Benedicto XIV en 1740, al establecer la constitución Quod sancta. En la actualidad se define en los cánones 399 y 400 del Código de derecho canónico.

El coordinador de la visita ad limina en México es Arturo Szymanski R, obispo emérito de San Luis Potosí, y el secretario es Alfonso Cortés Contreras, obispo auxiliar de Monterrey.

EL OBSERVADOR 531-10

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FIN

 
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