El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy

16 de octubre de 2005 No.536

SUMARIO

bulletPORTADA -El papa Benedicto XVI pide libertad religiosa para México
bulletMIRADAS DE EL OBSERVADOR
bulletOBSERVATORIO
bulletPINCELADAS - La niña del plátano
bulletDOCUMENTOS - Que las elecciones no se sirvan de la manipulación y el clientelismo
bulletREHABILITAR LA POLÍTICA CON LA ÉTICA - Asumamos nuestro papel en la política, no valen pretextos
bulletJÓVENES - Generosidad sin límites
bulletENTREVISTA - Los suecos creían que ser católico era cosa de extranjeros
bulletREPORTAJE - La existencia del diablo: ¿dogma de fe?
bulletCONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO - Ayuda para los damnificados de "Stan"

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PORTADA
El papa Benedicto XVI pide libertad religiosa para México
Por Jesús Colina, para El Observador
México ha sido siempre un país de inesperadas contradicciones: es la nación con el mayor número de católicos del mundo después de Brasil, y, sin embargo, todavía hoy no reconoce plenamente la libertad religiosa de sus ciudadanos.

Con la falta de plena libertad religiosa en México como fondo, ha tenido lugar, en el mes de septiembre, la visita ad limina apostolorum de los obispos mexicanos. Ha servido a Benedicto XVI para recibir información única, de primera mano, no sólo a través de los informes, sino, sobre todo, gracias a los encuentros personales con cada uno de los 115 obispos mexicanos residenciales y auxiliares.

Complicadas relaciones Iglesia-Estado

Las relaciones Iglesia-Estado fueron complicadas desde 1821, fecha en la que México alcanzó su independencia de España. Los liberales revolucionarios trataron con todos los medios de sustraer al país de la influencia de la Iglesia.
La fractura se hizo formal e insuperable en 1917. México adoptó una Constitución que dio origen a una serie de abusos: religiosas, sacerdotes, seminaristas quedaron privados de los derechos civiles; se eliminó la libertad de enseñanza y de prensa concedida a los católicos. La reacción a estas imposiciones tuvo lugar en 1926, con la llamada guerra de los cristeros, que llevó a Pío XI a denunciar la terrible situación de los católicos mexicanos en la encíclica Iniquis afflictisque, de 1926.
La situación evolucionaría poco después de la elección al pontificado de Juan Pablo II, quien visitó México en su primer viaje internacional, en enero de 1979. El gran cambio tuvo lugar en 1991, con la reforma de la Constitución, que llevó al reconocimiento de los derechos negados a la Iglesia durante más de cien años.
Sin embargo, la libertad religiosa todavía es una materia pendiente en este país, como lo constató el 10 de agosto la Conferencia Episcopal Mexicana, en un comunicado que lleva este título: Por una auténtica libertad religiosa en México.
En México,asegura el documento, «se reconoce la libertad de culto, pero con claras y marcadas privaciones». En particular, denunciaba la falta de «libertad de difusión de credos, ideas u opiniones religiosas», pues la Iglesia no tiene acceso a los medios de comunicación. El texto también denunciaba la falta de «derecho a la formación, educación y asociación religiosa», y «a la objeción de conciencia». La enseñanza de la religión, de hecho, está desterrada de las escuelas.

Un derecho humano

Benedicto XVI ha tratado de impulsar la madurez en estas atormentadas relaciones Iglesia-Estado, y, para presentar su propuesta, dijo en su discurso dirigido al nuevo embajador de México ante la Santa Sede, Luis Felipe Bravo Mena, el pasado 23 de septiembre: «La Iglesia considera que, en las sociedades modernas y democráticas, puede y debe haber plena libertad religiosa. En un Estado laico son los ciudadanos quienes, en el ejercicio de su libertad, dan un determinado sentido religioso a la vida social».
Y agregó: «Además, un Estado moderno ha de servir y proteger la libertad de los ciudadanos, y también la práctica religiosa que ellos elijan, sin ningún tipo de restricción o coacción», pues «no se trata de un derecho de la Iglesia como institución, se trata de un derecho humano de cada persona, de cada pueblo y de cada nación».
En definitiva, para el Papa la clave de comprensión del debate está en separar laicidad de laicismo, que, según explicó al diplomático mexicano, «pretende reducir la vida religiosa de los ciudadanos a la esfera privada, sin ninguna manifestación social y pública».

EL OBSERVADOR 536-1

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MIRADAS DE EL OBSERVADOR
¿Cóoomo dijo?

COMO SI FUERAN CHOCHITOS. El ISSTE prepara una mega compra de «píldoras del día siguiente» para ponerlas al alcance de sus usuarias. Algo así como 48 mil envases de este fármaco al que se opone tenazmente la Iglesia católica por considerar que hay causas fundadas para declararlo abortivo. El gasto del ISSSTE en este producto será de un millón 300 mil pesos, como si no hubiera cosas mejores a las que destinar el presupuesto para atender la salud de los burócratas. La señora Alba Miguel, subdirectora del instituto dijo que, a pesar de la resistencia de «algunos sectores», ella iba a cumplir la normativa federal y el artículo cuarto de la charrasqueada Constitución Mexicana. ¿En qué artículo –doña Alba—dice que el embarazo es una enfermedad a la que hay que prevenir?... PARA MATAR HE NACIDO. Tal pareciera ser la consigna de algunos sectores del PRD en el Distrito Federal que, cada que vienen campañas políticas, intentan agenciarse a los «progresistas» para su bando. Toca el turno del diputado local Víctor Varela quien anda buscando de todas las formas posibles la aplicación de la eutanasia en el DF a personas con enfermedades terminales. Envalentonado por las películas de Hollywood como «Million Dollar Baby» o «Mar Adentro», y por una encuesta que solamente él conoce (en la que se cuenta que 56% de la población está a favor de la eutanasia) el señor Varela quiere poner al DF a la altura de la modernidad. Hoy se empieza por los enfermos que el señor Varela y un utópico Comité de Ética Médica decidan que son terminales; mañana va a ser Schwarzenegger y luego algún sátrapa que considere que es mejor mandar al otro barrio a los que no tengan ojos azules, midan uno noventa y sepan tres idiomas... LA ENFERMEDAD DE LOS PLURALES. En una entrevista reciente, el escritor israelí Amos Oz ponía el dedo en la llaga de estos nuevos pluralistas, tolerantes y maravillosos sujetos (y sujetas) que le endilgan a la Iglesia y a los católicos un catálogo asombroso de maldades, entre ellas el dogmatismo y la intolerancia. Pues bien, dice Amos Oz al periódico EL PAÍS de España: «Conozco a algunas personas dispuestas a matar a cualquiera que no sea pluralista». O, lo que es lo mismo: conozco a algunas personas que en nombre de la tolerancia se vuelven intolerantes al extremo de eliminar (tolerantemente) a quienes no toleran lo que ellos toleran. Como es el caso de algunos partidos políticos mexicanos de los llamados «morralla», cuya bestia negra es, siempre, la Iglesia... MENUDO CHASCO. El que se habrán llevado algunos tontos que por ahí dicen que catolicismo y arte están peleados. En el mismo número del suplemento de EL PAÍS, la súper estrella mexicana de la ópera mundial, el tenor Rolando Villazón, dijo: «La naturaleza me ha dado una voz y eso es algo que agradeceré a Dios eternamente». A más de algún «artista» habrá sorprendido que Villazón quiso ser sacerdote porque «creía que no existía acto más conmovedor que una ceremonia religiosa, porque los asistentes creen que su mensaje es verdad». Pues sí, es verdad. No la mentira de la farándula.

EL OBSERVADOR 536-2

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OBSERVATORIO
Antídoto contra «la muerte de Dios»

El Sínodo sobre la Eucaristía que se está desarrollando en Roma tiene una importancia decisiva para la Iglesia. Tanto así que el papa Benedicto XV1 ha dicho que en él la Iglesia se juega su permanencia, pues la Eucaristía es el signo decisivo para anunciar a Dios en un mundo en el que Dios parece ser un estorbo, un trebejo inútil que le quita libertad al hombre y que no tiene ningún papel que jugar en la vida social o política de la humanidad.

No es privativo de México, aunque pareciera ser que aquí llega a condiciones ridículas, el hecho actual de admitir a Dios sólo como una opinión privada, una especie de práctica devota que sirve para los domingos y al interior de un templo. La Eucaristía es el pan que se parte y se comparte. Desde el pan de los ángeles parte la misión al mundo. Una espiritualidad eucarística es una espiritualidad de comunión, de comunidad. Es decir: de compromiso con el otro, para redimirnos juntos y redimir al mundo.

El concilio Vaticano II fue muy claro al señalar que en la Santísima Eucaristía se condensa todo el bien espiritual de la Iglesia, la persona de Cristo, nuestra Pascua. En ella hay lugar para el encuentro entre Dios y el hombre: la humanidad glorificada de Jesucristo se ofrece como verdadero alimento para tener vida en abundancia. Es el misterio de la fe, el signo de la unidad de los cristianos, la señal de identidad que nos enlaza con el tiempo y con el Cielo.

Sin embargo, hoy la Eucaristía se enfrenta a un problema interno muy serio: que numerosos bautizados, en casos hasta 80% de los bautizados de algún país europeo, no van a Misa ni les importa un pepino lo que allí se celebre, «por que no les nace». Sin saberlo, son víctimas de una generalización mediante la cual se ha impuesto un modo de pensar difuso, que ve en Dios a una reliquia y en los sacramentos una imposición de la Iglesia.

El antídoto es el asombro eucarístico, del que hablaba el cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia. El antídoto es la existencia comunitaria de los cristianos, siendo lo que nos pide Jesús que seamos: hombres para los demás.

La objeción de conciencia debe nacer en México

Ante la puesta en marcha de un programa masivo de compra de «píldoras del día siguiente» por instituciones como el ISSSTE, o las aproximaciones sucesivas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el Distrito Federal por legalizar el aborto (la Ley Robles) o conminar a los médicos a practicar la eutanasia, la objeción de conciencia ha de ir abriéndose paso entre diferentes colectivos (por ejemplo, el colectivo de los médicos) en nuestro país.

La operación de objeción de conciencia: a una iniciativa legal demandada, en apariencia, por la libertad (el caso del aborto y «la libertad de la mujer para decidir sobre su propio cuerpo»), se le antepone otra libertad: la que yo tengo (como médico, como ciudadano) de actuar bajo mis convicciones. Los del PRD, si están en el poder y se mandan una ley que autorice la eutanasia, no tienen ninguna potestad sobre mi conciencia, para obligarla (por ejemplo, si soy enfermera) a realizarla.

La objeción de conciencia es, pues, un esfuerzo del ciudadano, del católico, para evitar que el derecho (las leyes que emanan del Legislativo) se convierta en una especie de tiranía legal y reglamentada; que en lugar de servir al bien común se vuelva una capacidad despótica de manejar lo propio del alma humana: su conciencia; su convicción moral, su reconocimiento natural de lo que es bueno y lo que no lo es.

El tema es muy delicado, pero debe comenzar a tratarse en los medios de comunicación. Nosotros, como católicos, defendemos la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta su término natural. Si somos conscientes de ese acontecimiento en nuestras vidas, fruto del bautismo, entonces, debemos ser consecuentes con ello y refutar hasta donde se pueda, pelear hasta donde se pueda, por leyes justas, por disposiciones ingratas.

¿Y si no cambian? Bueno, siempre queda nuestra libertad de no obedecerlas.

EL OBSERVADOR 536-3

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PINCELADAS
La niña del plátano
Por el P. Justo López Melús

Una niña, Aimée, pasaba todos los días con sus hermanas, camino de la escuela, junto al penal de Cayenne, en la Guayana Francesa. Pasaba junto a un campo de trabajos forzados. A todos los presidiarios se les veía tristes, pero Aimée se fijó en uno de ellos que le parecía más triste todavía. Y una tarde se acercó a él y le entregó un plátano que le había sobrado de la merienda. La escena se repitió todos los días. Y así durante semanas y meses. El hombre ya no estaba triste.

Pero un día la familia de Aimée fue trasladada a Burdeos. Al despedirse, el presidiario le entregó un papelito:
— Mira, soy de Burdeos, lleva estas líneas a mi familia.
Pasó el tiempo, y a los 20 años Aimée quiso hacerse religiosa. Un día descubrió en un bar a un amigo. Se abrazaron.
— Sabía que te encontraría —le decía su amigo—. Quiero regalarte el vestido de bodas.
Cuando Aimée le dijo que quería hacerse religiosa, él se empeñó en regalarle el vestido blanco para la profesión. Y allí estuvo él, cerca de ella, como en Cayenne.

EL OBSERVADOR 536-4

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DOCUMENTOS
El clamor se levanta en todas partes:
Que las elecciones no se sirvan de la manipulación y el clientelismo


La Conferencia Episcopal de Costa Rica, en ocasión de la campaña electoral 2005 – 2006, ha emitido su exhortación pastoral intitulada «Democracia, política y honestidad», cuyo contenido consideramos de suma importancia y lo resumimos aquí en razón de su aplicabilidad a nuestra propia situación.

Como pastores del Pueblo de Dios, ante la actual coyuntura política nos sentimos llamados a ofrecer a las comunidades cristianas y a todas las personas de buena voluntad algunas orientaciones de carácter ético para que el proceso electoral que iniciamos sea vivido como verdadera respuesta a los anhelos más altos de paz, de justicia y de solidaridad de nuestro amado pueblo.
La Iglesia —como dejó dicho claramente Juan Pablo II— no ofrece un modelo concreto de gobierno o de sistema económico. Ella aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica.
Aunque las realidades temporales se rigen según sus propias normas, no deben excluirse las referencias éticas que encuentran su fundamento en las dimensiones humana y religiosa. La autonomía de la esfera temporal no excluye una íntima armonía con las exigencias superiores y complejas que se derivan de una visión integral del hombre y de su eterno destino (Benedicto XVI al presidente de la República Italiana), cuanto más si constatamos, como en nuestro caso, que el cristianismo constituye la raíz de los principales valores que sustentan nuestra identidad como nación.
Aunque la democratización verdadera es algo más que las elecciones, los obispos defendemos que el derecho al voto, el sistema de partidos y la propaganda electoral son valiosos instrumentos que garantizan el buen funcionamiento del sistema democrático.
En momentos en que impera tanto la incertidumbre política como la desconfianza de la ciudadanía, una campaña electoral representará siempre una valiosa oportunidad para provocar el diálogo y la paz social, fortalecer la esperanza y la confianza en el estado de derecho y, juntamente, evitar a nuestro pueblo momentos de confrontación y ruptura nacional. Los obispos juzgamos que el ejercer el voto es un deber ciudadano y un compromiso cristiano

¿Quiénes han de gobernar?

Los que consagran su vida a la política, cuánto más si se profesan católicos, tengan en consideración las orientaciones recomendadas en el concilio Vaticano II, a saber: quienes son, o pueden llegar a ser, capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercerla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal. Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos (GS 15).
Juan Pablo II, a propósito de la proclamación de Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos, insistía cómo este santo mostró con su vida que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes: El profundo desprendimiento de honores y riquezas, la humildad serena y jovial, el equilibrado conocimiento de la naturaleza humana y de la vanidad del éxito, así como la seguridad de juicio basada en la fe, le dieron aquella confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades y frente a la muerte.
Nuestra patria merece que quienes se postulen a cargos públicos, además de presentarse con voluntad de servir, y no de beneficiarse del poder, demuestren una coherencia básica entre su conducta y los principios morales necesarios para desempeñar su misión, de forma que se constituyan en modelos creíbles, que muestren un camino de esperanza en este momento histórico. En conclusión, el poder político debe sustentarse en los anteriores principios éticos y ejercerse con seriedad y responsabilidad, con rigor profesional y con creatividad. El poder les viene del Señor y, el mando del Altísimo: Él indagará sus obras y explorará sus intenciones (Sab 6,3).

Los partidos políticos

Estamos conscientes de que una expresión esencial de la democracia es la organización del pueblo en partidos, por lo cual dirigimos a todos los máximos responsables de los partidos un fuerte llamado a que encuentren en el amor hacia la propia patria la fuerza para sanar desde dentro el propio partido... De nada valdría nuestra insistencia en invitar al pueblo a no dejar de votar, si no le ofrecemos una suficiente credibilidad y motivos de confianza.
Nos sentimos voz —y voz autorizada— de nuestro pueblo, que pide partidos políticos que sepan cultivar un auténtico espíritu de servicio; que, por encima de intereses personales o de grupo, sepan y quieran permanecer fieles a los principios e ideales que aseguren el bien de todo ciudadano.

Programas de gobierno y desarrollo humano integral

Está claro que a la Iglesia no le corresponde proponer soluciones «técnicas». Por tal razón, y antes que nada, queremos que nuestra contribución consista en el anuncio del Evangelio de Cristo y se exprese a través de la propuesta de los valores espirituales que dan sentido a la vida.
Si queremos vivir en democracia debemos adoptar y ejecutar un compromiso serio frente a los problemas del desarrollo y la pobreza, pues los bajos niveles de desarrollo humano son factores que inciden negativamente en la consolidación de la democracia.

Formación e información política

Hemos iniciado un proceso electoral que nos permitirá conocer y analizar las distintas propuestas de los políticos a las expectativas nacionales. Esta campaña electoral, más que ninguna otra, debe estar basada en la transparencia y la discusión seria de la oferta programática que se presenta ante el electorado. Porque la información se encuentra entre los principales instrumentos de participación democrática. Si queremos colaborar en la construcción de una ciudadanía de la información, los medios de comunicación serán, en gran medida, un espacio privilegiado para la formación de opinión, la participación ciudadana, el debate público y el control social.

Los fieles cristianos y la política

Reafirmamos que la libertad de los católicos en la vida pública es consecuencia del reconocimiento de la legítima autonomía de las instituciones seculares y de la madurez religiosa y civil de los cristianos. Como pastores no podemos ni debemos imponer a nuestros fieles laicos un determinado proyecto político por motivos exclusivamente religiosos. Aún más, la elección de una determinada opción política es un marco especial de discernimiento para todo católico. Las instancias de la fe cristiana difícilmente se pueden encontrar en una única posición política: pretender que un partido o una formación política correspondan completamente a las exigencias de la fe y de la vida cristiana genera equívocos.
Sin duda, muchos fieles laicos serán elegidos para desempeñar un cargo público. Son ustedes, queridos hermanos, en razón de la fe que profesan, los primeros llamados a garantizar la honestidad, la transparencia y la rectitud en la administración pública. Particularmente, les hacemos un vehemente llamado para que, como católicos, desde la Asamblea Legislativa, el Ejecutivo y las Municipalidades, levantemos nuestra voz para fortalecer la defensa de la vida a todo nivel.

Firma: Los obispos de Costa Rica.

EL OBSERVADOR 536-5

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REHABILITAR LA POLÍTICA CON LA ÉTICA (VI y último)
Asumamos nuestro papel en la política, no valen pretextos
Por Humberto Mauro Marsich s.x.

Puesto que todos los políticos están destinados a ejercer papeles protagónicos en la vida social, o sea, funciones de liderazgo, con mayor razón debemos exigirles satisfactorio compromiso ético. Para ser buenos líderes políticos hay que partir de una correcta interpretación de la política como actividad vinculada por la moralidad. Consecuentemente, la instancia ética inspirará todo protagonismo político para buscar siempre y sólo el bien común, entendido éste, como ya hemos dicho, no como el bien de las mayorías sino como «el conjunto de condiciones que posibilitan la realización integral de toda persona y de todas las personas».

El desalentador y «circense» panorama político que contemplamos día tras día en nuestro país nos impulsa, inevitablemente, a asumir papel en el asunto. Debemos participar activamente en la rehabilitación de la política local si no queremos convertirnos, también nosotros, por nuestra pasividad y nuestras omisiones, en cómplices de la deshonestidad y de la corrupción. Sólo quienes se nutren de valores éticos y se sienten impulsados por una gran vocación de servicio deberían lanzarse con entusiasmo y pasión en la contienda, devolviendo así a la política su original dignidad y su más elevado prestigio. Una vez más sentimos el deber de pedir a nuestros políticos responsabilidad social, entrega desinteresada e integridad moral.

Rehabilitando la política con la ética no dejaremos de soñar un mundo mejor; no dejaremos de esperar una nueva civilización, o sea, la tan deseada «civilización del amor».

EL OBSERVADOR 536-6

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JÓVENES
Generosidad sin límites
Por Antonio Aldrette / Buenas Nuevas

Son jóvenes entre los 17 y los 25 años. Normales, alegres, entusiastas, luchadores, con sus grandes ideales; les gustan las fiestas y bailar hasta que «el cuerpo aguante». Los diferencia de los demás jóvenes de su edad un solo detalle...

Uno se llama Gerardo, tiene 18 años y recientemente terminó su primer año de carrera. Hasta hace dos meses tenía una novia extraordinaria. Su mayor pasatiempo era dirigir a un grupo de adolescentes en grupos juveniles, charlas, campamentos, paseos... Siempre ha creído que ayudar a los demás es la mejor inversión.

El segundo tiene apenas 17 años. Se llama Leopoldo y acaba de terminar su preparatoria. Desde que tenía 7 años ha ido de misiones con su familia todas las semanas santas. Dice que no concibe la semana santa sin ir de misiones entre los indígenas. Además, es un gran deportista. También trabaja con grupos de adolescentes.

El tercero se llama Juan Andrés y tiene 25 años. Hace dos que terminó la carrera con mención honorífica. Se graduó en una de las mejores universidades de Venezuela. Hasta hace dos meses trabajaba en General Electric con un muy buen puesto y perspectivas de crecimiento. También ha trabajado desde hace dos años con grupos de jóvenes y adolescentes.

El último se llama Andrés. Terminó su segundo año de la carrera y se fue un año Irlanda para trabajar en una academia de idiomas. Junto a su mejor amigo fundó un movimiento estudiantil para la difusión de valores entre la juventud.

El detalle en común que tienen estos jóvenes es que han decidido entregar sus jóvenes vidas a Dios, ¡han decidido ser sacerdotes! Efectivamente, lo han dejado todo para seguir a Jesucristo.

En nuestro mundo actual, en el que muchos jóvenes piensan sólo en su futuro y en granjearse una vida acomodada y tranquila, el hecho de que haya jóvenes como éstos es una extra-dosis de esperanza y alegría.

Fuente: Buenas Noticias

EL OBSERVADOR 536-7

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ENTREVISTA
Los suecos creían que ser católico era cosa de extranjeros
Habla el obispo de Estocolmo, Anders Arborelius
Por Juliana Valencia

¿Qué significa ser el primer obispo sueco nacido en Suecia?
Naturalmente para mí fue una gran sorpresa porque yo siempre había vivido como carmelita, y creo que para la sociedad sueca fue supremamente importante porque todavía se piensa que la Iglesia católica es solamente para extranjeros. A veces algunos me comentan: «Tú no eres un verdadero sueco», porque en la historia moderna Suecia siempre ha luchado contra la Iglesia católica, Suecia como nación nació en lucha contra la Iglesia católica.
Para muchos el que también un sueco sea católico es como una revelación. El que pueda ser sacerdote, católico y obispo es para la conciencia de muchos importante. Ahora la Iglesia católica es parte de la sociedad sueca. No es solamente para extranjeros, aunque en su mayoría sigue siendo extranjera.

La religión luterana ordena a las mujeres desde 1958. ¿Cómo se promueve el papel de la mujer en el catolicismo?
Se puede decir que entre los luteranos hay una división porque todavía hay un grupo fuerte que no acepta la ordenación de mujeres como sacerdotes y obispos.
En la Iglesia católica existe un grupo pequeño de personas que quieren la ordenación de mujeres, pero no es una voz fuerte. Naturalmente en la sociedad sueca la mujer tiene un papel importante en varios sectores. Podemos decir que a nivel administrativo en nuestra Iglesia católica hay muchas mujeres que se desempeñan bien y tienen influencia. En nuestro caso la directora de finanzas de la diócesis es una mujer, y la canciller es de la Comunidad de Santa Brígida. En las parroquias y en los consejos muchas mujeres tienen un papel decisivo. Yo tengo la impresión de que las mujeres en la vida diaria de la Iglesia pueden hacer su trabajo y tener su influencia. No tenemos entonces, como en otros países, ésta lucha por los presuntos «derechos» de la mujer.

Usted se convirtió al catolicismo. ¿Puede contarnos sobre esto?
Yo nací en una familia luterana que no era practicante. Pero desde mi niñez y juventud tuve un contacto con los católicos, sobre todo con las monjas de Santa Brígida. Esta comunidad fue mi primer contacto personal con la Iglesia, lo que representó una influencia e impacto muy grande viendo que había personas que se consagran a Dios. Por esto, como joven, pensé enalgo simultáneo: ser católico y consagrarme a Dios. De esta manera, al terminar mis estudios de colegio, en el año 68, comencé un curso para personas que quieren convertirse —en todas las parroquias existen estos cursos—. Entonces no fue nada dramático o excepcional, fue un viaje sencillo hacia la Iglesia, y ya desde muy joven pensé que ser católico es único para mí porque aquí está la verdadera fe en Dios. Nunca tuve una vida activa en el luteranismo, siempre fui creyente mas no practicante.

¿Hubo alguna influencia en particular, algún sacramento, o pasaje de la Biblia?
No, no puedo decir que hubo algo especial; simplemente el modo de vivir, la atmósfera, la sinceridad.

¿Por qué el camino carmelita?
Yo estaba preparándome para ser sacerdote, y el obispo, por aquel entonces un padre oblato, me comentó que debía esperar un año más porque en mi conversión sólo llevaba en curso un año, y durante este tiempo pude leer la autobiografía de santa Teresita de Lisieux, y esta lectura fue para mí como una vocación a la vida carmelita. Fue el encuentro con su visión sobre la misericordia de Dios y el papel de vida en el corazón de la Iglesia lo que me atrajo.

Se dice que los suecos deben «salir del bosque». ¿Qué significa eso?
Bueno, quizás quiere decir que para los suecos la naturaleza es algo muy importante, y mucha gente, por ejemplo, dice: «No tengo necesidad de ir a la iglesia puedo hallar a Dios en la naturaleza»; entonces, para muchos, los bosques, lagos y todo esto es más importante que Dios y que los hombres. Creo que se refiere a que se busca un contacto con Dios más en la naturaleza que en la Iglesia.

Usted ha dicho alguna vez que la vida contemplativa en Suecia resulta muy atractiva. ¿Puede comentar un poco sobre esto?
Creo que se puede decir que el alma sueca es contemplativa; le gusta el silencio, la soledad, y esto ayuda a la contemplación; pero no necesariamente es algo naturalmente espiritual, porque en algunos casos puede ser una huida a la vida misma; sin embargo, me parece que las vocaciones en Suecia son mas dirigidas a la vida contemplativa, sobre todo las femeninas.
Es evidente que las carmelitas, benedictinas, brígidas, etc., tienen más vocaciones que las hermanas de vida apostólica activa.

¿Qué puede decir de los inmigrantes de Iberoamérica en Suecia?
Que venían en los años 70 de Chile, Argentina y de estos países, y que en aquel entonces no habían muchos sacerdotes en Suecia que hablaran español. Tampoco los inmigrantes tenían mucho contacto con la Iglesia porque venían por razones políticas; entonces, por desgracia, la mayoría de ellos perdió contacto con la Iglesia. Ahora la situación está cambiando, porque han llegado algunos que quieren permanecer cercanos a la Iglesia; desafortunadamente la influencia de grupos como los pentecostales, evangélicos y luteranos es fuerte.

¿Dónde aprendió a hablar español?
Comencé en el liceo, después un poco en la universidad, y luego como carmelita me invitaron varias veces a visitar América, sobre todo México y Colombia, especialmente comunidades de madres carmelitas, y como obispo muchas veces he celebrado Misa en español en Suecia.

¿Cómo es ser católico en un país es donde la mayoría es luterana?
Los católicos en Suecia somos solamente el 2% de la población, y la mayoría viene de otros países; de ese grupo quizás solamente un 20% son suecos. Los católicos que vienen de fuera tienen que hacer una opción: si quieren seguir siendo católicos tienen que ser muy convencidos y tener una fe muy personal, de otra manera van a desaparecer de la Iglesia.

EL OBSERVADOR 536-8

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REPORTAJE
La existencia del diablo: ¿dogma de fe?
No todos los cristianos, ni siquiera entre ellos todos los católicos y, más aún, tampoco todos los miembros de la jerarquía eclesiástica, creen en la existencia de Satanás.
Por Diana R. García B.

Aunque suene raro, numerosos satanistas no creen en la existencia de Satanás. Los miembros de la mayor y más difundida organización demoniaca, la «Iglesia de Satán», fundada en 1966 por Anton Szandor La Vey, son ateos y, por tanto, no creen ni en Dios ni en el diablo. Dice Brenda Manson, miembro de este grupo: «Para llegar a ser satanista no es necesario vender el alma al diablo ni pactar con Satanás. Esta creencia fue inventada por los cristianos para atemorizar a la gente (...). Para mí el que se nos llame adoradores del diablo es un ofensa porque haría pensar que los satanistas de alguna manera estamos ligados a la Iglesia cristiana». Y agrega: «Los satanistas creemos que somos el propio dios de nuestra vida».
Esta postura en realidad no debería extrañar a nadie. Después de todo, como dijo el poeta francés Charles Baudelaire, «el mayor engaño del diablo es hacernos creer que no existe». Así, el que ha caído en la trampa de negarlo es ya, aunque de manera inconsciente, un buen siervo de Satanás.
Sin embargo, aunque nunca en nuestras vidas hayamos conversado con un satanista «antisatánico», más de alguna vez habremos escuchado a personas comunes —entre las que, desgraciadamente, hay que incluir a un buen número de católicos— afirmar cosas tan ridículas como «El demonio no es real», «El demonio es mentir, robar, matar», «El diablo es más bien el mal que está dentro de cada uno». Y otros, creyéndose muy graciosos e ingeniosos, esgrimen la frase: «Si con trabajo creo en Dios, ¿cómo voy a andar creyendo en el diablo?».
Nuestra pésima formación cristiana suele ser la causante de esta negación. Así lo reconoció el cardenal chileno Jorge Medina en 1999, durante la presentación del Nuevo Rito de Exorcismo : «Sabemos que hay católicos que no han recibido una buena formación y dudan de la existencia del diablo».
A esto, lamentablemente, hay que agregar lo poco que los sacerdotes se atreven a hablar a la gente acerca de la existencia del demonio. José Antonio Sayés, profesor en la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos), da las razones de esto: «En primer lugar, por ignorancia. Y además hay miedo, una especie de complejo ante el mundo actual, pensando que, si nosotros seguimos hablando del demonio, nos van a decir que ése es un lenguaje mítico, y nos van a rechazar. Hay un complejo detrás de la teología y de los sacerdotes».
«¿Cuál es el resultado de este silencio? — se pregunta el predicador pontificio P. Raniero Cantalamessa—. Una cosa muy extraña. Satanás, arrojado por la puerta, ha entrado por la ventana; silenciado desde la fe y la teología, se hace vivo en la superstición».
Son muchos los exégetas que hasta definen la existencia del demonio como «un problema superado». Hace unos diez años el alemán Hubert Haag publicó un libro con un título significativo: Adiós al Diablo.
Sin embargo, el cardenal Medina advierte que la existencia del demonio «es un artículo de la fe y parte de la doctrina de la Iglesia católica. Alguien que dice que el diablo no existe ya no es un creyente».
Entonces, si es artículo de fe, ¿es lícito silenciarlo? La verdad es que aquí aparece otro problema: no todos dentro del seno de la Iglesia, más aún, dentro de la jerarquía de la Iglesia, están seguros de que haya una definición dogmática sobre la existencia de Satanás.

Algunos sostienen que el diablo ni siquiera existe

Basta con leer en la Biblia de América el vocabulario bíblico que aparece al final de todos los ejemplares, así como los comentarios a pie de página de diversos pasajes, para descubrir que algunos pastores de la Iglesia no están convencidos acerca de la existencia de los ángeles buenos ni de los ángeles caídos.
Al referirse al drama del Paraíso (cfr. Génesis 3, 1ss), la mencionada edición bíblica comenta que la serpiente «simboliza la tentación que el ser humano ha experimentado siempre de hacerse como Dios». En cuanto al libro de Job, cuando el Señor y el Tentador entablan diálogo acerca del honrado hombre de Hus (cfr. Job 1, 6ss), el comentario es aún más significativo: «La figura del Tentador (...) no se identifica con el espíritu del mal o el poder del demonio. Corresponde más a una función que a un nombre propio (...). Es un personaje más literario que real».
Si en las referencias anteriores no queda del todo clara la postura de la Biblia de América, resulta mejor explicada al recurrir a su vocabulario bíblico. En la definición de «Demonio» se lee: «Estos misteriosos personajes aparecen en la Biblia como personificación y representación del mal (...). Satanás significa 'adversario' y personifica la oposición frontal e irreductible a los planes de Dios. (...) cuando se dice que Jesús sana a un enfermo o expulsa a un demonio, lo que en realidad está haciendo es luchar contra el mal en todas sus manifestaciones...».
Es decir, el diablo no sería una persona sino apenas una «personificación»; no un ser real, sino una idea.
Otro ejemplo al respecto lo da el sacerdote jesuita mexicano Enrique Maza, enemigo de los dogmas y partidario del sacerdocio femenino, que afirma que «existe una doctrina en la Iglesia sobre el diablo, pero no es un dogma de fe» (Proceso 1196, 2 de octubre de 1999, p. 71), y que el diablo no es «sino una figura simbólica, una comodidad literaria para darle un nombre manejable a una abstracción: el mal».
Un jesuita más, el presbítero Jorge Manzano, sostiene que la mención del diablo como un ser personal solamente la han sostenido «Paulo VI y Juan Pablo II, pero no en documentos de tipo dogmático, ni en encíclicas a la Iglesia universal, sino en las alocuciones catequéticas a los peregrinos de los miércoles» (ibídem, p. 74).

Otros aceptan la existencia Satanás, pero niegan el dogma

Hay otros sacerdotes y teólogos que igualmente afirman que la creencia en Satanás no es dogma de fe, pero que esto se debe a que los dogmas se definen explícitamente sólo cuando se llega a poner en duda una verdad de fe.
Así, puesto que durante 20 siglos la totalidad del mundo cristiano aceptó y creyó la verdad revelada de la existencia de Satanás, no hubo necesidad de pronunciar el dogma.

Sí es dogma de fe, dicen otros

Por último, hay un sector más que afirma con toda seguridad que la existencia del Maligno sí es dogma de fe.
El ya mencionado teólogo Sayés afirma: «El magisterio de la Iglesia se pronunció sobre la cuestión en el concilio de Braga (Portugal), en el año 561. La existencia del demonio es dogma de fe declarado por el concilio Lateranense IV (1215): 'Los ángeles fueron creados buenos, pero se hicieron malos por su rebelión contra Dios'. En el mismo sentido hay un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe del año 1975».
De hecho, los defensores de la sí exitencia dogmática del demonio respaldan su postura acudiendo a las declaraciones de esos mismos concilios.

El cristiano común y las Sagradas Escrituras

Por su parte, el cristiano común no podrá dejar de preguntarse cómo es posible que alguien niegue la existencia del demonio cuando ésta aparece tan clara en las Sagradas Escrituras; el Nuevo Testamento la menciona 511 veces. Jesucristo se refirió al diablo como una persona que era su enemigo y que se presentó ante Él para tentarlo (cfr. Mt 4,1-11); además, lo expulsó de varias personas.
Pero hoy muchos siguen sosteniendo que, en realidad, Cristo, preso del contexto sociocultural de su época, asumió como endemoniados a quienes en realidad padecían diversas psicopatologías. Por tanto, que cuando procedía a arrojar al demonio, en realidad lo que habría efectuado era simplemente la curación de enfermedades mentales. Que Cristo era consciente de que se trataba de enfermedades, pero no habría podido ser entendido en su época, por lo que habría adaptado el diagnóstico y formas de hablar de la época.
Frente a este argumento, el exorcista Corrado Balducci responde: «Vamos a admitir que Jesús pueda adaptarse al modo común de hablar y que, a veces, lo hiciera. No obstante, esta posibilidad de adaptación ha de admitirse tan sólo cuando se trata de cosas científicas (...) En cambio, tratándose de afirmaciones religiosas o morales hay que excluir en Cristo cualquier posibilidad de adaptación. Él, que es lleno de gracia y de verdad, más aún, que es el mismo Camino, Verdad y Vida, no podía llevar al error a sus oyentes, o sea, no podía en modo alguno llamar endemoniados a los que no lo eran (...). En este caso, Jesús hubiese contribuido a confirmar y propagar una superstición de enorme importancia y difundidísima entre el pueblo judío, cosa que no puede conciliarse con el hecho de haber venido a rendir testimonio de la verdad».

Fuera de la Iglesia

Por su parte, así habla el exorcista español José Antonio Fortea: «Si no se cree en el demonio, se esta fuera de la Iglesia, de esto no tengo ninguna duda».
El papa Paulo VI lo dijo muy claramente: «El mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y perversor. Terrible realidad, misteriosa y pavorosa. Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o quien la explica como una pseudorealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias» (Audiencia general del miércoles 15 de noviembre de 1972).
O en palabras de Juan Pablo II: «Quien no cree en el demonio, no cree en el Evangelio». Así de simple.

EL OBSERVADOR 536-9

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CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO
Ayuda para los damnificados de "Stan"

Reciban un cordial saludo, pidiendo a Nuestro Señor Jesucristo los colme de bendiciones por la valiosa labor que realizan en la Iglesia.

Como ustedes saben, la presencia del fenómeno natural "Stan", ha afectado de manera considerable la región Sur de nuestro país. El equipo de Emergencias de la CEPS-Caritas Mexicana se ha trasladado a la zona de desastre para realizar la evaluación de daños y acompañar los procesos que las Iglesias particulares han iniciado en la fase de la atención a la emergencia y que han buscado dar respuesta en las diversas comunidades.

La situación de miles de mexicanos es muy grave y muchas comunidades han quedado incomunicadas. Se requiere cubrir las necesidades inmediatas, como agua, alimentos, etc., sin olvidar que habrá procesos como la rehabilitación y reconstrucción que también requerirán de nuestra colaboración, por lo que en situaciones como esta nuevamente convocamos a la solidaridad, signo de la unidad en Cristo, con nuestros hermanos.

Por esta razón les invitamos a que promuevan, de la forma que les parezca conveniente, la recaudación de recursos económicos y canalizarlos a través de la siguiente cuenta:
Nombre: Caritas Mexicana I.A.P. Cuenta: 100 Sucursal: 746 Banco: Banamex

Con el objeto de facilitar una ágil y precisa identificación del origen de los donativos y una constante actualización de los mismos les pedimos envíen una copia de la ficha del depósito a las oficinas de la CEPS: Tintorero # 106, Cd. de los Deportes, 03710-México, DF.

Si usted requiere recibo deducible de impuestos enviar la ficha de depósito al número de fax: 01 (55) 55 63 39 68 en atención al Lic. Eufemio Flores Valencia.

Que Nuestro Señor Jesucristo que se hizo solidario con su pueblo, les colme de Gracia y Bendición.

Fraternalmente en Cristo Sacerdote,
+ Carlos Aguiar Retes, Obispo de Texcoco, Secretario General de la CEM

EL OBSERVADOR 536-10

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FIN

 
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