El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
30 de octubre de 2005 No.538

SUMARIO

bulletPORTADA - Diez propuestas para la exhortación apostólica sobre el Sínodo Eucarístico
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - ¿Y si fuera culpa nuestra?
bulletNIÑOS - Los niños cristianos no celebramos Halloween
bulletMIRADAS DE EL OBSERVADOR
bulletOBSERVATORIO - ¡Bien por el señor Cardenal!
bulletPINCELADAS - Ramos de flores a los enfermos
bulletDOCUMENTOS - El dolor, ¿enigma o misterio? Responde el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán
bulletINTERNACIONAL - Se celebró el lunes pasado el Dia Mundial de Información sobre el Desarrollo
bulletFLOR DE HARINA - Gran corazón (Juan XXIII)
bulletCOLUMNA ABIERTA - Laicidad
bulletPALABRAS - La conversión del Dios omnipotente al Dios crucificado
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Todos los santos
bulletESPECIAL DE TODOS LOS SANTOS
bulletBases teológicas de «Todos Santos» y «Fieles Difuntos»

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PORTADA
Diez propuestas para la exhortación apostólica sobre el Sínodo Eucarístico
Ofrecemos una selección de diez propuestas presentadas al Papa por los padres sinodales para que elabore la exhortación apostólica sobre la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos dedicada al tema: «La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia».

1) La reforma litúrgica del concilio Vaticano II.- La Asamblea Sinodal reconoce el influjo benéfico de la reforma litúrgica llevada a cabo por el concilio Vaticano II. Ha habido abusos en el pasado, y hoy tampoco faltan; no obstante, episodios parecidos no pueden ensombrecer la bondad y validez de la reforma.

2) Eucaristía y sacramento de la Reconciliación.- Que el obispo promueva en la diócesis una recuperación de la pedagogía de la conversión que nace de la Eucaristía y favorezca para ello la confesión individual frecuente.

3) Escasez de sacerdotes.- Sentimos con dolor el problema de la grave escasez de clero en algunas partes del mundo. Para hacer frente al hambre eucarística es necesario recurrir a iniciativas pastorales eficaces. Los padres sinodales han afirmado la importancia del don inestimable del celibato eclesiástico en la praxis de la Iglesia latina.

Que los obispos y las familias religiosas se preocupen de una distribución más equitativa del clero.

4) Dies Domini.- Es necesario reafirmar el carácter central del domingo. Que el Día del Señor sea también el día de los cristianos. Si bien el sábado por la tarde pertenece ya al domingo y está permitido cumplir el precepto dominical con la Misa prefestiva, es necesario recordar que el domingo en sí mismo debe santificarse para que no sea un día «vacío de Dios».

5) La utilización del latín en las celebraciones litúrgicas.- En la celebración de la Eucaristía durante los encuentros internacionales proponemos que la (con)celebración sea en latín (excepto las lecturas, la homilía y la oración de los fieles); que se recen en latín las oraciones de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, se canten cantos gregorianos. Que los sacerdotes, desde el Seminario, se preparen para comprender y celebrar la Misa en latín.

6) Los divorciados que se han vuelto a casar y la Eucaristía.- Se reafirma la importancia de una acción pastoral de atención a los fieles divorciados que se han vuelto a casar. Pero no pueden ser admitidos a la Comunión porque se encuentran en condiciones de contraste objetivo con la Palabra del Señor que dio al matrimonio un valor indisoluble originario.

7) Admisión de los fieles no católicos a la Comunión.- La Eucaristía no lleva a cabo sólo nuestra comunión personal con Jesucristo, sino la plena comunión de la Iglesia. Por lo tanto, la Comunión eucarística con los cristianos no católicos no es posible generalmente. Todavía más, se excluye la concelebración ecuménica.

8) Eucaristía y emigrantes.- El Sínodo invita a los obispos a la atención pastoral de los emigrantes.

9) Coherencia eucarística de políticos y legisladores católicos.- No hay coherencia eucarística cuando se promueven leyes que van contra el bien integral del ser humano, contra la justicia y el derecho natural. No se puede separar la opción privada de la pública, poniéndose en contraste con la ley de Dios y la enseñanza de la Iglesia y esto también debe tenerse en consideración respecto a la realidad eucarística.

10) Dimensión social de la Eucaristía.- La Eucaristía alienta a los cristianos a comprometerse y a trabajar en la vida política y social. Quienes participan en la Eucaristía deben comprometerse en la construcción de la paz en nuestro mundo, marcado por violencias y guerras y hoy de modo particular por el terrorismo, la corrupción y la explotación sexual.

Fuente: Vatican Information Service

EL OBSERVADOR 538-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
¿Y si fuera culpa nuestra?
Por Jaime Septién

Con los ciclones «Stan y Wilma» hemos topado con la tragedia en México. Por todos lados se ha desbordado la solidaridad. Y eso es maravilloso. No podemos (ni vamos a hacerlo) dejar a miles, quizá millones de hermanos nuestros a la intemperie: son gente que perdió todo, y que lo necesita todo. En especial nuestro cariño.

Pero —también— piden o, más bien, exigen, nuestra reflexión. Ellos, las víctimas de lo que solemos llamar «la furia de la naturaleza», no solamente preguntan ¿por qué a nosotros?, exigen un nunca más, en la medida de las posibilidades de la técnica y de la ética mundial, pues saben que tenemos mecanismos para predecir lo que está pasando y compromisos no cumplidos que pudieran evitar tanto dolor.

Lo que pasó en Chiapas, Oaxaca y Veracruz tiene un fuerte ingrediente de inconciencia (en la tala inmoderada, la depredación forestal, el manejo inadecuado de la industria maderera, etcétera), así como de irresponsabilidad de ciertas organizaciones —políticas y no— que medran con la miseria de la gente, les prometen un lugar para vivir y terminan arrojando a las familias pobres al margen de los ríos, en las barrancas, en terreno desolado.

Lo de «Wilma» han dicho científicos que tiene que ver mucho con el calentamiento global del planeta. Sabido es que la fuerza y la densidad de los huracanes se alimenta del calor de las aguas, en este caso de las aguas del Océano Atlántico. «Wilma» era inconcebible con aguas templadas que van volviéndose más frías a medida que avanza octubre. Pero con aguas a 30 grados podía generarse un monstruo. Y se generó. Ya se rompió el récord de 22 ciclones en el Atlántico. Y la cosecha sigue.

Estados Unidos tiene mucho que explicar ahora. El presidente Bush se ha negado a firmar el Protocolo de Kyoto que implica, justamente, la emisión a la atmósfera terrestre de gases industriales que producen el llamada «efecto invernadero», esto es, el calentamiento global del planeta. Ya recibió a «Katrina», a «Wilma» y a «Rita» en su propio territorio: ¿ahora sí firmará Estados Unidos, no obstante le «cueste» reducir su actividad industrial?

Lo que estoy tratando de decir es que las tragedias que hemos vivido en estos días, en estas semanas, podrían atenuarse si todos (y aquí sí digo todos) pensamos globalmente y actuamos localmente. El término «glocal» se está abriendo paso en la jerga sociológica de estos años. Lo «glocal» significa que ya no somos más ciudadanos (o gobernantes) de un pedazo chico o grande del mundo; lo somos, desde ese pedazo, de todo el mundo. Importa poco que vivamos en los Montes Azules de Chiapas y seamos indígenas lacandones, o en las márgenes del Potomac y seamos anglosajones. Se trata de buscar una ética global que haga de cada acto personal una máxima de carácter universal.

Es exacto lo que pedía Kant. Nada más que en el tiempo del famoso filósofo prusiano las condiciones del planeta no se habían deteriorado de tal forma como ahora. Hemos tomado los recursos de la naturaleza y no los hemos restituido. Pareciera ser que somos los amos de la Creación, cuando solamente somos sus administradores.

EL OBSERVADOR 538-2

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NIÑOS
Los niños cristianos no celebramos Halloween

Cada vez se extiende más en nuestro país en la víspera de Todos Santos la fiesta de Halloween, mejor conocida como «Día de Brujas». Hasta en los colegios los profesores de primaria y los directores presionan a los niños y a sus papás para que el 31 de octubre los alumnos asistan disfrazados y hagan fiesta.

Todo esto porque en los Estados Unidos es lo que se acostumbra, y muchos mexicanos se sientes inferiores si no los imitan. No se dan cuenta de que esta celebración es mala, y que no todo lo que se practica en el extranjero es digno de imitarse. Por eso también en los supermercados y tiendas departamentales se promueve el Halloween.

Pero piensa esto:

Sólo se celebra lo que se admira o se quiere. No hay nadie que festeje un día dedicado a su enemigo. Sólo los nazis celebran a Adolfo Hitler, pero los judíos no lo celebran porque fue su enemigo; sería tonto que los judíos celebraran el natalicio de Hitler.

¿Es lógico que los cristianos celebremos a las brujas? ¿Tiene sentido para los que amamos a Jesucristo que hagamos fiesta por los que han consagrado su vida al diablo?

Es verdad que no tiene nada de malo ponerse un disfraz; pero lo que le venden a uno en estas fechas son horribles máscaras y trajes de monstruos, atuendos de brujas, calabazas con expresiones terroríficas, etc.; en fin, artículos que nada tienen que ver con nuestra fe católica. Dios es hermoso porque Él es Amor. Y donde hay amor hay belleza. Por eso, cuando el Señor fue creando el sol, la luna, las estrellas, los animales, etc., dice la Biblia que todo eso era «bueno»; y cuando hizo a los seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, encontró que todo lo que había hecho era «muy bueno». En cambio, lo espantoso, lo terrorífico, lo violento, lo sangriento, nada tiene que ver con Dios.

Además, hay niños que hasta quieren imitar a los estadounidenses tocando de puerta en puerta y pidiendo «dulce o travesura» (trick or treat), o sea que amenazan con hacer maldades si la gente no los complace. ¡Eso no es ser cristiano! Eso es portarse muy mal, y al hacerlo así no agradamos a Jesús.

Mejor recuperemos nuestra fiesta cristiana de Todos Santos. ¿Por qué no buscar con ayuda de nuestros papás —por ejemplo, en internet— la biografía de algún santo? Hay muchos niños ya fallecidos que están en proceso de canonización, es decir, que se está investigando su vida para declararlos santos ya que llevaron una vida maravillosa y son un gran ejemplo. Podríamos sacar copias sobre lo que investiguemos sobre ellos, y repartirlas en la calle y entre nuestros amigos y conocidos; ésta sería una hermosa forma de evangelizar, ya que los santos nos conducen a Dios porque nos enseñan a amarlo más.

EL OBSERVADOR 538-3

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MIRADAS DE EL OBSERVADOR
¿Cóoomo dijo?

La Iglesia crece en todos los continentes, a excepción de Europa. Con motivo del Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND) la Santa Sede ha publicado estadísticas en las que se muestra que el número de los católicos ha aumentado en todos los continentes a excepción de Europa. Según los datos, válidos para el 31 de diciembre de 2003, en el último año los bautizados católicos aumentaron en un 0.3%, convirtiéndose en el 17.23% de la población mundial. Destaca un ligerísimo aumento de sacerdotes, una disminución de religiosas, y un impresionante crecimiento de misioneros laicos y catequistas. En el mundo hay mil 85 millones 557 mil católicos, 15 millones 242mil más que en el año anterior analizado. La Iglesia católica experimentó el crecimiento mayor en el continente americano (+6,678,000), seguido de África (+6,231,000), Asia (+2,434,000); y Oceanía (+113,000). En Europa había en esa fecha 214 mil católicos menos. El número total de sacerdotes en el mundo ha aumentado en 392 unidades, alcanzando la cuota de 405 mil 450. Los aumentos más consistentes han tenido lugar en África (+1,145) y Asia (+1,010) mientras que la única disminución también ha tenido lugar en Europa (-1897). Los sacerdotes diocesanos en el mundo han aumentado globalmente en 707 unidades, con aumentos en todos los continentes y disminución sólo en Europa. Los sacerdotes religiosos han disminuido en 315 unidades. Los diáconos permanentes en total han aumentado en mil 427 unidades, alcanzando el número de 31 mil 524. El aumento más consistente ha tenido lugar en América (+1,075) y Europa (+336). La única disminución afecta a Asia (-3). En el último año se registraron seis mil 663 religiosas menos, de modo que ahora son 776 mil 269. Su número disminuye en Europa, América y Oceanía, y aumenta en Asia y África. Los miembros de los institutos seculares masculinos son 691 con un aumento global de 121 unidades con respecto al año anterior. También los miembros de los institutos seculares femeninos han aumentado en 720 unidades por un total de 28 mil 916 miembros. El número de misioneros laicos en el mundo es de 172 mil 331 unidades, con un aumento global de 28 mil 586 unidades. En su inmensa mayoría los misioneros laicos se encuentran en América (156 mil 461), que es también el continente que registra el aumento más llamativo (+21,815). Los catequistas en el mundo han aumentados en 80 mil 222 unidades alcanzando la cuota de dos millones 847 mil 673. Este aumento ha sido particularmente sensible en América (+ 53,675) y Europa (+15,672). Un motivo de preocupación para el futuro es la disminución del número de seminaristas mayores, diocesanos y religiosos, en 826 unidades, alcanzando el número de 112 mil 373. Estos datos los publicamos para ir acallando dudas, desfacer entuertos, consolar a los que creen que la Iglesia está en peligro de extinción o los que andan pregonando por ahí que los católicos ocultamos nuestras realidades porque nos da vergüenza constatar quién sabe qué cosas. Ni hablar de este asunto. Estamos bien, aunque, desde luego, podríamos esta mejor.

EL OBSERVADOR 538-4

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OBSERVATORIO
¡Bien por el señor Cardenal!
+ Por Mario de Gasperín Gasperín, obispo de Querétaro

Gran revuelo levantaron los comentarios del señor cardenal Norberto Rivera sobre el pasaje del Evangelio donde señala Jesús lo que hay que dar al César y lo que hay de dar a Dios. Curiosamente, quienes se han arrogado la exclusiva de la interpretación de este dicho de Jesús, son los políticos, sus ideólogos y corifeos, reclamando sus derechos como césares pero negándose a devolver a Dios lo que es de Dios.

Pero antes, una nota sobre la traducción: Jesús dice «devolver» y no simplemente «dar», porque dar es de lo propio, devolver es de lo ajeno. Al César, dice Jesús a sus interlocutores, hay que devolverle lo suyo, porque ellos habían llamado al emperador de Roma para que les diera protección; por eso deben devolverle a cambio lo suyo, el pago del tributo. Pero a Dios también hay que «devolverle» lo suyo, lo que ellos, fariseos hipócritas y herodianos prepotentes, le han robado: el honor, la verdad, la justicia, la imagen divina que está grabada en el corazón del hombre (no sólo en una moneda) y que hoy llamamos derechos humanos, dignidad de la persona humana o ley natural.

Esto fue precisamente lo que dijo el señor Cardenal: hay obligación de cumplir con las leyes justas del Estado a cambio de sus servicios, pero no hay obligación moral de hacerlo cuando las leyes son injustas, cuando violan los derechos humanos y estropean la dignidad de las personas, comenzando por el derecho a la vida. La ley positiva no obliga cuando ésta viola la ley natural. Esta es y ha sido siempre la doctrina de la Iglesia, enseñanza que arranca nada menos que de los apóstoles cuando, amenazados por el sanedrín por predicar a Jesucristo, respondieron serenos: «Nosotros tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres».

Quienes se oponen a esta doctrina se erigen como legisladores supremos y absolutos y pretenden ocupar el lugar de Dios. Negar la soberanía de Dios es poner en peligro la libertad y la dignidad del hombre, que es su imagen. Es abrir la puerta grande al autoritarismo y a la dictadura, aunque sea disfrazada de democracia. Los derechos humanos fundamentales, acaba de decir el Papa al legislador Marcello Pera, «son valores previos a cualquier legislación estatal... no son creados por el legislador, sino que están inscritos en la naturaleza humana de la persona, y se remontan por tanto en último término al Creador»(11-X-05). Cuando el legislador los viola, nadie está obligado a cumplir sus leyes; más bien, debe rechazarlas. «La autoridad debe emitir leyes justas, es decir, conformes a la dignidad de la persona humana y a los dictámenes de la recta razón... Cuando, por el contrario, una ley está en contraste con la razón, se le denomina ley inicua; en tal caso cesa de ser ley y se convierte más bien en acto de violencia», dice el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (No. 398). Esta es la enseñanza eterna de la Iglesia, ¿por qué tanta alharaca? ¡Bien, pues, por el señor Cardenal!

EL OBSERVADOR 538-5

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PINCELADAS
Ramos de flores a los enfermos
Por el P. Justo López Melús

Está bien llevar ramos de flores a las tumbas de los seres queridos. Pero estaría mejor llevarlos antes de morir, para que puedan oler el perfume de nuestro cariño. Pero aún estaría mejor consolarlos y alegrarlos en su enfermedad. Que nadie se nos vaya sin sentir nuestro cariño y cercanía. Esto vale más que los homenajes y elogios póstumos.

Unos indios de la selva ecuatoriana lloraban sentados alrededor de su abuela moribunda. Un forastero les preguntó por qué lloraban delante de ella si todavía estaba viva. Y ellos le contestaron: «para que sepa que la queremos mucho. Que no se nos vaya sin saber nuestro cariño. Que lo sepa a tiempo. Que vea el amor que le hemos tenido y ahora se lo expresamos con pena al saber que ya no va a quedarse con nosotros».

EL OBSERVADOR 538-6

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DOCUMENTOS
El dolor, ¿enigma o misterio? Responde el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán
Publicamos un resumen de la intervención que pronunció Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Salud, en Aquisgrán (Alemania) sobre el sentido del dolor en la carta apostólica Salvifici doloris del papa Juan Pablo II.

«El dolor es una experiencia desagradable, sensorial y emotiva, asociada con un daño que sufre el organismo» (definición de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor).

El dolor puede ser síntoma de enfermedades o una enfermedad en sí mismo. En el primer caso constituye una señal de alarma fisiológica útil; en el segundo, no tiene finalidad y puede constituir punto de partida para otra patología orgánica o psicológica.

La intensidad del dolor es subjetiva (umbral del dolor): hay personas que soportan el dolor más que otras; se observa frecuentemente una diferencia de tolerancia al dolor de parte de la misma persona según la causa del mismo y, sobre todo, de acuerdo con su situación psicológica.

El dolor en las grandes religiones no cristianas

En el hinduismo la causa del sufrimiento es el «karma», que se origina como consecuencia de las acciones malas que se han cometido en la vida presente o en anteriores reencarnaciones. Se libera alguien del «karma» mediante el conocimiento de la verdad y el anuncio de la palabra de Dios. Dios es el remedio.

En el budismo el problema del dolor se expresa en «las cuatro nobles verdades»: 1) Todo es sufrimiento. 2) Su causa es la pasión-ansiedad egoísta. 3) Sólo el «nirvana» puede eliminar la causa. Ya se hace en esta vida, pero será plena en el futuro. 4) El sendero que conduce al «nirvana» es «la óctuple rectitud»: esto es, la rectitud de visión, de pensamiento, de palabra, de acción, de vida, de esfuerzo, de atención, y de meditación.

En el islamismo el dolor se origina por la oposición a la palabra de Dios. Dios es quien puede remediar el dolor.

En la religión africana tradicional el sufrimiento lo provocan los espíritus o los ancestros que se han ofendido por los delitos cometidos contra la vida u otras faltas morales, como el robo, la esclavitud, etc. La solución al dolor será primero identificar el espíritu al que se ha ofendido y luego ofrecerle sacrificios.

En estos esquemas encontramos una cierta constante: la causa del dolor es la falta cometida. Bajo este aspecto no nos encontramos lejos del cristianismo, en el cual también se fija como causa del dolor una falta del todo especial como es el pecado original.

Donde se extrema la diferencia entre estas religiones y el cristianismo es en la solución al problema. Quien se encuentra más lejos de la solución cristiana es el budismo, puesto que piensa en superarlo por una acción meramente humana; en cambio, las demás religiones siempre ofrecen como solución una ligazón con la divinidad.

Dentro de este marco delineamos ahora las líneas maestras del pensamiento de Juan Pablo II, tomándolo de la carta apostólica Salvifici doloris.

Como título de mi intervención he elegido «El dolor, ¿enigma o misterio?», porque para el papa Juan Pablo II el dolor es un enigma que sólo se resuelve en el misterio.

Antes de adentrarnos en el tema anticipo una precisión terminológica: en el desarrollo del pensamiento de Juan Pablo II usaremos la palabra «sufrimiento» tanto para englobar el dolor físico como cualquier otra clase de dolores

El enigma del sufrimiento

Así comienza el Papa a tratar el problema del sufrimiento. No esconde que se trata de algo complejo y enigmático, intangible, y que se debe tratar con todo respeto, con toda compasión y aun con temor; pero ello no excusa de tratar de comprenderlo, pues sólo así se podrá superar.

Dice el Papa: el sufrimiento va más allá de la enfermedad, pues existe el sufrimiento físico y el espiritual. Además del sufrimiento individual, está el sufrimiento colectivo, que se da debido a los errores y transgresiones de los humanos, en especial en las guerras. El sufrimiento tiene un sujeto y es el individuo quien lo sufre. Sin embargo, no permanece encerrado en el individuo, sino que genera solidaridad con las demás personas que también sufren; ya que el único en tener una conciencia especial de ello es el hombre y todo hombre. El sufrimiento entraña así solidaridad. Es difícil precisar la causa del sufrimiento, o del mal que va junto al sufrimiento. El hombre se la pregunta a Dios y con frecuencia reniega de él, porque piensa no encontrar dicha causa.

Primero se necesita situar el enigma en su justa dimensión y empezar a buscar su causa. El sufrimiento, dice el Papa, consiste en la experiencia de la privación del bien. La privación del bien es el mal. La causa del sufrimiento es así un mal. Siendo su principio la privación, se impone la pregunta: ¿por qué hubo esta privación, quién la causó?

Para responder, abandona el Papa ya el terreno del enigma y se pasa al del misterio. Dentro de la fe cristiana, el misterio no es oscuridad sino claridad deslumbrante. Nos ayuda a comprenderlo un poco su raíz etimológica; viene del griego muo o muein, que significa cerrar los ojos. No en el sentido de proceder a ciegas, sino en el de cerrar los ojos, que se origina cuando viene un encandilamiento. Además, el misterio cristiano no es sólo algo que se contempla, sino que se experimenta. Sólo en la experiencia del misterio puede adentrarse en su comprensión. Sólo viviendo el misterio del sufrimiento cristiano se puede comprender un poco qué significa el sufrimiento.

El mal y el sufrimiento

Nos dice el Papa que en el lenguaje bíblico del Antiguo Testamento, inicialmente sufrimiento y mal se identifican. Pero, gracias a la lengua griega, especialmente en el Nuevo Testamento, se distingue sufrimiento y mal. Sufrimiento es una actitud pasiva o activa frente a un mal, o mejor, frente a la ausencia de un bien que se debiera tener.

En efecto, en el libro de Job y en algunos otros libros la respuesta es que la causa del mal es la transgresión del orden natural creado por Dios. Sufrimiento y desorden serían lo mismo, o al menos se piensa que el sufrimiento es causado por el desorden. Ésta es la tesis de los amigos de Job. Sin embargo, Dios refuta esta tesis aprobando la inocencia de Job; su sufrimiento queda como misterio: no todo sufrimiento viene por transgresión; éste es una prueba de la justicia de Job. Es un preanuncio de la pasión del Señor. Más aún, se afirma que el sufrimiento es una pena infligida para corregirse, esto es, para que del mal se siga un bien, para la conversión.

Cristo transforma el sufrimiento

Da ahora el Papa otro paso y llega al centro del misterio de la siguiente forma: Cristo en su vida mortal suprime con los milagros el dolor, asume el dolor de todos y conscientemente lo padece en su cruz. La única respuesta podrá venir sólo del amor de Dios en la cruz. La solución al problema del sufrimiento la da Dios Padre: consiste en que «entrega» a su Hijo. El mal es el pecado, y el sufrimiento la muerte. Con la cruz vence al pecado, y con su resurrección, la muerte.

En el cántico del siervo de Dios, en el profeta Isaías, se ve todavía con mayor fuerza que en los evangelios lo que significa el sufrimiento en la pasión de Cristo. Es un sufrimiento redentor. Su profundidad se mide por la profundidad del mal histórico en el mundo y en especial porque la persona que lo padece es Dios. Cristo da respuesta al problema del sufrimiento con la misma materia de la pregunta.

El sufrimiento genera amor hacia el que sufre, un amor desinteresado para ayudarlo aliviándolo. La parábola del buen samaritano converge con lo dicho por Cristo en el Juicio final: «Estuve enfermo y me visitasteis»: Cristo mismo es el que es curado y socorrido en el que cayó en manos de bandidos. El sentido del sufrimiento es hacer el bien con el sufrimiento y hacer el bien al que sufre.

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EL OBSERVADOR 538-7

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INTERNACIONAL
Se celebró el lunes pasado el Día Mundial de Información sobre el Desarrollo
Cien millones de infantes no asisten a la escuela, de los cuales 60 millones son niñas
Por Gilberto Hernández García

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas instituyó en 1972 el Día Mundial de Información sobre el Desarrollo para señalar a la atención de la opinión pública mundial los problemas y las necesidades de desarrollo, a fin de fortalecer la cooperación internacional con miras a resolverlos. La Asamblea decidió que la fecha de esa jornada coincidiera, en principio, con el Día de las Naciones Unidas, 24 de octubre, que es también la fecha en que se aprobó, en 1970, la Estrategia Internacional del Desarrollo para el Segundo Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Seres humanos: fines en sí mismos

La Asamblea manifestó su convicción de que el mejoramiento de la difusión de la información y la movilización de la opinión pública, especialmente la juventud, serían un factor importante para lograr un mejor conocimiento de los problemas generales del desarrollo, lo cual promovería los esfuerzos en materia de cooperación internacional para el desarrollo.

Así las cosas, el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo ha venido publicando cada año, desde 1990, el Índice de Desarrollo Humano, que pretende ser un indicador confiable en la medición de la calidad de vida en los diversos países miembros de la ONU.

Aunque muchas personas podrían pensar, al hablar de desarrollo, que sólo se refiere al progreso en el sentido material, estos indicadores señalan otros aspectos «menos medibles» como el respeto y la promoción de las mujeres o la participación democrática. El objetivo básico del desarrollo es aumentar las libertades humanas en un proceso que pueda expandir las capacidades personales, toda vez que amplía las alternativas disponibles para que la gente viva una vida plena y creativa. Desde este punto de vista es la propia persona quien se convierte en beneficiaria del desarrollo y, simultáneamente, en agente de desarrollo

El Informe sobre el Desarrollo Humano se centra en las cuatro capacidades que considera de mayor importancia: vivir una vida larga y saludable, disponer de educación (sistematizada), tener acceso a los recursos necesarios para disfrutar de un nivel de vida digno y participar en la vida de la comunidad. Las ideas que sustentan este paradigma del desarrollo son parte del patrimonio de nuestro mundo. Ya Aristóteles afirmaba que es evidente que el bien que buscamos no es la riqueza; pues la riqueza es meramente útil y no un fin en sí mismo. Por su parte, Emmanuel Kant sostenía que los seres humanos deben ser considerados como un fin en sí mismos más que como medios para conseguir otros objetivos.

Sin embargo, parece que, a lo largo de mucho tiempo, muchas políticas de gobierno han olvidado esa verdad tan simple pero a la vez profunda. Los creadores de los modelos económicos, metidos en la maraña del aumento y la caída de los ingresos nacionales, a menudo han perdido de vista el verdadero objetivo del desarrollo: el bienestar de las personas. De donde se deriva que el crecimiento económico de un país no es sino sólo un medio para cumplir con ese objetivo.

Avances y privaciones

En el documento de presentación de los indicadores de este año se señala que «el desarrollo humano experimentó un progreso sustancial y sin precedentes durante el siglo XX. Entre 1960 y 2000, la esperanza de vida en los países en desarrollo aumentó de 46 a 63 años, mientras que las tasas de mortalidad de los niños menores de cinco años se redujo a más de la mitad. Entre 1975, cuando la mitad de la población mundial era analfabeta, y 2000, la proporción de analfabetos se redujo casi a la mitad; y hablando en términos del ingreso per capita real, éste aumentó al más del doble».

No obstante estos impresionantes avances, las privaciones y carencias humanas siguen siendo masivas: más de 800 millones de personas sufren de desnutrición; alrededor de cien millones de niños en edad escolar, de los cuales 60 millones son niñas, no asisten a la escuela, y más de un mil millones de personas sobreviven con menos de un dólar al día. Alrededor de mil 800 millones viven en sistemas políticos que no respetan plenamente las libertades, y casi 900 millones de personas son objeto de discriminación. Todo un reto para la solidaridad.

EL OBSERVADOR 538-8

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FLOR DE HARINA (Sal 147, 14)
Gran corazón (Juan XXIII)
Por el P. Justo López Melús

El papa Roncalli era un hombre de gran corazón. De ahí brotaban esos gestos de comprensión y delicadeza que conmovían al mundo. Con esos gestos fue rompiendo moldes y durezas en sus diversos destinos, fue solucionando difíciles problemas, sobre todo en París, y Europa oriental. «Simplificar las cosas difíciles, y no complicar las sencillas», era su lema. En una ocasión, espontáneamente, se definió así: «La bondad llenó de alegría mi existencia».

Confesaba que, al ser elegido Papa, eligió el nombre de Juan, por su padre. En otra ocasión, manifestaba al obispo de Astorga, doctor Casteltort: «¡Oh, cómo recuerdo yo a mi madre! Mire, después de la elección, cuando al entrar en la basílica de San Pedro todo el mundo gritaba y aplaudía lleno de entusiasmo, yo pensaba: Acuérdate de tu madre, que era una mujer humilde y sencilla».

En medio de sus ocupaciones apostólicas, de su «solicitud por todas las iglesias», no se olvida de atender a su familia. Invita a sus cuatro hermanos a que le visiten en París, y ha de ayudarles a ponerse la corbata. Pero no acepta la sugerencia de asociarles a la corte pontificia. A su secretario, Capovilla, le dice: «Siento haberte apartado de tu madre tanto tiempo. Prométeme que, cuando todo esto haya terminado, irás a verla».

Una noche, en la plaza de San Pedro, dijo a los fieles: «Al llegar a casa acariciad a vuestros hijos y decidles que es de parte del Papa» Cuando le visitó el yerno de Kruschew, Adzjubei, con su esposa Rada, les preguntó el nombre de sus hijos. — Nikita, Aleksei e Iván—, le contestaron. «Pues dadles un abrazo de mi parte, les dijo el Papa, y en especial a Iván (Juan)».

EL OBSERVADOR 538-9

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COLUMNA ABIERTA
Laicidad
Por Walter Turnbull Plaza

Con motivo de un encuentro sobre el tema «Libertad y laicidad» que ha organizado la institución «Magna Carta» en la ciudad italiana de Nursia, la cuna de san Benito, el papa Benedicto XVI ha mandado un mensaje a Marcello Pera, presidente del Senado italiano y presidente honorario de dicha Fundación [ver pág. 10, «La voz del vicario de Cristo»).

Yo esperaba un mensaje más o menos extenso, pero Benedicto ha hablado como siempre, bueno, breve y sustancioso. En unas pocas líneas ha tocado y esclarecido los fundamentos de la verdadera laicidad.

El último párrafo es lapidario: «Será necesario trabajar por una renovación cultural y espiritual de Italia y del continente europeo para que la laicidad no se interprete como hostilidad contra la religión, sino por el contrario, como un compromiso para garantizar a todos, individuos y grupos, en el respeto de las exigencias del bien común, la posibilidad de vivir y manifestar las propias convicciones religiosas».

De Italia y del continente europeo y de todo el mundo, agregaría yo. Parecería que estas palabras estuvieran dedicadas a México. Por lo visto no somos los únicos, pero ciertamente ajustamos de maravilla dentro de la descripción.

Me da un cierto consuelo saber que no estamos solos, que en el primer mundo también se cuecen habas; pero el mal de muchos no nos quita el propio. No podremos hablar de una democracia ni esperar un desarrollo mientras no se pongan en práctica estos requisitos que Benedicto XVI expone más claro que el agua: que se respete el derecho de todos y cada uno a practicar su religiosidad en privado y en público, siempre que no vaya contra el bien común.

EL OBSERVADOR 538-10

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PALABRAS
La conversión del Dios omnipotente al Dios crucificado
Por el P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

Son legión los males que acechan y dañan a las personas en nuestro tiempo. El secuestro y el asesinato de seres humanos en cualquier etapa de sus vidas no sólo son de lesa humanidad sino de lesa divinidad, ya que dañan la imagen misma de Dios y a su criatura predilecta, el hombre. Se destruye la razón de ser del universo, entregado al ser humano, imagen y semejanza de Dios, para que se enseñoreara sobre él, y así, en este aspecto, el hombre fuera co-creador, al cultivarlo, mimarlo y acrecentarlo con amor para benefició de sí, de los demás y para gloria del mismo Creador.

Asesinar a alguien o aprovecharse de su fragilidad o vulnerabilidad envilece hasta el abismo de maldad a quien lo realiza.

¡Cuánto dolor el de las víctimas, el de sus familiares y amigos! A esto se suma el sentirse no escuchados por Dios e incluso el tener la tentación de culparlo de lo que acontece porque parece sordo a pesar del clamor y de los ruegos que se le dirigen. Así, al sufrimiento padecido se añade el peso abismal de la orfandad existencial hasta el grito de rabia impotente. Se levanta un muro de separación, más pronto que ya, entre Dios y los que experimentan la densa noche oscura del abandono.

Cuando el silencio de Dios parece acusarlo, porque no manifiesta su omnipotencia y su poder contra la jauría de mastines en el lugar y la hora necesarios e imprevistos, bien haríamos en recordar a san Agustín, quien nos invita a convertirnos de la existencia del Dios omnipotente, al Dios crucificado, a Jesús, sabiduría y fuerza de Dios para todo aquel que cree.

Jesús crucificado es la nueva realidad de su majestad omnipotente. Es la última palabra sobre la maldad del hombre, es el límite al mal: su misericordia infinita en la infinita humildad. No es silencio, sino la Palabra elocuente que rasga los cielos y la historia, para restaurar la comunión perdida. Él es el amor no amado, y, para nuestra desgracia, el amor ignorado.

No se puede culpar a Dios, pues es una acusación injusta. El hombre especifica sus acciones buenas o malas con entera libertad. Negar esto es exculpar de antemano a los verdaderos culpables. A quien hemos de reconocer y denunciar su acción perversa es al homicida, desde el principio, a Satanás y a su parentela.

EL OBSERVADOR 538-11

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PICADURA LETRÍSTICA
Todos los santos
Por J. Jesús García y García

Todo hombre que no es un santo, es un cerdo.
LEÓN BLOY

San Juan vio en el Cielo una turba magna, una muchedumbre de santos, figurada en esos 144 mil individuos (es una cifra que indica incalculabilidad) inscritos en el Libro de la Vida. Forman el majestuoso cortejo todos los que acá en la tierra se desprendieron de los bienes caducos y fueron mansos, mortificados, justicieros, misericordiosos, puros, pacíficos y perseguidos por Cristo.

La Iglesia, dado que hay innumerables santos (canonizados o no, conocidos o desconocidos) y no habría calendario que los abarcara, celebró durante muchos siglos la solemne fiesta (de precepto) de Todos los Santos el 1 de noviembre. Hoy, al menos en nuestro medio, ese día propiamente ya no hay conmemoración litúrgica, ni siquiera confundida con la del día siguiente, el de los Fieles Difuntos, pues la evocación ha salido de los templos y se ha concentrado en los panteones.

Los primeros santos fueron los mártires. La comunidad cristiana, por una especie de aclamación, los elevaba a sujetos de culto y celebraba la Eucaristía en su memoria en el aniversario del martirio. Las historias respectivas se escribieron en unos libros llamados martirologios que sirvieron de base para redactar el Martirologio Romano, en el que se concentró toda la información de los santos oficialmente canonizados por la Iglesia.

Cuando cedieron las persecuciones, se unió a la memoria de los mártires el culto de otros cristianos que habían dado testimonio de Cristo con un amor admirable sin llegar al martirio, es decir, los confesores y las vírgenes consagradas al Señor. Antes del siglo X el obispo local era quien determinaba la autenticidad del santo y su culto público. Luego se hizo necesaria la intervención de los papas, quienes fueron estableciendo una serie de reglas precisas para poder llevar a cabo un proceso de canonización, con el propósito de evitar errores y exageraciones. La primera canonización papal de que se tiene noticia es la de san Ulrico (o Udalrico), quien murió en el año 973 y fue canonizado por el papa Juan XV en 993.

Pero la multitud de santos existe y se alimenta constantemente, hoy como ayer, aunque no tengamos que representárnoslos tallados en madera, con largas túnicas y con aureola. No es un hallazgo de anticuario tropezarnos con un santo. Todo nuestro quehacer seglar, por moderno que sea, puede ser, de arriba abajo, quehacer santo. Llega a afirmarse (léase a Javier Larráinzar) «que los santos antiguos adquirieron su perfección gracias a que renunciaron al uso de las cosas y los valores humanos; y que los santos de hoy llegarán a serlo por lo contrario, por hacer con ellas un empleo juicioso y sin astucias».

Item mas, se afirma con cierta superficialidad que para ser santo no hay que hacer nada extraordinario; que basta con hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias. ¿Sólo eso? ¡Pues qué fácil me la ponen!: justamente de lo que mayor vergüenza siento al quedarme a solas conmigo mismo es de tantísimas cosas más o menos ordinarias que hice en mi vida con torpeza o —¡ay!— con maldad. Conclusión: no soy santo, aunque, si me lo propusiera, podría serlo, llamado como estoy, junto con todos, a ello. De lograrlo, me habré salvado de la sentencia mordaz de León Bloy.

EL OBSERVADOR 538-12

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ESPECIAL DE TODOS LOS SANTOS
Hay demasiadas ideas erróneas sobre la santidad

En un mundo que parece marcado por las guerras, los atentados terroristas y los conflictos, festejar la fiesta de Todos los Santos podría parecer algo paradójico. Por este motivo, estando ya tan cerca de esta celebración, recogemos las palabras del padre Paolo Molinari, teólogo asistente durante el concilio Vaticano II y postulador durante décadas de numerosas causas de beatificación y canonización.

Juan XXIII le encargó que redactara un libro sobre el argumento que fue publicado el día antes de la apertura del Concilio.

Santos de todo tipo

«En este día de Todos los Santos —afirma el padre Molinari— no sólo se presentan a la atención del mundo los santos canonizados, sino también todos aquellos, y ciertamente son muchos, que han vivido con fidelidad, entusiasmo y humildad su vida cristiana, según los valores del Evangelio, cumpliendo la voluntad del Padre: parejas de esposos, jóvenes llenos de vida y de valentía, niños despiertos y revoltosos, obreros, oficinistas, maestros, enfermeros, médicos... En definitiva, todos los que han vivido el compromiso del Bautismo en todas las formas de vida».

La santidad auténtica

«Hay muchas ideas equivocadas sobre la santidad —continúa explicando este postulador de la Congregación para las Causas de los Santos—. Se piensa que los santos son personas capaces de fenómenos extraordinarios: visiones, estigmas, levitación, etc. Pero la auténtica santidad consiste en el ejercicio constante, fiel y sereno de todas las obligaciones que cada uno tiene con Cristo, según su capacidad y según su condición de vida. Es decir, uno como el padre Pío hubiera sido beatificado aunque no hubiera tenido los estigmas».

Molinari cita, para ejemplificar, el caso de Pierre Toussaint, el primer hombre de color y nativo de Haití que será beatificado, y quien durante toda su vida fue barbero. «Se convirtió en el barbero más famoso de Nueva York —añade—, una vida ejemplar que dio todo lo que tenía en beneficencia. De hecho, murió pobre».

Modelos

Para explicar lo que es la santidad el postulador recurre a uno de los modelos más claros y recientes, la beata Teresa de Calcuta, quien decía que era como un lápiz en las manos del Señor. «Otros han dicho que son espejos de la luz de Dios... Todos nos hablan con su vida del mismo Dios, de su bondad, y reflejan en su pequeñez la experiencia de Cristo, quien, al hacerse hombre, nos reveló la bondad, la misericordia, el amor que Dios siente por la humanidad que cae con frecuencia y que cree que no se merece nada».

«Desde este punto de vista, los santos son una prolongación de la humanidad de Jesús», concluye Molinari. «Y Dios manifiesta a través de los santos su rostro, en ellos y a través de ellos nos habla».

Fuente: Zenit-El Observador

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¡Mucho ojo con los falsos santos!
Por el P. Jordi Rivero

La certeza de la santidad de un difunto sólo se tiene cuando éste ha sido formalmente reconocido por la Iglesia por medio de un largo proceso llamado canonización. Sabemos que hay innumerables santos en el Cielo que no han sido canonizados.

Cuando popularmente se tiene a un difunto como santo que no ha sido reconocido por la Iglesia, puede ser:

1) Que la gente acierte y mas tarde el difunto sea oficialmente reconocido por la Iglesia como santo.

2) Que el difunto sea santo pero que nunca sea reconocido canónicamente.

3) Que la gente se equivoque, lo cual puede causarles desvíos. La gente se identifica con quien tuvo luchas, sufrimientos y tragedias. Pero eso no es suficiente para ser santo.

Tampoco es suficiente para ser santo haber tenido algunas virtudes. Hace falta un heroico amor y fidelidad a Jesucristo a partir de la conversión. Si el corazón aún está atado a algún pecado grave no se vive en santidad.

Hay difuntos populares que no dieron ejemplo de vida santa. La Iglesia prohíbe venerar públicamente en sus templos y capillas a difuntos no canonizados, porque no hay certeza de que sean santos.

«Milagros» de los falsos santos

Sólo Dios hace milagros. Los santos interceden, como muestra la Biblia. Pero los falsos santos pueden aparecer como milagrosos. Jesús dice: «Muchos me dirán aquel Día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?'. Y entonces les declararé: '¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!'» (Mt 7,22). ¡Cuánto engaña Satanás! Pero ni él ni los falsos santos pueden hacer verdaderos milagros, sólo lo aparentan.

He aquí algunos «santos» no reconocidos

Los siguientes personajes reciben culto sin el consentimiento de la Iglesia:

a) La «difunta Correa».- Venerada en Argentina y Chile. En 1835 un criollo fue reclutado en una leva. Su mujer, María Antonia Deolinda Correa, desesperada, tomó a su hijo y siguió las huellas de los reclutados. Agotada, se dejó caer en la cima de un pequeño cerro. Unos arrieros, al ver animales de carroña que revoloteaban, se acercaron y encontraron a la madre muerta y al niño aún con vida. Recogieron al niño, y dieron sepultura a la madre. Al conocerse la historia, comenzaron las peregrinaciones hasta la tumba y hasta se habla de «milagros».

b) Jesús Malverde.- Venerado en el estado de Sinaloa, México, y en Colombia. Según dicen, fue un ladrón de la época porfiriana, que se hizo famoso por repartir parte de su botín con los pobres, y murió asesinado en 1909. Su capilla es notoria por contener agradecimientos de narcotraficantes y de otras personas que viven al margen de la ley.

c) Gil, «El Gauchito Gil».- Venerado en Argentina. Unos lo tienen por un «Robin Hood». Otros dicen que lo mató la policía en una emboscada; unos más, que murió en un duelo entre gauchos, mientras que otra versión alega que se negó a alistarse o desertó del ejercito durante las guerras internas de Argentina y entonces lo fusilaron (esto es lo que arrojaron las investigaciones mas recientes). Hay gente que lleva una cinta roja, la cual es su símbolo, y ponen imágenes de él junto a las de la Virgen y de santos verdaderos.

d) María Lionza.- Venerada en Venezuela. Personaje de una leyenda sobre una indígena que, huyendo de los conquistadores españoles, se interna en la selva y se convierte en una especie de Diana cazadora dominando a la naturaleza como una diosa. En sus orígenes sería un culto a las fuerzas de la naturaleza y la fertilidad, que se ha convertido en todo un culto satánico, con sacerdotisas, brujerías y encantamientos.

e) Maximon (Mashimon).- Venerado en Guatemala. Por la mezcla de las culturas española e indígena, salió a la veneración un "santo" llamado "san Maximon" (Mashimon). Le ponen velas de diferentes colores, según la petición (por ejemplo: negra para hacer el mal).

f) La «San Buena Muerte». Venerada en Argentina y otros países de América. El culto surgió en el siglo XVIII. Cuando la Iglesia habla de prepararse para la «buena muerte», algunos, por error, piensan que se trata del nombre de un santo llamado «San Buena Muerte».

g) La «Santa Niña Blanca», «La Flaquita» o «Martita».- Venerada en México y Estados Unidos. Esta falsa devoción la promueve una agrupación no-católica que se autonombra «Iglesia Católica Tradicional MÉX-USA, Misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús».

h) El cantante Rodrigo.- Venerado en Argentina y Uruguay. Tras su muerte, se empezaron a construir santuarios dedicados a su persona y estampitas con su imagen y «oraciones místicas». En Uruguay se difundió una imagen de ese mismo cantante que decían que lloraba.

Resumido de Corazones.org

EL OBSERVADOR 538-13

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Bases teológicas de «Todos Santos» y «Fieles Difuntos»
Por el P. José Morales Flores

Todos Santos y Fieles Difuntos son dos conmemoraciones muy populares del inicio del mes de noviembre. No se trata de celebraciones sensibles, con peligro de perder sus auténticos valores en los ocasionales vaivenes de la comercialización y del paganismo supersticioso. Se apoyan ambas en las perennes enseñanzas tanto de la Sagrada Eucaristía como de la teología católica.

Por ahora, vamos a recordar algo de lo que la teología ha enseñado en torno de estas muy antiguas tradiciones.

El gran teólogo santo Tomás de Aquino nos da esta explicación de por qué debemos invocar a los santos: «Como los santos que están ya en la gloria se hallan muy cerca de Dios, este orden de la ley divina requiere que nosotros, que permaneciendo en el cuerpo peregrinamos lejos de Dios, nos reduzcamos a Él por medio de los santos, lo cual ciertamente sucede cuando por medio de ellos la divina bondad derrama sobre nosotros su efecto. Y como nuestra vuelta a Dios debe corresponder al movimiento de las bondades del mismo hacia nosotros, así como mediando los sufragios de los santos llegan a nosotros los beneficios de Dios, así conviene que nosotros volvamos a Dios para que de nuevo recibamos sus beneficios por medio de los santos. Y por estas razones los constituimos delante de Dios como intercesores por nosotros, y como mediadores, cuando les pedimos que oren por nosotros».

De igual manera, nos hace ver por qué debemos orar aun ante los santos más pequeños. «Aunque los santos superiores son los más aceptos a Dios que los inferiores, es útil, sin embargo, orar de vez en cuando aun a los santos menores. Y esto por cinco razones: primera, porque algunas veces tiene uno mayor devoción al santo menor que al santo mayor, y de la devoción, sobre todo, depende el efecto de la oración; segunda, para evitar al fastidio, porque la asiduidad de una sola cosa engendra hastío. Y así, al orar sucesivamente a varios santos, se excita en el que ora un nuevo fervor de devoción; tercera, porque se ha concedido a ciertos santos patrocinar a sus devotos principalmente en algunas causas especiales, como a san Antonio para librar del fuego del Infierno; cuarta, para que tributemos a todos el honor debido; y quinta, porque por las oraciones de muchos se alcanza algunas veces lo que no se logra por la oración de uno solo».

Por lo que toca a la conmemoración de los Fieles Difuntos, el mismo santo Tomás de Aquino nos hace ver la importancia de nuestros sufragios por los difuntos. En primer lugar dice el teólogo: los muertos pueden ser ayudados por los vivos. «La caridad, que es el vínculo que une a los miembros de la Iglesia, no solamente se extiende a los vivos, sino también a los muertos, porque la caridad no acaba cuando acaba la vida del cuerpo..., y en este sentido los sufragios de los vivos aprovechan a los muertos como también a los vivos, ya por la unión de la caridad, ya por la intención dirigida en su favor».

Los sufragios son útiles a las almas del Purgatorio. Sigue diciendo santo Tomás: «La pena del Purgatorio sirve para suplir la satisfacción que no había sido plenamente consumada en el cuerpo. Y como las obras de una persona pueden servir a otra para satisfacer, ya esté viva, ya esté muerta, no hay duda de que los sufragios hechos por los vivos aprovechan a los que están en el Purgatorio». El teólogo habla de estos principales sufragios: la Misa y la Comunión, las limosnas, las oraciones, las indulgencias.

Origen del «Día de los Difuntos». Es cierto que en todas las civilizaciones paganas se descubre un fondo de religión cuando se trata de los difuntos. Pero sabemos que en el siglo X prevaleció, principalmente en los monasterios benedictinos, celebrar anualmente una memoria de los bienhechores o amigos difuntos del monasterio. San Odilón, abad de Cluny (Francia), en el año 998 dio un edicto para todos sus monasterios en el que ordena que el día 1 de noviembre, después de las vísperas solemnes, se toquen las campanas con carácter fúnebre y que se tenga el oficio de difuntos, y que al día siguiente todos los sacerdotes ofrezcan a Dios el divino sacrificio por el descanso eterno de todos los difuntos. Costumbre piadosa que se ha hecho universal.

EL OBSERVADOR 538-14

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FIN

 
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