El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
11 de diciembre de 2005 No.544

SUMARIO

bulletPORTADA - Es verdadera historia lo de la Guadalupana
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - López Velarde y la Guadalupana
bulletESPECIAL - Grandes milagros de la Virgen de Guadalupe
bulletESPECIAL - Síntesis de los temas teológicos que se encuentran en el relato guadalupano
bulletESPECIAL - Protectora de los aún no nacidos
bulletESPECIAL - ¿Guadalupe o Coatlaxopeuh?
bulletPOESÍA - Virgen de Guadalupe
bulletPOESÍA - María dijo que sí
bulletESPECIAL - San Juan Diego no es santo porque se le apareció la Virgen, sino porque practicó las virtudes cristianas
bulletESPECIAL - Hacia el humanismo guadalupano
bulletESPECIAL - Guadalupe, Guadalupe...
bulletESPECIAL - ¿Cómo ser dignos guadalupanos?
bulletPALABRAS - Un Magnificat inédito que Juan Pablo II escribió a los 19 años
bulletCOLUMNA ABIERTA - Familias valiosas
bulletPINCELADAS - El amor y los detalles

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PORTADA
Es verdadera historia lo de la Guadalupana

Las apariciones milagrosas fueron confirmadas gracias al llamado Códice 1548
El Observador / Redacción

La fecha ha quedado registrada: el 14 de abril de 2002 la familia Vera Guerra, de raíz queretana, en ceremonia religiosa en la capital de la República, con Misa solemne en la insigne y nacional Basílica, hizo entrega en términos de comodato (el dueño es ahora el pueblo de México) del precioso documento que en principio recibió el nombre de Código Escalada y que en forma impersonal es más conocido como Códice 1548.

Por qué Escalada

El padre Xavier Escalada es un sacerdote jesuita que desde hace más de 40 años radica en México. Él se encontraba escribiendo la Enciclopedia guadalupana cuando los Vera decidieron mostrarle el manuscrito que don José Antonio Vera Olvera (el jefe de la familia) adquirió en el mercado de libros viejos de La Lagunilla, metido entre las páginas de un libro religioso fechado en el año 1800.

Escalada estudió el códice y descubrió su autenticidad, la cual fue certificada por sólidas instituciones científicas, sin resquicio serio para dudas o imprecisiones.

La familia Vera, que había pensado poner en venta el códice (con peligro de que fuera a parar al extranjero), fue convencida para donarlo al pueblo mexicano.

Somera descripción

El Códice 1548 es un documento con todos los visos de auténtico, muy sencillo, estudiado con un rigor que excede a todos los demás. No hubiera merecido mayor atención si no fuese por su impresionante valor como prueba de la objetividad histórica de las Apariciones y de la realidad concreta de la persona de san Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

Fue descubierto en un momento de angustia, cuando iba tomando fuerzas la negación de las apariciones guadalupanas y de la existencia histórica de Juan Diego.

El doctor Charles E. Diddle, especialista en fray Bernardino de Sahagún, perito de la Oficina de Documentoscopía y Fotografía del Banco de México y de la Facultad de Física de la UNAM, nos dice que el códice es de piel de animal, bien conservada; que está oscurecido por la pátina del tiempo y es todavía legible en sus datos principales.

Sus medidas son: 20 x 13.3 cm. Tiene las siguientes inscripciones en náhuatl:

1) Zno ipan in in 315031 ziu (itl in) / Cuauhtlactoatzin omonexti (tzino) / In Totlazonantzin sinhuapilli / Gadalupe México. (También en 15 ó 31 / Cuauh-tlactoatzin... se hizo ver / La amada madrecita, nuestra niña de / Guadalupe, México).
2) Omomoquili Cuauhtlactoatzin. (Murió con dignidad Cuauhtlactoatzin).
Lleva el glifo del juez Antonio Valeriano, que se encuentra también en el Códice Aubín, y la firma de Bernardino de Sahagún.

La parte gráfica

Muestra la primera aparición en la cima del Tepeyac y la cuarta, donde la Virgen aparece rodeada con una orla de flores, al estilo de las imágenes europeas de la época. Juan Diego, hincado, lleva el ayate de macehual, con la imagen de la Virgen ya grabada. Tiene muy clara la datación 154-8, año de la muerte de Juan Diego. Fue diseñado por los alumnos del Colegio de la Santa Cruz, quienes pidieron su firma al maestro fray Bernardino de Sahagún.

Entre otros estudiosos consultados estuvieron la doctora Josefina Muriel, el doctor Guy Stresser Peán, el maestro Rafael Tena y el doctor Marc Thouvenot. Fue importantísima la intervención del presbítero y nahuatlato Mario Rojas Sánchez.

EL OBSERVADOR 544-1

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CARTAS DEL DIRECTOR

López Velarde y la Guadalupana
Por Jaime Septién

Ramón López Velarde (1888-1921) es, quizá, el más grande poeta de México en el siglo pasado. Católico, López Velarde fue, como muchos otros (por ejemplo, Manuel José Othón, Carlos Pellicer o Manuel Ponce), un convencido que Santa María de Guadalupe era el rasgo distintivo de nuestra identidad.

Al menos, de la identidad (y de la belleza íntima) de la mujer en México. En el poema «El ancla», de su libro El Son del Corazón, el poeta nacido en Jerez (Zacatecas) escribe que antes de enamorarse de una mujer que será su esposa (la que, por cierto, nunca llegó a tener), le gustaría correr mundo, ir a Egipto, al Indostaní, a Oceanía, y ahí comparar para, finalmente, «echar el ancla a una paisana mía / de oreja breve y grandes arracadas».

Tras volver del mundo, el poeta quiere desembarcar en su país, hacerse niño y trazar con su gis «en la pizarra del colegio anciano / un rostro de perfil guadalupano». Es decir, volver a ser hijo de una Madre amorosa y buscar en la mujer ese mismo perfil de María de Guadalupe: la ternura y, al mismo tiempo, el corazón. El cuarteto final de «El ancla» dice así:

Porque mis cinco sentidos vehementes
penetraron los cinco continentes,

bien puedo, amor final, poner la mano
sobre tu corazón guadalupano.

En una prosa de su libro El Minutero, López Velarde insiste en el tema. El pequeño trozo prosaico lleva por título el de «La Conquista». En él, don Ramón habla de la elevación del clero católico por encima del protestante a causa del celibato propuesto por Roma a los sacerdotes. Hace la diferencia: el intelectual mexicano o es librepensador o es católico; el protestantismo, dice, avanza solamente en la masa: «Asesorado por nuestros luteranos, miro a los yanquis que vienen a evangelizar al harapo que algunos llaman raza indígena y a los ribetes de población que separan a la gleba de la clase media». Y México corre peligro de perder su identidad si se deja avanzar esta ola protestante.

¿Qué es el alma de México? López Velarde lo resume con una visión que tuvo un día de febrero (de 1920, quizá), cuando visitaba el santuario del Tepeyac; vio la cera ardiente de las velas, bañando las manos, los brazos, en las ofrendas a la Virgen morena de toda clase de personas, enguantadas, niños, peones, viudas, oficinistas; y, entonces, se persuadió «que la médula de la patria es guadalupana».

En efecto, lo es. Y de una manera irrevocable. Tanto así que el poeta de la provincia, López Velarde, aquél que con mayor precisión pintó el paisaje del alma mexicana en la poesía, veía la identidad de México, en el Ave María, en la oración mariana por excelencia, el Rosario, y, desde luego, en el rostro mestizo de Guadalupe.

En la penúltima estrofa de «Suave Patria» se lee el siguiente —maravilloso— texto:

Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu

espejo diario;
cincuenta veces es igual el Ave
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, Patria suave.

EL OBSERVADOR 544-2

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ESPECIAL
Grandes milagros de la Virgen de Guadalupe
Los milagros no se acabaron al plasmarse la imagen en el lienzo...

1531- Construída y aparejada la ermita del Tepeyac, se organizó una solemne procesión para trasladar la sagrada Imagen. La calzada rebosa de gentes; van no pocos naturales. Uno de los arqueros dispara al aire haciendo alarde, pero la flecha fue a clavarse en la garganta de un desventurado que cayó como muerto. Lo llevaron ante la sagrada Imagen de la Vírgen, le sacaron la flecha y, no sólo resucitó, sino que se le sanaron las heridas.

1554- Hubo una gran peste que se llevó a más de 12 mil personas. Se hizo una gran procesión, con cantos, desde el convento de Tlaltelolco hasta el Santuario, suplicando su ayuda: al día siguiente comenzó a disminuir la epidemia hasta desaparecer por completo.

1555- Un hijo de don Antonio Carbajal, figura prominente de la ciudad de México —pues fue declarado regidor perpetuo de la misma—, habiéndosele desbocado el caballo y corriendo sin freno pareciéndole al joven que de un momento a otro se estrellaría entre las rocas sin remedio, se encomendó entonces con toda su fe a la Vírgen de Guadalupe. La Vírgen —según refirió después—, se apareció frente a él y la cabalgadura se prosternó mansamente ante Ella.

1695- Azota a la ciudad una peste, llamada de «tabardillo» en la que mueren muchos; mas al terminar una piadosa novena a la Madre de Guadalupe cesó enteramente.

1736-1737- En 1736 se juntan una serie de calamidades para la ciudad: una epidemia de peste de «matlazahuatl» (fiebre tifoidea) en la que perecieron más de 40 mil personas; a principios de septiembre hubo un gran temblor y por el mes de diciembre varios huracanes que los naturales llamaron «vientos de la muerte».
A principios del año 1737 el Arzobispo decide hacer una solemne novena a la Vírgen de Guadalupe pero seguía desarrollándose la epidemia. Entonces, el arzobispo-virrey don Juan Antonio Vizarrón, a petición de los concejales, nombra a Nuestra Señora de Guadalupe patrona principal de la nación, y el 12 de diciembre como fiesta principal.
El decreto fue promulgado el 23 de mayo con gran regocijo del atribulado pueblo, y la peste cesó, ya que en ese día no se reportó ningún difunto.

1751- El navío llamado «El Gavilán», de don. Juan Ruiz de Peralta, naufraga en una espantosa tormenta y sólo quedan a flote los marineros que se agarran tenazmente a unas tablas y a un mástil de la hundida nave. Invocan con gran fe a la Vírgen de Guadalupe y unánimes aseguran que se les apareció en el horizonte y, al poco, se calmó el mar y una suave brisa los acercó a tierra, salvándose todos. En agradecimiento, llevaron el mástil salvador desde las costas de Veracruz hasta el Santuario y lo colocaron frente a la iglesia del Pocito. Fue destruido por un fuerte viento en 1916.

1791- Mientras limpiaban el marco de plata de la Imagen —con una mezcla de ácido nítrico y agua— parte cayó sobre el cuadro en el extremo superior derecho. No obstante la acción corrosiva del ácido, el lienzo no fue destruido. Tan sólo quedó una mancha como «de agua pasada en tela de algodón o cerquillo». Nuestra Madre protegió su Imagen, como en tantas otras ocasiones lo ha hecho, del maltrato de los hombres.

1850- Se dice que, luego de un triduo en su honor, salva a la población de la ciudad de México de la peste del cólera.

1921- El 14 de noviembre un individuo —pobre instrumento de un odio estéril que no llevó a nada— hace estallar una poderosa bomba, escondida entre unas flores, colocadas a los pies del cuadro de la Guadalupana. Milagrosamente no se destruye, ni siquiera se rompe el vidrio protector de la Sagrada Imagen, aunque sí resultan dañados el retablo de mármol, el pesado crucifijo de bronce y muchos objetos de la Basílica y casas vecinas .

1531-HOY- Los favores y milagros que hace son incontables y muchos de ellos no se conocen públicamente. De siempre ha sido Nuestra Señora de Guadalupe visitada por millones de enfermos —de alma y cuerpo— que buscan y encuentran en Nuestra Madre auxilio eficaz, consuelo y, muchas veces, la salud.

No hay que olvidar que la Vírgen dijo a san Juan Diego: «¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿Y no estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué mas has menester?».

Por el P. Pablo Arce Gargollo / Encuentra.com

EL OBSERVADOR 544-3

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ESPECIAL
Síntesis de los temas teológicos que se encuentran en el relato guadalupano
Por las puntualizaciones que aporta, consideramos importante reproducir este fragmento del trabajo que con el título de «La Virgen de Guadalupe ante la teología», presentó el muy ilustre señor canónigo doctor Salvador Castro Pallares en el Segundo Encuentro Nacional Guadalupano efectuado en la ciudad de México los días 2 y 3 de diciembre de 1977.

1. En el año 431 el Concilio de Éfeso enseña que María es la «theotokos», por ser la Madre de Jesús, el Verbo encarnado. En el año 1531 la Virgen en el Tepeyac afirma ser la Madre del «verdadero Dios por quien se vive». En el hecho guadalupano no se presenta María como el centro de una religión; ella es solamente la conquistadora de un nuevo pueblo para Dios. Este es su sentido teocéntrico y tradicional.

2. En todo el relato guadalupano domina el cristocentrismo. María es la madre de Cristo, de quien únicamente los hombres reciben salvación. Sin embargo, como después veremos, esta interpretación aparece clara sólo en el México posterior ya catequizado.

3. Importante es también el sentido eclesiológico. María es el instrumento divino para darle eficacia a aquel movimiento misionero que va a desembocar en el Bautismo y en la incorporación de los nuevos miembros de la Iglesia.

4. Adviértase como una característica muy especial del relato guadalupano la orden dada por María a su «hijito Juan Diego» de acudir al representante oficial de la Iglesia, al obispo Fr. Juan de Zumárraga. Aunque la transmisión del mensaje es encomendada al indígena y la Iglesia oficial más bien va a estar en contra, sin embargo el hecho guadalupano no es anticlerical, ni antieclesial.

5. El sentido mariológico predominante es la maternidad divina y la maternidad espiritual de María, que quiere hacerse presente por su maternal protección y su intercesión ante Dios por sus nuevos y atribulados hijos.

6. Este es el significado del templo que pidió María se le erigiera en el Tepeyac. Desde la primera ermita ahí construida hasta la nueva y grandiosa basílica que últimamente se ha inaugurado, ese lugar santificado por la presencia de María
— ha sido el centro de unidad de todos los mexicanos,
— la fuerza espiritual que los anima para vencer todas las adversidades
— y el impulso vigoroso para vivir su fe cristiana.

Por consiguiente, el verdadero guadalupanismo, integrado plenamente en el misterio de Dios, de Jesucristo y de su Iglesia, tiene que ser mensaje social, lucha liberadora contra toda injusticia, edificación de una nación socialmente sana, sin demagogias, ni lucha de clases, ni odios estériles.

EL OBSERVADOR 544-4

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ESPECIAL
Protectora de los aún no nacidos
El historiador Ixtlilxóchitl estimaba que uno de cada cinco niños en México fue sacrificado antes de la llegada del Evangelio.

Podemos leer en el libro de Levítico como Dios le habla a Moisés sobre el serio crimen de ofrecer niños a Moloch, refiriéndose a la costumbre caanatita de sacrificar niños al dios Moloch. Las pequeñas víctimas eran ejecutadas y luego incineradas. (Lev 20,1-5 y 18,21).

En el continente americano, hace cinco siglos, crueles sacrificios humanos eran realizados en el imperio azteca. Entre 20 y 50 mil se efectuaban cada año. En muchos casos los rituales incluían el canibalismo de los miembros de las víctimas. Gran parte de ellos eran cautivos o esclavos y además de hombres incluían mujeres y niños pequeños.

El historiador mexicano Ixtlilxóchitl estimaba que uno de cada cinco niños en México fué sacrificado. Todos esos asesinatos rituales alcanzaron su cúspide en 1487, cuando para la dedicación de un nuevo templo a Huitzilopochtli en Tenochtitlán, en una ceremonia que duró cuatro días y cuatro noches, bajo el constante tañido de gigantescos tambores de piel de serpiente, el gobernante azteca Tlacaellel presidió el sacrificio de mas de 80 mil hombres. Nuestra Señora de Guadalupe aplastó esta serpiente en 1531.

Fuente: http://www.sancta.org/patr-unb_s.html

EL OBSERVADOR 544-5

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ESPECIAL
¿Guadalupe o Coatlaxopeuh?
«Enemistad pondré entre ti y la Mujer, y entre tu descendencia y su descendencia; ésta te pisará la cabeza mientras tú acechas su talón» (Gn 3, 15)


¿ Por qué habría la Virgen María, apareciéndose a un indio en el recientemente conquistado México y hablándole en su idioma nativo, náhuatl, querer llamarse «de Guadalupe», un nombre español? ¿Quiso Ella en todo caso ser llamada «de Guadalupe» por la estatua de Nuestra Señora de Guadalupe en Extremadura, España, la misma que fue otorgada por el papa Gregorio el Grande al arzobispo de Sevilla, que estuvo perdida por 600 años y fue encontrada por Gil Cordero guiado por una aparición de Nuestra Señora?

En sus apariciones a lo largo de los siglos la Santísima Virgen María se identificó a sí misma con su nombre o uno de sus títulos, y fue generalmente luego conocida con el nombre del lugar donde ocurrieron las apariciones (Fátima, Lourdes, etc.). Se cree que en las del Tepeyac lo que en realidad pasó fue que Nuestra Señora usó el término azteca (náhuatl) coatlaxopeuh, el cual es pronunciado «quatlasupe» y suena extremadamente parecido a la palabra en español «Guadalupe».

Coa significa «serpiente», tla es el artículo «la», mientras xopeuh significa «aplastar.».
Así, Nuestra Señora se debió haberse referido a ella misma como «la que aplasta a la serpiente».

EL OBSERVADOR 544-6

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POESÍA

Virgen de Guadalupe

...Llevando de noble indita
todo el color de la cara
y mucha luz en los ojos
y miel dulce en las palabras
y sonrisas en los labios
y haces de rosas tempranas
en las manos; y en el pecho
fuerte imán que de las almas
se apodera y las cautiva,
las arroba y las encanta;
tal se mostró ante los ojos
de los hijos de la Anáhuac
la Virgen de Guadalupe
que es la Virgen de mi patria...

Este pequeño pero muy emotivo poema se debe a la inspiración del canónigo don Federico Escobedo (1874-1949), poeta y humanista, quien llevó el nombre de «Tamiro Miceneo» en el seno de la Arcadia Romana y perteneció como individuo de número a la Academia Mexicana y como miembro correspondiente a la Real Academia Española y a la Academia Colombiana.

EL OBSERVADOR 544-7

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POESÍA
María dijo que sí

Un día llamaron a la puerta
de una casita de Nazaret.
Una niña inocente
abrió la puerta
y escuchó al mensajero
que le pedía de parte de Dios:
«Se solicita una madre
para el Redentor
de los hombres.
¿Aceptas ser su Madre?».
Todos los hombres
de todos los tiempos,
encadenados, infelices,
destinados al castigo eterno,
rodeaban la casita de Nazaret.
Angustiosamente gritaban
a la Niña inocente y asustada:
«Di que sí, dilo pronto
y estaremos salvados...».
La respuesta fue
tan sencilla como firme:
«He aquí la esclava del Señor,
hágase en mi según su palabra».
Hoy todos los hombres
dicen a aquella Mujer:
«Gracias, Madre,
por haber dicho que sí».
Yo me uno a ese coro de voces
que le dan amorosamente
las gracias.
Santa María de Guadalupe
es el nombre
de aquella maravillosa Niña
que nos fue quitando a cada uno
las cadenas de las manos
y las cadenas del cuello,
la que nos ha abierto
las puertas de la Gloria.
Aquella Niña hermosa y santa
es la «Puerta del Cielo»,
es la «Causa de nuestra alegría»,
la que trae en sus brazos
al Niño Jesús,
al Redentor
de los hombres pecadores.
Digámosle con el corazón
cantando:
«Gracias, Madre,
por haber dicho que sí».

P. Mariano de Blas
(Church forum)

EL OBSERVADOR 544-8

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ESPECIAL
San Juan Diego no es santo porque se le apareció la Virgen, sino porque practicó las virtudes cristianas
Se llamaba Cuauhtlatoatzin, pero al recibir el Bautismo tomó el nombre de Juan Diego.

«Esfuércense en entrar por la puerta angosta» (Lc 13, 24)

Desde su conversión, estuvo dominado por el pensamiento de Dios y de su servicio. Todos los sábados viajaba de Tulpe-tlac a Tlaltelolco, precisamente para asistir a la Misa de Nuestra Señora y también a la doctrina cristiana que en ese día y en los de fiesta se enseñaba a los neófitos. Dos leguas es distancia suficiente para rendir a cualquier persona de mediana salud. La distancia entre ambos pueblos era de dos leguas (unos diez kilómetros), por lo que estamos hablando de unos 20 kilómetros en total, ida y vuelta.
Iba y venía por ese camino cuando conoció la religión de los hispanos, y al regresar a su tierra se detenía solo para reflexionar lo que había aprendido y cómo se lo iba a explicar a sus familiares y vecinos: por eso le decían sus contemporáneos el solitario. Era el evangelizador de su ambiente.

«Hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos» (Mt 19, 12)

A Malintzin, según las costumbres de su tiempo, la tomó por esposa. Al hacerse cristianos, ella se bautizó con el nombre de María Lucía, y recibieron el sacramento del matrimonio en Santa Cruz El Alto, que pertenecía a Cuautitlán de Santa Clara.
Cuando san Juan Diego oyó al fraile Motolinía decir que a Dios le agradaba la virtud de la castidad y en qué consistía, de inmediato fue a su hogar a explicarle a su esposa lo que había aprendido, y ya conscientes de lo que a Dios le agradaba, hicieron voto de continencia.
Sin embargo, cuando tuvieron lugar las apariciones de la Virgen, san Juan Diego hacía dos años que había enviudado.

«Sean humildes y consideren a los demás superiores a ustedes mismos» (Flp 2, 3)

Pero no fue un simple macehual, como siempre se ha considerado por las palabras del mismo Juan Diego en los diálogos con la Virgen; lo que expresó en ese momento fue fruto de su humildad heroica.
Juan Diego, ante todo, tenía un concepto bajísimo de sí mismo. En efecto, cuando él volvía desilusionado y cabizbajo de hablar con el Obispo, y la Santísima Virgen se le apareció por segunda vez, le dijo a la Señora: «Te ruego encarecidamente, Señora y Niña Mía, que a alguno de los principales conocidos, de respeto y estima, le encargues que lleve tu mensaje, para que le crean, porque yo soy un hombrecillo, un cordel, una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y Tú, Niña Mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no ando y donde no paro».. No bastó a Juan Diego un vocablo solo para expresar su bajeza, sino que empleó varios.
Mas la verdadera humildad debe obedecer. La Virgen le responde: «Oye, hijo mío, el más pequeño de mis hijos; ten entendido que valen mucho mis servidores y mensajeros a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad, pero es del todo preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño y con rigor te mando que otra vez vayas mañana a ver al Obispo. Dile en mi nombre y hazle saber por entero mi voluntad: que tiene que poner por obra el templo que le pido. Y otra vez dile que yo en persona, la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envío».
Ante estas palabras, san Juan Diego se sobrepuso a sí mismo,a pesar de que sentía, indudablemente, el cansancio, la debilidad, la humillación y todo lo que dificulta la vida cristiana.

«Jesús le dijo: 'Sígueme'. Él se levantó y lo siguió» (Mt 9, 9)

Tras las apariciones, es históricamente cierto que Juan Diego vivió largos años —alrededor de 17— entregado completamente al servicio de Dios, ocupado siempre en oraciones, trabajos y penitencias. Todo esto —¡nótese bien!— por mandato de la propia Virgen María.
Cuando el tío Juan Bernardino quería ir a vivir a la ermita con Juan Diego, él le respondió: «No, la Señora del Cielo quiere que yo esté aquí y que tú cuides las cosas y tierras que nos dejaron nuestros antepasados». Entonces le cedió a su tío casas, terrenos y propiedades muebles
Así Juan Diego cumplió la voluntad divina abandonando todas las cosas de este mundo y dedicándose completamente al servicio del Señor.

«Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo» (Col, 1, 24)

Apodado el peregrino por sus contemporáneos, san Juan Diego no buscaba otra cosa que a Dios. Es decir, desde su conversión al cristianismo estuvo muerto para este mundo.
Pero no se limitó a ser peregrino y a morir al mundo, sino que quiso, además, crucificarse en vida para morir en la Cruz con Él. Juan Diego mortificaba su cuerpo de mil maneras por medio del trabajo y de los quehaceres humildes que asumía en la ermita. En efecto, la barría, la aseaba, estaba pendiente de lo que se le ofrecía al capellán. El tiempo que le quedaba lo ocupaba en la oración y maceraba su carne de muchas maneras. Vivió ejercitándose en mortificaciones, ayunos y disciplinas.

«Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia» (Flp 1, 21)

San Juan Diego murió en el año de 1548; tenía paroximadamente 64 años de edad.
Según escribe el Padre De Florencia, «es tradición que, barriendo una vez la iglesia, le habló la Señora desde su altar y le avisó la cercanía de su tránsito... y todo es creíble por las finezas y demostraciones de la Señora con él y la devoción y puntualidad de Juan Diego de asistir a su imagen y servir en su Santa Casa».
Este autor también asevera: «Tiénese por cosa constante entre los naturales habérseles aparecido y asistido a la cabecera la Santísima Virgen a los dos, tío y sobrino, a la hora de la muerte, consolándolos para pasar, con ánimo aliento, aquel decretorio trance».

«Dichosos los que mueren en el Señor... pues sus obras los acompañan» (Ap 14, 13)

Antes y después de las apariciones guadalupanas ya era tenido Juan Diego en un concepto de alta santidad. Así lo dicen los ocho testigos indígenas de las Informaciones Canónicas de 1666: que por su mediación alcanzaban buenos temporales para sus milpas; que los papás lo ponían de modelo a sus hijos y los bendecían con esta frase: «Que Dios os haga como a Juan Diego y su tío Juan Bernardino»; que le llamaban el ermitaño porque gustaba de andar solo dedicado a la contemplación de las cosas divinas; que era muy amigo de ir a la doctrina y frecuentar los divinos oficios y que nunca faltaba a ellos; que era amigo de que todos viviesen bien y gustaba de apartarlos de vicios e idolatrías; que hacía grandes penitencias; que en aquel tiempo le llamaban Varón Santísimo.
No solamente en su vida mortal, sino también después de la muerte, los indios —afirma la tradición— ponían a san Juan Diego como intermediario para alcanzar de Dios y de la Virgen muchos favores.

Con información de www.Interlupe.com.mx

EL OBSERVADOR 544-9

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ESPECIAL
Hacia el humanismo guadalupano
Por el P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

Madre que conoces nuestros andares y pesares, enséñanos a amar (P. Joaquín Gallo, S.I.).

El ser humano está en crisis. Su crisis es crisis de sentido. Ha perdido su capacidad de vivir, acorde a su propio misterio. El hombre, más que problema, es misterio, según Gabriel Marcel.

Con Viktor Emile Frankl, aceptamos que no nos enfrentamos con una frustración sexual de tiempos de Freud, ni se está más ante el complejo de inferioridad de tiempos de Adler, sino ante la neurosis del vacío existencial: quién soy, para qué estoy aquí, hacia dónde voy. Se padece una neurosis de carácter noógeno, es decir de conciencia, de colisión de valores. Mejor, de catástrofe antropológica, como la denominó recientemente Mons. Tompko en España y nos lo ofreció a reflexión Mons. Mario de Gasperín en su artículo de Comunión Querétaro (No. 406).

Los cambios en la humanidad han sido dramáticos y trágicos como lo experimentaron en su momento los mexicas aquel agosto de 1531. Un pueblo que, con el viejo sol-época, inicia su agonía. Dejadnos morir, ya no queremos vivir, será el lamento suscrito en el Nican Umpehua , y el clamor dramático de los vencidos.

Nace la gran esperanza

Diez años después de tomada México-Tenochtitlán, cuando el escudo y la flecha fueron depuestos, es decir, cuando dejó de existir la cosmovisión, la misión y, por tanto, el pueblo mexica, la gran señal de Dios hace su aparición en la colina del Tepeyac: la Santísima Virgen, Santa María de Guadalupe, como sol de una nueva era-amanecer huel oc yahyultizinco. Nace la gran esperanza para los mexicas y los hijos de estas tierras en orden a involucrarse en el proyecto de Dios.

Edificar un templo o la casita sagrada no lo entienden los mexicas simple y llanamente como una ermitilla de adobe, ni lo debemos de reducir hoy al santuario estupendo como lo es la actual basílica de Guadalupe. Así empezó ciertamente la nación mexica 208 años antes de 1531, como aparece dibujada en el Códice Mendocino. La «X» inscrita en el rectángulo nos habla del caminar del sol en 365 días; de aquí su misión es concebida en proporciones de universalidad que implican un modo de ser, un modo de estar en el mundo, un estilo de actuar; los escudos y las flechas en la parte inferior al águila-sol triunfante, en el vértice de la misma X, nos recuerdan que se aliaron con el sol como sus guerreros, para que siguiera naciendo triunfador.

En la inculturación del Evangelio encarnado en las categorías mexicas realizada por Santa María de Guadalupe, la Madre del Dios por quien se vive, se nos señala el camino a seguir. Las flores y los cantos que vienen del cielo y aparecen en la tierra árida y triste de un pueblo que había perdido su identidad, su razón de ser y su misión, son la prueba inculturada. Las manos de la Virgen, en postura orante para la mentalidad cristiana occidental, constituyen el corazón del mensaje: son signo de la casa que pide; manos que, aunadas a las manos del ángel, nos ofrecen un difrasismo-icónico: postura de calli-casa y postura de mécatl-mecate-medida, es decir, Calmécac. Desde el acontecimiento del Tepeyac, con Santa María de Guadalupe, con sus palabras tiernas y delicadas, con su imagen, hemos de aprender nuestro nuevo calendario- quehacer de los días, de los meses y de los años. El ángel o el cargador del tiempo, que señala el fin de un tiempo y el principio de otro tiempo, para edificar la casa o la nación-universo, para ser todos por Santa María y por nuestra cooperación Cencalli, enteramente de casa, no es sólo la imagen de san Juan Diego, sino la imagen protológica de aquellos que con Santa María se convierten en sol de una nueva época: son los teomamas o portadores de la imagen, son los sabios o tlalmatinime, dueños de la tinta roja y de la tinta negra, poseedores de la sabiduría del cielo y de la tierra, como teas encendidas para encender el saber a lo divino.

Ya no se verá al sol como la clave y la norma de comportamiento mexica. Ahora es el acontecimiento del Tepeyac, Santa Mará de Guadalupe, su imagen sacrosanta, sus palabras, sus gestos, su sol, su paideia o su estilo educativo, los que pueden configurar la identidad del hombre nuevo. El estilo y el proyecto de Guadalupe comportan un modo de ser y una misión.

Ante la antropología del desastre, Santa María de Guadalupe es la cuna de un humanismo, hoy ignorado o que está aún por realizarse. Tener rostro y corazón desde Santa María de Guadalupe significa ser personas y ser educados por Ella en orden al compromiso.

Las ciencias, la tecnología, la economía, las diversiones, la política, la familia, etc., tienen su vértice benefactor en la persona. Si la razón hoy está enferma y abundan los nihilismos callejeros, el sol que se eleva —Cuauhtlehuáni- Guadalupe— nos ilumina para poner en el centro a la persona.

Proyecto de nación: sólo Guadalupe

El Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Mexicano en meses pasados señalaba que no existe proyecto de nación, y así es. Hoy los políticos nos hablan de proyectos alternativos de nación. Proyectos que nacieron muertos por reduccionistas y excluyentes.

Retomar el acontecimiento guadalupano hoy puede ponernos en el rumbo del plan de Dios sobre nuestro pueblo. Desde la cosmovisión guadalupana se pueden crear nuevas formas de presencia en la política, en el arte, en la literatura y en otras concreciones expresivas de modo que se pueda ofrecer el fundamento último de sentido existencial. Si cerramos el corazón a Guadalupe nos espera el infierno, que ya está a la puerta, del egoísmo, del crimen y de los lucradores de la miseria humana.

EL OBSERVADOR 544-10

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ESPECIAL
Guadalupe, Guadalupe...
Por Antonio Maza Pereda

Mexicanos, volad presurosos / del pendón de la Virgen en pos,
y en la lucha saldréis victoriosos / defendiendo a la patria y a Dios


En estos días celebraremos con gran júbilo, como todos los años, la fiesta de nuestra patrona, la Morenita, la Madre de todos los mexicanos, la Virgen del Tepeyac. Volveremos a oír y a cantar tantas viejas y amadas canciones… «En el cielo, una hermosa mañana, la Guadalupana bajó al Tepeyac…». Y, como de costumbre, incontables muchedumbres visitarán (visitaremos) a nuestra Madre en el templo que ella pidió que se le construyera «…en este lugar». Siempre nos quedará la duda de qué quería decir María con «este lugar». ¿Quiso decir el cerro del Tepeyac? ¿Quiso, acaso, decir en el corazón de los mexicanos? Y nosotros, sus hijos, para no equivocarnos, le construimos un templo en la Villa de Guadalupe y otro en cada uno de nuestros corazones. Y, desde ahí, reina en nuestra tierra y en nuestras vidas, como «…la Madre del verdadero Dios, por quien se vive», como se presentó ante San Juan Diego, como la Reina y Señora de estas tierras, como emperatriz de América.

No nos dejes, Madrecita. Vuélvenos a convocar con el hermoso himno guadalupano a «Salir victoriosos, defendiendo a la patria y a Dios». Hoy la lucha es contra el pecado, contra la descomposición social, y a veces nos parece que esta lucha la estamos perdiendo. Parece que la patria se nos desmorona entre los dedos y que estamos olvidando a Dios. A veces creemos que ya no se nos ataca, porque no hace falta hacerlo. Que hemos llegado a un punto donde los mexicanos acabaremos, sin que nadie nos empuje, con nuestra fe y nuestra patria.

Haznos ver, Madre Nuestra, que hay una trampa diabólica en la desesperanza, en el derrotismo; que ahí está la mayor amenaza a nuestro ser de católicos. Si nos acostumbramos a pensar que todo es inútil, que no vale la pena luchar, que ya todo está perdido… entonces verdaderamente perderemos esta lucha por la patria y por Dios.

Enséñanos, patrona nuestra, que esta lucha se está dando dentro de nuestros corazones. Enséñanos que esta lucha solo se gana con santos y que, desgraciadamente, no los podemos importar de otros países, ni siquiera en estos tiempos de globalización. Que ahora, que hemos vuelto a recibir el regalo de la canonización de más beatos y santos mexicanos, no tengamos que preguntarnos: ¿Dónde están los santos de nuestra generación? Ayúdanos, Morenita, a darnos cuenta de que toda esta crisis de valores y de fe solo se resolverá si cada uno de nosotros, en su lugar y en la medida de sus capacidades, es santo. Otras generaciones de mexicanos compraron con su sangre (con el plebiscito de los mártires, diría el beato Anacleto González Torres) un futuro para el catolicismo en México. Nosotros tenemos que adquirir ese futuro para nuestros descendientes, luchando en nuestros corazones contra el mal, contra nuestra injusticia. Y una vez que hayamos salido victoriosos, transformaremos esta situación, que no nos gusta, por amor a nuestros hermanos mexicanos, a los que amamos.

EL OBSERVADOR 544-11

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ESPECIAL
¿Cómo ser dignos guadalupanos?
Sergio Ibarra

«Ve, hijo. Cumple con el mandamiento de tu Maestro, y por Él te ruego que en una de las ciudades de España, en donde mayor número de gente a su santa fe convirtieres, edifiques un templo en mi memoria conforme yo te diere la orden» (palabras de la Virgen María al apóstol Santiago el Mayor, traducidas del códice de los Moralia in Iob de san Gregorio Magno).

La visión del sitio donde se hace realidad la orden a la que se refieren estas palabras fue justamente junto al río Ebro, en Zaragoza, España, una ciudad milenaria fundada antes del nacimiento de Cristo. La Virgen María ordenó de manera muy especial la construcción de este templo. El mismo apóstol Santiago, con sus propias manos y con la ayuda de los fieles que habitaban el lugar, edificó allí el templo encomendado.

Han pasado alrededor de 1900-1950 años. Aún existe aquel pilar. Sin embargo, con el tiempo resultó insuficiente, de manera que el pueblo de Aragón se dio a la tarea de construir una nueva casa, que diese cabida a los fieles. Así fue construida una de las basílicas más bellas y grandes del mundo, la basílica de Nuestra Señora del Pilar, concluida en el siglo XVII, rodeada de edificios con una vida milenaria, formando y siendo la parte central de una de las plazas mas hermosas que existen en el mundo. De ahí el nombre con el que se ha bautizado a miles de mujeres, María del Pilar, la Pilarica. Una historia que nos deja ver que la Virgen María no se quedó mirando nada más lo que pasaba con la tarea de la evangelización. Personalmente hizo suya la encomienda que Jesús hizo a los apóstoles.

Conmemorar la presencia de la Madre de Nuestro Señor es una fiesta que los mexicanos hemos hecho nuestra, hemos adoptado a la Morena de las morenas. No se trata de una fiesta llena de «mochila» o ignorancia, se trata de una comunión con ella, con María, con la Madre de Jesús. María fue un ser humano entregado a Dios. Asumió el rechazo y la persecución. La descalificación. El juicio de la sociedad de su tiempo. No le puso pretextos, no busco excusas, no renunció a la voluntad de Dios y nos dejó un enorme legado. Una Madre ejemplar que acompañó a su hijo hasta el final y se hizo portadora de su mensaje. Al igual que el pueblo español, María nos distingue con su presencia. No es de casualidad, es causalidad. ¿Cuál será la encomienda que la Virgen nos dejó con aquella aparición y la del Tepeyac? ¿Cuál será la mejor forma de corresponder y cumplir y ser dignos guadalupanos?

EL OBSERVADOR 544-12

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PALABRAS
Un Magnificat inédito que Juan Pablo II escribió a los 19 años

Un poema inédito escrito por Juan Pablo II cuando tenía 19 años fue presentado en España el 20 de noviembre, en un homenaje al fallecido Papa que se celebró en el VII Congreso Católicos y Vida Pública, organizado por la Fundación San Pablo-CEU.

La presentación del Magnificat corrió a cargo del traductor de los versos y autobiografía de Karol Wojtyla, Bogdan Piotrowski, que calificó el desconocido texto de «pequeño gran libro» y destacó de la obra su «magnitud, profundidad, madurez y la fascinante visión que era capaz de proyectar este adolescente».

Adora, alma mía, la gloria de tu Señor.
el Padre de la gran Poesía

tan lleno de bondad.
Él fortificó mi juventud con ritmo admirado;
mi canto, en yunque de roble, ha forjado.
Resuena, alma mía, con la gloria de tu Señor,
Hacedor del Saber Angelical, benévolo Hacedor.

Apuro hasta los bordes la copa de vino,
con gratitud,en Tu fiesta celestial
cual un siervo orante,
porque embelesaste extrañamente mi juventud,
porque de un tronco de tilo tallaste una forma rozagante.
¡Tú eres el Maravilloso, el Escultor de santos tallados!
Por mi camino hay muchos abedules y robles numerosos.
Soy como un surco soleado, un campo sembrado,
como una arista joven y brusca de los Tatras rocosos.

Así comienza el Magnificat, himno de adoración a Dios, que el también director del departamento de Lengua y Literatura del Instituto de Humanidades de la Universidad de La Sabana de Bogotá (Colombia) presentó en el homenaje a Juan Pablo II.
La obra, según cuenta Piotrowski, que la traduce y prologa, «es uno de los primeros poemas conocidos de Karol Wojtyla. Fue escrito durante los primeros meses del funesto año 1939, antes de estallar la II Guerra Mundial».

Con información de www.forumlibertas.com

EL OBSERVADOR 544-13

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COLUMNA ABIERTA
Familias valiosas
Por Walter Turnbull
Comentario sobre un folleto-manual de ideas para fortalecer valores entre padres e hijos.

Integrar una familia y tener hijos conlleva una enorme responsabilidad de educación y convivencia que repercute en la sociedad. Pero, ¿quién nos enseña a ser padres?
Con texto de Alicia Molina (no dice más sobre ella, pero todo indica que sabe bastante del tema) y editado por colaboración de 12 instituciones nacionales e internacionales, gubernamentales y civiles, culturales, filantrópicas, políticas, empresariales y sociales, tenemos el folleto Familias valiosas. Ideas para fortalecer valores entre padres e hijos.

Este folleto, sobrio, bien impreso, corto en extensión y abundante en contenido, parece ser parte de un empeño por elevar la civilidad y el nivel de convivencia en la sociedad, y busca —y lo logra— «aportar algunos elementos al diálogo de los padres sobre la educación que desean para sus hijos».

Con conceptos claros y sencillos, este manual de convivencia familiar nos pondera valores que se están perdiendo y que mucha falta nos hacen en nuestra sociedad actual. Habla de la educación en familia, de la importancia de los valores, de la libertad, de la coherencia de vida, de la comunicación, de la disciplina y de la flexibilidad, más otros que se añaden sobre la marcha. De la educación en familia nos dice que en ella principalmente aprendemos a practicar las virtudes sociales; y, lo más importante, definimos nuestro ideal de persona.

Nuestros valores son lo que moldea nuestras acciones, actitudes y sentimientos. La libertad, para serlo realmente, debe tener límites. A los hijos se les educa con la palabra, pero más con el ejemplo; para educar hay que ser coherentes con los valores que predicamos.

En una buena comunicación debe haber amor y aceptación para construir la autoestima. Se debe reconocer con sinceridad las actitudes que se quieren fomentar y evitar mensajes que desalienten. La comunicación es fundamental para manejar y evitar conflictos.

El capítulo sobre la disciplina es especialmente interesante. Ahora que el hombre añora la libertad absoluta, este manual nos habla de establecer normas, que indican a los hijos lo que se espera de ellos y los ayuda a formar un criterio, los enseña a autorregular su conducta y formar hábitos útiles. Hay que predicar con el ejemplo (como siempre) y hay que ser firme en su aplicación. Incluye seis recomendaciones de expertos para aplicar sanciones en caso de que se pasen los límites y una ilustrativa lectura intitulada «No es no».

En el capítulo sobre la flexibilidad nos recuerda que en las familias y en las gentes hay cambios, sobre todo en la etapa de la adolescencia, y que hay que hacer ajustes sin renunciar a los valores. Aunque los jóvenes buscan su independencia, siguen necesitando límites, estímulo y reconocimiento, y siguen necesitando padres.

En cada capítulo, el manual ofrece ejercicios prácticos para asimilar los principios mostrados. Por ejemplo: definir de común acuerdo los valores familiares y pensar en una persona conocida que practique alguno de ellos, y ver de qué manera específica lo hace; practicar a escuchar a otra persona cinco minutos sin interrumpir; definir áreas de conflicto familiar, reflexionar sobre las causas y determinar conductas concretas que hay que alentar o modificar; analizar en familia una película...

Obviamente la lectura de un manual no nos va a convertir en buenos padres de la noche a la mañana; hace falta tiempo y esfuerzo, y sería bueno contar también con un grupo de apoyo, talleres, cursos más amplios, asesoría personal, etc... Por otra parte yo, como católico, pienso que no se debe dejar al gusto o a la suerte la definición de valores, sino que sería muy bueno otro manual que nos presentara los valores que han probado su efectividad a lo largo de la historia para construir a las sociedades. De cualquier modo, este manual nos parece un material bueno y oportuno, y celebramos y deseamos éxito a quien haya tenido la iniciativa en este proyecto.

Familias valiosas puede pedirlo gratuitamente a la Secretaría de la Función Publica con la licenciada Jaquelin Ruzansky al Tel. (55) 1454-3000 Ext. 1116 o al correo electrónico jruzansky@funcionpublica.gob.mx
También se puede descargar en internet a través de la página web www.funcionpublica.gob.mx/publicaciones/familias/

EL OBSERVADOR 544-14

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PINCELADAS
El amor y los detalles
Por el P. Justo López Melús

El amor se manifiesta sobre todo en los pequeños detalles. Y es que cuando hay amor hay detalles, y cuando no hay detalles es que no hay amor. Un corazón sensible no admite extravagancias ni faltas de respeto. Un caballero, por ejemplo, no permite que se burlen de su madre, y no tiene reparos humanos en mostrarle cariño.

Cuenta el cardenal Suenens que en una ocasión acompañaba al rey Balduino por una carretera secundaria. Conducía el rey, él era el único pasajero. De repente dio un brusco frenazo. Al pasar cerca de un pueblo vio una imagen de la Virgen sobre un pedestal, pero alguien había tenido el mal gusto de profanarla poniéndole en la cabeza un casco militar. El rey se bajó del coche, quitó el casco y lo tiró a una zanja. Luego cogió el volante y arrancó sin comentarios, como la cosa más natural del mundo.

EL OBSERVADOR 544-15

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FIN

 
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