El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
15 de enero de 2006 No.549

SUMARIO

bulletPORTADA - El compromiso por la verdad, alma de la justicia y factor de la paz
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Una síntesis del amor y de la fe
bullet¿CÓOOMO DIJO?
bulletMIRADAS DE EL OBSERVADOR
bulletPINCELADAS - Las aguas del Jordán
bulletREPORTAJE - Migraciones: signo de los tiempos
bulletENTREVISTA - Participar y dar testimonio: Charla con Alicia Molina
bulletPastoral del duelo, una pastoral novedosa

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PORTADA
El estado del planeta según Benedicto XVI
El compromiso por la verdad, alma de la justicia y factor de la paz
Resumen en diez puntos del discurso que dirigió el papa Benedicto XVI el pasado lunes 9 a los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.

1. La verdadera alegría se debilita y se apaga cuando se la aísla. La alegría de las grandes fiestas de la Navidad y la Epifanía se ha de comunicar, la alegría de la fraternidad universal traída por Cristo, una alegría rica de verdaderos valores y abierta a una generosa participación.

2. Numerosos y graves problemas actuales son objeto de la solicitud de las naciones aquí representadas y también de la Santa Sede y de la Iglesia católica en todo el mundo. Nos unimos en una misión común, la de la paz.

3. Se debe rechazar la ley del más fuerte, basada en la mentira, y que tantas veces ha provocado tragedias en la historia del hombre. Sistemas políticos del pasado, pero no sólo del pasado, son un amargo ejemplo de lo anterior. Por su propio resplandor, la verdad no puede dejar de difundirse, pese al terrorismo organizado.

4. El hombre puede conocer la verdad. Y la quiere conocer. Pero ella puede alcanzarse sólo en la libertad. Lo que está en juego es el hombre mismo en cuanto tal, y las verdades del espíritu: las que conciernen al bien y al mal.

5. Ningún gobierno puede desentenderse de la tarea de garantizar a los propios ciudadanos unas condiciones adecuadas de libertad. Se debe otorgar un valor prioritario al espacio reservado a los derechos a la libertad dentro de cada Estado, sea en la vida pública como en la privada, en las relaciones económicas como en las políticas, en las relaciones culturales como en las religiosas.

6. Es bien conocido cómo la acción de la diplomacia de la Santa Sede está orientada a promover, entre los diversos ámbitos en que debe desarrollarse la libertad, el aspecto de la libertad de religión. Por desgracia, en algunos Estados esta libertad, lejos de ser garantizada, es más bien violada gravemente. Un lugar preeminente en los derechos humanos fundamentales tiene que ser reconocido a la libertad de religión, porque concierne a la relación humana más importante, la relación con Dios.

7. Las diferentes convicciones sobre la verdad dan lugar a tensiones, a incomprensiones, a violentas contraposiciones, a conflictos sociales y políticos, e incluso a guerras de religión. Esto ha ocurrido siempre por una serie de causas concomitantes, que poco o nada tenían que ver con la verdad y la religión, y siempre porque se quiere sacar provecho de medios realmente irreconciliables con el puro compromiso por la verdad.

8. Es tarea nuestra hacer comprender a todas las partes en conflicto que, si aman la verdad, no pueden dejar de reconocer los errores —y no sólo los de los otros—, ni pueden rechazar el abrirse al perdón, pedido y concedido. El compromiso por la verdad los convoca a la paz a través del perdón. La sangre derramada no grita venganza, pero sí invoca respeto por la vida y la paz.

9. ¡Porque el hombre es capaz de verdad! Lo es tanto sobre los grandes problemas del ser, como sobre los grandes problemas del obrar: en la esfera individual y en las relaciones sociales. No se trata sólo del silencio de las armas. No se puede hablar de paz allá donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad. Vemos las imágenes sobrecogedoras de los campos de prófugos o de refugiados. Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas?

10. En la Navidad de Cristo la Iglesia ve cumplida la profecía del salmista: «Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan; la Verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la Justicia». Agustín exclama: «La verdad brota de la tierra: Cristo, que ha dicho Yo soy la Verdad, ha nacido de la Virgen».

¡En la verdad, la paz!

EL OBSERVADOR 549-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Una síntesis del amor y de la fe
Por Jaime Septién


Entre muchas de las cosas que se nos pueden echar en cara a los cristianos de hoy, está el débil orgullo que tenemos por nuestra fe, la Iglesia o el mismo Jesucristo. Pocos, muy pocos hay que están dispuestos a enfrentarse contra quienes insultan o degradan los fundamentos del Credo. Nos ha invadido un respeto sospechoso al gañán y una indiferencia culpable sobre la maravillosa herencia del Amor que recibimos sin merecerla, por supuesto.

Monseñor Baunard dejó escrita esta síntesis de aquello que nos constituye, en lo que creemos y lo que nos debería hacernos sentir orgullosos. La copio textual:

«Dios ama: amar es darse; y Dios nos ha dado todo a nosotros y se ha dado Él mismo, comenzando desde nuestra existencia y la de todos los seres: de aquí la Creación.
«Dios ama: amar es hablar, es hacerse comprender por los amados; y de aquí la Revelación, la Sagrada Escritura y su Ley.
«Dios ama: amar es hacerse semejante al amado y de aquí la Encarnación.
«Dios ama: amar es salvar a cualquier precio al amado, es morir por el amado: de aquí la Redención.
«Amar es desear permanecer continuamente con el amado: de aquí la Eucaristía, la Presencia Real, el Altar.
«Amar es entregarse a cada uno de los amados y de aquí la Comunión, la Cena.
«Por fin, amar es desear hacer felices consigo y para siempre a todos los amados, y de aquí la eterna felicidad y el Paraíso.
«Vasta síntesis del amor, que es asimismo la de nuestra fe»

Si tras leer estas líneas —tan sabias y tan santas— uno queda indeciso sobre la esencia de la fe cristiana y la arquitectura del amor de Dios, a través de Jesucristo, como don gratuito al hombre y al mundo; si el «ethos», la manera de ser del cristiano, no nos inflama el corazón y salimos a combatir la mentira, el desdén, el arrinconamiento como ciudadanos de segunda clase a que un puñado de leguleyos nos ha sometido (y a quienes nos hemos rendido incondicionalmente), será porque carecemos de corazón para ser inflamado.

EL OBSERVADOR 549-2

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¿CÓOOMO DIJO?
La existencia de Jesús es cosa de jueces

La tontería humana parecería no tener límites
. Ahora resulta que si Jesús existió o no será cosa de un juez. Porque un ateo de Italia ha emplazado a un sacerdote a demostrar que Jesús existió, de lo contrario, el veredicto será a su favor y la Iglesia tendrá que pagar las consecuencias. Lo que faltaba. En fin, transcribimos a continuación la nota sobre el juicio –que será el de los dos milenios, seguramente—que publicó el pasado fin de semana el periódico español El País, famoso por su postura radicalmente atea:
Parece que por fin alguien va a poner los puntos sobre las íes en temas de fe. Un ateo septuagenario italiano, harto de discutir sobre las bases de la Iglesia católica, ha decidido llevar el caso a los tribunales en los siguientes términos: la Iglesia, por decir que Jesús de Nazaret existió, está cometiendo dos delitos contra la ley italiana. Primero, abuso de la credulidad popular, y después, suplantación de personalidad (sostituzione, en italiano). El caso enfrenta a dos viejos conocidos que eran del mismo pueblo e incluso de jóvenes asistieron al mismo seminario. Enrico Righi se hizo sacerdote y es el acusado, como miembro de la jerarquía católica. El demandante, Luigi Cascioli, se hizo ateo. Tras años de batallas legales, ha conseguido que su caso sea escuchado a finales de este mes. «Empecé con esta demanda porque quiero dar el golpe definitivo a la Iglesia, promotora del oscurantismo y la regresión», dijo Cascioli. «La Iglesia construyó a Jesús basándose en la personalidad de Juan de Gamala [un judío del siglo I que luchó contra los romanos]», afirma. «En mi libro, La fábula de Cristo, presento pruebas de que Jesús no existió como figura histórica. Él [Righi] debe ahora refutarlo aportando pruebas de la existencia de Jesús», dice Cascioli. Un juzgado de Viterbo escuchará el próximo día 27 la versión de Righi, que aún no ha sido acusado de nada, antes de decidir si prospera la iniciativa legal. «Me ha demandado por engañar a la gente porque soy sacerdote y escribo en el periódico parroquial», dice Righi, quien no tiene problema en responder en serio a la acusación y decir que hay muchas pruebas de la existencia de Jesús, incluyendo textos históricos. «El juez debe decidir si Jesús existió o no», añade. El propio Cascioli admite que no lo tiene fácil en el juicio. «Haría falta un milagro para que ganara», bromea.

Hasta aquí la nota. Y es que, tras el éxito de El Código Da Vinci, ahora cualquier pelagatos se siente con el derecho de meter a juicio a la Iglesia, a Jesucristo y a Dios Padre, si se deja. Esta atmósfera histérica no la había vivido la humanidad jamás. Son los signos de los tiempos. De unos tiempos en los que pareciera ser que la perversidad es la moral con la que es necesario actuar para estar dentro del mundo.

EL OBSERVADOR 549-3

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MIRADAS DE EL OBSERVADOR

Termina la tregua política: ¿qué sigue?

Por estos días se estará decretando el fin de la tregua navideña impuesta por el IFE a los «actores» políticos, no tanto para meditar sobre la Natividad del Señor sino para bajar el tono beligerante que estaban tomando las campañas y el ruido interno que amenazaba con desarticular la estrategia de poder de los partidos políticos.

Fue a favor de la distensión interna de los partidos, no de la tranquilidad social o la paz ciudadana. Lo que ha producido esta tregua (¿se trata de una guerra?) es el rearme de los partidos, su capacidad de respuesta más a las exigencias de cuotas de poder que hacia la respuesta a demandas ciudadanas.
Y es esto a lo que debemos atender todos: ¿por qué los partidos políticos en este país se han erigido como instancias intocables, millonarias, únicas y poderosas? La vida política, fuera de los partidos, no existe o está condenada al silencio. No hay posibilidad de candidatos independientes, de candidatos ciudadanos, de candidatos que no cumplan con el ritual de paso y los méritos —a menudo indignantes— que exigen los líderes a sus militantes.

Al privilegiar de esa manera a los partidos, el IFE, el gobierno y todos nosotros les estamos dando un poderío que no tienen en ninguna otra parte del mundo. Son los dueños de la política y los 105 millones de mexicanos restantes, los que no aspiramos a un «puesto de elección popular», mirones, convidados de piedra, arrimados o, de plano, ignorados ante procesos sociales que nos pertenecen.

Lo que sigue es que nos pongamos las pilas. Hacer política es trabajar por el bien de la comunidad; es no transar, es jugar limpio en nuestras actividades cotidianas. Con ello pondríamos un tapón a tanta fuga de capitales que se van a la cañería, a las fincas de los jefes de partidos o a la publicidad de la televisión.

Los orígenes de la violencia mexicana

Todo el mundo se apresura a justificar al «México bronco» diciendo que se trata de una manifestación de la pobreza. Puede ser la pobreza una de las causas, pero no la única. Hay otras, de orden interno, que pueden ser combatidas con educación.

Primero que nada, la pobreza espiritual. Es imposible que un país que lee, en promedio, medio libro por cabeza al año pueda enfrentar los retos que proponen al mundo la globalización y el crecimiento internacional. Estamos retrasados en lo que se refiere al conocimiento, justamente en el seno de la sociedad del conocimiento.

Segundo y, quizá más importante, la pobreza moral. Dos de cada tres actos de corrupción que se producen en el país inician con el ofrecimiento ciudadano de «arreglarse» con algún funcionario público o con algún «servidor». Esto quiere decir que la corrupción se ha convertido en una «práctica cultural» que lastima la dignidad de las personas y promueve una seudo cultura de impunidades compartidas.

Tercero, la violencia interna que proviene de no ser fieles a nuestra propia verdad. Los católicos pasamos como cualquiera otro aprovechado cuando se trata de hacer un negocito o cuando se da la oportunidad de agenciarse una «lana extra» por vías indebidas. Nada hay de la fe o del cumplimiento cabal de los Mandamientos. «¿Qué tanto es tantito?», recitamos como merolicos.

La infidelidad suele olvidarse cuando se enumeran las causas del «México bronco». Pero está ahí, actuando cotidianamente. Porque el que es infiel es pobre moral y espiritualmente. El origen de la fortaleza y, por tanto, del desarrollo, está –como diría López Velarde—en una Patria que es fiel a sí misma; en unos ciudadanos que se empeñan en cumplir la palabra dada, que «hacen lo que se debe y están en lo que hacen» (San José María Escrivá).

EL OBSERVADOR 549-4

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PINCELADAS
Las aguas del Jordán
Por el P. Justo López Melús


Un peregrino dijo al Jordán: «Río, si purifcas a los hombres, tus aguas deben estar llenas de pecados». «No, yo las vierto al Mar Muerto, y las purifico sin contaminarme». Fue al mar y le dijo: «Mar, si recibes las aguas del río, estarás lleno de pecados y por eso no hay vida en tus aguas». «No, yo evaporo esas aguas hacia las nubes, y la evaporación me purifica, y así mis aguas son curativas».

Entonces preguntó a las nubes: «Nubes, si recibís las aguas del mar, debéis de estar llenas de pecados». «No, pues el aire nos purifica, y devolvemos el agua a los hombres en forma de lluvia fecunda». Así sucede con muchas almas generosas, que devuelven bien por mal, «almas víctimas», que «cargan» misteriosamente como el Divino Maestro con los pecados de sus hermanos y se convierten en bendición.

EL OBSERVADOR 549-5

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DOCUMENTOS
Migraciones: signo de los tiempos
Mensaje de Benedicto XVI para el 15 de enero de 2006, 92a. Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado

Queridos hermanos y hermanas:

Hace cuarenta años se concluía el Concilio Ecuménico Vaticano II, cuya rica enseñanza abarca numerosos campos de la vida eclesial. En particular, la constitución pastoral «Gaudium et spes» realizó un atento análisis de la compleja realidad del mundo contemporáneo, buscando los modos más adecuados para llevar a los hombres de hoy el mensaje evangélico. Con ese fin, acogiendo la invitación del beato Juan XXIII, los padres conciliares se esforzaron por escrutar los signos de los tiempos, interpretándolos a la luz del Evangelio, para brindar a las nuevas generaciones la posibilidad de responder adecuadamente a los interrogantes perennes sobre el sentido de la vida presente y futura, y sobre el planteamiento correcto de las relaciones sociales (Cf. Gaudium et spes, n. 4).

Migrantes por diversos motivos

Entre los signos de los tiempos reconocibles hoy se pueden incluir seguramente las migraciones, un fenómeno que a lo largo del siglo recién concluido asumió una configuración, por decirlo así, estructural, transformándose en una característica importante del mercado del trabajo a nivel mundial, como consecuencia, entre otras cosas, del fuerte impulso ejercido por la globalización.
Naturalmente, en este «signo de los tiempos» confluyen diversos componentes. En efecto, comprende las migraciones internas y las internacionales, las forzadas y las voluntarias, las legales y las irregulares, también sujetas a la plaga del tráfico de seres humanos. Y no se puede olvidar la categoría de los estudiantes extranjeros, cuyo número aumenta cada año en el mundo.

Las mujeres

Con respecto a los que emigran por motivos económicos, cabe destacar el reciente hecho de la «feminización» del fenómeno, es decir, la creciente presencia en él de la mujer. En efecto, en el pasado, quienes emigraban eran sobre todo los hombres, aunque no faltaban nunca las mujeres; sin embargo, entonces ellas emigraban sobre todo para acompañar a sus respectivos maridos o padres, o para reunirse con ellos donde se encontraban ya. Hoy, aun siendo todavía numerosas esas situaciones, la emigración femenina tiende a ser cada vez más autónoma: la mujer cruza por sí misma los confines de su patria en busca de un empleo en el país de destino. Más aún, en ocasiones, la mujer emigrante se ha convertido en la principal fuente de ingresos para su familia. De hecho, la presencia femenina se da sobre todo en los sectores que ofrecen salarios bajos. Por eso, si los trabajadores emigrantes son particularmente vulnerables, entre ellos las mujeres lo son más aún. Los ámbitos de empleo más frecuentes para las mujeres son, además de los quehaceres domésticos, la asistencia a los ancianos, la atención a las personas enfermas y los servicios relacionados con el hospedaje en hoteles. En estos campos los cristianos están llamados a manifestar su compromiso en favor del trato justo a la mujer emigrante, del respeto a su feminidad y del reconocimiento de sus derechos iguales.

No se puede por menos de mencionar, en este contexto, el tráfico de seres humanos, sobre todo de mujeres, que prospera donde son escasas las oportunidades de mejorar la propia condición de vida, o simplemente de sobrevivir. Al traficante le resulta fácil ofrecer sus «servicios» a las víctimas, que con frecuencia no albergan ni la más mínima sospecha de lo que deberán afrontar luego. En algunos casos, hay mujeres y muchachas que son destinadas a ser explotadas en el trabajo, casi como esclavas, y a veces incluso en la industria del sexo. Al no poder profundizar aquí el análisis de las consecuencias de esa migración, hago mía la condena que expresó Juan Pablo II contra «la difundida cultura hedonista y comercial que promueve la explotación sistemática de la sexualidad» (Carta a las Mujeres, 29 de junio de 1995, n. 5). Aquí se halla todo un programa de redención y liberación, del que los cristianos no pueden desentenderse.

Ser refugiado

Por lo que atañe a la otra categoría de emigrantes, la de los que piden asilo y de los refugiados, quisiera destacar que en general se suele afrontar el problema constituido por su ingreso, sin interrogarse también acerca de las razones que los han impulsado a huir de su país de origen. La Iglesia contempla este mundo de sufrimiento y de violencia con los ojos de Jesús, que se conmovía ante el espectáculo de las muchedumbres que andaban errantes como ovejas sin pastor (cf. Mt 9, 36). Esperanza, valentía, amor y también «creatividad de la caridad» (carta apostólica Novo millennio ineunte, 50) deben impulsar el necesario compromiso, humano y cristiano, para socorrer a estos hermanos y hermanas en sus sufrimientos. Sus Iglesias de origen deben manifestarles su solicitud con el envío de agentes pastorales de su misma lengua y cultura, en diálogo de caridad con las Iglesias particulares de acogida.

Por último, a la luz de los actuales «signos de los tiempos», merece particular atención el fenómeno de los estudiantes extranjeros. Su número, también gracias a los «intercambios» entre las diversas universidades, especialmente en Europa, registra un aumento constante, con los consiguientes problemas, también pastorales, que la Iglesia no puede descuidar. Esto vale de modo especial para los estudiantes procedentes de los países en vías de desarrollo, para los cuales la experiencia universitaria puede constituir una ocasión extraordinaria de enriquecimiento espiritual.

A la vez que invoco la asistencia divina para quienes, impulsados por el deseo de contribuir a la promoción de un futuro de justicia y paz en el mundo, trabajan con empeño en el campo de la pastoral al servicio de la movilidad humana, envío a todos, como prenda de afecto, una especial Bendición Apostólica.

Vaticano, 18 de octubre de 2005.

EL OBSERVADOR 549-6

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ENTREVISTA
Participar y dar testimonio
Charla con Alicia Molina, autora del texto del folleto Familias valiosas.
Por Walter Turnbull


Alicia Molina es autora del texto del folleto «Familias valiosas», editado por iniciativa de la Secretaría de la Función Pública. Tuvimos la oportunidad de platicar con ella y, hablando del folleto, nos hizo el favor de darnos su muy personal y muy interesante visión sobre la sociedad y nuestra participación en la solución de sus problemas.

¿Por qué fue seleccionada Alicia para la elaboración de este texto?
Yo estudié comunicación, y muchos años he trabajado en el área de la educación; escribo cuentos para niños y durante 10 años dirigí una revista para padres con hijos con discapacidad (yo tengo una hija con parálisis cerebral). Cuando tienes un niño con retos especiales, los problemas son los mismos pero aumentados como con una lupa. Me llamaron porque he trabajado mucho con niños y con familias, sobre todo en la revista.

¿Qué fue lo que motivó la publicación de este folleto?
A la Secretaría de la Función Pública le preocupa mucho esta cultura de aceptación de la corrupción que fue permeando a lo largo de 70 años y está generalizada en el país. Hoy ni siquiera nos atrevemos a denunciarla, lo cual nos hace cómplices.
La lucha contra la impunidad tiene que empezar, desde luego, en el gobierno. Necesitamos un estado de derecho donde las trasgresiones tengan consecuencias. Pero es también importante que se trabaje a nivel de cada célula de la sociedad, en cada familiar.


¿Es realmente la familia la base de la sociedad, o es un eslogan?
Que la familia es base de la sociedad parece un lugar común, pero en realidad nos educamos en familia: nuestros valores básicos, nuestras maneras de enfrentar la vida, los aprendemos en la primera infancia.
La corrupción viene de una serie de valores que no aterrizan en conductas concretas. Todos aceptamos valores abstractos como la honestidad, el respeto, la verdad, pero no lo relacionamos con nuestras conductas específicas. Actos como usar la copiadora de la oficina para hacer copias de mi tesis o llegar tarde al trabajo, lo consideramos algo pragmático, completamente natural. Cuando pensamos en corrupción pensamos en casos graves de corrupción pública, pero la corrupción está infiltrada en la vida nacional a través de esos actos cotidianos que no consideramos deshonestos. La corrupción se tiene que abatir de abajo para arriba, a partir de lo que somos en nuestra vida cotidiana con nuestras familias.

Tiene que haber coherencia entre nuestros valores y nuestras conductas. Los hijos son una exigencia de coherencia. Educar un hijo es una oportunidad para reeducarnos al vernos reflejados en nuestros propios hijos.
A la disciplina yo le doy mucha importancia. Disciplinar a un niño es darle una herramienta muy importante para el resto de su vida. Somos más libres en tanto somos más capaces de autodeterminarnos, y esa autodeterminación viene de nuestra propia disciplina. Las pequeñas renuncias al placer fácil para conseguir un bien que nosotros consideramos superior, son el fundamento de toda la educación. Incluso en la adolescencia, cuando es más difícil, hay que poner límites. Hay que poner reglas en nuestra casa.
Es importante que le demos valor al «no». Si hay algo que debemos enseñar a nuestros hijos desde que son bebés es que «no» es no y «sí» es sí. Muchas veces nos movemos con ambigüedad: el niño no sabe si el «no» es «a lo mejor», o si el sí es «a ver si se puede». Si ya se sabe que el «no» es no, no tenemos que entrar en negociaciones problemáticas.
Muchas veces nosotros, queriendo proteger a los hijos, los protegemos de las consecuencias de sus errores, y estamos evitando que entiendan que los errores tienen consecuencias. La vida educa si la dejamos, pero si nos volvemos cómplices de nuestros hijos, si les enseñamos a hacer trampa, después no nos quejemos.

¿En qué situación se encuentra actualmente la familia?
La manera de organizarse de la familia ha ido cambiando. En las zonas de marginación las condiciones socioeconómicas están disgregando a la familia. El hombre tiene que alejarse para buscar el sustento y la mujer tiene que trabajar. En esas condiciones no se puede pedir a las mamás que eduquen a sus hijos, o que piensen en valores. Es una parte importantísima de la realidad nacional. Tenemos que trabajar muchísimo para abatir la pobreza, hacernos solidarios todos como sociedad, de manera que la gente encuentre en México las condiciones para vivir en familia. Es importantísimo que cada quien, dentro de sus posibilidades, trabaje en la solución de este problema.
Cada quien en el ámbito donde se mueve tiene que impulsar las respuestas. Hay tres áreas en las que tenemos que trabajar: nuestra vida personal, dando testimonio con nuestra propia vida en familia; nuestra vida comunitaria, a través de nuestra participación responsable en la vida de nuestra comunidad natural, como la parroquia o la colonia, a través de organizaciones civiles; y, finalmente, nuestro compromiso político, que va desde cómo votamos, hasta la propuesta —y la exigencia— de políticas públicas. No podemos dejarle el cambio al gobierno. No puedes votar y ya. La sociedad tiene que organizarse para hacer propuestas de política pública y para exigir que se cumplan. Y esto exige un crecimiento en lo democrático, en lo político, importantísimo. Que la gente sugiera y que exija. Si queremos un estado de derecho tenemos que exigirlo.

No podemos permitir que vuelva a pasar lo que pasó con este Congreso. Se pasaron 6 años diciendo que no y protegiendo sus propios intereses. Y ahora resulta que les vamos a dar cinco mil millones de pesos para que organicen las elecciones. La fundación Merced, con tres millones de pesos está ayudando a una cantidad inmensa de niños. Imagínate lo que harían con cinco mil millones de pesos.Y es que los diputados votan para darle dinero a sus partidos; y los medios de comunicación no van a decir nada porque es una derrama de dinero para ellos.Tenemos que volvernos mucho más exigentes.
Tenemos que reeducarnos, otra vez volvemos a la importancia del «no».Tenemos que aprender a decir que no en todos los tonos y a todo el mundo. No sólo a nuestros hijos sino también a nuestros diputados.

EL OBSERVADOR 549-7

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Pastoral del duelo, una pastoral novedosa
Por Gilberto Hernández García


En la parroquia de Guadalupe, en el Paso, Texas, administrada por los frailes franciscanos de la Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán, hay una pastoral muy novedosa: la pastoral del duelo. Platicamos con la Sra. Cecilia Artalejo, integrante de este equipo que viene consolidando su presencia y servicio para el bien de los feligreses de aquella parroquia.

«Fundamentalmente es una pastoral que trata de mostrar la cercanía maternal-paternal de la Iglesia católica en el acontecimiento más dramático de la vida: la muerte», nos comenta Cecilia. «Es una forma de hacer patente esa promesa de Jesús de estar con nosotros siempre. La Iglesia, como Madre, se interesa por todos los aspectos de la vida humana, alimenta y fortalece con los sacramentos, y, en este trance de la muerte, hace sentir su amor y da razones para la esperanza», apunta nuestra entrevistada.

Si bien es cierto que en muchos lugares las parroquias se interesan por atender a los fieles que se encuentran en esta situación de muerte de algún familiar con la celebración de una Misa de cuerpo presente, esta pastoral quiere ir más allá: acompañar al doliente en todo el proceso de preparación, pérdida y recuperación.

Dos aspectos fundamentales

Nos habla de que en las actividades de la pastoral del duelo hay dos aspectos muy importantes: uno, que tiene que ver con los enfermos o moribundos, donde el trato es diferente, aunque con el mismo enfoque; y el segundo, que es el de la muerte. Y nos explica cuáles son las diferencias sustanciales en el acercamiento:
En lo que respecta al acompañamiento de enfermos, sobre todo de enfermos terminales, nos dice que es importante aprender a acompañar el proceso de enfermedad, que implica, entre otras cosas, dejar que el enfermo exprese lo que siente por muy duros o encontrados que puedan ser los sentimientos; hablar con la verdad acerca de la enfermedad que padece; no quitar el control del enfermo o moribundo sobre su propia vida en cosas tan simples como en el no invadir su privacidad (por ejemplo en no tocar antes de entrar a su habitación); pedir opinión sobre su propio tratamiento, y, sobre todo, ponerse a su servicio: que sepa que hay alguien que está ahí, acompañándole; en suma, hacer que se sienta persona. No poner atención a estos aspectos podría traer como consecuencia el hacer sentir inútil al enfermo, llevarlo a la depresión.

En esta preparación, tanto del enfermo terminal como de la familia, para enfrentar el trance de la muerte, es fundamental atender la dimensión espiritual del enfermo, ayudar a que se reconcilie con Dios a través del sacramento de la Reconciliación; con la recepción de la Unción. Hacer ver que la muerte es un paso normal y necesario.

Cuando saben que hay una persona sumamente enferma y se sospecha que pueda morir a consecuencia de esa enfermedad, se hacen presentes con la familia; en otras ocasiones la misma familia habla a la parroquia en busca de ayuda. Los primeros contactos con la familia del enfermo y el enfermo mismo consisten, fundamentalmente, en orar y hacer sentir que la comunidad parroquial está acompañándolos en ese trance; sobre todo, preguntar: ¿qué podemos hacer por ustedes? Igual sucede cuando se dan cuenta de que ya ha acontecido el deceso. Entonces, en nombre de la parroquia, se presentan en el hogar y se ponen a las órdenes de la familia. En el momento de la muerte, el pastoralista del duelo debe acercarse a los dolientes, incluso es importante el acercamiento físico, el contacto, porque es una manera de hacer sentir el apoyo a los familiares, máxime si se trata de una muerte por accidente, por suicidio, un bebé que nació muerto, etcétera. En ese primer encuentro es de suma importancia saber escuchar, tal vez no decir nada, dejar que se expresen para desahogar los sentimientos que están experimentando, no importa que a veces en esa expresión salgan insultos o resentimientos contra Dios; el que hace esta pastoral debe ser sensible al dolor y entender la situación de cada doliente.

Una de las situaciones que se están agudizando, al menos en esa zona donde está la parroquia de Guadalupe —aunque las noticias no hablan de una alarmante crecimiento de este tipo de casos— es el suicidio. Y, obviamente, la atención pastoral a este tipo de dolientes debe ser un tanto distinta. Nos habla de casos particulares: para los familiares un suicidio es sumamente duro, suelen culparse de esa muerte, por no haberlo prevenido, por no haber estado atentos a las señales que el suicida enviaba. Los sentimientos más comunes de los familiares en estos casos van desde la impotencia ante la situación, hasta el coraje como polo opuesto, la negación, la búsqueda de desquite.

Cualquiera que sea la circunstancia de la muerte, los dolientes deben pasar por un proceso natural de duelo que mira a la recuperación del trauma. Al hablarnos de las etapas que se viven en un acontecimiento de muerte dice que, por lo general, sobre todo si es una muerte inesperada, se da la negación del hecho, para pasar a un estado de enojo o de decepción contra Dios; llegará después la depresión manifestada en soledad y tristeza. A continuación deben darse pasos hacia la recuperación: caer en la cuenta de que, por muy duro que sea, esa persona que se ha ido, ya no estará más físicamente con nosotros; y, por tanto, es necesario que se vayan adecuando a esa nueva realidad.

Ayudar a superar la pérdida

Nos comenta que hay personas que tardan mucho tiempo en superar la muerte de un ser querido. Hay quien dura más o menos cuatro años para rehacer la vida, y durante ese tiempo los sentimientos se reviven cíclicamente; por ejemplo en el aniversario de la muerte, en fechas importantes como los cumpleaños o celebración que tienen que ver con la persona fallecida, por Navidad o fin de año. Y nos informa que en su equipo pastoral están buscando la manera de integrar el apoyo profesional de algún psicólogo para ayudar a acelerar este proceso de sanación.

Cuando le pedimos que nos haga un breve perfil de la persona que quisiera servir en esta pastoral tan particular nos comenta que es preciso que sea un cristiano, ante todo, lleno de fe, que sea capaz de vivir las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Además, es preciso que sea sensible (no sentimentalista) ante el dolor humano, posea paciencia, tenga prudencia y capacidad de servicio. Debe tener tal humildad que le ubique en la realidad de que no es el agente de pastoral el que hace este trabajo, sino que lo hace en el nombre del Señor Jesús.

EL OBSERVADOR 549-8

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FIN

 
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