El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy

5 de febrero de 2006 No.552

SUMARIO

bulletPORTADA - Chiara Lubich comenta la encíclica «Dios es amor»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Encíclica con mayúscula
bullet¿COMO DIJO?
bulletMIRADAS DE EL OBSERVADOR
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Desesperada por tener novio
bulletPINCELADAS - Respetar el orden natural
bulletUna encíclica estupenda
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Qué pasa si te vuelves fanático de la religión?
bulletOtro «junior» en el santoral
bulletEl padre Cantalamessa aclara la cuestión del Limbo y el destino de los no bautizados
bulletDILEMAS ÉTICOS - El amor, corazón de la fe
bulletDOCUMENTOS - Carta encíclica Deus caritas est —«Dios es amor»—

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]



PORTADA
Chiara Lubich comenta la encíclica «Dios es amor»

«Una nueva esperanza para el mundo»
Publicamos el comentario que ha escrito Chiara Lubich, fundadora del movimiento de los Focolares,acerca de la primera encíclica de Benedicto XVI, «Deus caritas est».

«Dios es amor». ¡Cuánta gratitud hacia el papa Benedicto XVI ya desde el título de su primera encíclica! Ha encendido en nosotros una esperanza, de que el gran anuncio «Dios es amor», de que la palabra «amor», devuelta a su «esplendor original», se expanda hasta el infinito, como cuando se lanza una piedra en el agua y se forman círculos cada vez más amplios. El interés de los medios, ya antes de su presentación y todavía más ahora, lo hace prever.

«Dios es amor» es ciertamente la Palabra que Jesús quiere decir hoy al mundo, en este nuevo milenio.

Sí, el amor está inscrito en la naturaleza misma de la Iglesia, como lo escribe el Papa. A la herencia de su riquísima historia, en estas últimas décadas se han agregado nuevos carismas suscitados por el Espíritu. De boca en boca, valorado por el testimonio, el anuncio: ¡Dios es amor! Dios te ama así como eres», ha transformado la vida de millones de personas.

El corazón del anuncio

Para nosotros ha sido una luz —aparecida en la hora más oscura de la historia, la segunda guerra mundial— que ha iluminado todo el Evangelio, haciéndonos descubrir que Jesús no había temido pronunciar la palabra amor. Es más, entendíamos que precisamente el amor es el corazón de su anuncio, sí, es «la potencia creadora primordial que mueve el universo», mueve nuestra pequeña historia personal y la gran historia del mundo.

Estoy segura de que la encíclica del Papa suscitará un eco espontáneo en toda la Iglesia y más allá: si vivir el amor no se limita a la ayuda concreta al prójimo, sino que nos lleva también a «comunicar a los demás el amor de Dios que nosotros mismos hemos recibido», emergerá la riqueza de este amor vivido a menudo con heroísmo, en el silencio, dentro de las familias, en los parlamentos, en las fábricas, en las universidades y en los barrios, en las áreas más desheredadas del mundo, y entre quien tiene impreso en su propio rostro el rostro del mismo Hombre-Dios que grita el abandono del Padre.

Así, se hará «visible, en cierto modo, el Dios viviente», su acción en nuestro tiempo, como ha auspiciado Benedicto XVI. Y Dios, redescubierto como Amor, atraerá al mundo.

[Traducción distribuida por www.focolare.org]

EL OBSERVADOR 552-1

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

CARTAS DEL DIRECTOR
Encíclica con mayúscula
Por Jaime Septién

Me sumo a la alegría de millones de católicos dispersos por el mundo ante la primera encíclica de Benedicto XVI. La he leído con rapidez, una primera lectura, y, más adelante, la he ido degustando trago a trago, como se saborea un manjar exquisito. En esta edición de El Observador la publicamos completa. Para que usted, amable lector, en la medida de sus posibilidades, haga lo mismo. Le va a gustar.

¿Por qué? ¿Cuáles son los elementos de diferencia que pueden encontrarse en la encíclica «Dios es Amor»? Podría enumerar una buena cantidad. Me quedo con uno: su dimensión social específica. Los problemas sociales que vive el mundo de hoy se reducen a la carencia de amor en casi todos los ámbitos. Caridad es Amor en el lenguaje bíblico. San Pablo recuerda que sin Caridad podemos hacer mil obras de beneficencia, pero ninguna valdrá el boleto.

La Caridad —con mayúscula— emana del Amor entre el Hijo y el Padre, de la vida misma de la Santísima Trinidad. Como virtud humana (¡qué poco se habla hoy de las virtudes humanas!) «es la primera condición para que los hombres estén unidos, ha dicho Stefano Fontana, director del Observatorio Internacional Van Thuan, con sede en Roma. Y es así: sin caridad, sin amor, los hombres estamos condenados a la guerra…, o a la política que, como se sabe, es la continuación de la guerra pero con otras mañas.

El asunto de fondo está en la justicia. Cristo vino al mundo para salvarnos del pecado, sí, pero también lo hizo para instaurar el reino de la justicia. Y lo hizo a través del amor, asumiendo la muerte ignominiosa de la cruz por amor a los hombres. Él, «el santo de Dios», asumió las culpas de los hombres y las purificó con su sangre. La mayor injusticia (su muerte) se convirtió, por amor, en la fuente de toda virtud de justicia.

Justicia sin caridad es lo contrario al cristianismo, es una especie de «mesianismo» materialista. La caridad —afirma Benedicto XVI— «purifica la justicia», es decir, la caridad, el amor de agapé, la fiesta mediante la cual el hombre renuncia a sí mismo para ver de frente las necesidades de los otros, es lo que salvará al mundo. La Iglesia, la comunidad de los bautizados en la fe de Cristo, no tiene como papel «organizar» el sistema de justicia en los estados. Pero eso no significa que los fieles no salgan a la plaza pública, que se mantengan callados, encerrados en su ropero.

Al contrario, desatender los problemas de la justicia, la marginación, la pobreza, el abandono por atender, digamos, los negocios, el trabajo, las ocupaciones profesionales, del hogar, o aún la misa dominical, es olvidar que el testimonio de la fidelidad a Jesús brota de lo más hondo del amor de Dios por sus criaturas, que es el testimonio que, día con día, tenemos que dar los cristianos, para ser creíbles.

EL OBSERVADOR 552-2

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


¿Cooomo dijo?

Como las jeringuillas hipodérmicas en tiempos del SIDA, las relaciones humanas , tocadas por el relativismo que cubre nuestros días, parecen responder a la misma fórmula. El problema no es de los hombres o de las mujeres: el problema está en lo que los profesores españoles Pablo Vázquez y Jaime Burell llaman «el imperio de lo efímero» (revista Nuestro Tiempo, octubre 2005). El párrafo siguiente —que cita José Francisco Serrano en su columna del semanario Alfa y Omega— me parece de trascendental importancia para entender el berenjenal en el que andamos metidos: «En el imperio de lo efímero se encuentra una de las proposiciones clave de la ambición posmoderna. La presencia de personajes sin nada importante que contar en los medios de comunicación es una de las señas de identidad de la sociedad posmoderna. Un reino de lo intrascendente, que tiene en la exposición de lo personal, de lo íntimo, una de sus más grandilocuentes señas. La basura —el arte basura, la literatura basura o la tele-basura— se comercializa a precio de oro. Se vende el yo en los programas de televisión, que buscan sobre todo el espectáculo antes que la información, y el juicio antes que la reflexión. Los programas donde se muestra lo privado son los que tienen más éxito de público. Las amas de casa se convierten en las protagonistas efímeras en los dominicales de los periódicos, y el que ayer fue una estrella por méritos propios es, sorprendentemente, olvidado en menos de seis meses. Los espectáculos de masas se han convertido en los verdaderos actos sociales en los que encumbrar al nuevo sol mediático. No importan ya las personas, sino, simplemente, los personajes».

Hay, pues una enorme deuda con la densidad de las relaciones humanas. Misma que se paga con relaciones humanas efímeras. Si todo en el entorno de uno tiende a fenecer con facilidad y rapidez, uno no tiene por qué o para qué comprometerse ni serle fiel a algo o a alguien. El que me dé más, el que me deje más libre, el que pueda utilizar a mi favor es el que me gusta. El resto, más aún si trae consigo reglas, normas, autoridad, me fastidia enormemente, lo mando a volar o, como se dice ahora: «les doy el avión», y si te vi, no te conozco.

Estas reflexiones me vinieron a la mente cuando escuché a la encuestadora María de las Heras hablando de su última medición de intención del voto de los mexicanos. De un padrón de 72 millones de personas, esta dispuestas a votar algo así como 28 millones. El resto se divide en dos: los que no saben si van a votar o por quién van a votar (los indecisos) y los que, simplemente, no tienen la menor gana de ir a las urnas (los indiferentes). Esto últimos suman ¡19 millones de mexicanos! Es decir, hay 19 millones de almas que les da lo mismo que nos vayamos al precipicio, que consolidemos lo que hemos construido o que avancemos todos. Ellos, a lo suyo. A lo que no implica trabajo, a lo que deje placer sin tener que mover un dedo, a lo que no pida sacrificio, información, conocimiento o fidelidad.

Son los mexicanos del «usar y tirar» que ha venido moldeando, con precisión exquisita, el imperio de lo efímero. Son ellos a los que hay que despertar de la modorra. Y eso es tarea de todos, si no queremos morir mañana tragados por un bostezo. ¿Dónde empezar? Con uno mismo, claro, y con el de al lado.

EL OBSERVADOR 552-3

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


MIRADAS DE EL OBSERVADOR

Uno de los más grandes debates de la actualidad se está fraguando entre evolucionistas y partidarios del «diseño inteligente». Reducido a sus términos más radicales, los primeros creen que somos producto de evolución y selección natural, mientras que los segundos, sin negar la evolución, se sitúan en un principio, y plantean la absoluta necesidad de un ser superior, de Dios, quien desató el proceso de la vida.

La tesis de los evolucionistas es bien conocida, no tanto las de los pensadores que tratan de impulsar la teoría del «diseño inteligente». Estos últimos parten de un hecho palmario: la nada no evoluciona. Que liga muy bien con el dicho popular que aprendimos de pequeños: «nadie da lo que no tiene». En efecto, lo que no explica el evolucionismo es cómo de la nada salió el proceso de la vida, la magistral trama del pensamiento, la subjetividad y la busca de la verdad.

Si se trata de una evolución constante, no puede haber «saltos», porque esos saltos echarían por la borda la idea misma de evolución. Es decir, que de una rama de los simios, cuya inteligencia corresponde al reino al que pertenecen, no pudo haber una desviación, una especie de corto-circuito que, de pronto, hiciera aparecer un homínido con ideas sobre el bien, el mal, el cielo y el infierno.

Más aún, si esto hubiese sido producto del azar, de la casualidad o de un brinco dialéctico, que lo mismo da, ¿dónde comenzó, o cómo, la madeja de la vida? La teoría de Stephen Haeking sobre el origen del tiempo se detiene ante el primer nanosegundo. Puede explicarlo todo, menos ese pestañeo del tiempo que originó el universo. Hawking se detiene ahí, no saca conclusiones. Lo mismo les pasa a los que plantean la tesis del «diseño inteligente»: no son teólogos, son científicos, y como tales, simplemente señalan que de la no-vida es imposible que se produzca la vida. Y punto.

En ese punto, como en el nanosegundo posterior al big-bang, se sitúa el misterio de Dios. Los científicos están, cada día, acercándose a su respiración. Mientras más avanza la ciencia más se acerca el hombre a la certeza del misterio. «La idea de la evolución puede ayudar a explicar muchas cosas, pero no se puede convertir en una ideología», dijo el filósofo alemán Robert Spaemann al diario italiano Avenire. Y añadió algo muy cierto: «Yo puedo decir que en mi origen está mi padre, pero no que yo soy mi padre. Podemos decir que hay similitudes entre los hombres y los simios, pero no que somos o fuimos simios».

Decir que lo somos, o tratar de imponerlo, se vuelve ideología. Porque una ideología es un conjunto de ideas impuestas por un mecanismo de poder para explicar toda la realidad. Incluso lo inexplicable. Incluso lo misterioso, lo que no acepta más que el acercamiento de la intuición creadora o de la fe razonada o sentida como verdadera por el corazón del hombre. Si «de la nada, nada sale» como decían los antiguos filósofos griegos, tampoco de la fortuna puede salir el genio del hombre. Sería tomarnos por muy poca cosa; sería tener al cosmos como un juego de azar y a la vida misma como algo posiblemente despreciable. Y de este desprecio se han desprendido ideologías horrorosas, explicaciones estrafalarias de la realidad y racismos de toda especie.

Para el «diseño inteligente» el hombre, la vida, el universo tienen sentido, porque provienen de una bondad suprema que decidió dar el primer paso. Y ese primer paso solamente lo podemos concebir —racionalmente— como un acto de amor.

EL OBSERVADOR 552-4

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

INTIMIDADES-LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Por Yusi Cervantes Leyzaola
Desesperada por tener novio

PREGUNTA
Soy de Republica Dominicana, tengo 19 años y estudio derecho. Considero que estoy en la edad de conocer gente y de salir con personas; yo salgo con mis amigos y amigas que, todos, tienen novios y novias, lo cual me desespera ya que soy la única que no tengo. He llegado a un punto de desesperación y estoy clara de que todavía me falta mucho tiempo para seguir conociendo gente, pero siento que ese novio no llegará y que cada vez se me pondrán más difíciles las cosas. Eso la verdad que me asusta bastante. Me considero una muchacha bonita, inteligente y buena y, la verdad, me pregunto por qué es tan difícil para mí tener un novio. No sé si es mi desesperación la que hace que no avance con mi vida y si sería mejor que me olvide de tener novio y esperar que las cosas pasen. Necesito ayuda urgente.

RESPUESTA
Por supuesto, si estás ocupando la mayor parte de tu energía en la angustia porque no tienes novio, te queda poca para lo más importante; y, además, te vuelves vulnerable, porque, en tu desesperación, podrías aceptar a algún pretendiente que no sea adecuado para ti. Olvídate de buscar novio. Mejor dedícate a construir tu vida. Estudia, desarrolla tus capacidades, busca formas de servir a los demás, aumenta tu cultura, interésate por mejorar el mundo en el que vives; conviértete tú misma en una mujer plena, generosa, interesante... Sé buena amiga. Y cuando llegue el momento adecuado en tu vida, si ese es el camino para ti, encontrarás ese novio que tanto anhelas. Pueden pasar meses, o años. No importa. El objetivo en tu vida no debe ser conseguir novio, sino encontrar y cumplir la misión para la cual has sido creada. Sé feliz. Si Dios te ama, ¿qué más puedes necesitar?

************

Busco alguien que realice la «terapia reparativa»
PREGUNTA
Quisiera pedirle un favor, si es posible que entre sus colegas pudiera encontrar alguno que realice la «terapia reparativa» en la ciudad de León, Gto. De antemano agradezco su tiempo, y que Dios le dé las fuerzas para continuar dando esperanza a muchas personas.


RESPUESTA
No conozco psicólogos en la ciudad de León. Y, de hecho, la terapia reparativa apenas comienza a conocerse en nuestro país. Lo que te aconsejo hacer es consultar un psicólogo de tu confianza en León y que le hables de esta terapia. La asociación de los psiquiatras creadores de la terapia reparativa tiene una página: www.narth.com
También puedes encontrar información y apoyo en el sitio www.courage-latino.org  y en www.esposibleelcambio.com Avísame de cómo te va y de las dudas que tengas. Ánimo. Sea que logres o no llegar a la heterosexualidad, si sigues los consejos de las personas que forman parte de estas organizaciones ten por seguro que tendrás paz en el corazón y serás más feliz...

EL OBSERVADOR 552-5

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PINCELADAS
Respetar el orden natural
Por el P. Justo López Melús

Un monje viajero acudió a pedir hospitalidad a un campesino. El campesino accedió y pidió al monje que rezara una oración por toda la familia. Fueron ante el altar familiar y el monje empezó: «¡Que primero se muera el abuelo! ¡Que después se muera el padre!». Todos miraban al monje asustados. Él continuó: «¡Que luego se muera el hijo! ¡Que finalmente se muera el nieto!».

El campesino, enfadado, increpó al monje: «¿Así pagas mi hospitalidad, deseándome desgracias?». El monje respondió: «Sólo he pedido que la muerte venga según el orden de la naturaleza. Si primero se muriera el nieto y el hijo y al último el abuelo, tu familia se extinguiría. Lo mejor es el orden natural». Y el campesino ofreció al monje la mejor cama de la granja.

EL OBSERVADOR 552-6

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Una encíclica estupenda
Por Antonio Maza Pereda

El Papa nos acaba de regalar su primera encíclica, titulada en español «Dios es Amor». Es un documento magnífico.

En una época en que en el nombre del amor se hacen muchas tropelías, donde el nombre de Dios se usa para justificar el odio, esta encíclica es de lo más oportuno. Nos encontramos en un mundo que ha perdido el sentido de la vida y, al perder el sentido de la vida, se ha perdido el sentido del Amor. Se ha prostituido esta palabra y se le ha despojado de significado, de modo que ya sólo da una pálida idea de su contenido. Lo que el mundo llama amor puede ser casi cualquier cosa. Puede ser capricho o encaprichamiento; puede ser instinto sexual despojado de consideración al otro, sin voluntad de compromiso y de permanencia; puede ser dos egoísmos compartidos... mientras dure la ganancia mutua.

Empieza nuestro Papa hablando del amor entre hombre y mujer, ese amor que es toda una revelación de lo que es el amor de Dios. Cuando, en el relato de la Biblia, dice Dios: «Hagamos al Hombre a nuestra imagen y semejanza», estaba pensando en hacernos un ser capaz de amar, de formar una comunidad de amor, de ser capaces de un amor fuerte, comprometido. Habla nuestro Papa de las distintas modalidades del amor: del Eros, un amor que busca la posesión del amado, y de Agapé, un amor que busca la donación al ser amado. Dos aspectos, dos caras de un único amor, el amor que Dios mismo nos tiene, que nos quiere para que estemos con Él toda la eternidad y que nos amó tanto que fue capaz de dar a su propio Hijo, para que muriera por nosotros, en el mayor acto de donación de que es capaz persona alguna: el de dar la vida por el que ama. Y ambos aspectos son buenos, porque Dios mismo los puso en nuestro corazón.

Sí, el amor humano se da en la dimensión del dar y darse, en la de recibir y ser recibido y también en la de trascender, en que ese amor de la pareja sea capaz de rebasar los límites de los dos y llegar a otros. Un amor que trasciende. Ese amor da origen al hijo y después continúa en un permanente acto de donación a los hijos.

Y esa trascendencia vas más allá de los hijos; se expresa en el amor al prójimo en el único mandamiento de Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Ama y haz lo que quieras, decía San Agustín. Ama como Dios quiere que ames y no habrá nada que puedas lamentar, nada en tu vida habrá sido inútil, no habrá nada que temer, porque el que ama como Dios quiere que amemos no se equivoca. Gracias, Santísimo Padre, por tu regalo de esta encíclica.

EL OBSERVADOR 552-7

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


RESUELVE TUS DUDAS
¿Qué pasa si te vuelves fanático de la religión?

Pregunta: Mi abuelita dice que el rezar y el estar todos los días en la Iglesia nos va a llevar al Cielo, pero ¿qué pasa cuando esto se vuelve una obsesión? Con respecto a mi duda pienso que le debemos de dar un tiempo a Dios; pero yo me pregunto: ¿qué pasa cuando te vuelves fanático de la religión?
Dulce

Respuesta: Ciertamente existe el fanatismo religioso, pero sólo podemos hablar de él cuando una persona, desobedeciendo los mandatos de la religión, utiliza a ésta como pretexto para satisfacer sus propios intereses (económicos, políticos, de prestigio, románticos, etc...) o para huir de alguna responsabilidad, o aplica equivocada y exageradamente los principios de su fe. De ahí en fuera, todo el tiempo y todo el esfuerzo que le podamos dedicar a Dios está perfectamente justificado y además —como dice tu abuelita— nos puede llevar al Cielo, alcanzarnos la paz y ayudarnos también con nuestras empresas terrenas. Es más fácil que se salve una persona que ora todo el día (como las monjas contemplativas) que una que no ora nunca. Juan Pablo II y la madre Teresa de Calcuta, dos de las personas más santas y productivas de nuestro tiempo, dedicaban un mínimo de tres horas diarias a la oración y escuchaban Misa a diario, y según ellos de ahí sacaban su fuerza física y espiritual.

No conozco la situación de tu abuelita, pero dudo que haya algo más productivo que pueda hacer por ella misma y por ti y por el mundo que ir al templo a orar por todos nosotros.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 552-8

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Otro «junior» en el santoral
Javier Algara

La lista de santos de la Iglesia tiene de todo. Hay santos precoces que desde muy temprano a todo mundo asombraban por sus vidas ejemplares, y hombres malencarados que se colaron al Cielo mientras sufrían la pena de muerte ¡por ladrones!

Felipe de las Casas, mejor conocido como san Felipe de Jesús, sólo dio señales de santidad ya grandecito. No hay datos duros que midan qué tan grandes fueron los excesos de su vida adolescente, pero sí parece ser cierto que no desperdició ninguna oportunidad de disfrutar plenamente del abundante dinero de su papá de acuerdo con las oportunidades que para ello le deparaba la vida en el México del siglo XVI.

Sólo Dios sabe qué fue exactamente lo que hizo a Felipe dar la voltereta de esa vida de disipación y alegría despreocupada a la de silencio, oración y austeridad conventuales. Pero ciertamente ha de haber influido en ello la vida de quien fue su maestro espiritual, san Francisco de Asís, otro «junior» en el santoral, que tres siglos atrás había llevado una vida parecida antes de encontrar al Señor. Francisco, el hijo de Pedro Bernardone, el rico comerciante en telas finas, también supo gozar de la vida, pasarla bien con los cuates y despertarse tarde entre sábanas de seda, sin preocuparse de nada ni de nadie. Y también ante Francisco se hizo Jesús encontradizo para seducirlo y hacerle ver otras formas de regocijo, menos sofisticadas, claro, pero más intensas que aquellas a las que estaba acostumbrado.

Felipillo, el mexicano, de algún modo también ha de haber sabido de esos goces, porque si no fue así no se entendería por qué decidió aceptar la muerte que aceptó, en la cruz, con una oreja cortada, asfixiado y con dos lanzas traspasándole el corazón, en un país ajeno y, si podemos usar la expresión vulgar, casi, casi de chiripa. ¡Había aterrizado en Japón porque un tifón de aquellos mares empujó su nao a las playas de donde dicen que nace el sol! Fue el primero en morir entre los veintitantos mártires que entregaron aquel día su sangre en la colina de Nagasaki como testimonio de su fe en Jesucristo. Lo que parecía imposible, que Felipe fuera santo, se había realizado. Su nana, antaño, había «profetizado» que era más fácil que la higuera seca de la casa reverdeciera que Felipillo fuera santo. Ese 5 de febrero de 1597, fecha del martirio, la higuera reverdeció.

Nada es imposible para Dios. Su Palabra, la que creó el universo de la nada, la que multiplicó los panes y los peces, la que levantó a Lázaro, que ya apestaba, ¿no será capaz, si el hombre se deja, claro (por el asuntillo ese de la libertad), de hacer de un pecador un santo? Tenemos, pues, esperanza los que formamos parte de las legiones de pecadores estándar.

EL OBSERVADOR 552-9

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


El padre Cantalamessa aclara la cuestión del Limbo y el destino de los no bautizados

Un comentario del padre Raniero Cantalamessa OFMCap —predicador de la Casa Pontificia— que hizo sobre el pasaje del Evangelio que habla del Bautismo de Jesús, suscitó entre los fieles algunas interrogantes sobre la situación de los niños que mueren sin bautizar. El padre Cantalamessa decía, en efecto: «Nadie, por lo demás, dice hoy que, por el sencillo hecho de no estar bautizado, uno será condenado e irá al infierno. Los niños fallecidos sin bautismo, así como las personas que han vivido, sin culpa suya, fuera de la Iglesia, pueden salvarse (estas últimas, se entiende, si viven según los dictados de su propia conciencia). Olvidemos la idea del limbo como el lugar sin alegría y sin tristeza en el que acabarían los niños no bautizados. La suerte de los niños no bautizados no es diferente a la de los Santos Inocentes que hemos celebrado justo después de Navidad. El motivo de ello es que Dios es amor y 'quiere que todos se salven', ¡y Cristo murió también por ellos!».

El estudio del tema del limbo fue encomendado por Juan Pablo II a la Comisión Teológica Internacional en octubre de 2004, y la Iglesia está en espera de la publicación de un documento. Pero, por lo pronto, en respuesta a las cuestiones suscitadas, el padre Cantalamessa ofrece a continuación un comentario sobre la doctrina del Limbo:

«Algunos han manifestado su perplejidad por mi afirmación acerca de que los niños sin bautizar no van al Limbo, sino al Cielo; lo expresé en mi reciente comentario al Evangelio en la fiesta del Bautismo del Señor. Ello me da la oportunidad de aclarar las razones de mi afirmación.

«Jesús instituyó los sacramentos como medios ordinarios de salvación. Son normalmente necesarios y las personas que pueden recibirlos y los rechazan son responsables ante Dios. Pero Dios no se ató a sí mismo a estos medios. También Jesús dijo de la Eucaristía: 'Si no coméis la carne del Hijo del hombre no tenéis vida en vosotros' (Jn 6, 53), pero esto no significa que alguien que nunca haya recibido la Eucaristía no esté salvado.

«El Bautismo de deseo y la fiesta de los Santos Inocentes son confirmaciones de ello. Hay quien puede oponer que Jesús está involucrado en la muerte de los Inocentes, quienes perdieron la vida a causa de Él, lo cual no es siempre el caso de los bebés sin bautizar. Cierto, pero también de lo que se ha hecho al más pequeño de sus hermanos Jesús dice: 'A Mí me lo hicisteis' (Mt 25, 40).

«La doctrina del Limbo nunca ha sido definida como dogma por la Iglesia; fue una hipótesis teológica en su mayor parte dependiente de la doctrina de san Agustín sobre el pecado original, y fue abandonada en la práctica hace mucho tiempo, y la teología también se aparta actualmente de ella.

«Deberíamos tomarnos seriamente la verdad de la voluntad universal de Dios por la salvación (Dios quiere que todos se salven', 1 Tm 2, 4), así como la verdad de que 'Jesús murió por todos'. El siguiente texto del Catecismo de la Iglesia Católica parece abrazar exactamente la misma postura:

«En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cfr.. 1 Tm 2, 4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: 'Dejad que los niños se acerquen a Mí, no se lo impidáis' (Mc 10, 14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo (CIC, 1261).

«No creo que afirmar que los bebés sin bautizar estén salvados aliente el aborto. A las personas que desatienden la doctrina de la Iglesia sobre el aborto apenas les preocupan otras doctrinas de la misma Iglesia. Incluso si hubiera razones para tal temor, el abuso de una doctrina nunca debería impedirnos abrazarla.

«Debo confesar que la mera idea de un Dios que prive eternamente a una criatura inocente de Su visión sencillamente porque otra persona ha pecado, o debido a un aborto fortuito, me hace estremecer... y estoy seguro de que haría a cualquier no creyente feliz de mantenerse apartado de la fe cristiana. Si el Infierno consiste esencialmente en la privación de Dios, ¡el Limbo es infierno!
«Fr. Raniero Cantalamessa».

Zenit.org-El Observador

EL OBSERVADOR 552-10

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DILEMAS ÉTICOS
El amor, corazón de la fe
Por Sergio Ibarra

En su carta encíclica Deus caritas est, el Papa pone en primer lugar al Amor. Un valor profesado, manifestado, citado en un sinfín de poemas; acaso practicado por millones de personas sin distinción de razas o creencias, ni clases sociales. Tan complicado, tan difícil de definir, tan profundo y, al mismo tiempo, tan sencillo, así es el amor. En esta carta nuestro Papa nos recuerda que «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ´Él».

Los tres valores que nos vinculan como católicos son la fe, la esperanza y la caridad. Si pensamos en el resultado del juicio humano al vivir en estos tres valores, el hombre, la raza humana, viviría en paz, dejaría de disputar a ver quién pasa primero, quién gana más, quién le gana a quién. Seguramente que estaría más preocupado por ser que por tener. Estos tres valores conforman un sistema interdependiente, es decir, uno al otro le da soporte para que la vida sea como Dios nos lo ha encomendado. Si quitamos uno, es como una mesa con tres patas, se caería. El papa Benedicto XVI nos recuerda uno de los pilares de la formación del ser: el amor.

Hemos creído en el amor de Dios, hemos tomado una decisión de ser por y con el amor de Dios. En tal sentido, ¿qué es el hombre? Un ser que decide ser con Dios. Tal afirmación y la decisión que queda implícita es una elección del rumbo, del camino —como nos lo dice el Papa— que creer en Dios le proporciona a la vida de cada quien. Y si así lo decidimos, aparece el complemento filosófico infaltable: la ética.

EL OBSERVADOR 552-11

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DOCUMENTOS
Carta encíclica Deus caritas est —«Dios es amor»—

Léala en la edición impresa de El Observador o en línea en http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html 

EL OBSERVADOR 552-12

[SUMARIO] [INICIO]

FIN

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006