El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
12 de febrero de 2006 - No.553

SUMARIO

bulletPORTADA - El papa Benedicto XVI concede indulgencias con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Valores y democracia
bullet¿CÓMO DIJO?
bulletPINCELADAS - Feliz con la felicidad de los demás
bulletREPORTAJE - Nostalgia de las excelencias de la sotana
bulletNUESTRO PAÍS - Migraciones, multiculturalidad y pastoral de la cultura
bulletLO QUE VALE EL MEXICANO - Votar como católico
bulletMIRADA JOVEN - Febrero 14: sentimientos enfrascados en el consumismo
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Es correcto que en la catequesis infantil se ponga a los niños a dibujar?
bulletENTREVISTA - Para una lectura de la «revolucionaria» encíclica de Benedicto XVI
bulletLA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO - El Señor es cariñoso con todas sus criaturas

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PORTADA
El papa Benedicto XVI concede indulgencias con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo
ZENIT.org-El Observador

Benedicto XVI ha concedido la indulgencia plenaria o parcial con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará este sábado 11 de febrero, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes.
Así lo establece un decreto de la Penitenciaría Apostólica publicado este viernes por la Santa Sede en previsión de la celebración que tendrá por eje mundial en ese día la catedral de san Francisco Javier de Adelaida, en Australia.


Por quienes padecen dificultades mentales


La Jornada Mundial del Enfermo está dedicada particularmente en este año a las personas que padecen dificultades mentales, según explicaba el mismo Papa en el «Mensaje» escrito para esta ocasión.

El documento concede indulgencia plenaria a los bautizados que, «según las acostumbradas condiciones (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre) y con espíritu desapegado de cualquier pecado, participen devotamente el 11 de febrero en la catedral de Adelaida o en cualquier otro lugar establecido por la autoridad eclesiástica en una ceremonia sagrada celebrada para impetrar de Dios las finalidades de la Jornada Mundial del Enfermo».

Las personas que no puedan participar en estas celebraciones por atender a los enfermos, «especialmente a los que a causa de algún trastorno mental exigen mayor paciencia, diligencia y atención», «si en ese día prestan generosamente al menos durante alguna hora su asistencia caritativa a los enfermos como si lo hicieran al mismo Cristo Señor (cfr. Mt 25, 40), teniendo el espíritu desapegado de todo pecado y el propósito de cumplir, cuando puedan, las condiciones exigidas para alcanzar la Indulgencia plenaria». Por último, podrán ganar la indulgencia plenaria aquellos fieles que por enfermedad, por edad avanzada o por cualquier razón de este tipo no puedan participar en la ceremonia, en caso de que «uniéndose espiritualmente con el deseo en la citada celebración, recen devotamente por todos los enfermos y ofrezcan a Dios, a través de la Virgen María, «Salud de los enfermos», sus sufrimientos físicos y espirituales».

El decreto concede, además, indulgencia parcial «a todos los fieles, del 9 al 11 de febrero, cada vez que, con corazón contrito, dirijan a Dios misericordioso devotas oraciones para implorar las citadas finalidades de ayuda a los enfermos».

El decreto lleva la firma del cardenal estadounidense James Francis Stafford, penitenciario mayor.

¿Qué son las indulgencias?

El Código de Derecho Canónico (c. 992) y el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1471) definen así la indulgencia:
«La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos».

Benedicto XVI ha concedido ya indulgencia plenaria en dos grandes encuentros para la vida de la Iglesia: la Jornada Mundial de la Juventud (21 de agosto de 2005) y con motivo de los cuarenta años de la clausura del concilio Vaticano II (8 de diciembre de 2005).

Con motivo de esa segunda ocasión, el cardenal Stafford declaró que, según él cree, estos decretos indican el deseo del Papa de redescubrir el auténtico sentido de las indulgencias en la Iglesia.

EL OBSERVADOR 553-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Valores y democracia
Por Jaime Septién

La enseñanza de los valores humanos en las escuelas públicas de México está coja. Le falta mucho para lograr el potencial de transformación que lleva consigo un proceso pedagógico que no se limita a transferir información al alumno, sino que lo prepara para vivir una vida buena (que, por cierto, según las últimas investigaciones en materia de valores, también incluye —en el Occidente cristiano— la religiosidad, aunque hoy sea vista como un «retroceso»).

Según el informe «La enseñanza y promoción de valores y virtudes en escuelas del Programa Escuelas de Calidad», ordenado por la Secretaría de Educación Pública, la comunidad educativa del país (maestros, alumnos, administrativos, padres de familia) percibe que a los niños mexicanos no se les está enseñando valores esenciales como el de la compasión o el de la justicia; tampoco virtudes como la lealtad.

El estudio —que abarcó cerca de 40 mil encuestas— demuestra que los valores que más se inculcan en las escuelas del país son la responsabilidad y la amistad. Lo cual no está mal; lo que pasa es que existen vacíos en la formación de los educandos, «olvidos» de la escuela pública, así sea del Programa de Escuelas de Calidad, que se van llenando por otros medios, concretamente, por los medios de comunicación.

El problema se agrava cuando se trata de reconocer el valor de la justicia, o el de la democracia. De ambos se le hace muy difícil creer a la comunidad educativa que se estén enseñando en las escuelas. Solamente tres de cada diez encuestados por la compañía que realizó el trabajo son capaces de poner en alto la democracia, la justicia, la tolerancia. Los otros siete prefieren poner por encima temas como la honestidad o la limpieza personal.

Y esto puede acarrear que en el futuro nuestra democracia quede todavía más desierta que la actual. Los ciudadanos se van retirando de las urnas porque no reconocen, desde pequeños, que en las urnas está el destino de la comunidad, y que hay necesidad de participar en las cosas públicas para que la res-publica (la cosa pública, la república, pues) llegue a ser aquello que es su destino: el territorio de la convivencia y de la realización de los sueños de todos sus habitantes, así como el lugar de la seguridad y el crecimiento personal.

Si nuestra incipiente democracia no ha llegado a consolidarse —se atoró a la mitad del camino, aparentemente—es porque poco o casi nada se ha invertido en fomentarla desde la escuela. Educar en los valores objetivos de la democracia es educar para la defensa y la promoción de la libertad.

EL OBSERVADOR 553-2

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¿CÓMO DIJO?

Vivimos una época bastante curiosa en la que, en lugar de combatir las causas de un fenómeno, dedicamos iniciativas costosísimas para combatir sus consecuencias. Esto viene a colación porque hace pocos días se anunció para el mes de abril, en el World Trade Center de la ciudad de México, se llevará a cabo la primera Expo Divorcio de la historia del país... Según sus organizadores, la Asociación de Padres y Madres Separados, la exposición tiene como objetivo «difundir una nueva cultura y educación sobre el divorcio y la separación; además, se analizarán sus consecuencias legales, sociales, sociológicas, morales y económicas»... Como en toda exposición que se precie ésta contará con cursos, talleres, conferencias y contacto con especialistas: jueces en materia familiar, magistrados, psicólogos y organizaciones de derechos humanos.. De los hijos, mejor ni hablar. Los que pagan el pato del divorcio en esta ocasión no están invitados. Se trata, por lo que se ve, que sus padres no se la pasen tan mal después de la experiencia traumática de la separación... Como muchas cosas en la actualidad, sanar el alma es acción superflua; lo que importa es la autoestima, la buena vibra y la emoción de otra aventura amorosa, el volver a empezar que muchas veces es necesario, pero no tantas como las que ahora se producen en México... Sin menospreciar el drama que viven muchas parejas, pero, sobre todo, los hijos, y que muchas veces hace recomendable –desde el punto de vista moral— la separación; ¿no podría haber, por ahí una oficina de gobierno –además de las de la Iglesia, a las que el gobierno ni siquiera toma en cuenta— para enseñar a las parejas que el matrimonio no es un «volado», sino la decisión más profunda de nuestra vida?... Se ha tomado al matrimonio como si fuera un juego de azar: lo mismo nos va bien, lo mismo no. El compromiso es profundo, pero se hace vano en las telenovelas y hoy mismo una de cada cuatro parejas terminan separadas en nuestro país... Nadie pide que volvamos a las formas de la familia sumisa al poder del varón autoritario y despótico. Se pide, eso sí, una participación diferente del Estado a través de la educación: que se enseñe en ella los valores... Una reciente encuesta del periódico REFORMA enseña que en las escuelas primarias y secundarias del país ya los maestros no hablan a los alumnos de valores. Aprecian más el «valor» de la limpieza que el de la justicia. Es más, preguntados sobre qué valores reconocen y qué no, sucedió que los niños mexicanos no reconocen el valor de la comprensión o el de la fidelidad... Así es difícil, por no decir imposible, que en la vida adulta lleven su compromiso al extremo de renunciar al bien personal (o al placer personal) por el bien de los demás… Una exposición sobre el divorcio puede parecer novedosa; pero, también, puede resultar que a partir de ella las personas adquieran una noción de compromiso «light», que las lleve al matrimonio sin medir consecuencias, sin entender a qué van y, lo peor, sin estar seguros de que los hijos no son mascotas, sino seres humanos que necesitan el amor para crecer.

EL OBSERVADOR 553-3

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PINCELADAS
Feliz con la felicidad de los demás
Por el P. Justo López Melús

Se trata de un hombre que estaba harto de llorar. Abrió los ojos y vio que tenía delante la felicidad. Estiró la mano y quiso cogerla. La felicidad era un flor; la cogió, pero, al cogerla, ya se había deshojado. La felicidad era un rayo de sol; miró hacia él para calentar su rostro, pero una nube se lo tapó. La felicidad era una guitarra; la acarició con sus dedos, y las cuerdas se desafinaron. Al volver a casa por la noche el hombre seguía llorando.

Al día siguiente siguió buscando la felicidad. Vio a un niño que lloraba; cogió una flor y se la dio: la fragancia de la flor perfumó a los dos. Una mujer temblaba de frío; la llevó hasta el sol y se calentaron los dos. Unos niños cantaban; les acompañó con su guitarra y también él se deleitó. Por la noche, al volver a casa, el buen hombre sonreía de verdad. Había encontrado la felicidad.

EL OBSERVADOR 553-4

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REPORTAJE

Nostalgia de las excelencias de la sotana
Fíjese si el impacto de la sotana es grande ante la sociedad, que muchos regímenes anticristianos la han prohibido expresamente.
Por el P. Jaime Tovar Patrón / Fondo Cultural Católico

Con esta breve exposición se espera recordar la importancia del «uniforme sacerdotal», la sotana o hábito talar. Valga otro tanto para el hábito religioso propio de las órdenes y congregaciones. En un mundo secularizado no hay mejor testimonio cristiano de parte de los consagrados a Dios que la vestimenta sagrada en los sacerdotes y religiosos.

Siete excelencias de la sotana

Fíjese si el impacto de la sotana es grande ante la sociedad, que muchos regímenes anticristianos la han prohibido expresamente. Esto debe decirnos algo.
Hoy en día son pocas las ocasiones en que podemos admirar a un sacerdote vistiendo su sotana. El uso de la sotana, una tradición que se remonta a tiempos antiquísimos, ha sido olvidado y a veces hasta despreciado. Pero esto no quiere decir que la sotana perdió su utilidad.
La sotana fue instituida por la Iglesia a fines del siglo V con el propósito de darle a sus sacerdotes un modo de vestir serio, simple y austero. Recogiendo esta tradición, en sus pasadas ediciones el Código de Derecho Canónico impuso el hábito eclesiástico a todos los sacerdotes .
Contra la enseñanza perenne de la Iglesia está la opinión de círculos enemigos de la Tradición que tratan de hacernos creer que el hábito no hace al monje, que el sacerdocio se lleva dentro, que el vestir es lo de menos y que lo mismo se es sacerdote con sotana que de paisano. Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario, porque cuando hace más de mil 500 años la Iglesia decidió legislar sobre este asunto fue porque era y sigue siendo importante, ya que ella no se preocupa de niñerías.
Seguidamente exponemos siete excelencias de la sotana condensadas de un escrito del ilustre padre Jaime Tovar Patrón.

1º - El recuerdo constante del sacerdote.- Ciertamente que, una vez recibido el sacramento del Orden, no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio: algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido, una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos, el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Cuando se desprecia el uniforme, se desprecia la categoría o clase que éste representa.

2º - Presencia de lo sobrenatural en el mundo.- No cabe duda que los símbolos nos rodean por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes... Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía, un guardián, no hace falta que detenga, ponga multas, etc. Su simple presencia influye en los demás: conforta, da seguridad, irrita o pone nervioso, según sean las intenciones y conducta de los ciudadanos. Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento. Muchísima gente no pisa la iglesia. Para estas personas, ¿qué mejor forma de llevarles el mensaje de Cristo que dejándoles ver a un sacerdote consagrado vistiendo su sotana? Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas se quitan los hábitos, rechazan las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización.

3º - Es de gran utilidad para los fieles.- El sacerdote lo es, no sólo cuando está en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro horas del día. El sacerdocio no es una profesión, con un horario marcado; es una vida, una entrega total y sin reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote. Esto se le facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las demás personas; si éste lleva un signo externo. El que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado como tal para el beneficio de los fieles.

4º - Sirve para preservar de muchos peligros.- ¡A cuántas cosas se atreverán los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito! Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es hoy una terrible realidad. Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares, sitios de recreo, pero poco a poco se ha ido cada vez a más.Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el mundo. Pero, al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el mismo mensaje. De tal modo, que ya muchos piensan que al primero que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de la sotana supuestamente para salvar a otros.Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean.

5º - Ayuda desinteresada a los demás.- El pueblo cristiano abre de par en par las puertas al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos, por altos que sean, se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo?

6º - Impone la moderación en el vestir.- La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (saco). Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas. Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquiera: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello.

7º - Ejemplo de obediencia al espíritu y legislación de la Iglesia.- Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo.Vistiendo la sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su papel importante y su misión sagrada o confundirá su traje y su vida con la del mundo.

Estas siete excelencias de la sotana podrán ser aumentadas con otras que le vengan a la mente a usted. Pero, sean las que sean, la sotana por siempre será el símbolo inconfundible del sacerdocio porque así la Iglesia, en su sabiduría, lo dispuso y ha dado maravillosos frutos a través de los siglos.

EL OBSERVADOR 553-5

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NUESTRO PAÍS
TERCER CONGRESO NACIONAL DE LA COMISIÓN EPISCOPAL DE CULTURA
"Migraciones, multiculturalidad y pastoral de la cultura"
Por Carlos Montiel

De acuerdo con las Naciones Unidas, alrededor del mundo se suman 175 millones de emigrantes (aproximadamente 49% son mujeres). Este desplazamiento es originado por problemas personales, familiares y económicos. Ante todo habría que considerar salvaguardar el derecho a no emigrar, viviendo en paz y dignidad en el propio país.

Es obvio que nadie puede quedar indiferente ante esta columna de emigrantes, que en no pocas ocasiones han sido dejados a la merced de los acontecimientos, cargando sobre sus espaldas situaciones con frecuencia dramáticas. Por tal motivo en la reunión del Tercer Congreso Nacional de la Comisión Episcopal de Cultura, se dieron a la tarea de entender el problema de la migración y así dar una solución viable al problema.

El cardenal Norberto Rivera hizo énfasis en el tema trascendental del Evangelio, reforzando lo comentado por monseñor Martínez Zepeda (obispo de Irapuato), que «Juan Pablo II, cuando sale a los países, busca a los líderes para recordarle sus raíces cristianas y para que se implemente el Evangelio en la cultura». Pues Pablo VI advirtió que la ruptura de la cultura y el Evangelio ocasiona crisis de proporciones insospechables. El concilio Vaticano II nos refiere que no podemos entender el ser humano si está separado de la cultura, invitándonos así a analizar la realidad de las culturas. Por otro lado, el evangelio de san Mateo y san Lucas hacen referencia de las migraciones, como la huida a Egipto por parte de la Sagrada Familia.

En este Congreso se reconoció al pueblo judío como el pueblo emigrante por excelencia. A su vez se comentó que hay que adaptar una forma litúrgica en especial para un mayor acercamiento con el fiel por parte de los representantes de la Iglesia, pero se aclaró que no se puede adaptar en su totalidad, pues la variabilidad de los tiempos lo hacen muy complicado. Pero signos como un amor gratuito ofrecen a la Iglesia lanzar una nueva iniciación cristiana.

Un punto de importancia fue la relación o diferencia entre los Centros Culturales y la Acción Católica. La ACJM (Acción Católica de la Juventud Mexicana), una asociación de jóvenes en la que se formaron varios mártires, en especial de la época de los cristeros, como Anacleto González Flores, recién beatificado, se distingue de los Centros Culturales por un factor de suma importancia: estos Centros Culturales han existido siempre, son una expresión pública, ofreciendo su ayuda dependiendo de la situación actual, como en Chile, donde un hospital trabaja con enfermos de SIDA.

Por último, un punto importante fue el análisis sobre las actividades realizadas los días domingo, el día de descanso del católico. Se vio este asunto con tristeza pues tal día se malgasta con ociosidad, deporte y distracciones como la telvisión, y cuando termina la jornada dominical se sienten los seres humanos, en especial los televidentes, vacíos. A lo anterior se recordó que la Iglesia ve todo esto como peligroso para un buen desarrollo evangélico.

EL OBSERVADOR 553-6

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LO QUE VALE EL MEXICANO
Votar como católico
Por Antonio Maza Pereda

Aún falta mucho para las votaciones federales, pero desde ahora que se abren formalmente las campañas vale la pena ir «construyendo» nuestro voto, si es que queremos que sea un voto consciente y responsable, un voto meditado que nos deje con la conciencia tranquila de que hicimos lo mejor posible para dar nuestra representación y nuestro mandato a los mejores candidatos.

En este momento se habla de muchos tipos de voto: el voto duro, es decir, los que votan por un partido sin importarles quién sea su candidato; el voto verde, es decir, el del campo; el de los jóvenes, el de las mujeres, y otros más. No se habla, no hablamos del voto católico. Más aún, se nos dice por todos los medios que nuestras convicciones religiosas no deberían de contar a la hora del voto. Y en parte tienen razón: no se trata necesariamente de votar por los candidatos católicos, solamente por el hecho de serlo, aunque no deja de ser un dato en la decisión.

Sin embargo, es un hecho que tenemos que votar de acuerdo con nuestras convicciones. Como católicos, tenemos el deber de cumplir con nuestros deberes ciudadanos, de acuerdo con nuestra conciencia, iluminada por la fe y por nuestras convicciones. Pero, ¿cuáles serían estas convicciones? ¿Qué tipo de respuestas deberíamos de buscar en los candidatos para darles nuestro mandato mediante el voto?

En primer lugar, respeto por la persona humana, por su dignidad, desde su nacimiento hasta su muerte natural. Sin tomar en cuenta esto, difícilmente podemos pensar que nuestro voto toma en cuenta nuestras convicciones católicas.

Después, hay que buscar cuáles son las convicciones del candidato respecto a valores como la honestidad, la justicia, la libertad de conciencia y otras libertades que hoy todavía se nos niegan. También tenemos que examinar qué tan comprometido está el candidato con el bien del país; tristemente muchos han demostrado que sólo les interesa el bien de su partido.

Además, están sus características personales. ¿Es una persona honesta? ¿Ha permitido que sus colaboradores sean deshonestos?

¿Cómo piensa el candidato? No lo sabemos; creo que se guardarán muy bien de decir sus verdaderas convicciones; pero podemos ver cual ha sido el historial de su gobierno, cuando tuvieron la oportunidad de gobernar; cual es la postura de su partido en este tema. Cómo son sus aliados y los que lo apoyan. Bien dicen: «Dime con quién andas y te diré quién eres».

Meditemos desde ahora sobre nuestro voto; examinemos las opciones para dar un voto de acuerdo con nuestra conciencia.

EL OBSERVADOR 553-7

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MIRADA JOVEN
Febrero 14: sentimientos enfrascados en el consumismo
Por María Velázquez Dorantes
Febrero 14. Tiendas adornadas con corazones, globos rojos, rosas rojas. Serenatas que llegan al pie de un balcón —algunos jóvenes en sus cinco sentidos; otros, con alcohol en su cuerpo—. Noche de antro para festejar el día del amor y la amistad.

¿Amor o comercio con los sentimientos?

En nuestra actualidad no resulta nada más cómodo para los mercantilistas que combinar los sentimientos con los productos que están de moda en determinada temporada. El 14 de febrero no podría ser una excepción; el amor y la amistad son conceptos para grandes campañas publicitarias.
Entonces, ¿verdaderamente se festeja al amor o se comercializa con los sentimientos de las personas? Una flor, un detalle, un pensamiento, no se centran en una sola fecha; todos los días ese sentimiento debe demostrarse con acciones y actitudes, no con objetos detrás de un escaparate.
¿Se trata de Cupido, el que flecha a las personas con amor, o de los publicistas y empresarios que, a través de los medios, ha capturado los sentimientos para venderlos?
La leyenda de Cupido, el «dios del amor», ha fortalecido a gran cantidad de empresas que invierten en campañas publicitarias para enfrascar a los sentimientos, y así, cuando llegue el «día del amor», poder obtener sus ganancias.
Resulta más rentable para algunos crear historias románticas para hacer guiones de películas que eleven las taquillas en la temporada para el festejo de los enamorados.
Los medios de comunicación no podrían quedarse atrás de este gran negocio; el dinero que ganan por cada spot publicitario les resulta indispensable para la empresa.

Una vieja historia convertida en una realidad entorpecida

Cupido, el eros griego, ha dejado de ser una vieja historia para convertirse en realidad que se encarna en la irresponsabilidad del consumo y la intransigencia del placer.
Las historias románticas de este personaje que intenta unir corazones se han convertido en encuentros placenteros donde, después de una cena con un excelente vino, viene la propuesta de tener sexo. Quizás este sea el mejor día para aquellos que todavía piden una «prueba de amor».

¿Y dónde está el amor?

Después del 14 de febrero algunos se preguntarán dónde quedó el amor. Enfrascado en una lata con peluches, en unas rosas disecadas, en una vela aromática, en los cajeros de los restaurantes, en una cama o en un hotel. Después de la fecha de los enamorados ¿el amor dónde queda?, ¿hacia dónde se va?
Reflexionemos de qué manera festejamos el amor, con qué detalle podemos hacer feliz a las personas de manera constante; pensemos en un buen propósito para combatir al consumismo que nos quiere vender los sentimientos. Nadie, por muy empresario que sea, puede arrebatarle al ser humano lo que lleva dentro, para venderlo: sus sentimientos.

EL OBSERVADOR 553-8

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RESUELVE TUS DUDAS
¿Es correcto que en la catequesis infantil se ponga a los niños a dibujar?

Pregunta:
¿Es correcto que en la catequesis infantil se ponga a los niños a dibujar, es un nuevo método? Es que he visto que ya casi no se enseñan oraciones a los niños sino que sólo se da un pequeño tema y después todos a dibujar, claro, algo relacionado con lo que se habló. Pero me acuerdo que cuando yo iba al catecismo era todo el tiempo dedicado al aprendizaje de oraciones y ahora creo que es hasta que van a hacer la Primera Comunión cuando andan todos apurados porque, si no se saben ciertas oraciones, no son aceptados para recibir el sacramento. Y es triste ver que personas más o menos de mi edad no sepan los diez mandamientos.
Luisa.

Respuesta:
Sí. Sí es un nuevo método y sí es correcto. Antiguamente se entendía que la educación —en todas sus áreas— tenía que ser rigorista y sufrida. Los métodos pedagógicos modernos sugieren que la educación sea más llevadera y divertida. La educación de la religión no tiene por qué ser la excepción. Desde luego existe el peligro de que, por estar jugando o dibujando todo el tiempo, no se aprenda lo realmente necesario; eso sucede también en las escuelas cuando se abusa de los métodos modernos; pero antiguamente la gente se aprendía las oraciones «como perico» sin comprender su sentido y sin aprender a amar a Dios y al prójimo. Lo ideal sería una aplicación prudente de los métodos modernos que diera lugar a que el niño se sintiera a gusto en la catequesis y también aprendiera las oraciones y los principios de la doctrina. Dependerá de la habilidad del catequista y del sacerdote a cargo que este resultado se alcance.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 553-9

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ENTREVISTA
Para una lectura de la «revolucionaria» encíclica de Benedicto XVI
Deus caritas est, la primera encíclica de Benedicto XVI, ha tenido un impacto sin precedentes entre los diferentes sectores de la opinión pública y particularmente en el debate filosófico. En esta entrevista el filósofo y sacerdote Jesús Villagrasa habla sobre la naturaleza de esta encíclica y sobre algunos aspectos más filosóficos para facilitar su lectura.

¿Cuál ha sido su primera impresión al leer la encíclica?
Admiración y alegría. Benedicto XVI nos ha dado una obra maestra de claridad y profundidad. Y, además, breve. Puede ser leída sin dificultad por cualquier persona de cultura media.

¿Qué descubrió en esta encíclica?
Que Joseph Ratzinger ha puesto al servicio del Magisterio su formación cultural, filosófica y teológica.

¿Podría poner algún ejemplo?
La primera parte se titula «La unidad del amor en la creación y en la historia de la salvación». Un tema filosófico de fondo y difícil es la analogía que se aplica a los conceptos que tienen «unidad débil pero real». Amor es un concepto análogo porque se dice con significados diversos que, sin embargo, tienen alguna relación entre sí. El amor divino y las diversas formas de amor humano no son iguales, pero tampoco enteramente diversos. Se dan unas relaciones y semejanzas que la primera parte de la encíclica trata de explicar.

Al hablar de analogía ¿no complica más las cosas?
Así es. Por eso pienso que el Santo Padre evita el lenguaje técnico y se limita a explicar que hay un «problema de lenguaje». Los fieles no necesitan conocer a fondo la teoría lingüística y metafísica de la analogía. Sin embargo, el rigor y la claridad de la encíclica son fruto de la conciencia que el Papa tiene del problema y del uso de la analogía para resolverlo.

Pero en un tema tan importante como el amor cristiano, ¿le parece interesante detenerse en estas cuestiones filosóficas y lingüísticas?
Creo que una de las preocupaciones de fondo del pontífice es el empobrecimiento del concepto de amor. Suelen darse visiones parciales: moralistas o pietistas, políticas y activistas, sentimentales o voluntaristas. Haber presentado la unidad de las diversas dimensiones y haberlo hecho con tanta claridad y equilibrio es algo grandioso.

¿No le ha sorprendido que la encíclica mencione a varios filósofos?
En cierto modo, sí, porque no ha sido algo común en este tipo de documentos. Me divierte ver cómo la amplia reflexión filosófica inicial de esta encíclica rompe ciertos clichés. Ya sabe… Wojtyla el papa filósofo y Ratzinger el papa teólogo... Estas fórmulas valen para los titulares de los periódicos pero no captan la realidad.

¿Qué consejos daría al lector de la encíclica?
Si es un especialista, que profundice en el pensamiento de Joseph Ratzinger para desentrañar la riqueza y originalidad que tiene esta encíclica; que no se fije sólo en su contenido, sino en la forma con que está elaborada.

¿Y al lector común?
Por la riqueza de textos bíblicos y, salvando la analogía, recomendaría la aplicación de los pasos de la «lectio divina»: lectura, meditación, oración, contemplación y acción. La lectura inicial reposada permite captar, sin mucha dificultad, la intención del Santo Padre, las ideas principales. Darle vueltas a esas verdades en la meditación para profundizar en el misterio de la existencia cristiana y en las aplicaciones que se derivan. La meditación avivará la conciencia de que la caridad cristiana es un don de Dios que hay que pedir a Dios. En esta oración Dios puede conceder la gracia de comprender y contemplar algo de su grandeza y bondad. Como repite el Papa en esta encíclica: de esta contemplación brotará un auténtico compromiso de acción caritativa, que no es ya un mandato externo sino una exigencia interna del amor mismo. Sobre todo recomendaría leerla varias veces en su unidad.

¿Cómo calificaría esta encíclica?
Revolucionaria. Benedicto XVI en Colonia habló a los jóvenes de una revolución. La revolución de Dios es el amor; sólo una gran explosión de bien puede vencer al mal y transformar al hombre y al mundo. Sólo Dios y su amor transforman al mundo. Si el cristiano vive el amor prenderá con este fuego al mundo.

Zenit.org-El Observador

EL OBSERVADOR 553-10

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LA VOZ DEL VICARIO DE CRISTO
El Señor es cariñoso con todas sus criaturas

En audiencia general el Papa comentó el salmo 144: «Está dirigido al Señor, a quien se invoca y describe como rey (v. 1), representación divina dominante en otros himnos de los salmos (cfr. Salmo 46; 92; 95-98). Es más, el centro espiritual de nuestro canto está constituido precisamente por una celebración intensa y apasionada de la realeza divina. En ella se repite en cuatro ocasiones —como indicando los cuatro puntos cardenales del ser y de la historia— la palabra hebrea malkut, 'reino' (vv. 11-13).

«Sabemos que esta simbología regia, que tendrá un carácter central también en la predicación de Cristo, es la expresión del proyecto salvífico de Dios: Él no es indiferente a la historia humana, es más, tiene el deseo de actuar con nosotros y para nosotros un designio de armonía y de paz. Toda la humanidad está también convocada a cumplir este plan para obedecer a la voluntad salvífica divina, una voluntad que se extiende a todos los hombres, a toda generación y a todos los siglos.

«Hacia el corazón de este salmo se dirige la alabanza orante del salmista, que se hace portavoz de todos los fieles y que hoy querría ser portavoz de todos nosotros. La oración bíblica más alta es, de hecho, la celebración de las obras de salvación que revelan el amor del Señor por sus criaturas. El salmo continúa exaltando el nombre divino, es decir, su persona (vv. 1-2), que se manifiesta en su acción histórica: se habla de obras, maravillas, prodigios, potencia, grandeza, justicia, paciencia, misericordia, gracia, bondad y ternura. Es una especie de oración en forma de letanía que proclama la entrada de Dios en las vicisitudes humanas para llevar toda la realidad creada a una plenitud salvífica. No estamos a la merced de fuerzas oscuras, ni estamos solos con nuestra libertad, sino que hemos sido confiados a la acción del Señor poderoso y amoroso, que instaurará para nosotros un designio, un 'reino' (v.11).

«Este reino no consiste en el poder o el dominio, el triunfo o la opresión, como sucede, por desgracia, con frecuencia con los reinos terrenos, sino que es la sede de una manifestación de piedad, ternura, bondad, de gracia, de justicia. La síntesis de este retrato divino está en el versículo 8: el Señor es 'lento a la cólera y rico en piedad'. Dispuesto siempre a perdonar y ayudar, nuestra atención se concentra también en el bellísimo versículo 9: 'el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas'. Una palabra que hay que meditar, una palabra de consuelo, una certeza que aporta a nuestra vida».

EL OBSERVADOR 553-11

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FIN

 
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