El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
-Periodismo católico-
26 de febrero de 2006 No.555

SUMARIO

bulletPORTADA - En el mundo hay mil 98 millones de católicos; aumentaron los sacerdotes y las vocaciones en Asia y África
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Sociedad líquida, amor confluente
bulletMIRADAS DE EL OBSERVADOR - Caricaturas de muerte
bulletLa fe católica ante la increencia religiosa
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Nuestro hijo está llegando muy tarde
bulletPINCELADAS - Coche abierto en la calle
bulletDOCUMENTOS - Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma del año 2006
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Puedo comulgar si me confieso pero no me arrepiento?
bulletENTREVISTA - Respuesta de la Iglesia ante las profanaciones de la Eucaristía
bulletPeriodismocatolico.com renueva su página de Internet

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PORTADA
En el mundo hay mil 98 millones de católicos; aumentaron los sacerdotes y las vocaciones en Asia y África
Zenit / El Observador
En el mundo hay 1.098 millones de católicos, revela la edición del Anuario Pontificio 2006, que fue presentada este sábado a Benedicto XVI. Este registro de algo menos de dos mil 400 páginas ofrece una visión del estado de la Iglesia católica en estos momentos.

Un comunicado emitido por la Santa Sede —en el que se sintetizan algunos datos aportados por el volumen— revela que «entre el año 2003 y 2004 los católicos en el mundo pasaron de 1.086 millones a 1.098 millones, un crecimiento de 12 millones de fieles, lo que equivale a un aumento del 1.1%».

«Comparando estos datos con la evolución de la población mundial, en el mismo período, que pasó de 6.301 millones a 6.388 millones, se observa que la presencia relativa de los fieles católicos bautizados desciende en un 1 por mil, pasando de 17.2 católicos por 100 habitantes en 2003 a 17.1 por 100 en el año sucesivo», explica la nota.

Tras de la crisis, primavera sacerdotal

El Anuario Pontificio muestra que, tras la crisis experimentada en décadas anteriores, «la tendencia al crecimiento en el número de sacerdotes ha continuado en 2004». «En ese año, el número total de sacerdotes fue de 405 mil 891 unidades»: un tercio, sacerdotes religiosos; los otros dos tercios, diocesanos.

«En su conjunto, los sacerdotes aumentaron entre 2003 y 2004 en 441 unidades. Este aumento es a nivel planetario, pues en el caso de los diferentes continentes la evolución está diversificada. Frente a los importantes incrementos de Asia y África, donde se registra un aumento de mil 422 y 840 sacerdotes respectivamente, se experimenta una situación estacionaria en América y Oceanía, mientras que en Europa se ha dado una disminución de mil 876 unidades».

El aumento de los diáconos permanentes es constante desde 1978. En el año 2004 eran 32 mil 324.

«Están presentes sobre todo en América del Norte y en Europa, con una cuota respectiva del 47.3% y del 32.3% en relación con el mundo, y han aumentado en un 2.5% respecto al año 2003». En 1978 eran 5 mil 562.

«Los candidatos al sacerdocio, diocesanos y religiosos, presentan globalmente una evolución positiva, pasando de 112 mil 373 en 2003 a 113 mil 44 en 2004». «Sin embargo —explica el comunicado vaticano— en este caso surgen motivos de preocupación en Europa, donde en los últimos años el descenso es evidente. Por el contrario, África y Asia demuestran una alentadora vitalidad de vocaciones».

EL OBSERVADOR 555-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Sociedad líquida, amor confluente
Por Jaime Septién

El extraordinario sociólogo de origen polaco Zygmunt Bauman acaba de ser entrevistado por el diario italiano Avvenire sobre la primera encíclica de Benedicto XVI, Dios es amor. Sus respuestas ponen de relieve las tesis que ya ha expuesto en libros capitales para entender «el malestar de la cultura», al menos de la cultura Occidental, como La Globalización. Consecuencias Humanas (México, Fondo de Cultura Económica, 2003). Y estas tesis son que vivimos al interior de una sociedad «líquida», sin compromiso duradero entre sus miembros, y, por tanto, un modelo de amor «confluente», que dura hasta que se acaba el interés de una de las dos partes.

Bauman sabe de lo que habla, pues lleva casado 60 años con su esposa, Janina. Y contempla desde la sociología cómo la civilización moderna —coincidiendo con Cornelius Castoriadis— ha dejado de ponerse a sí misma en tela de juicio, para entregarse de lleno a vivir el vértigo de lo que fluye, cambia, se usa y se tira como un objeto, entre ellos, el otro; el otro convertido en un «ello».

A la pregunta «¿Por qué los hombres de hoy parecen incapaces de amar para siempre?», Bauman responde: «Porque vivimos en una sociedad que se ha modelado en torno al usar y tirar, al deseo de consumir, a la ausencia de responsabilidades. El consumo como medida de nuestras acciones no favorece la lealtad y la dedicación hacia el otro. Al contrario, apoya una visión de la vida en la que se pasa de un deseo a otro, en la que se abandona lo viejo por la novedad. La cláusula Si no queda satisfecho le devolvemos su dinero, se ha convertido en el paradigma de toda relación. Esto acaba, también, con el amor».

No creo que nadie pueda ver en esta respuesta un dejo de cursilería, aunque sé que, para muchos ambientes de hoy, hablar del amor duradero es algo así como un reflejo del romanticismo adormilado. Bauman nada tiene de romántico. Su teoría del amor «confluente» refleja, más bien, una descomposición que socava los cimientos de la sociedad. Si el otro se convierte en objeto, más aún, en objeto de consumo, puedo hacer con él (y él conmigo) lo que me venga en gana. Lo puedo estropear, ajar, exprimir y, cuando ya no tenga jugo (o juego), echarlo al cesto de la basura.

Entonces el otro deja de ser un fin en si mismo, como quería Kant, y se convierte en un medio para mí mismo. Nadie en sus cabales querría ser escalón, tapete, estopa con la cual otro pueda escalar peldaños de placer. Podrá ser todo lo libertario el discurso de «obtén placer sin que nada ni nadie te diga cuánto, cuándo o cómo», pero a la larga es depredador de las relaciones que necesitamos todos para sobrevivir y encontrarle sentido a la existencia. Sentido trascendente.

La sociedad «líquida» confunde cantidad con calidad. El recurso moderno es el de la acumulación, no el de la duración. Por lo mismo, las relaciones son débiles, anoréxicas; relaciones que «truenan como ejotes» a la menor provocación, a la menor exigencia, al más leve sacrificio. Se acumulan objetos. Y lo que nos urge es saber que contamos con alguien, no con algo. «Es una cuestión de elegir los valores que supone el estar juntos», apostilló Bauman al Avvenire. Y es eso.

EL OBSERVADOR 555-2

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MIRADAS DE EL OBSERVADOR
Caricaturas de muerte

«Según la ética del periodismo, ¿es lícito publicar viñetas que hieren los sentimientos religiosos?» , preguntó una encuesta realizada la semana pasada por www.periodismocatolico.com . Los visitantes a esta página electrónica dijeron que no (95.6%). Parece ser que es la opinión generalizada. Pero, ¿tiene límites la libertad de expresión? Quizá sí, pero son los límites de la autocensura, no los de la censura oficial, que siempre aprovechará cualquier pretexto para amarrar plumas, caricaturistas, opinantes críticos y acabará por borrar, de un plumazo, una de las libertades primordiales de la civilización y la cultura de Occidente... El diario danés Jyllands-Posten publicó las caricaturas el pasado septiembre de 2005, tras pedir a los artistas que representaran al profeta del Islam. El objetivo del periódico era desafiar lo que percibió como una autocensura de los propios artistas al tratar temas islámicos. En enero un periódico noruego volvía a publicar las imágenes. Cuando las demostraciones de protesta contra las caricaturas tomaron fuerza, algunos periódicos europeos volvieron a publicar las imágenes, en lo que consideraban una ofensa a la libertad de expresión. Lo que es curioso –o no tanto— es que hasta enero de 2006, coincidiendo con los experimentos nucleares de Irán, su renuencia a ser investigados por la ONU, la conexión con Siria del asesinato del premier libanés Hariri, el ascenso de Hamas en Palestina y la inestabilidad en Egipto, se haya soltado la bomba a las masas musulmanas que ya se cobraron a un sacerdote en Turquía (don Andrea Santoro) y por lo menos a otros 16 cristianos en Nigeria, además de la quema de embajadas y de templos... Hay sentimientos religiosos profundos que no se deben ridiculizar, máxime cuando, es obvio, van a ser aprovechados por dirigentes políticos sin escrúpulos para movilizar la ignorancia y la beligerancia de su gente contra el «infiel»... En esta barahúnda de acontecimientos en torno a unas caricaturas —y haciendo uso, justamente, de la liberación de las telecomunicaciones— la organización Hamas, quien está en la lista de organizaciones terroristas de la UE y que acaba de asumir el poder en Palestina y de negociar con Vladimir Putin, inició la andadura Al Aqsa TV, cuyo objetivo es exaltar a los mártires de la causa palestina, invitar a cumplir la sharia y enseñar a odiar al pueblo de Israel... ¿Habrá en esta cadena de televisión autocensura? Claro que no. Un personaje que se hace llamar «Tío Hazim» (algo así como el «Tío Gamboín» pero en la franja de Gaza), instruye a los niños palestinos cómo odiar positivamente a los judíos y cómo hacerles, de grandecitos, la vida imposible («y no me fallen, sobrinos»)... Si estamos de acuerdo en que lo de Al Aqsa TV es un despropósito, un llamado a la guerra, también deberíamos estar de acuerdo en que la sátira ha de tener límites, y que esos límites son el respeto profundo a las creencias religiosas de los otros. Si no es por convicción, que lo sea por estrategia o prudencia. ¿Qué ganamos con favorecer el «choque de civilizaciones»? Odio. Y que los violentos tengan herramientas (que tanta falta les hacen) para violar, incendiar y aniquilar al vecino.

EL OBSERVADOR 555-3

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La fe católica ante la increencia religiosa
+ Mario De Gasperín Gasperín
Nuestros templos están llenos, pero de personas mayores, y cuatro de cada cinco bautizados están fuera de la Misa dominical y de la práctica religiosa.

Al inicio del nuevo milenio la fe católica se ve confrontada con el desafío de la increencia y de la indiferencia religiosa. Dice el Concilio: «muchos de nuestros contemporáneos no perciben de ninguna manera esta unión íntima y vital con Dios o la rechazan explícitamente, hasta tal punto que el ateísmo debe ser considerado entre los problemas más graves de esta época y debe ser sometido a un examen atento» (GSp, 19).

¿Quiénes son esos no creyentes o indiferentes?, ¿cuál es su cultura?, ¿existen entre nosotros? Por supuesto que sí. Pero, ¿en qué medida los católicos podemos responder a sus cuestionamientos y dudas?

Entre nosotros la pertenencia a la Iglesia es multitudinaria, pero la fractura está en el proceso de la transmisión de la fe. Se trata de una verdadera ruptura cultural entre la fe los padres y la creencia o increencia de los hijos. El habitat cultural ha cambiado: son otros los hábitos de pensamiento y de comportamiento, los criterios de juicio y los intereses. La secularización se ha transformado en secularismo y ha provocado esta crisis espiritual: un nihilismo antropológico que reduce al hombre a un ser biológico, dominado por sus instintos y tendencias; las sensaciones dominan sobre las convicciones y las opiniones sobre la verdad. Es la dictadura del relativismo. Ante esta situación y actitud, ¿qué incidencia pueden tener las verdades inmutables, los principios indeclinables, las promesas eternas, la resurrección de los muertos y la vida perdurable?

Nuestros templos están llenos, pero de personas mayores, y cuatro de cada cinco bautizados están fuera de la Misa dominical y de la práctica religiosa. Con las creencias y algunas prácticas religiosas católicas conviven la mentira, el engaño, la violencia, la irresponsabilidad social y ecológica, el vicio y la impunidad. El problema mayor no es el ateísmo, sino el alejamiento de la práctica religiosa, la increencia, la indiferencia, la mal creencia. El habitat cultural es religioso, pero ya no es católico ni tampoco cristiano. Mucho menos moral. Es pagano y crédulo.

La globalización nos ha traído un supermercado religioso cuyas ofertas son aceptadas como emplastos para sanar quemaduras y dolencias, pero que no dan salud. Son cisternas engañosas, decía Jeremías, que no apagan la sed. Un pueblo adolorido acepta con más facilidad un calmante que la cirugía mayor; prefiere un rito supersticioso a la cruz de Cristo y a sus mandamientos. El surgir del subconsciente religioso no coincide con la fe católica; al contrario, más bien va en la dirección de una erupción del alma natural, no cristiana sino pagana, que no se compromete ni con Dios, ni con la ley moral, ni con la comunidad estable y exigente como lo es la Iglesia de Jesucristo.

En medio de este breñal religioso y pantano moral, surge esplendorosa la luz de Cristo que se refleja en el rostro de la Iglesia y que brilla en el corazón y en las obras de los católicos de verdad. La carta encíclica del papa Benedicto Dios es amor nos ayuda a descubrir esta luz.

EL OBSERVADOR 555-4

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Nuestro hijo está llegando muy tarde
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Necesito ayuda, no sé qué hacer. Mi hijo de 17 años tiene como dos sábados consecutivos que no viene a dormir. Antes de eso estaba llegando tarde. Mi esposo y yo hemos hablado con él y nos dice que no volverá a pasar más, que se queda dormido en casa de una novia. Le explicamos los peligros que esto representa para él. Como nos incumplió una vez más, mi esposo le quitó las llaves del carro. Se molestó como dos días y luego lo aceptó y dijo que no volvería a pasar, pero este fin de semana lo volvió a hacer. Él es excelente en los estudios, le falta un año para graduarse en la «high school». Mi esposo me echa las culpas a mí por lo que mi hijo hace, ya que al día siguiente de lo sucedido yo le hablo. Esta noche mi esposo se fue de la casa y no sé si volverá. A mi hijo ya se le quitaron todos los privilegios pero parece no importarle. Mi esposo es violento y mi hijo es fuerte de carácter. Esto parece una competencia por el poder. Me estoy volviendo loca, no sé qué hacer. Por favor, ayúdenme.

RESPUESTA
Podría parecer, en un primer momento, que se trata solamente de un problema con su hijo, pero no es así. Evidentemente, el de ustedes es un problema familiar, y no se va a remediar dejando de hablarle o poniendo castigos cada vez más grandes a su hijo.

No quiero decir con esto que le permitan seguir faltando a las normas básicas de la convivencia familiar. Por supuesto, deben seguir educando a su hijo, pero también, y antes que nada, necesitan analizar qué pasa con ustedes como padres, como esposos y como familia.

Hace falta hablar con su hijo, eso es imprescindible; pero, al parecer, en este momento él no siente confianza respecto a su padre. No sé si ha intentado hablar usted sola con él. Si tampoco lo ha logrado, tal vez haga falta buscar a una tercera persona que no esté involucrada en la problemática, pero a quien su hijo pueda tener confianza. Necesitan saber qué es verdaderamente lo que ocurre, por qué su hijo llega tarde o no llega. Intente hablar con él con el corazón en la mano, no inmediatamente después de una de esas llegadas tarde, sino días después, ya calmados. En esta charla no lo juzgue, no lo regañe, simplemente dígale cuánto lo quiere, cuán preocupada está, que quiere saber qué está pasando y qué pueden hacer para mejorar las cosas.

¿Conoce a los papás de esa novia? Sería muy bueno que lo hiciera. No para acusar a su hijo, ni para hacerlo sentir en ridículo, sino para saber quiénes son esas personas, qué clase de valores tienen y dónde se está moviendo su hijo.

Pero tal vez el problema más grave es el de ustedes. Todo eso que me dice de la violencia de su esposo, de cómo la culpa y que se fue, me hace pensar que usted necesita ayuda para ver con claridad lo que ocurre en su vida, adquirir confianza en sí misma y fortaleza. No tengo idea de qué es lo que tenga qué hacer usted en su vida, pero algo tiene qué hacer, y hace falta que usted hable con alguien que le pueda ayudar. ¿Hay alcohol de por medio? Puede acercarse a los grupos Al-Anon para familiares de alcohólicos. También hay instituciones de ayuda para la mujer. Por supuesto, también hay orientadores familiares y psicólogos familiares. Aun si su esposo no aceptara acudir, vaya usted. Lo que no debe hacer es quedarse sola con el problema, porque eso le impide ver con claridad, se siente más abrumada de lo necesario y se siente más sola e impotente ante la situación. Tenga fe, ponga a su familia en manos de Dios, pero haga también lo necesario para encontrar el camino para que su familia sane y se integre de acuerdo con los planes del Señor.

EL OBSERVADOR 555-5

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PINCELADAS
Coche abierto en la calle
Por el P. Justo López Melús

Decía un poeta que es una pena ser «ciego en Granada». Ser loco es otra cosa. «Loco en Granada», titulaba Javierre la vida de san Juan de Dios. Es una vida impresionante. Una locura. Los criterios humanos le traían al fresco, sólo le importaban los criterios evangélicos. «Al que quiere quitarte la túnica, dale también el manto» (Lc 5, 40). No le importaba que lo engañaran, que no se lo agradecieran. «Estaba loco». Dios no nos ama porque seamos buenos, Dios nos ama porque estamos «locos».

Un sacerdote ejerce su ministerio en los suburbios. Le han regalado un coche y lo ha dejado abierto en la calle con este letrero: «Hermano, deja aquí lo que te sobre, para que otro pueda tomar lo que necesita». Y dicen que todos los días el coche se llena y se vacía. Algunos «prudentes» lo tachan de loco. «No hay que pasarse, es un exagerado». Es una escapatoria que utilizamos para ahogar nuestros remordimientos y poder vivir tranquilamente. ¿Cómo terminó la aventura? Eso ya no importa, desde los criterios del Evangelio.

EL OBSERVADOR 555-6

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DOCUMENTOS
Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma del año 2006
«Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas»

Amadísimos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia. Es una peregrinación en la que Él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en el camino hacia la alegría intensa de la Pascua. Incluso en el «valle oscuro» del que habla el salmista (Sal 23,4), mientras el tentador nos mueve a desesperarnos o a confiar de manera ilusoria en nuestras propias fuerzas, Dios nos guarda y nos sostiene. Efectivamente, hoy el Señor escucha también el grito de las multitudes hambrientas de alegría, de paz y de amor. Como en todas las épocas, se sienten abandonadas. Sin embargo, en la desolación de la miseria, de la soledad, de la violencia y del hambre, que afectan sin distinción a ancianos, adultos y niños, Dios no permite que predomine la oscuridad del horror. En efecto, como escribió mi amado predecesor Juan Pablo II, hay un «límite impuesto al mal por el bien divino», y es la misericordia. En este sentido he querido poner al inicio de este mensaje la cita evangélica según la cual «Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas» (Mt 9,36). A este respecto deseo reflexionar sobre una cuestión muy debatida en la actualidad: el problema del desarrollo. La «mirada» conmovida de Cristo se detiene también hoy sobre los hombres y los pueblos, puesto que por el «proyecto» divino todos están llamados a la salvación. Jesús, ante las insidias que se oponen a este proyecto, se compadece de las multitudes: las defiende de los lobos, aun a costa de su vida. Con su mirada, Jesús abraza a las multitudes y a cada uno, y los entrega al Padre, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio de expiación.

La Iglesia, iluminada por esta verdad pascual, es consciente de que, para promover un desarrollo integral, es necesario que nuestra «mirada» sobre el hombre se asemeje a la de Cristo. En efecto, de ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón. Esto debe subrayarse con mayor fuerza en nuestra época de grandes transformaciones, en la que percibimos de manera cada vez más viva y urgente nuestra responsabilidad ante los pobres del mundo. Ya mi venerado predecesor, el papa Pablo VI, identificaba los efectos del subdesarrollo como un deterioro de humanidad. En este sentido, en la encíclica Populorum progressio denunciaba «las carencias materiales de los que están privados del mínimo vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo... las estructuras opresoras que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones». Como antídoto contra estos males, Pablo VI no sólo sugería «el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la cooperación en el bien común, la voluntad de la paz», sino también «el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin». En esta línea, el Papa no dudaba en proponer «especialmente, la fe, don de Dios, acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad de la caridad de Cristo». Por tanto, la «mirada» de Cristo sobre la muchedumbre nos mueve a afirmar los verdaderos contenidos de ese «humanismo pleno» que, según el mismo Pablo VI, consiste en el «desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres». Por eso, la primera contribución que la Iglesia ofrece al desarrollo del hombre y de los pueblos no se basa en medios materiales ni en soluciones técnicas, sino en el anuncio de la verdad de Cristo, que forma las conciencias y muestra la auténtica dignidad de la persona y del trabajo, promoviendo la creación de una cultura que responda verdaderamente a todos los interrogantes del hombre.

Ante los terribles desafíos de la pobreza de gran parte de la humanidad, la indiferencia y el encerrarse en el propio egoísmo aparecen como un contraste intolerable frente a la «mirada» de Cristo. El ayuno y la limosna, que, junto con la oración, la Iglesia propone de modo especial en el período de Cuaresma, son una ocasión propicia para conformarnos con esa «mirada». Los ejemplos de los santos y las numerosas experiencias misioneras que caracterizan la historia de la Iglesia son indicaciones valiosas para sostener del mejor modo posible el desarrollo. Hoy, en el contexto de la interdependencia global, se puede constatar que ningún proyecto económico, social o político puede sustituir el don de uno mismo a los demás en el que se expresa la caridad. Quien actúa según esta lógica evangélica vive la fe como amistad con el Dios encarnado y, como Él, se preocupa por las necesidades materiales y espirituales del prójimo. Lo mira como un misterio inconmensurable, digno de infinito cuidado y atención. Sabe que quien no da a Dios, da demasiado poco; como decía a menudo la beata Teresa de Calcuta: «la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo». Por esto es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo: sin esta perspectiva, no se construye una civilización sobre bases sólidas.

Gracias a hombres y mujeres obedientes al Espíritu Santo, han surgido en la Iglesia muchas obras de caridad, dedicadas a promover el desarrollo: hospitales, universidades, escuelas de formación profesional, pequeñas empresas. Son iniciativas que han demostrado, mucho antes que otras actuaciones de la sociedad civil, la sincera preocupación hacia el hombre por parte de personas movidas por el mensaje evangélico. Estas obras indican un camino para guiar aún hoy al mundo hacia una globalización que ponga en el centro el verdadero bien del hombre y, así, lleve a la paz auténtica. Con la misma compasión de Jesús por las muchedumbres, la Iglesia siente también hoy que su tarea propia consiste en pedir a quien tiene responsabilidades políticas y ejerce el poder económico y financiero que promueva un desarrollo basado en el respeto de la dignidad de todo hombre. Una prueba importante de este esfuerzo será la efectiva libertad religiosa, entendida no sólo como posibilidad de anunciar y celebrar a Cristo, sino también de contribuir a la edificación de un mundo animado por la caridad. En este esfuerzo se inscribe también la consideración efectiva del papel central que los auténticos valores religiosos desempeñan en la vida del hombre, como respuesta a sus interrogantes más profundos y como motivación ética respecto a sus responsabilidades personales y sociales. Basándose en estos criterios, los cristianos deben aprender a valorar también con sabiduría los programas de sus gobernantes.

No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una "gradual secularización de la salvación", debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral».

Teniendo en cuenta la victoria de Cristo sobre todo mal que oprime al hombre, la Cuaresma nos quiere guiar precisamente a esta salvación integral. Al dirigirnos al divino Maestro, al convertirnos a Él, al experimentar su misericordia gracias al sacramento de la Reconciliación, descubriremos una «mirada» que nos escruta en lo más hondo y puede reanimar a las multitudes y a cada uno de nosotros. Devuelve la confianza a cuantos no se cierran en el escepticismo, abriendo ante ellos la perspectiva de la salvación eterna. Por tanto, aunque parezca que domine el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor. A María, «fuente viva de esperanza» (Dante Alighieri, «Paraíso», XXXIII, 12), le encomiendo nuestro camino cuaresmal, para que nos lleve a su Hijo. A ella le encomiendo, en particular, las muchedumbres que aún hoy, probadas por la pobreza, invocan su ayuda, apoyo y comprensión. Con estos sentimientos, imparto a todos de corazón una especial bendición apostólica.

EL OBSERVADOR 555-7

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RESUELVE TUS DUDAS
¿Puedo comulgar si me confieso pero no me arrepiento?

Pregunta:
Hay un pecado del que no me arrepiento; y, la verdad, pienso que no es pecado. Por eso pregunto: ¿puedo comulgar después de que me confiese y diga ese pecado, aunque no esté arrepentido?
Juan Carlos

Respuesta:
Por principio tenemos que reconocer que la maldad de un pecado no es subjetiva. No vale eso de que «para mí no es pecado», porque Dios es el que manda y la Iglesia es la que nos comunica su opinión. La moral, dijo Juan Pablo II, no es democrática.
En segundo lugar, es un absurdo «confesar» pidiendo la absolución de una falta que pienso seguir cometiendo. En todo caso, si para alguien algo no es pecado, no tendría por qué confesar una cosa que no existe.

El hecho de que te preocupe el tema es señal de que tienes buena voluntad. Creo que lo que te falta es más información de la correcta, porque el mundo todo el día nos da información equivocada y nos hace creer que nada es pecado. Te recomiendo buscar en librerías cristianas libros sobre moral o sobre cómo confesarse bien, o el Catecismo de la Iglesia Católica, que nos aclara qué es el pecado a partir del número 1848, o los folletos de la EVC, que se encuentran en algunos de nuestros templos; o, de preferencia, ir con tu párroco o con algún otro director espiritual a quien le tengas confianza. ¡Pero desde hoy! Si quieres ser parte de la Iglesia debes confiar en ella. Si el catecismo dice que es pecado, debes creer que es pecado. Para eso Cristo fundó la Iglesia, para que supiéramos cómo ganarnos el Cielo a pesar de nuestros pobres y equivocados pensamientos. Y, por lo pronto, arrepiéntete de no arrepentirte. Es un buen principio.

Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 555-8

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ENTREVISTA
Respuesta de la Iglesia ante las profanaciones de la Eucaristía
Como informamos la semana anterior, debido a a actos sacrílegos ocurridos en templos de la diócesis de la Paz (Baja California Sur), la Iglesia decidió cerrar 200 templos a la visita de los fieles y realizar actos de desagravio. En esta entrevista, el obispo del lugar, monseñor Miguel Ángel Alba Díaz, comenta que al principio los medios de comunicación y el pueblo centraron su atención en el valor de los objetos robados y no en lo verdaderamente grave e importante: que se profanó la Eucaristía.

La diócesis mexicana de La Paz ha sido noticia estos días por la decisión de desagraviar la profanación de la Eucaristía que tomó el obispo Miguel Ángel Alba Díaz.
El obispo habla aquí sobre temas dolorosos para el conjunto de la Iglesia en México y en todo el mundo.

¿Cuál es el comienzo de esta cadena de robos?
Inicié mi ministerio como obispo de La Paz en agosto de 2001. Poco tiempo después, en 2002, se consumó un primer sacrilegio en la parroquia de Guadalupe, en Ciudad Constitución, y a comienzos del 2004 tuvo lugar otro en la misma población, pero en la parroquia de Lourdes. En ambos casos fue notorio que el objeto del robo no era la Santa Eucaristía, sino los vasos sagrados, pues las especies consagradas fueron despreciadas y tiradas en lugares despoblados. Los respectivos párrocos organizaron actos de desagravio, pero a nivel local, y, a los ojos del pueblo y de los medios de comunicación, los hechos fueron minimizados, como si lo importante fueran los objetos pretendidamente de valor, que fueron robados, y no la profanación de la Eucaristía.

¿Ha habido profanaciones específicamente al Santísimo Sacramento?

En octubre de 2005, durante los actos celebrativos del Año de la Eucaristía, y mientras un servidor participaba en el Sínodo de Obispos, se realizó un nuevo sacrilegio, ahora en la parroquia de Guadalupe de la Ciudad de La Paz. Este último caso lo conocí hasta mi regreso y me preocupó más, pues el objeto del robo fue la Hostia consagrada, rompiendo el cristal de la custodia. Nuevamente los actos de desagravio se quedaron a nivel parroquial.
El 3 de febrero del año en curso fue la cuarta profanación, ahora en la Catedral, y no quise que las cosas se redujeran, como si se tratara de un robo de objetos preciosos o de valor artístico, sino que se percibiera cuál era la naturaleza y magnitud del acto y cuál era la verdadera preocupación de la Iglesia. Por eso emití mi primer mensaje a la comunidad el domingo 5 de febrero, informando del hecho y de la gravedad del mismo y anunciando que se realizarían actos de desagravio a nivel ciudad y Diócesis.


¿En que consiste la respuesta de la Iglesia?
Los actos de desagravio fueron detallados en el Decreto del día 7 de febrero y trataban de combinar la oración de reparación con signos externos de dolor y de penitencia eclesial, porque «El Esposo nos ha sido arrebatado».
Ambos documentos fueron leídos y comentados en los templos y encontraron acogida amplia, notoria y fiel en los medios de comunicación locales, de tal manera que los hechos fueron percibidos en su verdadera dimensión por la sociedad y causaron honda consternación e indignación en el pueblo católico. La Catedral, más llena que nunca, y el ambiente que reinaba en ella durante la primera Misa de desagravio, es un testimonio patente de lo que señalo.


¿La policía ha detenido a alguien con relación a estos hechos?
El mismo viernes 10 de febrero, pocas horas antes de que se celebrara en Catedral la primera Misa de desagravio, la policía encontró al joven que había robado el Santísimo, y me llamó para que fuéramos con él al lugar donde lo tenía oculto: una construcción abandonada: en medio de escombro, polvo y basura. Allí, junto con el vicario general, procedí a recoger tanto el copón con las Formas que permanecían en él, como las Hostias que se habían diseminado alrededor para llevarlas de nuevo a Catedral.

¿Qué reflexión le merece todo esto?

Los sentimientos experimentados y las reflexiones que estos hechos suscitaron en un servidor, los expuse en un tercer documento que fue leído al iniciar la Misa de desagravio ante la multitud de fieles reunidos, y recibieron también amplia difusión y resonancia en los templos y en los medios de comunicación.
Al terminar esa Misa, el vicario general llevó solemnemente las Hostias profanadas al altar para celebrar con ellas nuestra Hora Santa de desagravio al Señor.

Creo que esta profanación, que el Señor en su providencia admirable quiso permitir, ha creado en sacerdotes y fieles una conciencia más viva del don eucarístico y de la presencia del Señor. Por todas partes surgen iniciativas para dar mayor seguridad a nuestros sagrarios y templos y se organizan grupos de fieles para velar continuamente el Santísimo y no dejarlo nunca abandonado. Igualmente estos hechos protagonizados por un joven indígena, que tiene su mente destruida por el alcohol y por la droga, han dado mucho material para reflexionar en la cultura de la muerte y en la pérdida del verdadero significado y trascendencia del cuerpo y de la vida del ser humano.

¿Qué hay detrás de una cadena tan infausta de acontecimientos en su diócesis?
Estoy cierto de que siempre, detrás de todo pecado, está la obra del Maligno. En estos casos, y muy concretamente en la profanación eucarística cometida en el santuario de Guadalupe en octubre pasado, tengo el fuerte, demasiado fuerte temor de que el robo haya sido cometido con fines netamente sacrílegos, para actos de superstición, brujería e, incluso me temo, cultos de tipo satánico. El mundo de la droga, la degradación moral y el crimen organizado es ordinariamente el mejor medio de cultivo para el culto a Satanás en todas sus formas, desde tatuajes hasta ritos salvajes.

Zenit.org-El Observador

EL OBSERVADOR 555-9

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Periodismocatolico.com renueva su página de Internet

Después de unos meses de receso, tiempo en el que se remodeló la página electrónica, Periodismocatolico.com vuelve a navegar en la red electrónica mundial.

Fundada en 2002, por Jesús Colina, director de Zenit, y Jaime Septién, director de El Observador, esta comunidad de periodistas católicos de habla hispana se ha ido convirtiendo en punto de referencia para muchas audiencias, pues el material que publica proviene de algunas de las mejores plumas católicas de América y Europa, y es absolutamente gratuita su reproducción.

Esto ha representado para muchas publicaciones católicas la posibilidad de contar con artículos reportajes, entrevistas, recensiones de libros, información y materiales de formación que han enriquecido su contenido y la lectura de los fieles laicos en países como Argentina, México, Paraguay, Chile o Cuba, por citar aquellos cuyas visitas son más recurrentes.

De 2002 a 2005, más de cien medios (agencias de noticias, boletines, portales, periódicos, radios, revistas) mantuvieron una presencia constante, renovando periódicamente sus contenidos, en la página electrónica. Se llegó a contar con poco más de 200 articulistas y escritores católicos logrando publicar 2 mil 639 artículos.

El nuevo portal es más dinámico, gracias a nuevas y útiles características, servicio de sindicación. «Antes del final del mes de febrero nos pondremos en contacto con cada uno de los antiguos miembros para actualizar sus datos y enviarles su nombre de usuario y contraseña para que puedan ellos mismos subir sus artículos», ha dicho a Zenit- El Observador Rogelio Hernández Murillo, responsable tanto del mantenimiento como del diseño de la web www.periodismocatolico.com 

«Durante el mes de marzo se abrirá el registro a nuevos miembros, para ir completando las necesidades de producción de un portal como éste, que quiere llegar a ser un servicio relevante para los lectores, las publicaciones, las diócesis católicas de habla hispana y muchas otras personas de otras lenguas que consultan la página electrónica», reveló Hernández Murillo.

En el mensaje de reinicio, Colina y Septién proponen «que esta comunidad de periodistas sirva a todas las publicaciones católicas de habla hispana, a los lectores interesados en temas de actualidad, a los hombres y mujeres de buena voluntad, que esperan de nosotros, los fieles laicos, una guía que ilumine las realidades temporales».

«Periodismo hecho con amor, porque 'Dios es amor'», finalizan diciendo los fundadores y corresponsables editoriales de esta iniciativa electrónica.

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EL OBSERVADOR 555-10

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FIN

 
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