El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
-Periodismo católico-
19 de marzo de 2006 No. 558

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Iglesia, derechos humanos, democracia
bullet¿CÓOOMO DIJO? - Bravuconadas y definiciones
bulletMIRADAS DE EL OBSERVADOR - Necesitamos una política con dignidad
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Es casado, sé que me engaña y sigo con él
bulletPINCELADAS - Plantar para el futuro
bulletJÓVENES - O Cristo Rey o Rei Ki, pero no los dos
bulletRESUELVE TUS DUDAS - ¿Por qué se bautiza a los niños?
bulletELECCIONES 2006: EL PUNTO DE VISTA CATÓLICO - Naturaleza de la misión de la Iglesia
bulletMañana le abriremos
bulletPALABRAS - Carta a mi médico
bulletEl primer consistorio de Benedicto XVI y los nuevos cardenales

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CARTAS DEL DIRECTOR
Iglesia, derechos humanos, democracia
Por Jaime Septién

Entiendo muy bien que estos temas resultan de difícil lectura. Pero es necesario que un periódico católico los toque. Por la sencilla razón de que ignorarlos es base de la poca actividad que tenemos los católicos mexicanos para definir, a nuestro favor, lo que pasa en la vida pública y aportar la verdad de Dios a la nación.

Los políticos mexicanos, de centro, derecha o izquierda (moldes que no sirven para nada), se llenan la boca hablando a favor de la democracia, de los derechos humanos y en contra de la Iglesia. A nuestra Madre la ven como un atentado a la razón. Pero se les olvida que en la raíz de los propios derechos humanos, de la democracia, está, justamente, la Iglesia, quien fue la encargada por Cristo de difundir el Evangelio y el amor al otro como fundamento de la civilización.

Quieren confundirnos: un Estado «aconfesional» es un Estado que se define por no imponer una confesión religiosa específica a sus ciudadanos. Esto no quiere decir (nunca quiso decir) hostilidad a la expresión religiosa ni coraje en contra de quien la manifiesta en público o en privado. En realidad —como decía hace poco Rafael Navarro Valls, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid—, un Estado «aconfesional» no puede olvidar que «las raíces del tronco al que pertenece se asientan en los derechos humanos» y que «lesionar la libertad religiosa es recortar el propio sentido de existencia de las democracias».

Hagamos un esfuerzo por entender esto. La democracia, tanto como el estado de derecho, basan su existencia en el pleno respeto a los derechos que tiene el hombre por el mero hecho de ser hombre. Uno de esos derechos es el de la libertad religiosa. Si el Estado no la tutela, si no garantiza su goce a plenitud, ni es un Estado democrático ni tiene nada que ver con la vigencia del estado de derecho.

En México existe un notable embrollo al respecto. La condición de Estado laico se mezcla dolosamente con la urgencia que debería tener el supremo gobierno de meter a los curas y a los católicos «en cintura»; que no aporten nada, que no digan nada, que no ejerzan el bien que le pueden hacer a la sociedad. «Calladitos se ven más bonitos», dirán los politicastros de seudo «progresismo» que hay en el país. Lo malo no es que despotriquen; lo malo es que casi siempre nos ganen la partida.

¿Y la democracia? ¿No es la verdad un servicio para la democracia? Los católicos no podemos arruinar la misión que Cristo nos confió por miedos o por incomprensiones. Al contrario: tenemos que formarnos en la fe, estudiar nuestra doctrina y hacerla valer en la plaza pública, para el bien de la democracia. Si nos asustamos ante la sola mención del «Estado laico», estamos fritos.

EL OBSERVADOR 558-1

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¿CÓOOMO DIJO?
Bravuconadas y definiciones

Cuando el candidato «por el bien de todos», Andrés López Obrador, llamó al presidente Vicente Fox Quesada
una «chachalaca grandotota», pudo haberle parecido muy gracioso a sus simpatizantes, pero se trata de una irresponsabilidad que los mexicanos, todos, no deberíamos permitir. Golpear a la figura presidencial de esa manera es abrir la puerta al insulto y al desprecio por una institución que, mal que bien, sirve de fiel de la balanza en los asuntos públicos del país... Cierto que fue el actual presidente Fox quien abrió las posibilidades del lenguaje político tan chabacano, cuando en su campaña se refería a las «víboras prietas, las sanguijuelas y las tepocatas» que poblaban, según sus dichos, al PRI. Pero una cosa es una irreverencia genérica y otra, muy diferente, una burla a la institución presidencial... En otro tema, fundamental para las campañas políticas, el tema del aborto, habría que ver las diferencias entre los candidatos López Obrador (de la Alianza «Por el Bien de Todos»), y Felipe Calderón Hinojosa del PAN. El primero le sacó al bulto, cuando un grupo de activistas se lo preguntaron en el Claustro de Sor Juana en la ciudad de México. En tanto Calderón Hinojosa, entrevistado en Cuernavaca por el periodista José Cárdenas, se declaró a favor de la vida, sin restricciones, aunque, dijo, si es Presidente de México, no va a imponer sus convicciones religiosas a la sociedad, sino que va a fundamentar su gobierno con la tutela jurídica que demanda un estado de derecho... Hablando de «convicciones religiosas» aquí también se puede percibir un contraste entre ambos candidatos: López Obrador le dijo a López Dóriga que él es «católico, básicamente cristiano pero, sobre todo, admirador de Jesús porque Él también fue perseguido y espiado por los poderosos de su época»; mientras que Calderón Hinojosa le dijo a José Cárdenas que es «católico» sin pretensiones de no serlo, confesándose, como Carlos Castillo Peraza, «un pecador estándar»... De estos temas, importantes en la agenda de la sociedad mexicana, el candidato del PRI-PVEM, Roberto Madrazo Pintado, hasta el momento, ha evitado referirse; quizá porque nadie se los ha preguntado, quizá porque no le interese mayormente... El secretario de Gobernación, Carlos Abascal Carranza definió con claridad la vigencia del Estado laico mexicano al referirse, en una ceremonia conmemorativa de Benito Juárez, que hay una autonomía entre las esferas de la religión y las del Estado que, en México, no debería perderse, pues es un bien para la nación y ese bien ha de ser preservado. Con esto sale al encuentro público con sus detractores, estilo Carlos Monsiváis, quienes lo acusan de anteponer un «púlpito virtual» a cada declaración que hace el Secretario.

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MIRADAS DE EL OBSERVADOR
Necesitamos una política con dignidad

Cuando en un país, a tres meses y medio de unas elecciones presidenciales, existen 54% de sus ciudadanos en edad de votar, con su credencial para hacerlo, que se rehúsan a ir a las urnas «porque no les interesa lo más mínimo quién pueda ser presidente», en ese país algo anda mal. Lo mismo si a 63% de sus habitantes poco o nada les interesa la política y más de 30% no sabe ni qué día van a ser las elecciones.

Mucha culpa la tienen los partidos políticos, que en México parecen ser los dueños absolutos del balón con que se juega la política (de hecho lo son). Lejos de constituirse como organizaciones de interés público, se han conducido como si fueran empresas personales. La única diferencia es que en las empresas hay accionistas que arriesgan su dinero, mientras que las prerrogativas que reciben los partidos vienen de los impuestos que pagamos todos los mexicanos (que pagamos impuestos).

Ahora se ha desatado un debate muy agrio sobre el debate previo a los comicios. La democracia liberal basa su fundamento en el debate público. ¿Por qué? Porque el diálogo entre contrarios es la única vía que tenemos para entender el «cómo» de una opción política. Cómo va a sacar a 25 millones de mexicanos de la pobreza; cómo va a detener la fuga de medio millón de mexicanos que anualmente emigran a Estados Unidos; cómo va a hacer para crear el millón y medio de empleos que demanda México cada año; cómo va a incentivar la productividad para que el país no pierda mercados internacionales que ahora se está comiendo China; cómo va a evitar la impunidad del crimen, a fomentar la seguridad, la certeza jurídica en los bienes, a elevar dos o tres el promedio actual de años de educación, etcétera.

En las plazas llenas de acarreados no existe el debate sino el griterío y la propagación de la hostilidad. En los mítines nadie se entera de la profundidad o la superficialidad de la propuesta del candidato. A lo sumo se puede caer en la cuenta de que tiene buena o mala dicción; buena o mala presencia pública; buena o mala sintaxis. Pero, hasta donde se sabe, ésos no son elementos determinantes para tomar decisiones sobre una figura cuyo ejercicio al frente del Ejecutivo ha de marcar a la nación por lo menos la próxima década.

Debatir es enfrentar la opinión del contrario, es adentrarse en el territorio de la crítica, del análisis. Prometer es facilísimo; prometer con fundamento es muy complicado. Requiere valor, conocimiento, honestidad y humildad. Ésos son los elementos que deseamos todos de un gobernante, pertenezca al partido que sea. Que recuerde siempre que se está preparando para ser mandatario y no soberano; para interpretar los «sentimientos de la nación» y no los intereses de un grupo determinado. En fin, que sepa que será presidente de todos los mexicanos y no de los de su partido o de los que él o ella quieran.

EL OBSERVADOR 558-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Es casado, sé que me engaña y sigo con él
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA
Le suplico que me ayude. Tengo una relación tormentosa con la cual quiero ya no seguir. Han sido seis años. Al principio, como todo, él fue amoroso, cariñoso y comprensivo. Tengo un hijo de una relación anterior y él creo que lo quiere. Él es una persona que ha vivido su vida con una persona y otra, y tiene una esposa, pero aun así ha estado conmigo y con muchas personas más. Al principio creí que iba a cambiar, pero me doy cuenta de que no ocurrirá . Llegamos a insultos y golpes. Me ha engañado tantas veces como ha querido, y aun así no sé qué me une a él. He intentado dejarlo, pero me vuelve a envolver con su palabrería o no sé qué sea, porque ni siquiera es capaz de pedir una disculpa. Estuve con una terapeuta por seis meses. Yo cambié con él en la manera en que ahora le digo lo que pienso o lo que siento. Me enojo mucho, me siento impotente ante esta situación. Me duele porque le di todo y ni siquiera ha sido capaz de valorar todo eso. Me humilla y le gusta burlarse de mí. Últimamente siento coraje y odio contra él, aunque sé que está mal sentir eso, y la que termina llorando soy yo; él dice que no le importa lo que yo piense. Su última molestia fue que volvió de EUA y trajo muchas bolsas con chocolates, las cuales pensé que eran para mí. Escogió unos cuantos y me dijo que los demás eran para sus amigas. Yo sé que ni siquiera son eso, porque con todas ha andado y eso me molestó. Me sentí humillada y él me dijo que no quería verme en tres días; hablamos pero todo terminó en pleito. Ya no sé qué hacer. Tengo una semana que no sé de él a pesar de que trabaja cerca de mi trabajo. Le escribí una carta expresándole lo que pienso y dijo que no le interesaba lo que pensara, pero que me ama y significo algo en su vida. ¿Será verdad que se pueden fingir los sentimientos?
Por favor, ayúdeme, no sé qué hacer. Estoy bajo tratamiento médico con antidepresivos. Ya no puedo más, no tengo fuerzas ni siquiera para terminar esta relación que me está dañando mi salud; ya estoy harta de sus burlas y humillaciones, pero siento que tampoco puedo estar sin él. Estoy triste, me da nostalgia de los momentos cuando él era buena persona conmigo.


RESPUESTA
Lee, por favor, lo que escribiste como si se tratara de algo que escribió otra persona. ¿Qué le aconsejarías?

No sé por qué tienes tan pobre autoestima, por qué has permitido que ese hombre pase por encima de tu dignidad y tus derechos, por qué actúas como si no tuvieras derecho a ser amada y respetada, casi como si él te estuviera haciendo el favor de permitir que lo quieras.

Tienes que poner un alto a esto de inmediato. Por supuesto que él no te ama. Significas «algo» para él, ¿y eso qué? No eres la mujer de su vida, no eres la persona con quién él quiere construir un proyecto de vida, con quien él vaya a decidir comprometerse. Eres «algo», un objeto para su satisfacción personal, una más en la lista de sus conquistas. ¿En verdad es todo lo que tú mereces?

Tú no tienes ninguna necesidad de mendigar cariño. ¿Para qué quieres a un hombre que por momentos fue bueno contigo? Eso ya pasó. Ahora te maltrata, te humilla, tiene otras mujeres... Además está casado, razón más que suficiente como para que tú te alejaras en cuanto lo supiste. No es suficiente con querer mucho a un hombre, ni siquiera con estar enamorada de él, con frecuencia es necesario terminar una relación con alguien a quien amamos cuando nos damos cuenta de que esa persona no es capaz de comprometerse en una relación sana. Duele, por supuesto, y si terminas con esa relación, como espero que sea, vas a llorar, pero pronto comenzarás a sentirte liberada y serás capaz de recuperar un amor más importante: el que te debes a ti misma. Sólo entonces podrás, más adelante, amar de una manera sana a otro hombre.

Los antidepresivos van a ayudarte a mejorar tu estado de ánimo, pero mientras tú no decidas amarte y respetarte, vas a seguir mal. Esa decisión la tienes que tomar tú. Ningún médico, terapeuta o amigo la puede tomar por ti. La gente que te aprecia podrá pasarse la vida dándote consejos, pero mientras tú no pases por encima de tus miedos para decidir valorarte, vas a seguir hundida. ¿Y qué pasa con tu hijo? ¿Qué le estás ofreciendo? ¿Una madre deprimida, angustiada, obsesionada por un mal hombre? No es justo para él. Tu hijo necesita una madre equilibrada, con paz interior, feliz aun si no tiene pareja.

Es normal que estés enojada con él; es más, es sano que estés enojada con alguien que abusa de ti. Utiliza la fuerza que te da ese enojo para resolver esta situación. No lo odies, eso es otra cosa. Pero sí escucha ese enojo que te está indicando que él te está dañando. Termina con ese hombre, vuelve a tu terapia y acércate a Dios, Él te ofrece todo el amor que necesitas, en Él puedes encontrar paz y consuelo. Y, cuando pasen los malos momentos, Él te puede ayudar a encontrar el sentido de tu vida.

EL OBSERVADOR 558-4

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PINCELADAS
Plantar para el futuro
Por el P. Justo López Melús


La virtud del agradecimiento es una de las virtudes más olvidadas. Cuesta caer en la cuenta. Vivimos confortablemente y no pensamos en los sudores de los que prepararon los materiales y construyeron la casa. Saboreamos los alimentos, y nos olvidamos de los que sembraron y segaron, de los que plantaron y regaron. Vemos un jubilado y nos olvidamos de lo que trabajó. «Nadie da gracias al cauce seco del río por su pasado».

Un anciano estaba plantando mangos en su jardín. Un vecino le preguntó: «¿Qué haces? ¿Esperas llegar a comer mangos de esos árboles?». «No, no pienso vivir tanto. Pero otros lo harán. Se me ocurrió el otro día que toda mi vida he disfrutado comiendo mangos plantados por otras personas, y así les muestro mi gratitud. En mi larga vida he recibido muchas cosas de los demás. Es justo que contribuya a que otros reciban algo de mí».

EL OBSERVADOR 558-5

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JÓVENES

O Cristo Rey o Rei Ki, pero no los dos
El reiki se expandió rápidamente por occidente gracias a que a alguien se le ocurrió inventar que era compatible con la fe cristiana. Sin embargo, se trata de otro «camino de salvación» de la New Age. Ciertamente, el reiki es compatible... pero con el bolsillo de los ricachones, nada más.
Por Miguel Ángel Cid / Catholic.net


Hacía años que no los veía. Cuando los conocí eran todavía novios. Ahora ya están casados y, en esta ocasión, venían a visitarme con sus dos hijos, un niño y una niña de 4 y 6 años respectivamente. Era sábado. La verdad es que me hacía ilusión estar con ellos. Al llegar nos saludamos calurosamente por un buen rato, felices y contentos. Los dos chiquillos eran simpatiquísimos; yo estaba encantado. Nos dirigimos al salón de estar, y entonces comenzaron a contarme de todo. Ella me dijo:
— Ah, ¿sabes? Esta semana estuvimos en el reiki.
— ¿Cómo? —pregunté distraído.
— ...Que estuvimos en el reiki.
— ¿En el reiki? — añadí yo.
— Sí, en el reiki. ¿Por qué te extrañas?
— No, no te preocupes, es que no sé qué es esto del reiki...
— ¡Pero si está de moda, Ángel!

Fue un momento embarazoso. Y ella, para arreglar la cosa, comenzó a explicarme que el reiki era algo muy sano y recomendable... Yo no quise darle mayor importancia, cambié de tema y proseguimos nuestra conversación con normalidad.

Pero yo, es innegable, me quedé picado con eso del reiki. Así que me fui a una librería para preguntar si tenían algún diccionario donde hablaran de un tal reiki. Posteriormente seguiría estudiando el tema en libros... e incluso lo vi en la práctica. Me di cuenta de que, efectivamente, se estaba poniendo de moda. Total, ¿qué es esto del reiki?

Para hacer la cosa sencilla, diré que reiki es un término de origen japonés que indica la energía vital universal que fluye a través de un discípulo que ha sido activado. «Rei» describe el aspecto universal ilimitado de esta energía. «Ki» es una parte del «rei», es la fuerza vital que pasa a través de todo lo que vive. El reiki es una técnica de curación promovida por la new age, una disciplina oriental, que —según dicen— ayuda a utilizar una capacidad escondida en cada ser humano. La Energía universal es todo: es la Luz de los cristianos, el Ka de los egipcios, el Chi de los chinos, el Oki de los hurones, el Sehala de los indonesios, la fuerza X de L.E. Ecmar, etc.

El reiki inició con Mikao Usui en Kyoto. Pronto, gracias a Hawayo Takata, se expandió rápidamente por occidente, diciendo que era compatible con la fe cristiana. Al respecto de este crecimiento, un ejemplo nada más: el norte de Italia, país de mayoría católica, está plagado de centros reiki... ¡Otra vez con este rollo de que todo es compatible con el cristianismo!

¿Qué más se puede decir? Para acabar rápido: hay tres grados o niveles de acceso al reiki. En el primer nivel se abren canales receptivos de energía mediante unas ceremonias establecidas y se aprende a usar las manos para el tratamiento; en el según grado se canaliza la energía con la mente; en el tercero se alcanza la maduración y se recibe una misteriosa bendición.

En resumen: es un camino de salvación mediante una técnica que te relaciona con la energía, que es la divinidad de la New Age. Desaparece el Dios de la Biblia y entra en escena el dios energético. ¡Así que menuda compatibilidad con el cristianismo! Pero, ¿qué queda de cristiano en la religión si desaparece Dios Padre? No queda nada, ¡nada! Que Mikao Usui diga lo que quiera, pero esto del reiki no es compatible con la fe cristiana. Ciertamente, el reiki es compatible con el bolsillo de los ricachones (¡hay cursos reiki que cuestan dos mil dólares!), pero ¿con la fe cristiana? Con la fe cristiana, no. Los cristianos creemos en Cristo Rey, no en el Rei Ki...

EL OBSERVADOR 558-6

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RESUELVE TUS DUDAS
¿Por qué se bautiza a los niños?
Pregunta:
¿Por qué bautizan a los niños pequeños si Cristo se bautizó a los 30 años de edad?
Edén Javier

Respuesta:
No hay ningún mandato de Cristo que diga que todos nos tenemos que bautizar a la misma edad que tenía Él cuando fue bautizado. Tu pregunta más bien sería: ¿por qué bautizan niños si todavía no pueden creer?, dado que Jesús dijo: «El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea se condenará» (Mc 16, 16).
En el caso de personas adultas en posesión de sus facultades mentales, por supuesto que es necesario que crean en Cristo y conozcan su doctrina para ser bautizados; pero ese requisito no se puede aplicar a todos los hombres:
1) Dejaríamos fuera de la familia de Dios a los que mueren siendo niños y a los retrasados mentales.
2) Es de suponer que en aquellas familias enteras que bautizó Pablo había niños (cfr. Hch 16, 15; 16, 33; 1 Co 1, 15).
3) Los primeros cristianos, en los tiempos cercanos a los Apóstoles, antes de la supuesta traición en tiempos de Constantino, bautizaban a los niños. San Ireneo (140-204) decía: «Jesucristo vino a salvar a todos los que por su medio nacen de nuevo para Dios: infantes, niños, adolescentes, jóvenes y viejos». El bautismo de niños recién nacidos fue prescrito oficialmente en el tercer concilio de Cartago (año 253).
Walter Turnbull

EL OBSERVADOR 558-7

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ELECCIONES 2006: EL PUNTO DE VISTA CATÓLICO
(2 de 9)
Naturaleza de la misión de la Iglesia
Por el P. Humberto M. Marsich s.x.


A la Iglesia no le corresponde intervenir directamente en la política, en cuanto acción dirigida hacia la conquista y ejercicio del poder civil, y esto porque su misión es de otra naturaleza y está llamada a permanecer fiel al mandato de Cristo. Cuando, en la historia, se ha atribuido poderes temporales, de carácter teocrático, siempre ha determinado situaciones de grave ambigüedad y de conflictos violentos e indebidos. El concilio Vaticano II nos aclara: «La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina» (GS, 42).

Esta tarea de «establecer y consolidar la comunidad humana» incumbe a toda la Iglesia, es decir, a todos los bautizados, y es una acción en cierta forma e indirectamente con trascendencia política, en cuanto beneficia a las personas y a la comunidad. El problema se ha planteado, tristemente, sobre todo en los sectores conservadores y jacobinos del país, en forma de antinomia. Por una parte la Iglesia debe estar presente en lo político porque es una área de vida humana relacionada con el ejercicio de la libertad, y también porque «el cristianismo debe evangelizar la totalidad de la existencia humana, incluida la dimensión política» (Puebla, 515); por otra parte, la Iglesia debe respetar la autonomía de lo político, porque el reino de Dios que persigue «no es de este mundo» (Jn. 18, 35). Sin embargo, tampoco le es ajeno.

La misión de la Iglesia, además, no es abstracta. Se dirige a la totalidad del hombre y a todos los hombres como seres dotados de cuerpo y espíritu, de hoy y de aquí. La redención que Cristo ha traído es de todo el hombre y de todo lo que pueda afectarlo o beneficiarlo; de todo lo que Cristo mismo ha asumido encarnándose. No es cierto que la Iglesia tendría una misión con todo lo que es de la gracia en la existencia humana, pero no con lo que pertenece a la naturaleza humana. Nunca las expresiones tradicionales de la doctrina cristiana han aceptado este dualismo.

La misión de la Iglesia es de orden religioso. Cuando, históricamente, se ha atribuido poderes temporales, teocráticos, ha generado conflictos. Pero de su misión propia derivan funciones para el establecimiento y consolidación de la comunidad humana, que implican una trascendencia política.

EL OBSERVADOR 558-8

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Mañana le abriremos
Por Walter Turnbull


¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, Hermosura Soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

En este delicioso soneto de Felix Lope de Vega se plasma el espíritu de la cuaresma y de la Pascua, y la vida de la mayoría de nosotros. Dios que se ofrece por nosotros y nos llama, y nosotros que lo rechazamos una y otra vez. Dejamos otra vez para mañana el convertirnos plenamente a Él, el hacerlo el centro y el fin de nuestras vidas. Dios nos llama todos los días, pero la cuaresma es como una llamada más fuerte, más insistente: «Alma, asómate ahora a la ventana». «Qué extraño desvarío», postergar nuestra conversión, darle largas a Dios, dejar para después la renuncia a ese vicio, o el aceptar humildemente toda su voluntad, o el hacer esa buena obra que podría hacer y que no me he tomado la molestia, o el permitirle entrar a esa área de mi vida en la que su presencia me estorba (mi trabajo, mi noviazgo, mi relación con los vecinos, mi diversión, mi nueva pareja...). No, si convertirse no es fácil. Si las cosas que merecen la salvación se hicieran fácilmente, cualquiera las haría, y sin la intervención de Dios. Por eso Dios nos ofrece herramientas de probada eficiencia: oración, sacrificio, caridad. Nada más de pensar en ellas al hombre moderno se le enchinan los pelos de la rabadilla. ¿Sacrificio yo? Ni que estuviéramos en la edad media, esas son cosas del pasado, de la Iglesia preconciliar, de la Iglesia anacrónica, amargada y sufrida. Y Juan Pablo II durante todo su pontificado y Benedicto XVI acabado de empezar nos vuelven a insistir: sacrificios, oración y caridad.

Que no busquemos pretextos, que no busquemos justificaciones intelectuales: «En mis condiciones es imposible», «hay formas más inteligentes de cumplir con Dios», «lo que importa es arrepentirse»... Empecemos por practicar la humildad aceptando los consejos que nos da la Iglesia en lugar de pensar que esos consejos son para los tontos y yo soy listo, que esos consejos son para los normales y yo soy especial, que esos consejos son antiguos y yo soy moderno.

Vamos aprovechando esta cuaresma, esta llamada de Dios. «Cuántas veces, hermosura soberana, 'mañana te abriremos', respondía. Cuántas veces habremos respondido: «El año que entra empiezo, ahora estoy muy agobiado», para lo mismo contestar el año que entra.

Más oración, más caridad y algún sacrificio. Los consejos son buenos, la invitación es para todos y la llamada es hoy. Quien quita y esta vez sí le abrimos. Por lo menos una rendijita.

EL OBSERVADOR 558-9

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PALABRAS
Carta a mi médico
Jean Guitton


Querido doctor Biot:

Cuando era niño, me gustaba, como a todos los niños, estar enfermo. Fue entonces cuando, por primera vez, oí pronunciar aquella palabra que tantas veces encontraría en mi vida como signo de gran dignidad: la palabra «doctor».

Tanto para mí como para los otros niños, el doctor era el ser mágico por excelencia: el ser que adivina, alivia y conforta; y, para uno de mi edad, aquel que se hallaba cerca del abuelo o de la abuela en el momento del último respiro.

En aquel tiempo pensaba que el doctor, estando presente tanto en el inicio como en el final de la vida, era el hombre que conocía todos los secretos de la vida y de la muerte. Y a la edad de diez años, ya ambicioso, mi sueño era el de convertirme un día en médico yo también.

¡Cómo me falta, querido doctor! Durante tres años —hasta la muerte—, usted me ha cuidado y sanado. Y desde entonces no he podido encontrar un médico semejante a usted.

Lo que me acercó a usted —al punto de haberse convertido en mi amigo— es el hecho de que, además de médico, era usted un verdadero filósofo. Abrigaba la idea contraria a la del famoso Doctor Knock, de Jules Romains, a quien había ido a aplaudir al teatro, según la cual todo hombre sano es un enfermo que no sabe que lo es. Usted me ha enseñado, por el contrario, que todo hombre que se lamenta de sus sufrimientos es un hombre sano que ignora serlo. Esta era, por otra parte, la teoría de Hipócrates y la de los grandes médicos chinos. Por lo tanto, su convicción era la de que el médico es aquel que impide que uno se enferme y al que ya no es necesario consultar —ni pagar— cuando se ha caído en cama. El médico debe enseñarnos la higiene, es decir, el arte de no enfermarse. Querido doctor Biot, usted enseña la sabiduría de la que es necesario dar prueba para no estar nunca enfermo. Esta era su medicina y ésta, también, su filosofía.

Otra de sus ideas era que el cansancio no proviene de aquello que se hace. Lo que se hace, si se realiza a fondo, con pasión y con toda el alma, no cansa nunca. Lo que cansa es el pensamiento de lo que no se hace.

Es usted, doctor, quien me enseñó que yo estaba hecho para el surmenage. Era, y lo soy aún, un gran nervioso. No sé hacer nada. «Sobre todo, sobre todo —insistía usted cuando lo llamaba a casa— «no debe fatigarse: se enfermaría». Después daba usted su consejo médico: «Cuando repose, repose a fondo; cuando se distraiga, distráigase a fondo, y cuando coma o beba, hágalo a fondo igualmente».

Solía decirme que el gran secreto de la felicidad, el arte supremo de la vida, era practicar eso que los místicos llaman «abandono». Bergson me dio un consejo similar cuando me dijo un día: «De ahora en adelante he decidido hacer sin fatiga lo que en otro tiempo hacía con ella». Era la regla de Santa Teresa del Niño Jesús y la de todos los grandes místicos. De este modo, para estar bien, usted prescribía simplemente suprimir la fatiga.

Me citaba a menudo estas palabras de Goethe: «Sufro por lo que no sucederá y tengo miedo de perder lo que no he perdido».

Usted fue un precursor. Había entendido —medio siglo antes que los demás— que la era en la que entrábamos sería una era en la que los problemas de salud y de equilibrio entre el alma y el cuerpo serían los principales problemas. Antes que los otros intuyó que ninguna acción era buena si no encarnaba un pensamiento, que todo pensamiento implicaba una ética y que toda ética implicaba a su vez una filosofía superior o una religión.

Su cualidad principal era la de estar disponible a cualquier hora del día. Era devoto, gentil, jovial. Ponía en todo esa mezcla de ironía y amor llamada humorismo. Contra lo que podría creerse, el humorismo no está muy lejos del amor: el humorismo es el amor oculto bajo el velo de la ironía.

Al término de su visita, usted escribía sobre un papel finísimo la receta: «Ninguna cura porque no hay nada que curar». Un día, en la parte inferior de la hoja, escribió: «Oportuno el uso del bastón». Desde entonces el bastón no me ha abandonado nunca. Estaba usted en lo cierto: el bastón es como un gentil compañero, mudo y dulce, que me une al suelo.

Hoy, dado que el número de mis años se acerca al siglo, me pregunto a veces cuáles son los consejos que me daría para ayudarme a envejecer como se debe.

Entonces vienen a mi mente dos consideraciones suyas: «Envejecer significa tener todas las edades». Y ésta otra: «Envejecer significa ver a Dios más de cerca».

Doctor, usted tiene razón.

Traducción de Juan Jesús Priego

EL OBSERVADOR 558-10

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El primer consistorio de Benedicto XVI y los nuevos cardenales

El miércoles 22 de febrero pasado, fiesta de la Cátedra de San Pedro, al final de la audiencia general, el Papa anunció un consistorio para la creación de 15 nuevos cardenales, que tendrá lugar el 24 de este marzo, víspera de la solemnidad de la Anunciación del Señor.

Carlo Caffarra (67 años) El arzobispo de Bolonia, originario de Parma, fue el primer presidente del Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. Es miembro del Comité de Presidencia del Consejo Pontificio para la Familia.

Stanislaw Dziwisz (66 años) Nacido en Raba Wyzna, Polonia, fue ordenado presbítero en Cracovia, en 1963, por quien iba a ser el papa Juan Pablo II, de quien ha sido secretario personal. Es obispo desde 1998, y, tras la muerte del Papa, arzobispo de Cracovia.

Jean-Pierre Ricard (61 años) Nacido en Marsella, es obispo desde 1993 y ha regido la diócesis de Montpellier. Desde 1996 es arzobispo de Burdeos. Es presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, y es miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Jorge Liberato Urosa Savino (63 años) Benedicto XVI lo nombró, el pasado septiembre, arzobispo de Caracas, donde nació. Ordenado obispo en 1982, fue auxiliar de la diócesis venezolana de Valencia, y su arzobispo desde 1990. Preside la Organización de Seminarios Latinoamericanos.

Andrea Cordero Lanza (80 años) Nacido en Turín, Italia, es el creador del escudo de Benedicto XVI. Ordenado obispo en 1977, ha sido nuncio apostólico en diferentes países, y el primer nuncio de Su Santidad en Israel. Actualmente es arcipreste de San Pablo Extramuros.

Antonio Cañizares Llovera (60 años) El arzobispo de Toledo y primado de España, de origen valenciano, fue ordenado obispo en 1992, para la diócesis de Ávila, y de 1996 a 2002 ha sido arzobispo de Granada. Actualmente es vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española.

William Joseph Levada (69 años) El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sucesor del cardenal Ratzinger tras ser elegido Papa, nació en California, Estados Unidos. Ha sido obispo de Portland, en Oregón, y los últimos nueve años arzobispo de San Francisco.

Franc Rodé (71 años) Religioso lazarista nacido en Ljubljana, Eslovenia, ha sido, desde 1997, arzobispo de su diócesis natal, y en la actualidad es prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

Agostino Vallini (65 años) Originario de Poli, en Italia, es desde 2004 prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica. Fue ordenado obispo en 1989, siendo auxiliar de Nápoles, y posteriormente, de 1999 a 2004, obispo de Albano.

Peter Poreku Dery (87 años) Nacido en Ko, diócesis de Wa, en Ghana, cuando fue ordenado obispo por el papa Juan XXIII, en 1960, era el primer ghanés en ocupar la sede de Wa. En 1977 fue también el primer nativo en ser arzobispo de la sede metropolitana de Tamale.

Nicholas Cheong Jin-Suk (74 años) Nació en Seúl, la capital de Corea del Sur. Ordenado obispo en 1970, durante 28 años fue obispo de la diócesis de Cheongju, hasta ser nombrado arzobispo de su diócesis de origen. Es también administrador apostólico de P´yong-yang.

Sean Patrick O´Malley (61 años) Franciscano nacido en Ohio, Estados Unidos, es arzobispo de Boston desde 2003. Ordenado obispo en 1984, ha regido las diócesis de Saint Thomas, Fall River y Palm Beach, destacando en su trabajo con los hispanoamericanos.

Gaudencio B. Rosales (73 años) Nació en la ciudad filipina de Batangas. Ordenado obispo en 1974, ha regido las diócesis de Malaybalay y Lipa, siendo elegido en 2003 arzobispo de Manila. Ha sido miembro de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

Joseph Zen Ze-kiun (74 años) Aunque nació en Shanghai, emigró a Hong Kong, diócesis de la que, desde 1996, ha sido obispo auxiliar y, a partir de 2002, titular. Anteriormente fue superior provincial de los salesianos. Destaca su defensa de la Iglesia frente al comunismo.

Albert Vanhoye, S.I. (82 años) Este jesuita, nacido en Hazebrouck, Francia, destacado biblista, consultor de las Congregaciones para la Educación Católica y para la Doctrina de la Fe, ha sido rector del Pontificio Instituto Bíblico y secretario de la Pontificia Comisión Bíblica.

EL OBSERVADOR 558-11

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