El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
-Periodismo católico-
2 de abril de 2006 No. 560

SUMARIO

bulletPORTADA - ¡Iniciamos la Cruzada Nacional del Rosario!
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Un año sin él
bullet¿CÓOOMO DIJO?
bullet¡Santo súbito! El proceso
bulletJÓVENES - Mensajes inolvidables del papa Juan Pablo II a los jóvenes
bulletREPORTAJE - Juan Pablo el Grande: un año ya en la Casa del Padre
bulletELECCIONES 2006: EL PUNTO DE VISTA CATÓLICO - Fundamentos bíblicos de la misión y enseñanza socio-política de la Iglesia
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Año jubilar de los jesuitas
bulletCOLUMNA ABIERTA - Cultura tolerante - cultura decadente
bulletRazones para confesarse
bulletJuan Pablo II, misionero del mundo
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Separados a los tres meses
bulletPINCELADAS - El trabajo y el amor

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PORTADA
¡Iniciamos la Cruzada Nacional del Rosario!
Un millón de Rosarios a Santa María de Guadalupe para obtener de Dios el don de la paz para México, con motivo de las elecciones.

El Rosario nos pone en comunión vital con Jesucristo a través del Corazón de su madre, recuerda los prodigios de la misericordia de Dios en Cristo a favor del hombre, y lo invita a la fidelidad al Bautismo y a vivir plenamente el Evangelio. 1 Es un medio único que Dios nos propone por medio de María, Estrella de la Salvación 2 para esta humanidad, perdida en el pecado y la violencia. Así como la familia que reza unida permanece unida, la patria que reza unida permanece unida.

Se gana indulgencia plenaria si se recita el Rosario en familia en un templo, estando en gracia de Dios y rezando además un Padrenuestro y un Avemaría por las intenciones del Papa.

ORACIÓN

Oh, Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios por quien se vive y Madre de la Iglesia! Tú, que desde el Tepeyac manifiestas tu clemencia y compasión a todos los que solicitan tu amparo, escucha la oración que con filial amor y confianza te dirigimos, y preséntala a tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.1

Dios mío, bendice a mi familia y a México, danos la paz. Te lo pido en nombre de tu Hijo nuestro Señor Jesucristo. Reina y Madre mía: soy todo tuyo y cuanto tengo tuyo es.

Notas: 1) Juan Pablo II. 2) Benedicto XVI.

EL OBSERVADOR 560-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Un año sin él
Por Jaime Septién

Todos sabemos lo que estábamos haciendo cuando nos enteramos de la muerte de Juan Pablo ll. Un servidor, mi mujer y mis hijos paseábamos en coche por Austin, Texas.

Recuerdo la nota que dio la radio y cómo los automovilistas bajaban su velocidad en pleno freeway. De inmediato escuchamos el mensaje del presidente Bush, de EU, a quien el Papa se había opuesto, primero en la invasión a Afganistán (2001) y, más tarde, en la guerra en contra de Iraq (2003). Fue un mensaje serio: el mundo, dijo Bush, perdía al «campeón» de la paz. En efecto, lo perdió.

Tres meses antes había muerto mi padre. Un ramalazo de orfandad me atenazó de pronto. Ahora se iba el Papa que había cubierto más de la mitad de mi existencia. Para mí era «el Papa». Además de su grandeza, su profundidad, su amor por el ser humano, estaba su cercanía. Él cambió el concepto del Papa «en Roma» por el del Papa en todo el mundo.

Después vinieron los funerales, el grito de «santo súbito» de la gente congregada en San Pedro, las inmensas filas para visitar su tumba (que aún siguen), la profusión de sus milagros... Cualquiera que haya estado cerca de él habrá sentido lo que la prensa del corazón llamaba «su magnetismo», que no era otra cosa sino su fe absoluta, inquebrantable, en Dios.

La obra de Juan Pablo ll ha ido creciendo. En estos doce meses apenas si hemos sentido el paso del tiempo. Buena parte de la «culpa» recae en Benedicto XVI, su sucesor y excelso continuador de la tarea de enfrentar al relativismo de la época con la verdad del Evangelio.

Las plazas siguen llenas. Las iglesias también. La semilla sembrada por Juan Pablo ll está produciendo buena cosecha. La barca de Pedro tiene timón y tiene rumbo. Las fuerzas del mal no prevalecen sobre ella. Ni prevalecerán.

Sobre aquella mañana de octubre de 2001, en la que, estando en su capilla privada (admirando un «vía crucis» en concha nácar, regalo de Yasser Arafat), el papa Juan Pablo ll pasó al lado, me bendijo y vi su rostro dolorido por el parkinson, la artrosis de la rodilla y el cansancio, pero enhiesto, enfrentando al imperio herido de Estados Unidos y salvando a la humanidad de la guerra, elevo un recuerdo emocionado y una plegaria hasta la Casa del Padre, desde donde Lolek nos mira.

EL OBSERVADOR 560-2

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¿CÓOOMO DIJO?

Parece que hay de socialismos a socialismos. El que ha instaurado Néstor Carlos Kirchner en Argentina es un socialismo con Dios. Por lo menos eso se desprende del reciente mensaje que hizo llegar el presidente de aquel país a México con ocasión de cumplirse 30 años de la dictadura militar que se apoderó del gobierno y dio inicio a una «guerra sucia» que dejó un saldo de 30 mil desaparecidos. Kirchner envió al pueblo de México un agradecimiento «por el amor y la solidaridad brindados a los miles de compatriotas que, en el exilio, encontraron en esta maravillosa tierra hogar y trabajo». El mensaje concluía con un emocionado «Que Dios bendiga al pueblo mexicano». Si eso lo llega a decir un presidente de México, lo linchan, le hacen juicio sumario, lo destituyen de su cargo o, de perdida, lo amonestan desde el Congreso... Para los que piensan todavía que cristianismo e islamismo son como la misma cosa, habrá que recordarles el caso reciente de Abdul Rahman, un musulmán cuyo pecado fue convertirse al cristianismo y, de acuerdo con la ley de Afganistán, tiene que morir. En efecto, el juez que le sigue la instrucción a Abdul Rahman se ha mostrado inflexible contra tan peligroso delincuente. Sin importarle un rábano que Benedicto XVl; la canciller alemana Angela Merkl; el presidente de EU, George Bush o la secretaria de Estado de ese mismo país, Condolezza Rice, hayan pedido el indulto (porque, según las leyes internacionales, no hay ni sombra de delito), ha dicho: «Afganistán es un país islámico y su justicia obrará independiente y neutralmente» (*)... ¿Qué entenderá este sujeto por «neutralmente»? La religión musulmana es una religión de Estado y, por tanto, obligatoria. Ahí, en esos países, no hay ni el menor atisbo de libertad religiosa o de conciencia, o de opinión, o de expresión. Hay, eso sí, una confusión brutal y un atropello constante a los derechos humanos. De eso nos salvó el cristianismo, aunque a muchos se les atragante... Por fin los diputados se apuntaron una buena medida. Al reunirse hace pocos días la gente de los 51 bancos de alimentos que hay en el país con el presidente Vicente Fox, los diputados anunciaron que se otorgarán estímulos fiscales a las empresas y comercios que donen no sólo alimentos, sino también ropa y materiales de construcción. Esto es algo que venía persiguiendo desde hace tiempo la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos (AMBA)... Si hubiera que elegir a dos partidos políticos y dejar fuera a uno de los tres «punteros», los mexicanos dejarían fuera al PRI, en segundo lugar al PRD y al que menos dejarían fuera sería al PAN. Eso es el resultado de una encuesta del periódico Reforma presentada la semana pasada. La pregunta era «si pudiera quitar a uno de los tres principales partidos para que sólo hubiera dos, ¿a cuál quitaría? El 42% al PRI, el 21% al PRD y el 15% al PAN.
* Según cables internacionales de última hora, Abdul Rahman fue liberado por falta de pruebas.

EL OBSERVADOR 560-3

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¡Santo súbito! El proceso
Por José Alberto Lesso, L.C. / Buenas Noticias
Parece que fue ayer. Nunca olvidaré ese momento al final de la misa de exequias, cuando los «sediarios pontificios» levantaron el ataúd, justo antes de que entrara en la basílica de San Pedro. Fue el último adiós. A mi alrededor se levantaron pancartas con la leyenda «¡Santo súbito!» que todos los peregrinos comenzaron también a corear.

Parece que fue ayer; sin embargo, ya ha pasado casi un año. Desde entonces esa aclamación popular se ha convertido en obras. Apenas un mes después, el 13 de mayo, S.S. Benedicto XVI anunció el inició del proceso de beatificación. Ese mismo día, 24 años antes, Juan Pablo II había sufrido el atentado.

El 18 de mayo, día en que el Papa hubiera cumplido 85 años, se emitió el edicto del tribunal para la recogida de las noticias y de los escritos de Juan Pablo II. Desde entonces han llovido cartas y testimonios. «Algo que me sorprende es el gran cariño que denotan esas cartas, gente que siente que tiene la necesidad moral de pagar por lo que han recibido del Papa», comentó monseñor Slawomir Oder, postulador de la causa de beatificación.

La causa de beatificación comenzó oficialmente el 28 de junio en Roma y el 4 de noviembre en Cracovia. Testigos, posibles milagros, documentos... mucho material. Karol Wojtyla-Juan Pablo II son dos nombres cuya impronta está en muchos textos, pero, ante todo, en muchos corazones.

El milagro francés y otros

Trabajo abundante, mucho que analizar; pero se va avanzando... El pasado 14 de marzo, monseñor Oder comentó que existen tres casos que podrían ser el milagro requerido para la beatificación. En particular, reveló el caso de una religiosa francesa curada de Parkinson.

Además del posible milagro francés, se abrirán las investigaciones de dos casos más: uno en Sudamérica y otro en Europa, pues, como explicó monseñor Oder, «no sabemos si el proceso francés tendrá éxito, así que necesitamos avanzar en otros casos. Existen otros signos».

Un año ha pasado. El proceso llevará todavía su tiempo, pero el Papa ya está en el cielo. Parece que fue ayer... Todavía oigo el eco de aquellas palabras del cardenal Ratzinger: «Podemos estar seguros de que nuestro querido Papa está ahora en la ventana de la Casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre».

EL OBSERVADOR 560-4

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JÓVENES
Mensajes inolvidables del papa Juan Pablo II a los jóvenes

«¡Yo me siento joven, con todos los años que me cargo!».
Roma, 1996

+ Ser jóvenes quiere decir lanzarse, como Pedro y Juan la mañana de Pascua, a una carrera impetuosa, con el corazón latiendo apresuradamente por el amor tiernísimo a Jesús.

+ Ser jóvenes significa tener la misma obstinación de Tomás en el cenáculo ante los relatos de la Resurrección, una obstinación transformada en el impulso de quien se fía completamente de Aquél que es percibido como único «Señor» y «Dios».. ¿No es esto lo que también vosotros repetís con entusiasmo a Jesús cada día?

+ Ser jóvenes significa sentir el deseo de una vida plena, como el joven rico expresó una vez a Jesús, y, al mismo tiempo, vencer la debilidad que no permite desprenderse de sí mismo y de las falsas seguridades.

+ Ser jóvenes es hacer la experiencia de Lázaro, que pasó por la enfermedad y la muerte, para participar en la alegría sin límites de la vida nueva dada por Cristo.

+ Ser jóvenes significa, por último, gustar la compañía de Jesús y escuchar «boquiabiertos» sus palabras, en la cálida acogida de un hogar como el de Marta y María.
Vaticano, diciembre de 2001

«Si sabéis responder a la llamada de Dios descubriréis —y muchos de vosotros sin duda lo han hecho— que la verdadera juventud es la que da Dios mismo. No la de la edad, anotada en el registro oficial, sino la que desborda de un corazón renovado por Dios».
Jubileo de los Jóvenes, Abril de 1984

«No os desaniméis, porque no estáis solos: el Señor nunca dejará de acompañaros, con su gracia y el don de su Espíritu».
Madrid, mayo de 2003.

«Queridos jóvenes, permítanme hablar francamente: ¿estáis seguros de que la imagen que tienen de Cristo corresponde a la realidad? El Evangelio nos muestra un Cristo exigente que quiere el matrimonio indisoluble y condena el adulterio, hasta cuando es sólo en el deseo. En realidad, Cristo no es indulgente cuando se trata de amor conyugal, aborto, relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio, o relaciones homosexuales».
Holanda, 1985

Sí, queridos amigos, hemos sido creados por Dios y para Dios, y el deseo de Él está inscrito en nuestro corazón! ... Esta atracción que Dios ejerce sobre nosotros se llama 'vocación'».
Vaticano, marzo de 2002

«A vosotros os corresponde verificar si algún bacilo de la 'cultura de muerte', por ejemplo, la droga, el recurso al terror, el erotismo, las múltiples formas del vicio, anida también dentro de vosotros y esté allí contaminando y destruyendo —¡desgraciadamente!— vuestra juventud.
«Os lo repito de nuevo, querídisimos jóvenes: no cedáis a la 'cultura de muerte'. Elegid la vida. Alineaos con cuantos no aceptan rebajar su cuerpo al rango de objeto. Respetad vuestro cuerpo. Formad parte de vuestra condición humana: es templo del Espíritu Santo. Os pertenece porque os lo ha donado Dios. No se os ha donado como un objeto del que podéis usar y abusar».

Jubileo de los Jóvenes, Abril de 1984

«No os dejéis vencer por el miedo de profesar con santo orgullo la alegría de vuestra pertenencia a la comunidad eclesial. No confundáis el diálogo con una acogida acrítica de las opiniones dominantes; siguiendo la exhortación del apóstol san Pablo, 'examinadlo todo y quedaos con lo bueno' (1 Ts 5, 21)».
Vaticano, 26 de abril de 2002

«De rodillas imploro a los hombres y mujeres que se dedican a la violencia que abandonen los caminos violentos y vuelvan a los senderos de la paz. Vosotros alegáis que buscáis justicia. Yo también creo en la justicia y la busco. Pero la violencia no hace sino demorar el día en que se haga justicia».
Irlanda del Norte, 1979

«Hoy quiero comprometeros a ser operadores y artífices de paz. Responded a la violencia ciega y al odio inhumano con el poder fascinante del amor. Venced la enemistad con la fuerza del perdón. Manteneos lejos de toda forma de nacionalismo exasperado, de racismo y de intolerancia. Testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen. ¡Nunca os dejéis desalentar por el mal! Para ello necesitáis la ayuda de la oración y el consuelo que brota de una amistad íntima con Cristo».
Madrid, mayo de 2003

EL OBSERVADOR 560-5

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REPORTAJE
Juan Pablo el Grande: un año ya en la Casa del Padre
El 2 de abril de 2005 el mundo cristiano era presa de un doble sentimiento: tristeza porque no estaba ya entre nosotros una de las personas más sabias y santas de todos los tiempos, y alegría al saber que nuestro gran Juan Pablo II, después de tantos trabajos y sufrimientos padecidos, entraba para siempre en el gozo de su Señor, porque Jesús le dijo ese día: «Hoy estarás Conmigo en el Paraíso».
Por Diana R. García B.

A las diez de la noche, hora de Roma, del sábado 2 de abril de 2005, el vicesecretario del Estado Vaticano, monseñor Leonardo Sandri, salió a la plaza de San Pedro, tomó el micrófono y comenzó no una oración por la salud del Papa, como todos esperaban, sino un anuncio para los 40 mil cristianos presentes que rezaban el rosario: Juan Pablo II había sido llamado por Dios a la Casa del Padre.

Poco antes el vocero de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, había adelantado a la prensa: «El Santo Padre ha fallecido esta tarde a las 21: 37 horas en su apartamento privado».

No sólo en la plaza de San Pedro la gente había estado rezando por el Papa ese día y los anteriores, sino también en miles y millones de templos y hogares de todo el planeta. Pero, ¿qué era lo que pedía la gente en su oración? Al principio, y con toda lógica, nadie quería sentirse huérfano, así que la oración general era para que Dios le devolviera la salud. Después, tras conocerse el enorme sufrimiento físico del Papa a causa de su enfermedad, el pueblo cristiano supo renunciar a su propio deseo y oró para que, si tal era la voluntad de Dios, Juan Pablo II pudiera entrar pronto «en el descanso de su Señor».

A pesar de que se le esperaba, pues, la muerte del Papa fue una gran sacudida, uno de los momentos de mayor intensidad que puede recordar la humanidad. Pero, tras un silencio escalofriante, algunos jóvenes en San Pedro comenzaron a cantar: «¡Aleluya! ¡Resucitará!». Y luego vino la respuesta de la gente: un inmenso y prolongado aplauso que resonó en toda la plaza. Era el último homenaje a Juan Pablo II, Juan Pablo el Grande, el hombre de Dios.

San Pablo escribió lo siguiente: «Hermanos, no queremos que estéis en la ignorancia respecto de los muertos, para que no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza» (1 Tes 4, 13). Las lágrimas vertidas por el Papa no fueron por falta de esperanza, puesto que los cristianos la tenemos: «Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos» (II Mac 12, 44). Fueron llantos de amor, como el de Cristo por su amigo Lázaro: «Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían: 'Mirad cómo le quería'» (Jn 11, 35-36), o el de los cristianos de Mileto por Pablo: «Rompieron entonces todos a llorar y, arrojándose al cuello de Pablo, le besaban, afligidos sobre todo por lo que había dicho: que ya no volverían a ver su rostro» (Hch 20, 37-38).

La última lección que nos dio Juan Pablo II fue la de cómo muere un auténtico cristiano. Era la víspera de la fiesta de la Divina Misericordia, y el Papa había escrito días antes un mensaje para la ocasión. Decía, entre otras cosas: «Aprende a reconocer en la Cruz el signo mas elocuente de la Misericordia Divina».

En otras palabras, no hay Domigno de Pascua sin Viernes Santo. Juan Pablo amó en su propia cruz la Cruz de Cristo, y ahora vive la Pascua eterna, la fiesta que nunca se acaba en el Cielo. Sabía lo que venía, por eso sus últimas palabras fueron: «Dejadme ir a la Casa del Padre».

EL OBSERVADOR 560-6

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ELECCIONES 2006: EL PUNTO DE VISTA CATÓLICO
(4 de 9)
Fundamentos bíblicos de la misión y enseñanza socio-política de la Iglesia
Por el P. Humberto M. Marsich s.x.

La antropología bíblica del libro del Génesis. Describe y define al ser humano como un ser unitario en la pluralidad de sus dimensiones que son: la corporal, la espiritual y la social. Hay vínculos de interdependencia que unen a todos los seres humanos, como en una sola y universal familia y que, por lo tanto, los obliga a proyectar su futuro y a buscar su felicidad sin prescindir del futuro y de la felicidad de los demás. La Iglesia, obviamente, también debe tener en cuenta esta característica social, cuando habla al hombre.

El libro del Éxodo. Se trata del relato de un proceso histórico de liberación de un pueblo, el más oprimido de la historia de aquel entonces, que se convierte en paradigma y en meta para todos los pueblos de la historia, sin olvidar tampoco el simbolismo de otra liberación que el hombre debe perseguir siempre, es decir, del pecado personal y social que nunca lo dejará en el tiempo de la vida.

El profetismo. Los profetas son hombres de Dios y a él prestan su voz para anunciar buenas noticias y denunciar abusos y explotaciones. Defienden los derechos de los pobres y juzgan la conducta inicua e injusta de los ricos, de los terratenientes, de los comerciantes, de los jueces y sacerdotes de su tiempo. El Dios de los profetas es un Dios que no sólo gobierna la historia, sino que la orienta en el sentido del establecimiento de la justicia y del derecho. Esta función, propiamente profética, deberá acompañar siempre la acción y la prédica de la Iglesia en el mundo; la acción y la palabra de los creyentes en los lugares donde vivan y trabajen.

El evento Cristo. Jesús, sin actuaciones específicamente políticas y sin proponer proyectos técnicamente elaborados, vivió inmerso en las cuestiones sociales de su tiempo: sus actitudes tuvieron, lo mismo que su mensaje, incidencia real en las cuestiones sociales. Su ética fue de amor, de solidaridad, de comunicación de bienes y de fraternidad. Asumió la angustia del hombre en su carne. Anuncia la buena nueva del Reino como una realidad social diferente de la que se vivía e inspirada en los grandes valores de la justicia, de la fraternidad, de la solidaridad, del amor y de la paz. El Reino es, sí, una realidad sobrenatural y trascendental, pero que no deja de enjuiciar a los reinos y a los sistemas de la convivencia humana. Hasta en su muerte nos enseñó que no se puede ceder ante la injusticia, ni siquiera a costa de la propia vida. Lo que sobresale en Él, y que la Iglesia hará propia, es la opción preferencial, y no excluyente, por los pobres de su tiempo, por todos los tipos de pobres. Su ética no contiene propuestas técnicas de carácter político o económico, pero sí contiene un espíritu transformador de lo político, de lo económico y de lo social cuando se oponen a la construcción del Reino de Dios.

Los textos bíblicos, el profetismo y particularmente el mensaje de Jesús componen una ética crítica de mucha fuerza y mucho compromiso en la historia humana. Nada debe oponerse a la construcción del Reino de Dios.

EL OBSERVADOR 560-7

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PICADURA LETRÍSTICA
Año jubilar de los jesuitas
Por J. Jesús García y García

Destruidos los jesuitas, venceremos a la Infame .
VOLTAIRE

xultantes se muestran los jesuitas desde el pasado diciembre, cuando proclamaron que este 2006 sería su Año Jubilar. Celebran tres grandes aniversarios: los 500 años del nacimiento de san Francisco Xavier, los 500 años del nacimiento del beato Pedro Fabro y los 450 años de la muerte de san Ignacio de Loyola. Los tres fueron universitarios. Su encuentro se dio en la Universidad de París, donde idearon su proyecto religioso.

San Francisco Xavier (7 de abril de 1506 – 3 de diciembre de 1552). Era un noble vasco. Nació en Xavier, Navarra. A los dieciocho años ingresó en la Universidad de París, en el colegio de Santa Bárbara, donde en 1528 obtuvo el grado de licenciado. Allí conoció a san Ignacio de Loyola, quien lo convenció de usar sus talentos para transformarse en misionero. Con Loyola y otros cinco misioneros fundó la Compañía de Jesús. Se dice que viajó por toda el Asia descalzo, convirtiendo a los más pobres e ignorantes en Goa, India, como así también en las Indias Orientales y Japón. La Iglesia estima que bautizó a más de 40 mil. Murió en Sancian, China, a los 46 años de edad, debido a la costumbre auto abusiva de caminar descalzo y exponerse a las inclemencias del tiempo. El Papa Pío X nombró a san Francisco Xavier como patrono de todos los misioneros; de hecho, ha sido llamado «El gigante de la historia de las misiones».

Beato Pedro Fabro (13 de abril de 1506 – 1 de agosto de 1546). Francés saboyano. De joven fue ovejero y aprovechaba los domingos para impartir catequesis. Fue a París a estudiar y allí conoció a Francisco Xavier, con quien compartió el alojamiento en el colegio de Santa Bárbara. Poco después se les juntó Ignacio de Loyola. Éste había escrito unos Ejercicios espirituales que fueron de decisiva influencia en Fabro, quien se ordenó sacerdote. Francisco Xavier, Fabro y Loyola consiguieron a otros cuatro compañeros y todo el grupo, con el nombre de Compañía de Jesús, se consagró a Dios en Monmartre el 15 de agosto de 1534, haciendo votos de pobreza y castidad y se propusieron peregrinar a Tierra Santa o, si ello no fuera posible, ponerse a disposición del Papa. Pedro Fabro desarrolló trabajo espiritual y catequético en España, Portugal y Alemania. Murió en Roma, a donde había sido enviado para participar en el concilio de Trento como delegado de la Sede Apostólica.

San Ignacio de Loyola (23 de octubre de 1491 – 31 de julio de 1556). Vasco guipuzcoano, militar al que llamaron «El Rengo», porque en una batalla una bala de cañón le destrozó una pierna. Para distraerse durante la convalecencia, Iñigo pidió algunos libros de caballería. Pero lo único que hubo a la mano fue una historia de Cristo y un volumen de vidas de santos. Ignacio los comenzó a leer para pasar el tiempo, pero llegó a interesarse tanto que pasaba días enteros dedicado a la lectura. Y se decía: «Si esos hombres [los santos] estaban hechos del mismo barro que yo, bien yo puedo hacer lo que ellos hicieron». Hizo una extraordinaria tanda de penitencias y oraciones. Escribió los Ejercicios espirituales. Luego se fue a París a estudiar y a fundar la Compañía de Jesús, de la cual fue el primer General. «Toda su vida hizo actos arrojados, indomables, atrevidos incluso; es decir, caballerescos», escribe el padre Leonardo Castellani.

Los jesuitas son, sin duda, el instituto religioso más combatido de la historia. Fue suprimido bajo el pontificado de Clemente XIV, en 1773, «por obra de los masones, los enciclopedistas y un rey cristiano tonto y disoluto —tres personas distintas y una sola calamidad verdadera. Verdad histórica demostrada diez veces» (Castellani). La Compañía fue restaurada por Pío VII en 1814 y, tanto por su labor anterior como posterior a ese año, abunda en santos, beatos y siervos de Dios.

EL OBSERVADOR 560-8

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COLUMNA ABIERTA
Cultura tolerante - cultura decadente
Por Walter Turnbull

Me meto al buscador internet por un artículo de Carlos Fuentes y me encuentro con un gigante de la popularidad, y un paladín de la civilidad. Todo celebraciones, todo éxitos, una cultura enciclopédica, más premios que obras escritas, muchos títulos honoris causa, muchísimos admiradores, una lucha sin cuartel contra la discriminación, a favor de los derechos humanos, la libertad, la tolerancia... y me temo que yo tengo que disentir con él, al menos en algunos puntos.

En un artículo sobre la reacción violenta de los musulmanes contra las caricaturas de Mahoma, Carlos Fuentes sugiere que ambas sociedades practiquen la tolerancia del otro, el diálogo... y la paciencia con el mundo islámico, que no ha recorrido un camino hacia la tolerancia como lo ha hecho la cristiandad. Según él, «el mundo cristiano ha dejado, en amplitud, de ser fanático», porque se puede satirizar la figura de Cristo sin que nadie haga nada, y el anticlericalismo —por lo menos lo reconoce— es sólo parte de la polémica. Se pregunta —con cierto entusiasmo, para mi gusto— si ya no habrá límites, si ya nada nos escandaliza, si aceptaríamos a un Jesús erótico o una María sin virginidad. «La tolerancia —afirma Fuentes— se ha ganado a pulso en Occidente y aún así hay múltiples aristas de fanatismo».

Aquí es donde tengo que disentir. Esa supuesta tolerancia no creo que se dé en todos los occidentales, tal vez ni siquiera en la mayoría. Yo, por ejemplo, debo ser parte de las aristas de fanatismo, porque me molesto mucho cuando alguien se burla de Dios o de la Iglesia, y me gustaría mucho encontrar una forma civilizada y pacífica de impedirlo; siento que a la larga esta burla va en desmedro de la humanidad. Esa tolerancia, además, está muy mal entendida y muy inequitativamente practicada. Se exige tolerancia con la homosexualidad, con la pornografía, con la droga, con la promiscuidad, con la pederastia, y ¡ay del que ridiculice a un negro o a un judío!, pero hay que tolerar al que se burla del cristiano y se persigue a un católico por predicar su doctrina a sus correligionarios, por portar un crucifijo o por opinar sobre política.

La celebrada tolerancia de los occidentales más bien diría yo que es una ausencia de principios, una forma de nihilismo, una expresión del «pensamiento débil», del relativismo doctrinal y moral en que ha caído la civilización occidental, renegando de los valores que los llevaron —aunque hoy algunos quieran negarlo— a la cultura y a la civilidad en que tanto se complace Carlos Fuentes. Una tolerancia que no conoce límites deja de ser tolerancia y se convierte en indolencia. Más que una cultura con tolerancia, la occidental se está convirtiendo en una cultura sin Dios, por eso lo acepta todo. «Si Dios no existe, todo se permite».

El laicismo es ciertamente saludable para el estado y más para la religión, pero nunca debió llegar al anticlericalismo. La religiosidad es una dimensión inherente al hombre, y sin Dios es muy difícil que se entiendan y que se practiquen esas virtudes sociales que hacen posible la convivencia y la solidaridad entre los hombres y entre las culturas. Varios estados han intentado erradicar a Dios y siempre ha resultado en terribles pérdidas humanas y culturales.

A falta de un Dios y de una ética objetiva, el hombre moderno ha creado dioses falsos que exigen sacrificios humanos, como la libertad de expresión y la tolerancia: que cada quien diga lo que quiera y que todos aguanten todo lo que se diga. Se ha olvidado aquel dicho que es casi la Biblia: «Mi derecho a alargar el brazo llega hasta donde tu nariz comienza». Bueno fuera bajar la libertad de su altar y recuperar el sempiterno valor del respeto.

El mundo occidental moderno no es una cultura tolerante; es una cultura decadente.

EL OBSERVADOR 560-9

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Razones para confesarse
La Reconciliación es la belleza de Dios

En una carta pastoral del arzobispo de Chieti-Vasto, monseñor Bruno Forte, el obispo responde por qué todos los cristianos debemos recurrir al sacramento de la Reconciliación. A continuación resumimos algunas de sus enseñanzas:

El pecado existe

«Entre las preguntas que mi corazón de obispo se hace, elijo una que me hacen a menudo: ¿por qué hay que confesarse? ¿Por qué hablar de mis cosas, especialmente de aquellas de las que me avergüenzo incluso conmigo mismo, a alguien que es pecador como yo, y que quizá valora de modo completamente diferente al mío mi experiencia, o no la comprende en absoluto? Alguno añade: ¿Existe verdaderamente el pecado, o es sólo un invento de los sacerdotes para que nos portemos bien?

«A esta última pregunta respondo enseguida: el pecado existe, y no sólo está mal sino que hace mal. No se debe dudar en subrayar lo enorme que es la tragedia del pecado y cómo la pérdida de sentido del pecado —muy diversa de eso que llamamos 'sentimiento de culpa'— debilita el corazón ante el espectáculo del mal y las seducciones de Satanás.

«A pesar de todo, estoy convencido de que el bien existe y es mucho mayor que el mal, que la vida es hermosa y que vivir rectamente vale verdaderamente la pena. La razón profunda que me lleva a pensar así es la experiencia de la misericordia de Dios que hago en mí mismo y que veo resplandecer en tantas personas humildes: es una experiencia que he vivido muchas veces, tanto dando el perdón como ministro de la Iglesia, como recibiéndolo. Hace años que me confieso con regularidad, varias veces al mes y con la alegría de hacerlo. La alegría nace del sentirme amado de modo nuevo por Dios, cada vez que su perdón me alcanza a través del sacerdote que me lo da en su nombre.

¿Alivio o paz?

No es la alegría del fútil sentido de alivio de quien 'ha vaciado el saco' (la confesión no es un desahogo psicológico ni un encuentro consolador, o no lo es principalmente), sino la paz de sentirse bien 'dentro', tocados en el corazón por un amor que cura.

«Y ¿por qué hay que confesar a un sacerdote los propios pecados y no se puede hacer directamente a Dios? Ciertamente, uno se dirige siempre a Dios cuando confiesa los propios pecados. Que sea, sin embargo, necesario hacerlo también ante un sacerdote nos lo hace comprender el mismo Dios: al enviar a su Hijo con nuestra carne, demuestra querer encontrarse con nosotros mediante un contacto directo, que pasa a través de los signos y los lenguajes de nuestra condición humana. Así como Él ha salido de sí mismo por amor nuestro y ha venido a 'tocarnos' con su carne, también nosotros estamos llamados a salir de nosotros mismos por amor suyo e ir con humildad y fe a quien puede darnos el perdón en su nombre con la palabra y con el gesto. Sólo la absolución de los pecados que el sacerdote te da en el sacramento puede comunicarte la certeza interior de haber sido verdaderamente perdonado y acogido por el Padre, porque Cristo ha dicho a los Apóstoles: 'Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos' (Juan 20,22-23). Por lo tanto, confesarse con un sacerdote es muy diferente de hacerlo en el secreto del corazón, expuesto a tantas inseguridades y ambigüedades que llenan la vida y la historia. Tú solo no sabrás nunca verdaderamente si quien te ha tocado es la gracia de Dios o tu emoción, si quien te ha perdonado has sido tú o ha sido Él».

El Observador

EL OBSERVADOR 560-10

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Juan Pablo II, misionero del mundo
Por Jesús Villagrasa, L.C. / Buenas Noticias

El pontificado de Juan Pablo II, desde su inicio hasta su conclusión, ha sido una peregrinación apostólica por el mundo entero. Ninguna consideración médica, ningún cálculo político frenaban su determinación de acudir allí donde su presencia era deseada y esperada. Su intención, oración, acción y magisterio hacen de Juan Pablo II uno de los mayores misioneros del siglo XX.

La geografía de sus viajes internacionales fue muy variada. En sus 104 viajes visitó 129 naciones y 617 ciudades, pronunció 2,382 discursos y recorrió 1.162,615 kilómetros. Ningún líder público ha viajado tanto. Además, hizo 146 viajes por Italia en los que visitó 259 localidades. Más que los números, maravilla su tenacidad para no rendirse ante las dificultades, ni siquiera cuando en los últimos años menguaban sus fuerzas.

Su primer viaje apostólico internacional, apenas tres meses después de su elección, lo llevó a Santo Domingo, México y las Bahamas. Su último viaje (14-15 de agosto de 2004), tuvo por meta el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (Francia). Enfermo entre los enfermos, Juan Pablo II realizó los tradicionales gestos del peregrino. «Arrodillándome de nuevo en la Gruta de Massabielle –dijo al inicio del Rosario– siento con emoción que he alcanzado la meta de mi peregrinación».

Lugares, personas, acontecimientos, conmemoraciones, canonizaciones, encuentros masivos y privados, hitos históricos y pequeños eventos de crónica... se acumulan en el gran mosaico de esta ininterrumpida peregrinación por el mundo.

Los encuentros con el papa Wojtyla

Se entregaba en los encuentros personales. Mostraba toda su ternura a los enfermos —sobre todo si eran niños—, a los minusválidos y a los ancianos. Veneraba en ellos a Cristo crucificado. Aunque fueran muchos, a cada uno quiso saludar, acariciar, escuchar y confortar... y decirle que contaba con sus oraciones y el ofrecimiento de sus sufrimientos. Veía con ojos contemplativos las personas y los lugares. Juan Pablo no encontraba masas sino multitudes, personas. Cada una, un misterio.

Oraba en el reclinatorio de su capilla peregrinando espiritualmente por el mundo. Y peregrinaba orando. La oración precedía, acompañaba y cerraba los días de sus viajes; la oración larga y profunda a primeras horas del día en la capilla de la nunciatura que lo hospedaba, o ante el Tabernáculo en las iglesias que visitaba; la corona del Rosario desgranada en el coche, avión o helicóptero que lo trasportaba. Un día viernes, el helicóptero lo llevaba de Jerusalén a Galilea; no miraba por la ventanilla; leía una página de un pequeño libro, muy gastado, sin tapa, y se recogía en oración; leía otra y de nuevo oraba; estaba haciendo el Via Crucis; la apretada agenda de ese día no le permitía hacerlo, como solía, en la capilla por la tarde.

Esta espiritualidad que animó a Juan Pablo II, su rico magisterio y, sobre todo, la intencionalidad, magnitud y amplitud de su acción hacen de este gran misionero del siglo XX un modelo para quienes el Señor de la Mies se digne llamar a su servicio para cumplir, en el tercer milenio cristiano, la misión que Cristo Redentor ha confiado a la Iglesia y que está aún lejos de cumplirse, pues –así lo sentía Juan Pablo II– se halla todavía en los comienzos.

J. Villagrasa ha publicado el libro Juan Pablo II, misionero del mundo, Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, Roma 2005, 253 pp., [Ioannes Paulus II, 3]

EL OBSERVADOR 560-11

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Separados a los tres meses
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
A la corta edad de 19 años y medio me casé por la Iglesia; lamentablemente, las cosas entre mi esposo y yo no funcionaron como esperábamos, no funcionaron por muchas razones que preferiría no ventilar en este momento; lo único que les puedo decir es que ninguno de los dos tenía conciencia de lo que hacíamos. Tan desubicados y jóvenes estábamos que nuestra unión no duró mas de tres meses. Sé bien que este hecho es una de las peores faltas que pudimos hacerle a nuestros sagrados sacramentos, pero también pienso que Dios nos trajo a la tierra para honrarlo a través de nuestros buenos actos y, créanme, si mi ex esposo y yo hubiéramos seguido juntos, seguramente hubiéramos ofendido mucho más a Dios de lo que ya lo habíamos ofendido. En fin, que desde entonces sinceramente me da miedo empezar alguna relación para no continuar por un mal camino, pero me gustaría que algún día mi ex esposo y yo hiciéramos una vida normal y formar un familia como Dios manda, sin dudas, sin reclamos, sin violencia, sólo con amor; y al menos para mí, si algún día llega ese momento, es muy importante contar con la bendición de Dios.
Sin más por el momento agradezco su atención y espero me pudieran orientar un poco sobre la anulación del matrimonio.


RESPUESTA
No es que la Iglesia anule un matrimonio, sino que, después de un cuidadoso análisis, declara que determinado matrimonio es nulo porque desde un principio no cumplía con los elementos necesarios para ser un matrimonio válido.

Planteas dos deseos diferentes: volver con tu ex esposo o empezar otra relación. Yo creo que tanto una como otra posibilidad deben esperar. Lo primero que debes hacer, me parece, es plantear tu caso en el tribunal eclesiástico. Si la Iglesia declara que tu matrimonio fue nulo, entonces podrás libremente buscar otra relación. Si tu matrimonio no es nulo eso significa que ese hombre es tu esposo hasta que la muerte los separe. La Iglesia permite la separación cuando, ante situaciones graves, ésta resulta ser el mal menor. Podría ser éste el caso de ustedes. Pero aun separada, no puedes contraer un nuevo matrimonio dentro de la Iglesia. Si te casas por lo civil, supongo que ya lo sabes, seguirás siendo parte de la Iglesia, pero no podrás recibir los sacramentos a causa de esa situación.

Pero tú no descartas la posibilidad de volver con tu marido. Si la Iglesia declara que el matrimonio de ustedes es válido, yo entiendo que ambos tienen la capacidad emocional suficiente para asumir el compromiso del matrimonio y, por lo tanto, la capacidad de arreglar las diferencias y conflictos que los separaron. No quieres hablar de las razones por la que no funcionó la relación al principio del matrimonio, pero cualesquiera que éstas sean, muy probablemente necesiten ayuda profesional para enfrentar y resolver esas situaciones. Si no hay una mejor madurez de parte de ambos, si no sanan lo que haya que sanar, si no cambian las creencias y actitudes equivocadas que puedan tener, no tendría caso que se volvieran a unir a repetir los mismos errores. Por supuesto, ésta debe ser una tarea de ambos, donde los dos estén convencidos de la necesidad de cambiar y de luchar por el matrimonio.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 560-12

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PINCELADAS
El trabajo y el amor
Por el P. Justo López Melús

El amor —que a veces puede estar prostituido— es el motor de todas nuestras acciones. Mi amor es mi peso, decía san Agustín. Por él soy llevado a donde quiera que voy. El amor no puede estar ocioso. Enséñenme un amor ocioso. No podrán. No se rehusa el trabajo cuando hay amor. Quien ama no trabaja, es decir, no siente el peso del trabajo. Y todo trabajo, para quien no ama, es una carga pesada.

Un niño de ocho años traía sobre sus hombros a otro más pequeño que tendría tres o cuatro. Se veía cansado, pero gozoso con su carga. Le pregunté: «Qué, amigo, ¿pesa mucho?». Y él me contestó con inefable expresión, con fuerza y decisión: «No pesa, es mi hermano».

Y, sonriendo y saludando, se marchó feliz, con una carga que le daba alas. Las alas tienen su peso correspondiente, pero sirven para llevar el peso del cuerpo.

EL OBSERVADOR 560-13

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FIN

 
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