El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
21 de Mayo de 2006 No.567

SUMARIO

bulletPORTADA - Tres criterios de Benedicto XVI para las causas de canonización
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Leer la historia desde lo sobrenatural
bulletELECCIONES 2006 - ¿Qué otros criterios son necesarios para elegir bien? (2 de 2)
bulletJÓVENES - El Papa responde a preguntas de jóvenes de Roma
bulletMIRADA JOVEN - Crisis existenciales, ¿qué son?
bulletENTREVISTAS - «El relativismo de las sectas me confundía; el mundo de la fragmentación entre los cristianos estaba mal»
bulletLO QUE VALE EL MEXICANO - El Señor me cuidó
bulletDOCUMENTOS - Benedicto XVI traza el perfil del sacerdote
bulletEl jueves 25 de mayo llega el Papa a Polonia

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PORTADA
Tres criterios de Benedicto XVI para las causas de canonización
Participación diocesana, milagro «físico», martirio por «odio a la fe»
Benedicto XVI ha tomado papel y pluma para subrayar la necesidad de la participación de los obispos en las causas de canonización y repasar los procedimientos que deben seguirse en las mismas. La misiva repasa, además, algunos de los pasos decisivos de estos procesos canónicos, como el milagro atribuido a la intercesión del siervo de Dios, o las condiciones para que se reconozca un martirio.


El mensaje ha sido dirigido por el Santo Padre al cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, con motivo de la asamblea plenaria que tuvo este dicasterio vaticano a finales de abril.

Investigación diocesana: la fama de santidad

La carta del Papa anuncia, ante todo, que la Congregación vaticana está redactando una «Instrucción para el desarrollo de la investigación diocesana en las causas de los santos».
Se trata de un documento que se dirigirá principalmente a los obispos diocesanos «para salvaguardar la seriedad de las investigaciones que se llevan a cabo en los procesos diocesanos sobre las virtudes de los siervos de Dios, sobre los casos de martirio afirmado o sobre los eventuales milagros».
En particular, la carta del Papa constata: «es evidente que no se podrá iniciar una causa de beatificación y canonización si no se ha comprobado la fama de santidad, aunque se trate de personas que se distinguieron por su coherencia evangélica y por particulares méritos eclesiales y sociales».

El milagro físico, no el milagro moral

En segundo lugar, el Papa analiza en su misiva la cuestión del milagro atribuido a la intercesión de un siervo de Dios que es requerido para su beatificación (a no ser que sea mártir) y, en todo caso, para su canonización.
«Además de asegurarnos de que el siervo de Dios vive en el cielo en comunión con Dios, los milagros constituyen la confirmación divina del juicio expresado por la autoridad eclesiástica sobre su vida virtuosa», explica el Papa.
En este sentido, afirma que «hay que tener presente claramente que la práctica ininterrumpida de la Iglesia establece la necesidad de un milagro físico, pues no basta un milagro moral».

El martirio y el odio a la fe del perseguidor

El tercer punto de la carta se concentra sobre los criterios que han de seguirse para el reconocimiento de los mártires, personas que «dan la vida, derramando la sangre, libre y conscientemente, en un acto supremo de caridad, para testimoniar su fidelidad a Cristo, al Evangelio y a la Iglesia».
«Aunque el motivo que impulsa al martirio sigue siendo el mismo y tiene en Cristo su fuente y modelo —constata—, han cambiado los contextos culturales del martirio y las estrategias por parte del perseguidor, que cada vez trata de manifestar de modo menos explícito su aversión a la fe cristiana o a un comportamiento relacionado con las virtudes cristianas, pero que simula diferentes razones, por ejemplo, de naturaleza política o social».
En este contexto, el Papa afirma que «es necesario recoger pruebas irrefutables sobre la disponibilidad al martirio, como derramamiento de la sangre, y sobre su aceptación por parte de la víctima, pero también es necesario que aflore directa o indirectamente, aunque siempre de modo moralmente cierto, el odio a la fe del perseguidor».
«Si falta este elemento, no existirá un verdadero martirio según la doctrina teológica y jurídica perenne de la Iglesia», subraya.

Zenit-El Observador

EL OBSERVADOR 567-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Leer la historia desde lo sobrenatural
Por Jaime Septién

Para la señorita Leonor de la Isla Serrano

Este mes de mayo la Papelería y Librería del Sagrado Corazón, en el centro histórico de Querétaro, cumple cien años de haber sido fundada. Un acontecimiento de esta naturaleza merecería que los periódicos se ocuparan de él y en primera plana. Si es difícil que un negocio alcance la centuria, más difícil aún es que lo alcance una librería, y rarísimo: una librería católica.

En ocasión de este aniversario hubo una mesa redonda sobre la lectura en clave católica. He aquí, resumida, mi modesta participación en un tema que me parece fundamental. Si los católicos no sabemos ponernos las gafas católicas para leer los acontecimientos del mundo, seguiremos siendo rehenes de la «lectura» que hacen «para nosotros» los medios de comunicación seculares.

1. Existe una idea muy extendida entre nosotros (y que ha provocado no pocos desengaños) que puede esbozarse así: «Juan es católico. Juan lee. Juan es un lector católico».

2. Este prejuicio hace pensar a muchos editores que, con el sólo hecho de hacer prensa católica, están formando lectores y lectores católicos.

3. Para ser un lector católico no basta leer. Ni siquiera basta leer prensa católica. Hay que leer como lectores católicos. Pero el lector católico no se forma por generación espontánea, sino a partir de un trabajo de transmisión de la doctrina de la Iglesia que forme, justamente, lectores católicos.

4. La clave está en anteponer (el lector) a la visión personal, las gafas de una visión sobrenatural: aprender a leer prensa católica y no católica con los ojos de la Doctrina de la Iglesia.

5. Se trata de que el lector sea capaz de leer los signos de los tiempos, es decir, las manifestaciones de Dios en la historia.

6. Podemos distinguir 5 habilidades o hábitos en un lector católico: mirar más allá de sus circunstancias; aceptación de la autoridad legítima; aceptar la existencia del pecado y de la muerte; creer en la sabiduría de la experiencia y contemplar la vida como siendo parte de ella.

7. A estas habilidades debe corresponder un medio católico con estas 4 características: aceptar su vocación católica; inspirarse en el verdadero sentido de la humildad; trazarse un programa de apertura y ejercer una constante disposición para el discernimiento.

8. Para formar lectores católicos, la prensa católica no podrá admitir que exista una esfera de la vida humana que pueda sustraerse de la acción salvadora (y renovadora) de Cristo.

9. Todo lo humano es cristiano; por lo tanto, todo ha de ser redimido: el lector y el medio, a partir de la experiencia comunicacional del Evangelio.

EL OBSERVADOR 567-2

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¿Qué otros criterios son necesarios para elegir bien? (2 de 2)

* Los programas de gobierno no surgen de la nada. Son hechos por personas. Si se quiere saber qué tan profundo es un proyecto gubernamental hay que ver de quiénes se rodea el candidato. Y cuáles van a ser los criterios de elección para que hombres y mujeres compartan la responsabilidad de gobernar. ¿Se le ha visto haciendo el bien? ¿Qué criterios de transparencia hay en que sean escogidos para ocupar puestos clave por el futuro presidente de la República: porque son sus cuates, porque son sus compinches, porque le protegieron las espaldas en negocios turbios, porque son sus compañeros de francachelas, porque le manejan el coche o porque le prestaron a su señora?

* Hay programas profundos y programas que son una embarrada de buenos deseos, en el mejor de los casos, de mentiras disfrazadas, en la mayoría. Muchas veces nos los presentan como si hubiera parido una gallina un planeta cuando se trataba de un pequeño blanquillo. Hay que ver si la prioridad está en el corto o en el largo plazo. Si está en el corto plazo, malo. ¿Por qué? Porque no va a servir para maldita la cosa. Porque nos está «dando atole con el dedo». La verdadera política piensa en la calidad de vida de las futuras generaciones no en la cuenta de cheques de las próximas novias del politicastro ramplón.

* Un programa que no viene del interior mismo de la nación es un programa cojo. Nuestra historia está llena de intentos por favorecer el desarrollo con proyectos que nada tenían que ver con las raíces del mexicano: desde la reforma liberal de 1857, que nos quiso hacer granjeros calvinistas, hasta el neoliberalismo radical de la última década, que nos ha querido imponer el ritmo que marca Washington en la vida económica y hasta en el horario de verano. Cerrarse a las influencias extranjeras es malo, también lo es abrirse a ellas sin recordar, por ejemplo, nuestra señas de identidad.

EL OBSERVADOR 567-3

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JÓVENES
El Papa responde a preguntas de jóvenes de Roma
En un encuentro del Papa con jóvenes de la diócesis de Roma, se realizó una sesión de preguntas espontáneas de jóvenes a Benedicto XVI, quien respondió también espontáneamente. A continuación resumimos los cuestionamientos y las respuestas:

Santidad, soy Simone; tengo 21 años. ¿Cómo puedo reconocer que lo que leo en la Biblia es Palabra de Dios que interpela mi vida?
Es preciso leer la sagrada Escritura no como un libro histórico cualquiera. Hay que leerla realmente como Palabra de Dios, es decir, entablando una conversación con Dios. Al inicio hay que orar, hablar con el Señor: «Ábreme la puerta». La Escritura no se lee en un clima académico, sino orando.
Es importante leer la Biblia de un modo muy personal, en una conversación personal con Dios, pero al mismo tiempo es importante leerla en compañía de las personas con quienes se camina; es importante de modo especial leerla en la gran compañía del pueblo de Dios peregrino, es decir, en la Iglesia».

Santo Padre, soy Anna, tengo 19 años. La familia fundada en el matrimonio parece ya prácticamente una invención de la Iglesia, por no hablar de las relaciones prematrimoniales, cuya prohibición se presenta, incluso a muchos de los que somos creyentes, como algo incomprensible o pasado de moda... ¿Quiere explicarnos qué nos dice al respecto la Palabra de Dios?
Ya en las primeras páginas de la sagrada Escritura, inmediatamente después del relato de la creación del hombre, encontramos la definición del amor y del matrimonio. El autor sagrado nos dice: «El hombre abandonará a su padre y a su madre, seguirá a su mujer y ambos serán una sola carne», una única existencia. Estamos al inicio y ya se nos da una profecía de lo que es el matrimonio; y esta definición permanece idéntica también en el Nuevo Testamento. El matrimonio es este seguir al otro en el amor y así llegar a ser una sola existencia, una sola carne, y por eso inseparables.
Los teólogos medievales decían que el matrimonio fue el primero de los siete sacramentos en ser instituido por Dios, dado que lo instituyó ya en el momento de la creación, en el Paraíso, al inicio de la historia, y antes de toda historia humana. Por tanto, el sacramento del matrimonio no es una invención de la Iglesia; en realidad, fue creado juntamente con el hombre como tal.
Es verdad que el hombre cayó y fue expulsado del Paraíso o, por decirlo de otra forma, es verdad que todas las culturas están contaminadas por el pecado, y así queda oscurecido el plan inicial inscrito en nuestra naturaleza. Pero este no es el plan del Creador.

Me llamo Vittorio; tengo 20 años. Muchos estamos pensando en seguir a Jesús por un camino de consagración, pero no siempre es fácil descubrir si ese es el camino correcto. ¿Nos quiere decir cómo descubrió usted cuál era su vocación?
Crecí en un mundo muy diferente del actual, pero, en definitiva, las situaciones son semejantes. Por una parte, era normal ir a la iglesia y aceptar la fe como la revelación de Dios y tratar de vivir según esa revelación; por otra, estaba el régimen nazi, que afirmaba con voz muy fuerte: «En la nueva Alemania no habrá ya sacerdotes, no habrá ya vida consagrada, no necesitamos ya a esta gente; búsquense otra profesión». Pero precisamente, ante la brutalidad de aquel sistema tan inhumano, comprendí que había una gran necesidad de sacerdotes. Esto me confirmó en la convicción de que el Señor nos indicaba el camino correcto y nosotros debíamos esforzarnos por lograr que sobreviviera ese camino. En esa situación, la vocación al sacerdocio creció casi naturalmente junto conmigo y sin grandes acontecimientos de conversión.
Es importante estar atentos a los gestos del Señor en nuestro camino. Él nos habla a través de acontecimientos, a través de personas; y es preciso estar atentos a todo esto. Debemos vivir una relación cada vez más profunda de amistad personal con Él, en la que podemos comenzar a descubrir lo que Él nos pide.

Soy Giovanni, tengo 17 años. ¿Cómo puedo hacer para armonizar ciencia y fe?
Dios o existe o no existe. Hay sólo dos opciones. O se reconoce la prioridad de la razón, de la Razón creadora que está en el origen de todo y es el principio de todo, o se sostiene la prioridad de lo irracional, por lo cual todo lo que funciona en nuestra tierra y en nuestra vida sería sólo ocasional, un producto irracional. En definitiva, no se puede «probar» uno u otro proyecto, pero la gran opción del cristianismo es la opción por la racionalidad y por la prioridad de la razón. Esta opción me parece la mejor, pues nos demuestra que detrás de todo hay una gran Inteligencia, de la que nos podemos fiar.

Zenit-El Observador

EL OBSERVADOR 567-4

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MIRADA JOVEN
Crisis existenciales, ¿qué son?
¿Qué son?, ¿Quién las padece y por qué?
Por María Velázquez Dorantes

Hoy en día se ha vuelto muy común que los jóvenes expresen que sus estados de ánimo dependen de una crisis existencial. Sobre todo cuando se trata de una melancolía o apatía, terminan argumentando que todo se debe una crisis que ellos esperan pasará pronto. Esa cotidianidad del tema hace que desprenda una «trivialidad» sobre el asunto, puesto que las crisis existenciales aparecen y desaparecen en los momentos de la vida menos esperados.

Las crisis existenciales se dan en todos los entornos, pero su peculiaridad es que se desbordan en el proceso de crecimiento y maduración, la etapa joven. Sin embargo, ello no quiere decir que un niño o un adulto se vean sorprendidos por ella. Una crisis existencial no necesariamente tiene relación con elegir una carrera, una profesión, una esposa, tener hijos, o con una enfermedad. «Las crisis existenciales implican, además, un cambio parcial en la identidad (me siento otro) y en la cosmovisión de la persona (pienso de manera distinta)». Es justamente en este proceso cuando los jóvenes presentan muchos cambios emocionales, cambios en la actitud y el comportamiento que repercuten en la interacción y en la conducta expresada hacia los demás.

¿Qué hace que estas crisis existenciales puedan abatir al ser humano o tal vez fortalecerlo?, ¿ cómo se identifican y cuáles son los «síntomas» que las exponen en la vida? Primero que nada se parte de una pregunta interna ante el cómo llevamos la vida, el qué hago en la vida o para que me encuentro aquí hasta llegar al sentido de por qué existo, y es justamente en esta línea donde se despliega lo «existencial». Y en la búsqueda de esa respuesta la crisis nace. No obstante, su aparición también lo hace en el encuentro con la respuesta, es decir en el proyecto de vida que los jóvenes van a enfrentar.

Ello puede desencadenar alegría y motivación, o ir a la depresión de la persona. Para que ese momento no llegue, la formación espiritual es la herramienta que indica el ejercicio de los valores sustanciales de la vida, y es crucial para evitar que el ánimo decaiga y exista un choque de ideas que pierden al individuo. La formación familiar que se le debe dar al joven es el cimiento que va impedir que descienda. La concepción del por qué existimos no debe abatir o entristecer el alma, lo que debe proyectar esa existencia es la visión de mi vida en el futuro, un futuro que no se desarme por la drogadicción, los vicios, los miedos, las vicisitudes que conllevan al egoísmo, a la envidia, a los celos por los demás, a vivir un vida de imágenes falsas con deseos impetuosos por lo material. Que esa crisis existencial no convierta al joven en una sombra entre lo que busca, desea y debe hacer; que la crisis existencial no sea cotidiana para que no interrumpa la armonía interior y se maquine hacia el exterior con conductas que afecten a la familia, al grupo de amigos, a la sociedad y a sí mismos.

Tomar la mano de Dios para enfrentar las dudas de la vida es la mejor opción para no caer en lo que la psicología llama crisis existenciales.

EL OBSERVADOR 567-5

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ENTREVISTAS
«El relativismo de las sectas me confundía; el mundo de la fragmentación entre los cristianos estaba mal»
Fernando Casanova, ex ministro evangélico que renunció a su secta para entrar a la Iglesia
Por Juliana Valencia / Especial para El Observador

¿Cuál es tu testimonio de conversión?
Yo nunca había sido católico. Fui criado en una secta evangélica conservadora pentecostal. Ésa era la religión de mis padres. Después de una adolescencia turbulenta decidí que tenía que volver a ese único cristianismo que conocía.
Después de eso me sentí llamado para trabajar en la obra del Señor. Estudié y fui ordenado como ministro licenciado de una denominación pentecostal en mi país [Puerto Rico]. Mi primera asignación pastoral fue como capellán de un hospital; allí comencé a tener ciertos cuestionamientos de la gente que yo quería convertir. Me di cuenta de que era la palabra de ellos contra la mía, la palabra de las sectas contra la mía, la palabra de otras denominaciones protestantes contra la mía; me di cuenta de que todo el mundo se agarraba de la Escritura para seleccionar textos y formar una doctrina, una idea o concepción. Yo sabía por la misma Biblia que eso estaba mal, que Jesucristo había instituido una sola Iglesia (Mateo 16,18) y que había dicho que las puertas del infierno no iban a prevalecer en contra de ella; por lo tanto, siempre ha habido una Iglesia y esa Iglesia había tenido que perseverar durante los últimos dos mil años siendo la misma y de manera visible; pero el relativismo de las sectas y las denominaciones evangélicas me confundían. El mundo de la fragmentación entre los cristianos estaba mal.
Todas las sectas arguyen estar inspiradas por el Espíritu Santo y todas dicen basarse en una misma Biblia; sin embargo, todas creen cosas diferentes, inclusive en doctrinas importantes como el Bautismo, la Cena del Señor, el Matrimonio, etc. Pero el Señor establece en el capitulo 19 de san Juan que era necesario que su Iglesia permaneciera unida para que mundo pudiera creer viendo esa unidad. Entonces para mí era importante que hubiera una sola Iglesia y que fuera visible.

¿Qué creen los pentecostales?
Creen que la Iglesia es invisible. No creen que haya un cuerpo de creyentes que puedan señalarse con el dedo y decir «ahí esta la Iglesia de Jesucristo». Creen que la verdadera Iglesia es conducida por el Espíritu Santo sin necesidad de jerarquía o dogmas. Pero la realidad da al traste con esa teoría, porque ellos tienen sus doctrinas y jerarquía en sus pastores, porque de otro modo no podrían conformar los grupos que tienen.

¿Cuál es para ellos el sentido de unidad?
Aunque parezca contradictorio, unidad fragmentaria. Es decir, ellos pertenecen a un grupo de denominaciones. Se ponen de acuerdo para celebrar algunos cultos, pero por lo general no trabajan juntos y se dividen por cuestión doctrinal o por gobierno. Por ejemplo, si a un pastor no le gustó el cambio de ministros que se llevó a cabo en cierta comunidad, se divorcia de esa comunidad y funda otra denominación.

¿Cuales actividades desempeñó usted como ministro pentecostal?
En el hospital secular trabajaba como ministro. También como pastor interino de una «Iglesia Evangélica Unida»; pero mi trabajo fuerte se concentraba en la enseñanza de la teología en el seminario de mi denominación en Puerto Rico.
Pero lo que me movió a la Iglesia católica no fue una reacción «en contra de», porque yo realmente no me quería hacer católico bajo ninguna circunstancia. Y, de hecho, yo resistí la influencia del Espíritu. Encontraba a la Iglesia católica en la Escritura: la Iglesia es una, es necesaria, es visible, y la Eucaristía es la presencia real de Nuestro Señor en los elementos del pan y del vino, la Confesión que fue instituida por Cristo, y el Bautismo. Todas estas doctrinas de la Iglesia tan importantes yo las fui descubriendo, pero no lo quería reconocer.

¿Entonces cómo fue esa reconciliación o diálogo con estos asuntos?
Fue bien difícil porque en un momento dado, el más triste de mi vida, me encontré viviendo como un verdadero hipócrita porque yo quería ejercer mi ministerio como pastor, predicando cosas que realmente yo no creía. Fue muy doloroso porque comencé a actuar torpemente en el ministerio y entonces, en un momento determinado, comencé a predicar sobre la Virgen María llamándole la atención a mis hermanos porque no estaba bien que nosotros no respetáramos a la Madre de Dios, a la Reina de la Iglesia, porque en la tradición judía la reina no es la esposa del rey sino su madre, y si Cristo es el Rey, Ella es la Reina. Ese tipo de cosas me fueron creando dificultades. Yo no veía estas cosas como catolicismo, sino como verdad bíblica. En un momento dado traté de practicar, por ejemplo, la Eucaristía en mi secta, pensando que yo tenía el poder para convertir aquello en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Luego me di cuenta de que no.

¿Cómo descubrió esa realidad?
Fue traumático porque en una comunidad de mi denominación el que hacía de párroco iba a celebrar la cena del Señor y me invitó para presidir, y cuando yo estaba subiendo a la plataforma él empezó a describir que lo que realizaríamos a continuación no era lo que creía la Iglesia católica, sino un mero símbolo. En cuestión de segundos me di cuenta de que yo me encontraba en el lugar equivocado porque yo quería estar en la Iglesia donde no fuera un símbolo, sino una realidad. En ese momento di media vuelta y nunca más volví.

¿Implicó tu conversión traer otras almas a conocer las verdades de la Iglesia?
Sí. Hay personas interesadas que se han convertido. Lo que me duele es que hay otras, compañeros y pastores, que me han dado su respaldo diciendo que saben que estoy siguiendo la verdad, pues lo que he encontrado es cierto, y que ellos también lo han descubierto; pero cuando les pregunto si van a dar el paso me dicen que no pueden porque viven de ser pastores protestantes para sostener económicamente a sus familias.

¿Y cuáles son los obstáculos para la conversión de los laicos?
Muchos de ellos están recibiendo el llamada a la Iglesia, pero no se hacen católicos por tener una actitud discriminatoria para con la institución católica: «No voy a ella porque me cae mal y la he perseguido tanto...», y otros porque, simplemente, tienen temor del rompimiento con sus parejas.

¿Cómo fue el impacto de conversión en tu familia?
Fue duro porque toda mi familia era evangélica pentecostal. Mi país es pequeño y todo se sabe, y eso salió en televisión y fue escándalo para muchos. Por ejemplo, un día mi mamá fue a su secta y el predicador invitado habló del ex pastor que se había convertido al paganismo porque se había vuelto católico.
El caso de mi esposa fue muy difícil porque ella era mucho mas anticatólica que yo. Ella me dejó. Estuvimos dos meses separados. Yo lloraba todos los días. Tenemos tres hijos y ella no me quería ver y no quería que le hablara a los niños. Un día en una capilla vi un Rosario; pensé: «Estos católicos dicen que el Rosario es una oración poderosísima y que Nuestra Madre del Cielo es una gran intercesora». Se me ocurrió tomarlo, pero con miedo, porque pensaba: «¿Y si ofendo al Señor?», pero luego de excusarme con Él me dirigí a la Madre por primera vez en la vida e hice ese Rosario sin saber siquiera cómo se reza. Yo hacía las Avemarías y me salían Padrenuestros, y viceversa. Le pedí a la Virgen dos cosas: la primera, que mi esposa y yo nos reconciliáramos; y la segunda, que mi esposa, mis hijos y yo entremos a la comunión plena de la Iglesia. Y dije ese rosario sin fe, con miedo de estar pecando, pero, ¿sabes algo?, esa misma tarde cuando llegué a mi casa me encontré a mi esposa esperándome. Me dijo: «Fernando, esto no puede seguir así, yo te amo», y nos reconciliamos.
Hace ya dos años entré por las puertas principales de la Catedral para ser admitido en la comunión plena de la Santa Iglesia Católica, con mis tres niños vestidos de blanco para ser bautizados, mi niña mayor para hacer su Primera Comunión, y mi esposa para hacer su Primera Comunión, para ser confirmada y para casarse conmigo. O sea que aquel día la Virgen María me concedió aquella segunda intención del Rosario mal dicho y con poca fe. Me di cuenta en aquel momento de que me había olvidado de mi Madre, pero ella nunca se olvidó de mí.

Más información en http://www.alianzaformativa.org/

EL OBSERVADOR 567-6

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LO QUE VALE EL MEXICANO
El Señor me cuidó
Por Antonio Maza Pereda

Por favor, permítanme dar un testimonio personal. Hace unos días pasé por un problema grave. Para no dar demasiados detalles, les diré que padecí un infarto en el cerebelo. Dios me tuvo de su mano y permitió que el daño fuera mínimo y, por lo que me dicen los médicos, es totalmente reversible.

Hay mucho que decir y que agradecer. Mi esposa, mis hijos, animándome, ocultándome su angustia y temor, para evitarme las penas que estaban pasando. Médicos, enfermeras y camilleros que me cuidaron y me trataron con profesionalismo y, además, con bondad y atención humana: algo que no había escuchado mucho. Mi larga familia, la de origen y la política, que incluso viajaron a mi ciudad para darme ánimo, que se mantuvieron al tanto y que, en cuanto fue posible, me llamaron por teléfono, para que supiera de ellos. Mis compañeros de trabajo, el rector y coordinadores de la universidad donde doy clase, mis alumnos, todos hablaron con mi esposa para decirle su preocupación. Y una cantidad innumerable de amigos y amigas que me buscaron y me siguen buscando cada día interesándose, apoyándome, ofreciendo toda clase de apoyo. ¡Cuanta gente maravillosa conoce uno, y solo en estas condiciones notamos lo mucho que nos quieren y aprecian! ¡Qué bendición darse cuenta de cómo está rodeado uno por una red de cariño y aprecio! ¡Si esto lo supiéramos todo el tiempo, cuanta alegría tendríamos!

Pero, por supuesto, es el Señor Jesús quién me acompañó, me protegió y me consoló todo el tiempo. Para empezar, me infundió una tranquilidad impresionante. Yo soy una persona muy angustiosa, me preocupo fácilmente y me cuesta trabajo tener paz. En ese momento en que empecé a sentirme realmente mal, solo, en espera de que mi esposa llegara para llamar a la ambulancia, no sentí miedo, tuve una gran tranquilidad. Eso no salió de mí; eso sólo puede haber sido el apoyo de Jesús.

En el hospital, las siguientes veinticuatro horas yo estaba como un bulto: ya me cargaban, ya me conectaban a diferentes aparatos a cual más impresionante, toda clase de inyecciones y mediciones, oxígeno, en fin... Y yo, con una gran paz. A las pocas horas de hospitalizado, un sacerdote muy querido me llevó lo que antes se llamaba la Extremaunción. Este sacramento aumentó mi tranquilidad, mi alegría, mi confianza en que todo lo que me ocurría era para mi bien. Amigas y amigos: ¡No le teman a la Unción de los Enfermos! Si están en peligro, ¡pídanla! No tienen idea de la fortaleza que infunde ese sacramento maravilloso. Yo puedo dar testimonio. Es como si el mismo Jesús me estuviera ungiendo, fortaleciéndome y diciéndome: «Yo estoy contigo».

En fin, aquí estoy: en un camino de recuperación total que, Dios mediante, será muy breve. Por favor, les pido oraciones. Por mí y por otros que pasan por enfermedades. Y, por favor, pidan mucho por tanta gente que ayuda, apoya y consuela a los enfermos. Que Jesús los premie.

EL OBSERVADOR 567-7

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DOCUMENTOS
Benedicto XVI traza el perfil del sacerdote
Publicamos un extracto de la interesante homilía que pronunció Benedicto XVI hace unos días en la Misa de ordenación al sacerdocio ministerial de quince diáconos de la diócesis de Roma:

Jesucristo habla en el Evangelio del servicio en favor de la grey de Dios.

La imagen del pastor es muy antigua

La imagen del pastor viene de lejos. En el antiguo Oriente los reyes solían designarse a sí mismos como pastores de sus pueblos. En el Antiguo Testamento Moisés y David, antes de ser llamados a convertirse en jefes y pastores del pueblo de Dios, habían sido efectivamente pastores de rebaños. En las pruebas del tiempo del exilio, ante el fracaso de los pastores de Israel, es decir, de los líderes políticos y religiosos, Ezequiel había trazado la imagen de Dios mismo como Pastor de su pueblo. Dios dice a través del profeta: «Como un pastor vela por su rebaño (...), así velaré yo por mis ovejas. Las reuniré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas» (Ez 34, 12).

Jesús buen Pastor y el apóstol Pedro

Ahora Jesús anuncia que ese momento ha llegado: Él mismo es el buen Pastor en quien Dios mismo vela por su criatura, el hombre, reuniendo a los seres humanos y conduciéndolos al verdadero pasto. San Pedro, a quien el Señor resucitado había confiado la misión de apacentar a sus ovejas, de convertirse en pastor con Él y por Él, llama a Jesús el «archipoimen», el Mayoral, el Pastor supremo (cfr. 1 P 5, 4), y con esto quiere decir que sólo se puede ser pastor del rebaño de Jesucristo por medio de Él y en la más íntima comunión con Él. Precisamente esto es lo que se expresa en el sacramento de la Ordenación: el sacerdote, mediante el sacramento, es insertado totalmente en Cristo para que, partiendo de Él y actuando con vistas a Él, realice en comunión con Él el servicio del único Pastor, Jesús, en el que Dios como hombre quiere ser nuestro Pastor.

Las tres carcaterísticas del verdadero pastor

El Evangelio que hemos escuchado en este domingo es solamente una parte del gran discurso de Jesús sobre los pastores. En este pasaje, el Señor nos dice tres cosas sobre el verdadero pastor: da su vida por las ovejas; las conoce y ellas lo conocen a él; y está al servicio de la unidad.

«Yo soy la puerta»

Antes de reflexionar sobre estas tres características esenciales del pastor, quizá sea útil recordar brevemente la parte precedente del discurso sobre los pastores, en la que Jesús, antes de designarse como Pastor, nos sorprende diciendo: «Yo soy la puerta» (Jn 10, 7). En el servicio de pastor hay que entrar a través de él. Jesús pone de relieve con gran claridad esta condición de fondo, afirmando: «El que sube por otro lado, ese es un ladrón y un salteador» (Jn 10, 1).

«Subir» buscando la propia exaltación

Esta palabra «sube» («anabainei») evoca la imagen de alguien que trepa al recinto para llegar, saltando, a donde legítimamente no podría llegar. «Subir»: se puede ver aquí la imagen del arribismo, del intento de llegar «muy alto», de conseguir un puesto mediante la Iglesia: servirse, no servir. Es la imagen del hombre que, a través del sacerdocio, quiere llegar a ser importante; la imagen del que busca su propia exaltación y no el servicio humilde de Cristo.

Pero el único camino para subir legítimamente hacia el ministerio de pastor es la cruz. Ésta es la verdadera subida, ésta es la verdadera puerta. No desear llegar a ser alguien, sino, por el contrario, ser para los demás, para Cristo.

Que Él disponga de mí, aunque no coincida con mis deseos

Se entra en el sacerdocio a través del sacramento; y esto significa precisamente: a través de la entrega a Cristo, para que Él disponga de mí; para que yo lo sirva y siga su llamada, aunque no coincida con mis deseos de autorrealización y estima. Entrar por la puerta, que es Cristo, quiere decir conocerlo y amarlo cada vez más, para que nuestra voluntad se una a la suya y nuestro actuar llegue a ser uno con su actuar.

Dar la vida, a ejemplo de Jesús

Consideremos ahora más atentamente las tres afirmaciones fundamentales de Jesús sobre el buen pastor. La primera, que con gran fuerza impregna todo el discurso sobre los pastores, dice: el pastor da su vida por las ovejas. El misterio de la cruz está en el centro del servicio de Jesús como pastor: es el gran servicio que Él nos presta a todos nosotros. Se entrega a sí mismo, y no sólo en un pasado lejano. En la sagrada Eucaristía realiza esto cada día, se da a sí mismo mediante nuestras manos, se da a nosotros. Por eso, con razón, en el centro de la vida sacerdotal está la sagrada Eucaristía.

Celebrar la Eucaristía del modo adecuado

A partir de esto aprendemos también qué significa celebrar la Eucaristía de modo adecuado: es encontrarnos con el Señor, que por nosotros se despoja de su gloria divina, se deja humillar hasta la muerte en la cruz y así se entrega a cada uno de nosotros. Es muy importante para el sacerdote la Eucaristía diaria, en la que se expone siempre de nuevo a este misterio; se pone siempre de nuevo a sí mismo en las manos de Dios, experimentando al mismo tiempo la alegría de saber que Él está presente, me acoge, me levanta y me lleva siempre de nuevo, me da la mano, se da a sí mismo.

No sólo en el momento de la muerte

La Eucaristía debe llegar a ser para nosotros una escuela de vida, en la que aprendamos a entregar nuestra vida. La vida no se da sólo en el momento de la muerte, y no solamente en el modo del martirio. Debemos darla día a día. Debo aprender día a día que yo no poseo mi vida para mí mismo. Día a día debo aprender a desprenderme de mí mismo, a estar a disposición del Señor para lo que necesite de mí en cada momento, aunque otras cosas me parezcan más bellas y más importantes. Dar la vida, no tomarla. Precisamente así experimentamos la libertad. Sólo quien da su vida la encuentra.

Conocer a las ovejas


En segundo lugar el Señor nos dice: «Conozco mis ovejas y las mías me conocen a Mí, igual que el Padre me conoce y Yo conozco al Padre» (Jn 10, 14-15). En esta frase hay dos relaciones en apariencia muy diversas, que aquí están entrelazadas: la relación entre Jesús y el Padre, y la relación entre Jesús y los hombres encomendados a Él. Pero ambas relaciones van precisamente juntas porque los hombres, en definitiva, pertenecen al Padre y buscan al Creador, a Dios. Cuando se dan cuenta de que uno habla solamente en su propio nombre y tomando sólo de sí mismo, entonces intuyen que eso es demasiado poco y no puede ser lo que buscan.

Pero donde resuena en una persona otra voz, la voz del Creador, del Padre, se abre la puerta de la relación que el hombre espera. Por tanto, así debe ser en nuestro caso. Ante todo, en nuestro interior debemos vivir la relación con Cristo y, por medio de Él, con el Padre; sólo entonces podemos comprender verdaderamente a los hombres.

Salir al encuentro de las ovejas

Obviamente, las palabras de Jesús se refieren también a toda la tarea pastoral práctica de acompañar a los hombres, de salir a su encuentro, de estar abiertos a sus necesidades y a sus interrogantes. Desde luego, es fundamental el conocimiento práctico, concreto, de las personas que me han sido encomendadas, y ciertamente es importante entender este «conocer» a los demás en el sentido bíblico: no existe un verdadero conocimiento sin amor, sin una relación interior, sin una profunda aceptación del otro.

El pastor no puede contentarse con saber los nombres y las fechas. Su conocimiento debe ser siempre también un conocimiento de las ovejas con el corazón. Pero a esto sólo podemos llegar si el Señor ha abierto nuestro corazón, si nuestro conocimiento no vincula las personas a nuestro pequeño yo privado, a nuestro pequeño corazón, sino que, por el contrario, les hace sentir el corazón de Jesús, el corazón del Señor. Debe ser un conocimiento con el corazón de Jesús, un conocimiento orientado a Él, un conocimiento que no vincula la persona a mí, sino que la guía hacia Jesús.

Las ovejas que no son de este redil

Por último, el Señor nos habla del servicio a la unidad encomendado al pastor: «Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor» (Jn 10, 16). Es lo mismo que repite san Juan después de la decisión del sanedrín de matar a Jesús, cuando Caifás dijo que era preferible que muriera uno solo por el pueblo a que pereciera toda la nación. San Juan reconoce que se trata de palabras proféticas, y añade: «Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11, 52).

Se revela la relación entre cruz y unidad; la unidad se paga con la cruz. Pero sobre todo aparece el horizonte universal del actuar de Jesús. Aunque Ezequiel, en su profecía sobre el pastor, se refería al restablecimiento de la unidad entre las tribus dispersas de Israel (cf. Ez 34, 22-24), ahora ya no se trata de la unificación del Israel disperso, sino de todos los hijos de Dios, de la humanidad, de la Iglesia de judíos y paganos.

La Iglesia jamás debe contentarse con la multitud de aquellos a quienes, en cierto momento, ha llegado, y decir que los demás están bien así: musulmanes, hindúes... La Iglesia no puede retirarse cómodamente dentro de los límites de su propio ambiente. Obviamente, un sacerdote, un pastor de almas debe preocuparse ante todo por los que creen y viven con la Iglesia, por los que buscan en ella el camino de la vida y que, por su parte, como piedras vivas, construyen la Iglesia y así edifican y sostienen juntos también al sacerdote.

Pero, como dice el Señor, también debemos salir siempre de nuevo «a los caminos y cercados» (Lc 14, 23) para llevar la invitación de Dios a su banquete también a los hombres que hasta ahora no han oído hablar para nada de Él o no han sido tocados interiormente por Él.

EL OBSERVADOR 567-8

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El jueves 25 de mayo llega el Papa a Polonia
Programa del viaje de Benedicto XVI a la tierra de su antecesor


Éste es el programa oficial del viaje apostólico de Benedicto XVI a Polonia, donde visitará del 25 al 28 de mayo Varsovia, Czestochowa, Cracovia, Wadowice, Kalwaria Zebrzydowska y Auschwitz.

El Papa partirá el jueves 25 a las 8:40 del aeropuerto romano de Fiumicino y llegará a Varsovia a las 11:00. Tras la ceremonia de bienvenida, se encontrará con el clero en la catedral de San Juan.

A las 17:45 realizará una visita de cortesía al presidente de la república en el palacio presidencial y posteriormente participará en un encuentro ecuménico en la iglesia luterana de la Santísima Trinidad.

El viernes celebrará Misa en la plaza Pilsudski de Varsovia y por la tarde se trasladará en helicóptero a Czestochowa. Tras visitar el santuario de la Virgen de Jasna Góra, se reunirá con los religiosos, religiosas, seminaristas y representantes de los movimientos y de la vida consagrada. Al finalizar la visita regresará a Cracovia, donde pernoctará en el palacio arzobispal.

Al día siguiente, el Papa celebrará la Santa Misa en privado en la capilla del palacio arzobispal de Cracovia, y a continuación viajará en automóvil a Wadowice. Allí visitará la basílica de la Inmaculada Concepción, la casa en la que nació Juan Pablo II y se encontrará con los habitantes en la Plaza Rynek.

Al mediodía está previsto que visite el santuario de la Virgen de Kalwaria, en Kalwaria Zebrzydowska. Posteriormente regresará a Cracovia, donde visitará el santuario de la Divina Misericordia y la catedral de Wawel. A las 19:00, en el parque de Blonie de Cracovia, tendrá un encuentro con los jóvenes.

Benedicto XVI celebrará Misa el domingo 28 a las 9:45 en el parque de Blonie de Cracovia, y a continuación rezará el Regina Coeli.

Después del almuerzo viajará en automóvil desde el palacio arzobispal de Cracovia a Auschwitz.

Tras visitar el campo de concentración y el centro de diálogo y oración, asistirá a un encuentro de oración en memoria de las víctimas en el campo de concentración de Birkenau.

El Papa se trasladará a las 18:30 desde el campo de concentración de Birkenau al aeropuerto de Balice, en Cracovia. Después de la ceremonia de despedida, a las 20:00 partirá en avión de regreso a Roma, donde su llegada está prevista a las 21:15.

Fuente: VIS
 

EL OBSERVADOR 567-9

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FIN

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