El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
-Periodismo católico-
18 de Junio de 2006 No.571

SUMARIO

bulletPORTADA - Los periodistas deben convertirse en servidores de la paz
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Dios cada vez más pequeño
bullet¿CÓOOMO DIJO? - Televisión y democracia
bulletFAMILIA - «Hay que sacar la TV del cuarto de los niños»
bulletPINCELADAS - Sin herir ni humillar
bulletELECCIONES 2006 - La caverna digital
bulletJÓVENES - Lo que hace un papá
bulletENTREVISTA - Los jóvenes nos evangelizan
bulletDICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA - Francisco Luis Bernárdez
bulletCOLUMNA ABIERTA - Evolución
bulletDEBATE - El Milagro de los milagros: la Misa

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PORTADA
«Los periodistas deben convertirse en servidores de la paz», dice Jesús Colina, director de la agencia informativa católica Zenit
El Observador / Redacción

NUEVA YORK.- Por vez primera en la historia, una agencia católica de información fue premiada esta semana con el premio «Servidor de la Paz» que otorga cada año la Fundación «Path to Peace» («Sendero de la Paz»), cuya objetivo es apoyar las acciones del Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización de las Naciones Unidas.

El premio ha recaído en Zenit, una agencia informativa católica con base en Roma y que agrupa a 52 periodistas, escritores, técnicos, traductores y administradores de 14 países. Con 400 mil suscriptores y un número incalculable de visitas diarias, Zenit se ha convertido en la agencia católica de referencia obligatoria en español, aunque transmite, cotidianamente, en otros cinco idiomas (inglés, francés, alemán, italiano y portugués).

La información como instrumento de la paz

Entrevistado previo a la ceremonia de premiación, llevada a cabo en el edificio de la ONU, en Nueva York, Jesús Colina Díez, fundador y director de Zenit, dijo a El Observador que el reconocimiento es algo inesperado aunque, afirmó, «más que un reconocimiento al trabajo cotidiano de este grupo informativo, se trata de una invitación a todos los periodistas –especialmente a los católicos— para convertirse en servidores de la paz».

Esto significa, según Colina Díez, que «seamos capaces de superar la polémica, el ataque de unos a otros, para volvernos en auténticos promotores del diálogo entre los pueblos y las religiones; que convirtamos al diálogo en nuestra vocación de servicio a la humanidad». En la exposición de motivos de «Path to Peace», Zenit fue reconocida por su «servicio a la Iglesia, diseminando sus enseñanzas sobre la paz y sobre la dignidad de la persona, y por cubrir, eficazmente, la obra de la Santa Sede en las Naciones Unidas».

«El mayor enemigo de la paz entre los pueblos y entre los hombres es la ignorancia. A diferencia de quienes plantean hoy el choque de las civilizaciones, yo creo que existe el choque de las ignorancias. Me parece que una buena parte de los periodistas deberíamos dedicarnos a cubrir este espacio de ignorancia que, a menudo, es el origen de conflictos inmensos», aseguró Colina Díez a El Observador.

La paz que se construye con acciones

La gala de premiación se llevó a cabo el pasado martes 13 de junio en la sede de la ONU mediante una ceremonia presidida por el arzobispo Celestino Migliore, nuncio apostólico y observador permanente de la Santa Sede en este centro neurálgico de la defensa y la promoción del entendimiento entre las naciones que, desde 1948, representa el único bastión de los seres humanos frente al conflicto y la guerra.

La paz se construye con hechos. Y, además de Zenit, la Fundación «Path to Peace» ha reconocido la labor de Gary Krupp, judío y promotor del diálogo entre los cristianos y los judíos a través de la Fundación «Pave the Way» («Construir el camino»), así como al embajador Dino Samaja, presidente de «Famesa», una farmacéutica que distribuye medicamentos en poblaciones pobres del continente

Finalmente, la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo, embajadora de buena voluntad de la UNESCO, fue reconocida con el premio «Path to Peace» por su apoyo a la organización y la entrega de microcréditos en países pobres y por su dedicación a los niños de la calle de diferentes países del mundo.

Zenit es una agencia informativa católica sin ánimo de lucro, que vive de las aportaciones voluntarias de sus lectores. Quien así lo desee, puede dirigirse a www.zenit.org. El Observador mantiene con Zenit un convenio institucional de colaboración desde hace dos años.

EL OBSERVADOR 571-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Dios cada vez más pequeño
Por Jaime Septién

A Jesús Colina, fundador de Zenit, amigo entrañable


NUEVA YORK.- Los primeros signos de la presencia de Dios en la Gran Manzana son los templos que florecen, como rosas un tanto avejentadas, en medio de los rascacielos. Presencia tímida de la iglesias protestantes, un tanto más decidida cuando se trata de templos católicos. Quizá porque a estos últimos los impulsaron los irlandeses, verdaderos constructores de la urbe. Quizá, también, por el catolicismo hispano que representa 30 por ciento del catolicismo estadounidense.

La presencia divina se diluye en la medida en que uno penetra en el imperio, poderoso y arrogante, del dinero. La Quinta Avenida —conocida por todo el mundo a través de las películas— es el punto más elevado de este abismo. La paradoja salta a la vista: mostradores de joyas frente a personas que se arrastran en la miseria moral y material. Un país que apuesta a la posesión como única vía para sanar el alma es un país que, tarde o temprano, tendrá que enfrentar su propia derrota.

Y la derrota suele tomar la figura del alejamiento de Dios; esa figura tan presente en las calles de Nueva York: el predicador solitario, gritándole a la nada; el alienado que gesticula frente a una pared; el jovencito millonario que acelera a fondo en su coche cuando tiene diez metros lineales para correrlo y mostrar a los demás que el poder está en sus manos.

Alejarse de Dios no es tan difícil como creían nuestros abuelos o nuestros padres. La sociedad moderna lo ha hecho facilísimo. Basta entrar en sus coordenadas de acción para lograrlo. Como mínimo, hay que despertarse temprano, ver el noticiario en la tele, salir a trabajar al alba, no tener familia (aunque se tenga), no tener otra cosa en mente que hacer dinero y considerar que un rato más en la cama, viendo el maravilloso techo blanco de la habitación, es una irresponsable forma de «perder el tiempo», como puede serlo charlar con los hijos, aventurarse en el cariño de la castidad o en los vericuetos ordenados y humildes de la plegaria.

La mirada del ser humano se desvía muy rápidamente hacia el tener. Su vocación amorosa; la intensidad de la mano tendida a la necesidad de los otros, se oscurece por medio de la campaña permanente del «cuánto tienes, cuánto vales». Y en esa «lógica» el Dios del amor, nuestro Dios, el que dio la vida de su Hijo por nuestros pecados, empequeñece hasta volverse una minúscula sombra en el decorado de la noche de neón.

Es aquí cuando el trabajo por la paz, al que nos obliga la sangre derramada por Jesús, cobra vigencia. Por eso estoy feliz de que Zenit —la agencia de noticias católicas que vigila al mundo desde el corazón de Roma— haya obtenido el premio «Servidor de la Paz» que otorga El Vaticano a través de su misión en la ONU. Los que trabajamos en Zenit habremos hecho algo para que las próximas generaciones puedan vivir en armonía. Y conocer a Cristo.

EL OBSERVADOR 571-2

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¿CÓOOMO DIJO?
Televisión y democracia

Cuando el cineasta italiano Federico Fellini decía que «la televisión
es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural», estaba diciendo una cosa muy seria: que nuestro icono del siglo XX y de principios del XX1 ha actuado a contra corriente de los intereses de libertad, solidaridad y bien común, que son los pilares de una civilización y, por ende, de una sociedad democrática.

El papa Juan Pablo ll —al referirse al poderío acumulado de los medios de comunicación— se preguntaba: «¿Puede concebirse que un campo tan delicado (un campo que está delineando una nueva cultura, decía antes el Santo Padre) permanezca desprovisto de reglas y de equilibradas orientaciones éticas y morales?»

La respuesta sería: obviamente, no. Sin embargo, lo está. Las reglas son mínimas y, en la mayoría de los casos, en acuerdo, cuando no en connivencia, con los intereses comerciales de la televisoras. Por lo mismo, los equilibrios, las orientaciones éticas y morales pasan de puntillas por la pantalla. Como en los llamados «legales» de los anuncios publicitarios, donde a cien por hora el locutor avisa que este producto puede ser dañino para la salud y que este sorteo tiene permiso de Gobernación…

La pregunta que hacía el Papa en aquel entonces sigue siendo válida una década después: ¿qué tiene la televisión que los estados —y no sólo el Estado mexicano, aunque éste ha sido un verdadero lacayo de la industria de la radiodifusión— se inclinan ante sus exigencias y legislan a favor de su libertad irrestricta de comercio, en contra del equilibrio moral y ético de los ciudadanos y de las familias?

Tiene una cosa muy importante: poder. Del cuarto ha pasado al segundo y, quizá, ya sea el primero de los poderes de la sociedad actual. Solamente si algo pasa en la televisión ese «algo» es verdadero. Una persona que «se la rajó» trabajando por los más pobres durante 60 años no tiene la menor importancia si no fue, alguna ocasión, entrevistado por López Dóriga. Otro que apenas si movió un dedo, pero lo hizo de frente a las cámaras, ya se ganó el mote de filántropo…

Y esto es un lastre para la vida de las sociedades. El filósofo inglés, sir Karl R. Popper, escribió que «una democracia no puede existir si no se somete a control la televisión» que «se ha convertido en un poder político colosal, potencialmente, se podría decir, el más importante de todos, como si fuese Dios mismo quien hablara. Y así será si seguimos permitiendo el abuso. Se ha vuelto un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna democracia puede sobrevivir si no se pone fin al abuso de este poder».

EL OBSERVADOR 571-3

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FAMILIA
«Hay que sacar la TV del cuarto de los niños»
Lo afirma el pediatra Víctor Strasburger, experto en medios de comunicación
Por Fabiola Czubaj / La Nación


La sentencia es contundente: «Hay que sacar el televisor de la habitación de los niños», dice al periódico La Nación (Argentina) el pediatra Víctor Strasburger, jefe de la División de Medicina Adolescente del hospital de la Universidad de Nuevo México, en Albuquerque, Estados Unidos, y autor de más de 120 investigaciones y ocho libros sobre los efectos de los medios en el desarrollo infantil y adolescente. Una vez de acuerdo con ese punto, sostiene, se puede empezar a hablar…

«En Estados Unidos, dos tercios de los adolescentes, la mitad de los preadolescentes y un cuarto de los más chiquitos tienen televisor en el dormitorio y, cuando esto ocurre, pasan más horas frente a la pantalla, por lo que leen menos, hacen menos deporte y son más propensos a tener sobrepeso», señala. Su explicación está a tono con las críticas que despertó esta semana el lanzamiento de BabyFirst TV, la primera señal de televisión por cable de su país que transmite las 24 horas programas dirigidos, exclusivamente, a un público de entre 6 meses y 3 años de edad.

El problema reside, básicamente, en la falta de control que los padres tienen sobre cuánto y qué ven sus hijos cuando el aparato está en esa zona en la que comienza a construirse su privacidad.

En segundo lugar, Strasburger propone limitar a dos horas por día el tiempo frente a una pantalla. «En el mundo, los chicos miran televisión o usan los videojuegos en promedio tres horas al día, lo que representa una hora de más», indicó el doctor Strasburger, que participa en el XI Simposio Internacional de Actualización Pediátrica Dr. Carlos Gianantonio, organizado por el Departamento de Pediatría del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Un tercer consejo, altamente efectivo según la práctica del experto, es que los padres se sienten a mirar las películas, los programas o los videojuegos con sus hijos para hablar sobre qué es lo que disgusta a unos y gusta a otros.

«Se puede tomar cualquier programa y si los padres se sientan y hablan sobre el contenido, la situación se vuelve educativa -señaló el autor de «Decir no en los 90, cuando decían sí en los 60»-. Los padres aún no comprenden cuán poderosa puede ser la televisión como «maestra», que seguramente desaprobarían para la escuela. Les enseña a sus hijos comportamientos agresivos, uso de drogas y sexo explícito Por lo tanto, si no hablan con sus hijos de sexo, del consumo de drogas o de la violencia, lo hará la televisión, pero de manera poco saludable. Y hoy los padres no están haciendo nada para evitarlo.»

Cuidado: cerebro creciendo

Si de Internet se trata, Strasburger recomendó instalar la computadora en el living o en un lugar expuesto de la casa. «Ningún adolescente se va sentar en la sala a mirar sitios pornográficos con los hermanos y los padres pasando por ahí», razonó.

En la niñez el cerebro crece como los chicos, rápidamente, y lo hace como respuesta a lo que lo rodea. «Si el entorno es un padre que lee libros a su hijo, el cerebro infantil crecerá con otras opciones», sostuvo Strasburger, que durante la entrevista emitió su segunda sentencia: «Los padres de chicos menores de 2 años no deberían dejarlos mirar televisión».

Pero, ¿qué pasa cuando un hijo se queja de que es el único que no puede mirar este u otro programa? Según Strasburger, la forma más simple de evitarlo es limitar de entrada el tiempo y los programas que pueden ver sus hijos. «Si lo hacen, no van a llegar a esa situación. Y muchos padres no lo hacen, de modo que lo siguiente es sentarse a mirar el programa con su hijo y explicarle por qué no les gusta», dijo.

Si esto no da resultado, sólo queda empezar a reducir por semana la cantidad de horas frente al televisor y que los chicos elijan los programas de una lista, según la edad y el contenido.

¿Realidad virtual o real?

Los últimos estudios sobre la percepción infantil demuestran que los chicos menores de 8 años tienden a pensar que lo que la pantalla les presenta es cómo los adultos se comportan en la vida real. Es decir, por ejemplo, que no comprenden que si una persona le pega a otra en el mentón, puede quebrarse la mano, aunque no suceda en la pantalla.

«Veo adolescentes en el hospital que le pegan un puñetazo a la pared porque están muy enojados y al menos una vez a la semana tenemos que hacer radiografías de las manos para comprobar si sufrieron lo que se llama una fractura de boxeador —relató Strasburger—. O creen que el sexo como se presenta en la pantalla es real y, entonces, tienden a sobreestimar la cantidad de amigos que tienen relaciones Es muy tentador ver el mundo de los medios como real, el problema es que los chicos lo hacen».

Según el experto, antes de los 8 años ningún chico puede diferenciar la realidad de la fantasía. Entre 8 y 14 años, no logran hacerlo en temas relacionados con el sexo y las drogas; y no es hasta los 15, 16 o 17 años que comprenden que todo es fantasía y entretenimiento, «a menos que los padres o la escuela se los expliquen antes», que es lo que hacen los denominados programas de educación en medios.
Esos programas, que se pueden dictar desde la escuela primaria, enseñan cómo se «fabrica» la realidad en una publicidad o cómo se filma una pelea, entre otras cosas. «Demostraron ser muy efectivos y protegen a los chicos a través de la educación de los efectos de los medios, aunque la mayoría de los países no los ponen en práctica», opinó Strasburger.

Los buenos resultados de esos programas ya se observaron en las escuelas de Canadá, Australia e Inglaterra.

EL OBSERVADOR 571-4

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PINCELADAS
Sin herir ni humillar
Por el P. Justo López Melús

Toda la comunidad había decidido hacer una peregrinación. Había que atravesar el desierto, y tanto el abad como sus monjes se dieron cuenta de que el que les guiaba había equivocado el camino.

— ¿Qué hacemos? —dijeron los monjes al abad— Este hermano ha equivocado el camino y corremos el riesgo de perdernos y morir todos en el desierto. Lo mejor sería pasar aquí la noche, y mañana, con la luz del día, rectificar la ruta.

El abad respondió: — Si decimos que se ha equivocado, se entristecerá. Les propongo lo siguiente: yo fingiré que estoy cansado, diré que no puedo seguir y que me quedo aquí hasta mañana.

Entonces los otros añadieron: — También nosotros estamos cansados y nos quedamos contigo.

Y así se las ingeniaron para no entristecer a aquel hermano, y nunca supo que se había equivocado.

Es la delicadeza de las almas sensibles que pasan por la vida sin herir ni humillar.

EL OBSERVADOR 571-5

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ELECCIONES 2006

La caverna digital

Hace poco tiempo, en el seno de un debate en Italia, el filósofo Giovanni Reale afirmó: «El drama del hombre moderno es el de estar recluido en la caverna de Platón. ¿No es ésta la televisión de nuestros días? ¿No vivimos encerrados dentro de la pantalla del televisor, donde discurren imágenes y voces que son ecos de las cosas reales?».

Desde el punto de vista de la política mexicana, parece que sí, que estamos encerrados en universos de ficción paralelos y que percibimos la realidad como un juego de sombras expresadas no por el mundo real (los hombres, las cosas, la cultura), sino por una interpretación del mundo que alguien está haciendo para motivar de nosotros algo: una conducta de consumo acelerado, por ejemplo, o la compra de candidatos a la presidencia, también por ejemplo.

Los jóvenes, principalmente, pero también los adultos de la era de la información, estamos plenamente identificados con el acontecer de la pantalla y, parcial o totalmente distantes del acontecer de la realidad: ensimismados, hipnotizados por lo que sucede en el pequeño espacio del televisor, de la computadora, del celular mismo que ya incorporó la imagen a la comunicación verbal.

Somos como los prisioneros de la caverna de Platón. Percibimos la realidad de manera deficitaria, por reflejo, no por contacto directo. Para nosotros, «ésa» es la única fuente de verdad, de consistencia. Solamente lo que «pasa» por la pantalla tiene vida propia (aunque sea vida virtual), como solamente era «verdad», para los prisioneros de la caverna, el teatro de sombras al frente suyo.

Pero la democracia exige otro empeño. Quedarnos en casa el 2 de julio, viendo la tele, será una forma de traición a México que los católicos no podemos tolerar entre nosotros.

EL OBSERVADOR 571-6

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JÓVENES
Lo que hace un papá
El día de su cumpleaños veintidós, un seminarista amigo mío recibió una felicitación de su papá que me dejó maravillado
Por Pablo Daniel Ruiz Jorge, L.C. / Buenas-noticias.com   

El día de su cumpleaños veintidós, un seminarista amigo mío recibió una felicitación de su papá que me dejó maravillado.

Me ha sorprendido su carta. En pocas líneas sintetiza el fuego con que todo padre resplandece al pensar en su familia. Su alma vibra al ver a su hijo nacer, crecer, hacerse un hombre y aportar lo mejor de sí a la sociedad.

«Verte nacer y salir del vientre de tu madre fue para mí una experiencia sin igual. Comprendí que Dios era grande, que era infinitamente bueno, pues me permitía ver la vida misma. Y al ver la tuya, que era parte de la mía, me dije: 'Sólo Dios puede realizar tan gran prodigio'. Y sólo Dios puede, después de todos estos 22 años vividos, hacer que tú le sigas a Él en el llamado a santificar y 'sacrificar' tu vida por servirle de manera consagrada y entregada a su voluntad por completo».

¡Cuánto nos duelen los números exorbitantes de abortos que se cometen al año en un solo país! Y, sin embargo, qué gozo experimentamos al escuchar de un solo padre: Dios me ha dado este niño así como es. ¡Es parte de mí! Como decía el papá de mi amigo: «Sólo Dios puede realizar tan gran prodigio».

No sólo nos gozamos al ver a un hombre comportándose así delante de un nuevo hijo. Nos sorprenden los 22 años que han transcurrido y de qué manera ha llevado su vocación de ser padre de un futuro sacerdote: le agradece a Dios. Y cuando sus ojos miran a Cristo en la patena, su pensamiento ya está en el mañana, viendo a su hijo levantar el trozo de pan que —gracias a las palabras de la consagración— dejará de ser pan.

«Pronto nos veremos, y podré darte ese abrazo que tanta felicidad me da, pues el estrecharte y sentirte muy cerca de mí me hace verdaderamente feliz. Aunque estés lejos, sé que estamos muy unidos y juntos, pues siempre te veo ahí, en el Sagrario. Todos los días que acudo a Él en las mañanas, ahí te veo junto con mi Salvador y Señor».

Qué bien reflejó su corazón en estas palabras, dejando atisbar una pequeña gota de sacrificio dentro del mar de luz que significa tener un hijo entre los elegidos. ¡Cuánta fe corre por entre sus líneas!

Alguien dijo que el corazón tenía razones que la razón no entiende; la fe de este hombre no ensombrece su razón, le ha mostrado sencillamente la verdad del amor sincero.

Al terminar de leer la carta le pregunté si siempre había sido así. Mi amigo me dijo que desde su decisión de entrar al seminario —a los doce años—, su papá no ha dejado de decirle que está orgulloso de él, que siempre está cercano y que tiene todo su apoyo, incondicional. Un padre, dicho con palabras sencillas, muy padre.

EL OBSERVADOR 571-7

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ENTREVISTA
Los jóvenes nos evangelizan
El padre Carlos G. Vallés nació en Logroño (España). Misionero jesuita, ha estado en África, desde Kenya hasta Sudáfrica; en Europa y, finalmente, en América: Estados Unidos, Canadá y Chile, hasta México. Escritor de múltiples libros, aquí nos habla del titulado Los jóvenes nos evangelizan.

De acuerdo con el título de su libro Los jóvenes nos evangelizan, ¿qué es lo que un joven le enseña en el sentido evangélico a un adulto?
Los jóvenes nos evangelizan con su demanda de sinceridad, verdad, autenticidad. En vez del recurso a la autoridad o el apelar a la tradición o la costumbre, quieren y esperan razones abiertas y convincentes para aceptar las normas que nosotros deseamos cumplan. De una manera más radical, nos están evangelizando proféticamente con su parcial ausencia de las iglesias, ausencia que nos duele pero que al mismo tiempo nos exhorta a dar nueva vida a nuestra pastoral para que los jóvenes vuelvan a las iglesias.

Actualmente, ¿cómo se vive la relación entre dos generaciones tan dispares en edades?
La relación entre generaciones dispares, como ocurre en nuestro trato con los jóvenes, puede vivirse como una situación de conflicto o como una oportunidad de crecimiento mutuo, si ambas partes estamos preparados a aprender de ambas.

¿Cómo hacerles saber a los jóvenes que día a día pueden construir el mundo dentro del camino de la evangelización?
«Hacerles saber» no es actitud favorable y parece imposición de arriba a abajo, cosa que no ayuda. También nosotros tenemos que aprender de ellos. Se trata de explicar, vivir, compartir, escucharles a ellos y así dar lugar a que nos escuchen a nosotros y florezca el diálogo.

¿Cómo describir las relaciones entre amigos que se burlan si un joven pertenece a un movimiento católico?
El joven católico se hace respetar y aceptar de sus amigos con la sencillez de su vida y la alegría que irradia en el cumplimiento de su religión. Nadie hará burla de quien está firme en su personalidad y en su fe.

¿Cuál es la forma en que los jóvenes aceptan el reto de la evangelización?
La evangelización continúa el Evangelio vivido día a día y comunicado en el testimonio callado. Al descubrir la riqueza del Evangelio se alegra la vida y se comunica el mensaje de Jesús.

Entrevista realizada por María Velázquez Dorantes

EL OBSERVADOR 571-8

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DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA
Francisco Luis Bernárdez (1900-1978)
Por Sebastián Sánchez / Argentina

Poeta argentino. Sus años de adolescencia transcurrieron en Galicia, donde publicó sus primeros libros, ciertamente vinculados a la estética modernista. Poco después, al retornar a su patria, adhirió a los Cursos de Cultura Católica y comenzó a imprimir a su obra la profunda catolicidad que conservaría toda la vida.

Si bien no fue ajeno a los honores en su país —se le concedió el Premio Nacional de Poesía y fue miembro de la Academia Argentina de Letras— conoció los rigores y persecuciones que implica el proferir poéticamente la verdad. Su independencia de la cultura oficial, y su paralela sujeción a la Iglesia de Cristo, fue algo que muchos de sus contemporáneos jamás toleraron.

Su obra es impresionante. Entre sus libros podemos citar a Orto (1922), Bazar (1922) y Kindergarten (1923), pertenecientes a su primera época. Por otro lado: El buque (1935), Cielo de tierra (1937), La ciudad sin Laura (1938), Poemas elementales (1942), Poemas de carne y hueso (1943), El ruiseñor (1945), Las estrellas (1947), El Ángel de la guarda (1950), Poemas nacionales (1951), La flor (1952), El arca (1953). Párrafo aparte merecen las selecciones y traducciones que realizó de dos esenciales obras vaticanas: Florilegio del Cancionero Vaticano e Himnos del Breviario Romano, verdaderas joyas de la espiritualidad católica que Bernárdez supo poner al alcance del gran público.

Se ha dicho que la clave para comprender el universo poético de Bernárdez es el amor, en tanto caritas, es decir, no aquella noción confusa y ambigua que hoy suele presentarse como tal, sino el amor sujeto al Amor de Dios Padre. En su constante preocupación por retratar esa religación amorosa de la creatura con el Creador, Bernárdez adquiere toda la dimensión de poeta religioso, o mejor, poeta católico.

A partir de esa esencial característica, nuestro autor se afana poéticamente en diversos temas: la búsqueda de Dios, el amor a la Virgen María y a los santos, la devoción a las historias sagradas, la Patria y su Córdoba natal, y aquellas realidades directamente relacionadas con la experiencia personal, sobre todo los hijos. Puede decirse que, como poeta, nada de lo humano le fue ajeno.

Transcribimos un fragmento de uno de sus más bellos poemas: la Oración a San José:

En el lugar en que Dios manifiesta
La plenitud de su eterna armonía,

Donde tu obscuro silencio de un día
Tiene por fin la esperada respuesta.

Oye la voz que hacia ti levantamos
Y haz que el Señor nos conceda su ayuda
Para salir, con el alma desnuda,
De la profunda prisión en que estamos.

EL OBSERVADOR 571-9

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COLUMNA ABIERTA
Evolución
Por Walter Turnbull

Cada vez me inspira más simpatía la Teoría de la evolución. Esta teoría, aunque nunca ha podido ser probada científicamente, es verdaderamente poética. Según ella —en completa oposición a la ley física de la entropía, ésa sí científicamente comprobable, que dice que todo sistema tiende a destruirse a menos que concientemente se le dé mantenimiento— el universo material ha ido evolucionando desde la simple existencia de las partículas subatómicas más elementales hasta la aparición de seres vivos, plantas y animales, y de la pasmosa vida humana, con su asombroso acervo de movimientos y habilidades, su inteligencia, su emotividad, su capacidad para el amor, su facultad de distinguir el bien del mal, y la voluntad para buscar el bien.

Tiene el pequeño inconveniente de ser un poco discriminante, ya que, según esto, las especies que no han evolucionado adecuadamente han sido condenadas a la extinción por no ser aptas para la supervivencia, y han sido remplazadas por otras que sí se adaptaron, que sí se superaron. Pero es hermoso pensar que el universo tiende a la perfección; que lo que era simple materia o energía inanimada se conjugue para generar formas de vida cada vez más complicadas y más plenas, y que puedan aparecer incluso entes inmateriales como el amor o la felicidad o el servicio, que dan plenitud a esas vidas.

Es estimulante pensar que ese proceso no termina, sino que debe seguir adelante, a la creación de estados de vida más elevados, en los que las leyes de la materia se someten a las leyes del espíritu.

Que el universo alcance la perfección que busca y que los hombres puedan participar de ella... Mas no terminará el pequeño inconveniente: la especie que no quiera o no esté capacitada para participar en este ecosistema, tendrá que quedarse afuera.

Me pregunto si los que toman el evolucionismo como pretexto para no evolucionar se han dado cuenta de este detalle, de la necesaria continuidad de la evolución. Porque hay muchos hoy día que piensan, inocentemente, que la evolución ya terminó, que el hombre es sólo un animal inteligente (a veces) y que como animal se tiene que comportar. Incluso algunos apuestan al involucionismo, es decir, que en lugar de superarse, el hombre regrese de ser animal racional y con alma, a ser animal a secas. ¿Sucederá con esta subespecie lo que sucedió con otras que se quedaron en el camino? ¿Qué tan perfecto habrá que ser para alcanzar el siguiente estrado? ¿Será posible alcanzar esa perfección?

Para nuestra tranquilidad, los que creemos en Cristo tenemos entendido que Dios ha puesto a nuestro alcance, por medio de su Iglesia, todo lo necesario para lograrlo, y hasta para ayudar a que lo logren otros.

Mal hacen los que quieren contraponer la teoría de la evolución a la teoría de la creación y la redención. Me pregunto cómo esperan que el evolucionismo pueda llevarse a cabo sin la intervención de una inteligencia creadora. Sí, señor: la Iglesia y su doctrina no ha venido a combatir la evolución, sino a darle cumplimiento.

EL OBSERVADOR 571-10

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DEBATE
El Milagro de los milagros: la Misa
¿Nos sirve la Misa dominical cuando asistimos nada más porque «lo ordena la Iglesia»? ¿Sería preferible participar sólo cuando «nos nace»? Una misionera laica del Corazón Eucarístico de Jesús, Catalina Rivas, escribió la experiencia espiritual que tuvo en una Eucaristía. Publicada completa en www.GranCruzada.org, a continuación la resumimos, con la tranquilidad de que fue revisada por el Pbro. Daniel Magnon, de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la arquidiócesis de México, quien declara: «No encuentro nada en contra de la fe o las costumbres de la Iglesia. No es mi función confirmar su carácter sobrenatural. Sin embargo lo recomiendo por su inspiración espiritual". Creemos que, después de leer este testimonio, la Misa nunca volvera a parecernos la misma.

Llegué al templo un poco atrasada, el arzobispo y los sacerdotes ya estaban saliendo al presbiterio. Me dijo la Virgen con aquella voz tan suave: "Hoy es un día de aprendizaje para ti y quiero que prestes mucha atención".

Pedir perdón

El arzobispo empezó la Misa, y al llegar a la oración penitencial, dijo la Satísima Virgen: "Pide perdón al Señor por todas tus culpas, por haberlo ofendido; así podrás participar dignamente de este privilegio que es asistir a la Santa Misa".

Seguramente que, por una fracción de segundo, pensé: "Pero si estoy en gracia de Dios, me acabo de confesar anoche". Pues ella contestó: "¿Y tú crees que desde anoche no has ofendido al Señor? Déjame que yo te recuerde algunas cosas. Cuando salías para venir aquí, la muchacha que te ayuda se acercó para pedirte algo y como estabas apurada, le contestaste no de muy buena forma. De camino hacia acá un autobús se atravesó en tu camino, casi te choca y te expresaste en forma poco conveniente contra ese hombre ¿Y dices no haber lastimado al Señor? En el último momento llegas, cuando ya la procesión de los celebrantes está saliendo para celebrar la Misa...y vas a participar de ella sin una previa preparación... ¿Por qué tienen que llegar en el último momento? Ustedes deberían estar antes para poder hacer una oración y pedir al Señor que envíe su Santo Espíritu... Pero llegan casi al comenzar la celebración, y participan como si participaran de un acto cualquiera. ¿Por qué? Es el milagro más grande y no lo saben apreciar".

Hacer vida la Palabra

Llegó el momento de la liturgia de la Palabra y la Virgen me dijo: "Quiero que estés atenta a las lecturas y a toda la homilía del sacerdote. Recuerda que la Biblia dice que la Palabra de Dios no vuelve sin haber dado fruto. Si tú estás atenta, va a quedar algo en ti de todo lo que escuches. Debes tratar de recordar todo el día esas palabras que dejaron huella en ti. Eso hará carne en ti porque ésa es la forma de transformar la vida, haciendo que la Palabra de Dios lo transforme a uno".

¿Qué le vas a ofrecer a Dios?

Llegó el Ofertorio y la Virgen dijo: "Reza así: 'Señor, te ofrezco todo lo que soy, lo que tengo, lo que puedo; todo lo pongo en tus manos. Edifica Tú, Señor, con lo poco que soy. Por los méritos de tu Hijo, transfórmame, Dios Altísimo. Te pido por mi familia, por mis bienhechores, por cada miembro de nuestro apostolado, por todas las personas que nos combaten, por aquellos que se encomiendan a mis pobres oraciones'".

De pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto antes. Era como si del lado de cada persona que estaba en la Catedral, saliera otra persona, y aquello se llenó de unos personajes hermosos, vestidos con túnicas muy blancas, y fueron saliendo hasta el pasillo central dirigiéndose hacia el altar. Dijo nuestra Madre: "Son los ángeles de la guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa Misa por muchas intenciones, aquellas personas que están conscientes de lo que significa esta celebración, aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor... Ofrezcan en este momento sus penas, sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus peticiones. Recuerden que la Misa tiene un valor infinito; por lo tanto, sean generosos en ofrecer y en pedir".

Detrás de los primeros ángeles venían otros que no tenían nada en las manos. Dijo la Virgen: "Son los ángeles de las personas que no ofrecen nunca nada".

En último lugar iban otros ángeles que estaban medio tristones, con las manos juntas en oración pero con la mirada baja. "Son los ángeles de la guarda de las personas que han venido forzadas, que han venido por compromiso, pero sin ningún deseo de participar de la Santa Misa, y los ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el altar, salvo sus propias oraciones".

Miles de ángeles y santos

Al momento final del Prefacio y cuando la asamblea decía: "Santo, Santo, Santo", de pronto, todo lo que estaba detrás de los celebrantes desapareció. Del lado izquierdo del arzobispo hacia atrás aparecieron miles de ángeles. Todos se arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia inclinaban la cabeza. Se escuchaba una música preciosa, como si fueran muchísimos coros con distintas voces y todos decían al unísono junto con el pueblo: Santo, Santo, Santo...

Había llegado el momento de la Consagración, el momento del más maravilloso de los milagros... Del lado derecho del arzobispo hacia atrás apareció una multitud de personas vestidas con túnicas. Sus rostros también eran brillantes, llenos de gozo; parecían tener todos la misma edad. Se podía apreciar (y no puedo decir por qué) que había gente de distintas edades, pero todos parecían igual en las caras, sin arrugas, felices. Dijo nuestra Señora: "Son todos los santos y bienaventurados del Cielo".

Entonces vi a la derecha del arzobispo, arrodillada, a la Santísima Virgen, con las manos unidas, mirando atenta y respetuosamente al celebrante.

Las almas del Purgatorio, presentes en Misa

Delante del altar empezaron a salir unas sombras de personas en color gris que levantaban las manos hacia arriba. Dijo la Virgen: "Son las almas benditas del Purgatorio que están a la espera de las oraciones de ustedes para refrescarse. No dejen de rezar por ellas. Piden por ustedes, pero no pueden pedir por ellas mismas; son ustedes quienes tienen que pedir por ellas para ayudarlas a salir para encontrarse con Dios y gozar de Él eternamente".

La Virgen está más en la Misa que en los lugares de las apariciones

Y agregó la Virgen: "Ya lo ves, aquí estoy todo el tiempo... La gente hace peregrinaciones y busca los lugares de mis apariciones, y está bien por todas las gracias que allá se reciben; pero en ninguna aparición, en ninguna parte estoy más tiempo presente que en la Santa Misa. Al pie del altar, donde se celebra la Eucaristía, siempre me van a encontrar; al pie del Sagrario permanezco yo con los ángeles, porque éstoy siempre con Él".

Jesús se apareció en la Consagración

El celebrante dijo las palabras de la Consagración. Era una persona de estatura normal, pero de pronto empezó a crecer, a volverse lleno de luz. Cuando levantaba la forma vi sus manos y tenían unas marcas en el dorso. ¡Era Jesús!... Era Él, que con su Cuerpo envolvía el del celebrante. En ese momento la Hostia comenzó a crecer y crecer enorme y en ella, el rostro maravilloso de Jesús mirando hacia su pueblo.

Por instinto quise bajar la cabeza y dijo nuestra Señora: "No agaches la mirada, levanta la vista, contémplalo, cruza tu mirada con la suya y repite la oración de Fátima: 'Señor, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no esperan y no te aman'. Ahora dile cuánto lo amas, rinde tu homenaje al Rey de Reyes."

Se lo dije, parecía que sólo a mí me miraba desde la Hostia, pero supe que así contemplaba a cada persona. Luego bajé la cabeza hasta tener la frente en el suelo, como hacían todos los ángeles y bienaventurados.

Inmediatamente, Monseñor dijo las palabras consagratorias del vino y junto a sus palabras empezaron unos relámpagos en el cielo y en el fondo; parecía que no había ni techo ni paredes. De pronto, suspendido en el aire, vi a Jesús crucificado. En el costado derecho tenía una herida en el pecho y salía a borbotones, hacia la izquierda, sangre, y hacia la derecha, pienso que agua pero muy brillante; más bien eran chorros de luz que iban dirigiéndose hacia los fieles moviéndose a derecha e izquierda. ¡Me asombraba la cantidad de sangre que fluía hacia del Cáliz. Pensé que iba a rebasar y manchar todo el altar, pero no cayó una sola gota!

El Milagro de los mlagros

Dijo la Virgen en ese momento: "Éste es el Milagro de los milagros; para el Señor no existe ni tiempo ni distancia, y en el momento de la Consagración toda la asamblea es trasladada al pie del Calvario en el instante de la crucifixión de Jesús".

En la Comunión ocurren cosas asombrosas

Llegó el momento de la Comunión. Empezó la gente a salir de sus bancas para ir a comulgar. El Señor Jesús me dijo: "Espera un momento, quiero que observes algo...". Por un impulso interior levanté la vista hacia la persona que iba a recibir la Comunión de manos del sacerdote. Cuando el sacerdote colocaba la Sagrada Forma sobre su lengua, como un flash de luz atravesó a esta persona por la espalda primero y luego fue bordeándola en la espalda, los hombros y la cabeza. Dijo el Señor: "¡Así es como Yo me complazco en abrazar a un alma que viene con el corazón limpio a recibirme!".

Nunca dijo «gracias»

Me dirigía a recibir la Comunión. Recibí aquella Hostia, que tenía un sabor distinto: era una mezcla de sangre e incienso que me inundó entera. Cuando llegué a mi asiento, al arrodillarme, dijo el Señor: "Escucha". Y en un momento comencé a escuchar dentro de mí las oraciones de una señora que estaba sentada delante de mí y que acababa de comulgar. Lo que ella decía sin abrir la boca era más o menos así: "Señor, acuérdate que estamos a fin de mes y que no tengo el dinero para pagar la renta, la cuota del auto, la colegiatura de los chicos; tienes que hacer algo para ayudarme... Por favor, haz que mi marido deje de beber tanto, no puedo soportar más sus borracheras, y mi hijo menor va a perder el año otra vez si no lo ayudas, tiene exámenes esta semana... Y no te olvides de la vecina que debe mudarse de casa, que lo haga de una vez porque ya no la puedo aguantar",. etc. Jesús dijo con un tono triste: "¿Te has dado cuenta? Ni una sola vez me ha dicho que me ama, ni una sola vez ha agradecido el don que Yo le he hecho de bajar mi divinidad hasta su pobre humanidad, para elevarla hacia Mí. Ni una sola vez ha dicho: gracias, Señor. Ha sido una letanía de pedidos... y así son casi todos los que vienen a recibirme. Yo he muerto por amor y estoy resucitado, pero ustedes no se dan cuenta que necesito de su amor".

¿Tu última bendición?

Cuando el celebrante iba a impartir la bendición final, la Santísima Virgen dijo: "Atenta, cuidado... Ustedes hacen un garabato en lugar de la señal de la Cruz. Recuerda que esta bendición puede ser la última que recibas en tu vida, de manos de un sacerdote. Tú no sabes si saliendo de aquí vas a morir o no, y no sabes si vas a tener la oportunidad de que otro sacerdote te dé una bendición. Esas manos consagradas te están dando la bendición en el nombre de la Santísima Trinidad; por lo tanto, haz la señal de la Cruz con respeto y como si fuera la última de tu vida".

Después de Misa no corras

Jesús me pidió que me quedara con Él unos minutos más luego de terminada la Misa. Dijo: "No salgan a la carrera terminada la Misa, quédense un momento en mi compañía, disfruten de ella y déjenme disfrutar de la de ustedes".

Había oído a alguien de niña decir que el Señor permanecía en nosotros como 5 o 10 minutos luego de la Comunión. Se lo pregunté en ese momento: "Señor, verdaderamente, ¿cuánto tiempo te quedas luego de la Comunión con nosotros?". Supongo que el Señor se debió reír de mi tontera porque contestó: "Todo el tiempo que tú quieras tenerme contigo.Yo estoy siempre con ustedes, son ustedes los que me dejan a Mí. Salen de la Misa y se acabó el día de guardar, cumplieron con el día del Señor y se acabó, no piensan que me gustaría compartir su vida familiar con ustedes, al menos ese día".

La próxima vez que asistas a la Santa Misa, vívela.

EL OBSERVADOR 571-11

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FIN

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